sábado, 17 de noviembre de 2018

Cámara húngara: ¿Debemos ponernos en guardia (nacional)?

Mientras este jueves la Suprema Corte de Justicia determinaba la inconstitucionalidad de la Ley de Seguridad Interior (LSI), al día siguiente el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, anunciaba su propio plan de seguridad, con muchos puntos que lo asemejan a la LSI, más el añadido, ampliamente cuestionado, de la creación de una Guardia Nacional que dependerá de la Secretaría de la Defensa y cuyo comandante supremo habrá de ser el propio López Obrador.
  ¿Qué significado podemos dar a estos dos hechos y su coincidencia de un día para otro? Una primera interpretación, quizá simplista, podría ser que a pesar de los muchos cuestionamientos, algunos incluso ofensivos, que el tabasqueño ha lanzado en contra de las fuerzas armadas de México, al final ha tenido que negociar con las mismas. ¿Bajo qué términos? No lo sabemos aún, pero resulta claro que su gobierno quedaría muy endeble de persistir una relación tensa con el Ejército y la Marina.
  Sin embargo, hay cuestiones que no encajan en todo este contexto. Por ejemplo, la desinvitación de una centena de  altos mandos militares a la toma de posesión de López Obrador, algo que se ha tomado como una torpe descortesía que tendría muy molestos justamente a los altos mandos castrenses. Es posible que se corrija esa torpeza antes del 1 de diciembre, pero la descortesía se cometió y puede ser que no se olvide.
  Tampoco encaja que un gobierno de pretendida izquierda fomente la creación de una Guardia Nacional manejada por la Secretaría de la Defensa Nacional, lo que para organizaciones como Human Rights Watch significa la abierta militarización de la seguridad interior del país.
  Mucha tela queda por cortar en este asunto, aunque por lo pronto el senador Ricardo Monreal ya anunció que a partir de la próxima semana se iniciará el proceso formal de reformas constitucionales “para darle rostro y facultades a la Guardia Nacional” la cual, aseguró, será una institución “confiable”.
  ¿Estamos en los prolegómenos del surguimiento de una guardia nacional al estilo de la guardia bolivariana de Venezuela? No lo sabemos, aun cuando no lo podemos descartar, dada la filiación chavista-madurista de muchos personajes influyentes en Morena. Quizá la institucionalidad que hasta ahora han demostrado las fuerzas armadas no permita semejante despropósito, aunque sus pregoneros crean que todo es posible en la Cuarta Transformación, incluso trastocar al ejército.

jueves, 15 de noviembre de 2018

36 años como papá

Fue mi debut como progenitor. La mañana del 15 de noviembre de 1982, me estrené en el papel de papá al ver nacer a mi adorado primer hijo, Mario Alain, quien llegó al mundo por medio de un parto sin dolor (psicoprofiláctico, le llaman), en el hospital San José de la colonia del Valle. Fue un momento muy emocionante verlo salir del vientre de Rosa, mi entonces esposa y con quien cuatro años y dos meses después tendría a mi segundo chilpayate, Jan Sebastián, también mediante un parto indoloro y sin anestesia.
  Aquella mañana de noviembre de hace 36 años, tomé fotos de mi bebé al ser dado a luz y desde entonces he estado cerca de él y llevamos una estupenda relación de padre e hijo, pero también de amigos y confidentes. Al igual que Jan, heredaron de mí la vocación por la música, aunque ellos derivaron hacia la electrónica y de hecho esa es la profesión de Alain, quien hoy es un hombre casado hecho y derecho.
  ¡Felicidades, amado hijo!

PD: Hoy cumplo también 49 años como compositor. El 15 de noviembre de 1969 escribí mis dos primeras canciones: "Please Be True" y "Vine a decirte adiós". Tenía yo 14 años.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

De sexagenarios a sexalescentes


Quienes hoy rondan los sesenta y setenta años viven de un modo tan distinto al de sus predecesores, que precisan un nuevo nombre.
   Es una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “sexagenario”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la adolescencia”, denominación que surgió a mediados del siglo XX para dar identidad a una masa de niños desbordados en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse ni cómo vestirse.
   Este nuevo humano que hoy ronda los sesenta o setenta ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes y agobiantes oficinas, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganó la vida con ello. Tal vez por por esto se sienten plenos y algunos ni sueñan con jubilarse.
   Los que ya se han jubilado, disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro en uno y en la otra. Disfrutan de la vida, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos, bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde su ventana.
   Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad -cuando sus madres sólo podían obedecer- y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar. Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los años sesenta; en aquellos momentos de su juventud en que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad. Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos. Fueron periodistas, atletas o crearon su propio “YO, S.A.”, pero cada una hizo su voluntad.
   No fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente, Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas: por ejemplo, que no son personas detenidas en el tiempo. La gente de sesenta o setenta, hombres y mujeres, maneja la computadora como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben y se ven con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias. Por lo general, están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. Tienen más conciencia de disfrutar plenamente todo. A diferencia de los jóvenes, los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota y a otra cosa.
   La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes, de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo. Ellos, los varones, no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura estilizada de una vedette. En lugar de eso, conocen la importancia de una mirada cómplice, una frase inteligente o una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy, la gente de sesenta o setenta está estrenando una edad que todavía no tiene nombre. Antes, los de esa edad eran “viejos” y hoy ya no lo son. Hoy están plenos físicamente (con sus dignos achaques) e intelectualmente. Recuerdan la juventud sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de sesenta y setenta de hoy celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo.
   Quizás por alguna razón secreta reservada a los sexalescentes del siglo XXI.

(El texto no es mío, pero estoy de acuerdo con todo lo que dice).

sábado, 10 de noviembre de 2018

Cámara húngara: La morenísima TV UNAM

Entre el fárrago de información que surge de manera cotidiana en los medios, en especial aquella que nos entregan día con día el presidente electo y sus huestes, incluidos sus personeros en las cámaras de diputados y senadores, un hecho que ha pasado prácticamente de noche y que lleva ya varios meses es el de la nueva y morenísima TV UNAM.
  El cambio en la emisora de nuestra máxima casa de estudios se dio a partir de que Jorge Volpi, coordinador de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, nombró al cineasta Armando Casas como director de la estación (y de paso a Benito Taibo –¿les suena el apellido?– como director de Radio UNAM). Esto sucedió hace casi dos años, en diciembre de 2016, tiempo a partir del cual Casas se ha dado a la tarea de morenizar al canal sin rubor alguno.
  Para comprobar este aserto basta con analizar la barra de programación de TV UNAM y ver cuáles son algunos de sus programas estelares, cuando menos los que están relacionados con el análisis (es un decir) y la política, y quienes son sus conductores e invitados. Tres botones de muestra: Diálogos por la democracia, Diametral y El Chamuco.
  Diálogos por la democracia está conducido por John Ackerman; Diametral, por Temoris Grecko y El Chamuco, por los caricaturistas de La Jornada Antonio Helguera y José Hernández. Ya con esos nombres bastaría para adivinar el sesgo de las tres emisiones y sí: se trata de producciones totalmente maniqueas que mantienen el tono polarizante de “nosotros somos los buenos y ellos son los malos” que ha mantenido su mentor ideológico (lo de ideológico es un decir, por supuesto), Andrés Manuel López Obrador. Dicho sesgo se confirma con los invitados que acuden a esos programas, invitados a modo que comparten la misma línea de los conductores. Así, han pasado por esas series personajes como Paco Ignacio Taibo II, Sanjuana Martínez, Alfredo Jalife, Edgardo Buscaglia, Jorge Ramos, Elena Poniatowska, Epigmenio Ibarra, El Fisgón, Alejandro Encinas, Carmen Aristegui, Julio Astillero, Jenaro Villamil y hasta futuros funcionarios del gobierno obradorista como Alfonso Romo, María Luisa Albores, Adelfo Regino y la alucinante y alucinada Elena Álvarez-Buylla, entre otros. Nadie que desentone, nadie que contradiga, nadie que pueda resultar sospechoso de ser un fifí o de pertenecer a la mafia en el poder. Bueno, incluso el programa de revista de la propia televisora universitaria, La hora elástica, es conducido por Fernando Rivera Calderón, autor de ese himno protomorenista que es “Yo te AMLO”.
  ¿Es correcto que la estación oficial de la UNAM esté en manos de un sector político, en detrimento de la pluralidad y la universalidad de ideas que deberían ser consustanciales a nuestra máxima casa de estudios? ¿Es justo que TV UNAM se haya entregado a una facción y dejé afuera a cualquiera que mantenga puntos de vista diferentes a la línea del próximo gobierno?
  Al inicio de cada programa aparece un aviso (con un pésimo uso de las comas), el cual afirma que TV UNAM es un medio de comunicación que promueve el diálogo, la diversidad y la libertad de expresión en un marco crítico y respetuoso. No es así. El canal de nuestra principal universidad ha sido entregado a un grupo que si algo no promueve es el diálogo y la diversidad y que sólo respeta la propia libertad de expresión y no la de los demás y eso es algo que resulta altamente lamentable.
  ¿Diálogos por la democracia? Ni la burla perdonan,

lunes, 5 de noviembre de 2018

Apuntes para una historia crítica del rockcito (II)

Para fines de los años cincuenta del siglo pasado, estaba claro que el rock and roll en México era mucho más que un ritmo y no iba a desaparecer por más que una punta de viejitos y viejitas histéricos quisieran borrarlo del mapa.
  Lo mejor fue que el género comenzó a permear fuera de las grandes orquestas adultas y que algunos jóvenes, espontáneamente, empezaron a buscar la manera de conformar bandas rocanroleras para ejecutar aquella música con sus propios medios. Se trataba de jóvenes citadinos, principalmente de las ciudades grandes del país, aunque los casos más notorios surgieron inicialmente del Distrito Federal. Los casi adolescentes hicieron hasta lo imposible por adquirir algunos instrumentos, en especial guitarras y bajos eléctricos que, además de caros, eran escasos.
  Entre los primeros conjuntos (que así se les llamaba) que se formaron por allá de 1958 y 1959 estaban los que la mercadotecnia posterior denominaría como “Los pioneros del rocanrol” (del rocanrol hecho en México, se entiende)  y de quienes Federico Arana, “pionero” él mismo, afirma en Guaraches de ante azul que “si algo pudiera definir a los pioneros del roc –sic– nacional, es que la falta de instrucción y talento musical nos unificaría a casi todos”). 
  Grupos como los Teen Tops, Los Locos del Ritmo, Los Rebeldes del Rock, Los Camisas Negras, Los Crazy Boys o Los Sinners comenzaron a adoptar y adaptar los éxitos rocanroleros provenientes de los Estados Unidos, a los que les inventaban letras más o menos relacionadas con la realidad y la idiosincracia mexicanas.
  Así, por ejemplo, “Tallahassee Lassie” de Freddy Cannon se convirtió en “La chica alborotada” de Los Locos del Ritmo, quienes en su letra decían cosas como “Es mi chica alborotada, / es un poquito alocada / y si acaso tú la buscas, / te dirá que tú le gustas. / Es mi chica alborotada / y nunca cambiará”. “Good Golly Miss Molly” de Little Richard pasó por el ingenioso filtro traductor de Enrique Guzmán, el cantante de los Teen Tops, para transformarse en “La Plaga” y exclamar: “Mis jefes me dijeron: ‘Ya no bailes rocanrol, / si te vemos con La Plaga, tu domingo se acabó’”. Mientras tanto, “Jailhouse Rock” (que cantaba Elvis Presley) con los propios Teen Tops decía en mexicano: “Un día hubo una fiesta aquí en la prisión. / La orquesta de los presos empezó a tocar. / Tocaron rocanrol y todo se animó / y un cuate se paró y empezó a cantar el rock”. Por su parte, Los Crazy Boys (en voz de Luis “Vivi” Hernández), para seguir con el tema carcelario, decían en su versión hecha en México de “Leroy”: “Era una vez un muchacho así, / era un rebelde hecho de verdad. / Cuando la redada lo atacó, / él gritó: ‘caramba qué haré yo’”.
  Sin embargo, hubo algunas (pocas) canciones originales. Las más notables fueron “Yo no soy rebelde” de Chucho González y “Tus ojos” de Rafael Acosta, grabadas por Los Locos del Ritmo (aunque también eran originales “Morelia”, “Blues Tempo”, “El mongol” y “Un vasito de agua”); “Vuelve primavera” de Armando Trejo, interpretada por los efímeros Blue Caps; “Pecosita” de Oscar Cossío, cantada por los Silver Rockets; “No está aquí”, de Los Hooligans, “Acapulco rock”, de Eddie Medina, y algunas otras más.

La primera canción radiada
A decir del ya referido Federico Arana, la primera canción de un grupo mexicano de rock que se transmitió por la radio fue el cover de Los Rebeldes del Rock a “Poison Ivy” de los Coasters, llamada en español “La hiedra venenosa”. Ello sucedió en 1958. El tema fue un éxito inmediato y destapó la cañería que tenía detenida a una buena cantidad de grupos ansiosos de grabar rocanrolitos y sacarlos por medio de los ondas hertzianas.
  La oleada del rock en nuestro idioma era incontenible en México, a pesar de las resistencias que seguía habiendo, como la de un tal Enrique Reyes Spíndola, columnista musical que decía: “No cabe duda, amigos, la fiebre del rock and roll cantado en español está en plena efervescencia en nuestra capital, pero creemos que con la misma rapidez con que se popularizó, así se va a desplomar”.
  Incluso en la radio, no todas las estaciones estaban contentas con el arribo de esta nueva música y por ahí se afirmaba que “pronto desaparecerá la fiebre del rock and roll en español, según cómputos realizados por Radio 6.20”.
  ¿Desaparecería el rock, como vaticinaban aquellos malos y malintencionados augures?

(Continuará)

(Publicada en mi columna "Plumas de caballo", en el sitio Juguete Rabioso)

domingo, 4 de noviembre de 2018

Sin novedad en el frente

Terminé de leer esta espléndida novela de Erich María Remarque, un retrato desesperanzado, exasperante, duro y realista de lo que significó la Primera Guerra Mundial para una generación de jóvenes europeos (sin importar el bando al que pertenecieran), a la que los más oscuros intereses enviaron a matar y a morir, a destrozar sus vidas y las de sis supuestos enemigos (jóvenes inocentes como ellos), sin que tuvieran más motivo que la terrible falacia de "defender a la Patria".
  Con un estilo claro y fluido, lo mismo en las descripciones de las cruentas batallas en las trincheras del frente occidental (es decir, en territorio francés) que en los diálogos llenos de gracia, humor e inteligencia entre los imberbes soldados (casi niños) o en las reflexiones filosóficas y existenciales que hace Paul, el personaje narrador y alter ego del autor, sobre la estupidez de la guerra, Remarque nos entrega una obra clásica de la literatura bélica y a la vez de la literatura pacifista. El escritor nos comparte lo que él mismo vivió entre 1916 y 1918 y lo hace de manera tan vívida que nos conduce de la mano al terror y el horror del conflicto que destrozó a Europa en el alba del siglo pasado, hace cien años.
  Con escenas e imágenes conmovedoras, Sin novedad en el frente, escrita en 1929, posee una actualidad y una contemporaneidad asombrosas. Es una novela que retumba en nuestras mentes y en nuestros corazones, un relato que deja huella, aunque parezca cursi decirlo.
  Gran libro que todos deberíamos leer.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Cámara húngara: La dimensión desconocida

Así se conocía en México, hace más de medio siglo, aquella serie clásica de misterio que en inglés se intitulaba The Twilight Zone y pasaba por la gloriosa televisión en blanco y negro. Había en esos años otras series del mismo corte, como Un paso al más allá y Rumbo a lo desconocido.
  Como si se tratara de un dejá vù, los tres títulos parecen presagios de lo que nos espera a partir del próximo 1 de diciembre. Hemos dado un paso al más allá, vamos con rumbo a lo que no conocemos y nos espera una dimensión aterradoramente desconocida, aunque previsible.
  Conforme se aproxima la fatal fecha, quien ocupará la silla presidencial da muestras de un creciente autoritarismo, una muestra de lo cual vimos con su tajante decisión de cancelar el proyecto del NAICM, apoyado en esa delirante farsa de consulta que todos atestiguamos. Andrés Manuel López Obrador ha puesto en claro que él es quien mandará en este país y que lo hará retrotrayendo algo que creíamos superado: el presidencialismo a la vieja usanza priista. En una extraña alegoría florifunambulesca, dijo que él no es un florero y que se hará lo que él determine, lo cual rubricó con su profunda y filosófica frase de “¡Me canso, ganzo!”.
  Poco le han importado al presidente electo las consecuencias económicas y financieras de su temerario acto. Poco le ha interesado dejar sin empleo a 45 mil trabajadores que aún laboran en las obras de lo que sería el aeropuerto de Texcoco. Rodeado por su cohorte de septuagenarios (Alfonso Romo, Javier Jiménez Espriu y Juan Carlos Roibóo, a los que pronto se sumará el también veterano Sergio Samaniego, socio de Roibóo), López Obrador ha dejado atrás su discurso conciliador y parecería que su intención no es la de gobernar para todos los mexicanos, sino sólo para los que acaten sus designios y lo sigan sin chistar en el incierto camino que habrá de conducirnos a eso que sus fieles denominan la cuarta transformación, misma que imaginan llevará al tabasqueño al Olimpo de los broncíneos héroes de México, al lado de Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas.
  Vamos directo a la dimensión desconocida y esta se vislumbra tan aterradora y escalofriante como los capítulos de la antigua serie televisiva.
  Que Alfred Hitchcock nos agarre confesados.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Algo importante

Hoy di banderazo de salida para algo que puede ser muy importante y que puede resolverse pronto o hasta dentro de muchos meses. Ya se verá. El caso es que ya no hay vuelta atrás. Suerte para mí.

domingo, 28 de octubre de 2018

(What’s the Story) Morning Glory

El segundo gran disco de Oasis. Al contrario de Definitely Maybe que era un álbum más rocanrolero, (What's the Story) Morning Glory? (1995) tiende a los temas en los cuales la melodía es lo primordial, algo de lo que dio al brit pop una de sus características más notorias. Se trata además de una obra más trabajada, producida con mucho mayor detalle y con composiciones que juegan de mejor manera con el rango estilístico y que, por tanto, abarcan una gran cantidad de variaciones. Los arreglos son más finos y elaborados. Es, digamos, un disco más Sgt. Pepper que Rubber Soul. También es una colección de canciones que tiende hacia una mayor introspección letrística. Hay más emociones íntimas y emocionales en juego y hasta algunas metáforas bien logradas (se sabe que el fuerte de Noel Gallagher nunca han sido las letras). Asimismo, el grupo suena mejor desde un punto de vista instrumental y la voz de Liam Gallagher se permite más matices y colores, lo cual la hace sonar menos plana y más intencionada.
  (What's the Story) Morning Glory? arranca a la perfección con “Hello”, una pieza al mismo tiempo agresiva y melódica, ruidosa y armónica. La sigue la conocida “Roll with It”, un rocanrolito irresistible (debo confesar que ésta fue la primera canción que escuché de Oasia y que su sonido me capturó de inmediato). Curiosamente, se trata de uno de los temas con menos huellas del estilo de Noel Gallagher. Aquí hay algo de crudeza y hasta cierto sonido rasposo, es como una canción atípica y tal vez en ello se encuentre su mayor mérito.
  “Wonderwall”, en cambio, es y representa muy otra cosa. Posiblemente se trate de la composición sine qua non de Oasis, la que mejor lo define como grupo y como proyecto. Construida a la perfección, con una melodía inconfundible, armonías en sutil progresión y una interpretación vocal excelente por parte de Liam Gallagher, estamos ante una mera canción de amor (escrita por Noel Gallagher a su novia Meg Matthews), pero vaya nivel de canción. Es la canción.
  Otra joya es la inmediata “Don't Look Back in Anger” (cuyo piano empieza –sólo empieza– como el de “Imagine” de John Lennon), una melodía de gran belleza musical, en verdad conmovedora. “Hey Now!”, por su parte, es una enérgica e interesante tonada que da pie (después del breve puente instrumental de la primera “Swampsong”) a la peculiar “Some Might Say” que sin dejar de ser claramente britpopera, mucho abreva del noise rock y de las paredes de sonido a la Phil Spector. “Cast No Shadow”, en cambio, es un retorno a la calma, en un suave tema dedicado –se dice– a Richard Ashcroft de The Verve. Mientras tanto, “She’s Electric” es uno de los cortes más divertidos del álbum, una composición que puede remitir a T. Rex, pero que representa, definitivamente, otra de las piedras fundacionales del brit pop.
  La homónima “Morning Glory” nos prepara para la cenital culminación del disco (ahí están otra vez el noise rock y la pared de sonido), no sin antes pasar por una segunda “Swampsong” igualmente instrumental y brevísima. “Champagne Supernova”, el último tema de (What's the Story) Morning Glory?, es casi un himno, una composición in crescendo, una escalera al cielo llena de triunfal imaginería sesentera, la mejor manera de culminar –con Paul Weller como guitarrista invitado y Neil Young como presencia fantasmal– un álbum así de bueno.
  Nunca pudo Oasis encontrarse en una cumbre artística y creativa más alta y a más de veinte años de distancia, la sigue extrañando.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 27 de La Mosca en la Pared, publicado en enero de 2006)

sábado, 27 de octubre de 2018

Cámara húngara: Para documentar nuestro pesimismo

Los cinco meses que transcurren entre la celebración de las elecciones y la toma de posesión presidencial habían sido siempre un lapso de relativo vacío político y escaso movimiento, tiempo de reacomodos y de tomar algunas precauciones ante el gobierno que llegaba. Esta vez no fue así y el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha sabido llenar ese vacío, aunque no de la mejor manera.
  Lo que hemos visto del 1 de julio hasta ahora (con la cereza del pastel llamada consulta ciudadana) no deja lugar para el optimismo. AMLO y los suyos se han dejado llevar por la soberbia que les dio su indiscutible victoria electoral y actúan no como un gobierno que se dispone a servir a todos los mexicanos, sino como una secta inflexible y arrogante, sobrada y pagada de sí, que se ha otorgado el papel de propietaria del país.
  Las señales son ominosas. La manera torpe, cínica y desaseada como se organizó la consulta sobre el aeropuerto de la Ciudad de México es apenas la punta del iceberg de lo que nos espera. Esa es una señal de lo que se viene, pero hay otras, como la inminente desaparición de la reforma educativa y la muy posible entrega del SNTE a su antigua lideresa, la inefable Elba Esther Gordillo, o los ataques intolerantes del propio López Obrador contra lo que llama la prensa fifí e incluso contra periodistas concretos, como Carlos Loret de Mola.
  Y aún hay más: la violencia linchadora de algunos legisladores de Morena en las cámaras; el discurso polarizante del presidente electo y muchos de los suyos en lugar de buscar la conciliación; el anuncio orgulloso de que a la toma de posesión vendrán Nicolás Maduro, Evo Morales y un alto dignatario de Corea del Norte; el fracaso de los foros sobre seguridad; el nombramiento como directora de Conacyt de una delirante seudo ecologista que abomina de la “ciencia neoliberal” (¿existe tal cosa?)… En fin. Todos los días hay algo nuevo para documentar nuestro pesimismo.
  Faltan poco más de 30 días para que dé inicio el gobierno de la llamada cuarta transformación. Si tratamos de verlo con sentido del humor, quizá nos esperan días, semanas, meses y años de risa loca. Aunque de la risa loca podemos pasar a la risa histérica y de ahí al llanto dantesco. Porque ya lo anotó el propio Dante Alighieri a la entrada del infierno: “Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza”.

martes, 23 de octubre de 2018

Apuntes para una historia crítica del rockcito (I)

En el principio fue el cover. Es decir, la imitación. Es decir, la copia. Fue una marca, un sello de origen. Mientras en los Estados Unidos el rock and roll ponía a temblar a las buenas conciencias y a todo un mundo establecido sobre bases que tenían que ver con la decencia, la pureza, la virginidad, la lozanía, la pulcritud y el miedo al comunismo, en México algunos jóvenes urbanos de las clases alta y media se entusiasmaron no tanto con lo que representaba aquella música desde un punto de vista social y hasta político, sino simple y sencillamente por cómo sonaba y cómo provocaba mover los pies y bailar. ¿A quién le importaba, en el lado sur de la frontera que marcaba el río Bravo, que Chuck Berry o Little Richard escribieran letras provocativas, grasosas, de doble sentido, en las cuales las intenciones sexuales eran a veces bastante explícitas? No, no. Si allá se hacía eso, en un país como los Estados Unidos Mexicanos, tanto o más conservador y decente que el país blanco (en el sentido WASP: White Anglo-Saxon Protestant) de los Estados Unidos de Norteamérica, muchas de las adaptaciones de aquellas mismas canciones hablaban de “un helado de frambuesa, un helado de limón” (“Tutti Fruti”), “vamos por el cura que ya me quiero casar, no es que seas muy bonita sino que sabes bailar” (“La Plaga”) o “si tu confidente soy y en secundaria voy, soy tu confidente, voy en secundaria, vamos a bailar el rock” (”Confidente de secundaria”). Todo simple, todo bobalicón y sin malicia. Nada de leer entre líneas alguna sugerencia de tipo –¡horror!– sicalíptico. Ese sello inocentón, adolescente y hasta un tanto oligofrénico habría de convertirse en la marca de casi todo el rock que se haría en nuestro país a lo largo de las siguientes décadas… y hasta la fecha.
  De hecho, los primeros rocanroles que se hicieron en nuestro país no fueron producidos por jóvenes músicos en la edad de la punzada, sino por filarmónicos adultos ultra  convencionales, en especial por directores de orquesta que lo mismo le entraban a la guaracha y el chachachá que al swing y el bolero. La cosa era interpretar los siempre efímeros “ritmos” de moda, algunos con nombres tan excéntricos como el bolero-tango, el nuba-americano y el kaicongo (sic). Por eso, cuando el rocanrol irrumpió en la Norteamérica anglosajona, en la otra Norteamérica, la mexicana, el explosivo género fue tomado como un simple ritmillo más que, según se creía, no tardaría en llegar a su punto máximo de efervescencia para luego desinflarse, disolverse y quedar en el total olvido.

Mexican Rock and Roll
El primer rock (es un decir) que se grabó en México fue “Mexican Rock and Roll”, un tema instrumental compuesto por Pablo Beltrán Ruiz e interpretado por su orquesta. Por supuesto que de rocanrol tenía sólo el título, mas era la señal de que aquella música iba penetrando lenta pero firmemente en el sacrosanto territorio patrio. A decir de Federico Arana, en su imprescindible libro Guaraches de ante azul, el primer disco de rock cantado por un connacional apareció en septiembre de 1957. Se trataba del un EP con las canciones “Príncipe azul” y “Meciéndose todo el día”. La intérprete: la hoy universalmente olvidada Aurora Román. Pocas semanas después, otra cantante más conocida, la chicana Gloria Ríos –quien se presentaba como vedette en diversos antros del Distrito Federal– grabó su propio disquito seudorocanrolero con los temas “El relojito” y “La mecedora”.  El rocanrol empezaba a ser negocio en el país y pegó más fuerte cuando se exhibió en los cines nacionales la película Al compás del reloj, un churrazo gringo, sí, pero en el cual aparecían Bill Haley y sus Cometas, los Platters y otros exponentes del flamante género. Muchos jóvenes mexicanos vieron y escucharon al fin aquella música contagiosa y… se contagiaron. Los productores cinematográficos de este lado de la frontera olieron el dinero fácil que podían sacar con filmes similares y como en cascada se dejaron venir cintas infectas como Locos peligrosos, La locura del rock’n roll o Los chiflados del rock’n roll (esta última ¡con Agustín Lara, Pedro Vargas y Luis Aguilar!), entre otras.

Todos odiaban a Elvis
Cuando el rocanrol empezaba a ser más y más aceptado por los jóvenes mexicanos, sobrevino aquella infecta campaña contra Elvis Presley promovida por lo más oscuro e híper conservador de nuestra sociedad ultramontana. Un seudoperiodista de nombre Federico de León se sacó de la manga una supuesta declaración de Presley, según la cual el de Tupelo, Mississippi, habría dicho que prefería besar a tres negras antes que a una mexicana.
  Nadie se molestó en averiguar si Elvis había dicho aquello y se dio por hecho que sí, lo cual derivó en una de las campañas periodísticas más idiotas en la historia de este país. En diversos medios de comunicación, se atacó alegremente al cantante por haber osado mancillar el honor de la impoluta mujer mexicana. La hipocresía y el chauvinismo salieron a relucir con total impunidad a la hora de darle con todo al intérprete de “Jailhouse Rock”. Columnistas, editorialistas y demás “líderes de opinión” se rasgaron las vestiduras y clamaron llenos de indignación porque se vetara a Elvis Presley, se quemaran sus discos y se hiciera todo para que la juventud nacional no lo escuchara más y retornara a oír la tradicional y muy bonita música mexicana que tantos valores tenía, etcétera. Ya después se supo que lo de la famosa declaración había sido un invento del tal De León, pero nadie se ocupó de aclararlo.

(Continuará)

(Publicado el día de hoy en mi columna "Plumas de caballo" del sitio Juguete Rabioso)

sábado, 20 de octubre de 2018

Cámara húngara: NAICM: la gran farsa

La forma como se organizó la inminente consulta sobre la continuación o no del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) en Texcoco o su supuesta alternativa, utilizando la base militar aérea de Santa Lucía, es una de las muestras más fehacientes de la manera como el presidente electo Andrés Manuel López Obrador y Morena entienden (o más bien no entienden) la democracia.
  Se trata a todas luces de una gran farsa en la que los dados están cargados y en la que al final todo lo determinirá una sola persona (quien seguramente ya tiene la decisión tomada). Kafkiana, enredada, inconstitucional, la consulta se le hará a muy pocas personas (ni siquiera el uno por ciento del padrón electoral) y parece claro que la opción por Santa Lucía es la que ganará, sin que ello garantice que el presidente electo opte por dicha opción. Así de delirante el asunto.
  Aparte de todo, la consulta tiene características que rozan con la ilegalidad, ya que el artículo 35 de la Constitución señala que para realizarla tiene que ser convocada por el jefe del Ejecutivo (AMLO todavía no lo es), por una tercera parte de las cámaras de Diputados o Senadores o 2 por ciento del total del padrón electoral, que debe estar a cargo del INE, que las preguntas las tiene que aprobar la Suprema Corte de Justicia, que se debe realizar el mismo día que la elección federal y que es obligatoria para el gobierno si participa 40 por ciento de la lista nominal de electores. Nada de eso se cumple en esta desfachatada imitación de consulta que nada tiene de popular y mucho ofrece de vodevil carpero.
  Esto poco parece importar a sus organizadores del gobierno de transición, quienes la llevarán a cabo, la financiarán, la vigilarán, contarán los votos y manejarán todo al viejo estilo priista, como en aquellos tiempos que creíamos superados, en los que las votaciones eran manipuladas por el gobierno en turno, por medio de la Secretaría de Gobernación.
  Un gran teatro, pues. Una farsa que preocupa no sólo por la suerte del aeropuerto, sino porque nos permite ver el modo como se conducirán las cosas en los tiempos de la llamada Cuarta Transformación. De dar miedo.

jueves, 18 de octubre de 2018

La Mosca que no fue

Si La Mosca hubiera aparecido en agosto de 1993, muy posiblemente esta hubiera sido la portada del primer número. Sin embargo, quiso el destino que por diversas complicaciones (que al final resultaron afortunadas para la revista) aún nos tardáramos seis meses más en ponerla en circulación, lo que significó cambio de editorial (de Ejea a Toukán), cambio de formato (de tamaño carta al hoy clásico "tamaño Mosca"), cambio de logotipo (este estaba horrible) y hasta el añadido de "en la pared" (por exigencias legales).
  Manes del destino.

martes, 16 de octubre de 2018

Meddle

He aquí un álbum verdaderamente espléndido que puede ser dividido en dos partes que se diferencian con claridad (lo cual por supuesto resultaba más evidente en el disco original en vinil, con sus caras A y B).
  La primera parte está compuesta por cinco composiciones de muy variados estilos, iniciando con “One of These Days”, tema instrumental de aires épicos que consigue un muy interesante y poderoso clima que va creciendo conforme transcurre, hasta lograr un final apoteósico. “A Pillow of Winds” es una tonada de reiterativos acordes guitarrísticos en contrapunto (a la manera de "Dear Prudence" de los Beatles) y hermosas y nostálgicas vocalizaciones susurrantes. Le sigue “Fearless”, una tranquila melodía cuyo arreglo instrumental recuerda al Jimmy Page de los primeros años ledzeppelinianos y que culmina con los clásicos cánticos de los aficionados al futbol británico. También está “San Tropez”, una divertida y muy placentera tonada que bien podría haber sido escrita por Donovan o por Ray Davies; la pieza incluye un jazzero solo de piano cortesía de Rick Wright.
  El lado A concluye con “Seamus”, curioso y no por ello menos delicioso blues acústico que se ve acompañado por un sardónico coro de perros que ladra y aúlla a lo largo del corte.
  La segunda parte de Meddle (1971), en cambio, está conformada por una sola y larga composición a manera de suite, una especie de jam session de atmósferas cósmicas, rica en variaciones y cambios estructurales, con prolongados bloques sonoros. Se trata de la espléndida "Echoes", la cual prefiguraba ya lo que habría de ser el estilo de Pink Floyd a partir de sus siguientes trabajos discográficos.

(Reseña que escribí para el Especial No. 7 de La Mosca en la Pared, dedicado a Pink Floyd y publicado en enero de 2004)

lunes, 15 de octubre de 2018

domingo, 14 de octubre de 2018

Un mes

Hoy cumplí un mes de haberme mudado a Tlalpan. Qué rápido corre el tiempo. Han sido treinta días en los que me he adaptado rápidamente a mi nueva vida y sobre todo a mi nuevo horario de sueño. Si durante años me dormía a las cinco o seis de la mañana y me levantaba a las doce o una de la tarde, como tengo que hacerme cargo de las tres comidas de mi mamá y ella se levanta muy temprano, ahora me despierto a las ocho y me duermo como a las doce. Pero no me ha pesado.
  A la casa le he ido dando mi toque personal y al igual que en el depto, tengo dos habitaciones, además de que me traje mi sala y mi biblioteca. Por ese lado, todo va quedando muy padre y hasta me ilusiona. En ese aspecto, no extraño mi querido apartamento de Ciudad de los Deportes. Lo extraño, eso sí, en cuanto al clima (allá no se sentía jamás mucho frío o mucho calor, al contrario de aquí) y por supuesto extraño las visitas de mis amigas, a quienes ahora les quedo mucho más lejos, aunque confío en que poco a poco eso vaya cambiando.
  El entorno es muy distinto. Aun cuando estoy a dos cuadras del metrobús, si bien bastante más al sur, allá era un ambiente digamos más refinado que por estos lares que nada tienen que ver con lo que dejé hace 18 años. Pero ya escribiré de eso.
  La cosa es que hoy cumplo un mes de estar en la nueva-vieja casa y, con todo, me siento bien.

sábado, 13 de octubre de 2018

Cámara húngara: Prepotencia de nuevos ricos

Ominosas señales se nos presentan a diario, durante esta prolongada y exasperante espera, antes de que llegue la fecha que fatalmente ha de llegar.
  Este lapso de cinco meses, entre el 1 de julio pasado y el aún remoto 1 de diciembre próximo, se ha vuelto eterno. Es como si el propio país se negara a arribar a ese sábado en el que el nuevo gobierno tomará posesión plena de la presidencia de la república. Es una sensación de morosidad, una percepción de alargadísima pausa que pocas veces se había experimentado.
  Hablo de ominosas señales cotidianas, porque quienes se disponen a tomar las riendas del país muestran cada día que no se encuentran preparados para hacerlo de la mejor manera. Lo vemos ya en las dos cámaras legislativas, controladas en forma aplastante por  los diputados y senadores de Morena. Lo vemos en las actitudes prepotentes y ostentosas, como de nuevos ricos, de algunos personeros del que será el próximo gabinete presidencial. Lo vemos en las declaraciones –que no dejan de ser rijosas y polarizantes– de quien es ya presidente electo de México.
  La victoria que consiguió la coalición Juntos Haremos Historia no hizo a sus dirigentes, militantes y seguidores más humildes o generosos. Todo lo contrario: se subieron a su ladrillo, se marearon y hoy muestran una soberbia y un desprecio supinos contra “los perdedores” (es decir, los 60 millones de mexicanos que no votamos por ellos).
  Ejemplos hay varios. Uno lo dio hace un par de días el próximo secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriu, quien acompañado por la inminente secretaria del Medio Ambiente, Josefa González, se metió ilegalmente a una propiedad privada y haciendo arrogante alarde de su futuro puesto (que legalmente aún no desempeña), amenazó a la abogada de los dueños del predio –quien lo invitaba a abandonar el lugar– con que regresaría el 2 de diciembre, una vez que el nuevo gobierno se haya instalado en el poder. Como escribió  Juan Ignacio Zavala en El Financiero: “Un tipejo tratando de amedrentar a una mujer y hacerla sentir menos ante el hombre que será poderoso”.
  Otro ejemplo, ya muy sobado y conocido, es el de la ostentosa boda de la mano derecha de AMLO, César Yáñez, en la que la contradicción, la ostentación y la incongruencia se mostraron con un cinismo coronado, de manera lamentable, por la portada y el reportaje en Hola, la más fifí de las revistas fifís.
  Por último están las muy recientes declaraciones del propio Andrés Manuel López Obrador contra quienes osan criticarlo, al volver a llamarlos camajanes y, sí, fifís. Al parecer, se niega a aceptar que ya no se encuentra en campaña y que ya es el presidente electo de todos los mexicanos, incluidos camajanes, pirrurris, riquines, señoritingos y fifís.
  La cuarta transformación.

viernes, 12 de octubre de 2018

Para dártelas de entendido en rock (81)

El amor por los animales es algo sin duda positivo, siempre y cuando no llegue al fanatismo y la cerrazón. Hay muchas maneras de manifestar ese cariño por la fauna, pero una de las más curiosas se dio en 2010, cuando el gran Lou Reed y su esposa, la no menos fantástica Laurie Anderson, ofrecieron un concierto exclusivamente para perros. Esto nsucedió el 5 de junio de ese año, en la ciudad de Sydney, Australia, y la entrada para los canes (y supongo que para sus dueños) fue totalmente gratuita. Los dos músicos interpretaron composiciones musicales diseñadas con sonidos de alta frecuencia que sólo podían captar los finos oídos de estos animales. El acto duró tan sólo veinte minutos, tomando en cuenta que los perritos no pueden mantener la atención por largo tiempo. Por supuesto, los propietarios de los chuchos no pudieron escuchar cosa alguna.

jueves, 11 de octubre de 2018

In Through the Out Door

En pleno periodo punk-new wave, para algunos Led Zeppelin sonaba absolutamente anticuado y demodé. Su música era considerada por más de uno como grandilocuente, exagerada, pretenciosa y vacua, como una monstruosidad que había crecido demasiado y a la que urgía poner un alto.
  Por supuesto muchos otros no estaban de acuerdo, entre ellos Jimmy Page y amigos que lo habían acompañado durante más de diez largos e intensos años. Es en ese contexto un tanto adverso que apareció In Through the Out Door (Atlantic, 1979), muy posiblemente el álbum más flojo –o el menos brillante si se quiere– de la discografía ledzeppeliniana.
  Sin embargo, no es ni por asomo un mal trabajo. Aunque quizá se haya recurrido en demasía al uso de sintetizadores, la mayoría de los cortes son afortunados y algunos (el inicial y poderoso “In the Evening”, el genial rocanrolito “Hot Dog” o los concluyentes “All My Love” y “I’m Gonna Crawl”) resultan excelentes. Posiblemente no se pueda decir lo mismo de temitas más bien intrascendentes como “Fool in the Rain” (del cual Maná –en serio– haría un cover espantoso, mariachi incluido), “South Bound Saurez” y “Carouselambra”.
  In Through the Out Door no fue el mejor disco final para Led Zeppelin. Sus integrantes, por supuesto, no sabían al grabarlo que sería su obra póstuma. Pero la muerte absurda de John Bonham al año siguiente acabó con la leyenda y no hubo más.

(Reseña que escribí para el especial de La Mosca No. 6, dedicado a Led Zeppelin y aparecido en noviembre de 2003)

martes, 9 de octubre de 2018

Sheer Heart Attack

Grabado el mismo año que Queen II, Sheer Heart Attack (1974) se diferencia de aquel por el rompimiento musical que consigue y que se dirige hacia el más puro y característico estilo que haría de Queen una banda única e inconfundible.
  Ese rock a la vez duro y melódico que distinguió al cuarteto es mostrado en ciernes en este disco, producido apenas ocho meses después que su antecesor, debido a que Brian May se vio aquejado por una hepatitis y el grupo debió olvidar cualquier posibilidad de realizar giras y conciertos. Para no quedarse inmóvil, Queen optó por aprovechar el involuntario intermedio para trabajar en su tercera obra y lo hizo de manera estupenda.
  Sheer Heart Attack es por donde se le escuche un gran disco. He aquí una colección de espléndidos temas que incluye composiciones tan notables como la juguetona “Killer Queen” y las hoy clásicas “Stone Cold Crazy”, “Brighton Rock” y “Now I’m Here”. Hay en el álbum la típica combinación de piezas sólidas y rocanroleras (“Tenement Funster” y “Flick of the Wrist”) con baladas dulces y llenas de melodía y armonía (“Lily of the Valley” y “Dear Friends”), pero también algunos experimentos novedosos. Así, en “Misfire” se encuentra una rítmica caribeña, mientras que el jazz (o más precisamente el ragtime a la Scott Joplin) está presente en la sensacional “Bring Back That Leroy Brown”.
  Un discazo.

(Reseña publicada en el No. 13 de los especiales de La Mosca en la Pared, en diciembre de 2004)

lunes, 8 de octubre de 2018

Sala limpia

Le compré mi sala a mi amiga Yareni hace como 15 años. Mi anterior sala, muy bonita y sólida, la había comprado a principios de los noventa y ya estaba muy deteriorada. Así pues, me hice de los nuevos muebles (un sillón triple, uno individual y un love seat), muy cómodos y muy bonitos..., pero de color blanco.
  A lo largo de tres lustros, esos sillones fueron testigos y protagonistas de mil aventuras de todo tipo (¡lo que no vieron!) y les tengo un muy especial cariño, además de que se conservan muy bien. Sin embargo, nunca los mandé lavar y ahora que me cambié de casa estaban realmente mugrosos. Ya eran más grises que de color claro y tenían algunas mancha de vino tinto.
  Hoy todo eso cambió, cuando muy temprano vinieron dos señores a lavar la sala. Tardaron como tres horas y aunque los muebles no quedaron impecables o como nuevos, el cambio es notorio y lucen muy limpios, dignos de este cambio de vida en el que estoy inmerso.
  Sala limpia y como nueva. Una buena señal.

domingo, 7 de octubre de 2018

Machismo a ritmo de samba

Desde hace muchísimos años, el género musical más popular de Brasil, la samba, ha sido un territorio dominado por el sexo masculino. Los grupos que interpretan esta música tradicionalmente han estado conformados por hombres y la participación de mujeres en ellos ha sido minoritaria, si no es que prácticamente nula.
  No obstante, las cosas han empezado a cambiar en los años más recientes y hoy día son varias las agrupaciones que tocan samba y cuyas integrantes son todas mujeres. ¿Cómo llegó a darse este cambio y qué implicaciones tiene?
  Hasta hace no mucho tiempo, los conjuntos brasileños que hacen samba estaban conformados por entre cinco y quince miembros, cada uno tocando un instrumento... y todos hombres. Sólo unos pocos se permitían tener a una o, si acaso, dos mujeres.
  El círculo de samba (roda de samba, en portugués) está reconocido por la Unesco como patrimonio cultural, aunque al parecer nunca se reparó en el hecho de que se tratara de un exclusivo club masculino, en el que las mujeres sólo participaban como bailarinas, de preferencia con poca ropa. Esto ha ido cambiando, gracias a la voluntad de muchas ejecutantes de samba del sexo femenino, quienes han reivindicado su derecho a ser músicas y no sólo danzantes.
  Quizás el grupo más importante dentro de este novedoso movimiento sea el colectivo Samba Que Elas Querem, integrado entre otras por Bárbara Fernandes, Mariana Solis, Júlia Ribeiro, Cecilia Cruz, Isabella Ciavatta y Sylvia Duffrayer. Se trata del grupo femenino pionero de la nueva samba.
  “Muchas veces, cuando eres la única mujer dentro de un círculo de samba, te conviertes en objeto del acoso del lenguaje machista implícito y explícito en las letras de varias de las piezas de este estilo musical”, comenta Sylvia Duffrayer, quien añade: “Entonces, al organizar una agrupación conformada sólo por mujeres, paramos en seco ese tipo de composiciones machistas”.
  La popularidad de Samba Que Elas Querem (La samba que ellas quieren) ha crecido como la espuma en su natal Río de Janeiro. Cecilia Cruz, quien toca el cavaco (instrumento tradicional de cuerda, típico de los colectivos de samba), dice: “Creo que la gente está lista para ver grupos de puras mujeres, sobre todo la gente joven que nos ha aceptado sin problema y eso puede constatarse en las redes sociales”.
  Porque dentro del tradicionalismo sambístico, no todos están de acuerdo con esta irrupción femenina. Entre los más viejos exponentes del género hay varios que se oponen a ello y que defienden las letras en que se hace alusión a las mujeres como meros objetos sexuales (tal como hace el reguetón hoy día) o incluso se justifica el que un hombre golpee a su esposa. Uno de estos defensores de la samba tradicional es el músico Zeh Gustavo, quien se dice enemigo de la corrección política que empieza a invadir a esta música: “Respeto que cada vez haya más mujeres en los círculos de samba, pero ellas deberían respetar las viejas canciones clásicas”, asegura.
  Además de Samba Que Elas Querem, hay varias nuevas agrupaciones de samba conformadas por mujeres. Es el caso de Moça Prosa (de Río), Samba Delas (de Porto Alegre), Samba de Saia (de Curitiba), Samba da Elis y Sambadas (estas dos últimas de Sao Paulo).
  Si bien hay quienes piensan que se trata de una mera moda y que las aguas regresarán a su nivel anterior, todo parece indicar que el arribo de las mujeres a los círculos de samba seguirá creciendo y que el género evolucionará hacia terrenos de mayor tolerancia y respeto. Aunque lo principal, como siempre en la música, será que la calidad artística sea la meta principal de todos: hombres y mujeres.

(Texto que escribí para el sitio Sugar & Spice y que se publicó el día de hoy)

sábado, 6 de octubre de 2018

Cámara húngara: El 68 en los tiempos de Morena

Dice Enrique Krauze, en un artículo publicado por el New York Times esta semana, que “quizá la mayor contribución del 68 fue a favor de la libertad de expresión”. Ese y otros logros democráticos le son atribuidos al movimiento estudiantil de hace 50 años, incluidos la democracia electoral y conquistas como los matrimonios entre personas del mismo sexo, la despenalización del aborto, etcétera.
  Aunque no queda del todo claro si tales logros son o no fruto de lo que se sembró en 1968, el mito lo dicta de ese modo y muchos lo creen religiosamente. Pero así como hay creyentes sinceros y sobrevivientes honestos y consecuentes de aquel movimiento, también hay quienes se aprovechan del propio mito para sacar raja del mismo. Gente que no sólo no participó en esas luchas, sino que pertenecía al bando contrario y que hoy se monta en la memoria del 68, aprovechando la desmemoria voluntaria o involuntaria de sus feligreses.
  Andrés Manuel López Obrador fue el orador principal en un mitin multitudinario, celebrado hace unos días en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, y ahí se ostentó como heredero del movimiento estudiantil, sin que alguien se molestara en señalar que el partido al cual se afilió en 1976 fue el PRI. Se dirá que ya habían pasado ocho años de la matanza de Tlatelolco, pero en 1976 había opciones de izquierda como el Partido Mexicano de los Trabajadores que presidía el ingeniero Heberto Castillo o el propio Partido Comunista Mexicano de Valentín Campa. Sin embargo, el hoy presidente electo de México prefirió al PRI de Luis Echeverría (heredero directo de Gustavo Díaz Ordaz) y de José López Portillo (su continuador).
  En fin, cuestiones de congruencia y de honestidad ideológica e intelectual, honestidad que tampoco existió en quienes se ostentan como “representantes históricos” del 68 y que al develar esta semana una placa en San Lázaro, recordaron a personajes como el rector Javier Barros Sierra, Roberta Avendaño, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Roberto Escudero, Leobardo López, Eduardo Valle, Raúl Álvarez Garín, José Revueltas, Heberto Castillo, Fausto Trejo y Eli de Gortari, entre un total de 35 hoy ausentes. No obstante, como señalara Carlos Marín el jueves pasado, en su columna “El asalto a la razón” de Milenio Diario: “Hubo las deliberadas omisiones de líderes tan resplandecientes como Luis González de Alba y Marcelino Perelló, críticos del victimismo de los promotores de las marchas conmemorativas y de los colados tardíos que (...) enarbolan banderas ajenas y hasta opuestas al espíritu vivificante y democrático del movimiento estudiantil”.
  La falsedad, la incongruencia, el sectarismo y la manipulación del 68 en tiempos de Morena.

viernes, 5 de octubre de 2018

Para dártelas de entendido en rock (80)

En el ambiente del rock sobran los personajes delirantes. Uno de ellos, quién lo iba a decir, es la estupenda cantante, pianista y compositora Tori Amos, quien asegura que de vez en cuando se le aparecen los fantasmas de gente por demás ilustre y que en ocasiones hasta le dictan algunas de sus canciones.
  Fantasmas ilustres, como el de la duquesa rusa Anastasia Romanov (sí, la misma de la cinta de dibujos animados Anastasia) o el mismísimo John Lennon.A decir de Amos, este último acostumbraba materializarse durante los años noventa, nada menos que en un cuarto de hotel en Arizona, cuando la cantautora realizaba la gira Under the Pink y el ex beatle se le aparecía para dictarle algunas letras y hasta la música de diversos temas, mientras se sentaba cómodamente en la cama. Así habría surgido la pieza "Hey Jupiter" que apareció en el álbum Boys for Pele de 1996.
  Pero no sólo Lennon. A Tori también se le ha aparecido el fantasma de Freddy Mercury y una vez le cantó la tonada que ella convertiría en la canción "Sugar" del disco To Venus and Back, de 1999.
  Ya lo saben, muchachitos y muchachitas, las drogas muchas veces alteran la razón y los ponen loquitos.

jueves, 4 de octubre de 2018

Sobre la belleza en el rock

Quisiera hablar acerca de algo que vislumbré hace unos días, al escuchar en forma continuada dos discos: primero, el de un exponente del rockcitito nacional llamado Furland y en seguida el Surprise de Paul Simon.
  Muchas y abismales son las diferencias entre ambas obras, pero hay un concepto que resulta clave, no sólo para distinguirlas entre sí, sino para determinar una de los grandes carencias del rock que se hace hoy en nuestro país: la incapacidad de casi todos los grupos y solistas para crear belleza. Porque aunque Furland (como tantos otros) apuesta por un popcito con ciertos tintes melódicos (aun cuando en su caso resulta una burda y fallida imitación de los Babasónicos), sus tonadas (ya no digamos sus letras) jamás se acercan a algo semejante a la belleza. No hay sensibilidad, no hay sentimiento, no hay emoción, no hay entraña.
  En cambio, desde la primera hasta la última nota de su disco, Paul Simon nos regala una lluvia de belleza musical y letrística, sin la menor artificialidad, con esa sencillez y esa humildad que sólo poseen los verdaderos artistas. A sus sesenta y cinco años de edad, este hombre es aún capaz de sublimarse al escribir canciones y, sobre todo, es capaz de conmovernos por medio de la belleza. ¿Por qué? Porque nunca ha pretendido otra cosa que expresarse mediante el simple (y por ende complicado) expediente de hacer música. No para vender, no para ganar premios, no para filmar videoclips y aparecer en MTV, no para ser famoso y millonario. ¿Qué sus discos se venden y que a lo largo de más de cuarenta años le han redituado dinero y celebridad? Por supuesto. Pero ello fue una consecuencia de su obra artística y no una finalidad que se haya propuesto cuando se iniciaba como cantante de folk, en el Greenwich Village neoyorquino, a principios de los años sesenta.
  He ahí la gran diferencia entre ser artista, en el verdadero sentido de la palabra, y ser un simple mercenario. De los primeros hay pocos, los segundos pululan por el mundo. Los primeros crean belleza; los segundos, una brillosa, llamativa, aparatosa pero vacua y aguada mierda.

(Editorial "Ojo de mosca" que escribí para el No. 110 de La Mosca en la Pared, en noviembre de 2006)

martes, 2 de octubre de 2018

Mi 1968

En 1968, yo tenía trece marzos. Cursaba el segundo año de secundaria en el pueblo de Tlalpan, pocos kilómetros al sur de Ciudad Universitaria, uno de los puntos neurálgicos del movimiento estudiantil que estalló a finales de julio.
  En ese entonces yo comenzaba el despertar de lo que podríamos llamar mi conciencia política, gracias a la lectura de Los Supermachos, una historieta crítica y satírica que hacía Eduardo del Río, el extraordinario Rius, y que insólitamente se vendía en los puestos de periódicos a pesar del gobierno autoritario de Gustavo Díaz Ordaz, quien como buen gobernante priista, ejercía el poder absoluto.
  Mi hermano Sergio, diez años mayor que yo, estaba más o menos involucrado con el movimiento de los estudiantes universitarios y politécnicos que iba creciendo como la espuma y causaba la ira del gobierno.
  Debo decir que yo no tenía muy en claro lo que exigía ese movimiento. La prensa estaba controlada y los medios electrónicos, en especial la televisión, sólo nos daba el punto de vista del régimen y nos manipulaba a placer. Aparte de todo, en mi escuela, la secundaria oficial No. 29, “Miguel Hidalgo y Costilla”, el profesorado nos decía que los estudiantes eran comunistas y querían perjudicar a México. Mi mente era un hervidero de contradicciones y no sabía a quién dar la razón.
  El clímax de esta situación llegó para mí una mañana de agosto o septiembre de aquel 1968, cuando en la escuela se empezó a correr el rumor de que un numeroso grupo de estudiantes había salido de Ciudad Universitaria y se dirigía a nuestra secundaria para tomarla con violencia.
  A pesar de lo absurdo de la noticia, el propio director de la escuela, a quien apodábamos “El Bull”, reunió a todos los alumnos en el patio principal del hermoso edificio colonial (antigua Casa de Moneda, durante parte del siglo XIX) que hoy día sigue siendo sede de la Secundaria 29 y, micrófono en mano, nos instó a “defender la escuela de los vándalos que vienen a invadirla”. Y así fue: profesores y prefectos nos organizaron para impedir la entrada de los “temibles” estudiantes que no tardarían en llegar para “apoderarse” de nuestra querida secundaria. Una sensación de cruzados nos invadió y aquellos cientos de mocosos entre los doce y los quince años nos dispusimos a proteger a sangre y fuego (o a moquete limpio) el viejo inmueble. Sobra decir que aquellos estudiantes no aparecieron jamás.
  Aquello fue lo más que me involucré con el movimiento estudiantil mexicano de 1968.
  Respecto al tlatelolcazo del 2 de octubre, me enteré el día 3, por los diarios, pero sin comprender la magnitud de la masacre. Luego vinieron los Juegos Olímpicos y como casi todos, me clavé en las hazañas del “Tibio” Muñoz y el sargento Pedraza y en la gracia y onanista belleza de la gimnasta soviética Natasha Kuchinskaya.
  Así se me fue el 68. Una década después entraría en la dinámica del 2 de octubre no se olvida, gracias a mi militancia de izquierda. Hoy sólo me queda decir que, aparte de la matanza de Tlatelolco, en esa fecha se conmemora también el día del Ángel de la guarda, ése que hoy nos tiene tan abandonados.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Plumas de caballo" del sitio Juguete Rabioso)

lunes, 1 de octubre de 2018

"El submarino amarillo" en historieta

Lo compré en 1969, en el puesto de periódicos que estaba en los portales del centro de Tlalpan (cuando en dichos portales no había un solo restaurante y sí algunas mueblerías y otro tipo de comercios en los que no se paraba nadie). Lo publicó la editorial Novaro y lo atesoro desde entonces. Es el ejemplar en historieta de la película El submarino amarillo, de los Beatles. Incluso me sirvió como inspiración para pintar el mural que hice con punturas Vinci en el sótano de la casa de mi gran amigo de la infancia, Alejandro González Rubín, cuando ambos teníamos 14 años.
  Sé que es una joya hemerográfica y la atesoro como tal.