domingo, 31 de julio de 2016

Trainspotting (la película)

La había visto hace muchos años, no recuerdo si en la Cineteca o en video. El caso es que me acordaba de muy pocas cosas (de la música sí, porque tengo el soundtrack en CD) y de una u otra manera fue como si la viera por primera vez. Me gustó mucho, me divirtió enormidades. La película que para algunas personas resulta deprimente, me pareció por demás jocosa. Su sentido del humor sardónico la salva de caer en el drama y el dibujo de personajes es absolutamente delirante.
  En realidad, como alguna vez apuntó el crítico Roger Ebert, Trainspotting (1996) es más una cinta sobre la amistad que sobre la drogadicción. La camaradería entre cuatro o cinco amigos impresentables pero que se necesitan, aunque la mayoría de las veces esa camaradería sea más perjudicial que benéfica, como más perjudiciales que benéficas resultan las familias de algunos de los protagonistas, inmersas en una hipócrita doble moral.
  Las actuaciones son memorables, en especial por parte del protagonista principal, Mark Renton, interpretado por un muy joven Ewan McGregor, pero también por esos dos tipos que son Sick Boy (Johnny Lee Miller) y el demencial Begbie (un fantástico Robert Carlyle). Mención de honor también para la entonces debutante Kelly Macdonald, preciosa como la jovencita Diane.
  Dirigida por Danny Boyle y basada en la novela homónima de Irvine Welsh (que ya conseguí y pienso leer en seguida, a pesar de la horrenda traducción gachupine style), Trainspotting se desarrolla en un Edimburgo un tanto hostil y en un Londres inhóspito para sujetos como Renton y compañía, para quienes no existe redención posible y parecen destinados a vivir de por vida pegados a las jeringas de heroína.
  Un filme desesperanzador y, sin embargo, paradójicamente amable y ¿optimista?

sábado, 30 de julio de 2016

Los barriles de Barrales

Como nueva presidenta del PRD, Alejandra Barrales es todavía una incógnita. Qué hará con el partido es un enigma que deberá resolverse muy pronto.
  Frente al 2018 (que está a la vuelta de la esquina), Barrales tendrá que decidirse por escoger uno de los cuatro barriles políticos que tiene frente a ella.
  1. El barril de Miguel Ángel Mancera. La nueva líder del Partido de la Revolución Democrática podrá optar por quien fuera su pareja sentimental y apoyarlo en sus deseos de ser el candidato presidencial del sol amarillo. Si ya se reconciliaron, no habrá problema para que avancen juntos y traten de conquistar, con muchas dificultades, el voto de las mayorías en julio del 18. Pero si siguen distanciados...
  2. El barril de Andrés Manuel López Obrador. Con su pasado (¿o su presente?) lópezobradorista, no sería difícil que Alejandra operara para hacer que el partido se convierta en dócil aliado de Morena y se sume a la candidatura de AMLO. Sería el revólver en la sien del perredismo que resultaría devorado enterito por el apetito voraz del pejelagarto.
  3. El barril de la alianza con el PAN. Se ve difícil, aunque le dio al PRD muy buenos resultados en las pasadas elecciones intermedias. Buscar un candidato común entre azules y amarillos (¿Margarita Zavala, el propio Mancera, algún personaje neutral?) daría muchas posibilidades a ambas organizaciones de alcanzar Los Pinos y conformar un gobierno de coalición.
  4. El barril de Barrales. Pudiera ser que la antigua sobrecargo se volara y buscara ser ella la candidata del partido, lo cual seguramente provocaría una enorme lucha interna y un divisionismo mayor del que ahora existe.
  ¿Por cuál barril se decidirá la guapa Alejandra? ¿Tendrá la inteligencia política para elegir el que más le conviene al PRD o cumplirá el papel que muchos temen, como el agente pejista que termine por desmantelar al partido?
  En poco tiempo lo sabremos.

* * * * *

Margarita Zavala asistió a la convención demócrata que eligió a Hillary Clinton: veo similitudes entre ambas. En cambio, Liopez (Gil Gamés dixit) no estuvo en la de los republicanos que eligió a Donald Trump... y también veo similitudes entre ambos.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 29 de julio de 2016

Cousteau / Sirena (2002)

Elegante, sofisticado, apasionado, refinado, el sonido de Cousteau seduce con su sensualidad y convence por su perfección musical. Heredero lo mismo de Scott Walker que de Tom Waits, este grupo apuesta por un pop melancólico y oscuro que envuelve al escucha con atmósferas etéreas y a la vez sumamente carnales.

Mejor tema: “Talking to Myself”

jueves, 28 de julio de 2016

La cuarta temporada de "Homeland"

Al fin terminé de  ver la cuarta temporada de Homeland y la verdad es que estuvo buenísima, tan llena de tensión y suspense como las tres anteriores. Me qura claro que es una serie maniquea -aunque con algunos matices valiosos-, en la que los gringos son en general los buenos y los extremistas musulmanes son en general los malos. Pero está tan bien hecha que uno puede obviar esos convencionalismos y disfrutar la trama como lo que es: una aventura que te tiene al borde del asiento. En esta temporada, Claire Danes es la que más luce en su papel de Carrie, es mujer neurótica y con problemas emocionales y mentales que trabaja para la CIA.
  Parece que se viene una quinta temporada final, la esperaremos.

miércoles, 27 de julio de 2016

"Fui ghost writer de Yolanda Vargas Dulché"

"Sí voto, pero en las tres últimas elecciones presidenciales 
lo he hecho simbólicamente por Heberto Castillo".

Texto y foto: Héctor González

Ciudad de México. "Siempre digo que soy músico antes que periodista, pero no me creen", cuenta Hugo García Michel y no le falta razón. Desde joven aprendió guitarra y más tarde formó la banda Los PechosPprivilegiados. Ex miembro del Partido Mexicano de los Trabajadores, abandonó la militancia más no la ideología zurda. Hoy, vive del periodismo y rodeado de cocodrilos de adorno. Lectorum acaba de reeditar su novela Matar por Ángela.

¿Qué sobrevive de sus estudios con los salesianos?
¡Híjole! Quedan recuerdos de una disciplina católica muy fuerte. Yo era niño bueno y aplicado, pero todavía me tocó la época de los castigos físicos. Nunca los padecí, pero vi, por ejemplo, cómo ponían a los alumnos en el patio de rodillas, a pleno sol, cargando dos ladrillos con los brazos abiertos. Cuando dejé la religión católica, abracé la religión socialista durante muchos años. Ahora soy un crítico de todo eso.

¿Quiénes son más radicales los católicos o los socialistas?
Creo que los socialistas y los comunistas. Al final, toda la izquierda resulta más religiosa. No aceptan críticas y menos si son con humor, me consta.

Cuando un izquierdista se queda sin representación partidista, ¿qué le resta?
El individualismo; en este momento, no me afiliaría a ningún partido.

¿No vota?
Sí voto, pero en las tres últimas elecciones presidenciales lo he hecho simbólicamente por Heberto Castillo, quien para mí es el único político realmente honesto que ha existido en el México contemporáneo. Sé que es como anular el voto, pero lo prefiero a ser cómplice de los partidos actuales.

¿Se vale matar por amor?
Literariamente sí, aunque en la vida real creo que no. Al menos yo sería incapaz. No puedo ni matar una mosca. Una vez me llevaron a pescar en Tamaulipas y agarré un bagre; apenas vi al pobre animal sacudirse, lo regresé al agua.

¿De plano corazón de pollo? No tiene esa fama.
La gente tiene una imagen de mí debido a mis críticas y piensa que soy una especie de demonio. A la hora de escribir, se me va el corazón de pollo.

¿En qué momento llegó el rock?
Desde que nací. Mi hermano, el cineasta Sergio García, quien me llevaba 10 años, oía rock todo el tiempo. Crecí escuchando a los Teen Tops, Los Locos del ritmo, etcétera.

¿Ése es rock?
Sí, era imitación y una copia de Chuck Berry y Little Richard, aunque con letras ingeniosas. Enrique Guzmán era un buen hacedor de letras, pero se volvió baladista como tantos otros.

¿Cuál fue su primer disco?
El primer disco que compré con un sueldo, de mi primer trabajo en la adolescencia, fue Led Zeppelin I y el primero que compré con los domingos que me daba mi papá fue In A-Gadda-Da-Vida de Iron Butterfly. Ahora ya no compro discos. Durante mi época como director de la revista La Mosca me los regalaban las disqueras y actualmente escucho formatos digitales o mis viejos viniles.

¿Por qué no le gusta el rock mexicano?
Al rock mexicano le falta la esencia negra, la perdió a raíz de que el rock argentino llegó a influirlo. Gente como Cerati le hizo mal al rock nacional porque lo descafeinó y lo volvió pop. Me tocó estar en Avándaro, en 1971, y la mayoría de las bandas cantaba en inglés; creo que siempre ha faltado identidad.

¿Entonces el rock mexicano está más del lado del pop?
Totalmente. La mayor influencia del actual rock mexicano es la banda Timbiriche. Luis de Llano debería ser reconocido como uno de los hacedores del rock nacional.

¿Ahí mete a Café Tacuba y la Maldita Vecindad?
Sí, totalmente.

Por eso no lo quieren...
Bueno, no todos. Santa Sabina, Jaime López, El Personal o La Barranca tienen todos mis respetos. De los actuales solo salvo a Ruido Rosa, los demás no me dicen nada.

¿Recomienda ser autodidacta?
A mí me funcionó. No creo en el sistema escolar mexicano, en general me parece malo. Yo aprendí periodismo y edición de revistas en la práctica. En editorial Posada descubrí todo. Aparte, fui historietista durante casi 20 años. Trabajé con doña Yolanda Vargas Dulché y hasta fui su ghost writer en Lágrimas y risas.

*Hugo García Michel nació en la Ciudad de México, en 1955. De formación autodidacta, ingresó a la industria editorial en 1979. De 1994 a 2008 dirigió la revista de rock La Mosca. Es colaborador de Milenio Diario y las revistas Nexos y Marvin. Matar por Ángela es su primera novela.

(Entrevista publicada originalmente en el suplemento Milenio Dominical, el 3 de mayo de 2015)

martes, 26 de julio de 2016

Rebeldes de telenovela

Decía en mi columna del martes pasado que el rock que se hizo en México, a finales de los años cincuenta y durante las dos siguientes décadas, nada tenía de contestatario, a pesar de sus inicios “rebeldes”.
  Se me podrá argüir que a fines de los sesenta y principios de los setenta ese rock adoptó una posición contracultural, como se vio en el festival de Avándaro en 1971, y aun concediendo que algunos grupos cantaban contra la represión y la guerra, en realidad sus posturas no eran sólidas y pecaban de una ingenuidad jipiteca que hoy más bien provoca ternura.
  Tampoco el surgimiento del rock marginal y los tristemente famosos hoyos fonkis (Parménides García Saldaña dixit) eran precisamente manifestaciones de “la rebeldía originaria del rock”, rebeldía que como ya vimos en las colaboraciones de las dos semanas anteriores, es más un mito que una realidad.
  Llegamos entonces al México de los años ochenta, cuando surgen fenómenos como el rock rupestre (que en muchos casos era rock pedestre) y el rock militante, los cuales pervivirían también en el siguiente decenio. En el primer caso, cuando menos existía una conmovedora sinceridad y un intento por escribir letras poéticas y “con mensaje”, pero nada más; en el segundo, los grupos que lanzaban consignas políticas en años como 1988 o 1994, eran los mismos que se acogieron alegremente a la oportunidad de aparecer en la tele, en programas tan revolucionarios como Siempre en domingo, las emisiones nocturnas de Verónica Castro o el show de Paco Stanley (y sí, hablo de Caifanes, La Maldita Vecindad, Café Tacuba, etcétera).
  De lo que sobrevino a partir de eso y hasta el presente, mejor ni hablemos. Si el rock nacional, en su totalidad, jamás fue en verdad rebelde o contestatario, hoy sería un mal chiste pretender que lo sea. Nunca como ahora grupos y solistas se encuentran en una zona de confort de la que no se quieren mover, mientras puedan tocar en el Vive Latino y demás festivales patrocinados por empresas representantes –¡San Carlos Marx nos ampare!– del horrendo capitalismo.
  Nuestros roqueros son rebeldes, sí, pero de telenovela.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 25 de julio de 2016

Let It Be

He aquí el último disco de los Beatles que salió a la venta, aun cuando había sido grabado muchos meses atrás, antes incluso que Abbey Road. Producto de un proceso complicado, conflictivo y de algún modo frustrado, Let It Be (que inicialmente iba a intitularse Get Back) no fue lo que originalmente iba a ser: un disco de rock sencillo y básico, con canciones sencillas y básicas, arreglos sencillos y básicos y producción sencilla y básica. La idea era de Paul McCartney, pero contó con muy poco entusiasmo y cooperación por parte de sus compañeros, quienes arrastraban el cansancio físico, mental y creativo de las sesiones del Álbum Blanco. Y ahí estaba otra vez Yoko Ono, con su presencia omnímoda, como siamesa de John Lennon, incomodando a los otros tres. Y ahí estaban las cámaras y los reflectores de la película que se estaba filmando mientras se desarrollaban los ensayos y la grabación de cada una de las tomas de las canciones. Era la crónica de un desastre anunciado que culminó con la decisión de enlatar el material por tiempo indefinido, hasta que apareció el legendario productor norteamericano Phil Spector y con la aprobación de John, George y Ringo (y el desconocimiento de Paul y de George Martin) remezcló doce canciones y dio un giro al concepto original del álbum que hasta de nombre cambió.
  Aparecido en mayo de 1970, el disco no es todo lo brillante que se quiso, pero la calidad de la mayoría de los cortes hace que al final el todo se salve. Y es que en realidad la mano de Spector, con su famosa pared de sonido, sólo es notoria en “Across the Universe” de Lennon, “I Me Mine” de Harrison y “The Long and Winding Road”… de McCartney, quien protestó estentóreamente, pero no pudo evitar que el álbum saliera a la venta con su canción bonita pero melosamente orquestada.
  Como temas destacados de este trabajo sobresalen la enorme “Let It Be” y la rocanrolera “Get Back”, ambas de Paul. Buenas pero no precisamente extraordinarias son “Two of Us”, “Dig a Pony”, “I've Got a Feeling” y “For You Blue”, mismas que si bien con el paso del tiempo se han vuelto entrañables, más por nostalgia de los escuchas que por la calidad intrínseca de las melodías, no estarían incluidas en una antología de las mejores canciones del cuarteto.
  Let It Be, en ese sentido, tiene un mayor valor histórico que artístico.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca No. 9, segunda parte de la historia de los Beatles)

domingo, 24 de julio de 2016

Hendrix como su propio ghost writer

Ahora que muchos grandes músicos, ante el peso de los años y la proximidad del descanso eterno, han decidido escribir sus autobiografías (ahí están las espléndidas memorias de Keith Richards, Pete Townshend, Steven Tyler y Ray Davies, entre varias otras, o la de Frank Zappa de años atrás), no debería sorprendernos que aparezca un libro autobiográfico de Jimi Hendrix, un libro que nunca escribió y que, sin embargo, en sentido estricto, sí escribió.
  Para no confundir al lector, le diré que me refiero a Starting at Zero, Jimi Hendrix Own Story, intitulado Empezar de cero en su edición en español, recientemente publicada de manera espléndida por Sexto Piso, y firmado, sí, por Jimi Hendrix.
  ¿Se trata acaso de un manuscrito original que permanecía escondido en alguna caja y que alguno de sus amigos o parientes descubrió? No precisamente, aunque algo hay de eso. En realidad, estamos ante la fabulosa historia de Peter Neal, quien mientras preparaba una cinta documental sobre Jimi Hendrix (misma que aún no se estrena) se dio a la tarea de reunir una cantidad asombrosa de manuscritos y grabaciones inéditas, en audio y video, del creador de “Purple Haze” y “The Sky Cries Mary”, textos (en el caso de los escritos) que el músico nacido en Seattle en 1942 fue anotando en los lugares más impensados y difíciles de encontrar: servilletas, cajetillas de cigarros, hojas pautadas, páginas de libretas, etcétera.
  Neal no sólo reunió estos materiales, sino que les dio tal forma y coherencia que logró una narración fluida y perfecta, para hacer que fuera el propio Hendrix quien –cual literal ghost writer (o quizás up from the skies)– contara su propia vida. Por eso el libro no está firmado por el cineasta, sino por el propio Jimi.
  Empezar de cero es una delicia de principio a fin. Hendrix escribía muy bien y no sólo poemas o letras de canciones (algunas de las cuales se intercalan en el volumen y forman parte de la narración, lo mismo que varios fragmentos de entrevistas), sino también historias llenas de amenidad, ideas, reflexiones y buen sentido del humor.
  La vida del creador de álbumes fundamentales en la historia del rock, como Are You Experienced?, Axis: Bold As Love, Electric Ladyland y Band of Gypsys (más las decenas de discos aparecidos después de su muerte), es llevada aquí de manera cronológica y aunque pasamos por su niñez y su adolescencia con rapidez, no deja de mostrarnos cómo sus primeros años fueron fundamentales para determinar lo que aquel jovencito de orígenes humildes llegaría a ser con el tiempo. Por ejemplo, lo que revela acerca de su paso por el Ejército, donde no sólo perteneció a la 101 División Aerotransportada y se convirtió en experto paracaidista, sino que conoció a Billy Cox, quien sería su amigo y compañero musical en múltiples aventuras.
  En letra y voz del mismo Hendrix, nos enteramos de su amor primigenio por el blues: “Cuando fui al sur, todos los tipos tocaban blues y allí fue cuando empecé a interesarme en verdad en la escena... Adoro el folk blues. El blues para mí es Elmore James, Howlin’ Wolf, Muddy Waters, Robert Johnson... Ese tipo de música transmite y llega a la gente con mucha facilidad... Puedes hacer tu propio blues. Ya sabes, cada uno tiene su blues”.
  Por supuesto que la parte más trascendente de la vida de Jimi Hendrix es la que va de 1967 a 1970, esos cuatro años que lo llevaron a lo más alto del firmamento como guitarrista, compositor, intérprete y super estrella, pero también al mundo del sexo, las drogas y el rocanrol, en el más genuino y autodestructivo sentido de la famosa expresión.
  Eso también está contado con detalle en Empezar de cero y ocupa la mayoría de las páginas del libro. Pero antes, Hendrix nos habla de sus primeros años como músico profesional mal pagado, explotado lo mismo por manejadores que por estrellas como los Isley Brothers o Little Richard; de esas noches en que dormía en cuartos llenos de ratas y cucarachas o entre los botes de basura de los callejones de Nashville y Nueva York.
  En el libro está, claro, todo aquello que cualquier mediano seguidor de Hendrix conoce: el encuentro con Chas Chandler, el viaje a Londres, la formación de The Experience con Noel Redding y Mitch Mitchell, los primeros conciertos, la grabación de sus tres álbumes fundamentales, el rápido ascenso a la fama, los excesos, las groupies, las novias, el festival Monterey Pop, Woodstock, la Banda de Gitanos..., pero todo ello contado por el propio Hendrix y aderezado con multitud de sabrosas anécdotas, incluida una carta que le envió a su padre en 1966 para decirle: “Estoy en Inglaterra, papá. He conocido a unas personas que van a convertirme en una gran estrella. Hemos decidido cambiarme el nombre a... Jimi”.
  Un libro absolutamente recomendable.

(Publicado hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

sábado, 23 de julio de 2016

Al fondo a la izquierda

La muerte de Rafael Aguilar Talamantes trajo a la palestra un nombre que había sido olvidado, el de un político que de muchas maneras prefiguró a lo que hoy se quiere hacer pasar como “la izquierda”.
  Poco antes de afiliarme al Partido Mexicano de los Trabajadores (el PMT dirigido por Heberto Castillo y Demetrio Vallejo), en la segunda mitad de los años setenta, se dio una escisión de la cual surgió el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), dirigido por Aguilar Talamantes y entre cuyos dirigentes estaba gente como Jesús Ortega, Carlos Navarrete y Graco Ramírez.
  En el PMT sabíamos que el PST era un partido pseudo izquierdista con funciones de esquirolaje y había la certeza de que por debajo del agua recibía un fuerte apoyo económico del gobierno lopezportillista (que en 1977 le otorgó el registro, algo que nunca sucedió con el PMT).
  Aguilar Talamantes es el antecesor de tantos progres actuales que desde el PRD, Morena, Convergencia o el PT navegan con bandera de izquierda y en realidad carecen de una formación ideológica que pueda identificarlos como tales. El oportunismo, el pragmatismo, el cinismo, el gatopardismo, la corrupción ética y moral, el afán por puestos y dineros, el populismo y otros males que hoy aquejan a eso que se autodenomina como izquierda proviene en buena parte del tipo de política que ejercía el PST de Aguilar Talamantes y que sus herederos en –repito– el PRD, Morena, Convergencia o el PT siguen practicando alegre y descaradamente.
  Es en ese contexto que llega a la presidencia perredista Alejandra Barrales y aún no consigo interpretar qué significa esto, no sólo para el partido del sol amarillo, sino para el resto de la “izquierda” y para el país, en vista a las elecciones de 2018. ¿Cuál será el papel de Barrales –quien acaba de declarar en el 3de3 que gana más de 12 millones de pesos al año– en la búsqueda del candidato presidencial del PRD? ¿Apoyará a su ex pareja, Miguel Ángel Mancera? ¿Se rendirá ante López Obrador y le entregará el partido en bandeja de plata?
  No se pierda la continuación de este intrigante episodio.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 22 de julio de 2016

The Beautiful South / Blue is the Color (1996)

The Beautiful South sabe combinar dos elementos que no suelen ir acompañados: el sentido melódico y el humor negro. Con canciones que suenan tan dulces y maravillosas y cuyas letras suelen ser terriblemente irónicas, el grupo encabezado por el gran Paul Heaton alcanzó en este, su quinto opus, niveles de una exquisitez realmente enferma. Maravilloso.

Mejor tema: “Don’t Marry Her”

jueves, 21 de julio de 2016

Mi vino favorito

Es español, de Valencia. Su precio es sumamente accesible. Lo venden en Superama y hay temporadas en las que escasea, por lo que suelo hacerme de una buena cantidad de botellas cada vez que lo ponen a la venta, a fin de tener una reserva segura. No es muy fuerte ni muy suave. Gran sabor y un efecto delicioso que hace más cálidas las charlas acompañadas de buena música y buena compañía (femenina, prácticamente siempre). Se ha convertido en fiel aliado y compañero desde hace ya varios años. El entrañable vino Castillo de Liria.

miércoles, 20 de julio de 2016

Stranger Things

Terminé en tres noches la temporada uno de esta estupenda serie de Netflix. Fantasía, misterio, alucine, suspenso, intriga, humor, drama, horror, en fin, una gran mezcla de géneros y elementos que hacen de Stranger Things una especie de ET se encuentra con los Expedientes X, PoltergeistStand by Me y Los Goonies, en un claro homenaje a los años ochenta (aun cuando nunca dicen el año en que están, por varias referencias me inclino a pensar que se trata de 1982), con una pista sonora magnífica que lo refrenda.
  Gran historia, estupendos guiones, un casting extraordinario (desde el rescate de la entrañable Winona Ryder hasta la sorpresiva e impresionante presencia de la muy joven actriz inglesa Illie Bobby Brown en el papel de Eleven, centro de toda la trama), actuaciones magníficas, producción impecable, ritmo implacable, en fin, todos los elementos necesarios para hacer de la emisión algo irresistible.
  Ahora que estoy viendo también, en el mismo Netflix, series como Bates Motel, Between, The Returned y Scream, Stranger Things no sólo no desentona con ellas, sino que en muchos puntos las supera.
  No quiero contar la trama, porque es mejor que la vean sin saber de qué se trata el asunto. Sólo les digo que se van a divertir, se van a intrigar y van a querer ver uno tras otro los tan sólo ocho capítulos que la conforman.
  Gran cosa Strangers Things.

martes, 19 de julio de 2016

¿Rebeldes con causa?

Cuando era yo muy niño, por allá a principios de los años sesenta, se utilizaba mucho la expresión “rebeldes sin causa”, para definir a jóvenes vagos y pandilleros, enchamarrados, enmezclillados, envaselinados, con cadenas y botas de charol que gustaban del rocanrol. Esto era por supuesto un estereotipo que el cine mexicano explotó hasta la náusea con películas moralistas y maniqueas, en las que los “rebeldes” eran siempre malos pero redimibles.
  ¿Era entonces el rock nacional primigenio una manifestación de rebeldía contra el sistema? Nada más lejos que eso. En México, el rock n’ roll nació en la segunda mitad de los años cincuenta, primero como una mera imitación de músicos adultos (como la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz y similares) de lo que se hacía en los Estados Unidos y luego, cuando lo rescataron los jóvenes, fue más que nada interpretado por chavos de la clase media alta, con el poder adquisitivo suficiente como para comprar los caros instrumentos musicales que se necesitaban. Además, en su mayoría se dedicaron a adaptar los éxitos de gente como Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Ricardito y Elvis Presley, con letras en español, y las composiciones propias fueron tan notables como escasas. El grito más rebelde y provocador de esos años fue del cantante de los Locos del Ritmo, Toño de la Villa, y decía: “yo no soy un rebelde sin causa, ni tampoco un desenfrenado, yo lo único que quiero es bailar rocanrol y que me dejen vacilar sin ton ni son”. Nada como para poner a temblar al “sistema”.
  Tal sería el destino del rock que se haría en nuestro país a lo largo de las décadas siguientes. A fines de los sesenta y durante los setenta, por ejemplo, los rocanroleros y la izquierda estuvieron más que divorciados, ya que ésta tendía más hacia la llamada música latinoamericana y consideraba al rock como una manipulación perversa del “imperialismo yanqui” para enajenar a la juventud mexicana, etcétera.
  Las cosas cambiarían diez años más tarde, mas sólo en apariencia, cosa que veremos en la tercera y última parte de esta serie.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 18 de julio de 2016

"The Commitments" y su aniversario 25

Una grandísima noticia para quienes amamos la película: se anuncia la edición (en blu-ray) de The Commitments, de Alan Parker, como celebración de su 25 aniversario, en widescreen y con muchos extras.
  Hace años la conseguí en formato de video Beta (sabrá Dios dónde habrá quedado), luego en VHS (aún la tengo, aunque ya no la puedo ver; es una edición mexicana bajo el horrendo título de "Los reyes del ritmo", ¡aggggh!) y finalmente en DVD, en una edición barata y modesta. También tengo el soundtrack en CD y un segundo disco con canciones extras que atesoro en formato de cassette original.
 
Durante mucho tiempo la busqué de nueva cuenta, pero no existían nuevas ediciones, hasta que hoy se anunció la buena nueva. Si nunca la han visto, no saben lo que se pierden. Es una gran celebración de la música negra, en especial del soul de Stax Records, pero situada en Dublin, Irlanda, a principios de los años noventa. Una cinta fenomenal que he visto más de veinte veces sin cansarme.
  La nueva edición en blu-ray aparecerá el 30 de agosto, mismo mes en que saldrá también, por cierto, la caja con la sexta temporada de Shameless US. Doble agasajo (al menos para mí y quizá para algunos cuantos más).

domingo, 17 de julio de 2016

Café Nostalgia

Hoy por la noche vi una obra muy original y recomendable. Se llama Café nostalgia y consta de cuatro monólogos por parte de cuatro diferentes actores. Lo original estriba en que se presenta en una pizzería y que cada actor se va sentando en una de las mesas para decir su monólogo, literalmente tête a tête, a los comensales. Mi monólogo favorito fue el de mi queridísima y admirada amiga Daniela Mixtlantziwatl (en el papel de una Alicia norteña). Fue una experiencia divertida y poco habitual que pude compartir con otra muy querida amiga, Paulina. La obra se presenta los domingos de julio y agosto a las 8 de la noche, en la pizzería Séptimo, ubicada en la esquina de Presidente Carranza y Carrillo Puerto, en el centro de Coyoacán. Vayan a verla, les gustará.

sábado, 16 de julio de 2016

Pokemón contra Pejemón

Pertenezco a la última generación pre videojuegos. La que me siguió (quienes ahora están entrando a sus cincuenta años de edad) cayó en ese embrujo, para mí incomprensible, de la afición –muchas veces bobalicona, muchas veces enajenada, muchas veces fanática– por los jueguitos de video, desde el Pac-Man y el Atari hasta las alucinantes sofisticaciones de hoy.
  Menciono lo anterior porque no puedo comprender el delirio que está causando en estos días, sobre todo entre los denominados millenials, la aparición de ese juego de realidad virtual llamado Pokemon Go.
  Al parecer, pronto veremos por las calles de México a decenas, cientos, miles o millones de personas, celular o tableta en mano, en la persecución de entes inexistentes (llamados pokemones) que ellos creerán reales, situación que los mantendrá con la mente en blanco y la boca babeante, cual obedientes y oligofrénicos solovinos (me refiero, por supuesto, a esos perritos sin hogar que andan en busca de un amo que les dé casa y sustento, no se me malinterprete). Serán como esos zombies de las películas y las series televisivas, seres descerebrados que proferirán sonidos guturales y gritos repetitivos, mientras caminan en masa por Reforma, Juárez y otras bonitas avenidas, desquiciando el tránsito y convirtiendo a la Ciudad de México (y otras ciudades del país) en un caos. Bueno, quizás exagero un poco.
  Ahora, en cuanto a lo de los nombres Pokemón y Pejemón, se trata tan sólo de un inocente juego de palabras y de ningún modo trato de establecer similitudes entre los neozombies pokemonistas y los seguidores más fanatizados de AMLO, porque nada que ver. De hecho, me da gusto saber que con tanto trabajo como tiene, al tratar de salvarnos de la mafia en el poder, su chief pueda regalarse un tiempito para irse a San Diego y asistir, en asientos VIP, al Juego de Estrellas de las Grandes Ligas (y hasta entrar a los dugouts para tomarse una foto con David Ortiz, el famoso “Big Papi” de los Medias Rojas de Boston).
  ¿Cómo dice aquella canción que tanto le gusta citar a Andrés Manuel, la de Chico Che? ¿Quén pompó o quén pagó?
  Pero como ya dije: nada que ver.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 15 de julio de 2016

Orange Juice / You Can’t Hide Your Love Forever (1982)

“No puedes esconder tu amor por siempre” decía este grupo escocés en su primer disco, una más que grata colección de canciones en las cuales el tema del amor y sus problemas era la dominante. Excelentes melodías en un trabajo dulce y nostálgico pero en momentos también apasionado y enérgico.

Mejor tema: “Falling and Laughing”

jueves, 14 de julio de 2016

Noche de jazz y amistad

Me reuní en la noche con mi hijo Jan, su novia Liza y mis amigas Julieta y Paulina para ir a un bar cercano a cenar, con-beber y escuchar jazz con el estupendo dueto Faralae (aunque en realidad es un grupo), al que había escuchado dos semanas atrás, en el cumpleaños de Pau, y me había gustado mucho.
  La pasamos de maravilla, muy divertidos, y disfrutamos de los talentos de Alejandro Martínez Gil (guitarra) y Liliana Buneder (voz y efectos vocales). Al final, platicamos con ellos y les compramos unos discos.
  Habrá que repetir pronto la experiencia y el convivio.
  Bella noche con bella y amada gente.

miércoles, 13 de julio de 2016

Yo soy una mujer

Para que no me acusen de anti feminista, he aquí mi canción "Yo soy una mujer", interpretada por Los Pechos Privilegiados: Giuliana Vega (voz principal), Leyla Sofía (coros), Mao Tse Punk (guitarra líder), Rafael Herrera (bajo), Demex García (batería), Hugo García Michel (segunda guitarra). Grabada y mezclada por el querido y añorado José Luis Domínguez en el estudio de la Escuela de Música DIM en 2008.

martes, 12 de julio de 2016

¿Es rebelde el rock?

Uno de los grandes mitos generados por el rock es la idea de que en sus orígenes se trataba de una música rebelde y contestataria que iba contra lo establecido y peleaba contra “el sistema”. Sin embargo, si revisamos la historia del género, veremos que en realidad las cosas sucedieron de manera un tanto diferente.
  Si convenimos en que el rock n’ roll nació a mediados de los años cincuenta de la pasada centuria, como una fusión entre el rhythm n’ blues negro y el country & western blanco, entonces sus primeros intérpretes no fueron precisamente unos combatientes sociales, mucho menos políticos. Chuck Berry, con todo y sus letras críticas y poéticas, no tenía en la mira transformar al capitalismo sino servirse de él lo más posible. Cierto que él, como Little Richard o Jerry Lee Lewis, llegaron a romper algunas normas del convencionalismo reinante (Ricardito con su obvia homosexualidad; Jerry Lee al casarse con su prima de 13 años), pero hasta ahí. El mismo Elvis sólo revolucionó la manera de moverse en el escenario, con sus gestos provocativos y sexosos, pero en el fondo era tan conservador como cualquier miembro del Partido Republicano.
  Se dirá que en los sesenta las cosas cambiaron y sí. De hecho, pienso que la revolución más importante del siglo XX fue la de las mentalidades y los hábitos culturales que se dio entre 1965 y 1971, en la que el rock jugó un papel muy importante. Pero las causas reales de esa revolución cultural son mucho más profundas que un mero género musical. Cierto, ahí estuvieron Bob Dylan y los Beatles, los Rolling Stones y The Who, Frank Zappa y David Bowie. Todos ellos revolucionaron la música y diversos aspectos de la cultura. Mas a su lado había muchísimas figuras que se ajustaban a lo establecido y preferían conservarse en ello. El rock en general no mantenía una actitud rebelde más allá de las apariencias. Los mismos músicos mencionados, salvo Zappa, terminaron integrados al odiado “sistema”, algo que sucedería también, años después, con el anárquico punk, en un principio desafiante de todo y finalmente mediatizado por la industria.
  ¿Pero qué sucedió en México? Eso será materia de un segundo artículo.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 11 de julio de 2016

The New Normal

Terminé de ver (o más bien terminamos, porque tuve el divertido privilegio de ver todos los capítulos con mi querida Paulina) esta serie que está en Netflix, aunque es de 2012 y sólo tuvo una temporada).
  Una comedia muy simpática, con buen guión, diálogos inteligentes, estupendas actuaciones y muchas referencias fílmicas, musicales y televisivas. La historia de una pareja gay que quiere tener un hijo y para ello contrata a una mujer joven llena de problemas económicos y sentimentales, con una hija pre adolescente extrañísima, una abuela del ala conservadora radical estadounidense (le hubiera ganado la nominación presidencial por el Partido Republicano a Donald Trump) y un esposo irresponsable, inmaduro y torpe con quien está en trámites de divorcio). La mujer en cuestión (Goldie, interpretada por la muy simpática Georgia King) alquila su vientre y se embaraza con el esperma de uno de los integrantes de la pareja homosexual, la cual lleva a vivir a su casa a Goldie y a su hija Shania.
  A lo largo de los 22 capítulos vemos el proceso de embarazo hasta el final nacimiento del bebé, pero todo lleno de anécdotas llenas de gracia y buen humor satírico.
  En el fondo, se trata de una serie sobre la tolerancia (de ahí el título La nueva normalidad) y creo que logra su objetivo.
  Muchos la tildaron de ser una imitación de la magnífica Modern Family y es verdad que tiene muchos puntos en común (la pareja gay, la familia disfuncional), pero creo que ta la vez posee su propia personalidad, en mucho debido a su cuadro actoral, en el que destacan muy especialmente Andrew Rannells, como el integrante "femenino" de la pareja, y, sobre todo, la grandiosa Ellen Barkin en su papel híper sardónico como la reaccionarísima abuela Jane: sus comentarios clasistas y racistas son tan políticamente incorrectos que la convierten en una joya.
  Una serie muy recomendable, se van a divertir con ella.

domingo, 10 de julio de 2016

De animales a dioses

Terminé de leer este estupendo y provocativo libro del joven historiador israelí Yuval Noah Harari. Editado por Debate, De animales a dioses es una original historia de la humanidad o, para decirlo de una manera más concreta, del Homo Sapiens, desde sus más remotos orígenes, hace 200 mil años, hasta la actualidad, con un vislumbre hacia el futuro próximo y remoto.
  Con un estilo claro, ameno y en momentos hasta divertido, aunque jamás pierde la seriedad del tema, Harari rompe con muchos mitos y certezas a las que estamos acostumbrados y mira el desarrollo de los humanos con una óptica muy distinta a la de, digamos, un Carlos Marx. Sin apartarse de su visión científica, el autor pone como grandes claves del avance y los cambios ascendentes de la humanidad no al materialismo histórico o a la lucha de clases, sino a lo que llama la revolución cognitiva que dio al Homo Sapiens un lenguaje con el cual comunicarse, a la revolución agrícola que lo hizo abandonar sus actividades cazadoras y recolectoras, al surgimiento de los grandes imperios que unificaron por la buena o por la mala a diversos pueblos distintos, a las grandes religiones que también sirvieron para unificar, a la creación del dinero que desarrollo el comercio y a las revoluciones industrial y científica que desde hace doscientos años nos han hecho cambiar de manera tan dramática como espectacular y nos tienen al borde de una nueva y enorme transformación digna de las novelas de ficción científica.
  Aunque Harari hace una crítica a los seres humanos por la destrucción ecológica y la extinción de innumerables especies animales, su visión general es más bien optimista y no ve por delante el fin de la humanidad como tal, sino un cambio en nuestra naturaleza que en el largo plazo puede resultar en el surgimiento de una especie de Homo diferente al Sapiens.
  Sin ser un fanático de la ciencia, sí reconoce en ella al factor más importante para asegurar nuestro futuro, un futuro impredecible sobre el cual, sin embargo, propone algunas especulaciones por demás interesantes y en absoluto improbables.
  En fin, un libro muy interesante que ha causado mucha polémica en el mundo y que me parece más que recomendable.

sábado, 9 de julio de 2016

Sobre la epistemología de la palabra “chairo”

Una palabra recorre el mundo, la palabra “chairo”. Bueno, no tanto el mundo, ni siquiera el país; tal vez, si acaso, el subcosmos de las redes sociodigitales (como las llama con acierto Raúl Trejo Delarbre).
  Cuando en Twitter o en Facebook uno utiliza el mencionado término, no faltan los indignados que preguntan ofendidos: “¿qué es eso de chairo?”. Por supuesto que lo saben, pero se hacen los occisos. Occisos chairos, por cierto.
  Pero supongamos que el indignado de marras realmente desconoce el significado de la palabreja. ¿Qué es entonces un chairo?
  Alguien por ahí escribió que el origen etimológico viene de “chaira” (es decir, el acto de masturbarse) y que así como las personas quedan un poco atontadas después de practicar el autoerotismo, así se muestran muchos de los militantes progres y seudo izquierdosos cada vez que lanzan sus consignas de siempre, realizan sus marchas de siempre o escriben sus columnas de siempre en la prensa digna de siempre. Se les ve como atontejados, como chairos pues.
  No sé si de ahí provenga la palabra en realidad, pero la idea tiene su encanto.
  Del lado ofendido (y aludido) se dice que “chairo” es un insulto, algo así como decir “naco de izquierda”. Sin embargo, no he visto a alguien que, como hacía Botellita de Jerez con su “naco es chido”, reivindique un “chairo es chido”. Como que el término sí les puede.
  En lo personal, creo que estamos ante un vocablo de esos que resultan difíciles de definir con exactitud, a pesar de que en cuanto uno ve a un “chairo", en seguida lo reconoce: por su lenguaje, su apariencia, su ropaje, sus actitudes, sus modos, sus hábitos... y el tabloide o revista que trae bajo la axila.
  Espero haber contribuido en algo a fin de comprender la epistemología (palabra que le da seriedad a esta columna) de la hoy tan utilizada voz. Ojalá que los comentarios que se generen a raíz de esto contribuyan al enriquecimiento del tema, esclarezcan de mejor manera las raíces etimológicas de la palabra y nos den luces, asimismo, sobre el origen de la expresión “solovino”.
  Gracias anticipadas.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 8 de julio de 2016

Bailable (dícese "Vals del obrero")

Al ver este bailable de un grupo zapatista de Chiapas no sé qué pensar. No sé si reír o llorar o conmoverme o qué diablos. Desde un paternalismo condescendiente quizá diría: "qué tiernos". En fin, si esta es la revolución que pretenden hacer, podemos estar tranquilos... a ritmo de ska.

jueves, 7 de julio de 2016

Sexta sesión

Pues seguimos adelante con las esporádicas pero excelentes sesiones de grabación de mi disco, en el estudio de Jehová e Iris. En esta ocasión tocó el turno a mi querido amigo, el estupendo bajista Israel Pompa-Alcalá, quien puso los bajeos en "Una canción para nosotros", "Qué absurdo" y "Gitana". Como siempre, todo en medio de un ambiente lleno de afabilidad, sonrisas y fotos.
  Aún falta mucho (llevamos puestas las bases apenas de las canciones mencionadas, así como de "Gatos de arrabal", "Amanecer", "Sólo he venido a decirte adiós" y "Aguas negras". Ojalá podamos incluir tres o cuatro más (quizá "De pronto tú llegaste", "La fiesta en paz", "Es riesgoso" y alguna otra).
  Hasta ahora, han participado con sus voces Paulina de la Vega, Nancy Zahmer y la propia Iris, a quienes se sumarán Daniela Gómez, mi sobrina Leyla, Israel Ramírez y Adolfo Cantú. En una de esas, también Iraida Noriega (se lo voy a proponer). Aura Ortiz ha tocado el bajo en cuatro piezas. Como instrumentistas, he pensado en Mauricio Mayén, Demex García, Rafa Herrera, Bernardo Espadas, María Emilia Martínez, Diego Maroto, el Pelusa, Jehová Villa y otros. Ojalá todos quieran.
  Pues ahí la llevamos.

miércoles, 6 de julio de 2016

El primer disco de los Rolling Stones

Chuck Berry, Willie Dixon, Rufus Thomas, Buddy Holly y otros grandes compositores del blues, el soul y el rock and roll proporcionaron la materia prima esencial para la grabación del primer disco de los Rolling Stones, una obra sorprendente por su vitalidad rasposa y su espíritu absolutamente negro. A poco más de medio siglo de haber sido grabado, The Rolling Stones (1964) permanece extraordinariamente fresco a lo largo de sus doce cortes, de los cuales sólo uno (la balada acústica “Tell Me”) fue escrito por la mancuerna de compositores que haría historia: Jagger y Richards.
  La elección de los temas ajenos no pudo ser mejor y resulta –vista hoy día– una verdadera declaración de principios a favor de la música hecha por los negros norteamericanos, tan apreciada en la Gran Bretaña de principios de los sesenta como ignorada en la Norteamérica blanca de la misma época. Así, canciones que actualmente son memorables pero que en aquellos días eran oscuras y desconocidas –como “Route 66”, “Carol”, “Not Fade Away”, “I’m a King Bee”, “Walking the Dog” y ese blues rotundo y esplendoroso que es “I Just Want to Make Love to You”– sonaron –y siguen sonando– absolutamente rocanroleras en manos del entonces joven quinteto londinense.
  En cuanto a “Tell Me”, la única composición original, se trata de breve pieza, tranquila y melodiosa, que dio a los Stones su primer éxito no sólo en Inglaterra sino también en los Estados Unidos. De hecho, su estilo más bien popero, muy a la Mersey, muy a la beatle (la melodía recuerda en algo a “Not a Second Time” de Lennon y McCartney), rompe con toda la tendencia grasosa del disco, si bien no desentona e incluso le da un toque de elegancia al álbum.
  Cabe decir que la versión que aparece en The Rolling Stones es más larga que la que se usó en la radio y en posteriores ediciones recopilatorias.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 11 de La Mosca, en mayo de 2004)

martes, 5 de julio de 2016

Rockcito populista (y transgénico)

“La palabra ‘fusión’ se ha empleado con tanto desparpajo que prácticamente ha perdido todo sentido”.

Sergio Monsalvo C.

La vena populista no es exclusiva de los políticos. Ahora que se puso en boga el concepto de populismo, a raíz de la reunión entre los presidentes de México, Canadá y los Estados Unidos, me puse a pensar en qué tanto ha permeado esa idea, ese término, en las filas del rock que se hace en México.
  No me refiero tanto al contenido de crítica social que puede haber en las letras de algunas canciones, desde los tiempos de los Teen Tops y los Sinners, sino al hecho de que algunos músicos han adoptado actitudes mesiánicas y sienten que cada concierto es un buen pretexto para aleccionar a las masas con mensajes que van desde lo político hasta lo ecológico.
  Quizás el iniciador en nuestro país de la tendencia populista haya sido Alex Lora, desde los pasados años setenta, con sus arengas más bien pintorescas en favor del rock o en contra de la policía o la moral imperante. Sin embargo, el auge del roquerito demagogo, con ansias de líder de opinión, llegó a finales de los ochenta, con grupos como Maná, Caifanes y Maldita Vecindad, lo que se vio recrudecido a partir de 1994, con el surgimiento del EZLN y el apoyo de diversas agrupaciones roqueras al Sup Marcos y sus huestes de la guerrilla light.
  Hoy día, Café Tacuba, Zoé, Panteón Rococó y otros  aprovechan para lanzar consignas políticamente correctas, con las que –lo saben bien– se ganan el aplauso fácil de un público borreguil y poco informado, acostumbrado a la cortedad de los eslogans.
  Ya que menciono a Café Tacuba, veía hace poco un video en YouTube, en el cual su cantante (desconozco el hombre que use ahora) habla con vehemencia en contra de los productos transgénicos y pensé que, paradójicamente, su grupo y muchos otros de los actuales representantes del rockcito nacional han convertido al rock en una música transgénica, al arrebatarle su esencia original y transformarlo en un híbrido informe e indescriptible, sin identidad o sustancia.
  Rockcito populista y, por si fuera poco, transgénico.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 4 de julio de 2016

Space Oddity

Iniciar una discografía con una composición de los tamaños de “Space Oddity” no es cuestión cualquiera y no puede augurar más que grandes cosas por venir. Space Oddity fue originalmente grabado en 1967 como David Bowie y relanzado en 1969 como Man of Words/Man of Music. Se trata de un trabajo impecable, un álbum debut impresionante que combina la psicodelia con el folk inglés, como si The Soft Machine y Donovan encontraran puntos de contacto. Gran variedad estilística y composiciones tan sólidas, además de la ya mencionada “Space Oddity” (la cual fue utilizada por la BBC como tema de sus transmisiones de la llegada del hombre a la luna en aquel 1969), como la extraña y fascinante “Unwashed and Somewhat Slightly Dazed”, la delicada y armónicamente crosbystillsandnashiana “Letter to Hermione”, la viajada “Cygnet Committee”, la irónica “Janine”, la muy a la Traffic “An Occasional Dream”, la bellísima “Wild Eyed Boy from Freecloud” y la estupenda y curiosa “Memory of a Free Festival” a la cual mucho le debe el Moby de Play.

(Reseña que escribí para el Especial No. 10 de La Mosca en la Pared, publicado en abril de 2004)

domingo, 3 de julio de 2016

Una canción para nosotros

Escribí esta canción, el 2 de junio pasado, con la idea específica de cantarla -y grabarla en el disco- con Paulina. Hoy estuvimos ensayándola una y otra vez y esta es una de las primeras versiones que, a pesar de los desajustes lógicos, me gusta por su frescura, sobre todo por parte de ella. Sin más, aquí dejó la letra y el video.



Una canción para nosotros

Esta canción la escribí yo pensando,
la hice con la idea de cantarla tú y yo
Es una canción jazzeadita y tranquila
pero perfecta para cantarla los dos.

Esta canción la escribiste teniendo
en tu mente la idea de cantarla conmigo.
Es una canción perfecta y te lo digo
para cantarla con tu voz y mi voz.

Suenan claras nuestras voces,
se armonizan muy muy bien.
Es una canción para nosotros
para ti, para mí, para los dos.

Esta canción, la hice para ti
Esta canción, la hiciste para mí.
Es una canción tan bonita y tranquila
como la amistad que nos trajo hasta aquí.

Esta canción la escribí yo pensando,
la hice con la idea de cantarla tú y yo
Es una canción perfecta y te lo digo
para cantarla con tu voz y mi voz.

sábado, 2 de julio de 2016

Populismo Vs. populism

El mundo de las redes sociales (un mundo pequeñito que se cree grandotote) se vio convulsionado (es un decir) cuando el sitio Regeneración (ligado a Morena) difundió un video en el cual el presidente Peña Nieto hablaba acerca del populismo frente a sus pares de Canadá y los Estados Unidos, Justin Trudeau y Barack Obama, y cómo supuestamente este último lo contradecía e incluso lo regañaba. Muchos progres se dieron a la tarea de retuitear el video de marras, con comentarios burlones en contra de EPN y defendiendo a muerte al populismo.
  Lo que ninguno dijo es que el video estaba editado y que la frase final de Obama (“I do think Enrique's broader point is right”) fue mañosamente mutilada. Pero bueno, ya sabemos cómo se las gastan algunos para falsear y manipular la información con la idea militante de que el fin justifica los medios y de que no importa mentir con tal de que ello sirva a La Causa.
  En cuanto a las dos opiniones aparentemente contrarias sobre el populismo (crítica por parte del presidente de México y positiva por parte del mandatario estadounidense), todo se explica fácilmente si vemos que el término de marras significa dos cosas muy distintas en inglés y en español. En nuestro idioma, populismo se entiende como una tendencia política que pretende atraerse a las clases populares, usado más en sentido despectivo (RAE). En inglés, la definición reza: Governmental political movement that promotes the interests of the common people and calls for equality among them (política gubernamental que promueve los intereses del pueblo y busca la igualdad entre ellos). Nada tiene que ver una cosa con la otra. El populismo que defiende Obama significa algo muy diferente al populismo de un Andrés Manuel López Obrador o un Nicolás Maduro. De hecho, en español existe una palabra que se acerca más a la definición inglesa y que es “popularismo”.
  Así pues, populismo y populism quieren decir cosas distintas y según mi apreciación al ver el video, los conceptos de Obama no iban dirigidos contra Peña sino contra Donald Trump. Es decir, nada que ver.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 1 de julio de 2016

Lou Reed / Magic and Loss (1992)

Un álbum estremecedor, con un fondo que no deja de ser terrible y un tema que siempre ha obsesionado a la humanidad: el tema de la muerte. Reed había perdido a dos cercanos amigos (uno de ellos el gran compositor Doc Pomus) y por ello hizo esta obra que habla sobre la enfermedad y sobre la vulnerabilidad del cuerpo. Es un disco trágico pero con algunas dosis de humor y esperanza.

Mejor tema: “What’s Good”