La boda de mis padres, el 5 de octubre de 1944, en la iglesia de San Agustín, en el Centro de Tlalpan. Hace exactamente 81 años. Mi papá tenía 23 años y mi mamá 22. Por cierto, mi papá es el muchacho alto a la derecha de mi mamá. A quien ella está tomando del brazo es a mi tío Enrique Michel Ruelas, uno de sus hermanos.
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domingo, 5 de octubre de 2025
Just married, hace 81 años
La boda de mis padres, el 5 de octubre de 1944, en la iglesia de San Agustín, en el Centro de Tlalpan. Hace exactamente 81 años. Mi papá tenía 23 años y mi mamá 22. Por cierto, mi papá es el muchacho alto a la derecha de mi mamá. A quien ella está tomando del brazo es a mi tío Enrique Michel Ruelas, uno de sus hermanos.
jueves, 11 de septiembre de 2025
domingo, 9 de agosto de 2020
Nunca es tarde (segundo comunicado)
Como informé hace exactamente una semana, el primer sencillo de mi disco Nunca es tarde está muy cerca de ser dado a conocer. La estrategia para presentar el álbum (que contiene 16 composiciones mías y en el que participan cerca de 40 músicos, entre cantantes e instrumentistas de
diferentes orígenes musicales) será la de ir publicando un sencillo cada mes, en lo que resta de 2020, para presentar el resto de los temas y el disco en su conjunto en
febrero o marzo de 2021.
El primer sencillo saldrá el próximo lunes 17 de agosto, a las ocho de la noche, y se dará a conocer por diversos medios digitales y tradicionales. Se trata de la canción "Ángel o demonio", con letra y música de mi autoría, en la que participan José Manuel Aguilera (guitarra principal y voz), Claudia Arellano (voz y coros), Hernán Hecht (batería), Jehová Villa Monroy (arreglo, guitarras y teclados) y quien esto escribe (voz y guitarra). La presentación se hará en audio, en algunas plataformas, y en otras, además de las redes sociales, mediante un video-lyric.
Los invito a estar pendientes de este lanzamiento y de las sorpresas que se irán sumando a lo largo de este año.
Finalmente, más de cuatro años de trabajo de grabación (con grandes músicos cuyos nombres iremos develando con cada sencillo), ingeniería de sonido y mezcla (a cargo de Jehová Villa Monroy), masterización (a cargo de Arcadio Martínez) y producción (a cargo del propio Jehová Villa Monroy, Iris Bringas y Hugo García Michel) empiezan a rendir frutos. Espero que cada uno de estos frutos musicales sea de su agrado.
El primer sencillo saldrá el próximo lunes 17 de agosto, a las ocho de la noche, y se dará a conocer por diversos medios digitales y tradicionales. Se trata de la canción "Ángel o demonio", con letra y música de mi autoría, en la que participan José Manuel Aguilera (guitarra principal y voz), Claudia Arellano (voz y coros), Hernán Hecht (batería), Jehová Villa Monroy (arreglo, guitarras y teclados) y quien esto escribe (voz y guitarra). La presentación se hará en audio, en algunas plataformas, y en otras, además de las redes sociales, mediante un video-lyric.
Los invito a estar pendientes de este lanzamiento y de las sorpresas que se irán sumando a lo largo de este año.
Finalmente, más de cuatro años de trabajo de grabación (con grandes músicos cuyos nombres iremos develando con cada sencillo), ingeniería de sonido y mezcla (a cargo de Jehová Villa Monroy), masterización (a cargo de Arcadio Martínez) y producción (a cargo del propio Jehová Villa Monroy, Iris Bringas y Hugo García Michel) empiezan a rendir frutos. Espero que cada uno de estos frutos musicales sea de su agrado.
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miércoles, 1 de noviembre de 2017
Enrique Guzmán en el Auditorio Nacional
Anoche fui con mi mejor amiga al Auditorio Nacional, para asistir al concierto con el que Enrique Guzmán festejó sus sesenta años en la música.
Fue una actuación muy buena, muy emotiva, con una estupenda orquesta y un sonido perfecto. Enrique, a sus 74 años, cantó como en sus mejor tiempos. Su voz permanece incólume y no se nota gastada o rasposa. Simpático, dicharachero, divertido, paso lista a sus grandes éxitos como solista y a algunos de sus años con los Teen Tops (incluso cantó "La plaga" con su hija Alejandra).
Lo que desconcertó a todos fue no solo la brevedad del concierto (tan sólo una hora y media), sino la manera abrupta como terminó, sin un encore propiamente dicho. No sé si fue porque la presentación se grabó para un disco que saldrá en unos meses (como comentó el cantante) o porque simplemente Guzmán se cansó o ya no tuvo ganas de seguirle (lo cual me parece poco probable, porque se le veía contento y emocionado.
Como sea, el entusiasta público que llenó el Auditorio (se veía muy bonito con todas las butacas ocupadas) la pasó muy bien (e incluyo a mi amiga y a mí). Las canciones me hicieron pensar mucho en mi hermano Sergio, que idolatraba a Enrique Guzmán y no dejó de asombrarme que prácticamente me sabía yo todos los temas que cantó (como me lo hizo notar mi querida amie).
Muy buen concierto y salimos a tiempo, eso sí, para tomar el metro.
Fue una actuación muy buena, muy emotiva, con una estupenda orquesta y un sonido perfecto. Enrique, a sus 74 años, cantó como en sus mejor tiempos. Su voz permanece incólume y no se nota gastada o rasposa. Simpático, dicharachero, divertido, paso lista a sus grandes éxitos como solista y a algunos de sus años con los Teen Tops (incluso cantó "La plaga" con su hija Alejandra).
Lo que desconcertó a todos fue no solo la brevedad del concierto (tan sólo una hora y media), sino la manera abrupta como terminó, sin un encore propiamente dicho. No sé si fue porque la presentación se grabó para un disco que saldrá en unos meses (como comentó el cantante) o porque simplemente Guzmán se cansó o ya no tuvo ganas de seguirle (lo cual me parece poco probable, porque se le veía contento y emocionado.
Como sea, el entusiasta público que llenó el Auditorio (se veía muy bonito con todas las butacas ocupadas) la pasó muy bien (e incluyo a mi amiga y a mí). Las canciones me hicieron pensar mucho en mi hermano Sergio, que idolatraba a Enrique Guzmán y no dejó de asombrarme que prácticamente me sabía yo todos los temas que cantó (como me lo hizo notar mi querida amie).
Muy buen concierto y salimos a tiempo, eso sí, para tomar el metro.
miércoles, 15 de marzo de 2017
La presentación de "Emiliano"
Aunque parecía haber muchos factores en contra (mi gripe, día de quincena, el aguacero que cayó en varios puntos de la ciudad, el tránsito enloquecido), la presentación de mi novela Emiliano, la noche de hoy en ese bellísimo lugar de vista espectacular que es el Terraza Catedral, fue todo un éxito.
Con una asistencia aproximada de 50 a 60 personas, los tres presentadores (Ariel González, Eduardo Limón y Adán Ramírez Serret) y yo iniciamos a las ocho de la noche y todo salió estupendamente. Los tres ponentes estuvieron más que bien: amenos, interesantes, inteligentes, con sentido del humor y el público respondió de la mejor manera, con gran atención y con muy interesantes preguntas al final de la presentación.
Saludé a muchas personas y vendí una decena de ejemplares que firmé con mucho gusto. Al final, me fui a cenar a "La Popular" (en la calle 5 de mayo) con mi hijo Alain y algunos parientes y amigas.
Todo salió prácticamente perfecto, salvo porque no pudieron llegar mi hijo Jan y un par de amigas muy queridas. Por lo demás, todo muy bien.
Con una asistencia aproximada de 50 a 60 personas, los tres presentadores (Ariel González, Eduardo Limón y Adán Ramírez Serret) y yo iniciamos a las ocho de la noche y todo salió estupendamente. Los tres ponentes estuvieron más que bien: amenos, interesantes, inteligentes, con sentido del humor y el público respondió de la mejor manera, con gran atención y con muy interesantes preguntas al final de la presentación.
Saludé a muchas personas y vendí una decena de ejemplares que firmé con mucho gusto. Al final, me fui a cenar a "La Popular" (en la calle 5 de mayo) con mi hijo Alain y algunos parientes y amigas.
Todo salió prácticamente perfecto, salvo porque no pudieron llegar mi hijo Jan y un par de amigas muy queridas. Por lo demás, todo muy bien.
domingo, 13 de noviembre de 2016
La fiesta de mis hijos a la que no pude llegar
Toda una aventura la de ayer en el centro histórico. Mi hijo Alain está cumpliendo 15 años como DF y 34 de vida (los cumple el día 15) y para ello organizó una fiesta de música electrónica en Terraza Catedral, un lugar que está en la parte alta del Hostel Mundo Joven, en la calle de Guatemala del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Me lancé con P a las ocho de la noche, con la idea de llegar a buena hora a la celebración, donde también tocaría mi hijo Jan. Todo saldría mal. Taxi al Metro Nativitas, metro hasta la estación Allende (todo tranquilo hasta ahí, aunque P se puso a cantar en el vagón e hizo que me pusiera rojísimo, lo cual le pareció la mar de divertido). El problema fue ya una vez en la superficie. Resulta que en el Zócalo había un concierto de Alejandro Fernández y todas las entradas estaban copadas por la policía para no permitir el paso. Lo intentamos por varios retener y el resultado fue siempre el mismo: "no se puede pasar". P incluso discutió con un "oficial" que se puso bravito y ella terminí sacándole la lengua. Luego de muchos intentos que nos llevaron como una hora de caminar de aquí para allá inútilmente (y ella iba con zapatos de tacón y guapísima) y de estar en contacto con Alain por el celular, terminamos por desistir y nos metimos a cenar al Café de Tacuba, lugar especial porque aparece en una escena de mi más reciente novela y uno de los personajes se llama precisamente P.
Todo parecía mejorar, cuando ella se dio cuenta de que no traía su teléfono. Terrible cosa. Especulamos y lo más probable es que se le haya caído en el taxi que nos llevó al metro. Pero lo tomó con filosofía y pudimos disfrutar de la cena. Regresamos en metro y al salir a la superficie, en Insurgentes Sur y Felix Cuevas, caía un aguacero. Mojados, tomamos en metrobús un par de estaciones y llegamos a casa de no muy buen humor.
En fin, una noche no del todo buena (la foto es del evento al que no pudimos llegar).
Me lancé con P a las ocho de la noche, con la idea de llegar a buena hora a la celebración, donde también tocaría mi hijo Jan. Todo saldría mal. Taxi al Metro Nativitas, metro hasta la estación Allende (todo tranquilo hasta ahí, aunque P se puso a cantar en el vagón e hizo que me pusiera rojísimo, lo cual le pareció la mar de divertido). El problema fue ya una vez en la superficie. Resulta que en el Zócalo había un concierto de Alejandro Fernández y todas las entradas estaban copadas por la policía para no permitir el paso. Lo intentamos por varios retener y el resultado fue siempre el mismo: "no se puede pasar". P incluso discutió con un "oficial" que se puso bravito y ella terminí sacándole la lengua. Luego de muchos intentos que nos llevaron como una hora de caminar de aquí para allá inútilmente (y ella iba con zapatos de tacón y guapísima) y de estar en contacto con Alain por el celular, terminamos por desistir y nos metimos a cenar al Café de Tacuba, lugar especial porque aparece en una escena de mi más reciente novela y uno de los personajes se llama precisamente P.
Todo parecía mejorar, cuando ella se dio cuenta de que no traía su teléfono. Terrible cosa. Especulamos y lo más probable es que se le haya caído en el taxi que nos llevó al metro. Pero lo tomó con filosofía y pudimos disfrutar de la cena. Regresamos en metro y al salir a la superficie, en Insurgentes Sur y Felix Cuevas, caía un aguacero. Mojados, tomamos en metrobús un par de estaciones y llegamos a casa de no muy buen humor.
En fin, una noche no del todo buena (la foto es del evento al que no pudimos llegar).
jueves, 25 de agosto de 2016
Good jazz at night
Fui con un amigo y dos amigas a ver a Faralae, en el bar Debarbas de la Nápoles. Al final, me tomé una foto con los dos integrantes del fabuloso dueto, ambos buenos amigos míos: el guitarrista Alejandro Martínez Gil (que domina un estilo muy a la Django Rainhardt) y la preciosa y excelente vocalista Liliana Buneder. Con ellos dos me tomaron la foto que engalana este post.
jueves, 14 de julio de 2016
Noche de jazz y amistad
Me reuní en la noche con mi hijo Jan, su novia Liza y mis amigas Julieta y Paulina para ir a un bar cercano a cenar, con-beber y escuchar jazz con el estupendo dueto Faralae (aunque en realidad es un grupo), al que había escuchado dos semanas atrás, en el cumpleaños de Pau, y me había gustado mucho.
La pasamos de maravilla, muy divertidos, y disfrutamos de los talentos de Alejandro Martínez Gil (guitarra) y Liliana Buneder (voz y efectos vocales). Al final, platicamos con ellos y les compramos unos discos.
Habrá que repetir pronto la experiencia y el convivio.
Bella noche con bella y amada gente.
La pasamos de maravilla, muy divertidos, y disfrutamos de los talentos de Alejandro Martínez Gil (guitarra) y Liliana Buneder (voz y efectos vocales). Al final, platicamos con ellos y les compramos unos discos.
Habrá que repetir pronto la experiencia y el convivio.
Bella noche con bella y amada gente.
domingo, 29 de noviembre de 2015
En la FIL de Guadalajara (viaje relámpago)
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| Con Eduardo Limón y Julio Patán durante la presentación. |
El viaje no fue nada bueno. Como era un autobús de los de dos pisos y yo iba en el piso de arriba, esa parte se balanceaba como barquito en altamar y pasé buena parte de las siete horas de camino sin poder dormir por el mareo. Nada grave, pero sí muy incómodo. Llegamos a Guadalajara poco antes de las ocho de la mañana de hoy y me fui con ellos dos en un taxi hasta las proximidades de las instalaciones de la feria. Me invitaron a desayunar (menos mal) y me consiguieron una acreditación para entrar a la feria (de otra manera, hubiera tenido que pagar la entrada y esperar a que la abrieran). La presentación del libro sobre Margalli fue a las diez de la mañana y en una salita a medio llenar hablé más sobre el rockcito mexicano que sobre el libro que no había yo leído. Al público le gustó. También a Jarris. Me dieron las gracias y ya no volví a verlos. Aún no daban las doce y la presentación de mi novela era hasta las siete. Puf.
Me puse a recorrer la feria y a buscar el stand de Lectorum. Pronto pude dar con él y me recibió Liz, la jefa de relaciones públicas de la editorial. Luego llegó Porfirio Romo, el propietario de la misma. Nos dimos un abrazo y... No tiene mucho caso decir lo que hice durante las siguientes seis horas porque se me hicieron eternas. Lo mejor fue toparme con mi querida Viridiana Villegas, una de las encargadas de prensa de Editorial Planeta, pero apenas pude platicar con ella unos minutos. Comí cualquier cosa y a las seis regresé a Lectorum. Mis presentadores llegarían poco después: Julio Patán y Eduardo Limón. Poco a poco fue arribando la gente y por fortuna estuvo lleno (había como 25 sillas). La presentación salió muy bien, realmente fue divertida, y por ahí se acercaron Rogelio Villarreal, una amiga de Facebook cuyo nombre se me fue en estos momentos y mi muy querida Gypsy, a quien no veía desde hacía años (literalmente). Quedamos en vernos mañana para dar un paseo y platicar a gusto (mi plan era regresarme mañana lunes por la noche al DF).
Al despedirme de Julio Patán, me preguntó si iría yo a la fiesta de Milenio esta noche. Yo ni idea tenía de la fiesta y tampoco tenía dónde pasar la noche (la editorial sólo me pagó el boleto de ida y nada más). Me dijo dónde sería la fiesta y quedamos en vernos allá. Sin embargo, empecé a preocuparme por la falta de hospedaje. Le pregunté a Liz dónde se estaba quedando ella y si creía que habría algún cuarto disponible. Me dijo que estaba en un hotel de medio pelo, junto con otros empleados de la editorial, pero que se encontraba lleno a reventar. El caso es que así estaban todos los hoteles cercanos a la feria o al centro de Guadalajara y los precios por noche se habían elevado al triple. Traía mi tarjeta de crédito, pero eso de pagar más de dos mil pesos por una cama para poder acudir a la fiesta de Milenio no era lo ideal. Pensé en ir a la fiesta, desvelarme y amanecerme, pero ¿dónde dejaría mis cosas? Además, necesitaba darme un baño. Las cosas lucían poco propicias a decir verdad.
Todavía acudí a dar una entrevista en la cabina de Radio UdeG (me entrevistó mi querida y admirada Julieta Marón) y al salir, no supe qué hacer. Cansado, con hambre, sin muchas ganas de fiesta, tomé la única decisión que podía tomar: irme a la estación de autobuses y regresar a la Ciudad de México hoy mismo. Suena como una locura, pero no había alternativa. Así que salí a la calle, tomé un taxi que me cobró un dineral por llevarme a la estación y alcancé boleto para el autobús de las once de la noche. Faltaban dos horas y, ya más tranquilo, me metí a cenar a un restaurante de la central. Mientras cenaba, llegó al lugar mi amiga Marisol y se sentó un rato conmigo. Su camión, también al DF, salía a las diez. Me habría gustado que viajáramos juntos, pero no se pudo.
Ahora mismo hago estos apuntes ya a punto de abordar. Lo único que lamento de no haberme quedado es que no podré verme mañana con la preciosa Gypsy. Ya le mandé un mensaje para avisarle- Ni modo.
domingo, 14 de junio de 2015
Video de la presentación de "Matar por Ángela" (versión corta)
Este es el video con una versión muy abreviada de lo que fue la presentación de mi novela, el pasado miércoles 6 de mayo. Si les dan ganas de ver la versión completa, de poco más de una hora, den clic aquí: Versión íntegra.
domingo, 24 de mayo de 2015
Presentación de "Matar por Ángela" (el video, versión completa)
Este es el video de la presentación de mi novela, el pasado 6 de mayo en el Centro Cultural "Elena Garro" de Coyoacán. Muchas gracias a Alejandro Sotram y Danny Corr por la realización total del mismo. Les quedó muy bien.
miércoles, 6 de mayo de 2015
La presentación de mi novela
Finalmente llegó la fecha esperada, la de la presentación de mi novela Matar por Ángela, recientemente reeditada por Lectorum.
Todo salió a las mil maravillas. De hecho, mucho mejor de lo que yo hubiera soñado. Hubo una estupenda asistencia (unas cien personas que llenaron el auditorio del Centro Cultural Elena Garro, en Coyoacán) y los tres presentadores estuvieron brillantes, muy agradables y muy simpáticos. Ajeno a cualquier solemnidad, el acto fue relajado, amigable, cálido y la gente la pasó realmente bien.
Antes de la presentación en sí, mi queridísima y entrañable amiga Daniela (bajo su nombre artístico de Mixtlán Gómez) y yo leímos para los presentes un par de fragmentos de la novela. Ella –quien es actriz profesional– lo hizo más que bien y yo digamos que me defendí. Luego vino la introducción, a cargo de mi editor, Porfirio Romo, y ello dio paso a las intervenciones –en ese orden– de mis queridos Héctor de Mauleón, Julio Patán y Ciro Gómez Leyva. Los tres estuvieron increíbles. Me tocó cerrar y aún hubo tiempo de un diálogo muy entretenido entre los cinco que ocupábamos la mesa.
Terminamos a las ocho y mientras la gente iba a tomarse un vinito, yo debí ir a una mesa para firmar libros y saludar a la gente que se acercaba por su dedicatoria.
Entre mis familiares, amigas y amigos ahí presentes estuvieron mi hijo Alain y su Hallet, mis hermanas Myrna e Ivette, mi sobrina Leyla, mi primo Gustavo, mi prima Irma, mi querido Adolfo Cantú, el buen Tona con Maya, amigas preciosas y adoradas como Majo, Letto, Ana Taddei, Jimena Colunga, Karem Martínez, Kattia Hernández, Kari, Jessica, Trilce, Dani Guerrero, Alejandra Gómez Macchia, Claudia y muchas personas más. Mi estimado Alejandro Sotram se encargó de grabar todo en video y me presentó a su papa y a su muy joven hermana, quien es escritora. Mención especial merecen Any y la hija de Porfirio Romo, encargadas por la editorial para que todo resultara bien.
Salí muy feliz de ahí.
Todo salió a las mil maravillas. De hecho, mucho mejor de lo que yo hubiera soñado. Hubo una estupenda asistencia (unas cien personas que llenaron el auditorio del Centro Cultural Elena Garro, en Coyoacán) y los tres presentadores estuvieron brillantes, muy agradables y muy simpáticos. Ajeno a cualquier solemnidad, el acto fue relajado, amigable, cálido y la gente la pasó realmente bien.
Antes de la presentación en sí, mi queridísima y entrañable amiga Daniela (bajo su nombre artístico de Mixtlán Gómez) y yo leímos para los presentes un par de fragmentos de la novela. Ella –quien es actriz profesional– lo hizo más que bien y yo digamos que me defendí. Luego vino la introducción, a cargo de mi editor, Porfirio Romo, y ello dio paso a las intervenciones –en ese orden– de mis queridos Héctor de Mauleón, Julio Patán y Ciro Gómez Leyva. Los tres estuvieron increíbles. Me tocó cerrar y aún hubo tiempo de un diálogo muy entretenido entre los cinco que ocupábamos la mesa.
Terminamos a las ocho y mientras la gente iba a tomarse un vinito, yo debí ir a una mesa para firmar libros y saludar a la gente que se acercaba por su dedicatoria.
Entre mis familiares, amigas y amigos ahí presentes estuvieron mi hijo Alain y su Hallet, mis hermanas Myrna e Ivette, mi sobrina Leyla, mi primo Gustavo, mi prima Irma, mi querido Adolfo Cantú, el buen Tona con Maya, amigas preciosas y adoradas como Majo, Letto, Ana Taddei, Jimena Colunga, Karem Martínez, Kattia Hernández, Kari, Jessica, Trilce, Dani Guerrero, Alejandra Gómez Macchia, Claudia y muchas personas más. Mi estimado Alejandro Sotram se encargó de grabar todo en video y me presentó a su papa y a su muy joven hermana, quien es escritora. Mención especial merecen Any y la hija de Porfirio Romo, encargadas por la editorial para que todo resultara bien.
Salí muy feliz de ahí.
martes, 11 de septiembre de 2012
Yo vi a la encuerada de Avándaro
En agosto de 1971 yo tenía dieciséis años. Durante los
meses previos había estado escuchando en la radio (sobre todo el Radio Éxitos)
y la televisión (en el programa La onda de Woodstock que producía
¡Jacobo Zabludovsky!) toda la promoción acerca del Festival de Rock y Ruedas
que se llevaría a cabo en Avándaro, Valle de Bravo, en el Estado de México.
Moría de ganas de ir, pero veía pocas posibilidades de hacerlo.
Medios
impresos, como las revistas Pop y México Canta, hablaban
maravillas de las bandas que ahí se presentarían y que en ese entonces gozaban
de gran popularidad. El Ritual, El Amor, Peace and Love, Bandido, Three Souls
in My Mind, La Tinta Blanca. En fin, todos teníamos ganas de acudir a la gran
tocada y no por la carrera de coches que también se anunciaba, sino por ese
festival que de alguna manera reproduciría, a nivel mexicano, lo que dos años
antes había acontecido en Woodstock.
Todavía el
viernes 10 de septiembre, por la mañana, no sabía si podría ir. ¿De dónde iba a
sacar los veinticinco pesos que costaba la entrada? ¿Cómo me iría, si tampoco
tenía lana para pagar el autobús a Toluca y el camión a Valle de Bravo? Todo
sucedió entonces de manera vertiginosa, intempestiva: mi primo Gustavo García
Arróyave y un amigo de nombre Víctor Michel (con quien ningún parentesco me
unía) me propusieron irnos en la camioneta del segundo. Acepté de inmediato. No
sé cómo demonios pude convencer a mi mamá de que me dejara ir y me prestara (es
un decir) treinta pesos. La cosa es que lo conseguí y a las seis de la tarde
partimos rumbo al idílico encuentro rocanrolero.
Viaje
sorprendentemente rápido y tranquilo. Antes de las diez de la noche estábamos
en los terrenos del festival. Emocionados, empezamos a recorrer el lugar. Miles
de jipitecas poblaban la noche frente al gran escenario. No dormimos. Vagamos
por aquí y por allá y así nos sorprendió el amanecer.
En la
mañana del sábado 11, aquello era alucinante. Decenas de miles de chavos y
chavas cubrían la amplia explanada silvestre que se extendía frente a nuestros
ojos. Yo que en ese tiempo me sentía hippie, que traía mi larga greña, que
creía en el lema “paz y amor” y que aborrecía al “sistema”, me sentía feliz de
estar ahí, con tantos “hermanos y hermanas”. En algún momento me interné en el
bosque y me crucé ¡con Carlos Baca!, director de México Canta y una especie de
gurú para todos los que leíamos sus siempre “alivianados” textos. Recuerdo que
cruzamos sonrisas y me sentí realizado.
La
vigilancia resultaba discreta. Algunas parejas de soldados recorrían el sitio
muy afables y, según se decía, incluso repartían cigarros de marihuana a
discreción. En esa época yo practicaba el vegetarianismo, pero respecto a las
drogas era fresísima y nada me metía (costumbre que he mantenido hasta la
fecha, como bien les consta a mis amigos).
Mientras
tanto, en el escenario se presentaba una versión fonomímica y bastante aburrida
de la ópera rock Tommy de los Who, por parte de una compañía teatral
de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. El sol pegaba a plomo. No
recuerdo qué hicimos hasta el anochecer, hora en que dio inició propiamente el
festival. Abrieron los Dug Dug’s, siguió Epílogo y luego vino La División del
Norte. Fue con esta banda que ocurrió el instante más memorable: la aparición de
la famosa encuerada de Avándaro.
Recuerdo
bien el momento. Sin decir agua va, los reflectores del escenario apuntaron
hacia uno de los camiones de Telesistema Mexicano (hoy Televisa) e iluminaron a
una diminuta (desde donde yo me encontraba) chavita que bailaba en playera
blanca y pantalones azules. De pronto, se despojó de la prenda superior y
mostró sus pequeños pechos. Luego se quitó el pantalón y quedó en braguitas
(rojas), mismas que ante los gritos desaforados de la multitud se bajó y volvió
a subir en un movimiento que duró si acaso dos segundos. Eso bastó para
volverla mítica.
Es lo
último que recuerdo del festival. Llevaba más de treinta horas sin pegar el ojo
y decidí irme a dormir “un ratito” a la camioneta. Desperté como a las diez de
la mañana del domingo 12. Mis compañeros se burlaron de mí por todo lo que me
había perdido. Ni caso tenía lamentarlo. Ya no vi a Peace and Love, al Three
Souls, a... Ni hablar.
El regreso fue lentísimo, a vuelta de rueda prácticamente
hasta Toluca. Pero a final de cuentas me sentí muy satisfecho. Sí, me quedé
dormido y me perdí a varias bandas…, ¡pero pude ver a la encuerada de Avándaro!
(Texto publicado en septiembre de 2011 en la sección El ángel exterminador de Milenio Diario).
(Texto publicado en septiembre de 2011 en la sección El ángel exterminador de Milenio Diario).
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viernes, 31 de julio de 2009
Buena y bluesera noche (la de anoche)

En ocasiones soy demasiado negativo. Ayer estuve todo el día con el mal (y a final de cuentas equivocado) presentimiento de que la tocada de Los Pechos Privilegiados iba a estar muy desairada y que ni siquiera se iban a parar por ahí las moscas. Denisse me regañó varias veces por mi mala actitud... y tuvo razón, porque hacía tiempo que no nos tocaba llenar tan a tope al Ruta 61, el cual se vio colmado de gente y permitió una presentación muy buena de nuestra banda. La verdad es que fue una noche memorable y el público se mostró más que entusiasmado. Esta vez no llegó María Emilia con su flauta mágica, pero apareció el Pelusa con sus armónicas fuera de serie e hizo que el sonido fuera más bluesero que nunca (en "El blues del destino" hubo un emocionante diálogo entre la armónica del Pelusa y la guitarra de Mauricio Mayén que arrancó aplausos y gritos de la concurrencia). En fin, todo salió casi perfecto (digo, tuvimos algunos errores de coordinación en el tema que estrenamos, "Amor brujo"). Entre los amigos y amigas que asistieron estaban Denisse (claro), Yosdy, Erick García con su chava, ¡Paulita Watson! (corista original de Los Pechos), Liss Hassan, los papás de Caro, Rose Marie, mi hermana Myrna y mi querida amiga Nancy Zahmer, aparte de un buen número de amistades de Giuliana y Carolina, nuestra cada vez más consolidada baterista. "Los tiempos tristes (se han ido)" se la dedicamos a Paula (quien la cantaba con nosotros) y a Eduardo Serrano y su novia Adriana (quienes se casan mañana sábado, ¡felicidades!). Buena noche de Pechos, sin duda.
miércoles, 27 de agosto de 2008
Un día poco usual

Junta de trabajo por la tarde en "El Péndulo" de Polanco. Nada que ver con el proyecto post-Mosca sino con otra cosa. Fue bueno conocer a todo el equipo (Lourdes, Ignacio, Mariana, Sergio, Maricarmen...). Un aguacerazo cayó mientras se desarrollaba la reunión y al salir de ahí, a las siete de la tardenoche, las calles estaban inundadas. Camino con Sergio hasta el metro "Auditorio". Él se queda ahí y yo decido irme a pie por Paseo de la Reforma con rumbo al centro. La avenida húmeda de lluvia se ve muy hermosa y no envidio a quienes van en carros o microbuses. Quedé de ver a P a las ocho en el metrobús "Reforma" y el tiempo me sobra. Decido seguir hasta donde me dé el cansancio. No me fatigo y sigo durante cuarenta minutos. Me da hambre y decido comer algo en un Starbucks cerca del Ángel de la Independencia. Me cae de perlas la tortita (que eso es lo que venden en ese lugar). Mensaje de P para que nos veamos hasta las ocho y media en el Bar Milán, donde se llevaría a cabo la presentación de un libro de fotografía y poesía editado por el suplemento Laberinto de Milenio Diario. Prosigo mi camino. Entre la glorieta del Ángel y la de Cuauhtémoc hay unas esculturas de sillas y sillones que no había visto. Me gustaron mucho. Llego a la calle Milán, en la colonia Juárez, a las ocho y cuarto. Afuera de un local hay un grupo de gente con el inequívoco prototipo de intelectuales. Pregunto si ahí es la presentación del libro y me dicen que sí. Decido esperar a P, pero aún faltan quince minutos para que llegue. La gente se mete al local y la sigo, si bien me extraña no ver a una sola persona conocida. Aprovecho para descargar la vejiga en un baño (uf) y entro al salón. En la mesa hay puros cuates desconocidos, lo cual me desconcierta. Estoy a punto de sentarme cuando suena mi celular. Me salgo para contestar. Es P, para preguntarme cómo llega al Bar Milán. Una amiga la lleva en su carro y andan por Avenida Cuauhtémoc. Le explico y le digo que la esperaré afuera. Al salir a la calle, pregunto si ahí es el Bar Milán (empezaba a dudarlo) y, en efecto: no lo es. Ja, me metí a otro bar y a otra presentación. El Milán está a escasos veinte pasos. Me encamino hacia allá y la presentación de Instantáneas distantes, con textos de Alicia Quiñones, va ya bastante avanzada. De inmediato veo caras conocidas (Rafael Tonatiuh, Tacho, Martín Durán, Fabián, Dulce Chiang et al). Pero P no llega. Salgo a la calle para llamarla. Anda un poco perdida, por la calle de Londres, y el amable portero del bar me da indicaciones para orientarla. Vuelvo a entrar. La presentación se hace densamente solemne con la lectura de poemas (Vallejo, Paz) y le digo a Tacho que hubiera sido bueno invitar a Alejandro Suárez para que leyera algunos, con el estilo que tenía en "La palabra canta" de La carabina de Ambrosio. Hace calor y vuelvo a la calle. Al fin llega P, entramos y justo en ese momento los aplausos indican que la presentación ha terminado. Saludamos a algunas personas (a José Luis Martínez, a Ivan Ríos Gascón, a Roberto López). Hay brindis de honor y la banda intelectual se amotina frente a la barra. El calor es fuerte y P y yo decidimos salirnos para ir a tomar un café o algo. Caminamos hasta la Zona Rosa y anclamos en un restaurantito chafa de la calle de Génova. Consumimos cualquier cosa y charlamos tan rico como siempre -todo el entorno se borra, estar ahí con ella es como trasladarse a un restaurante del Barrio Latino en París (et ça sera très tôt). Como a las diez y media tomamos un taxi en Reforma, para dejarla muy cerca de su casa y regresar a la mía sin problemas. Un día poco usual pero muy disfrutable.
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