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lunes, 8 de julio de 2024

Keep Me Fed, la nueva joya de The Warning


Y lo volvieron a hacer.
 

Dos años después de su magnífico álbum Error, tercero en su discografía y primero con el sello multinacional Lava Records (filial de Republic Records y de Universal Music), las integrantes de The Warning (Daniela, Paulina y Alejandra Villarreal Vélez) regresan al territorio de las grabaciones con una nueva chef-d’œuvre de la que hay mucho que comentar y opinar.

Keep Me Fed es el nombre del flamante disco, cuya música resulta muy distinta a la que el power trío de Monterrey, Nuevo León, nos había acostumbrado en sus tres álbumes anteriores (XXI Century Blood de 2017, Queen of the Murder Scene de 2018 y el ya mencionado Error, de 2022, además de su EP debut Escape the Mind de 2015). Si en los anteriores trabajos discográficos existía una sutil y progresiva evolución dentro de la mezcla de rock clásico, hard rock, grunge e incluso trazos de punk y heavy metal, The Warning ha dado un paso afuera de ese camino, sin abandonarlo del todo, al embarcarse en un nuevo sonido que, sin embargo, sigue siendo el suyo (entre las muchas cosas que ha logrado el grupo está el haber consolidado un estilo reconocible y propio). 


Dos maneras de grabar discos

La hechura de los dos álbumes con Lava fue muy diferente. No sólo porque tuvieron productores distintos y con ideas muy disímbolas (el inglés David Bendeth en Error y el canadiense Anton DeLost en Keep Me Fed) sino incluso por las circunstancias como las canciones fueron escritas, grabadas y producidas. Si en el primer caso tuvieron tres largos meses para encerrarse, en plena pandemia de 2020, en una casa estudio de grabación de Nueva Jersey, donde pudieron concentrarse de lleno en el trabajo, en el segundo todo fue más precipitado y vertiginoso, ya que las canciones fueron compuestas prácticamente sobre la marcha y grabadas en los momentos que les quedaban libres en medio de la intensa actividad que tuvo el trío durante 2022, 2023 y parte de este año. Además, en esta ocasión y por primera vez, en la composición de los temas no sólo participaron Daniela, Paulina y Alejandra, sino también el propio DeLost y en dos o tres de ellos Dan Lancaster, tecladista invitado de Muse durante su más reciente gira mundial, a quien conocieron en los conciertos que The Warning le abrió a la agrupación británica (en la que por cierto Matt Bellamy hizo muy buena amistad con Daniela y le regaló una preciosa guitarra Manson de color amarillo mostaza).

Keep Me Fed ha provocado todo tipo de reacciones. Muchos seguidores ortodoxos del grupo lo cuestionan por su sonido, lo consideran híper producido, con demasiados efectos de estudio, con un uso abusivo de los filtros en las voces e incluso lo acusan de comercial y popero. ¿Están en lo correcto?

Es cierto que la producción es menos clasicista que en Error, quizá porque David Bendeth es un productor más de la vieja escuela y más inclinado a los métodos tradicionales de grabación, mezcla y masterización. De ahí el sonido de rock a secas del álbum de 2022. Anton DeLost y Dan Lancaster, en cambio, no sólo pertenecen a una generación más joven que la de Bendeth (algo así como baby boomers contra millennials), sino que cuentan con un bagaje distinto y más apegado a las tendencias actuales, sobre todo en el maistream. Esto no significa que hayan tratado de someter a las integrantes de The Warning a cuestiones como el uso de sintetizadores, cajas de sonido u horrores como el autotune en las voces. Sin embargo, en el disco sí se escucha un empleo de varias de las herramientas y posibilidades que ofrecen los estudios de grabación actuales y eso permitió una amplia experimentación a lo largo de las sesiones. No obstante, en momento alguno The Warning traicionó su esencia en aras de esa “comercialidad” que argumentan algunos ni se han vendido al “sistema”. En absoluto. 


Mantenme alimentada

Doce son los cortes que conforman Keep Me Fed. El disco abre con “Six Feet Deep”, un tema oscuro y potentísimo, inyectado por un vértigo tan sinuoso como  siniestro, en el que podemos apreciar las nuevas estructuras y dinámicas que utilizará The Warning a lo largo del álbum. Tan sólo el riff de entrada es como un cuchillo afilado que penetra los oídos del escucha (recomiendo de preferencia escuchar el disco con audífonos) y un estallido instrumental hace explosión al unirse el bajo y la batería, antes de dar paso a la siempre enfática e intencionada voz de Daniela al cantar con escalofriante desafío las primeras líneas de la canción: “¿Y qué si soy egoísta? / Todo el mundo lo es / No eres un producto de Dios / Deja de decirte eso a ti mismo / Pero es de esperar / porque siempre regresas, una y otra vez”. De ahí sobreviene el aplastante coro, bajo una impenetrable pared de sonido: “Sí, ¿qué es lo que vas a decir / cuando te ahogas con mi nombre? / Porque se acabó / te veré bajo tierra, a seis pies de profundidad” o “Es incontable cuántas veces me empujaste una y otra vez / Pero ya es demasiado tarde / No queda nada que odiar / Qué sabor tan amargo / Qué vergüenza”. Como siempre, las letras de The Warning se prestan a un sinfín de interpretaciones y en este caso no es la excepción (aunque luego de ver el inquietante videoclip de “Six Feet Under” quizá se trate de un mensaje a todos aquellos que desde que surgió el grupo las criticaron y trataron de hundirlas, lo que tristemente sigue sucediendo, especialmente en México, donde el hate está desatado). Secos golpes de guitarra que podrían recordar a Pantera nos llevan a la conclusión de este gran track inicial.

El resto del disco transcurrirá como un tobogán de emociones, un helter skelter que conduce a territorios peligrosos y a momentos fascinantes. La ya muy conocida “Sick” (llegó recientemente al sexto lugar de Billboard) es un tema directo y sarcástico, casi un rock punk, con un riff estupendo (¿cómo hacen estas jóvenes para crear riffs tan buenos en tantas de sus composiciones?) y líneas memorables (“La vida no es algo más que el tiempo que pasa” o “Quiero cometer errores y vivir arrepentida / No quiero dar, sólo tomar...” o “No me importa lo que venga después / Si hay un precio que pagar, lo afrontaré cuando esté muerta”). Fue la primera canción que se compuso para el disco y fue hecha durante una sesión de escritura en Los Ángeles, a la que las hermanas Villarreal no querían ir, ya que Lava se las impuso cuando acababan de terminar una agotadora gira de seis semanas. Fue su primera colaboración con Anton DeLost y la letra se originó en la insistencia del productor por llamar a todo “enfermo”, lo que inspiró la idea para escribir la canción.

“Apologize” es una muestra de la capacidad de The Warning para estructurar canciones a manera de collages, en la que crean diferentes partes musicales que luego embonan con envidiable sabiduría. Un corte que empieza con un beat constante marcado por la guitarra de Daniela Villarreal, cuya voz irrumpe al mismo tiempo con un sentimiento que conlleva angustia y belleza. La estrofa se repite, esta vez secundada por la sólida batería de Paulina y el bajo omnipresente de Alejandra, para marcar aún más la intensidad del corte, intensidad que se interrumpe de golpe para dar paso al pre-coro con una guitarra acústica y un inesperado sonido folk (“No quiero ponerte nervioso / He estado triste pero no deprimida, / desperdiciando el aliento a la espera de nada / porque no te disculparás”). Y sí, la canción habla, según Paulina, acerca de “estar enojado y tener resentimiento hacia alguien que te arruinó de alguna manera y tener que lidiar con las consecuencias”, sobre todo si por añadidura ese alguien jamás se disculpó (para quienes no manejen el inglés, “apologise” significa “discúlpate”). Por cierto que el pre-coro fue escrito en 2016, cuando la propia Paulina tenía tan sólo catorce años y fue la única canción del disco compuesta a la vieja usanza de The Warning: por medio del piano, instrumento que esta presente al final de la pieza, con el pre-coro usado como coda. Y en cuanto al coro: es denso, pesadísimo, otra pared de sonido, un subeibaja cantado por Daniela pero con los gritos aterradores (y muy metaleros) de Paulina: “Apologise!”. Un tema sensacional. 


¿Qué más quieres?

“Qué más quieres” es lo más cercano al llamado rock mexicano que ha hecho hasta ahora The Warning (mucho más que  “Narcisista” o “Martirio”, sus otras dos canciones en nuestra lengua). Esto no quiere decir que se trate de un mal tema. En absoluto. Los arreglos son estupendos, el coro es contagioso y en concierto es ya un obligado para que el público salte y cante al unísono con el grupo. Además, el video con el que fue dado a conocer, escrito y co-dirigido por Paulina Villarreal, es la mar de divertido y la pieza encaja perfectamente en él. 

A “More” se le conoce desde hace tanto tiempo que hasta resulta extraño verla dentro del disco. Es casi como si hubiera sido un sencillo entre Error y Keep Me Fed. Pero se trata de una composición llena de características interesantes. Es el tema con el que The Warning empezó a proponer un cambio, al incursionar en ritmos más bailables, cercanos al funk y al hip-hop. Fue también la canción que provocó que los fanáticos más conservadores del grupo se quejaran porque el trío estaba volviéndose “más pop, más comercial” y entraron en pánico ante la posibilidad de que el nuevo disco significara “el sometimiento de The Warning a los intereses económicos de la disquera”. Nada que ver. “More” es un tema muy disfrutable (incluso para bailarlo), un corte muy sexy y, sí, ha abierto la puerta para que muchas personas en el mundo se sientan atraídas por el trío regiomontano. 

“Escapism” es otra de las perlas recién develadas del nuevo álbum. Musicalmente, parece el tema para un cuento de hadas perverso, con su entrada como de retorcida y siniestra cajita de música. Pero la letra no narra cuento de hadas alguno, sino la dura realidad de una persona que no soporta su vida, su entorno, y quiere escapar de ello a como dé lugar (“Entrar en el vacío /Aunque no signifique nada / El silencio es para evitar / que extienda la mano y me aferre a algo / Ojalá pudiera disfrutar / a los inútiles medios de comunicación / Palabras que sólo destruyen / Me dejan sintiendo, temiendo... / Sólo cierro los ojos hasta que todo se desvanece / Cierro mis ojos y entonces todo se desvanece / Sin embargo, todavía me duele, me rompo y lo intento de nuevo / Pero cerraré los ojos hasta que todo se desvanezca”). Es un tema construido también con perfecto detalle en su estructura y con una dinámica hipnotizante.


Dime, ¿estás satisfecho?

Llegamos a “Satisfied”, otra obra de arquitectura musical catedralicia con la que uno se pregunta cómo es que las integrantes del grupo consiguen incluir tal cantidad de detalles y cambios en canciones de tres minutos de duración. El tema arranca con otro de los bajeos aplastantes de Alejandra Villarreal y un compás seco de la batería de Paulina que dan paso a la voz de Daniela, quien canta: “Puedes tomar todo lo que quieras, pero nunca te será suficiente / Ábreme de tajo, presta atención; exhibida, estoy sangrando óxido / Como una máquina, completaré, obedeceré, perfeccionaré / cada movimiento, cada palabra, hasta que nada quede de mí”. Ahí está nuevamente el tema, tan recurrente en las letras de The Warning, de las relaciones tóxicas. El coro es de un dramatismo implorante: “No puedo seguir odiándote / Es agotador / Por favor, no digas “No me importa” / Es una mentira fácil / Es una mentira tan fácil / Dime, ¿estás satisfecho?”. Musicalmente hay que destacar el fantástico solo de guitarra –que es como Tom Morello tocando con Nirvana– y el final con esos coros apenas perceptibles. Un tema con un mood delicioso aunque inquietantemente tétrico y masoquista: “Puedes tomar todo lo que quieras, pero nunca te será suficiente / Pedazo a pedazo, me desarmo”.

En “Burnout”, el octavo track del disco, el humor negro en la música y la letra nos presenta un corte contagioso y hasta bailable (aunque en una tesitura distinta a la de “More”) acerca de una de esas personas hundidas en la mediocridad y jodidas por su actitud medrosa ante la vida. Otra vez el inicio se da con ese bajo pesadísimo que en su tonalidad recuerda a la versión de Blue Cheer, por allá de 1968, de “Summertime Blues”. El ritmo de la batería es irresistible y todo sirve para que Daniela nos regale otra muestra de sus habilidades vocales. Un rock espléndido y tan divertido como el video que se realizó para el tema. 


Un finale perfetto

Las cuatro piezas con las que cierra el disco no podían ser más perfectas. “Sharks” es un rock duro fenomenal, lo más cercano del álbum al nü metal de principios de siglo, con ecos de Korn, System of a Down, Nine Inch Nails y Tool. Un tema que infecta, que contagia, que te obliga a ser un headbanger aunque no lo quieras. Duro, denso, compacto, espeso, con los instrumentos y las voces a tope. Es literalmente como un ataque de tiburones que te agarra desprevenido e indefenso a la mitad del océano (canta Paulina: “Hay algo que acecha en el agua / Mejor será que ahora nades un poco más rápido / Más te vale ser bueno, más te vale que lo pruebes / Porque te están vigilando”). Los detalles vocales son una maravilla: ahí están los susurros de la propia Paulina “Don’t bleed, don’t bleed” o ese puente como de rhythm & blues actual, con las voces de las tres, que rompe con todo el esquema de la canción pero lo hace de manera magistral (“There’s something lurking in the water / You better swim a little faster now / It’s the meat that really matters” / Does it really matter?”). Tenía que citarlo en el inglés original, sorry.

Y luego viene la ya conocida por muchos “Hell You Call a Dream”, un verdadero himno que fue compuesto ante el hartazgo de las giras y toda la parte negativa que éstas implican (“Me invade la necesidad de permanecer dentro de esta jaula / Sufro día tras día, pero elijo quedarme así / Me quedo sin cosas que decir / ¿Es normal amar lo que odiamos? / Me está agotando de todas maneras / Estoy metida en esto hasta el fondo”), pero a la que también se le puede dar una lectura incluso política y en contra de los totalitarismos (“Dame algo en qué creer / en este infierno al que tú llamas un sueño / Colapso cada día / El caos me pone loca como un animal / Sólo quiero respirar / en este infierno al que tú llamas un sueño”). 

“Consume”, el penúltimo corte de Keep Me Fed, es una de esas canciones que conforme más se le escucha, más cosas se descubren y más gusta. Como detalle curioso, es la primera vez que The Warning emplea una palabra “altisonante” (fucker) en sus letras (la línea completa dice: “You greedy little fucker”, algo así como “Tú, cabroncito codicioso”), lo cual le valió para que en la portada del álbum apareciera el ridículo aviso de “Parental advisory / Explicit content” que empezó a usarse desde la época de Bill Clinton en las carátulas de los discos, para poner en sobreaviso a los compradores. Las Villarreal han tomado este detalle de censura con saludable sentido del humor. También en la letra aparece la frase “Keep me fed” que da nombre al disco. En cuanto a la canción, se trata de una pieza musicalmente poderosa acerca del consumismo, de cómo todos somos víctimas del mismo y de cómo nos quejamos de ser consumista pero aun así lo seguimos siendo. Como postdata, la parte vocal tartamudeante (I-I-I) es de una absoluta exquisitez.

El disco llega a su final con la joya de la corona (algunos alegan que debió ser el corte que abriera el disco y no el que lo concluyera; yo pienso que estuvo bien, porque despierta el deseo de volver a escuchar el álbum). “Automatic Sun” es para mí una de las más grandes canciones de todo el repertorio de The Warning (que ya llega a las 58 piezas –o a las 59, si contamos su recreación de “Enter Sandman” de Metallica, a la que hace tres años hicieron prácticamente suya). Plena de poder y estruendo, desafiante, sensual, llena de inventiva y a la vez con detalles de una sutileza asombrosa, la composición sujeta al escucha desde el atronador inicio y no lo suelta hasta el aún más atronador final, esa coda extraordinaria a la que yo hubiera rogado que hicieran durar al menos dos vueltas más. Por lo que toca a la letra, la misma nos habla nuevamente de una relación tóxica que alcanza dimensiones francamente sadomasoquistas (“Me gusta la libertad / pero de alguna manera todavía me tienes atrapada / El silencio a medianoche / se siente como tus uñas al bajar por mi espalda” o “Y si te arrastras hacia mí / ¿Serás mi espejo? / ¿Reflejarás lo que necesito? / ¡Oh, estás tan fuera de mi alcance!” o “La forma en que me lastimas nunca es suficiente / Esta adicción es difícil de dejar / Si lo quieres todo, entonces tómalo / porque me tienes, me tienes” o “Arde en tu sol automático / Mira lo que me estás haciendo / Dame tu amor psicosomático /

Mira lo que me estás haciendo”. Un final excelso para un disco impecable.


A manera de conclusión

Con Keep Me Fed, The Warning ha alcanzado nuevas dimensiones y a escasos días de su aparición (salió el 28 de junio pasado) ha sido muy bien aceptado en todo el mundo (en Gran Bretaña, obtuvo el primer lugar de ventas durante la primera semana de julio, en la categoría de discos de rock y metal). Publicaciones internacionales como Kerrang le han dado la foto de portada y el grupo ha sido invitado a programas de televisión estadounidenses como Jimmy Kimmel Live!, donde interpretaron en vivo “Sick” y “Automatic Sun”. 

Paradójicamente, como ya mencioné párrafos atrás, no son pocos los seguidores puristas de The Warning que le ponen peros al álbum, al alegar que está demasiado sobreproducido y que con él, el trío de Monterrey se está volviendo comercial y con una tendencia hacia lo que dicta el mainstream. No estoy de acuerdo. Pienso que se trata sí, de un disco distinto a esa maravilla que es Error o a ese tesoro entrañable que es Queen of the Murder Scene (creo que Lava Records haría bien en relanzarlo en una versión remasterizada, al igual que al XXI Century Blood). Sin embargo, Keep the Fed no desmerece en absoluto y con cada escucha se vuelve mejor. Un disco que está conquistando a un nuevo público, sobre todo al más joven que es finalmente el de la misma Generación Z a la que pertenecen Daniela, Paulina y Alejandra Villarreal. Un logro que no es poca cosa. 

The Warning lo ha hecho de nuevo... y puedo asegurar que lo seguirá haciendo por mucho tiempo más.


The Warning. Keep Me Fed. Lava Records, 2024


(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

viernes, 28 de junio de 2024

La sabiduría del tiempo


Hace hoy exactamente cinco años que escribí este, mi primer artículo sobre The Warning, en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la Revista Nexos. Muchos se burlaron por mis apreciaciones y mi pronóstico acerca de las hermanas Villarreal. El tiempo me ha dado la razón.

viernes, 10 de mayo de 2024

Cadillac Records o el blues de Leonard Chess

Hace algunas semanas, en nuestras acostumbradas listas quincenales, “Acordes y desacordes” públicó una relación de diez películas cuya temática gira alrededor del rock y otros géneros afines, entre ellos el blues. Pero un filme se quedó en el tintero, una obra cinematográfica estupenda que trata, precisamente, de blues y de uno de los momentos cruciales (¿una encrucijada?) en la historia del mismo: el nacimiento del primer sello disquero consagrado íntegramente a esta música desde su vertiente urbana.

Me estoy refiriendo a Cadillac Records, la cinta dirigida por Darnell Martin en 2008, en la que se relata de una manera cálida y cautivadora la fascinante manera como surgió en la ciudad de Chicago la legendaria discográfica Chess Records.

  La trama se desarrolla durante la década de los años cincuenta y hasta principios de los sesenta, cuando el blues vivía un momento de auge y el rhythm n’ blues (r&b) se iba consolidando como un género con características propias. En medio de aquel caldo de cultivo tan propicio, Leonard Chess, un inmigrante polaco de raíces judías y con una gran visión empresarial, dueño de un bar de blues en un barrio mayoritariamente afroamericano que administra junto con su hermano Phil, en 1950 decide venderlo y arriesgarse a poner un modesto estudio en el número 2120 de la South Michigan Avenue, para grabar la que en aquel entonces, de manera por demás discriminatoria, era llamada race music, música racial, es decir, la música que producía la gente de raza negra. 

  Con una soberbia interpretación de Adrien Brody como Leonard Chess, la película nos muestra la temprana relación entre éste y un bluesero rural de casi 40 años de edad, recién llegado del delta del río Mississippi, un tal McKinley Morganfield, quien se hace llamar Muddy Waters (Aguas pantanosas) y al que Chess contrata como su primer artista para la flamante disquera. 

  El filme está narrado desde el punto de vista de una de las más grandes glorias del blues, el contrabajista, compositor y productor Willie Dixon (cuyo papel desarrolla con gran sobriedad el actor Cedric the Entertainer), y se centra en la relación (laboral pero también amistosa y hasta íntima) entre Chess y los principales artistas (hoy todos ellos míticos) que va firmando para su sello, con las múltiples vicisitudes que esto conlleva. Figuras como el propio Muddy Waters (interpretado por un excelente Jeffrey Wright), Chuck Berry (Mos Def), Etta James (Beyoncé Knowles), Little Walter (Columbus Short) y Howlin’ Wolf (un asombroso Eamonn Walker) van apareciendo en la cinta con actuaciones magníficas y extraordinariamente verosímiles. En la producción, el casting y la dirección hay un cuidado minucioso por los detalles y con ello se consigue capturar la esencia y el espíritu de cada uno de aquellos mitos musicales y su entorno, con lo cual el espectador se ve transportado a esa época dorada del blues y del nacimiento del rock n’ roll (r&r). 

  Con un guión impecable, Cadillac Records logra mostrar de un modo profundo los desafíos y sacrificios que debieron enfrentar aquellos personajes en su búsqueda de fama, éxito y dinero. Porque sí, dado que todos provenían de sectores sociales muy pobres, algunos incluso de lo que quedaba de esclavitud solapada en el sur profundo estadounidense, para ellos (y para ella, en el caso de Etta James), el dinero era muy importante, aunque de pronto no supieran aprovecharlo de la mejor manera y cayeran en los excesos y el vicio, ya fuera el alcohol o las drogas duras. En ese sentido, la cinta es muy honesta y muestra en forma realista y sin idealizaciones la situación de esos muchas veces sórdidos ambientes.

  Mención aparte merece la banda sonora de la película, con una selección impresionante de clásicos del blues, el r&b y el r&r. Grandes temas de Muddy Waters (“Forty Days and Forty Nights”, “I’m Your Hoochie Coochie Man”, “I Cant’t Be Satisfied”), Little Walter (“Juke”, “My Babe”), Howlin’ Wolf (“Smokestack Lightnin”), Chuck Berry (“Maybellene”, “Come On”) y Etta James (“At Last”, “I’d Rather Go Blind”) y otros que sirven como un perfecto fondo musical para el desarrollo del filme y nos sitúan en aquel mítico Chicago a cuya escena tanto le deben los amantes del blues. 

  Un breve y curioso momento de Cadillac Records es aquel en el que llega a la disquera un quinteto de rocanroleros ingleses de cabello largo que desea grabar algunas canciones en el lugar de sus ídolos. Nadie conoce a aquellos greñudos, los cuales se identifican como los Rolling Stones (“nos pusimos ese nombre en homenaje a su canción ‘Rolling Stone’”, le dice Mick Jagger a Muddy Waters), quienes en ese entonces realizaban su primera gira por los Estados Unidos (el hecho, por cierto, es verídico y tuvo lugar el 10 de junio de 1964; los Stones grabaron ahí quince temas, algunos de los cuales formarían parte de su segundo álbum: 12 X 5).

  Con su triste y melancólico final –que no contaré para no echar a perder la experiencia a los posibles espectadores de esta más que recomendable cinta (la cual puede verse en la plataforma Max)–, Cadillac Records es una oda a aquellos músicos de blues, pioneros quizás involuntarios del rock, que sentaron las bases para lo que habría de ser la música en Estados Unidos –y por ende en buena parte del mundo occidental– en los años siguientes... y hasta la fecha. 


Nota al calce: Si acaso el lector se pregunta por qué la película se llama Cadillac Records, la respuesta es sencilla: Leonard Chess tenia como costumbre regalar un Cadillac del año a los artistas que generaban una cantidad considerable de ganancias para la disquera. Varios de ellos lo recibieron.


Texto publicado en día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos.

viernes, 3 de mayo de 2024

Once grupos jóvenes que a pesar de los pesares siguen haciendo rock


Aunque no contaba ya con la fuerza que tuviera en el pasado, a principios de este siglo el rock seguía siendo un género muy aceptado por la mayoría de los aficionados a la música. Nadie hubiera imaginado en ese entonces que veinte años después esa expresión artística se encontraría  lejos del mainstream y que muchos jóvenes, su público supuestamente natural, preferirían otros sonidos un tanto o totalmente alejados de ella.

  Hoy día, hay que decirlo, el rock es un género para minorías. La gran masa de consumidores está concentrada en otras cosas, tiene otros gustos, llámese pop, llámese trap, llámese reguetón, llámese corridos tumbados et al. Si esto es bueno o es malo, no lo sabemos. Si se trata de un hecho permanente o sólo de un fenómeno momentáneo, tampoco lo sabemos. Aun así, lo cierto es que a pesar de todo se sigue haciendo rock, muy buen rock, y no sólo por parte de gente vieja y nostálgica que considera que todo tiempo pasado fue mejor. Nada de eso: hay muchos jóvenes de las nuevas generaciones que conservan el gusto por esa música que escuchaban de sus padres o incluso de sus abuelos y muchos que no sólo la oyen, sino que crean nuevas propuestas al respecto.

  He aquí una decena de estas propuestas, de diversas regiones del mundo. En su mayor parte, si no es que en su totalidad, son poco conocidas y bastante alejadas de la comercialidad y de la gran industria musical, pero  producen una muy buena y más que grata y revitalizante música de rock. En ellas, la participación femenina es muy importante si no es que fundamental.

  No todo está perdido (o para decirlo en términos de la política mexicana actual: este arroz ni por asomo ya se  coció).


1.- “I Want to Believe”. Zinnia's Garden. Originario de Pittsburgh, este cuarteto mixto (tres mujeres y un hombre) practica un rock indie etéreo y armonioso muy interesante. Conformado por Evan Smith, Mary Grace, Kiah Rihana y Maura Moonu, su más reciente disco es un EP de seis canciones intitulado Paragon.


2.- “Swing Parties”. Flying Blanket Mistery. Con una mezcla de psicodelia, rock de garage y rock noventero (hay ahí influencias de agrupaciones como The Butthole Surfers, por ejemplo) este singular trío francés originario de la ciudad de Rouen y cuyos integrantes son Axelle Houas, Hubert Cheval y William Lequerme acaba de presentar su primer disco en marzo pasado (Popcorn), del cual forma parte este tema.


3.- “Mirror Mirror”. The Voodoo Child. Grupazo rumano con un rock potentísimo y una vocalista excepcional por su voz y su presencia: Romina Apostol, mejor conocida como Rockmina. De igual manera, su guitarrista líder, Andrei Cescu, hace honor a Transilvania y a todos los territorios de Drácula con su sanguinario y vampírico virtuosismo. Fantástica agrupación.


4.- “Eclipse”. Pythies. Estupendo y explosivo trío femenino de punk y grunge surgido en París. Según el sitio Crazyminds, esta agrupación gala fue creada por la bajista Lise.L. (ex Romance) a finales de 2022, “con el fin de poner en escena su proyecto musical liderado sólo por mujeres”. La formación cuenta además con la guitarrista Thérèse La Garce (ex Lush Rush y The Glendas) y la baterista Anna B. Void (ex Toxxic Queen y Foune Curry).


5.- “The World Is On Fire”. Bullshit Boy. Directo desde Hamburgo, Alemania, llega este singular y humorístico trío de punk liderado por la cantante, guitarrista y compositora Sabine Zölner, con una propuesta sardónica y francamente divertida.


6.- “Blowflies”. Snub. Desde Melbourne con amor, este cuarteto australiano mixto nos retrotrae a los años noventa con su propuesta grungera llena de energía y frescura. Tres mujeres y un hombre haciendo buen rock desde la lejana Oceanía.


7.- “Deeper”. Desert Sharks. Otro muy buena agrupación femenina, un cuarteto de Brooklyn, Nueva York, con una propuesta que va del grunge al post punk. Rock alternativo (de algún modo, todo el rock es alternativo en estos momentos) de la mejor calidad, interpretado con una garra agresiva y profunda.


8.- “Dead in the Water”. Molly Vulpyne. Guitarrista y cantante del sensacional dueto irlandés de punk Vulpynes, Molly lanzó recientemente su EP solista Amortise. Gran voz la suya y composiciones de gran calidad como esta irresistible “Muerta en el agua”. 


9.- “Whiskey”. Sick Desire. Otra agrupación alemana, esta de la ciudad de Osnabrück, que practica un rock duro y vertiginoso sin demasiadas pretensiones pero con una agradecible y despreocupada actitud lúdica. Para headbangers de corazón.


10.- “Give Us the Beer”. Black Tartans. En la linea de grupos como Dropkick Murphys, Pipes and Pints o Celtas Cortos, este sexteto de rock céltico surgió hace algunos años en Bélgica con el nombre de The Black Tartan Clan y ahora resurge con un nuevo disco, del cual presentamos esta tremenda pieza, gaita incluida.

11.- “Commie Barbie”- The Banana Creatures. Proveniente nada menos que de la mismísima ciudad de Seattle, Washington, cuna del grunge (y de Jimi Hendrix), este magnífico y novel cuarteto tiene mucho que ofrecer. Su álbum The Dark Decline es más que recomendable.


Texto publicado en día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos.

lunes, 12 de diciembre de 2022

¿Quién teme a Concha Michel?

Para mi madre, Rebeca Michel Ruelas (1922-2021), quien era sobrina de Concha.


Este 27 de diciembre se cumple un aniversario más de la muerte de Concepción Michel. Quizás el nombre no le diga mucho al lector. Sin embargo, se trata de una de las más importantes y controvertidas representantes de la canción mexicana del siglo pasado, en especial del corrido. Cantante vernácula, militante del Partido Comunista mexicano, feminista, compositora, dramaturga, ensayista y aventurera, nació hace 123 años, el 24 de mayo de 1899, en Villa de la Purificación, población próxima a la ciudad de Autlán, en Jalisco.

   Su abuelo, Luis Michel, fue una especie de señor feudal de la costa jalisciense. Dado que Concha era una niña caprichosa y rebelde, su familia decidió recluirla a los siete años de edad en el Convento de San Ignacio de Loyola que su abuelo había hecho construir en el cercano pueblo de Ejutla. Fue ahí donde se enamoró de la música, por lo que aprendió a cantar y tocar la guitarra. Pero su espíritu de revuelta no descansaba y antes de llegar a la adolescencia, a sus tempranos once años, su rebeldía y su  inquietud la llevaron a organizar y liderar una fuga de novicias y una quema de santos. Fue expulsada del convento y aunque regresó a vivir con sus padres, aquello duraría poco tiempo. 

  Tenía tan sólo 14 primaveras cuando decidió irse a recorrer el mundo, algo verdaderamente insólito para una mujer de aquella época y de una región tan cerradamente tradicionalista. Pero Concha poseía un carácter tan fuerte y decidido que rompió con el molde de las mujeres jóvenes del México de ese tiempo, a quienes se les exigía pureza, pudor y recato. . 

  Así, en 1916, con 17 dólares en la bolsa y guitarra en mano, viajó a los Estados Unidos para ganarse la vida cantando en cada lugar por donde iba pasando. 

  Regresaría a México en los años post revolucionarios.   En 1918, se afilió al Partido Comunista y contrajo matrimonio con su secretario general, Hernán Laborde, con quien mantendría una relación hasta la muerte de éste, en 1955. 

  Con su guitarra, vestida siempre con vestimentas indígenas, recorrió el país durante 1925 y 1926, para cantar sus propias canciones y sus corridos revolucionarios (como “Los agraristas”) y anticlericales, al tiempo que recopilaba un cancionero indígena que llegó a contar con cinco mil piezas. Lamentablemente, el cancionero nunca fue publicado por la falta de interés oficial.

  En 1932, Concha Michel volvió a Nueva York, donde permaneció cerca de un año, contratada por la Escuela de Ciencias Sociales. Ahí conoció a Frida Kahlo (con quien solía cantar a dueto) y a Diego Rivera (para quien gustaba posar). Apoyada sólo por su voz y su guitarra, llegó a cantar para John D. Rockefeller, quien la invitó a su enorme mansión para celebrar el cumpleaños del magnate. También fue contratada para presentarse en la inauguración de una exposición en el Museo de Arte Moderno, donde ganó mil 200 dólares. Con ese dinero pudo pagarse un viaje a Europa y llegó hasta la Unión Soviética, donde conoció a pensadoras feministas como Clara Zetkin y Alexandra Kollontai, además de encontrarse con su amiga Tina Modotti, quien vivía exiliada en Moscú, tras haber sido expulsada por el gobierno de México en 1930.

  Al año siguiente, Concha regresó a México y trabajo como organizadora rural para la Secretaría de Educación Pública, dentro del Programa de Misiones Culturales.   Fue además, maestra, activista política, conferencista y dramaturga. Debido a su posición feminista, en 1933 fue expulsada del Partido Comunista. Su respuesta fue publicar un panfleto llamado Marxistas y “marxistas”, en el que daba sus opiniones sobre “el asunto de la mujer”.

  En 1936, encabezó a un grupo de más de 200 mujeres que invadieron una de las propiedades del presidente Plutarco Elías Calles, para demandar que ahí se construyera un centro de capacitación para mujeres rurales. Los guardias del presidente desalojaron a las invasoras, mientras Michel negociaba con él. Más tarde, ya siendo presidente Lázaro Cárdenas, este le otorgó una propiedad para fundar en ella un centro de capacitación. Con Cárdenas colaboró intensamente, asistiendo a mítines y encuentros masivos en los que usaba su música para promover sus ideales políticos y contar historias de la revolución.

  En 1950, la artista estableció el Instituto de Folklore en la ciudad de Morelia, con el fin de preservar la cultura indígena del estado de Michoacán. A partir de entonces, tomó a la capital michoacana como su lugar de residencia principal.

  Concha Michel no era precisamente feminista. Aunque afirmaba que “Dios no puede ser varón aunque los humanos lo hayamos imaginado así”, su idea era la de un dios que “para ser universal, deberá ser dual y esa dualidad, por solidaria, es siempre la unidad. Hombre y mujer solidarios representan la unidad en la célula vital”.   

  A principios de los años ochenta, junto con otras ocho mujeres, entre las que se encontraban Aurora Reyes, Natalia Moguel y Antonieta Rascón, Concha firmó un documento denominado La Dualidad, cuya propuesta consistía en un programa de acción mundial para que mujeres y hombres se incorporaran a una permanente lucha ideológica y afirmativa contra el autoritarismo patriarcal. “Mientras no se integre el concepto de «dualidad», base fundamental de la sociedad, la dirección de la humanidad seguirá equivocada”, decía el documento.

  Según escribe la investigadora Begoña Caballero Sagardia, “aunque no es una tarea fácil encontrar alguna canción compuesta y cantada por esta mujer de gran carácter y talento, en el trabajo titulado ‘El Romance Español y el corrido mexicano: estudio comparativo’,  realizado por Vicente T. Mendoza en el año 1939, se citan dos: “La güera Chabela” y “La delgadina”, cantada ésta última cuando contaba con 27 años y según lo recogido en el citado estudio, se trataba  de un tema que había aprendido cuando apenas era una niña en su pueblo, en el Estado de Jalisco”.

  Concepción Michel murió el 27 de diciembre de 1990 en Morelia, Michoacán.


(Publicado hoy en "Acordes y desacordes", la sección de música del sitio de la revista Nexos)

viernes, 9 de septiembre de 2022

10 versiones de Frank Zappa a canciones de otros

El genio de Frank Zappa (1940-1993) trascendió más allá de su vida (y digo genio en la más exacta acepción de la palabra). Su música fue siempre tan avanzada que sigue sonando no sólo actual sino adelantada a nuestro tiempo. Sin embargo, esta vez no se trata de hablar sobre su vastísimo repertorio de composiciones propias que van desde el rock y el doo wop hasta el jazz y la música de vanguardia y de tintes sinfónicos. Porque a Zappa también le divertía realizar covers con temas de otros y solía arreglarlos con el mismo virtuosismo con el cual escribía su propia obra. Este es quizás un aspecto poco conocido del autor de obras maestras como “Black Napkins”, “Inca Roads”, “Brown Shoes Don’t Make It”, “The Torture Never Stops”, “The Dangerous Kitchen”, “Hungry Freaks Daddy” o  “Cosmik Debris”, entre muchas otras. He aquí entonces una decena de reversiones del músico a canciones de los más diversos y disímbolos compositores. 

1.- “I Am The Walrus” (original de The Beatles). Contenida en el recientemente editado Zappa ’88: The Last U.S. Show, esta versión resulta verdaderamente sensacional. No sólo por la calidad de los músicos que conformaban en ese entonces a la banda de Zappa (entre ellos el vocalista Ike Willis, el tecladista y saxofonista Bobby Martin, el bajista Scott Thunes y el baterista Chad Wackerman), sino por el espléndido arreglo de metales. Jocoso y divertido, el cover de este clásico escrito por John Lennon es una joya absoluta. 

2.- “Happy Together” (original de The Turtles). Cuando en 1971 Mark Volman y Howard Kayan, miembros originales del grupo estadounidense de rock-pop The Turtles, se unieron a Las Madres de la Invención de Frank Zappa como el dueto vocal Flo & Eddy, incluyeron en el repertorio su clásica “Happy Together”, todo un éxito mundial en 1967. La canción, en su versión zappiana, se puede escuchar en el álbum The Mothers Fillmore East - June 1971, así como también en The Old Masters Box Two, de 1986. 

3.- “Bolero” (original de Maurice Ravel). Una maravilla contenida en uno de los mejores álbumes en concierto de Frank Zappa: The Best Band You Never Heard in Your Life, de 1991. La interpretación de esta banda, a la que el propio Zappa definía como la mejor que había logrado reunir en su vida (tal como indica el título del disco doble), resulta sublime y hace un grande y delicioso homenaje al compositor francés fallecido en 1937 y a su obra más significativa.

4.- “Purple Haze/Sunshine of Your Love” (originales de Jimi Hendrix y Cream). También del The Best Band You Never Heard in Your Life, este divertidísimo par de covers de los temas quizá más emblemáticos de Jimi Hendrix y el supergrupo Cream resultan la mar de divertidos. Zappa tomó a “Neblina morada” y a “El brillo de tu amor” (como se conocen en español) y les cambió algunas partes de sus letras, con ese sentido del humor ultra ácido que lo caracterizó siempre (por ejemplo, cambió la linea “excuse me, while I kiss the sky” por “excuse me, while I kiss this guy”). Musicalmente, aparte de darle un toque semi rapero a ambas composiciones, incluyó sabiamente a la sección de metales y en medio de una atmósfera de película de terror de bajo presupuesto, su guitarra homenajeó a su manera (¿o será más exacto decir los parodió?) a Hendrix y Eric Clapton. 

5.- “Whipping Post” (original de The Allman Brothers). Impactante y poderosa versión de esta gran clásica del rock sureño y canción más que representativa de los hermanos Allman. No hay mucho más que añadir, mejor escúchese y disfrútese (viene en otro gran disco de Zappa, el Does Humor Belong in Music?, de 1984).

6.- “Ring of Fire” (original de Johnny Cash). Frank Zappa no podía dejar de burlarse de la música country & western (como ya lo había hecho en 1979 con el Bob Dylan folk, al parodiar su voz chillona en la canción “Flakes” del disco Sheik Yerbouty) y lo llevó a cabo con este casi himno del intocable (no por Zappa, claro) Johnny Cash. La grabación, en concierto, pertenece también al disco The Best Band You Never Heard in Your Life.

7.- “Stolen Moments” (Original de Oliver Nelson). Esta absoluta pieza maestra del jazz, creada por uno de los más grandes y menos conocidos genios del género, el enorme Oliver Nelson, fue homenajeada por Frank Zappa en su álbum Broadway the Hard Way (1988). El respeto mostrado aquí por Frank hizo que la arreglara e interpretara sin asomos de ironía y con una maestría fantástica de su sección de metales. Una maravilla (la versión original viene en The Blues and the Abstract Truth, de 1961, disco que grabó Nelson con un septeto alucinante –Bill Evans, Freddie Hubbard, Eric Dolphy, Paul Chambers, George Barrows, Roy Haynes y el propio Nelson– en un álbum que ha sido comparado con el Kind of Blue de Miles Davis, grabado también ese mismo año y prácticamente con los mismos músicos).  

8.- “It Ain’t Necesssarily So”(original de George Gershwin). Fabulosa versión guitarrística de esta clásica de Gershwin (aderezada con fragmentos de “The Saint James Infirmary” de Irving Mills) por parte del propio Frank Zappa. El tema, ejecutado en concierto está contenido en el álbum Frank Zappa: Guitar, de 1988).

9.- “Stairway to Heaven” (original de Led Zeppelin). Asombroso cover del gran himno zeppeliniano. Zappa y sus músicos crearon un arreglo con un suave compás de reggae. La voz de Ike Willis es fenomenal (nada tiene que ver con la original de Robert Plant), pero lo más notable es que el célebre solo de guitarra de Jimmy Page fue transcrito nota por nota (por el saxofonista Paul Carman) y ejecutado por todo el combo de metales de un modo exacto y verdaderamente inusitado. El final, con la voz (más aguda) de Bobby Martin y la broma con la cita del tema musical del Gordo y el Flaco, es la cereza del pastel.

10.- “Norwegian Wood/Lucy in the Sky with Diamonds/Strawberry Fields Forever” (originales de The Beatles). Dicen que Frank Zappa despreciaba la música de los Beatles, lo cual es absolutamente falso (lo que sí llegó a cuestionar fue el fenómeno comercial de la beatlemanía que los mismos Beatles rechazaron en su momento). Una prueba del respeto que tenía por la música de Lennon y McCartney es este popurrí en el que si bien Frank cambió las letras para hacerlas abiertamente sardónicas (no podía evitarlo y siempre lo hacía de la manera más divertida), la música quedó intacta, con arreglos de una finura impresionante. Que ningún beatlemaniaco se sienta ofendido. 


(Publicado hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos).

viernes, 29 de abril de 2022

10 canciones sobre la traición

“La palabra traición es traicionera”.

Héctor Aguilar Camín


Los traidores están de moda…, al menos en este delirante México mala y fallidamente cuatritransformado. Ya se sabe, el régimen y su intento absurdo por acusar de traidores a la patria a los diputados de oposición que no votaron a favor de la contrarreforma eléctrica propuesta por el poder ejecutivo. Sin embargo, no es de ese tipo de “traición” que hablamos aquí, sino de ese tema más humano, fuente de inspiración para el quehacer musical y literario, que es la traición, ay, en el amor y el desamor. 

  Traición amorosa: ¡cuántos poemas y cuántas canciones se han escrito en tu nombre! He aquí una decena de ellas. 

1.- “I Heard It Through the Grapevine”. Creedence Clearwater Revival (del álbum Cosmo’s Factory, 1970). Este tema clásico del soul à la Motown ha sido interpretado por infinidad de grupos y solistas, entre ellos Marvin Gaye, Gladys Knight y Amy Winehouse. Hemos elegido sin embargo la versión más oscura y rockera del grupo de John Fogerty para esta canción que habla sobre alguien que ha escuchado “por ahí” (through the grapevine) que su pareja lo engaña y entonces la confronta para que le diga la verdad: “Apuesto a que te estás preguntando cómo supe / de tus planes para ponerme triste / con un tipo que conociste antes… / Me tomó por sorpresa debo decir / cuando me enteré ayer”. El de la voz cantante no sólo está dolido sino también molesto, porque su amante le contó la situación a otras personas primero y él (o ella) tuvo que descubrirlo por las malas.

2.- “You Oughta Know”. Alanis Morissette (del álbum Jagged Little Pill, 1995). Esta gran canción post grunge no sólo lanzó a la fama a la cantautora canadiense sino que se convirtió en un himno feminista reivindicatorio de la dignidad personal. El tema es un rabioso reclamo de una mujer al hombre que la dejó por otra (“¿Sabe ella que me dijiste que me abrazarías hasta el día en que la muerte nos separara? / Hasta el día que murieras, / pero sigues vivo”). 

3.- “Until The End of the World”. U2 (del álbum Achtung Baby, 1991). Aunque en apariencia esta canción habla sobre la traición de Judas a Jesucristo, también puede interpretarse como la historia de una relación tóxica. “Tomé el dinero / Le puse algo a tu bebida… / Me guiaste con esos ojos inocentes, / pero sabes que me encanta el elemento sorpresa… / Besé tus labios y rompí tu corazón / Tú estabas actuando como si fuera el fin del mundo”. Musicalmente también es una maravilla del que para algunos es el mejor disco del cuarteto irlandés.

4.- “If I Fell”. The Beatles (del álbum A Hard Day’s Night, 1964). Una canción engañosamente “romántica”, con una letra llena de ironía beatlesca. Si uno la analiza con atención, se dará cuenta de que habla sobre alguien que prepara el terreno para traicionar a su contraparte amorosa. De hecho, el personaje que canta le dice veladamente a la otra persona que la va a usar para vengarse de su novia por hacerlo sufrir: “Si te doy mi corazón / tengo que estar seguro desde el comienzo / de que tú me amarás más que ella” o “Así que espero que veas / que me encantaría amarte / y que ella llorará / cuando se entere de que estoy contigo”.

5.- “I Don’t Care Anymore”. Phil Collins (del álbum Hello, I Must Be Going, 1982). La historia oficial cuenta que esta canción la escribió Phil Collins contra su ex esposa, quien al divorciarse de él trató de sacarle todo el dinero posible y habló pestes en los medios acerca de lo que fue un matrimonio más o menos catastrófico (“Puedes decirles a todos que soy una desgracia / Puedes arrastrar mi nombre por todos lados / ya no me importa”). Sin embargo, otras versiones dicen que en realidad la letra está dirigida a Peter Gabriel, luego de que este abandonara a Genesis y se burlara de Collins en su canción “Excuse Me” de 1977, haciéndolo sentir traicionado. A saber.

6.- “I Hate Myself For Loving You”. Joan Jett And The Blackhearts (del álbum Up Your Alley, 1988). Rocanrol de primera categoría en la voz sin igual de la divina Joan Jett, quien clama: “Me odio por amarte / No puedo liberarme de las cosas que haces / Quiero caminar pero corro de regreso a ti / Por eso me odio por amarte”. Una mujer espera por su hombre que nunca aparece. Ella quiere romper con él, pero no se atreve a hacerlo y entonces se odia a sí misma. Esa es en síntesis la historia que narra esta canción, la cual retrata algo por lo que la mayor parte de los seres humanos hemos pasado en algún momento, porque los patanes (y las patanas) sobran.

7.- “Whipping Post”. The Allman Brothers Band (del álbum The Allman Brothers Band (1969). Independientemente de que se trate de una grandiosa canción para manejar en carretera, esta pieza híper clásica de los hermanos Allman es todo un viaje en sí misma (muy recomendables también la versión de Frank Zappa en el disco Does Humor Belong in Music?, de 1986, y la de los propios Allman Brothers, en concierto, en su sensacional álbum doble At Fillmore East, de 1971). La letra habla del enorme dolor que siente alguien “por culpa de una mala (y traicionera) mujer”: “Me ha atropellado y me ha mentido / No sé por qué dejé que esa mala mujer me dejara en ridículo / Se llevó todo mi dinero, destrozó mi coche nuevo / Ahora se encuentra con uno de mis mejores amigos / Están bebiendo juntos en un bar al otro lado de la ciudad… / A veces siento como si me hubieran atado al poste de flagelación / Dios mío, siento que me estoy muriendo”. Temazo. 

8.- “Rolling in the Deep”. Adele (del álbum 21, 2011). Dicen por ahí que ninguna lista de canciones de traición estará completa sin al menos una pieza de Adele. En esta gran composición de aires blueseros, ella ve a su pareja bajo una nueva luz y esta no es agradable. Por eso planea su venganza, al mismo tiempo que reconoce cuánto perdieron ambos con una relación difícil que no terminó bien. “Las cicatrices de tu amor, me recuerdan a nosotros / Me mantienen pensando que casi lo teníamos todo / Las cicatrices de tu amor me dejan sin aliento / No puedo dejar de sentir que pudimos tenerlo todo”. Cuando se rueda en lo profundo.

9.- “Bolero falaz”. Aterciopelados (del álbum El Dorado, 1995). Quizás el grupo más conocido de Colombia y una de sus composiciones más célebres. La letra se refiere a la infidelidad desde el punto de vista de la persona que engaña, lo acepta y da sus justificaciones (“Buscas en mis bolsillos pruebas de otro cariño / Pelos en la solapa, esta sonrisa me delata / Labial en la camisa, mi coartada está hecha trizas / Estoy en evidencia, engañar tiene su ciencia”), aunque luego reclama que se le traicione (“¿Quién será esa infame / Que no deja que yo te ame? / Si yo la encontrara / le partiría esa cara”). Un buen tema a decir verdad.

10.- “Animosity”. The Warning (del EP Mayday, 2021). La llamada Generación Z (aquella conformada por la gente nacida entre 1997 y 2012) también padece sus traiciones y sus cuitas amorosas, lo cual queda más que claro en esta canción del power trío regiomontano en el que una joven que ha sufrido un fuerte desengaño sentimental se recupera (“Ya me colapsé / Así que ahogaré mis penas en un mundo inexistente / No se qué es peor / La completa pérdida de tiempo o la erosión de mi mente / Vivo significa estar muerto / Una bala en la cabeza”) y aunque acepta su parte de responsabilidad (“Mi culpa se desvaneció / La ira ha disminuido, pero su sombra aún permanece / Siempre di demasiado / nunca fue suficiente”), trata de reunir la fuerza suficiente para desafiar a quien la traicionó y superarlo (“Me esta matando otra vez / Lo reproduzco en mi cabeza cuando estoy sola / Espero que tú ahora estés solo / No soy yo, eres tú / el que nunca tuvo una pista / Ahógate en tu culpa / Si el karma no te golpea, entonces lo haré yo”). Y repito esta gran línea: “Si el karma no te golpea, entonces lo haré yo”. 


(Publicado hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos).