Con el grande y querido Jorge Ayala Blanco (para mí, el mejor crítico de cine de este país), en su casa, en 2002, luego de entrevistarlo para La Mosca y Milenio Diario (Foto: Isadora Hastings)
martes, 16 de diciembre de 2025
miércoles, 16 de julio de 2025
domingo, 17 de septiembre de 2023
Las cosas indefinidas
Entrevista a la directora cordobesa María Aparicio por el estreno de su tercer largometraje, Las cosas indefinidas, en el FIC Marsella.
Por Alejandro Vázquez
En el panorama variopinto y multifacético del cine latinoamericano actual, destacan las cinematografías de México, Brasil y Argentina. En este mapa velozmente bocetado hay que detenerse en resaltar que los realizadores mexicanos han logrado posicionarse más por su proximidad con la comunidad latina de Estados Unidos y la disponibilidad de recursos públicos y privados dispuestos al entretenimiento del gran público de habla hispana que al desarrollo del séptimo arte como tal y a la promoción de una cultura que puntualmente reflexione desde el cine sobre sus procesos históricos, políticos y sociales, lejos ya en desarrollar la originalidad artística.
Si bien hay una prominencia de materiales audiovisuales de grandes presupuestos creados desde México y consumidos en todos los rincones de la lengua, en su mayoría se trata de proyectos ideados con fines de lucro y en comparación son muy escasos los creadores que presentan filmografías que no parezcan impostadas por su diálogo con las cinematografías de Europa, como las de Hari Sama o Alonso Ruizpalacios, o construyan lo genérico alternativo del oficialismo audiovisual mexicano como las de Sebastián Hofmann, Rafael Rangel o Carlos Carrera. En este sentido, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu hace mucho que no son creadores “latinos” y directamente están operando muy cerca del corazón de la industria global en la transición del paradigma de estudios al paradigma de plataformas.
En Brasil, si bien el proceso de producción de cine en el ámbito de la realización y reflexión ha logrado descentralizarse conforme se ha suscitado la democratización de los medios tecnológicos para narrar historias y para congregar mentes que indagan sobre los métodos y resonancias de este arte, se puede hallar por cada ciudad al menos un director y crítico de envergadura que avanzan en la creación de materiales fílmicos con mérito artístico propio, en mayor o menor medida textos académicos o de divulgación regional y cuyo caso más notable, a tres lustros de su estreno, sigue siendo Santiago de João Moreira Salles.
En Argentina se observa el desarrollo de una apuesta estatal de gran centralismo que ha logrado conjurar a creadores de todas las provincias y proveerlos de los medios técnicos y económicos para consolidar una industria nacional que compita a la par con otras de la región y del mundo y que parte de una enraizada tradición teatral de larga historia. En este sentido, en la provincia de Córdoba, Argentina, es notabilísima la continua aparición de cineclubes, críticos y realizadores que han sabido defender con mucha dignidad y originalidad su derecho a la expresión cinematográfica con un dialogo casi ininterrumpido que se puede rastrear desde 1905 hasta el presente, con la tradición del cine desde la pasión cinéfila y desde la pulsión creativa, ya que con tres décadas de expansión, la cinematografía cordobesa refleja una cultura de cine mayormente artesanal de altísima factura que expresa búsquedas autorales independientes y dialoga con la historia del arte cinematográfico de todas las épocas y latitudes y que sabe apropiarse de sus características para mostrar una marca identitaria propia que está en auge desde principios del siglo XXI.
En la opinión experta de Roger Koza, uno de los grandes implicados en la reflexión y discusión sobre esta marca identitaria regional, destaca la constante representación de un ‘ethos’ que explora continuamente las relaciones culturales en el marco de un espacio común de gran cultura artística y tradición cinéfila y que se sostiene por un complejo ecosistema de relaciones culturales, materiales e intelectuales que trascienden el campo cinematográfico específico de la ciudad de Córdoba. Dentro de este ecosistema destaca la filmografía de María Aparicio (1992) que reúne las características mencionadas: una producción artesanal y orgánica, con gran cuidado en la representación realista de sus espacios y personajes y que entabla un diálogo abierto con la tradición plástica y humanista entera, mediante un tratamiento ficcional de temas monumentales de la experiencia social y de la experiencia interna.
En su primera película, Las Calles, Aparicio documenta el proceso de bautismo del espacio por parte de una comunidad de Puerto Pirámides en donde narra la sustitución de la numeración de las calles por nombres, la transformación de un número de serie por un nombre propio.
En su segundo trabajo, Sobre las nubes, que al igual que la anterior cuenta con fotografía de Santiago Sgarlatta, la realizadora logra retomar la exploración sobre el sentimiento de comunidad y se vale del espacio y de personajes realistas y reconocibles para comunicar una experiencia estética trascendental que emplea la marca identitaria de la ciudad de Córdoba para situar un mantra sagrado.
En Las cosas indefinidas, su tercer filme, María Aparicio construye una reflexión amplia sobre la muerte, el duelo, el cine, la invidencia, los medios fílmicos, la ciudad, la amistad y lejos de ser una colección de temas y preocupaciones autorales, presenta un texto fílmico que nuevamente se vale de elementos de alto detalle y valor plástico en sí mismos para transformar, a la manera de un prisma poligonal que tuviera estos temas por caras y por conectores el trabajo y la materialidad del cine mismo, la marca identitaria en un panegírico luctuoso meta-cinematográfico.
A propósito del estreno de este filme en el festival de cine de Marsella, tuve la oportunidad de dialogar con la directora sobre esta película. En la entrevista, Aparicio ahonda en los procesos internos y externos que la llevaron a desarrollar este largometraje. La película narra la historia de Eva, una profesora y editora de cine que se encuentra trabajando en un documental sobre personas con ceguera. A su vez, Eva parece haber perdido el entusiasmo por el cine, sumado a un estado de duelo que atraviesa tras la muerte de un amigo cercano. Mediante el trabajo que realiza con el material de la película que edita, la protagonista logra apuntalar una reflexión profunda sobre el quehacer cinematográfico, la materialidad del medio fílmico y la fugacidad del cuerpo y la memoria.
Comenzamos la conversación con la pregunta de qué representan las flores para la directora, ya que en este filme y el anterior se puede apreciar la recurrencia de un ramo de flores blancas que acompaña a la protagonista. A esto, María Aparicio contó que las flores son un elemento que estuvo presente en la casa de su infancia, un ramo de flores blancas de temporada que su padre regalaba a su madre y cómo esto pasó a simbolizar una belleza obrera y la transitoriedad de la vida, ya que se regalan las flores tanto para saludar al amor como para despedir a los muertos.
La directora resaltó también el desafío estructural que quiso plantearse con esta obra, ya que la película es una ficción que contiene un documental y que está en diálogo con la película Tres D de Rosendo Ruiz, considerada como la primera película contemporánea cordobesa.
MA: Hay un término en francés que se llama mise en abyme, puesta en abismo, que consiste en una historia contenida dentro de otra. Hay un armado de ficción que de alguna manera contiene a una segunda película que es la de los ciegos, por lo que podríamos hablar de dos películas en una, digamos. Pensé esta historia de ficción en donde el montaje podía ser esa puerta que nos permite pasar de una película a otra, como si las conversaciones que ellos tienen fuesen ese pasadizo entre una película y la otra. Se vuelve un poco laberíntico. A veces yo me pregunto qué imaginará alguien que la ve, si pensará que la película de los ciegos existe realmente. Todo eso es puramente documental, porque nosotros entrevistamos a diez personas con ceguera y con base en eso construimos toda la parte del material de esa película que Eva edita.
AV: Los testimonios de los chicos parece que están reflexionando sobre la desaparición de material del medio fílmico, ¿pero cómo anclas esto con el duelo? La muerte del personaje de Juan es el detonante de la historia, mientras que Eva está egresando del cine y esto la regresa.
MA: Antes que la historia de Eva, antes que el montaje, antes que los ciegos, yo tenía un montón de preguntas o inquietudes sobre la transición entre el mundo analógico y el mundo digital que es algo que excede a las imágenes, en definitiva. Ese fue el verdadero origen de la película que después fue encontrando su forma en esta ficción.
AV: Como menciona Eva al principio, si el siglo XX es un archivo del siglo XX, el siglo XXI será una copia digital del siglo XXI.
MA: Sí. Entonces ese fue el origen de la película. Cuando era adolescente, empecé a sacar fotos analógicas. En mi casa había una cámara analógica que era de mi papá; entonces, cuando iba al cine y veía las proyecciones en 35 mm (todavía se proyectaba siempre en 35 cuando yo estaba en el secundario), había algo de eso que a mí me conectaba con esa materialidad fílmica de las fotos que yo sacaba. Y bueno, con la aparición del cine digital todo empezó a cambiar un poco. La práctica del cine se modificó por completo, las posibilidades se expanden, también hay otras que se limitan, realmente es un cambio muy radical. Siempre me interesó mucho pensar en eso. Creo que como cineastas que no accedemos a grandes presupuestos, las historias que podemos imaginar se expandieron un poco con el digital, porque de repente podemos pensar en filmar con muy poco dinero, bueno, toda esa idea… Entonces yo decía: “Quiero hacer una película sobre esto”, pero todas las ideas que se me ocurrían eran, no sé, ir a entrevistar a un director de fotografía que filmó en fílmico y ahora filma en digital o esa idea de documental más clásica, de investigación, y no me parecía interesante. Entonces fue cuando dije: “¿Qué pasa si esto adquiere una forma de ficción? ¿Cómo esto puede ser una ficción, una historia que se cuenta?”. Y ahí pensé que quizá podía inventar un personaje que se dedica a editar películas, porque de algún modo el montaje es una tarea que trabaja con la naturaleza de las imágenes, con cortar y pegar, con manipular la duración, con buscar el sentido en función del orden que se otorgue a esos planos. Entonces dije: “Capaz que el personaje puede ser una mujer que se dedica a editar películas y ¿qué pasa si en vez de ser una editora joven es una mujer grande, que ya edita hace mucho tiempo? ¿Y si esta mujer está un poco desencantada de su oficio, si no encuentra muchos motivos para seguir creyendo en eso que hace? ¿Cómo se puede filmar ese momento de duda sobre el cine?”. Creo que en ese momento yo estaba atravesando por algunas preguntas parecidas a esas, así que hay algo de la película que de algún modo me lo digo a mí misma.
AV: Como una manera de reconciliarse con el oficio…
MA: Al final de la película, Rami le dice a Eva: “Las películas son más generosas de lo que creemos”. Si uno quiere o puede estar atento a ellas, las películas nos pueden dar mucho. En definitiva, creo que terminó siendo un poco eso, un personaje que está desencantado con esta tarea a la que le dedicó toda su vida y que está buscando maneras de seguir adelante.
AV: Siento que tu película expresa esa misma nostalgia cuando Eva lee el texto sobre la película de Bresson que es la distancia de un punto a la casa de su infancia.
MA: De ahí sale el nombre de la película. Es un texto de un cronista que escribió sobre el rodaje de Las damas del bosque de Boloña, una película de Bresson filmada en el 45, en plena Segunda Guerra mundial. El libro se llama Sombras de un sueño, de ahí sale ese texto que Eva lee. Es un fragmento que me gusta mucho porque creo que de algún modo cristaliza algunas de estas ideas sobre la materialidad de las imágenes fílmicas de una forma sencilla y casi poética. “La película tendrá dos kilómetros y medio. La distancia que separa Villeneuve-sur-Lot de la colina de Pujols que yo veía desde mi ventana en mi infancia, en la que un pino cada día alzaba para mí el estandarte del alba”. Eso es literalmente la posibilidad de extender el rollo de película que luego se traduce en una distancia específica que es también la posibilidad de un recuerdo. Y luego “todos esos personajes que se dirigen en las películas hacia cosas indefinidas”, pensaba en Eva, aunque en definitiva todos estamos todo el tiempo dirigiéndonos hacia cosas indefinidas, porque es como una característica de la vida, me parece.
AV: Tratar el tema del archivo histórico te sitúa políticamente respecto del presente, ya que el tema del archivo fílmico se pude tomar como una metáfora de la memoria y de los procesos estructurales dispuestos a suprimir la historia.
MA: En nuestros países me parece que uno nunca puede sentirse del todo tranquilo y creo que una trabaja para nunca estar desentendida de lo que pasa alrededor. Para mí, las películas son algo así, una manera de intentar trazar un diálogo permanente con eso que pasa afuera de nosotros. Y en relación a los archivos hay una urgencia particular, porque Argentina no tiene una cinemateca que cuide su patrimonio fílmico. Sobre eso hay mucho que se puede leer, porque el Museo del Cine de Buenos Aires viene dando esa lucha desde hace mucho tiempo. Es una tarea que debe emprender el Estado, porque por más coleccionistas privados que haya, es un asunto demasiado gigante para que recaiga en personas individuales. La mayor cantidad del cine mudo argentino está perdido; del mundo en general, de Argentina en particular. Pero no solamente es un problema del fílmico, sino que también es un problema del cine digital. Las películas digitales que se hacen ahora están alojadas en discos duros y nada garantiza que esos dispositivos vayan a funcionar de acá a cinco años, dos años. Algo de esto intentamos esbozar en lo que le pasa a Eva con el disco de su amigo. Eso es algo que a mí me pasó, porque hace unos años murió un amigo cercano con quien estábamos editando un corto. En el momento de su muerte en mi casa había quedado ese disco duro de él, y para mí era muy extraño sostenerlo y pensar que allí dentro había archivos con mucho valor emocional, pero que sin embargo no estaban en ningún lado, sólo existen si este disco se enchufa a una computadora y se les reproduce. Son ceros y unos, una imagen fantasma en realidad, un archivo fantasma. De hecho, Paula Félix Didier, la directora del Museo del Cine, siempre dice eso: que un rollo de película vos lo extendés y ves lo que hay ahí, pero con un disco duro no; es un pedazo de plástico, metal, circuitos eléctricos que no sólo contiene imágenes, puede contener texto, puede contener música, la especificidad del formato se pierde. De una forma un poco forzada, pensé que había un punto en el que todas esas preguntas acerca de la digitalización de las imágenes podrían conectarse con la idea de la muerte. Sin ninguna intención de hacer un vínculo con esas teorías acerca de la muerte del cine en las cuales no creo en absoluto, pensé que cuando hablamos de la digitalización o de la muerte, estamos ante una discusión existencial.
AV: ¿Nos puedes contar un poco sobre la realización de esta película? Tu experiencia refleja los temas de realización que enfrentan los directores en Córdoba, quienes en su mayoría son menores de 40 años de edad.
MA: Las cosas indefinidas es una película que hicimos con un equipo de doce personas, un poco menos, capaz, variando entre jornadas, a veces más, a veces menos. Filmamos en dos semanas la parte de ficción, la parte de documental se filmó a lo largo de un tiempo, pero no fueron más de dos semanas. Es una película que empecé a diagramar cuando fue la pandemia. Entonces yo pensaba cómo filmar con lo que estaba más a la mano: Ramiro es mi pareja, Eva Bianco es actriz, la conozco desde hace mucho tiempo, la casa donde vive el personaje es la casa donde yo viví toda mi vida. En fin. Creo que también está dando vueltas la idea de que en cualquier lugar puede haber una película, entonces por eso se ve Córdoba, por eso se ve la ciudad, por eso se ven los espacios en los que ando, porque en definitiva en todos esos lugares encuentro materiales, cosas para pensar. Cuando yo entendí eso y supe que tenía alrededor mío personas con las que podíamos pensar y hacer cosas dije: “Bueno, no hay que renegar de la imposibilidad, sino hay que apropiarse de esa imposibilidad y usarla a nuestro favor”.
AV: Claro, hay un interés muy fuerte en Córdoba de apropiarse tanto del lenguaje cinematográfico como de sus circunstancias materiales y espaciales y, como en Sobre las nubes, tú te vales de esos materiales para contar algo más.
MA: La escena del final, cuando ella se cruza con Milagros y con Facundo, tenía que ver con la cuestión del desencanto con el cine. Esto es algo que los editores, los montajistas lo dicen frecuentemente: están editando una película durante mucho tiempo y van al estreno y están los actores, que ni conocen a los montajistas, pero los montajistas estuvieron ahí durante días editándolos, cortando y moldeando los diálogos y escuchando su voz, entonces sienten que los conocen. Como en ese encuentro que se da cuando Eva mira a Milagros y Facundo. Ellos no tienen ni idea de quién es ella, ni siquiera se enteran de nada, pero me gustaba pensar que ese momento está habilitado solamente por el cine, porque Eva está editando una película que los tiene a ellos de protagonistas y por una cuestión extraña de la vida se cruzan en esa esquina en medio del lío de la ciudad. Se produce entonces un pequeño secreto o milagro. Eso que solamente tiene un sentido para Eva, porque nadie más sabe qué es lo que está pasando ahí, es algo que se habilita por el cine, por la existencia de la escena cinematográfica, de las películas y del hacer películas; entonces me gustaba pensar que eso podía tener un sentido para Eva, en medio de toda esta cosa un poco cínica en la que ella está.
jueves, 14 de abril de 2022
Hugo García Michel en "¿Cómo Está La Banda?" Ep. 095
martes, 18 de enero de 2022
Respuesta sincera
Un día me preguntaron –para un reportaje un medio llamado Intruso– qué significaba para mí Café Tacuba. Aquí mi respuesta que así salió publicada en internet.
viernes, 31 de diciembre de 2021
Conversaciones con Woody Allen
Terminé de leer esta joya de Eric Lax, una muy profunda exploración a la obra de Woody Allen desde todos los aspectos cinematográficos: desde los guiones y la filmación, hasta la edición, la música y muchos otros factores. Todo por medio de charlas entre el cineasta y su más autorizado biógrafo. Buenísimo que haya sido este el último de los libros que leí este año. Pará el 22 hay muchos ya en espera.
jueves, 13 de mayo de 2021
Rally de libros
lunes, 14 de diciembre de 2020
Annie Flores, pintora y dibujante mexicana
Su obra analiza el fenómeno degenerativo del recuerdo, la recuperación de antiguas memorias y la forma de retardar el proceso del olvido. La descomposición, el análisis y la recreación del cuerpo humano y su entorno son los parámetros de reflexión que ejerce sobre la materia, las memorias y los sueños, en torno a la materialización de un pasado que ya no existe pero que sirve para comprender el presente, no sólo como las huellas de una presencia o la exaltación de la ausencia, sino también como una construcción de la identidad personal.
La artista intenta establecer una conexión entre el acto de recordar, la acción de pintar y dibujar y el proceso de creación, todo por medio de una mirada poética.
Melómana por naturaleza y crianza, Annie Flores nos cuenta cuáles son sus preferencias discográficas y musicales.
¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Afortunadamente, desde pequeña escuché buena música en casa y lo que fuera que sonara me gustaba mucho. El disco que más recuerdo y cantaba completito era el Chronicle vol. 1 de Creedence Clearwater Revival. John Fogerty me parece uno de los más grandes en la música.
¿Cuál es el primer disco que compraste?
Fue a los siete años de edad, el Urban Hymns de The Verve, porque me encantaba la canción “Bitter Sweet Symphony”. También El Cascanueces de Tchaikovsky, porque iba al ballet y me obsesionaba con practicar todo el día.
¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
A mi mejor amiga le envidié un disco que le trajeron de Inglaterra, cuando íbamos en la universidad. Era una antología de presentaciones en vivo y documentales de Björk que se llamaba The Television Archive. Tenía una presentación rosita súper bonita.
¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Yo no manejo, pero para viajar me encanta escuchar el Great Ladies of Song, de Peggy Lee, y el Frank, de mi adorada Amy Winehouse.
¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Obvio mi infancia está marcada por la princesa del pop: Oops!.. I Did It Again, de Britney Spears. Recuerdo tardes completas con mi prima bailando sin parar ese disco completo, peinadas de “diadema”, ¡ja ja ja!
¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Me divierto mucho con mis “pecados musicales”. La verdad no me avergüenzan, pero el disco que no encaja entre mi playlist habitual es Colores de J Balvin.
¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
El L.A Woman de The Doors. Lo perdí en un paseo de la secundaria, junto con mi discman. Fue fatal.
¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
Me fascina el género latin y mi última adquisición me tiene muy agarrada del oído: Dance Manía, de Tito Puente.
¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Qué difícil. Hay tantos que me han tocado en lo profundo. Los primeros que se me vienen a la mente ahora son The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, de David Bowie, y Ekstasis, de Julia Holter.
¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Sweet & Sour, Hot y Spicy, de Ely Guerra. Sin duda.
¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Rush, de Eric Clapton, y la canción “I Love You More Than You’ll Ever Know” de Al Kooper, en la versión de Amy Winehouse.
¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Anima, de Thom Yorke.
The Album Collection, de Amy Winehouse.
The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, de David Bowie.
The Best of DJ Shadow.
Benny Goodman Concert Carnegie Hall 1938.
(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)
lunes, 27 de abril de 2020
Alejandro Rosas y las caras ocultas de Hernán Cortés
Alejandro Rosas (Ciudad de México, 1969), acaba de publicar Las caras ocultas de Hernán Cortés (Planeta, 2019), libro que de alguna manera acompaña y complementa a la serie Hernán, producida por TV Azteca y que hoy se puede ver por streaming en Amazon Prime. Acerca de su labor historiográfica y de su flamante libro, hablamos con el autor.
¿Cómo nace el libro, fue idea tuya, te fue propuesto por la editorial o por los productores de la serie?
Las caras ocultas de Hernán Cortés es un libro muy sui generis porque, a diferencia de lo que suele suceder, que un libro da pie a una película o a una serie, aquí fue al revés. Cuando los productores de Hernán la terminan, me buscan por medio de Círculo Editorial Azteca y Editorial Planeta, porque querían un libro que pudiera complementar la serie. Evidentemente, la serie está muy bien hecha y muy bien documentada. Hay licencias históricas, como suele suceder en cualquier serie, pero lo importante es que la misma te despierte la curiosidad para buscar más información y conocimiento acerca del tema. Me gustó la idea, me dijeron que tenía que seguir más o menos la estructura de la primera temporada de la serie, en cuanto al espacio y el tiempo, es decir, desde antes de la llegada de Hernán Cortés a México hasta la Noche triste. Pero me dejaron contar la historia libremente. No tenía que seguir los guiones, porque ello no hubiera tenido sentido, sino que tuve la suficiente soltura literaria para manejar los temas, entrar en detalles que en la serie no se tocaban, etcétera. Así fue como nació el libro.
¿Qué es para ti Hernán Cortés, que representa su figura histórica hoy? ¿Sigue siendo ese gran villano que nos inculcaron a los mexicanos en la escuela?
Buena parte del éxito que he tenido como divulgador histórico es que desde hace mucho me liberé de prejuicios. Ya no me casé con dogmas como que si Benito Juárez era el héroe impoluto o si Agustín de Iturbide fue un villano cruel. Yo siempre invito a mis lectores y a las personas que me siguen en los distintos medios donde trabajo a que hagamos un strip-tease de prejuicios. Creo que los mexicanos estamos muy prejuiciados en mil cosas, pero particularmente cuando nos acercamos a la historia de nuestro país. Yo también crecí con la historia de “Cortés el maldito” o de “los malvados españoles, genocidas, explotadores.ambiciosos” a quienes les debemos todas las desgracias habidas y por haber. Se nos decía que los conquistadores estaban conformados por lo peor y más bajo de la sociedad española de aquella época y la verdad es otra. Pienso que hace falta volvernos a acercar a los distintos momentos de nuestra historia y tratar de comprenderla en sus respectivos contextos. Si tú sacas a Cortés, a Hidalgo o a Juárez de su contexto y los tratas de explicar de acuerdo a los valores del siglo XXI, los tres reprueban. Todos ellos tuvieron momentos muy oscuros y tomaron decisiones muy controversiales, pero hay que entenderlos en su circunstancia. Si no, no los comprenderemos y convertiremos a la historia en discurso político. Es lo que estamos viendo hoy con la llamada Cuarta Transformación. La 4T trae un discurso histórico politizado: los liberales maravillosos, los conservadores terribles, etcétera. Hace falta estudiar de nuevo quienes eran los liberales y quiénes eran los conservadores del siglo XIX, las circunstancias en las cuales vivieron. Yo no pienso que Cortés sea un héroe. Sin embargo, si quieres entender lo que es este país, tienes que reconocer que el 50 por ciento de nuestra historia es Hernán Cortés y los españoles a partir de 1519. No somos una nación indígena. Hoy tenemos a un 10 por ciento de población indígena. El otro 90 por ciento es producto de la fusión entre los españoles y los nativos. Nos guste o no, somos hijos de Cortés y de Pedro de Alvarado y de Bernal Díaz del Castillo y de Cristóbal de Olid y de todos los que siguieron llegando. Y somos descendientes de los esclavos negros que llegaron después de la Conquista. Y de las naciones indígenas que estaban en lo que hoy es México. ¿Quieres negarlo? Entonces estás negando a la mitad de tu raíz, a tu padre o a tu madre. Así de simple.
Ya que mencionas a la 4T, ¿qué te pareció la famosa carta que el presidente López Obrador le mandó al rey de España para exigirle que nos pidiera perdón por la Conquista?
Absurda. El discurso funciona porque obviamente la gente que apoya al presidente le aplaude. “¡Qué maravilloso que defienda los derechos de los desposeídos en la historia de México”, etcétera. Pero discúlpenme: la historia universal es una serie de migraciones, sucesiones e imperios. Si siguiéramos esa lógica del pedir perdón, yo exigiría que los descendientes de los aztecas –si es que hoy todavía hay descendientes puros de aquellos mexicas que vivían en Tenochtitlán– pidieran perdón a las tribus que ya estaban en el Valle de México cuando ellos llegaron a invadir y a someter. Los aztecas no nacieron en el centro del país. Pertenecían a las tribus bárbaras del norte. Sometieron a los señores de Azcapotzalco, a los de Tacuba, a los de Texcoco. También a los tlaxcaltecas. Por ahí habría que empezar. Pero son cosas que me parecen muy demagógicas y que pertenecen más a la política que a la historia. Los aztecas llegaron a la gran cuenca de México de la misma forma que lo hicieron los españoles. Ambos eran foráneos. Ambos eran conquistadores. Nadie puede negar que hubo sangre derramada, pero de ahí a llegar al absurdo de hablar de que en la Conquista española hubo genocidio, resulta una barbaridad. Nunca hubo una intención sistemática de Cortés y de los españoles por acabar con la población nativa, como sí pasó con los ingleses en lo que hoy son los Estados Unidos. Nunca hubo un genocidio como el que vimos en el holocausto nazi contra los judíos. Ese tipo de posiciones extremistas son las que impiden que nos podamos acercar a la historia y comprender sus hechos. En la historia, por otra parte, no hay verdades definitivas. Siempre hay que cuestionarlo todo.
¿Hace falta que los mexicanos nos reconciliemos con el pasado?
Reconciliarnos con el pasado no significa que olvidemos. ¡Pero ya pasaron 500 años, por Dios! Somos lo que somos y no se puede hacer absolutamente nada al respecto.
¿Deberíamos estudiar más etapas como la del Virreinato que casi se nos oculta en la enseñanza oficialista de nuestra historia?
Fíjate, son 300 años de dominación española que es más de lo que llevamos como nación independiente. Justo porque la historia oficial ha despreciado esos tres siglos es que no entendemos bien por qué somos como somos.
Un personaje esencial en la Conquista y por lo tanto también en tu libro y en la serie Hernán es el emperador Moctezuma, quien habría permitido la entrada de los españoles en Tenochtitlán por creer supuestamente que eran descendientes de Quetzalcóatl.
Yo creo que hay mucho desconocimiento al respecto. La historia oficial nos dice que los aztecas fueron derrotados porque los conquistadores traían armas de fuego y caballos, además de porque creyeron que los españoles eran descendientes del dios Quetzalcóatl. Es posible que, muy al principio, Moctezuma sí pensara esto último. Pero conforme fue avanzando el tiempo, los indígenas se fueron dando cuenta de que eran humanos, de carne y hueso, que sangraban y morían igual que ellos. Pronto supieron pues que no eran deidades y que hasta se los podían comer. La Conquista no fue entonces porque se creyera que eran dioses. En cuanto a las armas, los cañones no tenían tanto alcance y para cargar un arcabuz, los soldados tardaban hasta diez minutos para cada tiro. Eran mucho más eficaces los arcos y flechas de los aztecas o, en su caso, las espadas, las lanzas y las ballestas de los propios españoles. Cuando Moctezuma recibe a Cortés, aquel ya sabe que este y los suyos son hombres, con dos brazos, dos piernas, etcétera. Aunque eso sí, muy ambiciosos. Esa interpretación de la derrota azteca es fruto de la constante victimización de nosotros mismos. Moctezuma los recibió como a lo largo de su reinado había recibido a otros señores indígenas, con la cortesía que se acostumbraba. De ningún modo se le puede tildar de traidor a su pueblo. Él pensó muy posiblemente que se trataba de una visita y que en poco tiempo se iban a ir. Nunca imaginó cómo terminaría todo. Entre la llegada de Cortés, el 8 de noviembre de 1519, y la Noche triste, el 30 de junio de 1520, pasaron poco más de siete meses y en todo ese tiempo el único incidente violento fue la matanza del Templo Mayor, cuya responsabilidad debe achacarse a Pedro de Alvarado. Yo creo que Cortés llegó a pensar que podría lograr que Moctezuma aceptara ser vasallo del rey Carlos V sin necesidad de derramar sangre.
Otra supuesta traidora es Malintzin, ese enorme personaje histórico femenino que es la llamada Malinche.
De Marina y los tlaxcaltecas yo recuerdo precisamente oír de niño que eran unos traidores a la Patria. En El laberinto de la soledad, Octavio Paz llama a Malintzin “la chingada”, es decir, la mujer violada, la que se entregó a los españoles. Ese es un extremo. Pero tampoco digo que, como algunos afirman en sentido contrario, la Malinche sea la primera feminista que hubo en el país. Marina tenía 15 años cuando junto con otras jóvenes indígenas le fue regalada a Cortés y este se la otorgó a uno de sus hombres, de apellido Portocarrero. Sólo hasta que se descubren sus dotes como traductora, porque sabía hablar maya y náhuatl, es cuando empieza a adquirir un papel fundamental. Yo jamás la tacharía de traidora. ¿Traidora a quién? Siempre perteneció a pueblos sojuzgados por los aztecas. México no existía como país. Ella no traicionó a los mexicanos. Odiaba a los que sojuzgaban a su gente. Igual sucedió con los tlaxcaltecas que vivían sometidos por Tenochtitlán. Estos se unieron a los españoles porque estaban hartos de los aztecas, de los tributos que les exigían, de los prisioneros que les tomaban para sacrificarlos. Entonces tampoco se les puede considerar como traidores. Marina es un personaje fundamental en todo el proceso de la Conquista. Su lealtad fue con Cortés, porque él fue quien la liberó de los yugos a los que había estado atada toda su vida. Estuvieron juntos de 1519 a 1526 que es cuando él la casa con uno de sus hombres, aunque antes, en 1523, habían tenido un hijo al que llamaron Martín. Marina al final fue recompensada por Cortés en muchos sentidos.
Háblame del papel de Bernal Díaz del Castillo.
Me gusta mucho Bernal. Aunque hay quienes tratan de descalificarlo por haber sido tan cercano a Hernán Cortés –y por ello lo consideran parcial– o por haber escrito su Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España veinte años después de los acontecimientos. Pero el hecho es que estuvo ahí. No hay otro personaje con esa lucidez y esa capacidad de escritor que haya sido testigo presencial de los hechos. Bernal era un soldado que se puso a escribir años después. ¿Qué su testimonio puede ser sesgado? Imposible que no lo sea. Él cuenta las cosas como las vio y como las juzgó. Pero nadie le puede quitar el mérito de que estuvo ahí, de 1519 a 1521; que conoció personalmente a todos los personajes –Cortés, Moctezuma, Marina, Pedro de Alvarado– y que escribió un libro maravilloso. Para mí es la fuente principal de la Conquista. Incluso hacer una serie sobre su persona estaría muy bien.
El libro termina en el momento de la llamada Noche Triste. Cuitláhuac aparece casi al final y Cuauhtémoc de hecho no es mencionado en el libro y tampoco en la serie. ¿Esto quiere decir que habrá una segunda entrega de Las caras ocultas de Hernán Cortés y por consiguiente una segunda temporada de la serie Hernán?
Los protagonistas que mencionas vendrán en una segunda entrega del libro que espero salga este año. Sobre la serie, parece que ya están trabajando en una segunda temporada. No se puede quedar a la mitad. Faltan muchas cosas por contar. Es fundamental conocer lo que sucedió después de la Noche Triste.
¿Podrías mencionar tres libros que recomiendes a nuestros lectores para ampliar la bibliografía sobre Hernán Cortés?
Básico: Hernán Cortés de José Luis Martínez. Una obra fundamental. Desde luego también la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo. Por último, La conquista de México de Hugh Thomas, sobre todo para alejarnos de ese apasionamiento en el que de pronto caemos en México con respecto a Cortés. Con esa frialdad flemática de los ingleses, Thomas hace un relato histórico extraordinario.
(Entrevista publicada el día de hoy en la versión en español de Los Ángeles Times)
martes, 7 de enero de 2020
The Warning: listas para el despegue
Sus orígenes se remontan al año 2014. Aún eran unas niñas y grabaron un video en el sótano de su casa, con la canción “Enter Sandman” del grupo de heavy metal Metallica. El video se volvió viral en YouTube y al día de hoy tiene cerca de 20 millones de vistas. Me refiero al power trío The Warning, originario de Monterrey, Nuevo León, el cual ha logrado internacionalizarse durante los más recientes tres años hasta lograr una creciente aceptación en los Estados Unidos, Canadá y Europa. Conformado por las hermanas Daniela, Paulina y Alejandra Villarreal, el grupo tiene grabados un EP (Escape the Mind, 2015) y dos larga duración (XXI Century Blood, 2017) y Queen of the Murder Scene (2018). En 2019 lanzó su primer sencillo en español (“Narcisista”) y para este 2020 tiene planeada una gira por todo Norteamérica que inicia el 14 de marzo, en el festival “Vive Latino”, en Ciudad de México, para recorrer varias ciudades de toda la Unión Americana y el Canadá y finalizar el 2 de mayo, en el festival metalero “Domination”, otra vez en CDMX, en el que alternarán con grupos como Def Leppard, Nightwish, Testament, Opeth, Misfits, Rancid y Blue Öister Cult, entre varios más. Antes, los próximos días 15 y 16 de enero, se presentarán en el conocido Whisky A Go-Go de Los Angeles (West Hollywood), California.
Con Dany (guitarra, piano y voz), Pau (batería, piano y voz) y Ale (bajo, piano y voz), de 20, 17 y 15 años respectivamente, es la siguiente charla.
¿Cómo evalúan el 2019 y cuáles son los planes y perspectivas para este 2020?
Dany: Fue un año lleno de experiencias nuevas para nosotras. Aprendimos muchísimo y estamos muy agradecidas con todas esas experiencias, amistades y retos que nos han hecho crecer.
Pau: Esperamos que el 2020 sea un año aún mejor. Vienen muchas cosas emocionantes para nosotras, como la grabación de nuestro tercer álbum y nuestra gira norteamericana que es un honor empezarla en el “Vive Latino” y después de pasar por Estados Unidos y Canadá, regresar y cerrarla en Ciudad de México de nuevo, en el festival “Domination”. ¡Y eso es sólo la primera mitad del año!
A más de cinco años del video con su versión de “Enter Sandman” de Metallica, ¿cómo miran el pasado, qué ha sido para esas pequeñas niñas de 2014 este lustro tan vertiginoso, qué tanto han cambiado las vidas de las tres?
Pau: Cuando de repente nos topamos con el video y lo volvemos a ver, nos damos cuenta de cómo hemos crecido desde ese entonces, tanto física como profesionalmente, tanto en el desempeño en nuestros instrumentos como en nuestro performance.
Dany: Y obviamente también en nuestras composiciones, ya que en ese entonces tocábamos puros covers y ya poco después dimos ese salto a empezar con nuestra propia música. Sigo sin creer que eso pasó hace sólo cinco años. Se siente como algo muy muy lejano. Definitivamente nuestras vidas han cambiado mucho: de estar tocando covers en el sótano de nuestra casa a participar con nuestra propia música en festivales tan importantes como el Hell&Heaven, el Mother of All Rock, el Rock al Parque, etcétera, frente a miles de personas.
Un aspecto que a mi modo de ver las distingue del resto de los grupos mexicanos de rock es la manera como han logrado ganarse las preferencias de distintas generaciones, pero muy especialmente de quienes superamos los 60 años de edad y vemos en ustedes un renacimiento de algo que creíamos perdido: la autenticidad en la música, el gusto de tocar, de crear arte sin importar cuestiones como la comercialización excesiva que hoy se vive. ¿Cómo les resulta saber que además del público de su edad existe otro público, incluso a nivel internacional, de mucho mayor edad que la de sus propios padres, que las sigue y en quienes han hecho renacer las esperanzas en el rock?
Ale: Si hemos notado que mucho de nuestro publico son personas más grandes. Creemos que tiene que ver con el tipo de covers que empezamos tocando y que nuestras composiciones de alguna manera se ven influidas por el rock de aquellos años. Aparte que la manera en que componemos nuestras canciones es la misma que se utilizaba cuando no había tanta tecnología. Es directamente con nuestros instrumentos, no desde una computadora con sonidos electrónicos predeterminados. No que eso tenga algo de malo, la verdad, pero sí es diferente el resultado al hacer una canción y creo que eso llama la atención de nuestro público mayor y crea una conexión entre este y nuestra música. Nosotras creemos que la música es universal, que el rock no tiene género, edad o estatus social, ¡es para todos! Y nos encanta saber que se nota que disfrutamos lo que hacemos y cuánto nos divertimos en el escenario. En nuestros shows es increíblemente bonito cuando nos toca ver a una una niña o niño de seis años, cantando nuestras canciones al mismo tiempo con su papá y su abuelito.
Dice el youtuber canadiense Ryan Rebalkin que al escucharlas por primera vez, sintió como si los espíritus de Jimi Hendrix y John Bonham hubieran bajado a la Tierra y al verlas hubieran infundido en ustedes su alma rocanrolera. ¿Qué piensan de esta opinión y qué representa para ustedes el rock que se hacía en los años sesenta y setenta del siglo pasado?
Ale: ¡Es demasiado! ¡Definitivamente no nos comparamos con esas leyendas del rock! Nos encantaría llegar a esos niveles, pero sabemos que nos falta mucho por aprender y recorrer.
¿Qué piensan de otros grupos clásicos como los Rolling Stones, The Who, The Kinks y los propios Beatles? ¿Les gustan, conocen y les dice algo su música?
Dany: Para serte bien sinceras, de esas bandas que mencionas conocemos poco, con excepción de los Beatles. Nuestras influencias más grandes son Queen, Pink Floyd, AC/DC, Billy Joel, Elton John y, más nuevas, Muse, The Killers, My Chemical Romance, Paramore… Su música definitivamente ha sido muy importante en nuestro desarrollo.
Suelen presentarse en locales más o menos pequeños, pero su música se presta también para tocar en grandes arenas y estadios. ¿Se contemplan algún día tocando en esas grandes arenas, como artistas principales y ante decenas de miles de espectadores?
Dany: ¡Claro! Es uno de nuestros sueños y objetivos más grandes. Seguiremos trabajando mucho para intentar lograrlo. Pero además de eso nos encantaría seguir tocando en lugares pequeños, ya que es una experiencia muy diferente. Disfrutamos bastante nuestros shows en esos lugares, pues tienes al publico muy cerca de ti, puedes ver sus expresiones al momento de recibir el sonido de tu música y en general es una experiencia más intima entre artista y audiencia que nos encanta.
¿Cómo fue el momento en el que compusieron su primera canción y descubrieron su talento como autoras? ¿Cuál fue esa canción y quién de ustedes la escribió?
Dany: Nuestra primera experiencia en la composición nace de un reto de Pablo González, quien era maestro de bajo de Ale y luego se convirtió en nuestro mentor, amigo y familia. Pablo insistía en que estábamos listas para componer, aunque nosotras no le creíamos. Nos encargo como tarea divertida que hiciéramos una canción cada una, a ver qué salía, y fue así como empezamos. Nuestro primer EP incluye esas tres canciones que compusimos. La mía fue “Eternal Love”, la de Pau “Fade Away” y la de Ale “Take Me Down”. Justo después de trabajar en esas canciones de manera individual, emocionadas con nuestro descubrimiento al ver todas las posibilidades que hay al hacer música, hicimos una canción todas juntas que fue “Free Falling” y Pau hizo otra, llamada “Escape the Mind”, que fue el título de nuestro EP. Jamás tuvimos la intención de lanzar esa música que fue lo primerito que creamos como banda, pero ya al ver que pasó de ser sólo un ejercicio a algo muy importante para nosotras, dimos el siguiente pasó en la lección y lo grabamos. Meramente para tener la experiencia de grabar canciones en el estudio y ver el proceso por el cual pasaba la música. Ahí las tres encontramos nuestra pasión por ciertas partes del proceso.
Una de sus principales cualidades como compositoras es la manera como estructuran sus canciones, la forma como encuentran el momento justo para un rompimiento de ritmo, un cambio de estrofa, un solo o un riff de guitarra, un redoble de batería, una línea de bajo. ¿Estos arreglos también los hacen entre las tres?
Dany: ¡Sí! Todo, todo, todo, antes de un resultado final, se basa en la opinión de las tres. Siempre componemos con eso en mente, que cada canción fluya y que cause un impacto al que la escuche, de perdida eso tratamos. Pero igual al trabajar tanto en una canción se vuelve difícil ver qué es mejor para ella, si quedarnos con ese riff en particular o mejor inventarle otro, si ese patrón de batería nos da la energía y el drive que imaginábamos o si esa línea de bajo crea el espacio que queremos. Y a la hora de arreglar y decidir estas cositas es cuando nuestro equipo se vuelve más grande. Nuestro productor, Jake Carmona, a quien queremos muchísimo y trabajamos súper bien con él, nos ha acompañado en este proceso e igual hemos crecido juntos; hemos aprendido mucho de él, al igual que él de nosotras. Nos tiene mucha paciencia, ya que podemos ser muy insistentes en nuestras visiones y opiniones. Pero lo logramos cada vez, somos muy buen equipo. También mis papás nos dan sus opiniones en las canciones, pues tienen otra perspectiva diferente a la nuestra. Sobretodo mi papá tiene un oído muy desarrollado. Y después nuestro manager, Rudy Joffroy, también. Tomamos muy en cuenta todas la opiniones de estas personas y las consideramos parte de nuestro sonido y de quiénes somos como banda.
Para seguir con el tema de la composición, ¿cómo es su proceso para componer? ¿Empieza alguna de ustedes con una idea y la desarrollan entre las tres o cada una compone la pieza completa?
Dany: Cada una trabaja de manera distinta. Al igual, cada canción es única en su proceso. No tenemos una fórmula precisa. Sin embargo, la mayoría de las canciones surge de una idea de Pau y la desarrollamos entre las tres. Pero a veces ella puede hacer toda una canción completa, música y letra, o puedo ser yo o Ale crea la línea de bajo… En realidad, cada canción es diferente. Lo que sí te puedo decir con seguridad es que es Pau la que tiene mas inspiración, es una persona muy creativa y Ale y yo somos más metódicas.
Respecto a las letras, sorprenden por su calidad literaria y su profundidad. ¿Son buenas lectoras? ¿Qué les gusta leer y cuáles son sus autores y autoras favoritos?
Pau: Nos gusta muchísimo leer. Por desgracia, últimamente no nos damos el tiempo para dedicarlo a la lectura. Los libros y autores que nos gustan son novelas de fantasía como las series de Harry Potter, de J.K. Rowling; Percy Jackson, de Rick Riordan; The Hunger Games, de Suzanne Collins; Throne of Glass, de Sarah J. Mass; Scythe, de Neal Shusterman… Nos gusta leer los libros en inglés. Tal vez por eso nos llega la inspiración para escribir canciones en ese idioma. Incluso tenemos un vocabulario más amplio en inglés, nos es más retador componer canciones en español.
¿Cuál ha sido el papel de sus padres, aparte de haberles proporcionado el gusto por la música y haberlas apoyado en todo?
Dany: Nuestros papás son parte de la banda. No somos tres, somos cinco y ellos tienen un papel muy importante en todos los aspectos de nuestra vida. Si no fuera por ellos y su guía, no estaríamos en donde estamos. Esto no quiere decir que no tengamos diferencias o diferentes opiniones entre los cinco, pero siempre logramos encontrar el punto medio para ponernos de acuerdo.
Pau: Nuestros papás son todo. A veces es difícil separar los momentos familia/trabajo, pero hacemos un esfuerzo por mantener ese equilibrio. Es difícil sentarte a la mesa a comer y no platicar sobre las canciones, la música o el show.
Ale: Nuestros papás son los que hacen todo posible. Siempre viajamos juntos y hacen de todo por nosotras. Los queremos muchísimo y estamos súper agradecidas con ellos.
Una reacción muy común entre quienes ven por primera vez el video de “Dust to Dust” en El Lunario es su sorpresa ante la participación de Rudy Joffroy y su parte discursiva. ¿Qué representa para ustedes el papel que ha jugado Rudy como su manager?
Ale: Rudy es también parte de la familia. Se complementa perfectamente en todos los aspectos con mi papá y mi mamá en cuestiones de manejo de la banda. En realidad, somos una gran familia con la misma pasión y amor por lo que hacemos. Es una persona muy especial para nosotros.
“Narcisista”, su primera canción en español, ha tenido un enorme éxito. ¿Piensan seguir escribiendo en nuestro idioma o la tendencia será mayormente hacia las piezas en inglés?
Dany: Se nos da la composición en inglés, naturalmente nos llega la inspiración así. Pero no descartamos hacer más composiciones en español, porque sí nos gusta mucho, aunque definitivamente la mayoría será en inglés.
Si cada una pudiese nombrar su canción favorita de The Warning, ¿cuál sería esta?
Dany: Hmm, esa es una pregunta difícil. La preferencia cambia de vez en cuando, pero ahorita mi favorita definitivamente es “Queen of the Murder Scene”.
Pau: Yo creo que ahorita mi canción favorita es “Narcisista”.
Ale: La mía es “Dust to Dust”.
Se sabe que ya trabajan en su tercer álbum. Es un gran reto después de la perfección de Queen of the Murder Scene. ¿Temen no poder superarlo o, por el contrario, creen que lograrán algo aún mejor?
Dany: Yo, la verdad, sí qué miedo, ¡ja ja! Cuando escuchas el resultado final de un álbum, siempre existe el “hubiera”. Gracias por lo de “perfección”, no sé si nosotras lo calificaríamos de esa manera. Sin embargo, intentamos transmitir ese amor por lo que hacemos por medio de nuestras canciones y si logramos tocar almas a través de nuestra música, el objetivo se cumple.
Pau: Siempre está el miedito de si va a gustar o no, pero al final el resultado es parte de una evolución personal y cuestión de gustos de quien lo escuche.
Ale: Pues al final siempre intentamos dar lo mejor posible para nuestra música, basado en que nos guste a nosotras, intentando transmitir eso a quien la escuche.
Por último: ¿cómo se ven ustedes de aquí a diez años, cómo ven a The Warning en 2030?
Ale: Ojalá que tocando con nuestro propio show frente a miles de personas. Hablo por mis hermanas también, porque sé que nuestro sueño es llegar con nuestra música a todas partes del mundo.
(Entrevista que le hice a The Warning y que fue publicada el día de hoy en el sitio de Los Angeles Times en español)
martes, 26 de noviembre de 2019
Sr. Swing, predicando la palabra del jazz
En la Ciudad de México las cosas no están tan organizadas y muchos músicos tocan en la calle de manera “ilegal”, por lo que deben estar atentos a la intempestiva llegada de la policía que en el mejor de los casos les pide moverse y en el peor, los extorsiona o incluso les incauta sus instrumentos, es decir, su medio de trabajo.
Todos hemos visto a músicos callejeros de muy distintos géneros y calidades. Algunos asombran, otros resultan simpáticos, otros dan pena ajena, pero todos son respetables y hacen su lucha cotidiana en medio del fragor citadino y de la indiferencia de la mayoría, a menos que su música llame tanto la atención que obligue a detenerse para escuchar y disfrutar.
Sr. Swing –o Sr. Swing Hot Jazz Band– es un quinteto mexicano de jazz de gran calidad, cuyo sonido remite a los inicios del género, a aquellos años veinte, treinta y cuarenta en que la música Dixieland y el swing reinaban y cuando destacaban músicos como Sidney Bechet, Jelly Roll Morton, Ben Webster y Louis Armstrong, entre muchos otros.
Conformado por Vladimir Zárate (guitarra), José Mondragón (clarinete y trombón), Alex Paz (trompeta), Ángel Rodríguez (batería y percusiones) y Sergio Carrera (bajo y contrabajo), el grupo se inició cuando Zárate y Paz se conocieron en un taller para guitarristas en Coyoacán, donde su maestro, quien acababa de regresar de Francia, los introdujo en el universo del jazz manouche o gypsy jazz. Fue así que descubrieron a músicos como Django Reinhardt, Stéphane Grappelli y Bireli Lagrene, pero también a Benny Goodman y Charlie Christian y decidieron que ese era el estilo que querían interpretar. Iniciaron algunos proyectos (Vladimir en la guitarra, Alex en la trompeta y otros instrumentistas) y fueron explorando más música, como el jazz Dixieland, el jazz hot y el swing.
Al poco tiempo, se integraron Mondragón y Rodríguez y ya como cuarteto, empezaron a tocar en las calles de la ciudad. Así fue como nació Sr. Swing, al que más tarde se sumaría Carrera como bajista, para solidificar la sección rítmica. Sergio los vio un día tocar a las afueras de la estación del metro Etiopía, les comentó que tocaba el contrabajo y de inmediato fue aceptado.
El nombre de Sr. Swing surgió porque cuando el grupo comenzaba, detrás del lugar donde ensayaba había una iglesia de la que solían escucharse cánticos religiosos y los músicos comentaban entre risas “ya es la hora del Señor del Swing” y así, entre broma y broma, adoptaron ese apelativo.
“Era el Sr. Swing predicando la palabra del jazz”, dice Vladimir Zárate ante las carcajadas de sus compañeros.
Pero, ¿cómo fue que decidieron ser músicos callejeros? Cuenta Alex Paz que cuando era estudiante, se juntaba con otros músicos y salían a tocar en la calle. “Desde el principio me gustó sentir ese contacto directo con la gente”, comenta.
Al preguntarles si para tocar en la vía pública necesitan sacar permisos, comentan que en realidad en la CDMX no existe un permiso como tal y que, si acaso, a algunos músicos se les otorga “una especie de licencia para trabajador no asalariado”, pero que realmente “no sirve de nada y de todos modos los policías te llevan al cívico”. Eso obliga a los músicos a no moverse de puntos que consideran más o menos seguros y hace que no exploren nuevos lugares.
“Los policías nunca nos dicen por qué nos van a quitar”, comenta Zárate. “Unos que porque estorbamos, otros que porque estamos pidiendo dinero o porque vendemos nuestros discos sin permiso o porque hacemos escándalo”.
Los integrantes de Sr. Swing cuentan sin embargo que últimamente han tenido menos problemas cuando tocan en la calle, ya que se unieron a un colectivo de músicos callejeros del Centro Histórico de la ciudad en el que existe un censo de integrantes que fue dado a conocer a las autoridades.
A pesar de las dificultades que implica tocar básicamente en las calles, el grupo se ha vuelto autofinanciable y sus ingresos, lo que recolectan de la gente que los ve, les dan lo suficiente para vivir y permiten que sus cinco integrantes puedan dedicarse profesionalmente y de tiempo completo a tocar.
Acerca de la respuesta de los transeúntes, Ángel Rodriguez dice que la gente reacciona de diferentes maneras. “Hay quienes se sorprenden cuando nos escuchan, algunos quizá porque no conocen el estilo de jazz que tocamos y otros precisamente porque lo conocen, pero nunca he visto que alguien se moleste con nuestra música. Al contrario, hay a quienes incluso les da nostalgia al oírnos y no faltan los que se ponen a bailar –o al pasar caminando frente a nosotros realizan pasitos de baile–; imagino que porque nuestro repertorio es muy alegre y les hace mover los pies”.
José Mondragón recuerda que, en cierta ocasión, una señora “se acercó a decirnos que aquel jazz le hacía recordar a su mamá, porque ella solía poner discos de aquella música en su casa. En otra ocasión se nos acercó un hombre bien vestido, pero muy ebrio, que no dejaba de llorar y decía que se iba a tirar a las vías del metro para matarse, debido a una decepción amorosa; pero se quedó a escucharnos –ahí, a la entrada del metro Etiopía–, empezó a alegrarse, se puso a bailar y al final se fue, ya más tranquilo, y nos dejó un billete de 500 pesos. Y una vez que fuimos a tocar a Sayulita, en Nayarit, unos gringos nos dijeron que sonábamos mejor que los músicos de Nueva Orleans, ¡ja ja!”.
“A los niños también les llama mucho la atención”, interviene Alex Paz. “Sobre todo cuando ven el lavadero que toca Ángel.
Curioso resulta saber que el lavadero, ese instrumento típico del jazz Dixieland en particular y de la música de Nueva Orleans en general, en realidad es eso: un lavadero portátil para la ropa y que los músicos negros de fines del siglo XIX o principios del XX lo adoptaron y adaptaron como instrumento de percusión. “Vlady consiguió el primero que tuvimos, lo compró cerca del mercado de la colonia Guerrero”, cuenta el propio Ángel Rodríguez. “De hecho, yo soy baterista y nunca había tocado un lavadero. El que tengo ahorita, lo conseguí en la Merced; no en una tienda de música, sino donde venden artículos para la limpieza”, termina divertido. Para percutirlo y llevar el ritmo, Ángel utiliza anillos. “Hay lavaderistas que usan dedales o cucharas, pero yo me acomodo mejor con los anillos”.
Acerca del repertorio de la banda, este se conforma “con piezas que nos gustan”, comenta Alex Paz. “Ya sea que las escuchemos y las arreglamos o las sacamos de varios libros con partituras, especialmente de jazz, que tenemos. Todos leemos música”.
“Todavía no tenemos piezas originales, pero sí queremos empezar a componer nuestras propias rolas, para enriquecer el repertorio”, concluye Zárate.
Sr. Swing tiene por ahora dos discos grabados que suelen venderse durante sus presentaciones, ya sea en la calle o en algunos lugares cerrados donde también llegan a presentarse, como el Terraza Catedral, en el número 4 de la calle Guatemala, en el Centro Histórico. El primer disco lo hicieron en Puebla, gracias a los buenos oficios de una amiga suya. Se grabó en directo, en una sola toma, a lo largo de una mañana. El segundo, Etiopía Jam (2019), es una producción con un sonido más profesional que ya puede escucharse en Spotify y otras plataformas similares.
(Entrevista que me fue publicada el día de ayer en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)
miércoles, 13 de noviembre de 2019
Fernanda Solórzano y los misterios de la sala oscura
Mi primera y más que obvia pero necesaria pregunta: ¿cómo surgió la idea de escribir Misterios de la sala oscura?
Surgió de la sensación de que me gusta mucho lo que hago –los ensayos, las críticas semanales–, pero que eso está atado a la coyuntura y a las limitaciones de escribir sobre lo que se estrena y sobre todo lo actual. También tienes que sujetarte a las exigencias del medio en el que publicas, el número de caracteres, una exposición mucho más clara de lo que estás queriendo decir, etcétera. Por más que quieras, no puedes escapar de estas limitantes y a mí se me antojaba romper con todas esas reglas, con todos esos esquemas, hablar de algo que no pareciera “relevante”, hacer asociaciones de ideas que no tuvieran que tener una conclusión única, jugar incluso con la manera como yo veo el cine. Quería dejar de hacer una crítica tradicional, en la que debes plantear muy bien tu hipótesis y llegar a una conclusión muy clara, y aventurarme más en la idea del ensayo literario, en la que conforme escribes vas descubriendo lo que quieres decir. Esa era la idea básica. Porque tampoco quería que mi primer libro fuera una recopilación de notas ya publicadas, lo cual hubiese sido mucho más sencillo. Eso habría tenido más sentido en los tiempos en que no existía internet, ya que hoy casi todo está a la mano de cualquiera que lo busque. En conclusión, quise que el libro rompiera el esquema de trabajo que yo había tenido normalmente hasta entonces y marcar el inicio de una nueva etapa en ese mismo trabajo.
¿Cómo diseñaste la estructura de los nueve ensayos que conforman el libro –ensayos que contextualizan varios temas alrededor de cada película– y por qué elegiste cada una de las cintas?
Quería escribir de algo más que de películas…, a partir de las propias películas. Para ello pensé en cintas que me dieran pie para hablar de temas que quería abordar y que me interesaban. Temas como la violencia en grupo, la violencia individual, las relaciones entre mujeres y hombres; cosas que están todos los días sin importar el momento y cómo algunas películas se han convertido en paradigmas de esas y otras temáticas que abordo en el libro. Va a sonar un poco pretensioso, pero fue como pensar en un poliedro cuyas distintas partes se conjuntaran y convergieran. Ahora, sí hay en el libro una inclinación hacia una época específica, la del nuevo Hollywood, porque es la época que más me gusta, la que renovó la forma de hacer cine y sigue influyendo en el mejor cine que se hace actualmente. El cine de autor que viene de esa época sigue siendo de interés para muchos. Se colaron una o dos películas que tal vez yo no incluiría entre mis preferidas, caso de Forrest Gump, pero que me permitieron ejemplificar un tipo de cine que me dejaba hablar de ciertos temas. También quería que todas las cintas hubieran pasado cierta prueba del tiempo (por eso la más reciente, The Matrix, es de 1999) y tuvieran ya cierto espacio en el imaginario colectivo; no nada más en el cine, sino fuera de éste. Porque a veces la gente se refiere a ciertos personajes como Vito Corleone, de El Padrino, con gran familiaridad, como si estuvieran entre nosotros, incluso aunque no se haya visto la película. Me pasó con muchos chavitos que no han visto Tiburón, pero reconocen el póster de la cinta.
¿Cuál es el hilo conductor entre todas las películas y por ende, entre todos los capítulos del libro?
Te apuesto a que las nueve películas tendrían un equivalente contemporáneo, aunque no sea tan popular. Con esto quiero decir que todas las películas tocan fibras y tocan problemas que no hemos resuelto. Porque no tienen solución. ¿Cómo solucionas la violencia? Muchas cosas están en la naturaleza humana. De la misma manera, las nueve películas tocan temas que no se agotan y que siguen interesando, preocupando, agobiando. Por ejemplo, existen muchas películas que podrían funcionar alrededor del debate feminista que generó a principios de los años setenta El último tango en París, más allá de que se trata de una película que por su temática hoy día quizá no se podría filmar. Cuando murió su director, Bernardo Bertolucci, en noviembre del año pasado, se reinició ese debate, otra vez con las mismas peleas de hace casi medio siglo. Lo que intento mostrar en el ensayo es que dependiendo desde dónde la vieras, podría resultar contraria al movimiento feminista actual, aun cuando en su época una tendencia del feminismo la veía como una cinta absolutamente liberadora y el propio Bertolucci creó un personaje femenino que no se había creado en el cine hasta ese momento. Pero es lo mismo de toda la vida: si sacas de contexto una película y sólo quieres ver lo que quieres ver, entonces siempre vas a tener este anteojo selectivo. De cada filme se puede derivar una lectura ideológica; pero si le pones por delante otra lente, ya dejas de verla más allá del prejuicio. Otro caso que puede servir para ejemplificar esto es el de Taxi Driver, de Martin Scorsese. Cada vez que veo esos casos de asesinatos en masa que se dan en los Estados Unidos, no puedo sino recordarla. El perfil del personaje principal es como el de los actuales asesinos: el hombre desposeído que siente que le han robado sus privilegios, un hombre que conoce el manejo de armas y que se encuentra convencido de que lo que hace está bien… Es algo que sigue sucediendo. El personaje de Robert de Niro podría ser ahorita un votante de Donald Trump. ¿Cuál es entonces el hilo conductor entre los nueve filmes que trato en mi libro? Que todos abordan temas que podrían tener su contraparte, tanto en la realidad presente como en el cine presente.
¿Cuál fue tu método de trabajo y cuánto tiempo te llevó hacer el libro?
Muchísimo tiempo, casi ocho años. Pero no trabajé en él ininterrumpidamente. Cómo pasa siempre: lo dejas para el final de tu día de trabajo, al final de tus ocupaciones remuneradas; había meses en que no me ocupaba de él; luego vino la enfermedad y la muerte de mi madre… Cosas. Fue mucho tiempo porque lo dejaba y lo retomaba. Pero ya que me encarrilaba con una película, lo primero era verla una y otra vez, más allá de que ya la hubiera visto con anterioridad, pero verla ahora con un nuevo filtro. Dentro de la estructura de cada ensayo hay tres hilos que se entrecruzan. Uno es la biografía tanto del director como del guionista o incluso del actor principal, si es que este tuvo una participación casi de coautor. Dos, conocer cómo fue recibida en su momento la película, porque ahí empezaba el debate. No quise citar reseñas recientes, sino aquellas que hubiesen sido publicadas cerca del estreno. Ver qué decía la película que no se hubiese dicho ya. Esto era un reto, porque de cada una de ellas se ha escrito muchísimo y yo no quería caer en repetir lo ya dicho, tampoco en lo obvio. Busqué todo aquello que me permitiera darles una lectura más fresca. Por cada ensayo, fue un 80 por ciento de tiempo de investigación y lecturas y sólo un 20 de escritura. Pero sobre todo traté de disfrutar el proceso. Y aquí le quiero dar un crédito a Fernando García Ramírez, una persona a la que yo aprecio mucho, como amigo pero más como colega. Fernando fue crucial en animarme a escribir un libro. Yo le dije una vez que quería hacerlo y él no me dejó ir. Fue como una especie de editor sin nada visible a cambio, fue pura generosidad. Todo el tiempo me retroalimentaba con ideas, observaciones y comentarios. Es muy cinéfilo y me recomendaba bibliografía sobre los temas, más allá de lo estrictamente cinematográfico. Me abrió muchísimas puertas. También fue un acicate que valoro mucho. Sin su apoyo y su ánimo, creo que varias veces hubiera dejado por la paz la escritura del libro.
¿De dónde viene tu afición por el cine?
Llegué al cine quizá más tarde que la generalidad de los críticos y cinéfilos. Fue como una extensión de mi amor por la lectura. Lo que más me gusta en la vida es leer. Eso me vino de mi madre. Yo la veía ponerse a leer y perderse en ello durante tardes enteras. Se olvidaba de mí, de mi papá y de todo lo que la rodeaba. Me fascinaba verla y me preguntaba qué era lo que la mantenía en esa especie de trance. Esa curiosidad me hizo acercarme a los libros, a sus libros, que tal vez algunos no eran apropiados para una niña. Mi mamá leía ficción sobre todo, pero también le gustaba mucho la historia. Entre los primeros libros que leí había algunos que ni siquiera entendía del todo. Recuerdo entre ellos Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa; también leí a Luis Spota, cuyos libros eran un laberinto político que tampoco entendía, pero yo creo que no me hizo daño. Mi amor por la lectura tiene que ver también conque soy muy introvertida y solitaria. Soy hija única y a veces cumplo con los clichés de los hijos únicos. Me agobian las fiestas, me agobia el ruido. Te acostumbras a ser tu propia compañía. Entonces los libros y el cine se convierten en ese amigo que no interfiere en tu vida y que hace lo que tú quieres.
Empezaste con la lectura y eso te llevó al cine, ¿cómo se dio ese paso?
Antes, para ver cine tenías que ir al cine. No era como hoy, en que muchos chavos comienzan a ver cine porque tienen a su disposición diversas plataformas. Por lo tanto, tuvo que ser hasta que me volví más independiente y pude empezar a salir sola de mi casa y manejar el carro que comencé a ir, por ejemplo, a la famosa Muestra Anual de Cine. En esos años, si no veías las películas durante la Muestra, ya no las veías nunca. Me iba a los ciclos en el Centro Cultural Universitario. Era mi forma de salirme de la casa. Primero me llegó la necesidad de encontrar algo que fuera una extensión de la literatura, encontrar otros mundos, otros ambientes, y así me fui formando un gusto como cinéfila. Descubrí el placer de estar sola en una sala oscura, frente a una gran pantalla.
¿Y en qué momento decidiste empezar a escribir de cine?
Fue algo muy curioso. Estudié Letras Latinoamericanas en la Universidad Iberoamericana, sin saber que iba a dedicarme a escribir. Todavía estaba en la escuela cuando entré a trabajar en la revista Viceversa. Ya me gustaba escribir, sobre todo ensayos; nunca me interesó escribir ficción. De pronto descubrí que escribir sobre las películas que me gustaban era algo que encajaba con dos cosas que me interesaban: ver cine y hacer textos sobre lo que veía.
Entonces no te volviste crítica por ser una cineasta frustrada, como dicen los que odian a los críticos.
¡No, jamás! Sólo de imaginarme en el centro de un rodaje me parece la peor pesadilla. Tener que coordinar todo, resolver problemas logísticos, lidiar con los actores. ¡Qué horror! A mí me gusta ver películas y contagiar mi entusiasmo o mi irritación o lo que sea. La posibilidad de escribir de cine surgió cuando Naief Yehya, el crítico cinematográfico del suplemento “Sábado”, del diario unomásuno, suplemento que dirigía Huberto Batis, se fue a vivir a Nueva York. Entonces Mónica Braun me dijo que por qué no le proponía a Huberto ocuparme de esa sección. Yo dudé, porque nunca había reseñado películas de manera profesional; además, no me sentía como para llenar los zapatos de Naief y aparte estaba la “leyenda negra” de Batis. Mónica me dijo que nada se perdía llevándole un texto y ella misma me acompañó a verlo. Le llevé un ensayo, se lo dejé, lo publicó y como obtuvo buena respuesta, me propuso que me quedara con la sección de cine. Como ya iba a tener un espacio semanal, entendí que debía profesionalizarme y empecé a hacer una especie de carrera autodidacta en la que me puse a estudiar teoría, géneros, historia del cine. Por suerte, desde entonces ya nunca dejé de escribir. Estuve en “Sábado” casi cuatro años; después pasé al suplemento “Confabulario”, de El Universal, que coordinaba Héctor de Mauleón; estuve en el experimento de revista que fue Cambio, que era la versión mexicana de la publicación colombiana del mismo nombre que dirigió Gabriel García Márquez; y también fui por algunos años la crítica de cine de La Mosca en la Pared que dirigías tú.
¿Cómo aprecian el cine las nuevas generaciones, en estos tiempos de plataformas digitales en los que puedes ver una película en un teléfono celular?
Es claro que la apreciación de las películas ha cambiado mucho. No quiero sonar anticuada o decir que todo tiempo pasado fue mejor, pero las plataformas no necesariamente hacen un buen trabajo de curaduría. Finalmente, necesitas una guía que a veces el internet, con toda la sobreoferta que tiene, no te da. Hay tanto que ver todo el tiempo que la gente se pierde. Aparte, no necesariamente las mejores películas llegan a la cartelera. Pero es un problema que no se limita al cine, sino que lo abarca todo y a veces resulta paralizante. Por ejemplo, con la música: antes esperábamos con ansiedad que saliera tal disco y ahora lo tienes enseguida y casi gratuitamente. Por supuesto que hay una parte increíble en eso, pero da una sensación de no poder abarcarlo todo que llega a ser desesperante. En cuanto a las nuevas generaciones, no quiero demonizar a los millennials ni mucho menos, pero siento que como hoy todo está disponible, existe menos interés por conocer otras cosas. Por ejemplo, ahora que se estrenó la nueva película de Quentin Tarantino, leí varias reseñas de críticos estadounidenses que hacían berrinche porque muchas personas no habían entendido la cinta, pues no tenían idea de quiénes eran Charles Manson, Sharon Tate o Roman Polanski. Y eso sí afecta en otro nivel: ya no nada más en qué eliges ver, sino en cómo lo ves. Estamos ante una revolución digital que tiene muchas ventajas pero que a la vez todavía no acabamos de entender.
¿A dónde va el cine entonces, a dónde van los misterios de la sala oscura?
La pregunta de los mil millones. Desde el punto de vista de la exhibición y la distribución, el dilema es si las plataformas o las salas. Esa es la discusión, porque es algo que pone en jaque a la producción misma. Hay directores como Martin Scorsese que ya prefirió que su más reciente película fuera para Netflix. Debo confesar que a mí cada día me cuesta más ir a una sala de cine, en donde todo el mundo está viendo el celular. Persiste esta idea romántica de la pantalla gigante, la sala oscura… y estaría muy bien, si solamente fuera eso. Pero ahora hasta en las funciones de prensa de los festivales, donde se supondría que todos los asistentes están ahí por el interés en los filmes, la gente está comiendo o atendiendo sus teléfonos. Cada vez es más difícil esa experiencia ideal. Sería entonces muy hipócrita si dijera que las plataformas y las pantallas chicas están matando al cine, cuando yo misma las uso con tal de ver una película con tranquilidad y en silencio. No creo que se acaben las salas de cine, ya que proporcionan una vivencia distinta. Lo que sí sería mortal es que se apueste siempre por las cintas calculadas para recuperar la taquilla: las franquicias, el cine de superhéroes, las comedias románticas… Que existan, pero que exista también el cine de búsqueda. Aunque es más un deseo que una predicción.
(Entrevista que me publicó el día de hoy la versión en español de Los Angeles Times)
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