martes, 9 de enero de 2018

Música y precampañas

Primero fue Beatriz Gutiérrez Muller de López, la esposa de don Peje, quien no pudo aguantarse las ganas y aprovechó la tribuna que le da la precampaña de su marido (lo de precampaña es un decir, el hombre lleva más de 12 años en abierta campaña) para exhibir sus dotes como intérprete y cantar “El necio”, de Silvio Rodríguez, mientras Andrés Manuel la contempla no sé si con ojitos enamorados o con sonrisa de pena ajena.
  Luego vino el dueto Anaya-Zepeda, acompañado por un grupo de rock urbano, para reventarse dos “rolas”: “A.D.O.” de El Tri y la tradicional “La bamba”, con la letra ligeramente cambiada (ya hay nueva versión de esta última, ahora con acompañamiento de conjunto jarocho).
  Y por supuesto está la ya famosa cumbia de Movimiento Ciudadano (“Movimiento naranja”) que amenaza con destronar a “Despacito”.
  ¿Qué les dio a nuestros políticos por mostrarse como filarmónicos? A saber. Pero aunque hay quienes se han indignado y desde las redes sociales hasta han lanzado insultos a los repentinos cantores, yo lo encuentro muy divertido y me parecería buena idea que otros siguieran el ejemplo.
  ¿Qué tal el propio López Obrador, echándose a todo pulmón la de “Quén pompó” de su admirado Chico Che? José Antonio Meade podría realizar una versión jazzera de “I Believe I Can Fly”, de R. Kelly, para contrarrestar a todos aquellos que dicen que su campaña nada más no levanta. Ricardo Anaya puede probar ahora con un cover de “La foule” de Édith Piaf, cantada por supuesto en francés, español e inglés, a fin de seguir presumiendo sus dotes políglotas.
  Por lo que toca a los independientes, Margarita Zavala debería grabar el corrido favorito de su esposo, Felipe Calderón, pero con letra en femenino: “La hija desobediente”, mientras que El Bronco podría tomar algún tema de la llamada Avanzada regia, como “¿Comprendes Mendes” de Control Machete o “Niño bomba” de Plastilina Mosh.
  No critiquemos a los políticos por querernos cantar. Después de todo, de músicos, polacos y locos, todos tenemos un poco.

(Mi columna musical "Gajes del orificio" de hoy en la sección ¡hey! de Milenio Diario)

domingo, 7 de enero de 2018

Godless: ¿un western feminista?


“This here is the paradise of the locust, the lizard,
the snake. It’s the land of the blade and the rifle.
It’s godless country”.

Frank Griffin

Godless

Aunque quizá no sea hoy uno de los géneros cinematográficos favoritos de las mayorías, el western posee esa aureola mítica, de clásico imperecedero, que lo hace sobrevivir y seguir vigente. Su comparación con la tragedia griega no es gratuita. En el también llamado cine del oeste se encuentran todos los temas y todos los contradictorios elementos que conforman la existencia de los seres humanos, ya sea como sociedad o como individuos. El amor y el odio, la ambición y la nobleza, la generosidad y el egoísmo, la deshonestidad y la honradez, la traición y la solidaridad, el crimen y el castigo, la justicia y la injusticia, la paz y la violencia, el trabajo y la explotación, el sexo y la doble moralidad, la vida y la muerte.
  A lo largo del siglo pasado, el género dio grandes obras fílmicas, con directores de genio, como Más corazón que odio (John Ford, 1956), Río Rojo (Howard Hawks, 1948), Winchester 73 (Anthony Mann, 1950), Butch Cassidy and the Sundance Kid (George Roy Hill, 1969), La pandilla salvaje (Sam Peckinpah, 1969), Shane, el desconocido (George Stevens, 1953), Los siete magníficos (John Sturges, 1960), Los imperdonables (Clint Eastwood, 1992) y El bueno, el malo y el feo del italiano Sergio Leone (1966). Aunque también podemos mencionar grandes filmes del oeste ya en esta centuria, como Temple de acero (2010) de los hermanos Coen o Django desencadenado (2012) de Quentin Tarantino.
  Netflix acaba de estrenar Godless, una mini serie de siete capítulos con todos los elementos del western más clásico. No estamos aquí ante una serie oscura y filosófica como Deadwood o de corte futurista y de ficción científica como Westworld, ambas de HBO. Por el contrario, Godless (Sin Dios) rinde tributo a varias de las películas citadas en el párrafo anterior, muy especialmente a la espléndida Shane.
  Hay sin embargo un extra en el contenido de esta serie. Me refiero al factor femenino (¿o feminista?) de la misma. Porque Godless nos habla, en una de sus dos tramas principales, sobre el papel de la mujer en el inhóspito y salvaje oeste de los Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX, en especial en la década de los ochenta y específicamente en 1884, año en que se desarrolla la historia.
  En un pequeño poblado llamado La Belle, en Nuevo México, 83 mineros mueren en un accidente dentro de la mina que da de comer al pueblo. De golpe, una ochentena de madres y esposas queda en la viudez y en el desamparo. La Belle se convierte en un lugar habitado por mujeres, niños y ancianos, más algunos pocos hombres que no trabajaban en la mina, y se transforma en un tentador botín para algunas poderosas empresas que buscan hacerse de la princiupal riqueza del lugar.
  Mientras tanto, no muy lejos de ahí, el bandolero Frank Griffin rompe violentamente con su ahijado y protegido Roy Goode, quien no sólo le propina un tiro que lo deja sin su brazo izquierdo, sino que se lleva el botín que la banda de Griffin acababa de robar. Goode huye y después de una larga travesía, busca refugio en un rancho cercano a La Belle, propiedad de Alice Fletcher, una hermosa y recia viuda que vive ahí con su hijo mestizo y la abuela de éste, una sabia indígena paiute que no habla inglés.
  De ahí parte la historia que no venderé en este artículo, para que los lectores la vean y la disfruten a lo largo de sus siete intensos episodios.
  Producida por el showrunner Scott Frank, con la colaboración del siempre solvente productor y realizador Steven Soderbergh, Godless tiene un elenco impresionante, encabezado por un fantástico Jeff Daniels, quien hace de Frank Griffin uno de los grandes villanos de la historia del western, un tipo lleno de contradicciones, capaz de los odios más sanguinarios y la ternura más compasiva, además de tener una visión bíblica y filosófica del mundo. Destacan también las actuaciones de Michelle Dockery (la recordarán como Lady Mary, la hija mayor de la familia Crawley en Downton Abbey), como la viuda Alice Fletcher, y de Jack O’Conell, como Roy Goode.
  En cuanto al elenco secundario, resulta fabuloso. Los personajes en su mayoría están perfectamente delineados y tratados con gran profundidad. De ese modo,  logramos identificarnos con el atormentado sheriff Bill McNue (Scoot McNairy), su estupenda hermana bisexual y machorrona Mary Agnes (Merritt Wever) o el joven, generoso e ingenuo ayudante del comisario, Whitey Winn (Thomas Brodie-Sangster), entre muchos otros.
  No sé si llamar a Godless una serie feminista, porque si bien nos muestra a esas casi cien mujeres capaces de enfrentarse a la tragedia, de levantar al pueblo con su trabajo y su esfuerzo e incluso de defenderlo valientemente con las armas, ante el embate de una banda de inclementes forajidos, la trama de pronto se inclina más por el conflicto entre Griffin y Goode que por la problemática de las empoderadas damas. No obstante, sí se reivindica la vida de éstas y la manera como van saliendo adelante sin la ayuda de los hombres, incluidos algunos amoríos entre ellas mismas.
  Aun así, la serie resulta no sólo interesante, sino muy entretenida y emotiva, con una fotografía que hace honor a la de los grandes westerns clásicos, con esas espectaculares panorámicas de los amplios paisajes del wild west estadounidense.
  Además, como bien apunta el crítico Hank Stuever en The Washington Post, Netflix demuestra una vez más su estupendo sentido del timing, “porque ¿qué puede resultar más oportuno en estos momentos que una serie en la cual un grupo de mujeres se une para rechazar a una horda de brutos?”.
  Véala como una miniserie o véala como una película de siete horas. Pero no deje de ver Godless.

(Reseña que escribí originalmente para el sitio Sugar & Spice, donde apareció a fines de diciembre pasado).

sábado, 6 de enero de 2018

A sillazo limpio

18 años de Milenio, 18 años en Milenio.

No cabe duda que la izquierda ha evolucionado, al menos en lo tocante a dirimir sus diferencias. Hubo una época en que los distintos bandos izquierdosos se perseguían y aquellos que tenían el poder ejercían temibles purgas contra sus rivales ideológicos, purgas que iban desde la expulsión y el exilio, hasta el encarcelamiento y el asesinato. La Unión Soviética, China y Cuba fueron “ejemplares” en ese sentido y millones de personas murieron a lo largo del siglo pasado tan sólo por no comulgar con la tendencia dominante, llámese leninismo, stalinismo, maoismo o castrismo.
  Los movimientos guerrilleros centro y sudamericanos también realizaban ajustes de cuentas entre camaradas y abundan las historias al respecto.
  Hoy día, en México existe una enemistad rayana en el odio más recalcitrante, sobre todo entre las dirigencias del PRD y de Morena. El maniqueísmo lopezobradorista que desde 2006 dividió a los mexicanos en buenos y malos y fabricó ese ente maligno que es la mafia en el poder ha derivado en el delirio de situar también a los antiguos correligionarios del morenismo (es decir, a los perredistas) como integrantes de esa misma mafia.
  En estos momentos, la lucha principal se da en el ex Distrito Federal, donde Morena quiere arrebatarle el gobierno al PRD y donde el partido del sol amarillo está dispuesto a pelear por todos los medios para impedirlo.
  Afortunadamente, los medios de lucha no han llegado (y esperemos que no lo hagan) a extremos como los que se daban en los primeros años de la revolución rusa entre bolcheviques y mencheviques o más tarde entre stalinistas y trotskistas. Por ahora, se han limitado al hasta cierto modo inocuo método de agarrarse a sillazos, como sucedió el pasado 3 de enero en la delegación Coyoacán, donde gente de ambos bandos se enfrentó poco antes de un mitin de la precandidata de Morena al gobierno de la ciudad de México.
  La moraleja de esta historia puede ser: más vale sillazos que balazos. Aunque un poco de diálogo no estaría del todo mal.

(Mi columna "Cámara húngara" publicada el día de hoy en Milenio)

viernes, 5 de enero de 2018

Para dártelas de entendido en rock (42)

En el video de la canción "The Great Pretender", de Freddie Mercury, una de las mujeres que cantan con él es el baterista Roger Taylor, debidamente disfrazado como una de ellas.

jueves, 4 de enero de 2018

The Dream Is Over

No hay presente, tampoco futuro, sin un pasado. El de mi país, como tal, se remonta a 1821, cuando comenzó a ser una nación independiente. El mío propio se remonta a 1955, cuando en marzo de ese año llegué a un México tan diferente y a la vez tan parecido al actual.
  Nací en Tlalpan, D.F., a mitad del sexenio de Adolfo Ruiz Cortines, el mandatario que implantó el desarrollo estabilizador y el dólar a 12.50 pesos. Nací cuando el Partido Revolucionario Institucional era ya una poderosa maquinaria que hacía funcionar a un sistema político que lucía su músculo y lograba encausar las ambiciones de sus dirigentes, al tiempo que aplastaba cualquier intento de oposición real.
  Era un México autoritario y paternalista, en el que nada se movía sin la aprobación del Señor Presidente (así, con mayúsculas), algo que no había cambiado desde los tiempos del dictador Porfirio Díaz, contra quién paradójicamente habían peleado los antecesores del primer mandatario que en 1955 aún no decidía quién habría de ser su sucesor en Palacio Nacional, como tres años antes se había decidido por él el presidente Miguel Alemán, al que seis años más atrás había puesto en la gran silla el presidente Manuel Ávila Camacho, designado como su sucesor por el presidente Lázaro Cárdenas.
  Crecí pues bajo un régimen priista que parecía eterno e incólume. Mi infancia vio a Ruiz Cortines y a quienes lo siguieron: Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz. El trauma represivo de 1968 me tocó a cierta distancia, ya que en ese año tenía apenas 13 años y cursaba el segundo año en una secundaria oficial de Tlalpan.
  Poco después empezaría mi tendencia hacia la izquierda y el antipriismo. A pesar de venir de una familia paterna muy ligada al PRI y una familia materna muy ligada al PAN (muchas de las primeras juntas secretas para la formación de ese partido, a fines de los años treinta, se realizaron en la casa de Tlalpan de mis abuelos Michel, recién llegados del Jalisco más cristero), en mi temprana juventud empecé a inclinarme hacia la izquierda y el socialismo. Mi visión de un México inamovible y de eterno dominio del partido único comenzó a cambiar y empecé a vislumbrar un país que podría ser distinto. No sólo eso: veía yo a un México socialista, democrático... y sin PRI. Pero no tenía idea de cómo se podría llegar a ello.
  Ya con Luis Echeverría en Los Pinos, me afilié, en 1976, al Partido Mexicano de los Trabajadores, el PMT, y reforcé mis creencias y mis sentimientos de gauche al lado del político que más he admirado en mi vida: el ingeniero Heberto Castillo. Así viví los delirantes seis años de José López Portillo y el inflacionario sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado.
  En las elecciones de 1988, pensé que al fin se lograría ese México que soñaba, cuando todo parecía indicar que otro ingeniero, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ganaría las elecciones de ese año. Se cayó el sistema. Muy posiblemente hubo fraude. El caso es que Carlos Salinas de Gortari y el PRI se quedaron con la presidencia y mi decepción por ese hecho se sumó a la que me producía ya el deterioro del mal llamado socialismo, de corte soviético, que se derrumbó apenas tres años después. Para colmo, muchos de mis compañeros del PMT se integraron como funcionarios al gobierno de Salinas.  
  “The dream is over”, había dicho muchos años antes John Lennon y para mí el sueño izquierdista (¿izquierdoso?) se terminaba también.
   Llegaría el trágico 1994, con todo lo que sucedió, y luego el año 2000, con todo lo que sucedió también. Del singular priista Ernesto Zedillo pasamos al peculiar panista Vicente Fox. Lo insólito, lo increíble: el PRI había perdido las elecciones. La democracia mexicana era realmente existente. Había un Instituto Federal Electoral que lo garantizaba de manera ejemplar. El de Fox fue un sexenio delirante que dio paso al violentísimo sexenio de otro panista, Felipe Calderón, centrado en la lucha contra las drogas, misma que prosigue inútilmente cuando se acerca el final de los seis años del priista Enrique Peña Nieto.
  Viene el año 2018 y no vislumbro un México mejor. De hecho temo un México peor, de ganar las elecciones el populismo mágico y nacionalista más retardatario, encarnado por Morena y su tlatoani, Andrés Manuel López Obrador. Sería el regreso al México autoritario y de escasas libertades en el que nací.
  De ganar cualquiera de las otras opciones, quizá las cosas no resulten tan mal. No obstante, ese país que tantos soñamos, liberal, sin injusticia, sin pobreza, sin corrupción, con democracia, educación, cultura y libertades plenas, no deja de seguir siendo eso: un sueño. ¿Alcanzable? Tal vez. Aunque quizá no nos toque verlo.

(Texto que escribí para la revista Nexos de este mes de enero de 2018, como parte de la colaboración colectiva "México mañana. 40 años, 96 autores")

miércoles, 3 de enero de 2018

Los libros que leí en 2017


1.- Bowie de Simon Critchley
2.- Hombres fuera de serie de Brett Martin
3.- Pobre patria mía de Pedro Ángel Palou
4.- La muerte del padre de Karl Ove Knausgård
5.- Flecha en el azul de Arthur Koestler
6.- La visita al maestro de Philip Roth
7.- El sonido de la ciudad (Tomo 1) de Charlie Gillett
8.- El sonido de la ciudad (Tomo 2) de Charlie Gillett
9.- Música de mierda de Carl Wilson
10.- Las chicas de Emma Cline
11.- Toda la vida de Héctor Aguilar Camín
12.- Cáscara de nuez de Ian McEwan
13.- El camino hacia Marx de Arthur Koestler
14.- Esta canción me recuerda a mí de Joe Pernice
15.- Los hechos de Philip Roth
16.- Cuando ella era buena de Philip Roth
17.- Las muertas de Jorge Ibargüengoitia
18.- Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie
19.- La aventura del tocador de señoras de Eduardo Mendoza

Mexicanos: 3
Estadounidenses: 4
Británicos: 4
Canadiense: 1
Húngaro: 1
Español: 1
Noruego: 1

Novelas: 11
Ensayos: 5
Autobiografías: 3

(Para leer la reseña de cada uno, dar click en el título respectivo)

martes, 2 de enero de 2018

La balada de 2018

A mi padre que amaba la música y cantaba muy bien (aunque nunca coincidimos en gustos musicales), quien hoy martes hubiese cumplido 97 años de edad).

¿Qué podemos esperar en términos musicales de este 2018 que apenas inicia? Nada nuevo, a mi modo de ver. A estas alturas, es muy complicado que surja alguien que contribuya a revolucionar cualquier género. La música se encuentra tan dominada por los intereses comerciales y todo se produce bajo los más que controladores intereses del llamado mainstream que la verdadera genialidad, esa que brota muy de vez en cuando, difícilmente podría abrirse paso y cambiar aunque sea un poco lo que se hace en el rock, el pop, el jazz o la música culta, para no hablar de otras corrientes musicales.
  Es cierto que hoy día tenemos herramientas tecnológicas que permiten a los músicos depender menos o nada de las casas disqueras o los medios de comunicación, que es posible realizar grabaciones incluso caseras de muy alta calidad y difundirlas por las redes sociales. Ya muchos músicos han logrado la fama de este modo y muchos más lo seguirán haciendo.
  Sin embargo, el hecho de que esto suceda no significa que haya entre estos músicos alguien que marque un antes o un después, alguien que dé una vuelta de tuerca como la que dieron tantos, por ejemplo, en el rock de la pasada década de los sesenta o en el jazz de los cincuenta.
  Lo más seguro es que en 2018 haya muy buenos discos en todos los géneros, que se produzcan estupendas canciones, que se den nuevos avances en las técnicas de grabación. Mas fuera de eso, podemos pronosticar un año parecido al 2017: grato, interesante, bueno en general, pero sin verdaderas sorpresas.
  Será quizá que ya no se puede inventar el hilo negro y que la música es un constante reciclamiento –a veces en círculo, a veces en espiral– del cual no hay que esperar lo que ya no es posible. No lo sé a ciencia cierta, pero no esperemos un nuevo Mozart, unos nuevos Beatles, un nuevo Miles Davis, un nuevo Frank Zappa. No por ahora.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 1 de enero de 2018

2017, el recuento de los días

Se fue 2017 y ya estamos , ene pleno y de plano, en 2018. En lo personal, el año que se fue resultó una suerte de subeibaja, con algunos golpes en lo emocional y lo económico, golpes que sin embargo no me hundieron y de los que más o menos pude recuperarme. No entraré en detalles acerca de ello, porque son cuestiones demasiado personales que prefiero no ventilar de manera pública. Lo importante es que poco a poco voy saliendo de nuevo a la superficie.
  Fuera de eso, resultó un año muy disfrutable, con buena salud, signado por un hecho fundamental: la publicación de mi novela Emiliano que edité de manera independiente y ha tenido una muy buena aceptación, aunque sin los alcances -debo admitirlo- de una edición industrial. Lo importante sin embargo era y sigue siendo rendirle a mi abuelo paterno el homenaje que se merece y que desde años atrás quería tributarle. Qué mejor manera que hacerlo literariamente.
  Otro punto que me llena de satisfacción es que continúan las grabaciones de lo que será mi primer disco. Sé que ha caminado muy lentamente, pero a paso seguro y no puedo más que agradecer a mis queridos Iris Bringas y Jehová Villa Monroy por el apoyo irrestricto para grabar en su estudio y agradecer también a los músicos y vocalistas que con tanto gusto han colaborado con sus talentos: Jaime López, Iraida Noriega, Diego Maroto, Mauricio González, Aura Ortiz, Mauricio Mayén, Leticia Belquia, Israel Pompa Alcalá, Nancy Zahmer, Daniela Gómez, Paulina de la Vega y los propios Iris y Jehová (algunos más se sumarán este año).
  "Acordes y desacordes·, el sitio de música que coordino para la revista Nexos, se sigue consolidando en el gusto de muchas personas y en Milenio continúo colaborando y justo hoy cumplo 18 años en el diario, los mismos que tiene este. En cuanto a Marvin, simplemente dejaron de publicarme, sin la menor explicación y sin darme las gracias después de varios años de escribir para esa revista. Ni modo.
  Seguí componiendo canciones, leí muchos libros, vi varias películas y me volví fan absoluto de las series.
  Con mi familia, todo bien y tranquilo. Mis hijos también tuvieron sus subeibajas, pero van muy bien. Alain se casó con Hally y ya son esposos oficialmente.
  No conocí tantas amigas nuevas, pero con las más cercanas y entrañables consolidé la gran amistad que tenemos de largo tiempo atrás. Bueno, puedo decir que de las amigas nuevas una sí me decepcionó; ojalá con el tiempo se recupere esa relación que empezó tan rápido como se acabó. Si no, es que no valía la pena.
  Dos amigos fallecieron y eso me parece muy triste. Uno de ellos era muy cercano a mí, casi un hermano y lamento que se haya ido cuando aún tenía tanto por dar. Me refiero, claro, al enorme Eusebio Ruvalcaba. El otro amigo no era tan cercano, pero creo que nos caíamos bien aunque nos vimos muy pocas veces. Hablo de Sergio González Rodríguez.
  Para el 2018 tengo varios proyectos literarios, editoriales y musicales que espero se concreten y que ya iré dando a conocer en su momento.

domingo, 31 de diciembre de 2017

30 + 1 pronósticos para 2018


Se viene otro año de elecciones federales y el crujir de dientes se deja sentir por todas partes. Estos son nuestros siempre infalibles vaticinios para los próximos doce meses (y que el INE nos coja confesados).

1.– La grilla arrancará a todo tren una vez que inicien oficialmente las campañas electorales. En todas abundarán los ataques personales, los insultos, las infamaciones; la guerra sucia, pues. Pero en ninguna como en la presidencial, en la que llegaremos a límites nunca vistos, capaces de hacer sonrojar al mismísimo Donald Trump. Aunque eso sí: serán la mar de divertidas.

2.– Los aún precandidatos de las tres coaliciones contendientes que se convertirán en candidatos serán José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador (al Oráculo le costó mucho trabajo dilucidar esta predicción).

3.– Margarita Zavala, El Bronco y Marichuy lograrán de última hora el registro como candidatos independientes a la presidencia, pero renunciarán un mes antes de los comicios en favor, respectivamente, de Meade, Anaya y el Sup Marcos.

4.– En febrero, el presidente Enrique Peña Nieto declarará solemnemente que no meterá las manos durante los procesos electorales y enseguida sonreirá socarrón.

5.– Entre sus promesas de campaña, Juan Antonio Meade dirá que venderá el avión presidencial, pero no por las mismas razones que lo quiere vender AMLO, sino porque a él le gusta volar en clase turista de las líneas comerciales.

6.– Entre sus promesas de campaña, Andrés Manuel López Obrador anunciará un nuevo gabinete, en el que incluirá a Martí Batres, Yeidkol Polievnsky, John Ackerman, Héctor Díaz Polanco, Layda Sansores, Alberto Anaya, Hugo Éric Flores y Jorge Serrano Limón.

7.– Entre sus promesas de campaña, Ricardo Anaya prometerá no volver a hacer el oso de echarse palomazos con Juan Zepeda. Pero tocará cumbia con los Chuchos.

8.– Durante el primer debate presidencial, a la interrogante “¿Cuáles son los tres libros fundamentales de su vida?”, los tres candidatos dirán: “Paso a la siguiente pregunta”.

9.– En la lucha por el gobierno de la Ciudad de México entre Claudia Sheinbaum, Alejandra Barrales y Mikel Arriola, las dos primeras se pondrán de acuerdo para tundirle al candidato tricolor, no por incompetente sino por su nulo carisma. Luego las dos se agarrarán de las greñas.

10.– Después de los comicios, los usuarios más aferrados de las redes sociales redescubrirán que no se puede hacer la revolución desde sus laptops y que su influencia sobre las votaciones no era la que ellos creían.

11.– Sinaloa, Tamaulipas, Puebla, Coahuila, Veracruz y Guerrero y Jalisco se disputarán, hasta el último segundo, la nominación como el estado más violento del sexenio.

12.– Antorcha Campesina invadirá la calle de Bucareli cuando menos diez veces a lo largo de 2018.

13.– Si Morena no consigue la presidencia de la república, sus militantes tomarán Reforma, la Condesa, la Roma y el corredor que va del centro de Coyoacán a la Cineteca Nacional (cafetería incluida).

14.– Si Ricardo Anaya no consigue la presidencia, se dedicará a dar conferencias con ese estilo tan suyo a la Steve Jobs región cuatro.

15.– Si José Antonio Meade no consigue la presidencia, será secretario de Hacienda (de ganar Anaya) o secretario de la empresa de un cuñado suyo (de ganar AMLO).

16.– Donald Trump estará a punto de salir de la Casa Blanca, al descubrirse que el color de su cabello fue una idea de Vladimir Putin y la trama rusa, pero dirá que se trata de fake news.

17.– En su tercer año como rector de la UNAM, Enrique Graue, seguirá sin mover un dedo para recuperar el auditorio “Che Guevara” de la facultad de Filosofía y Letras, a fin de que deje de ser territorio autónomo de los grupos ultras que se lo siguen agandallando.

18.– Politólogos, intelectuales, opinadores y conductores de noticiarios en radio y televisión continuarán diciendo cosas como “han habido”, “tonces”, “en base a” o “hace sentido”.

19.– Al igual que en 2017, Televisa y Azteca proseguirán con su labor de hacer de la televisión abierta mexicana la más vulgar, aburrida y de mayor doble moral en el mundo.

20.– Netflix estrenará nuevas series sobre narcos famosos, sobre todo de aquellos que tengan posibilidades de ser amnistiados por López Obrador.

21.– Como ya es tradición, el cine mexicano seguirá produciendo películas tremendistas sobre temas fronterizos y comedias light filmadas en la colonia Condesa, cintas que nadie verá y que durarán en promedio una semana en exhibición para su posterior enlatamiento.

22.– La literatura mexicana también seguirá apostando por los temas sensacionalistas que involucren al narco y a la frontera norte. Los escritores más exitosos serán, como siempre, no los mejor dotados literariamente, sino los que tengan mejores relaciones públicas.

23.– A principios de año se anunciará el elenco del siguiente festival Vive Latino. La nota principal será la expulsión definitiva de los grupos de rock, aunque la cumbia, el mariachi, la balada ñoña y la música andina estarán muy bien representados.

24.– La Liga MX pasará a llamarse Liga EX y prohibirá en definitiva la contratación de jugadores nacidos en México.

25.– Águilas, Chemos, Pumas y Chivas no serán campeones en el Torneo de Clausura 2018. Tampoco en el de Apertura 2019 (que empieza en julio de 2018).

26.– Los Pumas alcanzarán por fin su ansiada meta: llegar a la división de ascenso, para poder participar en todas las liguillas.

27.– El América anunciará la contratación de José Ramón Fernández y André Marín como publicistas oficiales del equipo.

28.– En mayo, la selección nacional anunciará que en Rusia empatará con Alemania y derrotará a Suecia y Corea del Sur. Exacto: el mismo camino “exitoso” del Mundial de Argentina en 1978.

29.– El tricolor, sin embargo, no pasará de la primera ronda y el profe Osorio será destituido. Un mes después, se le nombrará nuevo director técnico del América en sustitución del Piojo Herrera, quien entrenará al Xelajú de Guatemala.

30.– El Barcelona ganará la liga española, la Champions y todos los duelos contra el Real Madrid. Los fanáticos merengues y los comentaristas de ESPN, Fox y TDN sufrirán problemas hepáticos.

+ 1.– Mañana lunes será 1 de enero de 2018 (por si me fallan todas las predicciones anteriores, al menos a esta sí le atino).
(Estos pronósticos me fueron publicados el día de hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

sábado, 30 de diciembre de 2017

La trama rusa y el 2018

Asusta comprobar la manera como los servicios de inteligencia de la Rusia de Vladimir Putin lograron penetrar las redes sociales, en especial Facebook, para influir y manipular las elecciones del año pasado en los Estados Unidos y la crisis catalana que no acaba de terminar. Para ello, el Kremlin contó con la ayuda de dos medios estatales propios, el canal de noticias Russia Today y Sputnik, más un ejercito de hackers y bots –para el caso catalán– en la Venezuela chavista.
  Todo esto, nos obliga a preguntar qué tanto buscará  influir el gobierno ruso en las elecciones de julio próximo en México. ¿Política ficción? ¿Especulaciones enfermizas? Tal vez no. Donald Trump le debe mucho de su presidencia a Putin y la inestabilidad de Cataluña no es ajena a éste. Resulta claro que México, con tres mil kilómetros de frontera al sur de los Estados Unidos, no le resulta indiferente al gobierno ruso y que no es imposible que trate de influir en los comicios del 2018. La pregunta es: ¿a favor de quién?
  Podríamos pensar que un populista como Putin que apoyó a un populista como Trump y que simpatiza –y ayuda económicamente– a un populista como Nicolás Maduro, tendría que favorecer al candidato populista de las próximas elecciones mexicanas a la presidencia. Quizás esa sería una ecuación demasiado sencilla, pero cuando se echa un vistazo al sitio de Sputnik, resulta clarísimo que las simpatías de esta página están con AMLO, además de contar entre sus colaboradores a lopezobradoristas a ultranza como John Ackerman y Gabriel Infante Carrillo. Este último escribió ahí mismo que hay “una campaña de desprestigio contra López Obrador, líder de la izquierda del país, quien tiene un creciente apoyo popular”.
  Que se opine a favor de Andrés Manuel es un derecho democrático. El fondo aquí es desde dónde se hace y lo que representan Russia Today y Sputnik en relación con el gobierno de Putin y la manera como sus servicios de inteligencia y sus redes han manipulado presuntamente elecciones y acontecimientos políticos en otros países. Parece novela de Graham Greene o de John Le Carré. Ojalá fuese sólo eso.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 29 de diciembre de 2017

La aventura del tocador de señoras

Terminé de leer esta divertidísima novela del gran escritor catalán Eduardo Mendoza, en la que vuelve a aparecer el delirante y sensacional detective sin nombre de El misterio de la cripta embrujada (1978) y El laberinto de las aceitunas (1982) que leí hace tiempo (la primera, dos veces).
  La aventura del tocador de señoras (2001) es quizás un poco más enredada y hasta un poco confusa, pero ahí está, reluciente, ese estilo tan peculiar para escribir que tiene Mendoza, ese barroquismo que llega a los límites del más delicioso absurdo y que arranca a cada instante la sonrisa irónica y en muchos momentos la carcajada franca.
  Un asesinato que involucra a autoridades y altos empresarios de Barcelona se convierte en un enredo en el que aparecen los personajes más esperpénticos en medio de las situaciones más estrambóticas. El entrañable investigador sin nombre se mete en las más disparatadas situaciones y su discurso elaboradísimo hace que el lenguaje se convierta en un personaje en sí mismo, gracias a sus juegos y retruecanos, a su inteligencia y a su genial (esa es la palabra) humorismo.
  Como no se vale contar los detalles de la trama, me limitaré a decir que la novela transcurre con frescura mas no con facilidad, ya que requiere que el lector se adentre a fondo en lo que va sucediendo para no perderse en el laberinto, no de las aceitunas sino de las incidencias que van apareciendo ante los ojos del protagonista principal y los que lo van acompañando en sus aventuras.
  Gran libro para terminar este fructífero año de lecturas.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Mis diez series favoritas del 2017


1. Shameless US (séptima temporada)
2. Fargo (recién estrenada por Netflix con sus tres temporadas)
3. Big Little Lies (HBO)
4. Master of None (Segunda temporada)
5. The Deuce (HBO)
6. The Marvelous Mrs. Maisel (Amazon Prime)
7. Dark (Netflix)
8. She’s Gotta Have It (Netflix)
9. Godless (Netflix)
10. This Is Us (Fox Premier)

Menciones honoríficas: Ozark, Vikings, Mindhunter, Good Girls Revolt, Red Oaks, Stranger Things 2, Aquarius, The Crown.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

El rock del 2017 (los 15 mejores discos)


Un año de muchos buenos discos, aunque muy pocos que podamos distinguir con calificativos como extraordinario o trascendente. El hip-hop y el pop siguen dominando las preferencias del público millennial y poco espacio queda para el rock. Aun así, distingamos quince buenos álbumes del género o al menos cercanos al mismo, varios de ellos realizados por mujeres.

15.- JD McPherson. Undivided Heart & Soul. Delicioso álbum retro, con dejos de Dan Auerbach y los Black Keys. Rockabilly, blues, pop y roots music en una síntesis muy grata, gracias a la guitarra y voz de McPherson en este su tercer disco, el mejor hasta ahora.

14.- Sharon Jones. Soul of a Woman. Disco póstumo de la enorme cantante de soul fallecida hace poco más de un año y que aun con el cáncer que la afectaba tuvo los arrestos para grabar esta maravilla. Acompañada como siempre por sus Dap-Kings, Jones nos muestra por qué logró convertirse en diva de la música negra. Una joya

13.- Algiers. The Underside of Power. Tremenda, violenta y ultra politizada fusión de post rock, industrial y hip-hop. Una especie de soundtrack para la era Trump/Brexit, pero con una música poderosa y excelsa. Un disco de contundente denuncia política y de gran calidad artística.

12.- Nai Palm. Needle Paw. Sorprendente propuesta la de la frontwoman del peculiar grupo australiano de soul futurista Hiatus Kaiyote. Armada con su guitarra fuera de serie y acompañada por un coro de tres voces, Palm realiza fantásticos juegos vocales a lo largo de una docena de piezas asombrosas.

11.- The National. Sleep Well Beast. Oscuro y profundo. Irónico y sensual. Un álbum lleno de emoción y sensibilidad. Musicalmente impecable, con un Matt Berninger a plenitud. Letras de dolor ante el presente individual y social. Hay mucho de lamento, pero mucho de esperanza. Una belleza.

10.- The xx. I See You. La sofisticada sensibilidad de este proyecto regresa con un disco que toma todos los elementos que lo distinguieron en sus dos primeros álbumes para desarrollarlos con ritmos y armonías de mayor elaboración. Jamie xx se supera y las voces de Romy Madley Croft y Oliver Slim alcanzan una conjunción majestuosa. Una obra sublime.

9.- LCD Sound System. American Dream. Letras críticas y pesimistas acerca de la situación social, política y cultural de hoy, revestidas de música bailable y festiva. La aparente contradicción es resuelta gracias al talento de James Murphy en este disco para los pies, la cabeza y el corazón, como alguien lo definió.

8.- Brand New. Science Fiction. Uno de esos grupos que parecen surgidos de la nada, aunque lleven varios años en el camino. Science Fiction es un gran disco, con mucho de Nirvana y el grunge noventero, pero con mucho de oscura introspección progresiva que lo acerca incluso a Pink Floyd. Extraña mezcla, pero altamente efectiva.

7.- Queens of the Stone Age. Villains. Con toda su fuerza rocanrolera, con todo ese vértigo que siempre despiden, Josh Homme y compañía reaparecen con este gran trabajo discográfico, en una combinación tan interesante como explosiva. Gran disco.

6.- LP. Lost on You. Una artista sensacional y muy poco conocida, LP (Laura Pergolizzi) posee un estilo en el que el blues, el soul, el rock y el pop se entremezclan con la música electrónica y las más contemporáneas formas de grabación. Oscura, llena de alma, provocativa, sensual. Todas estas cualidades están en este, el cuarto disco de su carrera.

5.- Lorde. Melodrama. Pop rock en su mejor y más auténtica expresión. Pop rock con aires de art-rock. Más ambicioso que su disco debut, este Melodrama muestra a la muy joven compositora y cantante neozelandesa (sólo tiene 20 años de edad) en plenitud de forma para un trabajo admirable.

4.- Laura Marling. Semper Femina. La joven cantautora inglesa sorprende con cada álbum que produce. Su calidad como compositora e intérprete lleva una dirección siempre ascendente. Marling trasciende el sonido folk de sus inicios y con letras inteligentes y provocadoras, más una música a la vez sencilla y suntuosa, consolida su seductora originalidad.

3.- Aimee Mann. Mental Illness. Con muchos años ya en el camino, esta gran cantante y compositora regresa con una obra melancólica, introspectiva y de gran belleza, producida de un modo tan sutil que evita caer en el melodrama fácil y acaba por proporcionarnos más de una luz. Una preciosidad.

2.- Father John Misty. Pure Comedy. ¿Crooner, autor, músico, showman, filósofo, poeta? Todo eso es Joshua Tillman, quien con el sobrenombre de Father John Misty presenta una faceta brillante y sofisticada. Letras inteligentes, irónicas, poéticas y críticas con el marco de una música llena de finura e intencionalidad. Un álbum soberbio.

1.- St. Vincent. Masseduction. Una obra exquisita. El cuarto álbum de Annie Clark no es quizá su mejor trabajo, pero sí el más accesible, el más perfecto, el más cuidado y el más variado. No hay desperdicio en una sola de las composiciones que lo conforman. Elegante, sutil, refinado, en ocasiones divertido y en ocasiones conmovedor, Masseduction es eso: un disco cautivador, irresistible.

PD: ¿El rock en México? El chiste se cuenta solo.

(Lista que se publicó el día de hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario).

martes, 26 de diciembre de 2017

2017: un recuento por géneros


Mejor disco: Masseduction de St. Vincent.
Mejor canción: “Pure Comedy” de Father John Misty.
Mejor disco de rock: Villains de Queens of the Stone Age.
Mejor disco de art rock: Needle Paw de Nai Palm.
Mejor disco de alt-rock: Science Fiction de Brand New.
Mejor disco de alt-folk: Semper Femina de Laura Marling.
Mejor disco de rock clásico: Americana de Ray Davies.
Mejor disco experimental: Arca de Arca.
Mejor disco de hip-hop: Damn de Kendrick Lamar.
Mejor disco de rock pop: Melodrama de Lorde.
Mejor disco de rock progresivo: To the Bone de Steven Wilson.
Mejor disco de metal: Emperor of Sand de Mastodon.
Mejor disco de electrónica: American Dream de LCD Soundsystem.
Mejor disco de avant-garde: Black Origami de Jlin.
Mejor disco de alt-country: The Order of Time de Valerie June.
Mejor disco de country: God’s Problem Child de Willie Nelson.
Mejor disco de blues: Tajmo de Taj Mahal y Keb’ Mo’.
Mejor disco de jazz: Far from Over de Vijay Iyer Sextet.
Mejor disco de soul: Soul of a Woman de Sharon Jones.
Mejor regreso: Roll with the Punches de Van Morrison.
Mejor reedición discográfica: Kickin’ Child: the Lost Album 1965 de Dion.
Peor disco: One More Light de Linkin Park.
Mejor disco mexicano de rock: Desierto
Peor disco mexicano ¿de rock?: El ocaso de Tito Fuentes.
(Lista publicada el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio", en la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 25 de diciembre de 2017

Qué bello es vivir

Durante muchos años, décadas atrás, el Canal 11 de televisión transmitía cada Navidad esta enorme y conmovedora película de Frank Capra, filmada en 1946, cuando el director acababa de regresar de la Segunda Guerra Mundial. La emisora del Politécnico Nacional la pasaba por fortuna en su versión original, en blanco y negro (en los noventa hubo una horrible versión coloreada) y esa misma versión es la que hoy puede verse en Netflix.
  Para recobrar esa antigua tradición, disfruté de nueva cuenta y después de muchos años de Qué bello es vivir, con la actuación inmortal del gran James Stewart en el papel del noble y sacrificado pero siempre (salvo al final) optimista George Bailey.
   It's a Wonderful Life es la película más significativa e importante dentro de la filmografía de Capra y de Stewart (ellos mismos, cada uno en su momento, revelaron que era su cinta favorita). La historia de Bailey, un hombre de clase media que vive en una pequeña ciudad estadounidense de nombre Bedford Falls, donde nació y de la que de joven quería emigrar para recorrer el mundo, es todo un canto al hombre común, a la solidaridad, a la generosidad y a la vida sencilla. Tal vez por eso en la época macartista tanto el realizador como el actor fueron tildados de comunistas por la delirante derecha gringa. Stewart incluso tuvo que presentarse ante los jueces para testimoniar.
  George Bailey es tan generoso que termina por quedarse en su ciudad natal para siempre, a fin de salvar el negocio de préstamos suaves que dejó su padre al morir de un infarto. Ahí mismo se enamora y se casa con Mary (Donna Reed), su ex compañera de colegio, juntos forman una familia y tratan de salir adelante, a pesar de todos los obstáculos que les pone Mr. Potter, el villano de la película, un capitalista todopoderoso interpretado genialmente por Lionel Barrymore (otro motivo por el que se llegó a considera a este filme como subversivo). Cuando llega un momento en que Bailey lo pierde todo y por unas horas se convierte en lo contrario de lo que siempre fue, afectando a su familia y a sus amigos, y cuando está a punto de suicidarse en medio de la desesperación más terrible, se le aparece Clarence (Henry Travers), un ángel de segunda categoría que trata de ganar sus alas en el cielo rescatando a George. Para ello, le muestra todo lo que habría sucedido entre los suyos si él no hubiera existido. Y aquí le paro, porque imagino que algunos nunca han visto esta obra maestra del cine universal y no quiero venderles el total de la trama.
  Como me sucedió cada vez que la vi antes, It's a Wonderful Life me volvió a conmover y a hacer sonreír. Es una de las películas más humanas que existen, con la ventaja de que jamás cae en el melodrama chantajista. Una absoluta maravilla.
  Y sí, qué bello es vivir.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Nochebuena en Tlalpan

Como ya es tradición, pasé la Nochebuena en Tlalpan. Primero, la tardenoche con mi mamá y mis hermanas y luego la cena en casa de Rosa, con mis hijos y todos mis queridos Hellion. En ambas estuve muy contento y divertido. Realmente fue un día muy bueno y tranquilo. La cena estuvo muy rica, el intercambio de regalos muy bueno y las bromas y charlas estupendas.
  Feliz Navidad a todos.

sábado, 23 de diciembre de 2017

De alianzas políticas contra natura

Como bien escribió Héctor Aguilar Camín, en su columna “Día con día” del pasado lunes, en Milenio, la ideología desapareció, para bien y para mal, de los partidos políticos mexicanos. De ahí que haya sido tan fácil que se produjeran las tres-coaliciones-tres que tendremos para las próximas elecciones.
  La unión entre el PRI, el Partido Verde y la Nueva Alianza de Elba Esther Gordillo es quizá la que va menos contra natura, ya que las tres organizaciones profesan la misma falta de definición política. ¿Son de derecha, son de izquierda, son de centro? A saber.
  La coalición PAN-PRD-MC suena menos lógica, por la ubicación en que siempre han estado sobre todo los dos primeros: los azules a la pretendida derecha y los amarillos a la supuesta izquierda. Por eso se les atacó con fiereza, especialmente desde Morena, hasta que (¡oh, manes del destino!) la entidad de la que es dueño y propietario único Andrés Manuel López Obrador decidió aliarse con el Partido del Trabajo (de filiación norcoreana y propulsado originalmente por Raúl Salinas de Gortari) y con el organismo más representativo de la derecha medieval y ultramontana: Encuentro Social, el dichoso PES. Aunque si lo vemos bien, aquí no hay tanta contradicción: don Peje a veces parecería tener las mismas inclinaciones dictatoriales del gobierno de Corea del Norte que tanto admira el PT y las mismas ideas reaccionarias del PES sobre temas como el aborto, la diversidad sexual y el matrimonio entre personas del mismo género. Se trata, si lo vemos bien, insisto, de una coalición pro natura (¿o sería mejor decir pro vida?).
  Esta coalición, denominada Juntos Haremos Historia, es la única que ha anunciado al que sería su gabinete de ganar las elecciones de julio próximo. Un gabinete en el que, por cierto, no cupieron Alberto Anaya y Hugo Éric Flores (presidentes de PT y PES, respectivamente), como tampoco los más conspicuos, activos y cercanos incondicionales de AMLO. ¿Nos la creemos? Tal vez debamos esperar –ya sólo faltan unos días– a que sea 28 de diciembre.

(Mi columna "Cámara húngara" de hoy en Milenio Diario)

viernes, 22 de diciembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (41)

"Savoy Truffle", una de las canciones de George Harrison para el llamado Álbum Blanco de los Beatles, fue escrita por el guitarrista como una broma para su amigo Eric Clapton, gran fanático, por no decir que adicto, de los chocolates. La ocurrencia surgió una tarde en casa de Harrison, cuando Clapton prácticamente devoró una caja de chocolates de los más diversos sabores: Cream Tangerine, Coffee Dessert, Montelimart y, claro, Savoy Truffle. George incluso añadió dos sabores de su cosecha: Cherry Cream y Coconut Fudge. Todos esos nombres aparecen en la letra, así como la frase "But you'll have to have them all pulled out after the Savoy Truffle", es decir: "Pero tendrás que sacártelos todos después del Savoy Truffle", en referencia a los dientes de Eric que quedarían para el arrestre y para que el dentista se los extrajera. Asimismo, en la letra hay una ligera burla a la canción "Ob-La-Di, Ob-La-Da" de Paul McCartney, que aparece en el mismo álbum doble y que a los otros tres Beatles les pareció detestable. Paul no sólo no se molestó, sino que contribuyó con su bajo en "Savoy Truffle". Sólo John Lennon no estuvo en la grabación del tema.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Las 22 canciones beatlescas de George Harrison


A pesar de lo idílica que en su tiempo pudo parecer la relación interpersonal de los cuatro Beatles, la verdad es que entre John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison se daba una batalla sorda que en el fondo tenía que ver con algo por lo cual la humanidad siempre ha peleado encarnizadamente: el poder. Harrison fue quien más sufrió esta situación, ya que por mucho tiempo la dupla Lennon-McCartney se encargó de poner a su paso cuanto obstáculo podía, con el fin de que sus canciones, las del buen Georgie, no tuvieran cabida en los primeros álbumes del cuarteto de Liverpool. Cuando en los inicios del grupo, el más pequeño de los cuatro llegaba con alguna flamante cancioncita recién escrita, la afilada lengua de John la hacía trizas, apoyada por la bonachona pero letal complicidad de Paul. A pesar de esos terribles golpes contra su autoestima, Harrison jamás se dio por vencido y quizá por lo mismo se empeñó en componer cada vez mejor.
  En los primeros cinco álbumes del cuarteto, sólo aparecen tres canciones de George entre las 70 incluidas, muchas de ellas covers (veintiuna) y la mayoría de Lennon y McCartney (cuarenta y seis). Los temas son la muy modesta “Don’t Bother Me”, incluida en el disco With the Beatles (1963), la popular y encantadora “I Need You”, escrita por Harrison para su entonces novia Patti Boyd, y la casi intrascendente “You Like Me Too Much”, ambas del Help! de 1965. Pero en Please Please Me (1963), A Hard Day’s Night (1964) y Beatles for Sale (1964) no hay una sola composición del joven guitarrista.
  No sería sino hasta el espléndido Rubber Soul de 1965 que la labor de Harrison como autor sería empezada a tomar un poco en serio, aunque más por críticos y seguidores del grupo que por sus propios compañeros. Con “Think for Yourself” e “If I Needed Someone”, se aventuró por estructuras armónicas y arreglos más elaborados, sobre todo en esta última, escrita igualmente para Patti Boyd, en la cual resulta clara la influencia de The Byrds y en especial de la guitarra Rickenbacker de doce cuerdas de Roger McGuinn. 
  El salto más fuerte lo dio sin embargo al año siguiente, cuando en una de las obras cumbres de los Beatles, el álbum Revolver, Harrison incluyó una triada de canciones estupendas, en especial dos de ellas: “Taxman” y “Love You To”. La primera, una joya llena de crítica ironía social (y financiera), un alegato contra la salvaje recaudación de impuestos inglesa, con un seco acorde de guitarra que hoy es ya un clásico; la segunda, su inicial incursión en forma dentro de la música hindú, con una instrumentación basada en el sitar y la tabla. La tercera pieza harrisoniana de Revolver fue “I Want to Tell You”, tal vez no tan brillante y propositiva como las otras dos, pero cuya estructura armónica permitió a George Martin hacer un muy interesante arreglo.
  En el Sgt. Pepper Lonely’s Heart Club Band de 1967, la única composición de Harrison es la discretamente monumental (valga la paradoja) “Within You Without You”, con su filosófica letra y la orquesta de once instrumentos de cuerda (más Neil Aspinall en la tamboura). Gracias al impacto que ese álbum tuvo a nivel universal, la propia canción se difundió por todas partes e hizo que la capacidad de George Harrison como autor se reconociera urbi et orbe.
  Durante las sesiones del Sargento Pimienta, fueron grabadas otras dos composiciones de Harrison, ambas extraordinarias: “Only a Northern Song” e “It’s All Too Much”. Sin embargo, debido en mucho a la actitud egocentrista de John Lennon y Paul McCartney, no tuvieron cabida y no aparecieron hasta 1968, en la banda sonora de la película Yellow Submarine.
  Magical Mystery Tour (1968) incluyó un solo tema de George, la extraña “Blue Jay Way”. Luego vino una pieza que significó el primer sencillo suyo jamás lanzado, así haya sido como lado B de “Lady Madonna”. Me refiero a “The Inner Light”, la luz interna que daría título a un relato del escritor José Agustín.
  El célebre y doble álbum blanco (llamado en realidad The Beatles, de 1968) tuvo cuatro canciones de Harrison distribuidas en sus cuatro caras. “While My Guitar Gently Weeps” es una obra maestra, una de las máximas composiciones harrisonianas, un tour de force drámatico y rocanrolero con un esplendoroso solo de guitarra de Eric Clapton, el gran amigo-enemigo-amigo del de Liverpool. Por su parte, “Piggies” es una pequeña  y juguetona pieza cargada de sarcasmo cuasi mozartiano, mientras que “Long Long Long” seduce por su mimimalismo y “Savoy Truffle” divierte con su burlón alegato macrobiótico.
  Como se sabe, Let It Be (1970) fue grabado antes que Abbey Road (1969), aunque aquél haya aparecido un año después. Del primero son dos modestas tonadas de Harrison: “I Me Mine” y “For You Blue”, mientras que en el segundo hay dos piezas soberbias, una de ellas la canción cumbre de George y el tema de los Beatles con más versiones después de “Yesterday”: “Something”. El otro corte es más sencillo y discreto, pero aun así magnífico: “Here Comes the Sun”. Por ese mismo tiempo apareció otro sencillo de Harrison, “Old Brown Shoe”, como lado B de la lennoniana “The Ballad of John and Yoko”.
  He aquí pues las veintidós canciones compuestas para los Beatles por George Harrison que pudieron aparecer en los álbumes oficiales. Hubo otras, por supuesto, que nunca lograron pasar el filtro del trío Lennon-McCartney-Martin, como la viejísima “You Know What to Do” de 1964 (la cual aparecería hasta 1995 en Anthology I), “Not Guilty” de 1968 (puede oírse en Anthology 3 de 1996) y la maravillosa “All Things Must Pass” que George sólo pudo grabar hasta su primer álbum como solista, precisamente llamado All Things Must Pass.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Un fantasma recorre a México: ¡el fantasma de Timbiriche!

Ilustración: Kabeza
México, DF. La Mosca Nius. Los verdaderos padres del rockcito hecho en México han retornado y lo han hecho con bríos imparables. Cuando todo el mundo pensaba que eran tan sólo un recuerdo, Sasha Sokol, Diego Schoening, Benny Ibarra, Alix Bauer, Mariana Garza y Erik Rubín están de regreso y al parecer vienen a reclamar su sitio de honor en el firmamento del rock que se hace en este país. Con veintitantos conciertos a toda capacidad en el Auditorio Nacional, Timbiriche se erige como el gigante de la música juvenil y reclama su trono, mientras hace a un lado a todos los roqueritos nacionales.
  Como cualquier historiador o musicólogo que se respete lo sabe, este grupo inventado por Luis de Llano Macedo a principios de los ochenta determinó el estilo de muchas de esas bandas que se hacían llamar roqueras y que surgieron a finales de esa misma década. Timbiriche les inoculó el veneno del pop más pedestre y jamás pudieron quitárselo. Desde Maná y Caifanes hasta Fobia, Bon y los Enemigos del Silencio, Café Tacuba, Kenny y los Eléctricos y tantos otros, todos ellos mostraban en sus propuestas, de una u otra manera, las raíces poperas de las canciones de Timbiriche, con las cuales crecieron y se educaron musicalmente. De hecho, varios de las temas musicales de los timbiriches suenan más rocanroleros que los de los grupos mencionados. No se diga de las banditas de hoy, las que conforman al rockcitito, porque ahí el pop de tan evidente ya resulta descarado. Basta con escuchar a Porter, Zoé, Lady Bombón, Panda, Allison, División Minúscula, Chetes, María Daniela, los Satin Dolls, La Gusana Ciega, Furland y un largo etcétera para comprobarlo.
  Hacen bien los integrantes de Timbiriche (aunque están ausentes Thalía, Paulina Rubio, Bibi Gaytán, Eduardo Capetillo y Edith Márquez) en exigir el lugar que les corresponde como progenitores y pioneros del rockcito hecho en México.
  Horror a quien horror merece.

(Texto que escribí para la sección "cuatroporcuatro" de La Mosca en la Pared No. 118, aparecida en septiembre de 2007)

martes, 19 de diciembre de 2017

Sobre la esencia negra del rock

Cada vez que escribo algo acerca de la manera como se perdió en el rock hecho en México lo que algunos llaman la negritud y yo prefiero llamar la esencia negra, los comentarios surgen en forma automática: “lo que tú quieres es que los grupos mexicanos toquen blues”, “hace mucho que el rock se liberó del blues”, etcétera.
  ¿Cómo hacerles entender que jamás he pretendido que los roqueritos toquen algo tan pero tan ajeno a ellos como el blues? Nunca lo he pensado. Lo de la negritud o la esencia negra es muy otra cosa, aunque por supuesto tiene que ver con el blues y otros géneros de origen negro. Sin embargo, es algo que va más allá. Mucho más allá.
  Cuando uno escucha, por ejemplo, a The Cure o los Smiths o el rock de los ochenta en general, es muy difícil y en ciertos casos imposible encontrar trazas blueseras. Ya no digamos en el rock popero de los ochenta, tan lleno de sintetizadores y cajas de ritmos. Blues no había en todo ello y, sin embargo, la negritud estaba presente; no en el pentagrama o las instrumentaciones, no en los arreglos o las técnicas de ejecución, pero sí en el alma rocanrolera que ahí permanecía.
  Insisto, la negritud no significa tocar blues o funk o soul o hip-hop. Como dice Keith Richards: es una esencia que se percibe y que no puede explicarse con palabras. Es algo que se siente, algo que se tiene o no se tiene. Ahí está la clave: en lo intangible pero existente, llamémosle esencia, alma, espíritu o ánima.
  Esa esencia no existe en el pequeño rock que se hace en México, salvo en las contadas excepciones que confirman la regla. Esa ánima negra primigenia no puede existir en una música vacua y desalmada (es decir que carece de alma).
  Por eso un altísimo porcentaje de las propuestas seudoroqueras actuales resultan tan banales y carentes del espíritu original del rock, ese espíritu, esa alma negra que no significa tocar los doce compases del blues sino tomar de éste y de la verdadera música negra su real y más hondo sentido. Es algo que se siente y que no todos son capaces de sentir. Desdichadamente.

(Publicado el martes pasado en mi columna "Gajes del orificio" de Milenio Diario)

lunes, 18 de diciembre de 2017

Super Session

Dicen que las mejores cosas suceden en las altas horas de la noche. Así es para las prostitutas, los ladrones, los asesinos, los vampiros y los músicos. Cuando menos para algunos músicos, en especial aquellos que, enraizados en el blues y el jazz, desde los años veinte y a lo largo de las décadas siguientes practicaron un ritual pagano que mucho tiene de místico y religioso: el de las jam sessions. Era habitual que al terminar las funciones normales para el público en bares, centros nocturnos y demás tugurios, cuando ya sólo quedaba uno que otro parroquiano ebrio y alguna cansada aventurera (Agustín Lara dixit), los músicos se juntaran sin más compromiso que el gusto por tocar y dieran lo mejor de sí mismos. Un guitarrista de una banda determinada se juntaba con el bajista de otra y a ellos se unían un baterista, un saxofonista, un pianista, un cantante, un trompetista. La sesión comenzaba con una figura del bajo o de la guitarra de acompañamiento y todos se iban uniendo para improvisar largas, larguísimas piezas que se engarzaban una tras otra y terminaban al amanecer del nuevo día.
  La tradición de las jam sessions pasó al rock de los años sesenta y dio frutos espléndidos, varios de los cuales por fortuna quedaron registrados en grabaciones que actualmente han adquirido el estatus de clásicas.
  Corría el histórico año de 1968 y el tecladista, vocalista, compositor, arreglista y productor Al Kooper, líder fundador en ese entonces de la banda Blood, Sweat & Tears, invitó a uno de los mejores guitarristas blancos de blues de todos los tiempos, el ya desaparecido Michael Bloomfield (miembro en ese momento de Electric Flag), para realizar un disco en el cual se reflejara el espíritu de una de aquellas jam sessions. Bloomfield acudió gustoso, pero debido a problemas de cansancio e insomnio, sólo pudo grabar cinco temas antes de caer abatido por el agotamiento físico. Urgido para terminar el disco, Kooper acudió al día siguiente a su amigo Stephen Stills, quien acababa de dejar a Buffalo Springfield y pronto se integraría a Crosby, Stills & Nash, a fin de que entrara al relevo. Stills lo hizo en forma magnífica en los cuatro cortes restantes del álbum. Así surgió esa obra maestra del blues blanco –grabada en tan sólo dos memorables noches, las del 28 y 29 de mayo de aquel 1968– que es Super Session.
  Aunque Bloomfield, Kooper y Stills eran en aquella época súper estrellas del rock, el proyecto no tenía como idea conformar lo que comercialmente se empezaba a llamar un supergrupo, al estilo de Cream o Blind Faith. La intención era mucho más simple y modesta y, no obstante, en términos objetivos sí fue un símil de aquellas agrupaciones.
  Apoyados por un sólido equipo de músicos de primer orden (Barry Goldberg en el piano, Harvey Brooks en el bajo y Eddie Hoh en la batería, más un anónimo aunque extraordinario ensamble de metales), los tres estelares terminaron produciendo un álbum que viene siendo dos y es que los estilos de Mike Bloomfield y Stephen Stills (quienes no se vieron las caras durante la grabación) eran tan diferentes que la primera parte del disco resultó por completo distinta a la segunda. Mientras Bloomfield apostaba por una guitarra de blues muy ortodoxa y limpia, Stills llevaba encima el peso de la psicodelia y de los efectos (wah wah, distorsionadores, fuzz tones), lo cual se puede escuchar claramente en lo que fueron los lados A y B del disco original en vinil (una joya que muy pocos coleccionistas poseen). Así, mientras Bloomfield requintea con diáfana claridad en las monumentales “Albert’s Shuffle” (un clásico de clásicos del blues de todos los tiempos), “Stop” y “Really”, Stills “ensucia” el sonido con singulares efectos en las geniales “Season of the Witch” (composición original de Donovan Leitch, transformada en un jam session de más de once minutos), “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (de Bob Dylan) y “You Don’t Love Me” (del bluesero A. Cobbs).
  Super Session es uno de esos discos que crecen con el paso del tiempo y jamás envejecen. Basta oír las primeras cuatro notas de Bloomfield en “Albert’s Shuffle”, la guitarra wah wah de Stills en “Season of the Witch”, el órgano Hammond de Kooper en  “Stop” o la melodiosa voz de este mismo en “Man’s Temptation” para saber que estamos frente a un incunable.

Reseña publicada originalmente en mi libro Cerca del precipicio (Cuadernos del Financiero, 2012)

https://open.spotify.com/album/6bdy2PnssuzDkldvAOjVmj

domingo, 17 de diciembre de 2017

De regreso con Agatha Christie

No he visto la versión cinematográfica dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh (las críticas no la han tratado muy bien  que digamos), pero al saber que la habían estrenado me di cuenta de que una de las novelas de Agatha Christie que no había yo leído aún era justamente Asesinato en el Orient Express, publicada originalmente en 1934. Me puse a buscar en mi biblioteca para ver si la tenía entre mis libros de la gran autora inglesa de misterio y helas!: ahí estaba. Así que me dispuse a leerla.
  Aunque me gusta más la novela negra que los relatos de misterio de deducción, la verdad es que disfruto mucho con Christie y su gran detective, el belga Hercules Poirot, a quien en esta novela le toca resolver un caso cuyo final resulta francamente sorprendente.
  Poirot quiere abordar el Expreso de Oriente para viajar de Siria a Francia y aunque todos los lugares están comprados, un directivo de la compañía tranviaria que admira mucho al investigador le consigue un camarote compartido en un vagón en el que viaja gente de las más diversas nacionalidades, algo que de principio llama la atención del nacido en Bélgica.
  En un punto del viaje, mientras cruzan las montañas de la entonces Yugoeslavia, una tormenta de nieve impide que el expreso siga su marcha y debe detenerse sin saber si el inconveniente durará horas o días. Justo en ese momento, uno de los pasajeros es asesinado por la noche y de ahí parte todo la intriga que deberá resolver el buen Hércules.
  No contaré más acerca de la trama, para no venderla, pero aparte de lo ingenioso y casi matemático que siempre resulta el final de las novelas de doña Agatha, lo que más se disfruta en esta es su singular y agudo sentido del humor, en especial cuando caracteriza a los diversos personajes de la novela. Realmente es algo muy divertido.
  Como ya dije, el desenlace del libro es lo que uno menos se espera, a pesar de que la autora nos hace sospechar de todos y cada uno de los viajeros, hombres y mujeres. Es un juego y ella se divierte con el mismo, al tiempo que hace trabajar nuestro cerebro con los más diversas especulaciones. ¿Mero divertimento? Sí y no, porque la escritura es excelente y es, a final de cuentas, magnífica literatura.

sábado, 16 de diciembre de 2017

AMLO: religión, lucha de clases y lucha de castas

Dicen algunos que AMLO es quien siempre pone la agenda. No lo dudo. Aunque hay maneras de ponerla.
  Porque los delirantes bandazos que a últimas fechas ha dado el precandidato único de Morena, más que tratar de poner la agenda muestran cierta exasperación (¿o desesperación?), sobre todo a partir de que se supo que los abanderados del PRI y del Frente serán José Antonio Meade y Ricardo Anaya, dos huesos duros de roer para López Obrador, aun cuando en estos momentos la mayoría de las encuestas lo coloque todavía a la cabeza.
  ¿Muestras de esa exasperación? La primera la dio al lanzar su ya célebre andanada de insultos contra sus contrincantes, al llamarlos “pirrurris”, “fifís”, “títeres”, etcétera, en una muestra clara de menosprecio clasista.
  Luego vinieron los peligrosos calificativos de “blanquitos” que muestran una vena discriminatoria y racista que no le conocíamos al líder de Morena. Abrir esa llaga es volver a la guerra de castas que alguna vez sangró a México. No es un tema menor, aunque los seguidores del tabasqueño traten de minimizarlo.
  Tercer bandazo: la alianza con el ultraderechista Partido Encuentro Social (PES) y la manera como López trató de justificarla, al decir (“con un fundamento moral”) que busca ganar la presidencia del país no sólo para lograr el bienestar material, “sino también para buscar el bienestar del alma”. Sólo le faltó gritar “¡Religión y fueros” o “¡Viva Cristo Rey!”.
  Apostar por la división de clases, el odio racial y lo más rancio de la religión (¿pues no que es admirador de Juárez?) no creo que le atraiga muchos apoyos y sí muchas desafecciones.
  Veo descontrolado a AMLO hasta en el anuncio de su presunto gabinete (en el que hay por cierto varios “blanquitos”). ¿Podemos creer que en el mismo no estarán Alfonso Romo, Martí Batres, John Ackerman, Layda Sansores, Yeidkol Polevnsky, Manuel Bartlett o hasta Paco Ignacio Taibo II? Yo lo dudo.
  Ya veremos el desempeño de las campañas, las encuestas y los debates. Esperemos, eso sí, mucha diversión e insano esparcimiento.

(Mi columna "Cámara húngara" de hoy en Milenio Diario)

viernes, 15 de diciembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (40)

En 1983, cuando tenía 47 años de edad, Bill Wyman, bajista de los Rolling Stones, inició una relación sentimental con una adolescente de 13 años llamada Mandy Smith, para lo cual contó con la aprobación de la madre de la niña. Seis años más tarde se casaron, pero el matrimonio sólo duró un año. No mucho después, Stephen Wyman, el hijo de 30 años de Bill, se casó con la mamá de Mandy, quien tenía 46. Esto hizo a Stephen padrastro de quien fuera su madrastra. ¿Qué habría pasado si Bill y Mandy no se hubiesen separado? Stephen se habría convertido en suegro de su propio padre y, literalmente, en abuelo de sí mismo.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Harvest

El cuarto disco de Neil Young y primero de los años setenta es una obra de proporciones inconmensurables (aparte de ser el álbum más popular de su historia como músico).
  Harvest (1972) es la cumbre del folk acústico, aunque también hay un par de temas eléctricos y en otros emplea acompañamientos orquestales (de la Sinfónica de Londres nada menos) que no siempre resultan afortunados. Con todo, se trata de un trabajo que hoy tiene tintes de legendario y sobran las razones artísticas para ello.
  Temáticamente, las letras hablan en su mayor parte sobre la búsqueda del amor luego de un rompimiento. Quizás el único pero que podría tener el disco es que algunas piezas carecen de la crudeza que se percibía en After the Gold Rush (1970) y la producción de pronto resulta un tanto artificiosa, algo que puede escucharse en algunos arreglos, como los de “Out on the Weekend” y, sobre todo, las pomposas “A Man Needs a Maid” y “There’s a World”.
  A pesar de ello, hay cortes de enorme belleza y con esa austeridad tan propia de Young. “Harvest”, la canción que da título al álbum, es un buen ejemplo de ello, lo mismo que la entrañable “Old Man”, la muy conocida “Heart of Gold” o ese escalofriante y extraordinario alegato contra la heroína (me refiero a la droga, por supuesto) que es “The Needle and the Damage Done”. Otros temas notables son la country-rocanroleras “Are You Ready for the Country?” y la protestosa “Alabama”, así como la intensa “Words (Between the Lines of Age)”, que incluye el trabajo vocal en los coros de Stephen Stills y Graham Nash.
  Harvest es un gran trabajo, sin duda; para muchos, el punto más alto de la carrera discográfica de Neil Young. Sin embargo, no todos podemos coincidir con ello.

(Reseña que escribí originalmente para el "Especial" No. 35 de La Mosca en la Pared, publicado en noviembre de 2006)

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Disraeli Gears

La obra maestra de Cream. El álbum que consolidó al primer supergrupo de la historia del rock y que dio a Eric Clapton la estatura de dios de la guitarra. Otro disco clásico que cumple medio siglo este año.

Si en la década de los cuarenta Muddy Waters, Willie Dixon y otros de sus contemporáneos llevaron al blues rural a una transformación radical, al electrificarlo y darle un toque más urbano, cuando inició la segunda mitad de los sesenta, un trío británico se encargó de llevar esta electrificación al máximo, al elevar en extremo su volumen sonoro y transformarlo en un alucinante viaje psicodélico. Eric Clapton (guitarra y voz), Jack Bruce (bajo, armónica y voz) y Ginger Baker (batería y voz) conformaban al poderoso y hoy legendario grupo Cream, un vehículo musical extraordinario que durante tan sólo dos años condujo al blues-rock a niveles antes jamás imaginados. Gracias a su talento instrumental y a su capacidad para la improvisación cuasi jazzística, la agrupación logró convertir a sus conciertos en un hecho mítico y a sus pocas grabaciones de estudio en un testimonio imperecedero de su creatividad y finura musical.
  Disraeli Gears (Polydor, 1967) fue el segundo álbum de la agrupación, luego del debutante Fresh Cream de aquel mismo año. Este segundo opus reafirmó la propuesta bluesero-psicodélica del trío, iniciada en su primer trabajo, pero la enriqueció con un mayor sentido armónico y melódico y con la creación de riffs tan memorables como los de “Strange Brew”, “S.W.L.A.B.R.” y sobre todo el de ese gran clásico que es “Sunshine of Your Love”.
  El disco inicia con la mencionada “Strange Brew” (originalmente intitulada “Lawdy Mama”), un blues acompasado y sensual en el cual la guitarra de Clapton luce desde el primer acorde, mientras él mismo le canta a una mujer misteriosa y amenazante. En seguida, viene el por todos conocido riff de “El brillo de tu amor” y de golpe surge la potente y característica voz de Jack Bruce que a lo largo de la canción se alterna con la de Clapton, cuyo espléndido solo es tan célebre como el propio riff. “Sunshine of Your Love” es más que nada un hard rock bajo la estructura armónica de un blues, sólo relativamente quebrado por el contundente y portentoso puente (“I’ve been waiting so long…”).
  “World of Pain” se acerca más a un tema de pop psicodélico a la manera de Traffic, dado su gran sentido melódico. Se trata de una gran pieza (escúchese el wah wah claptoniano) que da paso a la exuberante y finísima “Dance the Night Away”, composición en la cual Clapton ejecuta con maestría la guitarra eléctrica de doce cuerdas para dar un peculiar aire folk a un tema claramente enraizado en la psicodelia. La letra llena de fantasía prefigura las temáticas literarias de las canciones de Led Zeppelin.
  El lado A del vinil original termina con la muy curiosa “Blue Condition”, única pieza cantada por Ginger Baker con una voz intencionalmente lánguida e irónica.
  La segunda parte de Disraeli Gears abre con uno de los grandes cortes del disco, “Tales of Brave Ulysses”, cuya estructura armónica descendente es casi idéntica a la de “White Room”, la clásica composición de Cream que aparecería en su tercer álbum, el Wheels of Fire de 1968. Clapton había compuesto la música de este tema y en un club de Londres comentó a su amigo y vecino, el ilustrador australiano Martin Sharp (quien creó la alucinante cubierta de Disraeli Gears), que necesitaba ponerle letra. Ahí mismo, en una servilleta, Sharp le escribió el poema que se convirtió, felizmente, en la mitológica letra de la canción.
  “S.W.L.A.B.R.” (siglas que significan “She Walks Like A Bearded Rainbow”, es decir, “Ella camina como un arcoiris barbado” [?]) es uno de los cortes más luminosos, divertidos y delirantes del álbum, lo cual contrasta con la dramática e intensa plegaria amorosa que es “We’re Going Wrong”.
  La luz regresa con una gran tonada de Arthur “Blind Willie” Reynolds, “Outside Woman Blues”, seguida por “Take It Back”, otro blues festivo cantado por Bruce, cuya armónica se pasea de lúdica manera al tiempo que se escuchan voces de un público ficticio, efecto creado dentro del estudio de grabación.
  El título de Disraeli Gears surgió de una broma y una confusión verbal, cuando Eric Clapton comentó que quería comprar una bicicleta de carreras y uno de sus roadies, de nombre Mick Turner, al querer hablar de los riesgos de que la rueda de la cadena se zafara, se confundió y en lugar de decir “derailleur gears” (palanca de cambios de la bicicleta), dijo “Disraeli gears” (Benjamin Disraeli fue un importante hombre de Estado en la Inglaterra del siglo XIX), lo que causó la hilaridad de los músicos, quienes decidieron que ése debía ser el nombre de su segundo álbum, mismo que culmina con “Mothers’ Lament”, una curiosa canción tradicional inglesa entonada con voces de borrachos por los tres integrantes de Cream, acompañados por un piano de cantina. Una buena y sonriente manera de terminar una obra fuera de serie.

(Artículo que se me publicó el día de hoy en la sección "El ángel exterminasdor" de Milenio Diario)

martes, 12 de diciembre de 2017

Medio siglo sin Otis Redding

A cinco décadas de distancia, resulta muy triste ver en YouTube el video de la última actuación de Otis Redding, en el programa Upbeat del canal WEWS-TV de Cleveland. La presentación televisiva tuvo lugar el 9 de diciembre de 1967. Al día siguiente, el 10 de ese mismo mes, sufriría el accidente aéreo que le arrebató la vida, a los 26 años de edad.
  Nacido en Dawson, Georgia, en 1941, la carrera como solista de Redding duraría tan sólo un lustro, ya que su primer sencillo, el tema de su autoría “These Arms of Mine”, fue grabado en 1962 para la disquera Stax. Pero fue una carrera tan fulgurante como vertiginosa, con una gran cantidad de éxitos que hoy son considerados como clásicos imperecederos.
  Hombre de gran estatura física e imponente presencia escénica, poseía una voz muy característica y su manera de interpretar lo mismo baladas que temas rítmicos –básicamente de música soul aunque de pronto con cierto toque de rock (su versión de “(I Can’t Get No) Satisfaction” de los Rolling Stones es un verdadero hito)– era muy diferente a la de sus pares de aquella época, como Sam Cooke o Wilson Pickett, para mencionar a dos de ellos.
  Quizás el momento cumbre de Otis sucedió pocos meses antes de su muerte, cuando se presentó en el Festival de Monterey, California, ante cientos de miles de personas, en una actuación memorable que quedó registrada en la legendaria película sobre dicho festival. Fue ahí donde lo conoció el mundo entero, aunque ya había realizado giras incluso por Europa.
  Quedan en la memoria canciones extraordinarias como “Try a Little Tenderness”, “Mr. Pitiful”, “I’ve Been Loving You Too Long (To Stop Now)”, “Fa-Fa-Fa-Fa-Fa (Sad Song)” o “(Sittin’ On) The Dock of the Bay”, por mencionar algunas. Esta última, fue dada a conocer de manera póstuma y significaba un cambio en el estilo de este gran cantante y compositor.
  Influencia en gente como Joe Cocker, Chris Robinson o Andrew Strong, la música de Otis Redding sigue tan vigente como hace medio siglo. Volvamos a escucharla.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey" de Milenio Diario)

lunes, 11 de diciembre de 2017

Frida Kahlo

Se termina 2007, el año oficial de Frida Kahlo, el año en el cual el aparato burocrático-cultural de nuestro país celebró –a su muy particular y solemne manera– el centenario del nacimiento (1907) de la pintora defeña.
  Dicen que nada hay peor que ser más papista que el Papa. En ese sentido, nada también tan detestable como ser más fridista que Frida. Quienes han hecho de la autora de “Autorretrato con monos”, “Pensando en Diego” y otros cuadros famosos un mito; quienes la han sacado de su naturaleza humana, para convertirla en una mezcla de santa y monstruo; quienes han medrado con el nombre de la Kahlo para transformarla en marca comercial altamente lucrativa; quienes –en resumen– la han mutado en una vaca sagrada, no saben el daño que le han infligido a la artista real (y si lo saben, dudo mucho que en realidad les importe).
  Dice Rafael Pérez Gay, en un artículo publicado hace unos meses, que ya está cansado de Frida porque “la mitología ha devorado a una obra. La leyenda logró que cada vez quede menos de un rasgo definitivo en Frida Kahlo: la felicidad de la imagen a través de una tempestad interior”.
  Nadie repara ya en la tragedia existencial de la amada de Diego Rivera y de cómo en muchas ocasiones ella sublimó esa tragedia para erigirla en belleza, en arte irónico, en feliz y sarcástico auto escarnio. Se prefiere a la Frida mexican curious, a la Kahlo exportable y vendible, a la que Ofelia Medina y Salma Hayek hicieron objeto de pugna para ver cuál de las dos podía cejijuntarse y disfrazarse mejor de ella; todo para que al final les comiera el mandado nada menos que Itatí Cantoral (oh, my god!).
  Que Frida le gusta a Madonna. Que sus obras se subastan a precios exorbitantes en la galería Shoteby’s. Que muchos funcionarios se visten de falsos ropajes kahlianos para parecer cultos y refinados. Que la comunidad artístico cultural más ligada a la burocracia realiza grandes fiestas en nombre de la mujer que pasó la mitad de su vida presa de la inmovilidad física más espantosa y de dolores corporales inenarrables, insoportables. Que tantos se agarran del fenómeno comercial que es Frida Kahlo y tantos medran con el mismo.
  Hoy día Frida es una marca registrada, un producto más, una mercancía intercambiable que se ha vuelto incluso desechable. La malhadada fridomanía todo lo invade y todo lo contamina. El país oficial se llena de celebraciones que exaltan al nacionalismo más rampante y más repugnante. La Kahlo como sinónimo de chauvinismo y lo que es peor, como sinónimo de corrección política. Porque no sólo la burguesía pulquera mexicana ha adoptado a Frida, también lo ha hecho –a su manera– esa entidad vaga que se llama a sí misma “La Izquierda” (así, con mayúsculas). No es para menos: Frida Kahlo era una militante comunista que desfiló al lado de Diego Rivera en apoyo de los proletarios del mundo; era rebelde, feminista, malhablada; apoyaba el discurso dogmático que se desprendía del muralismo del propio Rivera, de Siqueiros y de todos los pintores que dependían de las simpatías o antipatías de José Vasconcelos. En síntesis, hoy sería una perfecta militante perredista (según, claro, los propios perredistas). Porque además le gustaba lo mexicano. Su famosa casa azul de Coyoacán (of all places) es un claro ejemplo de ello, con los colores pastel de sus muros, su decoración, sus judas, sus alebrijes, sus ex votos, su cocina con cazuelones de barro y sus cucharones de madera. Para volver a citar a Rafael Pérez Gay, Frida era “seguidora de una identidad contenida en la cultura del nopal y el internacionalismo proletario, el arte comprometido y la creación revolucionaria”.
  Frida fue, en chiquito, lo que Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco fueron en grandote: exponentes de un arte que muchas veces privilegió al “mensaje” y el contenido social por sobre la propia calidad pictórica. Muy al estilo del realismo socialista de su época, con los artistas patrocinados por el Estado (o lo que en tiempos priistas se llamaría Papá Gobierno).
  ¿Fue Kahlo la mejor pintora de su tiempo? No necesariamente. Hubo otras mujeres como Remedios Varo y Leonora Carrington que a mi modo de ver la superaron en técnica y capacidad artística. Cierto, ambas eran extranjeras (la primera española, la segunda británica), pero las dos forman parte indudable de la historia de la pintura mexicana, ya que fue en nuestro país donde desarrollaron su obra. Ello para no hablar de pintores de caballete del sexo masculino como Jesús Guerrero Galván Agustín Lazo, Julio Castellanos y Alfonso Michel.
  Se acaba 2007 y con ello se termina el año dedicado a Frida Kahlo. Al fin la pobre mujer podrá descansar de tanto homenaje barato y tanto elogio pueril. Aunque desde un punto de vista comercial, eso sí, seguirá siendo muy rentable. Enhoramala.

(Texto que escribí con el sobrenombre de Goyo Cárdenas Jr. para la sección "Vacas sagradas" de la revista La Mosca en la Pared No. 122, en diciembre de 2017).