sábado, 16 de septiembre de 2017

Morena, el PT y su fervor por los locos

Estacionados en un antiimperialismo más anquilosado que el nacionalismo revolucionario, con un pensamiento (es un decir) que sigue anclado en los años setenta del siglo pasado, cuando la guerra fría hacía que muchos izquierdosos (y me cuento) pensaran (pensáramos) en la inevitabilidad del triunfo del socialismo mundial sobre el voraz capitalismo representado por el “imperio yanqui”, los actuales dirigentes de partidos como Morena y el PT mantienen una delirante simpatía por regímenes impresentables, como los de Venezuela y Corea del Norte.
  Como todos sabemos (bueno, no todos: ellos al parecer no se han dado cuenta), aquel supuesto socialismo representado por la Unión Soviética y sus temibles satélites de la Europa del Este y de otras regiones del planeta se derrumbó estrepitosamente a fines de la década de los ochenta y aunque la China roja aún existe, es roja sólo de nombre, pues ahí el capitalismo reina tan campante como en la actual Rusia.
  Que los trasnochados altos cuadros de Morena y el Partido del Trabajo sigan apoyando a tipos como Nicolás Maduro y Kim Jong-un sólo demuestra su enloquecido fanatismo y un muy significativo amor por líderes que día con día demuestran que no se encuentran en sus cabales y que la locura más peligrosa está incrustada en sus cerebros. Líderes que, con tal de salirse con la suya, son capaces de llevar a sus países y aun al mundo, como en el caso del juniorazo coreano, al riesgo de la hecatombe.
  Saber que connotados representantes de nuestra “izquierda” cantan loas al chiflado Maduro y al lunático sicótico Jong-un pone los cabellos de punta, ante la posibilidad de que en 2018 sus partidos puedan acceder al poder y colocar sus maniáticas preferencias como políticas de Estado, algo que de manera paradójica los asemejaría (y no necesariamente en sentido contrario) a ese perturbado de pelos anaranjados que desgobierna a nuestro vecino país del norte.
  Morena y PT, adoradores de políticos deschavetados. Insisto: algo muy significativo.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 15 de septiembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (27)

Mientras los Beatles requirieron de setecientas horas para grabar, en 1967, el álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, The Velvet Underground necesito de escasas ocho horas para terminar su disco homónimo de ese mismo año.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Los libros que he leído en lo que va de 2017

1.- Bowie de Simon Critchley.
2.- Hombres fuera de serie de Brett Martin
3.- Pobre patria mía de Pedro Ángel Palou
4.- La muerte del padre de Karl Ove Knausgård
5.- Flecha en el azul de Arthur Koestler
6.- La visita al maestro de Philip Roth
7.- El sonido de la ciudad (Tomo 1) de Charlie Gillett
8.- El sonido de la ciudad (Tomo 2) de Charlie Gillett
9.- Música de mierda de Carl Wilson
10.- Las chicas de Emma Cline
11.- Toda la vida de Héctor Aguilar Camín

(No cuento la relectura que hice hace poco de mi propia novela "Emiliano", para detectar posible erratas)

Y a punto de terminar El camino hacia Marx de Arthur Koestler, a media lectura de Manhattan Transfer de John Dos Pasos y Los hechos de Philip Roth y apenas en el inicio de Cáscara de nuez de Ian MacEwan. Ahí la llevo este año.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Toda la vida

Terminé de leer esta novela corta de Héctor Aguilar Camín, un relato en forma de literatura negra que me recordó mucho las atmósferas de la gran novela El complot mongol de Rafael Bernal.
  Muy distinta a su obra anterior, la estupenda Adiós a los padres (2014), Toda la vida (Random House, 2016) es un relato que nos remite al misterio de dos mujeres enigmáticas, dos hermanas (las inquietantemente hermosas Liliana y Dorotea Montoya) que fascinan, enajenan, envuelven, obnubilan y hacen enloquecer de deseo y pasión al narrador (Serrano), quien trata de dilucidar lo que hay detrás de un antiguo crimen en el que ambas están implicadas.
  El ambiente siniestro de la política y las oscuras fuerzas policiacas del Distrito Federal de los años setenta del siglo pasado se ve muy bien refejado en personajes de tan dudosa catadura y, sin embargo, tan extraña entrañabilidad como Felo Fernández, el Pato Vértiz, el comandante Neri o Ricardo Antúnez.
  Aquella hoy ya vieja Ciudad de México queda fielmente registrada por la pluma de Aguilar Camín, al acudir a sus ya desaparecidos bares, restaurantes, hoteles de paso y antros de mala muerte. Un retrato de una urbe que para bien y para mal ya no existe, pero sobre todo una trama que inquieta, incomoda y nos hace sentir la misma pesadez de espíritu que aplasta a Serranito, el eterno enamorado de la delirante Liliana. Pero también, quizás, de la fría y calculadora, aunque irresitible, Dorotea.
  Tal vez ese sea el mayor e irresoluble misterio del libro.

martes, 12 de septiembre de 2017

La eterna discografía de Neil Young

No se me malentienda. Neil Young es uno de mis músicos favoritos de todos los tiempos. Me precio de conocer bien su obra y de escuchar sus discos desde que estos aparecieron (cuando salió After the Gold Rush, en 1970, yo tenía 15 años y 17 cuando apareció Harvest, en el 72, álbumes esplendorosos que pude oír justo en ese tiempo y que conservo dentro de mi colección de viniles). Desde entonces sigo a Young, lo mismo que a sus compañeros David Crosby, Graham Nash y Stephen Stills, con quienes conformara al mítico Crosby, Stills, Nash & Young.
  He de aceptar, sin embargo, que el gran Neil tiende a excederse y así como grabó un disco a base de puro feedback de guitarra (el inescuchable Arc, de 1991), también le dio por rescatar prácticamente todo material que ha grabado, incluidos conciertos y demos. No está mal. En especial para los fanáticos más aferrados del canadiense que quieren tenerlo todo de su ídolo. No obstante, esto ha dado lugar a la publicación de discos irregulares y no del todo buenos.
  La semana pasada apareció Hitchhiker (Reprise, 2017), una más de las muchas (¿demasiadas?) recopilaciones de Young. En esta ocasión, se trata de una sesión que grabara en 1976 para el productor David Briggs, sin más elementos que su guitarra acústica y su voz, más un esporádico piano y alguna armónica. Las canciones en su mayoría eran inéditas en su momento y varias de ellas fueron apareciendo en discos posteriores, con arreglos más ricos en instrumentación.
  Así, hay aquí temas hoy muy conocidos como “Pocahontas”, “Powderfinger”, “Ride My Llama”, “Human Highway” o la propia “Hitchhiker”, mientras que entre las novedades se encuentran buenas piezas como “Hawaii”,  “Give Me Strength” y “The Country Waltz”. Curioso resulta que la guitarra y la estructura armónica del tema “Captain Kennedy” sean casi idénticas a las de “Know You Got to Run” de Stephen Stills, grabado en 1971. ¿Plagio amistoso?
  Hitchhiker es un buen disco de Neil Young. Sólo eso.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 11 de septiembre de 2017

La fascinante historia del Hotel Riviera de Ensenada

Un lugar mágico y misterioso, en el que vagan las almas de Al Capone y del inventor del coctel Margarita.

Ensenada, Baja California. Se trata del mayor municipio del estado y la ciudad que lleva su nombre es un lugar que va más allá de sus evidentes atractivos turísticos. Puerto pesquero con los mejores mariscos (“no puedes visitar Ensenada sin comer unas tostadas marisqueras en una carreta callejera”, me dijo una gran amiga poco antes del viaje*) y lugar de llegada de grandes cruceros, sus frías playas son ideales para la práctica del surf. Parecería que no hay más y, sin embargo, existe un sitio que estuvo olvidado por largo tiempo, pero que fue rescatado como casa de la cultura: el antiguo Hotel Riviera, hermoso inmueble de blancas paredes y amplios y cuidados jardines en el que se oculta una fascinante historia que involucra a gangsters, políticos, gente del arte y estrellas de Hollywood.
  A mediados de junio pasado, tuve la fortuna de ser invitado a dar un par de cursos y presentar mi novela Emiliano en la galería del oficialmente llamado Centro Cívico y Cultural Riviera del Pacífico y mejor conocido como Centro Cultural Riviera. Ello me permitió admirar la magnífica edificación, originalmente inaugurada en 1930. Se trata de una enorme propiedad de blancas paredes, de estilo colonial español, con grandes estructuras de madera traída de España y Cuba, que se extiende a lo largo de amplios y cuidados jardines. Hoy día, ahí se realizan numerosas actividades culturales (desde conciertos, conferencias, exposiciones o presentaciones de libros hasta clases cotidianas de diversas actividades para niños, amas de casa y personas de la tercera edad). Resulta difícil concebir que ese espacio de tan nobles condiciones haya sido en su momento, especialmente en la llamada época de la prohibición, un suntuoso casino en el que se refugiaban mafiosos de Chicago y donde campeaban el juego, las apuestas, el alcohol, las drogas y la prostitución de lujo.
  El lugar es francamente deslumbrante y seductor. Aunque ya no da con la playa, debido al crecimiento de la ciudad, no resulta difícil imaginar cómo era en su época de esplendor, con el océano Pacífico a la vista de sus terrazas (hoy la vista la tapa el moderno y recién inaugurado Museo de la Ciencia de Ensenada, construido con capital privado).
  Cuenta la leyenda que el principal financiador del Hotel Casino Riviera fue Alphonse Gabriel Capone, el famoso “Scarface”, quien solía visitarlo cuando necesitaba alejarse de su centro de operaciones en Chicago. Si esto es verdad o no, resulta difícil de comprobar, ya que no existen documentos escritos o fotográficos que lo certifiquen. Hay quienes de plano niegan la presencia de Capone y aseguran que se trata de un mero mito urbano, explotado por algunos vivales para realizar recorridos turísticos, sobre todo con los muchos extranjeros, en su mayoría norteamericanos, que visitan Ensenada y quedan encantados al conocer el lujoso “refugio” del afamado mafioso. Me dicen incluso que existen pasadizos (no tan) secretos, por los que se efectúan recorridos en los que de pronto uno puede toparse con los espíritus errantes de algunos de los antiguos comensales del casino (“espíritus” protagonizados por empleados actuales del centro).
  Si lo de Al Capone es verdad o es mentira, de cualquier modo uno no puedo sustraerse al hechizo de la imaginación y dejarse llevar por ella. El ex casino se presta para ello.
  Pude efectuar un recorrido por los largos corredores y los enormes y lujosos salones del vasto inmueble (la barra del bar original es una perfecta maravilla), con sus majestuosos candelabros franceses y sus enormes espejos. Hoy, dichos salones se alquilan para convenciones y grandes fiestas (de esa manera se financia en parte el centro cívico y cultural), pero hace cerca de un siglo, pululaban por allí los gamblers, los padrinos del crimen organizado y las grandes estrellas de Hollywood (desde la época del cine mudo hasta la etapa de las primeras producciones en technicolor). Un notable cuadro, atribuido al pintor regiomontano Alfredo Ramos Martínez, quien en esos años vivía en la relativamente cercana ciudad de Los Ángeles, muestra con un cierto estilo riveriano a famosos visitantes como Marilyn Monroe, Lana Turner, Jack Dempsey y, por supuesto, Al Capone.
  A mediados de la década de los treinta, el gobierno de Lázaro Cárdenas prohibió los casinos y la edificación quedó clausurada durante largos años, hasta que en 1948 fue adquirida por la empresaria estadounidense Marjorie King Plant, quien la transformó en el Hotel Riviera del Pacífico. Fue en ese tiempo, en el llamado Bar Andaluz del propio hotel, donde el bartender David Negrete inventó, a petición de la señora King, el hoy popular coctel Margarita. Una placa en el bar da incluso la fecha de tan singular invento: agosto 21 de 1948.
  De 1963 a 1978 el lugar quedó en el total abandono y sobrevivió de milagro, hasta que fue rescatado por el gobierno de Baja California. Desde 1990, el hoy centro cívico es propiedad del municipio de Ensenada. Sin duda alguna, un sitio extraordinario.

*De carretas y mariscos exóticos

Las famosas carretas no son sino puestos ambulantes con ruedas que se encuentran en algunas esquinas de la avenida costera de Ensenada. Repletos de clientes de todas las clases sociales que acuden a cualquier hora, ofrecen cocteles y tostadas de mariscos con una variedad enorme de estos y con la garantía de haber sido pescados ese mismo día y adquiridos en el Mercado Negro. Pero no se me malentienda: el Mercado Negro no se llama así porque hoy día se vendan productos de manera ilegal. Al parecer, recibió ese nombre porque hace muchos años se expendían allí, en forma soterrada, abulón y langosta, especies que eran exclusivas de las cooperativas pesqueras.
  Ahí conocí uno de los mariscos más extraños que he visto en mi vida: un molusco enorme, con forma de grueso miembro viril (o para evitar eufemismos que puedan molestar a la doctora Verótika, con forma de pene), apenas cubierto por una concha, de la cual parece desbordarse y que es conocido como almeja generosa o (of all names) almeja chiluda. Confieso que no la probé. No por prejuicioso, sino porque cuesta un ojo de la cara (se exporta sobre todo a Japón). Pero sí me fotografié con una de ellas.


(Publicado el día de hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

sábado, 9 de septiembre de 2017

Morena en condominio

Morena se está convirtiendo, a pasos agigantados, en el gran condominio político de México, ese en donde muchos quieren vivir, convencidos como están de que en las elecciones presidenciales del año próximo el ganador será el dueño del cada vez más obeso condo.
  Por eso en estos días llegaron tres notorios (que no notables) nuevos inquilinos: los inefables e inenarrables René Bejarano, Dolores Padierna y Leonel Godoy. Pura fina persona, oiga usté.
  Lo del matrimonio Bejarano estaba más que cantado, una vez cumplida su labor de zapa dentro del PRD. Lo de Godoy como que da lo mismo (a menos que haya llegado en paquete junto con su sobrino incómodo).
  La cuestión es que Morena –con esa su política de puertas abiertas en la que cualquiera puede entrar y purificarse en automático de todos sus pecados, al recibir el perdón del Mesías (Vox Pejex, vox Dei)– se transforma cada vez más en una especie de Babel en la que caben todos los lenguajes y todas las razas políticas, siempre y cuando los que van arribando juren fidelidad y obediencia absoluta al supremo pontífice moreno.
  ¿Que estoy siendo sarcástico? Ojalá así fuera. Por desgracia, lo que describo es una verdad que puede verse a diario, con tanta defección de gente “de izquierda” que busca el cobijo de la gran túnica amloísta. ¿Que los atrae la ambición y la idea de la repartición de puestos y prebendas una vez que su patrón consiga al fin la tan anhelada presidencia de la república? ¿O no será que se trata de gente idealista y moralmente intachable que lo único que busca es el bienestar de los mexicanos? Ok, está vez sí fui sarcástico.
  Del lado perredista, deberían agradecer que se están librando de tanta escoria y de tanto infiltrado. No sé cuál sea el futuro del partido del sol azteca y si logrará sobrevivir al 2018, pero cuando menos ya tienen menos lastre y la creación del Frente Amplio Democrático podría ser una tabla de salvación. Podría.
  Mientras tanto, el condominio de Morena crece y se ensancha. A ver qué sucede con semejante promiscuidad.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 8 de septiembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (26)

Neil Young escribió "Rockin' in the Free World" luego de escuchar decir a uno de los integrantes de su grupo Crazy Horse que le gustaba más tocar en Europa que en el Medio Oriente, porque "es mejor rocanrolear en el mundo libre". La canción se convertiría en una especie de himno, pero en realidad se refiere, ha dicho Young, "a la mezcla contradictoria de culpa y orgullo que significa ser estadounidense".

jueves, 7 de septiembre de 2017

Sismo

Como a las once y media de la noche sonó la alarma sísmica. Yo estaba cenando en mi cuarto, mientras veía Futbol Picante en ESPN. Como ayer había sonado también y fue falsa alarma, por un momento dudé qué hacer. Finalmente decidí salir y al llegar a la calle (fui el primero del edificio) aún no temblaba. Varios vecinos del rumbo estábamos ya sobre el pavimento, dudando si sería otro "error humano", cuando el suelo comenzó a moverse bastante fuerte y siguió así durante un buen (mal) rato. No hubo histeria, pero sí preocupación. Los cables de electricidad se movían, pero los inmuebles al parecer no. Tampoco se escucharon crujidos o ruidos semejantes. ¿Cuánto duró aquello? ¿Quizá dos minutos? Permanecimos como un cuarto de hora allí, hasta que poco a poco fuimos  regresando a nuestros respectivos hogares, con un nervioso "buenas noches". La luz no se fue. Tampoco la línea de teléfono o internet. Por whatsapp pude ponerme en contacto con mis hijos, mis hermanas y algunas amigas. Todos bien. Bueno, una amiga no me respondió, pero sé que si vio mi mensaje. No me contestó porque tiene un novio que no la deja. Entré a las redes sociales y empezaron a surgir la información y los comentarios. Algunos bromeamos. Cuando leí que había sido de 8.2 grados me sosprendí. Eso es más que el sismo de 1985. Recordé el movimiento de la calle y concluí que había sido oscilatorio, quizá por eso no se sintió tan feo y no se reportaron daños en la Ciudad de México. Pero más tarde, la información señalaba que en Chiapas (donde fue el epicentro) y en Oaxaca la cosa sí había estado fea y con derrumbes de casas y edificaciones. Habrá que esperar a mañana para saber qué sucedió por allá. En el antiguo DF al parecer hubo saldo blanco.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Tormentón

Fui a ver a mi mamá por la tarde, allá en Tlalpan, y apenas llegué se soltó una tormenta cercana al diluvio que tardó cerca de tres horas, sin que diera trasas de terminar. Myrna mi hermana ya estaba ahí cuando llegué y también se salvó del aguacero.
  Estuvimos bien, haciéndole compañía a mi mamá, ya que Ivette y Carlos habían salido. Como a las siete, me llamó Ivette para decirme que estaban atrapados en un un congestionamiento a la altura de Perisur. Ella y Carlos tardarían más de una hora en llegar, en un tramo que normalmente se hace en menos de diez minutos.
  Me regresé poco antes de las nueve. Me extrañó que hubiera tanta gente a esa hora en el metrobús, pero al llegar aquí me enteraría de que en la zona de Tlalpan todo se había inundado y el servicio de ese medio de transporte se había suspendido (ver foto de usuarios rescatados) hasta poco antes de que yo lo tomara; de ahí la cantidad de pasajeros desesperados por llegar a sus casas.
  A Myrna le iría a recoger su esposo Jorge, quien sólo pudo llegar por ella a la medianoche y aún harían cerca de dos horas a Tepepan.

martes, 5 de septiembre de 2017

Walter Becker y LCD Soundsystem

Murió Walter Becker, uno de los pilares, junto con Donald Fagen, de ese legendario grupo tan exquisito e inventivo que fue Steely Dan. Guitarrista de una finura excepcional, Becker deja una herencia que muy pocos han retomado, quizá porque el estilo de la mítica agrupación angelina es muy difícil de imitar: esa mezcla de rock, pop y jazz que produjo álbumes espléndidos como Countdown to Ectasy (1973), Pretzel Logic (1974), Aja (1977) y Two Against Nature (2000).
  Curiosamente, un proyecto en apariencia tan ajeno a Steely Dan como LCD Soundsystem parecería haber absorbido algunas influencias del grupo de Fagen y Becker. Cuando menos en su muy reciente disco, el relumbrante American Dream (Columbia, 2017), hay ecos de aquel rock setentero tan elegantemente producido por el sexteto de Los Ángeles.
Definido a la perfección por Tim Sendra, reseñista de allmusic.com, como un disco hecho “para los pies, el cerebro y el corazón”, American Dream es una joya del rock pop electrónico, una obra en la que James Murphy, líder de LCD Soundsystem, va de los ritmos más intensos e irresistibles a las melodías más melancólicas y evocadoras.
  Hay cortes fuera de serie como los fantásticos e hiperquinéticos “Emotional Haircut”, “Other Voices” (absolutamente Talking Heads), “Tonite” y “Call the Police”, mientras que otros apelan más a la tranquilidad y la reflexión, como los preciosos “American Dream” (que en algo remite a Arcade Fire), el abridor “Oh Baby” y la composición homenaje a David Bowie que cierra el plato: “Black Screen”. Hay otros más densos y oscuros, como “I Used”, “Change Yr Mind” o “How Do You Sleep”. En todos ellos hay que resaltar también la expresiva voz de Murphy.
  “Los tiempos aún requieren de una gran agrupación de rock (con sintetizadores) que pueda hablar de las ansiedades de la vida moderna, mientras al mismo tiempo nos hace bailar toda la noche”, dice Tim Sendra y pienso que LCD Soundsystem lo consigue con creces.
  Escuchémoslo... y volvamos a escuchar a Steely Dan.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

domingo, 3 de septiembre de 2017

Los doce sueños del Dr. Sardonicus

El cuarto opus del quinteto angelino Spirit es una de las cumbres de la psicodelia sesentera y uno de los grandes discos de la historia del rock. Twelve Dreams of Dr. Sardonicus (Epic, 1970) fue el último plato grabado por la alineación original del grupo, conformada por Randy California (guitarra y voz), Ed Cassidy (batería; además de ser padrastro de California, a quien le llevaba veintiocho años de diferencia), Jay Ferguson (voz y percusiones), Mark Andes (bajo) y John Locke (teclados), mismos que anteriormente habían sacado los álbumes Spirit (1968), The Family That Plays Together (1968) y Clear (1969).
  El estilo de la agrupación abrevaba de diversas corrientes, especialmente del folk, el jazz, la música clásica y por supuesto el rock, pero al fusionar esos y otros elementos, creó un sonido propio, altamente experimental, pero siempre bajo la estructura de la canción. Estos Doce sueños del Dr. Sardonicus constituyen de hecho un álbum conceptual, pero se trata de una docena de canciones perfectamente diseñadas como tales. No en balde alguien llamó irónica pero cariñosamente a esta obra, en obvia referencia, Sgt. Sardonicus.
  Twelve Dreams of Dr. Sardonicus fue producido por David Briggs, quien había trabajado con Neil Young y dio a la agrupación el exacto toque que necesitaba y del cual careció en sus tres trabajos anteriores; buenos, sí, pero sin la brillantez de éste. El álbum da fe de una docena de sueños en forma de canción, cada uno de ellos una joya en sí mismo. Si un mérito tiene este plato es que ninguno de los cortes sirve de relleno o está de sobra. Cada pieza resulta perfecta y distinta a las otras. Eso podemos comprobarlo desde el arranque mismo, con el bellísimo y emotivo “Prelude-Nothing to Hide”, mismo que empieza con una suave melodía de tonos acústicos para estallar en frenéticos fuegos de artificio plenamente rocanroleros, con un Randy California cuya guitarra no dejará de asombrarnos a lo largo de todo el disco (parece increíble que este músico, fallecido en 1997, en esos momentos sólo tuviera diecinueve años de edad).
  “Nature’s Way” es uno de los temas más conocidos de Spirit, un folk-jazz de enorme hermosura, con un mensaje ecologista que jamás cae en lo cursi (por fortuna, el quinteto nunca recurría a los mensajes hippies, tal vez por ser originario de Los Angeles y no de San Francisco) y cuyo sentido musical penetra en el escucha con una sutileza tan agridulce como conmovedora, gracias sobre todo a la voz solista de Jay Ferguson y las posteriores armonías corales que juegan con asombrosa y cuasi polifónica eficacia. “Animal Zoo” es otra maravilla, una canción llena de buen humor y con una complicada estructura y una letra que recuerda el mordaz estilo crítico de Ray Davies de los Kinks, mientras la música remite un tanto a “Medicated Goo” de Traffic. “Love Has Found a Way” empieza con extraños efectos producidos por una cinta tocada al revés (muy a la beatle en Revolver), para derivar en seguida en una composición intrincada, con cambios sorprendentes y un uso del vibráfono que sólo Frank Zappa había mostrado y ese sentido melódico que existe en todos los cortes y que es uno de los sellos distintivos del álbum. Un cambio súbito nos lleva de la mano a la majestuosamente simple y brevísima “Why Can’t I Be Free”, una mini obra maestra que en apenas poco más de un minuto nos envuelve con el encanto de un susurro. De ahí el disco parte hacia un tema por completo diferente y lleno de contundencia, el extraordinario “Mr. Skin”, un rock sólido, con sabor funky, voces en falsetto y un ritmo irresistible. El arreglo de los metales es como de un soul a la Stax. Se dice que Ferguson escribió “Señor piel” en homenaje a su “viejo” baterista cuarentón, Ed Cassidy, quien siempre llevaba la cabeza rasurada (algo poco usual en aquellos días de largas cabelleras) y al que sorprendió en un hotel en una situación comprometedora con una joven admiradora y del que sólo alcanzó a ver su epidermis (“Mr. Skin, you know where you’ve been”, dice la letra con negro sentido del humor).
  El segundo lado del vinil original de Twelve Dreams of Dr. Sardonicus da comienzo con un piano que parece divagar en acordes persistentes, acompañado por guitarras y bajeos que buscan algún punto de reposo, mismo que aparece cuando el propio piano inicia un suave jazz psicodélico al que pronto se une la banda entera en un tema instrumental que incluye un moog y algunas figuras alucinantes, en un crescendo que culminará aparentemente en un fade out y un silencio, para reiniciar una especie de viaje astral que termina con las mismas divagaciones musicales del piano, el bajo y la guitarra. ¿El nombre de la pieza? “Space Child”.
  El segundo track del lado B es la sorprendente “When I Touch You”, una de las composiciones más impresionantes del disco. Todo se conjuga para crear un ambiente al mismo tiempo ominoso e intenso, inquietante y a la vez lleno de belleza. La canción sube y baja, recorre diversos pasajes y no da punto de reposo ni siquiera en sus momentos relativamente calmos. Los cinco músicos están a su máximo nivel interpretativo, pero hay que resaltar la labor guitarrística de California y la voz apasionada de Ferguson. Estremecedora.
  Las cuatro cortes finales son igualmente estupendos. La contagiosa “Street Worm” es una callejera y sardónica composición que rompe por completo con el mood de las dos piezas con que iniciara este segundo lado. El ambiente espacial y psicodélico deja su lugar a un rock simple (es un decir) y de cierta dureza en un tema divertido e incisivo. La semiacústica “Life Has Just Begun” posee un delicioso sabor de folk sesentero que de pronto remite a Jethro Tull pero también, ligeramente, a los Rolling Stones de los primeros años setenta. “Morning Will Come” anuncia y prefigura el estilo de Marc Bolan y T. Rex y su arreglo de metales resulta incontenible. Como dice el crítico Matthew Greenwald, con su sonido un tanto bubble gum (en el mejor sentido del término), este tema “pudo ser un éxito comercial…, pero no lo fue”. Twelve Dreams of Dr. Sardonicus cierra de manera sabia y majestuosa con la finísima “Soldier”, una breve composición calma, profunda, de tintes sinfónicos, con referencias a la inicial “Prelude” y voces a la Beach Boys en el Pet Sounds.
  Twelve Dreams of Dr. Sardonicus representa mucho de lo que fue el rock psicodélico de fines de los sesenta, con la ventaja de que sigue sonando perfectamente actual. Se trata de un disco trascendente, una memorable oda a la melodía, un venturoso canto a la armonía, un álbum lleno de emociones y de aportes musicales y letrísticos. Hoy día muy pocos lo recuerdan, lo cual resulta decepcionante y muy indicativo de la incultura musical que priva entre las nuevas generaciones. Al respecto, hace poco dijo alguien: “La única analogía contemporánea para Twelve Dreams of Dr. Sardonicus en la cual puedo pensar es el OK Computer de Radiohead, sólo que el disco de Spirit es más consistente… y más divertido”.

(Reseña publicado en mi libro Cerca del precipicio, editado en 2012 por Cuadernos del Financiero)

sábado, 2 de septiembre de 2017

Había una vez una encuesta

¿Habrá alguien con dos dedos de frente que se haya tragado el cuento de la encuesta que llevó a Claudia Sheinbaum a la candidatura para contender por el gobierno de la Ciudad de México? ¿Habrá quien sea tan ingenuo como para pensar que detrás de ello no se esconde el siempre priista dedo elector de Andrés Manuel López Obrador?
  La política es muy curiosa. Como en ella la forma es fondo, en Morena tratan de guardar esas formas y hacer como que se creen la farsa de la dichosa encuesta... ¡y además la defienden! Gente con cierto nivel intelectual se suma a esta fantasía de ayer y de hoy y hasta argumenta en los medios para legitimarla. Surrealismo puro. Una historia con la cual Luis Buñuel habría logrado una película a la altura de Un perro andaluz, sólo que la navaja no rebanaría un ojo sino la inteligencia de los militantes morenos.
  “Todos supimos del procedimiento, nos fue explicado con todo detalle; de hecho, Mario Delgado, Martí Batres y yo siempre reconocimos, creo que Ricardo Monreal también, al grupo que hace las encuestas al interior de Morena como un grupo profesional y fueron varias las preguntas”, declaró la señora Sheinbaum, en espera de que todos nos chupáramos el dedo. ¿Cuál grupo? ¿Cuáles preguntas? ¿A quiénes se las hicieron? Nadie sabe, nadie supo.
  ¿Debe Ricardo Monreal cuidar las formas también y proseguir con la fabulosa fábula de la encuesta? A mi modo de ver, el delegado en Cuauhtémoc tiene de dos sopas: o se traga el amargo caldo de la voluntad del Peje y baja la cabeza ante el Mesías omnipotente o prepara una crema a su gusto y no al de López, atreviéndose a desafiarlo e incluso a convertirse en su oponente, rompiendo con Morena y buscando la misma candidatura desde otro u otros partidos. Si Monreal sabe que las encuestas reales lo favorecen, que se atreva a pelear leal y abiertamente en las urnas contra la favorita del Jefe Máximo. La imposición se combate con procedimientos legales y democráticos y es posible derrotarla.
  Había una vez una encuesta...

(Mi columna "Cámara húngara" de hoy en Milenio Diario)

viernes, 1 de septiembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (25)

La canción favorita de Slash, el guitarrista de Guns n' Roses es "Nobody's Fault" de Aerosmith y él mismo ha contado por qué: "La primera vez que la escuché fue cuando fui a la casa de una chava que me gustaba y a la que quería invitar a salir. Llegué ahí, platicamos un rato, nos dimos un toque y entonces ella puso el disco Rocks de Aerosmith. Cuando sonó 'Nobody's Fault', fue como si me cayera encima una tonelada de ladrillos. En ese momento, me olvidé completamente de la chava".

jueves, 31 de agosto de 2017

Entrevista en "Ciudad anfibia"

Hoy salió al aire el programa de radio que grabé ayer en la estación Código CDMX del gobierno de la ciudad. Ciudad anfibia se llama el programa conducido por Eduardo Vel y en el mismo hablamos sobre mi novela Matar por Ángela y algunos otros temas. Querdó muy bien. Les dejo el podcast del mismo. Basta con que den clic justamente aquí.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Una antigua foto de mis tíos Michel


Once de los doce hermanos de mi mamá (con ella fueron, claro, trece). Cuando se tomó esta foto, en Autlán de la Grana, Jalisco, por allá de 1921, mi madre no había nacido aún. El único que falta es el mayor de mis tíos Michel Ruelas, Andrés, nacido en el año 1900, quien al parecer andaba de viaje en esa ocasión. Todos los demás están ahí: Fausto, Lucila, Amtonio, Enrique y Edmundo (arriba); Teresa, Carlos, Raquel, Aurora, Beatriz y Javier (abajo). Gran imagen.

martes, 29 de agosto de 2017

El sueño enfebrecido de Everything Everything

La cantidad de música que se produce hoy, la tormenta inclemente que nos empapa de nuevas grabaciones que aparecen cada semana, hace que la labor de críticos y reseñistas sea al mismo tiempo un sueño dorado que una pesadilla. Sí, es una maravilla poder acceder a tantas propuestas de todo el mundo con el simple expediente de meterse a Spotify, YouTube y otros sistemas de streaming, pero también resulta estresante no poder abarcar como se debe todo ese cúmulo de información. Sólo especialistas obsesos (y brillantes) como Anthony Fantano pueden darse el lujo de dedicarse casi de tiempo completo a escuchar, diseccionar y comentar prácticamente un disco al día, con un detalle tan asombroso como envidiable.
  En medio de ese maremagnum musical que nos permite internet, las sorpresas abundan y es un privilegio toparse con ellas. Es el caso de Everything Everything, un grupo de Manchester, Inglaterra, que este año cumple diez años de actividad y del que confieso desconocía su existencia. Pero nunca es tarde para adentrarse en algo nuevo y sobre todo así de bueno.
  Con tres álbumes anteriores tan interesantes como Man Alive (2010), Arc (2013) y, muy especialmente, Get to Heaven (2015), el cuarteto acaba de dar a luz su cuarto opus, el estupendo A Fever Dream (Big Picnic Records, 2017).
  Everything Everything elabora una música compleja pero a la vez extrañamente accesible. Del lado instrumental, todos sus integrantes son asombrosos, con una sección rítmica sólida y potente, un guitarrista inventivo y un tecladista fantástico. Como añadidura, las voces y las armonías vocales, con un empleo muy afortunado del falsete, son de una perfección casi absoluta.
  Sin llegar a las alturas de su plato de 2015 (una maravilla), A Fever Dream es un trabajo muy disfrutable, con piezas tan excelsas como “Desire”, “Good Shot, Good Soldier”, “Ivory Tower” y la homónima canción que da nombre al álbum y que en algo recuerda a Neil Young pero en electrónico.
  Un muy buen disco.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 28 de agosto de 2017

The Girls

Terminé de leer Las chicas, la estupenda novela de la joven autora estadounidense Emma Cline editada por Anagrama. Si bien su nombre podría prestarse a confusiones e incluso confundirse con la magnífica serie de HBO Girls, en realidad el libro se relaciona mucho más con otra serie, esta de Netflix: Aquarius. De hecho, tanto ésta como el libro se refieren al mismo tema (la secta de Charles Manson), aunque con tratamientos muy distintos.
  La novela de Cline narra esa terrible historia, sucedida en agosto de 1969, pero usa otros nombres y la enfoca desde el punto de vista de una de las adolescentes incolucradas en la secta, aunque de manera más bien pasiva y tangencial. Cuando menos, Evie, la narradora, aunque está a punto de hacerlo, no participa finalmente en los crímenes y se entera de ellos días más tarde. Pero no diré más de la trama del libro.
  Con un estilo claro y ameno, la autora nos cuenta lo acontecido desde dos perspectivas: la de Evie ya adulta que recuerda aquella pesadilla y la de Evie quinceañera, al momento de vivir los hechos, luego de conocer a "las chicas" de Manson (quien aquí se llama Russell). A pesar de una traducción que abusa de los gerundios, la novela es bastante buena y recomendable, pues consigue recrear con exactitud y credibilidad la atmósfera de aquellos días en que el sueño hippie de la paz y el amor se transformó en súbita violencia homicida.
  Vale la pena leerla.

domingo, 27 de agosto de 2017

Odio fonky (tomas de buró)

“En el principio fue el kiosko”. El título del primer tema de Odio fonky (Grabaciones Lejos del Paraíso, 1994) parece resumir de qué trata este disco inusual, insólito, como un cuerpo extraño y extraordinario (en la exacta definición de la palabra, es decir, algo que va más allá de lo ordinario) dentro de la cotidiana grisura de eso que muchos siguen llamando rock mexicano. A 23 años de haber sido grabado en condiciones mínimas (¿o habría que decir minimalistas?) y absolutamente austeras, esta colección (¿conceptual?) de dieciséis composiciones mantiene su frescura y su vigencia, como si hubiese sido grabada hoy. ¿A qué se debe esto? ¿Cuál es el secreto de un álbum que de inicio y aun en su proceso fue concebido por sus perpetradores como un cuaderno de apuntes y terminó convertido en todo un tratado, en un libro de texto del cual deberían abrevar y aprender las nuevas generaciones de músicos? Las palabras clave son dos: talento artístico.
  ¿Cómo definir al sonido del álbum? ¿Cómo determinar por medio de palabras las atmósferas que crean las guitarras de Aguilera y la voz de López a lo largo de los catorce cortes del disco? Volvamos a la frase con la cual se inició esta reseña: “En el principio fue el kiosko”. Es decir, lo urbano; es decir, la calle. Porque eso es Odio fonky, un trabajo eminentemente citadino, con sabor a pavimento, a luces de neón, a tránsito vehicular, a barrio bravo, a futbol callejero, a vagabundos y pepenadores, a oficinistas y secretarias y estudiantes y amas de casa, a cantinas de pisos manchados, a bares y antros de mala muerte, a parques bucólicos de árboles amarillentos, a contaminación atmosférica y visual, a neblumo, a alcohol y bohemia, a la lenta prisa por llegar a ninguna parte. Es la historia de algunos personajes citadinos, algunos concretos (El Malafacha), los otros colectivos (la chilanga banda). Es eso: el disco más claramente chilango, el más profundamente defeño que se ha producido desde que Chava Flores le cantaba a México, Distrito Federal, aunque su ironía venga de otra parte y se dirija a otra también. Sin embargo, no es un disco costumbrista o de falsos folclorismos, no hay en el mismo asomo alguno de elementos que lo pudieran convertir en el clásico mexican curious de exportación y de ahí que resulte aún más auténtico  y valioso.
  La combinación López-Aguilera da buenas cuentas, tanto en los temas escritos al unísono como en aquellos compuestos de manera individual. Esto se comprueba desde la breve pieza instrumental que da inicio al disco y se consolida a lo largo del viaje, ya sea por medio del primer rap absolutamente defeño (el ya clásico “Chilanga banda”), de la desfachatada ironía acompasada y danzonera (“Malafacha”), de la desencantada intensidad rocanrolera (“La misma vieja canción”) o de los malabares de lenguaje más sardónicos (“Nuestro amor es ese gato negro muerto en el baldío”). Pero están también otros temas como ese “Tatuaje” apasionadamente bluesero, ese “Moros con tranchete” de guitarreos pirotécnicos y a la vez contenidos, ese “Nadie da por nada su corazón” de inaudita belleza melancólica, ese “Fama fatal” de provocativa cachondería y ese “Materia tóxica” que es como una mezcla de Tom Waits con el trío Los Panchos. El disco culmina con una serie de piezas de vehemencia semejante, como la antiburocrática y sonera “El cara de memorándum o cutis de currículum”, la divertida y lobuna “Odio fonky”, la hipnótica y lunar “El recado” y esa especie de coda que es “Radio odio”.
  Odio fonky (tomas de buró), su título completo, es ante todo un disco de rock, de buen rock. Hay en él una fusión de géneros que van del danzón y el mambo al blues, el folk y el bolero, pero la música sigue sonando a rock, sigue siendo rock. Esa fusión se convierte en una fisión rocanrolera que nunca pierde su esencia y en ello estriba una lección que no ha sido aprendida por muchos músicos actuales que en lugar de fusionar, calcan; que en vez de entremezclar ingredientes con sabiduría culinaria, copian del modo más obvio y más burdo.
  Puro odio fonky.

Reseña contenida en mi libro Cerca del precipicio (Cuadernos de El Financiero, 2012)

sábado, 26 de agosto de 2017

A punta de dedazos

La tan priista tradición del dedazo es algo que no se va. Forma parte de la cultura política mexicana, al lado de la cargada, el tapado, el carro completo y otras bonitas usanzas nacionales que son consustanciales a nuestro folclor autóctono.
  Pero es del dedazo que quiero escribir hoy y de la permanencia de ese ente para nada anónimo que es el dedo elector. En las épocas cuando el PRI era el partidazo único e invencible (¿se acuerdan de la dictadura perfecta vargasllosana?), el Señor Presidente (así, con mayúsculas) designaba a su sucesor sin que alguien osara oponerse a ese derecho cuasi divino. ¿Han cambiado las cosas en la por siempre incipiente democracia mexicana? No mucho.
  Para el 2018, al menos dos partidos harán uso del dedazo para nombrar a su candidato oficial a la presidencia de la república: el Revolucionario Institucional y Morena. Con todo lo desgastada que pueda estar la figura del primer mandatario, Enrique Peña Nieto será el gran elector priista y quien escogerá a su sucesor. La más reciente convención priista lo dejó muy en claro.
  En cuanto a Morena, ¿alguien tiene alguna duda de quién hará uso del dedazo para proclamar a su candidato a la grande? Lo peculiar en este caso es que el gran elector morenista se designará a sí mismo (ya lo hizo, desde hace mucho, pero falta el trámite oficial y ese tipo de engorrosas formalidades). Andrés Manuel López Obrador será “el bueno”, por aclamación individual absoluta. ¿Alguien se opondrá a ello? Como exclamaría una querida amiga mía: obvio no. Dicen que el miedo no anda en burro y en Morena todos le temen al jefe y propietario ad æternum... y ad absurdum.
  Así pues, Peña y López, como buenos tradicionalistas imbuidos de la cultura priista, harán pleno uso de sus facultades omnímodas para mantener al dedazo como uno de los usos y costumbres más preclaros de la idiosincracia nacional.
  Después de todo, para recordar al buen Rius, en estas tierras aguantamos lo que sea: somos los supermachos... y los agachados.

PD: En Morena, al dedazo lo llaman encuesta.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 25 de agosto de 2017

Para dártelas de entendido en rock (24)

La noche en que Jimi Hendrix tocó por primera vez en Londres, Jeff Beck salió del club donde tuvo lugar el concierto y corrió a un pub para buscar a Eric Clapton y Pete Townshend. Con expresión de susto, les dijo: "¡Creo que los tres estamos en problemas!".

jueves, 24 de agosto de 2017

1962-2017: 55 años de Pumas en primera

Se dice fácil, pero este año se cumplen 55 años de la llegada de los Pumas del Universidad a la primera división del futbol mexicano y puedo decir, con orgullo, que en ese entonces yo ya era seguidor del equipo auriazul.
  En 1962, yo tenía siete años de edad, cursaba el segundo año de primaria y en mi más antigua memoria tengo presente un partido nocturno en el Estadio de Ciudad Universitaria, Universidad contra Poza Rica, cuando los Pumas aún estaban en segunda. Eso debe haber sido meses antes del ascenso y recuerdo que quien me llevó fue mi hermano Sergio, entonces de diecisiete años. Así pues, yo también cumplo 55 años como aficionado al cuadro de la Universidad Nacional Autónoma de México.
  De los jugadores de aquella época, me acuerdo del portero Alejandro Mollinedo, de Carlos Calderón de la Barca, de José Antonio "El Espátula" Rodríguez, de Raúl Chanes, de Alfredo Echávarri, de Genaro Tedesco, de Elías Muñoz, de Alberto Etcheverry. Luego vendrían "Rulo" y "Memo" Vázquez, José Luis "Calaca" González, Víctor Pérez, Carlito Peters, Luis Regueiro, Aarón Padilla y el único ídolo que he tenido en toda mi vida: Enrique Borja.

  Jugadores de leyenda de la escuadra universitaria hay muchos más. Nombraré sólo a algunos: Miguel Mejía Barón, Héctor Sanabria, Francisco Castrejón, Genaro Bermúdez, Mario Velarde, Arturo Vázquez Ayala, Bora Milutinovic, Evanivaldo Castro "Cabinho", Spencer Coehlo, Juan José Muñante, Carlos "Sobuca" García, José Luis "Pareja" López, Enrique López Zarza, Antonio de la Torre, Leonardo Cuellar, Hernán Cabalceta, Olaf Heredia, Ricardo Ferretti, Juan Carlos Vera, David Patiño, Luis Flores, Manuel Negrete, Manuel Manzo, Miguel España, Alberto García Aspe, Luis García, Jorge Campos, Claudio Suárez, Jesús Olalde, y, claro, Hugo Sánchez.
  Ya más recientes, destaco a Sergio Bernal, Bruno Marioni, Braulio Luna, Gerardo Torrado, Israel López, Rafael "Chiquis" García, Joaquín Beltrán, Leandro Augusto, Francisco "Kikín" Fonseca, Israel Castro, Darío Verón, Efraín "Chispa" Velarde, Pablo Barrera, Héctor Moreno, Efraín Juárez y Francisco Palencia. Entre 1962 y 2017, a todos he podido verlos jugar (nos han dado siete títulos y grandes emociones que incluyen las lágrimas) y eso es algo que me resulta sencillamente maravilloso.

 
Respecto al momento actual, ya hemos pasado por varias crisis y esta se superará, aunque duele ver tan mal al equipo.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Música para las masas

Para muchos críticos y seguidores de Depeche Mode, es esta la obra central del grupo, la que le dio su trascendencia definitiva y perenne. No puede ser menos, en efecto, un álbum que comienza con un tema musicalmente tan perfecto como “Never Let Me Down Again”, con ese riff inicial y una instrumentación que marcaría mucho de lo que habría de venir, no sólo con el cuarteto en particular, sino con la música electrónica en general (lástima sin embargo que le letra sea tan intrascendente). 
   Pero lo que sigue a continuación no desmerece en absoluto. “The Things You Said” es un conmovedor remanso de calma, “Strangelove” (otro clásico depechemodiano) es el modelo ideal de lo mejor del pop electrónico ochentero, “Sacred” es una afortunada mezcla del rock gótico con el dance, “Little 15” es un extraño pero fascinante y afortunado experimento minimalista, “Behind the Wheel” es una pieza –de masoquismo confeso– hipnótica y atractivamente siniestra, “I Want You Now” es una plegaria –cantada por Martin Gore– llena de sensual y sexual ansiedad y de una escalofriante angustia, “To Have and to Hold” combina lo siniestro y lo escalofriante de las dos composiciones anteriores y lo hace más acentuado aún, “Nothing” es un corte de discreto encanto en su atmósfera acompasadamente danzable y “Pimpf” culmina el disco con aires de grandeza instrumental para piano, sintetizadores y coros paragregorianos.
  Music for the Masses (1987) puso a Depeche Mode en las más grandes alturas, sin que ello significara que en adelante vendría el declive. El genio de Gore y el talento de sus compañeros todavía darían aún mucho de sí.

(Reseña que escribí para el Especial de La Mosca en la Pared No.21, dedicado a Depeche Mode y publicado en junio de 2005)

martes, 22 de agosto de 2017

La sofisticación del oso Grizzly

Pocas agrupaciones hay que elaboren una música tan finamente intrincada, tan inteligente y sensiblemente sofisticada, tan hermética y tan hermosa como Grizzly Bear.
  Desde su primer disco, esa joya de la psicodelia minimalista que es Horn of Plenty (2004), este grupo neoyorquino (de Brooklyn, para mayor exactitud), liderado por Ed Droste, ha mostrado su inclinación por una música laberíntica, cuyos senderos se bifurcan en mil direcciones, una música que renuncia al facilismo comercial y exige del escucha un esfuerzo extra para adentrarse en su propuesta. Quien lo logra, obtiene una enorme recompensa: la de la belleza artística plena, demostrada en sus seis álbumes subsiguientes, en especial maravillas como Yellow House (2006), Veckatimest (2009), Shields (2012) y el flamante y deslumbrante Painted Ruines (2017), su más reciente opus.
  Tras cinco años de ausencia discográfica, Grizzly Bear ha regresado con un disco de rock de cámara riquísimo en texturas, en armonías vocales y arreglos instrumentales que van de lo estrictamente minimalista a la elaboración de repentinas paredes de sonido.
  Las composiciones de Droste son capaces de brindar melodías memorables sin caer jamás, paradójicamente, en el estribillo sencillo de repetir: memorables mas no fácilmente memorizables.
  Así, piezas como “Wasted Acres”, “Mourning Sound”, “Three Rings”, “Losing All Sense”, “Neighbors”, “Systole” o “Sky Took Hold” son capaces de llevarnos a la emoción más profunda, a pesar del hermetismo de sus letras, tan sólo con sus exultantes y exuberantes atmósferas que lo mismo remiten a la psicodelia que al rock progresivo o el post rock.
  Con una producción impecable y ajeno a las modas que impone el marketing, fuera del mainstream y por ende de los grandes reflectores, Painted Ruines es un trabajo de delicadísima orfebrería musical, una obra que pide ser escuchada completa muchas veces, con atención y hasta con devoción, para abrirnos las puertas de su muy particular percepción.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 21 de agosto de 2017

Una foto de mi papá


De muy joven, quizá de 19 o 20 años, todo galán, junior y soltero, al lado de un amigo cuya identidad desconozco. Me parece que la imagen se la tomaron durante una visita que hizo a El Fuerte, Sinaloa, por allá de 1940. Me encanta su pose. Siempre fue relajado y feliz.

domingo, 20 de agosto de 2017

El Espía

Anuncio de El Espía Te Ve, la "revista de espectáculos para todos los que odian el mundo de los espectáculos" que empecé a dirigir a principios del año 2000 y que tan sólo duraría cinco números. El anuncio apareció en La Mosca en la Pared No. 39. Los dueños de la editorial nunca entendieron la razón de una revista que se burlara de las revistas de espectáculos tipo TV Notas y de esa especie de periodismo superficial y generalmente oligofrénico. Una lástima que no apoyaran mi idea más allá de cinco números. La foto de Cecilia Suárez, por cierto, es de Mariana Yázbek. Estuve en la sesión y fue muy divertida. A la Suárez no le gusto que eligiéramos esa imagen y a Mariana no le gustó que la coloreáramos (era en blanco y negro). Sin embargo, a mí me parece que se veía muy bien.

sábado, 19 de agosto de 2017

Querido Héctor

Vi en las redes el terrible video en el que un tirador “practica” al vaciar la carga de su revólver contra un blanco: el rostro del periodista Héctor de Mauleón. Al parecer, fue grabado en un campo de tiro oficial de la delegación Tláhuac, lo cual vuelve doblemente siniestro el amenazador documento.
  Se dirá que perro que ladra no muerde, pero ya son demasiados los ladridos, traducidos en amenazas de muerte, que ha recibido mi querido y admirado Héctor, sin que las autoridades investiguen a fondo el origen de dichas amenazas  y sin que el gremio periodístico militante muestre su apoyo irrestricto a un compañero de profesión. Al menos la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ya se pronunció, al decirse preocupada por la situación e hizo una llamada para que se indague sobre la misma.
  Conozco a Héctor de Mauleón desde hace cerca de diez años, cuando empecé a colaborar en la sección de música de la revista Nexos. Nos hemos visto varias veces y tuve el honor de que hace un par de años presentara la reedición de mi novela Matar por Ángela, junto con mis también muy queridos Ciro Gomez Leyva y Julio Patán. Siempre ha sido amable y afectuoso conmigo. Es un tipazo, con un gran sentido del humor a pesar de su seriedad aparente. Acerca de sus cualidades intelectuales, culturales, literarias y periodísticas nada puedo agregar a lo que es públicamente sabido. Se trata de una de las mentes más lúcidas de este país y su columna diaria en El Universal es lectura obligada.
  Por desgracia, es esa columna la que le ha acarreado la malquerencia de mucha gente que se ha sentido afectada por las valientes denuncias y revelaciones del periodista, hasta el punto de amenazarlo de muerte.
  Desde esta modesta columna envío mi solidaridad abierta a Héctor de Mauleón y me sumo a la petición de la CNDH, del consejo editorial de Nexos y de tantos otros para que las autoridades asuman su responsabilidad e intervengan de manera decidida en este penoso asunto.
  Un abrazo grande, cariñoso y solidario, querido Héctor.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 18 de agosto de 2017

Para dártelas de entendido en rock (23)

El grupo estadounidense Lynyrd Skynyrd tomó su nombre de un maestro de preparatoria llamado Leonard Skinner, quien en su momento suspendió a numerosos estudiantes por usar el cabello largo.

jueves, 17 de agosto de 2017

Anuncios moscosos

Durante varios años, la cuarta de forros (o contraportada) de la revista La mosca en la pared fue usada para anuncios de diversos patrocinadores, pero hubo una época en que decidimos emplearla para anunciar el siguiente número de la edición normal (en los Especiales) o el siguiente de los Especiales (en la edición normal). La verdad es que me divertía mucho crearlos junto con mi querida amiga Elizabeth Gallardo. Yo escribía los textos y le comentaba la idea y ella se encargaba de diseñarla y materializarla gráficamente. Muchas veces dijimos que podríamos ser una buena dupla en una agencia de publicidad, pero nunca lo concretamos. He aquí uno de los anuncios (que nos ganó el odio de los editores de Rolling Stone México, Switch y Nuestro Rock (bueno el responsable de esta última ya nos odiaba de tiempo atrás). Todos se enojaron, pero ninguno se atrevió a respondernos... para no hacernos publicidad (sic).