lunes, 27 de julio de 2015

Coletazos de Los Lagartos

La reseña que ocasionó la protesta lagartera.
Hugo García Michel
Director de La Mosca en la Pared
Presente

Su Alteza Serenísima:
He aquí algunos puntos que deberías saber:
1. Los Lagartos no hacen poesía, hacen rocanrol. Si bien en cierto que ambos conceptos no están peleados, tampoco van unidos necesariamente.
2. Tu sarcasmo es insaciable.
3. Lo que tú digas de nuestro disco nos vale madre, pero no así a los lectores que creen en lo que dices. Si en verdad te haces llamar periodista, deberías acudir más seguido a la argumentación. El público también puede hartarse de tus "geniales" baños de mierda.
4. Decía Freud que la gente que echa mierda se quedó en la fase anal. ¿Has acudido a últimas fechas a un psicoanalista (o al baño)?
5. Una pregunta: ¿para que hables bien de nuestro disco Pelotas (¡cómpralo ya!) debemos pedir en la disquera que te compren un anuncio como hacen otros?
6. Si tu respuesta es afirmativa, ¿de cuánto? ¿Una página? ¿La portada (aunque estemos feos)? ¿Una vieja? ¿Una chela?
7. En realidad queremos hacer migas contigo, nos fascina tu prosa ¿te invitamos a un picnic? ¿Quieres entrar a una tocada nuestra, chupar gratis y conocer a guapas edecanes?
8. Nos encanta masturbarnos.
9. Y tú, ¿lo haces?
10. Dicen que es bueno para quitarse la amargura.
11. ¿Cómo va tu banda? Un día los vimos en el antro. Tocan chido.
12. De cualquier modo, tu crítica nos conmovió. Estamos pensando en integrar un nuevo miembro a la banda que le aporte esa sensibilidad pseudointelectual que tanto nos hace falta. ¿En quién crees que estamos pensando? ¿Una pista? ¿Te dicen algo las iniciales HGM?
13. Y pensándolo bien, no nos vale madres. Nos alegra que no te haya gustado nuestro disco. No lo hicimos pensando en gente como tú. De hecho, estábamos preocupados. "¿Qué tal que le gusta a don Hugo? ¿Nos estaremos volviendo viejos?".
14. La Mosca es chida, no la eches a perder.
15. Espero que publiques esto y, en caso de nueva réplica, me gustaría tener también ese derecho.

Atentamente
Adrián Rubio
Bajista de Los Lagartos

A manera de respuesta numerada.

1. Es una opinión.
2. Tenkius.
3. Seguiré corriendo el riesgo.
4. En realidad me quedé estacionado en mi fase oral, pero aspiro a llegar más temprano que tarde a la fase anal (dicen que es divertida).
5. Compren el anuncio y lo sabrán.
6. La respuesta no fue afirmativa o negativa, sino perfectamente ambigua.
7. Mejor vamos al programa dominical de Chabelo. Mientras ustedes tocan, yo veo a las edecanes.
8. Ta güeno.
9. Tres veces al día, una después de cada comida.
10. Y también para prevenir el cáncer de próstata (¡si Zappa lo hubiera sabido!).
11. ¿Que no saben de música? Éramos malísimos.
12. Sorry, estoy en pláticas con el Barcelona para reemplazar a Ronaldo.
13. Gracias por lo de "don".
14. Despreocúpense, no lo haré.
15. Of cors... y sin censura.

Atentamente
Hugo García Michel
Futuro delantero centro del Barça

(Carta publicada originalmente en La Mosca en la Pared No. 16, julio de 1997)

domingo, 26 de julio de 2015

Bella Francia

Bella Francia,
eras la ilusión
desde mi infancia.

Quería verte,
quería conocerte,
pisar tu suelo,
contemplar tu cielo,
era mi gran anhelo.

Hoy que te he conocido,
te llevo más adentro.
En mi pensamiento.
En mi corazón.
En mi sentimiento.

Rebeca Michel.
París, septiembre de 1981

(Poema de mi mamá, escrito durante su primer viaje a Europa, hace 34 años)

sábado, 25 de julio de 2015

La semanita de los horrores

Ya sé que desde 2007 este país vive en el horror cotidiano de la guerra contra el crimen organizado. Sin embargo, hay muchas otras clases de horrores y muchos personajes que hacen cosas horrorosas en todas partes. Esta semana tan sólo tuvimos a cuatro de ellos en el ojo del huracán, aunque en muy distintas circunstancias.
  Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador, Rubén Núñez y Miguel “El Piojo” Herrera protagonizó cada uno su propia película de horror, capaz de espantar al más pintado. Trump lo hizo al saberse que en las encuestas de precandidatos del Partido Republicano, el tipo se encuentra en el primer lugar de las preferencias, por lo que aquellos que decíamos que no hay que tomar en serio sus delirantes bravatas tendremos que repensar nuestras opiniones. Lo único bueno es que otras encuestas afirman que frente a la virtual precandidata demócrata, Hilary Clinton, el hombre del tupé amarillo no tiene la menor posibilidad de competir…, al menos por ahora.
  López Obrador se vio horrorosamente oportunista al ofrecer a la sección 22 de la CNTE una escalofriante alianza con Morena, el partido de su propiedad, para luchar contra “la mafia del poder” y devolver a los maestros las prerrogativas que perdieron a raíz de la desaparición del IEEPO. Lo único bueno es que los propios maestros lo batearon y al parecer no habrá tan enfermiza alianza.
  Por su parte, el líder de la misma sección 22, Rubén Núñez, ya empezó a lanzar sus horrorosos amagos de violencia sin fin y amenaza con convertir a su estado en un infierno. Lo único bueno es que el gobernador Gabino Cué esta vez cuenta con todo el apoyo del gobierno federal y sus fuerzas de seguridad, para evitar los acostumbrados desmanes estilo CNTE.
  Last but not least, el “Piojo” Herrera mostró que la selección nacional juega cada vez más horroroso y que ya no está para dirigirla. La vergüenza del partido contra Panamá queda ahí como una prueba contundente de su ineficacia. Lo único bueno es que podría tener los días contados.
  Fue la semanita de los horrores. Otra de esas y necesitaremos doble dosis de té de tila.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

miércoles, 22 de julio de 2015

Juan Cirerol

Ilustración de Ricardo Sandoval.
En el principio fue el chiste: un chavo norteño, raro, simpaticón, escribidor de canciones que algunos quieren ver enraizadas en Johnny Cash y Bob Dylan pero que en realidad abrevan de Los Tigres del Norte y Chalino Sánchez. Excelente para recorrer cantinas con su guitarra de doce cuerdas y su voz de pronunciación ininteligible, bueno incluso para tocar en autobuses urbanos y hasta en el Metro. Una curiosidad, un Mexicali curious. Hasta que lo “descubrieron” los que hacen y deshacen los gustos  del público roqueril mexicano y, muy especialmente, de la masa chilanga que atiborra año con año el festival Vive Latino.
  En la colonia Condesa –literalmente– alguien lo eligió y dictaminó que Juan Cirerol se convertiría en estrella del rock nacional, sin importar que su música tuviera de rock lo que los líderes sindicales Carlos Romero Deschamps o Martín Esparza tienen de democráticos y honorables.
  Entonces aconteció el milagro: el muchachito fue revestido de un carisma ficticio y se le colgó el sambenito de genio. Nadie osó oponer la menor objeción a semejante despropósito, so pena de ser considerado un enemigo del mainstream hipsterista del famoso eje Condesa-Roma-Coyoacán. Por decreto de los sacerdotes de las dos únicas radiodifusoras roqueras, de las revistas cool, de las disqueras independientes con sede en calles con nombres de entidades y ciudades del país (ya saben: Nuevo León, Tamaulipas, Jalapa, Orizaba, Mazatlán, etcétera) y de los empresarios que regentean los antros y salones de moda (incluidos, but of course, los del Centro histórico del DF), se determinó que Juan Cirerol era el trovador que la juventud mexicana esperaba.
  Pero, ¿qué tan buena es la música de este bajacaliforniano que, gracias a las relaciones públicas que le cayeron del cielo, ya hasta realiza giras internacionales? He tratado de ser objetivo hasta donde se puede al escucharlo y, a decir verdad, no encuentro aún la gracia de sus letras o la calidad de su música. De Dylan tiene algunas estructuras armónicas, pero esas las tienen cien mil cantantes de folk en todo el mundo (y la armoniquita también). De Johnny Cash, quizás el parecido entre la canción norteña mexicana y la canción sureña estadounidense. Sin embargo, la voz de Cirerol es mala, desafina, no tiene gracia, no tiene intención, carece de matices, es aguardentosa pero no como la de Tom Waits sino como la de un chavito que agarra la farra y en plena borrachera se pone a cantar canciones sufridas. Nada más.
  Lo vi también en algunas entrevistas en video. Su discurso es nulo. Contesta con monosílabos. Su vocabulario es limitadísimo. Juega el papelito de estar siempre hasta las manitas y con ello justifica las incoherencias que emanan de su boca ante los entrevistadores, mismos que suelen ser tanto o más patéticos y le hacen el juego de la manera más acrítica y complaciente (en YouTube hay varios ejemplos ilustrativos de esta oligofrenia compartida).
  Juan Cirerol es un invento de la mafia en el poder…, pero en el poder de los medios “indies” y “alternativos”. El se define a sí mismo como “un músico de taquerías”. Nadie pudo decirlo mejor.

(Texto mío, publicado bajo el seudónimo colectivo de Goyo Cárdenas Jr., en la revista Mosca No. 2, de septiembre de 2013, sección "Vacas sagradas").

martes, 21 de julio de 2015

La traición de Tame Impala

¿Soy yo o hay algo de artificioso en muchos de los grupos y solistas que surgieron por medio del MySpace, el YouTube y otras redes de ese tipo? Por ejemplo el caso que hoy nos ocupa y que es el del grupo australiano Tame Impala y su muy reciente álbum, Currents (Carolina/Interscope), aparecido hace apenas cuatro días.
  Tame Impala cuenta con una amplia cauda de seguidores en todo el mundo y México no es la excepción (de hecho, ha venido dos veces a nuestro país y nos visitará de nuevo este año). Con su pinta de hippies pasteurizados y su sonido impoluto, estos músicos lograron gran éxito con su disco Innerspeaker de 2010, por medio de una propuesta que de algún modo recordaba a la psicodelia de los años sesenta (con un toque de los Stone Roses y otro de los Flaming Lips) y en la que predominaban las guitarras. Fue ese sello el que los hizo gozar de la aceptación del público, a pesar de la demasiada limpieza de su estilo (o quizá por ello).
  Pero hete aquí que con Currents las cosas han cambiado de la manera más radical. Por principio de cuentas, el grupo (o más bien su líder, Kevin Parker) dijo adiós a las guitarras para sustituirlas por sintetizadores y suscribirse a un electropop que recuerda a New Order, los Pet Shop Boys o MGMT. Las canciones suenan mucho menos a jams espaciales y mucho más a ese pop con sintes que hizo furor en los ochenta. No más temas como “Lucidity” (quizá mi favorita de Tame Impala), “It’s Not Meant to Be” o las célebres “Elephant” y “Feels Like We Only Go Backwards”.
  Current es una propuesta que Kevin Parker bien pudo sacar como un disco solista, mas prefirió hacerlo bajo el nombre de la agrupación que regentea. No es un mal producto, en absoluto. De hecho, se trata de un disco muy bueno en lo suyo. Hay canciones excelentes, como “Let It Happen” o “New Person, Same Old Mistakes” (título que parece una justificación anticipada de Parker). El problema está en los seguidores del grupo, muchos de los cuales podrán sentirse traicionados frente a la nueva propuesta. ¿La aceptarán? Muy pronto lo sabremos.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

lunes, 20 de julio de 2015

La Mosca electoral

Cuando en julio de 1994, le editorial Toukán nos avisó que La Mosca en la Pared dejaría de aparecer y que el No. 6 sería el último en salir, quienes la hacíamos nos alarmamos sobremanera. Ya teníamos en preparación el No. 7, en el que publicaríamos una portada en homenaje al Sgt. Pepper de los Beatles, pero con personajes del rock nacional e internacional, de la farándula, del deporte, de la política y en un plano principal, los tres candidatos a la presidencia de la república: Cuauhtémoc Cárdenas, Ernesto Zedillo y Diego Fernández de Cevallos.
  La razón que se nos dio fue económica: que La Mosca tenía pérdidas y ya no era viable. Aunque siempre sospechamos que a alguien (o a alguienes) dentro de la editorial le había dado frío por el hecho de que nos metiéramos con la política. La cosa es que la revista no saldría más y tanto Fernando Rivera Calderón, Patricia Peñaloza (quien había entrado en lugar de Karem Martínez) y yo sentimos que las cosas no debían ser así.
  Decidimos entonces sacar por nuestra cuenta el número de La Mosca electoral, así fuera de manera rústica y artesanal. Con la extraordinaria ayuda de Ileana Gordillo, a la sazón jefa de prensa del Museo de Culturas Populares, fue posible imprimir mil ejemplares en hojas tamaño carta, a una sola tinta, casi casi mimeografiadas, con artículos de algunos colaboradores y dibujos de Antonio Garci. La cabeza era "Rock y elecciones". Nadie cobró por sus contribuciones y Pati Peñaloza se dio a la tarea de capturar los textos y coordinar buena parte de la edición, la cual fue presentada (y obsequiada) en las instalaciones del propio museo, en Coyoacán, en agosto de ese histórico 1994. Los presentadores de aquel ejemplar sui generis (que hoy es un preciado objeto de colección y joya hemerográfica) fueron los periodistas Jaime Avilés y Roberto Zamarripa, el etnomúsico Jorge Reyes y el caricaturista Toño Garci. La parte musical corrió a cargo de Francisco Barrios, “El Mastuerzo”, con un lleno total en uno de los patios del hermoso edificio. Fue ante todo un acto simbólico y una profesión de fe, el necio convencimiento de algunos de nosotros de que La Mosca no estaba muerta, sino que sólo había entrado en un periodo de hibernación.

domingo, 19 de julio de 2015

Elogio de los pezones femeninos

No entiendo esa fijación censora que tienen facebook e Instagram respecto a los pezones femeninos. En Instagram hay mucha gente que sube fotos de mujeres hermosas y desnudas. Pueden verse a plenitud sus nalgas, sus piernas, sus vientres, sus pechos... Bueno, sus pechos sólo parcialmente, porque siempre habrá una estrellita, una ruedita, una manchita o de plano un tachón para ocultarles los pezones.
  ¿Qué es lo que espanta a los gringos que manejan esas redes sociales? Se supone que se trata de gente joven y liberal. ¿Entonces? ¿Cuál es el horror que les causa que podemos ver un par de bellos pezones? ¿A quién puede dañar? ¿Por qué en el caso de los torsos masculinos no opera esa censura, cuando los pezones de los hombres son muy similares a los de las damas?
  Pezones rosados, pezones oscuros, pezones pálidos, pezones grandes, pezones diminutos, pezones tan tenues que se confunden con la piel de la teta o tan erguidos que resaltan con orgullo y en desafiante contraste con el color de su entorno. Yo los encuentro bellos, inspiradores, seductores, venerables, sagrados; dignos de homenaje, de contemplación, de adoración.
  Acariciables, besables, mordibles. fuente de placer infinita para quien los ostenta y para quien logra poseerlos con la mano, con la boca, con la lengua.
  Hagamos el elogio de los nobles pezones y neguémonos a aceptar que una runfla de frustrados sexuales trate de borrarlos de la realidad. De los pezones recibimos el primer alimento, el primer calor, el primer amor. Justo es que sigamos amándolos por el resto de nuestra existencia.

sábado, 18 de julio de 2015

Una fuga de película

Los filmes sobre temas carcelarios siempre han gozado de la preferencia del público cinéfilo y aquellos que contienen fugas suelen emocionar al respetable con ese suspenso que lo tiene al borde de la butaca y lo hace identificarse con el héroe que vence una serie de peligros, hasta lograr salir de la prisión o el campo de concentración en el cual se hallaba confinado.
  En el caso que nos ocupa, se encuentran presentes varios de estos elementos. El personaje principal posee un carisma que hace que mucha gente simpatice con él, más cuando se sabe que es un tipo agudo, inteligente, carismático, con ese halo entre misterioso y legendario que siempre atrae a los espectadores.
  La manera como el mencionado personaje urdió su plan y como, a lo largo del tiempo que duró su estancia en el terrible reclusorio, fue excavando aquel túnel con paciencia infinita y sin que nadie –ni una sola de las autoridades del penal, ni uno solo de los guardias, ni uno solo de sus compañeros de reclusión– se percatara de lo que hacía, no deja de resultar asombrosa, francamente difícil de creer, y sin embargo, así sucedió (cuando menos esa es la versión que nos quieren dar quienes hicieron el guión de este hecho de la vida real).
  A uno le entra la duda y desconfía ante lo que le presentan como producto terminado. ¿De veras era posible escabullirse de ese modo? ¿En serio que nadie se dio cuenta ni cuando entraban a su celda? Porque aunque tampoco nosotros lo veíamos, resulta inverosímil que un solo hombre, por más astuto e imaginativo que sea, pueda llevar a efecto semejante hazaña y desaparecer de pronto de su calabozo, para meterse a un túnel, cruzar más de un kilómetro a través del mismo y salir del otro lado de los límites de la cárcel para escabullirse en la oscuridad, sin dejar la menor huella.
  Por supuesto que ustedes ya saben de quién estoy hablando. No puede haber lugar a dudas: me refiero, claro está, a Andy Dufresne, el personaje de la cinta The Shawshank Redemption (conocida en México como Sueño de fuga) que protagonizara Tim Robbins en 1994. Muy buena peli.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 17 de julio de 2015

C. Gibbs and the Cardia Bros. / The Pinkermen Set (2002)

Un gran álbum, casi una obra maestra que prácticamente nadie conoce. C. Gibbs, antiguo miembro de Modern English, realizó este trabajo que nada tiene que ver con su ex grupo y sí mucho con el folk y el alt-country. Introspectivo, austero, intenso. Un discazo.

Mejor tema: “Dear Me”

jueves, 16 de julio de 2015

Las canciones de José José

Ilustración de Ricardo Sandoval.
“Espera un poco, un poquito más.
Me moriría si te vas”.

La nave del olvido

Hay quienes aseguran que todo mexicano que se embriague hasta el punto del llanto y la vulnerabilidad terminará por cantar alguna canción de José José. En especial si sufre eso que algunos llaman el mal de amores. Puede ser que esto se aplique a muchísimas personas, pero resulta absurdo generalizar el asunto.
  Yo, por ejemplo, no podría cantar un tema del llamado -de la manera más cursi y pastelera- Príncipe de la canción: primero, porque no me sé una sola letra completa. Segundo, porque su sensiblería barata sencillamente no me llega y eso le pasa también a una buena cantidad de gente nacida en nuestro país.
  Concedamos sin embargo que son más los que se conmueven con las tonadas del cantante que los que no sienten la menor conmoción “romántica”. ¿Demuestra ello la grandeza de dichas canciones, su riqueza musical, literaria, artística? No. Lo único que demuestra es la calidad sentimentaloide y francamente vulgar de una pléyade de débiles emocionales que se regodean con ellas.
  Para hablar de manera estricta, el título de este artículo no corresponde a la verdad. No hay tal cosa como “las canciones de José José”, porque el hombre ha sido toda su vida un intérprete y no un autor. Es decir: José al cuadrado canta canciones de otros. Con su estilo edulcorado y lloriqueante, pero las composiciones no son suyas. Esto en realidad poco importa a sus seguidores, a sus fanáticos (en el más estricto sentido de la palabra), quienes han endiosado a un cantor de buena voz pero de mediocre personalidad.
  José José encarna a ese típico perdedor al que tanto santifica nuestra idiosincrasia tricolor y godinezca. Incluso en las películas en las que ¿actuó?, el hombre encarnaba papeles de tipos grises, apocados, sin carácter, enamoradizos sin suerte a quienes las mujeres y el destino maltrataban con sadismo, para hacerlos padecer la peor de las penas que puede concebir un connacional educado por el cine y la televisión de Mexicalpan de las Tunas: el desamor (¡ay!).
  Un mal entendimiento del amor ha hecho que buena parte de la humanidad -y los mexicanos y mexicanas en destacadísimo lugar- conciba a dicho sentimiento como un vehículo no para el gozo, sino para el sufrimiento. De ahí que el individuo adopte una actitud masoquista, lastimera, sumisa, pasiva y se solace con el dolor, la pesadumbre y la dependencia emocional de aquel o aquella que lo azote con el látigo de su desprecio.
  Ante este patético contexto, convertido en verdadero caldo de cultivo, no es de extrañar que tantos y tantas se identifiquen y conmuevan con el repertorio josejosesiano y lo transformen en el soundtrack de sus tristes y lamentables existencias.
  Veamos un par de ejemplos tomados al azar de diferentes temas de José José, frases que son como epigramas de la vida vista como un valle de lágrimas. Por ejemplo, ¿cuál es la tesis de la canción “Amar y querer” cuando dice: “Casi todos sabemos querer / Pero pocos sabemos amar / Y es que amar y querer no es igual / Amar es sufrir, querer es gozar”. Uno pensaría que lo mejor entonces es querer, ya que así se puede gozar, pero ¡no!: a lo largo de la pieza vamos viendo que lo ideal es lo contrario: amar para sufrir, porque sólo así se aprecia el amor, ¡o sea…!
  También se glorifica a la terrible dependencia emocional en canciones como “El triste”: “Qué triste todos dicen que estoy / que siempre estoy hablando de ti / No saben que pensando en tu amor / he podido ayudarme a vivir” y en otra parte: “No sé, si vuelva a verte después / No sé qué de mi vida será / Sin el lucero azul de tu ser / que no me alumbra ya / Hoy quiero saborear mi dolor / No pido compasión ni piedad / La historia de este amor se escribió para la eternidad”. ¿Puede haber algo más enfermo que esa dependencia del otro?
  Saborear el dolor: he ahí la síntesis de toda una psicología y la manera como los mexicanos afrontamos muchos de los problemas culturales, sociales y hasta políticos que padecemos como pueblo desde la época de la dominación azteca. Saboreamos las aflicciones y las amarguras, nos bañamos en el lodo del sufrimiento y la humillación para cantar, llenos de resignación y la más pedestre autoconmiseración: “Y es verdad: soy un payaso / pero qué le voy a hacer / uno no es lo que quiere / sino lo que puede ser”.
  No, pos sí… ¡Viva México!

(Publicado en la sección "Vacas sagradas" y escrito por mí bajo el seudónimo colectivo de Goyo Cárdenas Jr. Revista Mosca No. 8, marzo de 2014)

miércoles, 15 de julio de 2015

El "especial" que dio origen a La Mosca

En 1992, trabajaba como guionista de historietas en Editorial Ejea y colaboré en un breve número especial de U2, realizado con el pretexto de la primera visita a México del cuarteto irlandés. Acababa yo de publicar en El Financiero la traducción de las letras del Achtung Baby y le propuse a Jaime Flores republicarlas en su especial. También le solicité escribir el texto principal del número, pero no confió mucho en mí y prefirió dárselo a Pablo Queipo, en aquel entonces director de la chafísima revista Rock América y mejor conocido –irónicamente, por supuesto- como “El Jann Wenner mexicano” (Pepe Návar lo bautizó así). Ni modo.
  Poco después, se me ocurrió retomar mi vieja idea de hacer una revista de rock y en diciembre de 1992 se lo comenté a Jaime Flores. “Preséntamela por escrito”, me dijo. En dos hojas tamaño carta, escribí entonces -en mi vieja maquina Olivetti Lettera- el proyecto y se lo mostré a una linda chavita de veinte años que trabajaba en la misma editorial, como redactora de la revista musical de pop Atrevida. Su nombre, Karem Martínez. A Karem le encantó la idea, me sugirió algunos cambios, me ayudó a hacerle algunas adecuaciones y ella misma le llevó aquellas dos hojitas a Jaime. Todavía no sé qué tanto le debo a la labor de convencimiento de quien hoy sigue siendo mi gran amiga para que Jaime Flores haya terminado por aceptar y dar luz verde a aquella incipiente revista de rock que ni siquiera tenía nombre.
  Lo que sí creo es que, sin la existencia del aquel especial de U2, La Mosca en la Pared quizá nunca hubiera existido.

martes, 14 de julio de 2015

Los mejores discos de 2015 (hasta ahora)

Se ha puesto en boga que distintos medios escritos y electrónicos elaboren un corte de caja a mitad del año, para revisar cuáles son los mejores discos aparecidos en los primeros seis meses del mismo. Como me parece un ejercicio interesante y divertido, procedo a hacer lo mismo.
  En el rock internacional, aunque la cosecha no ha sido tan generosa en calidad como en años anteriores, hay al menos una docena o poco más de buenos álbumes, si bien dudo mucho que alguno de ellos pueda convertirse con el tiempo en un clásico.
  Me refiero a obras como No Cities to Love de Sleater-Kinney,  Tracker de Mark Knopfler, Chasing Yesterday de Noel Gallagher, No Pier Pressure de Brian Wilson, The Waterfall de My Morning Jacket, Uptown Special de Mark Ronson, Sol Invictus de Faith No More (todos ellos reseñados ya en esta columna), además de Girls in Peacetime Want to Dance de Belle & Sebastian, The Monsanto Years de Neil Young, Carrie & Lowell de Sufjan Stevens, Edge of the Sun de Calexico, Vulnicura de Björk, Goon de Tobias Jesso Jr., Strangers to Ourselves de Modest Mouse, Darling Arithmetic de Villagers, Panda Bear Meets the Grim Reaper de Panda Bear y I Love You, Honeybear de Father John Misty. Sin embargo, pienso que los dos mejores platos hasta el momento han sido Saturn’s Pattern de Paul Weller y The Magic Whip de Blur.
  Otro muy buen álbum, aunque se encuentra más relacionado con el jazz, el folk, el soul y el blues, es el Currency of Man de Melody Gardot e imposible sería no mencionar a la mejor placa de hip hop de este medio año: To Pimp a Butterfly de Kendrick Lamar.
  En México, sólo veo dos trabajos discográficos dignos de mención en este primer semestre de 2015 (ninguno de rock, género que parece haberse desvanecido de la escena musical del país): Frágil de Iraida Noriega y La especie del ojo funky de Sr. Mandril. Puede incluirse el Volumen 1 de Mon Laferte, ya que la cantautora chilena ha sentado sus reales en nuestro territorio.
  La mitad de 2015 presenta una buena calidad musical, sin llegar a lo extraordinario. Veremos que nos ofrece la segunda parte del año.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 13 de julio de 2015

Mozart in the Jungle

Terminé de ver la primera temporada de esta divertida y fina serie producida por Amazon y basada en una novela de Blair Tindall. La verdad es que me asomé a ella con ciertos resquemores, ya que nunca he sido precisamente un seguidor de Gael García Bernal, quien estelariza la serie, y me llevé una sorpresa muy grata. De hecho, Gael lleva el papel principal, el de Rodrigo, un joven director de orquesta iberoamericano, mezcla de mexicano, argentino y venezolano, que llega a hacerse cargo de la Sinfónica de Nueva York y lo hace con métodos muy poco ortodoxos. Debo decir que su actuación no sólo es buena, sino muy simpática y sin llegar jamás a sobreactuarse, a pesar de que el personaje se presta mucho para caer en la caricatura, cosa que no sucede por fortuna.
  El cuadro de actores es soberbio (desde el gran Malcolm McDowell, como el director que contra su voluntad es destituido y se convierte en la némesis de Rodrigo, hasta la preciosa Lola Kirke, como una joven oboísta recién llegada que tiene una relación muy cercana con el personaje de García Bernal y desde la siempre estupenda Berdadette Peters, como la administradora de la orquesta, hasta el wesandersoniano Jason Schwartzman, como un periodista de música culta y quien también funge como productor del programa).
  Los avatares de todo tipo dentro de una orquesta son el tema principal de Mozart in the Jungle y eso incluye conflictos interpersonales, romances, problemas financieros, crisis, venta de drogas, sexo y un sentido del humor elegante y placentero.
  Me gustó y espero con ganas la segunda temporada que ya se está filmando.

domingo, 12 de julio de 2015

¿Cómo fue?

Compuse esta canción en 2001, dedicada a la mujer de la cual estaba yo perdidamente enamorado en esas fechas y que luego de un breve y hermoso affaire, decidió que hasta ahí llegábamos, La grabé en el estudio de mi amigo de toda la vida, el gran Adolfo Cantú, en Tlalpan, poco tiempo después de escribirla. Yo me hice cargo de las guitarras y la voz y él de los teclados y una leve percusión.
  Hace unos días, decidí hacer un video de la canción y como no puedo usar fotografías de la chava que me la inspiró, se me ocurrió armarlo con imágenes de la película La piel suave, filmada en blanco y negro por François Truffaut en 1964, con las actuaciones de Jean Desailly y la bellísima Françoise Dorléac.
  No deja de sorprenderme la forma como dichas imágenes encajaron a la perfección con la pieza, aunque algún mérito debo tener como editor, jaja. Armé el videoclip en iMovie y lo subtitulé en YouTube. Creo que quedó bastante bonito. Lo pongo a la consideración de ustedes e incluyo de todos modos la letra de la canción.

¿Cómo fue?

¿Cómo fue, dime cómo?
¿Cómo fue que empezó todo?
¿Cómo fue? Yo no lo sé.
Una voz repentina que quebró mi rutina.
Una voz que dijo "sí" y luego dijo...
"No. Hasta aquí. No te acerques más.
No quiero arriesgar.
No te puedo amar, porque hay alguien más.
Sólo quédate ahí".

¿Cómo fue, dime cómo?
¿Cómo fue? Yo lo ignoro.
¿Cómo fue? Quisiera saber.
Tu risa contagiosa de niña maliciosa.
Un beso que dijo "sí" y luego dijo...
"No. Hasta aquí. No habrá uno más.
No insistas ya.
No te puedo dar lo que pides tú.
Sólo quédate ahí".

¿Cómo fue, dime cómo?
Que te amé como un loco.
¿Cómo fue que me enamoré de tu suave piel,
de tu olor, de tu edad, de ese ombligo fiel?
No me iré, no me iré.
Me quedaré ahí.
No me iré, no me iré.
Me quedaré ahí, donde digas, donde ordenes,
pero me quedaré.

sábado, 11 de julio de 2015

Maistros peluqueros

Fígaros, se les llamaba en otros tiempos, cuando los salones unisex eran algo inimaginable y el hecho de cortarse y/o arreglarse el cabello estaba perfectamente segmentado: las mujeres en los salones de belleza y los varones en las peluquerías. Así eran las cosas y así lo ordenaban las buenas costumbres.
  Aunque eran hábitos terriblemente retrógradas y sexistas –hoy, cualquier hombre o mujer puede ir a hacer lo que quiera con su pelo en una estética unisex-, prefiero aquellas buenas costumbres a las malas costumbres que quiere imponer la sección chiapaneca de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la cada vez más temible CNTE, cuyos integrantes, cual personajes de Sensacional de peluqueros, tan tenido la “ocurrencia” de tijeretear las cabelleras de aquellos docentes que no estén de acuerdo con ellos y que a motu propio acudan a realizar las evaluaciones que marca la ley.
  Con una cada vez más clara expresión fascista e intolerante, estos nuevos maistros peluqueros se suman a sus camaradas guerrerenses y oaxaqueños en su delirante afán por desconocer la reforma educativa, negarse a ser evaluados y tratar de salvar a como dé lugar sus escandalosos privilegios (desde los sueldazos de los líderes hasta el tráfico hereditario de plazas o cuestiones como que el mandamás de la sección 22 en Oaxaca, Ruben Núñez, posea dos plazas de maestro sin dar clases, como denunció Mexicanos Primero ante la PGR) y su “derecho” a dejar sin clases a miles y miles de niños que ven pasar los días sin recibir la educación que les garantiza nuestra carta magna, la tan pisoteada Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
  Aquí lo escandaloso, además de las barbaridades que un día sí y otro también cometen los centistas, con un fanatismo oligofrénico que tratan de disfrazar con pretextos ideológicos seudo revolucionarios, es que las autoridades les permiten continuar con su impune y perverso juego. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta qué rebasen cuáles límites? ¿Hasta que se les pase la mano y maten a alguien? Cosas que nos preguntamos la gran mayoría de los mexicanos.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 10 de julio de 2015

Mick Harvey / Intoxicated Man (1995)

El viejo compañero de Nick Cave con The Bad Seeds hizo este álbum excepcional con dieciséis versiones en inglés de temas del cantautor galo Serge Gainsbourg. Lo meritorio del caso es que el disco fue grabado cuando Gainsbourg era un desconocido fuera de Francia y no un músico de moda como después lo fue. Un gran trabajo de Harvey.

Mejor tema: “Intoxicated Man.”

jueves, 9 de julio de 2015

De paseo al aeropuerto

Estoy leyendo El cerebro de mi hermano, la dura pero a la vez amena novela corta de Rafael Pérez Gay, en la que cuenta los últimos días de su hermano José María y su relación con el mismo. Ya cuando la termine haré aquí la reseña. Si la menciono ahora es porque en un pasaje de la misma, Rafael refiere que cuando era niño, sus papás lo llevaban de paseo al aeropuerto de la ciudad, para ver la llegada y salida de los aviones.
  Yo también disfruté de esa diversión cuando tenía ocho o nueve años y, en efecto, mis papás también nos llevaban en el carro, a mí y a mis hermanos Myrna y Jorge, desde Tlalpan hasta las rejas del aeropuerto que daban a una avenida desde la que se podían ver sin problemas las pistas de la central aérea. Ahí nos pasábamos las horas, felices de la vida. Sergio ya estaba grande para eso, pero igual llegó a ir con nosotros. Ivette no había nacido todavía. Hablo de mediados de los años sesenta y gracias a la novela de Pérez Gay recordé aquellos felices y emocionantes momentos que quizás hoy parezcan demasiado simples, pero que en aquellos días constituían un entretenimiento fabuloso y además gratuito. Ver los despegues de las aeronaves o el momento en que descendían y aterrizaban era en verdad muy padre. "¡Mira, allá viene uno!", gritábamos desde que veíamos un punto en el cielo, el cual se iba haciendo cada vez más grande hasta tomar forma de avión y llegar a las pistas. Era genial.
  Tengo la idea de que ya por ese entonces estaba el avión-restaurante, de lo que no me acuerdo es de si alguna vez llegamos a entrar.
  Lindos recuerdos de infancia.

miércoles, 8 de julio de 2015

Matar por Ángela en Final de partida

El lunes se grabó, ayer se trasmitió y hoy lo comparto en mi blog. Me refiero al programa Final de partida de Foro TV, conducido por Julio Patán y Nicolás Alvarado, quienes tuvieron a bien invitarme para hablar sobre Matar por Ángela, el rock, el periodismo musical, el amor y el desamor, temas todos que forman parte de mi novela. La pasé muy bien y creo que el programa quedó muy ameno y divertido.
  Les dejo aquí el enlace para que lo puedan ver: http://noticieros.televisa.com/foro-tv-final-de-partida/1507/matar-angela/ Ojalá les guste.

martes, 7 de julio de 2015

Gustavo Sainz, la Onda y el rock

Si algo ha hermanado siempre a los llamados escritores de la Onda es su rechazo a ser considerados como tales. A José Agustín, Gerardo de la Torre, Juan Tovar, Luis Carrión, Parménides García Saldaña y Gustavo Sainz, entre otros, jamás les gustó ser englobados bajo ese mote que les endilgó, no sé si con buena o con mala leche, la crítica y escritora Margo Glantz. Tenían razón: cada uno desarrolló un estilo narrativo propio y eran mayores las diferencias que las semejanzas entre ellos.
  Entre las semejanzas, se encontraba la presencia –a veces poderosa, a veces levemente esbozada– de la música. En especial, en la narrativa de José Agustín y de García Saldaña el rock está más que vivo y presente; no tanto en el caso de Sainz, quien falleció hace unos días, a los 74 años de edad.
  Autor de novelas clave de la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo pasado, como Gazapo (1965), Obsesivos días circulares (1969), La princesa del palacio de hierro (1974), Compadre Lobo (1979) y Fantasmas aztecas (1982), Gustavo Sainz (México, DF, 1940) fue un escritor fresco e irreverente, pero a la vez cerebral y con un estilo en ocasiones complicado.
  Fuera de lo estrictamente escritural, fue en algún momento funcionario público y como encargado de publicaciones de la SEP tuvo a bien crear la añorada colección SepSetentas, con cientos de títulos accesibles por su bajo precio y su estupenda calidad. Fue director de la revista La semana de Bellas Artes, hasta que a fines de los años setenta un desagradable incidente lo hizo renunciar y emigrar a los Estados Unidos, para trabajar como catedrático en distintas universidades, hasta llegar a la de Bloomington, en Indiana, donde como profesor emérito lo alcanzara la muerte el 26 de junio pasado.
  Personaje en novelas como Ciudades desiertas de José Agustín (con quien más que una amistad lo unía una hermandad) y Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, hasta donde sé Sainz gustaba más del jazz que del rock y sirva ese pequeño detalle a manera de pretexto para hablar de él en esta columna dedicada a la música.
  Descanse en paz el padre literario de Terencio y de Menelao.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del oroficio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 6 de julio de 2015

Otro poema de mi mamá

Mi mamá cuando cumplió 90 años; hoy tiene 93.
El año pasado publiqué en este mismo blog uno de los muchos poemas que escribió mi mamá (en su mayoría religiosos) y se intitulaba "Yo también fui niña". Acabo de toparme con otro que tampoco es de corte religioso -al menos no del todo- y aunque no tiene nombre, lo reproduzco aquí.

Pueblito de cielo transparente
de los altos jaliscienses.
Pueblito de hermosa gente,
tranquilo y risueño,
de pasillos relucientes,
vives como em un sueño.

Son de filigrana las torres
de tu parroquia bella,
las exuberantes flores
alegran como tus estrellas.

Con las monjas el convento,
las novicias y su iglesia
parecen sacadas de un cuento.

Es tu nombre doble fragancia,
como el varón de santa virtud,
envidiable es tu quietud.
Así eres, San José de Gracia.

Rebeca Michel Ruelas
2 de marzo de 1987

domingo, 5 de julio de 2015

Café Tacuba en "Vacas sagradas"

“¡Esa vocecita, esa vocecita!”
Titino, el de Don Carlos

Por alguna extraña razón, cada vez que uno cuestiona al rock que se hace en México, la respuesta de mucha gente es: “tienes razón, pero Café Tacuba sí es muy bueno”. Existe una especie de mito alrededor de este grupo de Ciudad Satélite (of all places), un mito que lo hace aparecer como la más grande expresión que el rock de este país ha dado al mundo. Y no hay vuelta de hoja. No hay matices. Son buenos porque son buenos. Y ya. Sin discusión alguna. Y sin embargo…
  Temo no compartir esa opinión tan generalizada. La primera vez que escuché al cuarteto, a cuyos integrantes la prensa especializada (es un decir) denomina “los tacubos” -o peor aún: “los tacvbos”, como si la v labiodental sonara igual a la vocal u (qué cursis)-, mi reacción inmediata fue de rechazo. La canción era “Ingrata” y de golpe me pareció una mala imitación de Los Xochimilcas. La voz del cantante, que en ese entonces se hacía llamar Anónimo (disculpen si me falla el dato, nunca he logrado discernir a cuál época del grupo corresponde cuál sobrenombre de quien originalmente se llama –creo- Rubén Albarrán), me resultó terriblemente desagradable. No podía entender (y sigo sin entenderlo) cómo un timbre tan chillonamente irritante podía ser considerado algo grato. Cierto que en el rock las voces bellas no son requisito. Bob Dylan canta feo. Muchos vocalistas de punk o de heavy metal igual. No obstante, la vocecita de Albarrán es tan repelente que de verdad no alcanzo a explicarme todavía su plena aceptación. Y aparte de todo estaba la pose.
  Café Tacuba pertenece a la misma generación del llamado boom del rock hecho en México que surgió a finales de los ochenta y principios de los noventa y que vio surgir a agrupaciones como Caifanes, Maldita Vecindad, Fobia y Santa Sabina, entre varias más. Se trataba del advenimiento de músicos provenientes de la clase media y de las escuelas activas, con una ideología progre, izquierdosa y políticamente correcta, jóvenes que por entonces frisaban los veinte años de edad y que no habían vivido en carne propia la etapa oscura del rock nacional, la era post avandariana de los hoyos fonquis, la persecusión de los roqueros por las autoridades, la falta de oportunidades en los medios y, por último, la marginación del género en la periferia de las ciudades.
  Gracias a una sorpresiva apertura que se dio (extraña paradoja) al iniciar el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y que vio en el rock en español un negocio rentable, las puertas de las compañías disqueras y de los medios de comunicación –sobre todo los electrónicos- se abrieron para una serie de grupos que nada tenía que ver con los greñudos feos, prietos y de aspecto autóctono que tocaban y siguen tocando en Neza, Tlalnepantla, Ecatepec, Pantitlán o Iztapalapa. Eran los niños bonitos, egresados de escuelas como el Colegio Madrid o el Luis Vives, quienes arribaban a la escena con un rock menos tosco, menos burdo, menos grosero, más aceptable para las buenas conciencias (de izquierda, de derecha y de centro) y que les permitió entrar incluso a los programas de televisión más comerciales, como el sempiterno Siempre en Domingo que conducía Raúl Velasco o las emisiones nocturnas que encabezaban Verónica Castro, Daniela Romo o Ricardo Rocha. Muchos pensaron que ese boom sería eterno y que aquel rock había llegado para quedarse. Finalmente, sólo algunas bandas lograron quedar colgadas de la brocha, entre ellas Café Tacuba.
  ¿Por qué ese grupo despierta tanta consideración e incluso tanta veneración entre la masa que escucha rock en español y no sólo en México? ¿Por qué cuatro músicos más bien medianones son para mucha gente la manifestación máxima del arte lírico que se hace en este país? ¿Por qué se toma tan en serio a cuatro individuos que, al más puro estilo heredado de Menudo y Timbiriche, se hacen llamar Meme, Quique, Joselo y todos los apodos de su chirriante primera voz? ¿Por qué se considera como obra cumbre a una serie de discos y canciones irregulares y en su mayor parte olvidables?
  Hay aquí una clara sobrevaloración alimentada por la publicidad y la prensa dócil, por la falta de una crítica que no tema perder canonjías y privilegios, por el exceso de plumas que prefieren lanzar elogios desmedidos a diestra y siniestra y callan lo que sus autores en verdad piensan.
  Café Tacuba es un buen grupo a secas. Bueno a nivel nacional o inclusive a nivel de los países de habla hispana. En otras naciones puede funcionar como mera curiosidad folcloroide. ¿Tiene buenas composiciones? Sí. ¿Ha logrado convertirse en un buen espectáculo en concierto? Sí. ¿Es capaz de realizar arreglos interesantes a las canciones de otros? Sí. ¿Ha producido buenos videoclips? Sí. Pero nada más. Quererlos presentar como genios de la música es una tomadura de pelo, un anzuelo que sólo se pueden tragar quienes carecen de un bagaje musical suficiente como para estar en la posibilidad de comparar, de discernir y de separar los diamantes auténticos de los diamantes falsos.

(Texto de mi autoría, publicado en diciembre de 2004, en la sección "Vacas sagradas" de La Mosca en la Pared No. 88, bajo el seudónimo colectivo de Goyo Cárdenas Jr.)

sábado, 4 de julio de 2015

Cada quien su Jacobo

Jamás lo vi en persona y sin embargo es como si lo hubiera conocido siempre, para bien o para mal. De hecho, sí: lo conocí desde que yo era niño, en la segunda mitad de los años sesenta, y mis papás ponían en la tele, cada mañana, El diario Nescafé, mientras mis hermanos y yo desayunábamos antes de irnos a la escuela. Aún tengo presentes aquellas imágenes en blanco y negro.
  Luego vendría, en 1970, el omnipresente 24 horas que, otra vez para bien o para mal, todo México veía. Era el único noticiario nocturno y Jacobo Zabludovsky la imagen de un sistema incólume, poderoso, atrabiliario, absoluto. Quienes presumíamos nuestra filiación de izquierda, lo aborrecíamos.
  También tenía un programa los domingos por el Canal 2, una especie de revista que se trasmitía después del fut dominical del mediodía. Fue en esa emisión que en 1971 se empezó a promover el festival de Avándaro y a mis dieciséis años me resultaba extraño que Jacobo (como todos, simpatizantes y detractores, le decíamos) de pronto fuese un promotor del rock.
  El caso es que mi imagen del Zabludovsky de aquellos tiempos no es demasiado grata y se volvió más negra aún cuando sobrevino el golpe echeverrista contra el Excelsior de Julio Scherer y la manera como aquel noticiero se sumó a la infamia.
  En septiembre de 1985, en cambio, no pude sino admirar la manera como salió a cubrir los horrores del terremoto que destruyó a buena parte del Distrito Federal. Es un testimonio histórico y un hito del periodismo televisivo mexicano.
  Muchos años después, cuando desapareció 24 horas, le perdí la pista. Supe que tenía un noticiario en la radio que jamás escuché y que en el mismo era muy crítico del gobierno. Incluso que se volvió simpatizante de López Obrador.
  Lo último que le vi fue su participación en ESPN, al lado de José Ramón Fernández, durante el Mundial de Brasil 2014, donde aparecía simpático, culto, sincero.
  Ahora que murió, sus malquerientes lo han llenado de improperios en las redes sociales, cual soeces aves de rapiña. Yo no lo haré. A fin de cuentas, Jacobo Zabludovsky fue un gran periodista. Para bien y para mal.

(Mi columna "Cámara húngara" de hoy en Milenio Diario)

viernes, 3 de julio de 2015

Lush / Split (1994)

El mejor disco de esta estupenda y oscura agrupación londinense que grababa para 4AD. La música de Lush (cuarteto mixto: dos hombres y dos mujeres) era una especie de pop darkie, con un gran sentido melódico que lo mismo recuerda a los Cranberries que a los Pixies.

Mejor tema: “Hypocrite”

jueves, 2 de julio de 2015

En "La digna metáfora radio"

Hoy por la mañana tuve el gusto y el honor de asistir como invitado al programa radiofónico por internet que tiene el periódico catorcenal La digna metáfora en la estación Vive Radio y que conduce mi inteligente, talentosa, simpática y hermosa amiga, la joven periodista Viridiana Villegas. Todo fue muy ameno, muy cordial e interesante. Hablamos de mi novela Matar por Ángela, pero también de La Mosca, de rock, de rockcito y de otros menesteres. Aquí les comparto el enlace para que puedan escuchar la emisión (la entrevista aparece más o menos en los últimos veinte o veinticinco minutos del programa).

miércoles, 1 de julio de 2015

Blur: enfoques y desenfoques

Ya no son los niños malos del britpop que eran hace veinte años. Mucho ha que dejaron atrás su bobalicona y publicitaria disputa con Oasis para ver cuál de las dos agrupaciones era la mejor y/o la más popular de Inglaterra. Desde la aparición de su primer disco (el Leisure de 1991) han transcurrido más de dos décadas. Sus integrantes han transitado por muy diferentes sendas y los dos más notorios de ellos, Damon Albarn y Graham Coxton, han demostrado con creces sus talentos individuales, más el primero que el segundo. Albarn no sólo se dedicó a fundar proyectos alternos como el exitoso y peculiar Gorillaz o los efímeros supergrupos The Good, The Bad & The Queen y Rocketjuice & the Moon, sino que a lo largo de una década participó en infinidad de colaboraciones con músicos de todas las latitudes del planeta, ya sea como músico o como productor, hasta desembocar en la grabación de su primer plato como solista, Everyday Robots, de 2014, un trabajo austero, introvertido y muy personal. Por su parte, Coxton –menos productivo y menos extrovertido– produjo algunos estupendos álbumes individuales, entre los que destacan The Golden D (2000), Happiness in Magazines (2004), Love Travels at Illegal Speeds (2005) y A+E (2012).
  Con todo, en los años más recientes, el cuarteto de Colchester encontró oportunidades para reunirse en algunos conciertos y presentaciones, lo cual derivó en discos “en vivo” como el magnífico All the People: Live in Hyde Park de 2009 o en la filmación del estupendo y revelador documental No Distance Left to Run de 2010. Sin embargo, desde la aparición del Think Tank, en 2003, Blur no había vuelto a grabar un álbum, hasta ahora que acaba de aparecer The Magic Whip (Parlophone/Warner, 2015), su más reciente y en verdad excelente opus No. 8 en estudio (pocos discos, se dirá, para una agrupación fundada hace un cuarto de siglo; no obstante, aquí se impone la máxima que reza “de lo bueno, poco”, ya que todos y cada uno de ellos son de excelente factura).
  La historia detrás de The Magic Whip no deja de ser interesante. Blur se había reunido en el verano de 2013, para participar como headliner en el festival japonés Tokyo Rocks. Sin embargo, por diversas circunstancias el concierto se canceló y, también por diversas circunstancias, el grupo terminó en Hong Kong, donde a lo largo de cinco días se encerró en un estudio de grabación. Sus integrantes lo hicieron más para divertirse que con la idea de producir un álbum, así que lo que quedó registrado fue una serie de jams y de trozos musicales sin una forma definida que quedaron ahí, prácticamente abandonados, hasta que Graham Coxton decidió rescatarlos y reescucharlos. Al hacerlo, se dio cuenta de que aquello era en realidad un disco de Blur en potencia y se puso en contacto con Stephen Street, el productor de algunos de los álbumes del cuarteto en la década de los noventa.
  Al ver que el producto de las sesiones en Hong Kong podía convertirse en un conjunto de canciones, se pusieron a trabajar en ello y comunicaron el hallazgo a los otros tres integrantes del grupo: Alex James, Dave Rowntree y el propio Damon Albarn. Fue así como nació el nuevo larga duración de los británicos.
  Doce son los cortes que conforman a The Magic Whip. A lo largo de los mismos, lo que campea es una sensación –no sé si contradictoria o dialéctica o ambas cosas– de euforia y a la vez de soledad, de ironía y a la vez de lejanía, lo cual se refleja tanto en la música como en las letras de las diversas composiciones. Ahí está la rítmica agridulzura del tema abridor, “Lonesome Street”, una joya plenamente britpopera llena de variantes rítmicas y armónicas, que remite al álbum The Great Escape de 1995, y está también la arrebatada melancolía de esas maravillas que son “New World Towers” y “Go Out”. Qué decir también de las fabulosas “Ice Cream Man” y “My Terracota Heart”, que recuerdan a Gorillaz, o de la rocanrolera “I Broadcast” que pudo haber pertenecido al disco Parklife de 1994. Están también la deliciosa “Ghost Ship”, la emotiva “Pyongyang”, la luminosa “Ong Ong”, la suntuosa “Mirrorball”, la nostálgica “Though I Was a Spaceman” y la marcial “There Are Too Many of Us”.
  El regreso de Blur no puede más que ser bienvenido y The Magic Whip es una gran manera de retomar el destacado lugar que le pertenece.

(Publicado este mes en la sección de música de la revista Nexos).

martes, 30 de junio de 2015

Historia de un gallito rojo

Extraños designios tiene el destino y la música no es una excepción.
  A mediados de los años cincuenta surgió el rock n’ roll que no era sino la versión blanca del rhythm n’ blues negro que tenía más de tres lustros de existencia, como herencia del blues, el jumpin’ jive y el swing. Elvis Presley apareció como un extraordinario fenómeno: un blanco que cantaba como negro y que además regrabó canciones compuestas por músicos negros. Lo siguieron Buddy Holly, Jerry Lee Lewis, Eddie Cochran y otros cantantes blancos, además de afroamericanos como Chuck Berry, Fats Domino y Little Richard.
  Aquella fiebre duró cinco o seis años y luego se apagó, sobre todo en su país de origen: los Estados Unidos. Parecía que todo se había acabado, mas no fue así. En Londres, Inglaterra, muchos jóvenes se interesaron en el blues y en el rhythm n’ blues y comenzaron a interpretarlos en clubes y pubs de la capital británica. Entre esos jóvenes se encontraban Keith Richards y Mick Jagger, quienes decidieron formar una banda de blues a la que bautizaron con el nombre de una composición del gran bluesero negro estadounidense Muddy Waters, una pieza llamada “Rolling Stone”.
  Sin ser un grupo de pop, los Rolling Stones se montaron en la llamada Ola Inglesa que habían provocado los Beatles y para mediados de los sesenta eran casi tan mundialmente populares como el cuarteto de Liverpool, aunque fuesen su exacta contracara.
  A finales de 1964 o principios de 1965, hace poco más de cincuenta años, los Stones se dieron el lujo de grabar un blues puro, un tema de Willie Dixon llamado “Little Red Rooster”. Keith Richards dijo a los ejecutivos de su disquera: “a ver qué pueden hacer con la canción de un pollo”. Los atildados tipos se aterraron. Pensaron que sería un fracaso… y resultó todo lo contrario. El “Gallito rojo”, con las connotaciones sexuales de su letra, llegó al primer lugar de las listas y cambió la historia de la música popular, al incorporar al blues en las grandes ligas.
  Hace medio siglo de esto. Vale la pena recordarlo y celebrarlo.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 29 de junio de 2015

Esféricas cumbres

Compuse esta canción en abril de 2013, en honor a una bellísima y erótica foto, la foto que le tomaron a una amiga mía (cuyo nombre me guardaré) y que subió a su biografía de facebook, para que los moralistas administradores de esa red social se la censuraran apenas la detectaron, en cuestión de pocas horas. Yo tuve la precaución de descargarla y salvarla y la guardo como un tesoro precioso. Podría subirla aquí (la imagen es altamente artística y nada tiene de morbosa, además de mostrar un trasero verdaderamente prodigioso por su perfección de formas y dimensiones, muy acordes con la apreciación estética actual... o cuando menos con la mía). Si no la subo, es porque no tengo la autorización de mi amiga. Quizá le pida que me autorice, pero no querría que se molestase si se lo solicito.
  El caso es que de la contemplación de esa fotografía surgió la letra de esta canción que originalmente se llamó "Nalgas", pero preferí cambiar a "Esféricas cumbres", pues este título va más acorde con la letra y con la música que es a su vez un homenaje al lado acústico y folk de tres grupos para mí fundamentales: Led Zeppelin, los Rolling Stones y Traffic. Ustedes encontrarán seguramente las referencias a algunas piezas suyas.
  La grabé en estos días con Garage Band, a manera de demo, empleando tres pistas de guitarra y dos para las voces. Todo interpretado por mí.
  Les comparto la letra y, por supuesto, la música, por medio de un video que hice en iMovie, con imágenes de arte erótico de muy diversas épocas.

Esféricas cumbres

Suaves y tersas sinuosidades.
Una tentación palpable.
Una piel acariciable que se extravía en las edades.

Dulce y blando pan dorado.
Desfiladeros que dan vértigo.
Luna llena es tu costado que se extravía en el tiempo.

Me pierdo con sólo mirarlas.
Me extravío en la belleza
de esas esféricas cumbres.
El paraíso que embelesa.

Cálidas costas son tus nalgas,
donde las olas reposan mansas.
Sobre tus piernas, bajo tu espalda,
está la flor de la esperanza.

Me pierdo con sólo mirarlas,
con imaginar su lado oculto.
Pozo de dulces aguas tibias
sobre un piano contra el muro.


domingo, 28 de junio de 2015

Las golondrinas

Pocas canciones nos hacen llorar tanto a los mexicanos como "Las golondrinas". Algo tiene esa composición del veracruzano Narciso Serradel Sevilla (1843-1910) que nos pone a chillar cuales simples seres cursis y sentimentaloides.
  "Las golondrinas" son parte del ADN nacional, tienen un importantísimo sitial en nuestra idiosincracia, las traemos en la sangre desde hace décadas y basta que empiecen a sonar sus primeras notas para que la piel se nos ponga de gallina, se nos haga un nudo en la garganta, se nos aflojen las coyunturas y nos empiecen a brotar las lágrimas.
  Pocas imágenes ejemplifican mejor esto que la escena en la película México de mis recuerdos (Juan Bustillo Oro, 1943) en la que "el pueblo de México" va a despedir a Porfirio Díaz cuando el depuesto presidente se embarca en el Ipiranga, anclado en el puerto de Veracruz, para alejarse por siempre del país y asilarse en París. Ahí está don Susanito Peñafiel y Somellera, interpretado por el gran Joaquín Pardave, enjuagando los lagrimones con su pañuelo, mientras a su alrededor todos gimen al ver a don Porfis y a su Carmelita agitar las manos desde el barco, en el último gesto del adiós. Mientras tanto, no sólo suenan "Las golondrinas" sino que todos los ahí presentes las cantan emocionados, como si del Himno Nacional se tratara.
  En lo personal, recuerdo "Las golondrinas" que nos tocaron el día en que terminé la primaria, en 1966, en el colegio Espíritu de México, en Tlalpan. Debo confesar que no sólo no me hicieron llorar, sino que ni siquiera me conmovieron, a pesar de que mi madre me conminaba a ello. Yo sólo quería echar relajo con mis compañeros de sexto, a sabiendas de que a muchos de ellos, ¡ay!, no los volvería a ver más.
  Las golondrinas.

sábado, 27 de junio de 2015

La historieta del tío Donald

Darrell Hammond como Donald Trump en SNL.
Cuando por allá de los años setenta se puso de moda entre la intelectualiza leer a Carlos Castaneda, este su humilde columnista leyó Las enseñanzas de don Juan y la única enseñanza que quedó en su cabeza –hasta el día de hoy– es una que más o menos reza que si uno se enoja con otra persona es porque le da demasiada importancia a la misma.
  Lo anterior viene a cuento porque me parece que la reacción de jarritos de Tlaquepaque que han tenido la mayoría de los mexicanos, luego de las idiotas declaraciones de ese oligofrénico multimillonario estadounidense llamado Donald Trump, es tan absurda como desproporcionada.
  Cualquiera que haya visto alguna vez la hilarante imitación de Trump que hacia en Saturday Night Live el actor Darrell Hammond (quien también hacía un Bill Clinton extraordinario) sabe que el conductor de The Apprentice y creador de la famosa e infame frase “You’re fired!” es una especie de caricatura de sí mismo y que lo que dice y hace debería movernos no a la indignación sino a la risa loca. Por ejemplo, su precandidatura a la presidencia de los Estados Unidos es un chiste fenomenal.
  Las declaraciones del tío Donald contra los mexicanos son tan cómicas e intrascendentes como el “magno exorcismo” organizado por Juan Sandoval Íñiguez y otros arzobispos para expulsar al Diablo que según ellos se ha apoderado de México a partir de que en el DF se despenalizó el aborto o como la certeza de Morena de que luego de sus logros electorales de hace dos semanas, lo siguiente es el asalto a Los Pinos en 2018. Tomar en serio las palabras de Trump y, peor aún, ofenderse por ellas es otorgarles esa demasiada importancia de la que la hablaba don Juan a Castaneda en su libro.
  Compatriotas, en lugar de encabritarse y rasgarse las vestiduras, corran a internet y busquen los videos de Darrell Hammond en que se mofa de Donald Trump. Verán que además de reír, perderán toda posibilidad de molestarse por lo que diga de nosotros el ridículo y travieso señor del tupé amarillo quien, además de todo y si se fija usted bien, hasta se parece al Piojo Herrera.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 26 de junio de 2015

Calexico / Feast of Wire (2003)

Calexico es una agrupación sui generis. Hace rock, sí, pero mezclado y remezclado con ingredientes tan varios como el estilo musical de Ennio Morricone, el alt-country, el folk a la Neil Young y los sones de mariachi. Ecos sonoros de la frontera mexico-estadounidense en uno de sus mejores álbumes.

Mejor tema: “Black Heart”