Hace unos días, terminé de leer un par de libros más, los número dieciocho y diecinueve del año. En el caso del décimoctavo, se trata de une relectura. Había leído La Revolución Mexicana, memorias de un espectador hace unos veinte años o más. Es un libro divertidísimo, con ese estilo irónico que como narrador poseía José Fuentes Mares, ese gran historiador y novelista de quien he leído varios otros libros, unos serios y académicos y otros jocosos y más que amenos. No es equiparable a Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia, a pesar de que el tema y el tono se parezcan. En realidad, se trata de dos libros muy distintos, sobre todo porque el escritor chihuahuense se apega mucho más a la historia y a sus personajes históricos reales, mientras que la del guanajuatense es abiertamente una maravillosa ficción. Por supuesto que ambos libros son absolutamente recomendables.
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