jueves, 15 de julio de 2021

¡Meow!

 


sábado, 10 de julio de 2021

Agnosticismo

 


viernes, 9 de julio de 2021

Los cinco álbumes fundamentales de Metallica

La trayectoria de Metallica ha sido muy diferente a la de la mayor parte de los grupos, no sólo del heavy metal sino del rock en general. Con un origen auténticamente garagero y de fuertes tintes punkeros, el cuarteto californiano pasó al rock de metal con una energía, una vitalidad y una capacidad creativa tan notables que en muy poco tiempo logró situarse como virtual progenitor del trash.
  Sus primeros discos no daban concesión alguna y sus seguidores, como en pocos casos, podían llevar con orgullo el título de fanáticos. Frente a muchas agrupaciones supuestamente metaleras de los años ochenta que hacían una música cada vez más comercial y  complaciente, cada vez más ambigua y afectada, casi hermafrodita, Metallica se erguía como un conjunto de tipos agresivos y políticamente incorrectos, provocadores, valemadristas. Su música estruendosa, de riffs espeluznantes, ritmos vertiginosos y letras llenas de mensajes oscuros les ganó una feligresía de cuya fidelidad a ultranza muy pocos grupos, de cualquier género, podían presumir. Cliff Burton, su legendario y malogrado bajista primigenio, era el emblema del cuarteto y su muerte, en 1986, no hizo sino afirmar su halo mítico.
  Cuando al iniciarse la siguiente década James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammet y Jason Newsted –influidos por numerosos factores, entre los cuales el surgimiento del grunge fue fundamental– decidieron dar un viraje radical con el disco Metallica (mejor conocido como el álbum negro), sus más conspicuos y ortodoxos seguidores se sintieron traicionados y el viejo romance con sus ídolos se hizo pedazos. Para bien o para mal, Metallica no volvería a ser el mismo y sus fanáticos tampoco. Nuevos discos llegarían y un nuevo público, influido por MTV y los medios masivos, se acercaría a la agrupación.
  Con todo, a casi 40 años de su surgimiento y a 30 del polémico álbum negro, la influencia del pasado permanece poderosa. Metallica conserva aún su aura de leyenda viva y eso le alcanza para seguir trascendiendo, como lo hace ahora, en este 2021, con el anuncio de una espectacular caja para celebrar las tres décadas del Metallica y su regreso a los escenarios en noviembre próximo, dentro del festival Rockville, en Daytona Beach, Florida, donde compartirá escenario, entre otros, con Nine Inch Nails, Deftones, Stone Temple Pilots, Cypress Hill, Rob Zombie, Social Distortion, Mudvayne, Mastodon, Anthrax, Lynyrd Skykyrd y el power trío mexicano The Warning.
  He aquí los cinco discos básicos de Metallica; de hecho, sus cinco primeros.


Kill ‘Em All (Polygram, 1983)

Para muchos, este disco marcó el nacimiento del thrash metal. Desde sus inicios, Metallica logró fusionar las influencias de lo que en ese entonces se conocía como la nueva ola del heavy metal británico (movimiento encabezado por agrupaciones como Iron Maiden, Judas Priest y Diamond Head) con el vertiginoso speed metal de sus padres putativos, Motörhead, y la rabia sin pausas del punk más duro. Con James Hetfield y Dave Mustaine en las guitarras, Kill ‘Em All hace honor a su nombre con un rock asesino de alto octanaje. Los temas están estructurados de una manera muy compleja, con tal cantidad de secciones que recuerdan la forma de composición del rock progresivo, si bien el estilo furioso y agresivo de cada corte nada tiene que ver con el mencionado género. Cuando apareció en 1983, hace 38 años, el álbum causó una conmoción que hoy persiste entre los seguidores del thrash. Y no es para menos: apoyado en una sección rítmica verdaderamente demencial (Cliff Burton en el bajo, Lars Ulrich en la batería), el cuarteto dio rienda suelta a sus demonios internos y logró abrir una caja de Pandora cuyos espíritus malévolos aún siguen vagando por el mundo. Visto a distancia, tal vez Kill ‘Em All no sea un disco tan grande como se consideró en su momento. Sin embargo, su gran virtud es haber sido el detonador de un estilo que tendría una enorme cantidad de seguidores –grupos y fanáticos–- y al que el propio Metallica no podría seguir el paso por mucho tiempo. Álbum fundacional, obra pionera, su música conserva la suficiente actualidad como para estremecer a quien escucha temas tan salvajes como “Motorbreath”, “Whiplash”, “Hit the Lights”, “Jump in the Fire” y “Seek & Destroy”. Estremecedor e impactante, se trata de un disco básico para comprender la posterior carrera de Metallica.

Ride the Lightning (Polygram, 1984)
Posiblemente el disco más influyente de Metallica en los terrenos del heavy metal subterráneo. Ride The Lightning no sólo superó los planteamientos y las propuestas que se esbozaron en Kill ‘Em All, sino que mostró un claro adelanto en lo musical y lo letrístico. Si su antecesor fue el álbum fundacional del thrash, éste es la piedra de toque que mostraría la dirección a seguir por el metal durante la década de los ochenta y aun más allá. En tan sólo un año, Metallica mostró un avance artístico impresionante. Cada uno de los temas de este su segundo álbum tiene una razón de ser y se interrelaciona con el resto de los cortes, sin que se trate necesariamente de una obra conceptual. Con inusitada agresividad y sin contemplación alguna, el cuarteto apostó por el desbordamiento creativo, mediante una fuerza que puede escucharse sin pausa a lo largo del disco. Se trata de un trabajo experimental en muchos sentidos, un álbum que sacude los prejuicios y conformismos de un género que se había atorado en cierta complacencia y que necesitaba urgentes inyecciones de adrenalina. En el plano estrictamente musical, Ride the Lightning es un imaginativo tour de force de principio a fin. Lo es desde la explosión (luego de un breve juego introductorio de guitarras acústicas) de la inicial “Fight Fire with Fire”, ejemplo de poderío guitarrístico y percusivo. Metallica no rehuye las influencias de otros géneros, en especial el rock progresivo, pero lo hace a su manera, fusionándolas con su muy particular estilo. Eso le permite ir y venir, entrar y salir, por pasajes instrumentales tan admirables como los de “The Call of Ktulu”. Tampoco se asusta con el uso de la melodía y la armonía, en franco desafío a quienes piensan que el metal es ante todo ritmo y estruendo. “Fade to Black” es en ese sentido una composición ejemplar, una de las más completas del disco, de alguna manera el equivalente a lo que “Stairway to Heaven” fue para Led Zeppelin. Con Ride the Lightning, Metallica no sólo se mostró como una agrupación omnipotente, sino que revolucionó el paisaje todo del heavy metal a nivel universal.

Master of Puppets (Polygram, 1986)
Un clásico de Metallica. A pesar de que no significó un paso adelante con respecto a su antecesor y aunque de hecho repite casi como una calca la estructura de éste, Master of Puppets ha sido considerado por más de un especialista como “el mejor álbum de heavy metal jamás grabado”, lo cual suena como una franca exageración. Es cierto que en lo comercial superó con creces a los dos álbumes anteriores (con tres millones de copias vendidas) y que irrumpió con fuerza en las listas de popularidad. Sin embargo, su calidad artística, aunque innegable, no supera a la de Ride the Lightning; si acaso, sólo la pule un poco. ¿Tuvo miedo el grupo de tomar un riesgo tan grande como con su predecesor? ¿Eligió conformarse con lo ya probado y no aventurarse tan pronto? El caso es que Metallica jugó a lo seguro y volvió a atinar, por más que a algunos esto les haya parecido un signo de conservadurismo. La mayor virtud de Master of Puppets es sin duda su solidez, el ser una especie de bloque sin fisuras, si bien contiene también una mayor variedad estilística, siempre dentro de los límites del metal pesado. Las composiciones aquí son en su mayoría de mayor duración y las letras resultan aún más socialmente críticas que en Ride The Lightning. El thrash continúa presente en temas como “Damage, Inc.” y “Battery” y los arreglos son muy elaborados en “Master of Puppets”, “Dispossable Heroes”, “The Thing that Should Not Be” y la instrumental “Orion”. Master of Puppets significó la consolidación de Metallica como líder del movimiento metalero de los ochenta y un reto enorme para los años por venir.

…And Justice for All (Polygram, 1988)
Primer disco de Metallica sin el trágicamente desaparecido Cliff Burton y primero también con el nuevo bajista Jason Newsted, …And Justice for All es una de los obras menos comprendidas de Metallica. Recuperando el impulso creativo y experimental mostrado en Ride the Lightning, el potente cuarteto se lanzó a la aventura de crear un álbum mucho más sofisticado y elaborado que cualquiera de sus trabajos previos. Con un sentido cercano a lo conceptual, con una temática letrística que hablaba sobre una sociedad en plena decadencia, con sonidos inusuales logrados en el estudio de grabación, con una producción bizarra y estruendosa, Metallica alcanzó y rebasó límites que confundieron a más de uno. Es debido a este pandemonium musical que …And Justice for All no es un disco perfecto y, por el contrario, muestra errores de ecualización que en ocasiones borran literalmente el sonido del bajo del debutante Newsted. No obstante, con todos sus relativos defectos, el cuarto opus en la discografía del grupo propone una complejidad estilística y estructural que convierte a cada canción en una suite llena de cambios y movimientos tan desconcertantes como fascinantes. Difícil de captar, de aprehender en las primeras escuchas, el álbum se va haciendo más y más disfrutable conforme se penetra en sus intrincados y remotos rincones. No deja de ser paradójico que un disco tan poco accesible haya proveído a Metallica de su primer éxito sencillo: la canción “One”, una balada-thrash que llegó al famoso y discutible Top 40 de las listas de popularidad estadounidenses, a pesar de su prolongada duración de más de siete minutos. Sobrevalorado por algunos, subvaluado por otros, …And Justice for All puede ser acusado de resultar en extremo pretencioso (algunos de sus temas son casi imposibles de reproducir en concierto), pero su importancia artística será mejor evaluada en el futuro.

Metallica (Polygram, 1991)
El mayor golpe de timón en la historia de Metallica. El disco que les significó perder a miles de seguidores a cambio de ganar millones de fanáticos… y de dólares. Metallica es el álbum más polémico de la agrupación, su entrada a las grandes ligas del superestrellato y su salida (por expulsión y autoexpulsión) de las oscuras sendas del metal subterráneo. Intoxicado quizá por los excesos experimentales de …And Justice for All, el cuarteto optó por dar un giro radical y dirigirse a lo básico. Había que simplificar su música, escribir canciones más cortas; si eso les redituaba una mayor comercialidad, no hallaron razón para rehusarse. Así, Hetfield, Ulrich, Hammett y Newsted volvieron a correr otro riesgo, pero esta vez en sentido contrario al que corrieron con Ride the Lightning. De pronto, el factor melódico cobró una mayor importancia y así surgieron composiciones más accesibles para el gran público. Sin perder su esencia metalera, conservando parte de su fuerza thrashera pero dando evidentes concesiones, surgieron temas como “Enter Sandman”, “Sad But True”, “Wherever I May Roam” y sobre todo “Nothing Else Matters”, con las cuales escandalizaron a las buenas-malas conciencias de sus viejos seguidores, quienes los acusaron de traición de lesa metalidad. A la comercialidad de Metallica contribuyó el productor Bob Rock, quien dio al disco un sonido pulido, muy alejado de las “sucias” grabaciones de las cuatro obras anteriores del grupo. A pesar de la condena del sector más ortodoxo de los fanáticos de Metallica o tal vez por ello, este disco significó, hace ya 30 años, una nueva provocación que influyó en el heavy metal y cambió la dirección del mismo –¿para bien, para mal?– de manera irreversible.

(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

lunes, 5 de julio de 2021

Amanecer( lyric video)

 

Aquí "Amanecer", el noveno sencillo de mi álbum Nunca es tarde. La canción la compuse originalmente en 2015, para una amiga que estaba pasando por un mal momento en su vida y quise darle ánimos y esperanza por medio de la música. El mensaje, sin embargo, puede trasladarse para toda la gente en estos largos meses de oscura pandemia, una noche de la cual tarde o temprano habremos de salir para encontrar un nuevo amanecer. 

Guitarras acústicas (en especial la de Jehová Villa Monroy), flautas (de María Emilia Martínez), cuerdas (de Jazmín Rivera), piano (Ernesto Guerrero), voces (mucha atención a la bellísima participación vocal de mi querida y admirada Iris Bringas) y el juego de dos bajos Aura Ortiz y Aarón Cruz). La masterización corrió a cargo de Arcadio Hernandez Duarte y el lyric video es obra de mi hijo Jan Hellion). Ojalá la puedan escuchar y ojalá que les guste. Toda opinión será bienvenida.

sábado, 3 de julio de 2021

Vocales y consonantes

Un vicio frecuente entre quienes escriben de rock y que medio mascan el inglés es que suelen transliterar algunos términos de este idioma. Así, cuando se refieren a las letras de las canciones hablan de "las líricas" (del inglés lyrics") o incluso llegan a hablar de "las vocales" (del inglés "the vocals") en lugar de "las voces". Por eso de pronto he hecho la broma de preguntar que si, por ejemplo, el encargado de las vocales en Led Zeppelin era Robert Plant, entonces quién demonios se hacía cargo de las consonantes.

viernes, 2 de julio de 2021

El sonido más desagradable

El sonido más desagradable para un músico es de las voces de los espectadores que no paran y que no van a escuchar sino a hacerse notar con sus charlas a todo volumen (lo digo por experiencia).

martes, 29 de junio de 2021

Pau

Mi queridísima Paulina cumple hoy 33 junios. La felicito y me felicito por tenerla como amiga y verla tan contenta con su vida actual. Cómplice musical y existencial, es de esas amistades que permanecen toda la vida (nos conocimos hace seis años).

jueves, 24 de junio de 2021

martes, 22 de junio de 2021

Encuentros ardientes con mi vecina

De mi época de guionista de historietas (1979-1999), esta adaptación de la película La mujer de al lado (La femme d'à côté, 1981) de François Truffaut. Me la publicó Editorial Mango, en febrero de 1997. ¿Qué tal el título que le pusieron?

lunes, 21 de junio de 2021

Amlópolis

Pensé que era un mal chiste, como lo de Tenochtitlandia, pero esto no lo es: una funcionaria de la 4T de nombre Carina Arvizu, Directora de desarrollo urbano del Tren Maya (sic), anuncia la existencia de un plan para crear un "ordenamiento territorial" llamado (of all names)... ¡Amlópolis! Este gobierno ya entró en la sociopatía absoluta y el culto a la personalidad más oligofrénico que pueda imaginarse.

domingo, 20 de junio de 2021

Una libreta de 83 años

Me encontré esta libreta que usaba mi mamá cuando estudiaba en la Alianza Francesa en 1938, a sus 16 eneros recién cumplidos. Faltaban dos años aún para que conociera a mí papá. Aquí la primera página con su letra.

sábado, 19 de junio de 2021

Hay tantos y tantas así

 

Que te publiquen un libro no significa que seas escritor. ¿Cómo te atreves a adjudicarte semejante título si no sabes redactar, no usas correctamente los signos de puntuación, no tienes idea de lo que es la sintaxis, caes en constantes faltas de concordancia, eres confuso, tratas de deslumbrar con ridículos cultismos cuyo significado desconoces y hasta tienes faltas de ortografía? No, que te publiquen un libro no significa que seas escritor. No trates de navegar con esa insignia

sábado, 12 de junio de 2021

14 años de "El rojo y el negro"


Mi blog El rojo y el negro cumple hoy 14 años de publicar una entrada diaria (ya van casi 5 mil). Son  cientos de artículos (prácticamente todos los que he escrito sobre música, política y otros temas a lo largo de los 14 añitos), comentarios, críticas, imágenes, relatos, poemas, canciones, crónicas y tonterías que me han surgido durante todo este tiempo. En la imagen, una impresión de la primera entrada. Nunca imaginé que llegara a durar tantos años. De hecho, los mismos que alcanzó La Mosca en la Pared.

viernes, 11 de junio de 2021

Los seis discos fundamentales de Nirvana, revisitados y reseñados

Nirvana es uno de esos grupos emblemáticos de una época, una de esas entidades que marcan un cambio y una ruptura radicales. Parte de un movimiento no sólo musical sino social, cultural y hasta político, el trío lidereado por el compositor, vocalista y guitarrista Kurt Cobain pronto se convirtió –posiblemente de manera involuntaria– en cabeza de ese mismo movimiento al que pronto se le dio el nombre de grunge y que determinaría la historia del rock durante los últimos años de la década de los ochenta y, sobre todo, los primeros de los noventa. Con un sonido que combinaba la pesadez y la dureza del heavy metal con la aspereza y la austeridad del punk, con letras que mostraban el desencanto, la rabia, la tristeza, la impotencia, la apatía de toda una generación, el grunge –cuyo origen geográfico se situó para fines prácticos en la lluviosa ciudad de Seattle, al noroeste de los Estados Unidos– pronto cundió en todo el mundo y agrupaciones como Green River, Mudhoney, Mother Love Bone, Soundgarden, Alice in Chains, Tad, Screaming Trees, Pearl Jam, Temple of the Dog, Candlebox, Hole y muchas otras surgieron para revolucionar una música que siempre se ha negado a estancarse.
  Dentro de ese panorama, Nirvana fue quizá la banda más significativa, no sólo desde un plano artístico sino, sobre todo, por su actitud e inteligencia. Kurt Cobain, el bajista Chris Novoselic y el baterista Dave Grohl conformaron un proyecto cuya propuesta permeó las mentes y las conciencias de millones de jóvenes, mismos que, paradójicamente, terminaron por elevar al trío a un estrellato que, en especial Cobain, rechazaba y repudiaba. Esta súbita fama, aunada al uso y abuso de drogas y al vertiginoso ritmo de vida impuesto por el star system, hizo que las cosas se volvieran inmanejables y que el sueño se transformara en pesadilla, una pesadilla que culminaría en tragedia y muerte. La de Nirvana es, pues, una historia que de rosa nada tiene, pero que dejó un legado musical que ha trascendido y que permanecerá por siempre.
  Aquí, las seis obras discográficas imprescindibles del grupo, cuatro en estudio y dos en concierto.

Bleach (Sub Pop, 1989)
Cuando Nirvana grabó este disco para Sub Pop, nadie pudo imaginar el impacto que el grupo de la pequeña y lluviosa ciudad de Aberdeen, en el noroccidental estado de Washington, tendría un par de años después. Se trata de un trabajo poco consistente, realizado antes de la irrupción del movimiento grunge. Producido por Jack Endino y grabado en unos cuantos días, con un costo ridículo de seiscientos dólares, Bleach presenta algunas canciones interesantes y otras que sólo para los seguidores más aferrados del grupo no pasaron al olvido. Es lógico que así sea. Nirvana era un grupo en formación y ni siquiera se trataba del trío que dos años después irrumpiría para cambiar el curso de la historia del rock. Dave Grohl aún no estaba en la agrupación y otros dos bateristas –Dale Crover y Chad Channing- compartieron los diferentes cortes del álbum. En los créditos aparece el guitarrista Jason Everman; sin embargo, el tipo no tocó una sola nota en la grabación. ¿Por qué se le incluyó entonces? Porque fue él quien puso los seis billetes de cien dólares que costó hacer el disco. Bleach es una obra densa, agresiva, confusa; las letras de Kurt Cobain son a su vez oscuras y difíciles de descifrar. Musicalmente hay una gran influencia de Black Flag por un lado y de Black Sabbath y los Melvins por el otro, lo cual se nota en los pesados riffs de la guitarra y el bajo y en la rítmica post punk de varios temas. Sin embargo, hay aquí un par de canciones que habrían de trascender con los años: la muy conocida “About a Girl” –escrita por Cobain para Tracy Marander, su novia de aquellos días y con quien acababa de terminar, por lo que la letra es una mezcla de sentimientos encontrados de amor y desamor– y la potente y enigmática “Blew”. También destacan la pre grungera “Negative Creep”, la desesperada “Paper Cuts” y una curiosidad: el cover a “Love Buzz”, composición de Robbie Van Leeuween, integrante del sesentero grupo holandés de pop Shocking Blue. Lo demás no es precisamente un material imperecedero. O como diría el crítico norteamericano Stephen Thomas Erlewine: “Bleach es más que una curiosidad histórica, dado que contiene algunas grandes canciones, pero no se trata de un clásico perdido… Es el debut de una banda que muestra potencial, pero que no lo ha desarrollado todavía”.

Nevermind (DGC, 1991)
¿Sabían Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl que su segundo álbum habría de revolucionar al mundo de la música, al irrumpir con fuerza brutal y sacudir el anquilosamiento discográfico de principios de los noventa, provocando el surgimiento de lo que se conocería como rock alternativo? Lo más seguro es que no. Sin embargo, estos tres músicos propusieron todos los ingredientes para que así fuera. El arribo de Grohl a la batería resultó fundamental. Con su poderío sobrehumano y su precisión técnica, dio al grupo la base rítmica perfecta para que las composiciones de Nevermind –todas ellas, sin excepción– resultaran joyas musicalmente impecables. Pero no sólo fue eso. El disco es un reflejo exacto de la angustia existencial de la juventud de aquella época, sumergida en la desesperanza, el desempleo, la falta de oportunidades, el consumismo, el alcoholismo y la adicción a las drogas. Desde la inicial “Smells Like Teen Spirit” que a pesar de la ironía de su título se convirtió en un himno automático de los jóvenes de todo el planeta, Nevermind es una colección de doce composiciones de impecable estructura, con todos los elementos clásicos de la canción popular, pero sin una intención comercial preestablecida. Otro elemento básico está en la producción de Butch Vig, quien supo explotar los talentos del trío y construir un edificio sin fisuras aunque bien iluminado y aireado (y airado también, por supuesto). Difícil resulta destacar alguno de los cortes, dado el nivel de cada uno. ¿Cómo decir que “In Bloom” es mejor que “On a Plain”, que “Come As You Are” supera a “Breed” o que “Polly” deja atrás a “Something in the Way”. Imposible. Sería altamente injusto. Disco catártico y salvaje pero armónico y melodioso, sus contradicciones lejos de oponerse se complementan de manera magistral. Testimonio de un momento histórico, Nevermind es el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los noventa y no hay exageración al afirmarlo. Se trata de una obra maestra, revolucionaria, que combina los mejores componentes del rock y del pop y que posee una actitud rebelde y anticonvencional que ha trascendido con el tiempo hasta alcanzar una estatura mítica. Y aunque visto sin apasionamientos podría ser algo tan simple como un gran disco de punk, la verdad es que el arte implícito y explícito que hay en él lo convierte, a todas luces y a 30 años de haber aparecido, en un hito para la posteridad.

Incesticide (DGC, 1992)
Cuando muchos esperaban que después de Nevermind Nirvana reapareciera con otro álbum fuera de serie, Kurt Cobain y compañía lo hicieron…, pero a su modo. Incesticide, su tercer trabajo discográfico, no fue con toda probabilidad lo que su público y su casa disquera esperaban precisamente. Lejos de salir con una nueva serie de temas producidos por Butch Vig, el grupo prefirió sacar una colección de demos, lados B, covers, cortes guardados y grabaciones para la BBC. Se trata de un disco que compila rarezas y a 29 años de distancia eso es lo que le da su mayor encanto y valor. Si en su momento algunos criticaron a Incesticide por ser una obra oportunista que trató de aprovechar el éxito de su predecesor con piezas de relleno, la distancia permite evaluar las cosas y contemplarlas en su justa proporción. Es por ello que hoy podemos decir que se trata de un álbum interesantísimo justamente por su desproporción y falta de unidad conceptual. He aquí al Nirvana anterior a Nevermind, con un sonido más parecido al de Bleach, aunque menos oscuro y con mayor orientación al rock pop. En Incesticide pueden conocerse también las raíces setenteras del trío, su amor tanto por el metal de Alice Cooper como por el punk garage de los Stooges, el rock pop de The Vaselines y el indie rock de Sebadoh. He aquí el espíritu alternativo de Nirvana en su máxima expresión caótica y anticonvencional. Hay temas que pueden considerarse esenciales, como “Dive” –el único producido por Vig–, “Sliver” y la extraordinaria “Aneurysm”, pero también joyas desconocidas como “Beeswax”, “Downer”, “Mexican Seafood” (sic), la cruda “Aero Zeppelin”, la bizarrísima “Hairspray Queen” y su preciosa versión a “Molly’s Lips” de The Vaselines. Sin duda se trata de un disco que debe ser revalorado.

In Utero (DGC, 1993)
He aquí el que puede considerarse como el testamento musical de Nirvana. Producido por Steve Albini, de antecedentes que lo relacionaban con los Pixies, se dice que los tres integrantes del grupo pretendían realizar con su cuarto disco algo semejante al Surfer Rosa del grupo de Black Francis. Sin embargo, no sería por eso que In Utero alcanzaría la categoría de mito, sino porque en el mismo muchos vieron algo así como la carta de despedida de Cobain antes de suicidarse. Algunos incluso presumieron que el hecho ya se veía venir al escuchar las letras altamente nihilistas y depresivas de los temas que conformaron el disco. Se trata de un trabajo tosco, áspero, difícil y a ello contribuyó de gran manera Steve Albini, quien no sólo había producido a los Pixies, a Helmet, a The Jesus Lizard y a PJ Harvey, sino que también había sido un músico punk con los grupos Big Black y Rapeman, de los cuales Cobain fuera gran admirador. De ahí el sonido punk del disco, grabado prácticamente en directo, con muy pocas sobregrabaciones o trucos de estudio. El álbum se hizo en escasas dos semanas, sin intervención alguna de gente de la disquera. Todo parecía perfecto, hasta que el resultado final llegó a manos de los directivos de Geffen, quienes se negaron a aceptarlo y tras largas discusiones que enfrentaron a la compañía, el productor y el grupo –todos contra todos–, este último aceptó otorgar algunas concesiones, como volver a producir “Heart-Shaped Box” y “All Apologies” (el encargado de ello fue Scott Litt, quien había trabajado con REM) y regrabar partes del bajo y la voz a lo largo del disco. Albini quedó muy decepcionado con los cambios en In Utero, a pesar de su éxito inmediato. Con todo, el último álbum en estudio de Nirvana –que en un principio iba a llamarse I Hate Myself and Want to Die y luego Verse Chorus Verse, ambos títulos de composiciones que al final no fueron incluidas– contiene temas clásicos como los dos mencionados líneas atrás, además de la provocadora “Rape Me”, la iconoclasta “Milk It”  y la felizmente irónica “Dumb”.

MTV Unplugged in New York (DGC, 1994)
Si algo demuestra este disco es que detrás del estruendo, la sobreamplificación y la distorsión que solía emplear Nirvana en sus conciertos, había canciones perfectamente construidas, las cuales, al ser desprovistas de sus ruidosos arreglos eléctricos y arregladas con elementos acústicos, brillaban por lo que eran en esencia: melodías escritas con sutileza y sensibilidad. Esto parecía un contrasentido tratándose del grupo emblemático del grunge, pero no lo era. MTV Unplugged in New York es, por tanto, una sobria demostración del talento de Kurt Cobain como compositor y del de los integrantes del grupo como ejecutantes de sus respectivos instrumentos. Grabado en vivo para el célebre programa de la televisora MTV, este disco contiene una perfecta selección de temas, entre originales de la banda y algunos covers. Desnudo, desgarrado, sincero, en ocasiones escalofriante, el estilo de Nirvana en este álbum nos lleva por parajes musicales que van de la recreación de piezas propias como “All Apologies”, “About a Girl”, “Come as You Are” y “Polly” a versiones de temas de David Bowie (la genial “ The Man Who Sold the World”), el viejo bluesero folk Leadbelly (“Where Did You Sleep Last Night? ”), las Vaselines (“Jesus Doesn't Want Me for a Sunbeam ”) y tres temas de Meat Puppets, héroes musicales y amigos personales de Kurt Cobain.

From the Muddy Banks of the Wishkah (DGC, 1996)
Contraparte sonora del Unplugged in New York, From the Muddy Banks of the Wishkah muestra a Nirvana en todo su potencial rocanrolero. La intención de este segundo disco posterior a la muerte de Cobain y a la desaparición de Nirvana fue la de mostrar lo que era el trío en el escenario, cómo sonaba en vivo, cómo se comportaba, cómo variaba las versiones de los temas grabados originalmente en estudio. Con pocas composiciones famosas –si acaso “Smells Like Teen Spirit”, “Lithium”, “Sliver”, “Heart-Shaped Box” y “Polly”–, el álbum se inclina por cortes oscuros pero no menos buenos, como “School”, “Drain You”, “Been a Son”, “Spank Thru”, “Scentless Aprentice” y “tourette’s”, entre otros. No se trata de un solo concierto, sino de tomas realizadas en distintas presentaciones de Nirvana, algunas grabadas con medios limitados, pero que por lo mismo dan al disco un gran valor y lo convierten no sólo en un testimonio de lo que fue el grupo en escena sino en una obra absolutamente disfrutable.

(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes, el sitio de música de la revista Nexos)

jueves, 10 de junio de 2021

Nuestro pobre idioma

Cuestiones que no comprende alguien que tiene la obsesiva vocación del corrector de estilo

1: ¿Por qué hay escribidores que inician una frase parentética (con una coma) y no son capaces de cerrarla (con otra coma)?

2: ¿Cómo es posible que cada vez haya más gente que diga y/o escriba la barrabasada "yo soy de los que pienso"?

3: ¿Alguien podrá hacer ver a muchos "comunicadores" que resulta absolutamente incorrecto decir y/o escribir "habían muchas personas"? (existe una explicación sencilla: en presente se dice "hay muchas personas" y ese "hay" no se puede pluralizar; por analogía, el copretérito "había", tampoco se pluraliza).

martes, 8 de junio de 2021

lunes, 7 de junio de 2021

Primeras reflexiones sobre la jornada electoral del 6 de junio

Tal como yo lo veo, en primera instancia y sin un análisis más profundo, los importantes triunfos de la oposición partidista este 6 de junio no se debieron tanto a méritos propios de los partidos, sino a deméritos del propio Morena y su jefe máximo. La oposición partidista no había aparecido durante tres largos y terribles años. Fue el electorado el que decidió rescatarla de algún modo y, al mismo tiempo, castigar a la 4T; lo hizo de manera ejemplar, por medio de la democracia del voto. Toca ahora a PAN, PRI, PRD y quizás MC ponerse las pilas (perdón por la chocante expresión) y aprovechar el envión para resurgir y prepararse, con el fin de quitarle en 2024 la presidencia al obradorismo y a todas las calamidades que ha traído. Eso es lo que veo el día después de las elecciones.
PD: Lo que sucedió electoralmente en el ex DF me parece algo fantástico. Un esplendoroso y sublime triunfo de la ciudadanía.