viernes, 31 de agosto de 2012

Carta a una señorita en crisis*


Estimada señorita:

Escribo estas humildes líneas con la esperanza de no importunarla u ofenderla. Sé bien la situación por la que pasa y nada más lejos de mi ánimo que molestarla o causarle alguna contrariedad. El motivo de la presente no es sino el de brindarle mi apoyo y simpatía, hoy que cumple usted veinticinco abriles y los celebra con más pesar que alegría.
  Provócame verdadero desconcierto el hecho de que usted, estando en la flor de la vida, en la plenitud de su existencia, se vea envuelta en la incertidumbre de cumplir esa esplendorosa edad. Quizá porque quien pergeña esta breve carta hace ya muchos ayeres que cruzó el cuarto de siglo, cuesta trabajo comprender las razones de su angustia. ¡Santo cielo!, si usted, mi querida señorita, apenas está empezando a vivir y ante su persona se abra un mundo de caminos bifurcados que la conducirán a lejanos confines. Pero se siente usted mal, deprimida, y su tristeza es tan notoria como dolorosa. ¿Qué puedo decirle para reanimarla?  Por desgracia, mi persona se halla demasiado abajo como para pretender alcanzar su alma y conmoverla con mis modestas palabras. Aun así, voy a intentarlo con el corazón en la mano y la emoción a flor de piel.
  Usted, admirada señorita, y perdone la franqueza, me da la impresión de encontrarse muy sola. Cierto que asiste a recepciones y reuniones sociales que son frecuentes y abundantes, pero tengo la impresión, y no creo estar equivocado, de que eso no la complace ni alcanza a llenar algunos vacíos que la lastiman. Rodeada se halla de mucha gente, alguna de gran distinción y hasta de merecida fama, pero allá, en el fondo de su ánima sensible, veo en usted la sombra cruel de la soledad. Una soledad a la cual paradójicamente parece aferrarse, como el náufrago se prende al madero salvador… y disculpe usted ejemplo tan burdo y común.
  Tengo la impresión de que su persona tiene miedo: miedo a compartir su corazón, sus emociones, sus anhelos. Es como una muralla inaccesible, impenetrable, a la que no se puede entrar ni por asalto. Como un animal a la defensiva, herido por algún arma pretérita empuñada por una mano insensible y criminal; un animal acorralado que teme a todo y a todos, imaginando que quieren hacerle daño.
  Y todo lo anterior unido al cumplimiento inexorable de esos veinticinco años que le pesan como una loza. Pero permita que le diga algunas cosas. Usted, noble señorita, oculta bajo mil disfraces algo que muy pocos, si no es que nadie más que este gris servidor, han podido descubrir. Bajo las máscaras que ocultan su verdadera cara, tras los antifaces que desvían la atención hacia territorios vacuos y artificiosos, hay un ser luminoso que puede llegar a deslumbrar y hasta a enceguecer a los ojos incautos. Esa luz prístina y brillante se halla escondida por una sucesión de paredes opacas que usted misma se ha impuesto y que impiden apreciar a los blandos sus reales dimensiones. Dichas paredes aparentan dureza, sequedad, incluso crueldad y son capaces de hacer retroceder al más valeroso de los conquistadores. Quien esto escribe, señorita, no es un valiente ni puede presumir de audacia alguna. Pero es alguien que posee la flama capaz de encender el pabilo de esa vela apagada que yace en el fondo de su ser.
  Temo haber desvariado y hasta escrito cosas capaces de hacerla enojar. De ser así, le pido nuevamente mil perdones. Sepa usted, mi adorada señorita en crisis, que he obrado con la mejor de las intenciones y que lo único que me ha movido, la sola cosa que ha dictado esta sucesión de ideas desordenadas, es el inmenso amor que siento por usted.
  Sinceramente.

*Texto publicado en abril de 1994 en mi columna "Bajo presupuesto" de la sección cultural del diario El Financiero, donde yo colaboraba por aquel entonces. La carta está dirigida a la mujer que en esos tiempos me dejaba sin aliento y en quien me inspiré para escribir mi novela Matar por Ángela (1998). Ella cumplía veinticinco años y, en efecto, se sentía en crisis. De ahí que le dedicara yo estas líneas.

miércoles, 29 de agosto de 2012

The Who


¿Alguna vez han dejado de existir los Who? Se supone que la leyenda de este grupo nacido en 1964 terminó en 1982, cuatro años después de la muerte de su hiperactivo y delirante baterista Keith Moon. Fue en ese año que Pete Townshend, Roger Daltrey y John Entwistle anunciaron el fin del cuarteto. Sin embargo, volverían a reunirse más de una vez, incluso después de que el propio Entwistle falleciera en un hotel de Las Vegas (of all places), cuando estaban a punto de iniciar su gira norteamericana de 2002. Hoy sólo queda la mitad de la legendaria agrupación. Se fue la parte rítmica –y a la vez la más bizarra– de la banda, pero quedaron el cerebro (Townshend) y el corazón (Daltrey) de la misma.
  ¿Qué significan los Who para el rock? ¿Cuál es su verdadera importancia? Aparte de ser los precursores de movimientos como el rock sinfónico, el punk y el rock ochentero, aparte de ser integrantes fundamentales de la influyente ola inglesa de mediados de los sesenta, aparte de ser los creadores de la ópera rock (aunque hay quienes aseguran que este honor corresponde a The Kinks), aparte de su actitud salvajemente nihilista (fueron los primeros en destrozar sus instrumentos en escena, algo que les copiarían desde Jimi Hendrix hasta Kurt Cobain), irónica (su sentido del humor sólo puede ser comparado con el de los Hermanos Marx) y políticamente incorrectísima (recordemos a Townshend al propinar tremendo guitarrazo en la cabeza al líder yippie Abbey Hoffman en el festival de Woodstock o a Keith Moon al pasearse por las calles de Londres disfrazado de oficial nazi), aparte de grabar algunos de los álbumes imprescindibles de la historia del rock (sobre todo el Who’s Next), aparte de todo eso, The Who representa el lado más lúdico, inteligente, provocador y al mismo tiempo dulce y conmovedor del género que revolucionó a la cultura de la segunda mitad del siglo veinte. Cuatro locos que se juntaron por algún extraño y afortunado capricho del destino, para dar a luz a una de las más altas manifestaciones del arte musical de la centuria pasada. Una explosión incontrolable; un sonido inaprensible; un brazo que giraba con la fuerza de un aspa de molino; un micrófono que daba vueltas vertiginosas sobre nuestras cabezas; guitarras, amplificadores, tambores y platillos hechos pedazos; una voz que imploraba con desgarrada angustia: “See me, feel me, heal me”. Los hechiceros del pinball.

Editorial del No. 18 de los Especiales de la Mosca, publicado en marzo de 2005.

martes, 28 de agosto de 2012

Cantar en inglés (I)*


Nunca he estado de acuerdo con el hecho de que los grupos mexicanos de rock canten en inglés. Siempre me ha parecido una pose, una forma de alejarse de su público natural, una vana ilusión por buscar una pretenciosa y jamás lograda internacionalización y, sobre todo, una muestra de escasez de talento para escribir buenas letras en español. Sin embargo, desde mediados de los años sesenta del pasado siglo han abundado las agrupaciones y los solistas nacidos en México que insisten en cantar en una lengua que no sólo no dominan sino que la mayoría de las veces desconocen.
  Hoy día, dentro de la escena del rock que se hace en nuestro país, el fenómeno se ha hecho más notorio. No cuestionaré esta vez esa decisión de cantar en la lengua de Shakespeare, aunque sin la poesía del de Stratford-upon-Avon. Me limitaré a mencionar a algunas expresiones roqueras nacionales que a pesar de escribir sus letras en tal idioma, musicalmente suenan bien y cuyas propuestas resultan cuando menos interesantes.
  Son cuatro los ejemplos que he elegido: Le Butcherettes, Descartes a Kant, Red Burning Mustangs y Little Ethiopia. Me referiré en esta ocasión al primero de ellos y dentro de ocho días haré lo propio con los otros tres.
  Surgido en Guadalajara en 2007, como un explosivo dueto femenino, con guitarra y batería, esporádico teclado y una voz y una presencia escénica sólida y plenamente rocanroleras, Le Butcherettes es básicamente el proyecto de la guitarrista, cantante y compositora mexico-estadounidense Teri Gender Bender (Teresa Suárez). Con un álbum en su haber (el excelente Sin Sin Sin de 2011, producido por Omar Rodríguez-López de The Mars Volta), el hoy trío (con Jonathan Hischke en el bajo y Lia Braswell en la batería) se ha alejado de la escena del rock nacional para insertarse plenamente en la de los Estados Unidos, con la ciudad de Los Ángeles como base operativa. Su estilo, basado en el blues y el rock de garage, posee un poderío fuera de serie, sobre todo por el estilo interpretativo de su inquieta y sensual lídereza.

(Continuará)

*Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio", sección ¡Hey! de Milenio Diario.

lunes, 27 de agosto de 2012

Del blues al soul


Alma. Alma y corazón. Alma, corazón y tripas. De tripas corazón y de entrañas sentimiento. Sentimiento negro. Orgullo negro. Altivez negra. Sensualidad color azabache. Color ébano. Color de la noche que se vuelve azul oscuro en los campos de esclavos del sur estadounidense. Música que surge desde el fondo umbrío y diáfano, en abierta paradoja, del alma negra, del corazón negro, de las tripas negras, de la piel negra. En el origen está el blues y con él el Mississippi y los sembradíos de algodón, ese material suave y apelmazado que de tan blanco se vuelve símbolo de negrura extrema, dolida, sufriente. Blues que surge del alma hacia la garganta y de ahí a las manos que acarician una guitarra de madera, a la boca que resopla una armónica, a los dedos que golpean un tambor. Blues que nace, crece, se reproduce y no muere sino que se transforma en un alma nueva, en un alma rejuvenecida y festiva, en eso que algún día empezó a conocerse como soul.

domingo, 26 de agosto de 2012

A la deriva

Vi la excelente película brasileña A la deriva (2009), del director Heitor Dhalia. Con un tono semilento, muy de cine europeo (parece un filme francés), narra la historia de una familia (padre, madre, dos hijas adolescentes y un hijo infante) que pasa una temporada en una bellísima región a la orilla del mar. Lo que en un principio parece una situación sin conflictos, poco a poco va descubriendo sus entretelones hasta llevarnos a una tragedia familiar en la que conocemos la manera como el matrimonio de Mathias (interpretado por un inusual Vincent Cassel) y Clarise (la actriz carioca Débora Bloch) se encuentra a punto de disolverse por motivos de infidelidad y de poca concordancia entre los proyectos de vida de los esposos. Quienes más sufren este desmoronamiento son los tres hijos, especialmente la hija mayor, Filipa (Laura Neiva), una preciosa e inteligente jovencita de catorce años.
  Hay mil detalles en cada uno de los personajes (incluidos varios secundarios, como Ángela, la amante estadounidense de Mathias) a lo largo de la cinta, filmada con una sensibilidad y un buen gusto espléndidos. Todo se cuenta de manera lineal y sencilla, austera, pero con una finura que mantiene siempre su tono discreto, incluso en las escenas más fuertes.
  De ritmo contenido y sin pretensiones (nada que ver con las típicas estridencias del sempiterno "nuevo cine mexicano", A la deriva es una película realmente recomendable para quienes disfrutan del buen cine.
  Me encantó.

sábado, 25 de agosto de 2012

De Chuchos, estallidos sociales y chinampinas*


Lo advirtió, de manera tan solemne como clara, Jesús Zambrano, a mediados de semana: si el Tribunal Federal Electoral no anula las recientes elecciones presidenciales, si confirma que Enrique Peña Nieto es el ganador de las mismas, las fuerzas progresistas (es un decir) “no descartamos algún estallido social”. Claro que luego de lanzar la bravata, se deslindó graciosamente: “Nosotros no seríamos responsables de que hubiera una respuesta social de otro tipo. El horno no está para bollos, pero tampoco estamos amenazando con eso”.
  La verdad es que el papel que está jugando el dirigente nacional del PRD en todo esta comedia de enredos resulta cada vez más bochornoso. Imagino que en sus adentros, el pobre hombre debe decir: “¡el oso que estoy haciendo!”. Su tribu, la de los Chuchos, fue la que mejores resultados electorales obtuvo y debería estar festejando y poniéndose a trabajar en el papel que jugarán sus diputados, senadores y asambleístas en las cámaras, en lugar de hacerle el caldo gordo al cacique. Pero no se atreve y sale con el petate del muerto del “estallido social” (cosa que por ninguna parte se vislumbra), seguramente parte del guión que le escribieron los asesores pejistas, quienes ya no hallan qué inventar.
  Lo más seguro es que una vez que el TRIFE dé su inapelable sentencia, el estallido social se convierta en chinampinas y don Chucho regrese al lado del otro Chucho (Ortega, quien se ha mantenido al margen de todo el vodevil), mientras de lejecitos le dice a López Obrador que ai se ve y que hasta allí llegaron.
  Habrá marchas, protestas y mítines, pero todo parece indicar que al final perredistas, petistas y demás se mantendrán dentro de los causes institucionales. Sólo los más extremistas (esmés, atencos, centeístas, jornaderos, lo que queda del 132) mantendrán el ánimo rijoso y con ello dará inicio la campaña de AMLO en pos de la presidencia en el 2018. Para eso son las chinampinas: para hacer ruido y mantenerse en los reflectores. Todo es una mera representación.
  ¿Estallido social? ¿Dónde, en Siria?

*Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario.

jueves, 23 de agosto de 2012

Así era la credencial "permanente" de elector

En plena época priista, a mediados de los años setenta del siglo pasado, el IFE no existía y en su lugar estaba la CFE (Comisión Federal Electoral) que dependía directamente de la Secretaría de Gobernación, lo cual se prestaba a toda clase de sospechosismos. Saqué mi credencial (que en realidad era una especie de tarjetón, sin fotografía) el 28 de febrero de 1976, dos días después de afiliarme al Partido Mexicano de los Trabajadores. La necesitaba para poder tramitar mi credencial del PMT (que hasta donde recuerdo tampoco llevaba foto pero era más pequeña). Fue con la que aquí presento (todo un documento histórico de una época en la que salir a protestar a la calle no era el día de campo que es hoy) que participé en algunas elecciones; aunque en la presidencial de ese año los militantes de izquierda nos negamos a votar, ya que José López Portillo era candidato único (el PAN no quiso participar y los otros dos partidillos registrados, el PARM y el PPS, se sumaron a JLP). Una época que parece a la vez tan lejana como cercana. Yo iba a cumplir apenas veintiún años. Vaya tiempos.

PD: Ojo a mi ocupación: filarmónico (era músico) y a mi espantosa firma (dar clic a la imagen para que se despliegue).

miércoles, 22 de agosto de 2012

Martha, mi prima

Mi prima Martha y yo en 2008.
Hubo una época en la que me acordaba de los cumpleaños de todos mis conocidos, amigos, parientes, etcétera. Hoy me sigo acordando de muchos de ellos y al ver la fecha, 22 de agosto, me acordé en seguida de mi prima Martha, seis meses mayor que yo, y con quien crecí durante toda mi infancia y adolescencia (incluso fuimos compañeros de salón de clases de primero a cuarto de primaria, en el colegio Hernán Cortés, de Tlalpan). A reserva de escribir más de ella otro día, en mi blog autobiográfico Pretérito impertecto, diré que siempre fue mi prima consentida. Coincidíamos en muchas cosas, especialmente en ideas políticas (de izquierda) y en gustos musicales (ambos éramos muy roqueros). Hermana de mis también muy queridos primos hermanos Gustavo y Marcela García Arróyave, el tiempo hizo que cada uno tomara un camino diferente y hoy día nos vemos muy poco. Pero la sigo queriendo igual que siempre. La menciono con gusto, hoy que es el día de su cumpleaños.

martes, 21 de agosto de 2012

Oh, Yes*


Hay dos maneras de apreciar a Yes, la legendaria banda británica que esta noche se presenta en un recinto del World Trade Center. La primera es la de quienes lo conocimos desde sus orígenes, a principios de los años setenta, primero con composiciones como la popular “Roundabout” (o “Carrusel”, como le decían en la radio mexicana) y más tarde con discos tan impresionantes y majestuosos como The Yes Album (1971), Fragile (1972), Close to the Edge (1972) o Tales from Topographic Oceans (1974), por mencionar a algunas de sus más notables grabaciones. Una de sus formaciones primigenias, tal vez la más legendaria de todas, con Jon Anderson en la voz principal, Steve Howe en la guitarra, Rick Wakeman en los teclados, Chris Squire en el bajo y Bill  Bruford en la batería produjo un rock progresivo de aplastante belleza, de una complejidad musical elaboradísima, con letras fantasiosas y un virtuosismo asombroso. Cuando Alan White tomó el lugar de Bruford, la calidad no varió un ápice.
  La segunda forma de apreciar a Yes es la de quienes descubrieron a la agrupación a mediados de los años ochenta, en los albores de la era MTV, con canciones como “Owner of a Lonely Heart” y discos como 90125 (1983). Para entonces, su estilo había derivado hacia un rock pop pegajoso y hasta cierto punto facilón, demasiado comercial, que presagiaba una decadencia que muchos creímos definitiva.
  Sin embargo, Yes ha sido un grupo que durante sus cuarenta y cuatro años de existencia ha sabido reinventarse y es por ello que el año pasado fue capaz de poner en circulación su vigésimo disco en estudio, Fly from Here, con algunos de sus integrantes más antiguos al frente, como Howe, Squire y White, más la adición del tecladista Geoff Downes (quien estuviera con Yes en el disco Drama de 1980 y luego formara Asia) y el vocalista canadiense David Benoit (al parecer es la formación que se presentará hoy en el DF).
  Fly from Here es un plato realmente bueno y se encuentra a la altura de algunas de las mejores obras del quinteto. Seguramente valdrá la pena comprobarlo esta noche.

*Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" en la sección ¡Hey! de Milenio Diario.

lunes, 20 de agosto de 2012

Una gran foto

Trotsky, Rivera y Breton.
La imagen es de 1937, ya que fue el año en que Diego Rivera y Frida Kahlo habían logrado traer a México a León Trotsky y André Breton viajó a nuestro país justo para conocer al líder ruso, de quien el escritor francés era un ferviente admirador. Muy posiblemente haya sido tomada en Coyoacán.  
  En 1939, Rivera rompería políticamente con el disidente, quien sería asesinado en 1940 por Ramón Mercader, un agente español de José Stalin a quien habían ayudado los stalinistas mexicanos Vicente Lombardo Toledano y David Alfaro Siqueiros, en uno de los capítulos más vergonzosos en la historia de la izquierda internacional.

domingo, 19 de agosto de 2012

El Padrino

Hoy que vi El Padrino de Francis Ford Coppola (1972) descubrí... que nunca había visto El Padrino. No al menos la primera de la saga de los Corleone. Pero qué gran película, una obra maestra. La manera como al inicio, en la boda de la hija de Don Vito, se van presentando todos y cada uno de los personajes, es magistral. No digamos las actuaciones de cada uno (qué actorazos Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Robert Duvall y todos los que hacen roles secundarios). La fotografía que va de la oscuridad de los interiores a la luminosidad de los exteriores es magnífica, la música de Nino Rota es maravillosa y la historia de Coppola y Mario Puzo..., sublime.
  En una antigua reseña, Roger Ebert ya había hecho notar el papel casi marginal que juegan las mujeres en esta cinta y es verdad. La esposa del Padrino, por ejemplo, prácticamente no dice palabra alguna y casi no aparece, a pesar de que le matan a dos de sus hijos. La única fémina con un rol más o menos protagónico es la esposa de Michael, Kay Adams, interpretada por la gran Diane Keaton, poco antes de que se convirtiera en una de las mujeres emblemáticas de Woody Allen (con Sleeper de 1973, Love and Death de 1975, Annie Hall de 1977, Interiores de 1978 y Manhattan de 1979). Violentamente poética o poéticamente violenta (as you wish), realmente me encantó. Por supuesto que veré las dos siguientes partes de la saga.

PD: Sin embargo, mi película de gangsters favorita de todos los tiempos sigue siendo Miller's Crossing de los hermanos Coen y vaya que he visto maravillas como Érase una vez en América de Sergio Leone, Goodfellas de Martin Scorsese o grandes clásicos de los años treinta como White Heat de Raoul Walsh.

sábado, 18 de agosto de 2012

El arca del Pejé


Hace dos semanas, escribí en esta misma columna sobre la vena humorística de don Andrés Manuel López Obrador y en seguida sus fanaticazos me tundieron a palos. Quién iba a decirles que su gran jefe y Mesías iba a darme la razón una semana después, con ese evento cómico-mágico-musical de la más estruendosa jocosidad que fue la Expo Fraude del domingo pasado en el Zócalo.
  Cual moderna versión del bíblico patriarca Noé, Andrés Manuel se aventó la puntada –imagino que asesorado por sus partners Monreal y Zambrano– de reunir, en tantas carpas como estados federativos hay en la república mexicana, las que consideraron como pruebas irrefutables de la manera como el PRI habría comprado la voluntad de cinco-millones-cinco de electores corrompidos.
  De ese modo, junto a una respetable cantidad de anafres, gorras, tazas, camisetas, vasos, calendarios, etcétera, el negro humorismo blanco de Don Peje y su pandilla tuvo la genial ocurrencia de incluir a varios animalitos traídos al parecer de Zacatecas. Patos, cerdos, borregos, gallos, gallinas, pollitos y un chivo se convirtieron así en temibles pruebas del fraude. Tal vez les faltó un borrico. Aunque, bueno, ya tienen varios.
  Al final del show y luego de asegurar en un discurso que enseres y animales serían embarcados al día siguiente en un tráiler, para llevarlos al Tribunal Federal Electoral, Obrador (como le dicen sus fans) se aventó su automáticamente inmortal arenga, dirigida a los magistrados del TRIFE: “Tienen que pensarlo bien. No vamos a aceptar ninguna argucia legaloide”.
  Algunos piensan que es una amenaza. Yo digo que es puro cotorreo de don Andrés y que ese domingo andaba con ganas de chacotear.
  Pedro Joaquín Coldwell llamó el arca de Noé al tráiler de los animalitos. Yo la rebautizaría como el arca del Pejé, para darle un mejor contexto a la más reciente humorada del ex candidato de las llamadas fuerzas progresistas (otra humorada).
  Una última cuestión, dirigida a quienes están escribiendo los guiones de este extravagante espectáculo carpero: ¿en serio no es el Noroñas el que los está asesorando? Porque vaya que le han aprendido sus rutinas al afamado entertainer.

jueves, 16 de agosto de 2012

Noticias del imperio

Al fin terminé de leer las más de setecientas páginas que componen a esta espléndida, abrumadora, extraordinaria, apabullante, asombrosa y fascinante novela de Fernando del Paso. Los dos tomos en que está contenida, en esta edición de Planeta DeAgostini y Conaculta, son igualmente generosos en su belleza literaria, su sapiencia erudita, sus revelaciones históricas, sus detalles inauditos, su inventiva desbordada. Escrita de manera impecable (hay uno que otro errorcito de redacción, pero eso sólo lo notamos los obsesos del estilo), con infinidad de recursos, Noticias del imperio narra la saga de Maximiliano y Carlota, pero también la de sus amigos y sus enemigos en México y en Europa. Así, otros personajes centrales son Benito Juárez y la generación liberal que luchó contra el imperio que quiso imponer desde Francia la ambición de Napoléon III.
  Pero hay aquí infinidad de personajes secundarios que enriquecen a la novela desde sus pequeñas y no tan pequeñas historias. Desde el mariscal Bazaine y su dualidad (sanguinario como militar; tierno y amoroso con su esposa mexicana, la muy joven Pepita Peña) hasta el secretario de Maximiliano (ese conmovedor hombre que fue José Luis Blasio), sin olvidar a la India Bonita, la princesa de Salm Salm y tantos otros seres que pasan por estas páginas, algunos reales, otros creados por la imaginación de Del Paso.
  Una enorme narración, de las mejores novelas mexicanas que he leído en mi vida (sin problemas la pongo entre mis diez favoritas), un prodigio literario que todos deberíamos leer para entender la realidad del México decimonónico, pero también la del México actual.
  Una joya absoluta de la literatura mexicana.

miércoles, 15 de agosto de 2012

24, la primera temporada

Terminé de ver la primera temporada de 24, una serie que nunca vi en su momento, salvo una breve etapa en la que medio me enganché con la cuarta o quinta temporada, aunque no la vi completa.
  En cuanto a esta primera, grabada entre 2001 y 2002 (hace diez años ya), la verdad es que estuvo muy buena. Yo sé que a la serie se le oponen mil cuestionamientos de corte ideológico: que si es reaccionaria, que si es racista, que si es maniquea, etcétera. Puede que sí, puede que no. Yo prefiero verla como un programa de acción, un thriller perfectamente realizado, que en su momento presentó muchas novedades técnicas y de estructura narrativa (como que los veinticuatro capítulos que constituyen a la temporada correspondan a tan sólo un día y que todo vaya transcurriendo en tiempo real, durante esas veinticuatro horas).
  Otro punto son las extraordinarias actuaciones y el perfecto diseño de personajes. Jack Bauer, el agente lleno de contradicciones y con un pasado turbio, es extraordinariamente interpretado por el gran Kiefer Sutherland y con él aparece un grupo de actores de primerísimo nivel. Hay muchos momentos en los cuales uno está al borde de la butaca (para usar un lugar común), pero hay muchos también capaces de conmover.
  La historia en esta primera temporada es la de un grupo familiar (los Drazen), originario de algún lugar de los Balcanes (nunca queda claro si son croatas, servios o bosnios) y que quiere vengarse de Bauer y del senador David Palmer, candidato negro a la presidencia de los Estados Unidos por parte del Partido Demócrata (se adelantaron a la aparición de Barack Obama, quien para cuando se hizo esta temporada ni siquiera figuraba en la política norteamericana). Todo a causa de una misión secreta que los servicios de inteligencia del gobierno gringo llevaron a cabo años atrás en Europa Oriental y que costó la vida de la esposa y la hija del jefe del clan Drazen, Victor (interpretado por el genial e inolvidable Dennis Hopper). Por ello se decide acabar con la vida de ambos, pero todo se complica de una y mil maneras, en medio de un juego de idas y venidas, de vueltas de tuerca que resultan fantásticas y que nos llevan a descubrir al final la traición inesperada de alguien dentro del equipo de Bauer en la Unidad Antiterrorista.
  No contaré más de la trama, aunque no me gustó la muerte, en el último capítulo, de uno de los personajes principales. Pero en general, esta primera temporada de 24 me gustó mucho.

martes, 14 de agosto de 2012

Loor a la música británica*

La ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres tuvo como ingrediente principal, aparte de las cuestiones protocolarias y deportivas, la aportación musical de la Gran Bretaña al mundo durante los más recientes cincuenta años.
  Si ya en la ceremonia de inauguración, Danny Boyle nos había dado una buena dosis de ello, lo de este domingo en el Estadio Olímpico de Stratford fue todavía mejor. No hablaré aquí de quiénes estuvieron (aunque hubo momentos conmovedores como los homenajes a John Lennon y Freddie Mercury, la aparición del gran Ray Davies y su “Waterloo Sunset” o el explosivo cierre con The Who) y quiénes no (aunque sí me hizo falta cuando menos alguna referencia a Led Zeppelin, Eric Clapton, Elton John y los Rolling Stones), sino de la enorme importancia que tienen el rock y el pop británicos en la cultura global de nuestros tiempos.
  Desde la irrupción mundial de la beatlemanía en 1964, la música popular del Reino Unido ha marcado el rumbo a seguir. Ya sea con la llamada invasión inglesa de los sesenta, el rock progresivo y el punk de los setenta, el synth pop de los ochenta, el trip hop y el brit pop (y la electrónica) de los noventa y buena parte del alt-rock y el pop de lo que va de este siglo, la marca Made in U.K. resulta indeleble y forma parte del inconsciente colectivo del noventa por ciento de la humanidad (bueno, tal vez exagero: ¿qué tal el 89.99 por ciento?).
  Entre los Beatles y los Arctic Monkeys existe un amplio espectro, una innumerable cantidad de propuestas musicales que nos enriquece día a día y que constituye un magnífico universo contenido en esa más bien pequeña (su territorio es ocho veces menor que el de México) pero grandiosa isla situada a un ladito del territorio continental europeo.
  Por eso, a la gran mayoría de los cientos de millones de personas que vimos el cierre de los Olímpicos nos conmovió tanto la parte musical de la ceremonia. Porque, musicalmente, todos tenemos un poco de británicos.
  Loor a la música de estos locos singulares: los escoceses, los galeses, los irlandeses y sobre todo los ingleses. ¿Qué seríamos sin ellos?

*Publicada hoy en mi columna ·Gajes del orificio" de la sección Hey! de Milenio Diario.

lunes, 13 de agosto de 2012

La niña de "Los años maravillosos"

¿Recuerdan a Winnie Cooper, la chavita de la vieja serie Los años maravillosos que trasmitía Imevisión, por el canal 7, a fines de los ochenta? La actricita que entonces tenía unos catorce años (Danica McKellar) hoy es una mujer de treinta y siete y he aquí el cambio que tuvo en su fisonomía. 

















Vaya pues. No le cayó nada mal el paso del tiempo.

domingo, 12 de agosto de 2012

Clausura musical de los Olímpicos

Hoy se llevó a cabo la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y la vi completita, dado que desde el viernes tengo un malestar estomacal y este domingo pude quedarme en cama para recuperarme. Fue una fiesta llena de color, plástica y emociones. Una fiesta musical. Música británica. Rock y pop sobre todo. El festejo resultó muy emotivo, con momentos por demás conmovedores, como cuando se rindió homenaje a John Lennon y a Freddie Mercury, mas para mí nada como cuando Ray Davies, el gran jefe kink, apareció para cantar "Waterloo Sunset" o cuando The Who cerró con fuerza explosiva (con "Baba O'Riley", "We're Not Gonna Take It" y "My Generation"). Ahí estaban Pete Townshend y Roger Daltrey, apoyados por musicazos como Chris Stainton en los teclados y el hijo de Ringo Starr en la batería. El martes abundaré más sobre todo esto en mi columna musical "Gajes del Orificio" de Milenio Diario.

sábado, 11 de agosto de 2012

El #132, el pan y el circo*

1. Para el momento en que usted esté leyendo esta columna, muy probablemente ya se sepa el resultado de la final olímpica de futbol entre México y Brasil. Millones de personas en el país habrán visto este partido y buena parte lo habrá hecho, ¡oh!, por Televisa. Si la selección nacional ganó o perdió, de todos modos la gran mayoría de los mexicanos habremos estado atentos a las incidencias del juego, incluso aquellos que han llamado insistentemente a boicotear a la televisora.
  2. El martes 31 de julio, en mi columna “Gajes del orificio” de la sección Hey! de este mismo diario, escribí en buenos términos sobre el festival de rock Corona Capital que se llevará a cabo en octubre próximo. Me sorprendió recibir enseguida varios insultos, sobre todo en Twitter, en los cuales me llamaban “vendido”, “lamebotas” y algunos epítetos todavía más finos. No entendí las razones de ello, hasta que alguien me explicó que dicho festival está siendo boicoteado por el movimiento #Yo Soy 132, debido a que “Televisa posee el cuarenta por ciento de las acciones de Ocesa”, la empresa que organiza el magno concierto. Es decir que de inmediato me convertí en cómplice de ambas compañías y por tanto en una especie de traditore. Luego supe que lo de los presuntos intereses de Televisa en Ocesa también fue publicado por la revista Proceso, en un “análisis” (es un decir) del reportero Juan Pablo Proal intitulado “Ocesa: la prostitución de la música”, ejemplo claro (el texto es por demás tendencioso y falto de rigor) de lo que no debe ser un reportaje (podría ser mostrado en las escuelas de periodismo como una muestra de lo que no se debe hacer).
  3. Juegos Olímpicos, final México-Brasil, festival Corona Capital, espectáculos que para los políticamente correctos son sinónimo de manipulación, corrupción, imposición, etcétera. Aseguran que es una cortina de humo. Pan y circo lo llaman. Igual y sí. Pero, ¿no nos hace buena falta distraernos un poco para descansar de la desgastante farsa postelectoral que estamos padeciendo? La verdad, entre Monreal y Oribe Peralta, me quedo con “El Cepillo”.

*Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario.

viernes, 10 de agosto de 2012

La mentira

Abel Quezada: "Mexicano lateral 2148".
"La mentira es el arte. La verdad puede dejarse para los contadores. Las grandes obras de arte son enormes, bellas mentiras. La verdad es sólo una de las materias primas con que se hace la mentira"

Abel Quezada.

jueves, 9 de agosto de 2012

Pamela otra vez

Vino en la noche Pamela, la pasamos muy bien. No pudo estar mucho tiempo porque tenía otro compromiso, pero escuchamos bastante música, hubo vino y pizza y platicamos largo y tendido. Es una gran chava. Muy simpática. Al final, la acompañé al metrobús, todavía era buena hora para tomarlo.

miércoles, 8 de agosto de 2012

El mito de Chavela Vargas*

Chavela Vargas en plena juventud.
Con todo lo lamentable que resulta el fallecimiento de la cantante méxico-costarricense Chavela Vargas (aunque vivir noventa y tres años como los vivió ella, más bien es algo por lo cual habría que externar felicitaciones), el hecho periodístico que significa su desaparición física obliga a revisar sus méritos y deméritos artísticos y musicales.
  Si uno lee algunos comentarios en la prensa y las redes sociales, parecería que México acaba de perder a su más grande cantante vernácula y francamente no es así. Como intérprete, Vargas tenía un estilo bastante singular, bohemio, intimista, rasposo, hasta con cierto dejo bluesero. Sin embargo, su voz era pobre, de pronto desafinada, y carecía de la calidad de una Lola Beltrán, una Amalia Mendoza o una María de Lourdes (para mi gusto, la mejor de todas), quienes, por otra parte, también tenían su feelin’. Compararla con Lucha Reyes, como se ha querido hacer, resulta desproporcionado.
  Lo que mitificó a Chavela Vargas tuvo más que ver con factores de otra índole. Su relación con la vida bohemia, artística e intelectual mexicana de los años cuarenta y cincuenta comenzó a acrecentar su propio mito, aunado a las leyendas de sus amoríos con Frida Kahlo o sus apariciones en algunas cintas nacionales de culto, como La Cucaracha de Ismael Rodríguez (1958). Luego vendría un larguísimo periodo de casi treinta años de ausencia, hasta que fue “rescatada” por Carlos Monsiváis y Jesusa Rodríguez, con lo que se ganó la adoración de nuestro beato sector progre-izquierdoso. Pero su verdadera consagración llegó con la bendición de Pedro Almodóvar, no tanto por sus méritos artísticos –que los tenía, por supuesto– sino por su identificación con la corrección política, en especial la del sector homosexual (su interpretación de “Un mundo raro” de José Alfredo Jiménez es hoy por hoy todo un himno gay).
  Nadie puede negar la importancia de Chavela Vargas, pero habría que matizarla y quitarle esa aura de santona progre y cantante extraordinaire que le dan algunos. Creo que ella misma lo agradecería con alivio.

*Publicada ayer martes en mi columna "Gajes del orificio" de la sección Hey! de Milenio Diario

martes, 7 de agosto de 2012

Los relámpagos de August*

“No soy un escritor católico. En todo caso, soy un católico que escribe”, solía comentar August Derleth a quienes trataban de definirlo como un autor cuyo estilo se encontraba influido por los preceptos del catolicismo.
  Nacido en Sauk City, Wisconsin, en 1909, Derleth es poseedor de una amplia obra que abarca lo mismo poesía y novelas costumbristas (se le llegó a conocer como “el cronista de Wisconsin”) que libros biográficos para niños, cuentos policíacos y relatos de ficción científica (como gustaba llamar Borges a la ciencia ficción).    
  Sin embargo, su mayor trascendencia la logró como editor de H.P. Lovecraft y como continuador suyo, dentro de ese subgénero que es el horror cósmico. Fue Derleth el que conjuntó editorialmente a Lovecraft y una serie de discípulos suyos, para dar forma y nombre a la saga conocida como los Mitos de Cthulhu.
  La amistad entre August Derleth y Howard Phillips Lovecraft duró relativamente poco tiempo, ya que éste falleció en 1937. Sin embargo, fue lo suficientemente fructífera como para trabajar juntos en varios proyectos. Incluso escribieron un cuento al alimón (“El regreso de Hastur”) que terminaría el primero de manera póstuma.
  Cuando Lovecraft murió, Dertleth pensó en la necesidad de difundir los relatos de su mentor y con su amigo y colega Donald Wandrei fundó Arkham House, una de las casas editoras más importantes y legendarias en su género. El primer libro que publicaron fue The Outsider and Others, en 1939, pero poco a poco fueron reuniendo a muchos de los discípulos del nacido en Providence en 1890 y, de ese modo, escritores como Robert E. Howard, Henry Kuttner, Clark Ashton Smith, E. Hoffman Price, el gran Robert Bloch (autor de Psicosis) y los propios Wandrei y Derleth pasaron a formar parte del catálogo de Arkham House (el nombre de Arkham es un homenaje al apelativo que Lovecraft dio a la ciudad en la que suceden la gran mayoría de sus historias, inspirado en Salem, Massachusetts).
  Derleth también situó muchos de sus cuentos de horror cósmico en Arkham, lo mismo que en otras poblaciones lovecraftianas como Innsmouth o Dunwich. Sin embargo, sus aportaciones a los Mitos de Cthulhu fueron muy importantes. Fue él quien introdujo a los dioses arquetípicos (elder gods), contrapuestos a los dioses primigenios (outer gods) de Lovecraft. De este modo, otorgó una concepción moral, incluso católica, a sus relatos, al convertir el conflicto entre deidades en una lucha entre el bien y el mal, cosa que no existía en la literatura de su maestro, quien únicamente había concebido a dioses crueles y terribles.
  August Derleth escribió tantos libros que sería imposible mencionarlos aquí, pero dentro de la saga de Cthulhu, el más destado es Someone in the Dark, una colección de cuentos deliciosamente escalofriantes. En español, casas como Roca y Alianza Editorial publicaron muchos de sus relatos.
  El alumno más aventajado de H.P. Lovecraft fallecería en 1971. Pero ahí está su legado, al alcance de cualquier lector.

*Publicado el sábado pasado en el suplemento cultural Laberinto de Milenio Diario.

lunes, 6 de agosto de 2012

La música de los Olímpicos

Cada cuatro años se celebra la máxima justa del deporte internacional y los aficionados al atletismo, la natación, la esgrima, la gimnasia, el futbol, el baloncesto, el voleibol, el levantamiento de pesas, el boxeo, el tenis y tantas otras disciplinas se solazan con el esfuerzo y la competitividad de los atletas de ciento veintitantas naciones. Pero no sólo las actividades deportivas llaman la atención de la gente. También la cultura y las artes de la ciudad sede, como Londres en los Juegos Olímpicos actuales, son un punto de atracción y la música que se escucha a lo largo de las dos semanas que duran las competencias es igualmente un punto esencial.
  Ya vimos cómo, durante la ceremonia de inauguración de estos juegos, la puesta en escena que ideó y dirigió el cineasta Danny Boyle tuvo en la música un apoyo tan fenomenal como emotivo. El recorrido histórico sobre la evolución de la Gran Bretaña que se vio en el Estadio Olímpico de Londres estuvo acompañado por diversos géneros musicales, para restallar con el rock de los sesenta, el punk de los setenta, el disco dance y el tecno de los ochenta o el hip hop del siglo actual. De ese modo, escuchamos en rápida sucesión a los Rolling Stones, los Kinks, The Who, David Bowie, Queen, los Sex Pistols, Pink Floyd, Underworld y el rapero inglés Dizzee Rascal, entre varios otros. En directo estuvieron desde la Orquesta Sinfónica de Londres (con el genial sketch de Mr. Bean) y Mike Oldfield, hasta los Arctic Monkeys y Paul McCartney.
  Sin embargo, de algún modo podemos decir que toda esa música fue incidental y que lo que realmente relaciona a este arte con los Juegos son las fanfarrias y los himnos olímpicos. En el caso de Londres, el himno se llama “Survival” y estuvo a cargo del grupo Muse. No creo que haya sido la mejor elección, porque la canción parece todo menos un himno. Las críticas, por supuesto, no se han hecho esperar (en lo personal, me parece bastante malita, grandilocuente y terriblemente cursi).
  Nada que ver, por cierto, con los grandes himnos, como el oficial de los Juegos Olímpicos, compuesto en 1896 por el griego Spirou Samara, con palabras del poeta Kostis Palamas, y que fue aprobado por el Comité Olímpico Internacional en 1958. Pero también varios de los Juegos han tenido su himno en particular. Para los Olímpicos de Los Angeles 1984, por ejemplo, el tema fue escrito por el gran John Williams (autor de la música de Star Wars y muchas otras películas), quien se hizo cargo asimismo de los himnos de los Juegos de Seúl 1988, Atlanta 1996 y los Olímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002. El himno de Barcelona 1992 fue creado por otro grande, el griego Mikis Theodorakis, en tanto que el de Moscú 1980 había sido compuesto ni más ni menos que por Dimitri Shostakovich.
  Un caso más o menos siniestro es el de los Olímpicos de Berlín 1936, en plena era nazi. Su “Olympische Hymne” fue encargado a Richard Strauss (“Así hablaba Zaratustra”) por el gobierno de Adolfo Hitler y en su versión completa duraba en total ¡cuatro horas! Un fragmento del mismo aparece en el célebre documental sobre esos juegos, filmado por la cineasta favorita del Führer, Leni Riefenstahl.
  Para los mexicanos, no hay Juegos Olímpicos más importantes que los de México 1968 (con todo y el trágico contexto histórico en que se desarrollaron) y desde un punto de vista musical, varias generaciones tenemos grabadas en el inconsciente las famosas “Fanfarrias olímpicas” de Carlos Jiménez Mabarak. Sí, aquellas mismas que se tocaban antes de cada premiación en las competencias (remember el “Tibio” Muñoz).
  Jiménez Mabarak (1916-1994) pertenece a la misma estirpe de grandes músicos mexicanos como Silvestre Revueltas, Carlos Chávez, Blas Galindo o Juan Pablo Moncayo. Nacido en Tacuba, Distrito Federal, es autor de la “Sinfonía en Mi bemol”, la “Balada del pájaro y las doncellas” y numerosas composiciones más. Amigo de Igor Stravinsky, en sus últimos años, experimentó con el dodecafonismo, la música concreta y la electrónica. Cuando en 1968 el gobierno de México convocó a un concurso para crear las fanfarrias de los Juegos Olímpicos, escribió esa pieza musical de menos de un minuto que se volvió inmensamente popular y que es, vaya paradoja, su obra más conocida.
  No sabemos aún cuáles sorpresas musicales nos tiene reservadas la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres, pero si podemos estar seguros de algo es de que ninguna igualará la trepidante belleza de las “Fanfarrias olímpicas” de Carlos Jiménez Mabarak, cuya obra toda valdría la pena rescatar del olvido a manera de merecido homenaje, a dieciocho años de su muerte. 

domingo, 5 de agosto de 2012

¡Ay, Chavela!*

Vox Almodóvar, voz Dei.
Pregunta: ¿cuál es la diferencia entre el público que ve religiosamente el Canal de las Estrellas y el público conformado por nuestra intelectualidad progre y clasemediera? Respuesta: Ninguna.
  Resulta un hecho por demás evidente y consumado que tanto uno como otro responden a una idéntica tendencia al borreguismo que los hace seguir fiel, religiosa y masivamente todo aquello que se les propone. Así, por ejemplo, mientras el primer público ve cada domingo a Raúl Velasco, cada sábado a Don Francisco y cada noche a Jacobo, el segundo compra el mismo periódico para llevarlo bajo el brazo todo el día, gusta de la música afroantillana y toma café, cuando menos una vez a la semana, en El Parnaso de Coyoacán. En ambos casos se trata de borregos acríticos que siguen las pautas determinadas por otros, ya sean los estrategas de Televisa o las más altas glorias de nuestra intelectualidad izquierdosa.
  Valga lo anterior para hablar de una nueva modita entre la gente progre, cultista y posmoderna. ¿De dónde surgió tal moda? Sepa la bola. El caso es que de buenas a primeras se ha vuelto de buen gusto escuchar, hablar, opinar, discutir, alabar, escribir, etcétera, acerca de la sempiterna cantante vernácula Chavela Vargas. Al parecer, Jesusa Rodríguez la rescató hace algún tiempo del ostracismo en que se encontraba desde lustros atrás, invitándola a presentarse en El Hábito (otro lugar de caché clasemediero). Luego, ya más para acá, Joaquín Sabina incluyó una canción homenaje (oportunista a más no poder y que me perdone el admiradísimo creador madrileño) en su nuevo y desigual álbum. Pero fue Pedro Almodóvar (director de culto progre, but of course) quien declaró que Chavela era una gran intérprete (ni quién lo dude, aunque a este columnistas le aburre con su monótona voz machorrona de la que ya hacía gala hace siglos en el programa Noches tapatías del Canal 2, en los tiempos de la tele en blanco y negro) y como vox Almodóvar, vox Dei y como ya hasta actuó en el Olimpia de París, pues ahora sí que todo el mundo tiene que decir que la Vargas es la neta, que debe cantar en Bellas Artes, que merece un homenaje nacional, que su obra debe rescatarse, que deben entregarle el Águila Azteca, el Ariel, el Citlalli… y así hasta el infinito. No es difícil calcular que ya vienen los ensayos de Carlos Monsiváis, los artículos de Guadalupe Loaeza, les entrevistas de Elenita Poniatowska, etecé, etecé y etecé.
  Aclaro: nada tengo contra Chavela Vargas (luego así empiezan los chismes). Puedo reconocerle todas sus virtudes como intérprete y embajadora de la canción mexicana (¡ah, no! Esa es María de Lourdes… ¿o Lola Beltrán?). Lo que cansa, agota, da güeva, es que nos la quieran recetar por todas partes, ya sea en La Jornada, Radio Educación o el Canal 22. La verdad, espero que a doña Chave todo este borlote al menos le traiga beneficios pecuniarios, ya que mientras la tuvieron olvidada creo que se las vio bastante negras. Ojalá que ahora que se está convirtiendo en objeto de culto no sean otros vivales los que lucren a sus expensas. Aproveche el momento, señora mía, porque al rato a estos progres se les olvida usted y rescatan a otro arrumbado del destino. Dicho sea con todo respeto, Macorina.

*Artículo publicado en 1994, en mi columna "Bajo presupuesto" que escribía yo por entonces en la sección cultural de El Financiero.

sábado, 4 de agosto de 2012

La tragicomedia de López Obrador*

"Siempre se hace acompañar por tres momificados patiños".
Si no fuese porque tiene ribetes peligrosamente trágicos, la carrera política de Andrés Manuel López Obrador podría ser contemplada desde un punto de vista humorístico que quizá nos permitiría a muchos sentirnos menos nerviosos. Porque si lo vemos bien, todo lo que ha hecho el tabasqueño a lo largo de estos años posee un tono fársico, un aliento de comedia de enredos que debería llevarnos a la risa y hasta a la franca carcajada (qué mejor ejemplo al respecto que la actual impugnación a las elecciones presidenciales).
  Tal vez él mismo así lo maneje y en el fondo sea un incomprendido, tanto de sus enemigos políticos como de sus propios seguidores, quienes se lo toman demasiado en serio.
  Basta con ver lo que ha hecho de un mes para acá. Se trata de una puesta en escena digna de grandes autores teatrales, una combinación de alta comedia a la Molière con teatro carpero a la Cantinflas, combinado con sketches que van del teatro del absurdo a las rutinas de un Polo Polo o un Jo Jo Jorge Falcón.
  Si no, ¿cómo entender sus casi diarias conferencias de prensa, en las cuales siempre se hace acompañar por tres momificados patiños que con hierática seriedad le cuidan las espaldas y medio sonríen cada vez que el gran actor hace algún comentario chusco (“Aquellos se están poniendo nerviosos”, “Esto no se acaba hasta que se acaba”, “No me culpen a mí, serénense” o la reciente y francamente jocosa comparación de él mismo con Juárez, Madero, Hidalgo y Morelos)? No hablemos del día en que tapizó la escenografía con tarjetas de Soriana o cuando acorraló a los reporteros para que un jovenzuelo histérico los regañara y les diera “clases” de periodismo, mientras don Peje sonreía socarrón.
  Andrés Manuel sabe que perdió las elecciones, pero le gusta mantenerse en los reflectores y explotar su vis cómica con jícamo tropical. Lo malo es que sus seguidores más radicales no se dan cuenta y les da por portarse rijosos y amenazantes. AMLO pone la comedia y ellos la tragedia. López Obrador se divierte, mientras nosotros lo tomamos, sí, demasiado en serio. En ese sentido, digo que es un incomprendido. 

*Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario.

viernes, 3 de agosto de 2012

Candy Girls 2

Mañana es el reestreno de la obra Candy Girls en la que no sólo aparece Denisse en el papel principal, sino que ahora ella misma la dirige. Se estará presentando todos los sábados y domingos de agosto y septiembre, a las siete de la noche, en el Foro Coyoacanense. Hoy hablé con ella y está nerviosilla. Mucha suerte, Dení.

jueves, 2 de agosto de 2012

El cuervo

Vi la cinta The Raven, dirigida por James McTeigue en 2012, un filme bastante jalado a decir verdad, a pesar de la buena recreación de época y de la actuación estelar del gran John Cusack. Se supone que históricamente se desconocen las últimas horas en la vida de Edgar Allan Poe, quien apareció moribundo, sentado en la banca de un parque desolado en la ciudad de Baltimore, Maryland, el 7 de octubre de 1849. La película "intenta" aclarar el asunto, pero lo hace mediante una trama en la que Poe (interpretado, claro, por Cusack) se convierte en una suerte de detective al estilo de su personaje Auguste Dupin, el investigador protagonista de cuentos como "Los crímenes de la calle Morgue", "La carta robada", "El escarabajo de oro" y "El misterio de Marie Rogêt". Esto resulta tan desproporcionado como lo que hizo Tim Burton con su Alicia, a la que puso a pelear a espadazos con un dragón en su no menos jalada y malita Alicia en el País de las Maravillas.
  The Raven tiene momentos rescatables y su trama llega a atrapar, pero en general es una propuesta fallida, excesivamente sangrienta y sombríamente solemne (quizá si se hubiera trabajado como un ejercicio de humor negro, la cosa habría resultado distinta). Francamente no la recomendaría.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El Aguas Blues 2006

Blues en Aguascalientes (Foto: Adriana Cruz)
En noviembre de 2006, Los Pechos Privilegiados fuimos invitados a participar en el festival Aguas Blues, en la ciudad de Aguascalientes. Fue una experiencia inolvidable. El Teatro Aguascalientes es una maravilla (muy parecido al Auditorio Nacional pero con la cuarta parte de su capacidad). Nunca tocamos ante tanta gente (unos mil quinientos entusiastas espectadores) y la verdad todo salió de perlas. La formación de esa tarde del 4 de noviembre fue con Leyla y Giuliana en las voces femeninas, Juan Óscar en el bajo, Demex en la batería, Mao en la guitarra principal y yo en guitarra segunda y voz. Tocamos seis canciones (si mal no recuerdo: "Algo prohibido", "Ando perdido", "Yo soy una mujer", "Me iré a casa temprano", "No sé tú" y "Boogie de la muralla". Fue un viaje bueno y divertido, con algunos momentos complicadillos.