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viernes, 24 de octubre de 2025
miércoles, 21 de diciembre de 2022
Damiana
Un poema que formará parte de la nueva novela que estoy escribiendo, una novela de vampiros y brujas.
miércoles, 9 de junio de 2021
domingo, 25 de octubre de 2020
El suicida
Los ríos, sí, pero mojan;
Los ácidos sí, pero manchan;
Las drogas sí, pero entumen;
Las pistolas son ilícitas,
Con la horca una saca la lengua;
El gas sí, pero huele feo:
Mejor hacerse a la idea de vivir.
Dorothy Parker en versión libre de José Joaquín Blanco
jueves, 8 de octubre de 2020
miércoles, 15 de julio de 2020
miércoles, 15 de abril de 2020
Los silencios vivos de Nach
Los raperos juegan con el ritmo y las palabras, con el ritmo de las palabras. Hacen rimas que se ajustan a un beat y
esa es una regla que deben seguir, es parte del juego. Se trata de una
manera de hacer poesía, pero no es exactamente poesía, no en el sentido
más estricto ortodoxo y tradicional del término. De hecho, la poesía
rimada no es, desde hace mucho tiempo, lo más usual entre los poetas.
Para un letrista de hip-hop, en cualquier idioma pero en este caso en español, no es lo mismo escribir las kilométricas líneas que componen un rap, con ese uso ya mencionado de las rimas, que intentar hacer poesía contemporánea, de verso libre. No todos los hip-hoperos podrían lograrlo. Incluso me atrevería a decir que sólo una muy estrecha minoría lo conseguiría. Porque se trata de dos sensibilidades diferentes; no contrapuestas, quizá, pero sí diferentes y cada una en busca de cosas distintas.
Con Silencios vivos (Planeta, 2019), su segundo libro de poemas, el rapero y poeta español Ignacio Fornés (Albacete, España, 1974), mejor conocido con el sobrenombre artístico de Nach, muestra con creces que él sí pertenece a esa minoría. Es más que reconocido dentro del mundo del hip-hop en castellano (ha grabado doce discos desde 1994 hasta 2018) pero también se introduce por merecimiento propio en el espacio de los poetas hechos y derechos, como ya lo había demostrado en su libro anterior, Hambriento, de 2017.
Más que tratar de explicar su poesía, dejemos que un par de poemas suyos sean los que hablen por sí mismos y por su autor.
Almanaque
Aquí los meses caen como hojas moribundas.
Yo sigo preguntándome cuál es mi ancla,
a la vez que vuelvo a palpar esta carne tan volátil.
Detesto mis fotos antiguas,
odio las efemérides,
lloro si escucho las canciones de mi niñez.
Aquí los años caen como suicidios en rascacielos
y cada mañana debo aprender a sonreír.
Tengo la intranquila certeza de que nada me pertenece,
de que no pertenezco a nadie.
Siento mis manos vacías de incendios.
Soy un pájaro con miedo a aterrizar.
Aquí las décadas caen como un barco agrietado
y se hunden pecado a pecado.
Yo miro al resto hablando,
caminando,
conquistando.
No necesitan esconderse.
Es como si no les importara
que el almanaque sea el asesino
mas silencioso del universo.
En construcción
Viviste en una época en construcción
que deseaba salir de un túnel
sin estar seguro de cuan lejos estaba la luz.
Dios no te dejó saborear más camino
y te convirtió en raíz de blancos y negros
demasiado pronto,
demasiado joven.
España estaba aún sin pintar,
no se podía ver más allá
del andamio de la duda,
de la toga de la religión,
del escombro de una dictadura.
Siento en el alma, Antonio,
que no vieras a ese hombre pisar la luna
ni admirar a esa mujer que usaba minifalda
o sentir como Hey Jude te decoraba el alma
o saber qué pasaría con el sueño de Martin.
Siento que no pudieras sonreír
Cuando este país comenzó a abrir sus negros portones
y la palabra “libertad” encendía hogueras en las calles.
Quisiera que hubieses visto Blade Runner en Betamax
o que hubieras escuchado Stairway to Heaven.
¿Quién te iba a decir que se legalizaría el aborto?
¿O que las computadoras entrarían en las casas?
¿O que el mundo llegaría a vivir conectado
a través de una pantalla minúscula?
No conociste la música punk
ni el poder de unos caballeros llamados Jedi.
No viste caer el muro de Berlín
ni tampoco cómo clonaban a una oveja.
Ojalá hubieras podido vestir con colores brillantes
y hubieras visto ser presidente de un país
a aquel hombre que poco antes fue su prisionero.
Demasiadas cosas
que no pudiste ver
que no pudiste celebrar.
Algo tan injusto
como nacer en 1945
y morir en 1963.
Siento en el alma, Antonio,
que sólo pudieras vivir
una época en construcción.
(Texto que me publicó el día de hoy "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)
Para un letrista de hip-hop, en cualquier idioma pero en este caso en español, no es lo mismo escribir las kilométricas líneas que componen un rap, con ese uso ya mencionado de las rimas, que intentar hacer poesía contemporánea, de verso libre. No todos los hip-hoperos podrían lograrlo. Incluso me atrevería a decir que sólo una muy estrecha minoría lo conseguiría. Porque se trata de dos sensibilidades diferentes; no contrapuestas, quizá, pero sí diferentes y cada una en busca de cosas distintas.
Con Silencios vivos (Planeta, 2019), su segundo libro de poemas, el rapero y poeta español Ignacio Fornés (Albacete, España, 1974), mejor conocido con el sobrenombre artístico de Nach, muestra con creces que él sí pertenece a esa minoría. Es más que reconocido dentro del mundo del hip-hop en castellano (ha grabado doce discos desde 1994 hasta 2018) pero también se introduce por merecimiento propio en el espacio de los poetas hechos y derechos, como ya lo había demostrado en su libro anterior, Hambriento, de 2017.
Más que tratar de explicar su poesía, dejemos que un par de poemas suyos sean los que hablen por sí mismos y por su autor.
Almanaque
Aquí los meses caen como hojas moribundas.
Yo sigo preguntándome cuál es mi ancla,
a la vez que vuelvo a palpar esta carne tan volátil.
Detesto mis fotos antiguas,
odio las efemérides,
lloro si escucho las canciones de mi niñez.
Aquí los años caen como suicidios en rascacielos
y cada mañana debo aprender a sonreír.
Tengo la intranquila certeza de que nada me pertenece,
de que no pertenezco a nadie.
Siento mis manos vacías de incendios.
Soy un pájaro con miedo a aterrizar.
Aquí las décadas caen como un barco agrietado
y se hunden pecado a pecado.
Yo miro al resto hablando,
caminando,
conquistando.
No necesitan esconderse.
Es como si no les importara
que el almanaque sea el asesino
mas silencioso del universo.
En construcción
Viviste en una época en construcción
que deseaba salir de un túnel
sin estar seguro de cuan lejos estaba la luz.
Dios no te dejó saborear más camino
y te convirtió en raíz de blancos y negros
demasiado pronto,
demasiado joven.
España estaba aún sin pintar,
no se podía ver más allá
del andamio de la duda,
de la toga de la religión,
del escombro de una dictadura.
Siento en el alma, Antonio,
que no vieras a ese hombre pisar la luna
ni admirar a esa mujer que usaba minifalda
o sentir como Hey Jude te decoraba el alma
o saber qué pasaría con el sueño de Martin.
Siento que no pudieras sonreír
Cuando este país comenzó a abrir sus negros portones
y la palabra “libertad” encendía hogueras en las calles.
Quisiera que hubieses visto Blade Runner en Betamax
o que hubieras escuchado Stairway to Heaven.
¿Quién te iba a decir que se legalizaría el aborto?
¿O que las computadoras entrarían en las casas?
¿O que el mundo llegaría a vivir conectado
a través de una pantalla minúscula?
No conociste la música punk
ni el poder de unos caballeros llamados Jedi.
No viste caer el muro de Berlín
ni tampoco cómo clonaban a una oveja.
Ojalá hubieras podido vestir con colores brillantes
y hubieras visto ser presidente de un país
a aquel hombre que poco antes fue su prisionero.
Demasiadas cosas
que no pudiste ver
que no pudiste celebrar.
Algo tan injusto
como nacer en 1945
y morir en 1963.
Siento en el alma, Antonio,
que sólo pudieras vivir
una época en construcción.
(Texto que me publicó el día de hoy "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)
sábado, 26 de octubre de 2019
Ideas poeticas
"El azul infinito del silencio".
"Ser un instante efímero de luz en lo eterno de la noche universal".
Salvador Mendiola
sábado, 22 de junio de 2019
domingo, 14 de abril de 2019
Atún de sirena, una editorial independiente
Las editoriales independientes siempre han tenido algo de heroicidad, una heroicidad ciertamente temeraria, osada, en ocasiones casi suicida, sobre todo en México y más aún en esta época de la llamada Cuarta Transformación, cuando los apoyos oficiales a la cultura han disminuido hasta los límites de la más ignominiosa miseria. Miseria económica y miseria moral.
Si las grandes editoriales pasan por momentos difíciles y las de mediana cuantía sobreviven con grandes sacrificios, la sola idea de fundar o tener una editorial independiente suena como algo que roza los límites del absurdo. ¿Cómo solventarla, como financiarla, como hacerla rentable, sobre todo cuando ya no existe la manera de acudir a las instituciones gubernamentales que daban becas o a los organismos privados que otorgaban subsidios más o menos altruistas? Parece una locura, una aventura sin pies, sin cabeza y sin perspectivas.
Y sin embargo se mueve, como se dice que dijo Galileo Galilei ante el tribunal del Santo Oficio. Se mueve porque a pesar de los pesares en nuestro país sigue habiendo una buena cantidad de editoriales independientes que, contra viento y marea, pugnan por editar y publicar libros, fanzines y otros materiales. La mayoría no lo hace por negocio, mucho menos en estos momentos, sino por amor a la literatura en todas sus vertientes: la narrativa, la poesía, la ensayística et al.
Podría mencionar los nombres de varias de estas más que aventureras y empeñosas editoriales independientes (¿o sería mejor llamarlas sobrevivientes?), pero quiero centrarme en una de ellas, porque la conozco de cerca y conozco a quien la encabeza.
La editorial Atún de sirena se fundó hace aproximadamente un año y a decir de su directora, la muy joven escritora y poeta Tania Mendoza, su principal idea es la de elaborar productos editoriales que además de su calidad literaria y/o poética sean también objetos estéticos, con un buen gusto artesanal que los convierta en preciosas piezas de colección.
Hasta ahora lo ha logrado. En escasos meses, Atún de sirena ha publicado ya, con grandes esfuerzos y sacrificios, cinco libros y un trío de fanzines. Los títulos de los primeros son Aullidos, tripis y cachondeos, de Abraham Sánchez “Bosskabrón”; Antología completa de Pita Amor, de Gabriela Jiménez; Lorena por encima de la gramática y otros poemas, de Hernán Flores; Postdata: tu gato ha muerto, de Raquel Kamikaze, y Marea viva, de Irvin Labarrios.
En cuanto a los fanzines, se trata de tres recopilaciones de autoras latinoamericanas: En vano, Volvería a fracasar al no estudiar lo que quise estudiar y Dime.
Todas las obras son vendidas en ferias del libro, en algunas librerías o directamente al público por medio de las redes sociales.
La editorial sigue activa, a pesar de las dificultades económicas, y tiene varios proyectos en puerta, en especial libros de autores jóvenes y poco conocidos (otra de las metas de Atún de sirena es precisamente el dar a conocer nuevas plumas, nuevos talentos) como Yadira del Mar, Patricia Binôme, Víctor Bahena, Jorge Lírika Inverza, Ivana Melgoza y Álvaro Piedelobo Jorge.
Para sobrevivir, las editoriales necesitan sobre todo del apoyo de los lectores. Adquirir los productos literarios de Atún de sirena significa ayudar a su supervivencia, pero significa también, y sobre todo, hacerse de preciosos libros-objeto cuya forma y cuyo contenido son garantía de calidad y de buen gusto.
Si las grandes editoriales pasan por momentos difíciles y las de mediana cuantía sobreviven con grandes sacrificios, la sola idea de fundar o tener una editorial independiente suena como algo que roza los límites del absurdo. ¿Cómo solventarla, como financiarla, como hacerla rentable, sobre todo cuando ya no existe la manera de acudir a las instituciones gubernamentales que daban becas o a los organismos privados que otorgaban subsidios más o menos altruistas? Parece una locura, una aventura sin pies, sin cabeza y sin perspectivas.
Y sin embargo se mueve, como se dice que dijo Galileo Galilei ante el tribunal del Santo Oficio. Se mueve porque a pesar de los pesares en nuestro país sigue habiendo una buena cantidad de editoriales independientes que, contra viento y marea, pugnan por editar y publicar libros, fanzines y otros materiales. La mayoría no lo hace por negocio, mucho menos en estos momentos, sino por amor a la literatura en todas sus vertientes: la narrativa, la poesía, la ensayística et al.
Podría mencionar los nombres de varias de estas más que aventureras y empeñosas editoriales independientes (¿o sería mejor llamarlas sobrevivientes?), pero quiero centrarme en una de ellas, porque la conozco de cerca y conozco a quien la encabeza.
La editorial Atún de sirena se fundó hace aproximadamente un año y a decir de su directora, la muy joven escritora y poeta Tania Mendoza, su principal idea es la de elaborar productos editoriales que además de su calidad literaria y/o poética sean también objetos estéticos, con un buen gusto artesanal que los convierta en preciosas piezas de colección.
Hasta ahora lo ha logrado. En escasos meses, Atún de sirena ha publicado ya, con grandes esfuerzos y sacrificios, cinco libros y un trío de fanzines. Los títulos de los primeros son Aullidos, tripis y cachondeos, de Abraham Sánchez “Bosskabrón”; Antología completa de Pita Amor, de Gabriela Jiménez; Lorena por encima de la gramática y otros poemas, de Hernán Flores; Postdata: tu gato ha muerto, de Raquel Kamikaze, y Marea viva, de Irvin Labarrios.
En cuanto a los fanzines, se trata de tres recopilaciones de autoras latinoamericanas: En vano, Volvería a fracasar al no estudiar lo que quise estudiar y Dime.
Todas las obras son vendidas en ferias del libro, en algunas librerías o directamente al público por medio de las redes sociales.
La editorial sigue activa, a pesar de las dificultades económicas, y tiene varios proyectos en puerta, en especial libros de autores jóvenes y poco conocidos (otra de las metas de Atún de sirena es precisamente el dar a conocer nuevas plumas, nuevos talentos) como Yadira del Mar, Patricia Binôme, Víctor Bahena, Jorge Lírika Inverza, Ivana Melgoza y Álvaro Piedelobo Jorge.
Para sobrevivir, las editoriales necesitan sobre todo del apoyo de los lectores. Adquirir los productos literarios de Atún de sirena significa ayudar a su supervivencia, pero significa también, y sobre todo, hacerse de preciosos libros-objeto cuya forma y cuyo contenido son garantía de calidad y de buen gusto.
lunes, 29 de octubre de 2018
Poema (¿o letra de canción?)
Me gusta tenerte a un lado y contemplarte,
ver tus ojos, peces de agua dulce,
de agua transparente y tan deseable
para saciar mi sed que tú produces.
De agua de lluvia es el fluir de tu cabello,
el aguacero en que me ahogo.
De agua de luna es el lago de tus senos,
en el que mis anhelos tocan fondo.
(No recuerdo si es un poema o el fragmento de lo que sería la letra de una canción cuya música he olvidado. Lo encontré anotado en un papel y fue escrito en 1994 para la mujer que en mi primera novela ostenta el nombre de Ángela).
ver tus ojos, peces de agua dulce,
de agua transparente y tan deseable
para saciar mi sed que tú produces.
De agua de lluvia es el fluir de tu cabello,
el aguacero en que me ahogo.
De agua de luna es el lago de tus senos,
en el que mis anhelos tocan fondo.
(No recuerdo si es un poema o el fragmento de lo que sería la letra de una canción cuya música he olvidado. Lo encontré anotado en un papel y fue escrito en 1994 para la mujer que en mi primera novela ostenta el nombre de Ángela).
miércoles, 22 de agosto de 2018
Me fumé un toke de rock en Xochimilco
Querido Sergio / te recuerdo en las horas verdes frente a los humeantes monitores cuando editabas a mano mi desprestigiada vida / compartiendo el sorbo de cerveza tibia que nos mantenía atentos a las caderas de “Lolita Madrugada” / y los espejos llamados “recuerdos” / te gustaba cagarte de risa de lo cotidiano y hacer más grandes las grietas del rock de la tele / te hiciste parte del rock artesanal de los rupestres y eras orgullosamente parte de esa manada / almas de tabique dijera Jaime López / dagas sangrantes dijera el Enciso / batos locos dijera el Catana / amas de casa un poco tristes dijera el Rockdrigo / pachecos pasados según yo / un día llegué al D.F. y ya no estabas / te busqué en las imágenes mentales del chilangódromo y te encontré donde cantan los cantores / partiste y medio avisaste que ya te ibas (un pepto bismol no arregla un corazón superochero y desvelado) pero tenías la fe de un VW (ibas a sesenta pero sentías que ibas a madres) / después de este trago a tu salud te haré siete preguntas: 1. ¿dónde dejaste tu talismán? / 2. ¿dónde dejaste los 7 videos donde 7 veces hago el ridículo? / 3. ¿dónde quedó esa cerveza pendiente? / 4. ¿por qué tu bastón camina solitario por Tepepan? / 5. ¿a quién le heredaste las piernas de Sherezada? / 6. ¿te llevaste tu gorra al cielo? / 7. ¿por qué nunca te vi llorar? / me pregunto si no te he decepcionado ahora que sabes que ya no soy el mismo / pero también quiero que sepas que le tengo un gran respeto a los tenis que usé el día que pisé tu velatorio / algunas veces se me olvida que tu teléfono ya no me responde / te extraño amigo Sergio.
Del Palomas para Sergio Garcia Michel.
Autor:Armando Jiménez "el Palomas"
"Retazos y Canciones de un Escribiente Maldoso"
Derechos Reservados
Del Palomas para Sergio Garcia Michel.
Autor:Armando Jiménez "el Palomas"
"Retazos y Canciones de un Escribiente Maldoso"
Derechos Reservados
martes, 17 de abril de 2018
Nach, ese hambriento
Editorial Planeta puso en circulación hace unos meses el poemario Hambriento, escrito por Ignacio Fomés Olmo, mejor conocido como Nach. Los lectores se preguntarán qué tiene que ver un poemario con una columna dedicada a hablar de música, en lugar de aparecer en la gustada sección de cultura de Milenio o en el siempre espléndido suplemento cultural Laberinto. Y se preguntarán también algunos quién demonios es ese tal Nach.
La respuesta resulta sencilla: Nach es poeta (o poeto, dirían algunas feministas radicales), pero también uno de los principales exponentes del hip-hop que se hace en España. Nacido en Albacete, en 1974, ha grabado ocho discos, entre los que destacan En la brevedad de los días (2000), Poesía difusa (2003), Un día en Suburbia (2008), A través de mí (2015) y el reciente Grande (2018). Se dio a conocer inicialmente como Nach Scratch y desde un principio se distinguió precisamente por la vena poética de sus letras. No era ese hip-hop callejero, mal hablado y mal rimado, sino uno más refinado y, perdonen ustedes la expresión, más culto.
Hambriento no es una recopilación de sus letras, sino un poemario en toda forma, con poemas llenos de una inteligencia y una sensibilidad que sorprenden, aunque de pronto hay también cierta ingenuidad y simpleza.
“El dolor por un amor no correspondido / es la espera de nadie / es dirigirte hacia la nada / es una ciudad desierta, un reloj cansado / es ofrecerle todo tu ser a una pared”, dice en “¿Cómo funciona el dolor?”, mientras que en “Volviendo a casa” escribe: “He vuelto a casa, / dispuesto a descansar mis derrotas / y a recordar los placeres que fui. / He regresado con la necesidad / que tiene un objeto perdido / de reencontrar a su dueño. / Aquí estoy, / entrando por una puerta / que es un pulmón. / Sintiendo cómo las paredes me miran / con sus cuadros doblados, / viendo que todos mis relojes / se han detenido en la misma ausencia”.
Buen libro el de este poeta, actor, sociólogo y rapero español de 44 años. Un trabajo grato y recomendable, más allá del “jei...jó...” del hip-hop.
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)
La respuesta resulta sencilla: Nach es poeta (o poeto, dirían algunas feministas radicales), pero también uno de los principales exponentes del hip-hop que se hace en España. Nacido en Albacete, en 1974, ha grabado ocho discos, entre los que destacan En la brevedad de los días (2000), Poesía difusa (2003), Un día en Suburbia (2008), A través de mí (2015) y el reciente Grande (2018). Se dio a conocer inicialmente como Nach Scratch y desde un principio se distinguió precisamente por la vena poética de sus letras. No era ese hip-hop callejero, mal hablado y mal rimado, sino uno más refinado y, perdonen ustedes la expresión, más culto.
Hambriento no es una recopilación de sus letras, sino un poemario en toda forma, con poemas llenos de una inteligencia y una sensibilidad que sorprenden, aunque de pronto hay también cierta ingenuidad y simpleza.
“El dolor por un amor no correspondido / es la espera de nadie / es dirigirte hacia la nada / es una ciudad desierta, un reloj cansado / es ofrecerle todo tu ser a una pared”, dice en “¿Cómo funciona el dolor?”, mientras que en “Volviendo a casa” escribe: “He vuelto a casa, / dispuesto a descansar mis derrotas / y a recordar los placeres que fui. / He regresado con la necesidad / que tiene un objeto perdido / de reencontrar a su dueño. / Aquí estoy, / entrando por una puerta / que es un pulmón. / Sintiendo cómo las paredes me miran / con sus cuadros doblados, / viendo que todos mis relojes / se han detenido en la misma ausencia”.
Buen libro el de este poeta, actor, sociólogo y rapero español de 44 años. Un trabajo grato y recomendable, más allá del “jei...jó...” del hip-hop.
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)
martes, 1 de agosto de 2017
Jaime López en el 61
Dos leyendas de la música mexicana contemporánea relacionada con el blues, el folk y el rock. El gran Jaime López y ese entrañable lugar llamado el 61.
Por un lado, un gran intérprete y hacedor de canciones (no hace mucho platicaba con Jaime acerca del feo y equívoco término “cantautor” y me decía que es difícil hallar un buen equivalente en español a la palabra inglesa songwriter. Cierto: ¿cancionero, cancionista? Dejémoslo pues en hacedor de canciones... ¡y qué canciones! Siempre he dicho que López es el mejor letrista del rock –que no rockcito en su caso– nacional y lo sostengo).
Por otro lado, el legendario bar 61 (antes Ruta 61) que ha vuelto por sus fueros en otra ubicación más céntrica (Fray Servando casi esquina con 5 de febrero) y con mucho mayor cupo y espacio, pero sin perder su vieja mística negra, abierta hoy a otras expresiones musicales como el jazz, el funk y el rock.
Gran noche la del pasado sábado 29 de julio, con un 61 lleno a reventar y un Jaime López a solas en el escenario, con no más acompañantes que su guitarra electroacústica de doce cuerdas, su armónica, su voz y una botella de vino rojo. Casi tres horas de actuación en un verdadero tour de force que jamás decayó y en el que el público, su público, no dejó de cantar las ¿veintitantas, treintaitantas? canciones que ofreció sin darse un momento de reposo. Nada de intermedios. Para parafrasear a Norman Mailer: los tipos duros no hacen pausas.
Temas de todas sus épocas, más de 30 años compilados en canciones a las que el músico quiso imbuir de un mood bluesero y cachondo, con esa voz rasposa que sube y baja de manera asombrosa y esas letras tan llenas de juegos de palabras e intencionada ironía.
Jaime López y el 61. Grata y perfecta conjunción en una noche en la que asomaron las narices Lou Reed y Muddy Waters, Howlin’ Wolf y Chuck Berry, pero también Mike Laure y el autor anónimo de “La llorona”.
¡Sácalo!
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)
Por un lado, un gran intérprete y hacedor de canciones (no hace mucho platicaba con Jaime acerca del feo y equívoco término “cantautor” y me decía que es difícil hallar un buen equivalente en español a la palabra inglesa songwriter. Cierto: ¿cancionero, cancionista? Dejémoslo pues en hacedor de canciones... ¡y qué canciones! Siempre he dicho que López es el mejor letrista del rock –que no rockcito en su caso– nacional y lo sostengo).
Por otro lado, el legendario bar 61 (antes Ruta 61) que ha vuelto por sus fueros en otra ubicación más céntrica (Fray Servando casi esquina con 5 de febrero) y con mucho mayor cupo y espacio, pero sin perder su vieja mística negra, abierta hoy a otras expresiones musicales como el jazz, el funk y el rock.
Gran noche la del pasado sábado 29 de julio, con un 61 lleno a reventar y un Jaime López a solas en el escenario, con no más acompañantes que su guitarra electroacústica de doce cuerdas, su armónica, su voz y una botella de vino rojo. Casi tres horas de actuación en un verdadero tour de force que jamás decayó y en el que el público, su público, no dejó de cantar las ¿veintitantas, treintaitantas? canciones que ofreció sin darse un momento de reposo. Nada de intermedios. Para parafrasear a Norman Mailer: los tipos duros no hacen pausas.
Temas de todas sus épocas, más de 30 años compilados en canciones a las que el músico quiso imbuir de un mood bluesero y cachondo, con esa voz rasposa que sube y baja de manera asombrosa y esas letras tan llenas de juegos de palabras e intencionada ironía.
Jaime López y el 61. Grata y perfecta conjunción en una noche en la que asomaron las narices Lou Reed y Muddy Waters, Howlin’ Wolf y Chuck Berry, pero también Mike Laure y el autor anónimo de “La llorona”.
¡Sácalo!
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)
lunes, 10 de julio de 2017
De lejos, de cerca
De lejos no
porque te extraño
De cerca no
porque me aturdo
De lejos no
porque te pienso
De cerca no
porque es absurdo
De lejos no
porque me faltas
De cerca no
porque me tientas
De lejos no
porque te pierdo
De cerca no
porque despiertas
De lejos no
porque te sueño
De cerca no
porque te abrazo
De lejos no
porque te quiero
De cerca no
porque aun de cerca
no te alcanzo
porque te extraño
De cerca no
porque me aturdo
De lejos no
porque te pienso
De cerca no
porque es absurdo
De lejos no
porque me faltas
De cerca no
porque me tientas
De lejos no
porque te pierdo
De cerca no
porque despiertas
De lejos no
porque te sueño
De cerca no
porque te abrazo
De lejos no
porque te quiero
De cerca no
porque aun de cerca
no te alcanzo
HGM
Madrugada del 10 de julio de 2017
Madrugada del 10 de julio de 2017
lunes, 17 de abril de 2017
Ninguno

Ninguno
Ni el doctor grisáceo
o el abogadito pueril
Tampoco el contador ebrio
Mucho menos el marxista desquiciado
el judío adinerado
el todólogo farsante
o el feminicida truculento
Ninguno de esos
Ninguno
Todos son, como tú misma dijiste, tangenciales
Y lo que hay entre tú y yo
–tú misma también lo dijiste–
es algo mucho más grande
mucho más firme
mucho más profundo
Porque tú y yo somos para siempre
(esas son palabras tuyas)
tenemos algo especial
(esas son palabra tuyas)
nuestra relación es otra cosa
(esas son palabras tuyas)
Quieres que sea tu tierra
El suelo firme donde plantes tus pies
El piso seguro para tus dudas
y tus titubeos
Yo quiero serlo
Para siempre
Aunque a veces me cueste saberte
con alguno de esos tangenciales
No quiero hacerte daño
No quiero que me hagas daño
Pero entiende que me duele
Sólo entiéndeme
Y trataré de ser tu tierra
tu suelo
tu piso
tu ancla
tu centro
jueves, 3 de noviembre de 2016
Te odio porque te amo
Te odio porque yo me había hecho el inflexible
propósito de no volver a enamorarme.
Te amo porque tú lograste que de nueva cuenta mi
corazón vibrara de emoción y sintiera lo que los
cursis llaman las mariposas en el estómago.
Te odio porque yo había decidido tener una pléyade de
amantes con quienes acostarme y tener sexo y no
comprometerme seriamente con una sola de ellas.
Te amo porque he perdido cualquier interés por
repartirme entre dos o tres o cincuenta amantes y la
única amante que quiero y que me importa es una que
lleva tu nombre y es idéntica a ti.
Te odio porque me encargué de escribir y lanzar
teorías acerca de la mejor manera de amar sin
sufrimientos, sin afanes de apropiación y sin poner en
riesgo al corazón.
Te amo porque creo que contigo es posible amar sin
sufrimientos, sin afanes de apropiación y con la
motivación de arriesgarlo todo sin miedos y sin
contemplaciones.
Te odio porque en cosa de días hiciste polvo las
certezas contra el enamoramiento que había construido
a lo largo de años de padecer cualquiera cantidad de
males sentimentales.
Te amo porque al hacer polvo mis certezas, me
devolviste la fe en el hecho de enamorame y
transformaste esos males en bienes.
Te odio porque diluiste mi convicción de que al fin
había alcanzado la madurez sentimental y al fin podría
ser feliz sin estar atado amorosamente a una sola
mujer.
Te amo porque me hiciste ver que sigo siendo capaz de
enloquecer de amor por una sola mujer, como un
adolescente inmaduro, espontáneo y vulnerable… pero
feliz.
Te odio por haber aparecido en mi vida cuando estaba
inaugurando una época de lujuria, excesos y disfrutes
carnales con muchas mujeres.
Te amo porque apareciste en mi vida para infundirme
esas sensaciones exultantes y maravillosas que puede
dar una época de lujuria, excesos y disfrutes
carnales… con una sola mujer.
Te odio por haber vulnerado todas mis defensas y
haberme dejado en la más absoluta indefensión.
Te amo por haberlas vulnerado y haberme dejado en esa
indefensión en la que puedes hacer de mí lo que se te
antoje.
Te odio porque me quitaste el miedo a volver a tener
miedo.
Te odio por todo lo que te amo.
Te amo por todo lo que te odio.
Te odio porque te amo.
Te amo porque te odio.
(¿Poema? que escribí el 14 de enero de 2007 y con el que me acabo de topar un tanto accidentalmente. Se lo escribí a Gabriela, a quien llamaba Gab).
propósito de no volver a enamorarme.
Te amo porque tú lograste que de nueva cuenta mi
corazón vibrara de emoción y sintiera lo que los
cursis llaman las mariposas en el estómago.
Te odio porque yo había decidido tener una pléyade de
amantes con quienes acostarme y tener sexo y no
comprometerme seriamente con una sola de ellas.
Te amo porque he perdido cualquier interés por
repartirme entre dos o tres o cincuenta amantes y la
única amante que quiero y que me importa es una que
lleva tu nombre y es idéntica a ti.
Te odio porque me encargué de escribir y lanzar
teorías acerca de la mejor manera de amar sin
sufrimientos, sin afanes de apropiación y sin poner en
riesgo al corazón.
Te amo porque creo que contigo es posible amar sin
sufrimientos, sin afanes de apropiación y con la
motivación de arriesgarlo todo sin miedos y sin
contemplaciones.
Te odio porque en cosa de días hiciste polvo las
certezas contra el enamoramiento que había construido
a lo largo de años de padecer cualquiera cantidad de
males sentimentales.
Te amo porque al hacer polvo mis certezas, me
devolviste la fe en el hecho de enamorame y
transformaste esos males en bienes.
Te odio porque diluiste mi convicción de que al fin
había alcanzado la madurez sentimental y al fin podría
ser feliz sin estar atado amorosamente a una sola
mujer.
Te amo porque me hiciste ver que sigo siendo capaz de
enloquecer de amor por una sola mujer, como un
adolescente inmaduro, espontáneo y vulnerable… pero
feliz.
Te odio por haber aparecido en mi vida cuando estaba
inaugurando una época de lujuria, excesos y disfrutes
carnales con muchas mujeres.
Te amo porque apareciste en mi vida para infundirme
esas sensaciones exultantes y maravillosas que puede
dar una época de lujuria, excesos y disfrutes
carnales… con una sola mujer.
Te odio por haber vulnerado todas mis defensas y
haberme dejado en la más absoluta indefensión.
Te amo por haberlas vulnerado y haberme dejado en esa
indefensión en la que puedes hacer de mí lo que se te
antoje.
Te odio porque me quitaste el miedo a volver a tener
miedo.
Te odio por todo lo que te amo.
Te amo por todo lo que te odio.
Te odio porque te amo.
Te amo porque te odio.
(¿Poema? que escribí el 14 de enero de 2007 y con el que me acabo de topar un tanto accidentalmente. Se lo escribí a Gabriela, a quien llamaba Gab).
martes, 25 de octubre de 2016
Un Nobel honorario para Leonard Cohen
Leonard Cohen ha culminado (¿o no?) su trilogía discográfica final –conformada previamente por los extraordinarios discos Old Ideas (2012) y Popular Problems (2014)– con la aparición, apenas este viernes 21, del impresionante You Want It Darker (2016).
A sus 82 años recién cumplidos (nació en Montreal, Canadá, el 21 de septiembre de 1934), Cohen declaró hace poco a The New Yorker que estaba preparado para morir, aunque al ver la reacción de alarma de sus seguidores, lo matizó más adelante con un “me propongo vivir hasta los 120 años”. Sin embargo, al escuchar las letras de las canciones de los tres álbumes mencionados y en especial del más reciente, es claro que el decirse preparado para la muerte es la frase central de su estado de ánimo actual.
You Want It Darker es un disco filosófico y profundo en su poesía, y austero y espléndido en su música (el sentido melódico de Cohen sigue siendo exultante). Las nueve composiciones que lo constituyen no tienen desperdicio: todas poseen algo trascendente que decir, todas brillan desde una oscuridad lírica y musical que conmueve y quita el aliento. No es sin embargo una obra pesimista o desencantada. Yo diría que es más un ajuste de cuentas con una vida fructífera pero difícil, tan llena de creatividad y de felicidad como de momentos duros y complicados en lo profesional, lo artístico, lo amoroso, lo religioso.
Por eso, temas como (nombrémoslos todos) “You Want It Darker”, “Treaty”, “On the Level”, “Leaving the Table”, “If I Didn’t Have Your Love”, “Traveling Light”, “It Seemed the Better Way”, “Steer Your Way” y “String Reprise/Treaty” poseen una riqueza espiritual y una crudeza humana que sólo Cohen podría expresar como lo expresa.
¿Disco testamento? ¿Trilogía discográfica de despedida? No lo sabemos. Leonard Cohen tiene problemas de salud (parte del disco lo grabó sentado, debido a sus dolores de columna), pero su mente y su espíritu al parecer se mantienen incólumes.
Merece un Nobel honorario.
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)
A sus 82 años recién cumplidos (nació en Montreal, Canadá, el 21 de septiembre de 1934), Cohen declaró hace poco a The New Yorker que estaba preparado para morir, aunque al ver la reacción de alarma de sus seguidores, lo matizó más adelante con un “me propongo vivir hasta los 120 años”. Sin embargo, al escuchar las letras de las canciones de los tres álbumes mencionados y en especial del más reciente, es claro que el decirse preparado para la muerte es la frase central de su estado de ánimo actual.
You Want It Darker es un disco filosófico y profundo en su poesía, y austero y espléndido en su música (el sentido melódico de Cohen sigue siendo exultante). Las nueve composiciones que lo constituyen no tienen desperdicio: todas poseen algo trascendente que decir, todas brillan desde una oscuridad lírica y musical que conmueve y quita el aliento. No es sin embargo una obra pesimista o desencantada. Yo diría que es más un ajuste de cuentas con una vida fructífera pero difícil, tan llena de creatividad y de felicidad como de momentos duros y complicados en lo profesional, lo artístico, lo amoroso, lo religioso.
Por eso, temas como (nombrémoslos todos) “You Want It Darker”, “Treaty”, “On the Level”, “Leaving the Table”, “If I Didn’t Have Your Love”, “Traveling Light”, “It Seemed the Better Way”, “Steer Your Way” y “String Reprise/Treaty” poseen una riqueza espiritual y una crudeza humana que sólo Cohen podría expresar como lo expresa.
¿Disco testamento? ¿Trilogía discográfica de despedida? No lo sabemos. Leonard Cohen tiene problemas de salud (parte del disco lo grabó sentado, debido a sus dolores de columna), pero su mente y su espíritu al parecer se mantienen incólumes.
Merece un Nobel honorario.
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)
martes, 18 de octubre de 2016
Dylan para principiantes
No se preocupe usted, querido lector. No le voy a dar aquí los pormenores de la vida de Bob Dylan. Para conocer su biografía basta con acudir a Wikipedia, a AllMusic.com y a tantos sitios donde seguro hallará extensos datos al respecto.
El título de la columna se debe a que entre quienes han criticado la controvertida decisión de la Academia Sueca que otorga a Dylan el Premio Nobel de Literatura de este año, me he encontrado argumentos francamente asombrosos y que, en muchos casos, bordan el límite del ridículo y demuestran un verdadero desconocimiento sobre la obra del autor de “Desolation Row” y la trascendencia que ésta ha tenido, a lo largo de más de medio siglo, para la cultura del mundo.
Desde cosas tan burdas como “Le dieron el Nobel a un cantante para drogadictos” (juro que lo leí en las redes), hasta citas mal traducidas de las letras de las canciones más sencillas del compositor (incluidas algunas que él no escribió), a fin de demostrar “su baja calidad poética”, la metralla de los exquisitos en contra del buen Bob no ha parado desde que se dio a conocer la noticia.
Por supuesto, hay quienes han argumentado a favor. Cito al escritor mexicano Óscar Aparicio: “Ginsberg, Kerouac, Yeats, T.S Eliot, Pound, Tennyson, Coleridge, Wordsworth, Poe, Conrad, Carroll, Blake, Dante, Crane, Whitman, Rimbaud, Baudelaire, Joyce y muchos más habitan el orbe dylaniano. Hemos leído tanto sobre él que a veces lo obviamos y olvidamos. Dylan es lo más parecido que tenemos a Shakespeare y a Joyce. Sus canciones remiten lo mismo a una batalla de la guerra civil, una huelga de 1955, Vietnam, Nueva Orleans, Madrid, Mississippi, Nueva York. Una forma de atemporalidad fílmica en viñetas de tres u once minutos”.
O a Joaquín Sabina: “Llevo diciendo por lo menos veinte años que Dylan es el mejor poeta de América y de la lengua inglesa actual y también el que más ha influido en varias generaciones”.
Pero ni así se convencerán los cultos detractores.
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" en la sección ¡hey! de Milenio Diario)
El título de la columna se debe a que entre quienes han criticado la controvertida decisión de la Academia Sueca que otorga a Dylan el Premio Nobel de Literatura de este año, me he encontrado argumentos francamente asombrosos y que, en muchos casos, bordan el límite del ridículo y demuestran un verdadero desconocimiento sobre la obra del autor de “Desolation Row” y la trascendencia que ésta ha tenido, a lo largo de más de medio siglo, para la cultura del mundo.
Desde cosas tan burdas como “Le dieron el Nobel a un cantante para drogadictos” (juro que lo leí en las redes), hasta citas mal traducidas de las letras de las canciones más sencillas del compositor (incluidas algunas que él no escribió), a fin de demostrar “su baja calidad poética”, la metralla de los exquisitos en contra del buen Bob no ha parado desde que se dio a conocer la noticia.
Por supuesto, hay quienes han argumentado a favor. Cito al escritor mexicano Óscar Aparicio: “Ginsberg, Kerouac, Yeats, T.S Eliot, Pound, Tennyson, Coleridge, Wordsworth, Poe, Conrad, Carroll, Blake, Dante, Crane, Whitman, Rimbaud, Baudelaire, Joyce y muchos más habitan el orbe dylaniano. Hemos leído tanto sobre él que a veces lo obviamos y olvidamos. Dylan es lo más parecido que tenemos a Shakespeare y a Joyce. Sus canciones remiten lo mismo a una batalla de la guerra civil, una huelga de 1955, Vietnam, Nueva Orleans, Madrid, Mississippi, Nueva York. Una forma de atemporalidad fílmica en viñetas de tres u once minutos”.
O a Joaquín Sabina: “Llevo diciendo por lo menos veinte años que Dylan es el mejor poeta de América y de la lengua inglesa actual y también el que más ha influido en varias generaciones”.
Pero ni así se convencerán los cultos detractores.
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" en la sección ¡hey! de Milenio Diario)
jueves, 13 de octubre de 2016
¿Merece Bob Dylan el Nobel de Literatura?
Dice la revista francesa Les Inrocks que el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura a Robert Allen Zimmerman, mundialmente conocido como Bob Dylan, resulta tan restallante como lo fue la aparición de su composición “Like a Rolling Stone” en las radios del mundo, en 1965.
No le falta razón. Aunque muchos puristas ya están poniendo el grito en el cielo, ante lo que consideran un crimen de lesa literatura por parte de los jurados del Nobel, me parece refrescante que el galardón haya sido concedido a un poeta a la vez popular y hermético, cuyas letras resultan muchas veces intrincadas y llenas de riqueza lírica; un bardo del folk, el blues y el rock que cambió la manera de escribir canciones y de decir las cosas; un revolucionario de la escritura trovadoresca; un juglar de la segunda mitad del siglo pasado y lo que llevamos de este.
Nacido en Duluth, Minnesota, en 1941, Dylan ha creado una vasta obra como heredero temprano de Woody Guthrie, pero con una evolución que ha ido acorde con los cambios que han sufrido su país y el mundo a partir de los años sesenta y hasta la fecha.
Se dice que el autor de temas como “All Along the Watchtower”, “Don’t Think Twice Is Alright”, “Mr. Tambourine Man” o “Forever Young” no es un escritor en el más estricto sentido de la palabra. Quienes lo desprecian lo consideran si acaso un cancionero o un escribidor de letras para música. No lo comparto: creo que Dylan es mucho más que eso y para comprobarlo basta con adentrarse en su escritura, a la que –es cierto– dio la forma de canciones. Hay ahí un gran manejo de la palabra en lengua inglesa, una formulación fascinante de imágenes y metáforas, muchas de ellas complicadas y de difícil traducción. Hay también una gran belleza formal y una profundidad que exige dos o tres o diez o más lecturas.
Desde sus canciones de protesta (“The Times They Are A-Changin”, “Masters of War”, “Blowin in the Wind”, “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”) o sus piezas amorosas (“Just Like a Woman”, “I Want You”, “You’re a Big Girl Now”), hasta sus composiciones más introspectivas y personales (“Tangled Up in Blue”, “Simple Twist of Fate”, “Shelter from the Storm”) o esos monumentales poemas musicalizados que son “Visions of Johanna”, “Desolation Row” y, por supuesto, “Like a Rolling Stone”, todo ello (y mucho más) confirma que la decisión de los jurados del Nobel no ha sido en absoluto errada.
(Publicado hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)
No le falta razón. Aunque muchos puristas ya están poniendo el grito en el cielo, ante lo que consideran un crimen de lesa literatura por parte de los jurados del Nobel, me parece refrescante que el galardón haya sido concedido a un poeta a la vez popular y hermético, cuyas letras resultan muchas veces intrincadas y llenas de riqueza lírica; un bardo del folk, el blues y el rock que cambió la manera de escribir canciones y de decir las cosas; un revolucionario de la escritura trovadoresca; un juglar de la segunda mitad del siglo pasado y lo que llevamos de este.
Nacido en Duluth, Minnesota, en 1941, Dylan ha creado una vasta obra como heredero temprano de Woody Guthrie, pero con una evolución que ha ido acorde con los cambios que han sufrido su país y el mundo a partir de los años sesenta y hasta la fecha.
Se dice que el autor de temas como “All Along the Watchtower”, “Don’t Think Twice Is Alright”, “Mr. Tambourine Man” o “Forever Young” no es un escritor en el más estricto sentido de la palabra. Quienes lo desprecian lo consideran si acaso un cancionero o un escribidor de letras para música. No lo comparto: creo que Dylan es mucho más que eso y para comprobarlo basta con adentrarse en su escritura, a la que –es cierto– dio la forma de canciones. Hay ahí un gran manejo de la palabra en lengua inglesa, una formulación fascinante de imágenes y metáforas, muchas de ellas complicadas y de difícil traducción. Hay también una gran belleza formal y una profundidad que exige dos o tres o diez o más lecturas.
Desde sus canciones de protesta (“The Times They Are A-Changin”, “Masters of War”, “Blowin in the Wind”, “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”) o sus piezas amorosas (“Just Like a Woman”, “I Want You”, “You’re a Big Girl Now”), hasta sus composiciones más introspectivas y personales (“Tangled Up in Blue”, “Simple Twist of Fate”, “Shelter from the Storm”) o esos monumentales poemas musicalizados que son “Visions of Johanna”, “Desolation Row” y, por supuesto, “Like a Rolling Stone”, todo ello (y mucho más) confirma que la decisión de los jurados del Nobel no ha sido en absoluto errada.
(Publicado hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)
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