Mostrando las entradas con la etiqueta Emiliano. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Emiliano. Mostrar todas las entradas
sábado, 5 de julio de 2025
lunes, 5 de febrero de 2024
Día de la Constitución Mexicana (una foto que tiene cien años)
Hoy que es día de la Constitución Mexicana, un retrato de mi abuelo paterno, Emiliano García Estrella, diputado constituyente por el estado de Sinaloa en el Congreso de Querétaro de 1917 (con él, mi tía Esperanza y mi papá -en el triciclo-, Juan García Ayala, cuando aún vivían en Mixcoac, antes de mudarse a la Quinta Guadalupe, en Tlalpan. La foto debe ser aproximadamente de 1924, hace justo un siglo.
lunes, 6 de marzo de 2023
Un lindo recuerdo
En marzo de 2017, con un grupo de alumnos de Comunicación de la FES Aragón, bajo la tutela de mi amigo Salvador Mendiola, quienes acudieron a mis antiguos rumbos de la colonia Ciudad de los Deportes para comprar mi entonces recién aparecida novela Emiliano (hasta ganas me dieron de volver a dar clases).
lunes, 2 de enero de 2023
Los 102 años de mi padre
Mixcoac. 2 de enero de 1921. El interior de la casona era un agitado hervidero de gritos, órdenes, carreras y nerviosismo. Cuando llegué, el portón principal se encontraba abierto y entré sin que alguien reparara en mi tímida presencia. Varias mujeres iban y venían, entraban a la casa y salían al patio para cruzarlo a toda prisa, como si algo muy importante o muy grave estuviera sucediendo.
Yo no podía entender la razón de todo aquello y avancé hacia una fuente sin agua, a la mitad del jardín principal, donde una pequeña niña de unos siete años permanecía sentada y miraba con gesto de fastidio e indiferencia la alarma general que se vivía en la sobria residencia.
Al verme, me revisó de arriba a abajo con gesto poco amable y sin decir palabra alguna.
–Buenos días –le dije.
Nada respondió.
–Soy Esteban Leyva. Tengo una cita con don Emiliano García.
Ella siguió mirándome, los ojos clavados en mi rostro, con un dejo de desafío agresivo y burlón. Traté de no dejarme intimidar por una chiquilla de esa edad y le hablé con pretendida firmeza.
–Él me está aguardando. No quiero hacerlo esperar.
Silencio total que me obligó a cambiar de táctica y a endulzar la voz.
–¿Eres su hija? ¿Cómo te llamas?
Sólo entonces accedió a responder, con voz meliflua y aflautada, a la vez que seca y hasta un tanto insolente, al tiempo que remarcaba la primera palabra de su sentencia.
–Era su hija, ya no lo soy.
Mi desconcierto pareció aumentar su mal ánimo.
–¿Cómo dices? No te entiendo.
Ella se limitó a alzarse de hombros y descubrió un pequeño escarabajo que con torpes pasos cruzaba entre dos prados, por uno de los senderos de piedra que iban en diagonal de la fuente a los corredores de la casa. Sin el menor miramiento, se adelantó y lo aplastó de un pisotón. Luego volvió a mirarme, más desafiante aún y exasperantemente callada.
Fue en ese momento que resonó una potente voz masculina.
–¡Esperanza, ¿dónde te metiste?!
Un hombre alto, erguido, de piel blanca, con cuidado bigote de puntas y cabello ligeramente despeinado salía de una de las habitaciones. Iba en mangas de camisa y en su semblante se reflejaba cierta preocupación que se tornó en molestia al ver a la indolente mocosa.
–¿No te dije que me trajeras una manta?
Fue en ese instante que reparó en mí, pero no pudo saludarme debido a la grosera respuesta de la pequeña niña.
–¡Yo no tengo por qué obedecerte! ¡Ya no soy tu hija!
–¡Chamaca del demonio! ¡No sé lo que te pasa! ¡Ve y haz lo que te digo!
–¡No! –respondió ella con un grito y echó a correr hacia lo que parecía ser una caballeriza, situada en la parte trasera de la propiedad.
Apenado, se secó el sudor de la frente con un pañuelo, medio sonrió y se dirigió a mí.
–Usted debe ser el periodista de "El Universal" que mandó el amigo Palaviccini.
–Esteban Leyva a sus órdenes, señor diputado –respondí, al tiempo que le extendía mi mano. Él la estrechó con fuerza y cordialidad.
–Perdonará usted el desorden en que nos encontramos, pero mi mujer está a punto de dar a luz y todo se ha vuelto un caos.
–Mil disculpas por ser tan inoportuno. No sabía que…
–No se preocupe. Las disculpas se las debo dar yo, pero usted sabe: aunque uno ya las espera, estas cosas suceden muy de momento.
Una mujer apareció en la puerta por donde había salido don Emiliano y lo hizo sobresaltarse.
–¡Patrón, patrón! ¡Ya nació! ¡Es un niño, un varoncito!
Jamás olvidaré la sonrisa de felicidad que se dibujó en el rostro de aquel hombre de cuarenta y cinco años y toda una vida de entereza y lucha contra la adversidad, según había yo averiguado días antes, al platicar con un par de legisladores que habían sido compañeros suyos en el Congreso Constituyente de hacía cuatro años en Querétaro.
–Lo dejo, señor diputado. Mejor regreso otro día que sea más propicio –le comenté, dispuesto a salir a la calle.
–De ninguna manera, Esteban. Pase a la sala que en unos momentos estoy con usted. Tiene que brindar conmigo por el nacimiento de mi primer hijo varón.
Su dicha era tan grande y su invitación pareció tan sincera que no pude negarme.
–Allá lo espero entonces –le respondí.
(Inicio de mi novela Emiliano, publicada en 2017, en que narro de manera imaginaria el momento en que nació mi papá, hoy hace 102 años)
jueves, 14 de abril de 2022
Hugo García Michel en "¿Cómo Está La Banda?" Ep. 095
Mi querido Piro Pendás me hizo el honor de invitarme a su podcast Cómo está la banda, para su emisión No. 95. Tuvimos una larga y muy grata charla –en la que cuento mi historia de vida como músico, periodista y escribidor–que puede verse en YouTube o escucharse en Spotify y otras plataformas de audio. También se puede ver aquí, claro. Quedó muy divertida. Ojalá la puedan ver y/o escuchar. Mil gracias al buen Piro y su equipo de producción.
Etiquetas:
Cámara húngara,
El Financiero,
Emiliano,
Entrevistas,
La Mosca,
Literatura,
Matar por Ángela,
Milenio,
Música,
Nunca es tarde,
Periodismo,
Podcasts,
Remembranzas,
Rock,
Rockcito,
Vida
domingo, 21 de junio de 2020
Lo que me escribió Armando Palomas hace tres años
Estimado Esteban Leyva, lo felicito por ese arduo trabajo, esa
tenacidad y esa paciencia para poder entrevistar y hasta a darse el lujo
de convertirse en íntimo amigo del señor Emiliano García Estrella y mostrarme, a través de su entrevista,
algunas anécdotas de este país tan surrealista.
Su narrativa me mostró que no todos los caminos lo llevan a Roma y que más bien todos los caminos siempre llevan a los ojos de una mujer, esos ojos que en su mirada tienen un aguacero de pestañas y acobardan a cualquiera, incluyendo al mismísimo Rodolfo Fierro.
No niego que me hubiera gustado que me presentara a Daniela, pero me conformaría con cualquier mujer que se dirigiera a mí con un acento afrancesado.
Pero tampoco niego que me corroe la envidia, solo por el simple hecho de que usted haya sido parte de esa fiestísima donde se encontró con Diego Rivera y Vasconcelos; si me hubiera invitado, yo si le hubiera cuidado a la Paulina.
Esto que escribo, Señor Esteban Leyva, no es nada más que un pretexto para poder beber en un futuro inmediato una copita de esa Hada Verde y recordar con gusto al amigo Sergio.
También pido disculpas porque a mis cuarenta y siete, escribo y hablo como si tuviera veintisiete.
Atte el Palomas.
Gracias, Hugo García Michel, disfruté tu novela, ¡está poca madre!
Creeme que ahora tengo una opinión, que si no es diferente a lo que ya creía, ahora me queda más que claro que la congruencia nos hace fuertes.
Su narrativa me mostró que no todos los caminos lo llevan a Roma y que más bien todos los caminos siempre llevan a los ojos de una mujer, esos ojos que en su mirada tienen un aguacero de pestañas y acobardan a cualquiera, incluyendo al mismísimo Rodolfo Fierro.
No niego que me hubiera gustado que me presentara a Daniela, pero me conformaría con cualquier mujer que se dirigiera a mí con un acento afrancesado.
Pero tampoco niego que me corroe la envidia, solo por el simple hecho de que usted haya sido parte de esa fiestísima donde se encontró con Diego Rivera y Vasconcelos; si me hubiera invitado, yo si le hubiera cuidado a la Paulina.
Esto que escribo, Señor Esteban Leyva, no es nada más que un pretexto para poder beber en un futuro inmediato una copita de esa Hada Verde y recordar con gusto al amigo Sergio.
También pido disculpas porque a mis cuarenta y siete, escribo y hablo como si tuviera veintisiete.
Atte el Palomas.
Gracias, Hugo García Michel, disfruté tu novela, ¡está poca madre!
Creeme que ahora tengo una opinión, que si no es diferente a lo que ya creía, ahora me queda más que claro que la congruencia nos hace fuertes.
lunes, 16 de marzo de 2020
Una opinión que me escribió hace tres años un lector de mi novela "Emiliano"
Hola Hugo:
Hace casi un mes que nos conocimos, a la entrada del metrobús, para hacerme de mi ejemplar de Emiliano. Ya en mi camino de regreso a CU me di cuenta de que tu novela se disfruta de corrido, así que decidí leerla el fin de semana, sin interrupciones. Tuve imprevistos y la dejé para el siguiente fin, pero como yo también suelo cargar un libro en la mano (según me dijiste que haces tú), di algunas avanzadas entre semana, suficientes para despertarme la simpatía de lector por ambos protagonistas y sus historias.
Hace casi un mes que nos conocimos, a la entrada del metrobús, para hacerme de mi ejemplar de Emiliano. Ya en mi camino de regreso a CU me di cuenta de que tu novela se disfruta de corrido, así que decidí leerla el fin de semana, sin interrupciones. Tuve imprevistos y la dejé para el siguiente fin, pero como yo también suelo cargar un libro en la mano (según me dijiste que haces tú), di algunas avanzadas entre semana, suficientes para despertarme la simpatía de lector por ambos protagonistas y sus historias.
Los años decisivos (o indecisivos) de la Revolución, como escenario del
origen de lo que nos consta en la vida posterior del país, contados con
pesimismo ilustrado, desde la cercanía vivida con los hechos
lamentables. El periodista y sus males de amores, que me imaginé desde
el principio como un jóven Hugo García Michel, vestido a la usanza. Sí,
disfrute la lectura sin pausas. La estructura de los tiempos
entrecruzados me mantuvo el interés de cada secuencia, pendiente de los
personajes que confluyen en el vaivén de los hechos. El ritmo de la
narración me ha sugerido una suerte de ecos, de eventos que vuelven
transformados, como los nacimientos del hijo y del nieto, mostrando el
(sin)sentido de la vida. La muerte es soberana; así la del asesinado
Obregón, que evoca en Emiliano la del asesinado Carranza, y que
contrasta luego con el trance apacible del propio Emiliano, del que nos
enteramos a través de la reflexión del amigo al día siguiente del
deceso, elipsis sin duda acertada.
Agradezco la lectura de tu novela por el gusto que deja, sin sosos enredos ni falsas profundidades. Pasaron luego tres semanas, en las que he estado abarrotado de trabajo y demás ocupaciones, que casi no me han dejado conectarme a Facebook, y aún tengo las impresiones frescas. Ahora, que atiendo el pendiente de escribirte esta nota con mis opiniones, te digo que también disfruto la relectura de algunos pasajes (ingratas mujeres encantadoras). Un detalle de menor importancia frente a lo literario, pero que por lo editorial creo que te interesa: casi desde el principio el encuadernado se me partió en pequeños legajos que se resbalan de la cubierta; también encontré un par de erratas, que se pueden corregir para la edición digital (a lo que me dedico, por si necesitas...): página 35 "Martinez me quiera (quiere) enviar..." y página 210: "...el que me esté (está) entrevistando". Sin embargo, los aciertos y la simpatía prevalecen. Cuando un cajero me entregó billetes nuevecitos de los conmemorativos del centenario de la Constitución, enseguida supe cuál era el libro correcto para conservar uno.
Ya con el gusto de conocerte en persona, cuéntame entre tus muchos lectores, aunque lo soy desde hace buen tiempo. Tengo además el gusto de haber colaborado un par de veces en La Mosca.
Seguiremos comentando.
Un abrazo.
Agradezco la lectura de tu novela por el gusto que deja, sin sosos enredos ni falsas profundidades. Pasaron luego tres semanas, en las que he estado abarrotado de trabajo y demás ocupaciones, que casi no me han dejado conectarme a Facebook, y aún tengo las impresiones frescas. Ahora, que atiendo el pendiente de escribirte esta nota con mis opiniones, te digo que también disfruto la relectura de algunos pasajes (ingratas mujeres encantadoras). Un detalle de menor importancia frente a lo literario, pero que por lo editorial creo que te interesa: casi desde el principio el encuadernado se me partió en pequeños legajos que se resbalan de la cubierta; también encontré un par de erratas, que se pueden corregir para la edición digital (a lo que me dedico, por si necesitas...): página 35 "Martinez me quiera (quiere) enviar..." y página 210: "...el que me esté (está) entrevistando". Sin embargo, los aciertos y la simpatía prevalecen. Cuando un cajero me entregó billetes nuevecitos de los conmemorativos del centenario de la Constitución, enseguida supe cuál era el libro correcto para conservar uno.
Ya con el gusto de conocerte en persona, cuéntame entre tus muchos lectores, aunque lo soy desde hace buen tiempo. Tengo además el gusto de haber colaborado un par de veces en La Mosca.
Seguiremos comentando.
Un abrazo.
miércoles, 5 de febrero de 2020
103 años
Un aniversario más de nuestra Constitución Mexicana y otra vez un recuerdo de mi abuelo Emiliano García y su participación en el Congreso Constituyente de 1917 en Querétaro como representante del estado de Sinaloa. Tres años cumple ya mi novela Emiliano, de la cual me siento muy contento. Lo que me sigue preocupando es el afán del actual gobierno por acabar con nuestras instituciones y poner en riesgo a la misma Constitución. No podemos dejar que los retardatarios disfrazados de progresistas de izquierda (que no son una cosa ni otra) se salgan con la suya. Aunque son tantos sus yerros que no dudo que más temprano que tarde se destruyan entre ellos mismos. Creo que eso es lo que va a suceder finalmente. Ojalá no sea de manera cruenta.
viernes, 24 de mayo de 2019
Concha Michel
El famoso doodle de Google rinde homenaje el día de hoy a Concha Michel,
cantante vernácula, militante del Partido Comunista mexicano,
feminista, compositora, dramaturga, ensayista y aventurera, nacida justo
hace 125 años en Villa de la Purificación, muy cerca de Autlán, en
Jalisco, donde en 1922 nacería mi madre, Rebeca Michel Ruelas. Y pues
sí, Concha era tía de mi mamá, a quien le llevaba 27 años. En mi novela Emiliano (2017) escribí una escena en la que aparece Concha, cantando
un corrido a Emiliano Zapata, en una fiesta en honor a Diego Rivera.
Nomás les quería contar.
Tomado del Milenio de hoy:
Google realizó un homenaje con un doodle animado a Concha Michel, una música, folclorista y activista mexicana que este 24 de mayo cumpliría 120 años.
En su página principal, Google muestra la imagen de parejas bailando, así como personas realizando manifestaciones y una más en el centro que toca la guitarra.
De acuerdo con la compañía, Concha Michel cantó duetos con Frida Kahlo, interpretaba para John D. Rockefeller, modelaba para Diego Rivera y viajó por el mundo apoyada sólo por su voz y su guitarra.
Este doodle creado por la artista, Emilia Schettino, celebra la vida de la mexicana que naciera el 24 de mayo de 1899 y quien se enamoró de la música a muy temprana edad, por lo que aprendió a cantar y tocar la guitarra en un convento católico fundado por su abuelo.
Su rebeldía e inquietud llevaron a la mujer a liderar y organizar una fuga de novicias, rompió con el molde de las mujeres jóvenes del México de ese tiempo, a quienes se les exigía pureza, pudor, recato y honestidad.
Michel fue conocida por su vestimenta indígena, llevaba vestidos bordados con pelo trenzado al estilo de las mujeres tehuanas de México. Viajó por todo el país, aprendiendo canciones tradicionales y cantando sus propios corridos o baladas revolucionarias, convirtiéndose en una de las pocas mujeres que cantaban esta forma en ese momento.
Durante la década de 1930, viajó a los Estados Unidos donde actuó en el Museo de Arte Moderno y en la gran casa de Rockefeller. Las ganancias de sus actuaciones pagaron viajes a Europa y la Unión Soviética, donde conoció a pensadoras feministas como Clara Zetkin y Alexandra Kollontai.
En 1950, estableció el Instituto de Folklore en Morelia, Michoacán, como parte de un esfuerzo de por vida para preservar la cultura indígena de México. Como lo puso en su autobiografía, “el mundo era mi universidad; mi graduación voluntaria, mi experiencia fue directa, confirmada por la vida".
Concepción Michel murió el 27 de diciembre de 1990 en Morelia, Michoacán.
Tomado del Milenio de hoy:
Google realizó un homenaje con un doodle animado a Concha Michel, una música, folclorista y activista mexicana que este 24 de mayo cumpliría 120 años.
En su página principal, Google muestra la imagen de parejas bailando, así como personas realizando manifestaciones y una más en el centro que toca la guitarra.
De acuerdo con la compañía, Concha Michel cantó duetos con Frida Kahlo, interpretaba para John D. Rockefeller, modelaba para Diego Rivera y viajó por el mundo apoyada sólo por su voz y su guitarra.
Este doodle creado por la artista, Emilia Schettino, celebra la vida de la mexicana que naciera el 24 de mayo de 1899 y quien se enamoró de la música a muy temprana edad, por lo que aprendió a cantar y tocar la guitarra en un convento católico fundado por su abuelo.
Su rebeldía e inquietud llevaron a la mujer a liderar y organizar una fuga de novicias, rompió con el molde de las mujeres jóvenes del México de ese tiempo, a quienes se les exigía pureza, pudor, recato y honestidad.
Michel fue conocida por su vestimenta indígena, llevaba vestidos bordados con pelo trenzado al estilo de las mujeres tehuanas de México. Viajó por todo el país, aprendiendo canciones tradicionales y cantando sus propios corridos o baladas revolucionarias, convirtiéndose en una de las pocas mujeres que cantaban esta forma en ese momento.
Durante la década de 1930, viajó a los Estados Unidos donde actuó en el Museo de Arte Moderno y en la gran casa de Rockefeller. Las ganancias de sus actuaciones pagaron viajes a Europa y la Unión Soviética, donde conoció a pensadoras feministas como Clara Zetkin y Alexandra Kollontai.
En 1950, estableció el Instituto de Folklore en Morelia, Michoacán, como parte de un esfuerzo de por vida para preservar la cultura indígena de México. Como lo puso en su autobiografía, “el mundo era mi universidad; mi graduación voluntaria, mi experiencia fue directa, confirmada por la vida".
Concepción Michel murió el 27 de diciembre de 1990 en Morelia, Michoacán.
martes, 5 de febrero de 2019
102 años
Hoy se cumple un aniversario más de la promulgación de nuestra llamada Carta Magna, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y como cada 5 de febrero, no puedo dejar de recordar a mi admirado abuelo paterno: don Emiliano García Estrella, diputado constituyente en 1917. Bueno, ya todos lo saben (los que me leen y me conocen, claro): hace dos años publiqué mi novela Emiliano, sobre la vida del papá de mi papá. Sigo orgulloso (y preocupado de que los locos que hoy nos desgobiernan quieran cambiar la Constitución y hacer una a su modo; don Emiliano no lo permita).
jueves, 16 de noviembre de 2017
Guanajuato
![]() |
| Con mi amiga Sol Waldo, en la Universidad de Guajuato. |
El acto fue muy bonito y grato. El foro para 60 personas se llenó. Presentó mi libro la maestra y especialista en historia de la revolución mexicana Ana María Alba y luego yo intervine también. Hubo preguntas de la gente y al final vendí algunos ejemplares del libro. Entre los asistentes estaba mi gran amiga Sol Waldo, estupenda cantante de ópera y maestra de música en Guanajuato. También conocí a la licenciada Gabriela Sánchez Villegas, directora del Museo de la Alhóndiga y responsable de mi visita al lugar.
Me llevaron a dar un largo y nocturno paseo a pie por el bellísimo centro de la ciudad (qué alucine ver la universidad, la misma donde estudiaba Gloria Revirado y daba clases Paco Aldebarán, esos grandes personajes de Jorge Ibargüengoitia en su novela Estas ruinas que ves; por cierto que a Ibargüengoitia no lo quieren mucho que digamos, porque puso "en ridículo" a los guanajuatenses, precisamente en ese libro). Me fascinó. Sol fue con nosotros (y me cai en unos escalones de la universidad por ir baboseando en mi celular: buen golpe en las rodillas). Luego cenamos con la licenciada en un elegante restorán frente al parque central y ahí me enteré de que debí haber sido hospedado en un hotel mucho mejor del que me designó por su capricho... el contador de la Alhóndiga. La licenciada Sánchez no lo sabía y me ofreció mil disculpas. Tuve que decir que no importaba, pero sí que habría sido una gran diferencia. Qué coraje, ni modo.
Regresé al "Socavón" y ya no me pareció tan bonito. Para colmo, a la mañana siguiente no había agua caliente en mi cuarto y tardaron una hora en ponérmela. Me bañé al fin, desayuné (medio chafa) en el mismo hotel y me fui a pie a la Alhóndiga, donde hice un recorrido bastante interesante y luego Sinuhé me llevo en carro a conocer los túneles de la ciudad y la Presa de la Olla que apenas y medio pude ver desde el coche. Regresamos al centro y caminamos un par de horas, tiempo que aproveché para tomar fotos y comprar algunos recuerditos.
Ya como a las tres, pasé a despedirme de la gente de la Alhóndiga. Salió la posibilidad de regresar en agosto para dar un curso de historia del rock. Ojalá no se les olvide. Sinuhé me llevó a la central de autobuses y vi "el otro Guanajuato", es decir, la parte moderna de la capital del estado.
El camión salió a las cinco. Viaje tranquilo. Llegué al ex DF poco antes de las diez y a la casa, en un taxi, pasaditas las once.
Un estupendo viaje que me hizo conocer al fin la ciudad de Guanajuato y enamorarme de ella.
lunes, 26 de junio de 2017
Ensenada (resumen de viaje)
Gracias a los buenos oficios de la periodista y promotora cultural Estefania Ibáñez, el diario El Vigía, el colectivo La Covacha y algunos patrocinadores locales, estuve en Ensenada entre los días 21 y 24 de junio pasados, a fin de realizar algunas actividades que tienen que ver con mi oficio de periodista y escritor.
Fue un viaje verdaderamente espléndido y una experiencia de esas que no se olvidan, gracias a la amabilidad de la gente, el entusiasmo de quienes asistieron a los tres eventos programados y la calidez propia de esta ciudad costera del estado de Baja California.
Nunca antes había estado en Ensenada y para mí fue una muy agradable sorpresa descubrir lo que culturalmente ofrecen el lugar y su gente.
Mi primer arrobamiento vino al conocer la Casa de la Cultura, en cuya galería se llevarían a cabo una charla, un curso relámpago y la presentación de mi novela más reciente.
El edificio donde se encuentra este importante centro cultural ensenadense (me dijeron que este es el gentilicio correcto) es el que ocupó hace muchas décadas el hotel Riviera, suntuoso lugar que por allá de las décadas de los veinte, los treinta y los cuarenta del siglo pasado funcionaba como casino de alta alcurnia, al que acudían las grandes estrellas de Hollywood y en donde el mismísimo gangster de Chicago, el temible Al Capone, halló refugio en más de una ocasión.
La gran casa de blancas paredes se encuentra en magníficas condiciones y hoy sirve para difundir la cultura entre los habitantes del puerto. Recorrer sus fantásticos salones y corredores es algo casi irreal, un verdadero viaje al pasado, y sus extensos jardines constituyen un envidiable remanso para le lectura, la charla o la meditación. En el mismo sitio está también el hermoso y antiguo “Bar andaluz”, en el que una placa informa que fue ahí donde el bartender David Negrete inventó “la popular bebida ‘Margarita’, a petición de la señora Margarita King Plant, dueña del entonces hotel, en agosto 21 de 1948”. Por supuesto que probé el célebre brebaje.
Al mediodía del jueves 22, impartí una charla sobre periodismo cultural y musical que obtuvo una muy buena respuesta y la asistencia fue aún mayor en la tarde del mismo día, para el curso que di sobre historia comparada del rock. Quienes acudieron en buen número fueron muy atentos y participativos con sus preguntas, inquietudes y opiniones.
El viernes 23 pude dedicarlo a conocer varios lugares de Ensenada, como el mirador que está en lo alto del Cerro del Vigía (con una vista monumental de la ciudad), el mercado negro de pescados y mariscos (en el que conocí la impresionante almeja “generosa” o “chiluda", de peculiar aspecto), la marina con sus yates y botes y algunas de sus playas. Por supuesto, me comí unas deliciosas tostadas de mariscos en las tradicionales “carretas” callejeras. Mis Virgilios en este paseo por el paraíso ensenadense fueron la ya mencionada Estefania Ibáñez y el excelente Manuel Quintero.
Por la noche de ese día, se llevó a cabo la presentación de mi libro Emiliano, misma que estuvo a cargo del periodista Gerardo Sánchez García y la escritora Liz Durand Goytia. Fue otro de los momentos más cálidos y agradables de mi estancia, gracias al interés y el calor de los asistentes, entre ellos algunos connotados representantes del ambiente cultural local.
Un viaje tan fructífero como interesante. Una estancia tan grata como ilustrativa. No me queda más que agradecer a quienes me invitaron y a las personas que pude conocer y con quienes de seguro acabo de iniciar una perdurable amistad.
Fue un viaje verdaderamente espléndido y una experiencia de esas que no se olvidan, gracias a la amabilidad de la gente, el entusiasmo de quienes asistieron a los tres eventos programados y la calidez propia de esta ciudad costera del estado de Baja California.
Nunca antes había estado en Ensenada y para mí fue una muy agradable sorpresa descubrir lo que culturalmente ofrecen el lugar y su gente.
Mi primer arrobamiento vino al conocer la Casa de la Cultura, en cuya galería se llevarían a cabo una charla, un curso relámpago y la presentación de mi novela más reciente.
El edificio donde se encuentra este importante centro cultural ensenadense (me dijeron que este es el gentilicio correcto) es el que ocupó hace muchas décadas el hotel Riviera, suntuoso lugar que por allá de las décadas de los veinte, los treinta y los cuarenta del siglo pasado funcionaba como casino de alta alcurnia, al que acudían las grandes estrellas de Hollywood y en donde el mismísimo gangster de Chicago, el temible Al Capone, halló refugio en más de una ocasión.
La gran casa de blancas paredes se encuentra en magníficas condiciones y hoy sirve para difundir la cultura entre los habitantes del puerto. Recorrer sus fantásticos salones y corredores es algo casi irreal, un verdadero viaje al pasado, y sus extensos jardines constituyen un envidiable remanso para le lectura, la charla o la meditación. En el mismo sitio está también el hermoso y antiguo “Bar andaluz”, en el que una placa informa que fue ahí donde el bartender David Negrete inventó “la popular bebida ‘Margarita’, a petición de la señora Margarita King Plant, dueña del entonces hotel, en agosto 21 de 1948”. Por supuesto que probé el célebre brebaje.
Al mediodía del jueves 22, impartí una charla sobre periodismo cultural y musical que obtuvo una muy buena respuesta y la asistencia fue aún mayor en la tarde del mismo día, para el curso que di sobre historia comparada del rock. Quienes acudieron en buen número fueron muy atentos y participativos con sus preguntas, inquietudes y opiniones.
El viernes 23 pude dedicarlo a conocer varios lugares de Ensenada, como el mirador que está en lo alto del Cerro del Vigía (con una vista monumental de la ciudad), el mercado negro de pescados y mariscos (en el que conocí la impresionante almeja “generosa” o “chiluda", de peculiar aspecto), la marina con sus yates y botes y algunas de sus playas. Por supuesto, me comí unas deliciosas tostadas de mariscos en las tradicionales “carretas” callejeras. Mis Virgilios en este paseo por el paraíso ensenadense fueron la ya mencionada Estefania Ibáñez y el excelente Manuel Quintero.
Por la noche de ese día, se llevó a cabo la presentación de mi libro Emiliano, misma que estuvo a cargo del periodista Gerardo Sánchez García y la escritora Liz Durand Goytia. Fue otro de los momentos más cálidos y agradables de mi estancia, gracias al interés y el calor de los asistentes, entre ellos algunos connotados representantes del ambiente cultural local.
Un viaje tan fructífero como interesante. Una estancia tan grata como ilustrativa. No me queda más que agradecer a quienes me invitaron y a las personas que pude conocer y con quienes de seguro acabo de iniciar una perdurable amistad.
viernes, 23 de junio de 2017
Ensenada, día 2
La mañana estuvo dedicada a conocer diversos rincones de la ciudad. De ese modo, estuvimos en el malecón, la marina con sus yates, el llamado mercado negro (donde se consiguen los mariscos y pescados más frescos y donde conocí a la almeja "generosa" o "chiluda" que parece un gran pene), las playas (de agua fría) y el mirador en los alto del cerro del Vigia. Me tocó que saliera el sol y me pegué una buena quemada que puso mi piel de un rojo intenso. Mis guías fueron Estafania y Manuel.
Ya en la tarde, luego de comer en un localito de comida italiana que patrocinó mi estancia, nos fuimos a la Casa de la Cultura, en cuyos hermosos jardines Estefania y Manuel me hicieron una larga y divertida entrevista que videograbó Jenny. Antes, recorrí los ibcreíbles y fastuosos salones y corredores de lo que fue el hotel casino Riviera en los años veinte y treinta. Espléndido lugar.
De ahí, a la contigua Galería para la presentación de mi novela "Emiliano". Mis presentadores fueron el periodista local Gerardo Sánchez García y la escritora y poetisa Liz Durand Goytia. Fueron muy breves èro muy generosos. Luego hablé yo, hubo sesión de preguntas y respuestas y firma de ejemplares (vendí siete y regalé uno).
Al final, con siete u ocho personas fui al bar del propio ex hotel Riviera, donde inventaron el famoso coctel Margarita y me tomé uno (nunca lo había probado). Muy rico. Fue un muy grato convivio con el que culminó el día.
Me llevaron al hotel. Mañana regreso a la Ciudad de México.
Ya en la tarde, luego de comer en un localito de comida italiana que patrocinó mi estancia, nos fuimos a la Casa de la Cultura, en cuyos hermosos jardines Estefania y Manuel me hicieron una larga y divertida entrevista que videograbó Jenny. Antes, recorrí los ibcreíbles y fastuosos salones y corredores de lo que fue el hotel casino Riviera en los años veinte y treinta. Espléndido lugar.
De ahí, a la contigua Galería para la presentación de mi novela "Emiliano". Mis presentadores fueron el periodista local Gerardo Sánchez García y la escritora y poetisa Liz Durand Goytia. Fueron muy breves èro muy generosos. Luego hablé yo, hubo sesión de preguntas y respuestas y firma de ejemplares (vendí siete y regalé uno).
Al final, con siete u ocho personas fui al bar del propio ex hotel Riviera, donde inventaron el famoso coctel Margarita y me tomé uno (nunca lo había probado). Muy rico. Fue un muy grato convivio con el que culminó el día.
Me llevaron al hotel. Mañana regreso a la Ciudad de México.
miércoles, 5 de abril de 2017
Entrevista en El Financiero-Bloomberg
Esta es la entrevista acerca de mi novela Emiliano que me hizo Mauricio Mejía, en su programa Espresso Doble, del canal El Financiero-Bloomberg. Creo que quedó muy bien y se lo agradezco muchísimo, tanto a él como a mi querido amigo Roberto Velázquez Bolio, director de esa emisora.
miércoles, 29 de marzo de 2017
Una nota sobre Emiliano en Canal 22
Nota que elaboró Irma Gallo para el noticiero cultural de Canal 22 que conduce mi querida Laura Barrera y que se trasmitió el pasado 16 de marzo.
lunes, 27 de marzo de 2017
Emiliano: una entrevista en "Milenio Dominical"
El día de ayer se publicó en Milenio Dominical (en su última edición, por cierto), esta entrevista que me hizo Erick Baena acerca de mi reciente novela, Emiliano. Hela aquí.
“Escribo como si fuera músico de jazz”: Hugo García Michel
Por Erick Baena Crespo
El fantasma de la historia persigue a Hugo García Michel. Su familia paterna era liberal; la materna, conservadora. Lleva en sus apellidos los nombres de grupos que en el pasado pertenecieron a bandos contrarios. Y de uno de esos personajes se ocupa en su más reciente novela Emiliano (Ediciones Beso Francés, 2017).
Inspirado por la novela de la revolución mexicana, García Michel escribe la biografía de su abuelo, Emiliano García, quien formó parte del Congreso Constituyente de Querétaro en 1917.
“Me sentaba todas las noches a escribir hasta las 4 o 5 de la madrugada y sentía, aunque suene esotérico, que mi abuelo me dictaba algunos de los pasajes de la novela”, afirma en entrevista García Michel, mientras extrae de su librero diversas volúmenes sobre la Revolución Mexicana.
La novela narra la historia de Esteban Leyva, un joven reportero del diario El Universal que en 1921 recibe de Félix F. Palavicini el encargo de entrevistar a uno de los diputados constituyentes que años antes, en el entonces Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro, aprobaron la Carta Magna.
“Personajes como Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Rodolfo Fierro, José Vasconcelos, Diego Rivera y varios más cruzan por las páginas de esta novela que va más allá de la biografía para entregar un vívido, ameno y por momentos divertido retrato de México”, se lee en la cuarta de forros.
Don Emiliano, como le decían, abandonó la política tras la muerte de Carranza. García Michel se sirve de la ficción, para tratar de entender a un personaje que no conoció en vida y coloca en boca de su abuelo las siguientes palabras:
“¿Qué es nuestra historia, amigo Leyva? ¿Qué es sino una larga sucesión de crímenes, de violencia, de traiciones, de corrupción, de ambiciones egoístas, de tiranías y luchas fraticidas? Desde la época de la Conquista hasta el crimen de Tlaxcalantongo.”
¿A qué dificultades te enfrentaste al mezclar hechos históricos con ficción?
El proceso de escritura fue muy natural. No fue necesario hacer un trabajo de hemeroteca, pues tengo bastantes libros sobre la Revolución Mexicana. Si lo hubiera requerido, sin duda lo hubiera hecho. Conseguí el libro Historia del Congreso Constituyente 1916-1917, de Jesús Romero Flores, en el que aparecen las biografías de los diputados. Ahí, en cuartilla y media, está la biografía de mi abuelo. Episodios de su vida, que se cuentan en una línea, yo tuve que recrearlos en varias páginas. Por ejemplo, siempre me pregunté: ¿Cómo fue que mi abuelo conoció a Carranza? Y me encontré un pasaje, en las Biografías del poder (Venustiano Carranza. Puente entre siglos, Tomo V), de Enrique Krauze, que narra la reunión que Carranza sostuvo con Álvaro Obregón en El Fuerte, Sinaloa, la tierra natal de mi abuelo. Ese fue todo un hallazgo, ya que es muy probable que mi abuelo lo haya conocido en esa ocasión. Tomé ese hecho, documentado, real, y lo mezclé con la ficción.
¿A qué obedece, en términos narrativos, la historia de Esteban Leyva?
Me inventé este personaje, que es como mi álter ego, para hacer la novela más amena. O, al menos, ese fue el propósito. También la historia de Leyva me sirvió para recrear los años 20, que me fascinan. Es la época en la que me hubiera gustado vivir. Así que la trama de ese personaje me permitió pasear por las calles de una Ciudad de México única, en la que había una efervescencia cultural y en la que coincidieron personajes como Diego Rivera o José Vasconcelos.
¿Tenías consciencia de la estructura antes de escribir?
Escribo como si fuera músico de jazz: improviso mucho. Tenía ideas vagas: veinte capítulos, cambios de voz narrativa, dos personajes femeninos fuertes. No quería que fuera una biografía lineal, por eso me di a la tarea de escribir una trama paralela. Insisto: el proceso de escritura es algo mágico. Cuando me releo, me desconozco un poco: “¿Y esto, de dónde salió?”, me pregunto. Jamás he visto un espíritu. Es algo en lo que no creo, pero tampoco lo niego. No obstante, a la hora de escribir, sentía muy cerca la presencia de Don Emiliano.
Emiliano García, no tu abuelo, sino el hombre, ¿crees que fue un político honesto?
No lo puedo afirmar, pues no sé si en algún momento se sintió tentado por las malas prácticas. Pero no creo que haya tenido necesidad. Ahí sigue en pie la Quinta Guadalupe, su única propiedad y el hecho de que haya terminado su carrera trabajando como inspector de la Secretaría de Trabajo, un puesto honorario que le dio Lázaro Cárdenas, habla de su modestia republicana. Por eso me siento orgulloso de él.
¿Escribirás, ahora, sobre el reverso de tu historia familiar: los Michel?
Probablemente sí. Es algo que me pide mucho mi familia. Y también hay, de ese lado, anécdotas terribles, fascinantes.
Parece que la historia te persigue…
Y si a mi biografía le agregas que estudié la primaria en el Colegio Hernán Cortés, luego estuve en la secundaria 29 Miguel Hidalgo y Costilla, y que vivo en la calle Maximino Ávila Camacho, entonces sí que me acecha.
“Escribo como si fuera músico de jazz”: Hugo García Michel
Por Erick Baena Crespo
El fantasma de la historia persigue a Hugo García Michel. Su familia paterna era liberal; la materna, conservadora. Lleva en sus apellidos los nombres de grupos que en el pasado pertenecieron a bandos contrarios. Y de uno de esos personajes se ocupa en su más reciente novela Emiliano (Ediciones Beso Francés, 2017).
Inspirado por la novela de la revolución mexicana, García Michel escribe la biografía de su abuelo, Emiliano García, quien formó parte del Congreso Constituyente de Querétaro en 1917.
“Me sentaba todas las noches a escribir hasta las 4 o 5 de la madrugada y sentía, aunque suene esotérico, que mi abuelo me dictaba algunos de los pasajes de la novela”, afirma en entrevista García Michel, mientras extrae de su librero diversas volúmenes sobre la Revolución Mexicana.
La novela narra la historia de Esteban Leyva, un joven reportero del diario El Universal que en 1921 recibe de Félix F. Palavicini el encargo de entrevistar a uno de los diputados constituyentes que años antes, en el entonces Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro, aprobaron la Carta Magna.
“Personajes como Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Rodolfo Fierro, José Vasconcelos, Diego Rivera y varios más cruzan por las páginas de esta novela que va más allá de la biografía para entregar un vívido, ameno y por momentos divertido retrato de México”, se lee en la cuarta de forros.
Don Emiliano, como le decían, abandonó la política tras la muerte de Carranza. García Michel se sirve de la ficción, para tratar de entender a un personaje que no conoció en vida y coloca en boca de su abuelo las siguientes palabras:
¿A qué dificultades te enfrentaste al mezclar hechos históricos con ficción?
¿A qué obedece, en términos narrativos, la historia de Esteban Leyva?
Me inventé este personaje, que es como mi álter ego, para hacer la novela más amena. O, al menos, ese fue el propósito. También la historia de Leyva me sirvió para recrear los años 20, que me fascinan. Es la época en la que me hubiera gustado vivir. Así que la trama de ese personaje me permitió pasear por las calles de una Ciudad de México única, en la que había una efervescencia cultural y en la que coincidieron personajes como Diego Rivera o José Vasconcelos.
¿Tenías consciencia de la estructura antes de escribir?
Escribo como si fuera músico de jazz: improviso mucho. Tenía ideas vagas: veinte capítulos, cambios de voz narrativa, dos personajes femeninos fuertes. No quería que fuera una biografía lineal, por eso me di a la tarea de escribir una trama paralela. Insisto: el proceso de escritura es algo mágico. Cuando me releo, me desconozco un poco: “¿Y esto, de dónde salió?”, me pregunto. Jamás he visto un espíritu. Es algo en lo que no creo, pero tampoco lo niego. No obstante, a la hora de escribir, sentía muy cerca la presencia de Don Emiliano.
Emiliano García, no tu abuelo, sino el hombre, ¿crees que fue un político honesto?
No lo puedo afirmar, pues no sé si en algún momento se sintió tentado por las malas prácticas. Pero no creo que haya tenido necesidad. Ahí sigue en pie la Quinta Guadalupe, su única propiedad y el hecho de que haya terminado su carrera trabajando como inspector de la Secretaría de Trabajo, un puesto honorario que le dio Lázaro Cárdenas, habla de su modestia republicana. Por eso me siento orgulloso de él.
¿Escribirás, ahora, sobre el reverso de tu historia familiar: los Michel?
Probablemente sí. Es algo que me pide mucho mi familia. Y también hay, de ese lado, anécdotas terribles, fascinantes.
Parece que la historia te persigue…
Y si a mi biografía le agregas que estudié la primaria en el Colegio Hernán Cortés, luego estuve en la secundaria 29 Miguel Hidalgo y Costilla, y que vivo en la calle Maximino Ávila Camacho, entonces sí que me acecha.
miércoles, 15 de marzo de 2017
La presentación de "Emiliano"
Aunque parecía haber muchos factores en contra (mi gripe, día de quincena, el aguacero que cayó en varios puntos de la ciudad, el tránsito enloquecido), la presentación de mi novela Emiliano, la noche de hoy en ese bellísimo lugar de vista espectacular que es el Terraza Catedral, fue todo un éxito.
Con una asistencia aproximada de 50 a 60 personas, los tres presentadores (Ariel González, Eduardo Limón y Adán Ramírez Serret) y yo iniciamos a las ocho de la noche y todo salió estupendamente. Los tres ponentes estuvieron más que bien: amenos, interesantes, inteligentes, con sentido del humor y el público respondió de la mejor manera, con gran atención y con muy interesantes preguntas al final de la presentación.
Saludé a muchas personas y vendí una decena de ejemplares que firmé con mucho gusto. Al final, me fui a cenar a "La Popular" (en la calle 5 de mayo) con mi hijo Alain y algunos parientes y amigas.
Todo salió prácticamente perfecto, salvo porque no pudieron llegar mi hijo Jan y un par de amigas muy queridas. Por lo demás, todo muy bien.
Con una asistencia aproximada de 50 a 60 personas, los tres presentadores (Ariel González, Eduardo Limón y Adán Ramírez Serret) y yo iniciamos a las ocho de la noche y todo salió estupendamente. Los tres ponentes estuvieron más que bien: amenos, interesantes, inteligentes, con sentido del humor y el público respondió de la mejor manera, con gran atención y con muy interesantes preguntas al final de la presentación.
Saludé a muchas personas y vendí una decena de ejemplares que firmé con mucho gusto. Al final, me fui a cenar a "La Popular" (en la calle 5 de mayo) con mi hijo Alain y algunos parientes y amigas.
Todo salió prácticamente perfecto, salvo porque no pudieron llegar mi hijo Jan y un par de amigas muy queridas. Por lo demás, todo muy bien.
jueves, 9 de marzo de 2017
"Emiliano" con estudiantes de la FES Aragón
Me reuní a mediodía con varios estudiantes de Comunicación de la FES Aragón, alumnos de mi querido amigo Salvador Mendiola. Vinieron a comprarme ejemplares de Emiliano y se llevaron quince en total. Platicamos un rato, respondí a varias preguntas y me tomé fotos con ellos. Fue un momento muy grato que agradezco a estos jóvenes llenos de frescura. Por momento como este ya valió la pena haber editado el libro.
miércoles, 8 de marzo de 2017
Un miércoles a tope
A mediodía, vinieron a entrevistarme sobre Emiliano para el programa de la periodista Estela Livera en el canal 40 (ahora ADN 40). Más tarde, me llegó un pedido de treinta ejemplares del libro. En la tardecita, entrevista telefónica con un reportero de cultura de un diario de Saltillo, Coahuila, sobre el mismo tema. Luego vino mi querida amiga Rebeca y se llevó un ejemplar y, ya en la noche, cené aquí con Pau. Un miércoles a tope.
domingo, 5 de marzo de 2017
En Tlalpan
Domingo en Tlalpan, a donde fui a visitar a mi mamá e Ivette. Antes pasé un rato a la casa de Rosa, donde estaba su primo Sergio Tovar. Hacía años que no nos veíamos. Me contó que se va a trabajar al consulado de México en Los Ángeles y cuando le conté de mi nueva novela, me pasó los datos de una amiga suya en Guanajuato, para que inviten a presentarla a la Alhóndiga de Granaditas. Ojalá se logre.
Con mi mamá la pasé muy bien y hasta le tomé la foto que engalana este post. Quién diría que tiene 95 años.
Con mi mamá la pasé muy bien y hasta le tomé la foto que engalana este post. Quién diría que tiene 95 años.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

%2020.22.32.png)















