lunes, 18 de julio de 2016

"The Commitments" y su aniversario 25

Una grandísima noticia para quienes amamos la película: se anuncia la edición (en blu-ray) de The Commitments, de Alan Parker, como celebración de su 25 aniversario, en widescreen y con muchos extras.
  Hace años la conseguí en formato de video Beta (sabrá Dios dónde habrá quedado), luego en VHS (aún la tengo, aunque ya no la puedo ver; es una edición mexicana bajo el horrendo título de "Los reyes del ritmo", ¡aggggh!) y finalmente en DVD, en una edición barata y modesta. También tengo el soundtrack en CD y un segundo disco con canciones extras que atesoro en formato de cassette original.
 
Durante mucho tiempo la busqué de nueva cuenta, pero no existían nuevas ediciones, hasta que hoy se anunció la buena nueva. Si nunca la han visto, no saben lo que se pierden. Es una gran celebración de la música negra, en especial del soul de Stax Records, pero situada en Dublin, Irlanda, a principios de los años noventa. Una cinta fenomenal que he visto más de veinte veces sin cansarme.
  La nueva edición en blu-ray aparecerá el 30 de agosto, mismo mes en que saldrá también, por cierto, la caja con la sexta temporada de Shameless US. Doble agasajo (al menos para mí y quizá para algunos cuantos más).

domingo, 17 de julio de 2016

Stranger Things

Terminé en tres noches la temporada uno de esta estupenda serie de Netflix. Fantasía, misterio, alucine, suspenso, intriga, humor, drama, horror, en fin, una gran mezcla de géneros y elementos que hacen de Stranger Things una especie de ET se encuentra con los Expedientes X, PoltergeistStand by Me y Los Goonies, en un claro homenaje a los años ochenta (aun cuando nunca dicen el año en que están, por varias referencias me inclino a pensar que se trata de 1982), con una pista sonora magnífica que lo refrenda.
  Gran historia, estupendos guiones, un casting extraordinario (desde el rescate de la entrañable Winona Ryder hasta la sorpresiva e impresionante presencia de la muy joven actriz inglesa Illie Bobby Brown en el papel de Eleven, centro de toda la trama), actuaciones magníficas, producción impecable, ritmo implacable, en fin, todos los elementos necesarios para hacer de la emisión algo irresistible.
  Ahora que estoy viendo también, en el mismo Netflix, series como Bates Motel, Between, The Returned y Scream, Stranger Things no sólo no desentona con ellas, sino que en muchos puntos las supera.
  No quiero contar la trama, porque es mejor que la vean sin saber de qué se trata el asunto. Sólo les digo que se van a divertir, se van a intrigar y van a querer ver uno tras otro los tan sólo ocho capítulos que la conforman.
  Gran cosa Strangers Things.

sábado, 16 de julio de 2016

Pokemón contra Pejemón

Pertenezco a la última generación pre videojuegos. La que me siguió (quienes ahora están entrando a sus cincuenta años de edad) cayó en ese embrujo, para mí incomprensible, de la afición –muchas veces bobalicona, muchas veces enajenada, muchas veces fanática– por los jueguitos de video, desde el Pac-Man y el Atari hasta las alucinantes sofisticaciones de hoy.
  Menciono lo anterior porque no puedo comprender el delirio que está causando en estos días, sobre todo entre los denominados millenials, la aparición de ese juego de realidad virtual llamado Pokemon Go.
  Al parecer, pronto veremos por las calles de México a decenas, cientos, miles o millones de personas, celular o tableta en mano, en la persecución de entes inexistentes (llamados pokemones) que ellos creerán reales, situación que los mantendrá con la mente en blanco y la boca babeante, cual obedientes y oligofrénicos solovinos (me refiero, por supuesto, a esos perritos sin hogar que andan en busca de un amo que les dé casa y sustento, no se me malinterprete). Serán como esos zombies de las películas y las series televisivas, seres descerebrados que proferirán sonidos guturales y gritos repetitivos, mientras caminan en masa por Reforma, Juárez y otras bonitas avenidas, desquiciando el tránsito y convirtiendo a la Ciudad de México (y otras ciudades del país) en un caos. Bueno, quizás exagero un poco.
  Ahora, en cuanto a lo de los nombres Pokemón y Pejemón, se trata tan sólo de un inocente juego de palabras y de ningún modo trato de establecer similitudes entre los neozombies pokemonistas y los seguidores más fanatizados de AMLO, porque nada que ver. De hecho, me da gusto saber que con tanto trabajo como tiene, al tratar de salvarnos de la mafia en el poder, su chief pueda regalarse un tiempito para irse a San Diego y asistir, en asientos VIP, al Juego de Estrellas de las Grandes Ligas (y hasta entrar a los dugouts para tomarse una foto con David Ortiz, el famoso “Big Papi” de los Medias Rojas de Boston).
  ¿Cómo dice aquella canción que tanto le gusta citar a Andrés Manuel, la de Chico Che? ¿Quén pompó o quén pagó?
  Pero como ya dije: nada que ver.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

jueves, 14 de julio de 2016

Noche de jazz y amistad

Me reuní en la noche con mi hijo Jan, su novia Liza y mis amigas Julieta y Paulina para ir a un bar cercano a cenar, con-beber y escuchar jazz con el estupendo dueto Faralae (aunque en realidad es un grupo), al que había escuchado dos semanas atrás, en el cumpleaños de Pau, y me había gustado mucho.
  La pasamos de maravilla, muy divertidos, y disfrutamos de los talentos de Alejandro Martínez Gil (guitarra) y Liliana Buneder (voz y efectos vocales). Al final, platicamos con ellos y les compramos unos discos.
  Habrá que repetir pronto la experiencia y el convivio.
  Bella noche con bella y amada gente.

miércoles, 13 de julio de 2016

Yo soy una mujer

Para que no me acusen de anti feminista, he aquí mi canción "Yo soy una mujer", interpretada por Los Pechos Privilegiados: Giuliana Vega (voz principal), Leyla Sofía (coros), Mao Tse Punk (guitarra líder), Rafael Herrera (bajo), Demex García (batería), Hugo García Michel (segunda guitarra). Grabada y mezclada por el querido y añorado José Luis Domínguez en el estudio de la Escuela de Música DIM en 2008.

martes, 12 de julio de 2016

¿Es rebelde el rock?

Uno de los grandes mitos generados por el rock es la idea de que en sus orígenes se trataba de una música rebelde y contestataria que iba contra lo establecido y peleaba contra “el sistema”. Sin embargo, si revisamos la historia del género, veremos que en realidad las cosas sucedieron de manera un tanto diferente.
  Si convenimos en que el rock n’ roll nació a mediados de los años cincuenta de la pasada centuria, como una fusión entre el rhythm n’ blues negro y el country & western blanco, entonces sus primeros intérpretes no fueron precisamente unos combatientes sociales, mucho menos políticos. Chuck Berry, con todo y sus letras críticas y poéticas, no tenía en la mira transformar al capitalismo sino servirse de él lo más posible. Cierto que él, como Little Richard o Jerry Lee Lewis, llegaron a romper algunas normas del convencionalismo reinante (Ricardito con su obvia homosexualidad; Jerry Lee al casarse con su prima de 13 años), pero hasta ahí. El mismo Elvis sólo revolucionó la manera de moverse en el escenario, con sus gestos provocativos y sexosos, pero en el fondo era tan conservador como cualquier miembro del Partido Republicano.
  Se dirá que en los sesenta las cosas cambiaron y sí. De hecho, pienso que la revolución más importante del siglo XX fue la de las mentalidades y los hábitos culturales que se dio entre 1965 y 1971, en la que el rock jugó un papel muy importante. Pero las causas reales de esa revolución cultural son mucho más profundas que un mero género musical. Cierto, ahí estuvieron Bob Dylan y los Beatles, los Rolling Stones y The Who, Frank Zappa y David Bowie. Todos ellos revolucionaron la música y diversos aspectos de la cultura. Mas a su lado había muchísimas figuras que se ajustaban a lo establecido y preferían conservarse en ello. El rock en general no mantenía una actitud rebelde más allá de las apariencias. Los mismos músicos mencionados, salvo Zappa, terminaron integrados al odiado “sistema”, algo que sucedería también, años después, con el anárquico punk, en un principio desafiante de todo y finalmente mediatizado por la industria.
  ¿Pero qué sucedió en México? Eso será materia de un segundo artículo.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 11 de julio de 2016

The New Normal

Terminé de ver (o más bien terminamos, porque tuve el divertido privilegio de ver todos los capítulos con mi querida Paulina) esta serie que está en Netflix, aunque es de 2012 y sólo tuvo una temporada).
  Una comedia muy simpática, con buen guión, diálogos inteligentes, estupendas actuaciones y muchas referencias fílmicas, musicales y televisivas. La historia de una pareja gay que quiere tener un hijo y para ello contrata a una mujer joven llena de problemas económicos y sentimentales, con una hija pre adolescente extrañísima, una abuela del ala conservadora radical estadounidense (le hubiera ganado la nominación presidencial por el Partido Republicano a Donald Trump) y un esposo irresponsable, inmaduro y torpe con quien está en trámites de divorcio). La mujer en cuestión (Goldie, interpretada por la muy simpática Georgia King) alquila su vientre y se embaraza con el esperma de uno de los integrantes de la pareja homosexual, la cual lleva a vivir a su casa a Goldie y a su hija Shania.
  A lo largo de los 22 capítulos vemos el proceso de embarazo hasta el final nacimiento del bebé, pero todo lleno de anécdotas llenas de gracia y buen humor satírico.
  En el fondo, se trata de una serie sobre la tolerancia (de ahí el título La nueva normalidad) y creo que logra su objetivo.
  Muchos la tildaron de ser una imitación de la magnífica Modern Family y es verdad que tiene muchos puntos en común (la pareja gay, la familia disfuncional), pero creo que ta la vez posee su propia personalidad, en mucho debido a su cuadro actoral, en el que destacan muy especialmente Andrew Rannells, como el integrante "femenino" de la pareja, y, sobre todo, la grandiosa Ellen Barkin en su papel híper sardónico como la reaccionarísima abuela Jane: sus comentarios clasistas y racistas son tan políticamente incorrectos que la convierten en una joya.
  Una serie muy recomendable, se van a divertir con ella.

domingo, 10 de julio de 2016

De animales a dioses

Terminé de leer este estupendo y provocativo libro del joven historiador israelí Yuval Noah Harari. Editado por Debate, De animales a dioses es una original historia de la humanidad o, para decirlo de una manera más concreta, del Homo Sapiens, desde sus más remotos orígenes, hace 200 mil años, hasta la actualidad, con un vislumbre hacia el futuro próximo y remoto.
  Con un estilo claro, ameno y en momentos hasta divertido, aunque jamás pierde la seriedad del tema, Harari rompe con muchos mitos y certezas a las que estamos acostumbrados y mira el desarrollo de los humanos con una óptica muy distinta a la de, digamos, un Carlos Marx. Sin apartarse de su visión científica, el autor pone como grandes claves del avance y los cambios ascendentes de la humanidad no al materialismo histórico o a la lucha de clases, sino a lo que llama la revolución cognitiva que dio al Homo Sapiens un lenguaje con el cual comunicarse, a la revolución agrícola que lo hizo abandonar sus actividades cazadoras y recolectoras, al surgimiento de los grandes imperios que unificaron por la buena o por la mala a diversos pueblos distintos, a las grandes religiones que también sirvieron para unificar, a la creación del dinero que desarrollo el comercio y a las revoluciones industrial y científica que desde hace doscientos años nos han hecho cambiar de manera tan dramática como espectacular y nos tienen al borde de una nueva y enorme transformación digna de las novelas de ficción científica.
  Aunque Harari hace una crítica a los seres humanos por la destrucción ecológica y la extinción de innumerables especies animales, su visión general es más bien optimista y no ve por delante el fin de la humanidad como tal, sino un cambio en nuestra naturaleza que en el largo plazo puede resultar en el surgimiento de una especie de Homo diferente al Sapiens.
  Sin ser un fanático de la ciencia, sí reconoce en ella al factor más importante para asegurar nuestro futuro, un futuro impredecible sobre el cual, sin embargo, propone algunas especulaciones por demás interesantes y en absoluto improbables.
  En fin, un libro muy interesante que ha causado mucha polémica en el mundo y que me parece más que recomendable.

sábado, 9 de julio de 2016

Sobre la epistemología de la palabra “chairo”

Una palabra recorre el mundo, la palabra “chairo”. Bueno, no tanto el mundo, ni siquiera el país; tal vez, si acaso, el subcosmos de las redes sociodigitales (como las llama con acierto Raúl Trejo Delarbre).
  Cuando en Twitter o en Facebook uno utiliza el mencionado término, no faltan los indignados que preguntan ofendidos: “¿qué es eso de chairo?”. Por supuesto que lo saben, pero se hacen los occisos. Occisos chairos, por cierto.
  Pero supongamos que el indignado de marras realmente desconoce el significado de la palabreja. ¿Qué es entonces un chairo?
  Alguien por ahí escribió que el origen etimológico viene de “chaira” (es decir, el acto de masturbarse) y que así como las personas quedan un poco atontadas después de practicar el autoerotismo, así se muestran muchos de los militantes progres y seudo izquierdosos cada vez que lanzan sus consignas de siempre, realizan sus marchas de siempre o escriben sus columnas de siempre en la prensa digna de siempre. Se les ve como atontejados, como chairos pues.
  No sé si de ahí provenga la palabra en realidad, pero la idea tiene su encanto.
  Del lado ofendido (y aludido) se dice que “chairo” es un insulto, algo así como decir “naco de izquierda”. Sin embargo, no he visto a alguien que, como hacía Botellita de Jerez con su “naco es chido”, reivindique un “chairo es chido”. Como que el término sí les puede.
  En lo personal, creo que estamos ante un vocablo de esos que resultan difíciles de definir con exactitud, a pesar de que en cuanto uno ve a un “chairo", en seguida lo reconoce: por su lenguaje, su apariencia, su ropaje, sus actitudes, sus modos, sus hábitos... y el tabloide o revista que trae bajo la axila.
  Espero haber contribuido en algo a fin de comprender la epistemología (palabra que le da seriedad a esta columna) de la hoy tan utilizada voz. Ojalá que los comentarios que se generen a raíz de esto contribuyan al enriquecimiento del tema, esclarezcan de mejor manera las raíces etimológicas de la palabra y nos den luces, asimismo, sobre el origen de la expresión “solovino”.
  Gracias anticipadas.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 8 de julio de 2016

Bailable (dícese "Vals del obrero")

Al ver este bailable de un grupo zapatista de Chiapas no sé qué pensar. No sé si reír o llorar o conmoverme o qué diablos. Desde un paternalismo condescendiente quizá diría: "qué tiernos". En fin, si esta es la revolución que pretenden hacer, podemos estar tranquilos... a ritmo de ska.

jueves, 7 de julio de 2016

Sexta sesión

Pues seguimos adelante con las esporádicas pero excelentes sesiones de grabación de mi disco, en el estudio de Jehová e Iris. En esta ocasión tocó el turno a mi querido amigo, el estupendo bajista Israel Pompa-Alcalá, quien puso los bajeos en "Una canción para nosotros", "Qué absurdo" y "Gitana". Como siempre, todo en medio de un ambiente lleno de afabilidad, sonrisas y fotos.
  Aún falta mucho (llevamos puestas las bases apenas de las canciones mencionadas, así como de "Gatos de arrabal", "Amanecer", "Sólo he venido a decirte adiós" y "Aguas negras". Ojalá podamos incluir tres o cuatro más (quizá "De pronto tú llegaste", "La fiesta en paz", "Es riesgoso" y alguna otra).
  Hasta ahora, han participado con sus voces Paulina de la Vega, Nancy Zahmer y la propia Iris, a quienes se sumarán Daniela Gómez, mi sobrina Leyla, Israel Ramírez y Adolfo Cantú. En una de esas, también Iraida Noriega (se lo voy a proponer). Aura Ortiz ha tocado el bajo en cuatro piezas. Como instrumentistas, he pensado en Mauricio Mayén, Demex García, Rafa Herrera, Bernardo Espadas, María Emilia Martínez, Diego Maroto, el Pelusa, Jehová Villa y otros. Ojalá todos quieran.
  Pues ahí la llevamos.

miércoles, 6 de julio de 2016

El primer disco de los Rolling Stones

Chuck Berry, Willie Dixon, Rufus Thomas, Buddy Holly y otros grandes compositores del blues, el soul y el rock and roll proporcionaron la materia prima esencial para la grabación del primer disco de los Rolling Stones, una obra sorprendente por su vitalidad rasposa y su espíritu absolutamente negro. A poco más de medio siglo de haber sido grabado, The Rolling Stones (1964) permanece extraordinariamente fresco a lo largo de sus doce cortes, de los cuales sólo uno (la balada acústica “Tell Me”) fue escrito por la mancuerna de compositores que haría historia: Jagger y Richards.
  La elección de los temas ajenos no pudo ser mejor y resulta –vista hoy día– una verdadera declaración de principios a favor de la música hecha por los negros norteamericanos, tan apreciada en la Gran Bretaña de principios de los sesenta como ignorada en la Norteamérica blanca de la misma época. Así, canciones que actualmente son memorables pero que en aquellos días eran oscuras y desconocidas –como “Route 66”, “Carol”, “Not Fade Away”, “I’m a King Bee”, “Walking the Dog” y ese blues rotundo y esplendoroso que es “I Just Want to Make Love to You”– sonaron –y siguen sonando– absolutamente rocanroleras en manos del entonces joven quinteto londinense.
  En cuanto a “Tell Me”, la única composición original, se trata de breve pieza, tranquila y melodiosa, que dio a los Stones su primer éxito no sólo en Inglaterra sino también en los Estados Unidos. De hecho, su estilo más bien popero, muy a la Mersey, muy a la beatle (la melodía recuerda en algo a “Not a Second Time” de Lennon y McCartney), rompe con toda la tendencia grasosa del disco, si bien no desentona e incluso le da un toque de elegancia al álbum.
  Cabe decir que la versión que aparece en The Rolling Stones es más larga que la que se usó en la radio y en posteriores ediciones recopilatorias.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 11 de La Mosca, en mayo de 2004)

martes, 5 de julio de 2016

Rockcito populista (y transgénico)

“La palabra ‘fusión’ se ha empleado con tanto desparpajo que prácticamente ha perdido todo sentido”.

Sergio Monsalvo C.

La vena populista no es exclusiva de los políticos. Ahora que se puso en boga el concepto de populismo, a raíz de la reunión entre los presidentes de México, Canadá y los Estados Unidos, me puse a pensar en qué tanto ha permeado esa idea, ese término, en las filas del rock que se hace en México.
  No me refiero tanto al contenido de crítica social que puede haber en las letras de algunas canciones, desde los tiempos de los Teen Tops y los Sinners, sino al hecho de que algunos músicos han adoptado actitudes mesiánicas y sienten que cada concierto es un buen pretexto para aleccionar a las masas con mensajes que van desde lo político hasta lo ecológico.
  Quizás el iniciador en nuestro país de la tendencia populista haya sido Alex Lora, desde los pasados años setenta, con sus arengas más bien pintorescas en favor del rock o en contra de la policía o la moral imperante. Sin embargo, el auge del roquerito demagogo, con ansias de líder de opinión, llegó a finales de los ochenta, con grupos como Maná, Caifanes y Maldita Vecindad, lo que se vio recrudecido a partir de 1994, con el surgimiento del EZLN y el apoyo de diversas agrupaciones roqueras al Sup Marcos y sus huestes de la guerrilla light.
  Hoy día, Café Tacuba, Zoé, Panteón Rococó y otros  aprovechan para lanzar consignas políticamente correctas, con las que –lo saben bien– se ganan el aplauso fácil de un público borreguil y poco informado, acostumbrado a la cortedad de los eslogans.
  Ya que menciono a Café Tacuba, veía hace poco un video en YouTube, en el cual su cantante (desconozco el hombre que use ahora) habla con vehemencia en contra de los productos transgénicos y pensé que, paradójicamente, su grupo y muchos otros de los actuales representantes del rockcito nacional han convertido al rock en una música transgénica, al arrebatarle su esencia original y transformarlo en un híbrido informe e indescriptible, sin identidad o sustancia.
  Rockcito populista y, por si fuera poco, transgénico.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 4 de julio de 2016

Space Oddity

Iniciar una discografía con una composición de los tamaños de “Space Oddity” no es cuestión cualquiera y no puede augurar más que grandes cosas por venir. Space Oddity fue originalmente grabado en 1967 como David Bowie y relanzado en 1969 como Man of Words/Man of Music. Se trata de un trabajo impecable, un álbum debut impresionante que combina la psicodelia con el folk inglés, como si The Soft Machine y Donovan encontraran puntos de contacto. Gran variedad estilística y composiciones tan sólidas, además de la ya mencionada “Space Oddity” (la cual fue utilizada por la BBC como tema de sus transmisiones de la llegada del hombre a la luna en aquel 1969), como la extraña y fascinante “Unwashed and Somewhat Slightly Dazed”, la delicada y armónicamente crosbystillsandnashiana “Letter to Hermione”, la viajada “Cygnet Committee”, la irónica “Janine”, la muy a la Traffic “An Occasional Dream”, la bellísima “Wild Eyed Boy from Freecloud” y la estupenda y curiosa “Memory of a Free Festival” a la cual mucho le debe el Moby de Play.

(Reseña que escribí para el Especial No. 10 de La Mosca en la Pared, publicado en abril de 2004)

domingo, 3 de julio de 2016

Una canción para nosotros

Escribí esta canción, el 2 de junio pasado, con la idea específica de cantarla -y grabarla en el disco- con Paulina. Hoy estuvimos ensayándola una y otra vez y esta es una de las primeras versiones que, a pesar de los desajustes lógicos, me gusta por su frescura, sobre todo por parte de ella. Sin más, aquí dejó la letra y el video.



Una canción para nosotros

Esta canción la escribí yo pensando,
la hice con la idea de cantarla tú y yo
Es una canción jazzeadita y tranquila
pero perfecta para cantarla los dos.

Esta canción la escribiste teniendo
en tu mente la idea de cantarla conmigo.
Es una canción perfecta y te lo digo
para cantarla con tu voz y mi voz.

Suenan claras nuestras voces,
se armonizan muy muy bien.
Es una canción para nosotros
para ti, para mí, para los dos.

Esta canción, la hice para ti
Esta canción, la hiciste para mí.
Es una canción tan bonita y tranquila
como la amistad que nos trajo hasta aquí.

Esta canción la escribí yo pensando,
la hice con la idea de cantarla tú y yo
Es una canción perfecta y te lo digo
para cantarla con tu voz y mi voz.

sábado, 2 de julio de 2016

Populismo Vs. populism

El mundo de las redes sociales (un mundo pequeñito que se cree grandotote) se vio convulsionado (es un decir) cuando el sitio Regeneración (ligado a Morena) difundió un video en el cual el presidente Peña Nieto hablaba acerca del populismo frente a sus pares de Canadá y los Estados Unidos, Justin Trudeau y Barack Obama, y cómo supuestamente este último lo contradecía e incluso lo regañaba. Muchos progres se dieron a la tarea de retuitear el video de marras, con comentarios burlones en contra de EPN y defendiendo a muerte al populismo.
  Lo que ninguno dijo es que el video estaba editado y que la frase final de Obama (“I do think Enrique's broader point is right”) fue mañosamente mutilada. Pero bueno, ya sabemos cómo se las gastan algunos para falsear y manipular la información con la idea militante de que el fin justifica los medios y de que no importa mentir con tal de que ello sirva a La Causa.
  En cuanto a las dos opiniones aparentemente contrarias sobre el populismo (crítica por parte del presidente de México y positiva por parte del mandatario estadounidense), todo se explica fácilmente si vemos que el término de marras significa dos cosas muy distintas en inglés y en español. En nuestro idioma, populismo se entiende como una tendencia política que pretende atraerse a las clases populares, usado más en sentido despectivo (RAE). En inglés, la definición reza: Governmental political movement that promotes the interests of the common people and calls for equality among them (política gubernamental que promueve los intereses del pueblo y busca la igualdad entre ellos). Nada tiene que ver una cosa con la otra. El populismo que defiende Obama significa algo muy diferente al populismo de un Andrés Manuel López Obrador o un Nicolás Maduro. De hecho, en español existe una palabra que se acerca más a la definición inglesa y que es “popularismo”.
  Así pues, populismo y populism quieren decir cosas distintas y según mi apreciación al ver el video, los conceptos de Obama no iban dirigidos contra Peña sino contra Donald Trump. Es decir, nada que ver.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 1 de julio de 2016

Lou Reed / Magic and Loss (1992)

Un álbum estremecedor, con un fondo que no deja de ser terrible y un tema que siempre ha obsesionado a la humanidad: el tema de la muerte. Reed había perdido a dos cercanos amigos (uno de ellos el gran compositor Doc Pomus) y por ello hizo esta obra que habla sobre la enfermedad y sobre la vulnerabilidad del cuerpo. Es un disco trágico pero con algunas dosis de humor y esperanza.

Mejor tema: “What’s Good”

jueves, 30 de junio de 2016

Columnas

Alguien me preguntó cuáles son las columnas que escribo actualmente y para qué medios. Aprovecho por si a alguna otra persona le interesa saberlo y pongo aquí la respuesta:

1. "Cámara Húngara" (temas políticos). Todos los sábados en la página 3 de Milenio Diario.

2. "Gajes del orificio" (música). Todos los martes en la sección ¡hey! de Mileno Diario.

3. "Bajo presupuesto" (reflexiones alrededor del rock). Un mes sí y un mes no en la revista Marvin.

4. "Memorias de un melómano sarnoso" (recuerdos personales sobre la música). Una vez al mes en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos.

5. "Comunicación interrumpida" (música). Una vez al mes en "La digna metáfora", publicación cultural dirigida por Víctor Roura.

6. "Gato encerrado" (música y otros temas). Una vez al mes en el periódico El Vigía, de Ensenada, Baja California.

También colaboro de vez en vez, aunque no es columna, en la sección "El ángel exterminador" de Milenio, con artículos de diversas temáticas, aunque sobre todo de música.

miércoles, 29 de junio de 2016

Ford Theatre y el disco que nunca existió

A fines de los años sesenta, la frecuencia 590 de amplitud modulada (AM) de la radio en el Distrito Federal era una de las pocas alternativas para escuchar buen rock. La estación que se hiciera famosa con el sobrenombre de La Pantera de la Juventud (o simplemente La Pantera) tenía un programa nocturno llamado Proyección 590 (no recuerdo si pasaba de lunes a viernes o una vez a la semana), en el cual se presentaba lo más vanguardista de la escena roquera de habla inglesa (de hecho, era la competencia directa de Vibraciones, la legendaria emisión de Radio Capital, en el otro extremo del cuadrante). Grupos de nombres larguísimamente psicodélicos como Quicksilver Messenger Service, Big Brother and the Holding Company (con Janis Joplin como vocalista), The Incredible String Band, The Jimi Hendrix Experience o Creedence Clearwater Revival (recuerdo con claridad haberlos escuchado ahí por primera vez en 1969, a mis catorce años de edad, con su alucinante versión a “Suzie Q”, cuando todavía no se convertían en Los Cridens) eran presentados con un respeto tan solemne que llegaba a lo ridículo, pero que en ese entonces a los jóvenes radioescuchas nos parecía sublime. El tema de presentación y despedida era una pieza de rock cuasi sinfónico intitulada “Theme for the Masses”, del grupo bostoniano Ford Theatre, la cual abría con un misterioso órgano de aires semi barrocos que provocaba una atmósfera un tanto gótica (cuando el goth rock aún no existía). El ritmo era pausado y pronto se incorporaba una guitarra que lanzaba acordes de dos cuerdas, lentos y contrapunteados. Sólo podíamos escuchar unos treinta o cuarenta segundos antes de que entrara la voz del locutor y se iniciara el programa. Para oír la obra completa –aunque tengo la idea de que alguna vez llegaron a programarla en la misma emisión–, era necesario comprar el álbum (importado) Trilogy for the Masses, el cual únicamente se podía adquirir (carísimo) en la tienda de discos Hip 70 de San Ángel, localizada junto a la extinta Pistahielo Insurgentes, a un lado del también desaparecido supermercado Minimax (hoy se levanta ahí Plaza Inn).
  Debo confesar que en aquellos tiempos nunca tuve ese disco, editado en 1968, hasta que al año siguiente apareció una edición mexicana que llegó a manos de mi hermano Sergio. La portada no era la misma que la del álbum gringo (en México usaron la carátula del segundo trabajo discográfico de Ford Theatre, Time Changes, de 1969), pero la música sí. Se trataba de una obra completa que ocupaba prácticamente los dos lados del vinil y que abría y cerraba con el maravilloso “Theme for the Masses”. Al final venía una canción a manera de coda, una melodía folk llamada “Postlude: Looking Back”.
  Trilogy for the Masses es una obra espléndida creada por un grupo que en muy poco tiempo fue por completo olvidado, al igual que lo fueron sus dos únicos discos. La obra fue compuesta por el violinista Wally Magee y el guitarrista Harry Palmer. Los otros integrantes del grupo eran Joey Scott (voz principal), Arthur “Butch” Webster (guitarra líder), James Altieri (bajo), John Mazzarelli (teclados) y Robert Tamagni (batería). Curiosamente, Wally Magee no pertenecía al grupo, pero su violín se deja escuchar como contraparte del órgano al inicio de “Theme for the Masses”.
  Como ya anoté párrafos atrás, el sexteto de Boston sólo grabó dos álbumes y desapareció en 1969. Algunos de sus miembros formaron la agrupación Joyful Noise que no trascendió en absoluto. Lo demás, se lo tragó el tiempo.
  Como vemos, Ford Theatre existió y sin embargo…
  Durante años pregunté a gran cantidad de amigos –algunos de mi generación, otros de generaciones posteriores– si recordaban o conocían Trilogy for the Masses o cuando menos el “Theme for the Masses”. La respuesta siempre fue negativa, aun cuando les decía que era el tema de Proyección 590 (programa al cual tampoco recordaba persona alguna). Nadie tenía noticia de la existencia de Ford Theatre. Incluso, por un tiempo busqué información en la red y nada. Llegué a pensar que todo era producto de mi imaginación o que había escuchado al grupo en una vida paralela o que –peor aún– me había vuelto loco. ¿Y si realmente esa agrupación y sus discos jamás existieron? Imposible: yo tenía (tengo) el álbum (lleno de scratch, por cierto, pero audible; lo conseguí, usado, a fines de los años ochenta). ¿Entonces? ¿Por qué nadie se acuerda de esa banda que tomó su nombre del teatro donde fue asesinado Abraham Lincoln? ¿Por qué nadie puede tararear la melodía altamente memorable del “Tema para las masas” o de la emotiva “101 Harrison Street (Who You Belong To)” o de la sardónica “Back to Philadephia”? Misterio.
  Me habría dado por vencido y quizá jamás me hubiera atrevido a escribir este artículo, de no ser porque el crítico y musicólogo Richie Unterberger al fin incluyó a Ford Theatre en la página de All Music en internet. O sea: el grupo existió, grabó dos álbumes para ABC Records, usted debería hacer lo imposible por escucharlo… y yo no estoy demente. Bueno, no del todo.

(Publicado hoy en mi columna "Memorias de un melómano sarnoso", primera entrega para "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

martes, 28 de junio de 2016

Garbage y la devastadora belleza

Seis discos en 21 años, un promedio de un álbum cada tres años y medio parece algo razonable. Sobre todo si en todos ellos se mantiene un grado de calidad más que aceptable y en algunos casos de excelencia. Hablo de Garbage, el proyecto de pop electrónico del productor Butch Big, engalanado con la presencia y la voz de la estupenda cantante escocesa Shirley Manson, el cual grabara su homónimo disco debut en 1995 y que acaba de dar a luz su opus No. 6: el impecable Strange Little Birds (Vagrant, 2016).
  Estamos ante un trabajo elegante, suntuoso, con una producción perfecta. Big, al igual que sus compañeros Duke Erikson y Steve Marker, son músicos de estudio (de estudio de grabación, quiero decir) y es en ese ambiente que se sienten a sus anchas y lo saben explotar hasta sus últimas consecuencias, para dar como resultado un rock que sigue en deuda con el movimiento noise de los años noventa (permanecen los ecos de Sonic Youth y My Bloody Valentine), pero suavizados –por decirlo de algún modo– por  la sabia utilización de ganchos del más fino rock pop.
  El sentido melódico de Garbage es notable y la voz de Manson juega un papel esencial en ello. Las canciones atrapan gracias a sus riffs y sus estribillos, pero también a las atmósferas que se van creando, en las que la sensualidad y la cachondería forman parte principalísima de un estilo más que reconocible.
  Once son los cortes que conforman a este Extraños pajaritos, un disco sin desperdicio, con temas que destacan entre lo mejor de Garbage en sus poco más de dos décadas de intermitente existencia. Composiciones como la misteriosa “Sometimes” que abre el plato, las contundentes “Empty”, “Blackout” y “We Never Tell”, las envolventes y fascinantes “If I Lost You” y “Night Drive Loneliness”, las electrizantes “Magnetized” y “So We Can Stay Alive” o la concluyente y emotiva “Amends” hacen de este larga duración una obra tan imperdible como irresistible.
  Alguien por ahí calificó a Strange Little Birds como un álbum de devastadora belleza. Concuerdo a plenitud con tan precisa definición.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 27 de junio de 2016

Quadrophenia

Este nuevo intento de Pete Townshend por escribir una ópera rock no resultó tan afortunado, desde el punto de vista de la popularidad, como Tommy. Musicalmente, Quadrophenia (1973) es un excelente álbum doble, con canciones magníficas, un homenaje a los orîgenes mods de los Who y con una historia más realista y mucho menos fantasiosa que la de Tommy Walker. 
  El disco fue escrito en su totalidad por Townshend, en un momento en el cual las tensiones dentro del grupo eran fuertes y amenazaban con una ruptura. No hay, por ejemplo, un solo tema de John Entwistle, quien además se quejaría (al igual que Roger Daltrey) de haber sido menospreciado, incluso a la hora de mezclar las cintas de grabación (no se entiende por qué: hay partes en las cuales su bajo suena de manera asombrosa, como en “The Real Me”). 
  Menospreciado por buena parte de la crítica, Quadrophenia debe ser revalorado como un trabajo de estupenda factura, con composiciones de un nivel tan alto como la ya mencionada “The Real Me”, la bellísima y conmovedora “I’m One”, la sardónica “Bell Boy” (cantada por Keith Moon), “I’ve Had Enough”, “5:15” y la esplendorosa “Love, Reign o’er Me”. Una producción limpia e impecable, con un uso de los sintetizadores tan bueno como en Who’s Next.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 11 de La Mosca en la Pared, dedicado a The Who y publicado en marzo de 2008)

domingo, 26 de junio de 2016

The Tudors

Hace algunos años, vi en la tele algunos capítulos y quizá hasta una temporada completa, pero con las facilidades que da Netflix, pude servirme con la cuchara grande y ver de principio a fin y a lo largo de un mes las cuatro temporadas de The Tudors, la gran serie de Showtime que pasó originalmente entre 2007 y 2010.
  La historia del reinado de Enrique VIII, monarca de Inglaterra durante 38 años (de 1509 a 1547), y todos los avatares políticos, sociales y amorosos (vemos con detenimiento la historia de sus seis esposas: Catalina de Aragón, Ana Bolena, Jane Seymour, Ana de Cleves, Catalina Howard y Catalina Parr) son presentados de manera impecable, gracias a la fastuosa producción, los estupendos guiones, un casting de primer orden, lo mismo que la fotografía, la escenografía (las escenas de exteriores se hicieron en Irlanda) y las soberbias actuaciones.
  El actor Jonathan Rhys-Meyers es el encargado de dar vida al rey Enrique, desde su juventud hasta su vejez y su muerte, y lo hace de la manera más espléndida y creíble. También las actrices que interpretan a sus esposas y a sus dos hijas, las futuras reinas María e Isabel, son magníficas, para no hablar del cuadro de actores de reparto.
  Pero lo más importante de The Tudors es la forma como nos mete en la historia de Inglaterra y Europa en la primera mitad del siglo XVI. Al menos en mi caso, me motivo a leer mucho al respecto para tratar de entender más lo que fue esa época de guerras religiosas, grandes descubrimientos y ese fanatismo abyecto que llevó a tanta gente al cadalso, la horca o las piras.
  Fuerte, impactante, sin maniqueísmos, elegante e inteligente, The Tudors vale la pena de ser vista una y más veces.

sábado, 25 de junio de 2016

“Estoy con los maestros”

Para Héctor de Mauléon, con afectuosa solidaridad.

¡Ah, el mundo de las frases hechas y las generalizaciones arbitrarias! Tan cómodo y conveniente para mostrarse militante, comprometido y con una political correctness fuera de toda sospecha.
  En las redes sociales han comenzado a pulular unos letreritos muy monos y bastante maniqueos que uno puede adoptar para mostrar su apoyo a la sección 22 de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación. “Soy artista y estoy con los maestros”, “Soy médico y estoy con los maestros”, “Soy periodista y estoy con los maestros” y así, cursimente ad nauseam.
  Hablo de generalizaciones arbitrarias y de un reduccionismo en extremo simplista, porque nada más absurdo que convertir a los integrantes de la CNTE en “los maestros”, como si dicha coordinadora representara a la totalidad de los docentes del país y no a un grupo disidente que abarca apenas al 9 por ciento del total del magisterio nacional y sólo tiene presencia importante en cuatro estados de los 32 que conforman a la república mexicana; como si la CNTE estuviera buscando el bien de la educación en México y no el conservar los privilegios económicos que tenía; como si la CNTE fuese un grupo impoluto y no un organismo de presión que ha optado cada vez más por la violencia; como si la CNTE fuese un bloque democrático y no se hubiese dejado penetrar por una buena (o mala) cantidad de grupúsculos radicales que en sus sueños guajiros siguen proclamando la lucha armada en pos de un socialismo maoísta digno de Sendero Luminoso; como si la CNTE se preocupara por los niños de los estados del sur, que son los de menor nivel educativo, y no por seguir cobrando sus quincenas sin acudir a dar clases y por continuar heredando las plazas y comerciando con ellas.
  Decir “estoy con los maestros” es una forma superficial de negarse a entender el fondo del conflicto, de tranquilizar la buena conciencia, de salirse por la tangente y salvar la corrección política desde la compu, la laptop o el celular. Es una frase hueca que en su vaguedad termina por significar nada.

(Publicado hoy en mi columna ·Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 24 de junio de 2016

Squirrel Nut Zippers / Hot (1997)

¿Swing post moderno? No exactamente. Más bien swinging jazz al estilo de las big bands de los treinta y los cuarenta, tocado por un grupo noventero lleno de energía, encanto y buen sentido del humor. Un álbum pleno de vitalidad y frescura, con canciones entrañables y perfectamente bailables.

Mejor tema: “Hell”

jueves, 23 de junio de 2016

Eso que tú haces

Había visto esta película hace muchos años, en un video de VHS, y la recordaba con mucho cariño. Me preguntaba si los años habían hecho que la cinta perdiera su inocencia y me atreví a verla de nuevo, ahora por Netflix, y la verdad es que me gustó tanto o más que la primera vez.
  That Thing You Do, dirigida por Tom Hanks en 1996, es un filme lleno de frescura que retrata muy bien lo que era el ambiente del rock estadounidense en 1964, cuando comenzaba la beatlemanía, por medio de la historia de uno de aquellos grupos conocidos como one hit wonders (de hecho, el grupo se llama The Wonders). Desde que su protagonista principal, Guy (interpretado por el actor Tom Everett Scott), quien trabaja para su padre en una tienda de electrodomésticos en una pequeña ciudad de Pennsylvania, se integra al grupo como baterista sustituto, para participar en un concurso musical, y al ensayar la balada compuesta por el líder del conjunto (intitulada precisamente "That Thing You Do") decide tocarla con un beat más rápido y beatlesco, todo cambia: la cancioncita adquiere un sonido irresistible que los va llevando poco a poco a la fama. El ascenso será tan rápido como el descenso, pero todo está narrado con agilidad y buen humor y Tom Hanks, como realizador, sabe retratar muy bien una época del rock en la que aún campeaba cierta ingenuidad sin malicia.
  Como personaje, Hanks interpreta al señor White, el representante que los lleva a grabar y los conduce a la fama, pero no consigue mantener la cohesión en el cuarteto y este se desbanda.
  No cuento más. Busquen la película, seguro les hará pasar un muy buen rato.
  PD: Mención especial merece la presencia de la maravillosa Liv Tyler, en el papel de Faye, la preciosa, entregada y no muy afortunada novia del front man de los Wonders.

miércoles, 22 de junio de 2016

La mafia

En aquella época se le llamaba la mafia (así la bautizó Luis Guillermo Piazza en su libro homónimo), porque controlaba la difusión de la cultura en México. Bueno, en realidad no son todos los que están ni están todos los que eran... ¿o sí? En la imagen, los "capos" Monsiváis, Cuevas, Benítez y Fuentes. Pero eran buenos tiempos o al menos divertidos.

martes, 21 de junio de 2016

RHCP: picosos pero sofisticados

Caracterizados en sus inicios por un sonido salvaje, estruendoso, hiperquinético y delirante y por su imagen sarcásticamente agresiva y divertidamente provocadora, los Red Hot Chili Peppers llevan más de 30 años (32 para ser exactos, desde la grabación de su primer disco en 1984) como una de las agrupaciones más importantes del planeta, a pesar de que siempre han mantenido una presencia pública paradójicamente discreta.
  Con sus tres integrantes básicos de toda la vida (el vocalista Anthony Kiedis, el baterista Chad Smith y el demencial bajista Flea) y sus talentosísimos guitarristas intercambiables (por ahí han pasado Hillel Slovak, Dave Navarro, John Frusciante y ahora Josh Klinghoffer), los RHCP son creadores de un estilo propio y más que reconocible a lo largo de su más o menos extensa discografía que llega a los once álbumes en estudio con su flamante The Getaway (Warner Music, 2016), una obra que presenta una serie de afortunadas singularidades.
  Desde que el cuarteto empezó a grabar para Warner en 1992, con el sensacional Blood Sugar Sex Magik, todos sus discos habían sido producidos por el legendario Rick Rubin y es hasta ahora que optaron por prescindir de él y contratar los servicios de Brian Burton, mejor conocido como Danger Mouse. El cambio se nota a lo largo de los trece cortes que conforman el plato, con un sonido menos áspero, menos crudo, más aterciopelado y melodioso, más sofisticado y fino. Tan novedoso es The Getaway que se da el lujo de presentar la insólita e impensable colaboración ni más ni menos que de Elton John, como co-compositor y pianista en el delicioso tema “Sick Love”.
  Difícil resulta resaltar alguna de las canciones, dada la alta calidad de todas ellas, pero no está por demás mencionar joyas como la homónima e inicial “The Getaway”, “Dark Necessities”, “Go Robot” y “Dreams of a Samurai”.
  Los Red Hot Chili Peppers han regresado, maduros como buenos cincuentones (curiosamente, Kiedis, Smith y Flea nacieron, los tres, en 1962), para entregarnos un álbum más que disfrutable y sin traicionar su esencia. Grande cosa.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 20 de junio de 2016

Fiona Apple a 20 años de Tidal

Para Paulina

“I tell you how I feel but you don’t care
I say tell me the truth but you don’t dare
You say love is a hell you cannot bear
And I say gimme mine back and then go there 
- for all I care”

 “Sleep to Dream”
Fiona Apple 


Fiona Apple grabó Tidal (Columbia, 1996) a los dieciocho años de edad y muchos críticos la calificaron de pretenciosa. Otros dijeron que era un buen trabajo, pero que había aún demasiada inmadurez en la cantante, pianista y compositora oriunda de Nueva York. “Su voz es sorprendentemente rica para una jovencita y su piano, sofisticado y jazzero, logra disimular su edad”, decía un comentario que quería ser benigno con ella, aunque luego agregaba: “Fiona demuestra un talento considerable, pero su disco carece de uniformidad y termina por ser difuso”.
  A veinte años de haber visto la luz y con la perspectiva que da el tiempo, quizás haya llegado la hora de revalorar a éste, el álbum debut de una artista en todos los sentidos del término. Porque Tidal es una obra intensa, profunda, visceral, desafiante, que muestra a una joven mujer a la vez vulnerable y dura, tierna y provocativa, a la defensiva y a la ofensiva. “Soy una persona tan estúpida e increíblemente sensible que todo lo que me sucede lo experimento con demasiada intensidad”, dijo Apple en los días en que grabó este disco. “Todo lo siento de manera muy honda y cuando sientes las cosas de ese modo y piensas mucho en eso que sientes, aprendes tanto de ti misma que logras conocerte y al hacerlo conoces lo que es la vida”.
  Al contrario de lo que afirmaban los críticos de hace dos décadas, lo que a mi modo de ver demuestra Fiona Apple en Tidal es una gran madurez como creadora y como persona. Las diez canciones que conforman el álbum poseen una fuerza que ha ido creciendo con el tiempo y si bien ella es hoy una autora e intérprete más hecha y sofisticada (como lo demuestran sus apenas tres discos posteriores a éste, los fabulosos When the Pawn Hits..., de 1999, Extraordinary Machine, de 2005 y The Idler Wheel, de 2012), lo que hace de Tidal un clásico es esa visceralidad, esa crudeza y ese austero minimalismo que lo recorren de principio a fin.
  Desde “Sleep To Dream”, el estremecedor tema con el cual abre el disco, entendemos que no estamos frente a una cantante más. Hay ahí una rebeldía, una fuerza volcánica que hace que la tierra se mueva bajo nuestros pies y que nos obliga a estar atentos y a no permanecer indiferentes ante esta música. La impresión se confirma, aunque en otro sentido, con el segundo corte. “Sullen Girl” es una canción tan bella como ominosa, ya que en medio de la hermosa melancolía de la música se narra con estremecedora poesía la terrible experiencia de Fiona cuando era adolescente y fue violada (“They don’t know I used to sail the deep and tranquil sea / but he washed me shore and he took my pearl / and left an empty shell of me”). El álbum crece aún más con la extraordinaria “Shadowboxer”, posiblemente uno de los dos puntos más altos de Tidal (“Once my lover/ now my friend”). Apple canta con una intensidad impresionante y su piano la acompaña con el beat exacto y la precisión necesaria para expresar lo que ella quiere. Un gran tema, al igual que el sensacional “Criminal”, al cual algunos han definido como una de las canciones que mejor reflejan la angustia juvenil de los años noventa. Una absoluta maravilla que da paso al track con que virtualmente termina la primera parte del plato, “Slow Like Honey”, otro portento, una composición que coquetea cachondamente con un jazz blueseado mientras Fiona dice cosas como “So I stretch myself across, like a bridge / and I pull you to the edge / and stand there waiting / trying to attain / the end to satisfy the story”. Sensualidad pura.
  “The First Taste” es una canción que musicalmente se sale un poco del espíritu del disco, pero sólo en apariencia. Con un ritmo que de algún modo se aproxima al reggae, la melodía transcurre con una materialidad acuosa y un aire que hace recordar algunas interpretaciones de la nigeriana Sade. Por su lado, “Never Is a Promise” es otra de las joyas de Tidal, una pieza conmovedora de principio a fin que se habla de tú con la belleza. La dialéctica que se produce entre la voz de la cantante, su piano, los coros y las cuerdas la convierten en una verdadera escalera al cielo.
  Los tres cortes que cierran el disco mantienen el alto nivel del mismo. Desde el majestuoso mood de “The Child Is Gone” al poético transcurrir minimal de “Pale September”, para culminar con la sorpresa  de “Carrion” y su inesperado arreglo sin piano, en una melodía que Fiona Apple interpreta en forma susurrante, acompañada por una guitarra, un bajo, cuerdas, xilófono y batería. Una manera tan extraña como suntuosa de terminar este espléndido trabajo.

(Publicado hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

domingo, 19 de junio de 2016

Que te amo

La compuse el 24 de mayo pasado y este es tan sólo una especie de demo hecho frente a mi computadora, sin mayor pretensión que darla a conocer y que no se pierda (algo que deberé hacer con la mayoría de las casi 700 canciones que he escrito). ¿Tiene destinataria, una musa que la inspiró? Pues sí, pero no revelaré su identidad.



Que te amo

Los días pasan solitarios, fluye el tiempo sin cesar.
El reloj no se detiene ni siquiera por piedad.

Pero cada vez que vienes, se congela el transcurrir
de ese tiempo que de pronto se estaciona frente a mí.

Noches tan intemporales en las que tú estás aquí.
Noches de vino y canciones en las que te puedo decir...

Que te amo, que eres todo,
que aunque sé que es una ilusión, le das sentido a mi existir.

Nuestras edades no coinciden, eso te parece a ti.
Yo no tengo ese problema, pero qué puedo argüir.

Tan sólo...

Que te amo, que eres todo,
que aunque sé que es una ilusión, le das sentido a mi existir.

Hugo García Michel
Mayo 24 de 2016

sábado, 18 de junio de 2016

La Oposición Revolucionaria Institucional

Varios columnistas, de este y otros medios, solemos ser acremente cuestionados y constantemente insultados por comentar muy seguido acerca de un mismo personaje de la singular polaca nacional, ese tragicómico y peculiarísimo animal político que es el presidente y propietario del partido MoReNa y que responde al nombre de Andrés Manuel López Obrador.
  Que si estamos obsesionados con él, que si nos pagan por atacarlo, que si recibimos órdenes desde Los Pinos, Gobernación, Televisa o algún oscuro sótano de la mafia en el poder para írnosle a la yugular, que si lo odiamos o le tenemos envidia, etcétera.
  En mi caso no es así. Sencillamente, don Peje no se cansa de dar la nota y resulta difícil no comentar sus cada vez más delirantes ocurrencias, mismas que serían muy chistosas si no ocultaran una amenaza latente: la de la venezolización del país en caso de que alcanzara la presidencia en el 2018.
  Sin embargo, lo que quiero comentar esta vez es un aspecto de AMLO en el que he estado meditando a últimas fechas y que es el de la manera objetiva como se traduce su manera de actuar, de declarar, de provocar. En pocas palabras, me pregunto si el papel de López Obrador no es el que parece sino uno muy distinto, es decir, el de hacerse pasar por el más radical opositor del gobierno y en realidad trabajar para dividir a la izquierda y beneficiar a esa mafia en el poder que dice combatir. De ahí su eterno papel de opositor revolucionario institucional, un rol que parece acomodarle a las mil maravillas.
  Seamos sinceros: ¿qué le conviene más a Andrés Manuel: alcanzar la primera magistratura y echarse ese desgastante paquetazo durante seis años o continuar con su muy lucrativa posición de opositor con partido propio, con todas las ventajas políticas y económicas que eso representa?
  A menos que el hombre pretendiera ambas cosas y que, una vez en la presidencia, decidiera seguir los pasos de Hugo Chávez para cambiar la Constitución y perpetuarse en el poder, una tentación a la que son muy proclives ciertos líderes del continente.
  Es mera política ficción..., pero por si las dudas: ¡toquemos madera!

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)