domingo, 13 de enero de 2019

Alicia


sábado, 12 de enero de 2019

Cámara húngara: La gasolina en los tiempos de la cólera

No son tiempos para encender los campos secos y mucho menos con gasolina. Y sin embargo…
   Cinco y días y contando. El desabasto del preciado hidrocarburo ha sido la cereza podrida en el chamuscado pastel que el nuevo gobierno se ha encargado de mal hornear a lo largo de sus primeras seis semanas de desatinos.
   Si a lo largo de diciembre resultaba asombroso cómo el nuevo presidente de México y su equipo cometían una torpeza tras otra (desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco hasta la decisión de poner el mando de la temible Guardia Nacional en las manos de los militares, pasando por la polarización inducida desde Palacio Nacional, los ataques contra la Suprema Corte de Justicia, el Tren Maya, la reducción del presupuesto a las universidades y los órganos autónomos y un largo etcétera que parece difícil de creer), la súbita decisión de combatir al huachicoleo hizo que desde arriba se ordenara el cierre de oleoductos y con ello se diera una jamás vista escasez de combustible en cuando menos diez entidades de la república mexicana, incluida la Ciudad de México.
   Aún no queda claro en qué consiste ese pretendido embate contra quienes practican el robo de hidrocarburos, pero hasta el momento todo se ha ido en explicaciones tan vagas como contradictorias y en acusaciones contra la corrupción que no se han traducido en una sola detención de los delincuentes que extraen gasolina, diesel y otras sustancias de los tubos de Pemex. Lo que sí es más que claro y evidente es la histeria colectiva que esta torpe decisión (o cuando menos la manera de implementarla) ha provocado entre la ciudadanía y que se tradujo en compras de pánico, caos vial, incertidumbre y temor, además de cuantiosas pérdidas económicas.
   Porque si realmente se tratara de combatir al huachicoleo, ya sabríamos de intervenciones de las autoridades en lugares neurálgicos de este delito, como San Martín Texmelucan, Puebla, por ejemplo, o ya se hubiera intervenido al sindicato y a las altas dirigencias de Pemex, desde donde todo parece indicar que se opera la mayor parte del robo de combustible. Pero nada de eso se ha hecho y sólo se han producido una palabrería y una demagogia incontinentes.
  Con un director de Pemex que ha demostrado que además de ser un perfecto ingeniero agrónomo es un sordomudo profesional y con la polarización a tope, la situación amenaza con volverse cada vez más grave y hasta incontrolable, ante la necedad de no aceptar errores y no reabrir los ductos que alimentan de gasolina a la mitad del país.
   Seis semanas apenas y el mundo de Mad Max está llegando a México. Habría que encargarle a Alfonso Cuarón o a Guillermo del Toro que filmen la siguiente cinta de tan emocionante y desoladora saga.

domingo, 6 de enero de 2019

sábado, 5 de enero de 2019

Cámara húngara: Cuando las “benditas” redes sociales se convirtieron en malditas

El mundo al revés. O para mejor decirlo: el país al revés. Eso es México en estas primeras y delirantes semanas de la pomposamente llamada Cuarta Transformación.
   Porque ahora que dejaron de ser oposición para convertirse en gobierno, el presidente López Obrador y los suyos nada más no encuentran la brújula y no logran asumirse como lo que son. Lejos de ponerse a gobernar y entender que deben hacerlo para todos los mexicanos, insisten en mantenerse en campaña y en continuar su lucha (es un decir) contra sus conservadores, mezquinos y canallas adversarios (Peje dixit).
   Un ejemplo de este país al revés se da muy claramente en las redes sociales. Luego de que durante largos años estas fueron utilizadas hábilmente para minar a los gobiernos anteriores (y tan útiles les resultaron que en su discurso de toma de posesión el tabasqueño las calificó como benditas), ahora que muchos opositores de Morena las usan como un instrumento de crítica, resulta que los obradoristas se quejan de ellas y lloriquean ante la avalancha de cuestionamientos que reciben. Por supuesto, afirman que se trata de campañas orquestadas por la derecha y que son bots y no personas quienes los atacan.
   Otro ejemplo de este enrevesamiento se ha dado luego de que el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional volvió a dar signos de vida y se declaró opuesto a los planes presidenciales en el sureste del país, en especial al famoso Tren Maya, al paso transístmico y a la construcción de refinerías. Esta postura bastó para que, de golpe y porrazo, los adictos al régimen acusaran al EZLN de ser un instrumento de la oligarquía y desacreditaran a su ídolo anterior a AMLO, el sup Marcos, hoy auto rebautizado como Galeano. ¿No les parece conmovedor el asunto?
   El panorama empieza a ponerse divertido y nos espera un año lleno de circo, maroma y teatro. El que las redes ya no sean suyas y el que los neozapatistas los confronten son cosas que no estaban en el guión de la secta morenista. Su reacción ha sido histérica, pues no saben cómo manejar ambo asuntos. Y si a ello le agregamos los yerros diarios, las pésimas decisiones que se han tomado y la cada vez más evidente incapacidad que tienen para gobernar (tanta que han tenido que refugiarse en las fuerzas armadas para mantener el control si este se les va de las manos), la situación es de franca risa loca. Lo malo es que, con esa incapacidad, nos están llevando a todos entre las patas.

miércoles, 2 de enero de 2019

98 años de mi padre

Mi papá por allá de 1940, a sus 19.
Mi padre hubiera cumplido hoy 98 años de edad. Se llamaba Juan Rubén García Ayala. Nació el 2 de enero de 1921, en Mixcoac, Distrito Federal. Felicidades donde quiera que estés, papá. Te extraño.

lunes, 31 de diciembre de 2018

2018, un abierto balance personal y político

Se fue 2018. Vaya año. Muy difícil en lo personal, muy complicado en lo nacional. Cada 31 de diciembre me hago la misma pregunta: ¿cómo estará todo para el próximo fin de año? Aunque en otras ocasiones solía haber algunos cambios, no eran tantos como sucedió en este. Hace doce meses ni en el peor de mis malos sueños habría imaginado lo que ha sucedido en 2018 y la inesperada situación en la que me encuentro hoy como persona y en la que se encuentra México como país.
   En lo personal, luego de ocho meses más o menos normales, en agosto sobrevino la fatal llamada telefónica en la que se me comunicó (ni siquiera lo hicieron personalmente) que después de 18 años de colaborar en Milenio, quedaba fuera del periódico. Así nada más. Sin la menor consideración, sin el mínimo agradecimiento y, por supuesto, sin liquidación económica alguna. Fue para mí un golpe durísimo que marcó mi año de manera indeleble y que me dolió no sólo en el bolsillo sino también en lo sentimental, porque realmente amaba trabajar en ese diario. Como lo marcó otro cambio radical: el de mi mudanza a Tlalpan. Después de 18 años (sí, coincidentemente los mismos que estuve en Milenio) de habitar en el apartamento rentado de la colonia Ciudad de los Deportes, donde viví tantas cosas buenas (la mayor parte) y malas (pocas, pero importantes), debí dejarlo por cuestiones familiares. Hay que decir que esta decisión ya estaba tomada antes de mi despido de Milenio, por lo que este último hecho nada tuvo que ver con la mudanza a la casa de mi madre, donde estoy viviendo desde el 14 de septiembre. Hoy día, me hago cargo de mi mamá, a sus 97 años, y me he adaptado bien a la nueva vida (yo que solía dormirme a las cinco o seis de la mañana todos los días, ahora tengo que levantarme a las ocho para darle de desayunar a mi progenitora). Ciertamente, estoy bastante más lejos de donde vive la gran mayoría de mis amistades (sobre todo mis amigas más entrañables), pero habito una casa un poco más amplia y dejé de pagar renta. Unas cosas por otras. Espero terminar de adaptarme a lo largo del año próximo. Después de todo, se trata de regresar a mi terruño, a mi Tlalpan amado, aunque hoy sea tan distinto al que dejé hace casi dos décadas.
   Esos fueron los dos cambios fuertes y radicales que tuve este año en lo personal. Por fortuna conservo mi trabajo como coordinador del sitio de música de la revista Nexos y han ido saliendo algunas otras oportunidades, aunque todavía no logro reponerme del todo del golpe económico que implicó mi salida de Milenio.
   De lo bueno, está lo de mi disco que a pesar de ir lento va seguro y está quedando más que bien, gracias a Iris Bringas y Jehová Villa Monroy, mis productores y benefactores, y a todos los músicos que se han seguido incorporando al proyecto en diferentes canciones. Espero que en 2019 aparezca al fin. También tuve el gran honor de colaborar con un texto en "Un hombre libre", el libro homenaje a Luis González de Alba que coordinó el buen Rogelio Villarreal.
   En lo familiar, todo bien con mis hijos, mis hermanas, mi madre y mi gente más próxima. Todos ellos están bien y gozan de cabal salud, al igual que mis amigas más cercanas, de la mayoría de las cuales conservo la amistad y el amor que nos une. No diré nombres, pero hay cuatro o cinco de ellas que se han vuelto todavía más entrañables de lo que ya eran para mí. Sólo una me decepcionó un poco, pero la conocí apenas hace unos meses y no es de mis amigas de siempre. Apuntaba a convertirse en una persona importante en mi vida, una hermosa amistad, pero se atravesó un patanesco galancillo de esos que abundan, un junior hipster y fantoche (y para colmo vegano) que la alejó de mí. En fin, el tiempo dirá si vuelvo a verla. Hice nuevos amigos y algunos que se decían mis amigos me mantienen borrado por cuestiones ideológicas.
   En cuanto a México… Bueno, todos lo estamos viviendo. Hubo elecciones federales, Andrés Manuel López Obrador finalmente se hizo de la presidencia de la república y en su primer mes de gobierno hemos ido de un absurdo a otro con una velocidad delirante. Nada hay hasta ahora que permita pensar en que será un buen sexenio. Todo lo contrario. Las decisiones que ha ido tomando el nuevo gobierno, apoyado en su predominio en las dos cámaras legislativas, auguran años oscuros y ominosos. Es cada vez más claro que los de Morena no saben gobernar y que la responsabilidad del Estado les está quedando demasiado grande. En mi columna “Cámara húngara” que sigo escribiendo por ahora, desde mi blog El rojo y el negro, he estado hablando al respecto y lo seguiré haciendo.
  La costumbre en esta fecha es desear a todos un muy feliz nuevo año y así quisiera hacerlo, aunque los signos apunten en sentido contrario. Ojalá estos chivos en cristalería no arruinen la economía, ojalá no conviertan al país en un Estado militarizado y represivo en el que la libertad de expresión quede conculcada. Las señales son oprobiosas. La vocación dictatorial de quien se niega a asumir la presidencia y quiere continuar como jefe de un movimiento enloquecido y lleno de fanáticos no muestra deseos de cambiar para bien. Ni siquiera existe margen para otorgarle el beneficio de la duda. De hecho, algunos que votaron por la llamada Cuarta Transformación ya están arrepentidos y el número crece. Claro que hay muchos fieles todavía, pero estoy cierto de que se irán decepcionando a pasos acelerados. Con todo, será interesante observar el transcurso de los hechos durante los doce meses que vienen.
   2019 es todo un reto. Tendremos que asumirlo de esa manera en todos los sentidos. No nos queda de otra.
   Sólo espero que el próximo 31 de diciembre no estemos hablando de un país derruido. Oj-Alá, como dirían los musulmanes.

domingo, 30 de diciembre de 2018

El affaire Fainchtein

Cuando hace unos diez días vi en Netflix la mitad de la película Roma de Alfonso Cuaron, escribí en Twitter lo siguiente: "Gran duda existencial: ¿la Roma de Cuarón que están pasando en Netflix es la misma que proyectaron en diferentes salas antes del día 14 y de la que todos coincidían que era una obra maestra y la mejor película mexicana de todos los tiempos? Algo me dice que nos la cambiaron".
  Una cosa que me llamó la atención fue que la supervisión musical del filme estuviese a cargo de Lynn Fainchstein, quien aparece haciendo lo mismo en numerosas películas y series mexicanas, lo cual me llevó a reflexionar sobre la monopolización que ejerce y si no existirán otras personas con los conocimientos musicales suficientes como para que puedan hacer lo mismo.
  Hace un par de días, recordaba esto y se me ocurrió subir a mi Facebook el siguiente comentario, evidentemente irónico: "Una duda: ¿en la Ley Federal Cinematográfica hay algún artículo o alguna cláusula que obligue a que en todas las películas mexicanas la supervisión musical tenga que estar a cargo de Lynn Fainchtein? Sí, en Roma también está (en la de Cuarón, no en la de Fellini)".
  Como tengo ligado mi FB con mi Twitter, el comentario se convirtió en tuit y no faltó alguien que quiso amarrar navajas y se lo hizo llegar a la propia Fainchstein, quien sobrerreaccionó furibunda y me bloqueó, no sin antes escribir un par de tuits ("No fuera un hombre porque lo aplaudirías" y "No, Hugo, no hay ley, hay mérito, pero eso tú no lo conoces"). No sé si después de esos habrá escrito otros.
  De inmediato se desató la tormenta y el escándalo se propagó como incendio en hojas secas. Llovieron las opiniones en defensa de Lynn (de Rulo y de Dominique Peralta, por ejemplo) y también las que estaban de acuerdo con mi comentario. La cosa duró todo el fin de semana y todavía hoy me siguen apoyando o insultando (de frustrado, mediocre y envidioso no me bajaron algunos y algunas).
  Lo que me queda de todo esto es el asombro por la manera como un comentario que nada tenía de ofensivo y sólo expresaba una inquietud pudo desatar semejante indignación y cómo un personaje como Lynn Fainchtein respondió de manera tan visceral y haciendo uso de un feminismo delirante y trasnochado. Es decir, ¿qué tiene que ver lo que escribí con que ella sea o no mujer? Nada en absoluto. Más bien, lo que esto refleja es un sexismo al revés que ve en el hombre a un enemigo y cree que todo tiene un trasfondo "de género". Una ridiculez total.
  Imagino que en el fondo y sin proponérmelo, logré tocar alguna fibra íntima de esta persona que la hizo sentirse insegura y vulnerable. No lo sé, sólo son suposiciones mías.
  Lo que sí es cierto es que desde hace varios años existe una pequeña mafia que controla la difusión de la música en nuestro país y muy especialmente en la Ciudad de México. Gente que surgió de radiodifusoras como Rock 101 y Radioactivo o de algunas compañías disqueras y que son quienes dictan lo que se debe escuchar y lo que no se debe escuchar en los medios y los festivales. Habría que ahondar periodísticamente en el asunto.

Coda: Todo este affaire me sirvió para alimentar el ego: no pensé que mi opinión todavía pesara tanto. ¡Gracias totales!

sábado, 29 de diciembre de 2018

Cámara húngara: De mezquinos, canallas y neofascistas

Si el presidente López Obrador cumple su promesa de dar una conferencia de prensa mañanera de lunes a viernes a lo largo de todo su mandato, quiere decir que en números redondos serán cinco por semana, veinte al mes, 240 al año, 1440 en todo el sexenio. Demasiadas, a mi modo de ver. ¿La soportarán quienes las escuchan? ¿Las aguantarán los periodistas que las cubren? ¿Podrán con ellas el propio AMLO y hasta sus más fanáticos seguidores?
  Peor aún: ¿seguirá el tabasqueño con su incontinencia verbal, la cual ya lo ha metido en varios problemas cuando apenas está por cumplir su primer mes en la silla voladora? Lo más seguro es que sí: que continuará sin medirse y sin que uno solo de sus próximos se atreva a decirle que tendría que moderarse y pensar más las cosas, preparar lo que va a decir y no dejarse llevar por la evidente improvisación que, dependiendo de su bipolar estado de ánimo, lo mismo lo hace insultar a sus críticos y adversarios que lanzar mensajes amorosos que rayan en una cursilería de tintes sacerdotales. Nadie se lo dirá. Tienen miedo a contradecirlo. Me quedo corto: le tienen terror. Un terror cercano a lo irracional.
  Neofascistas mezquinos llamó a quienes en las redes sociales (que han pasado de benditas a malditas por decreto oficial) lo hicieron responsable de las muertes de la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso, y de su esposo, el senador panista Rafael Moreno Valle. Acusación injusta, es verdad, tan injusta como lo fue la que durante años adjudicó al presidente Enrique Peña Nieto la responsabilidad de la muerte de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y de la que siguen sacando raja política muchos notorios morenistas.
  De neofascistas y mezquinos calificó pues López Obrador a quienes lo atacaron en las redes, aunque al día siguiente rectificó y retiró lo de mezquinos…, para llamarlos canallas.
  ¿Cómo acabar con la polarización si esta se fomenta un día sí y otro también desde las palabras mismas del presidente de la república? Porque de inmediato, sus más fieles y enceguecidos seguidores se dieron a la tarea de empezar a usar, calcados, los tres descalificativos proferidos por su líder, el mismo de quien un agudo tuitero apuntó que cuando era candidato quería ser presidente y ahora que es presidente quiere ser candidato.
  Manes de la delirante cuarta transformación.

jueves, 27 de diciembre de 2018

10 muy buenos discos de rock del 2018


Seamos realistas. 2018 no fue ni por asomo el mejor año para el rock. Opacado mediáticamente por la música pop sobreproducida y por el hip-hop con rasgos de lo que hoy se conoce como soul y rhythm ’n’ blues, el rock se ha refugiado en los discretos traspatios de lo indie y lo alternativo, con algunas leves aunque excelentes incursiones en el blues, el folk y el alt-country. No hubo nuevos álbumes que revolucionaran al género o que posean la calidad de clásicos intemporales. Hubo, eso sí, trabajos excelentes y de ellos hemos elegido una decena que ponemos a la consideración de nuestros lectores. El orden de la lista no es necesariamente jerárquico.

-Black Rebel Motorcycle Club. Wrong Creatures (Vagrant). Un brillante retorno a los orígenes del grupo. Luego de casi cinco años de ausencia discográfica (su larga duración Specter at the Feast data de 2013), B.R.M.C. regresó para reafianzarse en sus raíces, en ese fuego crepitante de su música primigenia, sólo que esta vez revestido por un sonido que algo tiene de ominoso. En una época en la que el rock más puro y auténtico parece perdido en un proceloso océano mercantilista y en un culto por las súper producciones ostentosas pero vacuas, elefantiásicas pero carentes de sustancia y de alma, la música de Black Rebel Motorcycle Club tiene mucho de refrescante, a pesar de su densa oscuridad... o quizá precisamente por ella.

-MGMT. Little Dark Age (Columbia). La propuesta de este proyecto musical originario de Coneccticut, conocido también como The Management, basada en el electro pop de los años ochenta, con el añadido de ciertos elementos de neopsicodelia y letras plenas de humor e inteligencia, volvió a brillar a plenitud con este su sexto opus discográfico. Little Dark Age viene a refrendar la calidad artística de Ben Goldwasser y Andrew Van Wyngarden, quienes hicieron un álbum esplendoroso y lleno de motivos para disfrutar (en especial si se escucha a todo volumen).

-The Decemberists. I’ll Be Your Girl (Capitol). A pesar de no ser una agrupación mainstream o dedicada a complacer los gustos masivos, el sofisticado y fino sonido de The Decemberists ha logrado trascender hasta convertirlo en una agrupación de culto. I’ll Be Your Girl es un álbum ligeramente distinto a los siete anteriores de este quinteto de Portland,  liderado por Colin Meloy, en el sentido de que por primera vez ha añadido en algunas canciones algo antes tan poco usual para ellos como los sintetizadores. Podría parecer una locura, dado el estilo digamos tradicional del grupo, pero gracias a los buenos oficios de su nuevo productor, John Congleton, todo el disco suena de manera espléndida.

-Jack White. Boarding House Reach (Third Man Records). Un álbum desconcertante, una obra que apuesta por la experimentación más ecléctica, con elementos del avant-garde y la electrónica, del hip-hop y el jazz-funk psicodélico, un disco muy distinto a los anteriores de White como solista, en los que lo que predominaba eran los sonidos provenientes del blues, el country, el folk y en general la música estadounidense de raíces. Esta vez, los sintetizadores y las múltiples posibilidades que brinda el estudio de grabación han sustituido en buena parte a las guitarras del músico, a sus pianos retro o a sus baterías clásicas. Una propuesta no sólo osada sino muy interesante y propositiva.

Janelle Monáe. Dirty Computer (Bad Boy). Al lado de sus fieles aliados musicales, The Wondaland, Monáe nos entrega una grabación impecablemente producida, pero alejada de cualquier frialdad tecnológica. Muchas de sus fantasías son transformadas en composiciones de una riqueza fastuosa. Color y calor. Sensibilidad e inteligencia. Pasión y ternura. Todo eso existe en este brillante trabajo que demuestra que el calificativo de genial encaja sin problema con la obra de esta joven cantante y autora de 32 años. No es exactamente rock and roll, pero nos gusta.

-Ry Cooder. Prodigal Son (Fantasy). Un trabajo literalmente prodigioso, la prueba fehaciente de que dentro de una industria tan mediatizada como la discográfica se pueden seguir haciendo grandes trabajos musicales, plenos de autenticidad y emociones reales. Un disco que abreva de las raíces de la música estadounidense y lo hace con pasión, buen gusto y hasta un toque de sentido del humor. Ry Cooder sigue siendo un grande.

-Snow Patrol. Wildness (Republic). Siete años transcurrieron desde que Snow Patrol grabara su anterior disco, Fallen Empires, y este largo periodo se debió a los fuertes problemas de depresión, aislamiento y bloqueo creativo de su líder, el músico escocés Gary Lightbody. Lo que vivió en ese largo septenio, debido a sus padecimientos, se ve reflejado en las letras y en la música de Wildness, una obra llena de intensidad y hondura, de tristeza, pero también de esperanza. El álbum transcurre lleno de emociones, con esa sensibilidad y esa facilidad para las melodías entrañables que caracteriza al rock de Escocia y al melancólico estilo autoral del propio Lightbody. Una joya.

-Boz Scaggs. Out of the Blues (Concord). Tercera parte de la espléndida trilogía iniciada con los álbumes Memphis (2013) y A Fool to Care (2015), Out of the Blues es la revelación de un Boz Scaggs ajeno al blue-eyed soul y entregado plenamente a las raíces negras de la música popular estadounidense, un trabajo en el que se hace acompañar por grandes músicos (como el legendario Jim Keltner en la batería o el enorme guitarrista Charlie Sexton), lo cual le otorga una autenticidad sin mácula que se complementa con una forma de cantar cruda, sincera y sin efectos. A sus 74 años, Scaggs conserva su gran voz casi intacta, lo que podemos comprobar en uno de los mejores discos de su larga carrera.

-Dirty Projectors. Lamp Lit Prose (Domino). Una obra compleja y hermosa que desde la primera canción (la bellísima “Right Now”) habla de cambios. De cambios sobre todo personales, como los que tuvo que obligarse a tener Dave Longstreth (él es, básicamente, Dirty Projectors) luego de pasar por una serie de rompimientos amorosos y depresiones emocionales. Hay temas fantásticos y si bien el estilo de las composiciones de Longstreth no es fácil de asimilar a la primera escucha, quien esté dispuesto a abrirse y asimilar poco a poco su sonido terminará por enamorarse de esta música deliciosamente bizarra.

-La Barranca. Lo eterno. No es por discriminación que haya dejado este disco al final de la lista. Todo lo contrario. Lo hice para destacarlo y porque, a mi modo de ver, La Barranca es el único grupo mexicano capaz de situarse a la altura de cualquier proyecto internacional, incluidos los del rock anglosajón. Lo eterno es un trabajo impactante, con canciones que pueden contarse entre las mejores que ha escrito José Manuel Aguilera, quien como siempre se ha rodeado por un grupo de músicos virtuosos. Esta colección de once temas nos mete de lleno en las atmósferas al mismo tiempo oscuras y luminosas a las que nos tiene acostumbrados Aguilera, pero adentrándonos en territorios que desconocíamos y que nos llevan a viajar por parajes mágicos y misteriosos
(Lista que hice originalmente para "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos, y que se publicó en estos días).

miércoles, 26 de diciembre de 2018

El destierro

Terminé de leer el cuarto tomo de los cinco que constituyen la espléndida autobiografía de Arthur Koestler, editada por Alianza Editorial y Emecé Editores en 1974. El destierro es el titulo de este opus No. 4 y en el mismo, el autor narra el periodo de su vida que va de 1933 a 1936, es decir, desde su regreso de la Unión Soviética (de cuya estancia nos cuenta en el libro anterior, Euforia y utopía) hasta su partida a España para cubrir como periodista la guerra civil (y que habré de leer en el quinto y final volumen de la serie: La escritura invisible).
  En El destierro vivimos con Koestler su militancia en el Partido Comunista alemán, justo cuando en Alemania los nazis toman el poder y se aprestan a desatar la Segunda Guerra Mundial. En una Europa agitada y en crisis, Hitler empieza a convertirse en ese siniestro líder que todos conocemos, mientras que en la URSS Stalin se consolida como dictador y se llevan a cabo los terribles juicios de Moscú, en los que fueron ejecutados o deportados miles de rusos que habían sido compañeros del propio Stalin. Quizá para Arthur Koestler, en lo personal, este fue un periodo relativamente calmo y sin peligros, ya que su vida se desenvolvió principalmente en el medio cultural y periodístico de París, con breves estancias en Suiza y su natal Hungría. Aún seguía siendo un fiel comunista, aunque pronto empezaría a desengañarse, hasta romper con esa ideología.
  Sin embargo, el escritor sabe retratar y diseccionar la incubación del huevo de la serpiente, algo que los dirigentes occidentales de Europa no pudieron ver en su momento y esa ceguera llevó al surgimiento del poderoso Estado nazi y todo el desastre que provocó.
  Un libro estupendo, como los tres anteriores.

 

sábado, 22 de diciembre de 2018

Cámara húngara: AMLO nunca será presidente de México

No lo será, porque no está dispuesto a serlo. Porque no le interesa. Porque quiere seguir en campaña y continuar siendo el líder de una facción, la de sus fieles, la de sus incondicionales, la de sus fanáticos que todo le aceptan, todo le aplauden y todo le justifican.
  Aunque en su primero discurso como Presidente electo, la noche del 1 de julio, habló de reconciliación y de ser el Presidente de todos los mexicanos, apenas se trasladó al Zócalo, cambió el sentido de sus palabras al hablar frente a los suyos. Lo mismo sucedió con sus discursos del 1 de diciembre: nada de gobernar para el total de quienes vivimos en México. Para él sigue habiendo adversarios y traidores. Lo que menos le interesa es la reconciliación, porque lo que exige es sumisión.
  Sumisión como la que día con día han mostrado todos sus subalternos, no sólo desde el poder Ejecutivo, sino también desde el Legislativo. Ahí están personajes como Martí Batres, Ricardo Monreal y Mario Delgado, como fieles lacayos encargados de realizar todo el trabajo sucio en este pandemónium en que se han convertido las primeras tres semanas (¡válgame, apenas tres!) del gobierno de la llamada, con toda cursilería, la 4T.
  Hay en Palacio Nacional un hombre que se niega a ser Presidente. No le acomoda. Le sienta mejor mantenerse como el candidato sempiterno. La política como el arte de la negociación no sólo no le interesa, le repugna. Cree que dialogar con el contrario es transar y prefiere descalificarlo, insultarlo, aplastarlo. Moralmente por ahora. Más adelante, no sabemos.
  Maniqueo y esquemático, divide al país entre el pueblo bueno y los malditos conservadores. Apoyado en los 30 millones de votos que lo llevaron a la silla, piensa que eso le da patente de corzo para hacer y deshacer a su capricho y su antojo. Por eso la cancelación del aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Texcoco, a pesar del alto costo económico y financiero que sangrará al país.  Por eso la imposición de Santa Lucía o de su proyecto consentido, el Tren Maya, echado a andar con la delirante aprobación de la Madre Tierra y sin estudios económicos o de impacto ambiental. Por eso también el cambio radical, de los epítetos contra las fuerzas armadas durante la campaña electoral, a la súbita entrega de la Guardia Nacional al mando castrense, sin que se sepa bien a bien qué fue lo que pasó para que de pronto se mostrara tan solícito con el Ejército y la Marina. Pero la militarización va.
  ¿Se convertirá Andrés Manuel López Obrador algún día en un verdadero Presidente de la República? Parece poco probable. Cerca de tres lustros como candidato lo marcaron y no quiere abandonar su papel como líder de masas. El rol que mejor sabe representar, en el que se siente más a sus anchas.
  Tres semanas tan sólo…

lunes, 17 de diciembre de 2018

Nos la cambiaron

Gran duda existencial: ¿la Roma de Cuarón que están pasando en Netflix es la misma que proyectaron en diferentes salas antes del día 14 y de la que todos coincidían que era una obra maestra y la mejor película mexicana de todos los tiempos? Algo me dice que nos la cambiaron.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Bendito aislamiento

Hace poco, una bella y muy querida amiga mía me dijo, con la mejor de las intenciones, que estaba preocupada por mí, porque creía que mis opiniones políticas terminarían por aislarme. Pero, ¿aislarme de quiénes? Entonces me puse a pensar de cuáles personas está alejado mi pensamiento político y de cuáles está próximo. Me siento próximo de Luis González de Alba (q.e.p.d.), Roger Bartra, Héctor Aguilar Camín, Guillermo Sheridan, José Woldenberg, Rafael Pérez Gay, Héctor de Mauleón, Enrique Krauze, Ciro Gómez Leyva, Raúl Trejo Delarbre, Federico Reyes Heroles, Jesús Silva Hérzog Márquez, María Amparo Casar, Roman Revueltas, Rubén Cortés, Julio Patán, Macario Schettino, Sergio Zurita, Valeria Moy, José Antonio Crespo, Leonardo Curzio, Gustavo Hirales, Rogelio Villarreal, Ricardo Cayuela y un largo etcétera. En cambio, me siento aislado (y mucho, por fortuna) de John Ackerman, Paco Ignacio Taibo II, Epigmenio Ibarra, Julio Astillero, Jenaro Villamil, Fabrizio Mejía, Jesús Robles Maloof, Lorenzo Meyer, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña, Dolores Padierna, Carmen Aristegui, Sanjuana Martínez, Luis Hernández N., Gibran Ramírez, Abraham Mendieta, Hernán Gómez, Antonio Helguera, El Fisgón y de algunos amigos y ex amigos que por buen gusto no voy a mencionar… En fin.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Cámara húngara: El apóstol de la antidemocracia

Desde la escuela primaria se nos dijo que Francisco I. Madero debía ser considerado como El Apóstol de la Democracia (así, con mayúsculas) y como el creador de la frase (durante tantos años usufructuada por el PRI) “Sufragio efectivo, no reelección”. Los matices y claroscuros de su participación en la historia de México no se nos enseñaban; pero bueno, hasta ahí todo bien, por más esquemático que resulte.
  Hoy día, en el emblema del nuevo gobierno aparece la efigie del propio Madero, al lado de las de Benito Juárez, Miguel Hidalgo, José María Morelos y Lázaro Cárdenas. Estas figuras broncíneas indicarían que dicho gobierno apuesta por la democracia y, por supuesto, éste así lo proclama, aunque los hechos están demostrando que, a dos semanas de que Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de la República, la ruta va exactamente en sentido contrario, rumbo a la concentración del poder en manos de un solo hombre, es decir, hacia una antidemocracia idéntica a aquella contra la cual luchó, vaya paradoja, don Panchito Madero.
  Las evidencias son claras y provienen del propio Presidente y de los legisladores de Morena que controlan las dos Cámaras. Desde la imposición de los “superdelegados” estatales, hasta la centralización de las oficialías mayores, pasando por el fiscal a modo, los embates contra la Suprema Corte de Justicia, la cancelación de la Reforma Educativa, la inminente cancelación de la Reforma Energética, el cierre del aeropuerto de Texcoco, las consultas patito para validar proyectos sin bases técnicas (como el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía o la construcción de seis refinerías), los primeros ataques contra periodistas críticos y el apapachamiento de los comunicadores y medios afines, la “Ley Taibo”, la ley que aumenta el número de delitos que ameritan prisión automática sin sentencia y por los cuales se puede encarcelar a personas haciendo caso omiso de su presunta inocencia (¿serán los futuros presos políticos del régimen?), el lanzamiento de buscapiés amenazadores (acabar con las comisiones bancarias, amagar con la desaparición de los poderes en los estados, sugerir que se irá contra las instituciones autónomas) y como cereza en el pastel, la creación de una Guardia Nacional controlada por los militares y encabezada por el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas: el Presidente de la República.
  Todo esto (y más) en tan sólo dos semanas. La prisa como política de gobierno (con las desastrosas consecuencias financieras que ya hemos visto y seguimos viendo). Una prisa que amenaza con desmontar los logros democráticos que a duras penas han sido construidos por la sociedad mexicana durante los más recientes 20 o 25 años.
  Esta no es una política de izquierda ni por asomo. ¿Qué tiene que ver, todo lo que están haciendo, con la lucha maderista por la democracia? ¿No se parece más al férreo porfirismo y al priismo duro, paternalista y controlador que sometió al país entre 1964 y 1982?
  Madero fue el apóstol de la democracia. Parece ser que ahora tenemos a otro apóstol, pero de la antidemocracia.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Un depto de menos de dos mil pesos

Esta es de la 4T y es retequé bonita: Irma Sandoval, flamante secretaria de la Función Pública (y esposa de John Ackerman), fue denunciada por el diario Reforma por no haber hecho pública su declaración patrimonial. Furiosa, despotricó contra el periódico, dijo que era falso y finalmente publicó su declaración de bienes. En ella, subida este martes, Sandoval declara como operación la venta de tres departamentos y dos casas, de las cuales no reporta su valor, así como la incorporación de una vivienda en la que asentó que tiene un valor de... ¡mil 752 pesos mexicanos! Una casa de menos de dos mil pesos. ¿Dónde las venden? Yo quiero una.

martes, 11 de diciembre de 2018

Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band

La obra por antonomasia de los Beatles. ¿Sobrevalorada o considerada en su justa dimensión? Es difícil decirlo. Porque a treinta y tantos años de distancia, La Banda del Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta continúa tan fresco y vigente como cuando fue grabado.
  Tersa continuación de su antecesor, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) vale tanto por su intrínseca calidad artística como por su significado cultural y quizás incluso más por esto. El momento en el cual apareció provocó que el mundo entero se convulsionara y se revolucionara, creando un hito, un antes y un después cuyos efectos no terminan de asentarse hoy día. Como pieza estrictamente musical, puede decirse que a pesar de su fallida intención conceptualista es de todas maneras y por donde se le escuche, una obra maestra. Si Revolver fue el gran paso hacia la transformación de los Beatles en algo más que un simple grupo de rock, el Sgt. Pepper es la consolidación de ese paso y el ingreso del cuarteto al Olimpo de la historia de la música.
  Lo que en un principio quiso ser una especie de revista de variedades al mismo tiempo vodevilesca y psicodélica, jamás pudo cuajar como tal. Salvo la introductoria pieza homonima (más su reprise) y la subsiguiente “With a Little Help from My Friends”, cantada por Ringo Starr en su papel de Billy Shears, el resto del material no tiene relación entre sí y lo único que lo unifica a medias es el modo como las canciones van enlazadas, prácticamente sin espacios silenciosos entre una y otra. Resulta claro entonces que la idea original de Paul McCartney no se concretó (algo que le sucedería con otros proyectos posteriores, sobre todo con el álbum Let It Be). No obstante, el que a final de cuentas no haya sido un opus conceptual es lo de menos, ya que todas sus canciones son tan buenas que trascienden cualquier consideración al respecto.
  Hay aquí joyas exquisitas como “She’s Leaving Home”, un portento melódico que puede remitir incluso a la música de Felix Mendelsshon. O la esplendorosa “Lucy in the Sky with Diamonds” que tanta polemica causó por llevar supuestamente las iniciales LSD en su título, cuando en realidad –o eso juraba su autor, John Lennon– estaba inspirada en un dibujo de Julian, su pequeño hijo (aunque…, bueno…, a decir verdad, la letra es un alucine).
  Tan variado como Revolver, el Sgt. Pepper recorre una colorida paleta de estilos que va de la vodevilesca “When I’m Sixty Four” a la engañosamente optimista “Gettin Bettter”, de la irónica “I’m Fixing a Hole” a la irresitible “Lovely Rita”, sin olvidar la circense (en todos sentidos) y naïve “Being for the Benefit of Mr. Kite”, la hinduista y espléndida “Within You Without You” (única contribución de George Harrison al álbum) y la chispeante “Good Morning Good Morning”. Mención aparte merece la que sin duda es la mejor composición del disco: la impresionante “A Day in the Life”, concebida en su mayor parte por Lennon y un verdadero tour de force instrumental y letrístico –con el intermesso de McCartney incluido. De impecable construcción, con inteligentes y efectivas yuxtaposiciones rítmicas, armónicas y melódicas, con una orquestación que lleva a un gran clímax, “Un día en la vida” es la coda perfecta, la conclusión grandiosa y a la vez siniestra de una obra monumental que jamás cae en los excesos o la grandilocuencia.
  Por cierto, el famoso final-final, cuyo sostenutto de piano se mantiene durante cerca de un minuto, fue logrado en realidad por tres pianos, tocados por John, Paul, George y su ayudante (o roadie) Mal Evans.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 8 de La Mosca en la Pared, publicado en febrero de 2004)

lunes, 10 de diciembre de 2018

Apuntes para una historia crítica del rockcito (IV)

1963 y sobre todo 1964 fueron años muy importantes. A nivel internacional, por el surgimiento de los Beatles y la llamada Ola Inglesa. A nivel nacional, por el surgimiento de los grupos de la frontera norte, en especial de la ciudad de Tijuana, cuyo nivel musical superaba con amplitud al de los conjuntos defeños. Agrupaciones como Los Tijuana Five o la banda de Javier Bátiz realmente sabían tocar y lo demostraban sin problemas.
  Los gustos masivos cambiaban y la beatlemanía hizo que “los grandes años del rocanrol” nacional quedaran petrificados en la nostalgia, de golpe, por los siglos de los siglos. Los jóvenes de mediados de los sesenta ya no gustaban del rock primigenio nacido en Norteamérica. Se requería una mayor sofisticación, una mayor musicalidad (eso y no burdas y pésimas imitaciones de los Beatles con grupillos mexicanos como Los Liverpools o Los American Beatles (¡?).
  Claro que había nuevos conjuntos: Los Apson Boys (“Atrás de la raya”), Los Yaki (“Diablo con vestido azul”), Los Belmonts (“Amarrado”), Los Rocking Devils (“Hey Lupe”, “Perro lanudo”, “Chicharos dulces”), Los Hitters (“Un hombre respetable”) Los Johnny Jets (“La minifalda de Reynalda”) y un sinfín más, en su mayoría intelectualmente limitados, musicalmente patéticos y letrísticamente analfabetos. Desde entonces, los roqueritos mexicanos mostraban su infantilismo, su deseo de no abandonar la adolescencia (aunque algunos de ellos ya se acercaran a la treintena de años), su afán por permanecer “siempre jóvenes”, aunque por ser joven entendieran que debían pasársela jugando, echando relajo y declarando tonterías.
  Así fueron transcurriendo los años. 1964, 1965, 1966, 1967. Era el México de Gustavo Díaz Ordaz, un país que vivía la estabilidad económica del llamado desarrollo estabilizador (hoy rescatado por el nuevo presidente de México), un país aislado de los grandes cambios culturales que se daban en muchas otras partes del mundo. Éramos como una isla, ajena a las influencias “extranjerizantes” (Díaz Ordaz dixit) que podían afectar, contaminar, a las sagradas tradiciones de La Gran Familia Mexicana (así, con mayúsculas). El régimen de la Revolución Mexicana (así, también con mayúsculas) era uno de los más contrarrevolucionarios del orbe. Se vivía una paz ficticia, muy por el estilo de la paz porfiriana: la paz priista, basada en buena parte en la represión selectiva de todo aquel elemento que tratara de transformar al establishment. Esto se reflejó durante largo tiempo en el rock que padecíamos y que era socialmente aceptado.
  Sin embargo, muy por debajo del agua la corriente del cambio se filtraba y llegaba a muchos jóvenes. Por el lado político estaba la influencia de la revolución cubana, la guerra de Vietnam y los movimientos contraculturales y de protesta en los Estados Unidos. Por el lado de la cultura y el arte y más específicamente del rock, la gran revolución había llegado a nuestro continente desde Inglaterra, había germinado en nuestro vecino país del norte y sus influjos arribaban de una u otras manera a territorio azteca. Los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks, los Who, los Doors, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Bob Dylan, Frank Zappa. El rock mundial llegaba a una madurez inusitada que nada tenía que ver con los años inocuos del pasado reciente. ¿Cómo se reflejó esto en el rock que se hacía en México?
  Lo veremos en nuestra próxima entrega.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Plumas de caballo" del sitio Juguete Rabioso)

sábado, 8 de diciembre de 2018

AMLO y la militarización

A lo largo de su campaña en pos de la presidencia, una de las cosas que caracterizaron a Andrés Manuel López Obrador fue su crítica y hasta sus insultos contra el Ejército y la Marina de México. Varias veces llegó a acusarlos de asesinos y corruptos y cuando ganó las elecciones de julio pasado, se preveía una relación tensa y difícil entre el entonces presidente electo y las fuerzas armadas. Más aún cuando el tabasqueño había anunciado la creación de la Guardia Nacional, a la cabeza de la cual estaría un civil, el secretario de Seguridad Alfonso Durazo.
  El conflicto sin embargo no escaló y hoy todo parece indicar que la relación del presidente de la república con los militares es tersa y estrecha. ¿A qué se debió este cambio?
  A fines de octubre pasado, López Obrador se reunió a puerta cerrada con el todavía secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos. ¿De qué se habló en esa reunión? ¿Qué les dijo el hoy mandatario a los militares y, sobre todo, qué le dijeron éstos a él?
  Muy poco se ha hablado al respecto. Sin embargo, el 25 de noviembre se dio un inédito y sorprendente acto en el Campo Militar No. 1, en el que el aún presidente electo habló ante personal del Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea, la Policía Militar y los Guardias Presidenciales. Ahí les pidió que se integraran a la Guardia Nacional, la cual poco después fue puesta en manos de los propios militares y ya no en las del secretario Durazo.
  Con ello, al parecer se limaron las asperezas y se logró el apoyo militar que requería el nuevo gobierno. Sin embargo, muchas organizaciones civiles temen que se trate del inicio de la militarización del país, con todos los riesgos que ello implica. Y si a esto sumamos la ley aprobada por el Senado que añade delitos por los cuales se puede detener a las personas sin pruebas, pasando por encima de la presunta inocencia (un tema en el que habrá que ahondar, ya que es un arma que podría ser usada para encarcelar a críticos y opositores del régimen), la sombra del autoritarismo empieza a tomar forma. Una forma por demás siniestra.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Revolver

Si bien Rubber Soul había apuntado un cambio en el desarrollo de los Beatles como compositores e intérpretes, fue con Revolver (1966) que dieron el paso definitivo hacia su transformación en un grupo eminentemente de estudio. Todavía no abandonaban las giras y los conciertos masivos, pero estaban a punto de hacerlo y este disco les dijo que tenían que pasar a un nuevo estadio cualitativo.
  En pleno descubrimiento idealizado de las drogas psicodélicas, especialmente el LSD, el grupo se metió de lleno en la experimentación musical y letrística, sobre todo en canciones como la viajada “I’m Only Sleeping” y la extraordinaria “Tomorrow Never Knows” (ambas de John Lennon), pero también incursionó en la composición de temas que casi podríamos llamar académicos por su perfección melódica, armónica e instrumental. Desde el extraordinario arreglo de cuerdas de la maravillosamente pesimista y dramática “Eleanor Rigby” y la dulce sencillez melancólica de la bachiana “For No One”, hasta el delicado compás amoroso de “Here, There and Everywhere” y el entusiasta y restallante optimismo de “Good Day Sunshine” (las cuatro de Paul McCartney).
  George Martin jugó un papel esencial como productor y arreglista de Revolver y mostró como siempre su apertura y disposición para materializar todas las ideas que surgían de las cabezas de los de Liverpool. Gracias a ello, el álbum muestra una notable variedad de estilos no sólo en la escritura de las canciones sino en la forma como fueron vestidas instrumentalmente. Así, el escucha pasa de un corte con sitars y percusiones hindúes (“Love You To”) a uno en el cual los metales brillan en toda su potencia soulera (“Got to Get You into My Life”) o va de una tonada festiva y casi infantil (“Yellow Submarine”) a una ácida, ambigua y filosa referencia a los distribuidores de drogas (“Dr. Robert”).
   Pero hay otras piezas que resaltan por su singularidad. Ahí está la inicial “Taxman”, escrita por George Harrison, con su agria protesta contra los recaudadores de impuestos, o la preciosamente extraña y hermética “And Your Bird Can Sing” de la cual Lennon juraba no recordar cómo la compuso. Y qué decir de la psicodélica “She Said She Said” y la hipnóticamente harrisoniana “I Want to Tell You”, dos melodías sin macula.
  La perfección de Revolver es impresionante y no sorprende que para muchos críticos sea el mejor trabajo en la historia de los Beatles. Tal vez no estén del todo equivocados.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 8 de La Mosca en la Pared, publicado en febrero de 2004)

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Travesuras de la niña mala

Historia de amor. Historia de encuentros y desencuentros. Travesuras de la niña mala (2006) es, a mi modo de ver, la más flaubertiana de las novelas que he leído de Mario Vargas Llosa. La saga de amor y odio, de pasiones delirantes y obsesiones enfermizas entre Ricardo y Lily (esta, con sus múltiples cambios de nombres e identidades) a lo largo de casi medio siglo y a través de ciudades tan diversas como Lima, Londres, Madrid, Tokyo y París, sobre todo París, constituye todo un tour de force que involucra los más diversos sentimientos y sensaciones a lo largo de sus cerca de 400 páginas.
  ¿Novela ligera? No, en absoluto. ¿Novela convencional? Tampoco, a pesar de ser lineal y de no contener las experimentaciones literarias a las que el autor peruano es tan afín. El amor loco entre los dos personajes, desde que se conocen en el barrio limeño de Miraflores, en los años cincuenta, hasta el fatal desenlace en el París de finales de los noventa, pasa por toda clase de vicisitudes en las que la crueldad va aparejada con el masoquismo y la humillación amorosa es parte inseparable del desprecio sádico. ¿Cómo puede Ricardo Somocurcio soportar los inicuos desplantes de la niña mala durante tanto tiempo? ¿Cómo puede ese niño bueno ser tan lastimosamente imbécil como para aguantar hasta la más brutal de las ruindades de esa mujer que juega con él todo el tiempo sin que el hombre deje de amarla tanto como parecería no amarse a sí mismo? No soy yo quién para juzgarlo y más bien sí puedo comprenderlo (en ese sentido, el personaje de Humberto Gazca, en mi novela Matar por Ángela, juega un papel muy semejante al que desempeña aquí Ricardo).
  Relato amenísimo y divertido, es no sólo la narración de la relación entre los dos personajes principales, sino un retrato de la segunda mitad del siglo veinte y de los ambientes culturales de las cinco décadas por las que transcurre la novela (el París existencialista y tan nouvelle vague de la primera mitad de los sesenta, el swinging London de la segunda parte de esa década, por ejemplo), con el Perú y sus problemas políticos, económicos y sociales, siempre presente en la mente distante de Somocurcio.
  Una novela agridulce y sorprendente esta Travesuras de la niña mala. Tal vez no a la altura de las grandes obras de Vargas Llosa, pero muy superior, digamos, a la más o menos reciente Cinco esquinas.
  Vale la pena adentrarse en sus páginas,

martes, 4 de diciembre de 2018

Mi entrevista a Ciro Gómez Leyva para Los Angeles Times


Desde hace varios lustros, Ciro Gómez Leyva ha sido unos de los periodistas y líderes de opinión más vistos, escuchados, leídos y respetados (y también vilipendiados) de México. Su carrera en la prensa escrita, la radio y la televisión lo ha convertido en una de las voces periodísticas fundamentales de los tres más recientes sexenios y seguramente lo seguirá siendo a lo largo del que acaba de iniciar y del que habla en esta entrevista exclusiva para Los Angeles Times.

Ante la toma de posesión del nuevo presidente de la república, ¿cuál es su visión de lo que sucedió durante el periodo de transición?
Desde mi posición, lo veo como algo periodísticamente apasionante. Es un momento apasionante el que ha vivido México, cuando menos en términos periodísticos, desde 1994… y no se ha detenido. Hay momentos de más intensidad, hay momentos más interesantes y creo que este que vivimos, del 2014 hasta el día de hoy, ha sido uno de los más intensos y también de los más difíciles.

¿Por qué desde 2014?
Porque en 2014 sucedió lo de Ayotzinapa, un hecho que marcó el inicio de la caída de toda la esperanza que podía haber en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Lo que vino a partir de ese momento fue un remar a contracorriente de un gobierno que nunca encontró una ruta de escape o una ruta para volver a encarrilarse y esto trajo consigo el impresionante regreso de Andrés Manuel López Obrador. En marzo del 2015, escribí en El Universal una serie de artículos que se llamaba “¿Quién dejó ganar a López Obrador?”. Desde luego saltaba mucha gente que me decía que no hiciera profecías, que en qué me basaba para lo que decía, pero todo se fue cumpliendo tal cual.

¿Cómo vislumbra a la llamada Cuarta Transformación?
La transformación es un anhelo de millones de mexicanos que quieren que las cosas cambien. Siento que hay en ello mucho de pensamiento mágico –muy nuestro, muy mexicano–, pero hay una gran esperanza y López Obrador entendió muy bien el momento y lo jugó extraordinariamente como candidato. Vamos a ver ahora cómo gobierna.

¿Cómo vio a López Obrador en su papel de presidente electo? 
Dos momentos: el momento pre-aeropuerto y lo que tuvimos en las últimas seis semanas antes de su toma de posesión. El arranque como presidente electo fue muy impresionante. El cuidado que tuvo con las palabras, con las formas; la manera como manejó las esperanzas, las expectativas. Pero algo ocurrió en sus mediciones. No sé si fueron las presiones internas o si él mismo sintió que se estaba alejando del personaje que quería ser y vino entonces un cambio muy brusco. Regresó el lopezobradorismo grosero que tú y yo conocemos muy bien, el lopezobradorismo autoritario, pendenciero. Lo que vivimos desde mediados de octubre fue eso. Parecería por momentos que hubo algo que para mí sería lo más periodístico: un descontrol de López Obrador sobre su equipo, pero yo no me la acabo de creer. No me creo que Félix Salgado Macedonio, Ricardo Monreal, la gente del PT o algunos legisladores estén actuando por su cuenta. No me la creo, pero por lo pronto me limito a la crónica de los hechos. Ya iremos viendo. Pero si ese va a ser el juego, pongámonos el cinturón de seguridad, porque vamos a entrar en la montaña rusa y no sé qué tan bien este diseñada la estructura de esa montaña rusa.

¿Qué cree usted que pasará con la libertad de expresión en el nuevo gobierno?
El tema será como lo hemos vislumbrado siempre: un espacio de lucha. Siempre ha habido limitantes para nuestro trabajo. Vamos a ver de qué tamaño son los medios de comunicación, los periodistas, las organizaciones sociales. Yo no imagino un gobierno que en verdad quiera acabar con la prensa. No por un asunto de voluntad o de fe, sino porque me imagino que deben calcular lo que eso significa hoy y deben pensar que es una batalla que no van a ganar. Mete ahí a las redes sociales, mete ahí toda una cultura que se ha desarrollado en los últimos 25 o 30 años. Pienso que el trabajo periodístico se mantendrá. Probablemente sea un gobierno que reclame mucho más en las formas, un gobierno más vehemente en su manera de presionar a los medios, pero las presiones no van a ser muy distintas a las que vivimos en el arranque del gobierno de Peña Nieto o las que hemos vivido en otros momentos. No es para mí un tema de preocupación. Si no estoy en los espacios en los que estoy ahora –que ojalá lo sean–, pues buscaremos y encontraremos otros. Pero el trabajo periodístico seguirá. Me preocupan otras cosas.

¿Cómo cuáles?
Pues mi salud, cosas de ese tipo. A mí la paranoia de que nos van a perseguir, a censurar, a matar, no la siento. Alguno de mis compañeros mayores, no recuerdo si fue Raymundo Riva Palacio o Humberto Mussachio, cuando yo empezaba en esto, decía que este es un trabajo en el que tienes que asumir que nada te garantiza que mañana vas a seguir. No he construido mi andamiaje personal o económico pensando en que mañana me van a dar de baja o en que algún poderoso va a pedir que me vaya. Yo trato de trabajar y de ahorrar algo, porque pues mañana, quién sabe. A mí ya me ha tocado: con el apoyo abierto, descarado, grosero de un gobierno, nos aplastaron un canal de televisión. Y me tocó ver cómo los pactos que nos habían dado una gran estabilidad y una gran armonía durante 16 o 17 años en Milenio, volaron hechos pedazos cuando llegó el gobierno de Peña Nieto y nosotros, como grupo, no fuimos capaces de encontrar una nueva forma de enfrentar ese momento que estábamos viviendo. Por eso tomamos la decisión conjunta de cerrar ese ciclo. Entonces, de los dos últimos cambios de gobierno yo tengo dos experiencias traumáticas. ¿Que si ahora también se va a complicar la cosa? Pues ya veremos. No es lo que me quita el sueño. Si hay que pelear, pelearemos. Si hay que resistir, resistiremos. Si hay que sobrevivir, sobreviviremos. Si hay que movernos, nos moveremos o nos mudaremos. Si por la razón que sea aquí termina la biografía profesional, pues a ver a qué nos dedicamos. Yo no tengo un sentido trágico de la vida y mucho menos del oficio.

¿Qué piensa sobre el establecimiento de la Guardia Nacional que ahora se anuncia como un cuerpo controlado por los militares?
El tema de la Guardia Nacional ilustra muy bien el paso de candidato a presidente. Era muy taquillero, era estridente, ventajoso, tramposo, era muy rentable en este país, donde el lloriqueo y la acusación ramplona suelen dar dividendos, hablar de “la guerra de Calderón”, de la militarización y de los cien mil muertos, sin hacer un análisis elemental. El análisis elemental es que hubo una expansión brutal, desde hace 25 años, de los grupos criminales en connivencia con la sociedad, con muchos sectores del “pueblo bueno”, que hizo pedazos a muchas personas, a muchas familias, a muchas economías. Ante eso no había más recurso que echar mano de quien podía más o menos plantárseles que eran el Ejército, la Policía Federal, la Marina. Al presidente Calderón los gobernadores no sólo no lo acompañaron con sus policías, sino que lo boicotearon, apostando al fracaso de su gobierno. Por eso sólo quedó el remedio de las fuerzas armadas y lo mismo sucedió con Peña Nieto y a López Obrador no lo queda de otra. Vamos a ver cómo le sale, no va a ser fácil presentar algo que se llame la Guardia Nacional y con mando militar. Ojalá funcione. Si hay un punto en el que yo he sido muy claro y que también me ha ganado muchas críticas es el de decir que yo sí creo que hubo en Calderón y Peña Nieto –y creo que también con López Obrador la habrá– una voluntad de vencer a la criminalidad y ojalá en ese tema el nuevo gobierno tenga éxito, porque es una tragedia que existan decenas de miles de mexicanos que hayan querido formar parte de los cárteles y esos mismos mexicanos han creado bandas de secuestradores, de extorsionadores y de ladrones. Que no me digan que son una consecuencia del neoliberalismo.

¿Cómo ve lo que quedó de oposición en México?
No hay oposición política. Como tampoco la hubo en la primera mitad del sexenio de Peña Nieto. La oposición política contra él surgió en el verano de 2015, cuando Morena ganó las elecciones intermedias, pero fue muy limitada. La oposición a Peña fue más de tipo social y se dio en las redes, en las calles, en algunos medios de comunicación. Y oposición política ahora menos la hay. Veremos gestos simbólicos. Veremos cómo germinan quizá figuras y movimientos. Hoy la oposición, al igual que con Peña Nieto, va a tener que surgir de otros lados y no de los partidos. Vamos a ver a los gobernadores, aunque yo tengo muchas dudas, porque ahí está el garrote presupuestal que tiene el Ejecutivo sobre ellos. Pero en fin, yo soy cronista y no astrólogo.

Pasemos al tema de las consultas, ¿qué le parecen?
Es una burla. Pero además, una burla innecesaria, López Obrador pudo haber cancelado las obras del aeropuerto sin ningún problema. Era una promesa de campaña. Hubiera sido más efectivo y políticamente más redituable construir un discurso, montar un ejercicio de propaganda, en lugar de esa farsa. Y ya lo que pasó en la más reciente consulta, la de las diez preguntas, nos lleva al México soviético, el de los resultados con porcentajes de 90. En una entrevista que le hice en televisión, López Obrador perjuró que era la última vez que haría algo así y que las siguientes consultas serían bajo el marco de la ley. El marco de la ley será que las organice alguien que garantice una cierta equidad, aunque desde luego como presidente él va a tener todas las ventajas. Pero esas consultas fueron como de gobierno bananero que hizo el ridículo y quedó mal con medio mundo. Un teatro del absurdo. Claro, periodísticamente apasionante y yo me dedico a esto. Aunque el paso de lo apasionante a lo aterrorizante…

Frente a todo lo que hemos hablado, ¿cómo vislumbra el México de 2024?
No lo sé. Ni siquiera vislumbro lo que será México de aquí a seis meses. Pero si el Estado cede ante los grupos criminales y decide combatirlos sólo con propaganda o manipulando las cifras de los muertos, si claudica por incapacidad y por conveniencia, ese sería mi único temor, mi única pesadilla ante la Cuarta Transformación. Pero si, por el contrario, casi milagrosamente o por una inteligencia estratégica maravillosa, el gobierno de López Obrador le da la vuelta clara e incontrovertiblemente al tema de la inseguridad, yo que no voté por ellos en el 2018, seré el primero en hacerlo en 2024.

¿Algo que agregar, algún colofón?

Yo creo que quienes encabezan este gobierno, cuando menos en el arranque (porque así han sido, porque así es su genética, porque así se han movido en la transición), en las formas tratarán de ser suaves, pero en los hechos van a ser implacables y ante la verdadera oposición vendrá el linchamiento. No la cárcel, no la muerte: el linchamiento. Mediático, en las calles, en las plazas, en las redes, en donde se pueda. Es su ADN. Y quien se les ponga enfrente y no quiera quitarse, va a correr ese riesgo: el del linchamiento.

(Entrevista que hice para la edición en español de Los Angeles Times y que salió publicada este sábado 1 de diciembre)

lunes, 3 de diciembre de 2018

Mi entrevista a Rafael Pérez Gay para Los Angeles Times


Ciudad de México. Nos citamos en un restaurante bar de la colonia Condesa, su colonia, el barrio de toda su vida. Sospecho que es el mismo restaurante bar donde su muy cercano Gil Gamés suele reunirse con los amigos para convivir y brindar con el inseparable vaso de Glenfiddich 15 en la mano.
  Pero es mediodía y Rafael Pérez Gay (no Gil Gamés) pide una Coca light con hielos, mientras conversamos acerca de un asunto que le es ingente: el arribo a nuestro país de la Cuarta Transformación.
  Pongo a funcionar la grabadora, abro la libreta en la que traigo anotadas las preguntas que quiero hacerle, pero el autor de libros como El cerebro de mi hermano, Arde, memoria y Perseguir la noche, así como de la columna semanal “Prácticas indecibles” en Milenio Diario, además de conductor de la serie literaria de televisión La otra aventura, de ADN 40, y director de la editorial Cal y Arena, me ataja antes de que pueda lanzarle la primera interrogante:

“Podemos empezar por un asunto que a mí me parece que define en estos días el clima político mexicano. Me refiero a la celeridad, casi la ansiedad del presidente electo y su equipo de transición, por tomar decisiones, por realizar proyectos rápidamente, como si no hubiese mañana. Esta celeridad ha llevado al presidente electo a cometer serios y notables errores y contradicciones, al grado de que prácticamente donde aparece un proyecto, donde aparece una decisión, aparece, pegado, un conflicto. Desde luego, está lo del aeropuerto. Tenemos novedades: leí completo el informe de MITRE. Es demoledor. Porque se encarga de demostrar, ya que se trata de una autoridad en materia de navegación aeronáutica, que Santa Lucía es inviable. Y dice una cosa que suena obvia,  pero que es una verdad de cien kilos: ‘Los aeropuertos no se planean de abajo para arriba, se planean de arriba para abajo’ y lo que van a ocasionar en el espacio aéreo es un embotellamiento terrible, con los riesgos que eso supone”.

Lo del aeropuerto es un caso, pero está también lo de la Guardia Nacional o lo de anular la reforma educativa.
Lo de la Guardia Nacional parece ser, una vez más, una decisión apresurada, prácticamente tomada sobre las rodillas. No soy el único que sabe o ha oído que realmente cambiaron el Plan de Seguridad y el plan de la Guardia Nacional sobre la marcha. El gran perdedor de esto fue Alfonso Durazo: perdió el presupuesto, perdió poder y todo se le trasladó a los militares. En materia de educación, como dijo el diputado Mario Delgado, no dejarán “coma sobre coma” y desaparecerán el Instituto Nacional de Evaluación Educativa. El conflicto que viene en educación va a ser serio. Juan Díaz ha dejado la dirigencia del SNTE y Elba Esther Gordillo parece decidida a retomarla. Por otro lado está la CNTE que va a jugar, como siempre, un papel inexplicable e ilógico. No me extrañaría que muy pronto estuvieran en contra del presidente electo respecto a algunos de sus proyectos.

Andrés Manuel López Obrador ha dicho recientemente que no va a perseguir a los corruptos del pasado y que es mejor mirar hacia adelante.
Sí, dijo que sería una especie de ley de punto final. Pero un día después declaró que en marzo hará una consulta para preguntarle al pueblo si quiere que investigue a los ex presidentes. Con esto y con lo que te comenté anteriormente, quiero ilustrar que la celeridad no es buena consejera política, la ansiedad por resolverlo todo a cada momento puede conducir a esta clase de contradicciones. Otro punto muy importante ocurrió hace unos días: la rebelión de los diputados panistas y la postura del gobernador electo de Jalisco, Enrique Alfaro. Este es el primer momento serio de una oposición real al nuevo gobierno. Luego vino el comunicado de los gobernadores que afirma claramente: “Nosotros no somos invitados, nosotros fuimos elegidos democráticamente”. Dice Alfaro con toda claridad, en un comunicado que me parece inteligente y valiente, que “la idea de los superdelegados atenta contra el pacto federal y atenta contra la democracia. Nosotros en Jalisco no vamos a perdonar a los corruptos, los vamos a meter a la cárcel”. Me parece sano y me parece una buena noticia, porque la concentración de poder que tiene López Obrador nos va a devolver a un hiperpresidencialismo muy serio. Por eso este principio de oposición es bueno, sobre todo si pensamos en los desechos en que se convirtieron los partidos políticos. De modo que este frente de gobernadores me parece bien.

¿Cuál es entonces el papel de los partidos, en especial del PRI y el PAN?
Los partidos tienen que cerrar filas para que en las elecciones intermedias de 2021, aunque no vayan a vencer a Morena, sí ganen algunos diputados. Así entonces, yo digo: tenemos a un presidente electo hiperactivo que ha mandado claras señales de que él es el que manda y que se va a hacer lo que él dice; tenemos a un Congreso que va aprobando y aprobando leyes todos los días, porque quieren hacer cambios muy grandes y probablemente lo van a lograr. Lo único que yo pienso y que me gustaría transmitir a quienes lean esta entrevista, es que no estoy de acuerdo en que todo esté mal y que todo haya que cambiarlo. Ese principio puede conducir al fracaso político. Cierto, la aprobación de López Obrador está en un 75 por ciento, es altísima, pero no hemos empezado todavía y ya ha habido mucho movimiento. Muchos pusieron sus esperanzas en él, pero hay un segmento –que no es el voto duro de López Obrador– que se está preguntando si lo que está pasando está bien. Porque otra característica del presidente electo es que es impredecible y eso ocasiona nerviosismo, no sólo en los mercados, no sólo en las finanzas, sino nerviosismo político. Hay quienes dicen: veamos sus acciones y no sus dichos y yo respondo: sí, pero las palabras y los hechos van juntos y la palabra del presidente de la república, de cualquier presidente, es una palabra muy seria, muy dura, a la cual hay que atender siempre. Por ejemplo, el presidente electo dice que muchos empresarios con camajanes (camaján quiere decir holgazán, perezoso, un hombre que vive de otros, un parásito). Luego se da cuenta de que ha cometido un error y entonces hace un concejo empresarial para que esté cerca de él. Esas señales son impredecibles, contradictorias, desprendidas en buena medida del exceso de protagonismo del presidente. El presidente debe hablar y todos sabemos muy bien que ese es el estilo de Andrés Manuel López Obrador, pero el hiperactivismo lo conduce a meterse en serios problemas y a partir del 1 de diciembre, su protagonismo se convertirá en algo que puede ser un adversario serio del presidente. Todos los días se va a encargar de la seguridad, todos los días va a estar mandando mensajes por las “benditas” redes sociales; de modo que no creo que sea buena noticia que tenga al país en vilo todos los días y que sus señales sean contradictorias. Tiene una gran concentración de poder, tiene a la Cámara de Diputados, tiene al Senado y tiene un plan territorial muy serio para que Morena se adueñe de la república y que sea un proyecto que no dure seis años, sino 12 o 18. No me refiero a que él se reelija, me refiero a su proyecto de Nación, un proyecto que en muchos sentidos es muy dudoso y peligroso. 

¿Qué opina del caso del Fondo de Cultura Económica y la famosa Ley Taibo?
Respecto a Paco Ignacio Taibo II, me parece un absurdo legal que un mexicano que no nació en México no pueda dirigir al Fondo. Taibo es más mexicano que la tortilla. Sin embargo, ahí también hubo celeridad. Creo que quienes somos críticos de Morena y de López Obrador tenemos que esperar a ver qué acciones se cometen, antes de inventar. Por eso he tenido cuidado al opinar de este caso. Indudablemente, Taibo es un hombre de libros, ha hecho mucho por el libro, pero hay un primer momento en el que vuelvo a notar la celeridad. Ya dice que quiere fusionar al FCE con Educal y con la Dirección General de Publicaciones, cuando estas dependen de la Secretaría de Cultura. Hay que esperar un poco, hay que analizar si eso es posible, cuánto cuesta. Comparten todos una celeridad tremenda, una rapidez de vértigo. La velocidad es buena cuando sabes a dónde vas, pero si todavía no lo sabes, yo iría con un poco más de calma. El presidente López Obrador es un hombre de acción política muy serio, pero a veces a esa acción política le conviene un momento de reflexión, un momento de análisis. Eso me parece fundamental.

¿Cree que a partir de diciembre la libertad de expresión en general y la libertad de prensa en particular estarán en riesgo?
Dice el presidente electo que él va a replicar a las críticas, que tiene derecho a contestar cuando tenga que contestar. Tiene razón, está en su derecho, pero el presidente tiene el poder, el dinero, el Congreso, el equipo para hacer lo que quiera. ¿Además de eso quiere replicarle a un simple periodista que lo critique? Me parece excesivo. Y está la tentación de siempre: la tentación autoritaria que es de la que nos tenemos que proteger. 

¿Cuáles son entonces los contrapesos frente a un gobierno que concentrará tan inusitado poder?
Me parece que los comentaristas, los medios, las universidades deben tener presentes algunos puntos a los que yo llamo los irreductibles: cuidar la división de poderes, cuidar los institutos autónomos, vigilar la constitucionalidad de los actos del presidente, ver que existan transparencia y rendición de cuentas, ver que haya derechos universales y no clientelismo, cuidar a toda costa la libertad de expresión y nunca quitar el énfasis en la equidad social. Estos irreductibles son fundamentales para que no empiecen a descomponerse la vida política, la vida social, la vida en libertad del país y para que no comencemos a movernos hacia un hiperpresidencialismo autoritario en el que no se mueve una hoja del árbol político si el presidente no está de acuerdo.

Para finalizar, ¿cómo vislumbra al México del 2024?
Por primera vez tengo muchas dudas. Yo quisiera que a México le fuera bien. Que la desigualdad disminuyera considerablemente. Que hubiera menos pobres. Que pudiéramos crecer al 4 por ciento. Me gustaría que hubiera una clase media más próspera. Que el consumo fuera mayor. Pero yo no sé si esto va a ser posible con el plan de gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Todo lo que hemos charlado en esta entrevista apunta más bien hacia un país enconado, ese país enconado al que nos lleva la polarización, un país con muchos problemas, con muchos pleitos. Vendrá sin duda un pleito con los sindicatos. Vendrá un pleito con un sector de la empresa privada mexicana. Vendrán uno o varios pleitos con la prensa y algunos medios de comunicación. Eso es lo que vislumbro, porque eso es lo que es el encono y ser impredecible te lleva a ese temor de no saber cómo va a estar México en el año 2024. Espero que bien, es mi deseo, pero a los deseos se les atraviesa siempre esa cosa horrible que llamamos realidad.

(Entrevista que me publicó el pasado 1 de diciembre el diario californiano Los Angeles Times)

domingo, 2 de diciembre de 2018

Cámara húngara: Andrés en el país de las maravillas

En fechas recientes, tuve la oportunidad de entrevistar a tres importantes personajes del llamado círculo rojo, es decir, intelectuales especializados en política y que publican o aparecen en distintos medios de comunicación. Héctor Aguilar Camín, Rafael Pérez Gay y Ciro Gómez Leyva (cuya amistad y afecto puedo presumir en los tres casos) accedieron a charlar conmigo para la versión en español del diario californiano Los Angeles Times, acerca de la inminente llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y lo que fueron los cinco meses en que navegó como activísimo presidente electo.
  Las entrevistas pueden leerse en el sitio del diario (https://www.hoylosangeles.com/), pero diré que en todas existe una coincidencia: no vislumbran buenos augurios para el sexenio que está iniciando. Esto contrasta con los dos discursos que dio ayer sábado el ya presidente constitucional, en los que pintó un futuro lleno de luz, progreso, concordia, paz y amor… para sus incondicionales.
  Nadie puede negar la astuta habilidad de López Obrador para lo que vulgarmente se conoce como echar choro (algunos lo consideran por esto un genio de la comunicación). Este talento que podría parecer un tanto perverso viene impregnado con una mezcla de maniqueísmo, medias verdades, sentimentalismo, frases hechas, expresiones populares y hasta de pronto un sentido del humor bastante extraño, por no decir que retorcidamente siniestro. Con esto le ha bastado para conmover a sus muchos seguidores, a lo largo de 18 años; tanto así que 30 millones de votantes le otorgaron la presidencia de la república.
  ¿Cómo debemos tomar los discursos del flamante presidente, primero ante el Congreso y luego frente a sus seguidores en el Zócalo? Sin duda, supo tocar las fibras de sus devotos seguidores, al denostar a los gobiernos más recientes (a los que calificó todo el tiempo de neoliberales) y al contrastarlos con lo que según él habrá de ser para México la llamada Cuarta Transformación, una especie de país de las maravillas.
  Aunque ambas piezas oratorias resultaron demasiado largas y por instantes soporíferas (el lento sonsonete de su voz no se lleva bien con la amenidad), dijo muchas cosas que, de realizarse, transformarían nuestra realidad para convertirla en una Shangri-La tropical. Pero sus múltiples promesas representan un costo económico enorme y ese dinero no va a salir de bajarle el sueldo a los altos funcionarios, quitar la pensión a los ex presidentes y acabar (utópico deseo) con la corrupción. Imposible sueño guajiro (para usar un término cubano y/o venezolano).
  Destaco por último tres cosas que prometió, dos buenas y una mala.
  Las buenas: 1. Se comprometió a respetar la libertad de expresión y 2. Aseguró que, como admirador de Francisco I. Madero, cree en la no reelección y no intentará perpetuarse en la presidencia. Cuidemos que cumpla ambas.
  La mala: Casi al final de su prolongada arenga, pidió a sus seguidores: “Protéjanme de los conservadores y de mis adversarios. Con la protección de ustedes, (ellos) me hacen lo que el viento a Juárez”. Lamentable llamado a la división polarizante y señal aparente de que, en el fondo, no piensa gobernar para todos los mexicanos, sino únicamente para quienes sean sus obedientes adeptos.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Retraso

Debo aceptar que desde que sucedieron los contundentes cambios que han hecho variar mi vida (me refiero a mi mudanza de casa y al injusto recorte –así le llaman al despido– que me hizo quedar fuera de Milenio), he descuidado un poco este blog y me he retrasado muchísimo. Pero pronto me pondré al corriente y a punto. Lo prometo.

jueves, 29 de noviembre de 2018

La radio mexicana en 1968

Hoy día, la radio musical que existía en México hace 50 años, en un año axial como lo fue 1968, resulta inimaginable. Cuando vivimos un presente en el que plataformas para escuchar y/o ver música en streaming como Spotify, iTunes, Apple Music, Tidal, SoundCloud o YouTube son parte de nuestra cotidianidad, ¿cómo podríamos concebir un tiempo en el que no existían no sólo internet sino ni siquiera la frecuencia modulada (FM) y todo se limitaba a una treintena de estaciones de amplitud modulada (AM), de las que apenas tres se dedicaban a tocar rock (o “música moderna”, como se acostumbraba llamarlo en ese entonces)?
  En 1968, yo tenía trece años y cursaba el segundo año de secundaria en una escuela de gobierno, a una cuadra del centro de Tlalpan (que no era ni por asomo el Coyoacancito que es en la actualidad, sino una plaza casi pueblerina, con su pintoresco kiosko, sus verdes bancas de hierro forjado, sus viejos portales, su colonial iglesia y su vetusto palacio de gobierno). Por la influencia de mi hermano mayor, yo amaba el rock que ese año se encontraba en pleno apogeo, con extraordinarios discos de intérpretes a quienes hoy consideramos clásicos, pero que en aquel momento eran jóvenes veinteañeros que producían música asombrosa, especialmente en Gran Bretaña y los Estados Unidos (en México, el panorama musical era –al igual que hoy– de infinita tristeza).
  A falta de medios que difundieran el género y a lo caros y difíciles de conseguir que eran muchos de los mejores discos, la radio en AM constituía nuestra única opción, nuestro pequeño oasis, a pesar de lo mala que era. Tres eran básicamente las estaciones que difundían rock en inglés: Radio 590 (que aún no se llamaba “La pantera de la juventud” (sic), Radio Éxitos y Radio Capital. A lo largo del día, las tres eran prácticamente idénticas y se dedicaban a tocar las canciones más exitosas del hit parade estadounidense, es decir, lo que hoy llamamos “sencillos”. Esto iba desde grupos y cantantes fresísimas (lo sé, ese término ya no se usa), como los Union Gap, Lulu, Barry Ryan, los Ohio Express, La Compañía 1910 (en realidad, The 1910 Fruitgum Company) o Los Monkees, hasta algunos más “pesados”, como Strawberry Alarm Clock, The Turtles, The Association, los Box Tops, Donovan, los Kinks, los Animals, los Rolling Stones y, por supuesto, los Beatles.
  Había diferentes locutores, en su gran mayoría de edad adulta, que se dirigían a nosotros, los jóvenes, como si fuésemos retrasados mentales. Creían que alzando la voz (de hecho, gritando) y haciendo chistes malísimos, se ganaban la simpatía de los radioescuchas. No es que en esos días uno fuera muy crítico, pero algunos de aquellos loros resultaban francamente intragables. La estructura era casi siempre igual: comentarios del locutor, de pronto con alguna noticia sobre los grupos y solistas que ponía, luego una canción que no solía rebasar los tres minutos de duración y en seguida una sarta de seis o siete anuncios comerciales sobre los más diversos y superfluos productos.
  A determinadas horas había programas específicos, algunos pésimos (en especial los de concurso, en los que ponían a competir a dos grupos: Monkees contra Beatles, Rolling contra Beatles, Creedence contra Beatles, etcétera –era la época de la beatlemanía, así que todos los otros grupos debían “enfrentarse” a los de Liverpool–, para que uno llamara por teléfono a la estación respectiva y diera un voto por su favorito) y otros bastante aceptables, sobre todo en horas de la noche.
  De aquel tiempo, recuerdo muy especialmente Vibraciones, una emisión extrañísima pero fascinante (fascinante, vista con la perspectiva de aquella época; hoy resultaría ridícula y pretensiosa). El programa era transmitido de lunes a viernes, de 9:30 a 11 de la noche, por Radio Capital, casi al final del cuadrante, y era conducido por Manuel Camacho, un locutor de hablar muuuuuy pausado, casi pacheco, que decía cosas “trascendentes” (a veces verdaderos galimatías que nadie entendía). Pero lo que en verdad importaba y por lo que Vibraciones era tan seguido por quienes queríamos saber de rock más allá de las malhadadas listas de éxitos, era por la música que ahí se programaba.
  Gracias a Vibraciones, muchos conocimos a Janis Joplin and the Holding Company, a Jefferson Airplane, a Bob Dylan, a Canned Heat, a Jimi Hendrix, a los Doors, a Pink Floyd, a It’s a Beautiful Day, a The Corporation y un largo etcétera. Incluso un grupo que en los años siguientes se haría popularísimo en México, al grado de que algunos que nos sentíamos exquisitos lo llegamos a despreciar, sonó por primera vez en aquel programa. ¿Su nombre? Creedence Clearwater Revival, los famosos Cridens.
  Ese era pues el panorama radiofónico que gozábamos o sufríamos (según se vea) los adolescentes mexicanos (o al menos los defeños) de la segunda mitad de los años sesenta del siglo pasado. Inimaginable para las generaciones actuales, pero en el fondo era una radio que tenía su encanto. O no.

(Primera entrega para mi columna "Memorias de una mosca", publicada el día de hoy en Noisey, el sitio de música de la revista Vice)