martes, 13 de agosto de 2019

Tapestry

Un disco de una belleza femenina sin par. La obra maestra de la gran Carole King, con canciones que se volverían clásicas, con ella o con sus múltiples intérpretes. Tapestry (1971) es un disco sutil, elegante, sensual, inteligente.

lunes, 12 de agosto de 2019

Christian Castro y Picasso

DE CUANDO EL GALLITO FELIZ NO SÓLO SE CONVIERTE EN METALERO CONTUMAZ, SINO EN FILÓSOFO DADAÍSTA QUE HASTA CITA A PICASSO CUAL MEME DE FACEBOOK
“Soy dadaísta. Soy contradictorio. Soy todo. Soy malo, soy bueno y no me gusta ser fácilmente feliz. Ya lo decía Picasso: ‘el peor enemigo de la creatividad es la razón’. La buena razón, el buen juicio, no me interesan. Prefiero el caos, vivo siempre buscándolo, nada de equilibrio. Además, la gente fácilmente feliz no me gusta nada”.

Christian Castro, en entrevista para el diario español El Mundo.

domingo, 11 de agosto de 2019

The Blues Brothers (el disco)

El espléndido soundtrack de esa gran película que es The Blues Brothers, de John Landis, filmada en 1980 (en México le pusieron como título el estúpido nombre de "Los hermanos Caradura"). Música soul de primerísimo orden con el genial John Belushi y el siempre estupendo Dan Aykroyd a la cabeza. Un discazo de una peliculaza (la cual por cierto puede verse en Netflix, bajo el título de... "Los hermanos Caradura"). Parte de mi colección de viniles.

jueves, 8 de agosto de 2019

Cuarenta años en el mundo editorial

Esto respondí a una pregunta que me hizo el buen Mixar Lopez en una entrevista para "Los Angeles Times", en marzo pasado:
   -¿Cómo me convertí en editor? Por el camino largo: aprendiendo el oficio desde el principio, cuando entré a trabajar como redactor en la mítica Editorial Posada, justo en 1979. De redactor pasé a jefe de redacción y luego a director de la revista "Natura". Editorial Posada fue mi escuela, mi universidad, el lugar en donde aprendí el oficio de editor de revistas, pero también el de corrector de estilo y el de periodista que luego desarrollé en diversos diarios y revistas hasta fundar "La Mosca en la Pared" en 1994 y dirigirla hasta 2008.
   O sea que este 2019 estoy cumpliendo 40 años como editor, redactor, corrector de estilo y periodista. El día preciso que entré a Posada no lo recuerdo, pero fue por estas épocas del año. Mi más agradecido recuerdo para don Guillermo Mendizábal Lizalde y para Ariel Rosales, mis dos maestros en este oficio.
   40 años exactos en el periodismo y la edición de revistas y 25 años exactos de haber iniciado "La Mosca en la Pared" (y en noviembre cumplo 50 años, también exactos, como hacedor de canciones).

martes, 6 de agosto de 2019

Cámara húngara: Una izquierda atrapada en los setenta

“Del mar los vieron llegar
mis hermanos emplumados.
Eran los hombres barbados
de la profecía esperada”.

“La maldición de Malinche”
Gabino Palomares

Siempre me he definido como un hombre de izquierda y en esencia lo sigo siendo, si se entiende a la izquierda como una posición política, ideológica e incluso existencial que pugna por la justicia social y la lucha contra la pobreza, pero también por las irrenunciables libertades individuales: la de expresión, la de pensamiento, la de movimiento, la de elección, la de empresa, etcétera. Las libertades liberales, vamos. Eso me coloca en automático en contra de cualquier tipo de dictadura o de cualquier régimen que intente acabar con esas libertades, bajo el pretexto de que busca un más que abstracto bienestar colectivo, el cual normalmente se traduce en bienestar para la casta gobernante y su burocracia afín.
  Cualquier marxista ortodoxo diría que mi pensamiento no es de izquierda y que, en todo caso, sería apenas el de un vulgar socialdemócrata, es decir, de un pequeño burgués cómplice del capitalismo y enemigo de la sacrosanta lucha de clases y de la aún más sacrosanta dictadura del proletariado que habrá de llevarnos al paraíso socialista y colectivista en el cual todos seremos iguales y felices, etcétera, etcétera, etcétera. Lástima que la historia del siglo XX y lo que llevamos del XXI esté ahí para desmentirlos de la manera más rotunda. José Stalin, Nicolás Ceaucescu, Mao Zedong, Pol Pot, Fidel Castro, Enver Hoxha, Kim Il-sung, Muamar el Gadafi, Hugo Chávez, son algunos de los nombres de dictadores de una autonombrada izquierda que confiscó la libertad en nombre de las mayorías y sumió a estas mismas mayorías en una miseria económica y social (para no hablar de la miseria ética y ontológica) verdaderamente inicua, además de cometer –en mayor o menor grado– crímenes de lesa humanidad (ejecuciones, encarcelamientos, deportaciones, persecuciones, desapariciones, trabajos forzados, campos de aislamiento, censura) en nombre de esa misma humanidad. Se definían como antifascistas y sus semejanzas con el fascismo eran mayores que sus diferencias. Paradoja tan sanguinaria como ignominiosa.
  Valga la anterior reflexión como base para comentar un breve video que acabo de ver en el Twitter de Yeidckol Polevnsky, la inefable e inenarrable presidenta de ese ¿partido?, ¿movimiento?, ¿secta?, ¿iglesia?, ¿entelequia?, ¿quimera? que mañosamente se hace llamar Morena y cuyo fundador, líder máximo y propietario vitalicio hoy se encarga de desgobernar a México desde el voluntarismo más grotesco y delirante.
  El video fue grabado durante el informe que rindió la senadora guanajuatense María Lucía “Malu” Micher en un auditorio del Senado de la República y corresponde a la parte final del “evento”. Contenido en un tuit de quien en realidad se llama Citlali Ibáñez Camacho, el video reza, palabra por palabra, lo siguiente: “MORENA, partido de hombres y mujeres libres que luchan de pie por una transformación pacífica y democrática de nuestro país en completa armonía. ¡Un rojo amanecer!”.
  En las imágenes se muestra una pantalla en la cual es proyectado un clip del grupo chileno Inti Illimani, mientras interpreta su clásica y combativa rola “El pueblo unido jamás será vencido”. Pero también se dejan escuchar otras voces que cantan (es un decir) al unísono. Primero no sabemos a quiénes pertenecen, pero poco después la persona que grabó desde su teléfono celular (posiblemente la propia Polevnsky) alcanza a captar a algunos de los chairos cantores y entre ellos vemos a Martí Batres, Ricardo Monreal y la propia Micher, quienes alcanzan el éxtasis del puño en alto cuando en la canción surge la frase “el pue-blo u-ni-do..." etcétera. De pronto el video se interrumpe. Quizá por un rapto de pudor ante el ridículo.
  ¿Cómo podemos interpretar semejante muestra de militancia anquilosada? No es tan difícil. Lo que se nos muestra ahí es a una generación de quedados, quienes aún suspiran por los tiempos idos, por la época “romántica” de los años setenta, cuando tras una serie de golpes de estado en Sudamérica, México abrió sus puertas a un enorme grupo de exiliados chilenos, argentinos, uruguayos, paraguayos, brasileños, peruanos y bolivianos. De pronto, Coyoacán, San Ángel y anexas (todavía la Condesa y la Roma no rifaban como colonias progres) se vieron invadidos de peñas folclóricas donde reinaban las quenas y los charangos, las milongas y las chacareras. Años en que la programación de Radio Educación se basaba en Los Chalchaleros, Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Daniel Viglietti, Mercedes Sosa y una larguísima lista de cantores y cantautores (por supuesto no podían faltar los cubanísimos Carlos Puebla, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés), además del inefable grupo mexicano Los Folcloristas, con su fanaticazo líder René Villanueva (el mismo que acusó al rock y las guitarras eléctricas de ser medios de penetración del imperialismo yanqui, omaigod). Inti Illimani estaba entre esos nuevos “artistas latinoamericanos” que por lo que se ve formaron parte esencial de la educación sentimental de muchos dirigentes de Morena, incluido el propio santo patrono macuspano, quien presume su amistad con Silvio (así, el puro nombre basta).
  Aceptémoslo: mientras permanezcan don López (un nostálgico del echeverrismo setentero) y sus morenazos en el poder político del país, la música oficial en este (más que nunca) Mexicalpan de las Tunas será la que Federico Arana denominara, con enorme y sarcástico tino, como la música folcloroide.
  Una prueba de ello fue el primer festival musical que organiza la Secretaría de Cultura –con el nombre de “Cantares: Fiesta de Trova y Canción Urbana”– y que se llevó a cabo en diferentes foros, entre ellos las llamadas islas de Ciudad Universitaria, en plena Universidad Nacional Autónoma (aún) de México, la que ya se prepararía para recibir como nuevo rector (eso murmuran las malas lenguas) al mismísimo marido gringo de la secretaria de la Función Pública (ese Ackerman de todos los moles que lo mismo hace de intelectual orgánico de la 4T que de cómico televisivo chafa, delirante politólogo bolivariano o tuitero propagandista y zalamero –y al parecer por cada actividad cobra).
  Con gente del folclor sudaca, del oxidado canto nuevo, de la cursilísima hueva…, perdón…, nueva trova y uno que otro colado del rock rupestre (más un invitado de lujo, ése sí: el gran Caetano Veloso), el festival fue también una declaración de principios de lo que nos espera musicalmente en este sexenio, al menos desde las esferas oficiales.
  Gabino Palomares, con su ultra xenofóbica, chovinista y racista canción “La maldición de Malinche”, debe estar de plácemes. Seguro se la regraban.

lunes, 5 de agosto de 2019

Steve Mason y la reivindicación del buen rock pop

Quizás el mejor rock pop de todos los tiempos fue el que se produjo durante la segunda mitad de los años sesenta de la centuria pasada. De hecho, no se le llamaba rock sino simplemente pop. Me refiero a ese rock con prevalencia de la melodía, combinado con grandes armonías vocales e instrumentales y basado en ritmos normalmente sujetos al 4/4. En general, se trataba de composiciones que respetaban la estructura más tradicional de la canción popular, con una clara definición de las estrofas y los coros, estos casi siempre con los suficientes ganchos como para quedarse en la memoria de los escuchas.
  Me refiero al rock que surgió tanto en la Gran Bretaña (la famosa Ola Inglesa) como en las dos costas de los Estados Unidos, con ciudades emblemáticas como San Francisco, Los Angeles y Nueva York.
  Fueron los Beatles los principales representantes del género y tras de ellos vino un caudal de grupos y solistas que literalmente llenó de extraordinaria música la etapa que va de 1964 a 1971, aunque esta pueda ser una medida temporal arbitraria.
  Escocia no fue la excepción de esta marea rock-popera y tuvo entre sus figuras más representativas a The Incredible String Band y, muy especialmente, a Donovan Leitch, mejor conocido con el simple nombre de Donovan, a quien se llegó a considerar en sus inicios como el Bob Dylan británico, aunque más tarde consiguió un estilo propio que influiría en los músicos escoceses de las décadas posteriores y ejemplos de ello son Aztec Camera, Teenage Fan Club, Texas, Travis y, sobre todo, Belle & Sebastian y The Beta Band. En todos ellos la importancia de la melodía es esencial, más allá de que cada uno haya desarrollado un estilo particular.
  Es de The Beta Band, formado en la ciudad de Edimburgo en 1996, que surgió Steve Mason, quien fungió como su vocalista y guitarrista principal. El sonido del grupo siempre fue heterodoxo, una mezcla de estilos al que llamaron folk hop y que incluye elementos del folk, el rock, el trip hop, la electrónica y la música experimental. En total sólo grabó tres álbumes en estudio (The Beta Band, 1999; Hot Shots II, 2001; Heroes to Zeros, 2004), hasta su disolución en 2005.
  Mason siguió como solista, con un proyecto al que llamó King Biscuit Time, aunque sólo grabó un disco (Black Gold, 2006) sin mucha trascendencia. Más tarde repetiría la misma receta, esta vez bajo el nombre de Black Affaire y otra vez con un único y poco conocido larga duración (Pleasure Pressure Point, 2008). Fue hasta 2010 que decidió grabar con su nombre y fruto de ello fueron cuatro estupendos discos: Boys Outside, 2010; Ghosts Outside, 2011; Monkey Minds in the Devil’s Time, 2013 y Meet the Humans, 2016. Tres años después, ya en pleno 2019, Steve Mason ha regresado con un gran trabajo discográfico: About the Light, distribuido por Domino Records.
  Nos encontramos ante una obra que reivindica a plenitud el rock pop en la mejor de sus expresiones. Mientras sus cuatro álbumes previos contienen ese ánimo por la experimentación que tan caro fue a The Beta Band, About the Light es mucho más vivo y orgánico, en especial porque fue grabado con todos los músicos tocando al mismo tiempo como un verdadero conjunto de instrumentistas.
  Producido por Stephen Street, quien ha trabajado para Morrissey, Blur y los Cranberries, el álbum está lleno de frescura, espontaneidad y una energía muy especial, casi me atrevería a decir que sesentera, aunque eso no significa que suene anticuado o, para decirlo en lenguaje milenialista, vintage. Por el contrario, la producción es pulcra, limpia, pero sin sonar pasteurizada o con esa perfección tan propia de lo que hoy se denomina como música pop y que tan alejada se encuentra del rock pop primigenio. No hay en la grabación abuso alguno de las actuales herramientas de estudio y eso es lo que permite que Mason y sus acompañantes se escuchen tan auténticos y sinceros.
  Cierto que hay por ahí el uso de sintetizadores, pero es un uso más bien discreto y que queda por debajo de las guitarras, las baterías, los instrumentos de aliento (metales reales), los coros femeninos y, por supuesto, la cálida y expresiva voz del solista.
  De ese modo, nos encontramos con canciones como la abridora y sensacionalmente explosiva y pantanera  “America Is Your Boyfriend” (una crítica irónica a la relación entre Gran Bretaña y los Estados Unidos); la íntima y entrañable “Rocket”; la muy sesentera (hay algo de The Byrds, aunque también de R.E.M., en esas punteadas guitarras jangle) “No Clue”; la homónima y brillantemente rockera (alguien ha dicho que encajaría perfectamente en el Exile on Main Street de los Rolling Stones) “About the Light”, con su irresistible y repetida frase “Get out your life and go home”; la extraordinaria e intrincada “Fox on the Rooftop” (a mi modo de ver el mejor corte del disco, una composición exquisita y misteriosa, de una finura estrepitosa).
  Con “Stars Around My Heart” sobreviene un cambio rítmico más acelerado para otra gran pieza, con un fantástico riff y un arreglo de metales estupendo; “Spanish Brigade” es otro corte lleno de encanto rock-popero, mientras que con “Don't Know Where?” surge una atmósfera más meditativa y nostálgica de enorme belleza.
  About the Light concluye con dos grandes composiciones de Mason: primeramente, la bodiddleyana y pop-bluesera (si se me permite el término) “Walking Away from Love”, un tema en verdad sensacional, con diversos cambios de atmósfera y hasta de género, aunque la irresistible guitarra à la Bo Diddley es lo predominante. La culminación del plato llega con “The End”, casi un himno que lleva al álbum a un crescendo previo a su brillante final.
  Parece claro que Steve Mason disfrutó al hacer este disco y lo transmite de la mejor manera. Atrás quedaron los días en que el músico paso por duros periodos de depresión y de fracasos personales y profesionales. Hoy, el escocés puede decir que las cosas, en su vida y en su carrera, giran acerca de la luz.

(Reseña mía, publicada el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

domingo, 4 de agosto de 2019

Mensaje de The Warning

Las integrantes de The Warning me hicieron llegar este mensaje de agradecimiento por mi reseña de su disco. Me encantó recibirlo.

miércoles, 31 de julio de 2019

Declaración de principios

Hasta hace poco, a la pregunta "¿Qué música te gusta?", se solía contestar que el rock, el jazz, el soul, la "clásica", el bolero, etcétera y normalmente la respuesta se complementaba con algo así como "lo que sí me parece vomitivo es el reguetón". Sin embargo, de un tiempo para acá y por decisión de quién sabe quién, lo políticamente correcto es decir "a mí sí me gusta el reguetón" y vemos a muchas personas, sobre todo del sector millennial-condechi-romano-coyoacanero-chairófilo, pregonar alegremente su gusto por un tal Bad Bunny y por esa cosa denominada "el perreo". Por mi parte, me deslindo: a mí sí me parece vomitivo el reguetón. J'ai dit.

martes, 30 de julio de 2019

Cámara húngara: ¿Y dónde quedó la 4T?

Si hay algo claro en la pomposamente llamada Cuarta Transformación (así, con ampulosas iniciales mayúsculas de Magna Grandeza Histórica) es que ésta por ningún lado aparece. No se ve, no se siente, la 4T no está presente.
  No lo está más allá del discurso, de las palabras, de las repetitivas promesas y del intento de construir una realidad virtual y mentirosa en la que el país se encuentra “requete bien” y se encamina a un nuevo régimen, en el cual el neoliberalismo quedará olvidado (ya fue eliminado por decreto) y surgirá un nuevo sistema cuyas características nadie tiene en claro.
  Mientras tanto, la otra realidad, la realidad real, la de todos los días, nos muestra todo lo contrario a la que nos tratan de imponer el presidente de la república, sus subalternos y su claque de religiosos y sectarios adoradores. Los índices económicos son alarmantes y todos sabemos que México no va a crecer este año y quizá no lo haga a lo largo de todo el sexenio. La cantidad de yerros y de malas decisiones que comenzaron con la cancelación del proyecto del aeropuerto internacional de Texcoco ha continuado de manera imparable, debido al empecinamiento presidencial de que todo se tiene que hacer como el jefe diga y no hay de otra. Hoy, como pocas veces, millones de mexicanos dependemos de la terca voluntad de un solo hombre y al parecer no hay forma de cambiar semejante aberración antidemocrática.
  Empeñado en una política económica basada en los recortes presupuestales y en la paradójica situación de que sí hay dinero, pero este se mantiene detenido por la delirante oficialía mayor de la secretaría de Hacienda, el gobierno obradorista ha paralizado el gasto público –ya autorizado por el Congreso en el presupuesto para este año, lo cual obliga constitucionalmente a emplearlo– y con ello ha detenido las inversiones y afectado al empleo de un modo inverosímil y sin que se entienda bien a bien (o mal a mal) por qué. ¿Es torpeza, es incapacidad, es estupidez o se trata de un plan de tintes maquiavélicos para pauperizar a los sectores productivos del país, en especial a las clases medias, con el fin de destruirlas y hacerlas formar parte del ejército de pobres que requiere de los programas sociales que “generosamente” otorga el gobierno? Qui sait.
  Por otro lado, en lo político los signos ominosos continúan apareciendo cada día. Tres recientes leyes así lo confirman. En Baja California, se aprobó la ley que permite extender por cinco años el mandato del gobernador electo (y con ello se sienta un precedente para que otros gobernantes, incluido el presidente de la república, puedan hacer lo mismo). En Tabasco, se aprobó una ley que convierte en delito, con penas de hasta 20 años de cárcel, los bloqueos y marchas contra obras públicas (léase Dos Bocas). En el Congreso, se aprobó una Ley de Extensión de Dominio llena de huecos, vicios y ambigüedades que podría permitir que cualquiera a quien se acuse de algún delito, incluso sin serle comprobado, pueda ser detenido y despojado de sus propiedades y el gobierno pueda venderlas a terceros (algo muy conveniente para ser usado contra los opositores). Tres leyes inconstitucionales, las tres con el aval de Morena y obviamente del señor presidente, aunque éste se lave las manos y afirme que él no tiene nada que ver.
  Si a esto sumamos los constantes ataques del propio primer mandatario a la prensa y a los periodistas que no le son afines y que “se portan mal”, sus embates contra los órganos autónomos (ahora mismo sus objetivos de guerra son el Coneval y la Comisión Nacional de Derechos Humanos) y su constante y asombroso manejo de datos falsos que quiere hacer pasar por verdaderos, el panorama para la democracia y las libertades cívicas, tan duramente ganadas a lo largo de los últimos veinte años, luce no sólo desolador sino francamente amenazante.
  La dichosa cuarta transformación no se ve. Lo que sí se ve es la incubación de un huevo, no de ganso sino de serpiente, a punto de hacer eclosión.

lunes, 29 de julio de 2019

Tres leyes infaustas

En Baja California se aprueba la ley que permite extender por cinco años el mandato del gobernador electo (y con ello se sienta un precedente para que otros gobernantes puedan hacer lo mismo. ¿Les suena familiar?). En Tabasco se aprueba una ley que convierte en delito, con penas de hasta 20 años de cárcel, los bloqueos y marchas contra obras públicas (léase Dos Bocas). En el Congreso, se aprueba una Ley de Extensión de Dominio llena de huecos, vicios, ambigüedades y errores que podría permitir que cualquiera a quien se acuse de algún delito, incluso sin serle comprobado, pueda ser despojado de sus propiedades y el gobierno pueda venderlas a terceros. Tres leyes inconstitucionales, las tres con el aval de Morena y obviamente del Tlatoani mayor, aunque éste se lave las manos y afirme que él no tiene nada que ver. Y dicen que no nos encaminamos a una dictadura.

domingo, 28 de julio de 2019

Los 74 de Sergio

Hoy, mi amado hermano Sergio habría cumplido 74 años de edad. Lo recuerdo con nostalgia y gran amor como cada año desde que se fue de esta realidad.

viernes, 26 de julio de 2019

El fascismo que viene

El fascismo es esencialmente una doctrina y una política de extrema derecha, autoritaria, represiva, antidemocrática, aniquiladora de las libertades. La izquierda tiende, idealmente, a la justicia, el progreso, la democracia y la libertad. Lo que estamos viendo hoy, en México, es mucho más parecido a una política ultraderechista que busca destruir la incipiente democracia, los contrapesos autónomos, las libertades y la institucionalidad, en aras de un régimen dominado por un solo partido que obedece a la voluntad omnímoda y absolutista de un solo hombre y que lo hace, vaya paradoja, en nombre de la izquierda. Ese es el actual absurdo en el que está entrampado nuestro país. Un absurdo que está a punto de volverse trágico.

lunes, 22 de julio de 2019

Tiburón

Aunque usted no lo crea (o quizá sí), apenas ayer vi por primera vez la película Tiburón (Jaws) de Steven Spielberg (1975).
  Recuerdo la sensación que causó este filme en su momento y si no lo vi debió ser porque en aquellos años de su estreno, yo era uno de esos pedantes que sólo veían cine "de arte" y despreciaba los famosos blockbusters, es decir, las cintas que se convertían en éxitos de taquilla y que por ese solo hecho eran víctimas de mi desprecio.
  Ahora pude verla, gracias a Amazon Prime, y no sé si por no presenciarla en pantalla grande o porque con el transcurrir de los años y con tantos filmes llenos de sangre, terror y violencia que he visto en las poco más de cuatro décadas que nos separan del estreno original de Tiburón, la verdad es que no me provocó el menor miedo y no me emocionó particularmente.
  Nunca he sido un fan fatal de Spielberg, aunque me ha entretenido con la saga de Indiana Jones (al menos las dos primeras entregas) y me gustaron Encuentros cercanos del tercer tipo (1977) y E.T., el extraterrestre (1982), si bien mi película favorita suya es la muy despreciada 1941 (filmada en 1979) que verdaderamente me encanta.
  En cuanto a Jaws, todo mundo conoce la trama: la aparición en pleno verano vacacional de un enorme tiburón blanco en un centro playero del noreste de los Estados Unidos y los ataques mortales contra algunos bañistas, lo cual obliga al cierre de la playa, a pesar de la oposición del alcalde y de algunos comerciantes del lugar, hasta que se decide que la única solución es dar caza a la enorme bestia marina. En ello se embarcan, literalmente, tres hombres: el jefe de la policía local (Martin Brody, interpretado por Roy Scheider), un joven oceanógrafo recién llegado (Matt Hopper, interpretado por el gran Richard Dreyfuss) y un tiburonero con grado de capitán (Sam Quint, interpretado por el veterano actor británico Robert Shaw), quien gobierna la frágil barcaza en que se lanzan tras del gigantesco escualo (aunque nada que ver con la idea mística de Moby Dick de Melville). La cacería ocupa casi toda la segunda mitad de la cinta y aunque resulta entretenida, nunca sentí que me atrapara o me emocionara, tal vez porque la presencia del tiburón (con la clásica tonadita compuesta por John Williams) no me resultó tan inquietante, incluso cuando ataca a Hopper encerrado en una frágil jaula submarina que el animal destroza con facilidad. O quizás el asunto está en que uno ya sabe que el gran tiburón no era más que un artefacto mecánico que mandó hacer la producción de la peli. No lo sé.
  El caso es que no me pareció tan divertida y mucho menos tan terrorífica como indica la fama de que siempre ha gozado. Creo que en todo caso es más entretenido conocer todos los incidentes que sucedieron alrededor de la filmación y los pormenores de la misma detrás de cámara.

domingo, 21 de julio de 2019

Cámara húngara: El humor en los tiempos de la 4T

¿Existe el humor en los tiempos de la llamada Cuarta Transformación? No me refiero al humor como estado de ánimo, el cual es cada vez más malo, dados los pésimos resultados que está teniendo un gobierno que día a día muestra y demuestra sus incapacidades para llevar a buen puerto al país. Hablo del sentido del humor, del humorismo, del humor crítico, del humor irreverente, del humor como catarsis individual y social.
  El obradorismo ha trastocado tantas cosas (tan a lo bestia) que muchas han quedado bocarriba (o bocabajo, según el punto de vista de cada quién). Un ejemplo es el de los cartonistas izquierdosos (que no de izquierda), especialmente los del grupo de La Jornada (con la honrosísima excepción del gran maestro Bulmaro Castellanos, Magú) y Proceso, es decir, los célebres Chamucos. Hasta antes del 1 de julio de 2018, El Fisgón, Hernández, Helguera y todos sus adláteres eran tremendamente antigobiernistas y mantenían una postura feroz en contra del régimen que gustan en llamar prianista. Ahora, en cambio, se han convertido (con todo respeto, diría don López) en los más zalameros perros guardianes del gobierno y del presidente de la república, a quien no osan tocar ni con el pétalo de una crítica. Perdieron todo su filo y actualmente se dedican a atacar a los adversarios de “Andrés Manuel” (así le dicen), a pesar de que éste brinda diariamente una cantidad enorme de material humorístico que podrían explotar a sus anchas. Pero no: La Causa (así, con mayúsculas y sin cursivas) es primero y su deber como fieles al tlatoani es no cuestionarlo y sí defenderlo de sus enemigos. Para eso cuentan con sus trincheras periodísticas y con El Chamuco TV, el programa de TV UNAM y Canal 22 (sí, se transmite por ambas emisoras) que con total generosidad les brindó el mismo gobierno al que tan devotamente sirven y les paga por ello (por el programa).
  Algo parecido sucede con columnistas como mi estimado Jairo Calixto Albarrán, quien en su afán por no rozar siquiera la sensible piel del Pejecito santo (el cual es, para usar una muletilla del propio Jairo, como jarrito de Tlaquepaque), en su colaboración diaria para el diario Milenio hace malabares increíbles (maromas, les dicen ahora) para no criticar ni por asomo a la 4T. Por eso su columna se dedica a tirarle al PRIAN, a los expresidentes y a los políticos anteriores al actual gobierno, siempre y cuando no se hayan integrado a éste (cero críticas al dinosaurazo Manuel Bartlett, por ejemplo). Mas para su adorado cabecita de algodón ni un solo cuestionamiento.
  Otro fenómeno es el de la televisión pública que ha incluido programas como el ya mencionado El Chamuco TV, Me canso ganso, John & Sabina o el malogrado La maroma estelar. Especialmente en los dos últimos se ha intentado realizar un humorismo crítico, pero siempre contra los conservadores, los fifíes, los prianistas, etcétera. Más que crítico, el resultado es criticón, lleno de ramplonería, demasiado obvio y tremendamente burdo. No sé si ellos y sus panegiristas se rían con sus sketches, pero francamente la comicidad no se les da.
  Ese es el “humor” de la 4T, tan fallido como está resultando la prometida transformación. Sin embargo, en el bando opositor el humor y el humorismo gozan de cabal salud, sobre todo porque ahí se han sabido aprovechar los cotidianos desatinos del presidente y su corte, gracias a la enorme cantidad de personajes chuscos y esperpénticos que ha producido el régimen actual. Los nombres sobran y pasan por Gerardo Fernández Noroña, Yeidckol Polevnsky (o como se escriba), John Ackerman, Sabina Berman, Epigmenio Ibarra, Sanjuana Martínez, Antonio Attolini, Gibrán Ramírez, Irma Eréndira Sandoval, Rocío Nahle, Armando Guadiana, Pablo Gómez, Octavio Romero, José María Riobóo, Paco Ignacio Taibo II, María Elena Álvarez-Buylla, Abraham Mendieta, Hernán Gómez, más un grandísimo etcétera de impresentables protagonistas de esta gran obra bufa que padece México y que si no representaran una tragedia para el país, resultarían todos de una comicidad superlativa.
  Esto lo han sabido aprovechar escritores como Guillermo Sheridan, Julio Patán y Rafael Pérez Gay –los dos últimos, con sus personajes de Justo Leal y Gil Gamés (y espero que Julio y Rafael no se molesten conmigo por el spoiler: todo mundo sabe que son ellos)–, lo mismo que espléndidos caricaturistas como Calderón, Garci, Alarcón, Iracheta y el propio Magú, entre otros. No se diga el gran Brozo y yutuberos como Chumel Torres y su equipo. En ellos subsiste la posibilidad del humor crítico e inteligente, un humor que, esperemos, al obradorismo no se le ocurra tratar de reprimir.
  Con eso de que las plumas de ganso son tan delicadas como un jarrito de Tlaquepaque…

sábado, 20 de julio de 2019

Entrevista a Julio Patán: ¿Es México un país bizarro?


En 2017, Julio Patán y Alejandro Rosas, ambos escritores, historiadores, columnistas y bohemios (entre otras cosas), publicaron el exitoso libro México bizarro (Editorial Planeta), un compendio de 90 historias delirantes, estrambóticas, absurdas, bizarras, que tomaron de la realidad histórica mexicana desde territorios como la política, la nota roja, la farándula, el deporte y la cultura. Con amenidad, rigor y un más que saludable sentido del humor, los textos constituyeron un mosaico muy representativo de lo que hemos sido, lo que somos y lo que, muy probablemente, seguiremos siendo como país y como pueblo (cualquier cosa que esto último signifique).
  Hace pocas semanas apareció la continuación de una serie que podría ser infinita, con la puesta en circulación de México bizarro 2, otras nueve decenas de narraciones tanto o más disparatadas y esperpénticas, aunque eso sí: muy divertidas.
  Pero dejemos que sea Julio Patán, uno de los dos autores de esta obra, quien nos platique más acerca de ella.

¿De dónde les surgió, a Alejandro y a ti, la bizarra idea de que México es un país bizarro?
Yo creo que se puede hacer un Estados Unidos bizarro, un España bizarra, un Italia bizarra, un Rusia bizarra, un Venezuela bizarra… Es decir, esto que hemos dado en llamar lo bizarro es algo universal, pero en México ha tenido rasgos especiales. En los dos volúmenes de México bizarro hablamos de espectáculos, de deportes, de cultura, aunque en ambos predomina el tema histórico-político, un tema que le da a la bizarrez mexicana una característica especial y creo que básicamente tiene que ver con lo siguiente: salvo la mejor opinión de Andrés Manuel López Obrador, quien puede llevarnos hacia allá, no hemos sido desde hace mucho un país autoritario. Sí hemos sido un país hipocritonamente autoritario, con el priismo clásico que es como el gran enmascaramiento del autoritarismo; luego fuimos una democracia con muchas fallas, pero una democracia a pesar de todo (aun cuando  probablemente estemos dejando de serlo), pero nuestra historia ha sido mayoritariamente eso: una especie de mestizaje entre una seudo democracia y una seudo dictadura rara. Sí hay pues un fenómeno único. Es algo que han tratado de definir y lo hicieron con mucho éxito Octavio Paz, Enrique Krauze, Roger Bartra, José Woldenberg. Tenemos al respecto una importante tradición de gente seria que ha discutido estos temas. Yo creo que esta especie de ambigüedad o de ambivalencia de la historia política mexicana da un rasgo especial a ese aspecto bizarro del país. Somos algo distinto a la tradición hispanoamericana de las tiranías. Por ejemplo, pienso que los antecedentes de López Obrador son Luis Echeverría y José López Portillo, quienes tenían algo de caudillos. Aquellas empresas paraestatales desmesuradas que se fueron a la bancarrota, aquellas ideas de servir agüita de jamaica en las recepciones diplomáticas del gobierno echeverrista, parecen locuras de dictadorzuelo caribeño, pero no del todo. Siempre había una especie de puesta en escena seudo democrática, una especie de institucionalidad o de civilidad aparente. Entonces, esta cosa como doble le da algo especial al bizarro mexicano y lo marca de un modo alucinante.

¿De qué manera surgió el proyecto del libro?
¿Quieres que te cuente la verdad? La idea para hacer el volumen uno surgió una noche en que estábamos Alejandro Rosas, mi carnal y coautor, y yo en mi casa, con nuestro editor que es también mi carnal, Gabriel Sandoval. Los tres estábamos pedos, nos habíamos tomado unos whiskys y Rosas y yo nos pusimos a platicar de algo que nos ha gustado siempre y que es la historia de México, pero desde su lado disfuncional, absurdo, grotesco, o sea, no con rigor metodológico ni dando una gran teoría sobre la historia del país, sino de una manera anecdótica. Hacía muchos años que Alejandro y yo hacíamos eso. Nos gustan las historias de priistas corruptos (valga la redundancia), de caciques, etcétera. La disfuncionalidad de la historia de México. Esa noche, Gabriel nos estaba escuchando y como él, a diferencia de Alejandro y de mí, sí tiene visión de negocios, nos dijo: “Huevones, eso es un libro”. Rosas y yo nos reímos y le contestamos: “No mames, güey. ¿Cómo crees?”. Pero dijo que sí y que el lunes nos mandaba el contrato. Así lo hizo y entonces Rosas y yo nos pusimos a hacer un índice de temas.

¿Ya tenían pensado el título?

La idea original era titularlo México freak, pero luego lo cambiamos a México bizarro. El plan para estructurarlo fue el de escribir anécdotas, contadas en corto y por separado. Esto quiere decir que Alejandro y yo escribimos 45 anécdotas cada uno para cada libro y lo firmamos en conjunto. Claro que uno leía y revisaba los textos del otro, para comentarlos o incluso criticarlos. Terminamos bastante rápido el primer volumen que apareció en 2017, trabajamos muy intensamente en él y debo decir que resultó un fenómeno editorial. No lo digo presuntuosamente, pero le fue muy bien. Lo presentamos con mucho éxito en la feria del libro del Zócalo, en la de Monterrey, en la FIL de Guadalajara. Todo 2018 estuvimos de feria en feria con un sorprendente éxito. Se llenaban los lugares en donde lo presentábamos, pero lo más importante es que la gente participaba. Muchas personas, ya sea en las mismas presentaciones o en las redes sociales, se nos acercaba para contarnos o recordarnos otras anécdotas históricas. Fue un año muy cansado de promoción, pero firmamos para hacer el segundo volumen. Nos habían quedado muchas historias pendientes y a lo largo de ese tiempo fuimos acumulando varias más.

Pero los libros no abarcan, al menos no todavía o no del todo, el sexenio pasado y el actual.

Podríamos haber hecho un México bizarro solamente con las anécdotas de Peña Nieto y del Peje. Nada más con las historias de Javidú o de las disculpas pedidas al rey de España, etcétera, podemos llenar un volumen. Pero no quisimos hacer una obra tan coyuntural. En primer lugar, porque todo eso está todavía muy vivo, muy presente. Las redes sociales, los medios, nos tienen como muy conscientes de todas esas historias (la corrupción de los gobernadores, la casa blanca, más todo lo que ha surgido con el nuevo gobierno) y no creo que en este momento pudieran resultar muy interesantes para los lectores. Lo importante más bien es recordar que todo lo que está sucediendo ahora tiene antecedentes, que el bizarro mexicano no es algo nuevo. Por eso en ambos volúmenes los lectores pueden ver historias que van desde la época de la Conquista hasta casi la actualidad, pasando por la Independencia, la Revolución, el priismo clásico, etcétera.

¿Cómo escogieron los temas? ¿Se juntaron para ver cuáles les tocaban a cada uno? ¿Le editorial tiene que ver en la elección de algunas historias?
Debo decir que Planeta nos ha dado una gran libertad.  Nos proponen cosas, pero no se meten. Todo es responsabilidad de Alejandro Rosas y mía. Aunque es una obra muy comercial o muy masiva, tiene mucha independencia editorial. Son libros de autor o, para mejor decirlo, de autores, ya que somos dos.

¿Hay algo que diferencie al volumen uno con respecto al volumen dos?
Bueno, en el volumen dos instituimos algo que se llama “Medalla al mérito bizarro” que es como el premio Oscar a la trayectoria. Esta vez hay dos ganadores: Luis Echeverría y Vicente Fox. Pero existen otros personajes que tienen historias en los libros, como por ejemplo el "Rey de la basura", quien hizo una fortuna manejando a los pepenadores de los tiraderos de Iztapalapa, o “La Mataviejitas” o “La Paca”. La verdad es que podríamos hacer una verdadera enciclopedia de personajes grotescos de la realidad mexicana, aunque por el momento van 180 historias. Pero respondiendo a tu pregunta, creo que el volumen dos nos salió más compacto. Como que aprendimos cosas del volumen uno y entramos con una idea más clara de cuál debería ser el guión. También hicimos más concesiones a lo extrapolítico. Hay más temas de farándula y deporte. Como el caso del “Gato” Ortiz, aquel portero del equipo Monterrey que se convirtió en secuestrador y que sigue en la cárcel. O esa historia de don Fernando Marcos, cuando por haber pitado un penalti, el público en protesta quemó el Parque Asturias. Tenemos una sección dedicada a los nombres absurdos que algunos padres le ponen o le ponían a sus hijos en este país. Nombres como Audelino Supermán, Gordonia, Vagina o Clítoris. Afortunadamente, a veces el gobierno mexicano sí funciona y ya no se permite poner esa clase de nombres. Hay otra sección sobre gastronomía y otra sobre los monumentos grotescos, como la famosa “Cabeza de Juarez” que es uno de los monumentos más feos del planeta Tierra.

Obviamente ya están empezando a planear el volumen tres.
Fíjate que no, porque hemos aprendido que primero hay que ver cómo funcionan los libros con los lectores. Vender no es la única razón para escribir un libro, pero es una razón importante. La gente respondió muy bien al volumen uno. Ahora hay que ver cómo recibe el dos. De eso dependerá en buena parte si se hace el tres o no. Pero sobre todo hay que darse un respiro. El segundo libro está muy fresco todavía y promoverlo va a tomar todavía bastante tiempo. Hay muchas ferias del libro por delante y por lo tanto muchos viajes. Y hay que estar con los medios, firmar ejemplares en las librerías, etcétera. Si combinas eso con el trabajo cotidiano (en mi caso el noticiario diario de Foro TV, dar conferencias, etcétera), pues sí estás muy ocupado. No nos estamos apresurando tanto. Hay que dejar que el libro empiece a funcionar solo y ya luego pensar en escribir el tercero. Y lo más importante: que nos paguen un adelanto por escribirlo, ¡ja ja!… Yo sí quiero recordar que los libros son o deben ser un negocio. Pequeño, mediano o grande, pero un negocio. El capitalismo funciona, querido Hugo.

Para terminar: ¿la 4T qué material va a dar para futuros volúmenes de México bizarro?
La 4T es una locura, pero todavía resulta incierto lo que va a pasar con esta administración. Lleva muy poco tiempo y las señales son muy ambivalentes. Pero yo diría que hay dos componentes ideales en ella para la bizarrez mexicana: el primero es el autoritarismo, un componente que a autores como nosotros nos ayuda mucho; siento decirlo, porque yo preferiría que mi país estuviera gobernado por una democracia civilizada, pero como autor el autoritarismo me ayuda muchísimo, me brinda un gran material de trabajo. Cosas como la grotesca puesta en escena de lo del huachicol, el desastre absoluto que son las pérdidas económicas en Pemex con este gobierno, las peticiones a la Madre Tierra, las declaraciones chavistas de Yeidckol Polevnsky, los programas de televisión de John Ackerman, todo lo que pasa en el Conacyt o Gerardo Fernández Noroña por sí mismo, agandallando señoras en las filas del aeropuerto o yendo a protestar a las oficinas de Twitter porque le suspendieron su cuenta. La 4T es todo un festival y apenas llevamos seis meses. El segundo componente es el estilo personal de gobernar del propio López Obrador que tiene mucha tela de dónde cortar por ser muy florido, ocurrente, muy campechano y también muy violento. Si todos los días el presidente de la república está dos horas hablando para los mexicanos en Palacio Nacional, en las mañaneras, no te das abasto con el material bizarro que surge de ahí. Pero tampoco debemos permitir que todo ese material nos avasalle. Como escritores, y creo que los lectores de México bizarro estarán de acuerdo con esto, nuestros intereses tienen que ir mucho más allá. Es bonito recordar la historia de México, pero es igual o más importante entender lo que pasa hoy a partir de los caudillismos y los cacicazgos de nuestro pasado… Aunque se me ocurre que lo que sí podríamos hacer es una especie de Semanario de lo insólito, con todo lo absurdo de la 4T.

(Publicado el día de hoy en la versión en español del diario Los Ángeles Times. La entrevista es mía, claro)

jueves, 18 de julio de 2019

A 50 años de las ratas calientes

Aunque estrictamente no se trata de su primer disco más allá de The Mothers of Invention –con quienes hasta ese entonces había grabado los extraordinarios Freak Out (1966), Absolutely Free (1967) y We’re Only in It for the Money (1968)–, ya que en 1968 grabó el experimental y casi clandestino Lumpy Gravy, se puede decir que Hot Rats (1969) es el álbum con el cual Frank Zappa expandió sus horizontes musicales y de alguna manera fundó el jazz-rock (si lo que se escucha a lo largo de la grabación se puede denominar jazz-rock).
  Porque en realidad, al buen Frank no le gustaba el jazz. O eso gustaba decir. En su libro Viva Zappa! (Omnibus Press, 1986), el periodista francés Dominique Chevalier reproduce una declaración del músico acerca de ese género:
  “No hay pasión en el jazz. Se trata de un montón de gente que trata de verse cool, en busca de la aprobación de una comunidad intelectual. La mayor parte del jazz actual es aun más vacío que la más descarada música comercial, porque pretende ser algo que no es. Prefiero permanecer alejado de eso”.
  No obstante esas palabras, en realidad Zappa trabajó frecuentemente con músicos de jazz (Jean-Luc Ponty, Sugarcane Harris, David Samuels, George Duke, etcétera), tanto en concierto como en el estudio de grabación y eso se debió muy probablemente a dos cualidades esenciales que siempre buscaba en sus músicos: la flexibilidad y la perfección técnica. Además, amaba la música de gente del jazz como Wes Montgomery, Eric Dolphy y Charlie Mingus, entre otros.
  Así pues, si Hot Rats es un disco de jazz-rock, un disco de fusión o un disco de jam sessions, al final no importa tanto. Lo que sí significó fue un completo rompimiento con las fascinantes y estrambóticas excentricidades de corte cuasi teatral a las que conducían las composiciones de sus discos predecesores. Aquí se trataba de música en estado puro, para ser interpretada sin histrionismos y con plena concentración en su esencia.
  Cuenta el propio Zappa en su autobiografía The Real Frank Zappa Book (Poseidon Press, 1989): “Pasé parte de 1969 trabajando en el estudio en el álbum Hot Rats e hice algunos conciertos locales con Ian Underwood y Sugarcane Harris. No fue a ninguna parte. El álbum, que me gustó mucho, se coló en las listas de Billboard en algún lugar alrededor del 99 y desapareció de inmediato. En los Estados Unidos, al menos, había yo producido otro fracaso”.
  Cierto, fue un fracaso comercial en su momento, pero históricamente es uno de los hitos dentro de la extensa discografía zappiana y uno de los álbumes más importantes de finales de la década de los sesenta.
  Hot Rats contiene tan sólo seis cortes, mismos que pueden dividirse (o al menos yo lo hago, quizá con cierta arbitrariedad) en dos vertientes: la de las composiciones de cámara y la de las composiciones libres. En la primera, situaría a los tracks uno, cuatro y seis; en la segunda, a los temas dos, tres y cinco.
  Veamos.
  El disco abre con la más que conocida “Peaches En Regalia” (quienes no conocen la música zappiana pero buscan aparentar que sí, suelen citar siempre esta pieza y/o “Watermelon In Easter Hay”, esta última porque la descubrieron en la película Y tu mamá también de Alfonso Cuarón). A pesar de ser favorita de los villamelones, se trata ciertamente de una composición perfecta. En poco menos de cuatro minutos, Zappa crea un tema de una precisión asombrosa, en la que todo está exactamente determinado. Es en ese sentido que se trata de una pieza de cámara, en la que no hay lugar para la improvisación y cada elemento rítmico, melódico y armónico ocupa el sitio que debe ocupar. La progresión es impecable y la interpretación de cada músico, inmejorable. Desde el redoble inicial de Ron Selico y la integración de los teclados y alientos (todos interpretados por el grandioso Ian Underwood, verdadero estelar en esta joya), todo embona con elegante precisión 
  El contraste sobreviene en seguida con el primer jam del plato: el estrafalario “Willie the Pimp”, única pieza en la que interviene la voz cantada, nada menos que por parte de Don Van Vliet, mejor conocido como Captain Beefheart. A lo largo de poco más de nueve minutos y luego del característico y burlón riff del violín de Sugarcane Harris, viene uno de los más largos solos (wah wah incluido) grabados por Frank Zappa, quien ya empezaba a mostrar al mundo sus dotes guitarrísticas (mismas que nos restregaría en la cara hasta el exceso en su Shut Up ’n Play Yer Guitar de 1981).
  “Son of Mr. Green Genes” es otra larga jam session cuya parte introductoria, sin embargo, posee una construcción melódica que la asemeja a “Peaches En Regalia”, lo que le da una gran magnificencia. Underwood luce enormidades con los alientos y Zappa vuelve a sostener un prolongado solo de guitarra, pero muy distinto y más apegado a la estructura armónica que el de “Willie the Pimp”. Todo aquí está más amarrado de lo que aparenta
  Con “Little Umbrellas” estamos frente a una breve joya musical de escasos tres minutos perfectamente aprovechados. Un tema exuberante de tintes exóticos, un jazz lento en el que el contrabajeo de Max Bennett marca la pauta para la rica instrumentación ideada por Frank Zappa.
  “The Gumbo Variations” es el corte más largo de Hot Rats, con sus casi trece minutos de duración. Un sax rasposo y espectacular a cargo de Ian Underwood (con el que parece rendir homenaje a Sonny Rollins) y sobre todo el violín extraordinario de Jean-Luc Ponty son la dominante en esta gran jam session, posiblemente la parte más jazzística del álbum. 
  Ratas calientes cierra con “It Must Be a Camel”, intrincado y oscuro tema con un arreglo de metales y teclados definido con una precisión exacta, alrededor del cual giran la guitarra, el bajo y la batería. Compacto y sin la menor fisura, es un espléndido final para este disco absolutamente fundamental, cuya antigüedad de medio siglo resulta difícil de concebir. Así de actual suena de principio a fin.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Plumas de caballo" de la revista en línea Juguete Rabioso)

miércoles, 17 de julio de 2019

Fifíes

Pongámonos exquisitos: si se trata de hablar bien, es incorrecto pluralizar el término "fifí" como "fifís". Las palabras terminadas en vocal débil acentuada (colibrí, rubí, bambú et al) incluyen la letra e en su plural (colibríes, rubíes, bambúes). Así pues, lo correcto es decir "fifíes" (con acento en la i final para romper el diptongo).
   Para que le pasen el dato a ya saben quién, aunque él tenga otros.
   (Por cierto, el plural de la palabra "buró" es "burós" y no "buroes", ya que la letra o es vocal fuerte).
   De nada.

domingo, 14 de julio de 2019

El impune Lomelí

López y Lomelí, dos tipos de cuidado.
Celebran mucho en el gobierno y llueven las felicitaciones a Irma Eréndira Sandoval (hasta su maridito la ensalzó) por la renuncia del superdelegado en Jalisco, Carlos Lomelí, cuando el impresentable tipo se fue porque un organismo independiente –y no la Secretaría de Función Pública– dio a conocer sus triquiñuelas. Dice la señora de Ackerman que en el gobierno no se tolerarán los conflictos de interés (ajá). No obstante, Lomelí continuará libre y los contratos que tiene con el gobierno seguirán adelante y le reportarán millones de pesos. No sólo eso: en su lugar, como superdelegado, se quedará... su abogado. Viva la corrupción, cuando es de la 4T.

viernes, 12 de julio de 2019

Las tres mujeres del Apocalipsis mexicano

López con Nahle, Sandoval y Buenrostro, los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Después de López Obrador, las tres personas con mayor poder en este país son mujeres. Qué bueno que así sea, dirán las feministas y quienes defienden la igualdad de género. Sin embargo, con la venia del presidente estas tres mujeres están hundiendo al país y nos están llevando directo a la catástrofe. No olvidemos los nombres de las secretarias de Energía y de la Función Pública, Rocío Nahle e Irma Eréndira Sandoval, y de la Oficial Mayor de Hacienda, Rocío Buenrostro. De verdad, no dejemos esos nombres en el olvido cuando la recesión nos alcance y caigamos al verdadero despeñadero.

miércoles, 10 de julio de 2019

Cámara húngara: Una bomba llamada Urzúa

Aunque su desempeño dejaba bastante que desear –sobre todo al permitir que la verdadera mandamás en la Secretaría de Hacienda fuera su Oficiala Mayor, la temible Raquel Buenrostro, pergeñadora y ejecutora de la criminal política “de austeridad” que tiene al país al borde de la recesión económica y a quien el presidente López Obrador le profesa una confianza ciega–, el renunciante secretario Carlos Urzúa era, de una y muchas maneras, el funcionario del gabinete con mayor prestigio internacional y una de las pocas caras confiables para los inversionistas y las agencias calificadores del exterior.
   Con su renuncia y sobre todo con la dura y crítica carta con que la justificó, Urzúa puso en serio predicamento al gobierno, por más que el presidente haya tratado de minimizar el asunto y nombrado apresuradamente al subsecretario Arturo Herrera como nuevo titular de la dependencia (sí, el mismo Herrera a quien López Obrador ha contradecido, humillado y ninguneado en más de una ocasión y cuyo lenguaje corporal y facial, a la hora de su nombramiento, no reflejaba que se sintiera precisamente contento; más bien lucía sometido y angustiado).
   Urzúa lanzó fuertes acusaciones en su carta al presidente. Refirió en ella que hubo una “inaceptable imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivo (sic, imagino que Urzúa quiso escribir motivado) por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”, aunque no reveló nombres. También habló de que “discrepancias en materia económica hubo muchas, algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”. Aseveró estar convencido “de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o de izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco”.
   Claman las huestes obradoristas que qué bueno que se fue “ese neoliberal” y hay locazos como el conspiranoico Jaife que dicen que la carta equivale a un intento de golpe de Estado. Con su ya habitual y supina estulticia, funcionarios, legisladores, comentócratas y tuiteros identificados con eso que insisten en llamar la Cuarta Transformación hicieron cera y pabilo de quien hasta el día anterior a la renuncia era “un funcionario eficiente, honesto y capaz”.
   ¿Cuáles serán las consecuencias de la dimisión de Carlos Urzúa? Es muy temprano para saberlo. Arturo Herrera, su sustituto, no parece tener la personalidad suficiente como para contradecir la voluntad de López Obrador y su fiel e implacable escudera Buenrostro, quienes en nombre de la más delirante austeridad muy posiblemente prosigan con su labor destructiva, al no encontrar obstáculo alguno que se los impida. A menos que ese obstáculo sea la mismísima realidad.

martes, 9 de julio de 2019

Días de locos

Le renuncian hoy el secretario de Hacienda y el titular de la Unidad Antisecuestros de la SEIDO, Trump le sube el arancel sobre el acero, se pelea agresivamente con la Policía Federal y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la calificadora Moody's vuelve a bajar el pronóstico de crecimiento para México (de 1.5 a 1.2 %), la puesta en marcha de la Guardia Nacional es un caos, cada vez hay más miles de migrantes en la frontera norte echados por el gobierno de EEUU, convierte a Felipe Calderón en blanco de ataques por parte de la chairiza y lo levanta políticamente... Días de locos estos para don López..., quien en su mañanera de hoy reconoció sufrir de hipertensión arterial (¿habrá sabido que según la más reciente encuesta de México Elige su popularidad bajó a un 47%?). ¿Hasta dónde aguantará la burbuja nacional?