sábado, 11 de julio de 2020

Un viejo lector de "La Mosca" se queja

¿Porque usas seudónimos? Recuerdo que en La Mosca había textos de una tal Alejandra Tovar, me fascinaban, descubrí música increíble en sus columnas y yo siempre me la imaginé como una señora guapetona con buenos gustos musicales, la idealicé muchas veces; decía “caramba, esta señora es perfecta”. Años después descubrí horrorizado que eras tú con uno más de tus seudónimos. Aún así la música y que conocí y la experiencia de leer esos textos fue perfecta.
  (No es queja, es anécdota).


Gerardo Nájera Ortiz.

viernes, 10 de julio de 2020

“Yo, Ennio Morricone, he muerto”

Ennio Morricone, uno de los más grandes compositores italianos contemporáneos, falleció la madrugada del pasado lunes 6 de julio, a los 91 años de edad. El autor de algunas de las bandas sonoras más célebres de la historia del cine murió en una clínica de la ciudad de Roma, debido a complicaciones surgidas a raíz de una caída que le fracturó el fémur.
  A manera de despedida, el músico dejó una carta obituario, con la instrucción de que fuese publicada en la prensa de su país después de su deceso. La misiva fue leída ante los medios por su abogado y gran amigo, Giorgio Assumma.
  Hijo de un trompetista, Morricone nació en 1928, en el seno de una familia de clase media baja. Su padre solía tocar en clubes nocturnos, como parte de una orquesta, y fue él quien lo inició en la música y lo ánimo a componer cuando el niño apenas tenía seis años de edad. Ya en la adolescencia, Ennio ingresó al Conservatorio de Música de Roma y pocos años después empezó a trabajar como arreglista de canciones comerciales en el sello RCA Victor. De ahí pasó al cine y comenzó a escribir música para películas. Fue entonces que conoció al realizador Sergio Leone, con quien formaría una mancuerna legendaria.
  Leone estaba fascinado por el tema “Degüello”, de la banda sonora de Dimitri Tiomkin para la cinta de 1959  Río Bravo, de Howard Hawks, y pidió a Morricone que compusiera algo parecido para su western (o spaghetti western) Por un puñado de dólares, de 1964. La pieza se convirtió en el tema principal de la película. Director y compositor no se separaron y alcanzaron su cúspide fílmica y musical con la hoy clásica El bueno, el malo y el feo (1969) y la composición “The Ecstasy of Gold”.
  A partir de entonces, surgieron en Italia y el mundo entero imitadores del estilo creado por Morricone (muy distinto al de Tiomkin). Sin embargo, el romano evolucionó hacia otros estilos y empezó a trabajar con nuevos cineastas italianos, como Sergio Corbucci, Sergio Sollima, Gillo Pontecorvo, Elio Petri y el francés Henri Verneuil. Pero su paso a la internacionalización se dio cuando creó la música de la cinta Novecento (1976), de Bernardo Bertolucci.
  Su llegada triunfal a Hollywood se produjo con la composición de la banda sonora de Días del cielo (1978), de Terrence Malick. Fue su primera nominación al Oscar, aunque no lo ganó.
  Para la década de los ochenta, el trabajo no le faltaba y en 1984 escribió la finísima partitura de la grandiosa Érase una vez en América, otra vez al lado se Sergio Leone. La consagración llegaría a las manos del gran Ennio dos años más tarde, gracias a la música de La Misión, dirigida por Roland Joffé. A decir del crítico español Juan Carlos Jiménez, “esta es una de las grandes bandas sonoras de todos los tiempos y sería una obra de referencia para nuevos compositores como Hans Zimmer”.
  Vendrían colaboraciones con Brian de Palma (Los intocables, de 1987) y Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso, de 1988). Morricone estaba en lo más alto de su carrera y su fama y para fines de los ochenta y principios de los noventa vinieron trabajos que consolidaron su prestigio, como Búsqueda frenética de Roman Polanski (1988), ¡Átame! de Pedro Almodóvar (1990), Bugsy de Barry Levinson (1991), En la línea de fuego de Wolfgang Petersen (1993) y Lobo de Mike Nichols (1994).
  En 2006, Ennio Morricone recibió un Oscar, galardón que se le había negado tres veces, aunque se trató de un trofeo honorífico que celebraba toda su obra. No obstante, en 2013 Quentin Tarantino convenció al compositor italiano de realizar la banda sonora de su cinta Django desencadenado y más tarde de Los ocho más odiados (2015), trabajo este último que le concedió por fin el tan negado premio de la Academia.
  La sorpresiva muerte de Morricone en estos tiempos de pandemia y de confusión, de crisis generalizada en el mundo, duele por la trascendencia y la nobleza humana del personaje. Su repercusión en el cine del siglo pasado y parte de este es innegable. Tanto que hubo películas que para atraer al público, además de anunciar a su realizador y sus actores, resaltaban que la música era del gran Ennio, cuyos trabajos también se han presentado (y se seguirán presentando) en salas de concierto, al lado de las obras de Mozart, Beethoven, Brahms y tantos otros genios de la música.
  Para terminar, he aquí la emotiva y conmovedora carta que poco antes de morir escribió Ennio Morricone para los suyos y para el mundo.

Yo, Ennio Morricone, he muerto. Lo anuncio así a todos los amigos que siempre me fueron cercanos y también a esos un poco lejanos que despido con gran afecto.
Pero un recuerdo particular es para Peppucio y Roberta, amigos fraternos muy presentes en estos últimos años de nuestra vida.
Hay solo una razón que me empuja a despedirme de este modo y a tener un funeral privado: no quiero molestar.
Saludo con mucho cariño a Inés, Laura, Sara, Enzo y Norbert por haber compartido conmigo y con mi familia gran parte de mi vida.
Quiero recordar con amor a mis hermanas Adriana, Maria y Franca y sus seres queridos y hacerles saber cuánto las quise.
Un saludo lleno, intenso, profundo a mis hijos Marco, Alessandra, Andrea y Giovanni, mi nuera Mónica y a mis nietos Francesca, Valentina, Francesco y Luca.
Espero que entiendan cuánto los he amado.
Por último María (pero no última). A ella renuevo el amor extraordinario que nos ha mantenido juntos y que lamento abandonar.
Para ella es mi más doloroso adiós.


(Publicado el día de hoy, con mi sinónimo Julián Sorel, en la sección "Acordes y desacordes" de la revista Nexos)

miércoles, 8 de julio de 2020

¿Coincidencia?

Portada de Close to the Edge (1972), del grupo de rock progresivo británico Yes, y portada de Artaud (1973), del grupo de rock progresivo argentino Pescado Rabioso. Cualquier semejanza ¿es mera casualidad?

domingo, 5 de julio de 2020

Este amor

Grabé esta canción originalmente en 2007 (la compuse un año antes), junto con mi grupo Los Pechos Privilegiados, en el estudio de la escuela de música DIM que dirigía el extrañado José Luis Domínguez. La grabamos junto con otras catorce piezas en lo que constituiría nuestro disco 34 B-lues.
  Diversas circunstancias fueron atrasando la masterización del material, el cual se quedó en el proceso de mezcla. Luego sobrevino el fallecimiento de José Luis, en 2016 y las canciones se perdieron en el estudio.
  Sin embargo, yo las tengo todas en mp3 y mi amigo Hervey Torres se ofreció más que generosamente a masterizarlas. Esta es la primera que trabaja y el sonido quedó muy bien, muy superior al original. Ahora esá en formato WAV y eso ya permite moverlo en diversas plataformas. Le hice este video para presentarlo públicamente.

sábado, 4 de julio de 2020

¿El mejor disco de rock en español?

Vi en YouTube un video en el que se menciona a los 100 mejores discos de rock en español según una extraña votación de mucha gente. El primer lugar es el disco Artaud (1973), del grupo argentino Pescado Rabioso. Como no tenía idea de la existencia de ese disco y jamás había escuchado a ese grupo, lo busqué en Spotify para oír lo que supuse una maravilla, dados los comentarios vertidos en el video de marras. Y pues... ¿Eso es lo mejor que se ha hecho en el rock en español? ¿Les cae? ¡Pero si es la cosa más aburrida del mundo! Hasta los Caifanes y la Maldita tienen mejores discos. Bueno, hasta Zoé, je.
   Entre más escucho a los grupos iberoamericanos de rock, más me convenzo de la superioridad infinita de The Warning. Por eso no hablan de ellas o las ningunean, mientras en Estados Unidos y Europa son cada vez más reconocidas.

PD: La portada de Artaud me parece una mala copia de la portada del Close to the Edge de Yes, aparecido un año antes.

martes, 23 de junio de 2020

Temblor y pandemia

Una imagen que describe a la perfección lo que vivimos hoy martes en este ex Distrito Federal que a su miedo más típico, el de los temblores de tierra, ha sumado en estos meses el miedo a la pandemia del coronavirus que nos mantiene confinados en nuestras casas.
  Esta caricatura lo expresa mejor que nadie.
  Por cierto, hoy tembló y aunque estuvo muy fuerte, no hubo mayores daños en la ciudad (acá en Tlalpan de hecho casi no se sintió). También hoy es cumpleaños de Rosa, mi ex esposa.

lunes, 22 de junio de 2020

Cámara húngara: El pulso de la polarización

Polarizar, fragmentar, propulsar el maniqueísmo y buscar la división entre los mexicanos ha sido la divisa de Andrés Manuel López Obrador cuando menos desde hace veinte años. Su discurso como sempiterno candidato a la presidencia tuvo siempre esa característica: ver las cosas en blanco y negro, separar a la sociedad mexicana en dos fracciones, la del pueblo bueno y la de los enemigos del pueblo bueno, para quienes contaba y sigue contando con un sinnúmero de sustantivos y adjetivos, de motes y calificativos, no hace mucho recopilados por Gabriel Zaid.
  Muchos imaginaron, desde una conmovedora y tierna ingenuidad, que al lograr en 2018 su viejo sueño de convertirse en presidente de la república, el tabasqueño dejaría atrás ese discurso polarizador y buscaría gobernar para todos los mexicanos sin distinción. A un año y medio de su llegada a Palacio Nacional, sabemos que no fue así. Que no es así.
  ¿Por qué este hombre está desaprovechando la gran oportunidad de ser un gran estadista? Todo estaba a su favor. Llegó al poder con una votación abrumadora de cerca de 30 millones de electores. Su partido, Morena, consiguió la mayoría en las dos cámaras legislativas y en varios estados los actuales gobernadores pertenecen a esa organización política. El 1 de diciembre de 2018, López Obrador tenía en bandeja de plata llevar a la realidad su gran sueño: ser el mejor presidente en la historia de México. Sin embargo, a lo largo de casi 19 meses ha hecho hasta lo indecible por convertirse exactamente en lo contrario: el peor y más repudiado mandatario que haya  dado nuestra república desde 1821. No sólo eso: sus tentaciones autoritarias lo están llevando a transformarse en un franco dictador; su feroz intolerancia y su asombrosa soberbia, el desprecio que muestra hacia quienes no piensan como él y a los que denomina “mis adversarios”, su arrogante actitud despótica y su enciclopédica ignorancia en infinidad de temas lo han hecho tomar determinaciones que están hundiendo al país y que, con el agravamiento de la situación que ha provocado la pandemia del coronavirus, amenazan con sumirnos en una crisis sanitaria, económica, política y social de proporciones dantescas, como no hemos visto desde hace cuando menos un siglo.
  ¿A qué se debe esta manera de desperdiciar el apabullante capital político con el que contaba hace año y medio y que ha dilapidado (y sigue dilapidando) con una facilidad pasmosa? ¿Es que no se da cuenta? ¿Es que quienes lo rodean en su círculo más cercano no se percatan de ello? O sí lo ven, pero no se atreven a decírselo por temor a ser echados de sus privilegiados cargos.
  Es claro que el presidente cuenta con muchos incondicionales, sobre todo entre la tribu obradorista más cercana a las simpatías “bolivarianas”. Se trata de personajes no sólo obedientes a la voz de su líder, sino verdaderos fanáticos que llegan a alcanzar altos grados de delirio supuestamente revolucionario (lo cual no obsta para que se den vida de reyes y sean seducidos por la corrupción, como ya se empieza a ver con algunos personeros que hasta ahora habían navegado con la bandera de la austeridad y la honestidad y al parecer ese pendón se les empieza a desgarrar).
  Sin embargo, en Morena debe haber (eso quiero pensar) personas pensantes e inteligentes que se den cuenta del desastre al que nos están encaminando los berrinches y caprichos del señor que habita los aposentos de Palacio Nacional. Pienso en Marcelo Ebrard, incluso –con todos sus asegunes– en Ricardo Monreal. ¿Por qué permanecen callados y se vuelven cómplices del inminente cataclismo? ¿Por qué no se atreven a contradecirlo? En una palabra: ¿por qué le tienen tanto miedo, tanto pavor, a ese personaje?
  Intentaré dilucidar las causas de ese terror a López Obrador, por parte de los suyos, en mi próxima columna.

 

domingo, 21 de junio de 2020

Lo que me escribió Armando Palomas hace tres años

Estimado Esteban Leyva, lo felicito por ese arduo trabajo, esa tenacidad y esa paciencia para poder entrevistar y hasta a darse el lujo de convertirse en íntimo amigo del señor Emiliano García Estrella y mostrarme, a través de su entrevista, algunas anécdotas de este país tan surrealista.
   Su narrativa me mostró que no todos los caminos lo llevan a Roma y que más bien todos los caminos siempre llevan a los ojos de una mujer, esos ojos que en su mirada tienen un aguacero de pestañas y acobardan a cualquiera, incluyendo al mismísimo Rodolfo Fierro.
   No niego que me hubiera gustado que me presentara a Daniela, pero me conformaría con cualquier mujer que se dirigiera a mí con un acento afrancesado.
   Pero tampoco niego que me corroe la envidia, solo por el simple hecho de que usted haya sido parte de esa fiestísima donde se encontró con Diego Rivera y Vasconcelos; si me hubiera invitado, yo si le hubiera cuidado a la Paulina.
   Esto que escribo, Señor Esteban Leyva, no es nada más que un pretexto para poder beber en un futuro inmediato una copita de esa Hada Verde y recordar con gusto al amigo Sergio.
   También pido disculpas porque a mis cuarenta y siete, escribo y hablo como si tuviera veintisiete.


Atte el Palomas.


Gracias, Hugo García Michel, disfruté tu novela, ¡está poca madre!
Creeme que ahora tengo una opinión, que si no es diferente a lo que ya creía, ahora me queda más que claro que la congruencia nos hace fuertes.

martes, 9 de junio de 2020

Cámara húngara: La pandemia mexicana

Ocho meses exactos hace que esta columna entró en hibernación. No tengo claro qué fue lo que me hizo suspenderla temporalmente y no tengo claro por qué he decidido reanudarla.
  Muchas cosas han sucedido en estos poco más de 240 días. Demasiadas, diría yo. En México y en el mundo. La pandemia de covid-19, loa más importante. La pandemia y todas sus desastrosas consecuencias. Hace ocho meses, jamás nos habríamos imaginado que la humanidad entera se encontraría en la situación en que nos encontramos. Era algo impensable, digno de un relato de ficción científica, para emplear el término propuesto por Borges.
  Pero aquí estamos. Con una epidemia más que extraña y sospechosa, cuyas consecuencias van más allá de la enfermedad misma. En esta primera mitad de 2020, los seres humanos hemos sufrido una transformación con visos de retroceso que, por voluntad propia, nos tiene presos en nuestras casas. El miedo a lo desconocido ha operado de manera apocalíptica en la gran mayoría de nosotros y la desconfianza hacia el otro, incluso hacia el más próximo de los prójimos, se ha vuelto asignatura cotidiana. Un virus invisible nos mantiene en una paranoia basada en la incertidumbre y en lo que se nos dicta desde los gobiernos y desde organismos mundiales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), una factoría de informaciones y desinformaciones que se nos presentan como científicas y cuyo mandamás visible resulta muy poco confiable, dados sus cuestionables antecedentes políticos en Etiopía, de donde es originario.
  El mundo se paralizó en este 2020 y la economía se está desplomando ante nuestros ojos impotentes. Cientos de miles de empresas cerradas en todas partes. Millones de desempleados. Se nos viene una crisis peor que la de 1929, a decir de los expertos. Y se nos asegura que lo peor está aún por llegar.
  ¿Cuánto es verdad? ¿Cuánto es manipulación y mentira? ¿Se manejó de manera correcta el embate del coronavirus o se siguió con una serie de errores involuntarios o quizás inducidos? ¿Son reales las cifras de contagios y de muertos? ¿Ha valido la pena el confinamiento a costa de una debacle que posiblemente traiga muchas más muertes por hambre y pobreza que las muertes causadas por el propio virus del que se nos trata de librar? ¿Cuál es el papel de las farmacéuticas, de algunas poderosas fundaciones altruistas y de la propia OMS en esta crisis sin precedentes? Las preguntas abundan. Las dudas resultan inagotables.
  ¿Y México?
  Llevamos cerca de tres meses de lo que se ha dado en denominar como la sana distancia social. El gobierno asegura que se tiene controlada la pandemia, pero los números oficiales de fallecimientos y contagios no dejan de elevarse día con día. El vocero oficial ante la crisis sanitaria, el subsecretario Hugo López Gatell, lleva casi cien días contradiciéndose y de su pronóstico inicial de seis mil muertos por covid-19, ahora habla de treinta mil. El hombre parece más preocupado por mantener su imagen pública y sus intereses políticos personales (no ha faltado quien lo mencione como posible presidenciable para el 2024) que por darnos certeza, a pesar de su flema y su tono diplomático para repetir un día sí y otro también, durante sus conferencias vespertinas televisadas, su mantra “Quédate en casa, quédate en casa, qué-da-te en ca-sa”. Un mantra que desacata nada menos que su propio jefe, el presidente de la república, quien no sólo no utiliza cubrebocas, sino que acaba de reanudar sus giras por el país porque no soportó el relativo encierro palaciego en que se encontraba.
  Andrés Manuel López Obrador ha sabido sacar raja del coronavirus. Su frase de que "el bicho" le cayó como anillo al dedo no fue una ocurrencia desafortunada o un lapsus repentino. Realmente le ha caído como anillo al dedo para mostrarse cada vez más radical y polarizador. Sus diarias conferencias mañaneras han acrecentado su retrógrado y primitivo extremismo político y han mostrado que su afán por dividir al país en dos sectores, el de los liberales y el de los conservadores, va más allá de una mera retórica decimonónica, para revelarse como lo que es en realidad: un plan de acción, una estrategia política que busca aplastar a los que él llama sus adversarios y favorecer a lo que él llama el pueblo. Sin embargo, en la práctica esto último no ha sido así, ya que son los sectores más depauperados los que están padeciendo de peor manera los efectos de la errada política lopezobradorista, centrada en una asfixiante austeridad rayana (vaya paradoja) en lo neoliberal y apoyada en unos borrosos y oscuros programas de asistencialismo de claros tintes clientelares.   La pandemia mexicana empieza a destacarse frente a la mayoría de las pandemias en otros lares. No sólo porque estamos entre los diez países que de peor forma han atacado a la enfermedad, sino por la demencial manera como se está tratando la crisis económica en la que ya entramos y de la que la mayoría de los pronósticos auguran una hecatombe para los próximos meses.
  Pero López Obrador dice tener otros datos y sus huestes, ciegas de fanatismo y también cada vez más radicalizadas, se lo creen a pie juntillas.

(Publicada en mi página de Patreon)

jueves, 4 de junio de 2020

Sobre el masculino genérico

"El masculino genérico ha perdurado y perdurará porque responde al principio de economía lingüística que impele a los humanos a tratar de lograr la máxima comunicación con el mínimo esfuerzo. Vulnerar este principio nos conduciría, como advierte con sorna el escritor Javier Marías, a convertir la frase «el perro es el mejor amigo del hombre» en un circunloquio extravagante y ridículo: «La perra y el perro son la y el mejor amiga y amigo de la mujer y el hombre»".

Joan Busquet

lunes, 1 de junio de 2020

Charlie Montanna, tocando el cielo

Si hay un rock al que podemos catalogar como realmente mexicano, ese es el llamado rock urbano. Sí, me refiero a ese rock elemental, básico, directo, a veces rudimentario y muchas veces chabacano y ramplón que surgió a principios de los años setenta del siglo pasado, a partir del mojigato escándalo mediático que se produjo luego del festival de Avándaro.
  Después de aquel septiembre de 1971, el rock fue satanizado y perseguido por las buenas conciencias de la sociedad y los malos oficios del gobierno priista, obligado a refugiarse en la periferia y a sumirse durante largos años en las penumbras escalofriantes de los hoyos fonquis (Parménides García Saldaña dixit) del entonces Distrito Federal y la zona metropolitana del estado de México.
  Los grupos de clase media que durante los sesenta habían tocado rock, prácticamente desaparecieron y el género se proletarizó. Pocos lograron sobrevivir y lo hicieron en situaciones precarias. Todo parecía perdido. No obstante, para bien o para mal, la agrupación que lideró esa especie de resistencia fue Three Souls in My Mind, el cual habría de cambiar de nombre para llamarse simplemente El Tri.
  Fue El Tri, encabezado por Alejandro Lora, el que señaló el camino y de una manera u otra, voluntariamente o no, dio nacimiento a ese subgénero ya mencionado líneas atrás: el rock urbano.
  No es este el lugar para profundizar en la historia de tan peculiar movimiento. Sólo se trata de mencionar que este verdadero y único rock mexicano, con sus canciones musicalmente basadas en el blues y el rocanrol, fue una tabla de salvación. Una tabla llena de agujeros, pero que funcionó como salvavidas y como ruta de escape. Cierto que sus letras (en español, lo cual constituyó un gran avance con respecto a sus antecedentes sesenteros) resultaban un tanto burdas y simplonas, ajenas a cualquier rapto poético, pero tenían la virtud de retratar la realidad y el lenguaje de la juventud más pauperizada y marginal. La nueva corriente dio origen a una gran cantidad de “bandas” que sonaban muy parecido entre sí y que, sin embargo, convocaban alrededor suyo a decenas de miles de seguidores y hasta dieron origen a una pequeña pero significativa industria que incluía sus propias compañías discográficas y sus propios medios de difusión. Sellos como Discos Cisne y Discos Raff o revistas como las legendarias Banda Roquera y Conecte no hubieran existido sin la insurgencia del rock urbano mexicano de raíces abiertamente chilangas.
  Valga toda esta introducción para situar a uno de los últimos auténticos representantes de ese movimiento, quien falleció este 28 de mayo, debido a un infarto, a los 58 años de edad: el singular Charlie Montanna.
  Nacido en 1961, en la colonia Guerrero de la hoy Ciudad de México, Carlos César Sánchez González (su verdadero nombre) formó parte de agrupaciones como Perro Muerto, Vago y Mara, para luego lanzarse como solista ya con el sobrenombre de Charlie Montanna, al parecer inspirado en el Tony Montana que interpretó Al Pacino en 1983, en la película Caracortada de Brian de Palma (en la primera versión de Scarface, dirigida en 1932 por Howard Hawks, el personaje que hizo Paul Muni se llamaba Tony Camonte y estaba inspirado en el gangster de Chicago Al Capone).
  Estrafalario en su aspecto y extravagante en su público actuar, Sánchez González hizo de Charlie Montanna todo un personaje. De él se hablaba más por sus ropas y sus peinados que por su música, más por sus ocurrencias que por sus canciones. Sin embargo, grabó una docena de discos y compuso temas que lograron considerable popularidad, como “Tu mamá no me quiere”, “De que el amor apesta”, “Bájale de huevos” y “Tocando el cielo”.
  Rubén Báez, periodista y colaborador de la ya mencionada revista Conecte, amigo cercano del rockero, cuenta en el diario Milenio cómo era la casa donde vivía Montanna, en Ciudad Neza: “Entrabas y tenía su sillón de animal print y siempre decía que ese sillón se lo había regalado Gene Simmons. Toda su cantina la tenía tapizada con botellas de whisky Jack Daniel’s. Ponía videos de Mötley Crüe, se identificaba mucho con ese grupo. Con Bon Jovi también. Su look muy pocas veces lo cambió; lo que cambiaba de él era que enflacaba y volvía a subir de peso”.
  Otro amigo muy cercano de Charlie era el cantautor Rafael Catana, quien lo recuerda de la siguiente manera en el mismo diario: “Lo conocí en Paseo de la Reforma en el año 86. En esa época vi a Vago en vivo; era una banda de rock duro de la Ciudad de México, una banda importante. Nos encontramos muchas veces luego en el Tianguis del Chopo. Creo que es un icono importante dentro de la música popular mexicana. Hemos perdido a un personaje maravilloso, pero en este momento, cuando las radios de rock deberían estar pasando su música, ninguna lo hace. No tenemos memoria. ¿Dónde está la radio?”.
  Se fue Charlie Montanna y el panorama del rock urbano nacional se va quedando cada vez más vacío. Cuatro años atrás, murió Lalo Tex. Hace un mes falleció Arturo Huizar. De sus figuras más señeras quedan El Tri de Alejandro Lora y El Haragán de Luis Álvarez.
  Pero como dice el propio Lora, con una frase que le tomó “prestada” a Neil Young: “El rocanrol no morirá jamás”.

(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

domingo, 31 de mayo de 2020

El día que conocí a Charlie Montanna

Gracias a mi querido amigo Jorge Landa, de Nexos, quien hace rato me hizo llegar esta foto que yo nunca había visto, me acordé de la ocasión en que conocí a Charlie Montanna. Ocurrió una noche de 2007 en que Los Pechos Privilegiados nos presentamos en el Ruta 61 y no sé si nuestro baterista Demetrio García o alguien más lo invitó a vernos tocar. Cuando terminamos, Charlie nos felicitó, platicó brevemente conmigo y luego se subió a palomear con parte del grupo y algún músico que iba con él. No me acuerdo bien de los detalles. Pero lo recuerdo como un buen tipo; protagónico, pero simpático. Fue la única vez que lo vi en mi vida (por cierto, en La Mosca una vez publicamos la carátula de un disco suyo y le otorgamos la distinción de ser "la peor portada de un disco de rock en la historia", ja ja; no recuerdo si eso fue antes o después de conocerlo). La instantánea la tomó el fotógrafo Esparta Palma y está fechada el 23 de febrero de 2007.

jueves, 28 de mayo de 2020

Patterson

Con bombos y platillos por parte del diario, el escritor obradorista Jorge Zepeda Patterson debutó hoy como columnista en Milenio (su primera colaboración la intituló "Contra AMLO, ten cuidado con lo que deseas", nada menos). Ya está ahí con sus compas Epigmenio, Monreal, Gibrancito y Miguel Barbosa. Puf... C'est domage.

domingo, 24 de mayo de 2020

Un mensaje de hace cinco años

Me escribe el lector y amigo de Facebook, Ivan Castelán, a quien agradezco sus palabras en todo lo que valen:

"Acabo de terminar de leer mi ejemplar de Matar por Ángela y sentí la necesidad de escribirte, no sólo para felicitarte, sino para constatar que personalidades como la de Humberto no son únicas y me identifiqué sobremanera en muchas situaciones, fue un viaje enajenante saber más sobre Ángela, pero más me emocionó el sorpresivo final. Debo decirte que no me enorgullezco de decir que es el primer libro que leo de principio a fin y gozo como enano, y espero que publiques más. Muy divertido el chiste de Carlos Monsiváis, sólo unos pocos lo entendimos al 100%".

Mensajes como este son lo que verdaderamente lo alimenta a uno como escribidor.

miércoles, 20 de mayo de 2020

martes, 19 de mayo de 2020

Falta de concordancia

¿Por qué la mayoría dice "es una fake news", cuando la concordancia de número indica que debe decirse "es una fake new", en singular. Es como los que dicen "me compré un pants" o "soy darks". News, pants y darks están en plural, aunque sea en inglés. En esta lengua no se dice "I'm darks" sino "I'm dark"; no se dice "I have a pants" sino "I have a pant" y no se dice "It's a fake news" sino "It's a fake new". En fin, neuras de corrector de estilo.