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martes, 22 de diciembre de 2020

¿Por qué apareció el jazz?

Terminé de leer Why Jazz Happened?, el estupendo libro de Marc Myers que a mi modo de ver es más que una mera historia del jazz. Editado por la University of California Press en 2013, lo leí en su versión original en inglés (desconozco si existe en español) y me fascinó desde un principio.

  El texto abarca desde 1917 –concretamente desde el 26 de febrero de ese año, cuando la Original Dixieland Jass Band (sí, Jass), una agrupación integrada en exclusiva por músicos de raza blanca, realizó en Nueva York la primera grabación de jazz de la historia, con los temas “Dixieland Jass Band One-Step” y “Livery Stable Blues”–, hasta el año 1972, con la consolidación del jazz rock y el jazz de fusión. Sin embargo, se asoma –así sea someramente– a lo que ha sucedido a partir de ese año y hasta principios del siglo XXI.

  Lo original de este libro es que Myers no se limita a recorrer la historia del jazz desde un punto de vista estrictamente musical, sino que contextualiza su desarrollo para mostrar cómo este fue respondiendo a los cambios históricos, sociales, culturales y tecnológicos que se dieron a lo largo de poco más de medio siglo. Desde la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos hasta la manera como fueron cambiando las técnicas de grabación, desde las luchas sindicales de los músicos hasta la forma en que influyó la electrificación de los instrumentos, desde los efectos de la Segunda Guerra Mundial y la postguerra en los músicos de jazz hasta la irrupción del rock ’n roll y la llegada de los Beatles a mediados de los años sesenta, desde por qué surgieron géneros como el be-bop y el hard-bop hasta por qué el jazz pasó de ser una música bailable y estruendosa en sus inicios a un género más íntimo e intelectualizado que se escuchaba sentado y en silencio durante las décadas de los cincuenta y sesenta. Es un recorrido riquísimo el que realiza el volumen a lo largo de sus casi 250 páginas.

  Uno como lector habría querido, quizá, la propuesta de una discografía básica por parte del autor, pero se entiende que no era su intención manejarse en el mismo tenor de tantas otras historias del jazz. Como sea, un libro de prosa muy grata, lleno de interés informativo, con datos tan ilustrativos como sorprendentes; absolutamente recomendable para los interesados en este género.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

¿Por qué vale la pena vivir? (actualizado)

¿Por qué vale la pena vivir? Es una buena pregunta... Mmmm... Bueno, hay varias cosas que creo que hacen que valga la pena... Eh, ¿como cuáles? Bien, para mí... Mmmm... Yo diría... Los Hermanos Marx... por decir una... Mmmm... Manhattan y Annie Hall de Woody Allen... El cine de Francois Truffaut y el de Eric Rohmer... Las películas de James Cagney y de Jimmy Stewart... Mucho del cine hollywoodense de los años treinta… Mucho del cine mexicano de la Época de oro… Marilyn Monroe... Tin Tan... La música de Mozart y de Haydn... El blues... El buen rock... El jazz... Frank Zappa... Los Beatles... Los Kinks... The Who... Los Rolling Stones… Bob Dylan... Donovan… Led Zeppelin… The Warning… Oscar Wilde... Voltaire... Jorge Ibargüengoitia... Borges y Rulfo… Rojo y negro de Stendhal... Madame Bovary y La educación sentimental de Flaubert... Crimen y castigo y Los hermanos Karamasov de Dostoievsky… Anna Karenina de Tolstoi… Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz… La pintura de Modigliani y de Magritte y de Paul Klee... Seinfeld... Shameless US… Mis hijos Alain y Jan... Los libros que he escrito y los que aún quiero escribir… Mis canciones… Mi disco Nunca es tarde... El Barça, los Pumas de la UNAM y el futbol como una de las bellas artes... Messi... Tlalpan... París… México... Las tardes de noviembre... Mis guitarras… Mi antiguo depto... Las mujeres amigas… Las mujeres amantes… Las mujeres utópicas… La posibilidad de amar como si uno siguiera siendo un adolescente... La pasión, la entrega, la ternura, la libertad amorosa... Por eso y sólo por eso, sí que vale la pena vivir.

(Paráfrasis renovada de mi escena favorita de Manhattan, mi película favorita de Woody Allen, en la que el personaje de Isaac Davis –Allen mismo–, recostado en un sofá, dicta en una grabadora los motivos por los que él siente que vale la pena vivir)

jueves, 26 de noviembre de 2020

Oye Oye

 

 

El cuarto sencillo de mi disco Nunca es tarde. 

Alejandro Martínez-Gil: Guitarras; Liliana Buneder: Voz y efectos vocales; María Emilia Martínez: Flauta; Rafael González (El Sr. González): Egg shaker;  Hugo García Michel: Voz 

Música y letra: Hugo García Michel 

Grabación, ingeniería de sonido y mezcla: Jehová Villa Monroy 

Masterización: Arcadio Hernández 

Producción ejecutiva: Iris Bringas, Jehová Villa Monroy y Hugo García Michel 

Grabada en DKP Records 

Lyric video: Iris Bringas

jueves, 22 de octubre de 2020

Una noche

 

Tercer sencillo de mi disco "Nunca es tarde". 

Músicos participantes: Iraida Noriega: Voz 

Diego Maroto: Sax 

Mario Chánez: Batería 

Jehová Villa Monroy: Bajo y guitarra 

Hugo García Michel: Voz y guitarra 

 

Arreglo: Hugo García Michel 

Grabación, ingeniería de sonido y mezcla: Jehová Villa Monroy 

Masterización: Arcadio Hernández 

Producción: Iris Bringas, Jehová Villa Monroy y Hugo García Michel 

Lyric video: Marlene Betanzos 

Títulos y subtítulos: Iris Bringas 

 

DKP Records 

Derechos reservados, octubre de 2020

martes, 20 de octubre de 2020

"Una noche", dentro de dos noches

Este jueves 22 de octubre será la presentación del tercer sencillo de mi disco Nunca es tarde. Se trata de mi composición "Una noche", un tema de corte erótico en el que participan dos grandiosos exponentes del jazz nacional: la cantante Iraida Noriega y el saxofonista Diego Maroto, además de músicos estupendos como Mario Chánez (batería) y Jehová Villa Monroy (bajo y segunda guitarra). Mi participación es en voz y guitarra, además de que el arreglo es mío también. El lyric video, realizado por mi querida amiga Marlene Betanzos, estará disponible en YouTube a partir de las nueve de la noche de ese día.

sábado, 4 de enero de 2020

2019: un recuento por géneros


¿Qué fue lo mejor, género por género, que nos trajo la música durante el año que está a punto de irse? Hagamos una revisión somera y necesariamente subjetiva, al tiempo que desde “Acordes y desacordes”, el sitio de música de la revista Nexos, deseamos a nuestros lectores un gran 2020 (cuando menos en lo musical).

Mejor disco: Who, de The Who (Interscope). El poderío de Pete Towshend y Roger Daltrey retornó con fuerza septuagenaria para producir este discazo. ¡Vaya g-g-g-g-g-generación!

Mejor canción: “All My Hapiness Is Gone”, del disco Purple Mountains (Drag City Records) de Purple Mountains. Literalmente una canción epitafio. Un mes después de aparecer el disco homónimo que la contiene, su autor e intérprete, David Berman, se quitó la vida. Pero no es eso lo que la hace un gran tema. Se trata de una entrañable composición. Melancolía pura.

Mejor disco de rock: Dogrel, de Fontaines D. C. (PTKF Records). Este quinteto de Dublin es una de las más gratas sorpresas del año. Rock sólido con influencias que van de The Clash a The Velvet Underground y de The Pogues a Joy Division. Y por si fuera poco, les da por la buena poesía irlandesa. Dublineses, al fin y al cabo.

Mejor disco de art rock: Fear Inoculum, de Tool (RCA). Grupo de culto, si los hay, Tool reapareció en 2019 con su quinto álbum en tres lustros de carrera musical. Maynard James Keenan aún tiene mucho que decir, mucho que ofrecer, y aquí lo demuestra con creces.

Mejor disco de alt-rock: Two Hands de Big Thief (4AD). Desde Brooklyn llegó este grupo plenamente hipster y millennial con su cuarto larga duración en escasos tres años. Indie rock para almas sensibles y vulnerables que rozan la corrección política. La peculiar voz de Adrianne Linker es su sello principal.

Mejor disco de alt-folk:
Western Stars, de Bruce Springsteen (Columbia). El alt folk no es el género característico de Springsteen, pero me atrevo a colocar su disco de 2019 en ese canon. Un trabajo lleno de intimidad y belleza. Una joya.

Mejor disco de rock clásico:
Let’s Rock, de The Black Keys (Nonesuch). Espléndido retorno a las raíces que dieron nacimiento a este dueto conflictivo, visceral y contradictorio pero grandioso. Dan Auerbach y Patrick Carney vuelven a estar en pleno.

Mejor disco experimental: Proto, de Holly Herndon (4AD). Loops, laptops, sonidos electrónicos, voces del extramundo. La música de Herndon es una propuesta interesantísima que se ve coronada en este, su tercer y fascinante opus.

Mejor disco de hip-hop: Eve, de Rapsody (Jamla). Espléndido disco de esta rapera, con dieciséis tracks, cada uno dedicado a una mujer notable de raza negra, desde Nina Simone hasta Oprah Winfrey. Finísimo trabajo con el mejor hip-hop.

Mejor disco de rock pop: Norman Fucking Rockwell, de Lana del Rey (Interscope). ¿En serio? Lana del Rey. Pues sí: Lana del Rey y una obra en verdad sorprendente por su calidad y hondura. Por mucho, su mejor disco, con ecos de Tori Amos, Fiona Apple y hasta Beth Gibbons.

Mejor disco de rock progresivo: In Cauda Venenum, de Opeth (Nuclear Blast). Prog rock para el siglo XXI. Así han definido algunos especialistas a la música que está haciendo esta agrupación sueca que se iniciara dentro del death metal y evolucionara hacia un sonido de mucha mayor riqueza armónica y melódica.

Mejor disco de metal: Gold & Gray, de Baroness (Abraxan Hymns). Con veinte años de carrera a sus espaldas, este sólido cuarteto de Savanah, Georgia, presenta su octavo álbum y a su nueva guitarrista, Gina Gleason. Un trabajo caleidoscópico e intrincado. Estupendo.

Mejor disco de electrónica: Utility, de Sam Barker (Ostgut Ton). Excelente disco debut de este DJ y productor berlinés, antiguo integrante del dueto electrónico alemán Barker & Baumecker. Un plato emocional que expande los horizontes del techno.

Mejor disco de alt country:
No Saint, de Lauren Jenkins (Big Machine). Con su voz dulce y grave a la vez, con un timbre deliciosa y levemente rasposo, esta cantautora que se inicia en el medio discográfico presentó esta más que buena colección de country con ciertas dosis de pop. Un prometedor debut de esta nacida en Arlington, Texas, hace 28 años.

Mejor disco de blues: Kingfish, de Christone “Kingfish” Ingram (Alligator). Con tan sólo veinte años de edad, este fantástico bluesero nacido en Clarksdale, Mississippi –y que ya ha trabajado con Buddy Guy y Eric Gales–, arriba con un disco fenomenal. Su guitarra y su gran voz sobresalen con un sentimiento que brota de las tierras pantanosas del deep south. Grandioso blues eléctrico por parte de este muy joven y robusto virtuoso.

Mejor disco de soul:
Live in London de Mavis Staple. A sus ochenta años de edad, esta reina y leyenda viviente del gospel y la música soul grabó esta maravilla en concierto. Impresionante que aún conserve prácticamente intactas esa voz y esa alma.

Mejor disco de jazz: Love and Liberation, de Jazzmeia Horn (Concord). Irresistible disco de post bop, con la sensacional y resonante voz de esta cantante nacida en Dallas en 1991 y el fino quinteto que la acompaña. Una docena de temas en los que el jazz se deja seducir de pronto por el soul y el r&b. Una joya en la que la tradición se entremezcla con lo contemporáneo.

Mejor disco de música culta: Bach to the Future, de Olivier Latry (La Dolce Volta). Impresionante grabación con la última ocasión en que el majestuoso órgano de la catedral de Notre Dame, en París, fue tocado, antes del incendio de 2019 que la puso en serio peligro. 

Mejor disco de world music: Mettavolution, de Rodrigo y Gabriela (ATO). El talentosísimo dueto de guitarristas mexicanos continúa su carrera fuera de nuestras fronteras, demostrando su capacidad artística y su infinita creatividad. Rodrigo Sánchez y Gabriela Quintero ya se encuentran más allá del bien y del mal. Por cierto, el disco contiene una larga (¡19 minutos!) y estupenda versión de “Echoes” de Pink Floyd.

Mejor disco en concierto: Commit Yourself Completely, de Car Seat Headrest (Matador). Este sensacional y prácticamente desconocido grupo de Virginia (aunque ya estuvieron este 2019 en el festival Corona Capital), cuyo cerebro es el cuasi nerd Will Toledo, posee una propuesta difícil de definir, si bien se codea lo mismo con el rock alternativo que con el post punk. Para salir de dudas, escúchelo usted en este magnífico disco “en vivo”.

Mejor reedición discográfica: 1999, de Prince. El disco con el que en 1982 el geniecito de Minneapolis dio un paso creativo que sería decisivo para su música. Una visionaria colección de funk-pop sensual y futurista. La edición agrega una gran cantidad de rarezas, pistas en vivo y mezclas.

Mejor disco mexicano de rock: Soy piedra, de Belafonte Sensacional (Independiente). Un excelente disco, una muestra de primer orden de lo que pueden hacer el talento, la creatividad y el ingenio aplicados a la música. Belafonte Sensacional representa lo (muy) bueno que se puede hacer fuera de los asfixiantes forceps del rockcito convencional mexicano y su dudoso mainstream.

martes, 26 de noviembre de 2019

Sr. Swing, predicando la palabra del jazz

En las grandes ciudades del mundo, especialmente en sus centros históricos, sus plazas, sus metros o sus lugares turísticos, resulta común encontrarse con músicos callejeros de la más diversa índole. En París, Londres y otras urbes europeas, por ejemplo, estos músicos trabajan de manera reglamentada y autorizada por los gobiernos locales, lo que les otorga protección y seguridad. Claro que para tener esos derechos deben pasar algunas pruebas, entre las cuales está la del talento y la calidad artística.
  En la Ciudad de México las cosas no están tan organizadas y muchos músicos tocan en la calle de manera “ilegal”, por lo que deben estar atentos a la intempestiva llegada de la policía que en el mejor de los casos les pide moverse y en el peor, los extorsiona o incluso les incauta sus instrumentos, es decir, su medio de trabajo.
  Todos hemos visto a músicos callejeros de muy distintos géneros y calidades. Algunos asombran, otros resultan simpáticos, otros dan pena ajena, pero todos son respetables y hacen su lucha cotidiana en medio del fragor citadino y de la indiferencia de la mayoría, a menos que su música llame tanto la atención que obligue a detenerse para escuchar y disfrutar.
  Sr. Swing –o Sr. Swing Hot Jazz Band– es un quinteto mexicano de jazz de gran calidad, cuyo sonido remite a los inicios del género, a aquellos años veinte, treinta y cuarenta en que la música Dixieland y el swing reinaban y cuando destacaban músicos como Sidney Bechet, Jelly Roll Morton, Ben Webster y Louis Armstrong, entre muchos otros. 
  Conformado por Vladimir Zárate (guitarra), José Mondragón (clarinete y trombón), Alex Paz (trompeta), Ángel Rodríguez (batería y percusiones) y Sergio Carrera (bajo y contrabajo), el grupo se inició cuando Zárate y Paz se conocieron en un taller para guitarristas en Coyoacán, donde su maestro, quien acababa de regresar de Francia, los introdujo en el universo del jazz manouche o gypsy jazz. Fue así que descubrieron a músicos como Django Reinhardt, Stéphane Grappelli y Bireli Lagrene, pero también a Benny Goodman y Charlie Christian y decidieron que ese era el estilo que querían interpretar. Iniciaron algunos proyectos (Vladimir en la guitarra, Alex en la trompeta y otros instrumentistas) y fueron explorando más música, como el jazz Dixieland, el jazz hot y el swing.
  Al poco tiempo, se integraron Mondragón y Rodríguez y ya como cuarteto, empezaron a tocar en las calles de la ciudad. Así fue como nació Sr. Swing, al que más tarde se sumaría Carrera como bajista, para solidificar la sección rítmica. Sergio los vio un día tocar a las afueras de la estación del metro Etiopía, les comentó que tocaba el contrabajo y de inmediato fue aceptado.
  El nombre de Sr. Swing surgió porque cuando el grupo comenzaba, detrás del lugar donde ensayaba había una iglesia de la que solían escucharse cánticos religiosos y los músicos comentaban entre risas “ya es la hora del Señor del Swing” y así, entre broma y broma, adoptaron ese apelativo.
  “Era el Sr. Swing predicando la palabra del jazz”, dice Vladimir Zárate ante las carcajadas de sus compañeros.
  Pero, ¿cómo fue que decidieron ser músicos callejeros? Cuenta Alex Paz que cuando era estudiante, se juntaba con otros músicos y salían a tocar en la calle. “Desde el principio me gustó sentir ese contacto directo con la gente”, comenta.
  Al preguntarles si para tocar en la vía pública necesitan sacar permisos, comentan que en realidad en la CDMX no existe un permiso como tal y que, si acaso, a algunos músicos se les otorga “una especie de licencia para trabajador no asalariado”, pero que realmente “no sirve de nada y de todos modos los policías te llevan al cívico”. Eso obliga a los músicos a no moverse de puntos que consideran más o menos seguros y hace que no exploren nuevos lugares.
  “Los policías nunca nos dicen por qué nos van a quitar”, comenta Zárate. “Unos que porque estorbamos, otros que porque estamos pidiendo dinero o porque vendemos nuestros discos sin permiso o porque hacemos escándalo”.
  Los integrantes de Sr. Swing cuentan sin embargo que últimamente han tenido menos problemas cuando tocan en la calle, ya que se unieron a un colectivo de músicos callejeros del Centro Histórico de la ciudad en el que existe un censo de integrantes que fue dado a conocer a las autoridades.
  A pesar de las dificultades que implica tocar básicamente en las calles, el grupo se ha vuelto autofinanciable y sus ingresos, lo que recolectan de la gente que los ve, les dan lo suficiente para vivir y permiten que sus cinco integrantes puedan dedicarse profesionalmente y de tiempo completo a tocar.
  Acerca de la respuesta de los transeúntes, Ángel Rodriguez dice que la gente reacciona de diferentes maneras. “Hay quienes se sorprenden cuando nos escuchan, algunos quizá porque no conocen el estilo de jazz que tocamos y otros precisamente porque lo conocen, pero nunca he visto que alguien se moleste con nuestra música. Al contrario, hay a quienes incluso les da nostalgia al oírnos y no faltan los que se ponen a bailar –o al pasar caminando frente a nosotros realizan pasitos de baile–; imagino que porque nuestro repertorio es muy alegre y les hace mover los pies”.
  José Mondragón recuerda que, en cierta ocasión, una señora “se acercó a decirnos que aquel jazz le hacía recordar a su mamá, porque ella solía poner discos de aquella música en su casa. En otra ocasión se nos acercó un hombre bien vestido, pero muy ebrio, que no dejaba de llorar y decía que se iba a tirar a las vías del metro para matarse, debido a una decepción amorosa; pero se quedó a escucharnos –ahí, a la entrada del metro Etiopía–, empezó a alegrarse, se puso a bailar y al final se fue, ya más tranquilo, y nos dejó un billete de 500 pesos. Y una vez que fuimos a tocar a Sayulita, en Nayarit, unos gringos nos dijeron que sonábamos mejor que los músicos de Nueva Orleans, ¡ja ja!”.
  “A los niños también les llama mucho la atención”, interviene Alex Paz. “Sobre todo cuando ven el lavadero que toca Ángel.
  Curioso resulta saber que el lavadero, ese instrumento típico del jazz Dixieland en particular y de la música de Nueva Orleans en general, en realidad es eso: un lavadero portátil para la ropa y que los músicos negros de fines del siglo XIX o principios del XX lo adoptaron y adaptaron como instrumento de percusión. “Vlady consiguió el primero que tuvimos, lo compró cerca del mercado de la colonia Guerrero”, cuenta el propio Ángel Rodríguez. “De hecho, yo soy baterista y nunca había tocado un lavadero. El que tengo ahorita, lo conseguí en la Merced; no en una tienda de música, sino donde venden artículos para la limpieza”, termina divertido. Para percutirlo y llevar el ritmo, Ángel utiliza anillos. “Hay lavaderistas que usan dedales o cucharas, pero yo me acomodo mejor con los anillos”.
  Acerca del repertorio de la banda, este se conforma “con piezas que nos gustan”, comenta Alex Paz. “Ya sea que las escuchemos y las arreglamos o las sacamos de varios libros con partituras, especialmente de jazz, que tenemos. Todos leemos música”.
  “Todavía no tenemos piezas originales, pero sí queremos empezar a componer nuestras propias rolas, para enriquecer el repertorio”, concluye Zárate.
  Sr. Swing tiene por ahora dos discos grabados que suelen venderse durante sus presentaciones, ya sea en la calle o en algunos lugares cerrados donde también llegan a presentarse, como el Terraza Catedral, en el número 4 de la calle Guatemala, en el Centro Histórico. El primer disco lo hicieron en Puebla, gracias a los buenos oficios de una amiga suya. Se grabó en directo, en una sola toma, a lo largo de una mañana. El segundo, Etiopía Jam (2019), es una producción con un sonido más profesional que ya puede escucharse en Spotify y otras plataformas similares.

(Entrevista que me fue publicada el día de ayer en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

domingo, 3 de noviembre de 2019

Blues People

Los grandes del jazz (Diana), un clásico acerca del género y de otros géneros más, el primer libro sobre blues y jazz escrito por un autor de raza negra. La edición es español es de 1965 (yo tenía diez años cuando apareció), aunque el original en inglés es de 1963 y el título es Blues People, con el subtítulo "Negro Music in White America". Una joya que abarca la música negra desde la época de la esclavitud hasta principios de los años sesenta.

martes, 12 de febrero de 2019

Sesión con Aarón Cruz

Hoy tuvimos una muy buena sesión de grabación para mi disco, nada menos que con uno de los mejores bajistas y contrabajistas del jazz que se hace en México: el gran Aarón Cruz.
  Su contrabajo quedó perfecto en mi canción "Eres joven", en la que también participan como invitados Armando Palomas en la voz y el grupo de jazz Sr. Swing (guitarra, clarinete, trompeta y lavadero). Es posible que Alejandro Martínez Gil incluya todavía un banjo para que el tema quede listo.Yo aquí sólo canto.
  La segunda canción en que participa es "Sólo he venido a decirte adiós", para la que usó un curiosísimo bajo-ukulele electroacústico que suena increíble (ver foto). En esa pieza están también Nancy Zahmer (voz), Mauricio Díaz Hueso (voz y guitarras), Mauricio González (armónica) e Iris Bringas (pandero). Yo canto y toco la segunda guitarra.
  Muy buena sesión.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Espléndido homenaje al Mississippi

Allen Toussaint permanece como uno de los músicos emblemáticos de Nueva Orleans y de la región del sur profundo estadounidense, ese deep south presidido por la majestuosidad del delta del río Mississippi. Delta del Mississippi: fuente de leyendas mágicas, de historias extraordinarias, de novelas que narran aventuras de épico humorismo y delirante romanticismo; la zona donde Mark Twain dio vida a Huckleberry Finn, a Tom Sawyer y a Pudd’nhead Wilson. Delta del Mississippi: sinónimo de riqueza y miseria, de señores feudales blancos y de humillados esclavos negros. La cuna de la música afroestadounidense, del blues como género primigenio y manantial de mucho de lo que sobrevino después.
  The Bright Mississippi es un disco que hace un perfecto homenaje musical a ese río y a todo lo que representa y ha representado a lo largo de más de tres siglos. Ecléctico y variado, el más reciente trabajo de Toussaint presenta una docena de temas que tocan al jazz, al blues y a la música criolla (creole). El énfasis está dado en la sensibilidad neoorleansina (si se me permite el término) y su muy particular manera de tratar a la música, con ese mestizaje que relaciona a lo negro (el blues) con lo blanco (el country), más ese toque francés propio de la Louisiana. Es por ello que los doce temas que recorren a este trabajo nos iluminan, nos llenan de gozo y de nostalgia, pero también nos enseñan lo que es una verdadera fusión racial traducida en notas musicales. 
  Producido por Joe Henry, el mismo que trabajó con Allen Toussaint en su fantástico álbum a dueto con Elvis Costello (The River in Reverse, 2006), The Bright Mississippi es una obra de sonido limpio, impecable, pero que no pierde un ápice del fuego propio de la música del sur de los Estados Unidos y conserva su alma, esa alma ardorosa, desafiante, provocativa. Para lograr un disco tan poderoso y a la vez tan conmovedor, Toussaint supo rodearse de una pléyade de instrumentistas de primer orden. Ahí están el clarinetista Don Byron, el saxofonista Joshua Redman, el trompetista Nicholas Payton, el guitarrista Marc Ribot y el pianista Brad Mehldau, es decir, músicos de primerísimo orden y de la primerísima división del jazz actual… y qué decir del material reunido, de las melodías que conforman el plato.
  Temas de Duke Ellington (“Day Dream”, “Solitude”), Django Reinhardt (“Blue Drag”), Sidney Bechet (“Egyptian Fantasy”), Jelly Roll Morton (“Winin’ Boy Blues”), Thelonius Monk (“Bright Mississippi”), Leonard Feather (“Long, Long Journey”, un blues maravilloso, la única pieza cantada del álbum) y composiciones tradicionales (“St. James Infirmary”, “Just a Closer Walk with Thee”) son parte de esta obra espléndida, en la cual el piano de Allen Toussaint brilla también por méritos propios y demuestra que a sus 71 años, el hombre sigue siendo tan buen director y arreglista como intérprete de su instrumento (lo que demuestra en el tema “Dear Old Southland” de Raymond Bloch, una especie de medley con referencias a grandes clásicas como “St. Louis Blues”, “Summertime” y otras varias).
  The Bright Mississippi, un disco tan brillante y luminoso como su propio título. Una maravilla jazzística de primer orden. Sobra decir que resulta perfectamente recomendable.

(Reseña que escribí hace diez años para la revista Nexos)

miércoles, 4 de julio de 2018

Sesión No. 26: Sr. Swing

Hoy grabamos con los estupendos músicos jazzeros de Sr. Swing. Fueron cuatro de ellos (sólo faltó Sergio, el bajista, quien grabará su parte más adelante). Le hicieron un genial arreglo estilo jazz à la Dixieland a "Ella es joven" (la canción en la que Armando Palomas canta conmigo), con guitarra, trompeta, clarinete y lavadero. Estuvo todo muy divertido. Un paso más en el disco.

lunes, 11 de junio de 2018

Preciosa sesión (la 24) con las hermanas Beaujean

Gran sesión tuvimos hoy, en el estudio de Iris Bringas y Jehová Villa Monroy, para grabar las voces de las hermanas Beaujean en mis canciones "Gatos de arrabal" y "Es riesgoso". Ingrid y Jenny dieron lo mejor de ellas para lograr un trabajo finísimo que combinó lo mismo coros al estilo de las Andrew Sisters, en la primera, que un coro gospel en la segunda. El disco sigue viento en popa. Maravilloso.

martes, 3 de abril de 2018

Las sensacionales Swing Singers

Una de las preguntas que me hago cuando cuestiono al rockcito es por qué, si en México existen tan buenos músicos, el pequeño rock que se hace en México es en su mayor parte tan malo. En el jazz por ejemplo, sucede otra cosa muy distinta: en nuestro país se hace gran jazz en todas sus vertientes y la del jazz vintage no es la excepción.
  A fines de los años cuarenta y principios de los cincuenta, surgieron en los Estados Unidos agrupaciones vocales femeninas con muy especiales armonizaciones y con una base jazzística apoyada sobre todo en el swing. Las Andrew Sisters y las Chordettes destacaban entre ellas.
  En México surgió hace relativamente poco tiempo un trío vocal (apoyado por un trío instrumental) conformado por las cantantes Aly Orizaga, Mariana Teutli y María José Ruiz (a quien acaba de reemplazar Luisela López). Las acompañan Sabik Chaparro (guitarra), Gary Anzures (tuba) y Guillermo Sandoval (batería).
  Con un repertorio que incluye lo mismo clásicos del swing que boleros adaptados a este ritmo, Las Swing Sisters acaban de sacar el álbum Dulce Swing (Fonarte Latino, 2018). Con una perfecta amalgama vocal, el trío consigue dotar a sus interpretaciones de una frescura y una gracia verdaderamente sorprendentes. Es claro que no se trata de cantantes improvisadas y que detrás de sus vocalizaciones hay un trabajo intenso y profundo, aparte de un gusto evidente por lo que hacen.
  El álbum contiene piezas conocidas, pero con un tratamiento muy particular y lleno de vida. Así, el contenido va desde clásicos como “Sing, Sing, Sing”, “Moon River”, “Mr. Sandman” y “Alexander’s Ragtime Band” hasta boleros como “Cuando vuelva a tu lado”, “Piel canela” y “Bésame mucho” o incluso temas de películas de Walt Disney como El libro de la selva (“Quiero ser como tú”) y Los Aristogatos (“Todos quieren ser un gato jazz”).
  A pesar de ser un trabajo de tintes nostálgico, estas muy jóvenes vocalistas lo han dotado de una actualidad inusitada y, sobre todo, de una calidad musical a toda prueba. Un gran hallazgo que no dudo en recomendar.

(Mi columna "Gajes del orificio" de hoy en la sección ¡hey! de Milenio Diario)

jueves, 18 de enero de 2018

10 grandes discos de 2017 hechos por mujeres

El año que acaba de irse fue pródigo en buenos discos con intérpretes y/o compositoras mujeres, ya sea en el rock, el folk, el hip-hop, el soul, el blues, el jazz y otros géneros. Vaya como muestra una decena de ellos.

1.- St. Vincent. Masseduction. Un álbum delicioso. Tal vez no sea el mejor trabajo de Annie Clark, pero sí uno de los más accesibles y variados. Elegante, sutil, refinado, en ocasiones divertido y en ocasiones conmovedor, Masseduction es un disco cautivador e irresistible.

2.- Rosalía. Los Ángeles. Cantaora millennial llaman a esta joven nacida en Barcelona en 1993 y cuyas canciones han traspasado fronteras. Con una profunda raigambre flamenca, ha logrado con sus canciones una fusión entre el cante jondo y el folk más melancólico. A pesar de cantar en español, su sentimiento ha trascendido en el mundo anglosajón y muchos críticos afamados la colocan ya en un merecido pedestal.

3.- Lorde. Melodrama. Pop rock en su más fresca y auténtica expresión. Pop rock incluso con aires de art-rock. Más ambicioso y mejor producido que su primer disco, Melodrama nos muestra en plenitud a esta muy joven artista neozelandesa de sólo 20 años. Un trabajo admirable.

4.- LP. Lost on You. Una cantautora muy poco conocida, pero de gran presencia y talento. LP (Laura Pergolizzi) crea un sonido en el que el blues, el soul, el rock y el pop se entremezclan con la electrónica y las más vanguardistas formas de grabación. Oscura, provocativa, sensualmente punky. Al igual que su música.

5.- Nai Palm. Needle Paw. Sorprendente propuesta la de la líder  de la singular agrupación australiana Hiatus Kaiyote y su soul futurista. Cantante y guitarrista fuera de serie, en este disco se hace acompañar por un coro de tres integrantes y con ello realiza fantásticos juegos vocales a lo largo de doce piezas asombrosas.

6.- Jazzmeia Horn. A Social Call. El jazz vocal tuvo su mejor disco femenino con esta joven y estupenda cantante, ganadora del concurso internacional Thelonious Monk para cantantes de jazz. A Social Call muestra el virtuosismo y los alcances de los que es capaz esta nacida en Texas pero formada artísticamente en Nueva York. Una perfecta delicia.

7.- Rosalía León. Más alto. Compositora, cantante y guitarrista mexicana que lanzó este disco en el que fusiona de manera estupenda la música tradicional mexicana con la guitarra eléctrica. Para ello, se hace acompañar por músicos de enorme calidad y renombre, como Mike Stern, Julio Revuelas, Javier Bátiz y Sole Giménez, entre otros. Música hecha por auténtico amor a la música.

8.- Nicole Mitchell. Mandorla Awakening II: Emerging Worlds. Gran trabajo de esta flautista experimental. Su música constituye todo un universo conceptual pleno de sonidos extraños, a la vez primitivos y futuristas. Un álbum que cruza por las más diversas atmósferas y los más extraños paisajes sonoros, para dar como resultado una obra que puede resultar tan fascinante como desconcertante. En verdad todo un viaje.

9.- Feist. Pleasure. La gran cantatutora canadiense regresó, luego de seis años de ausencia discográfica, y lo hizo con esta obra que se aleja un tanto de su conocido indie pop para acercarse de alguna manera a la crudeza cuasi punk de los primeros discos de PJ Harvey. Un disco lleno de placer, pero también de drama y crudeza.

10.- SZA. ‘Ctrl’. El R&B y el hip-hip se dan la mano con el álbum debut de Solana Rowe, mejor conocida como SZA. Letras intimistas y a la vez conscientes de la realidad que se vive dentro de una sociedad que sigue discriminando a la mujer y más aún a la mujer negra. Con una voz que le ha valido la admiración de Rihanna, Kendrick Lamar y Travis Scott, SZA es una de las más gratas sorpresas del año que acaba de irse.

(Lista que me publicó el día de hoy en el sitio Sugar & Spice)

jueves, 9 de febrero de 2017

Por la mañana y por la noche

Por la mañana de ayer, desayuno en la casa de mi querida Irma Larios, con su esposo Mario y mi no menos querido Adolfo Cantú. Es el desayuno anual entre Irma, Adolfo y yo que esta vez se trasladó a la colonia Condesa. Todo muy grato y divertido, sabroso por la comida y por la charla que se volvió polémica entre Bo y Mario al abordar cuestiones políticas y culturales. Todo en plan amistoso y entrañable. Espero que se repita el año próximo.
  Por la noche de hoy, incursión en el bar Debarbas de la Nápoles, con Talía y nuestra mejor amiga mutua, para platicar, convivir, tomar cerveza y escuchar a mis queridos amigos del dueto Faralae, quienes tuvieron a un muy buen guitarrista invitado. Velada espléndida y relajada, de esas noches tranquilas en las que todo marcha bien. Estuvimos ahí un par de horas y cada quién tomó para su casa, pero surgieron algunos planes con Talía para mi nueva novela.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Décima sesión

Cinco fotos de la sesión para grabar mi canción "Oye, Oye", con mis queridos y admirados amigos, la cantante Liliana Buneder y el guitarrista Alejandro Martínez Gil, en el estudio de Iris Bringas y Jehóva Villa Monroy, el pasado martes 15. Las fotos son de Iris.





viernes, 18 de noviembre de 2016

Joni Mitchell / Don Juan’s Reckless Daughter (1977)

He aquí el disco de Joni Mitchell que menos gusta a los fanáticos de Joni Mitchell. Austero y provocativo, en momentos casi minimalista, con un Jaco Pastorius desatado en el bajo, las canciones donjuanescas son muy experimentales y eso es lo que vuelve a este álbum inconvencional y fascinante.

Mejor tema: “Off Night Backstreet”


jueves, 17 de noviembre de 2016

Grabación con Faralae

El martes a mediodía tuve grabación, en el estudio de Iris Bringas y Jehová Villa Monroy, con Alejandro Martínez Gil y Liliana Buneder, del grupo de jazz Faralae. Fue una grandísima sesión. Los dos son talentosísimos, el primero con la guitarra y la segunda con la voz. Virtuosos ambos. Grabamos "Oye, oye" y quedó increíble. El arreglo de guitarra de Alejandro es impresionante y Liliana hizo malabares con la voz. Quedó sensacional.
  Ya habíamos terminado cuando quise mostrarles la canción "Qué absurdo" y el bajo que había grabado Israel Pompa-Alcalá. Le dije a Alex que ojalá pudieramos añadirle su guitarra y para mi sorpresa, me dijo que de una vez. En menos de una hora hizo maravillas y dejó el tema genialmente bien arreglado. Fue una sesión más que productiva.
  Regresamos en taxi y a las cuatro ya estaba yo en casa.
  Gran día.

martes, 6 de septiembre de 2016

El misterio de Faralae

Cuando se conjugan el talento, el buen gusto, la alegría de vivir, la sensibilidad, la gracia, el virtuosismo y la sencillez en un proyecto musical, uno no puede más que rendirse, abrir los oídos y la mente y dejarse llevar por las notas, los compases, los ritmos, las atmósferas.
  El jazz que se hace en México siempre ha gozado de cabal salud y en el país, los buenos músicos del género se dan de manera más que natural. Por eso no es de extrañar que el grupo Faralae sea capaz de causarnos tantas sensaciones y tantas emociones cuando lo escuchamos en disco o en directo.
  Ya sea en su versión como quinteto o como dueto, el sonido de este proyecto resulta siempre placentero. Como quinteto han sacado un disco que no tiene desperdicio. Cadáver exquisito (Sonidos y sabores del mundo, 2016) es un plato delicioso de strafalarium jazz (como sus integrantes lo definen), una mezcla de jazz manouche, blues, swing, bossa nova, country y rock ejecutado con maestría por el líder del grupo, Alejandro Martínez Gil (guitarra y arreglos), Liliana Buneder (voz), Rafael Zermeño (guitarra, arreglos y bajo), Israel Torres Araiza (violín) y Omar Anguiano (bajo). El álbum contiene cinco covers y siete temas originales, todos de la autoría de Martínez Gil. Para destacar, las versiones a “Pobre gente de París”, “O Pato” y “That’s All Right Mama”, así como las composiciones “Tres gatos”, “El agarrador”, “Desde que tú no estás” y “Encuéntrame un rincón”.
  Como dueto, Alejandro y Liliana se presentan jueves y sábados en las dos sucursales del bar Debarbas, de la Colonia Nápoles. Su vitalidad escénica es extraordinaria, tanto por las habilidades vocales y percusivas de Buneder (al verla, usted recordará a Bobby McFerrin), como por el virtuosismo guitarrístico de Martínez Gil (en efecto, es de la estirpe de los Martínez Gil), con muchas reminiscencias de Django Reinhardt.
  Faralae es todo un misterio, pero un misterio revelado.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)