sábado, 18 de octubre de 2014

Tiempo de canallas

Desnaturalizado sería aquel que no se sintiera indignado, escandalizado, atónito ante los crímenes de la terrible noche de Iguala. Desalmado sería aquel que no deseara que los 43 normalistas desaparecidos regresaran sanos y salvos y que los responsables intelectuales y materiales de los asesinatos de aquel día sean juzgados y castigados.
  Pero desnaturalizado y desalmado, penosamente oportunista, es todo aquel que quiere sacar raja de la tragedia que envuelve a la ciudad de Iguala, al estado de Guerrero y a México entero. Lamentablemente, esos canallas que medran con la desgracia y que entre más mal estén las cosas mejor resulta para sus intereses políticos, ya empiezan a refocilarse y a sacar los colmillos.
  Frente a lo que ha venido ocurriendo desde la noche de Iguala, una pregunta que hay que hacerse, una más junto a todas las que nos hemos hecho ya, es la de a quién le conviene y a quién no este problema. Me parece claro que a quien menos le conviene es al gobierno federal. La imagen que quiere dar, los pasos que desea emprender, los planes que piensa instrumentar se pueden ir a la coladera si el conflicto, lejos de resolverse, se complica y empieza a contaminar a otras zonas del país.
  En cambio, a los interesados en que al gobierno le vaya mal, esta crisis les cae como anillo al dedo y mientras proclaman hipócritamente su dolor ante el infortunio y exigen con estridencia que todo se resuelva, al mismo tiempo complican más la situación con acciones ilegales y violentas que, lejos de ayudar a componerla, la vuelven más difícil. Lanzan el anzuelo para que pique el pez de la represión y haya más víctimas, en un remolino que todo lo arrase y todo lo destruya.
  La carroña llama a los zopilotes, la sangre despierta a los tiburones. Lejos de buscar que las aguas se calmen, la apuesta es por agitarlas, aprovechando el pasmo que aún parece invadir a las autoridades y la buena fe de mucha gente escandalizada por la calamidad.
  Lo que menos les importa es que retornen las personas desaparecidas. Para ellos, mejor aun si no.
  Es tiempo de canallas.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

viernes, 17 de octubre de 2014

The The / Dusk (1993)

Uno de los más ignorados grandes discos de los noventa. Dusk es una obra tan densa como catártica, tan íntima como provocativa. La combinación Matt Johnson-Johnny Marr resulta tremendamente efectiva y brinda una serie de temas maravillosamente desagarrados y conmovedores. Un trabajo excelso.

Mejor tema: “Bluer Than Midnight”

jueves, 16 de octubre de 2014

Así es como regresa el amor

Escribí esta canción el pasado día 5 de octubre. Habla sobre las posibilidades que existen de que un viejo amor renazca de sus cenizas. La grabé en GarageBand en una versión y mi buen cuate Israel Pompa-Alcalá me hizo algunas observaciones, por lo que grabé esta segunda versión, más lenta y con la voz más grave. Es, por supuesto, tan sólo un demo.



Así es como regresa el amor

De repente, al despertar, luego de una ensoñación,
me doy cuenta de algo que estaba justo frente a mí.
¿Cómo es que antes no lo vi?
¿Cómo no lo vislumbré?
Cuando era algo que tenía ante mi nariz.

Hace tanto que pasó la fuerza del vendaval.
Tormentas que hundieron las naves que yo construí.
En el alto cielo azul, el sol ha vuelto a brillar
y una hermosa nave boga en altamar.

Así es como regresa el amor.
Así es como regresa el amor.

Tal parece que aquella no era la hora indicada.
Que aún no estábamos listos para abarcarla.
Hoy hay más sabiduría, hoy la vela está encendida
y no veo que alguien la quiera apagada.

Así es como regresa el amor.
Así es como regresa el amor.

No quiero precipitarme y causar tu confusión.
No quiero caer en fallas de interpretación.
Pero si lo vemos bien, existen varias señales.
Hay tantas cosas en común y tanto que nos atañe.

Así es como regresa el amor.
Así es como regresa el amor.

Octubre 5 de 2014

miércoles, 15 de octubre de 2014

Elogio de la sensatez

Vivimos tiempos de la más absoluta insensatez. Tiempos de mezquindad, de odio y de revanchismo. Tiempos maniqueos, de bandos contrarios, de sectores enemistados. Tiempos de desconfianzas mutuas, de resquemores hacia los otros. Vivimos, desde hace ocho años sobre todo, en un país en donde reinan la bajeza, el fanatismo, la descalificación. Tiempos de miserable insensatez.
  No es un secreto que todo parte de los resultados de las elecciones presidenciales de 2006, en las que Felipe Calderón venció a Andrés Manuel López Obrador en el último momento, por unos cuantos votos, cuando muchos pensaban –y sobre todo el  propio López Obrador– que la victoria sería para el candidato de eso que seguimos llamando la izquierda.
  Incapaz de reconocer la derrota, incapaz de la menor madurez democrática, el tabasqueño se ha dedicado desde entonces a sembrar la división, el rencor, el recelo, la mentira.
  Nada es en nuestro país como lo era antes de ese año axial. La división entre obradoristas y antiobradoristas es clara y la hemos visto cada día, desde hace poco menos de una década; división que se ha hecho más profunda luego de las siguientes elecciones, las de 2012, en las que Andrés Manuel volvió a perder y esta vez con un margen mucho mayor. Sin embargo, de nueva cuenta se negó a reconocer su debacle y culpó a todos de ella, a todos menos a sí mismo.
  En México hay un vacío de sensatez. La ideología radicalizada, de un lado o del otro, hace que el pensamiento sensato brille por su ausencia. Todo se juzga desde conceptos preconcebidos, desde recetas establecidas de antemano, desde prejuicios de una abrumante cortedad de miras. Sobre todo del lado izquierdo del pensamiento político, si es que podemos seguir llamando de izquierda a esa mezcolanza promiscua en la que entran ex priistas frustrados, sindicalistas corrompidos, grupúsculos extremistas, radicales trasnochados, violentos robotizados, lumpenproletarios manipulados y, como cereza en tan indigesto pastel, una prensa resentida que da voz y eco a todo esa sustancia purulenta. De la antigua filosofía marxista ya nada existe. Del viejo ideario comunista, menos. No hay ideas, todo es pragmatismo y, peor todavía, pragmatismo visceral.
  Por eso urge recuperar la sensatez a la hora de pensar, de reflexionar, de analizar, de escribir. No obstante, reencontrar el punto medio es mal visto por la corrección política, ese amasijo inquisitorial que desde una autoasumida pureza todo lo juzga y todo lo condena a partir de parámetros anticipados, previsibles. No hay sensatez en este nuevo Santo Oficio. Los neoinquisidores ya tienen todo prefijado y programado. Ya saben cómo deben responder ante cualquier situación; ya decretaron –o más bien su pastor lo hizo por ellos– quiénes son los buenos y quiénes son los malos, sin matices, sin grises, todo en un sacrosanto blanco y negro que no permite el menor asomo de duda.
  De ahí mi elogio a la más que necesaria sensatez. Urge que retorne el pensamiento sensato, ese que busca la verdad, ese que trata de ver las cosas como son y no como el prejuicio quiere que sean. Resulta apremiante no dejarse llevar por la ideología convertida en dogma religioso, no dejarse arrastrar por lo que grita la masa, esa masa manipulada por líderes que siempre buscarán jalar agua a su molino, sin importarles el daño que puedan causar con tal de salirse con la suya.
  Buscar la sensatez, dar con ella, reivindicarla, aplicarla. Es cosa urgente, aunque se vea aún tan insensatamente lejana.

martes, 14 de octubre de 2014

Loor al Capitán Pijama

Hoy hace justo ocho días, falleció uno de los músicos mexicanos más interesantes, extravagantes, propositivos, inteligentes, anticonvencionales, irónicos y divertidos. También uno de los más subterráneos y, por tanto, de los más desconocidos. O para ser justos: conocido por muy pocos.
  Se llamaba Jesús Bojalil y se hacía llamar Capitán Pijama. Lo que hacía tenía que ver con la electrónica y el rock progresivo (era un apasionado de los sintetizadores) y fue integrante de grupos setenteros y ochenteros como Pijamas A Go-Go y El Escuadrón del Ritmo. Luego abjuró de los proyectos colectivos y se convirtió en solista, labor en la cual tocó no muchas veces en concierto pero grabó muchos discos con títulos tan estrambóticos como En el purgatorio no sirven ravioles, Música para cazar mariposas o En busca del átomo relleno de chocolate.
  Jamás fue invitado a presentarse en el Vive Latino y tampoco solía hacer muchas amistades entre los demás músicos. Era un crítico acérrimo del mainstream mexicano y un tipo con una imaginación desbordada.
  Lo conocí a fines de los noventa, cuando se integró como colaborador a La Mosca en la Pared que yo dirigía e hicimos una amistad que se prolongó hasta el día de su muerte, aunque últimamente más por medio de facebook que de contactos personales.
  Sus secciones en la revista eran un total delirio, con sus fantasías sobre agrupaciones que mezclaban los géneros más disparatados y que él inventaba de una manera tan enloquecida que causaba la risa franca de los lectores.
  Su partida nos tomó desprevenidos, aunque se sabía que estaba enfermo y que tomaba medicamentos fuertes para sobrellevar sus padecimientos. A sus sesenta y tantos años, vivía casi como ermitaño, acompañado de su perrito y sus sintetizadores, mas solventaba su soledad con las muchas amistades que procuraba en las redes sociales.
  Su obra merece ser rescatada y revalorada, pero qué lástima que eso suceda –si es que sucede- cuando él ya no está entre nosotros.
  Un héroe del rock nacional, un verdadero personaje del underground defeño. No permitamos que su música descanse en paz.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Dario)

lunes, 13 de octubre de 2014

Para atrapar al ladrón

Quizá se trate de una cinta menor dentro de la filmografía de Alfred Hitchcock (de hecho, parece haber consenso al respecto entre críticos, reseñistas e historiadores del cine), mas a pesar de ello To Catch a Thief (1955) es una película muy divertida y muy bien construida.
  Filmada a todo color en la Riviera Francesa, cuyos paisajes el realizador se encarga de lucir a plenitud, y con las actuaciones estelares del siempre simpático Cary Grant y de una bellísima y plena de gracia Grace Kelly, Para atrapar al ladrón (como fue conocida en México) es una obra leve, elegante, sofisticada y con ese suave y fino toque de erotismo que tanto le gustaba a Hitchcock. Por supuesto, incluye la súbita aparición momentánea de don Alfred (sentado en un autobús con su cara hierática y severa que mueve a la carcajada) y una serie de situaciones que la hacen un platillo tan ligero como suculento.
  La historia de John Robie, "The Cat", un ladrón rico y retirado al que interpreta el propio Grant y al que quieren inmiscuir en una serie de robos cometidos con su viejo estilo, lo cual lo hace intervenir para anticiparse al ratero y atraparlo, a fin de seguir viviendo en paz, se complica en cuanto conoce a Frances Stevens, una joven y hermosa millonaria norteamericana de la que, como en toda comedia romántica que se respete, terminará rotundamente enamorado, a pesar de malos entendidos y discusiones entre ellos (la escena del sorpresivo beso a la entrada de la habitación de hotel de la muchacha es de antología). Estamos ante un típico filme hollywoodense y como tal debemos verlo, para así dejarnos seducir por el estilo hitchcockiano que, a pesar del poco suspense (aunque juega muy bien con el misterio de la identidad del ladrón que se hace pasar por "The Cat" y resulta inesperado el saber de quién se trata), brilla con luz propia y jamás trata de darnos lecciones de moral, a pesar de que su héroe es un delincuente admirablemente cínico.
  Una película muy recomendable y que se deja ver con mucho agrado.

domingo, 12 de octubre de 2014

El mito de la pijamada americana

Independiente e hiperrealista, The Myth of the American Sleepover de David Robert Mitchell (2010) es un filme que muestra un retrato de la aburrida realidad de un grupo de jóvenes de los suburbios de Detroit, a lo largo de la última noche de verano antes de ingresar a sus nuevas escuelas o a la universidad, noche en la que se revientan, deambulan, conversan, se seducen, sueñan, sufren. Mitchell trata la historia con una mirada neutra y casi documental, lo cual la hace ciertamente muy interesante y aunque tiene influencias de la enorme American Graffiti de George Lucas (1973), el tono es mucho menos humorístico y desatado y mucho más, digamos, naturalista.
  Sin actores conocidos, la película narra varias historias que se entrecruzan de manera constante y entre las que destacan la de las dos chavitas "feas" (o poco agraciadas, aun cuando una de ellas no lo es tanto) que buscan aventura en el faje y el alcohol, la del chavo tímido que se obsesiona con una niña rubia hasta que logra dar con ella y tener la oportunidad de besarla, cosa que de pronto se niega a hacer, o la del dieciochoañero que se reencuentra con unas preciosas hermanas gemelas a quienes conociera años atrás y que  lo ponen en un predicamento sexual.
  No es precisamente una comedia, no en el sentido hollywoodense del término, como lo podrían ser la muy buena Dazed and Confused de Richard Linklater (1993) o la saga boba y escatológica (aunque en momentos divertida) de American Pie.
  Este Mito de la pijamada va más allá y en su lento andar, retrata el vacío y el tedio de los teenagers suburbamos de la clase media estadounidense. Vale la pena.

sábado, 11 de octubre de 2014

Lo que Iguala desiguala

Lo sucedido en Iguala es el horror sin adjetivos. El secuestro y la matanza de casi cinco decenas de estudiantes normalistas, perpetrados al parecer por las órdenes combinadas del alcalde y de un jefe del crimen organizado de la zona, no tienen justificación alguna y deben ser investigados y castigados por el bien no sólo de los directamente afectados, sino de la nación entera. En esto no hay vuelta de hoja y no creo que exista alguien en su sano juicio que se oponga.
  Sin embargo, con la gravedad que conlleva este crimen, no debe conducir a una cacería de brujas sin concierto y sobre todo no puede ser prejuzgado por una opinión pública, desatada en las redes sociales, tan dada como es a condenar sin pruebas y por medio de percepciones y reacciones viscerales.
  Es claro que el caso tiene muchísimos matices y recovecos y que en el mismo está involucrada una enorme maraña de intereses que parecería conducir a la narcopolítica que se ha enseñoreado en diversos puntos del territorio nacional –puntos focalizados y localizados–, aunque no en todo México.
  Me parece muy importante hacer esta distinción, porque no es verdad que la república en su totalidad esté en manos del crimen, como no lo es que exista un plan maquiavélico del gobierno para reprimir al pueblo, etcétera, según se maneja en algunos medios de la “opinotecnocracia” (Ángel Aguirre dixit, aunque seguramente quiso decir opinocracia).
  En este contexto, la agresión contra el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas por un grupúsculo de radicales resulta infame y que haya quienes la justifiquen es más infame aún (he leído cada comentario de una vileza inenarrable).
  Por el bien de México, entonces, y por su propio bien, el gobierno federal está obligado a esclarecer los crímenes de Iguala y no caer esta vez en el conocido “se investigará hasta las últimas consecuencias”, cuyos nulos resultados ya conocemos sobrada e históricamente.
  Sin maniqueísmos, con inteligencia, hay que igualar lo que en Iguala se desigualó. No hacerlo, puede tener consecuencias funestas. Que se conozcan la verdad y el fondo de lo acontecido, por duro que esto sea.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 10 de octubre de 2014

Miriam

Truman Capote se hizo célebre primeramente por sus cuentos, publicados en los años cuarenta en revistas como Elle o Harper's Bazar, cuando tenía veinte o veintiún años de edad. Una de sus narraciones más famosas de aquel tiempo fue "Miriam", un cuentito aterrador y lleno de suspenso, a pesar de que su materia es la presencia de una simple niña. Pero una niña que ejerce el terror sicológico de la manera más cruel e implacable sobre una pobre mujer, la señora Miller, quien vive sola en un apartamento neoyorquino y a la que acosa de manera sádicamente sutil.
  La narración es perfecta y va en un lento crescendo lleno de suspenso que hace que la solitaria mujer se sienta cada vez más desolada e indefensa ante una chiquilla de diez o doce años de aspecto bello e inocente y que invade su espacio físico y mental con cuestiones tan en apariencia inocuas como pedirle que la invite al cine o que le compre unos pastelitos. ¿Es real esa niña? ¿Es parte de la imaginación de la señora? ¿Es un reflejo de sí misma? ¿Es un fantasma?
  Un cuento genial que aparece en el libro de relatos Un árbol de noche (Argos Vergara) y cuya lectura deja una sensación de rica tensión nerviosa.
  Estupendo.

jueves, 9 de octubre de 2014

Otras voces, otros ámbitos

Other Voices, Other Rooms es la primera novela de Truman Capote. La publicó en 1948, cuando sólo tenía veinticuatro años (el escritor nació en Nueva Orleans, en 1924). A pesar de eso, la narración se siente madura, compleja y ambiciosa. En la misma se cuenta la historia de Joel Knox (basado sin duda en el propio Capote), un adolescente de trece años que a fines de los años treinta debe viajar de Nueva Orleans a Alabama, específicamente a un lugar apartado del mundo al que se conoce como el desembarcadero de Scully, a las orillas de Noon City, para conocer a su padre, quien lo abandonara de muy pequeño.
  Se trata se un libro de iniciación y su estilo tiene algo de barroquismo, en ocasiones estupendamente logrado y en otras un tanto confuso, pues de pronto suele abusar de la prosa poética, aunque muchas de sus metáforas están muy bien logradas y logran dotar a la trama de un aura de misterio, irrealidad y ensoñación que va muy bien con el ambiente del sur profundo en el cual se desarrolla (alguien la he descrito como una novela gótico-sureña y me parece una muy acertada definición).
  Otras voces, otros ámbitos termina por ser un trabajo memorable, aunque muy lejos de la extraordinaria A sangre fría que Capote publicaría muchos años después, en 1966, y que yo considero su obra maestra, al menos entre las que he leído (sólo me falta Desayuno en Tiffanys que espero abordar dentro de poco tiempo). Es memorable por su historia, pero sobre todo por sus ambientaciones y sus personajes: desde el primo Randolph, un homosexual frustrado que trata de vivir del recuerdo de las antiguas glorias de la familia, hasta Amy, la delirante mujer de Edward Sansom, el padre de Joel, quien para desgracia de éste yace paralítico y mudo en un camastro, pasando por la sensual y avispada criada negra Zoo y su ancianísimo progenitor, Jesus Fever; las gemelas Florabel y Idabel, más o menos de la misma edad que el protagonista y con quienes hace una peculiar amistad; el enigmático Little Sunshine, quien habita el aún más enigmático y casi sobrenatural Hotel Cloud, un lugar abandonado que alguna vez fue un espacio turístico y ya se encuentra en ruinas, o la insaciable enana miss Wisteria que aparece perturbadora casi al final.
  Narrada con parsimonia y sin prisa alguna, pero sin caer jamás en el tedio, Other Voices, Other Rooms termina por seducir al lector y por envolverlo con su magia un tanto enfermiza. No es la gran novela de Truman Capote, pero sí es una gran novela.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Capitán Pijama

Anoche me enteré de que Jesús Bojalil, mejor conocido como el Capitán Pijama, había fallecido. Sabía que había estado enfermo, aunque no cuál era su enfermedad. De lo que sí me daba cuenta era de que se sentía muy solo y muy aislado, sobre todo a raíz de que debió irse a vivir a una alejada zona de la delegación Xochimilco y de que perdió la visión en un ojo. Últimamente, se había convertido en un activo feisbuquero y sé que sostenía charlas por inbox con muchas personas, en especial con sus amigas virtuales.
  De unos meses para acá habíamos tenido poco contacto, pero seguía colaborando en la revista Mosca, con su delirante sección Ufonías, continuación de otras secciones moscosas similares como su divertidísima Ensalada genealógica. Su último comentario en facebook data del día 4 de este mes, es decir, apenas el sábado pasado. No sé si a partir del domingo se puso mal o qué fue lo que sucedió.
  Supe de la existencia del Capitán Pijama a finales de los años setenta, cuando tenía a su legendario grupo de tecno Pijamas a Go-Go, pero sobre todo porque me gustaba leer la columna que escribía para la sección de cultura y espectáculos del diario unomásuno. Sus textos eran muy divertidos. Lo conocería en persona hasta veinte años después, cuando me buscó para ver si podía colaborar en La Mosca en la Pared, cosa que acepté con mucho gusto. De ahí se inició una estupenda amistad, siempre cordial y afectuosa -yo solía decirle: "¿cómo estás, mi querido Capitán?"-, aunque nos veíamos poco. Solíamos coincidir en la redacción de Editorial Toukán, cuando él iba a recoger su cheque y platicábamos un poco. Una vez fui a su casa, en la delegación Benito Juárez, antes de que se mudara a Xochimilco, y una vez, también, fue a verme tocar con mi banda de blues, Los Pechos Privilegiados, al bar Ruta 61. Esto último debió ser por allá de 2006.
  A principios del nuevo siglo, Pijama trabajaba como editor en una revista "para hombres" y varias veces me comentó que me envidiaba, porque yo podía editar una revista como yo quería, con mis propios criterios, mientras que a él sus jefes le imponían muchas cosas con las que no estaba de acuerdo. Nunca le gustó aquella chambita de la revista erótica, a la cual terminaría por renunciar.
  No sé si él lo sabía -supongo que sí-, pero por azares del destino compartimos el amor por una misma mujer, aunque en tiempos distintos. Recuerdo que en algún viejo correo que me escribió, me contaba acerca de una jovencita que iba a visitarlo y con quien tenía una apasionada relación. Durante un tiempo estuvo muy enamorado de ella y eso lo hizo muy feliz. Pero todo terminó. Años después, yo conocí a una mujer joven de la que también me prendí y por pláticas con ella, supe que conocía a Jesús y descubrí que se trataba de la misma jovencita que años atrás lo había llegado a enloquecer de amor. No sé si él supo de mi relación con ella, pero jamás me tocó el tema y yo tampoco lo hice. Nuestra amistad siguió como siempre.
  Varias veces me mandó sus discos. Llegaba a enviarme hasta tres títulos distintos de golpe, maquilados de manera casi artesanal, lo que que demostraba que era un creador más que prolífico. Era música instrumental, extraña y delirante, con títulos tan enloquecidos como los que solía emplear en sus artículos para la Mosca.
  Nunca supe cuántos años me llevaba, quizás unos cuatro o cinco. Su muerte me tomó por sorpresa y el pasmo no me ha dejado reaccionar. Sirvan estas líneas como humilde remembranza y homenaje a uno de los personajes más originales del rock que se produce en México y a quien jamás se le hizo justicia. Nunca fue incluido en un festival como el Vive Latino, por ejemplo, y sus conciertos siempre los daba en lugares pequeños y poco conocidos. Era un artista subterráneo, en la más estricta acepción del término. Quizá por eso su muerte haya pasado casi inadvertida en los medios.
  Descanse en paz (aunque lo dudo; en donde ahora se encuentre, debe estar haciendo locura y media) el gran Capitán Pijama.

martes, 7 de octubre de 2014

No es lo mismo Ryan que Bryan

Comprensiblemente, abundan quienes suelen confundir a Ryan Adams con Bryan Adams, ya que es sólo una letra lo que hace distintos sus nombres. Sin embargo, en otros aspectos son muchas las diferencias. No sólo porque el primero es estadounidense y el segundo canadiense, no sólo porque el primero nació en 1974 y el segundo en 1959, sino sobre todo porque mientras la propuesta del primero va por el camino de una música profunda y alternativa, la del segundo siempre ha ido por senderos más facilones y comerciales.
  Quiso el destino que ambos confluyeran en estos días con sendos discos y que ello pudiera prestarse a una nueva confusión. Pero no debe haber tal, pues se trata de trabajos cuya única liga evidente es el rock y cuyas cualidades y calidades son bastante disímbolas.
  Ryan Adams (Blue Note), el flamante álbum homónimo del nacido en Carolina del Norte, es una obra espléndida y una muestra más del talento que como autor y cantante tiene el creador de joyas como Heartbreaker (2000) o Love Is Hell (2004). Desgarrado, visceral, hondo y propositivo, el rabioso country rock del joven Adams tiene en este nuevo larga duración una manifestación más madura y más sabia y puede ir de la fuerza guitarrística y vocal de composiciones como “Gimme Something Good” y “Trouble” a la suavidad melancólica y acústica de “My Wrecking Ball” o la ingente hermosura de “Tired of Giving Up” y “Let Go”. Un discazo.
  Tracks of My Years (Verbe), el muy reciente plato del nacido en Ontario, es, por su parte, una simpática colección de canciones que formaron parte de su educación músico-sentimental y que incluye catorce versiones a temas de los Beatles, Creedence Clearwater Revival, The Beach Boys, Bob Dylan, Ray Charles, Smokey Robinson y Chuck Berry, entre otros. Son covers que, sin proponer algo nuevo, se dejan escuchar con agrado y hacen del disco algo accesible y disfrutable. Pero nada que no hayan hecho antes James Taylor o Rod Stewart con mejor fortuna.
  En conclusión, más vale no hacerse bolas: en el caso de los Adams, no es lo mismo Ryan que Bryan.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 6 de octubre de 2014

Un reportaje sobre Tlalpan

Lo transmitió originalmente Canal 11 (u Once TV).




domingo, 5 de octubre de 2014

Les Mistons

Aunque estrictamente no es la primera realización de François Truffaut (antes, en 1955, había filmado el cortito amateur Une visite), Les Mistons sí es su primera película en forma, con un presupuesto, una idea, un guión, un grupo de actores. Filmado en 1957, este cortometraje hizo que el director francés, entonces de veinticinco años, lograra llevar a la práctica todos los conocimientos que había adquirido a lo largo de al menos una década de ser un cinéfilo empedernido que había visto cientos (¿o miles?) de películas y tomado detalladas notas de ellas, además de ser uno de los críticos más agudos y provocativos de la legendaria revista Cahiers du Cinema.
  Con apenas diecisiete minutos de duración en su versión definitiva (originalmente duraba veintiséis), Les Mistons narra una anécdota muy sencilla, basada en un relato de Maurice Pons, en el cual un grupo de chiquillos provincianos (les mistons, es decir, los mocosos) acosa latosamente a una pareja de novios, conformada por los actores Gerard Blain y Bernadette Lafonte (que en la vida real eran marido y mujer), celosos por la presencia del hombre. Se trata de una sucesión de viñetas filmadas en blanco y negro, con un tono amable y divertido. No se hizo en estudio sino en locaciones naturales de Nimes, Francia.
  La importancia de este corto es que ya muestra algunas de las características de lo que será el cine de Truffaut y que se manifestará claramente en su primer largometraje, el espléndido Les Quatre Cents Coups (Los cuatrocientos golpes) de 1959.
  Aquí les dejo Les Mistons, para que la disfruten.

sábado, 4 de octubre de 2014

De secretarios de gobernación y otras rulfianadas

“Vine a Bucareli porque me dijeron que acá despachaba el secretario de Gobernación, un tal… (ponga el lector el nombre que guste de los funcionarios que han ocupado ese cargo de 1868 a 2014)”.
  Valga la referencia rulfiana para decir que en México, hasta antes del año 2000, la figura del secretario de Gobernación era la de un personaje temible que solía infundir terror y a quien asociábamos con palabras como represión, control, censura, cárcel y otras linduras por el estilo. Nombres como los de Ernesto P. Uruchurtu, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, Mario Moya Palencia, Manuel Bartlett Díaz o Fernando Gutiérrez Barrios ponían la carne de gallina y hacían que muchas cosas se dijeran en voz baja o de plano no se dijeran.
  Claro que también habían ocupado ese puesto notables personajes, como Jesús Reyes Heroles o Jorge Carpizo, pero fueron la excepción que confirmaba la escalofriante y funesta regla. Eran las épocas de la llamada dictadura perfecta (Mario Vargas Llosa dixit) y nuestro ministerio del Interior provocaba más miedo que confianza, más resquemores que simpatías.
  La docena tragicómica (es decir, los doce años panistas) quitó la etiqueta de malos (y buena parte de su poderío e influencia) a los encargados de ese despacho y mucho se llegó a especular acerca de si con el regreso del PRI a la presidencia de la república, la figura del secretario de Gobernación recobraría sus antiguos y autoritarios fueros.
  Por suerte, hoy son otros tiempos. El poder que todavía hace tres lustros ejercía el ejecutivo ahora es compartido con el legislativo y ello disminuye las tentaciones dictatoriales. Pero no sólo eso. Como se vio el miércoles pasado, hoy el titular de la Segob sale a la calle a dialogar con un numeroso grupo de descontentos y lo hace con éxito. Al momento de escribir esto, desconozco cómo le fue ayer viernes, pero como sea hay una positiva señal de cambio que todos deberíamos saludar, aunque los agoreros de siempre lo vean con malos ojos.
  Afortunadamente, ya no estamos en épocas de Pedro Páramo y hay posibilidades más civilizadas de apagar el llano en llamas.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 3 de octubre de 2014

Murales en el centro

M me convenció de salir de mi casa e ir con ella a pasear al centro histórico, cosa a la que accedí gustoso. Nos encontramos a mediodía frente a Catedral y de ahí nos fuimos a San Ildefonso, para ver "La creación", el primer mural que pintó Diego Rivera, en 192X, en el anfiteatro Simón Bolivar de lo que entonces era la Escuela Nacional Preparatoria. Es una maravilla ver de cerca esa obra y es una maravilla también el propio anfiteatro. Estuvimos ahí un buen rato y luego fuimos a tomar algo a la cafetería de la librería Porrúa, a media cuadra. El lugar es muy agradable y tiene una vista preciosa del Templo Mayor, el palacio de la Autonomía, la cúpula del ex convento de Santa Teresa la Antigua y un edificio construido por Manuel Tolsá y que alberga las instalaciones de Educal. También se ve parte de la Catedral, un costado del Palacio Nacional y una parte del Zócalo. Hermoso panorama.
  Luego de un delicioso chocolate caliente y un cuernito, pasamos a conocer el edificio y los jardines del Colegio Nacional, sobre Donceles. Al salir, empezó a lloviznar tupido y nos metimos a otro edificio colonial, donde se encuentra el Museo de la Caricatura. Ahí me encontré con el buen caricaturista Román, quien nos consiguió que entráramos gratis y vimos el pequeño pero muy buen muestrario que incluye caricaturas desde la época de la Reforma hasta la actualidad. Fue emocionante ver trabajos de dibujantes que yo casi tenía olvidados, como Guerrero Edwards, Heras y otros.
  Cruzamos la Plaza de la Constitución bajo la leve lluvia y llegamos a la sede de la Suprema Corte de Justicia, sobre Pino Suárez, a un costado de Palacio, para ver los murales de Nishisawa, Cauduro y otros muralistas. Muy impresionantes las pinturas y el inmenso inmueble. Ya por último, comimos en la cantina "Nuevo León", a un lado de la Corte. Muy sabroso y barato.
  Fue un día muy agradable, al lado de mi queridísima M. Tomamos algunas fotos (como la que adorna este texto que tomé desde la SCJ). Ya quedamos de ir a más lugares juntos.
  Regresé aquí como a las siete.

jueves, 2 de octubre de 2014

Para quienes dicen "han habido"

"Cuando el verbo haber se emplea para denotar la mera presencia o existencia de personas o cosas, funciona como impersonal y, por lo tanto, se usa solamente en tercera persona del singular (que en el presente de indicativo adopta la forma especial hay: Hay muchos niños en el parque). En estos casos, el elemento nominal que acompaña al verbo no es el sujeto (los verbos impersonales carecen de sujeto), sino el complemento directo. En consecuencia, es erróneo poner el verbo en plural cuando el elemento nominal se refiere a varias personas o cosas, ya que la concordancia del verbo la determina el sujeto, nunca el complemento directo. Así, oraciones como Habían muchas personas en la sala, Han habido algunas quejas o Hubieron problemas para entrar al concierto son incorrectas; debe decirse Había muchas personas en la sala, Ha habido algunas quejas, Hubo problemas para entrar al concierto".

(Tomado del Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española).

miércoles, 1 de octubre de 2014

El legado de JJ Cale

La reciente aparición del álbum The Breeze (An Appreciation of JJ Cale) (Surfdog Records/Universal, 2014) de Eric Clapton & Friends es uno de los acontecimientos musicales del año. No sólo por la calidad del disco y de quienes participan en él (Clapton reunió a una pléyade de artistas de primerísimo orden que incluye a Mark Knopfler, Tom Petty, Willie Nelson, John Mayer, Don White y Christine Lakeland), sino por lo que JJ Cale significó como músico, como compositor y, muy especialmente, como guitarrista creador de un estilo singularísimo de tocar su instrumento.
  Nacido el 5 de diciembre de 1938 en Oklahoma City y fallecido el 26 de julio de 2013 en San Diego, California,  John Weldon Cale fue uno de los músicos y compositores estadounidenses más finos del siglo pasado. Con el nombre artístico de JJ Cale, logró crear lo que se conoció como el sonido Tulsa, basado en el folk, el country y el blues, pero con un toque personalísimo, lleno de sutileza, en la manera de ejecutar la guitarra. Difícil de definir en palabras, ese sonido resulta sin embargo inconfundible cuando se le escucha y fue una gran influencia en muchísimos guitarristas posteriores, notoriamente en el propio Clapton y, sobre todo, en el líder de los Dire Straits, Mark Knopfler.
  De hecho, como Cale permaneció muchos años en un discreto ostracismo y fue ignorado por lo que se conoce como el mainstream, cuando a finales de los años ochenta surgieron los Dire Straits, muchos nos sorprendimos por la “originalidad” de su música, sin sospechar que en realidad era prácticamente una calca de lo que JJ Cale llevaba haciendo desde principios de esa misma década. No acuso con ello a Knopfler y sus compañeros de plagiarios, pero sí es cierto que no fueron muy expresivos a la hora de revelar cuáles eran sus influencias esenciales y sobre todo la hoy tan evidente influencia principal.
  Habrá que decir, sin embargo, que tampoco JJ Cale se mostró particularmente preocupado por eso y pronto se hizo amigo de sus discípulos. Después de todo, ahí estaba su obra, contenida en una veintena de álbumes sin desperdicio, entre los cuales habría que destacar maravillas como Naturally (su disco debut de 1971),  Troubadour (una joya de 1976), Grasshopper (1982, otra belleza) y sus esplendorosas placas finales: To Tulsa and Back (2004),  The Road to Escondido (2006, al lado de Eric Clapton) y Roll On (su testamento de 2009).
  La discografía como solista del propio Clapton estuvo marcada desde un principio por JJ Cale. Desde su plato debut, el homónimo Eric Clapton de 1970, en el que venía la hoy famosa composición de Cale “After Midnight”, el guitarrista británico inició una relación con su maestro norteamericano, relación que se mantendría hasta la muerte del segundo, el año pasado, y que hoy se muestra con la aparición del ya mencionado The Breeze (An Appreciation of JJ Cale), editado en julio pasado.
  Como señalé al inicio de este artículo, el buen Eric convocó a varios de sus amigos para la grabación del disco y los resultados no pudieron ser mejores. Estamos frente a un más que merecido tributo a la obra de Cale, con una impecable colección de algunas de sus más notables composiciones.
  Clapton no trata de robar cámara y da el suficiente espacio a sus colegas para que cada uno de ellos luzca su voz y/o su guitarra. El ex Cream y ex Derek and the Dominos se reserva tan sólo tres canciones: “Call Me the Breeze”, “Cajun Moon” y “Since You Said Goodbye”, para después dejar que los demás tengan la misma participación. Esto lo vemos (y por supuesto lo escuchamos) en cortes como “Rock and Roll Records”, “I Got the Same Old Blues” y “The Old Man and Me” con Tom Petty; “Someday” y “Train to Nowhere” con Mark Knopfler; “Songbird” y “Starbound” con Willie Nelson; “Lies” y “Don’t Wait” con John Mayer… y así. De resaltar es la presencia de Don White, nativo de Oklahoma como Cale y quien tiene una voz muy similar a la de éste, algo que podemos oír en “Sensitive Kind” o “I’ll Be There (If You Want Me)”.
  Dieciséis son en total los temas que conforman el disco y hay que hacer notar que se evitó caer en el facilismo y el lugar común, al no incluir las más célebres canciones de JJ Cale, es decir, “After Midnight” y, sobre todo, la conocidísima “Cocaine” que Eric Clapton convirtiera en un clásico en su gran álbum Slowhand de 1977.

(Publicado este mes en la revista Nexos No. 442)

martes, 30 de septiembre de 2014

Alt-J y el triángulo perfecto

A fines de 2012, comenté en un artículo publicado en la revista Nexos que, a raíz de la aparición de su disco debut, An Awesome Wave, Alt-J era una propuesta de la cual podíamos esperar mucho en adelante. Dos años han pasado desde entonces y es ahora que este proyecto surgido en Leeds, Inglaterra, reaparece con su segundo álbum, This Is All Yours (Atlantic, 2014), tan sorprendentemente bueno como su antecesor.
  Más allá del culto hipster que algunos le profesan, Alt-J (cuyo nombre se debe a que en algunas computadoras Mac, al apretar las teclas Alt y J, aparece un triángulo equilátero) tiene una propuesta tan ecléctica como inasible. Hay algo de rock alternativo en su música que lo mismo puede remitir a Foals o a Fleet Foxes, pero también hay mucho de electrónica y de coqueteos con el rock progresivo y el post rock, aunque de pronto pueden desconcertar con un inesperado rock-funk, un tema folkie, sonidos a la Peter Gabriel o hasta guiños del mejor pop.
  Formado en 2008 por cuatro estudiantes de Arte de la Universidad de Leeds, el cuarteto se reinventa en este This Is All Yours, mediante la elaborada y cerebral construcción de una catorcena de composiciones (si incluimos al bonus track “Lovely Day”) sin fisuras que van de la polifonía vocal de “Intro” al minimalismo folk de “Arrival in Nara” y los oscuros cantos cuasi góticos de “Nara” y “Leaving Nara”. El misticismo en apariencia solemne se rompe, se rasga, con la vital y súbitamente roquera “Left Hand Free”(que remite a The Beta Band) o la al mismo tiempo progresiva y pastoral “Choice Kingdom”. Hay joyas como “Hunger of the Pine” y “Bloodflood Part II” que recuerdan a These New Puritans, “Warm Foothills” (dulcemente juguetona en el intercambio entre la voz masculina y la femenina), “The Gospel of John Hurt” (inquietante y levemente ominosa) y “Pusher” (austera, triste, pero de enorme belleza acústica).
  Dos discos en dos años. Dos discos que muestran una propuesta a la vez inteligente y sensible. Alt-J tiene mucho que dar y mucho que decir. Esperemos con interés su tercer trabajo.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 29 de septiembre de 2014

La mujer sentada

Sergio Magaña.
Con la reseña de esta narración, inicio la revisión periódica de diversos cuentos, escritos por autores de todas las épocas y todas las latitudes.

Escrito por Sergio Magaña en 1947 y publicado en la espléndida revista El cuento que dirigía Edmundo Valadés, "La mujer sentada" es una narración corta con una fuerza tremebunda y una violencia aterradora. Crítica soterrada a los usos y costumbres de la población rural de mediados del siglo pasado, cuenta la historia de Ana Juárez, una jovencita de dieciséis años a quien su padre prácticamente ha negociado para que se case con el cacique del lugar, un tal Andrés Cuesca.
  Ella ha aceptado a regañadientes y ha dejado que los preparativos de la boda no se detengan, a pesar del asco que le da tener que entregarse y ser la esposa de aquel dueño de vidas y haciendas. En el pueblo todos hablan de la boda de Ana y don Andrés. Sólo que en la víspera de la ceremonia, la casi niña se ve con Marciano Reyes, su novio de la misma edad, y a partir de ese encuentro, la situación cambia y ella se niega a contraer matrimonio, al confesar lo inconfesable. El castigo que recibe por parte de su propio padre y de quien iba a ser su marido quita el aliento por el horror que conlleva y que lógicamente no revelaré, a fin de que busquen y lean el cuento.
  Escrito con un lenguaje casi rulfiano, lleno de austeridad, frases cortas, metáforas exactas y diálogos creíbles y auténticos, "La mujer sentada" es alta literatura y su atmósfera campirana y pueblerina envuelve al lector y lo fascina, a la vez que lo lleva a rebelarse contra el destino de la infortunada muchacha.
  Un cuento ejemplar, en todos los sentidos del término. A pesar del mal sabor que deja su implacable final.

domingo, 28 de septiembre de 2014

42

Buena película del realizador estadounidense Brian Helgeland sobre Jackie Robinson, el primer jugador negro en las ligas mayores. Filmada en 2013, la cinta es muy entretenida y está muy bien producida y si bien no va más allá de otros filmes biográficos, si retrata de manera fiel lo que era el clima de racismo en los Estados Unidos de la postguerra y en el medio del beisbol profesional.
  42 (el título se debe a que ese era el número que portaba Robinson como jugador de los entonces Dodgers de Brooklyn) narra la historia del legendario primera base y gran bateador desde su infancia hasta sus momentos de gloria. El papel del beisbolista corre a cargo de Chadwick Boseman, quien lo hace muy bien, aunque la actuación más memorable es la de Harrison Ford como Branch Rickey, el dueño de los Dodgers, quien contra viento y marea sostuvo a Robinson y desafió a todo el establishment del deporte norteamericano.
  Hay escenas muy buenas, como aquella en la que el manager de los Philis de Filadelfia, un tal Ben Chapman (interpretado estupendamente por Alan Tudyk), muestra toda su estulticia racista al lanzar puyas agresivísimas a Robinson cuando esté se encuentra en su turno al bat, palabras que en esta época de corrección política le habrían acarreado la expulsión inmediata de las ligas mayores, pero que a finales de los años cuarenta del siglo pasado retrataban lo que pensaban muchos whities y por ello gozaba de la más grande impunidad.
  Quizás en manos de un director como Spike Lee, 42 habría sido mucho mejor. Sin embargo, se deja ver y sus resultados son buenos. Bastante recomendable a mi modo de ver.

sábado, 27 de septiembre de 2014

A Tuta máquina

Que anda a salto de mata. Que se oculta en el monte y duerme en escondrijos, temeroso de ser capturado. Que deambula por las noches a lo largo de veredas y caminos de la inhóspita serranía. Que le están pisando los talones y que en cualquier momento lo atrapan. Todo eso se dice y más. No obstante, Servando Gómez Martínez, más conocido por su sobrenombre de La Tuta, se la pasa dando señales en contrario.
  Porque como que no checa eso de que el líder de los Caballeros Templarios esté en franca huida y al mismo tiempo sigan apareciendo esos reveladores y simpáticos videos en los que se le ve muy quitado de la pena, reunido con una serie de personajes de la política, el empresariado y los medios de comunicación del estado de Michoacán, quienes lo miran no como a un criminal o un hombre aterrador, sino como a una especie de padrino benefactor y dador de favores, como máxima autoridad de la región y como un líder político del tipo de aquellos antiguos caciques post revolucionarios al estilo de Saturnino Cedillo o Gonzalo N. Santos, quienes eran dueños de vidas y haciendas, de regiones enteras en donde determinaban todo lo que se movía y lo que no se movía.
  Como personaje literario o cinematográfico, la Tuta da para mucho. Al contrario de otros capos del crimen organizado, estamos ante una personalidad mucho más compleja e interesante que, no sé, el Señor de los Cielos o la Reina del Sur y ellos ya tienen libros y hasta telenovelas sobre su vida.
  ¿Cómo se las ingenió el hombre para reunirse con tantos michoacanos notables (uso la palabra notables con todas las reservas del caso) y grabarlos a todos en video, de tal manera que pudiera tenerlos en un puño? Para un escritor o un guionista, es una pregunta fascinante.
  Claro que lo que sucede con Michoacán y con la Tuta no es un caso de ficción y, en ese sentido, la legalidad está en juego, una legalidad que, sin embargo, en aquella entidad parece, desde hace ya bastante tiempo, asunto relativo y poco tomado en cuenta. Es por eso que allá las cosas van –y quién sabe por cuánto tiempo más– a Tuta máquina.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 26 de septiembre de 2014

Ayelén

Anoche recibí la impactante y terrible noticia de que mi amiga Ayelén Hernández había fallecido de un infarto, a sus tempranos cuarenta y tres años de edad. Tenía ya algunos años de no verla, pero la sorpresa me dejó helado. La conocí a fines de los noventa o principios de este siglo, cuando era la encargada de prensa de Sum Records (aunque tengo la idea de que la había conocido antes, en Warner o en alguna disquera trasnacional, pero no estoy seguro). Muy buena persona, amable y simpática, vino a mi casa más de una vez y bebimos vino en un par de ocasiones. Gracias a ella, le vendimos varios anuncios de la Mosca a Sum, anuncios que nos pagaban con discos.
  De unos años para acá, era la manager de Paté de Fua y en ese tiempo llegamos a platicar dos o tres veces por facebook. No sé si padecía alguna enfermedad o si el ataque al corazón fue algo que ella y sus allegados no esperaban. Muy triste que una mujer tan afable y trabajadora, además de todavía joven, muera de ese modo. Descansa en paz, querida Ayelén.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Chelas personificadas

Ahora que la Coca Cola sacó sus latas de refrescos con nombres de personas (hasta yo tengo la mía), el sentido del humor produce ocurrencias (y fotografías) como esta.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Seminario sobre revistas de rock

Hoy se celebró la cuarta sesión del seminario sobre revistas de rock que organizaron David Cortés y Alejandro González en el Multiforo Alicia. Me tocó participar al lado del propio David (quien estuvo como antiguo editor de la revista Pulse! de Tower Records) y de Benjamín Salcedo (de Rolling Stone México). Yo, claro, iba por parte de La Mosca en la Pared.
  Lleno total y todo muy bien y muy entretenido. Público participativo y en buen plan. Cada uno habló y luego vino la parte de preguntas y respuestas que resultó bastante divertida.
  Cuando llegué, me encontré a Letto en la fila y la metí como mi acompañante. Saludé a varios conocidos y al terminar, como a las diez y media, acompañé a Letto a que tomara el trolebús y luego me regresé en metrobús (que a esas horas pasa casi cada media hora). Fue un retorno muy tardado, pero todo bien a fin de cuentas.