lunes, 22 de mayo de 2017

Sobre mi mamá y su primo segundo, Ismael Rodríguez

Gracias a la investigación genealógica de mi primo Alfredo Peña Pérez II, confirmo lo que siempre nos contó mi mamá (Rebeca Michel Ruelas): que ella y el director de cine Ismael Rodríguez (Los tres García, Los tres huastecos, Nosotros los pobres, A toda máquina y un largo etcétera) eran primos segundos. Dice Alfredo: "Efectivamente son primos segundos. María Rebeca Michel, hija de María Ruelas Uribe. Nieta de Francisco Ruelas y Refugio Uribe. Francisco hijo de Bernardino Ruelas y Mariana Ibarra. Francisco y Mariana tuvieron otro hijo de nombre Bernardino Ruelas que se casó con Estéfana González. Bernardino y Estéfana tuvieron una hija de nombre Maclovia. Maclovia se casó con Ismael Rodríguez y ellos fueron los padres de los hermanos Rodríguez Ruelas". Orgullo familiar.

sábado, 20 de mayo de 2017

Un Macron, muchos Macrones

Con la llegada de Emmanuel Macron al Palacio del Elíseo, como nuevo presidente de Francia, la teoría de que los populismos de izquierda y de derecha serían la nueva dominante en la política internacional ha quedado cuando menos puesta en duda. Al parecer, el mundo no está condenado a los Donald Trump, los brexistas británicos o los Nicolás Maduro y sus semejantes.
  En México, algunos aspirantes a la presidencia de la república han empezado a presentarse como los Macron que necesita el país, cuando están muy lejos de serlo e incluso de parecerlo. Sin embargo, cuánto bien le haría a nuestra lastimada república un presidente moderado, de centro, progresista, cultivado, liberal e incluyente. Un primer mandatario al que lo moviera el verdadero interés de la nación, sin demagogia, y que no se empeñara en ser presidente porque ese es su capricho personal. Un líder joven en sus ideas y quizá también en edad (Macron tiene apenas 39 años). Un hombre o una mujer equilibrado, pero lleno de frescura en sus ideas, pragmático pero humanista, interesado en mantener la macroeconomía estable, pero a la vez preocupado en serio por disminuir la pobreza, crear empleo, atraer inversiones, desarrollar la educación, combatir la inseguridad y la violencia, fortalecer los logros de la democracia y garantizar la libertad de expresión. Un presidente moderno que entienda la urgencia de insertar al país en el ritmo del siglo XXI y que no busqué el regreso al pasado, que comprenda la importancia de la globalización y la cooperación internacional y no traté de encerrarnos como si el resto del mundo no existiera.
  ¿Hay alguien así en este México atascado por una clase política inepta, inculta, egoísta y corrompida? Debe existir, aunque no se le vea aún en el horizonte o, si se le ve, no cuente todavía con el suficiente apoyo. La república requiere con urgencia de un Macron, de muchos Macrones, pero verdaderos y no oportunistas, mucho menos populistas. ¿Será que podrá surgir al menos uno en los próximos meses?

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 19 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (12)

El nombre original de Pink Floyd, en 1964, era Sigma 6. El grupo incluía a Roger Waters en el bajo, Nick Mason en la batería, Richard Wright en los teclados, Bob Close en la primera guitarra y Syd Barret en la segunda guitarra. Luego se llamó The Meggadeaths, The Screaming Abdabs y The Abdabs, hasta que por insistencias de Barret, el nombre finalmente fue cambiado a The Pink Floyd Sound (en honor a los prácticamente desconocidos blueseros Pink Anderson y Floyd Council) y más tarde se simplificó a Pink Floyd.

jueves, 18 de mayo de 2017

Superunknown

 Para Chris Cornell, In Memoriam.

Como alguien dijo por ahí, el verano de 1994 no fue uno de los más cálidos para el rock. Por el contrario, la muerte del líder de Nirvana, Kurt Cobain, acaecida en la ciudad de Seattle en abril de ese mismo año, ensombreció el panorama de esta música, en especial de la corriente que conocemos como grunge, y vino a recordarnos que lo que se creía un movimiento lleno de fuerza y vitalidad también escondía en su seno la simiente del dolor y la tragedia. Fue en medio de ese contexto que uno de los grupos más representativos de la capital del noroccidental estado de Washington, el cuarteto Soundgarden, puso en circulación su cuarto trabajo discográfico, el fenomenal Superunknown.
  Superunknown es por mucho la obra más fina de este grupo, una mezcla sabia y emotivamente lograda que combina el rock duro característico de la banda, ese que puede escucharse a la perfección en sus tres álbumes anteriores -Ultramega OK (1988), Louder Than Love (1990) y el impresionante Badmotorfinger (1991)-, con elementos tomados del rock clásico y la psicodelia sesentera (el muy conocido tema “Black Hole Sun” es el ejemplo más palpable en este sentido). A lo largo de aproximadamente una hora y diez minutos, Soundgarden nos conduce por senderos y paisajes musicales impensados hasta poco antes en una agrupación que parecía más bien destinada a transitar del grunge al heavy metal.

Deja que me ahogue
Con la voz de Chris Cornell como eje de todas las canciones (en su mayoría espléndidas), Superunknown es un disco lleno de colores musicales y de variedad melódica, armónica y rítmica. La monotonía no existe en sus dieciséis cortes, a pesar de que tampoco pierde la esencia del clásico estilo de Soundgarden. Esto resulta evidente desde el track inicial, el poderoso “Let Me Drown” que arranca con la fuerza de un vendaval, gracias al filoso y provocativo riff de la guitarra de Kim Thayil y que no deja de recordar a Rage Against the Machine (¿premonición de lo que sería Audioslave cerca de una década después?). La batería de Matt Cameron es igualmente impresionante. En seguida, “My Wave” disminuye el vértigo mas no la intensidad. Con un beat acompasado de tres cuartos, el tema tiene una lejana, casi imperceptible, pero real influencia de los primeros Kinks y al final hay ciertos ecos vagos de The Who. “Fell On Black Days” es una composición bastante más tranquila y melodiosa y -ésta sí- totalmente premonitoria de Audioslave. Una pieza en verdad exquisita. En cuanto a la extraordinaria “Mailman”, con un riff inicial muy a la Black Sabbath (o a la Alice in Chains, si se quiere), se trata de un corte por demás oscuro y denso, con Thayil y Cornell a su máxima intensidad introspectiva. “Superunknown” en cambio, el tema que da título al disco, revienta de pesadez cuasi metalera (aunque la instrumentación también remite a algunas canciones posteriores de Pearl Jam, tal vez por la presencia de Cameron en los tambores y los platillos), con un solo de guitarra de franco furor. El mood cambia en forma dramática con “Head Down”, un corte un tanto ominoso en su lento caminar por el lodo de un arreglo inusual con reminiscencias guitarreras del Mississippi.

Bajo el sol del agujero negro
La primera mitad del álbum se cierra con los dos temas literalmente centrales del Superunknown. En primer lugar, ese clásico que es hoy día “Black Hole Sun” (¿quién no recuerda el alucinante video que transmitía MTV, cuando aún era una emisora con algunas intenciones roqueras y no la máquina de estupideces que es en la actualidad?). Este sol del hoyo negro es una composición completamente sicodélica que pudo ser tranquilamente grabada por Spirit en 1968, un corte tan maleable que existen algunos covers verdaderamente insólitos del mismo, sobre todo el de Steve Lawrence y Eydie Gorme (dueto mixto compañero de aventuras de Frank Sinatra en Las Vegas), contenido en el álbum Lounge-A-Palooza y el muy reciente (y muy similar al de Steve & Eydie) que viene en el flamante Rock Swings de nada menos que Paul Anka (sí, aún sigue con vida). Una letra hermética, interpretada por un irónico Chris Cornell, más una guitarra con efectos tan inquietantes como una pesadilla de Tim Burton musicalizada por Danny Elfman.
  Por su parte, “Spoonman” tiene todos los elementos para convertirse en un éxito sempiterno (no en vano fue el primer sencillo del disco). Con una letra referida a un personaje callejero de Seattle (Artis “The Spoonman”), quien producía complicados sonidos con diversas cucharas y a quien podemos escuchar a la mitad de la pieza, musicalmente se trata de un corte impecable, un rock duro de ritmo perfectamente contagioso. Otro clásico de Soundgarden (curiosamente, una versión acústica de “Spoonman”, cantada por el propio Chris Cornell, aparece en la cinta Singles de Cameron Crowe y de ahí fue rescatada por el grupo para revestirla de electricidad y convertirla en una canción memorable.

Mareado y confundido
Lo que podríamos llamar el lado B de Superunknown comienza con la densa, oscura y pesadísima “Limo Wreck” (¿cómo no pensar en “Dazed and Confused” de Led Zeppelin?) y prosigue con la hermosa y emotiva “The Day I Tried to Live” (una pequeña maravilla). “Kickstand” es otro tema que sin duda influyó al Pearl Jam posterior a Ten. He aquí un corte tan breve como contundente, un minuto y medio de descarado y jocoso sarcasmo heavymetalero. Por lo que toca a “Fresh Tendrils”, se trata posiblemente del track más discreto del plato, lo cual no significa, bajo circunstancia alguna, que sea un tema débil, como nada tiene de débil sino todo lo contrario el lento pero contundente “4th of July”. “Half” parecería ser un corte tan extravagante como fuera del contexto del disco, pero esta composición del bajista Ben Shepherd termina por asimilarse a la perfección y luego de algunas escuchas ya no resulta tan extraño.
  Superunknown culmina con otra gran canción, la inconmensurable “Like Suicide”, muy ad hoc con las circunstancias que rodeaban al rock en aquel momento, sobre todo luego de la muerte por presunto suicidio del ya mencionado Kurt Cobain. Una verdadera joya.

(Reseña que publiqué originalmente en la sección "La nueva música clásica" de la revista La Mosca en la Pared No. 99, publicada en 2005)

martes, 16 de mayo de 2017

Taxonomía del rockcito (II)

Como decíamos en nuestra columna del martes pasado, el rockcito no es un concepto cerrado o monolítico. Existen diversas variantes que si bien no lo enriquecen (más bien todo lo contrario), le otorgan cierta multiplicidad que lo convierte en algo cuando menos curioso. Veamos algunas más:

-El rockcito andino. Se trata de una tendencia más o menos reciente que surgió cuando algunos exponentes del rockcito descubrieron los videos de producción peruana de La Tigresa del Oriente y Wendy Sulca. Al creer, en su conmovedora ignorancia, que se trata del verdadero folclor de los Andes, les pareció “chida idea” adoptarlo, lo que dio como resultado algunas cancioncitas que no transmitiría ni Radio Educación. Ejemplos de este infragénero: algunos temas nuevos de Natalia Lafourcade y Café Tacuba.

-El rockcito de primer demo.
Es el que suelen hacer muchas “bandas” debutantes que componen (o descomponen) sus primeras piezas (a veces en español, a veces en inglés, a veces en no-se-entiende-lo-que-cantan) y logran grabarlas en un demo, mismo que hacen llegar a radiodifusoras o revistas especializadas (con la frase de cajón que reza: “lo que hacemos es completamente diferente y no se parece a nada que hayan escuchado antes”), en busca de una mención, una reseña o una entrevista. Curiosamente (y me consta porque he recibido muchos a lo largo de los años), los demitos siempre suenan iguales, como si se tratara del mismo grupo. Por lo general y en su inmensa mayoría, son propuestas que no pasan de ahí.

-El rockcito tributario. Es el que se ha especializado en realizar pésimas versiones “en homenaje” a sus ídolos musicales o con la franca intención de tocar canciones de músicos que cuentan con una amplia convocatoria. Por eso hay “grupos tributo” lo mismo de los Beatles y Pink Floyd que de Soda Stereo, Caifanes, Héroes del Silencio y un largo y lastimero etcétera. En general terminan tocando en bares y antros de mala muerte.

Y sí: continuará.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey" de Milenio Diario)

domingo, 14 de mayo de 2017

Big Little Lies

Mi reseña videográfica sobre la gran serie Big Little Lies que se puede ver por HBO Go. El video pertenece a mi canal de YouTube Videos moscosos. Espero que les guste. Gracias por verlo.


sábado, 13 de mayo de 2017

¿Decir no a todo?

Cuando recién me afilié al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), en 1976, en una de las primeras asambleas ordinarias del Comité Nacional (que presidían el ingeniero Heberto Castillo y el líder ferrocarrilero DemetrioVallejo) a las que asistí, Eduardo Valle, ex líder estudiantil del 68 bien conocido como el Búho y quien fungía como presidente del Comité del Distrito Federal, tomó la palabra y dijo que si éramos un partido de oposición, teníamos que oponernos y decir que no a todo lo que hiciera o propusiera el gobierno. Yo sólo escuché y me quedé callado, pero me incomodó la idea de que debíamos ser tan inflexibles. ¿Si el gobierno proponía alguna medida buena, era menester oponernos a ella? Según la lógica del estimado y extrañado Búho, sí.
  Esto sucedió hace 41 años, en las instalaciones del PMT de la calle Bucareli que se caerían en el terremoto de 1985. ¿Qué tanto ha cambiado en ese sentido la oposición de izquierda? ¿Se sigue oponiendo hoy por consigna a todo lo que venga del gobierno?
  Entrevistado en Imagen por Ciro Gómez Leyva, Andrés Manuel López Obrador dijo lo mismo a pregunta expresa del periodista y se negó a reconocer mérito alguno a la actual administración. Todo es negro para el iluminado Mesías más allá de su entorno. No hay matices. El maniqueísmo como vocación delirante.
  Ya lo dijo hace ocho días en estas mismas páginas Liebano Sáenz: “Más allá de las diferencias y de los intereses políticos o de cualquier índole, hay asuntos de interés común en los que el consenso y el acuerdo son indispensables”. Y sí: se trata de sumar y buscar entre la mayoría que este país resuelva sus muchos problemas (pobreza, inseguridad, violencia, educación, corrupción), a pesar de las rémoras de todo tipo que tratan de atascarlo y detenerlo.
  El proceso hacia el 2018 será importantísimo en ese sentido y necesitamos escoger la mejor opción de gobierno. Ya se perfilan algunas. La cuestión es saber elegir la adecuada.


(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 12 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (11)

Tony Iommi, de Black Sabbath, perdió parte de dos de los dedos de su mano izquierda en un accidente de trabajo y pareció el final de su carrera como guitarrista. Sin embargo, se las arregló para seguir tocando mediante unas prótesis de plático que alargaron esos dos dedos, a la vez que afinó su guitarra tres semitonos más abajo, a fin de aflojar las cuerdas y poder tocarlas con más facilidad. La primera canción que compuso para su nuevo "estilo" de tocar fue la fantástica "Iron Man".   

jueves, 11 de mayo de 2017

Isabella Corona, actriz

Por Elena Garro*

Una de las cosas que México necesita asimilar y reinventar es el teatro. ¿Por qué no hay teatro mexicano? O, siquiera, ¿por qué no hay teatro, buen teatro, en México? Es un misterio; nadie lo sabe. Ha habido muchos intentos, muchos esfuerzos, pero ninguno de ellos ha culminado en la formación de un teatro de México. Algunos fatalistas dicen que el teatro es algo que está en contra del espíritu mexicano, ese ser extraño, aislado, tímido, burlón, “para adentro”, constante enigma para los Lawrence, Frank, etcétera, que nos visitan. Pero no es así. Y para demostrarnos que, por el contrario, en México puede existir el teatro, viven unas cuantas personas: Rodolfo Usigli, Julio Bracho, María Teresa Montoya, Xavier Villaurrutia, Isabella Corona, Alfredo Gómez de la Vega... Después de la gran purga revolucionaria era difícil que naciera el teatro sin la ayuda del Estado. Pero el teatro existe, late, quiere nacer. Solo falta una ayuda adecuada, un esfuerzo constante, generoso. El público responderá; lo hemos visto acudir a la sinfónica, al ballet, a los conciertos. Dentro de poco lo veremos en la temporada de teatro que dirigirá Julio Bracho. Y, sobre todo, escuchando la voz cálida, profunda, de Isabella Corona, sin disputa la actriz joven de más talento, capacidad y vocación con que contamos.
  Isabella Corona fue, durante mucho tiempo, la única verdadera esperanza del teatro mexicano. La otra, muy respetable y señora mía, no era esperanza, sino pasado. Y, ahora, veremos cómo cumple, cómo nos cumple Isabella esta esperanza que los amigos del teatro tenemos en ella. Isabella es una de las pocas actrices mexicanas formadas en eso que se llama Teatro Experimental. Durante muchos años ha trabajado en salones reducidos, para un público pequeño y exigente, de escritores, pintores, músicos. Su primer gran papel lo representó en el pequeño Teatro de Orientación que dirigía Celestino Gorostiza: se trataba de la Antígona, de Sófocles. Después vimos una de sus mejores interpretaciones: la Miriam, de Lázaro rio, la estupenda obra de O’Neill, en la inolvidable versión escénica de Julio Bracho.
  Casada durante algunos años con Julio Bracho, a éste le debe, según confesión de ella misma, su actual calidad de actriz. Naturalmente que no ha sido sólo la dirección de Bracho, sino también algo que Isabella no ha adquirido: temperamento, voz, vocación, talento natural de actriz. En 1936, la Universidad Nacional encargó a Julio Bracho una breve temporada. Y entonces pudimos contemplar —y escuchar— una excelente versión de Las troyanas. En esta obra, Isabella Corona, ya en trance de madurez, exhibió las más puras de sus capacidades, representando el papel de Casandra: inspiración, sobriedad y una voz que la emoción templaba y hacía grave, profunda. Hasta aquí Isabella Corona había sido una actriz trágica. Algunos encontraban en esto un mérito; otros, una limitación. Pero el año de 1938, la Secretaría de Educación Pública, en un intento esporádico, organizó una nueva temporada teatral. Se pusieron en escena dos obras solamente: la boba comedia de Bontempelli, Minnie la cándida y Anfitrión 38, de Jean Giraudoux. Esta última fue dirigida por Julio Bracho y el principal papel femenino, Alcmena, lo desempeñó Isabella Corona. Nunca la habíamos visto en un papel así, lleno de gracia leve, de ironía y buen sentido. Y de nuevo triunfó. Una vez más la frase de Diderot acerca del carácter de los comediantes fue comprobada por la realidad: “El carácter de los comediantes consiste en no tener ninguno”. O, mejor dicho, en tenerlos todos. Isabella Corona no sólo era capaz de conmovernos y conmoverse con Antígona o Casandra, sino que también podía representar pasiones más equilibradas y temperamentos más serenos y graciosos.
  Poco después, Isabella, ante la crisis del teatro, llega al gran público por la vía o camino real del cine. Y gana, por su interpretación del papel de hechicera en La noche de los mayas, el primer premio cinematográfico. Estella Inda, que era la primera actriz de la película, fue desplazada por el talento de Isabella. Y el cine mexicano tuvo, por primera vez, una auténtica actriz entre sus filas. Ha hecho otras películas, aunque el cine no es para ella lo mejor de su vida. Lo mejor de su vida y de su talento están consagrados al teatro. Y al teatro volvió con Fernando Soler, en la temporada de Bellas Artes.
  Y ahora, Isabella Corona se prepara para, sin duda, la temporada más importante y decisiva en su carrera. Y no sólo para su carrera, sino para los destinos del teatro mexicano. Julio Bracho, el único director mexicano con sentido del teatro y del público, intenta ahora un esfuerzo de grandes proporciones, bajo el patrocinio del Departamento de Bellas Artes que dirige Mauricio Magdaleno, el joven escritor mexicano. Se trata de un repertorio selecto: dos obras clásicas (¿Volpone entre ellas?); dos obras mexicanas y una moderna. Y en la escena los mejores actores; para los decorados, los mejores pintores. Ojalá que la envidia, la vanidad, los celos ridículos, característicos de la muy respetable casta de los comediantes, no frustren esta temporada con exigencias o rencillas pequeñas. Y ojalá también que la política, sobre todo la política burocrática, no paralice este intento que ahora emprenden Magdaleno, Bracho, Margarita Urueta de Villaseñor y otras personas.

*Texto escrito a principios de los años 40 del siglo pasado. Aunque no la conocí en persona, Isabella Corona fue mi tía segunda, prima de mi madre.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Visita a mi mamá

Coincidió mi visita a Tlalpan, para  ver a mi mamá, con el día de la madre. La pasamos muy bien, con Ivette y Myrna, quien también fue. Ahí estaba Carlos, el hijo de la más chica de mis hermanas. Por cierto que Ivette se puso a arreglar la casa y quedó padrísima. Se deshizo de muchas cosas y hasta se ve más amplia. En fin, una tardenoche por demás agradable.

martes, 9 de mayo de 2017

Taxonomía del rockcito (I)

El del rockcito no es un concepto unívoco y cerrado. No todos los que se han esforzado por crearlo, desarrollarlo y llevarlo con esmero al punto ínfimo en que hoy se encuentra hacen el mismo tipo de música. Hay subdivisiones en el mismo, veamos algunas de ellas:

-El rockcitito. Luego del surgimiento del rockcito a fines de los años ochenta, con la aparición del sello Rock en tu idioma y de la invasión del rock pop español y argentino que padecimos en esos años, lo que saco a la luz a grupos como Caifanes, Fobia, La Maldita Vecindad, Café Tacuba et al, 10 o 15 años más tarde sufrimos el brote de “bandas” con un sonido muy similar que intentaba imitar a sus antecesores. De ahí vienen Zoé, La Gusana Ciega, Porter, Los Daniels y un largo etcétera (los que siguieron a estos conformarían el rockcititito).

-Rockcito cumbianchero. A raíz de que a alguien se le ocurrió que el rockcito y la cumbia eran géneros afines, surgió la idea no de fusionarlos sino de tocar cumbias ataviados como “rockeros” (Agrupación Cariño) y/o hacer duetos con agrupaciones como Los Ángeles Azules o La Sonora Santanera.

-Rockcito grupero. Es el que hacen combos que parecen de rock y suenan como integrantes de la llamada onda grupera. Enjambre es el mejor ejemplo de este infragénero.

-Rockcito en inglés. La vieja creencia de que hacer rock en inglés desde México los va a llevar a la internacionalización (algo que ya se pretendía en los años 60 del siglo pasado) ha llevado al summum de la ridiculez que incluye la mala pronunciación del inglich como cereza del pastel.

-Rockcito ñoño. Dominado por mujeres, no es sin embargo un género de género, sino un híbrido nacido a partir de que Julieta Venegas dejó de hacer rock para abrazar el pop y tuvo numerosas seguidoras que hacen hoy una musiquita cursi y plañidera. Carla Morrison, Natalia Lafourcade y Ximena Sariñana son las reinas del ñoñismo, aunque también hay varoncitos que lo practican, como Siddhartha, Caloncho, Juan Cirerol y el grupo Little Jesus.

  ¿Continuará?

(Publicado hoy en mi columna Gajes del orificio de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

lunes, 8 de mayo de 2017

Electric Ladyland

Un disco tan extraordinario como irregular. Quizá debido a su ambiciosa extensión, este álbum doble de The Jimi Hendrix Experience –tercero y último trabajo oficial no sólo del trío sino del propio Hendrix– peca de cierta inconsistencia, aunque a final de cuentas el balance sea muy positivo.
  Se trata de la obra más experimental del músico, con un uso muy amplio y efectivo de las técnicas y efectos de estudio existentes en su tiempo. Sin embargo, lo más notable de Electric Ladyland (1968) es el genio imaginativo de Jimi Hendrix en su máxima expresión, con momentos asombrosos como guitarrista y composiciones de absoluto esplendor.
  Estamos ante un disco lleno de alma y raíz, pero también de visión vanguardista e ideas innovadoras que apostaban hacia un futuro que lucía en extremo prometedor. De nueva cuenta hay blues y soul, de nuevo se encuentra presente la psicodelia, pero también largos y vigorosos jams, alucinantes paisajes sonoros, una mayor incursión en el acid rock y notables covers. La participación de músicos invitados en algunas de las piezas, entre ellos Steve Windwood en los teclados –con su inigualable manera de tocar el órgano Hammond–, Al Kooper en el piano, Jack Cassidy (Jefferson Airplane) en el bajo, Chris Wood (Traffic) en la flauta, Buddy Miles en la batería y Fredy Smith en el sax, representa un plus en el doble plato.  
  Electric Ladyland (cuya portada original causara tanta polémica) inicia con una breve introducción llena de efectos (“… And the Gods Made Love”) que bien podemos pasar por alto y realmente da comienzo con lo que ya era un género hendrixiano, el soul psicodélico. “Have You Ever Been (to Electric Ladyland)” es una pieza lenta y ensoñadora, con un claro mood etéreo marcado por el juego de guitarras sobrepuestas y la voz en falsetto de Hendrix (parece un antecedente de la música de Prince), tema dedicado a las mujeres que rodeaban a Jimi y que le otorgaban todo el vigor sexual que necesitaba; una bella y sentida oda a sus groupies, pues. La calma se rompe en seguida con la rotunda “Crosstown Traffic” y su sensacional riff. La batería de Mitch Mitchell desempeña un papel clave, apoyada por los bajeos de Noel Redding. Un gran tema que antecede a esa larga y libérrima jam session de quince minutos que es “Voodoo Chile”, una improvisación en blues a la Muddy Waters (pero en ácido) en la cual la guitarra de Hendrix y el Hammond de Windwood establecen un diálogo celestial e infernalmente  virtuoso. Una absoluta maravilla con la cual concluye el lado A del disco uno. En cambio, “Little Miss Strange” representa tal vez el punto más flojo del álbum. Se trata de un popcito sesentero debido a Noel Redding, quien lo canta con mucho entusiasmo…, pero nada más. “Long Hot Summer Night”, con Al Kooper al piano, es otra de esas canciones tranquilas y sugerentes en las cuales Jimi evidentemente se divertía. Nada del otro mundo, sin embargo. En cambio, su cover de “Come On” de Earl King posee toda la fuerza de una interpretación en vivo, mientras que “Gypsy Eyes” es una verdadera joya en la cual voz y guitarra suenan al unísono, arropadas por un compás irresistible y una ambientación instrumental extrañamente fascinante. Suena como un viejo blues con un arreglo futurista, lo cual contrasta con los teclados a manera de clavicordio con los que inicia la peculiar “The Burning of the Midnight Lamp”, una gran composición (“balada experimental” la han llamado) enriquecida por discretos coros femeninos y una espectacular pared de sonido.

La portada alterna "decente".
  El lado A del segundo disco abre con la fabulosa “Rainy Day, Dream Away”, precedida por un estupendo jam. El tema se desliza de pronto por un feedback que lo hace desaparecer para dar lugar a “1983… (A Merman I Should Turn to Be)”, larga suite que inicia con un tema calmo que de pronto deriva en una serie de instrumentaciones barrocas, cambios drásticos de ritmo, largos y complejos solos de guitarra y batería, pasajes que prefiguran la música ambient, ruidos incidentales, efectos sonoros, todo un viaje que incluye el pre-pinkfloydiano puente “Moon Turn The Tides… Gently Gently Away”, para retornar de súbito a “Rainy Day, Dream Away”, aunque ahora con el título “Still Raining, Still Dreaming”, con el órgano de Mike Finnigan como un muro de contención en el cual el wah wah de la increíble guitarra rebota una y mil veces. Otro de los puntos altos (altísimos) de Electric Ladyland. Por su lado, “House Burning Down” es una de esas composiciones oscuras de las que muy pocos suelen acordarse… y tal vez se lo merezca.
  El álbum concluye de la mejor manera, en su lado cuatro, con dos cortes fundamentales en la trayectoria de Jimi Hendrix. Primeramente, ese cover fuera de serie a una canción de Bob Dylan que es “All Along the Watchtower”. Si el tema original es muy bueno, el arreglo de Hendrix lo inmortalizó al volverlo épico y convertirlo en un clásico de la historia del rock (el solo de guitarra sigue dejando atónito a cualquiera), tan clásico como “Voodoo Child (Slight Return)”, ese monumental blues a la Hendrix de impactante construcción guitarrística, una de las mejores obras del músico, la cual, en sus escasos cinco minutos de duración, parece resumir toda la fuerza, el talento y la sensibilidad que lo imbuía (la letra contiene una frase que parecería premonitoria, si tomamos en cuenta que es el último corte del último disco en estudio del de Seattle que apareció cuando él aún vivía: “If I don’t meet you no more in this world/  I’ll meet you in the next one and don’t be too late”). “Voodoo Child” es una conclusión perfecta para un álbum imperfecto… pero grandioso.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No, 19, dedicado a Jimi Hendrix, publicado en abril de 2005).

domingo, 7 de mayo de 2017

Dirty Projectors

Cuarto video de mi canal de YouTube Videos moscosos, con una reseña del nuevo y excelente disco de Dirty Projectors. Ahora lo grabé desde mi iPad y con un fondo distinto. Creo que el sonido es más claro.


sábado, 6 de mayo de 2017

¡Ai viene Mancera!

Que es como decir: ¡ahí viene el lobo! Al menos para algunos que ya dan por hecho quién será el próximo presidente de la república y festejan que las encuestas desde ahora lo encumbren, etcétera.
  El nombramiento de Miguel Ángel Mancera como presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores, la famosa Conago, no es cosa trivial. Todo lo contrario. Algunos analistas lo interpretan como el virtual inicio de la campaña del actual jefe de gobierno de la Ciudad de México (perdón, me gusta decir la Ciudad de México y no el horrible y seco Ciudad de México, sin su bello y femenino artículo determinado, y ya no hablemos de lo de CDMX) y todo parece indicar que así es, dada la tribuna pública que esa presidencia representará durante los próximos doce meses.
  ¿Es saludable política y electoralmente que Mancera abra sus cartas y comience su campaña para el 2018? Por supuesto que sí y aunque de inmediato van a llover los tuits insultantes y difamantes contra su persona, más los artículos adversos desde la prensa “de izquierda”, y se pondrá en su contra toda la maquinaria propagandística de color moreno, creo que tan sólo con el aire fresco que entrará en el enrarecido ambiente de la polaca nacional tenemos para celebrar esta nueva (aunque ya esperada) presencia.
  Falta ahora que se decida a plantear de manera oficial sus intenciones y que los partidos y organizaciones que lo apoyen comiencen a manifestarse. Falta también que los otros partidos grandes, en especial el PRI y el PAN (porque al parecer el PRD se va a decantar por Miguel Ángel), se decidan lo más pronto posible a destapar a sus respectivos precandidatos, a fin de que la competencia sea más pareja y más leal y las encuestas realmente reflejen la realidad de cada uno.
  Celebro la noticia de que Miguel Ángel Mancera pueda iniciar su campaña. A muchos les habrá caído como gancho al hígado; pero así es esto de la democracia, aunque algunos la odien tanto.

(Publicado hoy sábado en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 5 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (10)

Axl Rose le escribió la letra de "Sweet Child O'Mine " a su esposa Erin Everly, hija de Don Everly (de los Everly Brothers). Axl y Erin se casaron, pero su matrimonio sólo duró un mes y su único fruto perdurable fue precisamente esa estupenda canción.

jueves, 4 de mayo de 2017

Tarde con mis hijos

Fui a la casa de Jan y comí con él y con su socio. Todo muy agradable. Vimos algunas cosas del libro cuyas páginas que va a diseñar. Comí con ellos y luego subí a saludar a Alain y Hallet. Todo de maravilla, además de que vi a las mascotas de ambos. A Nikita le tomé algunas fotos padres, como la que adorna este post. Dante no se dejó tomar fotos, je.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Definitely Maybe

El álbum que fundó al brit pop. El primer disco de Oasis es para muchos especialistas y seguidores del grupo su obra cumbre, la más importante, aquella que sintetiza no sólo lo que sería el estilo del grupo a lo largo de los años, sino también buena parte de lo que había sido hasta ese momento (y de hecho lo que sigue siendo, poco más de dos década después) el rock británico, especialmente el que nació en Inglaterra.
  Como si hicieran un recorrido desde los días de la primera Ola Inglesa hasta los del reinado de estilo madchesteriano de finales de los ochenta, las canciones escritas por Noel Gallagher conforman un mosaico no sólo interesante sino muy propositivo, un colorido mural sonoro en el cual encontramos sonidos que nos remiten lo mismo a los Beatles y a los Small Faces que a los Happy Mondays y los Stone Roses. Once son los temas contenidos en Definitely Maybe (1994), once composiciones en las cuales el grupo recupera uno de los aspectos más importantes del rock como género: el uso de la guitarra como instrumento básico y primordial.
  Cuando apareció este álbum, el Reino Unido aún era dominado por la fusión de pop y dance que caracterizaba a los grupos de Manchester. Tuvo que ser precisamente una banda de esa ciudad del norte inglés la que rompiera esquemas y propusiera uno de esos clásicos regresos en espiral que han caracterizado a la historia del rock a lo largo de cinco decenios. Oasis irrumpió con un estilo que sonaba a algo ya escuchado, pero con un sello nuevo y característico. Las canciones de Noel Gallagher no eran novedosas desde un punto de vista armónico, como tampoco lo eran por el lado melódico. No obstante, había en ellas la frescura de lo recuperado, de un pasado dorado que se rescataba y era puesto al día, sobre todo después de tantos años de glam, de new wave y de música disco, de tantos artificios que habían alejado al rock de sus características más orgánicas. El quinteto, en cambio, hacía un rock básico, concreto, ruidoso, provocador, pero diferente a lo que en esos mismos días sucedía en los Estados Unidos, concretamente en la ciudad de Seattle, y que se empezaba a conocer como grunge. No, la música de Oasis era otra cosa. Era le resurrección de lo que treinta años atrás habían propuesto los Kinks, los Who, incluso los Rolling Stones, pero sobre todo el cuarteto insignia de Liverpool: los Beatles.
  Gallagher y sus cuatro compañeros no negaban la cruz de su parroquia; al revés: la asumían y presumían de ella de la mejor manera: haciendo estupendas canciones. Todo esto no quiere decir que Oasis sonara a mil cosas y careciera de un estilo propio. Todo lo contrario. Al escuchar al grupo en Definitely Maybe, uno de inmediato podía identificarlo. Era tal vez la voz gangosa de su vocalista, Liam Gallagher. Eran quizá los acordes del ataque de sus dos guitarras o las perfectas estructuras de cada una de las piezas. El caso es que existía un toque especial que caracterizó a la agrupación desde este su primer opus en todas y cada una de las once piezas, pero sobre todo en maravillas como la entusiasta “Rock ‘n’ Roll Star”, la conmovedora e impactante “Live Forever”, la celebratoria y festiva “Supersonic” y la intensa, melancólica y prodigiosamente épica “Slide Away” (con esa línea apasionada que clama: “Don’t know, don’t care / All I know is you can take me there!”. Uno de los grandes álbumes debut de la historia del rock.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 27 de La Mosca en la Pared, publicado en enero de 2006)

martes, 2 de mayo de 2017

La música y Jonathan Demme

La noticia sobre la muerte del director de cine Jonathan Demme no provocó tanto impacto como la de los grandes músicos de rock que fallecieron a lo largo de 2016. Sin embargo, el hombre estuvo siempre muy ligado a la música y sus películas hablan de ello.
  Nacido en Nueva York en 1944, Demme deja un enorme legado cinematográfico que incluye dos documentos fundamentales para la historia del rock: las cintas Stop Making Sense (1984) y Neil Young: Heart of Gold (2006). La primera es la grabación de un grandioso concierto de los Talking Heads, en tanto la segunda homenajea al genio de ese compositor y músico de leyenda que es el canadiense Neil Young. Sobre la primera, Demme había declarado recientemente: “No era un documental, sino que grabé una actuación de los Talking Heads. La comunión con la música en directo es la forma de cine más pura que existe, es un excelente maridaje. La meta no es mostrar la música, sino que el cine interactúe con ella y se convierta en parte de la experiencia”.
  Mas no sólo por eso es importante la relación con la música del realizador de obras maestras como El silencio de los inocentes (1991) y Filadelfia (1993) o de filmes tan sensibles como La boda de Raquel (2008), en la que un personaje comenta: “Preferiría no vivir sin Neil Young”. En varias de sus películas, Demme se regodeó con extraordinarios soundtracks en los que mostró su exquisito buen gusto musical y su tino a la hora de elegir las canciones precisas para los momentos precisos.
  Ahí están estupendas cintas como Algo salvaje (1986) o Casada con la Mafia (1988), cuyas bandas sonoras son verdaderas joyas. Todavía el año pasado, el director hizo un trabajo musical más, al filmar a Justin Timberlake en el documental The Tennessee Kids que puede verse por Netflix.
  Realizador en su momento de videoclips con grupos como New Order, UB40 y los propios Talking Heads, su amor por el rock fue casi tan fuerte como el que sentía por el cine.
  Vamos a extrañar a Jonathan Demme.


(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 1 de mayo de 2017

Series en Amazon P.V.

Tercera contribución para el canal de YouTube Videos moscosos. En este hablo sobre la estupenda plataforma de streaming Amazon Prime Video y comento y recomiendo cinco series originales de la misma. Espero les guste y les sea de utilidad.