jueves, 26 de marzo de 2015

Hugo García Michel: periodismo y polémica a los 60 años

Por Juan Carlos Hidalgo

“A veces me pregunto si La Mosca ya dio todo lo que tenía que dar”

Se trata de un periodista con muchísimos años de carrera en el ámbito nacional. Pocos como él a la hora de erigirse como ave de las tempestades, pues no sólo arma revuelo dentro de la escena musical sino que amplía su campo de batalla hacia el terreno sociopolítico. Compartimos luchas escriturales tanto en Marvin como en La Mosca, la revista que ha sido su trinchera desde hace poco más de dos décadas (y en la que surgió aquello del rockcitito mexicano). También colaborador de Milenio y Nexos, se trata de un polemista irredento con el que vale la pena conversar ahora que ha arribado a las seis décadas de vida y acumula experiencias de sobra.

Hace muy poco señalabas que a punto de cumplir los sesenta años sigues siendo un adolescente, ¿te sientes cómodo con tal aseveración? ¿Tan rudo resulta manejar la idea de madurez?
No, en absoluto. No me cuesta el menor trabajo manejar la idea de madurez, por la simple y sencilla razón de que aún no sé qué demonios es eso. No sé si estoy mal, pero me sigo sintiendo tan ligero y lleno de ganas de hacer cosas como cuando era adolescente… o quizás aún más.

También citabas algunas frases de Octavio Paz para subrayar la importancia de la crítica y la disidencia. ¿Con el paso del tiempo no resulta una losa muy pesada de cargar? ¿No abruma ejercer una crítica constante y sin complacencias?
La verdad es que me divierte y hasta ahora la diversión no me ha resultado una losa. La crítica me es connatural, me brota casi sin proponérmelo. Tal vez sea por ello que no me abruma. Lo que sí me sigue pareciendo intrigante y a la vez fascinante es la manera como unas cuantas palabras pueden causar un efecto tan devastador sobre ciertas personas, en especial si a esas palabras las acompañan el sentido del humor y el sarcasmo.

¿Todavía te apasiona y prende la música como en tus primeros años de melomanía?
Absolutamente sí, aun cuando cada vez me es más difícil toparme con discos o con propuestas que me emocionen y éstas suelen ser de músicos ya consagrados, incluso octogenarios, como en el caso del nuevo disco de Leonard Cohen. Pero sigo escuchando a los grupos jóvenes o más o menos jóvenes. Me encantan: These New Puritans, Dirty Projectors, Belle & Sebastian, The Avett Brothers, St. Vincent, Jack White y varios más.

Rodeas tus días de lecturas, películas, de un disfrute continuo de la cultura, ¿crees que de alguna manera esta forma de vida consigue hacerle frente a la barbarie y a la sinrazón de la política?
La verdad es que si bien me alimento a diario y bastante generosamente de libros, música y cine (y ahora también de series televisivas), la política ejerce sobre mí una extraña fascinación, pero siempre desde el punto de vista del observador. Quizá me he vuelto muy cínico, en el sentido filosófico de la palabra o como lo definía Cioran: "cínico es el que ve las cosas como son y no como quisiera que fuesen". Por tanto, trato de ver a la política y a los políticos con ojo de entomólogo y como una especie de farsa tragicómica y shakespeariana. La política en general y la mexicana en particular no me asquean, no me repugnan, me interesan mucho. Es como ver House of Cards todos los días y en temporadas infinitas.

¿A qué se debe de que no te hayas aburrido de escribir acerca de estos asuntos tan acres?
Por lo mismo que expuse en la pregunta anterior: porque me fascina el tema. Sin embargo, vale la pena indicar que hubo un tiempo en que me enganchaba en esos debates y discusiones, sobre todo en mis años de izquierdista apasionado y convencido de las bondades del socialismo y las maldades del capitalismo y el imperialismo yanqui, etcétera. Hoy soy un crítico de eso que se sigue llamando izquierda y lo soy desde una posición que yo quiero pensar que es de izquierda, desde la manera como yo concibo al pensamiento de izquierda, es decir, una izquierda progresista, moderna, realista, abierta, desprejuiciada, tolerante y con un amplio sentido democrático. En cuanto a los debates, prefiero provocarlos, intervenir poco y mirar lo que dicen los otros, como suelo hacer en Twitter y sobre todo en facebook.

Con tantos años de ejercicio periodístico, ¿qué crees que aporta este campo de la escritura a la vida pública? ¿Todavía sigue teniendo un lugar en el ámbito de lo nacional?
Pienso que sí, aunque su influencia se circunscribe a un sector muy pequeño de personas que son las que leen diarios y revistas, ya sea en papel o en la red. Pero así ha sido siempre y es mejor que el periodismo siga existiendo a que desaparezca.

¿De qué manera ponderas con seis décadas a cuestas al erotismo y su fuerza creativa?
El erotismo es esencial en mi vida. Lo fue en su momento onanista adolescente y lo ha sido en su etapa, digamos, compartida. Es una fuente creativa enorme y desarrolla grandemente la imaginación. Relaciono erotismo con mujer y para mí la presencia de la mujer es básica. Lo fue en mis años de largos enamoramientos platónicos y autoerotismo frecuente, lo fue en mis años de matrimonio y lo sigue siendo en estos tiempos de neo soltería, gracias a la presencia de la mujer joven. No sé qué tanto de vampírico pueda tener el asunto, pero esa energía me alimenta y me mantiene entusiasta y jovial.

¿Te consideras a la postre un buen padre? ¿De qué manera orientaste el tema en su momento?
Creo que si de algo puedo presumir es de ser un buen padre. Tengo una relación muy cercana, llena de amor y confianza con mis dos hijos. Uno ya rebasa los treinta años y el otro casi los alcanza, pero mantenemos una comunicación muy cercana. Somos muy buenos amigos. Los sigo apoyando y ellos a su vez me apoyan. Compartimos el gusto por la música y aunque en diversos temas no pensamos lo mismo –lo cual me parece muy bien–, hay un gran respeto. Puedo decir que en muchos aspectos son bastante más maduros que yo. Por eso a veces me dan consejos y hasta me regañan.

¿A estas alturas de la vida qué es lo que te falta por hacer?
Mucho. Tengo una lista de cuando menos cinco o seis libros míos por escribir o editar. Sigo componiendo canciones y quiero seguir haciéndolo y grabar una buena cantidad de ellas, para que al menos quede constancia de su existencia. Quiero seguir escribiendo para los medios en que publico (y en otros que me abran las puertas) y me encantaría hacer radio y un programa de televisión que sigue como proyecto. Quiero regresar a Europa y estar en París cuantas veces se pueda. Quiero seguir con mis blogs y con mi nuevo sitio personal en internet: rojoynegro.com.mx… y leer y releer todos los libros que pueda.

¿Te desespera que los problemas de distribución de las revistas en México lleven a La Mosca a existir solamente en la red por el momento? ¿Te sientes con ánimo de seguir dando batalla?
Sí, aunque últimamente me pregunto mucho si La Mosca ya dio todo lo que tenía que dar y si valdría la pena abordar nuevos proyectos. No sé si se encuentra en estado de coma y la estamos manteniendo viva por medio de respiración artificial. Es un debate que en estos días tengo conmigo mismo y cuya respuesta tal vez conozca ya, aunque no me atreva aún a confesarlo.

¿Cederás a las presiones para que la novela Matar por Ángela tenga una segunda parte? ¿Tienes material inédito por publicar?
Matar por Ángela se quedará en esa primera parte y apenas hace tres o cuatro días apareció, por fin, una nueva edición, gracias a la generosidad de la editorial Lectorum. Ojalá reviva el proyecto que había para filmarla. Tengo aún inédita una novela corta ya terminada y ahora mismo trabajo en una novela sobre París, en una biografía novelada sobre mi abuelo, en una historia para niños y en un relato de tema vampírico. También quisiera reunir una selección de mis textos periodísticos en un volumen. Ojalá haya editores dispuestos. Si no, we’ll allways have internet.

(Entrevista publicada originalmente en Milenio Hidalgo, a fines del año pasado. Esta es la versión completa y actualizada)

sábado, 21 de marzo de 2015

¿Aristegui presidenta?

Buena parte de la opinión pública tiende a la absolutización de los acontecimientos. Lejos de reconocer que todo hecho es relativo en el tiempo y que una nueva noticia suele tapar y reemplazar a otra que en su momento fue estelar, se suele considerar que el presente siempre será presente y nunca se convertirá en pasado, a pesar de la fatal demostración práctica de que eso es falso.
  Valga el anterior galimatías (creo que ni yo me entendí) para mostrar que una nota, como el actual affaire Aristegui, opaca a una inmediatamente anterior, como el affaire Ayotzinapa. Basta con mirar a los medios de comunicación y asomarse a las redes sociales, tan amantes del trending topic: en el ánimo de quienes siguen las noticias (una minoría, comparada con el grueso de la población nacional), doña Carmen ha borrado (quién iba a decirlo) a los normalistas desaparecidos.
  Hace no mucho tiempo, el movimiento #YoSoy132 parecía destinado a una trascendencia revolucionaria y hoy es apenas un vago y anecdótico recuerdo. Eso para no irnos más hacia el pasado.
  En fin, el caso es que lo de hoy es el asunto de Carmen Aristegui contra MVS, con todas las percepciones, opiniones, intereses y chismes que lo rodean. No simpatizo con el estilo periodístico de la conductora (demasiado parcial y tan obviamente militante), pero tampoco me parece bien que haya sido privada de su espacio en los medios. Sin embargo, lo que de plano parece un disparate demencial es la propuesta de algunos de sus simpatizantes para lanzarla como candidata independiente a nada más y nada menos que la presidencia de la república.
  Ya existen una página en facebook y una petición en Change.org para tal efecto y aunque parezca una broma delirante, para muchos la cuestión va muy en serio.
  Lo que me encantaría saber es qué piensa Andrés Manuel López Obrador (tan protegido siempre por Aristegui) de dicha propuesta. ¿Se convertirá Carmen en la principal rival de don Peje para obtener la candidatura presidencial de Morena? Estaría de antología y le pondría un sabroso sabor a la carrera por el 2018. Es una cosa de locos, lo sé, pero ojalá que ella se atreva.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

miércoles, 18 de marzo de 2015

La nueva edición de "Matar por Ángela"

Hoy desayuné con mi editor de Lectorum, el buen Porfirio Romo, en el restaurante Matisse de la colonia Del Valle y me llevó el primer ejemplar de la nueva edición de Matar por Ángela. Aunque ya había visto la portada por medio de internet, tener el libro en mis manos fue como cuando tuve la primera edición, de Sansores y Aljure, en 1998, una emoción que no se puede describir con palabras.
  El libro quedó en verdad muy bonito, la edición está muy cuidada y elegante y la distribución será mucho más amplia que la del volumen primigenio.
  Fue un desayuno muy ameno y divertido, hablamos de muchas cosas, incluido uno que otro chismillo del medio.
  Pues ya está lista la reedición de Matar por Ángela, esa por la que tanto luché a lo largo de tres lustros. A partir del lunes 23 a la venta en Sanborns, Gandhi y El Sótano.

martes, 17 de marzo de 2015

La “rebeldía” de Madonna

Nunca he sido un seguidor de Madonna. Su música me dice muy poco y no es algo que me entusiasme particularmente. Si acaso, en su momento sus viejos videos noventeros llegaron a llamarme un poco la atención (aunque prefería mil veces las divertidísimas parodias que de ellos hacía “Weird Al” Yankovic).
  Tampoco creí jamás en la supuesta actitud irreverente y contestataria de Madonna Louise Verónica Ciccone y en sus fallidos afanes por (como dicen los franceses) épater les bourgeois. Sólo algunos persignados se asustaban en verdad con los escándalos y atrevimientos madonnianos. Nunca vi en ella una nueva versión de Patti Smith, como tampoco veo hoy que pueda acercarse al genio de una Janelle Monáe, por ejemplo.
  Rebel Heart se llama el nuevo álbum de Madonna y el solo título llama a sospecha. ¿Corazón rebelde el de esta mujer, con treinta y tantos años de carrera y casi sesenta de edad? Digamos que esa es la imagen que ha manejado y sigue manejando, aunque su rebeldía jamás haya roto con los esquemas de lo establecido.
  Me puse a escuchar el disco sin embargo y si bien no es una obra que vaya a convertirse en un clásico, se trata de un trabajo perfectamente producido (como siempre lo son los álbumes de la intérprete de “Like a Virgin” y “Ray of Light”) y, debo decirlo, bastante aceptable. Variado en sus temas, Rebel Heart se deja escuchar con su propuesta de pop fino con toques de soul, neo rhythm ‘n’ blues, hip hop, dance y electrónica.
  Con algunas letras “fuertes” (de ahí el sello de “Parental advisory” en la portada, algo que casi siempre funciona como mórbido gancho comercial), el plato (con catorce cortes) tiene piezas realmente atractivas, como “Living for Love”, “Illuminati”, “Body Shop”, “Hold Tight” y la muy bella (y mi favorita) “Devil Pray”.
  Madonna no es una rebelde, aunque juegue a serlo. Tampoco es una genio o una de las grandes voces contemporáneas. Es, eso sí, una intérprete que ha sabido manejar su carrera de manera muy inteligente y una mujer que posee un talento mercadológico impresionante. Rebel Heart es un buen disco suyo… y nada más.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 16 de marzo de 2015

Desayuno en Tiffany's (la película)

Nunca había visto la versión cinematográfica de la novela Breakfast at Tiffany's de Truman Capote (leer aquí mi reseña) y aunque me divirtió y me pareció buena, creo que su leyenda le debe más a la presencia de Audrey Hepburn en el papel de Holly Golightly que a otra cosa.
  Muy bien dirigida por Blake Edwards en 1961, la cinta toma parte del humor del relato original, pero pierde mucho de su mordacidad, sobre todo al convertir al narrador del libro, un homosexual, el alter ego del propio Capote, en un galán hollywoodense (por supuesto) heterosexual. Esto convierte al filme en una comedia romántica, muy agradable si se quiere, pero bastante inocua. En esto influye también la personalidad otorgada a la Golightly de Hepburn: sofisticada, elegante y jamás mostrada como una dama de compañía de muchos hombres, como la Holly de la novela. No en vano, el propio Truman Capote estuvo en desacuerdo con que la bella Audrey interpretara a su anti heroína y empujó para que el papel le fuese otorgado a Marilyn Monroe.
  Con todo, una peli que se deja ver con agrado, aun con su cursi final "romántico".

sábado, 14 de marzo de 2015

Mexican House of Cards

A lo largo de los meses más recientes, parece ser que estamos descubriendo que tenemos una clase política de la peor ralea. Como si se tratara de un fenómeno tan nuevo como sorprendente, de pronto resulta que nuestros políticos todos son el súmmum de la corrupción, la ineficiencia y la desfachatez.
  Con la carta blanca que nos da nuestro puritanismo, nos mostramos escandalizados y queremos llevar a la hoguera a esos malditos que no son como nosotros y que tienen al país hundido en la ignominia. Nos damos golpes de pecho para librarnos de toda culpa y mantener tranquila a esa (doble) moral que nos permite dormir tranquilos y sentirnos ajenos a esos monstruos.
  Llevo un tiempo diciendo que quienes pretendan estudiar la política real y mundana no deben hacerlo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, sino ver y analizar con atención la serie televisiva House of Cards. Ahí está lo que es verdaderamente la polaca cotidiana, con sus intrigas, sus negociaciones en lo oscurito (¿hay otra manera de hacerlas?), sus puntos finos, sus lealtades y sus traiciones. Porque esa es la real politik: ese tragar sapos y moverse en el lodo sin hacerle el feo. Lo demás son pasteurizadas teorías de salón de clases que nada tienen que ver con la realidad.
  La clase política es así y así ha sido a lo largo de la historia, no sólo en México sino en cualquier otra parte del mundo. No se trata de disculparla o de querer lavarle la cara, sino de verla como es y no como quisiéramos que fuese. Si alguien cree que con la llegada de otro partido al poder las cosas van a cambiar, es mejor que no se ilusione. Ya se vio en la más reciente historia del país que no es así: dos sexenios panistas o dieciocho años de perredismo en la capital de la república sirven como perfecto ejemplo de que en la política todo cambia para seguir igual. Si llegan Morena o algún otro, tampoco variará la cosa.
  Si no partimos de esa verdad, jamás llegaremos a cosa alguna. Desengañémonos: la política es como es y no va a cambiar. Pregúntenle a Frank Underwood.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 13 de marzo de 2015

Gruppo Sportivo / Copy Copy (1981)

Sportivo es uno de los grupos de rock pop más divertidos de la historia, a pesar de ser universalmente desconocidos. Con una muy larga trayectoria, este conjunto holandés nació en 1978 (año en el cual hubo otro nacimiento notable), en plena era new wave, y hasta donde se sabe sigue tan campante. Copy Copy es un disco realmente jocoso y con excelente música.

Mejor tema: “Police Dog”

jueves, 12 de marzo de 2015

La pandilla de los cuatro

Los músicos de sesión. Los músicos de estudio (de estudio académico y de estudio de grabación). Esos grandiosos instrumentistas casi siempre anónimos que tienen tanto que ver, con su apoyo y su aporte, en el surgimiento de las grandes estrellas. Esto se da en todos los géneros musicales, pero en la historia del rock ha sido algo especialmente importante.

Piedras que ruedan
Jimmy Page se inició como tal y se dice que el célebre solo de guitarra de “You Really Got Me”, de los Kinks, fue obra suya y no de Dave Davies, ya que éste no lograba dar con lo que su hermano Ray, autor de ese tema clásico de 1964, pretendía. Se cuenta también que cuando los Beatles grabaron “Love Me Do”, Ringo Starr tocó tan mal que George Martin lo tuvo que reemplazar por un baterista de estudio.
  Grandiosos músicos de sesión, encabezados por Al Kooper, estuvieron en ese discazo de blues blanco que es el Super Session, de 1968. Pero el propio Kooper había sido músico de estudio, con su órgano, en el histórico Blonde on Blonde que grabó Bob Dylan en 1966 (¿recuerda usted la versión original de “Like a Rolling Stone”? Al Kooper es quien está detrás de los inolvidables teclados).

Los cuatro fantásticos
A fines de los años sesenta del siglo pasado, cuatro grandes músicos vieron sus destinos reunidos para participar en una serie de discos grandiosos, algunos de ellos hoy verdaderos incunables.
  Quizás a usted nada le digan los nombres de Bobby Keys, Jim Price, Carl Radle y Jim Gordon. Sin embargo, si ha escuchado álbumes como Delaney & Bonnie & Friends On Tour with Eric Clapton (1970), Mad Dogs & English Men de Joe Cocker (1970), All Things Must Pass (1970) y The Concert for Bangladesh (1971) de George Harrison, Eric Clapton (1970) de Eric Clapton, Layla and Other Assorted Love Songs de Derek and the Dominos (1969), Alone Together de Dave Mason o la tetralogía conformada por Let It Bleed (1969), Sticky Fingers (1971), Exile on Main Street (1972) y Goats Head Soup (1973) de los Rolling Stones, por citar tan sólo algunos, es seguro que a sus oídos han llegado los sonidos del sax de Keys, la trompeta de Price, el bajo de Radle y/o la batería de Gordon.
  No que en todos esos discos estén siempre los cuatro juntos (aunque en algunos sí), pero sí al menos uno o dos de ellos. Así, por ejemplo, Bobby Keys y Jim Price están en la tetralogía de los Stones, mientras que Gordon y Radle formaron parte de Derek and the Dominos, el célebre grupo liderado por Eric Clapton. No obstante, los cuatro participaron en los platos de Cocker, Harrison, Delaney & Bonnie y el álbum debut del propio Clapton.

Una cofradía de lujo
En realidad, lo que existía era una especie de cofradía de instrumentistas y coristas que giraban alrededor de las mencionadas superestrellas del rock y de otras como Leon Russell, el grupo Traffic o el mismísimo John Lennon. A esa cofradía esplendorosa pertenecía también, además de los cuatro mencionados, gente como el pianista Chris Stainton, el organista Bobby Whitlock o la cantante Rita Coolidge (verdadera levantadora de pasiones entre varios músicos, muy especialmente el gran Stephen Stills, sempiterno y frustrado enamorado de la intérprete, a quien en 1971 escribió la canción “Sugar Babe”).
  Me interesa rescatar del olvido a esos tremendos intérpretes, por sus grandes merecimientos. De los cuatro ya sólo sobreviven Jim Price y Jim Gordon (Carl Radle murió en 1980 y Bobby Keys falleció de cáncer pulmonar en diciembre pasado, a los 70 años). Todos merecen ser revalorados.

(Texto que iba a aparecer este mes en mi columna "Memorias de un melómano sarnoso" de la revista Etcétera, columna que fue abruptamente interrumpida y de la que sólo apareció una entrega, en enero pasado. Tant pis. Ya buscaré publicarla en algún otro medio).

miércoles, 11 de marzo de 2015

Mucho ruido y… mucha música

“¡Bájale a tu ruido!”. ¿Cuántas veces habré escuchado esa orden estentórea de parte de mis padres durante mi adolescencia? Teníamos un tocadiscos en la sala (una extrañísima especie de consola cuadrada que no se de dónde salió, cuya marca no recuerdo y que jamás he visto en otra parte) y acostumbraba tirarme en el sillón grande algunas noches, con la luz apagada y el aparato que sonaba a todo volumen. Yo tenía quince o dieciséis años y ponía mis primeros viniles: el álbum debut de Led Zeppelin, el In-A-Gadda-Da-Vida de Iron Butterfly, el Álbum Blanco de los Beatles, el Let It Bleed de los Rolling Stones, el I Got Dem Ol’Kosmic Blues Again Mama! de Janis Joplin y algunos más (incluidos algunos EP de 45 rpm). El disco de Janis, en especial, causaba un efecto de alta irritabilidad en mi mamá, quien cuando sonaba “Maybe” o “Try”, salía furiosa de su recámara para exigirme que quitara a “esa vieja que canta como gato”. El blues de la Bruja Cósmica era ruido para sus oídos. Manes de la lucha generacional de fines de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado.
  Lógicamente, lo que para mis progenitores y otros adultos de su generación era ruido, para mí era la música más dulce, cálida y acariciante que existía. A fuer de ser justo y objetivo, debo aceptar que el estilo gritante (llamémoslo así) que Robert Plant empleaba en “Communication Breakdown” o que Mick Jagger soltaba en “Monkey Man” o que el normalmente melodioso Paul McCartney dejaba salir de su garganta en “Helter Skelter” y que me emocionaba durante aquellas solitarias noches de escucha casera podía resultar molesto para mi señora madre o mi señor padre, acostumbrados como estaban a Frank Sinatra, Ray Coniff, Cuco Sánchez o la Rondalla de Saltillo, cosas que a mí me resultaban infectas, aunque no fueran estruendosas. De alguna manera equivalente, eran ruido para mis oídos.
  El ruido, entonces, resulta relativo y puede ser música. El ejemplo más claro lo tenemos en ese subgénero que precisamente se llama noise. Pero ruido hay en el punk, en el grunge, en el shoegaze, como también lo hay en el free jazz o en la música concreta. Little Richard y Chuck Berry eran ruidosos a mediados de los cincuenta, como de alguna manera lo eran compositores cultos de los tamaños de Edgar Varèse, Arnold Schoenberg, John Cage y el mismísimo Igor Stravinsky. ¿No hay composiciones de John Coltrane o de Sun Ra que convierten al jazz en ruido discordante? ¿Y qué decir del álbum Metal Machine Music de Lou Reed o del Arc de Neil Young, basados ambos en el más estrambótico y extremo uso del feedback de la guitarra? Es ruido que puede ser disfrutable y que no necesariamente nos repele, aunque suene insoportable a una mayoría de personas.
  De los grupos ruidosos, es decir, aquellos que en forma declarada hacen del alto volumen, el feedback y las más espesas paredes de sonido su credo y su estilo, mi favorito es Sonic Youth. Sin embargo, a pesar de estar yo acostumbrado a las distorsiones sonoras, en un principio me costó algún trabajo entrar a los terrenos propuestos por Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo y Steve Shelley. El álbum Dirty de 1992 fue mi puerta de acceso a la música del cuarteto neoyorquino. Lo escuché en su momento y al principio no supe qué pensar. No obstante, tras varias escuchas me fui adentrando en la fascinación de aquellas composiciones y de discos como Goo, Washing Machine, A Thousand Leaves, Murray Street y, por supuesto, el inconmensurable Daydream Nation, su obra maestra.
  Sé que hoy Sonic Youth puede sonar incluso convencional para muchos; por ejemplo, aquellos que desfallecen de excitación ante el nuevo trabajo discográfico de Aphex Twin o frente a la discografía completa de Sunn O))), a los cuales respeto sobremanera.
  Cuando algo nos hace ruido no siempre es que se trate de una cosa negativa. Hacer del ruido un arte musical es tan válido como hacerlo con el ritmo, la armonía o la melodía. Como lo es, del mismo modo, hacerlo con el silencio.

(Publicado en diciembre de 2014 en mi columna "Bajo presupuesto" de la revista Marvin)

martes, 10 de marzo de 2015

Noel Gallagher y Manchester

Un nuevo disco de Noel Gallagher como solista (al frente de un grupo casi anónimo al que llamó High Flying Birds) implica, para muchos, casi un nuevo disco de Oasis. Después de todo, el mayor de los hermanos Gallagher es el cerebro creativo del, para bien y para mal, legendario quinteto británico y responsable casi absoluto de su característico estilo (aunque no de su sonido, ya que en éste la voz de Liam, el menor de los consanguíneos, resulta más que singular y reconocible).
  Dicho lo anterior, resulta saludablemente sorprendente que, en solitario, Noel Gallagher busque distinguirse de sí mismo en lo posible y producir algo, si no enteramente diferente, sí con claras y muy plausibles particularidades.
  Chasing Yesterday (Sour Mash, 2015) es el título del flamante álbum y lo que resalta desde la primera escucha es la influencia de la música de Manchester (en la época en que la ciudad era conocida como Madchester), la cual está ahí, más que presente, en las diez canciones que conforman al plato (catorce en la edición de lujo).
  Hay en las nuevas composiciones de Gallagher ecos de los Stone Roses, los Charlatans, Ian Brown y hasta de los Happy Mondays y los Inspiral Carpets (estos últimos, sus grandes mentores). También los hay del britpop y del propio Oasis, pero es ese mood madchesteriano el que le da su especial encanto a este nuevo trabajo del autor de “Wonderwall” y “Champagne Supernova”.
  Ecos de la música del Manchester de finales de los ochenta y principios de los noventa de la centuria pasada (quizá de ahí venga lo de “atrapando el ayer”) los hay, por ejemplo, en temas tan espléndidos como “Riverman” o “The Right Stuff”, dos verdaderas joyas. Pero hay otras piezas igualmente buenas, como “In the Heat of the Moment”, “The Dying of the Light”, la a la vez boweyana y ledzeppeliniana “The Girl with X-Ray Eyes”, la muy Oasis “Lock All the Doors” y la sensacional “The Mexican”, la canción más rocanrolera de Chasing Yesterday.
  Noel Gallagher ha hecho un gran disco, de lo mejor que ha surgido en este 2015. Escúchelo usted y verá que no exagero.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 9 de marzo de 2015

60 años de rock en 60 discos

Aunque no existe un consenso preciso acerca del año en que nació el rock y cada quién puede dar, de manera arbitraria o más o menos fundamentada, una fecha distinta, las tres anualidades más señaladas para tan honroso evento son 1952 (año en que se llevó a cabo, en la ciudad de Cleveland, Ohio, el primer baile organizado por el DJ radiofónico Alan Freed; sin embargo, el evento se conoció como The Moondog Coronation Ball y en el mismo no apareció el término rock n’ roll), 1954 (año en que se grabó la que muchos consideran la primera canción plenamente rocanrolera: “Rock Around the Clock” de Bill Haley and His Comets) y 1955 (año en que la misma canción apareció en disco y fue conocida por el público).
  Desde mi muy particular punto de vista (y no sé si en ello influye que es mi año de nacimiento), el rock n’ roll vio la luz cuando su primer manifestación musical llegó a oídos de la gente, es decir, en 1955. Desde esa óptica, el género está cumpliendo, en este 2015, sus primeros sesenta años de existencia.
  He aquí una lista de los que, a mi modo de ver también, son los sesenta discos fundamentales del rock, esos que no deben faltar en cualquier colección que se respete:

1.- Elvis Presley. Elvis Presley (1956)
2.- Little Richard. Here’s Little Richard (1957)
3.- Fats Domino. This Is Fats Domino (1957)
4.- Chuck Berry. Chuck Berry Is on Top (1959)
5.- Buddy Holly. 20 Golden Greats (1959)
6.- Jerry Lee Lewis. Greatest Hits (1959)
7.- Eddie Cochran. Greatest Hits (1959)
8.- Bob Dylan. Highway 61 Revisited (1965)
9.- Frank Zappa. Freak Out (1966)
10.- The Beatles. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967)
11.- Jefferson Airplane. Surrealistic Pillow (1967)
12.- The Doors. The Doors (1967)
13.- Jimi Hendrix. Are You Experienced? (1967)
14.- The Velvet Underground. The Velvet Undeground & Nico (1967)
15.- Cream. Disraeli Gears (1967)
16.- The Kinks. Something Else (1967)
17.- Traffic. Mr. Fantasy (1967)
18.- Janis Joplin. Cheap Thrills (1968)
19.- Steppenwolf. Steppenwolf (1968)
20.- The Rolling Stones. Let It Bleed (1969)
21.- Crosby, Stills & Nash. Crosby, Stills & Nash (1969)
22.- King Crimson. In the Court of the Crimson King (1969)
23.- John Lennon. Plastic Ono Band (1970)
24.- Spirit. Twelve Dreams of Dr. Sardonicus (1970)
25.- Simon & Garfunkel. Bridge Over Trouble Waters (1970)
26.- Neil Young. After the Gold Rush (1970)
27.- Joe Cocker. Mad Dogs & Englishmen (1970)
28.- Santana. Abraxas (1970)
29.- Elton John. Tumbleweed Connection (1970)
30.- Black Sabath. Paranoid (1970)
31.- The Who. Who’s Next (1971)
32.- Led Zeppelin. Led Zeppelin IV (1971)
33.- Jethro Tull. Aqualung (1971)
34.- Deep Purple. Machine Head (1972)
35.- David Bowie. The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972)
36.- Lou Reed. Transformer (1972)
37.- Emerson, Lake & Palmer. Trilogy (1972)
38.- Yes. Close to the Edge (1972)
39.- Pink Floyd. The Dark Side of the Moon (1973)
40.- Queen. A Night at the Opera (1975)
41.- Patti Smith. Horses (1975)
42.- Bruce Springsteen. Born to Run (1975)
43.- Ramones. Ramones (1976)
44.- The Sex Pistols. Never Mind the Bollocks, Here’s The Sex Pistols (1977)
45.- The Clash. London Calling (1979)
46.- Talking Heads. Remain in Light (1980)
47.- The Police. Zenyatta Mondatta (1980)
48.- Joy Division. Closer (1980)
49.- The Smiths. The Queen Is Dead (1986)
50.- Metallica. Master of Puppets (1986)
51.- Sonic Youth. Daydream Nation (1988)
52.- Depeche Mode. Violator (1990)
53.- U2. Achtung Baby (1991)
54.- Nirvana. Nevermind (1991)
55.- Pearl Jam. Ten (1991)
56.- Red Hot Chili Peppers. Blood Sugar Sex Magik (1991)
57.- R.E.M. Automatic for the People (1992)
58.- Beck. Odelay (1996)
59.- Radiohead. OK Computer (1997)
60.- The White Stripes. Elephant (2003)

Seguramente el lector tendrá varias simpatías y diferencias. Lo invito a externarlas y a elaborar su propia lista.

(Publicado este mes en la revista Nexos)

domingo, 8 de marzo de 2015

Bates Motel

A un mes de que sea lanzada la tercera temporada de Bates Motel, hoy terminé de ver las dos primeras y sólo puedo decir que qué barbaridad, qué buena serie.
  La historia de adolescencia de Norman Bates, el famoso asesino serial retratado por Robert Bloch en su novela Psycho (1959) y más tarde por Alfred Hitchcock en la cinta del mismo título (1960), se permite ciertamente muchas licencias. La principal: que la historia se desarrolle en la actualidad y no en los años treinta del siglo pasado, cuando el personaje creado por Bloch habría sido joven. Aun así, la serie maneja el suspenso de maravilla y con todos los elementos de la mejor televisión actual.
  En Bates Motel vemos cómo se dio la enfermiza y obsesiva relación entre Norman (Freddie Highmore, de gran parecido con Anthony Perkins, el Bates de Hitchcock)) y su madre, llamada Norma (Vera Fermiga, quien además es la productora principal de la emisión); cómo se daban los bloqueos mentales del muchacho cada vez que asesinaba a alguien y como el famoso y tétrico motel, a un lado de la carretera, sufrió los embates de la imparable modernidad. Todo ello enriquecido con una serie de personajes creados por los productores de la serie; personajes, hay que decirlo, en su mayoría muy afortunados, como el medio hermano de Norman, Dylan (Max Thieriot); la jovencita Emma (Olivia Cooke), una chica con problemas respiratorios que a todas partes lleva su tanque de oxígeno con rueditas; o el sheriff Romero (Nestor Carbonell) y sus actitudes ambivalentes.
  Se toca también el tema del tráfico de drogas (el pueblo boscoso y costero donde se encuentra el motel -situado en Oregon: otra licencia del programa- basa su economía en la producción de marihuana entre dos bandas rivales) y hay mucha violencia y bastante sexo.
  Quizá no alcance las alturas de Breaking Bad o de True Detective, pero Bates Motel tampoco desmerece ante ellas. Yo la recomiendo por completo, sobre todo para quienes gustan del suspense hitchcockiano, aunque -eso sí y es una lástima- sin su negro y agradecible sentido del humor.

sábado, 7 de marzo de 2015

De señores feudales y faldas alzadas

En los viejos tiempos del priismo a ultranza, aquello no habría pasado de ser una anécdota más de la picaresca política. Que un presidente municipal, arriba de un entarimado, bailara con una guapa muchacha y a la vista de todos le levantara la falda por detrás, hubiese sido nada más que la intrascendente travesura de un alcalde que demostraba su poder hasta en las gracejadas y las ocurrencias.
  Hoy al parecer son otros tiempos y las cosas han cambiado. Existen los teléfonos celulares que todo lo graban y las redes sociales que todo lo reproducen y todo lo cuestionan. Existe una corrección política impoluta que, convertida en nuevo tribunal del Santo Oficio, no perdona el menor desliz y condena a diestra y siniestra. Ya nada escapa del ojo vigilante y purificador de los neoinquisidores.
  Frente a este poder de lo que algunos llaman una sociedad civil atenta y vigilante, hechos tan vergonzosos como el protagonizado por el presidente del municipio de San Blas, en Nayarit, Hilario Ramírez Villanueva, y la infortunada joven que accedió a bailar con él, ya no deberían producirse. Lo mismo que los diversos escándalos de sexo, alcohol y desmadre en que se han visto inmiscuidos personeros de prácticamente todos los partidos políticos. Pero ahí siguen y ahí seguirán. ¿Por qué? Pues (como dice Chumel Torres) porque chingue su madre.
  A pesar de cambios constitucionales, apertura democrática, una supuesta mayor conciencia ciudadana y notables avances tecnológicos, la vieja cultura priista (que permea a propios y extraños dentro de nuestro singular sistema, incluso a quienes reniegan de ella) persiste impertérrita. Cierto que desde 1997 se ha ido acotando el poder antes omnímodo de la presidencia de la república, pero ese mismo poder omnímodo sigue tan campante entre los gobernadores de los estados y los munícipes y delegados políticos del país entero, convertidos en verdaderos señores feudales que lo mismo se asocian con el crimen organizado que roban “poquito” o levantan las faldas de las damas.
  Lo que opinemos les hace lo que el viento a Juárez y, contra ese valemadrismo, no hay fuerza tuitera que pueda.
  O sea, el puro folclor nacional.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 6 de marzo de 2015

Dave Mason / Headkeeper (1972)

El ex Traffic logró con su segundo álbum como solista más de lo que había logrado en el también excelente y mucho más conocido Alone Together. Compositor e intérprete de finura inconmensurable, Mason tenía ese toque necesario para hacer de lo sencillo algo memorable.

Mejor tema: “To Be Free”.

miércoles, 4 de marzo de 2015

La doblemente maravillosa noche de Zaz

Hay noches únicas, mágicas, que se dan de vez en vez (aunque a mí últimamente suelen dárseme con bastante asiduidad). La de hoy tuvo que ver con la presentación de la joven y espléndida cantante francesa Zaz en el Plaza Condesa. Fue una nuit espléndida por el concierto en sí mismo (gran actuación, grandes canciones, un grupo de musicazos que acompañaron a Zaz, buen sonido, buen ambiente, público alegre y receptivo, un espectáculo delicioso) y por la compañía que tuve a mi lado: D, mi gran amiga, tan llena de frescura, sensibilidad, entusiasmo, calidez y belleza. ¿Qué más podía yo pedir (bueno, estuvo a punto de ser una mejor noche aún, pero una circunstancia de última hora hizo que el plan post concierto cambiara. Tant pis).
  Como sea, la pasé maravillosamente bien y ella también.
  Quisimos pasar a saludar a mi hijo Alain, quien tocaba en el Pata Negra, pero terminó a las once, justo a la hora que terminó lo de Zaz y no hubo coincidencia de tiempo.
  Regresé poco antes de medianoche a mi casa. Medio ceniciento final.

martes, 3 de marzo de 2015

Zaz en México

Hace tres años, escribía en esta misma columna sobre los orígenes, como música callejera, de la cantante francesa Isabelle Geoffroy, hoy mundialmente conocida como Zaz. En estos tres años, la talentosa artista que se iniciara cantando en el metro de París y en diversos cafés y plazas de Montmartre, ha recorrido el mundo y ha logrado difundir su espléndida voz y su peculiar estilo.
  El año pasado grabó un disco realmente hermoso y emotivo, llamado sencillamente Paris (WEA 2014) y es con ese disco que llega a nuestro país, para presentarse esta noche en el teatro Diana de Guadalajara y mañana miércoles en el Plaza Condesa del Distrito Federal.
  En aquel artículo que refiero, preguntaba yo si Zaz era la Adelle francesa. Sin embargo, la nacida en Tours, en 1980, ha mostrado que es muy otra cosa y su sonido ha logrado decantarse y pulirse hasta convertirse en algo propio y muy suyo.
  París es un álbum estupendo, muy francés, un homenaje a la canción gala y, más específicamente, a la canción parisina, pero con un sentido ajeno a la nostalgia y mucho más adaptado a la música del nuevo siglo. No se trata de retrotraer estilísticamente a Edith Piaf o a Jacques Brel, ni siquiera a Françoise Hardy o a Sheila, sino de retomar varias piezas clásicas del cancionero francés para proponer algo fresco y novedoso, lo que la vocalista consigue en su flamante grabación.
  Con una producción impecable, a la vez que con un sentimiento genuino y luminoso, Zas entusiasma con temas como “Champs Elysées”, “Sous le ciel de Paris”, “La parisienne” y “Paris sera toujours Paris” entre otros. Arreglos jazzeros, blueseros, souleros, pero elegantemente franceses en un trabajo delicioso y con colaboraciones de gente como la joven cantante canadiense Nikki Yanofsky, el cantor galo Thomas Dutronc y el legendario Charles Aznavour (con “J’aime Paris au mois de mai”) que hacen de Paris un disco imperdible para todo aquel que ame las canciones más emblemáticas de la ciudad luz, un disco que se podrán escuchar en México, en directo, hoy y mañana.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 2 de marzo de 2015

No me quiero enamorar de ti

Por la madrugada compuse esta canción, una tonada folky que habla sobre los inconvenientes del enamoramiento y los beneficios del amor. Este es tan sólo el demo.









No me quiero enamorar de ti

No sé en qué momento fue que en tu mundo me quedé.
No sé cuándo, no sé cómo, pero encontré acomodo.
Qué bien me siento a tu lado, qué feliz y qué ufano.
Todo es paz y quietud cuando me acompañas tú.

Contigo podría hacer tantas cosas a la vez, lo sé
Contigo podría estar del comienzo hasta el final, lo sé.
Quiero amarte sin cesar, amarte a profundidad.
Por eso no me quiero enamorar de ti.

No te quiero incomodar; no lo quiero, de verdad.
No quiero que por mis sandeces, temerosa tú te alejes.

Contigo podría intentar lo que solo no me atrevo ya.
Contigo podría viajar del planeta a cualquier lugar.
Quiero amarte, amarte bien, amarte como debe ser.
Por eso no me quiero enamorar de ti.

No existe contradicción cuando canto esta canción.
Sé muy bien lo que te digo y cuál es el mejor camino.

Quiero amarte de verdad, así que no me quiero enamorar.
No te deseo en exclusiva, sólo deseo ser parte de tu vida.
Quiero amarte sin afán de que seas mi propiedad.
Por eso no me quiero enamorar.
Quiero amarte y respetar tu bendita libertad.
Por eso no me quiero enamorar de ti.


domingo, 1 de marzo de 2015

Naomi

Hay madres legendarias en el cine. La figura de la progenitora es mítica en el cine mexicano, con Sara García como primerísima presencia. Recuerdo también a la madre de Cody Jarrett, el gángster que personifica el enorme James Cagney en la clásica de Raoul Walsh White Heat (1949). Sin embargo, nunca había visto a una madre tan singular y humorísticamente oscurísima como la mamá del personaje masculino principal de Naomi, la película israelí de 2010, dirigida por Eitan Tzur. La manera como la mujer de ochenta años reacciona ante las desventuras y las estupideces de su hijo Anton (nada menos que un profesor de filosofía sesentón), cuando este se entera de que su treintañera y hermosa mujer lo engaña, es de antología.
  Historia de celos llevados al máximo -como Él de Luis Buñuel (1952) o El infierno de Claude Chabrol (1994)-, Noemi tiene más elementos de los que la sola trama cuenta y su desenlace en tan sorprendente como satisfactorio, en especial para quienes odiamos los finales convencionales y moralistas.
  Cuento de amor, odio, celos, sexo, pasión, muerte y mucho humor negro, Noemi es una cinta muy grata con sus elementos de thriller judío crítico y no resulta en absoluto autocomplaciente.
  Búsquenla, se las recomiendo.

sábado, 28 de febrero de 2015

¿Un México venezolizado?

Héctor Aguilar Camín dedicó sus cinco columnas de esta semana a desmenuzar la situación caótica, dramática y delirante de la Venezuela actual, gobernada (es un decir) por ese personaje impresentable que es Nicolás Maduro. Recomiendo la lectura de esos textos y de la columna de Jorge G. Castañeda del lunes pasado, referida al mismo tema. He ahí un panorama más que ilustrativo de lo que se vive en dicho páis sudamericano.
  Conocer la situación de los venezolanos debería llevarnos a meditar profundamente y a aplicar el antiguo y sabio refrán popular que dice: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar”…, etcétera y aquí las barbas tienen mucho que ver, porque aparte de la tragedia venezolana, está también la tragedia cubana, impulsada alegremente (es otro decir) por el viejo y barbudo Fidel Castro.
  A lo que voy es a que en México hay muchos (demasiados) admiradores de “la revolución bolivariana” que se inventó ese loco surreal y pintoresco que fue (Stalin lo tenga en su roja gloria) Hugo Chávez y de quien Nico Maduro es fatal y tragicómico heredero.
  Buena parte de la izquierda mexicana no sólo simpatiza con las inmadureces de Maduro, sino que ve lo que sucede en Venezuela como un ejemplo de lo que quisieran para nuestro país. Con esa idea disparatada de que todo lo que se diga socialista o antiimperialista debe ser apoyado irrestricta y acríticamente, los chavistas-maduristas mexicanos (entre quienes hay admiradores abiertos, como la senadora Dolores Padierna, y seguidores embozados, como el líder de Morena) anhelan un México venezolizado, a pesar de la terrible realidad que se vive en el país de Rómulo Gallegos (y vuelvo a remitir al lector a los artículos de Aguilar Camín y Castañeda).
  Hugo Chávez llegó al poder por su carisma, su demagogia y su populismo y convirtió a su nación en un infierno de carestía, violencia y autoritarismo generalizados. ¿Podría suceder lo mismo en el México de 2018, con otro líder de esas características? El riesgo existe, pero aún creo en la racionalidad y el sentido común de la mayoría de los votantes mexicanos.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 27 de febrero de 2015

Loey Nelson / Venus Kissed the Moon (1989)

Hay discos absolutamente maravillosos que jamás salen a la superficie. Esta cantautora de Milwaukee sólo grabó un álbum y con eso le bastó para dejar un precioso legado a la humanidad, si es que algún día alguien lo saca de la cueva del tesoro en que se halla enterrado.

Mejor tema: “Morning Glory”


jueves, 26 de febrero de 2015

Documentar a Eliseo Subiela


Entrevista con la cineasta Jimena Colunga Gascón

Para muchos, el argentino Eliseo Subiela (Buenos Aires, 1944) es un cineasta de culto. Películas suyas como Hombre mirando al sudeste (1988), Últimas imágenes del naufragio (1989) o la archiconocida y reconocida El lado oscuro del corazón (1993) cuentan con una legión de apasionados seguidores, aunque también de ácidos detractores. Sin embargo, ¿qué tanto se habla de Subiela, para bien o para mal, sin conocerlo realmente, dejándose llevar más por las impresiones subjetivas de sus trabajos cinematográficos que por lo que hay detrás de los mismos?
  Esta y otras preguntas surgieron en la mente de la joven realizadora mexicana Jimena Colunga Gascón (México, DF, 1986), quien desde la cálida ciudad de Tepic, Nayarit, donde vivía hasta hace poco, tuvo la idea de filmar un documental sobre el director rioplatense, idea que poco a poco fue cristalizando hasta concretarse en una realidad llamada Subiela, el mago, largometraje de 2014 que Colunga Gascón presentó urbi et orbi en noviembre pasado, en la capital nayarita, con la presencia del propio Eliseo Subiela y su esposa Mora, quienes viajaron desde Buenos Aires para estar presentes en el estreno.
  En la siguiente entrevista, la directora nos cuenta los pormenores de esta su opera prima.

–¿Cómo surgió la idea de la película?
–Desde muy joven, yo tenía la intención de ingresar al curso regular de la Escuela de Cine de Cuba, en San Antonio de los Baños, pero tras de varios intentos y por diversas circunstancias no lo lograba; hasta que me enfoqué en un apartado del temario que daban para ser admitida en la escuela. El apartado era sobre cine latinoamericano y comencé a prepararme en el tema. Así, fui conociendo a muchos realizadores del continente y terminé dando con el cine de Eliseo Subiela. En ese entonces, yo tenía catorce o quince años, estudiaba la preparatoria en Oaxaca y mi primer encuentro con su obra fue con El lado oscuro del corazón. La encontré en un cine club de la ciudad que se llamaba “El pochote”, la alquilé, la vi y me impactó de una manera al mismo tiempo terrible y maravillosa. Su trama me sacó lágrimas todo el tiempo. Fue muy impactante para mí y se me quedó en la mente muchos días. Después vi Hombre mirando al sudeste y Pequeños milagros que aunque no fue muy exitosa, la tengo entre mis películas preferidas no sólo de Subiela sino de todo el cine. A partir de ahí, ya lo tuve como mi realizador iberoamericano favorito. Tiempo después, surgió la posibilidad de efectuar una propuesta para un proyecto cinematográfico y supe que era mi oportunidad. Me fue claro que Subiela debía ser el tema y presenté mi propuesta para beca en el Programa de Residencias Artísticas en el Extranjero del FONCA y Conacyt… y la gané.

–¿Lo pensaste como un documental desde un principio?
–Sí, desde un principio. Todo fue muy curioso, porque investigando un poco di con el blog de Subiela y vi que tenía una dirección de correo electrónico. Le escribí entonces para plantearle el tema del documental. Le expliqué cómo lo iba a hacer y que me había postulado para una beca. La primer sorpresa es que me contestó a los dos días y me dijo: “Hola, mucho gusto. Sí, claro, estaría encantado de colaborar. Cuenta conmigo para lo que necesites”. Casi me da un infarto, jaja. No lo podía creer, fue muy impactante. Para empezar le pedí que me mandara una carta de aceptación que dijera que él estaba de acuerdo con el proyecto. Me pidió que se la escribiera yo y se la enviara para que él sólo tuviese que firmarla. Así lo hice y me la devolvió escaneada y firmada. Cuando gané la convocatoria, volví a escribirle para decirle que iría a Buenos Aires, lo cual le pareció muy bien. Pero yo necesitaba un crew de producción y no podía llevarlo desde México, ya que el dinero de la beca me permitía viajar sólo a mí. Únicamente tenía un contacto en Argentina, Jeremías Martínez, un compañero que había tenido en la escuela de cine de Cuba, y le escribí para que me echara la mano. En cuanto supo que se trataba de una película sobre Eliseo Subiela, accedió de inmediato. Para los argentinos, Subiela es un cineasta histórico, un clásico viviente, junto con Leonardo Favio.

–¿Leonardo Favio, el cantante?
–¡Sí, el mismo! Leonardo Favio cantaba, componía, escribía, hacía películas.

–Vaya cosa. Pero sigamos con tu historia.
–Bueno, mi amigo argentino se emocionó y me dijo que conseguiría el equipo humano necesario para filmar el documental. Cuando llegué a Buenos Aires (era el año 2011), nos dimos a la tarea de gestionar un crew local. El monto de la beca era para que lo resolviera yo todo: el costo del traslado, el costo de la estancia, el costo de mi alimentación. Jeremías haría gran parte de la fotografía y la producción y además me conectó con Buenos Aires Comunicación, que es una escuela de cine y televisión de la ciudad. Les propuse el proyecto y les gustó mucho. También la gente de la escuela de cine de Eliseo Subiela nos ayudó en todo lo que le fue posible. Fue así que se formó un equipo con gente que se mostró muy estusiasmada con la idea de hacer un documental acerca de Subiela. Yo no tenía dinero para pagarles, pero trabajaron de manera voluntaria, con la emoción que les dio el proyecto.

-¿Imaginabas esa respuesta?
–La verdad es que a pesar de que Eliseo se había mostrado muy amable desde que le escribí de México, yo realmente no sabía qué esperar de él como persona. Pero una de las cosas más gratificantes de la experiencia fue que un tipo como él, con la fama y el prestigio que tiene en Iberoamérica y en el mundo entero, se haya portado tan bien conmigo. Pudo haber sido el mamonazo que hubiera querido. Sin embargo, lo que yo encontré fue a un hombre muy abierto, muy sencillo, muy carismático y generoso. Generoso en el sentido de que contribuyó de todas las formas que pudo para la realización del documental. Siempre estuvo muy dispuesto, siempre pudimos hablar de lo que fuera. Es una gran persona y yo intenté que eso se reflejara en la película.

–¿Tu idea desde el principio fue hacer un largometraje?
–Inicialmente, el proyecto era hacer un cortometraje documental de no más de treinta minutos. Pero con todo el trabajo que hicimos, me traje tanto material filmado que me dije: ¿por qué no hacer un largo? Entonces quedó una película de una hora con veinte minutos.

–¿Se trata del clásico documental biográfico?
–Al contrario, desde el principio me propuse alejarme lo más posible de hacer un filme biográfico. No quería narrar su nacimiento ni su infancia o su formación. Me plantee una estructura en la que, a partir de sus películas, identifiqué temas universales que Subiela aborda siempre en sus cintas: el amor, la locura, la poesía, el sexo, la muerte, el paso del tiempo… Me interesaba más saber cómo el creador, el autor de esas cintas, llega a las interpretaciones personales de esos temas. Las intervenciones del cineasta en el filme abordan mucho de su concepción estética, filosófica, teórica, acerca de dichos temas universales. La parte técnica la dan las entrevistas con sus actores, su equipo de trabajo, su mujer –quien también sale en la película.

–¿Cómo elegiste las locaciones y cuánto duró la filmación?
–Las intervenciones de Subiela las ubiqué en las locaciones donde filmó sus películas. A cada tema universal lo empaté con una cinta suya y realicé la entrevista en una locación de esa misma cinta, representativa de Buenos Aires, para que hablara él ahí. Sobre esas estructura va el documental. La filmación duró diez semanas, durante el verano de 2011. Luego la postproducción fue más tardada: el documental quedó terminado hasta el invierno de 2014. Tardamos tres años y medio en hacerlo.

–¿Cuáles de sus actores más representativos aparecen?
–Pues está, por ejemplo, Darío Grandinetti, el “Oliverio” de El lado oscuro del corazón, junto con Sandra Ballesteros que es la mujer que vuela. También hay actores de la nueva generación, de sus películas más recientes, como Matías Marmorato y Guillermo Pfening, y hay una intervención muy interesante de la veterana actriz Sandra Sandrini, quien siempre ha tenido participaciones secundarias pero recurrentes en los filmes de Eliseo Subiela. Si alguien ha salido en la mayoría de sus películas es ella.

–¿Qué me puedes decir del estreno de Subiela, el mago y cómo será su distribución?
–Desde que se inició el proyecto, me comprometí a que el estreno tendría lugar con el auspicio del Consejo Estatal de Cultura de Nayarit. Por eso la premiere fue durante el Festival de Cultura del estado, en Tepic, en noviembre del año pasado, y asistieron el propio Eliseo Subiela y su esposa, la actriz Mora Moglia. Luego hubo una segunda premiere en el Distrito Federal, en el centro cultural Bajo Circuito. Ahora mi plan es enviarla, primeramente, a recorrer el circuito de festivales que hay en México (Guadalajara, Morelia, Guanajuato, Monterrey…). Presentarla en los festivales grandes y en los no tan grandes. En Argentina también, claro, y que esté girando en la mayor cantidad de lugares posibles: Sudamérica, España, en fin. Me importa que se vea mucho, cerrar el círculo con ella y emprender mi segundo proyecto: un largometraje de ficción en el que ya estoy trabajando.

–Para terminar, ¿qué me puedes decir de tu relación con Subiela? ¿Cuál es el balance final entre Eliseo Subiela y Jimena Colunga Gascón?
–Conocerlo fue en sí una experiencia mágica y surrealista. Conocerlo es una gran lección para cualquiera que quiera ser creador. Estamos en una época difícil para la creación. La creación en sí misma está perdiendo valor y hoy se ponderan otras cosas: el protagonismo, la vacuidad, el blof… y justamente conocerlo a él, como el creador consolidado que es, y ver la personalidad que tiene, tan accesible, tan actualizada (en las nuevas tendencias del arte, en la tecnología), es algo ejemplar y muy motivante. Una de las cosas que más me inquietaban era pensar qué iba a pensar Subiela de la película que yo había hecho sobre él.

–¿Y cuál fue su veredicto?
–Me dijo dos cosas en privado: primero que no podía opinar de un filme acerca de su persona, porque eso sería un acto de narcisismo asqueroso; pero también me dijo que se acordaba del primer correo que le mandé: “Yo lo vi y leí lo que me estaba proponiendo una niña desde el otro lado del mundo y me dije sí, por qué no, le voy a decir que sí. Vamos a ver si se hace”. Entonces, cuando le volví a escribir para decirle que sí se iba a hacer y que sí iba yo a ir a Argentina, él pensó: “Y bueno, está bien, ya le dije que sí, yo la voy a esperar a ver si es cierto que llega” y cuando se filmó y se hizo toda la producción, me dijo que pensó: “Bueno, ahora falta que la acabe”. Por eso fue muy significativo para él estar presente en el estreno de la cinta en México. A Subiela le gusta mucho trabajar con gente joven y al ser yo una persona joven, fue muy alentador para mí su recibimiento de la película y lo que me hizo sentir mejor de todo es que, muchas veces, me habló como a una colega. Algo debí haber hecho bien para que un tipo como Eliseo Subiela me dijera: “Buen trabajo”. Sus palabras fueron una gran recompensa, aunque pienso que la mejor recompensa que puedo recibir de esta película es que me haga el camino más corto para hacer la que sigue.

(Esta entrevista me fue publicada este mes en el sitio "Cultura y vida cotidiana" de la revista nexos)

miércoles, 25 de febrero de 2015

Raquel Tibol y la crítica


Entrevista con la crítica de arte Raquel Tibol

Nacida en Argentina, Raquel Tibol llegó a México en 1953, invitada por el pintor Diego Rivera. Durante algunas semanas, se instaló con la mujer de éste, la pintora Frida Kahlo, en su casa de Coyoacán, tiempo en el cual pudo realizar una larga entrevista que sería la base de su libro Frida Kahlo. Una vida abierta, recientemente reeditado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Nacionalizada mexicana en 1961, Tibol ha ejercido la crítica de artes plásticas, así como la crítica de danza, con tan enorme rigor que en ocasiones sus posiciones han resultado altamente polémicas. Con programas en Radio Universidad (como el célebre Museos en el aire) y algunos canales de televisión –La plástica y la crítica duró diez años en Canal Once- y una producción que sobrepasa los treinta libros y millares de artículos –sólo en la revista Proceso publicó más de mil doscientos-, actualmente se encuentra dedicada a recopilar el amplísimo acervo de su archivo escritural.

¿Por qué debe haber crítica?
La crítica es un modo de comunicación, un modo de enseñanza, un modo de confrontación y análisis. De modo que al tener todos estos atributos, se convierte en una especie de puente, de enlace, entre un tipo de producción y un público que quiere tener mayor información o dialogar respecto a una producción determinada. La crítica tiene siempre mucho de diálogo con un tácito escucha.

En un país como México, ¿qué tan importante es la crítica?
Tan importante que en México ha existido crítica de arte desde el siglo XIX. Guillermo Prieto fue un escritor de artes plásticas. José Martí, en su tiempo mexicano, hizo una crítica verdaderamente interesante. Francisco Zarco e Ignacio Ramírez escribieron crítica de arte. Hacían comentarios, porque las exposiciones que se presentaban anualmente en la Escuela Nacional de Bellas Artes tenían enorme importancia para la vida cultural mexicana. Gracias a estas crónicas, podemos tener noticia de que había mujeres que exponían. De modo que sí hubo crítica de arte y más después del estallido de la revolución de 1910. Con el asomo del siglo XX se dio un quehacer crítico más dinámico, con un sentido más actualizado. José Juan Tablada es un precursor de la crítica del siglo XX. En 1913 escribió unos textos sobre José Clemente Orozco que hasta hoy tienen validez.

¿Cuál ha sido su experiencia como crítica?
Yo empecé a hacer comentarios de carácter cultural prácticamente desde 1952, en revistas y en una estación de radio de Santiago de Chile. Cuando entrevisté a Diego Rivera para La Prensa de Buenos Aires, éste me habló de Frida Kahlo y me invitó a venir a México, donde estoy desde 1953. Aquí me adentré y me apasioné por el arte mexicano. La obra mural del primer cuadro del Distrito Federal la conocí del brazo y por la calle con el propio Rivera. Diego era una persona de cultura, de humor, de ironía, de modo que visitar con él los murales de la Secretaría de Educación, la Suprema Corte, el Palacio Nacional, el Palacio de Bellas Artes y otros más era una lección verdaderamente formidable. Siempre he dicho que uno de mis principales maestros en crítica de arte fue Diego Rivera, porque cada acercamiento a una pieza artística era una verdadera lección. Después de vivir un tiempo con Frida, me mudé al estudio de Diego y verlo pintar, verlo discutir con la gente, hablar de arte -tenía una cultura verdaderamente enciclopédica al respecto-, fue toda una escuela para mí. Cuando me salí del estudio de Rivera me reincorporé a mi tarea periodística y empecé a hacer exclusivamente crítica de arte. El primer artículo que publiqué fue sobre Luis Buñuel, una entrevista en la cual él tomaba una posición muy clara con respecto al surrealismo.

¿Tiene fórmulas para hacer una crítica, emplea alguna metodología?
No me gusta encorsetarme en una metodología. El asunto es no escribir de algo que no investigue yo misma; eso sí lo tengo casi como una autoimposición, inclusive para las notas periodísticas. Rara es la nota para la que no haya hecho previamente una investigación.

¿Cree que hay tolerancia hacia el crítico de artes plásticas por parte de los criticados?
Depende. Hay gente que se siente muy tocada si uno la critica mucho. También existen colegas a quienes, no sé si por envidia o porque tienen ideas muy diferentes, les molesta lo que una escribe. Por ahí incluso hay algunos que reaccionan con insultos muy duros o algunos artistas que se enojan mucho por una crítica y a veces lanzan ofensas y hasta amenazas por teléfono. Pero esas son cosas pintorescas, momentáneas. Creo que en general en el gremio más o menos la relación ha sido mutuamente respetuosa. No escribo de lo que no me interesa; no pongo por delante la crítica fácil, en el sentido de la degradación del trabajo del personaje. Prefiero escribir de algo que me entusiasma. No ando buscando cosas para hincharme el hígado.

¿Cree que el crítico es un artista frustrado?
No, para nada. Primero que yo no he querido pintar, no he querido danzar. Lo que considero es que la crítica de arte todavía no está muy bien calificada como género literario. Se piensa que es una especie de colguije o de cola que tienen las artes visuales. No, no es una cola, es un género literario que toma como sujeto a la producción artística.

También se dice que los críticos son amargados…
Bueno, yo diría que ésas son concepciones vulgares. En la escritura de crítica de arte, para mencionar gente viva y en activo, España tiene uno de los grandes críticos en lengua española, Simón Marchantis. Se trata de una persona notable, formada en la filosofía alemana avanzada, un hombre de mente progresista a quien es un lujo leer. De modo que esa clase de opiniones es como quedarse en lo vulgar, en lo chiquito, y mí no me gusta quedarme en lo chiquito cuando hago periodismo o cuando hago libros.

¿Puede haber una crítica objetiva o siempre hay una carga de subjetividad?
Bueno, está la carga de subjetividad que no es la subjetividad momentánea. Depende de cuánta cultura acumuló uno, cuanta capacidad de análisis tiene uno, cuánta información tiene uno, cuántos museos, galerías y estudios ha visitado en su vida uno, cuánto ha andado uno. Y claro, todo eso acumulado hace una subjetividad. Pero no es la subjetividad de ombligo, no es la de mirarse las tripitas. No, no es por ahí.

¿Puede ser la crítica una actividad creativa?
Lo es. Por eso digo que la crítica de arte, en cualquiera de sus especialidades, hecha con seriedad, entrega y vocación, es un género literario al cual todavía no se le da su lugar.

¿Cómo se imagina un mundo en donde no existiera la crítica?
Sería un mundo demasiado quieto. Un mundo sin crítica sería como un mundo sin  espejos.

(Publicado el día de hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario. La entrevista a doña Raquel -quien falleció el 22 de este mes- la realicé en 2002 y presento aquí la versión completa, ya que por razones de espacio en el periódico tuve que editarla un tanto)

martes, 24 de febrero de 2015

El pop fino de Mon Laferte

Los músicos nativos de esta monstruosa y fascinante ciudad que es el Distrito Federal suelen quejarse, desde hace décadas, de la falta de espacios y oportunidades para tocar. Llevo largos años de escuchar ese lamento que tiene mucho de cierto y que he padecido en carne propia.
  ¿Cómo explicar entonces que tantos músicos del resto de la república e incluso de otros países de habla hispana vean a nuestra amada urbe como una meca en la que hay que estar porque es aquí donde todo sucede?
  Diversos grupos y solistas de Guadalajara, Monterrey, Morelia, Tijuana y otras ciudades de México, así como de países como Chile, Argentina, Perú y España, han visto en el DF el mejor lugar para darse a conocer y se han venido a radicar aquí. Es el caso de la cantautora chilena Mon Laferte, quien con su música mezcla de pop rock, pop setentero, blues, bolero y folclor sudamericano ha logrado una buena aceptación entre el público nacional y quien acaba de poner en circulación su tercer álbum, curiosamente intitulado Volumen I.
  Con una voz intensa y sensual –de timbre sugerente y feelin’ intencionado–, con buenas letras, Laferte logró un disco muy interesante, con un dejo melodramático que no cae en lo ridículo cursi de algunas cantantes poperas mexicanas que quieren cantar boleros y lo hacen de manera más bien penosa. Gracias a su versatilidad interpretativa (puede ir de una canción a la She & Him a otra a la Ángelica María y de un ska a un tema de aires andinos –algo metalero no hubiera desentonado, si tomamos en cuenta que Mon es, además, la cantante del grupo femenino defeño de heavy rock Mystica Girls), Volumen I jamás cae en la monotonía y sus diez cortes (destaquemos “Tormento”, “Amor completo” y “Malagradecido”) son realmente buenos. Escúchelo, le gustará.
  (Mon Laferte se presenta mañana miércoles 25 de febrero, al lado de Sol Pereyra y Laura Gibson, en el Foro IndieRocks de la colonia Condesa).

PD: Con esta entrega, “Gajes del orificio” cumple tres años de aparecer cada martes en ¡hey! de Milenio Diario. Muchas gracias a Susana Moscatel y a todos los compañeros de sección. Aquí seguimos.
(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 23 de febrero de 2015

Laura Vázquez

Caminaba yo esta tarde por Insurgentes Sur, a la altura de Liverpool, cuando una voz de mujer a mis espaldas exclamó: "¡mosco, mosco!". Me volví y de la ventanilla de un carro surgieron una mano que se agitaba y una sonrisa franca. Era Laura Vázquez, la tecladista argentina que vivió muchos años en México y a quien conocí hace más de diez años, cuando María José la entrevistó para La Mosca en El Péndulo de la colonia Condesa y yo la acompañé.
  Me dio mucho gusto verla, después de unos dos o tres años de no hacerlo. Se bajó del coche para darme un abrazo. Me dijo que venía acompañada por su hijo y sus sobrinas, que habían venido desde Buenos Aires para estar sólo una semana en el DF y presentar su nuevo disco. Me comentó de una fiesta que habría mañana en casa de Fernando y de algún modo me invitó, pero sé que no puedo ir ahí. Nos despedimos con afecto. Es una música talentosísima, a quien Monocordio le debe buena parte de su sonido.

domingo, 22 de febrero de 2015

Nicky Hopkins: dedos mágicos

Los músicos de sesión suelen ser héroes desconocidos. Resultan tan brillantes y hacen tanto o más que las renombradas figuras para quienes trabajan en los estudios de grabación, pero sus nombres permanecen en el anonimato o en la letra pequeña –esa que nadie lee– de los créditos de los discos. Ahí está el caso de los músicos de Muscle Shoals, cuyos apelativos muy pocos recuerdan, o de gente como el gran saxofonista Bobby Keys, la esplendorosa cantante Merry Clayton o el impecable tecladista Nicky Hopkins, quienes trabajaron para hacer más grande la obra de muchas súper estrellas del rock.
  Hopkins merece un lugar muy especial en el santoral de los músicos de sesión, aunque también fue integrante –así fuese efímero– de agrupaciones como la legendaria Quicksilver Messenger Service. Nacido en Londres, Inglaterra, en 1944, Nicholas Christian Hopkins había empezado a tocar el piano a los tres años de edad y su virtuosismo lo hizo entrar con facilidad en el circuito del rock británico sesentero. Sin embargo, una enfermedad crónica intestinal (el mal de Crohn) que padecía desde niño y le exigía constantes tratamientos médicos y operaciones quirúrgicas, le impidió ser parte fija de algún grupo y lo condenó a conformarse con la posición de sedentario músico de sesión durante casi toda su vida.
  Aun así, su actividad fue constante en los estudios de grabación londinenses y su piano estuvo presente en el primer álbum de The Who, My Generation, en 1965. Su prestigio como extraordinario tecladista creció como la espuma y en la segunda parte de los sesenta y la primera mitad de los setenta colaboró en discos de los Kinks, los Pretty Things, The Move y Jeff Beck, pero también de Led Zeppelin, los Rolling Stones y los cuatro Beatles como solistas. Su inconfundible piano puede escucharse, así, en temas clásicos como “She’s a Rainbow” de los Stones, “Sunny Afternoon” de los Kinks, “The Song Is Over” de The Who, “Revolution” de los Beatles, “Jealous Guy” de John Lennon, “You Are So Beautiful” de Joe Cocker o “Barabajagal” de Donovan, entre muchísimos otros.                  
  En los Estados Unidos trabajó en álbumes de Jefferson Airplane, Jerry García y el ya mencionado Quicksilver Messenger Service, al cual de hecho llegó a integrarse por un tiempo.
  Sin embargo, también realizó algunos discos como solista, entre ellos el excelente The Tin Man Was a Dreamer de 1972 (en el que George Harrison estuvo como invitado), y antes participó en el legendario Jamming with Edward (1971), al lado de Mick Jagger, Ry Cooder, Bill Wyman y Charlie Watts (grabado durante las ausencias de Keith Richards, dentro de las sesiones del Exile on Main Street). Edward era un sobrenombre de Nicky.
  Enamorado de San Francisco, Hopkins emigró a California a fines de los setenta, donde siguió trabajando hasta el día de su muerte. Falleció en Nashville, Tennessee, en 1994, debido a complicaciones en una cirugía intestinal, su eterno mal. Al morir tenía tan sólo cincuenta años. Aún le quedaba mucho que dar a la música.

(Publicado el día de ayer en el suplemento cultural Laberinto de Milenio Diario)

sábado, 21 de febrero de 2015

Nuestros fundamentalismos (y III)

¿Cuáles son las consecuencias del fundamentalismo, cuando se le lleva a planos de cerrazón fanática y de maniqueísmo a ultranza? No tenemos que ir a París o a Copenhague, al norte de Nigeria o a las regiones de Medio Oriente dominadas por el llamado Estado Islámico para saberlo. Aquí mismo, en nuestro México lindo, querido y surreal, se encuentran las respuestas. Tristes y poco optimistas respuestas.
  Pueblo religioso al fin y al cabo, el mexicano –aun en sus capas más pretendidamente ilustradas y cosmopolitas– es muy proclive a caer en la tentación fundamentalista. Basta con revisar la historia. De hecho, en estos tiempos, son quienes subjetivamente se proclaman progresistas y de izquierda (aunque objetivamente no lo sean) los que mayor tendencia al fanatismo ciego y parcial demuestran. Son también los que más han sido permeables al discurso de odio de los profetas políticos mesiánicos y sus palabras que apelan al primitivismo irracional.
  ¿Qué han provocado y siguen provocando nuestros fundamentalismos? Lo vemos a diario, sobre todo en las redes sociales, campo primordial copado por el falso progresismo nacional: divisionismo, imposibilidad para el diálogo, violencia verbal (que en las calles suele traducirse en violencia física, destructiva y delictiva, como vemos principalmente en Guerrero y Oaxaca), anatema del enemigo (entendiendo como enemigo a “todo aquel que no piensa como yo”), rencor enfermizo, ceguera antidemocrática, retroceso ideológico e intelectual (sobre todo intelectual), parálisis de todo avance, nihilismo contra las instituciones (que por muy defectuosas que sean, son la estructura que ha hecho que el país no se haya ido al precipicio) y oligofrenia política. En dos palabras: fanatismo fundamentalista.
  ¿Cómo actuarán estos fundamentalistas nuestros de aquí a las elecciones de julio e inmediatamente después de éstas? Misterio. Se puede esperar cualquier cosa. Ojalá dieran un súbito y sorpresivo giro hacia la civilidad y la razón, pero esos son conceptos contrarios al fundamentalismo. Malheureusement.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 20 de febrero de 2015

The Flying Lizards / Top Ten (1984)

El tercer álbum de esta agrupación es tan bizarro y friqueante como la banda misma. Especializadas en realizar los covers más estrambóticos y desconcertantes, estas Lagartijas Voladoras no tenían piedad a la hora de interpretar temas clásicos del rock y de la música popular –de Hendrix a Bacharach- y los desconstruían de manera fascinante. Un disco dadaísta, inenarrable e híper recomendable.

Mejor tema: “Tutti Frutti”