martes, 10 de octubre de 2017

¿Por qué es tan malo el rockcito?

En México existen músicos de altísimo nivel, instrumentistas de primer orden, voces privilegiadas, compositores de excelencia. En el jazz, por ejemplo, los músicos mexicanos poseen en gran parte una calidad de primer mundo. Lo que no hay es un apoyo económico y de infraestructura para que ese género logre salir del estrecho sitio en el que se le tiene confinado. El talento ahí está, pero faltan lugares, disqueras, medios de comunicación que sirvan como base para que esa música sea mucho más difundida.
  Lo mismo puede decirse de otros géneros y subgéneros, confinados en la oscuridad de lo subterráneo, incluso dentro del rock. Existen, por ejemplo, muy buenos grupos de rock progresivo en diferentes partes de la república, muy especialmente en los estados del noroeste.
  Por desgracia, lo que sigue reinando aquí es el facilismo de lo comercial y se privilegia la música más mala y más trivial, algo que nada tiene de nuevo.
  Pero regresemos al rock. ¿Hay buenos músicos de rock en nuestro país? Por supuesto que sí. El virtuosismo musical no es ajeno al género. Sin embargo, quienes manejan el negocio roqueril no apuestan por la calidad sino por la simpleza bobalicona y comercializable de eso que desde hace mucho llamo el rockcito, es decir, ese falso rock artificioso y pueril, pasteurizado e intrascendente que disqueras, medios y empresarios nos han impuesto cuando menos desde finales de los años ochenta del siglo pasado.
  Resulta exasperante ver cómo los buenos músicos mexicanos de rock carecen de espacios para expresarse, mientras que las “bandas” del rockcito, tan limitadas ellas, son grabadas en los mejores estudios, difundidas en radio, televisión e internet y programadas como estelares en los festivales masivos.
  Con un público musicalmente inculto y poco educado que todo se lo traga del modo más dócil y acrítico, el conformismo es el sello de ese rockcito tan oportunista, insustancial y anodino.
  Hay grandes músicos en México, pero no están en ese rock en diminutivo.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

sábado, 7 de octubre de 2017

¿Cataluña o Catalunya?

Qué difícil tomar una posición clara y definida ante el conflicto en Cataluña (o Catalunya).
  Si se miran las cosas de golpe y sin matices, todo indicaría que uno debe estar en favor de los independentistas catalanes. Y cómo no, si luchan por la independencia, organizan una votación, hay grandes y entusiastas marchas, pelean contra el centralismo y hasta cuentan con la simpatía de Gerard Piqué y Pep Guardiola. Y si además le vas al Barça, ¡hombre!
  Del otro lado, están tipos y organizaciones impresentables como Mariano Rajoy, el Partido Popular, la Guardia Civil, el franquismo solapado y el centralismo a ultranza, a lo que se añaden la salvaje, torpe y absurda represión del 1 de octubre, la frase lapidaria de Rajoy (“Hemos hecho lo que teníamos que hacer”) y el limitado discurso del Rey Felipe VI, en el que no hubo llamado al diálogo o la menor simpatía por los heridos.
  Con todo, hay cosas que brincan. Como el necio empeño ultranacionalista del presidente Carles Puigdemont y los suyos (en una época en la cual los nacionalismos suenan a algo rancio y retardatario, como el nacionalismo revolucionario al que algunos políticos mexicanos pretenden regresar) y, sobre todo, el hecho de que el movimiento independentista cuente con el apoyo del actual régimen venezolano, los separatistas escoceses y los servicios secretos rusos (esos mismos que ayudaron a la elección de Donald Trump), mientras que la Unión Europea lo rechaza. Eso da qué pensar.
  Creo que la clave del affaire Cataluña (o Catalunya) se resume en esa palabra problemática y anquilosada mencionada líneas atrás: nacionalismo. Por un lado, el nacionalismo franquista de Rajoy y el PP y, por el otro, el alucinado nacionalismo de Puigdemont y los suyos (que cuenta con el apoyo, si acaso, de la mitad de los catalanes).
  Demasiadas aristas, demasiada complicación para tomar partido desde la distancia. Como en todo, el diálogo parece ser la mejor salida. El diálogo y el cumplimiento de la ley.

(Mi columna "Cámara húngara" del sábado pasado en Milenio Diario)

viernes, 6 de octubre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (30)

La composición "Sunday Bloody Sunday" comenzaba originalmente con la frase "No me hables acerca de los derechos del ERI" (Ejército Republicano Irlandés), pero de última hora se cambió a "No puedo creer las noticias de hoy", ya que U2 temió que su llamado a la paz fuese malinterpretado.   

jueves, 5 de octubre de 2017

Imagine

Nueve meses después de su primer álbum y de haber declarado que el sueño había terminado, John Lennon regresó al terreno discográfico con el que sería su trabajo más reconocido y exitoso (aunque no necesariamente el mejor) de su etapa como solista. Imagine (1971), el disco, junto con “Imagine”, la canción.
  ¿Qué tanto se ha mitificado y sobrevalorado a ambos, el disco y la canción? Cuarenta y seis años transcurridos pueden proporcionarnos cierta perspectiva, pero no la necesaria y suficiente como para despojarnos de las simpatías y diferencias (más las primeras que las segundas) que hoy sigue despertando la figura del autor de “Strawberry Fields Forever”. Respecto a la canción, si queremos ser muy estrictos, tendremos que aceptar que musicalmente es demasiado simple. En cuanto a la letra, el hecho de que se haya convertido en una especie de himno mundial en pro de la paz, la comprensión, la tolerancia, etcétera, no la salva de su obviedad y de cierta dosis de cursilería disfrazada de poesía con mensaje: “Imagina que no hay países / no es difícil de hacer / Nada por qué matar o morir / y tampoco religión / Imagina a toda la gente/ que vive la vida en paz” o “Puedes decir que soy un soñador (¿pues no que el sueño había terminado?) / pero no soy el ünico / Espero que algún día te nos unas / y el mundo será como una unidad”. Muy bonito y bien intencionado, pero francamente naïve.
  Curioso resulta, además, que ese mensaje post hippie de buena voluntad contraste de manera tan salvaje con otra de las canciones importantes del Imagine: la muy amarga y mordaz “How Do You Sleep?”, en la cual John hace cera y pabilo de su ex compañero Paul McCartney con líneas tan llenas de rencor como “Aquellos locos estaban en lo cierto cuando dijeron que estabas muerto” o “Lo único que hiciste fue ‘Yesterday’” o “Una cara bonita puede durar un año o dos, pero muy pronto ellos verán de lo que eres capaz” o “El sonido que produces es musak para mis oídos, deberías haber aprendido algo en todos estos años”. Demasiada visceralidad después de cantar al amor, la paz y “la hermandad del hombre”, como dice en “Imagine”, en la cual también nos propone imaginar “a toda la gente compartiendo el mundo” (¿todos menos Paul?). En fin…
  Imagine dista de ser un disco perfecto, pero contiene cortes espléndidos como “It’s So Hard”, “Oh, My Love”, “Give Me Some Truth” y sobre todo la intensa “Crippled Inside” y la oscura “Jealous Guy”, canciones estas dos últimas en las que el Lennon vulnerable vuelve a aparecer y a mostrar el corazón abierto, como hizo en su primer álbum, con palabras como “Puedes sacar brillo a tus zapatos y usar un saco / Puedes peinar tu cabello y verte impecable / Puedes esconder tu cara detrás de una sonrisa / (Pero) una cosa no puedes ocultar y es cuando estás destrozado por dentro” y “(Llevar) una vida de perro no resulta divertido” (“Crippled Inmside”) o “Estaba soñando en cierto pasado y mi corazón latía con rapidez / Empecé a perder el control… / No fue mi intención herirte / Perdóname por hacerte llorar / No es que haya querido herirte / Sólo soy un muchacho celoso / Me estaba sintiendo inseguro / (de que) pudieras no amarme más / Estaba tiritando por dentro… / Intentaba capturar tus ojos / a pesar de que tú tratabas de esconderlos / Estaba tragando mi dolor… / Sólo soy un muchacho celoso”.
  Imagine no es el disco más significativo de John Lennon (Plastic Ono Band e incluso Sometime in New York City y Rock’n’Roll podrían serlo más en ciertos modos). Sin embargo, se ha convertido en el más popular de su carrera en solitario, en el más recordado y en el más aceptado. Por algo será.

(Reseña que escribí para el Especial No. 26 de La Mosca en la Pared dedicado a John Lennon, a 25 años de su muerte, y publicado en diciembre de 2005)

miércoles, 4 de octubre de 2017

La Patria según Magú

Espléndida versión del gran Magú de la Madre Patria que nos mostraban los antiguos libros de texto gratuito.

martes, 3 de octubre de 2017

De Molotov a chinampina

Cuando hace veinte años apareció ¿Dónde jugarán las niñas? de Molotov, el furor que causó estuvo más o menos justificado. Para la escasa calidad que en general tenía el rock que se trataba de hacer en México a fines de los noventa, el grupo presentaba una combinación de rap con rock pesado que si bien no era tan novedoso en el mundo de habla hispana (algo similar y de mejor nivel ya lo hacía en España el grupo Def Con Dos), cuando menos resultaba distinto para el medio local.
  Fue un disco bastante aceptable que el cuarteto mexicano jamás consiguió superar, a pesar de todos los álbumes posteriores que produjo, lo cual no obstó para que a partir de entonces sus integrantes adoptaran la pose de divos y superestrellas. Pero ese es un síndrome que padecen incluso otros músicos del rockcito nacional que ni siquiera han grabado un disco mediano.
  La novedad es que Ismael “Tito” Fuentes, uno de los miembros de Molotov, acaba de lanzar dos canciones para lo que será un álbum como solista llamado El ocaso y que después de escucharlas me llevan a la conclusión de que lo mejor habría sido no sacarlas a la luz, porque sí así va a estar todo el plato...
  “Ya mami (el imbécil de la moto” y “Nos quieren (apañar)” son dos composiciones inenarrables que hacen sonar a “Voto latino” y “Puto” (de aquel primer disco de Molotov) como sonatas de Beethoven.
  Musicalmente pobres, sin el más elemental sentido armónico o melódico, con letras limitadísimas que riman con verbos en infinitivo (“Nos quieren apañar / Nos van a emparedar / Nos quieren azotar y se la van a pellizcar” dice la segunda en su parte más poética, en medio de una música que parece imitación de System of a Down), ambas piezas resultan tan limitadas y anodinas como el 99 por ciento de la producción cancionera de nuestro rockcito, con el agravante de ser pretenciosas y humorísticamente fallidas.
  Me dicen que llevo años de llamarle rockcito al rockcito. Pero, frente a cosas como estas, ¿hay alguna otra forma de llamarlo?

(Texto publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 2 de octubre de 2017

El jardin de bronce

Estupenda serie argentina que terminé de ver en HBO. La historia de un padre en busca de su hija secuestrada a lo largo de tres lustros y todo lo que ello implica en términos de dolor, angustia, ansiedad, pero también de corrupción, delincuencia, crimen y oscuridad. La maldad humana que brota sin control y que no se detiene y, aún así, la esperanza que no desaparece y que tiene un final tan sorprendente como emotivo.
  Con grandes actuaciones, gran guión y estupenda producción, esta adaptación de la novela homónima del argentino escritor Gustavo Malajovich es un thriller de alta escuela, con la belleza urbana de Buenos Aires y de algunas regiones remotas de la Argentina salvaje en pleno. Una serie que recomiendo sin la menor duda.

domingo, 1 de octubre de 2017

Cáscara de nuez

Hay novelas originales y Nutshell, de Ian McEwan, es una de ellas. No por la historia que cuenta, la de una pareja de amantes que se confabula para asesinar al marido de ella, tema que han tocado novelas tan notables como El cartero llama dos veces o Double Indemnity, ambas del gran James M. Cain. Lo es por la persona -o sería mejor decir futura persona- que nos narra los hechos: un bebé a dos semanas de nacer.
  En efecto, McEwan tuvo la delirante y muy efectiva idea de que el niño que aún permanece en el vientre materno sea el narrador en primera persona de la novela, al ser el principal testigo de los amoríos clandestinos de su madre (la ambiciosa y titubeante Trudy) con su cuñado, el igualmente ambicioso pero patán, inculto y aborrecible Claude y del terrible plan que urden ambos con el fin de matar a John, el padre del feto -que todo lo escucha, todo lo percibe y todo lo razona de la manera más sagaz y divertida-, para quedarse con la mansión en que ella vive y que legalmente pertenece a su aún marido, un grandulón, bonachón y torpe apasionado de la poesía.
  Cáscara de nuez (Anagrama, 2017) es un relato espléndido, con todo el oficio del gran escritor británico, quien con un sentido del humor negrísimo nos atrapa desde la primera línea y no nos suelta hasta que el libro termina, de manera, por supuesto, inesperada. Uno se enamora del futuro bebé y de sus pensamientos y razonamientos, un bebé que no sólo escucha lo que pasa afuera de su cálido refugio ventral, sino que aprende lo mismo de vinos (su madre y su amante son dados a beber finísimos tintos y blancos) que de lo que sucede en el mundo, gracias a los podcasts que sobre toda clase de temas suele escuchar su progenitora.
  Él se desespera al no poder impedir el crimen inminente y sin embargo tiene un as bajo la manga (valga la expresión) que nos llevará a una conclusión tan genial como hilarante.
  Una novela absolutamente recomendable.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El otro sismo

También fue de gran magnitud e intensidad. También derribó y dejó agrietadas diversas estructuras. También cambió la vida de muchos y también –no podía ser de otra manera– dejó a varios con los efectos post traumáticos ante la violenta sacudida.
  Fue el otro sismo, el otro temblor, el terremoto que cimbró a la política mexicana y que tiene a tantos en el miedo, en la confusión, en la incertidumbre más absoluta.
  Hasta antes del pasado martes 19 de septiembre, las cosas parecían más o menos estables, más o menos predecibles. Ahora todo cambió y no sabemos cuáles serán las consecuencias de aquí a julio del año próximo.
  Un ejemplo lo tenemos en las elecciones para la gubernatura de la Ciudad de México (por lo que más quieran no quiten ese “la”, no derriben ese bello y femenino artículo determinado antes de la palabra Ciudad). Muchos ya daban por hecho que la virtual candidata de Morena, Claudia Sheinbaum, sería la segura ganadora. No obstante, después de lo sucedido en la escuela Enrique Rébsamen y las críticas que le han llovido, la aún delegada de Tlalpan se ha mostrado errática, nerviosa, desencajada, incluso vulnerable. ¿Cómo se traducirá eso en la mente de los votantes capitalinos, incluidos los del voto duro de Morena? ¿De qué manera la atacarán sus oponentes de los otros partidos ya en la campaña? ¿Considerará López Obrador  cambiarla o se aferrará a mantenerla? Pronto lo sabremos, pero de que doña Claudia quedó tocada, no cabe duda.
  Sin embargo, no es la única. Toda la clase política se ha visto trastocada por el sismo, en especial los partidos políticos que no atinan qué hacer con los dineros que les tocan en el nuevo presupuesto.
  La guerra sucia de las próximas campañas convertirá al reciente terremoto en una de las principales armas para lastimar al rival. Algunos políticos sacarán provecho de la tragedia y otros sufrirán lo indecible. Son los daños del otro sismo, del terremoto que nos puso a retemblar y que mostró las profundas fisuras estructurales de nuestro sistema político.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 29 de septiembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (29)

Uno de los grandes misterios en la historia de los Beatles es el del solo de guitarra en "Hey Bulldog", esa oscura canción de John Lennon incluida en el álbum Yellow Submarine de 1968. Hay quienes dicen que el riff del tema lo compuso Paul McCartney, tomando como base su reciente composición "Lady Madonna", pero hay quienes afirman que lo creó Lennon, justo como una reacción frente a la rocanrolera pieza de su compañero y ya para ese entonces y de algún modo su rival. En cuanto al solo, hay versiones acerca de que lo tocó Paul y versiones de que lo hizo John. Sin embargo, Geoff Emerick, ingeniero de sonido en los estudios Abbey Road y quien estuvo presente en la sesión, siempre afirmó que el solo es de George Harrison y que fue él quien lo grabó.


jueves, 28 de septiembre de 2017

Parménides: el escritor rocanrolero (a 35 años de su muerte)

A mediados de 1969, menos de un año después de la matanza de Tlatelolco, mi hermano, el cineasta independiente Sergio García, y varios amigos y colegas suyos conformaron el grupo cultural semi clandestino Liberación, con el que, además de filmar algunas cintas en formato Super 8, realizaban reuniones finsemanales para escuchar música y discutir diversos temas políticos, sociales y culturales. 
  Era un grupo más beatnik que hippie, más de corte existencialista e izquierdosón. Dichas reuniones se llevaban a cabo en el departamento donde vivían Sergio y su entonces esposa Guadalupe, en la unidad habitacional Lomas de Plateros, en Mixcoac, y normalmente invitaban a algún personaje para intercambiar puntos de vista con él. Por ahí estuvieron, entre otros, Alejandro Jodorowsky, el obispo Sergio Méndez Arceo, el sacerdote jesuita Enrique Marroquín, músicos como José de Molina y René Villanueva, actores como Carlos Ancira, July Furlong y José Alonso y escritores como José Agustín, Juan Tovar, Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña.
  Yo tan sólo tenía 14 años de edad, pero logré estar en varias de aquellas reuniones, como asombrado y callado oyente. Recuerdo la de Parménides muy especialmente, porque yo leía con fruición sus artículos en El Heraldo de México y en la revista Pop y por su actitud irreverente y desparpajada. Por ahí guardo una foto de esa sesión (verla aquí), en la que se le ve de cabello corto, barba y vestido como cualquier joven clasemediero y “normal” de aquel tiempo.
  Volvería a verlo el 30 de junio de 1973, durante una comida dominguera en una casona de la calle Tezoquipa, en el centro de Tlalpan, y me recuerda mi hermana Myrna que ese día “El Par” (como se lo conocía) y José Agustín lamentaban frente a quienes ahí estábamos la muerte de Germán Valdés Tin Tan, acaecida un día antes, mientras veían la noticia en la sección de espectáculos del diario deportivo Esto. Yo tenía 18 años, pero no recuerdo haberme atrevido a hablar con Parménides. Era una figura que me imponía y más con todo lo que se contaba acerca de él y sus delirantes y en ocasiones violentas aventuras.
  Como cuando discutió con el escritor Ignacio Solares y terminó agarrándolo a patadas o aquella legendaria anécdota del día que irrumpió en las oficinas de la revista Plural con la intención de “romperle la madre” a Octavio Paz, porque éste no lo había incluido en una antología de literatura juvenil. Se cuenta que Paz tuvo que esconderse debajo de su escritorio, mientras la gente de la revista controlaba y echaba del lugar a Parménides. Hay quienes dicen que eso jamás sucedió, pero hay quienes afirman lo contrario.
  Asimismo, en una celebración del Partido Socialista Unificado de México, increpó a gritos a su líder, Arnoldo Martínez Verduzco, además de que en una ocasión destrozó la casa de Ricardo Vinós y en otra hizo trizas varios discos de su gran amigo José Agustín. Eso para no hablar de la vez en que fue a dar al Reclusorio Norte por golpear a su propia mamá. Estuvo encerrado un tiempo y al salir de ahí, lo primero que hizo fue buscar a su progenitora... para tratar de golpearla otra vez. Por ello no fue extraño que pasara temporadas en manicomios tlalpeños como La Floresta y el hospital de San Rafael.
  Parménides García Saldaña nació en Orizaba, Veracruz, en 1944. Estudió Economía en la UNAM y Ciencias Sociales en la Universidad Iberoamericana. Colaboró en publicaciones como Excélsior, El Heraldo de México, La Cultura en México, La Piedra Rodante, Pop, Diorama de la Cultura y la Revista de Bellas Artes, entre otras.
  Escribió la delirante novela Pasto verde (1968), el divertidísimo libro de cuentos El rey criollo (1971), el legendario y gran ensayo En la ruta de la onda (1972) y el poemario Mediodía (1974).
  Pero fueron el blues y el rock sus más grandes y apasionados amores (con las chavas no fue muy afortunado que digamos). Por eso la mayor parte de sus escritos tiene que ver con esa música, a la que abordaba con un estilo peculiarísimo y barroco, abigarrado y lleno de coloquialismos, con un sentido del humor que lo convertía en una especie de Mick Jagger–conoce a–Charles Manson de la literatura y el periodismo de rock.
  Parménides no daba concesiones y desde su brillante y loca inteligencia aceptaba con gusto (creo que fue el único) que lo consideraran como un escritor de la Onda.
  Falleció el 19 de septiembre de 1982, de una neumonía. Se dice que fue encontrado muerto, solo y su alma, en un cuarto de azotea de un edificio de la colonia Polanco. Tal vez se trata, también, de una mito más alrededor suyo... o tal vez no.
  “El Par”.

(Texto que me publica el día de hoy Milenio Diario, en la sección "El ángel exterminador")

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Everybody Knows This Is Nowhere

Parece mentira que luego de un disco tan informe como el de su debut como solista, apenas cuatro meses después Neil Young fuera capaz de grabar su segunda obra y que lo hiciera de manera tan espléndida.  
  Everybody Knows This Is Nowhere (1969) es un disco poderoso y definitivo. La primera colaboración del canadiense con quienes constituirían la formación inicial de Crazy Horse –Danny Whitten en la guitarra, Billy Talbot en el bajo y Ralph Molina en la batería– dio como resultado un trabajo de conjunto verdaderamente impresionante. Ya en un álbum tan temprano como éste aparecen grandes composiciones clásicas de Young como “Cinnamon Girl”, “Cowgirl in the Sand” y la épica y genial “Down by the River”.
  A pesar de dos cortes cercanos al folk, el resto del material (incluidas las tres piezas mencionadas) se inscribe mucho más en el rock y, más en específico, en un rock fuerte y sin concesiones, con una gran carga, al mismo tiempo, de sarcasmo y drama. Las improvisaciones guitarrísticas del grupo son otro sello de la casa que aquí reluce a plenitud y en ocasiones llegan a ser verdaderos jams.  
  Everybody Knows This Is Nowhere es un disco fundacional, ya que marcó lo que habría de ser el estilo musical y letrístico, guitarrístico y vocal de Young a lo largo de su carrera.

(Reseña que escribí originalmente para el "Especial" No. 35 de La Mosca en la Pared, publicado en noviembre de 2006)

martes, 26 de septiembre de 2017

Juan Cirerol, una invención de la mafia en el poder

Mucho se ha hablado del estúpido tuit de Juan Cirerol sobre el terremoto que asoló a la Ciudad de México hoy hace ocho días (“Debería darme tristeza el sismo del DF, pero no”, escribió rencoroso desde la red social, con lo que prácticamente firmó su acta de defunción por lo que respecta a nuestra capital).
  Pero, ¿quién es Juan Cirerol? Trataré de explicarlo para quienes no tengan la más remota idea.
  En realidad, se trata de una invención de la mafia en el poder..., pero en el poder de los medios “indies” y “alternativos”. Esa mafia fue la culpable de convertir en seudo ídolo a un chamaco que cantaba en las cantinas de Mexicali, con una voz de pronunciación ininteligible y una música que abrevaba de Los Tigres del Norte, similares y conexos. Se trataba de una mera curiosidad, hasta que lo “descubrieron” quienes hacen y deshacen los gustos del público roqueril mexicano y, muy especialmente, de la masa chilanga que atiborra año con año el Vive Latino.
  Desde la hoy lastimada colonia Condesa (ahí se encuentra la disquera que lo consagró), alguien dictaminó que Cirerol se convertiría en estrella del rock nacional, sin importar sus deficiencias artísticas. El muchachito fue revestido de un carisma ficticio y se le colgó el sambenito de genio. Por decreto, se determinó que era el ídolo que la juventud mexicana esperaba.
  ¿Se trata al menos de un buen cantante? Pues no. Su voz suena mal, desafinada, no tiene gracia, carece de matices, es aguardentosa; pero no como la de Tom Waits, sino como la de un chavito que agarra la farra y en plena borrachera se pone a cantar canciones sufridas. Nada más.
  Su discurso como letrista es magro, con un vocabulario muy limitado. Juega el rol de estar siempre hasta las manitas y con ello justifica las incoherencias que suelen emanar de su boca. Su falta de inteligencia quedó clara en su ya citada declaración en Twitter y la manera como desde ahí trató de acallar a quienes le reclamaron su estulticia.
  Un personaje lamentable, vamos.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Homeland, la sexta temporada

Terminé de ver por Fox Premier la sexta temporada de esta gran serie, un thriller de espionaje y política en los más altos niveles gubernamentales de los Estados Unidos y con la CIA, el FBI y otras agencias internacionales involucradas.
  Se podrá decir que Homeland es un programa maniqueo y tendencioso, casi tanto como lo era 24, en el que el terrorismo islámico es el principal enemigo, aunque tembién están incluidos los rusos, los norcoreanos y los iraníes. Pues sí, es maniqueo y tendencioso, por lo que no lo recomiendo a enemigos recalcitrantes del "imperialismo yanqui", pero como serie de suspense es buenísima (al igual que lo fue 24) y se vuelve adictiva.
  Esta sexta temporada en especial resultó excelente (aunque las cinco anteriores también lo son) y su pretendido maniqueísmo se atenúa al ver las contradicciones personales e ideológicas de sus principales personajes: la sicótica pero fascinante Carrie Mathison (Claire Danes), el entrañable pero implacable Saul Berenson (Mandy Patinkin), el frío pero vulnerable Peter Quinn (Rupert Friend) o el odioso pero genial Dar Adal (F. Murray Abraham).
  El final quedó abierto para una séptima temporada, así que a esperar. Mientras tanto, en estos días empieza la segunda temporada de Designated Survivor en Netflix, para no extrañar esta clase de series de intriga y alto espionaje.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Medio siglo de The Velvet Underground & Nico

Pocos discos en la historia del rock han sido tan influyentes como éste. A pesar de que durante largo tiempo pasó prácticamente desapercibido y en un principio fue sólo un álbum de culto, para iniciados, a partir de finales de los setenta –es decir, diez años después de haber sido grabado– se convirtió en la piedra de toque para el surgimiento de diversos movimientos dentro del rock, notoriamente el punk, el glam, el new wave, el noise, el garage e incluso el oscuro rock gótico. Aun hoy dia, la luz paradójicamente opaca que emana The Velvet Underground & Nico (Verve, 1967) alcanza a grupos que han clonado casi descaradamente su estilo. ¿A qué se debe esta sorprendente repercusión? ¿Cuáles son las virtudes de una obra que surgió más como la idea de un artista plástico que de un grupo de músicos? ¿Por qué se le ha llegado a definir como “una maravilla de feroz elocuencia, cruda majestad expansiva y talento subversivo”?
  La historia de este trabajo discográfico es muy peculiar. En primer lugar, parecía fuera de lugar que alguien como Andy Warhol quisiera producir un disco. En realidad esa producción fue más simbólica que otra cosa, ya que el genio del arte pop tuvo el buen sentido de dejar a los músicos en la más completa libertad para trabajar. De hecho, en esencia el disco es el conjunto de canciones que sirvieron para musicalizar el espectáculo The Exploding Plastic Inevitable del propio Warhol –el cual se presentó en The Factory de Nueva York a lo largo de 1966 y hasta principios de 1967– y fue grabado en su mayor parte en directo, en el estudio, en escasas ocho horas (qué contraste con las setecientas horas que ocuparon los Beatles para grabar, ese mismo año, el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band). No obstante, la calidad de los temas, escritos en su mayor parte por Lou Reed, trascendió la puesta teatral y convirtió a The Velvet Underground & Nico en una obra de arte por sí misma.
  La bizarrísima fauna neoyorquina que solía acudir a The Factory, con su pose intelectualoide y snob, sirvió a Reed para escribir varias de las letras del disco, en especial “All Tomorrow Parties”, por cierto la canción favorita de Warhol.
  Nico no pertenecía a The Velvet Underground. Fue Andy Warhol quien quiso que la extraña y etérea cantante alemana participara en el álbum. Hubo al principio una fuerte resistencia por parte de Lou Reed, John Cale, Maureen Tucker y Sterling Morrison, pero terminaron por ceder y aceptarla.
  El verdadero nombre de Nico era Christa Päffgen y había nacido en Colonia. De impactante belleza, la rubia vocalista había realizado un pequeño papel en La Dolce Vita de Federico Fellini en 1960. En 1965 grabó en Inglaterra el tema folk “I’m Not Saying”, producido por Jimmy Page. Warhol convenció finalmente a Lou Reed de que escribiera algunas canciones para Nico y así surgieron “Femme Fatale” y “I’ll Be Your Mirror”.
  The Velvet Underground & Nico fue en su momento un disco de muy pocas posibilidades comerciales, sobre todo si tomamos en cuenta que se vivía la beatlemanía en pleno. Por eso Andy Warhol decidió financiarlo y realizarlo por completo, portada incluida, como un producto terminado y no como un demo, para así ofrecerlo a alguna compañía disquera grande.
  El álbum abre con la tranquila “Sunday Morning”, armonizada por el sonido de la celesta y la viola, tocadas ambas por John Cale. La letra habla sobre la manera como se siente uno el domingo por la mañana, después de una juerga de sábado por la noche. Una letra irónica disfrazada con una música en apariencia dulce y tranquila. “I’m Waiting for the Man” es el primer contraste, un tema absolutamente reediano, un rock de garage minimalista y austero pero duro y ferozmente rocanrolero. “Femme Fatale”, la primera melodía con la voz de Nico, refleja el ambiente sensual y cabaretero de la Alemania de los treinta y da paso a la hipnótica “Venus in Furs”, una joya psicodélica que nada le pide a los Beatles o a Jefferson Airplane. Por su parte, “Run Run Run” (nada que ver con la pieza homónima de The Who aparecida en el Magic Bus de 1965)) tiene algo de Bo Diddley pasado por ácido.
  La ya mencionada “All Tomorrow Parties” es uno de los cortes emblemáticos de esta obra. Un himno (¿o sería mejor llamarlo un antihimno?) que celebra las fiestas warholianas con una rítmica cercana a lo marcial y una repetitiva armonización minimalista que Nico supo complementar vocalmente de manera única y hoy ya legendaria. Prosigue otra composición clásica de Reed, la impactante “Heroin”, una larga y virulenta plegaria sobre las drogas (“And I guess that I just don’t know”), una tonada épica basada en dos acordes que va subiendo de intensidad hasta estallar en medio de un caos instrumental en el cual el feedback de la guitarra, la viola y los tambores chocan violentamente y producen un ruido discordante (he aquí la probable fundación del noise rock) tan sobrecogedor como el sentido mismo de la canción (“Heroin is my wife and is my life”).
  “There She Goes Again” es quizás el único coqueteo con el pop en todo el disco y posiblemente el tema menos brillante del mismo, mientras “I’ll Be Your Mirror” es una bonita canción de amor. “The Black Angel’s Death Song” es otra pieza compuesta dentro de lo que con los años sería el inconfundible estilo de Lou Reed. El álbum culmina con la experimental “European Son”, en la cual se incluyen el sonido chirriante de una silla arrastrada por el piso (John Cale arrastrixit) y el de una pila de platos de aluminio dejada caer al suelo. Caótica, con un extraño manejo instrumental, es el final perfecto para un trabajo tan bizarro como profético.
  Respecto a la famosa carátula fálica del plátano pelable, diseñada obviamente por Andy Warhol, se trató también de una propuesta revolucionaria (cuya idea sería retomada por el propio artista en la portada del Sticky Fingers de los Rolling Stones) y la irrupción del arte pop en el rock, un matrimonio que muchas veces resultaría muy bien avenido.
  Diverso, vanguardista, provocativo, cínico, sensual, contrario a la ideología hippie del “amor y paz” imperante en la antípoda Costa Oeste norteamericana, The Velvet Underground & Nico es el disco neoyorquino por antonomasia, uno de los álbumes primogénitos más importantes de todos los tiempos. O como alguien dijo por ahí: “Mucho de lo que hoy consideramos como intrínseco en el rock no habría existido sin esta banda de Nueva York y su debut seminal”.

(Texto que escribí esta semana para "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

sábado, 23 de septiembre de 2017

Sismosis

La primera sacudida fue estremecedora, aterradora, impactante. Todo empezó a moverse con violencia, sin que sonara la alerta sísmica que siempre nos asusta pero siempre nos previene y nos permite ponernos a salvo. Esta vez no. Esta vez la agitación telúrica le ganó a la tecnología antisísmica y la alerta comencé a escucharla cuando ya bajaba las escaleras del edificio desde el segundo piso donde vivo. Mientras iba descendiendo, escuchaba horribles tronidos, quizá de ventanas que se hacían trizas.
  El sismo continuaba y ya desde el pavimento, rodeado de vecinos, oficinistas y alumnos de una cercana escuela secundaria, todos mirábamos azorados los inmuebles, los postes, los cables de la luz que no paraban su ir y venir. La gente se abrazaba, lloraba, imploraba. El recuerdo del 19 de septiembre de 1985 se daba justo otro 19 de septiembre, en una macabra coincidencia.
  ¿Cuánto duró el temblor? Menos que el oscilatorio del jueves 7, pero este fue más seco y contundente, más brutal y más cruel. Nada se derrumbó alrededor de donde vivo. Ni siquiera se fue la luz. Tampoco la línea telefónica o internet. Todo volvió poco a poco a la normalidad. Sin embargo, imposible no pensar en lo que podía haber sucedido en zonas más vulnerables, como las que destrozó el sismo del 85.
  Luego de esperar un lapso prudente, entré al apartamento y salvo algunas figuritas que cayeron de unas repisas y un cuadro estrellado en el suelo, todo lucía intacto. No había forma de llamar a mis hijos, a mi familia, a mis amistades cercanas. Pero el whatsapp funcionaba y con el pasar de los minutos fui entrando en contacto con mis próximos. Todos bien. Nada que lamentar.
  No obstante, las redes sociales empezaron a mostrar los graves daños en otros rumbos de la ciudad y, más tarde, en otras partes del país. 7.1 en la escala de Richter, con epicentro en el cercano estado de Morelos.
  A cuatro días de distancia, aún queda esa tensión, ese miedo en los huesos que no desaparece. La sicosis. La sismosis.

(Mi columna "Cámara húngara" de hoy en Milenio Diario)

viernes, 22 de septiembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (28)

El de "Stairway to Heaven" está considerado por muchos como el mejor solo de guitarra en la historia del rock y aunque resulte difícil de creer, Jimmy Page no lo creó paso a paso sino que fue completamente improvisado. "Lo agarré al vuelo", dijo alguna vez el propio Page. "Preparé la estructura armónica de las diferentes partes de guitarra, pero no las notas. Cuando llegó el momento de grabar el solo, tomé la guitarra e hice tres versiones, muy diferentes entre sí. Todas están en la cinta del master, pero la que elegimos es sin duda la mejor de las tres, te lo puedo asegurar".

jueves, 21 de septiembre de 2017

Sergio y Jorge

Septiembre es un mes triste para mi familia, ya que hay dos días que nos hacen recordar a nuestros dos hermanos: Sergio y Jorge. Al primero, porque murió el 16 de septiembre de 2010 y al segundo porque aunque murió en abril de 2008, su cumpleaños era (es) el 21 de septiembre (nació en 1961).
  Es decir que Jorge estaría cumpliendo hoy 56 años, mientras que del fallecimiento de Sergio se cumplieron siete años hace unos días.
  Fechas tristres, días tristes.
  Los extrañamos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Música y series

La entrega del Emmy a lo mejor de las series de televisión, el pasado domingo, me hizo pensar en la gran importancia que los temas musicales abridores han tenido siempre para las emisiones televisivas.  
  Desde que tengo uso de memoria, la música de los programas es algo que se queda en uno. Por ejemplo, de mi más temprana infancia (hablo de principios de los años sesenta) recuerdo aún la música de series como Super Ratón, El llanero solitario, Los intocables o el Teatro Fantástico de Cachirulo. De esa misma década, todavía puedo tararear los temas instrumentales de Perdidos en el Espacio, Tierra de gigantes, Bonanza, Combate, El super agente 86, Hechizada, Mi bella genio, Los Monsters, La Pantera Rosa y Batman o las canciones (¡en español!) de Los Beverly Ricos, Los Locos Adams, La isla de Gilligan y el Show de Porky o los de Los Monkees, Popeye, Los Picapiedra y Los Supersónicos que eran en inglés y, por supuesto, el de las caricaturas de Bugs Bunny.
  A lo largo de las siguientes décadas, hubo asimismo una gran cantidad de temas de serie memorables (basta pensar en la música de títulos como Misión imposible, Hawaii 5-0, Magnum, Alf o Los años maravillosos (este último con Joe Cocker cantando “With a Little Help from My Friends” de los Beatles), para no hablar del muy característico mini tema de Seinfeld.
  Hoy día, cuando las series se han convertido prácticamente en un culto y, como dice Brett Martin en su estupendo libro Hombres fuera de serie, en la mayor expresión artística del nuevo siglo, los temas musicales de las mismas tienen tanta o más importancia que en el pasado. Ahí están, entre muchos otros, los de Los Soprano, Mad Men, Orange Is the New Black, Shameless US, Weeds, True Detective, True Blood, Curb Your Entusiasm, The Man in the High Castle, Narcos, Bored to Death, The Wire, Big Little Lies y, por supuesto, Los Simpsons.
  Un par de preguntas finales: 1. ¿por qué en los premios Emmy no existe la categoría de mejor tema musical? 2. ¿Por qué no estuvo nominada una sola serie de Amazon Prime Video?

(Mi columna "Gajes del orificio de ayer en Milenio Diario)

lunes, 18 de septiembre de 2017

Los libros que he leído en lo que va de 2017

1.- Bowie de Simon Critchley.
2.- Hombres fuera de serie de Brett Martin
3.- Pobre patria mía de Pedro Ángel Palou
4.- La muerte del padre de Karl Ove Knausgård
5.- Flecha en el azul de Arthur Koestler
6.- La visita al maestro de Philip Roth
7.- El sonido de la ciudad (Tomo 1) de Charlie Gillett
8.- El sonido de la ciudad (Tomo 2) de Charlie Gillett
9.- Música de mierda de Carl Wilson
10.- Las chicas de Emma Cline
11.- Toda la vida de Héctor Aguilar Camín

(No cuento la relectura que hice hace poco de mi propia novela "Emiliano", para detectar posible erratas)

Y a punto de terminar El camino hacia Marx de Arthur Koestler, a media lectura de Manhattan Transfer de John Dos Pasos y Los hechos de Philip Roth y apenas en el inicio de Cáscara de nuez de Ian MacEwan. Ahí la llevo este año.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Rescoldos de los Emmy 2017

No soy asiduo a las entregas anuales de premios. De hecho, prácticamente jamás las veo. Sin embargo, como de un tiempo para acá me he vuelto asiduo (¿vicioso?) de las series y luego de conocer las nominaciones de este año a los premios Emmy, decidí seguir la transmisión de TNT (sin la horrenda “traducción” al español) de la entrega de dichas preseas, este domingo 17 de septiembre.
  Conducido por un estupendo Stephen Colbert, desde un punto de vista formal no ofreció algo nuevo: la misma estructura de siempre en cada entrega de premios (ya sean los Oscar, los Grammy, los Golden Globes, etcétera), las mismas parejas de actores que presentan cada nominación y que lanzan uno o dos chistes para que el público presente suelte la carcajada espontánea o forzada, el homenaje de siempre a los desaparecidos de la industria durante el año que transcurrió entre la ceremonia anterior y esta... En fin, nada que se salga de la norma. Todo transcurrió de un modo demasiado light, demasiado correcto. Hasta los chistes sobre Donald Trump fueron deslactosados, a pesar de la presencia de Alec Baldwin, de John Oliver o del propio Colbert.
  Por lo que respecta a los ganadores, la mayor parte de los galardones los obtuvieron dos series. Cinco por cabeza. Una que en México muy pocos pueden ver, ya que es original de la plataforma Hulu: The Handmaid’s Tale, cuya historia de anticipación, basada en la novela homónima de Margaret Atwood, narra la pesadilla de un Estados Unidos del futuro, con un gobierno totalitario y determinado por el colapso ambiental y las enfermedades venéreas, cuyas pocas mujeres fértiles son reclutadas para servir como handmaids (algo así como sirvientas-esclavas) en las casas de la clase dominante y dar hijos a sus patrones, mediante rituales cercanos a la violación. La emisión ganó como Mejor serie dramática, Mejor actriz principal en serie dramática (Elizabeth Moss; sí, la memorable Peggy Olson de Mad Men), Mejor actriz secundaria en serie dramática (Ann Dowd), Mejor director de drama (Reed Morano) y Mejor guión dramático (Bruce Miller).
  Cinco preseas tuvo también la fabulosa Big Little Lies de HBO, miniserie sobre los problemas matrimoniales y de clase entre la alta sociedad del norte de California, con un énfasis brutal en la violencia doméstica y el misterio aplastante de un asesinato. Un programa enorme que se llevó los Emmy a Mejor actriz principal de miniserie (Nicole Kidman), Mejor actor secundario de miniserie (Alexander Skarsgård), Mejor actriz secundaria de miniserie (Laura Dern), Mejor miniserie y Mejor director de una miniserie, película o especial (Jean Marc Vallée).
  Otros premios destacados fueron para Saturday Night Live (Mejor director de programa de variedades, Mejor actriz de reparto y Mejor actor secundario de comedia, este para Alec Baldwin por su enorme personificación de Donald Trump), Veep (Mejor comedia y Mejor actriz principal de comedia, este para la gran Julia Louis-Dreyfus en su papel de presidenta de los Estados Unidos) y Atlanta (Mejor director de comedia y Mejor actor de comedia), una serie agridulce sobre dos primos que viven en el submundo de los raperos de la ciudad que da nombre a la emisión.
  Como Mejor talk show ganó Last Week Tonight With John Oliver; como Mejor actor secundario de drama, John Lithgow, por The Crown (la suntuosa historia de la reina Isabel de Inglaterra producida por la BBC), y el premio a Mejor guión de comedia se lo llevaron Aziz Ansari y Lena Waithe por Master of None, una de las mejores series de comedia de los últimos tiempos.

(Reseña que escribí para el sitio Sugar & Spice)

sábado, 16 de septiembre de 2017

Morena, el PT y su fervor por los locos

Estacionados en un antiimperialismo más anquilosado que el nacionalismo revolucionario, con un pensamiento (es un decir) que sigue anclado en los años setenta del siglo pasado, cuando la guerra fría hacía que muchos izquierdosos (y me cuento) pensaran (pensáramos) en la inevitabilidad del triunfo del socialismo mundial sobre el voraz capitalismo representado por el “imperio yanqui”, los actuales dirigentes de partidos como Morena y el PT mantienen una delirante simpatía por regímenes impresentables, como los de Venezuela y Corea del Norte.
  Como todos sabemos (bueno, no todos: ellos al parecer no se han dado cuenta), aquel supuesto socialismo representado por la Unión Soviética y sus temibles satélites de la Europa del Este y de otras regiones del planeta se derrumbó estrepitosamente a fines de la década de los ochenta y aunque la China roja aún existe, es roja sólo de nombre, pues ahí el capitalismo reina tan campante como en la actual Rusia.
  Que los trasnochados altos cuadros de Morena y el Partido del Trabajo sigan apoyando a tipos como Nicolás Maduro y Kim Jong-un sólo demuestra su enloquecido fanatismo y un muy significativo amor por líderes que día con día demuestran que no se encuentran en sus cabales y que la locura más peligrosa está incrustada en sus cerebros. Líderes que, con tal de salirse con la suya, son capaces de llevar a sus países y aun al mundo, como en el caso del juniorazo coreano, al riesgo de la hecatombe.
  Saber que connotados representantes de nuestra “izquierda” cantan loas al chiflado Maduro y al lunático sicótico Jong-un pone los cabellos de punta, ante la posibilidad de que en 2018 sus partidos puedan acceder al poder y colocar sus maniáticas preferencias como políticas de Estado, algo que de manera paradójica los asemejaría (y no necesariamente en sentido contrario) a ese perturbado de pelos anaranjados que desgobierna a nuestro vecino país del norte.
  Morena y PT, adoradores de políticos deschavetados. Insisto: algo muy significativo.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 15 de septiembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (27)

Mientras los Beatles requirieron de setecientas horas para grabar, en 1967, el álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, The Velvet Underground necesito de escasas ocho horas para terminar su disco homónimo de ese mismo año.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Master of None o el amor en tiempos de Tinder

Seinfeld, a mi modo de ver la mejor serie de comedia de todos los tiempos, tenía como principal signatura la de ser “una serie acerca de nada”.
  En estricto sentido así era: lo que le sucedía a sus cuatro personajes centrales y a los muchos incidentales realmente carecía de importancia. Era nada y en eso estribaba su mayor gracia.
  No sé si de algún modo inspirada en Seinfeld, Master of None trata un poco de lo mismo, es decir, de nada... y, sin embargo, también tiene mucha gracia.
  Creada, escrita, dirigida, producida y actuada por el actor y humorista estadounidense de raíces indias Aziz Ansari, Master of None se transmite por Netflix y lleva ya dos temporadas de diez capítulos cada una. Podríamos definirla como una comedia romántica realista, naturalista, irónica y sin la menor cursilería. Una comedia romántica al estilo de las películas que se hacían en la década de los setenta, con un dejo de acidez y pesimismo, con personajes imperfectos y llenos de contradicciones que viven, sufren y gozan en una gran urbe (la ciudad de Nueva York, otra semejanza con Seinfeld, pero también con filmes de Woody Allen como Annie Hall, Manhattan y Hanna y sus hermanas).
  Lo que distingue y diferencia a Master of None, sin embargo, es la muy particular visión de Ansari (junto con su co-escritor, Alan Yang). Aunque los temas son los de siempre en este tipo de obras (las relaciones de pareja, la amistad, el sexo, la religión, la familia, los medios de comunicación, el empleo y el desempleo, el racismo, la misoginia, la diversidad sexual, etcétera), estos son vistos con un ojo muy singular y una filosofía al mismo tiempo cínica y entrañable, calculadora y tierna. Hay mucho humor y mucho sarcasmo en la serie, mucha sana incorrección política en las situaciones y los diálogos, pero también una gran inteligencia crítica y autocrítica que por fortuna jamás cae en el lugar común o en la postura moralista.
  Otro aspecto a destacar es el formal. Aunque la primera temporada está filmada de manera más o menos ortodoxa, la segunda resulta mucho más experimental, con guiños muy notorios al cine italiano (el primer capítulo de dicha temporada, por ejemplo, es todo un homenaje en blanco y negro al neorrealismo de directores como Vittorio De Sicca) y experimentaciones en la manera de estructurar y narrar las historias.
  Se trata, pues, de un proyecto poco común, con un sentido del humor diferente al habitual y un conjunto de personajes tan divertidos como conmovedores (los padres de Dev, el personaje que interpreta Aziz Ansari, por ejemplo, son sus padres en la vida real, ambos venidos de La India y ambos sin experiencia previa como actores, lo que los hace frescos y adorables).
  “Aprendiz de todo, maestro de nada”, reza el dicho popular. Eso es Master of None: una serie acerca de nada. Pero una absoluta delicia.

(Texto que escribí para el sitio Sugar & Spice)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Toda la vida

Terminé de leer esta novela corta de Héctor Aguilar Camín, un relato en forma de literatura negra que me recordó mucho las atmósferas de la gran novela El complot mongol de Rafael Bernal.
  Muy distinta a su obra anterior, la estupenda Adiós a los padres (2014), Toda la vida (Random House, 2016) es un relato que nos remite al misterio de dos mujeres enigmáticas, dos hermanas (las inquietantemente hermosas Liliana y Dorotea Montoya) que fascinan, enajenan, envuelven, obnubilan y hacen enloquecer de deseo y pasión al narrador (Serrano), quien trata de dilucidar lo que hay detrás de un antiguo crimen en el que ambas están implicadas.
  El ambiente siniestro de la política y las oscuras fuerzas policiacas del Distrito Federal de los años setenta del siglo pasado se ve muy bien refejado en personajes de tan dudosa catadura y, sin embargo, tan extraña entrañabilidad como Felo Fernández, el Pato Vértiz, el comandante Neri o Ricardo Antúnez.
  Aquella hoy ya vieja Ciudad de México queda fielmente registrada por la pluma de Aguilar Camín, al acudir a sus ya desaparecidos bares, restaurantes, hoteles de paso y antros de mala muerte. Un retrato de una urbe que para bien y para mal ya no existe, pero sobre todo una trama que inquieta, incomoda y nos hace sentir la misma pesadez de espíritu que aplasta a Serranito, el eterno enamorado de la delirante Liliana. Pero también, quizás, de la fría y calculadora, aunque irresitible, Dorotea.
  Tal vez ese sea el mayor e irresoluble misterio del libro.

martes, 12 de septiembre de 2017

La eterna discografía de Neil Young

No se me malentienda. Neil Young es uno de mis músicos favoritos de todos los tiempos. Me precio de conocer bien su obra y de escuchar sus discos desde que estos aparecieron (cuando salió After the Gold Rush, en 1970, yo tenía 15 años y 17 cuando apareció Harvest, en el 72, álbumes esplendorosos que pude oír justo en ese tiempo y que conservo dentro de mi colección de viniles). Desde entonces sigo a Young, lo mismo que a sus compañeros David Crosby, Graham Nash y Stephen Stills, con quienes conformara al mítico Crosby, Stills, Nash & Young.
  He de aceptar, sin embargo, que el gran Neil tiende a excederse y así como grabó un disco a base de puro feedback de guitarra (el inescuchable Arc, de 1991), también le dio por rescatar prácticamente todo material que ha grabado, incluidos conciertos y demos. No está mal. En especial para los fanáticos más aferrados del canadiense que quieren tenerlo todo de su ídolo. No obstante, esto ha dado lugar a la publicación de discos irregulares y no del todo buenos.
  La semana pasada apareció Hitchhiker (Reprise, 2017), una más de las muchas (¿demasiadas?) recopilaciones de Young. En esta ocasión, se trata de una sesión que grabara en 1976 para el productor David Briggs, sin más elementos que su guitarra acústica y su voz, más un esporádico piano y alguna armónica. Las canciones en su mayoría eran inéditas en su momento y varias de ellas fueron apareciendo en discos posteriores, con arreglos más ricos en instrumentación.
  Así, hay aquí temas hoy muy conocidos como “Pocahontas”, “Powderfinger”, “Ride My Llama”, “Human Highway” o la propia “Hitchhiker”, mientras que entre las novedades se encuentran buenas piezas como “Hawaii”,  “Give Me Strength” y “The Country Waltz”. Curioso resulta que la guitarra y la estructura armónica del tema “Captain Kennedy” sean casi idénticas a las de “Know You Got to Run” de Stephen Stills, grabado en 1971. ¿Plagio amistoso?
  Hitchhiker es un buen disco de Neil Young. Sólo eso.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 11 de septiembre de 2017

La fascinante historia del Hotel Riviera de Ensenada

Un lugar mágico y misterioso, en el que vagan las almas de Al Capone y del inventor del coctel Margarita.

Ensenada, Baja California. Se trata del mayor municipio del estado y la ciudad que lleva su nombre es un lugar que va más allá de sus evidentes atractivos turísticos. Puerto pesquero con los mejores mariscos (“no puedes visitar Ensenada sin comer unas tostadas marisqueras en una carreta callejera”, me dijo una gran amiga poco antes del viaje*) y lugar de llegada de grandes cruceros, sus frías playas son ideales para la práctica del surf. Parecería que no hay más y, sin embargo, existe un sitio que estuvo olvidado por largo tiempo, pero que fue rescatado como casa de la cultura: el antiguo Hotel Riviera, hermoso inmueble de blancas paredes y amplios y cuidados jardines en el que se oculta una fascinante historia que involucra a gangsters, políticos, gente del arte y estrellas de Hollywood.
  A mediados de junio pasado, tuve la fortuna de ser invitado a dar un par de cursos y presentar mi novela Emiliano en la galería del oficialmente llamado Centro Cívico y Cultural Riviera del Pacífico y mejor conocido como Centro Cultural Riviera. Ello me permitió admirar la magnífica edificación, originalmente inaugurada en 1930. Se trata de una enorme propiedad de blancas paredes, de estilo colonial español, con grandes estructuras de madera traída de España y Cuba, que se extiende a lo largo de amplios y cuidados jardines. Hoy día, ahí se realizan numerosas actividades culturales (desde conciertos, conferencias, exposiciones o presentaciones de libros hasta clases cotidianas de diversas actividades para niños, amas de casa y personas de la tercera edad). Resulta difícil concebir que ese espacio de tan nobles condiciones haya sido en su momento, especialmente en la llamada época de la prohibición, un suntuoso casino en el que se refugiaban mafiosos de Chicago y donde campeaban el juego, las apuestas, el alcohol, las drogas y la prostitución de lujo.
  El lugar es francamente deslumbrante y seductor. Aunque ya no da con la playa, debido al crecimiento de la ciudad, no resulta difícil imaginar cómo era en su época de esplendor, con el océano Pacífico a la vista de sus terrazas (hoy la vista la tapa el moderno y recién inaugurado Museo de la Ciencia de Ensenada, construido con capital privado).
  Cuenta la leyenda que el principal financiador del Hotel Casino Riviera fue Alphonse Gabriel Capone, el famoso “Scarface”, quien solía visitarlo cuando necesitaba alejarse de su centro de operaciones en Chicago. Si esto es verdad o no, resulta difícil de comprobar, ya que no existen documentos escritos o fotográficos que lo certifiquen. Hay quienes de plano niegan la presencia de Capone y aseguran que se trata de un mero mito urbano, explotado por algunos vivales para realizar recorridos turísticos, sobre todo con los muchos extranjeros, en su mayoría norteamericanos, que visitan Ensenada y quedan encantados al conocer el lujoso “refugio” del afamado mafioso. Me dicen incluso que existen pasadizos (no tan) secretos, por los que se efectúan recorridos en los que de pronto uno puede toparse con los espíritus errantes de algunos de los antiguos comensales del casino (“espíritus” protagonizados por empleados actuales del centro).
  Si lo de Al Capone es verdad o es mentira, de cualquier modo uno no puedo sustraerse al hechizo de la imaginación y dejarse llevar por ella. El ex casino se presta para ello.
  Pude efectuar un recorrido por los largos corredores y los enormes y lujosos salones del vasto inmueble (la barra del bar original es una perfecta maravilla), con sus majestuosos candelabros franceses y sus enormes espejos. Hoy, dichos salones se alquilan para convenciones y grandes fiestas (de esa manera se financia en parte el centro cívico y cultural), pero hace cerca de un siglo, pululaban por allí los gamblers, los padrinos del crimen organizado y las grandes estrellas de Hollywood (desde la época del cine mudo hasta la etapa de las primeras producciones en technicolor). Un notable cuadro, atribuido al pintor regiomontano Alfredo Ramos Martínez, quien en esos años vivía en la relativamente cercana ciudad de Los Ángeles, muestra con un cierto estilo riveriano a famosos visitantes como Marilyn Monroe, Lana Turner, Jack Dempsey y, por supuesto, Al Capone.
  A mediados de la década de los treinta, el gobierno de Lázaro Cárdenas prohibió los casinos y la edificación quedó clausurada durante largos años, hasta que en 1948 fue adquirida por la empresaria estadounidense Marjorie King Plant, quien la transformó en el Hotel Riviera del Pacífico. Fue en ese tiempo, en el llamado Bar Andaluz del propio hotel, donde el bartender David Negrete inventó, a petición de la señora King, el hoy popular coctel Margarita. Una placa en el bar da incluso la fecha de tan singular invento: agosto 21 de 1948.
  De 1963 a 1978 el lugar quedó en el total abandono y sobrevivió de milagro, hasta que fue rescatado por el gobierno de Baja California. Desde 1990, el hoy centro cívico es propiedad del municipio de Ensenada. Sin duda alguna, un sitio extraordinario.

*De carretas y mariscos exóticos

Las famosas carretas no son sino puestos ambulantes con ruedas que se encuentran en algunas esquinas de la avenida costera de Ensenada. Repletos de clientes de todas las clases sociales que acuden a cualquier hora, ofrecen cocteles y tostadas de mariscos con una variedad enorme de estos y con la garantía de haber sido pescados ese mismo día y adquiridos en el Mercado Negro. Pero no se me malentienda: el Mercado Negro no se llama así porque hoy día se vendan productos de manera ilegal. Al parecer, recibió ese nombre porque hace muchos años se expendían allí, en forma soterrada, abulón y langosta, especies que eran exclusivas de las cooperativas pesqueras.
  Ahí conocí uno de los mariscos más extraños que he visto en mi vida: un molusco enorme, con forma de grueso miembro viril (o para evitar eufemismos que puedan molestar a la doctora Verótika, con forma de pene), apenas cubierto por una concha, de la cual parece desbordarse y que es conocido como almeja generosa o (of all names) almeja chiluda. Confieso que no la probé. No por prejuicioso, sino porque cuesta un ojo de la cara (se exporta sobre todo a Japón). Pero sí me fotografié con una de ellas.


(Publicado el día de hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

domingo, 10 de septiembre de 2017

El "Abraxas" de Santana

La obra maestra de Santana y apenas su segundo álbum. Una mezcla perfecta de rock, blues, funk, jazz (ahí está, muy presente, la huella de Miles Davis) y ritmos afroantillanos.
  La ecléctica finura de Abraxas (1970) no tiene precedentes. Es una cumbre discográfica de los años sesenta, un trabajo prácticamente perfecto. Si Santana, el larga duración anterior, contenía tres futuros temas clásicos (“Soul Sacrifice” “Evil Ways” y “Jingo”), este opus número dos ofrecía exactamente lo mismo con “Black Magic Woman” (composición de Peter Green, líder del primer Fleetwood Mac, el grupo que tocaba gran rock blues y no gran rock pop, como el segundo Fleetwood Mac) y su coda “Gypsy Queen”, “Oye cómo va” (original del enorme timbalista Tito Puente) y “Samba pa ti” (una de las piezas más bellas jamás escritas por Carlos Santana).
  La gran diferencia entre ambos álbumes estriba en la calidad del resto del material, muy superior en el caso de Abraxas. Cortes tan suntuosos y sorprendentes, con grandes razgos jazzísticos, como “Incident at Neshabur” o “Singing Winds, Crying Beasts”, no dejan lugar a dudas, lo mismo que la magnífica y muy rocanrolera “Hope You’re Felling Better”.
  Por supuesto que más allá del alto nivel de los diversos cortes del disco está la guitarra del de Autlán, sus riffs, sus licks, sus solos, sus construcciones perfectamente elaboradas, pero sobre todo su ardiente pasión, reflejada en cada nota que aquí interpreta.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No. 42, dedicado a Carlos Santana y publicado en septiembre de 2007).

sábado, 9 de septiembre de 2017

Morena en condominio

Morena se está convirtiendo, a pasos agigantados, en el gran condominio político de México, ese en donde muchos quieren vivir, convencidos como están de que en las elecciones presidenciales del año próximo el ganador será el dueño del cada vez más obeso condo.
  Por eso en estos días llegaron tres notorios (que no notables) nuevos inquilinos: los inefables e inenarrables René Bejarano, Dolores Padierna y Leonel Godoy. Pura fina persona, oiga usté.
  Lo del matrimonio Bejarano estaba más que cantado, una vez cumplida su labor de zapa dentro del PRD. Lo de Godoy como que da lo mismo (a menos que haya llegado en paquete junto con su sobrino incómodo).
  La cuestión es que Morena –con esa su política de puertas abiertas en la que cualquiera puede entrar y purificarse en automático de todos sus pecados, al recibir el perdón del Mesías (Vox Pejex, vox Dei)– se transforma cada vez más en una especie de Babel en la que caben todos los lenguajes y todas las razas políticas, siempre y cuando los que van arribando juren fidelidad y obediencia absoluta al supremo pontífice moreno.
  ¿Que estoy siendo sarcástico? Ojalá así fuera. Por desgracia, lo que describo es una verdad que puede verse a diario, con tanta defección de gente “de izquierda” que busca el cobijo de la gran túnica amloísta. ¿Que los atrae la ambición y la idea de la repartición de puestos y prebendas una vez que su patrón consiga al fin la tan anhelada presidencia de la república? ¿O no será que se trata de gente idealista y moralmente intachable que lo único que busca es el bienestar de los mexicanos? Ok, está vez sí fui sarcástico.
  Del lado perredista, deberían agradecer que se están librando de tanta escoria y de tanto infiltrado. No sé cuál sea el futuro del partido del sol azteca y si logrará sobrevivir al 2018, pero cuando menos ya tienen menos lastre y la creación del Frente Amplio Democrático podría ser una tabla de salvación. Podría.
  Mientras tanto, el condominio de Morena crece y se ensancha. A ver qué sucede con semejante promiscuidad.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 8 de septiembre de 2017

Para dártelas de entendido en rock (26)

Neil Young escribió "Rockin' in the Free World" luego de escuchar decir a uno de los integrantes de su grupo Crazy Horse que le gustaba más tocar en Europa que en el Medio Oriente, porque "es mejor rocanrolear en el mundo libre". La canción se convertiría en una especie de himno, pero en realidad se refiere, ha dicho Young, "a la mezcla contradictoria de culpa y orgullo que significa ser estadounidense".

jueves, 7 de septiembre de 2017

Sismo

Como a las once y media de la noche sonó la alarma sísmica. Yo estaba cenando en mi cuarto, mientras veía Futbol Picante en ESPN. Como ayer había sonado también y fue falsa alarma, por un momento dudé qué hacer. Finalmente decidí salir y al llegar a la calle (fui el primero del edificio) aún no temblaba. Varios vecinos del rumbo estábamos ya sobre el pavimento, dudando si sería otro "error humano", cuando el suelo comenzó a moverse bastante fuerte y siguió así durante un buen (mal) rato. No hubo histeria, pero sí preocupación. Los cables de electricidad se movían, pero los inmuebles al parecer no. Tampoco se escucharon crujidos o ruidos semejantes. ¿Cuánto duró aquello? ¿Quizá dos minutos? Permanecimos como un cuarto de hora allí, hasta que poco a poco fuimos  regresando a nuestros respectivos hogares, con un nervioso "buenas noches". La luz no se fue. Tampoco la línea de teléfono o internet. Por whatsapp pude ponerme en contacto con mis hijos, mis hermanas y algunas amigas. Todos bien. Bueno, una amiga no me respondió, pero sé que si vio mi mensaje. No me contestó porque tiene un novio que no la deja. Entré a las redes sociales y empezaron a surgir la información y los comentarios. Algunos bromeamos. Cuando leí que había sido de 8.2 grados me sosprendí. Eso es más que el sismo de 1985. Recordé el movimiento de la calle y concluí que había sido oscilatorio, quizá por eso no se sintió tan feo y no se reportaron daños en la Ciudad de México. Pero más tarde, la información señalaba que en Chiapas (donde fue el epicentro) y en Oaxaca la cosa sí había estado fea y con derrumbes de casas y edificaciones. Habrá que esperar a mañana para saber qué sucedió por allá. En el antiguo DF al parecer hubo saldo blanco.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Tormentón

Fui a ver a mi mamá por la tarde, allá en Tlalpan, y apenas llegué se soltó una tormenta cercana al diluvio que tardó cerca de tres horas, sin que diera trasas de terminar. Myrna mi hermana ya estaba ahí cuando llegué y también se salvó del aguacero.
  Estuvimos bien, haciéndole compañía a mi mamá, ya que Ivette y Carlos habían salido. Como a las siete, me llamó Ivette para decirme que estaban atrapados en un un congestionamiento a la altura de Perisur. Ella y Carlos tardarían más de una hora en llegar, en un tramo que normalmente se hace en menos de diez minutos.
  Me regresé poco antes de las nueve. Me extrañó que hubiera tanta gente a esa hora en el metrobús, pero al llegar aquí me enteraría de que en la zona de Tlalpan todo se había inundado y el servicio de ese medio de transporte se había suspendido (ver foto de usuarios rescatados) hasta poco antes de que yo lo tomara; de ahí la cantidad de pasajeros desesperados por llegar a sus casas.
  A Myrna le iría a recoger su esposo Jorge, quien sólo pudo llegar por ella a la medianoche y aún harían cerca de dos horas a Tepepan.

martes, 5 de septiembre de 2017

Walter Becker y LCD Soundsystem

Murió Walter Becker, uno de los pilares, junto con Donald Fagen, de ese legendario grupo tan exquisito e inventivo que fue Steely Dan. Guitarrista de una finura excepcional, Becker deja una herencia que muy pocos han retomado, quizá porque el estilo de la mítica agrupación angelina es muy difícil de imitar: esa mezcla de rock, pop y jazz que produjo álbumes espléndidos como Countdown to Ectasy (1973), Pretzel Logic (1974), Aja (1977) y Two Against Nature (2000).
  Curiosamente, un proyecto en apariencia tan ajeno a Steely Dan como LCD Soundsystem parecería haber absorbido algunas influencias del grupo de Fagen y Becker. Cuando menos en su muy reciente disco, el relumbrante American Dream (Columbia, 2017), hay ecos de aquel rock setentero tan elegantemente producido por el sexteto de Los Ángeles.
Definido a la perfección por Tim Sendra, reseñista de allmusic.com, como un disco hecho “para los pies, el cerebro y el corazón”, American Dream es una joya del rock pop electrónico, una obra en la que James Murphy, líder de LCD Soundsystem, va de los ritmos más intensos e irresistibles a las melodías más melancólicas y evocadoras.
  Hay cortes fuera de serie como los fantásticos e hiperquinéticos “Emotional Haircut”, “Other Voices” (absolutamente Talking Heads), “Tonite” y “Call the Police”, mientras que otros apelan más a la tranquilidad y la reflexión, como los preciosos “American Dream” (que en algo remite a Arcade Fire), el abridor “Oh Baby” y la composición homenaje a David Bowie que cierra el plato: “Black Screen”. Hay otros más densos y oscuros, como “I Used”, “Change Yr Mind” o “How Do You Sleep”. En todos ellos hay que resaltar también la expresiva voz de Murphy.
  “Los tiempos aún requieren de una gran agrupación de rock (con sintetizadores) que pueda hablar de las ansiedades de la vida moderna, mientras al mismo tiempo nos hace bailar toda la noche”, dice Tim Sendra y pienso que LCD Soundsystem lo consigue con creces.
  Escuchémoslo... y volvamos a escuchar a Steely Dan.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

domingo, 3 de septiembre de 2017

Los doce sueños del Dr. Sardonicus

El cuarto opus del quinteto angelino Spirit es una de las cumbres de la psicodelia sesentera y uno de los grandes discos de la historia del rock. Twelve Dreams of Dr. Sardonicus (Epic, 1970) fue el último plato grabado por la alineación original del grupo, conformada por Randy California (guitarra y voz), Ed Cassidy (batería; además de ser padrastro de California, a quien le llevaba veintiocho años de diferencia), Jay Ferguson (voz y percusiones), Mark Andes (bajo) y John Locke (teclados), mismos que anteriormente habían sacado los álbumes Spirit (1968), The Family That Plays Together (1968) y Clear (1969).
  El estilo de la agrupación abrevaba de diversas corrientes, especialmente del folk, el jazz, la música clásica y por supuesto el rock, pero al fusionar esos y otros elementos, creó un sonido propio, altamente experimental, pero siempre bajo la estructura de la canción. Estos Doce sueños del Dr. Sardonicus constituyen de hecho un álbum conceptual, pero se trata de una docena de canciones perfectamente diseñadas como tales. No en balde alguien llamó irónica pero cariñosamente a esta obra, en obvia referencia, Sgt. Sardonicus.
  Twelve Dreams of Dr. Sardonicus fue producido por David Briggs, quien había trabajado con Neil Young y dio a la agrupación el exacto toque que necesitaba y del cual careció en sus tres trabajos anteriores; buenos, sí, pero sin la brillantez de éste. El álbum da fe de una docena de sueños en forma de canción, cada uno de ellos una joya en sí mismo. Si un mérito tiene este plato es que ninguno de los cortes sirve de relleno o está de sobra. Cada pieza resulta perfecta y distinta a las otras. Eso podemos comprobarlo desde el arranque mismo, con el bellísimo y emotivo “Prelude-Nothing to Hide”, mismo que empieza con una suave melodía de tonos acústicos para estallar en frenéticos fuegos de artificio plenamente rocanroleros, con un Randy California cuya guitarra no dejará de asombrarnos a lo largo de todo el disco (parece increíble que este músico, fallecido en 1997, en esos momentos sólo tuviera diecinueve años de edad).
  “Nature’s Way” es uno de los temas más conocidos de Spirit, un folk-jazz de enorme hermosura, con un mensaje ecologista que jamás cae en lo cursi (por fortuna, el quinteto nunca recurría a los mensajes hippies, tal vez por ser originario de Los Angeles y no de San Francisco) y cuyo sentido musical penetra en el escucha con una sutileza tan agridulce como conmovedora, gracias sobre todo a la voz solista de Jay Ferguson y las posteriores armonías corales que juegan con asombrosa y cuasi polifónica eficacia. “Animal Zoo” es otra maravilla, una canción llena de buen humor y con una complicada estructura y una letra que recuerda el mordaz estilo crítico de Ray Davies de los Kinks, mientras la música remite un tanto a “Medicated Goo” de Traffic. “Love Has Found a Way” empieza con extraños efectos producidos por una cinta tocada al revés (muy a la beatle en Revolver), para derivar en seguida en una composición intrincada, con cambios sorprendentes y un uso del vibráfono que sólo Frank Zappa había mostrado y ese sentido melódico que existe en todos los cortes y que es uno de los sellos distintivos del álbum. Un cambio súbito nos lleva de la mano a la majestuosamente simple y brevísima “Why Can’t I Be Free”, una mini obra maestra que en apenas poco más de un minuto nos envuelve con el encanto de un susurro. De ahí el disco parte hacia un tema por completo diferente y lleno de contundencia, el extraordinario “Mr. Skin”, un rock sólido, con sabor funky, voces en falsetto y un ritmo irresistible. El arreglo de los metales es como de un soul a la Stax. Se dice que Ferguson escribió “Señor piel” en homenaje a su “viejo” baterista cuarentón, Ed Cassidy, quien siempre llevaba la cabeza rasurada (algo poco usual en aquellos días de largas cabelleras) y al que sorprendió en un hotel en una situación comprometedora con una joven admiradora y del que sólo alcanzó a ver su epidermis (“Mr. Skin, you know where you’ve been”, dice la letra con negro sentido del humor).
  El segundo lado del vinil original de Twelve Dreams of Dr. Sardonicus da comienzo con un piano que parece divagar en acordes persistentes, acompañado por guitarras y bajeos que buscan algún punto de reposo, mismo que aparece cuando el propio piano inicia un suave jazz psicodélico al que pronto se une la banda entera en un tema instrumental que incluye un moog y algunas figuras alucinantes, en un crescendo que culminará aparentemente en un fade out y un silencio, para reiniciar una especie de viaje astral que termina con las mismas divagaciones musicales del piano, el bajo y la guitarra. ¿El nombre de la pieza? “Space Child”.
  El segundo track del lado B es la sorprendente “When I Touch You”, una de las composiciones más impresionantes del disco. Todo se conjuga para crear un ambiente al mismo tiempo ominoso e intenso, inquietante y a la vez lleno de belleza. La canción sube y baja, recorre diversos pasajes y no da punto de reposo ni siquiera en sus momentos relativamente calmos. Los cinco músicos están a su máximo nivel interpretativo, pero hay que resaltar la labor guitarrística de California y la voz apasionada de Ferguson. Estremecedora.
  Las cuatro cortes finales son igualmente estupendos. La contagiosa “Street Worm” es una callejera y sardónica composición que rompe por completo con el mood de las dos piezas con que iniciara este segundo lado. El ambiente espacial y psicodélico deja su lugar a un rock simple (es un decir) y de cierta dureza en un tema divertido e incisivo. La semiacústica “Life Has Just Begun” posee un delicioso sabor de folk sesentero que de pronto remite a Jethro Tull pero también, ligeramente, a los Rolling Stones de los primeros años setenta. “Morning Will Come” anuncia y prefigura el estilo de Marc Bolan y T. Rex y su arreglo de metales resulta incontenible. Como dice el crítico Matthew Greenwald, con su sonido un tanto bubble gum (en el mejor sentido del término), este tema “pudo ser un éxito comercial…, pero no lo fue”. Twelve Dreams of Dr. Sardonicus cierra de manera sabia y majestuosa con la finísima “Soldier”, una breve composición calma, profunda, de tintes sinfónicos, con referencias a la inicial “Prelude” y voces a la Beach Boys en el Pet Sounds.
  Twelve Dreams of Dr. Sardonicus representa mucho de lo que fue el rock psicodélico de fines de los sesenta, con la ventaja de que sigue sonando perfectamente actual. Se trata de un disco trascendente, una memorable oda a la melodía, un venturoso canto a la armonía, un álbum lleno de emociones y de aportes musicales y letrísticos. Hoy día muy pocos lo recuerdan, lo cual resulta decepcionante y muy indicativo de la incultura musical que priva entre las nuevas generaciones. Al respecto, hace poco dijo alguien: “La única analogía contemporánea para Twelve Dreams of Dr. Sardonicus en la cual puedo pensar es el OK Computer de Radiohead, sólo que el disco de Spirit es más consistente… y más divertido”.

(Reseña publicado en mi libro Cerca del precipicio, editado en 2012 por Cuadernos del Financiero)