viernes, 23 de septiembre de 2016

Christine McVie / Christine McVie (1984)

Este disco es una belleza, con su propuesta de pop rock y su extraordinario sentido melódico. La entonces tecladista y voz de Fleetwood Mac realizó su primer trabajo como solista y lo hizo de la mejor manera, con una serie de canciones entrañables y un grupo de invitados que incluye a Steve Windwood, Eric Clapton y Lindsay Buckingham. Esplendoroso.

Mejor tema: “One in a Million”

martes, 20 de septiembre de 2016

Maná contra Peña Nieto

“No porque tocamos para Obama quiere decir que tocaremos para Peña Nieto”, declaró –palabras más, palabras menos– Fher de Maná, hace poco más de una semana, y su combativa (es un decir) postura se radicalizó (es otro decir) cuando el sábado pasado, mientras el grupo participaba en un festival organizado por el programa radiofónico El show de Piolín (sic), del conductor mexicano Eddie “Piolín” Sotelo, en Los Ángeles, California, el mismo Fher dijo que “todo el país está muy indignado, no creo que el presidente vaya a renunciar, pero el país ya está harto; no sé qué va a pasar, pero eso que pasó ayer que no fueron sino ocho mil gentes (resic) al Zócalo es una prueba de que el pueblo no estamos contentos (contrarresic)”. El baterista Alex González no quiso quedarse atrás y exclamó: “Es increíble que todavía no se ha dado una solución al caso Ayotzinapa, no hay respuestas para todos esos familiares que están tan desesperados por saber qué es lo que pasó con sus hijos”.
  Uno respeta que cualquier mexicano se inconforme con el gobierno y lo diga, para eso existe la libertad de expresión. Quizás el cantante tapatío exageró un poco al decir que sólo hubo ocho mil personas en la plancha del Zócalo para escuchar el Grito del pasado 15 de septiembre y lo dicho sobre Ayotzinapa podría significar que Alex no está al tanto de que existen cerca de cien detenidos relacionados con el caso, entre ellos el ex alcalde de Iguala José Luis Abarca y su esposa, María de los Ángeles Pineda, a quienes se vincula con Guerreros Unidos, el cartel que presuntamente habría asesinado a los 43 estudiantes normalistas, aunque es cierto que falta mucho por aclarar.
  Esperemos que nadie revire sus declaraciones y diga que el pueblo tampoco está contento con Maná y que a pesar de las críticas indignadas a su música siempre idéntica, ellos se niegan a renunciar e insisten en seguir grabando.
  Pero no, no creo que eso suceda. Todos amamos a Maná.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario

lunes, 19 de septiembre de 2016

Patria o muerte en territorio chavista

¿Cómo se vivió en Venezuela la noticia de la enfermedad de Hugo Chávez y su posterior deceso? El escritor caraqueño Alberto Barrera Tyszka nos lo cuenta en Patria o muerte (Tusquets, 2016), por medio de varios personajes locales, cuyas vidas se desarrollan de manera independiente y luego se entrecruzan, para dar como resultado una estupenda novela política.
  Con un estilo ágil, claro y ameno, el autor arma una estructura narrativa muy inteligente que no deja cabos sueltos y nos muestra el ambiente de tensión e incertidumbre, de encono y desconfianza, de crisis y escasez, de soledad y falso comunitarismo en la Venezuela chavista, infiltrada y en muchos sentidos manejada por el gobierno cubano.
  No es un libro que tome partido, no se trata de un relato tendencioso y maniqueo. Por el contrario, es un texto que mira con simpatía y comprensión a los diversos sectores e individuos en pugna, en un país tocado por esa extraña utopía militarista, supuestamente socialista e iluminada, que fue, que es, el neobolivarismo.
  Una obra imperdible.

(Reseña que me publicó el día de hoy el sitio máspormás)

sábado, 17 de septiembre de 2016

De rebeliones en la granja y asesores chafas

¿Quiénes serán los asesores de Andrés Manuel López Obrador en materia de comunicación social? ¿Quiénes serán los publicistas (creativos, los llaman) que le propusieron ese “promocional” de risa loca en él don Peje hace una alegoría (es un decir) completamente fallida de la novela Rebelión en la granja de George Orwell? En su afán por animalizar a la mafia en el poder, AMLO termina por proponerse como cabeza de una rebelión nacional en la granja (“pacífica”, aclara el tabasqueño, al tiempo que extrae con cierto retraso un pañuelo blanco), sin reparar en que el líder de dicha granja, en el relato orwelliano, es un personaje que representa satíricamente nada menos que a José Stalin.
  Mi conclusión es que tanto Andrés Manuel como la gente que le hace la publicidad en Morena jamás han leído a Orwell y mucho menos el libro en el cual supuestamente se inspiraron. De otro modo, no se explica semejante tontería. A menos que los haya traicionado el subconsciente y lo que están proponiendo al país, a partir del 2018, es una dictadura intolerante, totalitaria y represora de las libertades, como la que implanta Napoléon, el cerdo despótico que se convierte en gran tirano de la granja orwelliana.
  Y justo lo difunden en pleno septiembre, el mes de la independencia y la libertad. Vaya autogolazo.
  Los políticos mexicanos deberían elegir mejor a sus asesores o ya de plano prescindir de ellos. Ya vimos lo que le pasó al presidente Peña Nieto por hacer caso a quienes le propusieron invitar a Donald Trump (aunque se diga que también invitaron a doña Hillary): el entuerto en que lo metieron fue de antología y ahora vemos el resbalón de AMLO y su inenarrable granja de animalitos.
  Propongo que el siguiente anuncio del líder de Morena se base en la Metamorfosis de Kafka o en Gargantúa y Pantagruel de Rabelais. Seguro sus asesores producirían otro promo de carcajada.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

viernes, 16 de septiembre de 2016

Sergio, a seis años

Hoy hace seis años que se fue mi hermano mayor, el cineasta Sergio García Michel. Lo recuerdo con amor y nostalgia por todo lo que vivimos juntos. Aquí él, al lado de Luis Buñuel.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Led Zeppelin IV o el álbum de los cuatro signos

La piedra de toque de Led Zeppelin y uno de los discos más importantes en la historia del rock. Conocido popularmente como Led Zeppelin IV (1971), el álbum sin nombre es una obra maestra de principio a fin. Con una sabia mezcla de rock duro, blues, folk y hasta entrañable rock’n’roll a la Little Richard, este plato inauguró el estilo de lo que se llamaría heavy metal. No es sin embargo un trabajo que haya surgido de la nada, ya que continúa y perfecciona lo hecho en sus tres viniles anteriores, sobre todo en el injustamente despreciado opus III.
  Épico, místico, majestuoso, solidamente perfecto, este cuarto disco va de la rítmica y contagiosa sencillez de la rocanrolera “Rock and Roll” a la dulzura de la sutil “Going to California”, de la pesada complejidad de la contundente “Black Dog” al potente sentido bluesero de la apocalíptica “When the Levee Breaks”, de la divertida y crítica ironía antihippie de “Misty Mountain Hop” a la magia folky de la epopéyica “The Battle of Evermore” (con la hermosa voz de Sandy Denny, primera persona invitada en un disco del grupo) y del sentido funk de la inventiva “Four Sticks” a la grandeza sin igual de la inigualable “Stairway to Heaven”, síntesis de todo un álbum de proporciones colosales.  
  Mención aparte merece la ya señalada “When the Levee Breaks”, impresionante recreación de un viejo blues de la compositora y cantante Memphis Minnie, al cual Led Zeppelin reviste de poderío con un arreglo escalofriante en el que las guitarras de Page, la batería de Bonham, el apoyo del bajo de Jones y la voz y la armónica de Plant se funden de manera prodigiosa para levantar una torre de sonido que crece indetenible y estalla en una lluvia de fuego musical que es digno final para este álbum sempiterno.
  Un clásico si los hay.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 6 de La Mosca en la Pared, dedicado a Led Zeppelin y publicado en noviembre de 2003)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Alain baterista

Tenía tan sólo once años. Era marzo de 1994. Los Pechos Privilegiados hacíamos nuestra segunda presentación pública, en el Museo de Culturas Populares, en Coyoacán. Cuando llegó la hora de interpretar mi canción "Todo eso", mi hijo Alain subió al escenario y nuestro baterista, el gran Demetrio "Démex" García, le dejó su lugar. Démex tocaría la armónica y Alain se adueñó a la perfección de tambores y platillos. Fue una gran noche, aunque ya habíamos hecho el mismo número un mes antes, el 11 de febrero de ese mismo año, durante la presentación del ejemplar No. 1 de la flamante revista La Mosca en la Pared, en El Antro, ubicado en Huipulco, Tlalpan. Buenos recuerdos.

martes, 13 de septiembre de 2016

Jack White, ese conservador

Pocos músicos actuales con tal devoción a las raíces del rock que Jack White. Lo suyo es una pasión por el blues, el folk, el country, el rock clásico y ello ha quedado reflejado en toda su obra, ya sea con The White Stripes, The Racounteurs, The Death Weather o en su fructífera carrera como solista.
  White reaparece discográficamente con un álbum doble recopilatorio, en el que recoge mucho de lo que ha hecho en todos sus proyectos con base en la guitarra acústica. De ese modo, en este Jack White Acoustic Recordings 1998-2016 (Three Man Records, 2016) se incluyen 26 composiciones sin desperdicio que nos dan una dimensión asombrosa del talento musical de este hombre.
  El disco uno está dedicado de manera casi exclusiva a canciones de los White Stripes (de las catorce presentadas, trece son del entrañable dueto que el buen Jack conformaba con su ex esposa, Meg White). En ese conjunto de piezas podemos apreciar cómo este músico es capaz de escribir melodías muy diversas, sin perder jamás la esencia de los géneros. De este primer plato podemos destacar joyas de la discografía de las Rayas Blancas como “Sugar Never Tasted So Good”, “Apple Blossom”, “We’re Going to Be Friends”, la inédita “City Lights” y la sensacional “Well It’s True That We Love One Another”, a tres voces, con Holly Golightly y Meg White.
  El segundo disco está conformado por una docena de cortes que incluye nuevas mezclas de canciones grabadas con los Raconteurs o en los álbumes solistas de White. Un ejemplo es “Top Yourself”, retrabajada a manera de espléndido bluegrass; otro, la intensa “Carolina Drama” en una reversión acústica. Otros tracks destacados son los muy conocidos “Love Interruption”, “Blunderbuss” y “Hip (Eponymous) Poor Boy” (este en una toma alterna), además de joyas como “Love Is the Truth” y “Want and Able”.
  Un álbum fantástico que no hace sino confirmar la calidad de este purista, de este conservador de lo mejor de las raíces originarias del rock.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

lunes, 12 de septiembre de 2016

¿Qué es una relación abierta?

A mi modo de ver, una relación abierta, libre, es aquella en la que los novios, amantes, compañeros 
–o como se les quiera llamar– viven su amor sin ataduras impuestas por los convencionalismos sociales y, sobre todo, sin sentir y/o creer que la otra persona es de su propiedad. Esa es para mí la gran clave de los infiernos en que suelen convertirse tantas relaciones: el sentido de propiedad privada sobre la otra persona.
  ¿De dónde nos viene la absurda idea de que el otro o la otra nos pertenece y que por tanto nadie puede acercársele y ella no puede acercarse a nadie más, con la intención que se le venga en gana? Es parte de la educación judeocristiana occidental que recibimos y que sirve para cimentar a la familia como el núcleo de una sociedad clasista, cooptada, limitada, enajenada, en la que el principio del placer es sacrificado en aras del principio de la realidad, pero de una realidad que nos es impuesta más allá de nuestra naturaleza. El alegato suena quizás un tanto marxista-freudiano-marcusiano-wilhelmreichiano, pero es real. Nos sentimos dueños de nuestras parejas o de nuestros hijos, como nos sentimos dueños de un coche o de una casa. Queremos imponer la propiedad privada sobre las personas como si siguiéramos en la época del esclavismo o el feudalismo. Yo no comparto esos principios: los rechazo de hecho.
  Cuando uno se apodera o cree apoderarse de otra persona (lo cual es una ilusión y un síntoma de inseguridad), trata siempre de tenerla bajo su control. Por eso está al pendiente de todos y cada uno de sus movimientos y recela de todo y de todos. La desconfianza campea, se empieza a ver como enemiga a toda persona que pueda representar "un peligro" y se comienza a atormentar a la persona que supuestamente se ama. Pero en realidad a quien se ama es a uno mismo o ni siquiera eso. Las relaciones convencionales están basadas, por tanto, en el sentido de la propiedad (de ahí los contratos matrimoniales) y las justificamos con una idea falsa del amor, ya que el verdadero amor busca antes que nada la felicidad del otro.
  Limitar una relación abierta (o libre) a una mera cuestión sexual o a una licencia para acostarse con otros u otras es una perspectiva demasiado estrecha. La libertad en el amor va mucho más allá y tiene que ver con la plena realización de las personas, sin limitaciones, sin obstáculos. Enmarcar una relación de pareja dentro de la monogamia es válido, si ambas partes están de acuerdo. Pero si es sólo una la que quiere eso y se convierte en guardia y carcelera de la otra, eso deja de ser amor, así lo queramos justificar con frases como "es que la amo", "es que estoy enamorado de ella", "es que sin ella no puedo vivir". Egoísmo puro. Miserabilismo infame. Mezquindad extrema. El modo más absurdo y desgastante de vivir una relación.
Para mí, el amor tiene que disfrutarse, no que sufrirse. Por eso debe ser ante todo libre. De lo contrario será cualquier cosa, menos amor.

(Texto que escribí en 2011)

domingo, 11 de septiembre de 2016

Luis de Llano y sus Expedientes pop

El género literario de la autobiografía, de los libros de memorias, no es tan común en México como debería serlo. Pocos son los que se atreven a contar su vida con detalle y Luis de Llano Macedo es uno de ellos.

Luis de Llano me recibe en su amplia e iluminada oficina de la serpenteante calle Altavista, al sur de la Ciudad de México. Nos conocimos en 1974, cuando él producía para Canal 4 el programa musical La hora cero y yo pude presentarme en dos emisiones, al lado de mis compañeros, los hermanos Adolfo y Federico Cantú, con Octubre, nuestro proyecto musical de tres guitarras y tres voces. Luego de 42 años nos volvemos a topar y recordamos aquella serie que Luis menciona someramente en su flamante libro, Expendientes Pop, editado por Planeta.
  En ese volumen de casi 300 páginas, De Llano narra con detalle su vida desde mucho antes de nacer, ya que comienza por contarnos acerca de sus antepasados más o menos inmediatos, como su abuelo paterno, Francisco Llano de la Encomienda, militar español del bando republicano, o su abuela materna, Julia Guzmán, escritora espléndida y mujer que desafió los convencionalismos de su época. Pero también nos cuenta de su padre, el revolucionario de la radio y la televisión Luis de Llano Palmer (creador de personajes que forman parte de la cultura popular mexicana, como El Monje Loco y la Doctora Corazón), y de su madre, la icónica actriz mexicana Rita Macedo, además –por supuesto– de su hermana Julissa.
  Muchas son las palabras y conceptos con los que podemos asociar al autor de Expedientes Pop y de los que habla en su libro: rock nacional, Spitfires, Alta Tensión, Cachunes, Microchips, Televisa, Alcanzar une estrella, Kabah, Fresas con Crema y varias más, aunque a mi parecer, las tres que quizá más lo marcan y señalan su ruta profesional son Timbiriche, Avándaro y televisión. Por eso le planteo a De Llano la primera cuestión.
  –Desde hace tiempo, sostengo la teoría de que los verdaderos antecesores del actual rock que se hace en México son Soda Stereo y Timbiriche. Como creador de este último, ¿te consideras uno de los padres del rock nacional?
  –Los miembros originales de Timbiriche eran hijos de actores que se la pasaban de groupies en los foros de televisión. Algunos de ellos, como Benny, desde chiquitos hacían imitaciones de Kiss y otros grupos. Cuando había algún programa especial, por ejemplo con Miguel Bosé, ahí andaban siempre. Al verlos tan entusiastas de la música, decidimos hacer algo con ellos. Formé un equipo de producción y empezamos a ensayar, a montar números musicales y a grabar. Nunca imaginamos que el proyecto iba a crecer tanto. Pero coincidió con el surgimiento de grupos similares como Parchís, aunque la música de Timbiriche tenía una base más rocanrolera, quizá porque con ellos trabajaban roqueros que no tenían chamba, como Ricardo Ochoa o los que entonces conformaban a las Insólitas Imágenes de Aurora y que luego serían Caifanes. Benny, Diego y Erick aprendieron a tocar con ellos. Pero aunque se burlen de mí, la llamada generación Timbiriche se educó musicalmente con el grupo, aprendió a ir a conciertos sin miedo y sin hacer desmanes. Luego vino Microchips, con Jay de la Cueva y otros chavitos, que era un grupazo. Sonaban muy bien en vivo y grabaron ocho discos. Tanto Timbiriche como Microchips casi no hacían covers, eran canciones originales y ciertamente creo que, como dices, influyeron a las futuras generaciones de roqueros.
  –¿Y qué me dices de Avándaro, qué tanto te marcó ese festival?
  –Avándaro fue un fenómeno en el que por primera vez se juntaron más de 250 mil jóvenes sin razones políticas y no pasó nada malo. No hubo peleas, no hubo violaciones, no hubo ningún asalto. Ahí, chavos de todas las clases sociales se reunieron, se empaparon, se enlodaron, oyeron música como iguales y sin el menor problema. Hubo una especie de comunión, por dos días desaparecieron las clases sociales. Fue el principio de un cambio. Luego vendría la satanización hipócrita del festival y la condena del rock que se volvería underground a la fuerza por muchos años. Pero todo fue más por causas políticas, por las diferencias que había entre Carlos Hank González y gente del gobierno federal como Mario Moya Palencia. En los siguientes años, no existió un apoyo real al rock por parte de la televisión, solito subsistió, hasta que surgieron cosas como Comrock y  Rock en tu idioma.
  –Dicen algunos que la televisión es una caja idiota.
  –Tenemos la tendencia de ponerle nombres a las cosas que satanizamos. A la televisión la llamaron la caja idiota porque supuestamente te hipnotizaba. Pero con esa lógica, ahora habría que decirles aparatos idiotas a las tablets, a los smartphones, a los videojuegos y demás. Las nuevas generaciones son multitask. Al mismo tiempo que ven la tele, están manejando sus iPads y sus iPhones y los entrelazan o se interconectan entre ellos y tienen lenguajes propios. Pero lo más duro es la soledad on line en que muchos de ellos viven. No sé si eso sea idiota.

(Publicado hoy en "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

sábado, 10 de septiembre de 2016

El Santo Conapred y sus aliados

“Puedo estar en desacuerdo con lo que dices, mas defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, reza –palabras más, palabras menos– la frase atribuida a Voltaire (aunque en realidad jamás la pronunció: fue su biógrafa británica Evelyn Beatrice Hall quien se la adjudicó en el libro Los amigos de Voltaire de 1906). Sin embargo, el espíritu de esa sentencia viene muy al caso en estos días en que la libertad de expresión se ha puesto en entredicho, a raíz del artículo de Nicolás Alvarado sobre Juan Gabriel, publicado en las páginas de Milenio.
  Con asombro, he leído sesudas justificaciones, de gente pretendidamente ilustrada, para justificar diversas limitantes a esa libertad, todo en aras de proteger a la corrección política que nos ahoga cada vez más. Incluso se acusa de ingenuos a quienes pensamos que la libertad de expresión es inatacable y que más vale pecar de permisivos y abiertos, aun en los casos en que quienes se expresen caigan en “excesos”, que tratar de poner trabas, reglamentaciones y censuras.
  Cierto que la libertad de expresarse debe ser responsable y para ello, quienes la ejerzan tienen que dar la cara y firmar lo que digan. Escribir críticas y denuestos desde el anonimato, como suele hacerse en las redes sociales o en los comentarios al pie de diversos textos en los medios digitales, no es libertad de expresión sino cobardía muchas veces vil y oligofrénica.
  Yo defiendo sin cortapisas la libertad de Nicolás Alvarado para decir lo que se le venga en gana y no veo por qué instituciones como el Conapred deban lanzarle advertencias y hasta “invitaciones” a reeducarse, como si estuviéramos en la China Roja de Mao o en la Cambodia de Pol Pot.
  Defiendo, pues, la libertad de no seguir la corriente, de disentir y no sólo del poder o de los políticos, sino de esa enorme e informe claque que es la masa anónima e intolerante de los políticamente correctos. Lo que menos necesitamos es un nuevo tribunal del Santo Oficio.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 9 de septiembre de 2016

Chuck E. Weiss / Extremely Cool (1999)

Weiss regresó a los terrenos discográficos después de dieciocho años de ausencia y lo hizo con este álbum lleno de honestidad y emoción. Producido por Tom Waits, Extremely Cool recorre algunos de los estilos de la llamada root music de los Estados Unidos, del blues al folk y del country al zydeco. Un disco que es en sí mismo un objeto precioso.

Mejor tema: “Devil with Blue Suede Shoes”

jueves, 8 de septiembre de 2016

Clapton


No es el mejor guitarrista de la historia del rock y mucho menos de la historia del blues. No posee las cualidades técnicas de un virtuoso y tampoco hace ostentación de su velocidad a la hora de atacar las cuerdas de su instrumento (casi siempre una Fender Stratocaster). Sin embargo, Eric Clapton posee ese don del cual muy pocos pueden pueden presumir: el de la expresividad musical. 
  La guitarra de Clapton habla, dice cosas, transmite sensaciones y sentimientos. Cuando alguien lo bautizó irónoicamente como “Mano lenta” (Slowhand), no hizo sino definir el estilo que a lo largo de los años iría depurando este músico británico, hasta convertirlo en un artista pleno y depurado. Porque uno lo ve y lo escucha tocar y parece que lo que él hace es la cosa más sencilla del mundo. Los dedos de su mano izquierda se deslizan por el brazo de la guitarra con una facilidad pasmosa, mientras los de la mano derecha sostienen la púa que da los toques melódicos, armónicos y rítmicos necesarios para convertir a una canción o al solo de la misma es un lenguaje que pareciera provenir del cielo. No en vano, al principio de su carrera, cuando aún tocaba con los Yardbirds, en los muros de Londres aparecían grafittis con la leyenda “Clapton es Dios”. 
  Sin embargo, tanta felicidad musical contrasta con la sufrida existencia de este hombre, quien a lo largo de su vida ha pasado por cualquier cantidad de desgracias. Sólo así se explica, quizá, que su sensibilidad esté tan cercana a la de los negros que hacen del blues un canto de dolor y, en ocasiones, también de melancólica alegría. Yardbirds, Bluesbreakers, Cream, Blind Faith, Derek and the Dominos: nombres de bandas que han visto a Clapton como su epicentro, como su núcleo, como su ombligo. 
  La carrera de este guitarrista único e incomparable es como una epopeya griega, pero también como un drama shakespeareano. Podrá haber mejores ejecutantes que él, pero muy pocos pueden presumir de la mayor virtud de Eric Clapton: es un blanco -y para colmo inglés- que tiene el blues.

(Publicado originalmente en el Especial de La Mosca en la Pared No. 38, de marzo de 2007. El texto lo escribí a manera de prólogo).

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El desertor

Esto no lo he contado, pero una vez fui un desertor militar. Bueno, lo de militar es relativo...
  Año de 1965. Yo tenía diez años de edad y acababa de entrar al colegio Espíritu de México, en Tlalpan, dirigido por sacerdotes salesianos (aunque el profesorado era civil). Luego de estar cuatro años en un colegio de monjas (el Hernán Cortés, también en Tlalpan), pero mixto, era mi primera experiencia en un centro escolar para puros hombres.
  Yo aún no descubría mi vocación musical y quizás empecé a vislumbrarla cuando al poco tiempo de iniciadas las clases, vi una convocatoria para integrarse a la banda de guerra del colegio. Me encantó la idea y me imaginé tocando el tambor cada lunes, en la ceremonia a la bandera, e incluso en algún desfile de escuelas. Así que me apunté y una tarde, en la primera cita para los nuevos integrantes de la banda, me dijeron que los tambores ya estaban cubiertos y que tendría que tocar la corneta (sin albur). Frustrado, acepté a regañadientes y esa misma tarde me di cuenta de que jamás iba a poder sacarle ya no digamos una nota, sino un sonido a aquel instrumento de metal. Por más que soplaba, aquello no sonaba y algunos compañeros se rieron de mí.
  No regresé al siguiente ensayo. Deserté vilmente a la banda de guerra. Por fortuna, no hubo represalias o castigos. Tal vez se dieron cuenta de que como cornetista no tenía futuro alguno y prefirieron no buscarme. Creo que mi futuro como tamborilero y baterista también quedó sepultado ese día. Chi lo sai.

martes, 6 de septiembre de 2016

El misterio de Faralae

Cuando se conjugan el talento, el buen gusto, la alegría de vivir, la sensibilidad, la gracia, el virtuosismo y la sencillez en un proyecto musical, uno no puede más que rendirse, abrir los oídos y la mente y dejarse llevar por las notas, los compases, los ritmos, las atmósferas.
  El jazz que se hace en México siempre ha gozado de cabal salud y en el país, los buenos músicos del género se dan de manera más que natural. Por eso no es de extrañar que el grupo Faralae sea capaz de causarnos tantas sensaciones y tantas emociones cuando lo escuchamos en disco o en directo.
  Ya sea en su versión como quinteto o como dueto, el sonido de este proyecto resulta siempre placentero. Como quinteto han sacado un disco que no tiene desperdicio. Cadáver exquisito (Sonidos y sabores del mundo, 2016) es un plato delicioso de strafalarium jazz (como sus integrantes lo definen), una mezcla de jazz manouche, blues, swing, bossa nova, country y rock ejecutado con maestría por el líder del grupo, Alejandro Martínez Gil (guitarra y arreglos), Liliana Buneder (voz), Rafael Zermeño (guitarra, arreglos y bajo), Israel Torres Araiza (violín) y Omar Anguiano (bajo). El álbum contiene cinco covers y siete temas originales, todos de la autoría de Martínez Gil. Para destacar, las versiones a “Pobre gente de París”, “O Pato” y “That’s All Right Mama”, así como las composiciones “Tres gatos”, “El agarrador”, “Desde que tú no estás” y “Encuéntrame un rincón”.
  Como dueto, Alejandro y Liliana se presentan jueves y sábados en las dos sucursales del bar Debarbas, de la Colonia Nápoles. Su vitalidad escénica es extraordinaria, tanto por las habilidades vocales y percusivas de Buneder (al verla, usted recordará a Bobby McFerrin), como por el virtuosismo guitarrístico de Martínez Gil (en efecto, es de la estirpe de los Martínez Gil), con muchas reminiscencias de Django Reinhardt.
  Faralae es todo un misterio, pero un misterio revelado.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 5 de septiembre de 2016

Vikingos (las primeras tres temporadas)

Me vi casi de corrido, a lo largo de varias noches y por medio de Netflix, las primeras tres temporadas de la serie Vikings, misma que me recomendó, hace apenas tres semanas, mi querida amiga Jimena Colunga... y fue una gran recomendación.
  Producida por History Chanel y basada por ende en hechos históricos, Vikingos narra la saga de Ragnar Lothbrok (Travis Fimmel), un líder nórdico que llego a ser rey y que convirtió a su gente en conquistadora de nuevos territorios al occidente y al sur de Escandinavia, ya que llegaron a lo que hoy son la Gran Bretaña y Francia.
  Realizada en Irlanda (vaya fotografía de paisajes) y escrita por Michael Hirst (el creador de la también estupenda The Tudors que ya vi completa), la serie es adictiva, emocionante, ágil, interesante. No sólo se va a los hechos históricos, sino que al mismo tiempo crea diversos personajes perfectamente delineados, de quienes conocemos sus vidas íntimas y familiares, sus conflictos privados, sus ambiciones y sus miedos.
  Largo sería referir la enorme cantidad de detalles que vi a lo largo de una treintena de capítulos, todos ellos sin desperdicio (de pronto hasta con una fina dosis de humor negro, como en un diálogo muy curioso entre Ragnar y el rey Ecbert de Wessex, luego de un festín y en estado de mutua ebriedad: Ecbert le pregunta a Ragnar si se considera un hombre bueno y éste lo piensa un poco y responde que sí. "Y tú", le revira al monarca inglés. "También", contesta éste, quien continúa: "¿Y te consideras un corrupto?". Ragnar sonríe socarrón y dice: "Pues sí, ¿y tú?". "También", contesta Egberto mientras ambos ríen con simpático cinismo.
  Hay otros personajes entrañables, como Lagherta (Katheryn Winnick), Rollo (Clive Standen), Floki (Gustaf Skarsgard), Björn Ironside (Alexander Ludwig), Athelstan (George Blagden) y varios más. La cuarta temporada ya está en el aire en algunos países y espero que Netflix no tarde mucho en subirla. Además, se anuncia la posibilidad de que haya cuando menos otras tres. Ojalá, porque vale mucho la pena. Es obvio que la recomiendo sin dudarlo.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Comida con Faralae

Fue una tarde deliciosa. Alejandro Martínez Gil y Liliana Buneder, del grupo Faralae, vinieron a comer y a convivir a mi casa. A nosotros se sumó mi queridísima Paulina de la Vega. La pasamos de maravilla. Ellos trajeron sushi y Pau un vino blanco espumoso. Al final, estuvimos tocando y a ellos les gustaron mucho mis canciones, tanto que quizá se sumen a mi disco para interpretar "Oye, oye".
  Todo genial. Ellos dos se fueron como a las ocho. Pau se quedó para quedar de acuerdo conmigo sobre un ciclo novedoso que se inició justo este día y que espero que sólo traiga buenas cosas.

sábado, 3 de septiembre de 2016

De Juanga a Trump (una tesis)

Vaya semana. Del tremendo lío de la tesis del presidente, pasamos a la muerte intempestiva de Juan Gabriel (que le costó la chamba al buen Nicolás Alvarado), para terminar con la visita de Donald Trump que ha unificado a todo el círculo rojo en un mismo grito de mas-si-osare-un-extraño-enemigo, con uno que otro aprendiz de Juan Escutia envuelto en la bandera.
  Por salud mental, me he negado a sumarme al coro de los indignados, porque aprecio mucho la salud de mi hígado y porque, visto en perspectiva, se trata de un sainete que pronto será borrado por un nuevo y vertiginoso escándalo. Hace una semana, muchos en el círculo rojo se desgarraban las vestiduras por lo de la tesis peñanietista; luego estalló el llanto masivo e intolerante por el fallecimiento del creador de “Amor eterno” (digo que intolerante porque ay de aquel que se atrevió a expresar que no le gustaba la música del llamado Divo de Juárez: de mal mexicano no lo bajaron) y ahora mismo vivimos las consecuencias de la ciertamente torpe manera como se manejó la presencia de Trump en nuestro país, algo que muchos opinadores han llamado, con melodramático y exagerado acento, “uno de los peores momentos de la historia nacional”. Yo insisto en que fue un sainete que se olvidará pronto y más aún cuando Hillary Clinton gane las elecciones.
  El jueves me subí al metro y en el retacado vagón no escuché que los pasajeros hablaran del tema y no vi que alguien tuviera cara de indignado. La gente común está preocupada por otras cosas y es, como dije, el círculo rojo el que salta de rabia e indignación desde los medios y las redes digitales.
  ¿Que la regaron al invitar a los dos candidatos gringos a la presidencia? Posiblemente. Juanga (tan priista siempre él) quizá les habría dicho al presidente Peña Nieto y a sus no muy hábiles asesores: ¿pero qué necesidad?

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 2 de septiembre de 2016

El rico y el gringo

Empecé a componer canciones el 15 de noviembre de 1969, a mis 14 años de edad. Como autor, he pasado por muy diferentes etapas, una de ellas la etapa militante de izquierda que duró bastantes años. Esta canción la escribí el 9 de diciembre de 1974 (tenía 19 años) y es un buen (¿o un mal?) ejemplo de ello. En la lista de mis composiciones es la No. 454. No sé cómo definirla musicalmente: tiene algo de rock y algo de folk. Es intensa y dramática también, sobre todo porque la principal armonía es un constante ir y venir de Si menor a Sol mayor con un ritmo semilento.
He aquí la letra.

El rico y el gringo

¿Quién tiene la culpa de que tú seas pobre?
¿Quién tiene la culpa de que tú no comas?
¿Quién te mantiene en la miseria?
¿A quién le conviene que padezcas hambre?
¿Quién tiene la culpa de que tus hijos se mueran de frío y de enfermedades?
¿Quién te mantiene oprimido, a quién le conviene todo este martirio?
Al rico y al gringo, al rico y al gringo.
El rico quiere tu trabajo y te paga mal.
El gringo se roba la Patria y la hiere más.

Crees que naciste pobre y que así seguirás.
Los curas te dicen que así siempre será.
Se aprovechan de tu inocencia,
pero el día que tú quieras todo cambiará.
Dime si no quisieras poder descansar,
tener lo suficiente para no sufrir más.
Dime si no te gustaría que ya no hubiese nadie que fuera pobre.
Pero el rico y el gringo, el rico y el gringo.
El rico quiere que seas pobre, cada vez más pobre.
El gringo roba lo que es nuestro y luego se esconde.

Ellos son los que te explotan, ellos son los que te roban.
Ellos son los que te matan, ellos son los que te odian.
Ellos creen que pueden todo, pero están equivocados,
porque el día en que tú y tu hermano y tu amigo y compañero,
el día que nos unamos, pagarán por lo que han hecho.
El día en que nos unamos y que estemos todos juntos,
entonces ya no habrá pobres y los que matan serán difuntos
y los que roban serán difuntos y los que explotan serán difuntos.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Armónica

Excelente y muy grata novena sesión de grabaciones de mi disco, en el estudio de Jehová Villa Monroy e Iris Bringas. El invitado fue mi gran amigo Mauricio González, quien enriqueció con su armónica dos de las canciones: "Aguas negras" y "Sólo he venido a decirte adiós". Iris, como siempre, se dedicó a ilustrar fotográfica y minuciosamente la memoria de la sesión. Todo estupendo y un gran gusto volver a ver al buen Mauricio, con quien espero trabajar más cosas pronto.

miércoles, 31 de agosto de 2016

La doble vida de Jesús

Una espléndida novela, con todo el oficio de Enrique Serna, a mi modo de ver uno de los mejores escritores mexicanos de la actualidad y quizás el mejor narrador.
  Relato político, satírico, negro, duro, La doble vida de Jesús (Penguin Random House, 2014) cuenta la historia de Jesús Pastrana, un funcionario y político municipal que pretende llegar a la alcaldía de Cuernavaca por medio de su partido, el de Acción Democrática (PAD), clara alusión al PAN. El hombre goza de fama por su integridad y honestidad y ello hace que tenga tantos simpatizantes como enemigos, incluso dentro de su organización. Hombre conservador pero liberal, padre de familia y esposo con problemas matrimoniales, todo cambia en su vida personal una noche que pelea con su mujer y se sale a vagar en su carro por la zona roja de la ciudad, para toparse con algo que habrá de cambiar su existencia y dar a luz esa nueva vida a la que se refiere el título.
  No contaré más de la trama, salvo que en la misma se ven inmiscuidos los bajos fondos de la política y de la delincuencia. Jesús se ve atrapado en una espiral vertiginosa que lo arrastra por y contra su voluntad.
  La narración es fluida y atrapa desde un principio, para no descansar un solo momento y hacer que uno quiera saber el desenlace del libro, a la vez que desea que éste no se termine.
  Si alguna crítica tuviera que hacerle es la de cambiar los nombres de los partidos políticos (el PRI es el PIR, por ejemplo), pero eso es peccata minuta en realidad.
  También es de hacer notar que la edición no es muy bonita, el papel es corrientón y al final ni siquiera incluyeron falsas, por lo que la última página se topa directamente con la tercera de forros. Raro, por tratarse de una editorial tan afamada y fuerte. Por supuesto, el libro no está cosido, otro punto en contra.
  Con todo y desde el punto de vista literario, una estupenda novela, muy superior por cierto a Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa que toca también el tema político y que reseñé anteriormente en este mismo blog.

martes, 30 de agosto de 2016

Juanga en el cielo de diamantes

Dicen el lugar común y el buen gusto que nunca se debe hablar algo negativo de una persona recién fallecida. No lo haré en el caso de Juan Gabriel, quien nos sorprendió con su muerte este domingo en la mañana. Un infarto lo privó de la vida, mientras efectuaba una gira por los Estados Unidos.
  En realidad, no tengo motivo alguno de crítica hacia el singular compositor y cantante nacido en Ciudad Juárez hace 66 años. Sus logros y el arraigo popular que consiguió en el mundo de habla hispana en general y en México en particular son innegables y salvo su reciente versión a la canción “Have You Ever Seen the Rain” de John Fogerty que me pareció un horror, poco o nada tendría que reprocharle.
  El llamado Juanga era un hombre muy dotado para la creación de melodías, algunas de ellas muy bellas, dentro de un corsé armónico de acordes más o menos limitados, algo común entre los hacedores de música popular. Escribió buenas y no tan buenas letras, casi siempre apuntando al dolor de la separación amorosa y otros temas que suelen pegar en la entraña de muchas personas (“¿quién no ha sido golpeado por el desdén enamorado?”, diría algún cursi poetastro).
  En escena, el hombre sabía hacer de sus presentaciones todo un espectáculo (la única vez que lo vi fue en el Auditorio Nacional, a mediados de los noventa, cuando quise quedar bien con una joven con la que pretendía yo hacer méritos y como ella deseaba ver a Juan Gabriel...).
  En realidad, mi único problema con el llamado Divo de Juárez es que su música no me llega, no me alcanza, no me conmueve. Me atreví a decir esto en Facebook y me llovieron amonestaciones, anatemas y condenaciones eternas por semejante atrevimiento.
  Dado que no quiero correr aquí la misma suerte, diré que sí hay una canción de Juanga que me gusta y que se llama “La diferencia”. Alguna vez la vi en la tele, interpretada por una chavita de nombre Nadia, y debo decir que me pareció dulce y hermosa.
  Hoy, Juan Gabriel ya se encuentra en el cielo de diamantes y su música quedará para siempre en el cancionero popular mexicano. Que eso baste.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 29 de agosto de 2016

Robert Johnson y el diablo

“I went to the crossroad, fell down on my knees
I went to the crossroad, fell down on my knees
Asked the Lord above: "Have mercy, now save poor Bob, if you please”.

Robert Johnson
“Crossroad Blues”

¿Vendería usted su alma al diablo a cambio de talento, fortuna, amor, salud, belleza, genio? ¿Por qué no? Después de todo, ya estamos viviendo en el infierno.
  Posiblemente una reflexión muy parecida fue la que se hizo Robert Johnson cuando, siendo muy joven y muy torpe y muy desangelado y muy mediocre en lo que le gustaba –la música de blues–, decidió dirigirse a un solitario cruce de caminos, una encrucijada, con el fin de encontrarse con Satanás y negociar con él la venta de su alma de negro explotado, maltratado, despreciado... Cuando menos eso es lo que cuenta la leyenda de este hombre mítico, uno de los padres del blues rural y fuente de inspiración de personajes que van de Muddy Waters a Eric Clapton y de Keith Richards a Walter Hill.
  Las historias sobre músicos de blues que se dirigían a ciertas encrucijadas en busca de Legba (uno de los nombres que recibe el diablo en los ritos vudúes), para intercambiar sus ánimas por una dote de capacidad como compositores e intérpretes, eran comunes en las primeras décadas del siglo pasado. Así, a nadie extrañó la idea de que Johnson, un desgarbado muchacho que anhelaba ser un gran bluesero, hubiese intentado realizar aquella demoniaca transacción. De hecho, era la única explicación que encontraron muchos de sus contemporáneos, quienes conocían sus notorias limitaciones como guitarrista y cantante y se encontraron de pronto con que el tipo se desvaneció materialmente durante algunos meses, para reaparecer convertido no sólo en un músico de primer orden sino en un genial escritor de canciones de blues que habrían de alcanzar la inmortalidad.
  Nacido en la región del delta del Mississippi en 1911, Robert Dodds Johnson tuvo una infancia llena de pobreza y amargura, con el agravante de que siendo muy pequeño se quedó huérfano de padre y su padrastro lo maltrataba y lo obligaba a trabajar en los campos de algodón. Por eso huyó de casa y buscó ser lo que desde siempre soñó: un blues man. Sus primeros intentos fueron con la armónica, pero no era muy bueno en eso y se decidió por la guitarra, con la que era aún peor.
  Pero he aquí que ocurrió el milagro y sea por la intervención de Lucifer o por alguna otra extraña razón seguramente mágica, por allá de 1930 el buen Robert se convirtió en un blusero de primer orden y comenzó a componer temas extraordinarios, llenos de nostalgia y tristeza, pero también de ironía y de un humor (por supuesto) negro.
  Bluses como “Love in vain”, “Sweet Home Chicago”, “Terraplane Blues”, “Dust My Broom”, “Rambling on my Mind” y, claro, “Crossroad Blues” lograron trascender hasta llegar a oídos de algunos blancos buscadores de talento, quienes no tardaron en dar con Johnson y llevarlo a un estudio de la compañía ARC, en Texas, donde el hombre grabaría, en 1936 y 1937, 32 canciones (algunos aseguran que fueron sólo 29) que hoy son absolutamente legendarias.
  Johnson era de naturaleza nómada. Su instinto viajero e itinerante hizo que tuviera una vida inestable, llena de aventuras amorosas, largas travesías, temporadas buenas y temporadas miserables. Con su guitarra y en compañía de algún músico que podía ser Willie Brown o Johnny Shines, recorrió buena parte del territorio estadounidense e incluso llegó hasta Canadá.
  Esa vida aventurada y aventurera tendría un final trágico. Enamoradizo por naturaleza, se dice que se metió con una mujer casada y que el furioso marido lo asesinó envenenándolo. Era 1938, Robert tenía apenas 27 años, la misma edad a la cual murieron Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain.
  Las composiciones de Robert Johnson quedarían olvidadas durante largo tiempo, hasta que en los años siguientes algunas fueron retomadas por gente como Eric Clapton y John Mayall (“Rambling on my Mind”), Cream (“Crossroad Blues”), los Rolling Stones (“Love in Vain”), Bob Dylan (“Milkcow's Calf Blues”) y los Blues Brothers (“Sweet Home Chicago”), entre varios otros. En 1984, el realizador Bertrand Tavernier filmó la excelente cinta Mississippi Blues y en 1986, el norteamericano Walter Hill dirigió la no menos buena Crossroads, cuya banda sonora corrió a cargo de Ry Cooder. Ambas homenajean merecida y respetuosamente a Johnson, el blusero que en una solitaria encrucijada rural hizo un pacto con el diablo para condenarse y, sin embargo, llevarnos con su música al paraíso.

(Texto que me publicó este mes el periódico El Vigía, de Ensenada, dentro de mi columna "Gato encerrado")

domingo, 28 de agosto de 2016

El libro negro de la izquierda mexicana: la otra tragicomedia

La izquierda mexicana tiene una historia singular, propia, que la distingue de la de otras izquierdas en el mundo. En ella se entremezclan la tragedia con la comedia, el drama con el absurdo, la heroicidad con el disparate. Marxista pero nacionalista, leninista pero populista, stalinista pero surrealista, castrista pero mesiánica, nuestra izquierda transitó de la clandestinidad a la plena legalidad, mientras daba toda clase de traspiés y bandazos. Desde el anarquismo de Ricardo Flores Magón hasta el rockstarismo del Subcomandante Marcos y desde el izquierdismo atinadamente oportunista de Vicente Lombardo Toledano hasta la inefabilidad cuasi papal de Andrés Manuel López Obrador, ahí está la truculenta trama de nuestra peculiar gauche y sus peripatéticos personajes principales, trama que ha servido al escritor Julio Patán para desarrollar El libro negro de la izquierda mexicana (Temas de Hoy/Planeta, 2012), un texto necesario (a la vez que ameno y divertido) para comprender los más recientes cinco lustros de ese oscuro pero a la vez pintoresco sector de la política nacional.
  Con el autor es la siguiente entrevista.

Más que un ensayo, me parece que tu libro tiene un aliento narrativo y que es incluso una especie de crónica novelada.
Fíjate que lo viste muy bien. Lo que quise hacer fue una historia de la izquierda mexicana, de 1988 para acá, pero no con un tono académico sino con un sentido narrativo. No sólo creo que es un tema sobre el que hay que reflexionar, sino un cuento que nos conviene escuchar. La crónica nos permite entender de otra manera ciertos temas. El lector no sólo necesita una reflexión sobre la izquierda, sino oír la historia de la izquierda.

Una historia que es como la saga de una famiglia, con un cierto tufo mafioso.
Absolutamente. No soy muy avezado en política internacional, pero en España, en Francia, también pasa un poco eso. Hay familias políticas. Se incorporan, se escapan elementos, pero no dejan de ser núcleos más o menos compactos. En la izquierda mexicana pasa lo mismo. Esto tiene mucho que ver con que varios de sus fundadores vivieron una cuota importante de clandestinidad. Pero en alguna proporción, la nueva izquierda mexicana también tuvo padrinos. Por ejemplo, algunos veteranos del 68. Muchos de los más brillantes huyeron despavoridos, por razones que me parecen obvias, caso de Luis González de Alba. Pero sí, hay un sentido casi comunitario y tú podrías identificar a las ramas familiares actuales, entre ellas los residuos del priismo que la han ido absorbiendo. La gente que llegó del 68 al 88 tenía otro nivel moral y fueron las facciones más progresistas y mesuradas de la izquierda mexicana. Curiosamente, la recalcitrancia viene del viejo priismo, caso de López Obrador. En efecto, hay un momento en que estamos ante una especie de obra shakesperiana Región 4. La familia que se apuñala y se traiciona, pero se apoya y se recicla; que suma elementos y luego los expulsa, que pacta y despacta. Una obra shakesperiana. La comedia política.

Tus antecedentes personales son los de un hombre de izquierda, ¿la tuya es una revisión crítica de la izquierda desde la izquierda?
Quiero pensar que sí. No sé si me considero a estas alturas “un hombre de izquierda”. No sé si alguien puede considerarse tal cosa. Lo que sí creo, sostengo y defiendo es que la agenda de la izquierda de centro, de la izquierda socialdemócrata, de la izquierda mesurada, democrática, es más que aplicable a este país en este momento. Creo que esta izquierda mesurada merecía una oportunidad de gobernar al país. Hay gente que puede representarla, como Marcelo Ebrard. No vamos a deificarlo aquí, pero era un candidato muy razonable y se hubiera granjeado muchas simpatías de votantes indecisos. Irónicamente, una de las muchas cosas que le debemos a Andrés Manuel López Obrador es no tener esa opción de izquierda moderada. Tú lo ves en el debate con los otros candidatos y pareciera que el candidato de la derecha dura es él, cosa que sus seguidores firmes y ya no tan firmes no alcanzan a ver. Me escandaliza su reticencia a apoyar la despenalización del aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo. Con los derechos humanos y las garantías individuales no se hacen plebiscitos. Me parece escandaloso. Creo, sin embargo, que la izquierda debe gobernar a este país. Otra izquierda. Una izquierda más de a deveritas.

En el libro hay una especie de columna vertebral que conforman Cuauhtémoc Cárdenas, el sup Marcos y López Obrador. ¿Me puedes hablar de cada uno de ellos? Empecemos por Cárdenas.
Las ideas sobre la economía que puede tener Cuauhtémoc Cárdenas me parecen inquietantemente antiguas. Esas ideas estatistas, un tanto derivadas del echeverrismo, de grandes paraestatales, de grandes proyectos nacionales, han resultado comprobadamente fallidas. Quizás ahí se agotan mis críticas de fondo a Cárdenas. Creo en cambio que es un hombre de una absoluta decencia política, un demócrata que está muy razonablemente libre de tendencias autoritarias, un hombre articulado y culto. No sé si hubiera sido un buen presidente, pero creo que fue un extraordinario integrador de la oposición. De verdad tenemos una memoria muy corta y no reconocemos en la medida necesaria lo importante que fue Cuauhtémoc Cárdenas para aglutinar a la izquierda en un proyecto institucional de una importancia extraordinaria para el país. Es una voz, todavía, que de pronto se alza y pone un poco de mesura en los ánimos. Se trata de una figura muy rescatable desde muchos puntos de vista.

¿El subcomandante Marcos?
Marcos es como la síntesis de todos los vicios ideológicos de la izquierda. Creo que muestra los atavismos que teníamos en el año 94 y que todavía tenemos. Me parece escalofriante que una figura tan obviamente displicente en su trato con la propia comandancia indígena, con ese estilo de hablar sobrado, prepotente, de criollo ilustrado (en el peor sentido), con una retórica todavía tan guevarista, tan leninista, que en algunos momentos además adoptó un discurso casi racista, se haya convertido en un emblema de progresismo, de democratización u oxigenación de las viejas izquierdas. Su intento de reventar el proceso electoral de 2006 fue patético. Andrés Manuel López Obrador le ganó completamente el mercado de la izquierda, pero deberíamos regresar a él y estudiarlo más a fondo, con filo crítico, para entender también lo que ha pasado con una buena parte de nuestras izquierdas. ¿Cómo podemos seguir conservando ese tipo de fe? A mí me parece inconcebible.

¿… y López Obrador?
El de Andrés Manuel me parece otro caso profundamente paradójico. No veo un matiz de progresismo en López Obrador. Es un hombre conservador, un hombre que deja filtrar su cuerpo de ideas religiosas a su cuerpo de ideas políticas. ¿Cómo que un movimiento de regeneración nacional? A mí no me regeneres, a mí gobiérname. Si los votantes lo deciden así, gestiona bien, controla a tus subalternos corruptos, haz tu chamba, pero no me regeneres. No es función de un presidente regenerar moralmente a nadie. El comentario fue dicho en el debate, con un 97 por ciento de cobertura nacional, y a nadie le pareció escandaloso. Yo lo veo, cada vez más, como un hombre de derecha dura y recalcitrante, ultraconservador, montado en una plataforma populista de izquierda. Me sorprende que mucha gente no lo vea de ese modo. Su gran bandera es esa integridad que presume y yo en efecto creo que él no es un hombre corrupto, no creo que ese sea su problema. El problema es que la visión providencial del liderazgo suele acarrear corrupción en el entorno, porque cuando tú estás luchando por El Bien, como parece que lo está haciendo él, los pequeños males parecen muy justificables. Ponce, Bejarano, Juanito… Está bien, son cosas “muy menores”. Pero si empiezas a sumar, son muchas y él no se desmarcó de ellas.

¿Cómo ves a los seguidores de AMLO, sobre todo a los más recalcitrantes?
Hay un núcleo duro de seguidores de Obrador que representa a la parte más autoritaria del electorado mexicano. El seguidor duro de Acción Nacional y del PRI en general no tiene ese grado de arrebato revolucionario y de fe. Me parecería una base mínima de acuerdo entre todos los ciudadanos rechazar la descalificación, el insulto, la sátira grotesca a la que se ve sometido cualquiera que disienta tantito en las redes sociales. Es escalofriante. Me resulta terrible que López Obrador y el resto de la dirigencia no hayan salido al paso de esto. No es irrelevante que se calumnie a la gente, que se le insulte, que se le rebaje de ese modo. Creo que muchos hubiéramos agradecido que los dirigentes del Movimiento Progresista ratificaran su vocación democrática y salieran a defendernos a quienes no estamos de acuerdo con sus propios feligreses. Lejos de ello, se les ha incendiado con esta retórica del todo o nada, de la virtud o el pecado, del estás conmigo o estás contra mí, como si no hubiera tonos de gris en la sociedad mexicana. Me parece un retrato de lo peor de nuestra izquierda. Sé que hay cientos de miles y quizá millones de ciudadanos en México que simpatizan con López Obrador y son personas decentes, razonables y tolerantes, pero la militancia dura del obradorismo es una militancia lamentable, hay que decirlo con todas sus letras.

¿Existe alguna esperanza de que lleguemos a tener una izquierda moderada, democrática, moderna, insertada en el mundo en que vivimos?
Yo creo que el experimento de la izquierda que ha gobernado a la Ciudad de México ha sido bastante feliz. Cuauhtémoc Cárdenas sobrevivió muy dignamente en los dos años que estuvo como Jefe de gobierno. Rosario Robles lo hizo muy bien también, tuvo una agenda política muy inteligente, fue una operadora bastante eficaz, hasta que vino la colección de escándalos que conocemos. Marcelo Ebrard lo hizo más que razonablemente bien. A pesar de todo, esta es una ciudad habitable, una ciudad que ebulle culturalmente. El actual es un gobierno tolerante. Sabe gobernar para la pluralidad de ideas que habitan esta ciudad y ha traído muchos sanos ingredientes de las izquierdas modernas que encuentras en Europa, incluso en los Estados Unidos o en ciertas partes de Sudamérica como Chile y Brasil. Me parece que ahí está el embrión de una izquierda mucho más viable. A Mancera lo veo bien. Todo tiene qué ver con que Ebrard logre desmarcarse de las posiciones propias del obradorismo duro en el momento en que sea necesario y ese momento va a llegar pronto. Ebrard es el obvio sucesor de López Obrador en la organización de la izquierda y aunque hay facciones que son detractoras profundas de sus políticas, tiene capacidad para hacerlo. Tengo la impresión de que junto a esas facciones recalcitrantes y violentas de las que hablamos hace un momento hay muchos ciudadanos que entienden que hace falta otro tipo de izquierda y que tienen ganas de votar por ella. Esa es la lucecita de esperanza que tiene el progresismo en México. Aunque igual sigo siendo un optimista después de tantos años.

(Entrevista que realicé en 2012 y que fue publicada en la revista Milenio Semanal)

sábado, 27 de agosto de 2016

La doble vida de Cuauhtémoc Blanco

La bronca que trae el PSD (Partido Social Demócrata) morelense con el presidente municipal de Cuernavaca, el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, a quien postulara y con quien ganara la alcaldía de la antes ciudad de la eterna primavera y hasta hace poco (¿o todavía?) de la eterna balacera, ha tomado un nuevo cariz al revelarse que el antiguo americanista firmó un contrato por siete millones de pesos para aceptar la candidatura, sin importar si la obtenía o no. De hecho, hay quienes sugieren que la idea no era que ganara, sino que sólo obtuviera los votos suficientes para que el PSD conservara su registro. Pero he aquí que ganó y que todo se complicó entre el Cuauh y los hermanos Yáñez Moreno, los dueños de ese partido en Morelos, con quienes todo indica aún habrá una larga pelea por el poder.
  La disputa coincide con mi lectura de una novela estupenda, la más reciente del escritor Enrique Serna: La doble vida de Jesús (Penguin Random House, 2014). Contra lo que parecería sugerir el título, el libro no se refiere a Jesucristo, sino a Jesús Pastrana, el personaje principal del mismo, un político de Cuernavaca que pretende ser alcalde de la capital de Morelos por el ficticio Partido de Acción Democrática (equivalente al PAN) y debe enfrentarse a toda la corrupción existente en los círculos políticos locales, en los que el crimen organizado está metido hasta la médula, sobre todo con los dos cárteles más fuertes y sanguinarios: los Culebros y los Tecuanes.
  El relato es vertiginoso, intenso, adictivo. Uno no puede soltar la novela porque desea saber qué va a pasar más adelante con las tribulaciones de Jesús (en qué consiste su doble vida no lo contaré aquí, para que lo descubra el lector).
  Lo importante, en este caso, es el retrato que Serna hace de la Cuernavaca actual y que al parecer no está muy alejado de la realidad. La forma como se comportan los altos círculos políticos de la ciudad, sus ligas con el narco, la corrupción policiaca, todo está en La doble vida de Jesús y, según se ve, también lo está en el affaire Cuauhtémoc Blanco-PSD.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 26 de agosto de 2016

The Cramps / Psychedelic Jungle (1981)

Uno de los grupos más estrambóticos de la historia, con esa mezcla de rockabilly y música para película chafa de monstruos. En el fondo, The Cramps es básicamente un grupo de garage y eso lo demuestra en este álbum más que divertido y por completo excéntrico.

Mejor tema: “The Natives Are Restless”

jueves, 25 de agosto de 2016

Good jazz at night

Fui con un amigo y dos amigas a ver a Faralae, en el bar Debarbas de la Nápoles. Al final, me tomé una foto con los dos integrantes del fabuloso dueto, ambos buenos amigos míos: el guitarrista Alejandro Martínez Gil (que domina un estilo muy a la Django Rainhardt) y la preciosa y excelente vocalista Liliana Buneder. Con ellos dos me tomaron la foto que engalana este post.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Stephen Stills: lo que vale la pena

Hay músicos que son recordados por una sola canción. Con Stephen Stills y su composición “For What It’s Worth (algo así como “por lo que importa” o “por lo que vale la pena”), todo un himno de la época sesentera más idealista y combativa, este podría ser el caso. Sin embargo, la obra de Stills va mucho más allá de ese tema grabado junto con su banda primigenia, Buffalo Springfield. Se trata de un músico a quien las nuevas generaciones prácticamente desconocen y cuyo trabajo merece ser rescatado y difundido.
  Nacido en Dallas, Texas, en 1945, Stephen Stills ha estado presente en grandes momentos de la historia del rock. Lo estuvo en el legendario disco de blues Super Session (1968), junto con el mítico guitarrista Mike Bloomfield y el enorme tecladista Al Kooper (fundador más tarde de Blood, Sweat and Tears). Lo estuvo también en la conformación de uno de los tríos/cuartetos más importantes de todos los tiempos, Crosby, Stills & Nash y su variante aumentada Crosby Stills, Nash & Young, al lado de David Crosby, Graham Nash y Neil Young (con quien ya había estado en Buffalo Springfield). Lo estuvo, asimismo, con su memorable presentación con el cuarteto en el festival de Woodstock en 1969.
  Su obra como solista es muy sólida, sobre todo en sus dos primeros discos: Stephen Stills (1970) y Stephen Stills 2 (1971), en los cuales contó con la colaboración de músicos como Jimi Hendrix y Eric Clapton, entre muchos otros. Del primer álbum es otra de sus grandes canciones-himno, “Love the One You’re With”. Más tarde conformaría a Manassas, una banda de enorme nivel artístico de la que hoy muy pocos se acuerdan y con la que grabó un disco fundamental: Manassas (1972), plato doble a la altura del Exile on Main Street de los Rolling Stones, editado ese mismo año.
  De entre sus muchas composiciones, sobre todo con CSN&Y (como “Suite: Judy Blue Eyes”, “Helplessly Hoping”, “You Don’t Have to Cry”, “Carry On”), cabe señalar una pieza más o menos oscura y discreta que aparece en el Stephen Stills 2 y que lleva el título de “Sugar Babe”, escrita para su amor imposible de toda la vida, la cantante estadounidense Rita Coolidge, musa y amante de varios otros músicos, como el ya mencionado Graham Nash, Leon Russell (quien le escribiera “Delta Lady”) y Kris Kristofferson, con el cual finalmente contrajo nupcias.
  Buena parte de la obra temprana de Stills giró alrededor de esa huidiza ninfa que lo ignoraba mientras él se obsesionaba con ella. Canciones como “To a Flame” o “Song of Love” están imbuidas por ese fatal enamoramiento, mismo que a final de cuentas lo hizo escribir excelentes melodías. La típica historia del artista atormentado que tiene que sufrir para crear.
  Con una oncena de álbumes como solista y decenas al lado de las agrupaciones a las cuales ha pertenecido, Stephen Stills tiene en su haber una anécdota un tanto oscura: en 1965, acudió al casting para formar parte del grupo The Monkees. Quiso la suerte que no lo aceptaran y en seguida fundó a Buffalo Springfield y escribió “For What It’s Worth”. Eso sí que valió la pena.

(Publicado hoy en mi columna "Memorias de un melómano sarnoso" de "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

martes, 23 de agosto de 2016

Corrupción y rockcito

En mi columna política “Cámara húngara” de los sábados, en este mismo diario, toqué durante dos recientes entregas el tema de la corrupción en México y de cómo se trata de un problema ético y moral históricamente enquistado no sólo en la política y la economía, sino en muchos otros ámbitos de nuestra realidad cotidiana.
  Pero, ¿existe la corrupción en el medio de la música y, más particularmente, en el del rock que se hace por estos lares? Por supuesto y se manifiesta de diferentes formas retorcidas que muchos aceptan como un mal inevitable.
  Un ejemplo es el de los empresarios y promotores que organizan conciertos y solicitan diferentes dádivas a los músicos que quieran participar en ellos. Desde los que exigen que los grupos vendan determinado número de entradas, hasta los que de plano les piden diferentes cantidades de dinero. Esto no es nuevo, sucede desde hace décadas, pero se trata de un fenómeno de corrupción que sigue existiendo, incluso en algunos renombrados festivales anuales. Es algo que los músicos cuentan sotto voce, sin atreverse a denunciar a quienes los presionan de ese modo, por temor a perder presencia y ser boicoteados.
  Otro ejemplo es el de los “periodistas” roqueros que reciben diferentes regalos (llamémoslos así) para ensalzar la mediocridad de muchos grupos y solistas cuya calidad resulta lamentable, pero de quienes hay que hablar bien para seguir recibiendo discos, entradas VIP y hasta palmaditas en la espalda..., siempre que te portes bien.
  Diría que también es corrupción engañar al público con productos fraudulentos (desde músicos deficientes hasta tocadas en pésimas condiciones de sonido, de seguridad y hasta de higiene). Eso para no hablar de la famosa y sempiterna payola que siempre nos han dicho que no la hay, cuando todos sabemos que sí y que si quieres que tu música se difunda en ciertos medios, antes debes aportar una rigurosa comisión.
  Claro está que lo arriba mencionado no existe oficialmente y es mejor que permanezca en lo oscurito, en lo callado, en el aquí-entre-nos. Igual que en la política, la burocracia, la farándula, el deporte, la cultura, etcétera, etcétera, etcétera.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)