viernes, 17 de junio de 2016

Paul Simon y el ritmo que no cesa

Las percusiones son básicas. La vena rítmica que atrapó a Paul Simon, desde que en 1986 grabara aquel fantástico Graceland, no lo ha abandonado. Tambores sudafricanos, caribeños y sudamericanos, platillos, tarolas, congas, bongós, tumbadoras, claves, birimbaos, maracas, marimbas, xilófonos y una larga lista que incluye hasta percusiones programadas pasaron a formar parte de su arsenal musical. El ritmo prevaleció muchas veces a costa de las melodías y las armonías.
  Ahora, a sus casi 75 años de edad, el nativo de Newark, Nueva Jersey, regresa con un nuevo álbum, Stranger to Stranger (Concord, 2016), en el que otra vez predominan los arreglos con percusiones, incluso en las composiciones más tranquilas y melódicas. Sin embargo, los ritmos no son exactamente africanos, como en Graceland (al menos no en todo el plato). Simon apuesta por una variedad percusiva que salva a la grabación de lo repetitivo y le permite explorar diversas y coloridas atmósferas.
  Que los ritmos siguen siendo básicos lo podemos escuchar en cortes como el abridor “The Werewolf”, en “Wristband”, “Street Angel”, “In a Parade”, “The Riverbank” y en el divertido y –ese sí– muy sudafricano “Cool Papa Bell”. En cambio, hay canciones como la homónima “Stranger to Stranger”, “Proof of Love”, la instrumental “In the Garden of Edie” o la bellísima y concluyente “Insomniac’s Lullaby” que de algún modo recuerdan al viejo Paul Simon que hacía pareja con Art Garfunkel o al que realizó extraordinarios álbumes solistas como There Goes Rhymin’ Simon (1972), Still Crazy After All These Years (1975), One Trick Pony (1980) o Hearts and Bones (1983).
  Stranger to Stranger es una obra estupenda, con un Paul Simon septuagenario pero en su mejor forma, con letras introspectivas y meditaciones acerca del paso del tiempo y la perspectiva de la muerte, aunque alejado de nostalgias depresivas o pensamientos oscurecidos. Un disco lleno de alegría, lleno de dulzura, lleno de sol, lleno de luz, lleno de paz.

(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

miércoles, 15 de junio de 2016

Are You Experienced?

Pocos discos concitan tan unánime acuerdo como éste. Para la abrumadora mayoría de los críticos e historiadores del rock, se trata del mejor álbum debut de todos los tiempos. Con Are You Experienced? (1967), Jimi Hendrix entró a los terrenos de la música grabada como un vendaval de creatividad, inventiva, talento, fuerza y arte que asombró al mundo. A casi cuarenta años de distancia, la obra sigue sonando fresca y vanguardista, con elementos que no dejan de sorprender cada vez que se les escucha.
  El virtuosismo guitarrístico de Hendrix ya está aquí presente a plenitud. Se trata de un trabajo atemporal que sigue asombrando tanto a quien lo oye hoy por primera vez, como lo hizo con quienes lo conocieron en su momento. Are You Experienced? es un disco clásico porque cumple con todos los requerimientos para serlo. Mientras los álbumes iniciáticos de gente como Bob Dylan, los Beatles, los Rolling Stones o The Who fueron irregulares y no mantenían un mismo nivel de calidad en todos sus cortes, en el caso de este genio de Seattle las cosas fueron muy distintas, ya que en el vinil aparecido en 1967 prácticamente todos los temas son impecables. Algunos son mejores que otros, claro está, pero ninguno desmerece o puede considerarse como mediocre o de simple relleno.
  Aunque con el advenimiento del disco compacto y las remasterizaciones el álbum original sufrió algunos cambios en el orden de las canciones e incluso en la cantidad de las mismas (de hecho, existen diferentes versiones en CD), cuando salió a la venta por vez primera, en Gran Bretaña, únicamente contenía once temas. Sólo por cuestiones mercadotécnicas se le añadieron varios de los sencillos más célebres de Hendrix, mismos que nunca aparecieron en los discos de larga duración tal como el músico los concibió. Así, composiciones como “Purple Haze”, “Hey Joe”, “Stone Free” o “The Wind Cries Mary” fueron agregadas en las versiones en compacto, la menos infiel de las cuales es la que sacó MCA en 1997, ya que respeta el orden de las primeras once piezas y los sencillos (con sus lados B) son situados al final.
  Como cumbre de la psicodelia sesentera, el original Are You Experienced? inicia con “Foxy Lady”, una pieza cargada de sensualidad y provocación, una especie de soul psicodélico lleno de fuerza con el cual Jimi Hendrix abre sin contemplaciones y atrapa al escucha desde el primer acorde. “Manic Depression” se adentra un poco en el jazz, sobre todo por la batería de Mitch Mitchell, para crear uno de los temas más explosivos e irónicos del álbum, con una guitarra que inaugura territorios hasta entonces inéditos. “Red House”, en cambio, es un blues tradicional. Pero qué blues. Jimi demuestra sus raíces más profundas y lo hace con una guitarra limpia, exacta, y una voz que rinde tributo a sus ancestros blueseros, desde Robert Johnson y Sun House hasta Muddy Waters y BB King. “Can You See Me” es quizás el tema menos brillante del disco, aunque su mezcla de psicodelia con rhythm and blues hace que no desmerezca y varias escuchas la vuelvan cada vez más interesante. En cambio, “Love or Confusion” es una compleja composición en la cual las armonías se sobreponen unas a otras, mientras “I Don’t Live Today”, con su ritmo que rememora la raigambre piel roja de Hendrix, es un rock duro pleno de inventiva. Punto y aparte merece “May This Be Love”, una de las más bellas composiciones jamás escritas por el músico. Sutil, delicada, conmovedora, con ecos de Curtis Mayfield, una joya extraordinariamente pulida e injustamente olvidada. Un dramático rompimiento sobreviene con “Fire” y su irresistible arreglo, en el cual vuelve a brillar la batería de Mitchell y resuena a la perfección el bajo de Noel Redding. “Third Stone from the Sun” es todo un viaje, una larga incursión instrumental, un trayecto plenamente psicodélico en el que Jimi Hendrix explota todas las posibilidades de su instrumento con impactante fuerza creativa. Por su lado, “Remember” es una preciosa tonada soul, optimista y contagiosa que sirve como preámbulo al corte final, “Are You Esperienced?”, un breve tema que reafirma que hemos pasado a lo largo de un álbum que se asume como psicodélico, con todo lo que esto implica. La conclusión perfecta para un disco impresionante.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No. 19, dedicado a Jimi Hendrix, publicado en abril de 2005).

martes, 14 de junio de 2016

¿Importa una nueva recopilación de McCartney?

La respuesta inmediata podría ser un rotundo no. Sin embargo, cuando uno examina de qué se trata Pure McCartney (Hear Music, 2016), la flamante caja de cuatro discos (en la edición de lujo) recopilada por el propio ex beatle, puede ser que la opinión cambie un poco... o un mucho.
  En primero lugar, debemos tomar en cuanta que la anterior colección de éxitos del buen Paul (Wingspan: Hits and History) data de 2001. Esto quiere decir que han pasado tres lustros y cuatro o cinco álbumes en estudio que por obvias razones temporales no están contenidos en ese plato. De hecho, Wingspan abarcaba tan sólo hasta el año 1984, por lo que (de hecho también) son más de 30 años en los que las composiciones más exitosas y/o representativas de McCartney no fueron recopiladas. Esta sola razón basta para justificar la nueva colección.
  Esta vez, el autor de “Maybe I’m Amazed” y “Another Day” no corre riesgos e incluye en la caja incluso el tema “Hope for the Future” que escribió en 2014 para el videojuego Destiny.
  Por demás está decir que la mayor parte de las canciones más conocidas del británico están incluidas en Pure McCartney (como lo estuvieron en los tres álbumes recopilatorios anteriores: Wings Greatest (1978), All the Best (1987) y el ya mencionado Wingspan). En ese sentido, no hay sorpresas. Estas vienen, en cambio, a partir de los cortes grabados de 1984 a 2014.
  Sólo hay un álbum que, por extrañas e inexplicadas causas, no aportó una sola melodía: el Flowers in the Dirt de 1989. ¿Por qué? Vaya usted a saber. Aunque creo que canciones como “My Brave Face”, “We Got Married”, “This One” o “Distractions” pudieron entrar fácilmente.
  Lo que queda claro es que Paul McCartney ha escrito tantas canciones como solista y que su obra es tan vasta que se necesitaría una caja de diez discos para medio abarcar sus mejores (e incluso sus peores, ¿por qué no) momentos.
  En su composición “How Do You Sleep” (contenida en el Imagine de 1971), John Lennon criticaba a su compañero de los Beatles por escribir musak, música basura. A mi modo de ver, este Pure McCartney es un rotundo desmentido a la injusta afirmación del esposo de Yoko Ono.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 13 de junio de 2016

Christopher Domínguez Michael: Crítico de literatura

Nacido en el Distrito Federal, el 21 de junio de 1962, Christopher Domínguez Michael es crítico literario y ensayista formado en el periodismo cultural. Autor de varios libros, entre los cuales destacan Tiros en el concierto y Servidumbre y grandeza de la vida literaria, así como su novela William Pescador, Domínguez ha colaborado en las revistas Vuelta, Letras Libres y La Gaceta del Fondo de Cultura Económica. Actualmente es coeditor de la sección cultural "El Ángel" del diario Reforma.

¿Cuál crees que sea la importancia de la crítica en general, por qué debe haber crítica?
Yo parto de la base de que el pensamiento occidental desde Sócrates está basado en la crítica. No es posible concebir a la cultura sin la crítica. No hay pensamiento sin crítica. Debe haber crítica por la misma razón de que debe haber pintura, literatura, música. libertad de pensamiento.

En un país como México, ¿qué tan importante es la crítica?
México es un país que forma parte de una cultura más grande, la cultura en lengua española, que a su vez es parte de la cultura europea, y que tuvo, en lo que hoy se llama América Latina, un desprendimiento, una continuidad y una negación. No concibo a México como una nación aislada ni me interesa México como una isla, porque no lo es y nunca lo ha sido. Somos continuadores y beneficiarios de una tradición riquísima, nutrida desde el siglo XVI tanto de la parte indígena de nuestra cultura como del imperio español, que fue un imperio multinacional y centro del mundo durante tres centurias. De tal forma que la crítica en México es tan importante como en cualquier otro espacio de la cultura occidental.

Pero, ¿no ha habido históricamente en el país una intolerancia hacia la crítica?
Si por crítica se entiende la disposición del lector y de los medios para aceptar que se critique a las figuras públicas, que se critique a las obras de arte, que los críticos hagan un seguimiento de la actividad en todas las esferas de la vida pública, México no es un país especialmente intolerante a la crítica. Intolerantes ante la crítica Lenin, Stalin, Hitler, Franco, Pinochet. El régimen que acaba de desaparecer en México fue un régimen autoritario, pero nunca canceló la expresión crítica. La limitó, la sobornó, pero no estamos ni lo estuvimos a lo largo del siglo pasado, entre los países del mundo donde la crítica fue sistemáticamente silenciada, como ocurrió en las naciones víctimas del comunismo o del fascismo. Sin embargo, es cierto que la cultura hispánica suele ser muy desconfiada del fenómeno crítico. Esto no es un caso exclusivamente mexicano. En la tradición francesa o en la tradición anglosajona, la existencia del crítico es vista con toda naturalidad. El crítico ocupa una función social, tiene un espacio cultural que puede o no gustar, pero que está ahí. En cambio, en las culturas hispánicas hay un poco la idea de que la crítica es una cosa que no debería existir. En la sicología de los pueblos hispánicos existe un rechazo hacia la crítica. Hay como una resistencia de orden espiritual, genética, a entender que la crítica es una actividad inevitable en el momento en el cual se generan obras de arte. Yo no entiendo que quienes exponen cuadros, publican libros o montan obras de teatro se enojen porque los critican. Pero en México esta intolerancia ha ido bajando en la misma medida en que el país se ha ido democratizando, ya que ontológicamente es imposible una democracia sin crítica.

¿Cuál ha sido tu experiencia como crítico en México?
Yo no estudié la carrera de crítico ni decidí ser crítico literario a la edad en que empecé a publicar, a los diecisiete o dieciocho años. Digamos que el tipo de cosas que yo hacía poco a poco me fue llevando a una zona que tiempo después descubrí que se llamaba crítica literaria. Pero llegué de manera natural. Y ya estando ahí, al tomar conciencia del lugar al que había llegado, pues me gustó y me quedé. Considero que la crítica literaria es una de las bellas artes y que el objetivo de un crítico literario debe ser escribir páginas y libros que tengan la altura y la dignidad de las obras de arte. El nivel de exigencia que ante su trabajo debe tener un crítico literario es exactamente el mismo al que se someten un poeta o un novelista.

¿Hay fórmulas para hacer la crítica, una metodología, o es la expresión de una opinión nada más?
Hay corrientes que consideran que debe haber una metodología de orden sociopolítico, sicoanalítico o textual para abordar el objeto literario. En mi caso, he tomado de estas corrientes lo que se me ha dado la gana, pero me considero un crítico literario al viejo estilo del siglo XIX, un hombre cuyo horizonte existencial es la lectura y que a partir de esa lectura genera un número articulado de opiniones que si son o no un sistema, eso ya es cosa de quienes hagan mi crítica como crítico. Más que un sistema, yo defiendo un cuerpo de valores estéticos, políticos, y este cuerpo de valores está sujeto a la mutación de la historia, a mi propia mutación como individuo y, algo muy importante, a la mutación de mi propio gusto.

¿Hay tolerancia hacia el crítico por parte de los criticados?
 Un crítico literario debe saber que su trabajo es la polémica, su trabajo es caerle gordo a la mitad de los escritores; si no, que se dedique a otra cosa. En el crítico literario viene, junto con el paquete de la vocación, ser antipático. En ese sentido, he encontrado de todo a lo largo de mi carrera. Pero son muy raros los casos de abierta intolerancia. Desde luego que me han insultado y me han amenazado por teléfono, incluso han intentado golpearme, pero son episodios aislados. La gente en el fondo respeta a un crítico literario que dice lo que piensa, aunque considere que esté equivocado, aunque suponga -con verdad o falsía- que el crítico depende de intereses oscuros, al crítico lo hacen importante sus lectores y una parte de sus lectores son los escritores criticados. Desde luego que los críticos, como todo ser humano, tienen sus pasiones, sus envidias, sus errores, sus mezquinadades, y también sus predilecciones. El problema de la crítica literaria en México no es tanto el ambiente sino el hecho de que los críticos literarios somos muy pocos, lo cual genera una serie de equívocos: como somos muy pocos, se nos exige a tres o cuatro personas que cubramos toda la actualidad literaria, lo cual es imposible. En culturas críticas más desarrolladas, como la inglesa o la francesa, tienes tal cantidad de críticos que vas con el que te gusta: hay crítica feminista, homosexual, marxista, etcétera. En cambio, cuando el número de críticos es muy reducido, el propio mercado te coloca en una posición de juez absoluto. Y ser juez es parte de la tentación del crítico. Pero no es lo mismo enfrentarte a una literatura que tiene veinticinco o treinta jueces de primer nivel, a una que tiene tres o cuatro.

¿Qué opinas de la famosa frase "el crítico es un artista frustrado"?
El escritor español Juan Bennet decía que los novelistas eran críticos frustrados. A mí la frase que mencionas no me molesta. Tiene algo de cierto inclusive. Muchos han llegado a la crítica después de escribir malos poemas o malas novelas. Pero toda esa leyenda de que el crítico es un diablo medio teporochón que huele mal, a mí me divierte mucho. No obstante, si entendemos al crítico como alguien que escribe libros importantes, entonces eso del "artista frustrado" es una tontería. ¿Cómo le puedes llamar a George Steiner un artista frustrado, cuando sus ensayos son frecuentemente muy superiores a las obras que examina? ¿Cómo puedes decir que Harold Bloom es un artista frustrado? Ellos son pensadores que tienen como materia de trabajo el lenguaje y la literatura. Eso es lo que yo entiendo por un crítico.

También dicen que los críticos son amargados. 
El crítico vive en un  mundo ideal que es el mundo de su propia tradición, de los libros que él ha elegido como modelo y siempre se halla un poco amargado porque encuentra que la actualidad nunca está a la altura de la tradición. Pero ése es un espejismo propio de la personalidad del crítico. Siempre he pensado que la esencia de la personalidad artística es la vanidad y generalmente la amargura proviene de la falta de reconocimiento. Todos los escritores siempre queremos más y el premio Nobel nunca será suficiente. En ese sentido, el crítico es una persona que cuando hace bien su trabajo goza de mucho reconocimiento. Entonces, los críticos competentes -entre quienes obviamente me incluyo- por lo general son reconocidos y eso se debe también al hecho de que escoger la vocación crítica requiere de un tipo de personalidad un poco más rara o compleja que escoger ser poeta o pintor. El crítico también busca trascender y la crítica bien hecha es una manera de trascender

Hay otro lugar común que afirma que la crítica debe ser "positiva" y no "negativa".
Eso es absurdo. Además mucha gente tiene la idea de que la crítica por fuerza es "negativa". Una crítica "positiva" no es tomada como crítica sino como guayabazo. La crítica es un sistema de pensamiento y exige un examen de la obra de arte en la que según tu propio sistema de valores generas opiniones positivas o negativas, mismas opiniones que en medio siglo van a cambiar de signo. Lo que ayer eran alabanzas hoy se vuelven vituperios y al revés. El crítico funciona por medio de la simpatía. Generalmente, las grandes páginas críticas se producen cuando una obra nos llama la atención, nos mueve, nos cuestiona, y uno siente la necesidad de comunicar un entusiasmo. Pero lo mismo ocurre con la indignación. Un crítico cabal es el que escribe páginas positivas y páginas negativas e incluso el que las combina en un mismo texto. Curiosamente, los textos que menos llaman la atención son aquellos en los que el crítico trata de ser mesurado, ponderado. Son las críticas que nadie lee y nadie comenta. La gente espera que des de palos o que des alabanzas olímpicas para sentirse autorizada a leer un libro o ver una película, etcétera.

¿Puede haber una crítica objetiva o siempre hay una carga de subjetividad?
La crítica siempre será subjetiva, porque hasta la fecha no he encontrado alguna escuela de pensamiento que me convenza de que la obra de arte funciona según una lógica científica. El arte apela a la subjetividad y sólo puede ser juzgado desde esa misma subjetividad. No hay manera de medirlo, no se puede pesar, no se puede diseccionar según las leyes del viejo positivismo. Y si los propios científicos ya dudan de que podamos aprehender la realidad con leyes objetivas, como creyó la ciencia durante el siglo XIX y buena parte del XX, imagínate la creación artística. Ahora, esto no quiere decir que la crítica no sea rigurosa, que el crítico no sea fiel a su subjetividad.

¿Cómo te imaginas un mundo en el cual no existiera la crítica? 
En el siglo XX hubo serios intentos por hacerlo. Que no hubiera crítica fue el sueño de Stalin y Hitler... y casi lo logran. Un mundo sin crítica fue la aspiración de los totalitarismos del siglo pasado. Es una lección que no debemos olvidar.

(Entrevista que realicé en 2001 para la sección "Razón de la crítica impura", publicada en La Mosca en la Pared).

domingo, 12 de junio de 2016

Nueve años con "El rojo y en negro"

Hoy cumplo nueve años de escribir cada día este amado blog. Desde el 12 de junio de 2007 en que lo inicié, no he dejado ir un solo día sin anotar algo en sus páginas virtuales. Son 3 mil 288 entradas a lo largo del mismo número de días.

sábado, 11 de junio de 2016

Ponchar a Mancera

Recuerdo unas fotografías que hoy parecerían antiquísimas sin serlo tanto. De hecho, apenas tienen tres años, pues son de mediados de 2013. En las mismas aparecían Andrés Manuel López Obrador y Miguel Ángel Mancera en pleno disfrute de un partido de beisbol en los campos de la Liga Tranviaria. En sus uniformes se leía que estaban en el mismo equipo, denominado Amigos.
  Cuán diferentes son las cosas hoy entre ellos. Apenas empezó a sonar, hace poco más de un año, que Mancera tenía pretensiones presidenciales y que podría ser el candidato del PRD para las elecciones del 2018, el Jefe de Gobierno del ex DF cayó de la gracia de AMLO y éste, de inmediato, lo mandó al infierno de “la mafia en el poder”. A partir de ahí, lo criticó y despreció cada vez que pudo (tan sólo esta semana, entrevistado por el querido Ciro Gómez Leyva en su noticiario radiofónico matutino, Liópez –¡saludos Gil Gamés y bienvenido a las páginas de Milenio!– mencionó a Mancera como un miembro de “segunda división” en esa tan mentada mafia que el tabasqueño tanto alucina).
  Lo que he observado y no deja de asombrarme, a partir de la condena pejiana, es la manera en que para mucha gente Mancera se convirtió de pronto en un personaje nefasto y cómo persiste esa percepción –basta asomarse a las redes sociales o hablar con diferentes personas para comprobarlo– y se le critica por cualquier cosa que haga o deje de hacer, con un furor digno de mejores causas.
  Ya sea por la contingencia ambiental, por el famoso pito para denunciar el acoso a las mujeres o por los problemas con el “Hoy no circula” (etcétera), insultar al Jefe de Gobierno se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos de los CDMXiqueños (o como vaya a quedar constitucionalmente el gentilicio), sin que hasta ahora alguien haya señalado la coincidencia entre este tan súbito odio y el anatema que sobre don Miguel lanzó don Peje.
  ¿Mera coincidencia? Puede que sí, puede que no, aunque lo más seguro es que quién sabe. El caso es que sin haber vuelto a jugar beis, el pitcher de Macuspana se ha empeñado en ponchar al bateador a quien alguna vez llamó su amigo... y muchos, aun sin darse cuenta, le gritan: play ball!

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 10 de junio de 2016

Steve Hackett / Voyage of the Acolyte (1975)

Un sumario perfecto de lo que era el más fino rock progresivo a mediados de los setenta. El en ese entonces aún guitarrista de Genesis ofrece un trabajo de enorme riqueza instrumental y letrística, lleno de referencias a hechiceros, viejos castillos, duendes y demás imaginería a la que eran tan afectos algunos músicos de prog rock. Gran álbum.

Mejor tema: “Shadow of the Hierophant”

jueves, 9 de junio de 2016

Cinco esquinas

Terminé esta, la más reciente novela de Mario Vargas Llosa, de la que había leído algunas reseñas muy favorables. No diré que el libro me decepcionó o que me pareció malo. Sin embargo, no es lo que yo esperaba de una pluma como la del peruano y no creo que se pueda comparar con obras maestras suyas como La ciudad y los perros, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo o incluso Pantaleón y las visitadoras, novelas que en su momento me deslumbraron por su estilo narrativo, ese mismo estilo narrativo que eché en falta en Cinco esquinas (Alfaguara, 2016).
  Porque no puedo entender cómo es que alguien que siempre privilegio el buen estilo literario y que incluso tiene un libro portentoso como La orgía perpetua, en el que analiza a fondo la Madame Bovary de Gustave Flaubert, pueda caer en una escritura más bien facilista y en ocasiones descuidada, aunque, eso sí, el relato me atrapó y su ritmo vertiginoso me llevó a leerlo de principio a fin.
  La historia de un chantaje a un alto empresario peruano, en la temible época en que Alberto Fujimori era amo y señor del país andino, mientras por todos lados había secuestros y atentados terroristas por parte de Sendero Luminoso y otros grupos subversivos, son la anécdota central y el escenario en que se desarrolla la trama de Cinco Esquinas. Hay varias historias alternas que enriquecen el relato y lo hacen cada vez más interesante conforme el libro avanza. Los personajes son vivos y creíbles, tanto el chantajista Rolando Garro, director de la revista sensacionalista Destapes, como su mano derecha, la reportera amarillista apodada La Retaquita (quizás el personaje más logrado de la novela), lo mismo que el chantajeado Enrique Cárdenas (empresario de altísimos vuelos), su amigo más cercano, el abogado Luciano Casasbellas, y las mujeres de ambos (Chabela y Marisa). También hay que destacar al infortunado Juan Peinetas y, muy especialmente, al siniestro Doctor, verdadero poder tras el trono de Fujimori.
  La trama, pues, es muy buena. Mis objeciones se encuentran en la forma de repente descuidada en que está escrita.
  Un ejemplo: en algún momento, uno de los personajes desaparece y sus empleados temen que le haya pasado algo. Reunidos en una oficina, convienen en ir a comer, para despejarse un poco, y volver para verse a las cuatro. Son las dos y media y Retaquita va a su casa, en un trayecto que le lleva una hora. Es decir, que llega a su casa a las tres y media. Decide tomar una siesta de una hora y al despertar, lógicamente son las cuatro y media. Lejos de alarmarse porque se le hizo tarde, regresa a la oficina (otra hora de camino) para llegar a las cinco y media. Eso es lo que uno cree. Sin embargo, Vargas Llosa dice que son ¡las cuatro! Parecería una pecata minuta, pero es un descuido imperdonable para un literato de tan altos vuelos.
  Otro problema de estilo está en las descripciones de las escenas de sexo, ya sea las de amor lésbico entre Chabela y Marisa, el trío que hacen con Enrique o las imágenes de la orgía que desata el chantaje. Son muy obvias y descriptivas, no hay elegancia en ellas, el erotismo que debía campear está ausente. Ni siquiera resultan pornográficas. Son simplonas y en absoluto excitantes o provocadoras.
  Con todo, es una novela que hay que leer. O no.

miércoles, 8 de junio de 2016

Novela enviada

Luego de darle una última revisión, hoy mandé a la editorial mi más reciente novela, la que escribí basada en la biografía de mi abuelo, el diputado constituyente Emiliano Celso García Estrella. No revelaré el título ni la casa editora. Espero que guste y que se apruebe su edición. Confío en la ayuda de mi propio abuelo, desde donde esté, para que el libro aparezca antes de febrero próximo.

martes, 7 de junio de 2016

De Antony a ANOHNI

Hace un par de semanas, fue noticia la reunión en Los Pinos entre el presidente Peña Nieto y la comunidad LGBTTTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transexuales, Transgénero e Intersexuales) y el reconocimiento de los derechos de estos grupos.
  No deja de ser una feliz coincidencia que, a manera de banda sonora de este hecho, aparezca casi simultáneamente el nuevo disco de quien fuera el cantante, músico y compositor Antony Hegarty, líder del excelente proyecto Antony and the Johnsons, transformado hoy día en una generosa mujer llamada ANOHNI.
  Hopelessness (Secretly Canadian, 2016) es el título del flamante álbum de esta ahora británica y en el mismo se refleja la transformación no sólo física, mental y emocional sino sobre todo musical de la artista.
  Lo que con Antony eran canciones dulces y/o tristes, con instrumentaciones más o menos convencionales (aunque espléndidas) que iban de lo minimalista a lo suntuosamente orquestal, con ANOHNI se ha tornado en temas más desafiantes y desgarrados, con recursos instrumentales que tienen más que ver con la electrónica y con las herramientas sonoras que brindan los estudios de grabación.
  En lo que sí coinciden ambos personajes es en su tendencia al dramatismo y a la belleza, vista ésta desde su lado más profundo. Para ello, la grande y expresiva voz de la hoy cantante resulta perfecta y se refleja en esta colección de once temas cuyas letras tocan asuntos lo mismo ecológicos que políticos, lo mismo pacifistas que de crítica social.
  Musicalmente, las instrumentaciones son frías y en momentos hasta agresivas, con atmósferas inquietantes, creadas con la ayuda de los productores Hudson Mohawke y Oneohtrix Point Never (juro que así se llaman, al menos en la grabación).
  Las canciones son en general demandantes e incluso amargas, aunque dos de ellas (”Crisis” y la homónima “Hopelessness”) se abren a la posibilidad de la ternura y la compasión.
  Una obra apasionada y apasionante, poderosa y con la protesta a flor de piel. Un disco que es casi un manifiesto, pero que evita el panfleto y mantiene una calidad artística incuestionable.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 6 de junio de 2016

El Bosco


domingo, 5 de junio de 2016

Futbol con mi mamá

Como mi hermana Ivette anda fuera de México, estuve yendo estos tres días a cuidar a mi mamá para que no estuviera sola y para ver que comiera y cenara. Dado que prácticamente ya no oye, es muy difícil platicar con ella (debemos usar un pizarroncito para que entienda lo que se le dice). Entonces, la televisión ha sido un medio para entretenerla, sobre todo el canal Animal Planet que le divierte mucho.
  Anoche se me ocurrió cambiarle a la Copa América mientras mi madre iba a la cocina y al regresar, le dije que iba a ponerle de nuevo el canal de los animales, pero ella me dijo que no, que le dejara al fut, que le gustaba, cosa de la que yo francamente no me acordaba. Por eso hoy vi con ella el partido de México contra Uruguay, completito, y hasta se emocionó con los goles. Me preguntaba de cuál color jugaba México y no perdía detalle. Fue muy divertido que a sus 94 años la pasara tan bien con el encuentro.
  Ya más noche, hablé con mi hermana Myrna para contarle y ella sí se acordaba del gusto futbolero de nuestra progenitora: "acuérdate que iba con mi papá al estadio y que siempre le fue al Guadalajara", me dijo. Yo no lo recuerdo, pero Myrna tiene una memoria impresionante, así que le creo todo.
  Qué buen domingo (porque además ganó México).

sábado, 4 de junio de 2016

Las posibilidades del neoodio

Escribía en mi columna anterior acerca de ese nuevo odio que, a partir de las elecciones de 2006, se ha engendrado entre los mexicanos y nos ha dividido prácticamente en dos bandos inconciliables. El surgimiento de ese neoodio que hoy se palpa sobre todo en la política, los medios y las redes sociales no fue gratuito y espontáneo. De hecho pareció ser inducido, como si formara parte de una estrategia que buscaba –que busca– sacar raja del hecho de que desconfiemos y nos miremos con rencor unos a otros.
  Dos acontecimientos recientes vienen a confirmar esto. Primero, el desconocimiento (con una sarta de improperios incluida) de su propio hermano, Arturo, por parte de Andrés Manuel López Obrador, debido a que aquél no se pliega a lo que éste decreta. Esta ruptura fraterna fue un espectáculo tan patético como revelador.
  El otro hecho de neoodio lo protagonizaron los grupos neofascistas chiapanecos identificados con la CNTE que vejaron, humillaron y raparon a seis indefensos trabajadores de la educación, entre ellos dos mujeres de edad, sin que nada ni nadie los detuviera, en un acto que recuerda al nazismo y sus primeras acciones contra los grupos judíos en la Alemania inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial.
  Estamos ante un odio que corrompe al tejido social y lo vuelve vulnerable. Un rencor visceral que apela a la violencia ciega y maniquea y la justifica con sinrazones basadas en la mala situación del país, al tiempo que se sabotea cualquier reforma o medida que busque mejorar dicha situación. Los odiadores no buscan el bienestar de las mayorías empobrecidas, tampoco el mejoramiento de sus condiciones de vida. Sólo pretenden llevar agua a su molino en un afán obsesivo, vengativo y enfermizo por hacerse del poder.
  ¿A quiénes conviene esta corrupción ética y moral, tanto o más grave, por profunda, que la otra corrupción, es decir, la de los dineros? ¿Quiénes intentan sacar provecho político del divisionismo y el fomento de este nuevo odio? ¿Quiénes piensan que entre más rencor exista entre los mexicanos, mejor será para conseguir sus egocéntricos fines?
  La respuesta resulta tan obvia que se cuenta sola.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 3 de junio de 2016

Russell

Terminé de leer esta estupenda biografía de Bertrand Russell, escrita por Ronald Clark y editada por Salvat en 1985. Se trata de un libro tan ameno como revelador de la personalidad de una de las más grandes inteligencias que ha dado la humanidad, un personaje extraordinariamente rico desde los más diversos puntos de vista: el filosófico, el matemático, el político, el pacifista, el educativo y hasta el sexual y sentimental.
  Noventa y ocho años vivió este singular pensador británico, amigo de Albert Einstein, D.H. Lawrence, T.S. Elliot y Ludwig Wittgenstein, entre otros. Su muy activa y militante vida es aquí narrada con soltura y hasta con destellos de buen sentido del humor que nos llegan a presentar al Russell casanova y donjuanesco que solía caer embelesado ante las muchas mujeres que conocía. No en balde se casó cuatro o cinco veces a lo largo de su fructífera vida.
  Gran contribuyente de las teorías matemáticas y filosóficas de su tiempo, a las que revolucionó, era capaz de escribir y opinar sobre cualquier tema, siempre con brillantez y con una enorme capacidad para la provocación intelectual, lo cual le acarreó miles de admiradores y miles de detractores.
  Agnóstico, anticomunista, pacifista, luchador contra los totalitarismos y la proliferación de armas nucleares, falleció luego de dictar una conferencia. Su brillantez no lo abandonó siquiera poco antes de morir, en 1970.
  Una biografía ejemplar.

jueves, 2 de junio de 2016

Brian Eno y el deseo de navegar

Existen muy pocos músicos, si es que los hay aún, que tras más de cuatro décadas de hacer discos –como parte de un grupo, como solistas, como productores, como arreglistas–, aún sientan la necesidad de retarse a sí mismos y traten de realizar algo diferente a todo lo que han hecho con anterioridad. Brian Eno es uno de ellos..., si no es que el único.
  El multiinstrumentista y compositor nacido en Suffolk, Inglaterra, en 1948 (acaba de cumplir 68 años el pasado 15 de mayo), decidió cambiar todos sus paradigmas y buscar la creación de algo nuevo, de algo que antes jamás había intentado. El resultado de esta determinación es el flamante álbum The Ship (Warp Records, 2016).
  “Quise hacer un disco de canciones que no estuviesen basadas en las estructuras rítmicas y armónicas tradicionales, sino que dieran la suficiente libertad a las voces cantadas para flotar por encima de la música y gozar de su propio tiempo y su propio espacio, como partes independientes de un paisaje”, explicó hace poco el antiguo integrante de Roxy Music. Para ello, compuso cuatro canciones, dos de ellas muy largas, que fluyen como él lo pretendió, a lo largo de casi cincuenta minutos.
  La idea conceptual y temática del disco proviene de mucho tiempo atrás y nació cuando Eno trabajo como productor de su amigo, el percusionista Gavin Bryars, en el disco Sinking of the Titanic, de 1977. De ahí se le quedó en la mente la historia de aquel malogrado trasatlántico y le llevó casi cuarenta años hacer algo con ella.
  El de Bryars era un disco de música folk y lo que ha hecho ahora Eno nada tiene que ver con ello. De hecho, la idea de este nuevo trabajo lo ha llevado de regreso al ambient, algo en lo que no incursionaba desde su excelente álbum Lux de 2012.
  The Ship está dividido en dos partes. El track homónimo, de 21 minutos de duración (una reflexión minimalista sobre el hundimiento del Titanic), y la composición “Fickle Sun”, de 26 minutos, dividida en tres partes (o tres canciones).
  “The Ship” es una composición autocontenida, misteriosa, fascinantemente monótona e hipnótica, apoyada en el uso de sintetizadores y sampleos que nos van metiendo poco a poco en una atmósfera neblinosa y nocturnal, necesariamente oscura. Eno incorpora su voz, intencionalmente grave (muy grave, con tonos bajísimos), cuando la pieza lleva ya seis minutos, y lo hace sobre dos acordes que se repiten ad infinitum (“The Ship was from the willing land / The waves about it roll / and as a glow by powder band / We lift, we loot, we haul”) al tiempo que va añadiendo, con elegancia y discreción, diversos sonidos que incluyen desde cuerdas sintetizadas hasta voces fantasmales tomadas de viejas transmisiones radiofónicas y desde una segunda voz femenina hasta un coro de sirenas interpretado por el grupo vocal femenino The Elgin Marvels. La pieza sumerge al escucha en el uniforme avanzar del gran trasatlántico, su paso por las olas, su lento transcurrir oceánico y su trágico final, todo sin alteraciones, manteniendo siempre una uniformidad sonora que vuelve tan desesperante como fascinante, tan angustiante como cautivadora, la historia del naufragio. Eno nos sitúa en ese ambiente marino y helado, nos hunde auditiva y casi literalmente en las aguas del Atlántico Norte, nos hace sentir como si fuésemos una de las víctimas del naufragio y escucháramos desde el fondo del océano todos esos sonidos inquietantes.
  Por lo que toca a “Fickle Sun”, con una primera parte de 18 minutos de duración, estamos ante una obra más siniestra y tensa aún, oscura, muy emparentada con el gótico y la música doom. Aquí también, Brian Eno canta, pero lo hace con menos monotonía y más intención dramática, mientras que lo ambient nos rodea y borda incluso las orillas del rock progresivo, como escuchamos en la primera parte del tema, con algunos acordes pesadísimos, cercanos a lo orquestal, y que aparentan el golpeteo de grandes láminas metálicas, mientras un órgano tétrico mantiene un larguísimo continuo o esas voces que parecen provenir de un negro y profundo más allá. En una segunda y breve sección, con el subtítulo “The Hour Is Thin”, el actor Peter Serafinowicz lee un relato poético, acompañado por un piano solitario, mientras que en la tercera Eno retoma con enorme respeto un hermoso y triste tema escrito por Lou Reed para el álbum The Velvet Underground, editado en 1969: “I’m Set Free”. El ambient se desvanece y da pie a una melodía de rock pop con tintes folkies y con una instrumentación que incluye teclados, violín, viola, guitarra y batería. Las armonías vocales son de una hermosura conmovedora y dan al disco una conclusión esperanzadora que contrasta con su dramático inicio.
   Vaya manera que eligió Brian Eno para celebrar sus 68 años de vida, con una obra impresionante y majestuosa.

(Publicado hoy en "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

miércoles, 1 de junio de 2016

Blues de verano (o sobre el eclecticismo musical de los millenials)

¿Qué tan importante es la historia de la música y en especial del rock? ¿No basta con disfrutarla sin más? ¿No es suficiente con escucharla y, en todo caso, saber quién la interpreta y ya? ¿Por qué demonios tenemos qué saber que determinada canción o cierto disco forman parte del historial de un grupo o solista, que este o aquel pertenecen a determinado movimiento, el cual se deriva de otros movimientos que pertenecen a un género equis? ¿Es útil saberlo? ¿Para qué? ¿En qué me puede enriquecer eso si lo que me importa es oír mis piezas favoritas sin el menor contexto, sin tener que llevarlas al aburrido campo de la historia, así se trate de la historia del rock?
  De ese modo parecen reflexionar cada vez más las nuevas generaciones de escuchas, a quienes el uso de la música por medios digitales se ha encargado de descontextualizar de tal modo que lo mismo les da poner una balada pop seguida de un hip-hop, para de ahí saltar a una cumbia y terminar con algo de post-punk. Por supuesto, sin saber cosa alguna de cada género y prácticamente sin distinguirlos entre sí, al fin que "todo es música".
  ¿Es esta manera, tan millenial, de oír la música algo bueno o algo malo? No lo sé a ciencia cierta, aunque para mí, un tipo nacido en la década de los cincuenta del siglo pasado, con una forma de escuchar discos tan distinta a como se escuchan hoy, resulte muy desconcertante y, sí, lamentable.
  Hace unas semanas, mi querido amigo (mío y de esta casa editorial) Juan Carlos Hidalgo me pasaba por inbox diversos videos de YouTube con distintas agrupaciones de diferentes partes del mundo. Sé que lo hacía con la mejor de las intenciones, como para romper mi cerrazón ante ciertos tipos de música, pero no lo logró y al final desistió. Me puso, por ejemplo, a un grupo llamado Las Chamanas como la gran novedad y le dije que me resultaba de flojerita. “Suena todo sufrido, con ese sonido a lo Pasteles Verdes o los Temerarios, sin una pizca, así sea mínima, de rock”, le escribí. Insistió con una banda proveniente de Dinamarca, llamada Giant Giant Sand, que canta un tema llamado “Cariñito” (?). ¿Daneses que tocan ska andino al estilo de la Tigresa de Oriente? ¡Bueeeeno...!
  Como no daba mi brazo a torcer, el buen Juan Carlos me mandó videos de un inenarrable grupo de garage peruano (Los Saicos) y otro en el que un quinteto quizá gringo (Chicha Libre) destroza “Guns of Brixton” de The Clash al convertirlo ¡en una cumbia! Como intento final, me pasó tres videíllos de una terrible agrupación mexicana llamada (of all names) Pellejos. Le contesté: “Los videos son espantosos, la voz horrenda, la letra muy malita”. No sé por qué mi estimado cuate pensó que alguna de aquellas propuestas me gustaría, pero aunque le expresé mi admiración por su vocación de arqueólogo y sociólogo de la música, tuve que decirle que no me podía imaginar a mí mismo escuchando un disco o presenciando un concierto de cualquiera de esas cosas.
  Pero regreso a mi planeamiento inicial. ¿Podemos prescindir de la historia de la música en general y del rock en particular? De poder, sí podemos. Sin embargo, creo que al conocer el surgimiento y desarrollo de los muchos géneros y subgéneros musicales y al ubicarlos en sus contextos históricos, podremos enriquecer nuestra visión (y nuestra audición) de ellos. Aislar a la música, enajenarla, descontextualizarla, decretar el fin de su historia (Francis Fukuyama dixit) es una mala idea. El arte y la cultura siguen siendo valiosos, a pesar de los tiempos que vivimos. De este summertime blues.

PD aclaratoria: Juan Carlos Hidalgo no es ni por asomo un millenial o alguien que reniegue de la historia de la música. No obstante, la divertida y curiosa selección de videos que me hizo llegar fue un buen motivo para escribir mi columna de este mes.

(Texto publicado este mes en mi columna "Bajo presupuesto" de la revista Marvin)

martes, 31 de mayo de 2016

Juanga Clearwater Revival

Gran alboroto provocó, a lo largo de la semana pasada, la publicación en redes sociales de un video en el cual Juan Gabriel interpreta una versión asombrosa del clásico de John Fogerty “Have You Ever Seen the Rain”.
  Digo que es asombrosa porque el cover del famoso Juanga es de un cutre y de una chafez que provocan pena ajena (aunque, no menos asombrosamente, el sector hipster lo defendió como si fuese una joya de la más alta calidad musical).
  Se trata, por si fuera poco, de un adelanto de lo que será un disco-tributo a Creedence Clearwater Revival, el cuarteto californiano sesentero popularmente conocido en México como “Los Cridens”. El atentado promete ser mayúsculo, porque entre los participantes en este “homenaje” a las composiciones de Fogerty (llamado -es en serio- Quiero Creedence) se encuentran nada menos que Enrique Bunbury, Juanes, El Tri, Los Enanitos Verdes y ese grupo de estilo (es un decir) inenarrable que es Enjambre.
  Pero de vuelta a la canción de marras que Juan Gabriel rebautizó (of all names) como “Gracias al sol”, nos encontramos con una cosa chillante y plena de humor involuntario (aunque un humor involuntario que -vaya paradoja- no hace reír), en la que la música es ejecutada (literalmente) de manera casi idéntica a la de la versión de 1967, mientras que la letra fue cambiada y trastocada por otra que roza los límites de la estulticia (“Ahora no, no ha llovido el día de hoy / ahora no, no hace frío ni calor / Hace buen tiempo, gracias al sol), sin el menor respeto por lo que decía la original, en la que Fogerty realizaba una reflexión existencial y simbólica, al comparar una vida triste con el hecho de que llueva en día soleado.
  Esta manía de hacer tributos parecía haber disminuido. Esperemos que no surja una nueva oleada de la que sean víctimas otros “homenajeados”. Por lo pronto, lo conmino, querido lector, a que acuda a los originales y escuche o vuelva a escuchar la estupenda música de John Fogerty (porque Creedence Clearwater Revival era él) y se evite el sonrojo de oír covers tan lamentables como éste.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡Hey! de Milenio Diario)

lunes, 30 de mayo de 2016

Alguien más

Esta serie pasó por el Canal 11 en 2013, pero la verdad que ni cuenta me di y de casualidad la descubrí hace poco en Netflix, me asomé a verla y me agradó. Se lo comenté a ella y empezamos a verla juntos cada vez que venía a visitarme, hasta que la terminamos hoy en la noche. Nos divirtió mucho a decir verdad.
  Alguien más sigue la línea de Soy tu fan, desde el hecho de que la guionista argentina, Constanza Novick (muy buena, por cierto), es la misma. La historia resulta simpática: Arturo (Fernando Álvarez Rebeil), un arquitecto medio yuppie, medio mirrey, medio hipster y medio chairo, treintón, que se mueve en los rumbos de la Condesa, la Roma, Coyoacán y Polanco, se separa -en Londrés- de Irene (Ana Serradilla), su novia mexicana, quien lo abandona para casarse con un DJ inglés. Él se regresa a México, entra a un despacho de arquitectos y se relaciona con Sofía (Eduarda Gurrola), su mejor amiga. Pero tres años después, Irene regresa a México y de ahí parten varias historias paralelas, sobre todo de los amigos y parientes de Arturo.
  Las actuaciones son buenas y naturales, el argumento es inteligente, los diálogos ingeniosos, las situaciones divertidas. Realmente una serie que vale la pena ver para pasar un buen rato y en la que destacan otros actores como Paloma Woolrich, Daniel Martínez, Héctor Kotsifakis, Manuel García Rulfo, la preciosa Ximena Romo y la muy simpática Mariana Treviño.
  ¿La recomiendo? Sí... y ojalá hagan una segunda temporada.

domingo, 29 de mayo de 2016

Out of Our Heads

Si bien aún habría de transcurrir un año para que apareciera un álbum escrito completamente por Jagger y Richards (Aftermath, de 1966), a mi modo de ver, Out of Our Heads (1965, con siete cortes propios y cinco ajenos) posee una mayor trascendencia, al contener dos de los temas más notables en la historia rollingstoniana: los clásicos “The Last Time” y, por supuesto, “(I Can’t Get No) Satisfaction” (con su riff inolvidable y solidamente rocanrolero), además de otras dos maravillas originales: la dulce y folky “Play with Fire” y ese blues sensacional que es “The Spider and the Fly”. Sólo por esas cuatro piezas, el disco vale oro; sin embargo, el mismo trae asimismo algunos covers de música soul de excelente factura como “Mercy, Mercy” (de Don Covay), “Hitch Hike” (de Marvin Gaye), “Cry to Me” y “That's How Strong My Love Is” (de Otis Redding) y “Good Times” (de Sam Cooke). 
  Respecto a los dos cortes más importantes de Out of Our Heads, “The Last Time” fue su primer éxito mundial de verdadera importancia, gracias a su riff hipnótico y a su intensidad interpretativa, mientras que “Satisfaction” significó su consagración como uno de los grupos más importantes del planeta a mediados de los sesenta (posición que jamás perderían). Tema que anticipa la rebeldía del siguiente lustro así como el descontento nihilista del movimiento punk de quince años más tarde, la canción sigue siendo un hito y posiblemente el tema emblemático por antonomasia de los Stones. Con su imponente riff de guitarra con fuzz (posiblemente el más célebre de la historia del rock), su frase emblemática, la batería de Watts y su estupenda y claridosa letra, cantada en forma por demás sugerente por Jagger, “No puedo obtener satisfacción” es piedra de toque que marcó un antes y un después, no sólo para los Rolling Stones sino para el rock and roll todo.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No. 11, dedicado a los Rolling Stones y publicado en mayo de 2004).

sábado, 28 de mayo de 2016

Neo odio y neo corrupción

México ha sido muchas veces una nación dividida, polarizada. Si revisamos nuestros 195 años de vida independiente, nos daremos cuenta de que la lucha entre dos visiones contrarias e irreconciliables sumió al país en un estado de guerra entre conservadores y liberales que convirtió al siglo XIX en un periodo de odio y sangre entre compatriotas. La larga paz porfiriana trajo una especie de espejismo que se rompió con el estallido de la llamada Revolución mexicana, la cual se volvió feroz a partir del cuartelazo de Victoriano Huerta y más feroz aún cuando las facciones que derrotaron al Chacal (constitucionalistas y convencionistas) se enfrentaron a muerte. Magnicidios (Carranza y Obregón), asesinatos de caudillos (Zapata y Villa), venganzas, cuartelazos, pronunciamientos, se tradujeron en la muerte de millones de personas. El maximato calmó un poco las aguas, pero no contuvo la guerra cristera, otro momento trágico de nuestra historia. Sin embargo, nos condujo a la institucionalización que consolidó el presidente Lázaro Cárdenas. De ahí, hasta el año 2000, se vivió una especie de nueva pax porfiriana, con el imperio del PRI que terminó cuando la oposición ganó por primera vez la presidencia de la república y el PAN arribó a Los Pinos. Fueron décadas en las que no desapareció la violencia (cuyo punto más alto fue el movimiento de 1968), pero sin que hubiera guerras civiles o manifestaciones de ese odio maniqueo que padecimos tiempo atrás.
  Hasta que llegó el año de 2006. Año electoral en el que a partir de la derrota por un pequeño margen del candidato de la llamada izquierda, empezó a ser sembrado en la conciencia de muchos un nuevo odio que se ha ido incrementando y difundiendo progresivamente, potencializado por las redes sociales.
  Este neo odio es una corrupción tanto o más grave que la corrupción de los dineros, porque es una corrupción ética y moral que está pudriendo al entramado social y ha hecho que numerosos mexicanos vuelvan a incubar el rencor y la desconfianza hacia los mexicanos que no piensan como ellos.
  A esta nueva corrupción me referiré en un segundo artículo.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 27 de mayo de 2016

Bonnie Raitt / Takin’ My Time (1973)

Uno de los más exquisitos álbumes de la gran intérprete y guitarrista californiana, en el cual, mediante una decena de temas de otros compositores, abarca una gran cantidad de géneros, del blues al folk, del jazz al calypso y del rhythm’n’blues de Nueva Orleans a la balada. Una perla.

Mejor tema: “Guilty”

jueves, 26 de mayo de 2016

The Following

Terminé de ver las tres temporadas de este violentísima serie de suspenso que, debo decir, me atrapó y me hizo verla casi de un solo golpe. Protagonizada y producida por Kevin Bacon (como el agente del FBI Ryan Hardy) y James Purefoy (como el asesino en serie y líder de una secta de fanáticos matarifes Joe Carroll), la trama presenta un caso de identificación enfermiza entre ambos personajes (los dos atormentados por su pasado) que lejos de ser la némesis el uno del otro, parecen complementarse tanto como se odian (hasta la mujer que ambos aman es la misma).
  Muchas cosas suceden a lo largo de las tres temporadas y muchos personajes aparecen en ambos lados del espectro ético y moral (es decir, de los buenos y de los malos), aunque sin caer demasiado en maniqueísmos.
  A pesar de la excesiva cantidad de crímenes y sangre, hay un dejo de humor negro en el programa y su ritmo narrativo no se detiene, lo cual es de agradecer.
  Es claro que se pensaba en una cuarta temporada, mas al parecer ya no hubo autorización para seguirla, lo cual no deja de ser una lástima.
  ¿Que si la recomiendo? Sí, claro, y la pueden ver por Netflix.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Un libro estupendo

Me gustan mucho el estilo y la prosa de Fernando Benítez, tanto en sus libros narrativos (como sus espléndidas novelas El rey viejo y El agua envenenada) como en su monumental Los indios de México (de chavo me leí los cinco tomos completos que tenía en su biblioteca mi hermano Sergio) u obras como En la ruta de Hernán Cortés. Es un autor al que he leído mucho, aunque hasta ahora le entré a su trilogía Lázaro Cárdenas y la revolución mexicana, del cual terminé hoy el tomo II: El caudillismo (aún no leo el primero tomo, referente al porfirismo, y tampoco el tercero, sobre el cardenismo).
  Gran libro, claro, conciso y lleno de información. Benítez sigue la vida de Lázaro Cárdenas y su relación con la revolución mexicana, pero no se limita a la cuestión estrictamente biográfica sino que estudia con amplitud los acontecimientos que se fueron sucediendo en el país en esos años. En este caso, la etapa que va del cuartelazo de Victoriano Huerta (1913) a la llegada a la presidencia de Cárdenas (1934). Veintiún años de historia de México relatados con gran pasión pero con absoluta objetividad, con un énfasis muy especial en la etapa del caudillismo de Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Los huecos que yo tenía respecto a la época del maximato, los llené después de la lectura de este libro y quiero profundizar más en ella. Magnífico libro, los otros dos tomos pronto habré de leerlos también.

martes, 24 de mayo de 2016

Dylan ante Sinatra, otra vez

Durante la primera mitad de los pasados años sesenta, no había mayor enemigo del rock que Frank Sinatra. Al crooner no le gustaba Elvis Presley, mucho menos los Beatles (ya no digamos los Rolling Stones) y despotricaba abiertamente contra ellos. Sin embargo, el paso del tiempo todo lo suaviza y hace que muchas cosas se olviden.
  Que un cantante como Rod Stewart haya grabado varios discos con standards del American Song Book y el Tin Pan Alley, no debe extrañar a nadie. El buen Ron siempre tuvo ese lado light y complaciente. Pero que alguien como Bob Dylan grabe no uno, sino dos álbumes dedicados a las canciones que interpretaba Sinatra, sí es algo que se debe resaltar.
  Shadows in the Night, su disco sinatrero del año pasado, fue aceptado como una simpática ocurrencia y en diversos medios se le reseñó con benevolencia. Pero ahora llega Fallen Angels (Columbia/Sony Music, 2016) y uno no sabe bien a bien qué decir ante este extraño empeño del autor de “Like a Rolling Stone” y “Highway 61”.
  Condenarlo sería gratuito y una muestra de absurda intolerancia. Porque además de todo, ambos platos son muy buenos y musicalmente no hay cosa alguna que reprocharles. Así pues, tomémoslos como lo que son: dos elegantes y nostálgicos caprichos discográficos de Dylan, en los cuales se da el gusto de interpretar canciones muy bellas y el lujo de hacerlas a su manera, con su propio grupo de músicos y con arreglos sutiles, austeros, limpios.
  En especial, el reciente Fallen Angels presenta una docena de temas (once de ellos del repertorio de Sinatra), algunos tan conocidos como “Young at Heart”, “It Had to Be You”, “That Old Black Magic” y “Come Rain or Come Shine”, y hay en todos ellos una jovialidad y una alegría que contrastan con las versiones un tanto sombrías del anterior álbum.
  La pregunta que queda flotando en el aire es si Frank Sinatra hubiera hecho un compilado de canciones dylanianas. ¿Cómo se habría escuchado Frankie boy al cantar “All Along the Watchtower”, “Tangled Up in Blue”, “Forever Young”, “Lay Lady Lay” o “Just Like a Woman”?
  Hubiera sido interesante saberlo.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 23 de mayo de 2016

Un poema a Francisco I. Madero



A MADERO


De los esbirros de la tiranía
caíste acribillado por las balas, 
y en el instante en que la vida exhalas...
¡La Patria de dolor se estremecía!

La Gloria entonces, justiciera y pía,
amortaja tu cuerpo con sus galas
y alzándote radiosa entre sus alas
te muestra con suprema gallardía.

Y empéñase la lucha fratricida: 
del Bravo hasta el Suchiate la matanza,
trémola su bandera enrojecida,

hasta que el pueblo lograda su esperanza
ve gozoso a la Patria enaltecida
por la heroica entereza de Carranza.

                                                                                                       E.C.G.

(Poema escrito por mi abuelo Emiliano en 1908. Las iniciales significan Emiliano Celso García).

domingo, 22 de mayo de 2016

Barcelona-Sevilla por Sófocles

Desde hace tiempo digo que un partido de futbol debe verse como una tragedia griega. Hay en cada uno drama, comedia, suspenso, un desarrollo narrativo, rompimientos sorpresivos, finales emocionantes. Como el juego de hoy entre el Barcelona y el Sevilla en la final de la Copa del Rey. Un encuentro épico, sordo, dramático, lleno de situaciones inesperadas. Un equipo andaluz echado atrás y cometiendo faltas pequeñas pero continuas para cortar el juego fluido del adversario catalán. Un Barcelona con la posesión del balón pero sin el talento necesario para traspasar el muro blanco. Primer golpe dramático: la expulsión de Mascherano (justa, hay que decirlo) al minuto 37 de la primera mitad y la inesperada situación de un Barça con diez hombres para afrontar el resto del partido. Parecía la debacle azulgrana, pero no fue así y se fueron al descanso cero a cero. Luis Enrique ajustó con la entrada de Mathieu como central y el francés, a un lado de un Piqué heroico y en plan grande, lo mismo que un Ter Stegen que lo salvó todo, logró mantener invicta una cabaña que lleva más de diez juegos sin ser vulnerada. Iniesta se echó al equipo a la espalda y dio uno de los partidos más grandiosos de su vida. Busquets fue otro bastión, como siempre. Un tiro al poste de Banega estuvo a punto de cambiarlo todo, pero Barcelona también contó con suerte. No tanta, sin embargo, cuando Luis Suárez se tironeó y debió ser cambiado por Rafinha. Panorama oscuro para los catalanes, hasta que a falta de diez minutos, Sevilla sufrió la expulsión (justa, hay que decirlo) del propio Banega y la partida se emparejó: diez contra diez. Llegó el final y se decretaron los tiempos extras. A partir de ahí, no hubo más equipo que el Barça. Messi recuperó la memoria perdida a lo largo de los 90 reglamentarios y dio un pase milimétrico, de antología, que dejó a Jordi Alba frente al magnífico arquero Rico. Gol blaugrana. El Sevilla se desfondó física y moralmente. En el segundo tiempo extra, en medio de un mar de patadas y faltas sevillanas, Leo sacó otra genialidad de la chistera y dejó a Neymar frente al arco contrario. Dos a cero. Partido sentenciado. La Copa del Rey y el doblete de la Liga son nuevamente, por segundo año consecutivo, del representativo de Cataluña. La batalla ha terminado. Los triunfadores celebran. Atenas ha vencido a Esparta.

sábado, 21 de mayo de 2016

Peña Nieto y la comunidad LGBTTTI

Dicen que se trata de una medida política oportunista de claros tintes electoreros. Dicen, también, que es la usurpación de una vieja demanda de la izquierda. Lo dicen, claro está, los mismos que se asumen como izquierdistas y que, sin embargo, han asumido actitudes mojigatas, reaccionarias y temerosas frente a esta antigua demanda.
  Me refiero, claro está, al hecho de que el presidente Peña Nieto haya enviado al Congreso una iniciativa de reforma constitucional para reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo y de paso reformar el Código Civil Federal, a fin de facilitar los divorcios exprés en todo el país. Dos medidas totalmente progresistas. A esto hay que añadir la histórica (porque lo es) reunión del pasado martes 17, en Los Pinos, entre el propio primer mandatario y la comunidad mexicana de lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero e intersexuales (LGBTTTI). Porque no fue una reunión tensa o agresiva. Todo lo contrario: resultó amable, cordial, tersa y, a mi modo de ver, una manera de tratar problemas de un modo políticamente civilizado, con diálogo, cordura y respeto, como deberían tratarse todos los problemas que afectan a los mexicanos.
  Sin embargo, ciertos sectores progres se unieron a lo más retrógrado de la Iglesia Católica para condenar las medidas propuestas al Congreso. Todo con tal de desacreditar estas medidas sólo porque provienen del poder ejecutivo y sin importarles que tengan el apoyo de la comunidad LGBTTTI. Ahí está el tuit de Martí Batres, alto dirigente de Morena que navega con bandera de izquierdista: “Ni toda la mota del mundo, ni todos los colores del arcoiris le quitan a @EPN lo traidor a México y lo ratero”, una manera de esquivar el hecho de que su patrón jamás ha querido apoyar los matrimonios gays o la despenalización del aborto.
  Quiéranlo algunos o no, se ha dado un gran paso para evitar la discriminación a quienes tienen preferencias distintas a las heterosexuales. Esperemos ahora que diputados y senadores se comporten a la altura y las aprueben.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 20 de mayo de 2016

La paradójica historia de El Personal

Si hay un grupo de culto en la ciudad de Guadalajara y en buena parte del país es El Personal. Su historia está llena de decires y contradicciones, de rumores y leyendas, de mitos que son verdades y de realidades que son mentiras. Para conocer de manera directa el trayecto de los creadores de “No me hallo”, “La tapatía” y otras canciones llenas de alegre ironía y filosísimo sentido del humor, hace cerca de quince años me trasladé hasta la llamada Perla de Occidente, capital mundial de la birria y las tortas ahogadas, para entrevistar por separado a dos sobrevivientes de esta agrupación: Andrés Haro y Alfredo Sánchez. He aquí este revelador reportaje, a manera de rescate hemerográfico.

Un perfecto galimatías
“El Personal surgió como una derivación de una revista que hacíamos por allá de 1982 o 1983, llamada Galimatías”, cuenta Andrés Haro, quien por cierto no guarda parentesco alguno con el líder histórico del grupo, el fallecido Julio Haro. Y continúa: “La revista era de un humor guarro y tuvo un éxito total. Publicábamos mil ejemplares, ochocientos que se vendían en la librería Gandhi del DF y aquí en Guadalajara nos arrebataban los otros doscientos. Era un proyecto independiente, autofinanciado, en el cual participaban moneros y escritores. En ese tiempo yo era el bajista del primer grupo de Gerardo Enciso. Por su parte, Julio Haro cantaba canciones de la trova cubana pero con la letra cambiada, cosas así como: ‘Muchas veces te dije que antes de hacerlo había que lavártelo bien’ y le dije un día: ‘Oye, tú cantas y aparte eres chistoretón, ¿por qué no nos juntamos para hacer algo’. Me dijo que sí, nos empezamos a juntar y salieron cuatro hijitos maravillosos: ‘Dale de comer al conejito’, ‘El último camión’, ‘Broche de oro’ y ‘Centerfold Blues’. Las cuatro canciones las hicimos en una grabadora multitrack, porque ni siquiera había grupo. Yo tocaba la guitarra y el bajo, programaba las maquinitas y Julio hacía las letras y cantaba. La grabación llegó a manos de un ‘productor’: el Mongo. En ese momento él estaba programando grupos en un antro del DF que se llamaba El Nueve y nos invitó a tocar ahí. Le dijimos que no teníamos grupo y él dijo: ‘Pues ármenlo’ y yo: ‘Pues qué güeva’. Nos comentó que debutaríamos con La Maldita Vecindad que en ese momento iba a hacer su primer demo y al que nadie conocía tampoco. Le dije al Mongo que nos diera tres meses para hacer más rolas y así lo hicimos. Compusimos otras cinco y arreglamos un cover de Rockdrigo, quien acababa de morir. Te estoy hablando de noviembre de 1985. Hicimos ‘Metro Balderas’ pero en una versión reggae y nos fuimos a México y debutamos en El Nueve. La gente se volvió loca, le fascinó el grupo y de ahí nos regresamos a Guadalajara y le seguimos. Aquello empezó solito a crecer y crecer y llegó un momento en que le dije a Julio que necesitábamos músicos de a de veras e invitamos entonces a un baterista muy bueno que se llamaba Pedro Fernández y a un tecladista, Alfredo Sánchez, que ya desde entonces era una institución. Entonces se consolidó la banda y era la locura generalizada”.

“Qué horrible”
Por su parte, el mencionado Alfredo Sánchez narra: “Fui invitado a El Personal para una presentación importante para la cual el entonces joven grupo necesitaba refuerzos. Ensayé con ellos, toqué una vez y ya no me salí. No es que fueran precisamente buenos (de hecho, la primera vez que los oí pensé: ‘qué horrible’), pero eran divertidos y hacían cosas diferentes. Cuando los conocí eran mayores sus limitaciones técnicas que sus virtudes instrumentales. Tenían todos, eso sí, un enorme gusto por músicas muy variadas y en ese momento estaban particularmente cerca de un género –el reggae– que habían asumido un poco como bandera en una época en que no estaba de moda. Pero entre sus influencias se podían percibir también ecos del arrabal, sonidos guapachosos, reminiscencias de grupos desmadrosos como los Xochimilcas o Botellita de Jerez. Además había en ellos ingredientes inconseguibles en las agrupaciones de rock: frescura, desparpajo, originalidad, nada de solemnidad pero, al mismo tiempo, seriedad en el trabajo. De hecho, no se podría pensar en El Personal como en un grupo de rock aunque algunos de sus integrantes tuvieran la secreta ambición de llegar a ser pop-stars”.
  Sánchez describe a sus entonces flamantes compañeros: “El grupo contaba con Andrés Haro –‘El Boy’- en el bajo, Óscar Ortíz en la guitarra y Alejandro López Portillo –quien sería suplido más adelante por Pedro Fernández– en la batería. Y sobre todo tenían como cantante a un músico intuitivo que conocía de pe a pa a Tin Tán, Chelo Silva y Bob Marley, que escribía textos filosos e irreverentes, que había hecho incursiones en la pintura, el teatro y la radio y que, en mi opinión, contribuyó a que el grupo pintara su raya en relación a las agrupaciones roqueras convencionales. Un personaje único, pues: Julio Haro”.
  Respecto a cómo surgió el nombre de la agrupación, Andrés Haro asegura que “lo de El Personal se lo puse yo, porque éramos una bola de amigos y llegábamos a las fiestas y nos decían: ‘¡Ya llegó el personal, una bolotota de gente!’”. Y prosigue: “Tuvimos muchísimo éxito. Se hicieron canciones como ‘Nosotros somos los marranos’ que fue como nuestro himno y ‘No me hallo’ que dio nombre al primer disco. Entonces surgieron las ofertas para grabar, entre ellas la de Pentagrama, pero Julio optó por hacer el disco con una amiga que tenía un bar en Puerto Vallarta. Estoy hablando de 1987. Editamos mil copias en acetato. La disquera Caracol existió para ese disco y desapareció”.

Los días contados
“Cuando iniciamos El Personal, sabíamos que Julio tenía los días contados”, comenta Andrés Haro. “Su chavo, José Manuel, acababa de morir, aunque en ese momento nadie sabía que había sido por el sida. Pero resulta que en 1989 Pedro, el baterista, se puso muy mal. Era también seropositivo y de repente decidió que ya estaba jodido y empezó una onda de autodestrucción muy pesada. Lo hospitalizaron en septiembre y un mes y medio después se murió. Ahorita lo cuento tranquilo porque ya pasaron muchos años, pero en ese momento no nos la acabábamos. De hecho, en los últimos conciertos que dio El Personal tocamos con una maquinita de ritmos, porque Pedro estaba hospitalizado Y aun cuando empezamos a calar a otros bateristas, estábamos completamente destrozados y en ese momento Julio se empezó a poner también muy mal, se empezó a ir para abajo, hasta que se murió de sida”.
  Para Alfredo Sánchez, sin embargo, el final del grupo se dio antes de las muertes de Fernández y Haro: “El Personal, el primer Personal –para muchos, yo entre ellos, el único Personal– tuvo una vida corta, conflictiva y con matices trágicos. Dicen algunos que ese es el signo de los buenos grupos. Cuando se pensó en grabar el primer disco surgieron también los primeros desacuerdos –no musicales, por cierto, sino administrativos, organizativos, qué sé yo– que desembocaron en una primera desbandada que, por fortuna, duró poco. Sin embargo el germen del conflicto ya estaba instalado y poco a poco las discusiones se volvieron interminables y los desacuerdos irreconciliables. Había ocasiones en las cuales se invertía mucho más tiempo en tratar inútilmente de ventilar las diferencias que en ensayar nuevas canciones. Para colmo, la dueña de la disquera Caracol, que se había estrenado con aquel legendario disco, desapareció misteriosamente cuando se planeaba una nueva producción. Vino después la enfermedad y posterior muerte del baterista Pedro Fernández. Ya no hubo modo de seguir. Para mí, la historia termina cuando, ya con El Personal desintegrado, Julio y yo intentamos un nuevo grupo –un dueto–; Los Lagartos nos llamaríamos. Comenzamos a planear cosas pero al poco tiempo Julio enfermó y ya no se recuperó”.

La importancia de llamarse Julio Haro
¿Qué significaba Julio Haro dentro de El Personal? ¿Era la figura más importante? ¿Acabó el grupo luego de su triste fallecimiento? Alfredo Sánchez piensa que sí: “ No creo exagerar al decir que Julio era El Personal. No minimizo las aportaciones de los demás, todos contribuíamos en la medida de nuestras posibilidades y limitaciones; sin embargo, el grupo podría haber prescindido de cualquiera menos de Julio. De hecho esa es la razón por la cual los intentos de reagrupación, posteriores a la muerte de Julio, fracasaron. Se podía intentar de todo: reclutar a músicos más capaces, seguir componiendo en una línea desmadrosa e irreverente, tener al frente a un cantante con mayor capacidad vocal, pero lo principal era imposible de recuperarse. Y eso tenía nombre y apellido”.
  Por su parte, Andrés Haro quiso continuar con el proyecto, se asoció con Modesto López de Discos Pentagrama y grabó tres discos más, aparte de la reedición del No me hallo, el cual también fue publicado en España por la disquera independiente Pulques y permitió al grupo, con una nueva formación que sólo incluía a Andrés como integrante original, presentarse en la Madre Patria. Por cierto que uno de los nuevos miembros, el vocalista Lalo Parra, también era seropositivo y moriría de sida.

Las letras de El Personal
Si algo distinguió a El Personal fue la inteligencia y la gracia de sus letras. Dice Alfredo Sánchez: “Como letrista, Julio era ingenioso y ocurrente, sabía rimar y escribir décimas. Tenía una cultura musical amplia, herencia de sus años en el norte –había nacido en San Luis Río Colorado, Sonora, de donde su familia se trasladó a Guadalajara– y un sentido innato para mezclar buenas ideas musicales y letrísticas. Sus canciones podían lo mismo desternillar de risa al público que asistía a los conciertos en la Peña Cuica-Calli (prácticamente el único lugar donde se presentaba el grupo) que provocar la indignación de las buenas conciencias tapatías. Había en sus letras divertidas referencias sexuales, descripciones de la gastronomía regional, sarcásticas ‘reflexiones existenciales’, ingenuas declaraciones de amor con jiribilla”.
  ¿Qué es lo que queda de la leyenda de El Personal? ¿Sigue siendo un grupo trascendente a casi treinta años de la aparición de No me hallo, sin duda uno de los discos fundamentales en la historia del rock en México? Habla Andrés Haro: “El No me hallo se sigue vendiendo. Trae ‘Niño déjese ahí’ que es nuestra contribución a la terapéutica Gestal. Esa letra salió en el libro Los cien más cachondos rocanroles de las lenguas españolas de Federico Arana. Hemos salido en 25 recopilaciones, estamos en la enciclopedia temática de Jalisco, etcétera, etcétera. Para haber sido una burla, un atentado a los valores musicales, pues no estuvo tan mal.  Me da mucho gusto que se sigan vendiendo los discos a pesar de que la banda ya no existe”.
  Por su lado, Alfredo Sánchez concluye: “Siempre he pensado en lo paradójico de que un grupo tan divertido y antisolemne como El Personal estuviera marcado de manera tan brutal por la tragedia. Sin embargo, siempre que recuerdo toda aquella locura, no puedo evitar sonreír, como seguramente sonríen quienes vuelven a escuchar las canciones de Julio Haro”.

(Reportaje que escribí y publiqué originalmente en 2001, en la revista La Mosca en la Pared, y rescate ayer jueves en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos).

jueves, 19 de mayo de 2016

Vivir en los 90

Por Julio Patán

¿Recuerdan lo que significó vivir en los 90, particularmente para quien había decidido ganarse la vida en los medios impresos? Sobrevivían unos cuantos encartes culturales, pero los veteranos del gremio te veían con mirada triste, detrás de un vaso de whisky malón (el TLC no combinaba con las cubas), y decían que las cosas ya no eran como antes, cuando los suplementos, comandados por los figurones de la intelectualidad, tenían dinero. Los 80 le habían inyectado prestigio al “rock en tu idioma”, pero la industria editorial en torno a ese fenómeno simplemente no salía de la marginalidad y revistas de orden cultural con peso había dos, Nexos y Vuelta, insuficientes para la inagotable cargada de poetas impulsados por las becas estatales, como si -igual que pasa en Cuba con los médicos- hicieran falta tantos auteurs por cada cien mil habitantes.
  Para acabarla de joder, Marcos había asomado las narices por las Cañadas. Esto, en términos de sobrevivencia periodística, significaba o alinearte con el utopismo indigenista o ver divididas entre dos tus posibilidades de publicar al menos una miserable reseña de a 100 pesos, por la guerra fría entre los medios. Pero lo más doloroso, en ese contexto, era tratar de ligar. Quienes teníamos veintitantos y no estábamos convencidos de que las comunidades indígenas contenían el secreto de la felicidad, vimos cómo al roquero local se sumaba otra galería de competidores sexuales inéditos, improbables, repelentes: antropólogos sexagenarios que sin embargo te podían llevar de la mano a conocer las comunidades, compañera; veteranos del análisis político con cara de “¿A poco pensaban que el capitalismo había triunfado?”, vascos que habían cambiado la heroína por la revolución (las adicciones no se dejan, se reemplazan)...
  Evocaba esos años pesadillescos al releer Matar por Ángela, la adictiva, irreverente, precisa novela que Hugo García Michel vuelve a publicar con Lectorum. Porque a ese mundo pertenece Gazca, un periodista musical enamorado sin esperanza de una fotógrafa joven, un hombre capaz de, por amor, maquinar, irreprochablemente, incluso un asesinato y que nos recuerda a muchos la vida de entonces, tan sufridita. Maldito Hugo, qué talentos. Porque eso, “recordar” en serio su vida al lector, como él, es el arte dificilísimo de la sátira.
  Decían los compañeros de mesa en la presentación, particularmente Ciro Gómez Leyva, que el libro tiene evidentes raíces autobiográficas. Ok. Pero que me explique por qué entonces Hugo, el maldito Hugo, además de todo vive rodeado de mujeres.

(Texto publicado por mi querido Julio Patán en su columna de cada martes en Milenio Diario).