viernes, 19 de agosto de 2016

My Bloody Valentine / Loveless (1991)

He aquí uno de esos discos que podemos llamar perfectos. La obra maestra de My Bloody Valentine, el sumum de su propuesta de oscuro noise pop a plenitud. Una obra tan sensual como sexual, tan intensa como desgarrada, tan furiosa como seductora, tan provocativa como apabullante.

Mejor tema: “Only Shallow”

miércoles, 17 de agosto de 2016

A Roma con amor

Creo que el mayor problema de To Rome With Love (2012), la película No, 41 de Woody Allen, es que un año antes el director había filmado la maravillosa Midnight in Paris. Esto hace que inevitablemente las comparemos y que la cinta romana resulte minimizada por la parisina.
  Sin embargo, si evitamos esta comparación, en realidad A Roma con amor resulta un filme amable, grato y divertido, con sus cuatro historias paralelas que jamás se entremezclan (un poco a la manera de aquellas grandes películas del neorrealismo italiano -como Bocaccio 70 o Ayer, hoy y mañana, que contaban tres o más cuentos por separado).
  La había visto en el cine, en su momento, y no me gustó tanto (quizá justamente por su inmediato antecedente que me fascinó y me sigue fascinando), pero esta segunda visión me hizo justipreciarla de mejor manera y debo decir que la disfruté mucho, gracias a lo deliciosamente absurdo de algunas de sus situaciones. Cierto que hay una especie de visión turística y promocional de la bellísima capital italiana (conocerla es un pendiente que tengo en la vida), pero lejos de incomodar, nos hace disfrutarla por su estética fotografía toda llena de ocres. Imagino que hubo una especie de trato con las autoridades romanas para facilitar la filmación a cambio de ese retrato preciosista de la ciudad, lo cual no estorba al desarrollo de las historias que se narran y en las que interviene un casting de actores que incluye a Alex Baldwin, Penelope Cruz, Roberto Benigni, Judy Davis, Jesse Eisenberg, Ellen Page y Greta Gerwig, entre otros.
  No es una obra maestra, pero tampoco un fallo dentro de la filmografía de Allen. Ahora me gusta más.

martes, 16 de agosto de 2016

Ruta 61


La Ruta 61 (Highway 61, como diría Bob Dylan) es el camino que recorrieron muchos de los grandes maestros del blues estadounidense para trasladarse del sur profundo a ciudades más al norte, como Memphis y Chicago. Es la ruta que representa la evolución del blues rural al blues eléctrico, la simbólica senda iniciática para todo bluesman que se respete.
  El Ruta 61, en cambio, es un bar blusero enclavado en la colonia Hipódromo Condesa, en avenida Baja California casi esquina con Nuevo León, en plena Ciudad de México, y desde hace más de una década representa un bastión para todos los amantes del blues y un lugar en el que grupos y solistas dedicados a ese género primordial han tenido oportunidad de mostrar cada noche sus muy diversos proyectos musicales.
  Dirigido desde un principio por su propietario, el entusiasta Eduardo Serrano, el Ruta 61 ha vivido instantes de gloria y hoy pasa por momentos difíciles que amenazan con su desaparición.
  Amo este lugar en lo particular, porque durante seis años (de 2004 a 2010) toqué ahí con mi grupo Los Pechos Privilegiados y los recuerdos acumulados son muy gratos. Eso en cuanto a lo meramente personal. Pero en otros aspectos, ahí se han presentado no sólo las mejores agrupaciones del blues nacional, sino muchos grandes bluseros de otros países, incluidos Argentina y, por supuesto, los Estados Unidos.
  Decorado como un verdadero blues bar y con un ambiente irresistible, el Ruta 61 merece permanecer abierto y seguir adelante con su magnífica labor en pro del arte y como fuente de empleo para músicos y empleados. Las autoridades de la delegación Cuauhtémoc harían bien en apoyarlo y dar facilidades para su sobrevivencia. Mas en tanto ello sucede, los amantes del blues y de esa fantástica sede podemos apoyarla económicamente por medio del sitio Fondeadora. En la siguiente dirección de internet puede usted conocer los detalles: https://fondeadora.com/projects/salvemos-la-casa-del-blues-en-mexico.
  Salvar al Ruta 61 de la desaparición es sin duda una muy buena obra que su buen oído y su buen gusto musical agradecerán. Porque como decía Gary Moore: “The blues is allright”.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 15 de agosto de 2016

London Calling

La obra maestra de The Clash y quizá del punk entero. London Calling (1979) es un álbum doble (algo inusual entre los grupos punks) y a pesar de su extensión y de sus diecinueve temas, se trata de una grabación que jamás decae en intensidad y calidad musical. 
  Luego de un disco relativamente flojo como Give ’Em Enough Rope (1978), resultaba en extremo difícil pronosticar que el grupo pudiera hacer no sólo un trabajo fuera de serie sino siquiera algo cuando menos bueno. Por fortuna, lo que Strummer y compañía lograron fue un gran plato, exquisito, amplio, lleno de frescura e inventiva. Esta vez los aciertos comenzaron desde la elección del productor. En efecto, a diferencia del metalero Sandy Pearlman, Guy Stevens (Mott the Hoople) era un tipo mucho más abierto y creativo y supo cómo llevar el sonido de The Clash a un punto de absoluta originalidad y lograr, como dijo alguien, que la estética del punk se incorporara de manera definitiva al rock. Hay en London Calling una enorme variedad de referencias a los más diversos géneros musicales, desde –por supuesto– el punk puro y el reggae, hasta el ska, el rock duro, el rockabilly, el blues, el jazz a la Nueva Orleans, el swing, el rhythm & blues e incluso el pop, todo unido por un muy saludable eclecticismo. En cuanto a las letras, la mayoría mantiene la posición crítica que lo mismo cuestiona a los políticos que al sistema económico generador de violencia, miseria, desempleo, racismo y toda clase de discriminaciones. Hay rabia, sí, pero también ironía y humor. Es como si de pronto, a fines de los años setenta, The Clash resumiera musical y letrísticamente toda la rebeldía contenida en el rock and roll desde sus orígenes cincuenteros. Veinticinco años de rocanrolear resumidos de manera genial en un solo álbum. 
  Vistos de manera individual, los diecinueve cortes son magníficos. Desde el inicial “London Calling” –con su inquietante y angustiosa atmósfera, su cortada guitarra en staccato, su ritmo hipnótico– hasta el concluyente y esplendoroso “Train in Vain” –con sus preciosas armonías cuasi poperas (existe un cover maravilloso de Annie Lennox, por cierto)–, pasando por el desafiante rocanrolerismo surfero de “Brand New Cadillac”, el blues acompasado de “Jimmy Jazz”, el encanto contradictorio de “Hateful”, la divertida celebración reggae de “Rudie Can’t Fail”, el sardónico jugueteo (partes “en español” incluidas) de “Spanish Bombs”, el ebrio festejo a la memoria de Montgomery Clift de “The Right Profile”, la fina delicia melódica de “Lost in the Supermarket”, el pop setentero a la british de “Clampdown”, el misterio sensual y rastafariano de “The Guns of Brixton” (con un sonido que muchos años más tarde tomaría “prestado” Gorillaz), la gracia al mismo skasera y nuevaorleandesa de “Wrong ’Em Boyo”, el entusiasta himno rocanrolero de “Death or Glory”, el burlón infantilismo de “Koka Kola”, los ecos a la Motown (pared de sonido incluida) y a la Beach Boys (en Pet Sounds) aunque también tijuaneros (pero por Herp Albert y sus Tijuana Brass) de “The Card Cheat”, la ternura stoniana de “Lover's Rock”, la alegría desmadrosa de “Four Horsemen”, los rastros kinkófilos de “I'm Not Down” y el retorno al reggae jamaiquino de “Revolution Rock”. 
  Un gran álbum y, como la cereza del pastel, una gran portada, con Paul Simonon en el trance de destruir su bajo contra el piso. Cuenta la leyenda, por cierto, que en la edición original, “Train in Vain” no venía anotada en la lista de canciones, debido a que los integrantes de The Clash la consideraban demasiado comercial y por lo mismo, indigna de figurar en el forro: con el tiempo se convertiría, literalmente, en la joya escondida de London Calling.

(Reseña que escribí para el Especial de La Mosca en la Pared No. 20, dedicado a The Clash y publicado en mayo de 2005)

domingo, 14 de agosto de 2016

Un poema de Sabines

¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?
¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?
¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?
¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?
¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?
¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?
¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?


sábado, 13 de agosto de 2016

Ellos, los corruptos

La corrupción es un fenómeno histórico profundamente arraigado en la sociedad mexicana y casi podríamos decir que existe desde que Hernán Cortés fundó el primer Ayuntamiento español, en la Villa Rica de la Veracruz, hace 497 años.
  A lo largo de esos prácticamente cinco siglos de historia nacional, la corrupción ha campeado y se ha escurrido como un líquido negro y espeso hasta humedecer y empapar no sólo a las élites gobernantes, desde la Colonia española hasta la actualidad, sino a la enorme mayoría de los novohispanos, primero, y los mexicanos, después.
  No deja de ser paradójico y hasta un tanto cínico que, a pesar de eso, nadie se asuma como corrupto. Los corruptos siempre son ellos, los otros, no nosotros que somos impolutos y por eso podemos acusarlos con dedo flamígero y sin remordimientos de conciencia.
  Lo vemos en el caso de los dos gobernadores de Veracruz, el que todavía está en funciones y el que acaba de ser electo, quienes se encuentran en un torneo de acusaciones mutuas para ver quién es el más corrupto de los dos y ambos tienen argumentos contundentes para atacarse. Mientras tanto, nosotros los miramos con vergüenza e indignación, al tiempo que damos mordidas al policía de tránsito para librarnos de que se lleve el carro al corralón o compramos mercancía pirata en los puestos callejeros.
  Se dirá que no es lo mismo robar del erario que adquirir la más reciente película de moda por 20 pesitos. Por supuesto que no es lo mismo..., cuantitativamente hablando. Pero ambos son casos de corrupción, aunque busquemos justificarnos.
  Corrupción es hacerse rico desde los puestos públicos o los partidos políticos, pero también lo es heredar plazas sindicales; corrupción son las mansiones de los funcionarios gubernamentales o el obtener títulos “profesionales” en los portales de Santo Domingo; corrupción son las casas blancas, pero también presumir de honestidad y entregar declaraciones 3de3 de risa loca.
  ¿Podrá erradicarse algún día la corrupción en nuestro país, no sólo la de los dineros sino, sobre todo, la corrupción como fenómeno cultural? Habrá que seguir con el tema.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 12 de agosto de 2016

Un revólver de medio siglo

El tiempo pasa con sorprendente rapidez y este mes de agosto se celebran los primeros 50 años 
de la aparición de uno de los discos más importantes de los Beatles: el genial Revolver.

“Prefiero morir antes de cumplir los 30 años”, cantaba The Who hace cinco décadas en “My Generation”. No deja de ser irónico que tanto el cantante como el compositor de esta emblemática canción de 1965 sean hoy orgullosos setentones, con ninguna gana de morir.
  Pues así como los roqueros siguen cumpliendo años, también lo hacen los grandes álbumes clásicos que aquellos produjeron y uno de los ejemplos más preclaros es el de Revolver, el grandioso disco de los Beatles que vio la primera luz el 5 de agosto de 1966 y que acaba de cumplir medio siglo de feliz e inspiradora existencia.
  Ese año, el cuarteto originario de Liverpool, Inglaterra, se encontraba en la cúspide de su popularidad, aunque todavía llegaría más alto. Un año antes había grabado el estupendo Rubber Soul y un año después haría lo propio con el que muchos consideran su mejor trabajo: el revolucionario Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.
  Pero Revolver no fue menos trascendente y significo un gran cambio en la carrera de los Beatles, así como su ingreso pleno en la era de la psicodelia. No por nada, en ese mismo 1966 se grabaron discos grandiosos y hoy clásicos como Blonde on Blonde de Bob Dylan, Freak Out de Frank Zappa, The Piper at the Gates of Dawn de Pink Floyd, Aftermath de los Rolling Stones, Pet Sounds de los Beach Boys, Face to Face de los Kinks, A Quick One de The Who, Sunshine Superman de Donovan, Fresh Cream de Cream, Takes Off de Jefferson Airplane, If You Can Believe Your Eyes and Ears de The Mamas & the Papas, Over Under Sideways Down de los Yardbirds y el Sounds of Silence y el Parsley, Sage, Rosemary and Thyme de Simon y Garfunkel, además del homónimo álbum debut de Buffalo Springfield. Un año más que productivo y generoso en buena música.
  Si bien Rubber Soul (1965) había apuntado un cambio en el desarrollo de los Beatles como compositores e intérpretes, fue con Revolver que dieron el paso definitivo hacia su transformación en un grupo eminentemente de estudio. Todavía no abandonaban las giras y los conciertos masivos, pero estaban a punto de hacerlo y este disco les dijo que tenían que pasar a un nuevo estadio cualitativo.
  En pleno descubrimiento idealizado de las drogas psicodélicas, especialmente el LSD, el grupo se metió de lleno en la experimentación musical y letrística, sobre todo en canciones como la viajada “I’m Only Sleeping” y la extraordinaria “Tomorrow Never Knows” (ambas de John Lennon), pero también incursionó en la composición de temas que casi podríamos llamar académicos por su perfección melódica, armónica e instrumental. Desde el extraordinario arreglo de cuerdas de la maravillosamente pesimista y dramática “Eleanor Rigby” y la dulce sencillez melancólica de la bachiana “For No One”, hasta el delicado compás amoroso de “Here, There and Everywhere” y el entusiasta y restallante optimismo de “Good Day Sunshine” (las cuatro de Paul McCartney).
  George Martin jugó un papel esencial como productor y arreglista en Revolver y mostró como siempre su apertura y disposición para materializar todas las ideas que surgían de las cabezas de los de Liverpool. Gracias a ello, el álbum muestra una notable variedad de estilos no sólo en la escritura de las canciones sino en la forma como fueron vestidas instrumentalmente. Así, el escucha pasa de un corte con cítaras y percusiones hindúes (“Love You To”) a uno en el cual los metales brillan en toda su potencia soulera (“Got to Get You into My Life”) o va de una tonada festiva y casi infantil (“Yellow Submarine”) a una ácida, ambigua y filosa referencia a los distribuidores de drogas (“Dr. Robert”). Pero hay otras piezas que resaltan por su singularidad. Ahí está la inicial “Taxman”, escrita por George Harrison, con su agria protesta contra los recaudadores de impuestos, o la preciosamente extraña y hermética “And Your Bird Can Sing” de la cual Lennon juraba no recordar cómo la compuso. Y qué decir de la psicodélica “She Said She Said” y la hipnóticamente harrisoniana “I Want to Tell You”, dos melodías sin mácula.
  La perfección de Revolver resulta impresionante y no sorprende que para muchos críticos sea el mejor trabajo en la historia de los Beatles. Tal vez no estén del todo equivocados.

A manera de postdata: dos meses antes, en ese mismo año de 1966, en los Estados Unidos apareció el álbum Yesterday and Today (aquel con la portada de la carnicería de muñecas que tanto escándalo causó y que tuvo que ser rápidamente reemplazada). El disco contenía seis canciones tomadas de las versiones inglesas de Help! (“Act Naturally” y “Yesterday”) y Rubber Soul (“Drive My Car”, “Nowhere Man”, “If I Needed Someone”, “What Goes On”), así como los sencillos “Day Tripper” y “We Can Work It Out”. En forma de adelanto, se incluyeron tres temas del Revolver: “I’m Only Sleeping”, “Dr. Robert” y “And Your Bird Can Sing”.

(Publicado el día de ayer en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

jueves, 11 de agosto de 2016

¿Es rebelde el rock?

Uno de los grandes mitos generados por el rock es la idea de que en sus orígenes se trataba de una música rebelde y contestataria que iba contra lo establecido y peleaba contra “el sistema”. Sin embargo, si revisamos la historia del género, veremos que en realidad las cosas sucedieron de manera un tanto diferente.
  Si convenimos en que el rock n’ roll nació a mediados de los años cincuenta de la pasada centuria, como una fusión entre el rhythm n’ blues negro y el country & western blanco, entonces sus primeros intérpretes no fueron precisamente unos combatientes sociales, mucho menos políticos. Chuck Berry, con todo y sus letras críticas y poéticas, no tenía en la mira transformar al capitalismo sino servirse de él lo más posible. Cierto que él, como Little Richard o Jerry Lee Lewis, llegaron a romper algunas normas del convencionalismo reinante (Ricardito con su obvia homosexualidad; Jerry Lee al casarse con su prima de 13 años), pero hasta ahí. El mismo Elvis sólo revolucionó la manera de moverse en el escenario, con sus gestos provocativos y sexosos, pero en el fondo era tan conservador como cualquier miembro del Partido Republicano.
  Se dirá que en los sesenta las cosas cambiaron y sí. De hecho, pienso que la revolución más importante del siglo XX fue la de las mentalidades y los hábitos culturales que se dio entre 1965 y 1971, en la que el rock jugó un papel muy importante. Pero las causas reales de esa revolución cultural son mucho más profundas que un mero género musical. Cierto, ahí estuvieron Bob Dylan y los Beatles, los Rolling Stones y The Who, Frank Zappa y David Bowie. Todos ellos revolucionaron la música y diversos aspectos de la cultura. Mas a su lado había muchísimas figuras que se ajustaban a lo establecido y preferían conservarse en ello. El rock en general no mantenía una actitud rebelde más allá de las apariencias. Los mismos músicos mencionados, salvo Zappa, terminaron integrados al odiado “sistema”, algo que sucedería también, años después, con el anárquico punk, en un principio desafiante de todo y finalmente mediatizado por la industria. ¿Pero en México qué sucedió?

Rebeldes mexicanos con causa
A principios de los años sesenta, se utilizaba mucho la expresión “rebeldes sin causa”, para definir a jóvenes vagos y pandilleros, enchamarrados, enmezclillados, envaselinados, con cadenas y botas de charol que gustaban del rocanrol. Esto era por supuesto un estereotipo que el cine mexicano explotó hasta la náusea con películas moralistas y maniqueas, en las que los “rebeldes” eran siempre malos pero redimibles.
  ¿Era entonces el rock nacional primigenio una manifestación de rebeldía contra el sistema? Nada más lejos que eso. En México, el rock n’ roll nació en la segunda mitad de los años cincuenta, primero como una mera imitación de músicos adultos (como la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz y similares) de lo que se hacía en los Estados Unidos y luego, cuando lo rescataron los jóvenes, fue más que nada interpretado por chavos de la clase media alta, con el poder adquisitivo suficiente como para comprar los caros instrumentos musicales que se necesitaban. Además, en su mayoría se dedicaron a adaptar los éxitos de gente como los ya mencionados Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Ricardito y Elvis Presley, con letras en español, y las composiciones propias fueron tan notables como escasas. El grito más rebelde y provocador de esos años fue del cantante de los Locos del Ritmo, Toño de la Villa, y decía: “yo no soy un rebelde sin causa, ni tampoco un desenfrenado, yo lo único que quiero es bailar rocanrol y que me dejen vacilar sin ton ni son”. Nada, pues, como para poner a temblar al sistema.
  Tal sería el destino del rock que se haría en nuestro país a lo largo de las décadas siguientes. A fines de los sesenta y durante los setenta, por ejemplo, los rocanroleros y la izquierda estuvieron más que divorciados, ya que ésta tendía más hacia la llamada música latinoamericana y consideraba al rock como una manipulación perversa del “imperialismo yanqui” para enajenar a la juventud mexicana, etcétera.
  Las cosas cambiarían diez años más tarde, mas sólo en apariencia.

Rebeldes de telenovela
Se me podrá argüir que a fines de los sesenta y principios de los setenta el rock que se hace en México adoptó una posición contracultural, como se vio en el festival de Avándaro en 1971, y aun concediendo que algunos grupos cantaban contra la represión y la guerra, en realidad sus posturas no eran sólidas y pecaban de una ingenuidad jipiteca que hoy más bien provoca ternura.
  Tampoco el surgimiento del rock marginal y los tristemente famosos hoyos fonkis (Parménides García Saldaña dixit) eran precisamente manifestaciones de “la rebeldía originaria del rock”, rebeldía que como ya vimos es más un mito que una realidad.
  Llegamos entonces al México de los años ochenta, cuando surgen fenómenos como el rock rupestre (que en muchos casos era rock pedestre) y el rock militante, los cuales pervivirían también en el siguiente decenio. En el primer caso, cuando menos existía una conmovedora sinceridad y un intento por escribir letras poéticas y “con mensaje”, pero nada más; en el segundo, los grupos que lanzaban consignas políticas en años como 1988 o 1994, eran los mismos que se acogieron alegremente a la oportunidad de aparecer en la tele, en programas tan revolucionarios como Siempre en domingo, las emisiones nocturnas de Verónica Castro o el show de Paco Stanley (y sí, hablo de Caifanes, La Maldita Vecindad, Café Tacuba, etcétera).
  De lo que sobrevino a partir de eso y hasta el presente, mejor ni hablemos. Si el rock nacional, en su totalidad, jamás fue en verdad rebelde o contestatario, hoy sería un mal chiste pretender que lo sea. Nunca como ahora grupos y solistas se encuentran en una zona de confort de la que no se quieren mover, mientras puedan tocar en el Vive Latino y demás festivales patrocinados por empresas representantes –¡San Carlos Marx nos ampare!– del horrendo capitalismo.
  Nuestros roqueros son rebeldes, sí, pero de telenovela.

(Ensayo publicado hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música que coordino para la revista Nexos)

miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Fechas indeterminadas?

Pocas cosas tan determinadas como una fecha. Si decimos que la revolución mexicana se inició el 20 de noviembre de 1910 es porque el hecho sucedió ese día y no otro. Si afirmo que nací el 26 de marzo de 1955 es porque nací precisamente ese día. Son fechas perfectamente determinadas y por ello se les antepone el artículo determinado.
  No entiendo entonces esa bárbara tendencia a decir o escribir cosas como "Benito Juárez vino al mundo un 21 de marzo de 1806". ¿Cómo que un 21 de marzo? ¿Pues cuántos 21 de marzo hubo en 1806? No debe aplicarse por tanto el artículo indeterminado a un día determinado y preciso. Puede decirse, sí, que don Benito nació un 21 de marzo, pero sin precisar el año. Entonces si queda indeterminada la fecha exacta. Pero al momento en que ponemos que fue en 1806, el artículo tiene que ser determinado por necesidad.

martes, 9 de agosto de 2016

Marca Guadalajara

Eso de ponerle marca a las ciudades parece ser una nueva tendencia, tal como vimos desde hace dos o tres años con las famosas siglas CDMX del ex DF gobernado por Miguel Ángel Mancera.
  No me queda claro si se trata de algo igual, pero el caso es que el 1 de agosto pasado fue subido a YouTube (y difundido también en redes sociales y otros medios) un video bastante sui generis. Se trata de un arreglo sobreproducido e híper nice de la canción “Guadalajara” de Pepe Guízar, con el que alguien, desde un extraño anonimato (no me queda claro si se trata de una empresa privada o de la propia alcaldía de la capital jalisciense), decidió lanzar “la marca” Guadalajara Guadalajara, según esto para difundir los valores positivos de la ciudad, etcétera.
  Con dicho fin, se convocó a algunos músicos del pop y el rockcito nacionales (varios de ellos sin relación alguna con Guadalajara) para producir uno de esos clásicos videos cursilones en los que cada “artista” va cantando una línea de la canción. Todos los participantes se ven en extremo sobreactuados, como si trataran de mostrar un entusiasmo que a todos luces se ve falsísimo. Aparecen, entre otros, Javier Martín del Campo (ex de La Revolución de Emiliano Zapata, tapatío él), Alfonso André (?), Cecilia Toussaint (?), José Fors, la Cuca, Dr. Shenka de Panteón Rococó (¿?), Celso Piña, ¡Pato Machete! (¿pues no son de Monterrey estos dos?), Radaid (menos mal), Telefunka, Mike Laure Jr. (no miento), un mariachi, un grupo huichol con un chavito cantante medio higadezco y hasta un tipo rarísimo que trata de emular al cantante de Café Tacuba y que pertenece a un grupo llamado Fantástico.
  Por supuesto, todos se miran sonrientes y felices y lanzan grititos de ¡ayayay! (Speedy González style) a diestra y siniestra. Una cosa indigesta que nos hace preguntar: ¿y todo esto como para qué?
  Curiosamente, hace algunos años varios de los músicos del video grabaron el mismo tema, en apoyo a la candidatura del candidato de Movimiento Ciudadano a la presidencia municipal y actual alcalde de Guadalajara. ¿Será este video el inicio de una nueva campaña política del mismo personaje? Piensa mal y cantarás “¡Guadalajara, Guadalajaraaaaa!”.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio", en la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 8 de agosto de 2016

Paco Calderón: crítico desde la caricatura

Polémico, por completo distinto a los previsibles caricaturistas que inundan a la prensa progre y  políticamente correcta –y vilipendiado y acusado de “reaccionario” por lo mismo, Calderón es uno de los cartonistas más duros y críticos del país.

“Nací en 1959, en Coyoacán, que es enteramente distinto al que veo ahora; el que veo ahora me hace llorar”. Así se presenta Francisco Paco Calderón, tal vez el caricaturista político más polémico del país, quien se inició como cartonista en 1977, en El Heraldo de México, diario en el cual permaneció durante diez años. En l987 ingresó a Televisa, junto con Sergio Hiracheta, donde trabajó poco más de un año. Luego entró al periódico El Norte de Monterrey y “ahí inventamos el cartón que hasta la  fecha aparece en Reforma, cartón que con el tiempo ha ido evolucionando y ahora lo publican casi cuarenta diarios del país”. En 1991 recibió el Premio Nacional de Periodismo que otorga el Club de Periodistas y en 1992 y 2003 el Premio Nacional de Periodismo que otorga el gobierno de la república. En España ha recibido varias veces el Premio Quevedo y junto con los caricaturistas Helio Flores, Pedro Sol, Antonio Garci y Rafael Ruíz Tejada fue nombrado profesor honorario de la Universidad de Alcalá de Henares “y para alguien que nunca se recibió, es todo un honor”.

¿Por qué crees que debe haber crítica?
Debe haberla porque la crítica es la única forma de evaluarte y de mejorar. En los lugares donde se prohíbe la crítica, las sociedades se atrofian. La crítica es fundamental.

Y en un país como México, ¿es necesaria?
Totalmente. Creo que en nuestro país no tenemos una crítica a la altura de las circunstancias. En México educamos críticos de café, críticos que son como seminaristas en busca de dogmas. Y una vez que encuentran esos dogmas, dan gracias al cielo porque ya están completamente exentos de pensar por su cuenta. Repiten como papagayos todas las netas y verdades que tiene su dogma y luego no saben platicar con quien no tiene esas netas y esos dogmas. Nos falta aprender a ser autocríticos, aprender a digerir lo que se nos da. Si lo aprendemos, seremos tolerantes y si somos tolerantes, seremos democráticos y si somos democráticos, seremos prósperos. Todavía nos falta mucho, mucho, mucho.

¿Cuál ha sido tu experiencia como crítico?
Mi experiencia ha sido que en este país inmediatamente buscan la etiqueta con la cual catalogarte y dejar de ver tu trabajo, de valorarte, de ver si en tus capacidades puedes aportar algo sin prejuicio de visión. Sacas una cosa que toca alguno de los dogmas e inmediatamente te sacan la etiqueta de “caricaturista de derecha”. El político que me llevó a las páginas de la historia nacional como el primer caricaturista que se quejó públicamente de un político está en la peor bronca de su historia y en parte está en esa bronca porque este señor quiso a toda costa evitarse la crítica.

¿Cómo fue esa queja? ¿Nos puedes contar esa anécdota?
Hice una caricatura muy sonsa el año pasado, en la cual aparecía Brozo soplando y subía López Obrador a las alturas con la banda presidencial. No era un cartón ofensivo ni mentaba la madre, como luego se estila en la caricatura de este país. Se llamaba “El fin y los medios” y justo el día en que se publicó, estaba López Obrador con Brozo y éste le mostró el cartón. Entonces Andrés Manuel dijo: “¡Ah, es el caricaturista de la derecha! Le mando un saludo, pero hay que entender que es la opinión de la derecha”. Entonces, bueno, de eso se agarraron, de que “el caricaturista de la derecha”. Siempre cita un montón de nombres y a Paco Calderón como “el caricaturista conservador”.

¿Y que quieres conservar?
Siempre he estado por el cambio. Nunca he aplaudido a un dictador. Nunca he estado por la violencia. Este año publiqué un cartón en el cual criticaba a la prensa y decía que la prensa a un político le perdona todo y al otro le critica todo. Si el uno no lee, es un ignorante estúpido; si el otro no lee, nada se dice. Si el uno evade la responsabilidad y dice una burrada, ¡ah!, es un irresponsable; si el otro dice otra burrada, nadie dice algo. Pues no se qué callo pisé que al otro día, en su conferencia matutina, este señor aludió a mi caricatura y la citó textualmente. Me dio mala espina ver qué tan sensible tenía la piel ante una caricatura. Me gusta poner en ridículo a la gente cuando se lo gana, pero por lo general no me voy al ataque sangriento y despiadado. No te diré que era una caricatura suave, pero ciertamente hay caricaturistas más sangrientos. Y si una caricatura promedio recibe una indicación de tanta malicia, dices: “¡Guau! A este cuate no hay que tocarlo ni con pincitas”. Y tú ves la actuación del personaje  y todo ha sido “que no me digan, que no me critiquen, que me andan golpeando por todos lados”.



¿Tienes fórmula para hacer tus caricaturas?
Tengo la metodología de ver cómo va a salir el cartón y tengo un principio rector que es: “Sin odio y sin piedad”. Cuando criticas a alguien, lo tienes que hacer porque no estás de acuerdo con las políticas que está siguiendo. Te tienes que reír de la figura pública del personaje. Si el señor tiene problemas en casa, si tiene hijas feas, si tiene una amante, mientras eso no entre a la vida pública, a mí no me interesa y no me voy a ir por ahí. Si me voy por ahí, es porque ya tengo un odio y lo odio tanto que se vale todo. Cuando odias, lejos de atacar al personaje se te revierte y quien queda mal eres tú. Por ejemplo, Martha Sahagún, una mujer que ha sido criticada en muchos lados por ser frívola y vanidosa, pero lo criticable es que esta mujer se haya querido atribuir funciones que no le corresponden y que las pretensiones que tiene vayan en contra de los intereses de la república, eso es lo que hay que criticar. Pero si criticas que se cambió el peinado nomás porque la odias, es ofensivo. Me parece que el caricaturista tiene que revisar sus filias y sus fobias. Si cierto personaje es mi amigo y piensa lo que yo pienso y creo en sus ideas, pero el tipo la regó, pégale, pégale duro, sé justo tanto con lo que te cae bien como con lo que te cae mal. Para una democracia como la nuestra, como la queremos los mexicanos, es necesario tener buenos críticos y un buen crítico tiene que aprender a reírse tanto de sus filias como de sus fobias.

¿Crees que en México hay tolerancia para el crítico?
No. Yo creo que un problema, a lo largo de toda nuestra historia, es la intolerancia. Estamos educados en la intolerancia desde siempre. Lo ves en cualquier película mexicana. Me acuerdo mucho de una que se llamaba La calle de chinos de Carlos Orellana. Había un personaje que era chino y Chachita le decía: “Usted tiene que creer en la Virgen de Guadalupe; porque si no, no es mexicano”. Oye, ¿y porqué? Si el señor quiere creer en la Virgen de Guadalupe o quiere creer en Shiva qué carambas te importa a ti.

¿La intolerancia proviene de todos los sectores, de la derecha, el centro y la izquierda?
La izquierda todo el tiempo te anda con el rollo de la tolerancia, pero siempre se andan cortando la cabeza entre ellos, siempre se andan denunciando y no se le ocurra a un izquierdista criticar a otro izquierdista porque entonces lo corren. Ve a Castañeda, a Luis González de Alba, a Héctor Aguilar Camín. Se les aborrece como en la derecha no se aborrece a nadie.

¿El crítico es un artista?
No es un artista, gracias a Dios. La gente piensa que soy un artista, pero yo nunca me he visto como tal, Me dicen: “ay, es que usted sabe dibujar muy bien” y les digo que no es cierto, que yo sé dibujar mis dibujos, lo cual es distinto. Si tú me dices saca un block y dibuja un cuaco, yo no sabría, porque no sé un carambas de perspectiva. Si me dices hazme un retrato no puedo, porque no sé cómo sacar el retrato de una persona. Yo me veo como un periodista que sabe dibujar.

Se dice mucho que los críticos son seres amargados, frustrados…
Todos somos seres amargados. Y el hombre que dice que todos los críticos estamos frustrados, también está frustrado.

¿Qué opinas de quienes dicen que la crítica debe ser positiva y no negativa?
Yo no conozco la crítica positiva. Una buena crítica, para que lo sea, debe ser destructiva. La crítica positiva siempre es una crítica hipócrita.

¿Ves a la crítica como una actividad creativa?
Siempre lo es.

¿Cómo te imaginarías al mundo si no existiera la crítica?
Pues me lo imaginaría como el mundo en 1984, la novela en la cual el sólo hecho de pensar ya es un crimen. Sin la crítica, lo que queda es sólo un estado de esclavitud total. Nunca podrás ser un hombre feliz si no hay quién te critique. Te critican tus papás, tu novia, tu mujer. Siempre te critican y siempre te sirve. Todo es crítica y todo te ayuda. La gente que odia la crítica la verdad es la que más se la merece.

(Entrevista que realicé en octubre de 2004 y que apareció publicada poco después en la sección "Razón de la crítica impura" de La Mosca en la Pared No. 88, de enero de 2005, Las fotos que salieron publicadas las hizo la gran Isadora Hastings).

domingo, 7 de agosto de 2016

Empezar de cero

Terminé de leer las páginas que me faltaban de Empezar de cero, el libro autobiográfico de Jimi Hendrix editado por Sexto Piso del que escribí a fines del mes pasado en Milenio. Una obra estupenda y muy recomendable para quienes gustan de la música de Hendrix o les gusta el rock clásico de los años sesenta.

sábado, 6 de agosto de 2016

Mi apoyo al presidente Peña

En los datos personales de mi página de Facebook, en lo referente a religión, mi respuesta es: “sin intermediarios”.
  Mi relación con la Iglesia es nula desde hace varias décadas. Fui educado en el más estricto catolicismo (mi familia materna es de tan rancio abolengo católico que uno de los hermanos de mi madre, mi tío Javier Michel, fue “soldado de Cristo Rey” durante la guerra cristera). Cursé mis cuatro años iniciales de primaria en un colegio tlalpeño de monjas (para colmo llamado “Hernán Cortés”), donde nos hablaban pestes de Benito Juárez y rezábamos el rosario una vez a la semana, mientras que quinto y sexto grado los hice en un colegio salesiano (“Espíritu de México”), donde se acostumbraban los castigos físicos y asistíamos a misa cada viernes en la enorme capilla del plantel.
  Mi rompimiento con la Iglesia católica sobrevino a mis trece años, cuando entré a una secundaria oficial y empecé a leer Los Supermachos de Rius. Entonces dejé de ir a misa (durante al menos dos años logré que mi mamá no se diera cuenta) y me volví religiosamente socialista y devotamente ateo.
  Hoy continúo sin ser religioso, pero tampoco profeso el ateísmo (el agnosticismo a la Bertrand Russell me va mejor). Sin embargo, la Iglesia y sus ideas híper retrógradas (en las que coincide curiosamente con buena parte de nuestra izquierda populista) me siguen pareciendo escalofriantes, lo mismo que su siniestra doble moral (que también comparte con esa izquierda de tintes morenos).
  Por ello, ante las oligofrénicas declaraciones de la Arquidiócesis de México que encabeza el cardenal Norberto Rivera, en contra del matrimonio igualitario que promovió constitucional y (hay que decirlo) inusualmente el gobierno de Enrique Peña Nieto, no me queda más que refrendar mi anticlericalismo y apoyar (como no lo ha hecho el sector progre nacional, tal cual lo hizo notar el maese Gil Gamés el miércoles pasado) esa iniciativa en todo lo que vale.
  Significativo que ante los embates del clero más furibundo y ultramontano, los izquierdosos (que no izquierdistas) se queden callados. Hipócritones y oportunistas que son.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 5 de agosto de 2016

Richard Thompson / Rumor and Sigh (1991)

Gran compositor, cantante apasionado, guitarrista de primer orden y a pesar de ello, Thompson ha permanecido en la oscuridad durante más de cuarenta años. Rumor and Sigh es el disco ideal para introducirnos en el mundo de este artista londinense excepcional, una especie de Eric Clapton del mundo bizarro.

Mejor tema: “Read About Love”

jueves, 4 de agosto de 2016

Lluvia de verano

Una preciosa y breve novela que cayó en mis manos gracias a los buenos oficios de la editorial Sexto Piso.
  Escrita en 1944 por al narrador turco Ahmet Hamdi Tanpinar (a quien debo confesar que desconocía), Lluvia de verano cuenta la sencilla historia de Sabri, un hombre maduro cuya esposa y sus hijos se van a pasar una temporada a casa de los padres de ésta, dejándolo solo en su casa de Estambul. Una tarde de tormenta, descubre el el jardín a una bella y joven mujer que contempla embelesada un árbol, sin importarle quedar empapada. De ahí parte una enigmática y tenuemente erótica relación cuyos pormenores no revelaré, por si alguien tiene a bien leer este libro de escasas 84 páginas, con hermosas ilustraciones del libanés Hassan Zahreddine.
  Varias cosas suceden a lo largo del relato, pero lo que más me gustó es la manera de escribir de Tanpinar, con un estilo delicado y lleno de finura, con frases plenas de una belleza que no está exenta de ironía. Porque a pesar de sus momentos duros, Lluvia de verano es gozosa y en momentos divertida.
  "'Debe tener unos veintisiete o veintiocho años. Pero también podría tener dieciocho e incluso quince'... Tenía una faceta increíblemente joven, quizá hasta de niña pequeña.
  "'Bajo la lluvia parecía un sueño que quedara en la memoria al despertar... Y un poco de animal de raza... Siempre encuentra la postura más atractiva, la más bonita. Y, por supuesto, sin pensarlo'".
  Estilo sutil, casi como un cuento de Las mil y una noches (o Las mil noches más una noche, como las llamaba Borges).
  Una joya que recomiendo con entusiasmo.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Preciosa sesión

Hoy fue la octava sesión de grabación y toco el turno de meter las voces en "Gitana", con la preciosa voz de Daniela y la mía también. Ya estaba puesta la base de guitarra y bajo (este último cortesía de Israel Pompa-Alcalá). Iris y Jehová, como siempre, espléndidos.
  Ahí va el disco, poco a poco.

martes, 2 de agosto de 2016

Homenaje al “Carefoca”

En 1974, la actriz Ofelia Medina se presentó en el Teatro Blanquita para bailar acompañada por la orquesta del gran músico cubano Dámaso Pérez Prado, conocido también como el “Carefoca”, en una puesta en escena dirigida por Juan Ibáñez en la que participaban también nada menos que Celia Cruz, Tongolele, Resortes, Borolas y María Victoria. Mi hermano, el cineasta independiente Sergio García, filmó en formato Super 8 un documental acerca de este espectáculo y a mis 19 años tuve el privilegio de acompañarlo y ver en concierto, tras las mismísimas bambalinas del Blanquita y a escasos metros de distancia, a ese fabuloso orquestón y su singular director, a quien sólo había visto en la tele o en alguna película de Tin Tan. Yo que despreciaba la llamada música tropical, no pude más que amar el mambo en su más pura y potente expresión (y verlo bailado por las legendarias Dolly Sisters fue el acabose).
  Vinieron a mi memoria aquellos momentos vividos hace poco más de 40 años, al escuchar el nuevo disco de Los Músicos de José, el estupendo ensamble mexicano de jazz funk liderado por el saxofonista Aldo Max, intitulado Dilo! Homenaje a Pérez Prado (Ducado Records, 2016).
  Se trata de un trabajo muy respetuoso con la música del enorme músico, compositor y arreglista caribeño y recoge varios de sus temas más conocidos, así como algunos que no son quizá tan populares. Ahí están maravillas como como “Mambo en sax”, “Lupita”, “Caballo negro” y “La niña popof”, pero también curiosidades como “A Go Go”, “Cayetano”, “Mi cerebro” o “La rosa de Tokio”.
  Cuando digo que el grupo es respetuoso de la música de Pérez Prado no significa que la toque tal cual, sino que los arreglos respetan la esencia de la misma sin perder el estilo funkie de Los Músicos de José, lo que da a cada corte un sonido muy singular e interesante.
  En el disco hay músicos invitados: Los Liquits, María Love, Agrupación Cariño y otros que contribuyen de buena manera con el resultado final de la grabación.
  Y por supuesto, el famoso grito del “Carefoca” aparece muchas veces, perfecta y sabrosamente sampleado.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 1 de agosto de 2016

Fiona Apple y la marea alta

Perteneció a la generación de cantatutoras que surgió a mediados de los años noventa del siglo pasado, en plena explosión del movimiento grunge. Una generación de grandes creadoras e intérpretes como Tori Amos, Ani Difranco, Alanis Morisette, Heather Nova, Tracy Chapman, Liz Phair, Aimee Mann, Jewel, Lisa Loeb, Cat Power, Paula Cole, Michelle Shocked, Natalie Merchant, Beth Orton, Sheryl Crow y aquella jovencita delgadísima y sensual, de mirada provocativa y voz más provocativa aún, quien con su disco debut detonó al rock de la época, a pesar de que al mismo tiempo varias de sus colegas produjeron álbumes tan buenos como el Dilate de Ani Difranco, el Boys for Pele de Tori Amos, el This Fire de Paula Cole, el Myra Lee de Cat Power, el Trailer Park de Beth Orton y el disco homónimo de Sheryl Crow. Todos de 1996.
  Fiona Apple (Nueva York, 1978) grabó Tidal (Columbia Records) también en 1996, a los 18 años de edad, y no faltaron los críticos que la calificaron de inmadura y pretenciosa. Incluso hubo quienes pronosticaron una carrera efímera para la novel cantante, pianista y compositora.
  A 20 años de haber visto la luz y con la perspectiva que da el tiempo, pienso que es hora de revalorar a éste, el álbum iniciático de una artista en todos los sentidos del término. Porque Tidal (“Marea”, en español) es una obra intensa y profunda, visceral y desafiante, un disco que muestra a una joven mujer vulnerable pero dura, tierna pero retadora, tan a la defensiva como a la ofensiva. “Soy una persona tan estúpida e increíblemente sensible que todo lo que me sucede lo experimento con demasiada intensidad”, decía Apple en aquellos días.
  Al contrario de lo que afirmaban los críticos de hace dos décadas, lo que a mi modo de ver demuestra Fiona Apple en Tidal es una gran madurez como creadora y como persona. Las diez canciones que conforman el álbum poseen un poderío que con el tiempo se ha acrecentado y si bien hoy es una artista más hecha y sofisticada (como lo demuestran sus apenas tres álbumes posteriores a éste, los fabulosos When the Pawn Hits..., de 1999, Extraordinary Machine, de 2005, y The Idler Wheel, de 2012), lo que hace de Tidal un clásico es esa visceralidad, esa crudeza y ese austero minimalismo que lo recorren de principio a fin.
  Desde “Sleep To Dream”, el estremecedor tema con el cual abre el disco, entendemos que no estamos ante una cantante más. Hay ahí una fuerza volcánica que hace que retiemble la tierra y nos obliga a no permanecer indiferentes ante esa música. La impresión se confirma, aunque en otro sentido, con el segundo corte. “Sullen Girl” es una canción tan bella como ominosa que, en medio de la hermosa melancolía de la música, narra con estremecedora poesía la terrible experiencia de Fiona cuando era adolescente y fue violada.
  El álbum crece aún más con la extraordinaria “Shadowboxer”, uno de los momentos de mayor clímax en Tidal. Apple canta con una intensidad impresionante y su piano la acompaña con el beat exacto para expresar lo que ella quiere. Un gran tema, al igual que el sensacional “Criminal”, al cual algunos han definido como una de las canciones que mejor reflejan la angustia juvenil de los años noventa. Una absoluta maravilla que da paso al track con que virtualmente termina la primera parte del plato, “Slow Like Honey”, otro portento, una composición que coquetea cachondamente con un jazz blueseado. Sensualidad pura.
  “The First Taste” es una canción que musicalmente se sale un poco del mood del disco, pero sólo en apariencia. Con un ritmo cercano al reggae, la melodía transcurre con una materialidad acuosa y un aire que hace recordar algunas interpretaciones de la nigeriana Sade. Por su lado, “Never Is a Promise” es otra de las joyas de Tidal, una pieza conmovedora de principio a fin que se habla de tú a tú con la belleza. La dialéctica que se produce entre la voz de la cantante, su piano, los coros y las cuerdas la convierten en una verdadera escalera al cielo.
  Los tres cortes que cierran el disco mantienen el alto nivel del mismo. Desde la majestuosa atmósfera de “The Child Is Gone” al poético transcurrir minimal de “Pale September”, para culminar con la sorpresa  de “Carrion” y su inesperado arreglo sin piano, en una melodía que Fiona Apple interpreta de un modo susurrante, acompañada por una guitarra, un bajo, cuerdas, xilófono y batería. Una manera tan extraña como suntuosa de terminar este espléndido trabajo.

(Publicado hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

domingo, 31 de julio de 2016

Trainspotting (la película)

La había visto hace muchos años, no recuerdo si en la Cineteca o en video. El caso es que me acordaba de muy pocas cosas (de la música sí, porque tengo el soundtrack en CD) y de una u otra manera fue como si la viera por primera vez. Me gustó mucho, me divirtió enormidades. La película que para algunas personas resulta deprimente, me pareció por demás jocosa. Su sentido del humor sardónico la salva de caer en el drama y el dibujo de personajes es absolutamente delirante.
  En realidad, como alguna vez apuntó el crítico Roger Ebert, Trainspotting (1996) es más una cinta sobre la amistad que sobre la drogadicción. La camaradería entre cuatro o cinco amigos impresentables pero que se necesitan, aunque la mayoría de las veces esa camaradería sea más perjudicial que benéfica, como más perjudiciales que benéficas resultan las familias de algunos de los protagonistas, inmersas en una hipócrita doble moral.
  Las actuaciones son memorables, en especial por parte del protagonista principal, Mark Renton, interpretado por un muy joven Ewan McGregor, pero también por esos dos tipos que son Sick Boy (Johnny Lee Miller) y el demencial Begbie (un fantástico Robert Carlyle). Mención de honor también para la entonces debutante Kelly Macdonald, preciosa como la jovencita Diane.
  Dirigida por Danny Boyle y basada en la novela homónima de Irvine Welsh (que ya conseguí y pienso leer en seguida, a pesar de la horrenda traducción gachupine style), Trainspotting se desarrolla en un Edimburgo un tanto hostil y en un Londres inhóspito para sujetos como Renton y compañía, para quienes no existe redención posible y parecen destinados a vivir de por vida pegados a las jeringas de heroína.
  Un filme desesperanzador y, sin embargo, paradójicamente amable y ¿optimista?

sábado, 30 de julio de 2016

Los barriles de Barrales

Como nueva presidenta del PRD, Alejandra Barrales es todavía una incógnita. Qué hará con el partido es un enigma que deberá resolverse muy pronto.
  Frente al 2018 (que está a la vuelta de la esquina), Barrales tendrá que decidirse por escoger uno de los cuatro barriles políticos que tiene frente a ella.
  1. El barril de Miguel Ángel Mancera. La nueva líder del Partido de la Revolución Democrática podrá optar por quien fuera su pareja sentimental y apoyarlo en sus deseos de ser el candidato presidencial del sol amarillo. Si ya se reconciliaron, no habrá problema para que avancen juntos y traten de conquistar, con muchas dificultades, el voto de las mayorías en julio del 18. Pero si siguen distanciados...
  2. El barril de Andrés Manuel López Obrador. Con su pasado (¿o su presente?) lópezobradorista, no sería difícil que Alejandra operara para hacer que el partido se convierta en dócil aliado de Morena y se sume a la candidatura de AMLO. Sería el revólver en la sien del perredismo que resultaría devorado enterito por el apetito voraz del pejelagarto.
  3. El barril de la alianza con el PAN. Se ve difícil, aunque le dio al PRD muy buenos resultados en las pasadas elecciones intermedias. Buscar un candidato común entre azules y amarillos (¿Margarita Zavala, el propio Mancera, algún personaje neutral?) daría muchas posibilidades a ambas organizaciones de alcanzar Los Pinos y conformar un gobierno de coalición.
  4. El barril de Barrales. Pudiera ser que la antigua sobrecargo se volara y buscara ser ella la candidata del partido, lo cual seguramente provocaría una enorme lucha interna y un divisionismo mayor del que ahora existe.
  ¿Por cuál barril se decidirá la guapa Alejandra? ¿Tendrá la inteligencia política para elegir el que más le conviene al PRD o cumplirá el papel que muchos temen, como el agente pejista que termine por desmantelar al partido?
  En poco tiempo lo sabremos.

* * * * *

Margarita Zavala asistió a la convención demócrata que eligió a Hillary Clinton: veo similitudes entre ambas. En cambio, Liopez (Gil Gamés dixit) no estuvo en la de los republicanos que eligió a Donald Trump... y también veo similitudes entre ambos.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 29 de julio de 2016

Cousteau / Sirena (2002)

Elegante, sofisticado, apasionado, refinado, el sonido de Cousteau seduce con su sensualidad y convence por su perfección musical. Heredero lo mismo de Scott Walker que de Tom Waits, este grupo apuesta por un pop melancólico y oscuro que envuelve al escucha con atmósferas etéreas y a la vez sumamente carnales.

Mejor tema: “Talking to Myself”

jueves, 28 de julio de 2016

La cuarta temporada de "Homeland"

Al fin terminé de  ver la cuarta temporada de Homeland y la verdad es que estuvo buenísima, tan llena de tensión y suspense como las tres anteriores. Me qura claro que es una serie maniquea -aunque con algunos matices valiosos-, en la que los gringos son en general los buenos y los extremistas musulmanes son en general los malos. Pero está tan bien hecha que uno puede obviar esos convencionalismos y disfrutar la trama como lo que es: una aventura que te tiene al borde del asiento. En esta temporada, Claire Danes es la que más luce en su papel de Carrie, es mujer neurótica y con problemas emocionales y mentales que trabaja para la CIA.
  Parece que se viene una quinta temporada final, la esperaremos.

miércoles, 27 de julio de 2016

"Fui ghost writer de Yolanda Vargas Dulché"

"Sí voto, pero en las tres últimas elecciones presidenciales 
lo he hecho simbólicamente por Heberto Castillo".

Texto y foto: Héctor González

Ciudad de México. "Siempre digo que soy músico antes que periodista, pero no me creen", cuenta Hugo García Michel y no le falta razón. Desde joven aprendió guitarra y más tarde formó la banda Los PechosPprivilegiados. Ex miembro del Partido Mexicano de los Trabajadores, abandonó la militancia más no la ideología zurda. Hoy, vive del periodismo y rodeado de cocodrilos de adorno. Lectorum acaba de reeditar su novela Matar por Ángela.

¿Qué sobrevive de sus estudios con los salesianos?
¡Híjole! Quedan recuerdos de una disciplina católica muy fuerte. Yo era niño bueno y aplicado, pero todavía me tocó la época de los castigos físicos. Nunca los padecí, pero vi, por ejemplo, cómo ponían a los alumnos en el patio de rodillas, a pleno sol, cargando dos ladrillos con los brazos abiertos. Cuando dejé la religión católica, abracé la religión socialista durante muchos años. Ahora soy un crítico de todo eso.

¿Quiénes son más radicales los católicos o los socialistas?
Creo que los socialistas y los comunistas. Al final, toda la izquierda resulta más religiosa. No aceptan críticas y menos si son con humor, me consta.

Cuando un izquierdista se queda sin representación partidista, ¿qué le resta?
El individualismo; en este momento, no me afiliaría a ningún partido.

¿No vota?
Sí voto, pero en las tres últimas elecciones presidenciales lo he hecho simbólicamente por Heberto Castillo, quien para mí es el único político realmente honesto que ha existido en el México contemporáneo. Sé que es como anular el voto, pero lo prefiero a ser cómplice de los partidos actuales.

¿Se vale matar por amor?
Literariamente sí, aunque en la vida real creo que no. Al menos yo sería incapaz. No puedo ni matar una mosca. Una vez me llevaron a pescar en Tamaulipas y agarré un bagre; apenas vi al pobre animal sacudirse, lo regresé al agua.

¿De plano corazón de pollo? No tiene esa fama.
La gente tiene una imagen de mí debido a mis críticas y piensa que soy una especie de demonio. A la hora de escribir, se me va el corazón de pollo.

¿En qué momento llegó el rock?
Desde que nací. Mi hermano, el cineasta Sergio García, quien me llevaba 10 años, oía rock todo el tiempo. Crecí escuchando a los Teen Tops, Los Locos del ritmo, etcétera.

¿Ése es rock?
Sí, era imitación y una copia de Chuck Berry y Little Richard, aunque con letras ingeniosas. Enrique Guzmán era un buen hacedor de letras, pero se volvió baladista como tantos otros.

¿Cuál fue su primer disco?
El primer disco que compré con un sueldo, de mi primer trabajo en la adolescencia, fue Led Zeppelin I y el primero que compré con los domingos que me daba mi papá fue In A-Gadda-Da-Vida de Iron Butterfly. Ahora ya no compro discos. Durante mi época como director de la revista La Mosca me los regalaban las disqueras y actualmente escucho formatos digitales o mis viejos viniles.

¿Por qué no le gusta el rock mexicano?
Al rock mexicano le falta la esencia negra, la perdió a raíz de que el rock argentino llegó a influirlo. Gente como Cerati le hizo mal al rock nacional porque lo descafeinó y lo volvió pop. Me tocó estar en Avándaro, en 1971, y la mayoría de las bandas cantaba en inglés; creo que siempre ha faltado identidad.

¿Entonces el rock mexicano está más del lado del pop?
Totalmente. La mayor influencia del actual rock mexicano es la banda Timbiriche. Luis de Llano debería ser reconocido como uno de los hacedores del rock nacional.

¿Ahí mete a Café Tacuba y la Maldita Vecindad?
Sí, totalmente.

Por eso no lo quieren...
Bueno, no todos. Santa Sabina, Jaime López, El Personal o La Barranca tienen todos mis respetos. De los actuales solo salvo a Ruido Rosa, los demás no me dicen nada.

¿Recomienda ser autodidacta?
A mí me funcionó. No creo en el sistema escolar mexicano, en general me parece malo. Yo aprendí periodismo y edición de revistas en la práctica. En editorial Posada descubrí todo. Aparte, fui historietista durante casi 20 años. Trabajé con doña Yolanda Vargas Dulché y hasta fui su ghost writer en Lágrimas y risas.

*Hugo García Michel nació en la Ciudad de México, en 1955. De formación autodidacta, ingresó a la industria editorial en 1979. De 1994 a 2008 dirigió la revista de rock La Mosca. Es colaborador de Milenio Diario y las revistas Nexos y Marvin. Matar por Ángela es su primera novela.

(Entrevista publicada originalmente en el suplemento Milenio Dominical, el 3 de mayo de 2015)

martes, 26 de julio de 2016

Rebeldes de telenovela

Decía en mi columna del martes pasado que el rock que se hizo en México, a finales de los años cincuenta y durante las dos siguientes décadas, nada tenía de contestatario, a pesar de sus inicios “rebeldes”.
  Se me podrá argüir que a fines de los sesenta y principios de los setenta ese rock adoptó una posición contracultural, como se vio en el festival de Avándaro en 1971, y aun concediendo que algunos grupos cantaban contra la represión y la guerra, en realidad sus posturas no eran sólidas y pecaban de una ingenuidad jipiteca que hoy más bien provoca ternura.
  Tampoco el surgimiento del rock marginal y los tristemente famosos hoyos fonkis (Parménides García Saldaña dixit) eran precisamente manifestaciones de “la rebeldía originaria del rock”, rebeldía que como ya vimos en las colaboraciones de las dos semanas anteriores, es más un mito que una realidad.
  Llegamos entonces al México de los años ochenta, cuando surgen fenómenos como el rock rupestre (que en muchos casos era rock pedestre) y el rock militante, los cuales pervivirían también en el siguiente decenio. En el primer caso, cuando menos existía una conmovedora sinceridad y un intento por escribir letras poéticas y “con mensaje”, pero nada más; en el segundo, los grupos que lanzaban consignas políticas en años como 1988 o 1994, eran los mismos que se acogieron alegremente a la oportunidad de aparecer en la tele, en programas tan revolucionarios como Siempre en domingo, las emisiones nocturnas de Verónica Castro o el show de Paco Stanley (y sí, hablo de Caifanes, La Maldita Vecindad, Café Tacuba, etcétera).
  De lo que sobrevino a partir de eso y hasta el presente, mejor ni hablemos. Si el rock nacional, en su totalidad, jamás fue en verdad rebelde o contestatario, hoy sería un mal chiste pretender que lo sea. Nunca como ahora grupos y solistas se encuentran en una zona de confort de la que no se quieren mover, mientras puedan tocar en el Vive Latino y demás festivales patrocinados por empresas representantes –¡San Carlos Marx nos ampare!– del horrendo capitalismo.
  Nuestros roqueros son rebeldes, sí, pero de telenovela.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 25 de julio de 2016

Let It Be

He aquí el último disco de los Beatles que salió a la venta, aun cuando había sido grabado muchos meses atrás, antes incluso que Abbey Road. Producto de un proceso complicado, conflictivo y de algún modo frustrado, Let It Be (que inicialmente iba a intitularse Get Back) no fue lo que originalmente iba a ser: un disco de rock sencillo y básico, con canciones sencillas y básicas, arreglos sencillos y básicos y producción sencilla y básica. La idea era de Paul McCartney, pero contó con muy poco entusiasmo y cooperación por parte de sus compañeros, quienes arrastraban el cansancio físico, mental y creativo de las sesiones del Álbum Blanco. Y ahí estaba otra vez Yoko Ono, con su presencia omnímoda, como siamesa de John Lennon, incomodando a los otros tres. Y ahí estaban las cámaras y los reflectores de la película que se estaba filmando mientras se desarrollaban los ensayos y la grabación de cada una de las tomas de las canciones. Era la crónica de un desastre anunciado que culminó con la decisión de enlatar el material por tiempo indefinido, hasta que apareció el legendario productor norteamericano Phil Spector y con la aprobación de John, George y Ringo (y el desconocimiento de Paul y de George Martin) remezcló doce canciones y dio un giro al concepto original del álbum que hasta de nombre cambió.
  Aparecido en mayo de 1970, el disco no es todo lo brillante que se quiso, pero la calidad de la mayoría de los cortes hace que al final el todo se salve. Y es que en realidad la mano de Spector, con su famosa pared de sonido, sólo es notoria en “Across the Universe” de Lennon, “I Me Mine” de Harrison y “The Long and Winding Road”… de McCartney, quien protestó estentóreamente, pero no pudo evitar que el álbum saliera a la venta con su canción bonita pero melosamente orquestada.
  Como temas destacados de este trabajo sobresalen la enorme “Let It Be” y la rocanrolera “Get Back”, ambas de Paul. Buenas pero no precisamente extraordinarias son “Two of Us”, “Dig a Pony”, “I've Got a Feeling” y “For You Blue”, mismas que si bien con el paso del tiempo se han vuelto entrañables, más por nostalgia de los escuchas que por la calidad intrínseca de las melodías, no estarían incluidas en una antología de las mejores canciones del cuarteto.
  Let It Be, en ese sentido, tiene un mayor valor histórico que artístico.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca No. 9, segunda parte de la historia de los Beatles)

domingo, 24 de julio de 2016

Hendrix como su propio ghost writer

Ahora que muchos grandes músicos, ante el peso de los años y la proximidad del descanso eterno, han decidido escribir sus autobiografías (ahí están las espléndidas memorias de Keith Richards, Pete Townshend, Steven Tyler y Ray Davies, entre varias otras, o la de Frank Zappa de años atrás), no debería sorprendernos que aparezca un libro autobiográfico de Jimi Hendrix, un libro que nunca escribió y que, sin embargo, en sentido estricto, sí escribió.
  Para no confundir al lector, le diré que me refiero a Starting at Zero, Jimi Hendrix Own Story, intitulado Empezar de cero en su edición en español, recientemente publicada de manera espléndida por Sexto Piso, y firmado, sí, por Jimi Hendrix.
  ¿Se trata acaso de un manuscrito original que permanecía escondido en alguna caja y que alguno de sus amigos o parientes descubrió? No precisamente, aunque algo hay de eso. En realidad, estamos ante la fabulosa historia de Peter Neal, quien mientras preparaba una cinta documental sobre Jimi Hendrix (misma que aún no se estrena) se dio a la tarea de reunir una cantidad asombrosa de manuscritos y grabaciones inéditas, en audio y video, del creador de “Purple Haze” y “The Sky Cries Mary”, textos (en el caso de los escritos) que el músico nacido en Seattle en 1942 fue anotando en los lugares más impensados y difíciles de encontrar: servilletas, cajetillas de cigarros, hojas pautadas, páginas de libretas, etcétera.
  Neal no sólo reunió estos materiales, sino que les dio tal forma y coherencia que logró una narración fluida y perfecta, para hacer que fuera el propio Hendrix quien –cual literal ghost writer (o quizás up from the skies)– contara su propia vida. Por eso el libro no está firmado por el cineasta, sino por el propio Jimi.
  Empezar de cero es una delicia de principio a fin. Hendrix escribía muy bien y no sólo poemas o letras de canciones (algunas de las cuales se intercalan en el volumen y forman parte de la narración, lo mismo que varios fragmentos de entrevistas), sino también historias llenas de amenidad, ideas, reflexiones y buen sentido del humor.
  La vida del creador de álbumes fundamentales en la historia del rock, como Are You Experienced?, Axis: Bold As Love, Electric Ladyland y Band of Gypsys (más las decenas de discos aparecidos después de su muerte), es llevada aquí de manera cronológica y aunque pasamos por su niñez y su adolescencia con rapidez, no deja de mostrarnos cómo sus primeros años fueron fundamentales para determinar lo que aquel jovencito de orígenes humildes llegaría a ser con el tiempo. Por ejemplo, lo que revela acerca de su paso por el Ejército, donde no sólo perteneció a la 101 División Aerotransportada y se convirtió en experto paracaidista, sino que conoció a Billy Cox, quien sería su amigo y compañero musical en múltiples aventuras.
  En letra y voz del mismo Hendrix, nos enteramos de su amor primigenio por el blues: “Cuando fui al sur, todos los tipos tocaban blues y allí fue cuando empecé a interesarme en verdad en la escena... Adoro el folk blues. El blues para mí es Elmore James, Howlin’ Wolf, Muddy Waters, Robert Johnson... Ese tipo de música transmite y llega a la gente con mucha facilidad... Puedes hacer tu propio blues. Ya sabes, cada uno tiene su blues”.
  Por supuesto que la parte más trascendente de la vida de Jimi Hendrix es la que va de 1967 a 1970, esos cuatro años que lo llevaron a lo más alto del firmamento como guitarrista, compositor, intérprete y super estrella, pero también al mundo del sexo, las drogas y el rocanrol, en el más genuino y autodestructivo sentido de la famosa expresión.
  Eso también está contado con detalle en Empezar de cero y ocupa la mayoría de las páginas del libro. Pero antes, Hendrix nos habla de sus primeros años como músico profesional mal pagado, explotado lo mismo por manejadores que por estrellas como los Isley Brothers o Little Richard; de esas noches en que dormía en cuartos llenos de ratas y cucarachas o entre los botes de basura de los callejones de Nashville y Nueva York.
  En el libro está, claro, todo aquello que cualquier mediano seguidor de Hendrix conoce: el encuentro con Chas Chandler, el viaje a Londres, la formación de The Experience con Noel Redding y Mitch Mitchell, los primeros conciertos, la grabación de sus tres álbumes fundamentales, el rápido ascenso a la fama, los excesos, las groupies, las novias, el festival Monterey Pop, Woodstock, la Banda de Gitanos..., pero todo ello contado por el propio Hendrix y aderezado con multitud de sabrosas anécdotas, incluida una carta que le envió a su padre en 1966 para decirle: “Estoy en Inglaterra, papá. He conocido a unas personas que van a convertirme en una gran estrella. Hemos decidido cambiarme el nombre a... Jimi”.
  Un libro absolutamente recomendable.

(Publicado hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

sábado, 23 de julio de 2016

Al fondo a la izquierda

La muerte de Rafael Aguilar Talamantes trajo a la palestra un nombre que había sido olvidado, el de un político que de muchas maneras prefiguró a lo que hoy se quiere hacer pasar como “la izquierda”.
  Poco antes de afiliarme al Partido Mexicano de los Trabajadores (el PMT dirigido por Heberto Castillo y Demetrio Vallejo), en la segunda mitad de los años setenta, se dio una escisión de la cual surgió el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), dirigido por Aguilar Talamantes y entre cuyos dirigentes estaba gente como Jesús Ortega, Carlos Navarrete y Graco Ramírez.
  En el PMT sabíamos que el PST era un partido pseudo izquierdista con funciones de esquirolaje y había la certeza de que por debajo del agua recibía un fuerte apoyo económico del gobierno lopezportillista (que en 1977 le otorgó el registro, algo que nunca sucedió con el PMT).
  Aguilar Talamantes es el antecesor de tantos progres actuales que desde el PRD, Morena, Convergencia o el PT navegan con bandera de izquierda y en realidad carecen de una formación ideológica que pueda identificarlos como tales. El oportunismo, el pragmatismo, el cinismo, el gatopardismo, la corrupción ética y moral, el afán por puestos y dineros, el populismo y otros males que hoy aquejan a eso que se autodenomina como izquierda proviene en buena parte del tipo de política que ejercía el PST de Aguilar Talamantes y que sus herederos en –repito– el PRD, Morena, Convergencia o el PT siguen practicando alegre y descaradamente.
  Es en ese contexto que llega a la presidencia perredista Alejandra Barrales y aún no consigo interpretar qué significa esto, no sólo para el partido del sol amarillo, sino para el resto de la “izquierda” y para el país, en vista a las elecciones de 2018. ¿Cuál será el papel de Barrales –quien acaba de declarar en el 3de3 que gana más de 12 millones de pesos al año– en la búsqueda del candidato presidencial del PRD? ¿Apoyará a su ex pareja, Miguel Ángel Mancera? ¿Se rendirá ante López Obrador y le entregará el partido en bandeja de plata?
  No se pierda la continuación de este intrigante episodio.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 22 de julio de 2016

The Beautiful South / Blue is the Color (1996)

The Beautiful South sabe combinar dos elementos que no suelen ir acompañados: el sentido melódico y el humor negro. Con canciones que suenan tan dulces y maravillosas y cuyas letras suelen ser terriblemente irónicas, el grupo encabezado por el gran Paul Heaton alcanzó en este, su quinto opus, niveles de una exquisitez realmente enferma. Maravilloso.

Mejor tema: “Don’t Marry Her”

jueves, 21 de julio de 2016

Mi vino favorito

Es español, de Valencia. Su precio es sumamente accesible. Lo venden en Superama y hay temporadas en las que escasea, por lo que suelo hacerme de una buena cantidad de botellas cada vez que lo ponen a la venta, a fin de tener una reserva segura. No es muy fuerte ni muy suave. Gran sabor y un efecto delicioso que hace más cálidas las charlas acompañadas de buena música y buena compañía (femenina, prácticamente siempre). Se ha convertido en fiel aliado y compañero desde hace ya varios años. El entrañable vino Castillo de Liria.

miércoles, 20 de julio de 2016

Stranger Things

Terminé en tres noches la temporada uno de esta estupenda serie de Netflix. Fantasía, misterio, alucine, suspenso, intriga, humor, drama, horror, en fin, una gran mezcla de géneros y elementos que hacen de Stranger Things una especie de ET se encuentra con los Expedientes X, PoltergeistStand by Me y Los Goonies, en un claro homenaje a los años ochenta (aun cuando nunca dicen el año en que están, por varias referencias me inclino a pensar que se trata de 1982), con una pista sonora magnífica que lo refrenda.
  Gran historia, estupendos guiones, un casting extraordinario (desde el rescate de la entrañable Winona Ryder hasta la sorpresiva e impresionante presencia de la muy joven actriz inglesa Illie Bobby Brown en el papel de Eleven, centro de toda la trama), actuaciones magníficas, producción impecable, ritmo implacable, en fin, todos los elementos necesarios para hacer de la emisión algo irresistible.
  Ahora que estoy viendo también, en el mismo Netflix, series como Bates Motel, Between, The Returned y Scream, Stranger Things no sólo no desentona con ellas, sino que en muchos puntos las supera.
  No quiero contar la trama, porque es mejor que la vean sin saber de qué se trata el asunto. Sólo les digo que se van a divertir, se van a intrigar y van a querer ver uno tras otro los tan sólo ocho capítulos que la conforman.
  Gran cosa Strangers Things.