jueves, 5 de noviembre de 2026

Musacchio


Primero fue Cuauhtémoc Cárdenas, luego Carlos Albert y ahora Humberto Musacchio, tres personalidades disímbolas con las que tuve alguna relación así haya sido un tanto efímera y quienes acaban de partir. Creo que en el caso del buen Humberto esa relación fue un poco más cercana. Lo conocí a principios de los años ochenta, cuando pude colaborar para la sección cultural del diario unomásuno, misma que él dirigía. Aunque mi contacto más directo era con Roberto Vallarino, pude conocer a Musacchio. Empecé a escribir artículos sobre problemas ambientales pero duré pocos meses, ya que realicé dos textos sobre la contaminación que provocaba Pemex y el entonces terrible director de la paraestatal, Jorge Díaz Serrano, se enojó, habló con la dirección del periódico y llegó la orden de que no se publicarían más columnas mías. Era el sexenio de José López Portillo y del todopoderoso PRI (quién iba a decir que en 2018 volvería a vivir una situación muy similar, pero esta vez en Milenio y con el gobierno entrante de AMLO).

Volvería a ver a Humberto cuando ambos fuimos colaboradores en los mejores momentos de la inolvidable sección cultural de El Financiero, dirigida por Víctor Roura. Musacchio siempre fue muy amable conmigo y cuando elaboró su portentoso Diccionario Enciclopédico de México, incluyó en el mismo a mi hermano, el cineasta Sergio García. Para la segunda edición (¿o fue para la tercera?), me llamó para pedirme algunos datos personales y tuvo la generosidad de incluir mi nombre en el que popularmente se conoció como "El Musacchio ilustrado". Ahí aparezco con menciones a la revista La Mosca en la Pared y a mi por ese entonces única novela, Matar por Ángela. No puedo entonces sino agradecer a Humberto, una persona honesta, culta, de gran sentido crítico, quien desde su posición de hombre de izquierda no dejó de cuestionar al obradorismo. Descanse en paz, mi querido y admirado Humberto Musacchio.

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