lunes, 29 de septiembre de 2014

La mujer sentada

Sergio Magaña.
Con la reseña de esta narración, inicio la revisión periódica de diversos cuentos, escritos por autores de todas las épocas y todas las latitudes.

Escrito por Sergio Magaña en 1947 y publicado en la espléndida revista El cuento que dirigía Edmundo Valadés, "La mujer sentada" es una narración corta con una fuerza tremebunda y una violencia aterradora. Crítica soterrada a los usos y costumbres de la población rural de mediados del siglo pasado, cuenta la historia de Ana Juárez, una jovencita de dieciséis años a quien su padre prácticamente ha negociado para que se case con el cacique del lugar, un tal Andrés Cuesca.
  Ella ha aceptado a regañadientes y ha dejado que los preparativos de la boda no se detengan, a pesar del asco que le da tener que entregarse y ser la esposa de aquel dueño de vidas y haciendas. En el pueblo todos hablan de la boda de Ana y don Andrés. Sólo que en la víspera de la ceremonia, la casi niña se ve con Marciano Reyes, su novio de la misma edad, y a partir de ese encuentro, la situación cambia y ella se niega a contraer matrimonio, al confesar lo inconfesable. El castigo que recibe por parte de su propio padre y de quien iba a ser su marido quita el aliento por el horror que conlleva y que lógicamente no revelaré, a fin de que busquen y lean el cuento.
  Escrito con un lenguaje casi rulfiano, lleno de austeridad, frases cortas, metáforas exactas y diálogos creíbles y auténticos, "La mujer sentada" es alta literatura y su atmósfera campirana y pueblerina envuelve al lector y lo fascina, a la vez que lo lleva a rebelarse contra el destino de la infortunada muchacha.
  Un cuento ejemplar, en todos los sentidos del término. A pesar del mal sabor que deja su implacable final.

domingo, 28 de septiembre de 2014

42

Buena película del realizador estadounidense Brian Helgeland sobre Jackie Robinson, el primer jugador negro en las ligas mayores. Filmada en 2013, la cinta es muy entretenida y está muy bien producida y si bien no va más allá de otros filmes biográficos, si retrata de manera fiel lo que era el clima de racismo en los Estados Unidos de la postguerra y en el medio del beisbol profesional.
  42 (el título se debe a que ese era el número que portaba Robinson como jugador de los entonces Dodgers de Brooklyn) narra la historia del legendario primera base y gran bateador desde su infancia hasta sus momentos de gloria. El papel del beisbolista corre a cargo de Chadwick Boseman, quien lo hace muy bien, aunque la actuación más memorable es la de Harrison Ford como Branch Rickey, el dueño de los Dodgers, quien contra viento y marea sostuvo a Robinson y desafió a todo el establishment del deporte norteamericano.
  Hay escenas muy buenas, como aquella en la que el manager de los Philis de Filadelfia, un tal Ben Chapman (interpretado estupendamente por Alan Tudyk), muestra toda su estulticia racista al lanzar puyas agresivísimas a Robinson cuando esté se encuentra en su turno al bat, palabras que en esta época de corrección política le habrían acarreado la expulsión inmediata de las ligas mayores, pero que a finales de los años cuarenta del siglo pasado retrataban lo que pensaban muchos whities y por ello gozaba de la más grande impunidad.
  Quizás en manos de un director como Spike Lee, 42 habría sido mucho mejor. Sin embargo, se deja ver y sus resultados son buenos. Bastante recomendable a mi modo de ver.

sábado, 27 de septiembre de 2014

A Tuta máquina

Que anda a salto de mata. Que se oculta en el monte y duerme en escondrijos, temeroso de ser capturado. Que deambula por las noches a lo largo de veredas y caminos de la inhóspita serranía. Que le están pisando los talones y que en cualquier momento lo atrapan. Todo eso se dice y más. No obstante, Servando Gómez Martínez, más conocido por su sobrenombre de La Tuta, se la pasa dando señales en contrario.
  Porque como que no checa eso de que el líder de los Caballeros Templarios esté en franca huida y al mismo tiempo sigan apareciendo esos reveladores y simpáticos videos en los que se le ve muy quitado de la pena, reunido con una serie de personajes de la política, el empresariado y los medios de comunicación del estado de Michoacán, quienes lo miran no como a un criminal o un hombre aterrador, sino como a una especie de padrino benefactor y dador de favores, como máxima autoridad de la región y como un líder político del tipo de aquellos antiguos caciques post revolucionarios al estilo de Saturnino Cedillo o Gonzalo N. Santos, quienes eran dueños de vidas y haciendas, de regiones enteras en donde determinaban todo lo que se movía y lo que no se movía.
  Como personaje literario o cinematográfico, la Tuta da para mucho. Al contrario de otros capos del crimen organizado, estamos ante una personalidad mucho más compleja e interesante que, no sé, el Señor de los Cielos o la Reina del Sur y ellos ya tienen libros y hasta telenovelas sobre su vida.
  ¿Cómo se las ingenió el hombre para reunirse con tantos michoacanos notables (uso la palabra notables con todas las reservas del caso) y grabarlos a todos en video, de tal manera que pudiera tenerlos en un puño? Para un escritor o un guionista, es una pregunta fascinante.
  Claro que lo que sucede con Michoacán y con la Tuta no es un caso de ficción y, en ese sentido, la legalidad está en juego, una legalidad que, sin embargo, en aquella entidad parece, desde hace ya bastante tiempo, asunto relativo y poco tomado en cuenta. Es por eso que allá las cosas van –y quién sabe por cuánto tiempo más– a Tuta máquina.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 26 de septiembre de 2014

Ayelén

Anoche recibí la impactante y terrible noticia de que mi amiga Ayelén Hernández había fallecido de un infarto, a sus tempranos cuarenta y tres años de edad. Tenía ya algunos años de no verla, pero la sorpresa me dejó helado. La conocí a fines de los noventa o principios de este siglo, cuando era la encargada de prensa de Sum Records (aunque tengo la idea de que la había conocido antes, en Warner o en alguna disquera trasnacional, pero no estoy seguro). Muy buena persona, amable y simpática, vino a mi casa más de una vez y bebimos vino en un par de ocasiones. Gracias a ella, le vendimos varios anuncios de la Mosca a Sum, anuncios que nos pagaban con discos.
  De unos años para acá, era la manager de Paté de Fua y en ese tiempo llegamos a platicar dos o tres veces por facebook. No sé si padecía alguna enfermedad o si el ataque al corazón fue algo que ella y sus allegados no esperaban. Muy triste que una mujer tan afable y trabajadora, además de todavía joven, muera de ese modo. Descansa en paz, querida Ayelén.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Chelas personificadas

Ahora que la Coca Cola sacó sus latas de refrescos con nombres de personas (hasta yo tengo la mía), el sentido del humor produce ocurrencias (y fotografías) como esta.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Seminario sobre revistas de rock

Hoy se celebró la cuarta sesión del seminario sobre revistas de rock que organizaron David Cortés y Alejandro González en el Multiforo Alicia. Me tocó participar al lado del propio David (quien estuvo como antiguo editor de la revista Pulse! de Tower Records) y de Benjamín Salcedo (de Rolling Stone México). Yo, claro, iba por parte de La Mosca en la Pared.
  Lleno total y todo muy bien y muy entretenido. Público participativo y en buen plan. Cada uno habló y luego vino la parte de preguntas y respuestas que resultó bastante divertida.
  Cuando llegué, me encontré a Letto en la fila y la metí como mi acompañante. Saludé a varios conocidos y al terminar, como a las diez y media, acompañé a Letto a que tomara el trolebús y luego me regresé en metrobús (que a esas horas pasa casi cada media hora). Fue un retorno muy tardado, pero todo bien a fin de cuentas.

martes, 23 de septiembre de 2014

Robert Plant y el rugido incesante

Para muchos es una de las leyendas vivientes del rock. Para otros, una verdadera deidad. Visto desde un plano más terrenal, se trata de una de las voces más características y reconocibles del género, después de casi medio siglo de carrera ininterrumpida.
  Robert Plant ataca de nuevo, luego de cuatro años de ausencia discográfica, y lo hace con su onceavo opus como solista, un trabajo magnífico al lado de su muy británica agrupación, The Sensational Space Shifters, con la que había grabado los estupendos Dreamland (2002) y Mighty Rearrenger (2005).
  lullaby and… The Ceaseless Roar (Nonesuch) es un álbum con el cual el ex cantante de Led Zeppelin retorna a sus raíces inglesas, luego de pasar algún tiempo en los Estados Unidos, donde grabó discos tan buenos como Raising Sand (2007, al lado de la gran Alison Krauss) y Band of Joy (2010).
  En el caso de este lullaby and… The Ceaseless Roar (así, con minúscula inicial), Plant recurre a diversos estilos musicales para dar forma a la oncena de composiciones que lo constituyen. Desde el folk inglés y estadounidense hasta la música de fuentes arábigas de Medio Oriente y el norte de África, sin dejar de lado al rock puro y al blues, el plato transcurre con placidez para llevar a nuestros oídos piezas tan buenas y diversas como la inicial y percusiva “Little Maggie”, la luminosa y emotiva “Rainbow”, las sensuales y envolventes “Pocketful of Golden” y “Embrace Another Fall”, la rocanrolera y tomwaitsiana “Turn It Up”, la dulce y nostálgica “A Stolen Kiss”, la repiquetante y de guitarras byrdianas “Somebody There”, la juguetona y folkie “Poor Howard”, la soulera y arabesca “House of Love”, la intensa y blueserona “Up on the Hollow Hill (Understanding Arthur)” o la vertiginosa y cíclicamente concluyente “Arbaden (Maggie’s Babby”.
  Misterioso y reflexivo, intenso y sabio, lullaby and… The Ceaseless Roar es una honda meditación sobre el paso (aunque no el peso) de los años y en eso se emparienta con la obra más reciente de autores como Bob Dylan o Leonard Cohen.
  Una obra maestra de Robert Plant.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio", en la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 22 de septiembre de 2014

El secreto de The Gaslight Anthem

Uno de los secretos mejor guardados del rock estadounidense actual es The Gaslight Anthem. Potente y melódico, nostálgico y actual, poderoso y al mismo tiempo sutil, este cuarteto de Nueva Jersey ha heredado mucho del sonido de su paisano más insigne, “El Jefe” Bruce Springsteen, pero ha logrado desarrollar un estilo propio que ha ido evolucionando de manera positiva a lo largo de cinco álbumes en estudio, el más reciente de los cuales, Get Hurt, acaba de aparecer hace unas semanas.
  Editado por Island/Universal, el disco viene a coronar la trayectoria de tan sólo siete años del grupo, cuyo primer opus, Sink or Swim, apareció de manera independiente en 2007. Poco después vino The ’59 Sound (2008), para la pequeña disquera Side One Dummy, misma con la que en 2010 salió el que quizá sea su mejor trabajo discográfico: American Slang, una verdadera joya del rock más gozoso. En 2012, Mercury le produjo el estupendo Handwritten y este mes de agosto de 2014 tenemos a nuestra disposición Get Hurt.
  El flamante larga duración contiene doce temas musicalmente variados, en los que la agrupación recorre los varios estilos de los que suele abrevar, aunque hay gratas sorpresas, como el stoner rock del tema abridor, “Stay Vicious”, bastante insólito en su repertorio, porque ha sido del rock puro, del folk eléctrico y del alt country (eso que ahora suele llamarse americana) de donde The Gaslight Anthem ha tomado sus influencias para fundirlas y crear su característico sonido que si bien no es absolutamente original (podríamos emparentarlo con diversas bandas de los años setenta del pasado siglo –desde Foreigner hasta Cheap Trick– o con propuestas actuales como la de The Hold Steady, por ejemplo), sí posee un halo de originalidad distintiva, lo cual destaca en otras composiciones del álbum, como las excelentes “Stray Paper”, “Helter Skeleton”, “Underneath the Ground”, “Break Your Heart” o la homónima “Get Hurt”.
  The Gaslight Anthem está conformado por Brian Fallon (voz principal y guitarra), Alex Rosamilia (guitarra), Alex Levine (bajo) y Benny Horowitz (batería). Su fama, fuera de los Estados Unidos, no es mucha, pero vale la pena escucharlo. Nadie saldrá defraudado después de hacerlo.

(Publicado originalmente en la sección de música de Cultura Nexos)

domingo, 21 de septiembre de 2014

Hugo

Esta es una película de Martin Scorsese que no parece una película de Martin Scorsese y, sin embargo, está tan dentro del alma y la vida de éste que quizá se trate de la más scorsesiana de sus obras.
  Me explico: si bien identificamos al director neoyorquino sobre todo por sus cintas de gangsters (Mean Streets, Goodfellas, Casino), sus thrillers (Taxi DriverCape Fear, Shutter Island) o hasta sus filmes relacionados con la música (desde New York New York y The Last Waltz hasta Shine a Light y Living in the Material World) e incluso con sus trabajos con tintes de comedia negra (After Hours, The King of Comedy), en el fondo lo que subyace es la biografía de un hombre que ama al cine más que a nada y es en Hugo que este amor se expresa de la manera más clara y conmovedora.
  Acabo de ver esta cinta de 2010 y me queda claro que más que una película para niños, se trata de un gran homenaje a los inicios de la cinematografía y a sus pioneros franceses, los hermanos Lumiere y, sobre todo, al gran George Melies. Por medio de una historia a la Charles Dickens, Scorsese nos lleva al París de fines de los años veinte y principios de los treinta y sobre todo al microcosmos de una gran estación ferroviaria (¿la Gare du Nord, el actual Museo de Orsay, con su gran reloj?), en la cual conviven cotidianamente diversos personajes y entre ellos Hugo Cabret, el pequeño héroe de la trama.
  Visualmente esplendorosa (la película está hecha en 3D), gracias a las peripecias de este huérfano, que ocupan la primera mitad del filme, desembocamos en la existencia de un viejo juguetero que en sus años mozos fuera el más grande y fantasioso (o fantástico, si se quiere) creador cinematográfico de principios del siglo pasado. Por supuesto, me refiero a Melies y sus filmaciones llenas de imaginería, además de ser el iniciador de los efectos especiales en el cine, como muchos hemos visto en su famosa "Viaje a la luna", con cohete que se inserta en el ojo de Selene incluido.
  Interpretado por ese gran actor que es Ben Kingsley, Melies se relaciona poco a poco con Hugo y es gracias a él y a su hija adoptiva Isabelle, interpretada por la preciosa Chloe Grace Moretz, que recupera su amor por la vida y es redescubierto hasta ser homenajeado en vida, como merecía este mago del cine.
  Con las actuaciones, entre otros, de Sacha Baron Cohen -como el temible guardia de la estación, cojo e implacable, terror de los niños huérfanos y perseguidor de Hugo, aunque al final se enamora y se muestra como un hombre sensible-, Jude Law -como el malogrado padre de Hugo-, Emily Mortimer -como la vendedora de flores que conquista el corazón del policía- y Asa Butterfield -como el propio Hugo Cabret-, la película es una delicia y un entrañable tributo a los pioneros franceses del cine.
  No la mejor cinta de Scorsese, sólo, me parece, la que mejor lo representa.

sábado, 20 de septiembre de 2014

De niños esculcados y otros escándalos

Cuando era chico, mi papá me llevaba al futbol. Íbamos al estadio de Ciudad Universitaria (el Azteca estaba todavía en construcción) y más de una vez, alguno de sus amigos me hizo meter una anforita de contrabando entre mis ropas. A los niños no nos revisaban los policías de la entrada, pero recuerdo el terror que me daba pasar a su lado y la posibilidad de ser descubierto. Por suerte, eso nunca sucedió.
  Lo que quiero decir es que resulta muy sencillo meter cosas a un lugar, si se les oculta en las prendas de los niños. Entiendo que para algunas personas resulte molesta la revisión aleatoria que se hizo este lunes 15 a los chiquillos que entraban al Zócalo capitalino, para la ceremonia del Grito de Independencia, pero hasta donde sé, todo se hizo con respeto y delante de los padres. Sin embargo, las inquisitoriales redes sociales y la histérica (e interesada) corrección política se encargaron de magnificar las cosas para convertirlas, como ya es su obsesiva costumbre, en un efímero escándalo.
  A estos neoinquisidores les encanta hacer de cosas chiquitas verdaderas tormentas de indignación y motivo para desgarrarse las vestiduras. Pero su hipocresía les gana. Nada dijeron cuando la CNTE convirtió al mismo Zócalo en muladar y campamento durante largo tiempo, mas levantan la voz porque –en un error criticable, por supuesto– la plaza se utilizó como estacionamiento durante un par de horas, el pasado 2 de septiembre. Hacen de cuestiones realmente intrascendentes montañas de paja, paja que es oquedad pura, pero que también se presta para ser incendiada.
  Especialistas en hacer ver a México como el peor de la mundos posibles, convierten en follón melodramático lo mismo el vestido que usó la primera dama la noche del 15 que el bostezo fotografiado de una de las hijas del presidente o si uno de los bailarines de Miley Cyrus usó una bandera mexicana para azotarla contra el trasero de la cantante.
  Cosas baladíes a las que se les otorgan dimensiones sobrecogedoras. Tormentas en un vaso de agua. Es el azote de lo políticamente correcto. La progre Santa Inquisición.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 19 de septiembre de 2014

Shameless US, la cuarta temporada

Terminé de ver la más reciente temporada de Shameless US (luego, por supuesto, de haber visto las tres primeras) y casi me atrevo a decir que esta ha sido la mejor (y si las otras fueron extraordinarias, ya se imaginarán cómo estuvo ésta). Realmente fueron trece capítulos de una intensidad y una humanidad fuera de serie, antológicos. Nunca como ahora me sentí tan identificado con los personajes, nunca como ahora comprendí a cada uno de ellos, tan bien detallados todos. La historia este cuarta temporada fue prodigiosa, los guiones magníficos, las actuaciones sobresalientes. Sigue siendo mi serie favorita de todos los tiempos, después de Seinfeld y es una lástima que tan poca gente la conozca. No digo que Breaking Bad o True Detective o House of Cards o Mad Men o Homeland no sean verdaderas obras de arte de la televisión. Pero Shameless tiene algo que la hace muy especial, algo que la hace absolutamente entrañable. Guarra, sardónica, cínica, tierna, conmovedora, desvergonzada, no me canso de recomendarla. Lástima que nadie me hace caso. Estoy persuadido de que si toda la gente la viera, este sería un mundo un poco mejor.
  Búsquenla, véanla.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Diez años de La Mosca

En febrero de 2004, en el número 82 de La Mosca en la Pared, con el que celebrábamos nuestros primeros diez años de vida, José Agustín escribió este texto en su columna "La cocina del alma" y que hoy rescato para este blog.

Pues esto yo lo festejo con gran gusto, porque empecé a colaborar con Hugo García Michel desde Natura, la revista que hacía Editorial Posada bajo el férreo cacicazgo del tal Rius. A fines de los 1980, Hugo tomó la dirección y trató de hacerla más roquera. Por eso me invitó a colaborar, lo que yo acepté de volada y sin ningún condicionamiento. Pero aunque la onda iba bien, el jefe Rius ejerció su prebostazgo y logró no sólo desrocanrolizar la revistuca sino que motivó la salida del buen Jugo.
  Rius nunca supo el bien que nos hizo, porque este García Michel en verdad es rocker de corazón y no cejó hasta que se conectó con Toukán y creó La Mosca en la Pared en 1994. Ese año surgió el EZLN que, aunque mi querido Hugo se pitorree de Marcos y los Ezetos (supongo que por razones semejantes a las que lo hacen militante descalificador de varios grupos de rock mexicano), ha tenido un papel importante en la vida del país; ese año también asesinaron a Colosio y al púgil Ruiz Massieu, además de que hubo otros crímenes como el videodedazo de Zedillo y la crisis de diciembre, generadora del horror del Fobaproa-IPAB y de un atraco más, esta vez sangría, a los pobres mexicanetes, incluyéndome a mí, a Hugo, a Toukán, a La Mosca y a todos ustedes de pasada. El 94 fue un año cardiaco pero al menos tuvimos La Mosca.
  La Mosca en la Pared cumplió una función necesaria, oportuna e importante en México, lo cual me encantó porque yo me fui a ciegas con Hugo; no sólo colaboré en la nueva revista con gusto en los parámetros que Hugo mismo estableció, sino que la apoyé y promoví en lo que pude. La Mosca llenó un hueco en el periodismo roquero porque nos devolvió la inteligencia, la honestidad, el humor, lo provocativo, lo controversial, además de que innovó en concepto y diseño. Hace diez años era un proyecto con una sólida raigambre en el periodismo roquero mexicano, pero a la vez expresaba la Zeitgeist de la bisagra de los milenios XX y XXI. Le fue bien a la revista, pero Toukán se friqueó con el número sobre las elecciones de 1994 y prefirió pararla.
  De cualquier manera, Hugo perseveró hasta que volvió a sacar La Mosca, la cual desde entonces lo mismo se posa en la pared, en exquisiteces o en la mierda. Así, pues, a mucha honra, soy de los fundadores de esta publicación y por eso a veces la he sentido como mi propia casa, incluso con la conchudez que esto luego trae consigo; también me he colgado en algunos números y Hugo, decentísimo, me cubrió o me tuvo paciencia. Además, entre sus colaboradores ha incluido a mis hijos Andrés -quien un buen tiempo se echó “El catre electrónico”- y ahora a Agustín, quien ya lleva algunos articulachos. Pero ellos se pusieron de acuerdo entre sí y yo no intervine para nada. Por si fuera poco, circulo mucho por todo el país y me da mucho gusto cuando, en todas partes, me hablan de La Mosca. Así pues, aquí agradezco tanta buena onda. Gracias, Hugo, por tus alivianes y tu amistad. Te deseo que tu revista revolotee muchos años, que crezca aún más y se convierta en una supermosca con supervista poliédrica y de rayos tres equis.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hijos de Joy Division

No puedo evitarlo. Desde que grabó su primer disco, el Turn on the Bright Light de 2002, Interpol me remite de inmediato a Joy Division. Es el mismo sonido oscuro, austero, frío, sordo, mecánico, misterioso, pero sin alcanzar la calidad musical de Ian Curtis y compañía.
  No he sido un amante del cuarteto encabezado por Paul Banks y formado en Nueva York hace tres lustros. Reconozco, sin embargo, que tiene un amplio caudal de seguidores (en México son legión) y que han generado tras de sí a una buena cantidad de agrupaciones que imitan lo que ellos de algún modo imitan también.
  Hace unos días apareció El Pintor (Matador, 2014), quinto álbum del grupo, y es importante comentarlo, porque se trata de un regreso a su sonido primigenio (precisamente el que más se parece a Joy Division), luego de que en trabajos como Antics (2004) y Our Love to Admire (2007) y a petición de su disquera, había dado algunas concesiones comerciales para hacer “más accesible” su música, lo cual por cierto les sirvió para ampliar su base de fans.
  Con tres de sus miembros originales (el propio Banks, Daniel Kessler y Sam Fogarino) y el bajista Brandon Curtis (Secret Machines) en sustitución de Carlos Dengler, Interpol ha producido una obra compacta y hermética que tiene todos los ingredientes para hacer felices a sus fanáticos más fieles y conspicuos. El Pintor es un plato de apenas cuarenta minutos de duración y ninguna de las diez composiciones que lo conforman rebasa los trescientos segundos.
  Abre con una muy buena y sólida pieza, “All the Rage Back Home”, que tras una emotiva introducción lenta deriva en un ritmo rápido y seco que le da un cariz muy atractivo. Igualmente atractivos resultan temas como “My Desire”, “Anywhere”, “Same Town New Story” y “Ancient Ways”.
  Si algo más podemos decir a favor de este disco, en referencia a sus cuatro antecesores, es que hay aquí, en diversos momentos, un poco más de encuentro con la luminosidad y un poco menos de búsqueda de lo tenebroso. Algo debe reflejar esto sobre el momento artístico y existencial que están viviendo los integrantes del grupo.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

martes, 16 de septiembre de 2014

Un programa para Sergio


Este es el programa No. 40 de La Mosca en la Radio, trasmitido por la estación de internet TuRadioOnLine. Se lo dediqué a mi hermano, el cineasta Sergio García, quien aparece en la foto con su imagen cheguevarista de los años setenta. A su lado, el también cineasta y en ese entonces superochero (al igual que mi brother) Gabriel Retes. Se transmitió el 19 de octubre de 2011, poco más de un mes después del fallecimiento de Sergio, quien justo hoy cumple cuatro años de haber partido de esta vida. En el mismo hablo de su vida y obra y cuento distintas anécdotas, además de que programé una muestra de la música que más le gustaba, desde los Beatles y los Rolling Stones hasta Los Teen Tops y las Ultrasónicas, pasando por Elvis Presley, Janis Joplin, El Tri, Canned Heat, Jaime López, Armando Palomas y otros. Para escucharlo, sólo hay que darle clic a la flecha de play en la barrita de abajo. Lo hice con mucho amor.

lunes, 15 de septiembre de 2014

La moda demodé

Por definición, las modas son efímeras, fugaces, pasajeras, y la música no es la excepción de esta regla. Por eso se suele repetir la frase, bastante paradójica, de que tal o cual músico “nunca pasará de moda”, lo que en buen cristiano significa que en realidad nunca fue una moda, pues jamás resultó efímero, fugaz o pasajero.
  Lo que hoy llamamos música pop es en esencia momentánea y está modelada por fórmulas predeterminadas, sobre todo en esta época en la que la tecnología lo domina todo y en particular a los diferentes modos de comunicación. Pero esto no es nuevo. Los primeros dos o tres lustros de la historia del rock están repletos de canciones que aparecieron, causaron furor y luego se desvanecieron. De ellas, muy pocas sobrevivieron al recuerdo. Lo que hoy se conoce como one hit wonder es parte sustancial (o más bien insustancial) de dicha historia. ¿Cuántos grupos y solistas que estuvieron de moda se han perdido en el oscuro y proceloso mar del olvido y la ignominia? No me refiero necesariamente a grupos y solistas malos. De hecho, es una lástima que tanta gente talentosa haya sido devorada por la desmemoria.
  Centrémonos, como ejemplo, en una de las décadas más importantes para el rock: los años sesenta del siglo pasado. Recuperemos los nombres de algunos músicos que merecerían permanecer al menos en nuestras remembranzas y que por una u otra razón prácticamente desaparecieron del panorama.
  En ese tiempo hubo agrupaciones que realizaron una o dos canciones memorables (hayan estado o no entre sus éxitos) y que quiero traer a la superficie. Ahí está The Association con su composición “Six Man Band”, una joya absoluta del mejor rock, aunque al grupo estadounidense se le conoció más por su bobalicona “Windy” o su edulcorada (aunque muy bella) “Never My Love”. Qué decir del pesadísimo trío de San Francisco Blue Cheer, famoso por su tremebunda versión al “Summertime Blues” de Eddie Cochran (quizás el primer tema plenamente metalero), aunque nadie sepa de esa maravilla suya que es “Fruit and Icebergs” (una enorme composición, a pesar del titulito). Muchos deben acordarse de The Turtles y su éxito perenne, “Happy Together” (sin duda una grande y entrañable canción), pero en su momento casi nadie reparó debidamente en temas tan espléndidos como “You Showed Me” (rescatada en los noventa por The Lightning Seeds) o “House of Pain” y ahí están los mismísimos Monkees, grupo de moda si los hay (recordemos que fue uno de los primeros conjuntos prefabricados, si no es que el primero), que se volvieron famosos con piezas como “Daydream Believer”, “Mary Mary” o el inefable “Tema de los Monkees”, pero que también grabaron cosas muy valiosas como “(I’m Not Your) Stepping Stone”, “Goin’ Down” o “Take a Giant Step”.
  Hasta en la música del underground sesentero se daba, de alguna manera, esto de la moda. Para quienes más o menos conocen la música de Frank Zappa, de su primera época recuerdan bien los tres primeros álbumes de The Mothers of Invention (Freak Out de 1966, Absolutely Free de 1967 y We’re Only in It for the Money de 1968, una triada de absolutas maravillas), pero son escasos quienes mencionan el disco debut de Zappa como solista, Lumpy Gravy, producido en 1968 y que aún sigue oyéndose como un trabajo ultravanguardista.
  En el rock nacional, tan falto de identidad como suele ser, las modas pegan de manera impiadosa. Por eso en sus inicios tomaba todo del rocanrol estadounidense, para luego tratar de parecerse al rock británico. A finales de los ochenta, todos querían sonar como los rockpoperos argentinos y españoles y actualmente, lo de hoy, lo que rifa, es sonar como gruperos o cumbiancheros. Esa es la moda dentro de este triste seudorrock nuestro de cada día.
  Modas van y modas vienen. Lo que permanece es casi siempre lo que jamás estuvo de moda. Sin embargo, es claro que siempre habrá quienes prefieran seguir lo que se encuentra en boga, con tal de no sentirse excluidos de la grey. Los humanos en su mayoría son gregarios, se mueven en masa y como dicta la masa. Por eso tantos bailan gustosos al son de “Happy” de Pharrell Williams.
  Es la moda.

(Publicado este mes en mi columna "Bajo presupuesto" de la revista Marvin)

domingo, 14 de septiembre de 2014

La orgía perpetua

Mi desgastada edición.
Gran obra de Mario Vargas Llosa, un extenso, exhaustivo y espléndido ensayo sobre Gustave Flaubert y su novela Madame Bovary. El escritor peruano revisa a detalle una cantidad enorme de aspectos del libro flaubertiano y lo analiza a profundidad desde varias perspectivas: subjetivas, objetivas, históricas, literarias, de contexto, de estilo, etcétera.
  Escrito en 1974, La orgia perpetua (Seix Barral) es un trabajo fascinante. El título se debe a una frase del propio Flaubert, quien la incluyó en una carta dirigida a su amiga, la señorita Leroyer de Chantepie: "La única manera de soportar la existencia consiste en aturdirse dentro de la literatura, como si fuera una orgía perpetua".
  Casi siempre ameno y muy instructivo (en especial para quienes tenemos a Madame Bovary como una de nuestras novelas favoritas de todos los tiempos), el largo ensayo tiene como único defecto (por llamarlo de algún modo) el hecho de que cada cita de Flaubert que refiere Vargas Llosa la pone en el francés original y no se toma la molestia de traducirla para los lectores que no hablan o leen esa lengua. Me parece una actitud ciertamente pedante y sí afecta a la comprensión de varias partes del volumen.
  Salvo eso, nos encontramos ante un estudio soberbio (en ambos sentidos del término) e imprescindible para los interesados en el creador de la novela moderna y su obra clave: el grandioso escritor galo Gustave Flaubert y su entrañable Señora Bovary. En lo personal, me gustó mucho.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ecocidio en Sonora

Aun cuando ha recibido una considerable atención de los medios, la catástrofe ecológica de los ríos Bacanuchi y Sonora, en el estado del mismo nombre, no parece conmover a la sociedad mexicana como ha sucedido en otras ocasiones, con otros desastres. No sé si se deba a que por fortuna no hay muertes que lamentar o a que la tragedia que están viviendo cientos de miles de sonorenses de siete municipios no resulta suficientemente “espectacular”, si se me permite el ingrato término.
  No ha habido movilizaciones o campañas humanitarias para ayudar a los damnificados. Nada que se parezca, por ejemplo, a lo que suele suceder cuando un huracán arrasa con alguna zona o una inundación provoca destrucción y desabasto. Como si la contaminación fuera un problema menor. Como si el criminal derramamiento de sustancias químicas en los dos ríos fuese algo sin importancia.
  Para colmo, el asunto se ha empezado a politizar, en especial por la discutible sensibilidad del gobernador panista Guillermo Padrés, quien ha comenzado a pelear con el gobierno federal y sus representantes, más preocupado al parecer por el destino de la “pequeña” presa que levantó en terrenos de su propiedad que de la suerte de sus conciudadanos. El funcionario mantiene grandes cantidades de agua retenidas en el embalse, mientras que miles de personas carecen del líquido en sus casas y en sus tierras de cultivo.
  Por suerte, ese mismo gobierno federal ya entró al quite y entre otras cosas ha logrado que Grupo México, propietario de la mina Buenavista, donde sucedió el derrame de ácido sobre las aguas de los ríos afectados, aporte dos mil millones de pesos para resarcir los daños. Ahora va sobre la presa.
  Urge que en la sociedad mexicana exista una mayor conciencia ecológica y que tragedias como ésta no queden como meras anécdotas. De otro modo, seguirán aconteciendo sin remedio.

* * * * *

A raíz de la catástrofe ambiental en Sonora, se está usando por todas partes el terminajo “remediación”. ¿De dónde lo sacaron? Esa palabra no existe en español. No añadamos, al desastre ambiental, la contaminación de nuestro idioma.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

viernes, 12 de septiembre de 2014

Diego de Montparnasse

Estupendo libro de Olivier Debroise este Diego de Montparnasse (Lecturas Mexicanas No. 83, 1985) que cuenta y documenta la estancia de doce años de Diego Rivera en Europa, centrándose en la parte parisina, cuando vivió en el barrio de Montparnasse al lado de su entonces mujer, la rusa Angelina Beloff. Con un modo de narrar muy aceptable, Debroise nos lleva de la mano por el ambiente que a principios del siglo pasado reinaba en los círculos bohemios de París y la forma como Rivera se involucró con una serie impresionante de personalidades del mundo artístico y político de la época. Así, entre otros muchos, vemos desfilar a pintores como Picasso, Modigliani, Soutine, Zárraga, Braque, Léger o Siqueiros; a escritores como Apollinaire, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán y Ramón Gómez de la Serna; así como a políticos como Trotsky y Lenin. Hay otros personajes fascinantes, como Marevna (quien fuera amante de Diego) e Ilya Ehrenburg, gran amigo del pintor mexicano.
  El libro nos descubre cómo Rivera se involucró en el movimiento cubista o cómo padeció los efectos de la Primera Guerra Mundial, así como la manera en que se mantuvo lejos de México -más por las circunstancias que por voluntad propia- durante los años de la revolución.
  Aunque no es amena todo el tiempo, la prosa de Olivier Debroise se deja leer y el resultado final es satisfactorio y, sobre todo, ilustrativo.
  Una obra muy buena y muy recomendable.

jueves, 11 de septiembre de 2014

La radio en rojo y negro (Programa 1)


Pues no me esperé la semana que me iba a esperar y decidí grabar el primer programa de mi podcast La radio en rojo y negro, dedicado a la pieza "Brown Shoes Don't Make It" de Frank Zappa, incluida en su álbum Absolutely Free, de 1967, al lado de The Mothers of Invention. La emisión dura quince minutos. Espero ir perfeccionando poco a poco el proyecto radiofónico.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La radio en rojo y negro (Programa 0)


Me vino a la cabeza la idea de realizar un proyecto más o menos radiofónico, por medio de podcasts de no más de quince minutos en los cuales pueda dar opiniones, comentarios, información, noticias, etcétera, sobre diferentes temas, pero especialmente sobre música. Este podcast es de prueba y lo hice sobre el tema de la intolerancia a las opiniones, tomando como ejemplo el caso de mis recientes comentarios acerca de la música de Gustavo Cerati y algunas de las reacciones que han provocado. Aún estoy en periodo de pruebas, pues, y pronto elaboraré el programa No. 1. A ver qué les parece esta pequeña emisión de siete minutos.

martes, 9 de septiembre de 2014

Pájaros de cuenta

Seis años de ausencia no es poca cosa, pero valdrán la pena si al regreso se trae algo bueno consigo. Es el caso de los Counting Crows, el legendario grupo de San Francisco, California, que lograra una merecida fama en los años noventa, en especial con su álbum debut August and Everything After de 1993, y que desde que sacó el Saturday Nights, Sunday Mornings de 2008 no había vuelto a grabar en estudio. No obstante, he aquí que estos cuervos han retornado con un nuevo plato bajo el brazo y hay que decir que se trata de un plato nutritivo y delicioso.
  Contra lo que se pudiera pensar, a lo largo del más reciente sexenio los Counting Crows no se mantuvieron inactivos. Todo lo contrario: siguieron tocando en giras constantes, fruto de lo cual fue su triada de discos en concierto de 2011, 2012 y 2013. Sin embargo, no se habían decidido a sacar nuevo material y es hasta ahora que regresan y lo hacen a lo grande con Somewhere Under Wonderland (Capitol/Virgin EMI, 2014), un álbum jubiloso, lleno de espléndida música.
  Hay una gran frescura en las nueve canciones que conforman a esta flamante grabación, aparecida apenas la semana pasada. Algún lugar bajo el País de las Maravillas arranca con “Palisades Park”, una larga pieza de ocho minutos en la que se recorren diversos paisajes, en un paseo musical que nos recuerda a la “Foreigner Suite” de Cat Stevens.
  Las ocho piezas restantes son tanto o más buenas que la primera. Así, vamos de la irresistible y paulsimoniana “Earthquake Driver” a la rocanrolerísima “Dislocation” y de la suave y dulce “God of Ocean Tides”, bella y acústicamente folkie, a la contundente “Scarecrow” que en mucho rememora a Neil Young y su Crazy Horse.
  “Elvis Went to Hollywood” es un tema muy a la Counting Crows, con ciertos toques de R.E.M., en tanto que “Cover Up the Sun” es una rápida y estupenda balada country. Cierran el disco la extraordinaria y cuasi rollingstoniana “John Appleseed’s Lament”, con su gran juego de guitarras, y la calma y bellísima “Possibility Days”.
  Un trabajo sobresaliente de estos cuervos de cuenta.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 8 de septiembre de 2014

Algo bizarro sobre la palabra bizarro

Soy uno de esos anticuados defensores del idioma español y abomino de los terminajos que suelen contaminarlo. Ahora mismo, flota por ahí un sustantivo horrendo, "remediación", que escucho repetirse en los medios y que no es sino una traslación (y no una traducción) de la palabra inglesa remediation (remedio, arreglo). Algo muy similar acontece con la espantosa expresión "hace sentido", traslación igualmente directa del make sense inglés, cuando en español se dice "tiene sentido". Así pasa con otras muchas palabras (verbos infectos como "mentalizar", "promocionar", "implementar" y un largo etcétera).
  No obstante, existe una palabra que creo debería ser aceptada en la acepción que la utilizan extraoficialmente muchos hablantes de nuestro idioma. Me refiero a "bizarro" que si bien en español significa "bravo, valiente", es muy usado con el significado que se le da en lenguas como el inglés y el francés, es decir, como sinónimo de algo fuera de lo común. Creo que debería ser aprobada por la Real Academia Española, ya que se requiere de una palabra que diga algo más que simplemente "raro" o "extraño". Bizarro posee una fuerza especial y única y pienso que tendría que ser parte de nuestro léxico.

domingo, 7 de septiembre de 2014

At the zoo

Para Adolfo Cantú, por su gran amor a los mexicanos.

Pues sí, gracias a la devaluación de Mister Peso no pude salir de vacaciones. Había planeado con mis hijos ir a conocer la nueva autopista a Oaxaca y, en una de esas, seguirnos hasta Chiapas (concretamente hasta San Cristobal de las Casas para ver qué onda). Pero hicimos números y nos dimos cuenta de que apenas nos alcanzaba para llegar a San Martín Texmelucan o Río Frío. Así pues, decidimos quedarnos en el DF y visitar el nuevo zoológico de Chapultepec. ¡Craso error!
  Acudimos al feudo de María Elena Hoyos el pasado viernes, con toda la ingenuidad y candidez del universo. “Como todo mundo anda fuera, no creo que haya mucha gente”, les dije a mis chavos. ¿Qué no? ¡Uta, parecía romería! Hicimos una cola enorme para entrar y una vez dentro fue casi imposible ver a los pobres animales que, aparte de estar enjaulados, tienen que soportar las miradas de miles de seres verdaderamente patéticos. Como no logramos observar a las jirafas, los elefantes, los papiones sagrados o los pandas, nos dedicamos a examinar y a clasificar a esa otra fauna: la que deambula por los pasillos como quienes están en su casa y hacen lo que se les viene en gana. He aquí el resultado de nuestra investigación de campo, con la descripción de algunos ejemplares notables:
  El sabio empírico (Opinatus pontificius). Se trata de una bestia vestida de pantalón corto, sandalias y camiseta de rayas horizontales que ante la jaula de los bisontes dice “¡Miren, unos búfalos!”, ante la del guanaco exclama “¡Una llama!” y ante los pecaríes asegura ver jabalíes. Nada tiene de malo equivocarse tan rotundamente, pero esta clase de individuo insiste en confundir a los animales y grita para que todos lo escuchen.
  La enajenada disneyana (Videocentrus asidum). Es madre de siete chamacos que a duras penas logra controlar. A todos los retaca de papas fritas  y chatarras y los ayuda a hacer pipí cuando no hay guardias cerca. Ante la jaula de los leones, grita a su descendencia: “¡Vean, son Simba y Nala!”, lo que significa que ha visto El Rey León hasta la saciedad. Por supuesto, los venados serán “bambis” y los elefantes “dumbos”, etcétera.
  Los vándalos bandosos (Bibisandbotjed vulgaris). De comportamiento impredecible, estos seres suelen ir en grupos de vestir todos igual: mezclilla, tenis, camisetas con leyendas jevimetaleras, peinados seudopunks. Al llegar junto a las jaulas se empujan botados de la risa y empujan a los demás, sin importarles mayor cosa. Avientan cosas para ver a quién le caen en la cabeza. Entre las palabras de su escaso lenguaje sobresalen los términos “chale”, “órale”, “hijo” y “¿ya vistes carnal?”. Ríen con un extraño sonido gutural.
  Los consumidores compulsivos (McDonaldus aferratus). Al zoológico no dejan meter comida, pero adentro hay una jugosa concesión al McDonalds y es ahí donde gran cantidad de ejemplares gustan pasar el tiempo, tomando el sol y devorando hamburguesas, malteadas y demás antojitos mexicanos. Los hábitos de esta rama zoo(i)lógica son muy peculiares a la hora de comer, pues lo hacen de dos bocados y luego se tiran de panza para reposar los alimentos. Un espectáculo conmovedor.

(Publicado en mi columna "Bajo presupuesto" de la sección cultural del diario El Financiero, el viernes 6 de enero de 1995)

sábado, 6 de septiembre de 2014

El aeropuerto de todos tan temido

Cuando durante el sexenio de Vicente Fox se frustró la posibilidad de construir el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, debido al famoso Atencazo, pareció que la idea quedaría enterrada por los siglos de los siglos… o hasta nuevo aviso.
  Mas he aquí que ha venido ese nuevo aviso y de una manera ciertamente sorpresiva. El presidente de la república anunció con bombo y platillo que sí se levantará ese megaproyecto y que además los terrenos donde estará ya fueron adquiridos y no tendrá por qué haber protestas de los macheteros y anexas (aún no me queda claro si dichos terrenos pertenecen al Distrito Federal o al Edomex).
  No sé si los activistas de Atenco busquen otro motivo para movilizarse, pero en lo que se deciden, ya las redes sociales empezaron a criticar lo del aeropuerto, como si no fuese urgente su construcción, dado que el actual, con todo y sus dos terminales, sencillamente no se da abasto.
  Se dice que por qué no mejor, con los miles de millones que se van a invertir, el gobierno se pone a hacer hospitales y escuelas. Eso suena muy políticamente correcto, pero una cosa no impide la otra. Se necesitan más sanatorios y centros escolares, sí, pero también se requiere una nueva central aérea, a la altura de las que hay en las principales ciudades del mundo.
  Aparte de la evidente belleza arquitectónica, durante los años que dure su construcción se van a generar, por necesidad, decenas de miles de fuentes de trabajo y la derrama económica beneficiará a mucha gente del oriente de la ciudad. ¿Qué también va a beneficiar a los contratistas? Pues sí. ¿Que hará que muchos políticos se levanten el cuello? También.
  El problema de fondo, en realidad, es que esos contratistas y esos políticos no pertenecen al bando de los que ya están empezando a protestar, aunque lo disfracen de preocupación por el bienestar del pueblo, etcétera.
  Por mucho tiempo se temió a la simple idea de retomar el proyecto del AICM, no fuera que aquellos se enojaran. Qué bueno que se haya perdido el miedo y que se actúe con determinación. ¡A volar!

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 5 de septiembre de 2014

I Wanna Hold Your Hand

Hay películas que me encantan y que, sin embargo, en su momento fueron sonoros fracasos de público. Es el caso de dos cintas muy relacionadas entre sí: I Wanna Hold Your Hand de Robert Zemeckis (1978) y 1941 de Steven Speilberg (1979). Ambas me resultan divertidísimas y sin embargo, la mayoría de los críticos coinciden en despreciarlas, en especial a la segunda, de la cual escribiré otro día.
  Volví a ver I Wanna Hold Your Hand, después de muchos años, y la disfruté tanto o más que la primera vez. El filme marcó el debut como director de Zemeckis (quien más adelante realizaría la saga de Volver al futuro y varias buenas películas más) y es una obra plena de frescura, ingenio, ironía y magnífico humor. La historia se desarrolla durante los días en que los Beatles visitaron los Estados Unidos por primera ocasión y se centra sobre todo en su actuación en El Show de Ed Sullivan. Sin embargo, la trama sigue en primer plano a un grupo de adolescentes de ambos sexos que mueren por ver a los de Liverpool en persona y hacen todo por lograrlo. Cuatro jovencitas y tres chavos son los principales protagonistas y los líos en que se meten hace que uno la pase de maravilla con ellos.
  Con actuaciones sensacionales como las de Nancy Allen (quien ya tenía veintiocho años en la vida real y no obstante se ve como una teenager), Theresa Saldana, la genial gordita Wendy Jo Sperber, Susan Kendall Newman, Bobby Di Cirico, Marc McLure y el delirante Eddie Deezen (en el papel de un beatlemaniaco realmente maniaco), Quiero estrechar tu mano es una absoluta delicia y tiene momentos verdaderamente antológicos y hasta cachondos (le escena de Pam -Nancy Allen- prácticamente fajándose al bajo de Paul McCartney es inolvidable).
  Producida por Spielberg, la cinta debería ser revalorada y no permanecer, como ahora, prácticamente sumida en el olvido. Yo la gocé muchísimo de nueva cuenta.