Fantástico retrato doble de Francois Truffaut y Jean-Pierre Léaud por el genial fotógrafo estadounidense Richard Avedon.
Mostrando las entradas con la etiqueta Truffaut. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Truffaut. Mostrar todas las entradas
sábado, 3 de diciembre de 2022
Truffaut y Léaud por Avedon
Fantástico retrato doble de Francois Truffaut y Jean-Pierre Léaud por el genial fotógrafo estadounidense Richard Avedon.
martes, 22 de junio de 2021
Encuentros ardientes con mi vecina
De mi época de guionista de historietas (1979-1999), esta adaptación de la película La mujer de al lado (La femme d'à côté, 1981) de François Truffaut. Me la publicó Editorial Mango, en febrero de 1997. ¿Qué tal el título que le pusieron?
jueves, 31 de agosto de 2017
Entrevista en "Ciudad anfibia"
Hoy salió al aire el programa de radio que grabé ayer en la estación Código CDMX del gobierno de la ciudad. Ciudad anfibia se llama el programa conducido por Eduardo Vel y en el mismo hablamos sobre mi novela Matar por Ángela y algunos otros temas. Querdó muy bien. Les dejo el podcast del mismo. Basta con que den clic justamente aquí.
sábado, 28 de noviembre de 2015
¡Hasta la catafixia siempre!
Sólo el PRI puede competirle a Chabelo en aquello de la longevidad. El personaje de Xavier López ha sido presencia omnímoda a lo largo de medio siglo. Es una institución con más credibilidad y firmeza que el Senado, la Cámara de Diputados, el INE y la Femexfut. Es nuestro Dorian Gray, ese hombre que jamás envejece, mientras los demás nacemos, crecemos, maduramos y nos vamos. ¿Buena o mala influencia para la niñez? ¡Qué importa! Lo real es que hemos tenido Chabelo durante cinco décadas y ya forma parte de la historia no sólo de los espectáculos, sino de la cultura, la idiosincrasia y hasta la política del país.
Ahora que el niñote dejará de hacer su eterno programa dominical y mañanero En familia (quién diga que nunca lo ha visto es porque jamás tuvo televisor), me gustaría rememorar a mi propio Chabelo, un Chabelo anterior a dicho programa, un Chabelo subterráneo y más antiguo, el Chabelo que aún no inventaba el verbo catafixiar (¿qué espera la RAE para incluirlo en su mamotreto?), el Chabelo de la tele en blanco y negro, el Chabelo del canal 5 a mediados de los años sesenta.
Ese fue el Chabelo que me tocó en la niñez, el de mi generación, la primera generación de hijos del Canal 5. El de los martes y los jueves a las cinco y media de la tarde. El de las secciones “La conciencia y yo” y “Lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer”, tan llenas de moralina ultraconservadora como delirantemente divertidas (sobre todo los sketches de “lo que no se deba hacer”), al lado de Genaro y Rogelio Moreno, El Pecas, Chayito y el tío Gamboín (que aún no era el personaje equívoco y orwelliano en el cual se convertiría más tarde y quien cada fin de año presentaba sus Juguelotes).
Mi infancia fue muy influida por aquel Chabelo y por todo lo que representaba el Canal 5 en los años en que el PRI era omnipresente y Gustavo Díaz Ordaz el presidente. Épocas francamente siniestras, pero en las que los niños la pasábamos bien y sin tantas complicaciones. De hecho, aquel Chabelo se fue hace mucho. Era el Chabelo underground, antes de convertirse en institución.
¡Hasta la catafixia siempre!
(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)
Ahora que el niñote dejará de hacer su eterno programa dominical y mañanero En familia (quién diga que nunca lo ha visto es porque jamás tuvo televisor), me gustaría rememorar a mi propio Chabelo, un Chabelo anterior a dicho programa, un Chabelo subterráneo y más antiguo, el Chabelo que aún no inventaba el verbo catafixiar (¿qué espera la RAE para incluirlo en su mamotreto?), el Chabelo de la tele en blanco y negro, el Chabelo del canal 5 a mediados de los años sesenta.
Ese fue el Chabelo que me tocó en la niñez, el de mi generación, la primera generación de hijos del Canal 5. El de los martes y los jueves a las cinco y media de la tarde. El de las secciones “La conciencia y yo” y “Lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer”, tan llenas de moralina ultraconservadora como delirantemente divertidas (sobre todo los sketches de “lo que no se deba hacer”), al lado de Genaro y Rogelio Moreno, El Pecas, Chayito y el tío Gamboín (que aún no era el personaje equívoco y orwelliano en el cual se convertiría más tarde y quien cada fin de año presentaba sus Juguelotes).
Mi infancia fue muy influida por aquel Chabelo y por todo lo que representaba el Canal 5 en los años en que el PRI era omnipresente y Gustavo Díaz Ordaz el presidente. Épocas francamente siniestras, pero en las que los niños la pasábamos bien y sin tantas complicaciones. De hecho, aquel Chabelo se fue hace mucho. Era el Chabelo underground, antes de convertirse en institución.
¡Hasta la catafixia siempre!
(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)
domingo, 12 de julio de 2015
¿Cómo fue?
Compuse esta canción en 2001, dedicada a la mujer de la cual estaba yo perdidamente enamorado en esas fechas y que luego de un breve y hermoso affaire, decidió que hasta ahí llegábamos, La grabé en el estudio de mi amigo de toda la vida, el gran Adolfo Cantú, en Tlalpan, poco tiempo después de escribirla. Yo me hice cargo de las guitarras y la voz y él de los teclados y una leve percusión.
Hace unos días, decidí hacer un video de la canción y como no puedo usar fotografías de la chava que me la inspiró, se me ocurrió armarlo con imágenes de la película La piel suave, filmada en blanco y negro por François Truffaut en 1964, con las actuaciones de Jean Desailly y la bellísima Françoise Dorléac.
No deja de sorprenderme la forma como dichas imágenes encajaron a la perfección con la pieza, aunque algún mérito debo tener como editor, jaja. Armé el videoclip en iMovie y lo subtitulé en YouTube. Creo que quedó bastante bonito. Lo pongo a la consideración de ustedes e incluyo de todos modos la letra de la canción.
¿Cómo fue?
¿Cómo fue, dime cómo?
¿Cómo fue que empezó todo?
¿Cómo fue? Yo no lo sé.
Una voz repentina que quebró mi rutina.
Una voz que dijo "sí" y luego dijo...
"No. Hasta aquí. No te acerques más.
No quiero arriesgar.
No te puedo amar, porque hay alguien más.
Sólo quédate ahí".
¿Cómo fue, dime cómo?
¿Cómo fue? Yo lo ignoro.
¿Cómo fue? Quisiera saber.
Tu risa contagiosa de niña maliciosa.
Un beso que dijo "sí" y luego dijo...
"No. Hasta aquí. No habrá uno más.
No insistas ya.
No te puedo dar lo que pides tú.
Sólo quédate ahí".
¿Cómo fue, dime cómo?
Que te amé como un loco.
¿Cómo fue que me enamoré de tu suave piel,
de tu olor, de tu edad, de ese ombligo fiel?
No me iré, no me iré.
Me quedaré ahí.
No me iré, no me iré.
Me quedaré ahí, donde digas, donde ordenes,
pero me quedaré.
Hace unos días, decidí hacer un video de la canción y como no puedo usar fotografías de la chava que me la inspiró, se me ocurrió armarlo con imágenes de la película La piel suave, filmada en blanco y negro por François Truffaut en 1964, con las actuaciones de Jean Desailly y la bellísima Françoise Dorléac.
No deja de sorprenderme la forma como dichas imágenes encajaron a la perfección con la pieza, aunque algún mérito debo tener como editor, jaja. Armé el videoclip en iMovie y lo subtitulé en YouTube. Creo que quedó bastante bonito. Lo pongo a la consideración de ustedes e incluyo de todos modos la letra de la canción.
¿Cómo fue?
¿Cómo fue, dime cómo?
¿Cómo fue que empezó todo?
¿Cómo fue? Yo no lo sé.
Una voz repentina que quebró mi rutina.
Una voz que dijo "sí" y luego dijo...
"No. Hasta aquí. No te acerques más.
No quiero arriesgar.
No te puedo amar, porque hay alguien más.
Sólo quédate ahí".
¿Cómo fue, dime cómo?
¿Cómo fue? Yo lo ignoro.
¿Cómo fue? Quisiera saber.
Tu risa contagiosa de niña maliciosa.
Un beso que dijo "sí" y luego dijo...
"No. Hasta aquí. No habrá uno más.
No insistas ya.
No te puedo dar lo que pides tú.
Sólo quédate ahí".
¿Cómo fue, dime cómo?
Que te amé como un loco.
¿Cómo fue que me enamoré de tu suave piel,
de tu olor, de tu edad, de ese ombligo fiel?
No me iré, no me iré.
Me quedaré ahí.
No me iré, no me iré.
Me quedaré ahí, donde digas, donde ordenes,
pero me quedaré.
jueves, 20 de noviembre de 2014
La saga de Antoine Doinel
![]() |
| Una escena de "Domicilio conyugal". |
A lo largo de dos décadas, de 1959 a 1979, en cinco películas (cuatro largometrajes y un corto que formó parte de la cinta colectiva El amor a los veinte años, de 1962), Truffaut nos transmitió sus sentires por medio de ese muy peculiar varón, en una saga tan divertida como entrañable y conmovedora.
Para interpretar a Antoine Doinel, el director eligió a un jovencito inexperto de catorce años, llamado Jean-Pierre Léaud, quien acudió a hacer el casting para el papel principal de su cinta debut, la laureada y casi mítica Los 400 golpes, y de inmediato fue elegido por su singular y espontánea personalidad. Truffaut lo adoptó de alguna manera y revivió al personaje tres años después, en Antoine y Colette, para retomarlo en tres ocasiones más: en 1968 con Besos robados (en la que vemos a un Antoine que salta de empleo en empleo y de amor en amor en sus primeros años veinte), en 1970 con Domicilio conyugal (en la que lo vemos ya casado y poniéndole bobamente el cuerno a su mujer) y en 1979 con El amor en fuga (en la que Doinel, ya treintón, rememora lo que fue su vida, se divorcia y se vuelve a enamorar).
Léaud fue como un hijo adoptivo para Truffaut. Simpático, bien parecido, carismático y con un muy especial encanto, el joven actor actuó en otras cintas del realizador (como en Las dos inglesas y el continente de 1971) o en las de otros directores (como en la estupenda Masculino femenino de Jean-Luc Godard, de 1968), pero siempre será recordado por su espléndido y único Antoine Doinel, una caracterización absolutamente clásica.
La pregunta que me hago es si François Truffaut habría filmado una sexta y hasta una séptima parte de la saga de haber seguido en el mundo.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
El cineasta que amó a las mujeres
"Hago películas normales para gente normal".
François Truffaut
Hay una escena inolvidable en Domicilio conyugal, la onceava película de François Truffaut, en la que el personaje de Antoine Doinel, quien ha abandonado a su mujer, Christine, por una japonesa de la que se cree enamorado, va a un restaurante a cenar con ésta y la cita resulta tan sosa que Antoine se levanta repetidamente de su mesa para telefonear a su aún conyuge y decirle lo aburrido que se encuentra y las ganas que tiene de verla. Es un momento tan absurdo como tragicómico, sobre todo cuando Antoine la dice a Christine: “Eres mi hermanita, mi hija, mi madre” y esta le responde del otro lado de la línea: “Hubiera querido ser también tu esposa”.
Descubrí el cine de Truffaut con esta película, a principios de los años setenta. No recuerdo si la vi en el añorado cine Regis de Avenida Juárez o en la legendaria Cineteca Nacional de Calzada de Tlalpan y Río Churubusco. De lo que sí me acuerdo es del efecto que causaron sobre mí la elegancia, la sutileza, la liviandad, la ironía y la belleza en el estilo del realizador francés. Desde ese momento quedé enganchado con su cine y aunque su muerte, acaecida el 21 de octubre de 1984, hace treinta años, cortó abruptamente lo que era una fructífera carrera cinematográfica, quedó el legado de sus filmes, en su gran mayoría imperdibles, y de algunos libros, en especial esa joya en la que entrevistó largamente a uno de sus mentores: Alfred Hitchcock.
Conozco casi completa la filmografía truffautiana (sólo no he podido ver cuatro de sus veinticuatro películas) y aunque algunas de sus obras no terminan de convencerme (en especial la a mi modo de ver sobrevalorada Fahreinheit 451 de 1966, en la que si algo se extraña es el toque del director), la gran mayoría me resultan fascinantes, en especial la saga de Antoine Doinel (el alter ego del propio François Truffaut, interpretado siempre por el singular Jean-Pierre Léaud), conformada por Los 400 golpes (1959), Antoine y Colette (1962), Besos robados (1968), la mencionada Domicilio Conyugal (1970) y El amor en fuga (1979). Otros largometrajes que resalto son Jules y Jim (1962), La piel suave (1964), La sirena del Mississippi (1969), Una chica tan linda como yo (1972), La noche americana (1973) y La mujer de al lado (1981). No obstante, si con una de sus piezas fílmicas me rindo a sus pies –y quizá lo haga más por razones de identificación personal que por motivos estrictamente cinematográficos– es con El hombre que amó a las mujeres (1978).
Truffaut fue un gran amante de la mujer y se enamoró de algunas de las actrices a quienes dirigió, muy especialmente de Jeanne Moreau, de Catherine Deneuve, de Claude Jade y de Fanny Ardant. Con todas ellas tuvo affaires de distinta intensidad y duración. Además de eso, casi en cada uno de sus filmes las mujeres son el factor dominante, frente a los personajes masculinos, mucho más vulnerables, débiles y hasta ridículos. Pero fue en El hombre que amo a las mujeres que brindó un abierto homenaje a la belleza, la magia, la presencia, la inteligencia y la fascinación del sexo femenino. No sé si por eso el personaje principal fue interpretado por el actor Charles Denner, feo y escasamente carismático, en lugar del encantador y en momentos hasta un tanto femenino Jean-Pierre Léaud.
Hay mucho más que hablar de este realizador parisino, pero el espacio es poco. De la mala relación con su madre y su padrastro; de los cine clubes que organizaba en su adolescencia; de las cientos (¿o miles?) de películas que vio en aquellos años; de su estancia en una prisión juvenil; de su labor como crítico despiadado en la mítica revista Cahiers du Cinema; de sus conflictos con la vieja guardia del cine galo (con excepción de su admirado Jean Renoir); de su relación de amor-odio con Jean-Luc Godard; de su participación en las protestas callejeras para lograr la reinstalación del director de la Cinemateca Francesa, apenas meses antes del movimiento estudiantil de 1968 en Francia, al cual prefiguró; y, por supuesto, de su importante papel como uno de los fundadores de la nouvelle vague, al lado del propio Godard, de Eric Rohmer, de Jacques Rivette, de Claude Chabrol, de Jean Pierre Melville.
François Truffaut se fue hace tres décadas exactas y uno se pregunta qué tanto le faltó por filmar. Nacido en París en 1932, falleció cuando tan sólo tenía cincuenta y dos años. Nunca dejará de extrañarse al cineasta que amo a las mujeres.
(Publicado hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario).
jueves, 13 de noviembre de 2014
La biografía de Truffaut
Terminé de leer el libro François Truffaut de Robert Ingram (Taschen, 2004), una biografía muy seria e informativa, aunque con muchas ricas anécdotas e información invaluable sobre la vida y obra, película por película, del gran director francés (como ya lo he dicho y escrito, uno de mis dos cineastas favoritos de todos los tiempos, al lado de Woody Allen).
Lleno de fotografías y de minuciosos datos, el libro se dejar leer con delicia y completa muchas lagunas que yo tenía acerca no sólo de la biografía de Truffaut sino de los motivos y los entretelones de cada una de sus cintas, desde su cortito Une visite de 1955 (el año en que nací) hasta su final Vivement dimanche! de 1984. Casi treinta años de una carrera espléndida de este fundador de la nouvelle vague francesa, crítico de cine desde muy joven en Les Cahiers du Cinema y, por supuesto, enorme realizador. Una buena manera de recordarlo en este año en que se cumplen tres décadas de su lamentable e inesperada muerte.
Lleno de fotografías y de minuciosos datos, el libro se dejar leer con delicia y completa muchas lagunas que yo tenía acerca no sólo de la biografía de Truffaut sino de los motivos y los entretelones de cada una de sus cintas, desde su cortito Une visite de 1955 (el año en que nací) hasta su final Vivement dimanche! de 1984. Casi treinta años de una carrera espléndida de este fundador de la nouvelle vague francesa, crítico de cine desde muy joven en Les Cahiers du Cinema y, por supuesto, enorme realizador. Una buena manera de recordarlo en este año en que se cumplen tres décadas de su lamentable e inesperada muerte.
domingo, 19 de octubre de 2014
Besos robados
Siempre digo que mi película favorita de François Truffaut es El hombre que amó a las mujeres (L'homme quie aimait les femmes, 1977); sin embargo, como conjunto, lo que más me embelesa del realizador es la saga de Antoine Doinel, compuesta por cinco cintas que el francés fue haciendo a lo largo de su espléndida carrera cinematográfica: Los 400 golpes (1959), Antoine y Colette (1962), Besos robados (1968), Domicilio conyugal (1970) y El amor en fuga (1979).
Besos robados (Baisers volés) es una maravilla, una obra cuya manufactura hasta podría parecer amateur (por supuesto que no lo es), una comedia ligera pero llena de guiños y referencias que la hacen mucho más profunda de lo que parece a simple vista. Llena de sensibilidad y frescura, de una sutil y muy particular ironía, la película refiere las aventuras amorosas y laborales de un Doinel a sus veintidós o veintitrés años, quien salta de trabajo en trabajo -empieza como empleado de mostrador de un pequeño hotel parisino, lo corren y se convierte en improvisado y cómico detective privado y termina trabajando en una zapatería para mujeres- y de mujer en mujer -de algunas bellas y despreocupadas prostitutas a su ex novia Christine y a la esposa guapa del dueño de la zapatería, quien le propone ser amantes por un solo día, trato que Antoine acepta con singular pachorra.
Con agudos apuntes sociales y culturales, el filme transcurre plácido y simpático, con hilarantes e inesperados momentos cuasi surrealistas, como los dos niños que salen de la zapatería con sus máscaras del Gordo y el Flaco, la petición del zapatero al jefe de la agencia de detectives para que investigue por qué sus empleadas lo aborrecen y nunca le sonríen (¿quién contrataría a un investigador privado para semejante cosa?) o la escena final, sencillamente delirante, en la que un personaje que aparece a lo largo de la historia por fin revela sus inesperadas intenciones.
Con el siempre magnífico y grato Jean-Pierre Léaud como Antoine Doinel y la bella Claude Jade como Christine, Besos robados es una cinta entrañable y optimista, leve y despreocupada como quizá ninguna otra de las veinticuatro que filmó el esplendente Truffaut.
Una preciosidad.
Besos robados (Baisers volés) es una maravilla, una obra cuya manufactura hasta podría parecer amateur (por supuesto que no lo es), una comedia ligera pero llena de guiños y referencias que la hacen mucho más profunda de lo que parece a simple vista. Llena de sensibilidad y frescura, de una sutil y muy particular ironía, la película refiere las aventuras amorosas y laborales de un Doinel a sus veintidós o veintitrés años, quien salta de trabajo en trabajo -empieza como empleado de mostrador de un pequeño hotel parisino, lo corren y se convierte en improvisado y cómico detective privado y termina trabajando en una zapatería para mujeres- y de mujer en mujer -de algunas bellas y despreocupadas prostitutas a su ex novia Christine y a la esposa guapa del dueño de la zapatería, quien le propone ser amantes por un solo día, trato que Antoine acepta con singular pachorra.
Con agudos apuntes sociales y culturales, el filme transcurre plácido y simpático, con hilarantes e inesperados momentos cuasi surrealistas, como los dos niños que salen de la zapatería con sus máscaras del Gordo y el Flaco, la petición del zapatero al jefe de la agencia de detectives para que investigue por qué sus empleadas lo aborrecen y nunca le sonríen (¿quién contrataría a un investigador privado para semejante cosa?) o la escena final, sencillamente delirante, en la que un personaje que aparece a lo largo de la historia por fin revela sus inesperadas intenciones.
Con el siempre magnífico y grato Jean-Pierre Léaud como Antoine Doinel y la bella Claude Jade como Christine, Besos robados es una cinta entrañable y optimista, leve y despreocupada como quizá ninguna otra de las veinticuatro que filmó el esplendente Truffaut.
Una preciosidad.
domingo, 5 de octubre de 2014
Les Mistons
Aunque estrictamente no es la primera realización de François Truffaut (antes, en 1955, había filmado el cortito amateur Une visite), Les Mistons sí es su primera película en forma, con un presupuesto, una idea, un guión, un grupo de actores. Filmado en 1957, este cortometraje hizo que el director francés, entonces de veinticinco años, lograra llevar a la práctica todos los conocimientos que había adquirido a lo largo de al menos una década de ser un cinéfilo empedernido que había visto cientos (¿o miles?) de películas y tomado detalladas notas de ellas, además de ser uno de los críticos más agudos y provocativos de la legendaria revista Cahiers du Cinema.
Con apenas diecisiete minutos de duración en su versión definitiva (originalmente duraba veintiséis), Les Mistons narra una anécdota muy sencilla, basada en un relato de Maurice Pons, en el cual un grupo de chiquillos provincianos (les mistons, es decir, los mocosos) acosa latosamente a una pareja de novios, conformada por los actores Gerard Blain y Bernadette Lafonte (que en la vida real eran marido y mujer), celosos por la presencia del hombre. Se trata de una sucesión de viñetas filmadas en blanco y negro, con un tono amable y divertido. No se hizo en estudio sino en locaciones naturales de Nimes, Francia.
La importancia de este corto es que ya muestra algunas de las características de lo que será el cine de Truffaut y que se manifestará claramente en su primer largometraje, el espléndido Les Quatre Cents Coups (Los cuatrocientos golpes) de 1959.
Aquí les dejo Les Mistons, para que la disfruten.
Con apenas diecisiete minutos de duración en su versión definitiva (originalmente duraba veintiséis), Les Mistons narra una anécdota muy sencilla, basada en un relato de Maurice Pons, en el cual un grupo de chiquillos provincianos (les mistons, es decir, los mocosos) acosa latosamente a una pareja de novios, conformada por los actores Gerard Blain y Bernadette Lafonte (que en la vida real eran marido y mujer), celosos por la presencia del hombre. Se trata de una sucesión de viñetas filmadas en blanco y negro, con un tono amable y divertido. No se hizo en estudio sino en locaciones naturales de Nimes, Francia.
La importancia de este corto es que ya muestra algunas de las características de lo que será el cine de Truffaut y que se manifestará claramente en su primer largometraje, el espléndido Les Quatre Cents Coups (Los cuatrocientos golpes) de 1959.
Aquí les dejo Les Mistons, para que la disfruten.
domingo, 22 de enero de 2012
La novia iba de negro
No había visto esta película filmada por François Truffaut en 1968, con la gran Jeanne Moreau en el rol principal, el de una mujer a la que unos tipos, desde un balcón, le matan accidentalmente a su esposo, en la escalinata de la iglesia, justo cuando acababan de casarse. Ella averigua quiénes fueron los culpables (aunque nunca sabemos cómo hizo para saberlo) y los va asesinando uno a uno. La mariée était en noir es una cinta extraña, filmada con un estilo que de pronto parece amateur, aunque para entonces Truffaut ya había realizado seis películas, entre ellas joyas como Los cuatrocientos golpes (1959), Jules et Jim (1961) y La piel suave (1964) e incluso Fahrenheit 451 (1966). La verdad es que no me acabó de convencer del todo.
La vi con Denisse que hoy vino de visita.
La vi con Denisse que hoy vino de visita.
viernes, 20 de enero de 2012
El amor en fuga
Hoy me sorprendí a mí mismo al ver esa preciosa película de François Truffaut que es L'amour en fuite (El amor en fuga, 1979), pues según yo ya la había visto hace años y en realidad no: fue mi primera vez con ella.
La cinta es la culminación de la saga de Antoine Doinel que el director francés iniciara con Los 400 golpes (Les 400 coups) en 1959, en la que el personaje de Doinel adolescente, interpretado por el gran Jean Pierre Léaud, saliera por vez primera, para reaparecer después en otros filmes (que esos sí ya los vi) como el corto Antoine et Colette (1962), Besos robados (1968) y Domicilio conyugal (1970). El amor en fuga es como una recapitulación del ciclo, ya que aparecen escenas en retrospectiva de las cuatro películas mencionadas. Se trata de una comedia deliciosa, en la que Antoine, ya casi treintañero, sigue sin lograr relacionarse debidamente con las mujeres y vemos así a algunas de ellas, como la apacible Christine (Claude Jade), la graciosa Sabine (Dorothée) y la inquietante Colette, cuyo papel realiza la gran Marie-France Pisier. Una cinta sutil, amable, disfrutable, gozosa, vital. De las grandes películas (las más cotidianas, las más sencillas) que hizo Truffaut.
La cinta es la culminación de la saga de Antoine Doinel que el director francés iniciara con Los 400 golpes (Les 400 coups) en 1959, en la que el personaje de Doinel adolescente, interpretado por el gran Jean Pierre Léaud, saliera por vez primera, para reaparecer después en otros filmes (que esos sí ya los vi) como el corto Antoine et Colette (1962), Besos robados (1968) y Domicilio conyugal (1970). El amor en fuga es como una recapitulación del ciclo, ya que aparecen escenas en retrospectiva de las cuatro películas mencionadas. Se trata de una comedia deliciosa, en la que Antoine, ya casi treintañero, sigue sin lograr relacionarse debidamente con las mujeres y vemos así a algunas de ellas, como la apacible Christine (Claude Jade), la graciosa Sabine (Dorothée) y la inquietante Colette, cuyo papel realiza la gran Marie-France Pisier. Una cinta sutil, amable, disfrutable, gozosa, vital. De las grandes películas (las más cotidianas, las más sencillas) que hizo Truffaut.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
%2021.40.30.png)










