miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hijos de Joy Division

No puedo evitarlo. Desde que grabó su primer disco, el Turn on the Bright Light de 2002, Interpol me remite de inmediato a Joy Division. Es el mismo sonido oscuro, austero, frío, sordo, mecánico, misterioso, pero sin alcanzar la calidad musical de Ian Curtis y compañía.
  No he sido un amante del cuarteto encabezado por Paul Banks y formado en Nueva York hace tres lustros. Reconozco, sin embargo, que tiene un amplio caudal de seguidores (en México son legión) y que han generado tras de sí a una buena cantidad de agrupaciones que imitan lo que ellos de algún modo imitan también.
  Hace unos días apareció El Pintor (Matador, 2014), quinto álbum del grupo, y es importante comentarlo, porque se trata de un regreso a su sonido primigenio (precisamente el que más se parece a Joy Division), luego de que en trabajos como Antics (2004) y Our Love to Admire (2007) y a petición de su disquera, había dado algunas concesiones comerciales para hacer “más accesible” su música, lo cual por cierto les sirvió para ampliar su base de fans.
  Con tres de sus miembros originales (el propio Banks, Daniel Kessler y Sam Fogarino) y el bajista Brandon Curtis (Secret Machines) en sustitución de Carlos Dengler, Interpol ha producido una obra compacta y hermética que tiene todos los ingredientes para hacer felices a sus fanáticos más fieles y conspicuos. El Pintor es un plato de apenas cuarenta minutos de duración y ninguna de las diez composiciones que lo conforman rebasa los trescientos segundos.
  Abre con una muy buena y sólida pieza, “All the Rage Back Home”, que tras una emotiva introducción lenta deriva en un ritmo rápido y seco que le da un cariz muy atractivo. Igualmente atractivos resultan temas como “My Desire”, “Anywhere”, “Same Town New Story” y “Ancient Ways”.
  Si algo más podemos decir a favor de este disco, en referencia a sus cuatro antecesores, es que hay aquí, en diversos momentos, un poco más de encuentro con la luminosidad y un poco menos de búsqueda de lo tenebroso. Algo debe reflejar esto sobre el momento artístico y existencial que están viviendo los integrantes del grupo.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

martes, 16 de septiembre de 2014

Un programa para Sergio


Este es el programa No. 40 de La Mosca en la Radio, trasmitido por la estación de internet TuRadioOnLine. Se lo dediqué a mi hermano, el cineasta Sergio García, quien aparece en la foto con su imagen cheguevarista de los años setenta. A su lado, el también cineasta y en ese entonces superochero (al igual que mi brother) Gabriel Retes. Se transmitió el 19 de octubre de 2011, poco más de un mes después del fallecimiento de Sergio, quien justo hoy cumple cuatro años de haber partido de esta vida. En el mismo hablo de su vida y obra y cuento distintas anécdotas, además de que programé una muestra de la música que más le gustaba, desde los Beatles y los Rolling Stones hasta Los Teen Tops y las Ultrasónicas, pasando por Elvis Presley, Janis Joplin, El Tri, Canned Heat, Jaime López, Armando Palomas y otros. Para escucharlo, sólo hay que darle clic a la flecha de play en la barrita de abajo. Lo hice con mucho amor.

domingo, 14 de septiembre de 2014

La orgía perpetua

Mi desgastada edición.
Gran obra de Mario Vargas Llosa, un extenso, exhaustivo y espléndido ensayo sobre Gustave Flaubert y su novela Madame Bovary. El escritor peruano revisa a detalle una cantidad enorme de aspectos del libro flaubertiano y lo analiza a profundidad desde varias perspectivas: subjetivas, objetivas, históricas, literarias, de contexto, de estilo, etcétera.
  Escrito en 1974, La orgia perpetua (Seix Barral) es un trabajo fascinante. El título se debe a una frase del propio Flaubert, quien la incluyó en una carta dirigida a su amiga, la señorita Leroyer de Chantepie: "La única manera de soportar la existencia consiste en aturdirse dentro de la literatura, como si fuera una orgía perpetua".
  Casi siempre ameno y muy instructivo (en especial para quienes tenemos a Madame Bovary como una de nuestras novelas favoritas de todos los tiempos), el largo ensayo tiene como único defecto (por llamarlo de algún modo) el hecho de que cada cita de Flaubert que refiere Vargas Llosa la pone en el francés original y no se toma la molestia de traducirla para los lectores que no hablan o leen esa lengua. Me parece una actitud ciertamente pedante y sí afecta a la comprensión de varias partes del volumen.
  Salvo eso, nos encontramos ante un estudio soberbio (en ambos sentidos del término) e imprescindible para los interesados en el creador de la novela moderna y su obra clave: el grandioso escritor galo Gustave Flaubert y su entrañable Señora Bovary. En lo personal, me gustó mucho.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ecocidio en Sonora

Aun cuando ha recibido una considerable atención de los medios, la catástrofe ecológica de los ríos Bacanuchi y Sonora, en el estado del mismo nombre, no parece conmover a la sociedad mexicana como ha sucedido en otras ocasiones, con otros desastres. No sé si se deba a que por fortuna no hay muertes que lamentar o a que la tragedia que están viviendo cientos de miles de sonorenses de siete municipios no resulta suficientemente “espectacular”, si se me permite el ingrato término.
  No ha habido movilizaciones o campañas humanitarias para ayudar a los damnificados. Nada que se parezca, por ejemplo, a lo que suele suceder cuando un huracán arrasa con alguna zona o una inundación provoca destrucción y desabasto. Como si la contaminación fuera un problema menor. Como si el criminal derramamiento de sustancias químicas en los dos ríos fuese algo sin importancia.
  Para colmo, el asunto se ha empezado a politizar, en especial por la discutible sensibilidad del gobernador panista Guillermo Padrés, quien ha comenzado a pelear con el gobierno federal y sus representantes, más preocupado al parecer por el destino de la “pequeña” presa que levantó en terrenos de su propiedad que de la suerte de sus conciudadanos. El funcionario mantiene grandes cantidades de agua retenidas en el embalse, mientras que miles de personas carecen del líquido en sus casas y en sus tierras de cultivo.
  Por suerte, ese mismo gobierno federal ya entró al quite y entre otras cosas ha logrado que Grupo México, propietario de la mina Buenavista, donde sucedió el derrame de ácido sobre las aguas de los ríos afectados, aporte dos mil millones de pesos para resarcir los daños. Ahora va sobre la presa.
  Urge que en la sociedad mexicana exista una mayor conciencia ecológica y que tragedias como ésta no queden como meras anécdotas. De otro modo, seguirán aconteciendo sin remedio.

* * * * *

A raíz de la catástrofe ambiental en Sonora, se está usando por todas partes el terminajo “remediación”. ¿De dónde lo sacaron? Esa palabra no existe en español. No añadamos, al desastre ambiental, la contaminación de nuestro idioma.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

viernes, 12 de septiembre de 2014

Diego de Montparnasse

Estupendo libro de Olivier Debroise este Diego de Montparnasse (Lecturas Mexicanas No. 83, 1985) que cuenta y documenta la estancia de doce años de Diego Rivera en Europa, centrándose en la parte parisina, cuando vivió en el barrio de Montparnasse al lado de su entonces mujer, la rusa Angelina Beloff. Con un modo de narrar muy aceptable, Debroise nos lleva de la mano por el ambiente que a principios del siglo pasado reinaba en los círculos bohemios de París y la forma como Rivera se involucró con una serie impresionante de personalidades del mundo artístico y político de la época. Así, entre otros muchos, vemos desfilar a pintores como Picasso, Modigliani, Soutine, Zárraga, Braque, Léger o Siqueiros; a escritores como Apollinaire, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán y Ramón Gómez de la Serna; así como a políticos como Trotsky y Lenin. Hay otros personajes fascinantes, como Marevna (quien fuera amante de Diego) e Ilya Ehrenburg, gran amigo del pintor mexicano.
  El libro nos descubre cómo Rivera se involucró en el movimiento cubista o cómo padeció los efectos de la Primera Guerra Mundial, así como la manera en que se mantuvo lejos de México -más por las circunstancias que por voluntad propia- durante los años de la revolución.
  Aunque no es amena todo el tiempo, la prosa de Olivier Debroise se deja leer y el resultado final es satisfactorio y, sobre todo, ilustrativo.
  Una obra muy buena y muy recomendable.

jueves, 11 de septiembre de 2014

La radio en rojo y negro (Programa 1)


Pues no me esperé la semana que me iba a esperar y decidí grabar el primer programa de mi podcast La radio en rojo y negro, dedicado a la pieza "Brown Shoes Don't Make It" de Frank Zappa, incluida en su álbum Absolutely Free, de 1967, al lado de The Mothers of Invention. La emisión dura quince minutos. Espero ir perfeccionando poco a poco el proyecto radiofónico.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La radio en rojo y negro (Programa 0)


Me vino a la cabeza la idea de realizar un proyecto más o menos radiofónico, por medio de podcasts de no más de quince minutos en los cuales pueda dar opiniones, comentarios, información, noticias, etcétera, sobre diferentes temas, pero especialmente sobre música. Este podcast es de prueba y lo hice sobre el tema de la intolerancia a las opiniones, tomando como ejemplo el caso de mis recientes comentarios acerca de la música de Gustavo Cerati y algunas de las reacciones que han provocado. Aún estoy en periodo de pruebas, pues, y pronto elaboraré el programa No. 1. A ver qué les parece esta pequeña emisión de siete minutos.

martes, 9 de septiembre de 2014

Pájaros de cuenta

Seis años de ausencia no es poca cosa, pero valdrán la pena si al regreso se trae algo bueno consigo. Es el caso de los Counting Crows, el legendario grupo de San Francisco, California, que lograra una merecida fama en los años noventa, en especial con su álbum debut August and Everything After de 1993, y que desde que sacó el Saturday Nights, Sunday Mornings de 2008 no había vuelto a grabar en estudio. No obstante, he aquí que estos cuervos han retornado con un nuevo plato bajo el brazo y hay que decir que se trata de un plato nutritivo y delicioso.
  Contra lo que se pudiera pensar, a lo largo del más reciente sexenio los Counting Crows no se mantuvieron inactivos. Todo lo contrario: siguieron tocando en giras constantes, fruto de lo cual fue su triada de discos en concierto de 2011, 2012 y 2013. Sin embargo, no se habían decidido a sacar nuevo material y es hasta ahora que regresan y lo hacen a lo grande con Somewhere Under Wonderland (Capitol/Virgin EMI, 2014), un álbum jubiloso, lleno de espléndida música.
  Hay una gran frescura en las nueve canciones que conforman a esta flamante grabación, aparecida apenas la semana pasada. Algún lugar bajo el País de las Maravillas arranca con “Palisades Park”, una larga pieza de ocho minutos en la que se recorren diversos paisajes, en un paseo musical que nos recuerda a la “Foreigner Suite” de Cat Stevens.
  Las ocho piezas restantes son tanto o más buenas que la primera. Así, vamos de la irresistible y paulsimoniana “Earthquake Driver” a la rocanrolerísima “Dislocation” y de la suave y dulce “God of Ocean Tides”, bella y acústicamente folkie, a la contundente “Scarecrow” que en mucho rememora a Neil Young y su Crazy Horse.
  “Elvis Went to Hollywood” es un tema muy a la Counting Crows, con ciertos toques de R.E.M., en tanto que “Cover Up the Sun” es una rápida y estupenda balada country. Cierran el disco la extraordinaria y cuasi rollingstoniana “John Appleseed’s Lament”, con su gran juego de guitarras, y la calma y bellísima “Possibility Days”.
  Un trabajo sobresaliente de estos cuervos de cuenta.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 8 de septiembre de 2014

Algo bizarro sobre la palabra bizarro

Soy uno de esos anticuados defensores del idioma español y abomino de los terminajos que suelen contaminarlo. Ahora mismo, flota por ahí un sustantivo horrendo, "remediación", que escucho repetirse en los medios y que no es sino una traslación (y no una traducción) de la palabra inglesa remediation (remedio, arreglo). Algo muy similar acontece con la espantosa expresión "hace sentido", traslación igualmente directa del make sense inglés, cuando en español se dice "tiene sentido". Así pasa con otras muchas palabras (verbos infectos como "mentalizar", "promocionar", "implementar" y un largo etcétera).
  No obstante, existe una palabra que creo debería ser aceptada en la acepción que la utilizan extraoficialmente muchos hablantes de nuestro idioma. Me refiero a "bizarro" que si bien en español significa "bravo, valiente", es muy usado con el significado que se le da en lenguas como el inglés y el francés, es decir, como sinónimo de algo fuera de lo común. Creo que debería ser aprobada por la Real Academia Española, ya que se requiere de una palabra que diga algo más que simplemente "raro" o "extraño". Bizarro posee una fuerza especial y única y pienso que tendría que ser parte de nuestro léxico.

domingo, 7 de septiembre de 2014

At the zoo

Para Adolfo Cantú, por su gran amor a los mexicanos.

Pues sí, gracias a la devaluación de Mister Peso no pude salir de vacaciones. Había planeado con mis hijos ir a conocer la nueva autopista a Oaxaca y, en una de esas, seguirnos hasta Chiapas (concretamente hasta San Cristobal de las Casas para ver qué onda). Pero hicimos números y nos dimos cuenta de que apenas nos alcanzaba para llegar a San Martín Texmelucan o Río Frío. Así pues, decidimos quedarnos en el DF y visitar el nuevo zoológico de Chapultepec. ¡Craso error!
  Acudimos al feudo de María Elena Hoyos el pasado viernes, con toda la ingenuidad y candidez del universo. “Como todo mundo anda fuera, no creo que haya mucha gente”, les dije a mis chavos. ¿Qué no? ¡Uta, parecía romería! Hicimos una cola enorme para entrar y una vez dentro fue casi imposible ver a los pobres animales que, aparte de estar enjaulados, tienen que soportar las miradas de miles de seres verdaderamente patéticos. Como no logramos observar a las jirafas, los elefantes, los papiones sagrados o los pandas, nos dedicamos a examinar y a clasificar a esa otra fauna: la que deambula por los pasillos como quienes están en su casa y hacen lo que se les viene en gana. He aquí el resultado de nuestra investigación de campo, con la descripción de algunos ejemplares notables:
  El sabio empírico (Opinatus pontificius). Se trata de una bestia vestida de pantalón corto, sandalias y camiseta de rayas horizontales que ante la jaula de los bisontes dice “¡Miren, unos búfalos!”, ante la del guanaco exclama “¡Una llama!” y ante los pecaríes asegura ver jabalíes. Nada tiene de malo equivocarse tan rotundamente, pero esta clase de individuo insiste en confundir a los animales y grita para que todos lo escuchen.
  La enajenada disneyana (Videocentrus asidum). Es madre de siete chamacos que a duras penas logra controlar. A todos los retaca de papas fritas  y chatarras y los ayuda a hacer pipí cuando no hay guardias cerca. Ante la jaula de los leones, grita a su descendencia: “¡Vean, son Simba y Nala!”, lo que significa que ha visto El Rey León hasta la saciedad. Por supuesto, los venados serán “bambis” y los elefantes “dumbos”, etcétera.
  Los vándalos bandosos (Bibisandbotjed vulgaris). De comportamiento impredecible, estos seres suelen ir en grupos de vestir todos igual: mezclilla, tenis, camisetas con leyendas jevimetaleras, peinados seudopunks. Al llegar junto a las jaulas se empujan botados de la risa y empujan a los demás, sin importarles mayor cosa. Avientan cosas para ver a quién le caen en la cabeza. Entre las palabras de su escaso lenguaje sobresalen los términos “chale”, “órale”, “hijo” y “¿ya vistes carnal?”. Ríen con un extraño sonido gutural.
  Los consumidores compulsivos (McDonaldus aferratus). Al zoológico no dejan meter comida, pero adentro hay una jugosa concesión al McDonalds y es ahí donde gran cantidad de ejemplares gustan pasar el tiempo, tomando el sol y devorando hamburguesas, malteadas y demás antojitos mexicanos. Los hábitos de esta rama zoo(i)lógica son muy peculiares a la hora de comer, pues lo hacen de dos bocados y luego se tiran de panza para reposar los alimentos. Un espectáculo conmovedor.

(Publicado en mi columna "Bajo presupuesto" de la sección cultural del diario El Financiero, el viernes 6 de enero de 1995)

sábado, 6 de septiembre de 2014

El aeropuerto de todos tan temido

Cuando durante el sexenio de Vicente Fox se frustró la posibilidad de construir el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, debido al famoso Atencazo, pareció que la idea quedaría enterrada por los siglos de los siglos… o hasta nuevo aviso.
  Mas he aquí que ha venido ese nuevo aviso y de una manera ciertamente sorpresiva. El presidente de la república anunció con bombo y platillo que sí se levantará ese megaproyecto y que además los terrenos donde estará ya fueron adquiridos y no tendrá por qué haber protestas de los macheteros y anexas (aún no me queda claro si dichos terrenos pertenecen al Distrito Federal o al Edomex).
  No sé si los activistas de Atenco busquen otro motivo para movilizarse, pero en lo que se deciden, ya las redes sociales empezaron a criticar lo del aeropuerto, como si no fuese urgente su construcción, dado que el actual, con todo y sus dos terminales, sencillamente no se da abasto.
  Se dice que por qué no mejor, con los miles de millones que se van a invertir, el gobierno se pone a hacer hospitales y escuelas. Eso suena muy políticamente correcto, pero una cosa no impide la otra. Se necesitan más sanatorios y centros escolares, sí, pero también se requiere una nueva central aérea, a la altura de las que hay en las principales ciudades del mundo.
  Aparte de la evidente belleza arquitectónica, durante los años que dure su construcción se van a generar, por necesidad, decenas de miles de fuentes de trabajo y la derrama económica beneficiará a mucha gente del oriente de la ciudad. ¿Qué también va a beneficiar a los contratistas? Pues sí. ¿Que hará que muchos políticos se levanten el cuello? También.
  El problema de fondo, en realidad, es que esos contratistas y esos políticos no pertenecen al bando de los que ya están empezando a protestar, aunque lo disfracen de preocupación por el bienestar del pueblo, etcétera.
  Por mucho tiempo se temió a la simple idea de retomar el proyecto del AICM, no fuera que aquellos se enojaran. Qué bueno que se haya perdido el miedo y que se actúe con determinación. ¡A volar!

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 5 de septiembre de 2014

I Wanna Hold Your Hand

Hay películas que me encantan y que, sin embargo, en su momento fueron sonoros fracasos de público. Es el caso de dos cintas muy relacionadas entre sí: I Wanna Hold Your Hand de Robert Zemeckis (1978) y 1941 de Steven Speilberg (1979). Ambas me resultan divertidísimas y sin embargo, la mayoría de los críticos coinciden en despreciarlas, en especial a la segunda, de la cual escribiré otro día.
  Volví a ver I Wanna Hold Your Hand, después de muchos años, y la disfruté tanto o más que la primera vez. El filme marcó el debut como director de Zemeckis (quien más adelante realizaría la saga de Volver al futuro y varias buenas películas más) y es una obra plena de frescura, ingenio, ironía y magnífico humor. La historia se desarrolla durante los días en que los Beatles visitaron los Estados Unidos por primera ocasión y se centra sobre todo en su actuación en El Show de Ed Sullivan. Sin embargo, la trama sigue en primer plano a un grupo de adolescentes de ambos sexos que mueren por ver a los de Liverpool en persona y hacen todo por lograrlo. Cuatro jovencitas y tres chavos son los principales protagonistas y los líos en que se meten hace que uno la pase de maravilla con ellos.
  Con actuaciones sensacionales como las de Nancy Allen (quien ya tenía veintiocho años en la vida real y no obstante se ve como una teenager), Theresa Saldana, la genial gordita Wendy Jo Sperber, Susan Kendall Newman, Bobby Di Cirico, Marc McLure y el delirante Eddie Deezen (en el papel de un beatlemaniaco realmente maniaco), Quiero estrechar tu mano es una absoluta delicia y tiene momentos verdaderamente antológicos y hasta cachondos (le escena de Pam -Nancy Allen- prácticamente fajándose al bajo de Paul McCartney es inolvidable).
  Producida por Spielberg, la cinta debería ser revalorada y no permanecer, como ahora, prácticamente sumida en el olvido. Yo la gocé muchísimo de nueva cuenta.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Cerati y México (una visión crítica)

La muerte del músico argentino Gustavo Cerati resulta ciertamente lamentable. Aunque desde hacía cuatro años se le mantenía en estado de coma, existía en sus familiares, amigos y seguidores una improbable y casi metafísica esperanza de que despertara y volviera a ser el mismo, algo que resultaba prácticamente imposible y que al final no aconteció. Hoy, jueves 4 de septiembre de 2014, se ha confirmado de manera oficial su deceso.
  En México existe una verdadera adoración por Cerati y su influencia en el llamado rock mexicano fue y sigue siendo aplastante. He aquí algunas reflexiones críticas al respecto.

Si algo trajo Cerati, desde sus épocas con Soda Stereo a mediados de los años ochenta, fue la edulcoración del rock en español, su pasteurización, ese efecto de quitarle sus raíces negras para inyectarlo de un pop rock desprovisto de garra y con una sofisticación glam amanerada y neutra. Ni siquiera fue algo original. Simplemente adoptó (es un decir) al rock pop de The Cure, con un toque del reggae style de The Police, y lo trasladó a las Pampas y el río de La Plata. Soda Stereo y su líder encabezaron un movimiento que pronto se propagó por toda el continente y que en nuestro país tuvo a Caifanes como sus más conspicuos imitadores.
  Con la irrupción de los rockpoperos argentinos -y también de los españoles-, los músicos mexicanos de las clases media y alta adoptaron como suya la propuesta de estos adalides “latinos” y hasta la reivindicaron como una supuesta manera de crear un nuevo rock, opuesto al del imperio anglosajón y basado, decían, en la verdadera idiosincracia iberoamericana. El rock con raíces negras fue considerado como música para nacos (literal) y quedó marginado en las zonas proletarias de las ciudades.
  El movimiento que nació entonces en México, bajo el influjo del pop rock español y argentino (y del pop mexicano timbirichesco), no fue por desgracia algo temporal, sino que llegó para quedarse. La historia del rock fue, más que negada, ignorada. Vinieron así generaciones para las cuales el género no surgió a mediados de los cincuenta del siglo pasado, sino a finales de los ochenta y cuyos progenitores no eran Chuck Berry, Little Richard y ni siquiera Elvis Presley, los Beatles o los Rolling Stones sino Soda Stereo, Nacha Pop, los Hombre G y los Enanitos Verdes. En el mejor de los casos, Robert Smith era el padre verdadero del “nuevo rock” (véase la facha que en ese entonces lucían Gustavo Cerati o Saúl Hernández, por ejemplo).
  ¿Quiere decir todo lo anterior que la música de Cerati –como miembro de Soda Stereo o como solista– no vale la pena? No. Sería un despropósito afirmar semejante cosa. El hombre hizo excelentes composiciones y supo evolucionar para convertirse en un músico serio y respetable (aunque de pronto demasiado solemne). Discos suyos, como Bocanada o Ahí vamos, poseen una gran calidad musical. Incluso este último se acerca en momentos al rock de raíz, aquel que ni por asomo se escuchaba en sus primeros tiempos.
  Sin embargo, otorgarle el estatus de genio siempre me ha parecido un despropósito. No existe en su música una verdadera innovación. La marca de The Cure o de los Beatles está ahí. Cerati no revolucionó al rock y la forma como fue adoptado en nuestro país resultó por completo acrítica y se tradujo al final en un rockcito insustancial, pobre, desenraizado, inculto e infantiloide que, con sus honrosas excepciones, ha dominado al panorama de la música “juvenil” a lo largo de casi tres décadas. Para el mainstream roquero de México, la raíz negra jamás existió y Cerati (o Charly García o Fito Páez o Miguel Mateos) le son más trascendentes que Willie Dixon, Muddy Waters o John Lee Hooker, a quienes muchos no conocen siquiera de nombre.
  Tal vez no sea culpa o responsabilidad suya, de seguro no fue esa su intención, pero la influencia concreta de Gustavo Cerati fue, a mi modo de ver, más empobrecedora que enriquecedora y, lo peor: consiguió generar a una camada de fanáticos que lo idolatran, pero que lo hacen desde una posición histórica y cultural muy endeble, desde una ignorancia supina que confunde al pop más inofensivo con eso que todavía algunos pensamos que es el rock. Lo más paradójico del asunto es que Cerati abrevó siempre del rock anglosajón, ese mismo que sus seguidores más conspicuos abominan.
  Descanse en paz.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Buenos días, Vietnam

Barry Levinson es uno de esos directores a los que los críticos exquisitos suelen denominar como "artesanos". Tal vez lo sea, pero no tengo duda de que es un excelente artesano cinematográfico, según lo prueban algunas cintas suyas como la controvertida Rain Man (1988), la finísima Avalon (1990) y las sensacionales y agridulces comedias Tin Man y Good Morning, Vietnam, ambas de 1987.
  Voví a ver esta última y tengo que decir que ha soportado el paso del tiempo y que sigue siendo un gran filme. Aunque la figura central es Robin Williams (un Williams perfectamente dirigido por Levinson, lo cual le permitió realizar la que tal vez sea la mejor actuación de su vida), Buenos días, Vietnam es mucho más que ese extraordinario personaje llamado Adrian Cronauer.
  La historia está basada en hechos reales. Cronauer existió y durante la guerra de Vietnam fue un disc jockey radiofónico que puso en jaque a las autoridades militares estadounidenses, debido a su estilo desenfadado e irreverente, a su rebeldía y a que en sus programas ponía rock, soul y blues, lo cual encantaba a los soldados que lo escuchaban en el frente de batalla. Robin Williams encarna a la perfección al locutor y lo hace gracias a sus tremendas habilidades para la stand up comedy. Sus monólogos críticos y sardónicos son de antología y no dejan títere con cabeza, ya sea el presidente Lyndon B. Johnson y el vicepresidente Richard Nixon o personajes como el Papa Paulo VI o la Reina de Inglaterra.
  Pero la película es más que eso. Es el contexto de la terrible guerra de Vietnam (hay excenas muy duras, como la del atentado terrorista). Es el resto de los personajes (desde los compañeros de Cronauer, como el estupendo Edward Garlick que interpreta un muy joven Forrest Whitaker, hasta sus enemigos dentro del ejército, en especial el ridículo sargento Dickerson que maneja a su antojo el sensacional Bruno Kirby, sin olvidar a los actores orientales, todos ellos fantásticos, con mención especial para la bellísima actriz tailandesa Chintara Sukapatana, como el amor imposible de Cronauer). Es la perfecta recreación de época y de lugar. Es la fuerza de la realización. Es la estupenda música. En fin.
  Una cinta magnífica que vale la pena volver a ver y que sitúa a Robin Williams como un gran actor, lejos de las exageraciones histriónicas a las que era tan afecto.

martes, 2 de septiembre de 2014

Algo de nueva pornografía

Exuberancia sonora. Lujuria armónica. Elegancia melódica. Paredes de sonido que no dejan resquicio a los silencios. Letras herméticas y misteriosas. Sensualidad a raudales. Erotismo musical. Es la pornografía musical, ya no tan nueva, de The New Pornographers y su flamante álbum Brill Bruisers (Matador, 2014).
  Formada en la ciudad de Vancouver, Canadá, en 1996 y liderada por el multiinstrumentista, cantante y compositor A.C. Newman, esta agrupación ha manufacturado un estilo pleno de colorido y brillantez, con una combinación de popsicodelia sesentera, rock alternativo y electrónica que se ha ido perfeccionando a lo largo de los seis discos que ha grabado hasta la fecha.
  Considerado por algunos como un supergrupo, ya que además de Newman también forman parte de él músicos que brillan con luz propia, como Dan Bejar y la gran cantautora de alt-country Neko Case, The New Pornographers se ha mantenido fiel a un estilo a lo largo de casi dos décadas y lo confirma con este Brill Bruisers (algo así como matones geniales), un trabajo espléndido y a la altura de sus mejores obras.
  Luego de un plato tan grandioso como su anterior Together de 2010,  en esta ocasión el septeto nos sorprende con un larga duración aún más grandioso, pero sin caer en la grandilocuencia. Me explico: Newman y compañía saben exactamente en dónde detenerse, hasta dónde llegar, para no caer en excesos huecos y recargados que nada aportan (algo muy común, por ejemplo, en algunos grupos de rock progresivo). Por el contrario, su música siempre se mantiene dentro de estrictos límites llenos de belleza y sin la menor cursilería. Hay en sus canciones mucha sustancia y la forma es parte de esta misma sustancia, valga la paradoja.
  Esto lo podemos ver en canciones tan magníficas como “Champions of Red Wine”, “Fantasy Fools”, “Dancehall Domine”, “Backstairs” o la homónima “Brill Bruisers” con la que abre el álbum.
  Los Nuevos Pornógrafos se mantienen en un muy alto nivel artístico y aunque graben muy de vez en cuándo (o quizá por eso mismo), su música resulta siempre rica, plena, suntuosa.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 1 de septiembre de 2014

Morrissey, su Alteza Serenísima

Entrevistado recientemente por la revista francesa Les Inrocks, el joven ingeniero de sonido Maxime Le Guil cuenta su experiencia durante la grabación del más reciente álbum de ese peculiar músico de rock, controvertido personaje público, talentoso compositor, peculiar intérprete y caprichoso ser humano que es Steven Patrick Morrissey (Lancashire, Inglaterra, 1959), mejor conocido como Morrissey.
  A decir de Le Guil, el británico se comportó todo el tiempo como un rey absolutista, como un soberano altivo, como un aristocrático tirano. “Jamás conversó conmigo y tan sólo me dirigía la palabra para decirme ‘play’ o ‘rewind’”, narra con una sonrisa. Pero eso es tan sólo el principio. Durante los cerca de dos meses que el equipo técnico y musical de Morrissey permaneció semi enclaustrado en el viejo edificio donde se encuentra el estudio de grabación La Fabrique, a las afueras de la ciudad de Avignon, en Francia, todos los presentes, desde el productor Joe Chiccarelli hasta los músicos de sesión, se comprometieron a no comer carne (el también conocido como Moz es vegano) y a no usar barba o bigote… ¡porque al ex vocalista de los Smiths no le gustan los hombres con pelo en la cara! El ingeniero de sonido logró la “generosa concesión” de poder conservar su gala barbe, siempre y cuando se la recortara lo más posible. Quizás el monarca se apiadó de él por ser el dueño de “Paula”, la dócil perrita que aparece retratada en la portada del flamante disco.
  El ingeniero comenta también que los cuatro o cinco músicos que acompañaron desde el Reino Unido a Morrissey le rendían una total pleitesía, acataban todas y cada una de sus órdenes y lo contemplaban como se contempla a una deidad. Así y todo, la realización del disco resultó felizmente exitosa.
  World Peace Is None of Your Business (Virgin EMI, 2014) es el título de este reciente larga duración (décima placa de Morrissey como solista), un trabajo fino y elegante, con una docena de composiciones variadas y de espléndida factura (la edición de lujo cuenta con seis tracks extras). Hay una gran intensidad en las interpretaciones, los arreglos son casi siempre precisos y preciosos (aunque de pronto se apela, quizás en demasía, a guitarreos de estilo pretendidamente español) y las letras acuden en buena parte, cosa normal en Morrissey, a tópicos políticos y sociales, como el tema homónimo que abre el álbum (un llamado abierto a no votar en cualquier tipo de elecciones políticas, a fin de no apoyar al Sistema) o el sencillo “The Bullfighter Dies” (en el que se dicen cosas tan crudas y crueles como “¡Hurra, hurra!, el torero muere y nadie llora, porque todos queremos que el toro sobreviva”, palabras que sin duda alguna harán felices a los enemigos de la llamada fiesta brava).
  No se si se trate de la impecable producción de Chiccarelli (quien trabajó con músicos como Frank Zappa, Oingo Boingo, American Music Club, Alanis Morissette y hasta Café Tacuba, entre otros). No se si sea la perfecta estructura de las canciones. No sé si se trate de la libertad creativa que se respira en cada uno de los cortes y en el disco mismo como un todo. Lo que sé es que esta vez escucho a un Morrissey más concreto, más austero, más profundo, con menos florituras vocales, cosa que en lo personal agradezco, aunque no sé cómo lo aprecien sus seguidores más empedernidos (que los hay de sobra: las ocasiones en que he mencionado que nunca me han gustado los Smiths o el famoso Moz, suelen mirarme como se mira a un apestado).
  Si de destacar algunas canciones se trata, mencionaré piezas como la delicada y bellísima “I’m Not a Man”, la acústica y confidencial “Smiler with Knife”, la intensa y seca (que bien podría ser el tema de algún spaghetti western) “Neal Cassady Drops Dead”, la deliciosa y acompasada “Istanbul”, la rampante y gozosa “Staircase at the University”,  la folky y exultante “Mountjoy” y la exquisita y un tanto recargada y excesiva “Kiss Me a Lot”. Pero en general se trata de un larga duración de verdadera excelencia. Para mi gusto, uno de los mejores discos en lo que va de este musicalmente generoso 2014.
  Hace dos años se hablaba amplia y seguramente del retiro de Morrissey y de que el inglés no volvería a grabar. Debo decir que por fortuna no fue así, que es claro que el hombre disfrutó como pocas veces la elaboración de este trabajo y que su regreso discográfico ha resultado francamente suntuoso.

(Publicado este mes en el No. 441 de la revista Nexos)

domingo, 31 de agosto de 2014

Homeland III

Terminé al fin de ver la tercera temporada de Homeland, tan buena o más que las dos primeras. Como no he de revelar la trama, sólo diré que las emociones y la tensión estuvieron presentes a lo largo de los trece capítulos, aunque el final esta vez resultó tan impactante como implacable. La intriga política a su más alto nivel. Una serie dura, sin concesiones, con una trama perfecta, guiones esplendidos y actuaciones sobresalientes.
  Pensé que, dado el final, sería la última temporada, pero me enteré que se está grabando ya la cuarta. Habrá que ver cómo la manejarán, pero sin duda será muy interesante y, por supuesto, muy emocionante.

sábado, 30 de agosto de 2014

Algo bueno de nuestra clase política

Mucho de malo podemos decir en general acerca de los políticos mexicanos. Que son indolentes, grises, ambiciosos, corruptos, desleales, egoístas, oportunistas, hipócritas, incultos, mezquinos, lerdos… En fin, usted, querido lector, agregue los calificativos que se le antojen. Seguro que con algunas honrosas excepciones, la mayoría de nuestros polacos encajarán en tan penoso perfil (un perfil que, por otra parte, comparten con sus congéneres de los cinco continentes). La naturaleza del político no es precisamente la más grata y amable del mundo.
  Sin embargo, hay un punto que distingue de manera favorable a la clase política mexicana, un punto que hunde sus raíces en los años sesenta del siglo XIX, cuando la generación liberal encabezada por Benito Juárez derrotó a la facción conservadora y el Estado nacional se convirtió en un Estado laico. Desde entonces, esa laicidad se ha mantenido contra viento y marea y eso nos ha permitido vernos libres –salvo durante el periodo de la guerra cristera– de los conflictos de corte religioso.
  Hoy, en pleno siglo XXI, buena parte del planeta esta marcada por guerras cuyo denominador común es el fanatismo dogmático. El Medio Oriente es el ejemplo más claro de ello, pero no sólo ahí se dan el odio y la violencia por diferencias de tipo “espiritual”.
  En los Estados Unidos, por ejemplo, en especial del lado del Partido Republicano, persisten los políticos que invocan a la religión cristiana para justificar toda clase de despropósitos, incluidos los de sesgo racista.
  El actor y periodista Bill Maher produjo un documental que todos deberíamos ver. Está en YouTube, se intitula Religulous y en el mismo se muestra la enorme estupidez que campea entre quienes llevan a la religión a los terrenos de la exacerbación ciega y maniquea (véalo usted aquí mismo, en una versión con subtítulos).
  En México tenemos serias diferencias políticas y el rencor ha campeado en los años más recientes, pero sin llevarlo aún a los límites del odio religioso. Ojalá nunca lleguemos a esos extremos y conservemos al Estado laico. Amén.


(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

viernes, 29 de agosto de 2014

La sociedad de los poetas muertos

Había visto esta película en su momento, es decir en 1989, cuando se estrenó en México, y luego volví a verla en video Beta, pero hace ya algunos ayeres.
  A raíz de la lamentable muerte de Robin Williams, quise verla de nueva cuenta porque la recordaba como una gran obra cinematográfica y a decir verdad, ya no me gustó tanto. No que me haya decepcionado, hasta llegó a emocionarme en ciertos momentos, pero esta vez me pareció un tanto esquemática y bañada de esa cursilería almibarada a la que era tan afecto el propio Williams, incluido lo de la frase "Carpe Diem!" que inunda al filme (aunque eso quizás haya sido más cosa del director y de su guionista) o la escena final, cuando los alumnos se paran, uno a uno, encima de su pupitre, para apoyar a su maestro y que si antes me hizo vibrar, ahora la sentí bastante chantajista.
  Dirigida por el australiano Peter Weir, Dead Poets Society no ha soportado del todo el paso del tiempo y sus personajes ahora parecen planos, unidimensionales y hasta obvios, muy en especial el profesor John Keating que interpreta el propio Robin Williams, quien a pesar de que trata de contenerse, de pronto es desbordado por sí mismo y se sobreactúa sin control (como cuando imita, con muy poca gracia, a John Wayne y a Marlon Brando).
  Volveré a ver Good Morning, Vietnam, otra cinta en la que actúa Williams y de la cual tengo incluso un mejor recuerdo. Espero que no me decepcione.
  En su momento lo comentaré por aquí.

jueves, 28 de agosto de 2014

Une nouvelle amie

Conocer a una nueva amiga es algo que me gusta mucho y que por fortuna me ocurre con bastante frecuencia. Pero conocer a una nueva amiga y que ésta resulte tan especial no es tan habitual. Eso fue lo que aconteció esta tarde y me hizo sentir muy feliz. No diré su nombre, no aún. Pero es una joven muy bella, muy inteligente, muy talentosa y muy simpática. Espléndida.

miércoles, 27 de agosto de 2014

¿Smokey Robinson para principiantes?

Ojalá se tratara de eso, de una buena introducción a la espléndida música de este legendario músico de soul, quien a sus setenta y cuatro años sigue activo. No es el caso de este disco.
  Randy Jackson, célebre a nivel mediático por ser uno de los jueces de American Idol, decidió producir este Smokey & Friends (Verve, 2014), una colección de las más famosas composiciones del –en teoría– homenajeado, acompañado por una buena cantidad de luminarias de la música, desde Elton John y James Taylor, hasta John Legend y Cee Lo Green.
  El problema aquí no son las canciones o los invitados, el problema es… Randy Jackson. Quizá con la idea de hacer más “accesible” y más “actualizada” la música de Robinson, el productor se dio a la tarea de arreglar –es un decir– los temas de la manera más edulcorada y comercial posible, para darles un toque de empalagoso sonido adulto contemporáneo (el término es horrendo, lo sé) que mató mucho de su esencia y frescura.
  Mire usted que para darle en la madre a piezas tan esplendorosas como “The Tracks of My Tears”, “My Girl”, “The Way You Do (The Things You Do)” o “The Tears of a Clown” se necesita de fuertes amígdalas y de mucha desvergüenza.
  El ejemplo más claro de este despropósito lo tenemos en el segundo corte, el clásico “You Really Got a Hold on Me”, para el que fue invitado el inefable Steven Tyler, quien si con Aerosmith hizo cosas admirables, hoy parece una caricatura de sí mismo y lo demuestra al destruir vocalmente esta canción, en especial con los grititos y aullidos que le permitieron soltar al final de la misma y que la convierte en un caso de absoluta pena ajena (para no mencionar el horror que hicieron con “Get Ready” en la pasteurizada voz de Gary Barlow).
  Por cierto, al buen Smokey se le escucha en primer plano en muy escasos momentos. Tal vez la edad no le permita ya lucir su otrora maravilloso timbre, lo cual resulta perfectamente comprensible…, aunque hace incomprensible la existencia de este lastimero Smokey & Friends que sólo se medio salva por la versión que hace James Taylor a “Ain’t That Peculiar”.
  Mejor acudir a las grabaciones originales.

(Publicado el día de ayer en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

martes, 26 de agosto de 2014

Cortázar

Hoy que se cumple un siglo del nacimiento de Julio Cortázar, me gustaría recordarlo sin mamonerías (como las de aquellos que dicen "yo soy un cronopio" y jamás han leído una página del escritor argentino).
  Para empezar, diré que no es mi escritor favorito y que jamás he leído Rayuela (aunque la tengo en dos ediciones y quiero leerla algún día más o menos próximo). De sus novelas, solo leí Los premios y me pareció terriblemente aburrida. En cambio, muchos de sus cuentos me fascinaron y por ello disfruté mucho de libros como El perseguidor y otros relatos y Todos los fuegos el fuego, que tengo en mi biblioteca, al igual que tengo dos que tampoco he leído aún: 62, modelo para armar e Historias de cronopios y de famas. Otro libro que permanece desde hace mucho conmigo es Conversaciones con Julio Cortázar, un estupendo volumen de entrevistas escrito por Ernesto González Bermejo.
  Ideológicamente, coincidí en un tiempo con Cortázar, aunque ahora me parece que su pensamiento respondía simplemente al de muchos intelectuales hispanoamericanos que veían en la revolución cubana un faro de esperanza. Tal vez la vida no le alcanzó para tomar una actitud más crítica respecto al régimen castrista.
  Enorme escritor, mago en el manejo del lenguaje, inventivo, original, aunque de pronto, a mi modo de ver, un tanto afectado y quizás en lo intelectual demasiado complejo. Pero uno de los grandes literatos de todos los tiempo en lengua española, sin duda alguna. Un genio, sí.

lunes, 25 de agosto de 2014

GoodFellas

¿Qué se siente ser un mafioso? De eso trata esencialmente GoodFellas, la obra maestra de las obras maestras de Martin Scorsese. Filmada en 1990, esta saga monumental sigue -de manera casi documental- el camino de Henry Hill, un italiano-irlandés de Nueva York, quien de adolescente queda seducido por los privilegios de que gozan los mafiosos de su barrio y decide integrarse a ellos, para lo cual debe recorrer una accidentada senda de treinta años (de 1955 a 1985), en los cuales conoce de todo: desde el poder y la impunidad casi absolutos, hasta la ruina y la caída en desgracia.
  Basada en el libro Wise Guy, Life in a Mafia Family de Nicholas Pileggi, quien entrevistó al verdadero Henry, Buenos muchachos (como se conoce en español) es un filme prácticamente perfecto en el que no existe lo que podríamos llamar una trama argumental, sino que simplemente (simplemente es una manera de decirlo) va documentando la vida de Henry y de sus dos principales compinches: Jimmy Conway (quien prácticamente lo adopta cuando tenía dieciséis años) y Tommy Devito, un tipo de la misma edad de Henry, pero con una demencia criminal impresionante. Alrededor de ellos están muchos wise guys, tipos de la mafia neoyorquina italiana encabezados por el padrino Paulie, un tipo entre paternal y despiadado, como todos los grandes jefes mafiosos.
  La cinta inicia con un asesinato a sangre fría, cuando ante los ojos de Henry, Jimmy y Tommy matan a un hombre ensangrentado que yace en la cajuela de un carro, momento clave que determinará más adelante la suerte de los tres personajes.
  Hay varias escenas de antología, pero entre ellas destaco el larguísimo traveling con el que Scorsese filmó la entrada de Henry y su mujer, desde la parte trasera, a un lujoso cabaret, mientras pasan por un laberinto de corredores, por la cocina y por otros rincones, hasta desembocar en la pista principal, donde les dan una mesa en el mejor lugar de todos. Extraordinaria secuencia sin un solo corte.
  Los actores elegidos para GoodFellas no pudieron ser mejores: Ray Liotta, en uno de sus primeros papeles, interpreta a Henry, mientras que los geniales Robert de Niro y Joe Pesci hacen lo propio con Jimmy y Tommy, respectivamente. También destacan la gran Lorraine Bracco como Karen, la esposa de Henry, y el siempre espléndido Paul Sorvino como Paulie Cicero.
  Buenos muchachos es una de las más grandes películas de todos los tiempos y, a mi modo de ver, una de las diez mejores cintas de gangsters, al lado de White Heat, Public Enemy, The Roaring TwentiesOnce Upon a Time in AmericaScarfaceMiller's Crossing y las tres partes de El Padrino.

domingo, 24 de agosto de 2014

Planeta Futbol

Es una maravilla. Planeta futbol, el grupo de canales de Sky que trasmite todos los partidos de la Premier League de Inglaterra y todos los de la Liga Española, aparte de otros juegos, incluidos algunos de la Liga MX, es una gran cosa, sobre todo si se ve en alta definición. Yo estoy como niño con juguete nuevo y ya llevo dos fines de semana plenos de felicidad futbolera. Nada de depender más de TDN y sus mugrientos dos juegos del torneo de España a la semana (y luego te pasan los menos atractivos), nada de suspirar porque Fox Sports recupere a la liga inglesa. Además, uno tiene la posibilidad de escuchar las narraciones originales y no tener que chutarse a los horrendos comentaristas nacionales. Lo mejor de todo es que ahora pago menos que con Cablevisión, como ya lo había contado. Hoy vi al Barça ganarle al Elche y mañana estará el juegazo entre Manchester City y el Liverpool. En fin, gran cosa Planeta Futbol.

sábado, 23 de agosto de 2014

El Estado Islámico y el horror

Cuesta mucho salir del pasmo que provoca la ejecución del periodista estadounidense James Foley, degollado por un verdugo al servicio de esa escalofriante organización abiertamente terrorista que se hace llamar Estado Islámico y que tiene sometida, bajo un régimen de violencia y muerte, a una amplia zona de Siria y del norte de Irak. Grabada en video y difundida por las redes sociales, la escena ha estremecido al mundo, al tiempo que ha difundido los extremos a los que son capaces de llegar los personeros de este grupo yihadista liderado por el delirante Abu Bakr al Bagdadi, quien para continuar con sus horrores acaba de ordenar la ablación de todas las mujeres que vivan en el “califato” que hoy domina.
  Esto significa que las niñas y jóvenes que tengan la desgracia de vivir en esa región sufrirán la mutilación genital, a fin de “cuidar a la sociedad musulmana y evitar la expansión del libertinaje y la inmoralidad entre las mujeres”, según dice la llamada Comisión Legal del Estado Islámico.
  Decapitaciones y ablaciones, además de intolerancia y guerra total contra los infieles (que no son sólo aquellos que no profesan la fe en Alá, sino incluso los musulmanes que no pertenecen a la facción sunita). En una palabra, se trata de una virtual declaración en contra de la enorme mayoría de la humanidad y ello incluye a católicos, protestantes, budistas, ateos y hasta la mayoría de los mahometanos. El delirio total.
  Con veinte mil combatientes dispuestos a matar o morir por su causa, el fanatismo de este grupo provoca incredulidad y asombro y nos hace ver los extremos a los que puede llegar el fanatismo, ya sea religioso, racial o político, algo de lo que no estamos a salvo en parte alguna del planeta donde este pueda germinar.
  No sé hasta dónde llegue la locura del Estado Islámico y si se le podrá poner un alto. Pero el terror que pregona podría propagarse con mayor rapidez que el ébola y transformarse en un cáncer muy difícil de extirpar. Sólo espero que no surja algún diputado mexicano que los defienda por ser “antiimperialistas”.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)