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martes, 4 de febrero de 2025

Inmoralidad lingüistica


Lo mismo que "habemos" o "haber" en lugar de "a ver".

miércoles, 15 de junio de 2022

Etimologías (2)

Hoy aprendí que la ya poco empleada expresión "por ende" (que yo sí suelo usar como sinónimo de "por lo tanto") es un medievalismo y que la palabra "alarma" proviene del antiguo llamado "¡a las armas!".

jueves, 10 de junio de 2021

Nuestro pobre idioma

Cuestiones que no comprende alguien que tiene la obsesiva vocación del corrector de estilo

1: ¿Por qué hay escribidores que inician una frase parentética (con una coma) y no son capaces de cerrarla (con otra coma)?

2: ¿Cómo es posible que cada vez haya más gente que diga y/o escriba la barrabasada "yo soy de los que pienso"?

3: ¿Alguien podrá hacer ver a muchos "comunicadores" que resulta absolutamente incorrecto decir y/o escribir "habían muchas personas"? (existe una explicación sencilla: en presente se dice "hay muchas personas" y ese "hay" no se puede pluralizar; por analogía, el copretérito "había", tampoco se pluraliza).

jueves, 2 de octubre de 2014

Para quienes dicen "han habido"

"Cuando el verbo haber se emplea para denotar la mera presencia o existencia de personas o cosas, funciona como impersonal y, por lo tanto, se usa solamente en tercera persona del singular (que en el presente de indicativo adopta la forma especial hay: Hay muchos niños en el parque). En estos casos, el elemento nominal que acompaña al verbo no es el sujeto (los verbos impersonales carecen de sujeto), sino el complemento directo. En consecuencia, es erróneo poner el verbo en plural cuando el elemento nominal se refiere a varias personas o cosas, ya que la concordancia del verbo la determina el sujeto, nunca el complemento directo. Así, oraciones como Habían muchas personas en la sala, Han habido algunas quejas o Hubieron problemas para entrar al concierto son incorrectas; debe decirse Había muchas personas en la sala, Ha habido algunas quejas, Hubo problemas para entrar al concierto".

(Tomado del Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española).

lunes, 8 de septiembre de 2014

Algo bizarro sobre la palabra bizarro

Soy uno de esos anticuados defensores del idioma español y abomino de los terminajos que suelen contaminarlo. Ahora mismo, flota por ahí un sustantivo horrendo, "remediación", que escucho repetirse en los medios y que no es sino una traslación (y no una traducción) de la palabra inglesa remediation (remedio, arreglo). Algo muy similar acontece con la espantosa expresión "hace sentido", traslación igualmente directa del make sense inglés, cuando en español se dice "tiene sentido". Así pasa con otras muchas palabras (verbos infectos como "mentalizar", "promocionar", "implementar" y un largo etcétera).
  No obstante, existe una palabra que creo debería ser aceptada en la acepción que la utilizan extraoficialmente muchos hablantes de nuestro idioma. Me refiero a "bizarro" que si bien en español significa "bravo, valiente", es muy usado con el significado que se le da en lenguas como el inglés y el francés, es decir, como sinónimo de algo fuera de lo común. Creo que debería ser aprobada por la Real Academia Española, ya que se requiere de una palabra que diga algo más que simplemente "raro" o "extraño". Bizarro posee una fuerza especial y única y pienso que tendría que ser parte de nuestro léxico.

sábado, 19 de abril de 2014

Nueva guía de insultos

Ilustración: Magú.
Quienes tenemos el privilegio de escribir una columna de opinión en un periódico importante, con absoluta libertad, sin censura y sin recibir la menor línea (como ha sido mi caso en Milenio Diario a lo largo de más de catorce años), estamos expuestos a los comentarios críticos y/o insultantes de los lectores, ya sea que lo hagan por internet (al pie de cada artículo), por medio de las redes sociales, por carta o hasta en persona (en especial cuando nuestras fotografías aparecen impresas y a la vista de todos).
  Los columnistas damos la cara y exponemos abiertamente lo que pensamos sobre diversos temas, lo cual nos expone a ser llenados de improperios –una semana sí y la otra también– por muchos de los que no piensan como nosotros y quienes, casi siempre desde la comodidad del anonimato, profieren toda clase de términos ofensivos. Lo sé, es parte del juego y uno se aguanta. Ya cada quién sabe si le afectan o no.
  Lo único que yo cuestiono a los que nos lanzan dicterios e invectivas es que siempre utilicen las mismas desgastadas injurias. Porque estos cuates se repiten hasta la náusea y no salen de sus “vendido”, “chayotero”, “lamegüevos”, “pendejo”, “panista”, “priista”, “chuchista” y un no muy largo etcétera.
  Como una contribucin al acervo lingüístico de nuestros ofensores, ya se trate de profesionales o de amateurs, les proporciono una serie de insultos perfectamente castizos y que harán más variados y ricos sus denuestos y escarnios. He aquí sólo algunos: arracacho, calilo, merluzo, panarra, lipendi, percebe, zoreco, tontucio, tolondrón, zamacuco, beocio, cazurro, dundo, gaznápiro, atropellaplatos, fuñique, babieca, asnejón, bucéfalo, capullo, samarugo, rácano, suato, papirote, noneco, muérgano, sanano, zolocho, tolete, molondro, carechimba, mamacallos, pirobo, pavisoso, cantimpla, fatulo y cuchara de viernes.
  ¿Qué tal escribir “este columnista es un panarra” o “¡eres un sanano, un asnejón y un merluzo, so babieca! Digo, les daría alguna originalidad y no se verían tan repetitivos. ¿Cómo la ven, mis queridos gaznápiros?
  Nada que agradecer.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

jueves, 20 de febrero de 2014

Elogio del adjetivo

Recuerdo que una vez un lector me cuestionó fuerte y hasta con cierta violencia por el hecho de que, a su modo de ver, en mis escritos abusaba yo del uso de los adjetivos. Según esta persona, cuyo nombre se ha perdido en el túnel del tiempo, entre menos se adjetive mejor será un texto. Me parece una regla arbitraria y no veo la razón para imponerla (de hecho, no veo la razón para imponer cosa alguna).
  Cierto que la literatura estadounidense, por ejemplo, se distingue muchas veces por su parquedad, cierta austeridad estilística y un uso limitado de calificativos. Por otro lado, hay cierta literatura hispanoamericana que se muestra como la cara opuesta, debido a que en ella hay una exuberancia adjetival que la vuelve barroca y en algunos casos hasta exagerada y rococó.
  No sé si abuso de los adjetivos, sí sé que me gusta usarlos y que son parte de mi manera de escribir los diferentes tipos de textos que pergeño como simple escribidor: artículos, notas, cuentos, narraciones de más largo aliento. En algunos adjetivo más que en otros, pero siento que ellos, los adjetivos, me ayudan a proporcionar el color que quiero dar a mis imágenes, a mis ideas, a mis pensamientos, a mis relatos.
  Cada quién debe ser libre para escribir como mejor lo crea y a mí me sientan bien los adjetivos, aun cuando en ocasiones pueda abusar de su empleo. Cosa que, por cierto, no sucedió en demasía en esta breve entrada.

jueves, 21 de octubre de 2010

¿Lo más mínimo?


Resulta muy frecuente escuchar o leer la expresión "lo más mínimo", como sinónimo de algo que no puede ser más pequeño, diminuto o nimio. Sin embargo, se trata de un enunciado perfectamente absurdo, reiterativo sin necesidad, un dislate que desde hace décadas el gran Nikito Nipongo (es decir, don Raúl Prieto Río de la Loza, ver foto) señalaba con su agudo y divertido dedo flamígero. ¿Lo más mínimo? Es ilógico. Si algo es mínimo, no puede haber algo que sea "más" mínimo. Es como decir "lo más máximo" o "lo más mejor" o "lo más peor": totalmente sin sentido. No obstante, mucha gente persiste con su "más mínimo" y lo dice sin el mínimo recato y con la máxima ignorancia idiomática.

jueves, 8 de enero de 2009

¿Hubo o hubieron?


Desde hace tiempo, me doy cuenta de que en la radio, la televisión e incluso la prensa escrita muchos comentaristas, locutores, editorialistas y demás emplean de la manera más espantosa el verbo haber y dicen, por ejemplo: "hubieron muchos manifestantes" o "hubieron invitados que no bailaron", etcétera. Este horror idiomático se ha generalizado (ayer miércoles se lo escuché a dos de los participantes del programa Tercer Grado) y es uno más de los cotidianos daños que los medios causan a nuestro idioma. No saben, quienes cometen esas barbaridades, que el verbo haber sólo puede pluralizarse cuando aparece como auxiliar ("ustedes habrían bebido cerveza") o para expresar obligación ("hubieron de aguardar su llegada"). Cualquier otro uso del verbo es impersonal, neutro, carece de sujeto y por lo tanto no tiene plural. En esos casos, haber se utiliza sólo en tercera persona del singular ("hubo muchos manifestantes", "hubo invitados que no bailaron"). Así que nada de cosas como "hubieron problemas en el estadio" o "hubieron demasiados detalles incorrectos", sino "hubo problemas en el estadio" y "hubo demasiados detalles incorrectos". Tratemos de ser correctos con nuestra preciosa lengua. Digo.

martes, 6 de enero de 2009

¿Medio o ambiente?


Colaboré en la sección cultural del diario El Financiero entre 1991 y 1997, con mi columna "Bajo presupuesto", nombre que hoy lleva mi blog sobre temas musicales. Mi primera colaboración, lo recuerdo, llevaba como título "¿Medio o ambiente?" y en la misma criticaba yo el uso de la expresión medio ambiente para referirse al entorno, cuando basta con hablar, justamente, de medio o de ambiente. De hecho, medio ambiente es un pleonasmo. Es como decir perro can, paraguas sombrilla o dictador tirano. Sin embargo, el término se sigue usando de la manera más impune y hasta la misma secretaría encargada de cuidar al entorno se llama, pomposa y estúpidamente, del Medio Ambiente (así, con iniciales mayúsculas). Otro enorme error es el de quienes dicen que debemos proteger o salvar a la ecología, cuando la ecología es una ciencia, precisamente la que se encarga de estudiar al medio, al ambiente que nos rodea. Si vamos a salvar a la ecología, pues salvemos también a la física, a la química, a la geografía, a la historia y a las matemáticas. En fin. Los ecologistas y quienes gustan de proclamar su corrección política y su buena conciencia son muy buenos para protestar por los daños al "medio ambiente". ¿Cuándo habrá alguien que proteste por la contaminación que destruye al bellísimo idioma español?