martes, 18 de junio de 2019

Amenaza

Estamos ante un gravísimo peligro: la destrucción del Instituto Nacional Electoral (INE) y el control de las elecciones por parte de la Presidencia y la secretaría de Gobernación. Sí, como hace 30 años, como en los tiempos del PRI como partido único. Sería tirar a la basura los logros democráticos conseguidos de manera lenta y difícil pero ejemplar. Sería volver a las épocas de la Comisión Federal Electoral, esa que en 1988 manejaba Manuel Bartlett y a la que se le cayó el sistema que permitió el fraude electoral de aquel año infausto. Pablo Gómez (nada menos que él) es el principal impulsor de realizar cambios criminales a la Ley Electoral y devolvernos a los tiempos de la dictadura perfecta. López Obrador, por supuesto, sería el principal beneficiario. Es una amenaza tan grave como la que nos tiene al borde de la recesión económica o la que nos tiene prácticamente en manos del crimen organizado. Tenemos que defender al INE.

jueves, 13 de junio de 2019

Un balance del rockcito hace 20 años

"¿Y nuestros gigantes? Los consagrados del rockcito nacional al parecer prefirieron mantenerse bajo el discreto encanto del ostracismo, aunque algunos dieron de qué hablar. Caso de Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, quienes se superaron sorprendentemente. En efecto, después del malísimo Baile de máscaras, parecía imposible que pudieran realizar un peor álbum. Y sin embargo lo consiguieron con Mostros, un trabajo en verdad patético de estos autonombrados 'rescatadores de la cultura popular'. Saúl Hernández, por su parte, en lugar de retirarse a gozar de sus rentas, insiste en ser el Cid Campeador del rock hecho en México y con la enésima formación de Jaguares, cabalga sin vida (y sin voz) ante la adoración fanática de sus fieles feligreses, quienes aún creen que existe. Por último, Santa Sabina se perdió en su afán por servir a La Causa, haciendo a un lado lo mejor que tenía: la electricidad de su música".

Fragmento de un balance sobre la música en 1998 que escribí para el diario Excelsior en enero de 1999.

miércoles, 12 de junio de 2019

Sobre la sorpresiva muerte de Mayra Inzunza

Con profunda tristeza me entero de la muerte de mi querida amiga Mayra Inzunza, quien fuera colaboradora de La Mosca en la Pared y con quien llegué a colaborar cuando ella dirigía la revista Complot. Mayra apenas tenía 43 años (hubiera cumplido 44 en septiembre) y aunque hacía mucho tiempo que no sabía de ella, la noticia me estremeció y me dejó helado. Sobrina de don Raúl Prieto Río de la Loza, el gran Nikito Nipongo, a quien también tuve el privilegio de conocer, era una talentosa escritora, editora y crítica de literatura. En 1998, me hizo el favor de escribir una reseña de mi novela Matar por Ángela que se publicó en "El ángel" del periódico Reforma. Descanse en paz esta tan bella persona. Vaya un fuerte y sentido abrazo para toda su familia.
  He aquí su texto sobre mi libro.

Humberto Gazca es un crítico de rock tan profundo que malsanamente enamorado de su fotógrafa, ninfa finisecular lo suficientemente homófila o de plano homólatra como para aceptar los favores de cualquiera, hállese en apuros o no. Angela iría en pos de todos menos del periodista, quien un mal día, luego de haber depositado sana y salva a su amada en casa la noche anterior, dejándola con otro, Gazca será devuelto súbitamente a la realidad con timbrazos del teléfono que le anuncian la bancarrota de cierta revista para la que colabora y entonces el igualmente escritor de historietas decide hacer frente a su mala suerte encargándose de su destino arma en mano.
  Otelo a la mexicana dispuesto a acabar con cada uno que se cruce en su camino hacia Angela, su historia misma da nombre a la novela que la narra. Matar por Ángela, de Hugo García Michel, es una travesía fáustica cuyo terrenal protagonista deberá atravesar un infierno que el autor describe con lo cálido y húmedo del humor: Gazca parece haber sorteado las peores aventuras sólo para recobrar la experiencia verbalmente pues la amada, simbólicamente llamada Ángela, se le revela intangible, un ángel y no precisamente altruista, no al menos hacia él. Y eso que el diablo en persona se le aparece a Gazca, quien no sabrá si la muerte de sus rivales será una suerte de designio divino o bien mera coincidencia.
  Antihéroe con pretensiones heroicas, discípulo muy menor del diablo que ni siquiera logra acabar personalmente con sus rivales pues, cuando no llega tarde a la cita con su destino, el destino mismo parecería serle arrebatado. Hasta que, con ese buen final que denota una construcción bien planeada, la picada que ya se olfateaba irrefrenable logra sorprendernos.
  Leer Matar por Angela podría recordarnos lo tortuoso de Juvenal Acosta, el carácter reflexivo de Ríos Gascón, el tono desenfadado que Jordi Soler explota, la ocurrente comicidad vista en Las vocales malditas y hasta visos de la imaginación desbordante con que Sheridan escribió El dedo de oro. Todos estos autores poseen en común cierto afán lúdico y García Michel también gusta de jugar, a su particular modo. Este libro se encuentra estructurado en capítulos a la usanza antigua, que anuncian lo que contarán en subtitulares larguísimos. Se halla también presente una mezcla de voces del relato pues alternan las tres primeras personas del singular, y ha sido escrito con un lenguaje que va de los cultismos en desuso al coloquialismo estilo José Agustín, cuya abundancia, aunada al descripcionismo con que García Michel dibuja esos cuadros de costumbres defeños, hacen de Matar por Angela una obrita colorida, popular en el sentido pintoresco de Ensalada de pollos. Véanse también las alusiones a Sergio Monsalvo, Víctor Roura, un Monsiváis espurio, la fugaz aparición de un posible Trolebús. Se enarbolan jeremías sobre la oquedad de nuestra producción musical nacional y se lanzan diatribas a los periodistas del mismo género, en una deliciosa evocación de su fanfarronería que aplaudimos a García Michel, pues consigue no justificarla mediante argumentos de peso como sería lo miserable de los sueldos que la mayoría de dichos reporteros perciben. Postura cuestionadora, desconfiada ante todo, cínica, lo paradójico de esta historia, protagonizada por un crítico de rock que intuimos posible alter ego de su autor, reside en que lo más disfrutable sea su ritmo narrativo: veloz o en ralenti, pero siempre en armonía con la anécdota contada.
 Aunque tal vez no exista paradoja alguna y se trate de la sempiterna presencia del ruido, una suerte de poética de los sonidos que incesantemente nos hallamos obligados a oír en esta ciudad de gritos que tanto se asemejan al silencio, en el sentido de que poco nos permite poseer una voz personal, ya no digamos escuchar otros pensamientos, aquellos que se dicen propios.

Hugo García Michel. Matar por Angela, Sansores y Aljure. México, 1997. 247 pp.

Por Mayra Inzunza
"El ángel" de Reforma
(06 Septiembre 1998)

lunes, 10 de junio de 2019

Series

Recomiendo dos series estupendas de HBO: Chernobyl (impresionante miniserie de cinco capítulos que pone a pensar con terror en qué pasaría si el gobierno actual decidiera recortar los gastos de seguridad de la planta nuclear de Laguna Verde; espero no estar dándole ideas a ya saben quién) y Barry, una comedia negra sensacional sobre un implacable asesino a sueldo (un tremendo Bill Hader, quien estuviera en Saturday Night Live) que descubre su vocación para la actuación teatral.
   De Amazon Prime les recomiendo la muy divertida y delirante serie inglesa de reciente estreno Good Omens, sobre la llegada del Anticristo pero en tono de comedia absurda (además de que acaban de estrenar la segunda temporada de la espléndidamente guarra y también británica Fleabag).
   Para no dejar, dos series buenísimas de Netflix: la entrañable El método Kominsky, producida nada menos que por Chuck Lorre, con los maravillosos Michael Douglas y Alan Arkin, y Dead to Me, más que buen melodrama negro con toques de comedia protagonizado por Christina Applegate.
   Ah, y de paso, también en Netflix, la serie española Vivir sin permiso, sobre un jefe de la mafia de Galicia que enferma de Alzheimer. Realmente buena.
   Conste que les avisé.

jueves, 6 de junio de 2019

El verdadero médico brujo

Me entero con tristeza de la muerte, el día de hoy, del gran Malcom John Rebennack Jr, mejor conocido como Dr. John. Descanse en paz este gran representante de la música de Nueva Orleans. Hace siete años escribí este artículo sobre él para la Revista Nexos. Lo republico aquí in memoriam.


“When the levee breaks / I’ll have no place to stay” (Cuando el dique se rompa, no tendré lugar para quedarme). La letra del antiguo blues compuesto en 1929 por Kansas Joe McCoy y Memphis Minnie se refiere a la gran inundación de 1927 en el delta del río Mississippi, pero sus ecos volvieron a sonar atronadores cuando, en 2005, los diques de la ciudad de Nueva Orleans no soportaron la embestida del huracán Katrina y la apacible metrópoli del jazz, el blues, el zydeco y el cajún; la afrancesada y legendaria urbe del vudú, los caimanes y la comida criolla; la cuna de enormes músicos como Sidney Bechet, Jelly Roll Morton, King Oliver, Louis Armstrong, Professor Longhair, Earl Hines, Lester Young, Champion Jack Dupree, Lonnie Johnson, Fats Domino, Little Richard, The Neville Brothers, Allen Toussaint y Wynton Marsalis, entre muchos otros, se vio devastada por la furia de aquel salvaje fenómeno de la naturaleza.
   Hasta ese momento, Nueva Orleans permanecía sumida en una especie de largo letargo y pocos pensaban en ella. Sin embargo, a partir de Katrina todo cambió y la ciudad conocida como The Big Easy, la gran facilona, se convirtió en zona de desastre.
   Mucho tiene que ver Katrina en el nuevo y excelente disco de Dr. John, uno de los músicos más identificados con la mayor localidad del estado de Louisiana. Malcolm John Michael Creaux “Mac” Rebennack Jr. nació en Nueva Orleans en 1940 y fue ahí donde tuvo sus inicios musicales. No obstante, su consolidación se dio en Los Ángeles, a donde emigró en 1963 para trabajar como músico de sesión, hasta que en 1968 se convirtió en solista bajo el nombre y la personalidad de Dr. John. Fue en dicha ciudad californiana donde nació este extraño personaje que pronto se convertiría en mito y cuya música, basada en su extraordinaria calidad como pianista, de inmediato se asoció sin embargo con el ambiente, las leyendas y los misterios de Nueva Orleans.
   Con su primer álbum, el hoy clásico Gris-Gris de 1968, Rebennack dio nacimiento al llamado swamp rock. Este rock pantanoso, en el que se mezclaban el rhythm and blues y el soul con el misticismo vudú, fue asociado de inmediato con la región neoorleanesa, gracias a temas como “Mama Roux” o “Gris-Gris Gumbo Ya Ya”, en los que ya estaba presente el inconfundible estilo de este músico y esa voz tan suya, con un timbre chillón y agudo, muy semejante por cierto al de su contemporáneo Leon Russell.
   44 años más tarde y casi 30 discos después, Dr. John sigue en plenitud de forma y presenta, en este 2012, su primer trabajo discográfico para la prestigiada disquera Nonesuch, y uno de los más brillantes de su carrera: el fabuloso Locked Down.
   Ya en 2010, el buen doctor, conocido también como “The Nite Tripper” (el viajero nocturno), nos había deleitado con el magnífico Tribal, pero con Locked Down ha ido más allá, gracias a la colaboración, como productor, compositor y músico, nada menos que de Dan Auerbach, el líder y cerebro de The Black Keys.
   Cuando Auerbach y Rebennack se conocieron, apenas el año pasado, el guitarrista de 33 años le dijo al pianista de 71 que quería producirle un disco. Así de fácil se lo propuso y así de fácil el viejo lobo de mar le dio el sí. Auerbach le presentó varias propuestas de canciones a las que Rebennack les adaptó las letras y con un grupo de jóvenes músicos se encerraron durante algunas semanas en el estudio de grabación del primero, en Nashville. El resultado fue esa colección de diez temas que constituye Locked Down.
   El flamante plato puede relacionarse con álbumes como el Time Out of Mind (1997) de Bob Dylan o el Bad as Me (2011) de Tom Waits, ya que, al igual que éstos, constituye al mismo tiempo una vuelta de tuerca y la creación de una obra única, notable, llena de magia y fascinación.
   Locked Down mezcla al swamp blues, el voodoo funk, el rock primigenio, el gospel y el afrobeat con la calidad de producción en estudio que se logra hoy día y obtiene un sonido al que podríamos llamar retro-moderno. El resultado es impecable pero en absoluto pasteurizado. Por el contrario, ahí está ese canto grasoso, espeso, rasposo, sensual que caracteriza a la música de Dr. John y eso resalta en todos y cada uno de los cortes que conforman al disco.
   Feliz combinación la de Rebennack y Auerbach para una obra mayúscula… y entrañable.

miércoles, 5 de junio de 2019

Cámara húngara: El presidente teflón

Tenemos un presidente teflón, al que nada se le pega y todo se le resbala. Desde que tomó posesión en 2018 (no el 1 de diciembre sino el 1 de julio), Andrés Manuel López Obrador ha sido un ave de tempestades que, entre prisas, caprichos y ocurrencias, ha puesto al país bocarriba y bocabajo, como quien cocina (ya que hablamos de sartenes) una quesadilla sin queso. 

  Larga, larguísima, es ya la lista de absurdos y desatinos que día con día, con una regularidad cotidiana asombrosa, nos ha recetado eso que se ha dado en llamar la cuarta transformación. El famoso “cambio de régimen” no ha sido hasta ahora sino un festival de la farsa y el delirio que resultaría jocosamente cómico si no fuese tan trágico.
Desde la inicial cancelación del aeropuerto de Texcoco hasta el reciente “piensa, gracias” de Notimex, la relación de acciones oligofrénicas llena ya varias páginas y cada mañana amanecemos con la expectativa de saber con qué nuevo disparate nos va a salir el gobierno. 

  Y sin embargo…

  Desgracias van y desgracias vienen y nuestro primer mandatario sigue tan campante, como si nada malo sucediera, como si el país avanzara boyante hacia la justicia, la democracia, la igualdad, la libertad y el progreso. Nada se le pega al señor López. Todo se le resbala al presidente teflón.

  En sus insufribles y faranduleras conferencias mañaneras, el tabasqueño sigue presentándonos a un México de bronce que impertérrito camina arriba y adelante. La menor crítica, el mínimo cuestionamiento, son bateados de hit o desviados con un lenguaje cantinflesco que convierte a dichas mañaneras en un espectáculo carpero que incluye a una claque de inenarrables “periodistas” paleros que se agandallan la primera fila y son prácticamente los únicos que pueden “preguntar”.

  Así las cosas.
  
Oficialmente, el nuevo gobierno acaba de cumplir seis meses (aunque parezcan seis siglos) y el panorama luce más desolador que el que pronosticaban los más pesimistas augurios. La pérdida de popularidad del presidente es constante y creciente. Lo dicen las encuestas, lo dicen las redes sociales, lo dice el índice de confianza del consumidor que lleva dos meses a la baja. Y cómo no, si las perspectivas económicas son terroríficas y por ninguna parte se ve la intención de rectificar o dar marcha atrás a los errores y a las malas determinaciones (justo hoy, miércoles 5 de junio que escribo estas líneas, Fitch bajó la calificación de México y Moodys la pasó a perspectiva negativa).   ¿Admitirán ahora que lo están haciendo mal? ¿Nada hay que corregir?

  Pero la “narrativa” (ese terminajo que usan los comentaristas en los medios) del obradorismo y de sus huestes es teflonera y lo niega todo. Dentro de su discurso, el país va a toda madre y quienes no lo vemos así somos perversos, conservadores, enemigos del pueblo bueno, antimexicanos que sólo deseamos el fracaso de la 4T y, con ello, el fracaso de México. 

  En una palabra: nos falla el teflón.

domingo, 2 de junio de 2019

Buenas intenciones

Estoy pensando fundar una ONG en apoyo a los migrantes, lo cual me permitirá realizar una labor importante para crear conciencia de qué buena persona soy.

jueves, 30 de mayo de 2019

Reversa total

La verdadera cuarta transformación lo estaba siendo nuestro lento y errático ingreso a la democracia; lo de este gobierno es un retroceso vil a los peores tiempos del PRI.

domingo, 26 de mayo de 2019

Esto lo dijo hoy el presidente (aunque usted no lo crea)

"México se fundó hace más de 10 mil años. Con todo respeto, todavía pastaban los búfalos en lo que hoy es Nueva York y ya en México había universidades y había imprenta".

sábado, 25 de mayo de 2019

Cámara húngara: México en el tobogán (Helter Skelter)


Nos prometió un cambio y lo está cumpliendo. Un cambio sin rumbo cierto, vertiginoso, desbocado, desenfrenado, delirante y de bajada, siempre de bajada, como un tobogán interminable. Pero un cambio al fin y al cabo.
   Desde que tomó el poder extraoficialmente, el 1 de julio de 2018, el presidente López Obrador no ha parado en su afán hiperquinético que tiene al país metido en una especie de máquina revolvedora que gira y gira sin cesar, sin que nadie, ni los propios partidarios del tabasqueño, sepan bien a bien o mal a mal cuándo se detendrá y qué será lo que finalmente salga de ahí.
   Los indicios, sin embargo, no son en absoluto prometedores y mucho menos esperanzadores. Todo lo contrario. Ha dicho don López, en repetidas ocasiones, que todos debemos entender una cosa: que el suyo no es un cambio de gobierno sino un cambio de régimen. Lo que no ha dicho es qué clase de régimen tendremos, porque mientras afirma que él es demócrata, institucional, legalista, conciliador y defensor de los derechos de los ciudadanos, incluido el derecho a la libertad de expresión, en los hechos lleva casi once meses (cinco como presidente electo y seis más como presidente constitucional) demostrando exactamente lo contrario. La suya está siendo una presidencia autoritaria, centralizadora e intolerante que día con día divide a los mexicanos, se salta las leyes con memorandos y adjudicaciones directas, amenaza a los que disienten y, lo peor de todo, despoja de recursos a decenas de miles de personas que lo apoyaron, con tal de llevar a cabo proyectos delirantes y económicamente inviables. Como una especie de Robin Hood o Chucho el Roto al revés, quita dinero a la educación, la salud, el ambiente, la ciencia, la cultura y otros sectores fundamentales, para comprar clientelas por medio de pequeñas dádivas y para financiar locuras tan estrambóticas e irracionales como la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya… o Probeis, su instituto beisbolero, al que dotó con un presupuesto de 350 milloncitos de pesos anuales contantes y sonantes, Una shulada.
   Con la ayuda de la Secretaría de Hacienda y, muy especialmente de su implacable oficiala mayor, un personaje escalofriante de nombre Raquel Buenrostro (al parecer el cerebro –es un decir– detrás de la actual parálisis económica), el primer mandatario hace y deshace a su antojo, apoyado en la legitimidad que aún le dan los 30 millones de votos con los que ganó las pasadas elecciones, aunque la decepción y el enojo crecen de manera exponencial entre la gente de a pie, algo que la soberbia de los miopes personeros de la llamada Cuarta Transformación se niega a aceptar y que amenaza con echar por la borda, a mediano plazo, sus planes de permanecer en el poder durante varias décadas.
   La gran duda es si aguantará el país la hecatombe a la que, según todo indica, nos conducen las decisiones del hombre que hoy manda y lo dicta todo (y cuando digo todo, es todo, incluidas las autorizaciones para los viajes de los funcionarios de su gobierno, como lo acaba de experimentar en carne propia la directora de Imcine, María Novaro, quien fue regresada del festival de Cannes porque al jefe máximo le pareció que su estancia allá era un gasto suntuario). ¿Cuál será la respuesta de la gente cuando empiecen a morir los enfermos de cáncer o de VIH por el recorte a los medicamentos? Sobre todo cuando se sabe que sí existen los recursos para comprarlos y distribuirlos, aunque la très sympathique et charismatique oficial Buenrostro se niega a soltar los dineros por quién sabe qué razones esotéricas?
   Muchas personas han empezado a encarar al presidente en los aeropuertos o en los mítines, para reclamarle sus decisiones, y la respuesta de éste ha sido a veces titubeante, a veces evasiva y a veces iracunda. En lugar de diálogo, ofrece chistes o descalificaciones. Sus conferencias mañaneras están cada vez más desprestigiadas y el uso de falsos periodistas paleros (a quienes se ha apoyado ostensiblemente, incluso llevándolos a viajar al lado del presidente o de algunos secretarios de Estado, como el de Turismo, quien recientemente se los llevó a Acapulco) es tan evidente que negarlo cae en el terreno del cinismo. Un cinismo bastante ridículo, pero cinismo al fin y al cabo.
México va en caída libre por el tobogán de la 4T. El presidente lo niega y dice que son calumnias de los conservadores, de los fifís, del “hampa del periodismo”. Negar lo que resulta tan evidente y rehusarse a rectificar tantas malas determinaciones es la mejor receta para empeorar las cosas y precipitar al país en el vacío.
   Helter skelter!, gritarían los Beatles.

viernes, 24 de mayo de 2019

Concha Michel

El famoso doodle de Google rinde homenaje el día de hoy a Concha Michel, cantante vernácula, militante del Partido Comunista mexicano, feminista, compositora, dramaturga, ensayista y aventurera, nacida justo hace 125 años en Villa de la Purificación, muy cerca de Autlán, en Jalisco, donde en 1922 nacería mi madre, Rebeca Michel Ruelas. Y pues sí, Concha era tía de mi mamá, a quien le llevaba 27 años. En mi novela Emiliano (2017) escribí una escena en la que aparece Concha, cantando un corrido a Emiliano Zapata, en una fiesta en honor a Diego Rivera. Nomás les quería contar.

Tomado del Milenio de hoy:

Google realizó un homenaje con un doodle animado a Concha Michel, una música, folclorista y activista mexicana que este 24 de mayo cumpliría 120 años.
  En su página principal, Google muestra la imagen de parejas bailando, así como personas realizando manifestaciones y una más en el centro que toca la guitarra.
  De acuerdo con la compañía, Concha Michel cantó duetos con Frida Kahlo, interpretaba para John D. Rockefeller, modelaba para Diego Rivera y viajó por el mundo apoyada sólo por su voz y su guitarra.
  Este doodle creado por la artista, Emilia Schettino, celebra la vida de la mexicana que naciera el 24 de mayo de 1899 y quien se enamoró de la música a muy temprana edad, por lo que aprendió a cantar y tocar la guitarra en un convento católico fundado por su abuelo.
  Su rebeldía e inquietud llevaron a la mujer a liderar y organizar una fuga de novicias, rompió con el molde de las mujeres jóvenes del México de ese tiempo, a quienes se les exigía pureza, pudor, recato y honestidad.
  Michel fue conocida por su vestimenta indígena, llevaba vestidos bordados con pelo trenzado al estilo de las mujeres tehuanas de México. Viajó por todo el país, aprendiendo canciones tradicionales y cantando sus propios corridos o baladas revolucionarias, convirtiéndose en una de las pocas mujeres que cantaban esta forma en ese momento.
  Durante la década de 1930, viajó a los Estados Unidos donde actuó en el Museo de Arte Moderno y en la gran casa de Rockefeller. Las ganancias de sus actuaciones pagaron viajes a Europa y la Unión Soviética, donde conoció a pensadoras feministas como Clara Zetkin y Alexandra Kollontai.
  En 1950, estableció el Instituto de Folklore en Morelia, Michoacán, como parte de un esfuerzo de por vida para preservar la cultura indígena de México. Como lo puso en su autobiografía, “el mundo era mi universidad; mi graduación voluntaria, mi experiencia fue directa, confirmada por la vida".
  Concepción Michel murió el 27 de diciembre de 1990 en Morelia, Michoacán.

martes, 21 de mayo de 2019

Cámara húngara: Juego de gansos

Jon Snow: El mundo que necesitamos es un mundo de misericordia.
Daenerys: Y lo será.
Jon Snow: No, no es sencillo ver algo que no ha existido.
Daenerys: Será un mundo bueno.
Jon Snow: ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que será bueno?
Daenerys: Porque yo sé lo que es bueno.
De Game of Thrones, capítulo 06, Temporada 8, HBO.

Los dos últimos capítulos de la extraordinaria serie Juego de Tronos (GOT, por sus iniciales en inglés) me hicieron imposible no pensar en la actual realidad política mexicana. Las similitudes entre lo ahí ocurrido y lo que ocurre hoy en nuestro país resultan asombrosas. El ansia de poder absoluto de la reina Daenerys Targaryen; su empecinado empeño por hacerse del trono de los siete reinos; su idea de que ella es la dueña de la verdad y la única que sabe lo que conviene a sus súbditos; su manera de no escuchar a quienes la aconsejan y de dejarse llevar por sus impulsos, sus caprichos y sus ideas cerradas; la forma aplastante de lograr su obsesiva meta; el sentirse ungida para ser la única guía de su pueblo; su convencimiento de que está cumpliendo con un destino histórico que traerá la felicidad a los suyos; su odio mortal contra quienes se oponen a ella y su obsesión por destruir a esa especie de mafia en el poder a la que llama La Rueda; su triunfalista y cuasi populista discurso ante los suyos, luego de conseguir la victoria, literalmente, a sangre y fuego, y la respuesta unánime de éstos, vitoreando con fanatismo cada una de sus promesas; hasta el cabello blanco de esta empoderada y arrogante Madre de los dragones… Muchas, quizá demasiadas similitudes.
   A pesar de todo lo que se ha criticado a los guionistas de la última temporada de Juego de tronos, por sus varias incongruencias y por el modo como resolvieron la suerte de los distintos personajes de la serie, hay en esos seis postreros capítulos, especialmente en los dos finales, varias lecciones de política que deberían hacernos reflexionar (revísense los diálogos de dos escenas por demás significativas del sexto capítulo: la de Tyrion Lannister y Jon Snow en el calabozo donde Daenerys ha recluido al primero, acusado de alta traición, y la del propio Jon Snow con Daenerys a un lado del trono de hierro, una parte de cuya conversación cito al principio de esta columna y que culmina con la pregunta del hijo bastardo de Ned Stark: “¿Y todos los que no saben que esto es bueno?”, a lo que la reina khaleesi, convencida de que sólo ella y nadie más que ella tiene la razón, responde: “No tienen opción”.
   El final de Game of Thrones muestra cómo la soberbia exaltada y el envanecimiento intolerante e intransigente pueden cegar a una líder de multitudes hasta el punto de transformarla en una peligrosa amenaza, incluso para quienes creían sinceramente en ella, y que cuando las cosas son de esa manera, necesaria y fatalmente tienden a terminar muy mal. Así lo dice no sólo la literatura realista o fantástica, sino también la larga historia de la humanidad.
   “No hay techo para ella, lo quiere todo”, advirtió Tyrion a un confundido Jon Snow.
   Así el juego de tronos, así el juego de gansos.

domingo, 19 de mayo de 2019

De gansos, maromas y chamucos

Aunque me incliné por ver el partido León-América (el León ya es finalista y va contra Tigres), de pronto me estuve asomando al Canal 22 (para ver de qué se trataba Me canso ganso y de paso ver los primeros cinco minutos del programa El chamuco que ya pasa en el 22 y en TV UNAM) y a las diez al Canal 11, en el que se estrenó una cosa llamada La maroma estelar, conducida (es un decir) por Hernán Gómez. Mi conclusión es que ser zalamero hasta la ignominia, incluido el escribir canciones de amor para AMLO, sí reditúa y que el dinero de los impuestos sirve para que los más lambiscones del régimen reciban presupuesto y seguramente buenos sueldos para ser las nuevas estrellas de la 4T en los medios públicos (¿por qué no lo intentan en los medios privados y pelean por el rating? No, perdón, esa es una idea fifí: mejor la seguridad que les da papá gobierno siempre y cuando lo sigan alabando). Ahora, por ejemplo, John Ackerman tiene programas en TV UNAM y en Once TV, seguro con muy buena paga en ambos, y Gibrancito va que vuela para ser el nuevo Carlos Monsiváis, en el sentido de que es el ajonjolí de todos los moles con sus siempre confusas, somníferas e insoportables opiniones (Gibrán fue anunciado hoy por Facundo 2 como colaborador fijo en La maroma estelar). No duden que pronto se incorporen a las tres televisoras entes más delirantes aún, como Lord molécula, La atleta keniana, El ranchero caliente y el Chapucero. Pobre país.

martes, 14 de mayo de 2019

IDEPURO

Cuando escuché que en su mañanera de hoy AMLO anunció la creación del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado (¿IDEPURO?) pensé que era una nota falsa, un chistorete más de los que acostumbra. Pero no: lo declaró en serio. Ojalá incluya la devolución por parte de los gringos de la mitad del territorio mexicano que se robaron, con todo y Hollywood (en la foto, la reacción de la tía Roberta al enterarse de tamaña ideota).

lunes, 13 de mayo de 2019

SD y DPR

A Cayo Julio César le gustaba ser llamado Supremo Pontífice y Dictador del Pueblo Romano. Se podría adaptar el nombre e incluirlo en un nuevo artículo de la Constitución. Seguro Mario Delgado, Martí Batres y Ricardo Monreal gustosos se encargarían de lograr los votos necesarios para su aprobación en las Cámaras. ¿Cómo ven? ¿Lanzamos la propuesta?

sábado, 11 de mayo de 2019

Cámara húngara: Morena y la casita de los horrores

Toda casa tiene una o más plantas. La lúgubre casona de Morena posee dos: la planta baja y la planta alta, pero también hay en ella un sótano bastante descuidado que despide los más fétidos hedores.
En cada una de dichas plantas, como en dantescos círculos del infierno, habitan diferentes personajes, una colección de seres que parecen arrancados del teatro del absurdo de Ionesco y del teatro esperpéntico de Valle-Inclán.
   Así, grotescos esperpentos, extravagantes adefesios y ridículas estantiguas constituyen buena parte de la insólita y chocarrera galería de entes que conforman la fiel e incondicional (cuando menos hasta el momento) corte de los milagros que rodea al presidente Andrés Manuel López Obrador. Veamos a algunos de quienes viven en cada uno de los niveles de tan peculiar y contrahecha edificación.
   1. Empecemos por la planta alta. Ahí se encuentran los privilegiados e influyentes del régimen, personajes cercanos al líder que ocupan diversas posiciones dentro de la nomenklatura morenaica. Entre ellos hay nombres tan discutiblemente conspicuos como los de Yeidckol Polevnsky, Martí Batres, Gerardo Fernández Noroña, Epigmenio Ibarra, Jesús Ramírez, Jenaro Villamil, Rafael Barajas, Sanjuana Martínez, Tatiana Clouthier, John Ackerman, Irma Eréndira Sandoval, Paco Ignacio Taibo II, Manuel Bartlett, Octavio Romero, José María Riobóo, Javier Jiménez Espriu, Rocío Nahle, María Elena Álvarez-Buylla, Layda Sansores, Dolores Padierna, René Bejarano, Mario Delgado, Armando Guadiana, Napoleón Gómez Urrutia y, last but not least, Elba Esther Gordillo. Como diría el filósofo Pompín Iglesias en uno de sus más paradigmáticos apotegmas: “¡Qué bonita familia!”.
   2. En la planta baja se encuentra gente de menor importancia, de reducida cuantía, pero que realiza una labor empeñosa a pesar de su proverbial medianía y su estridente grisura. Se trata sobre todo de jóvenes que, de no haber ganado su jefe las pasadas elecciones de julio, ni en sus sueños más húmedos habrían alcanzado el grado de exposición mediática del que hoy gozan sin más merecimiento que su abierta y desatada lambisconería. Son como voceritos lacayunos que tratan de explicar y justificar los yerros que un día sí y otro también comete Su Alteza Serenísima. ¿O es que alguien con dos dedos de frente cree que si AMLO no hubiera arribado a la presidencia, individuos tan opacos y fanatizados como Gibrán Ramírez, Hernán Gómez, Antonio Attolini, Abraham Mendieta o los increíblemente anodinos muchachos y muchachas defensores de la 4T que aparecen en programas como Punto y contrapunto, de Foro TV, tendrían la efímera y relativa fama de que gozan hoy día? Son una obvia imposición oficialista.
   3. Finalmente, en los sótanos llenos de penumbra y sordidez se hallan unas criaturas viscosas cuya simple existencia se asemeja a una pésima broma y que han ido surgiendo al calor de la mediocridad informativa que fomenta la posverdad obradorista. Me refiero a ese inenarrable muestrario entomológico que conforman los llamados “youtubers de izquierda”, quienes de izquierdistas tienen lo que Donald Trump posee de amor por los inmigrantes mexicanos. Sujetos inenarrables a los cuales periodistas como Julio Hernández (alias “Julio Astillero”) han bendecido y dado cobijo, al considerarlos como “las nuevas voces” del periodismo mexicano (y no lo dijo a manera de sarcasmo). De ese modo, los sótanos (y las cloacas) de la casa morena están infestados de seres como “El chapucero”, “El quesadillero”, “El charro político”, “El caporal”, “El mariachi ninja”, “La oro sólido” y otros por el estilo, con un discurso rastrero y primitivo, aderezado con un maniqueísmo galopante. Cuentan con miles de seguidores en YouTube, es cierto, pero eso no habla de su calidad como informadores u opinadores, sino del analfabetismo político de quienes cerrilmente los toman en serio (hace poco, varios de ellos se unieron para rendir homenaje a quien consideran un guía, un gran pensador y un intelectual lleno de luces: nada menos que el inefable Alfredo Jalife. Con eso queda dicho todo). A estos vloggeros los acompañan, en las catacumbas de la casona, los seudo periodistas paleros que se sientan todos los días en las primeras filas de las conferencias mañaneras del presidente y a los que la sabiduría popular ha bautizado con sobrenombres como “los locos Adams”, “la keniana”, “el ranchero caliente”, “la gordita del fleco”, “lord molécula”, etcétera. Caricaturescos ejemplares de una fauna supuestamente reporteril que es como el fruto de una pesadilla de la cual el país no puede despertar.
   Al final, tras revisar los nombres y sobrenombres de los personajes que habitan los dos pisos y el sótano de la casa morena, sólo se me ocurre formular una pregunta, ingenua si se quiere: ¿qué mente perversa y delirante fue capaz de realizar semejante casting?

martes, 7 de mayo de 2019

Ni hablar

Nada que decir, nada que justificar. El Liverpool desapareció al Barcelona y mereció el resultado. Messi no existió; Jordi Alba estuvo fatal; Coutinho..., en el intrascendente papel de Coutinho; ni siquiera Ter Stegen pudo salvarnos. Equipazo el de los Reds de Jürgen Klopp y gran lección de futbol. Y qué decir de ese público: conmovedor hasta las lágrimas. Ni siquiera me siento triste ante tal demostración. Al contrario. Ojalá mañana gane el Ajax, puede ser una final de ensueño.

sábado, 4 de mayo de 2019

Cámara húngara: El Partido Conservador

Un día sí y el otro también, durante sus inefables conferencias mañaneras, el presidente de la República insiste en la existencia de un imaginario Partido Conservador que se conjura en su contra para atacarlo y tratar de debilitarlo.
   Obsesionado con su acartonada y maniquea visión de la historia de México, que parecería fruto de sus lecturas de las cartografías que venden en las papelerías, el primer mandatario ha dividido al país en dos bandos y de esa manera de ver las cosas parten todos sus juicios y, sobre todo, sus prejuicios.
   Se trata de un punto de vista basado en una bipolaridad histórica que proviene de la segunda mitad del siglo XIX, cuando en el país existían dos bandos políticos que se disputaban el poder: el Partido Liberal, de corte progresista y pro estadounidense, y el Partido Conservador, de corte ultramontano y pro europeizante.
   Esa visión divisionista de la historia mexicana fue la que se nos enseñó a muchos por medio de los libros de texto gratuitos, en los años en que gobernaba el PRI como partido prácticamente único. En ella, se nos decía que había dos clases de personajes históricos: los héroes buenos, broncíneos e impolutos y los villanos malvados, impíos y de mala entraña. Cuauhtémoc en oposición a Cortés, Morelos en oposición a Calleja, Juárez en oposición a Maximiliano, Madero en oposición a Díaz, etcétera. No había matices, no había zonas grises, los liberales eran los buenos-buenos y los conservadores eran los malos-malos.
   Mucho ha avanzado la historiografía mexicana por fortuna y hoy día cualquier historiador serio no toma en cuenta esa partición absurda que, sin embargo, continúa imperando en buena (o mala) parte del inconsciente colectivo. Hidalgo y Zapata siguen siendo considerados como personajes prácticamente perfectos, mientras que a Iturbide o Miramón se les adjudica toda clase de vicios y maldades.
   Esta visión priista de la historia de México, en su versión más burda y reduccionista, es la que ha adoptado Andrés Manuel López Obrador y es la que pregona cuando trata de dar lecciones en sus mítines o en sus diarias conferencias mañaneras. Por supuesto, él y su partido (en ese orden) pertenecen al lado bueno, al lado liberal, izquierdista y progresista (aun cuando los hechos no los avalen), mientras que a sus adversarios (como gusta llamarlos) los ha englobado del lado malo y derechista y los denomina, satisfecho, como el Partido Conservador.
   Las preguntas que surgen entonces son: ¿existe en México tal partido? ¿Todos aquellos que no están de acuerdo con la manera de gobernar o desgobernar de López y Morena son por necesidad conservadores? Ambas cuestiones se responden solas y cualquiera con un mínimo de inteligencia sabrá resolverlas. Lo importante aquí es más bien preguntarse qué debe hacer ese cada vez más amplio sector de la ciudadanía que se opone al obradorismo y sus cotidianos dislates.
   Resulta claro que los partidos políticos de supuesta oposición a Morena se encuentran debilitados, desconcertados, desorganizados, algunos incluso al borde de la inanición y la quiebra. No hay en este momento un sólo partido capaz de reunir a quienes rechazan al actual gobierno, a pesar de la urgencia, cuando menos a mediano plazo, de constituir una oposición organizada. ¿Por dónde vendrá esta? Difícil saberlo. Aún no surgen organizaciones civiles y mucho menos líderes capaces de encabezar esa labor que poco a poco se vuelve más ingente (increíble que a escasos cinco meses de gobierno ya se vuelva urgente una oposición).
   Los políticos de siempre carecen de la necesaria presencia y el indispensable prestigio que se requiere para liderar un movimiento de esta envergadura. No dudo que con el tiempo empiecen a surgir nuevas caras o que de las inevitables divisiones y defecciones del morenismo aparezcan quienes se opongan al líder máximo. Por el momento, la inteligencia y la paciencia son los elementos principales que yo veo para el surgimiento de una verdadera oposición al régimen, el cual no tardará en comenzar a fragmentarse por los sectarismos de siempre y porque Morena está constituido por corrientes absolutamente disímbolas y hasta contrapuestas que, tarde o temprano, entrarán en conflicto y lo harán de manera cada vez más virulenta. Al tiempo, como suele decirse.
   El Partido Conservador imaginado por la febril y delirante mente de López Obrador no existe. Una o varias oposiciones en ciernes, en cambio, ya están ahí, cuando menos en estado larvario. Dejemos que surjan de manera natural. Hagámoslo con inteligencia, hagámoslo con paciencia.

jueves, 2 de mayo de 2019

jueves, 11 de abril de 2019

Ironías

La primera casa en la que viví, de 1955 a 1959 y a la que siempre llamamos "La casa de la vía", estaba en la calle Coapa, en la tlalpeña colonia Toriello Guerra. Nos encontrábamos justo a una cuadra de la estación del tranvía (que estaba en San Fernando y Madero) y a los dos costados de la casita con su pequeño jardín pasaban las vías del tren, con sus durmientes de madera. Del lado poniente, la que venía desde La Villa de Guadalupe y el Zócalo, del lado oriente, la que salía de Tlalpan hacia aquellos lejanos rumbos (se hacía una hora al centro de la ciudad y casi dos horas a la Basílica). Justo donde estaba aquella casa de mi primera infancia, desde hace muchos años se levanta la escuela activa Manuel Bartolomé Cossío y hoy me entero de que es el colegio al que asiste el hijo menor del presidente López Obrador. No sé si se trata de una ironía de la vida.

miércoles, 10 de abril de 2019

La escritura invisible

Terminé de leer el quinto tomo (y final) de la enorme autobiografía de Arthur Koetler publicada hace muchos años por Alianza Editorial (mi edición es de 1974). Con este volumen concluye esta obra al mismo tiempo monumental y entrañable que consiste en los libros Flecha en el azul (1), El camino hacia Marx (2), Euforia y utopía (3), El destierro y este La escritura invisible, en el que el escritor húngaro-británico narra su definitivo rompimiento con el Partido Comunista, su desencanto ante el régimen soviético de Stalin y su final establecimiento en Inglaterra, la que después del fin de la Segunda Guerra Mundial sería su patria, hasta su muerte por suicidio compartido con su esposa, hecho acaecido en 1983, cuando Koestler tenía 78 años de edad.
  La escritura invisible llega hasta el año 1952 y en sus páginas se narran, a partir de 1936, sus vicisitudes en la guerra civil española (en la que fue encarcelado, condenado a muerte y milagrosamente salvado por la intervención de las autoridades británicas), sus experiencias anteriores a la gran guerra (entre ellas sus visitas a Thomas Mann y Sigmund Freud, a quienes conoció poco antes de que fallecieran), el estallido de la conflagración, su confinamiento en un campo de concentración en la Francia ocupada por los nazis, su huida a Inglaterra y su encuentro poco grato con el escritor Walter Benjamin. Espléndida lectura que inicié hace poco más de dos años, cuando leí el primer tomo de la saga.