martes, 31 de diciembre de 2013

20 + 1 pronósticos para el 2014

A punto de arrancar los motores del nuevo año, 
los servicios astro(i)lógicos de Mil cosas más presentan sus tradicionales 
presagios para los próximos doce meses, siempre inexactos pero 
perfectamente malintencionados.

Por Hugo García Michel

–La CNTE querrá seguir siendo protagonista en los titulares de los medios e intentará retomar el Zócalo, para lo cual buscará aliarse con el SME, los atenquistas, los Pancho Villa, los anarcopunks, los remanentes del #Yosoy132, el sector duro de Morena y los roqueros excluidos del Vive Latino.

–Una vez aprobadas las reformas estructurales, los nuevos motivos del lucha-lucha-lucha-no-dejes-de-luchar serán las leyes reglamentarias de aquellas, la consulta popular y el aumento de precio en los bicitaxis del Centro Histórico.

–La maestra Elba Esther Gordillo saldrá del tambo y tomará el primer avión con rumbo a Dallas, Texas, donde se dedicará a escribir sus memorias y hacer shopping. El título tentativo del libro autobiográfico será La profesora enseñante.

-Felipe Calderón seguirá viviendo en Boston y participará en el próximo maratón, sólo que lo hará con chaleco antibalas y custodiado por un par de guaruras. Se detendrá un kilómetro antes de la meta, no tanto por si se repite el atentado de 2013, sino porque ahí se reunirá con Roberto Madrazo para subir en un coche que los lleve derechito hasta el pódium.

–El PAN verá de nuevo en la presidencia del partido a Gustavo Madero, quien limará las asperezas con sus grupos antagónicos al proponerle matrimonio (político) a Josefina Sánchez Mota y lograr que la presidencia de la república nombre al senador Ernesto Cordero embajador honorario en las Islas Fidji.

–El PRI se sentirá el muchacho chicho de la película gacha, gracias a las reformas estructurales y al Pacto por México y empezará a preparar la aplanadora en vistas a las elecciones del 2015. Mapaches y expertos en la H. H. H. Operación Tamal empezarán a calentar motores.

–El PRD patentará las marchas en círculo y las hará no sólo alrededor del Ángel de la Independencia, sino también de la glorieta del Metro Insurgentes, el Estadio Azul y el Monumento a la Raza (la glorieta de El Caballito quedará excluida, porque ahí suelen aparecerse los anarcopunks para lanzar bombas molotov a quienes tengan enfrente).

–Andrés Manuel López Obrador reaparecerá en público en los primeras semanas del año, pero lo hará con nuevo look y nuevo mood. Luego del sustazo del infarto, vestirá túnica blanca, adoptará las doctrinas de Deepak Chopra y el Dalai Lama y en lugar de Peje pedirá que de ahora en adelante le digan Madiba.

–Andresito López será el nuevo líder de Morena y como primera medida exigirá a sus huestes el uso de tenis Louis Vuitron: “Caros pero resistentes”, será su lema de batalla. Quienes no cumplan con el requisito podrán regresar al PRD, al PT o a Movimiento Ciudadano.

–Miguel Ángel Mancera romperá con Marcelo Ebrard y lo declarará persona non grata en el Distrito Federal. El Carnal intentará apertrecharse en la colonia Condesa y nombrarla territorio autónomo.

–Manlio Fabio Beltrones volverá a dejarse el bigote a la Emilio Tuero y varios tríos de boleros le pedirán que se una a ellos.

–En vista del éxito de difusión obtenido por Manuel Velasco Coello (todos lo critican, pero todos hablan de él), varios gobernadores pensarán seriamente en solicitar el divorcio para casarse con estrellitas de la farándula y ver si la pegan para la grande.

–La senadora Layda Sansores cambiará su iPad por las obras completas de José Saramago, a fin de ponerse a buscar en ellas más frases tan contundentes como aquella que la inmortalizó: “¡Vayan y privaticen a su puta madre!”. Más tarde, recuperará su iPad y donará los libros al maese Noroñas para que los venda.

–En un desesperado afán por recuperar la popularidad perdida, el maestro Noroñas buscará al sup Marcos y le propondrá organizar en cada una de las comunidades zapatistas unos juegos florales (de paso, le pedirá permiso de poner una mesita para vender libros, entre ellos los de Saramago que le dará Layda).

–Al igual que en 2013, Televisa y TVAzteca proseguirán con su labor por hacer de la televisión abierta mexicana la más vulgar, aburrida y de mayor doble moral en el mundo (aunque vendrán nuevas cadenas…, para hacer lo mismo).

–Con nuevo entrenador, nuevos refuerzos, nuevos aires y nuevas esperanzas, Cruz Azul volverá a ser grande y repetirá como subcampeón del futbol mexicano.

Pumas y Chivas harán de nueva cuenta ese conmovedor ridículo al que temporada tras temporada han estado acostumbrando a sus seguidores.

–El Turco Mohamed llevará al América a una nueva final, ante Cruz Azul. No necesito pronosticar quién ganará.

–La selección mexicana será eliminada en la primera ronda del Mundial de Brasil y el Piojo Herrera será cesado, para convertirse en el nuevo entrenador de Lobos UAP.

Se anunciará el Vive Latino 2015, con la participación de Cristian Castro (con temas de Tool en estilo bolero-pop), Wisin & Yandel, Tucanes de Tijuana, la Banda Cuisillos y el reencuentro de Kabah. Por primera vez en la historia del festival, serán excluidos los grupos de rock.

–Mañana miércoles será 1 de enero de 2014.

(Publicado hoy en la sección QRR de Milenio Diario)

lunes, 30 de diciembre de 2013

Un Groucho muy personal

A petición de su novia Liza, hice este dibujo para mi amado hijo Jan, quien se encuentra en China con ella. Liza estuvo un mes en México y recopiló en hojas diversos mensajes de familiares y amigos de mi chilpayate para dárselos en Navidad. Este es el que yo le hice llegar, con todo mi amor. Jan ya lleva nueve meses en tierras orientales.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Frases, tuits y aforismos de 2013

He aquí algunos tuits o frases cortas, relacionados con asuntos de interés general, que se me ocurrieron y escribí en Twitter y facebook a lo largo de este año.

-El problema de la izquierda mexicana es que confundió al marxismo con el marchismo.

-Del marxismo-leninismo al pejismo-cretinismo, esa es en pocas palabras la triste historia de la izquierda mexicana.

-La frase más cursi del año: “¡Me dueles México!”.

-¡Se va el Perro Bermúdez y ustedes lloriquean por la reforma energética y el alza en el Metro!

-“Si usas el humor contra mis enemigos, eres un genio. Si lo usas contra lo que yo pienso, eres un provocador”.

-Nos urge una izquierda políticamente incorrecta.

-Corríjanme, pero, en términos pejistas..., ¿el Corona Capital es el festival de la mafia en el poder y el Vive Latino el del pueblo bueno?

-Ahora que necesitábamos a los de la CNTE, no aparecieron. ¿Por qué no bloquearon el Azteca y nos evitaron ese papelón de la selección?

-No volveré a abstenerme, prometo participar en las próximas erecciones.

-Ideología mata reflexión.

-Ese Maquiavelo sí que era maquiavélico.

-Deberían mandar a Alberto Anaya como embajador de México en Corea del Norte, para que sepa lo que es amar a Dios en tierra de Kim Jong-un.

-Con una tonta intención feminista, se insiste en decirles “poetas” a las poetisas. Con esa lógica, los hombres deberían ser llamados poetos.

-Leer citas de Paulo Coelho en facebook me hace sentir como Godínez en Sanborns.

-Cuando me dicen: "¡disfruta tu fin!", pienso que los únicos que pueden disfrutarlo son algunos suicidas.

Los amigos no son pasajeros, cuando me subo al metrobús no conozco a ninguno.

-Poner una coma entre el sujeto y el verbo debería ser considerado como delito de lesa humanidad.

-¿Son mis nervios o Daniel Craig (007) y Vladimir Putin podrían ser primos hermanos?

-Ser revolucionario y no tener sentido del humor es una contradicción hasta biológica.

-Quisiera ser un verbo copulativo.

(Publicado ayer en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

sábado, 28 de diciembre de 2013

Johnny, a veintidós años

Veintidós años ya. Veintidós años de ese 28 de diciembre de 1991 en que mi papá se fue de esta vida para entrar en otra dimensión, esa que todos desconocemos, que unos niegan y otros dan por segura, la de la vida después de la vida, la del sueño eterno, la de la muerte. Lo extraño como ser físico y palpable, pero lo siento muy cerca, en especial a partir de ese otro 28 de diciembre, pero de 2006, en el que de alguna manera convoqué su presencia sin saber que lo hacía. Ya otro día contaré algo al respecto.
  El caso es que Juan Rubén García Ayala, Johnny (como le decían mi mamá y algunas tías y primas del lado Michel de mi familia, quienes se quejaban de él pero lo adoraban), mi padre, hoy cumplió un aniversario más desde aquella mañana, en un hospital de Cuernavaca, cuando un coma diabético le arrebató el último aliento.
  Johnny: sé que sigues con nosotros. Sé que sigues conmigo (puedo sentirte). Pero sé también que estás allá, con Jorge y con Sergio, con don Emiliano y doña Guadalupe, con Gustavo, Luis, Evangelina, Emilio y desde hace poco tiempo, Esperanza. Con ellos y con otros más. Allá y aquí. Aquí y allá.
  Algún día nos reuniremos, pá, y estaremos juntos de nuevo.
  Te amo.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Tren nocturno

¿Por qué habría de suicidarse una joven talentosa, inteligente, saludable, con una carrera científica, sin problemas económicos, casada con un hombre que la ama y a quien ama, con una vida sexual plena, adorada por sus padres y aparte de todo tan bella como pocas? ¿Cómo es posible que una mujer así se quite la vida y aparezca en su habitación, desnuda, con restos de semen en la boca y con tres tiros en la cabeza? ¿Es suicidio como todos creen, menos su padre, jefe de la policía?
  Cuando éste, Tom Rockwell, encarga a su detective más confiable, la mujer policía Mike Hoolihan, que investigue el doloroso caso, ya que él no cree que haya sido suicidio sino asesinato y además sospecha que el asesino es el esposo de su hija, el joven profesor de filosofía Trader Faulkner, arranca esta novela estupenda, debida a la autoría del escritor británico Martin Amis (1949).
  Night Train (Anagrama) es un relato espléndido, narrado en primera persona por la detective Hoolihan quien, en efecto, se llama Mike y, por si fuera poco, tiene un físico tan fornido y masculino que podría pasar por lesbiana, aunque es tan heterosexual como la hermosa Jennifer Rockwell, la aparente víctima de una enredada trama en la que desfilan sospechosos, drogas, policías, hombres de ciencia, empleados chinos de la morgue, hipótesis cosmológicas y la teoría del caos, todo para que al final el caso quede como al principio, sin asesino culpable y con un juego macabro de la propia Jennifer, quien desde la muerte parece divertirse con Mike y los otros, pero sobre todo con Mike, la reflexiva detective ex alcohólica.
  Al final, con todas las dudas y pistas irresueltas que deja la novela para que el lector trate de resolverlas o de volverse loco, a mí me quedó una más: ¿puede alguien suicidarse de tres tiros en la cabeza?
  Gran narrativa la de Amis, más que recomendable. Quiero leer más obras suyas.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Natasha (historia de una foto)

Natasha y Sergio, octubre de 1968.
En 1968, la mejor gimnasta del mundo era la checoeslovaca Vera Caslavska. Sin embargo, la consentida de todos era una preciosa y pequeñita rusa llamada Natasha Kushinskaya. Ambas llegaron a nuestro país a fines de septiembre de aquel trágico año, para participar en los Juegos Olímpicos México 68, y ambas se alojaron en la Villa Olímpica, en Tlalpan.
  Por aquel entonces, mi hermano Sergio tenía veintitrés años y había estado muy metido en el movimiento estudiantil, hasta que supo que Natasha se encontraba viviendo a escasos kilómetros de su departamento, ubicado en Lomas de Plateros, en Mixcoac. Miles de mexicanos estaban enamorados de la atleta soviética, pero él tenía que conocerla y como hacía cada vez que se proponía algo, lo logró.
  Enfundado de traje y corbata y armado con su cámara de Super-8 y una Instamatic de Kodak, se dirigió a la Villa Olímpica sin saber si lo dejarían pasar y quiso la suerte que los guardias de la entrada lo confundieran ¡con Jacobo Zabludovsky!, le dieran su gafete y le franquearan el paso. Una vez adentro, no sé cómo fue que dio con la delegación de la URSS, pero el caso es que lo hizo y consiguió no sólo acercarse a la Kushinskaya, sino hacerse su amigo y empezar a visitarla casi todos los días. Además, se hizo cuate de varios miembros de dicha delegación, quienes le obsequiaron una chaqueta roja con la leyenda CCCP y con ella pudo hacerse pasar por ruso y entrar a la Villa cuantas veces quiso.
  Uno de esos días, llevó a nuestro primo Gilberto Verduzco Michel, quien tenía todo el tipo de galán de cine francés y logró impresionar a Natasha, tan fuertemente que en cierta ocasión la sacó de ahí y la llevó a comer al Sanborns de San Ángel, donde algún periodista les tomó fotos que salieron en el periódico. Nunca supe si Sergio se sintió celoso por ello.
  El 2 de octubre de aquel 1968, Sergio supo que habría un mitin en la Plaza de las Tres Culturas y tenía todas las intenciones de ir. Pero también quería ver a Natasha y de última hora, su platónico enamoramiento (hay que decir que para ese entonces llevaba dos años de casado y ya tenía a sus dos hijos: Enrique Alejandro, de un año y medio, y Viridiana, de escasos seis meses de edad) lo llevó a la Villa Olímpica en lugar de al lugar donde esa tarde sería masacrada tanta gente. Su amor por la hermosa rusita lo salvó de estar en aquel infierno. Fue algo providencial. Un milagro de la divina Natasha.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Tardebuena, Nochebuena y Navidad

Ayer, comida navideña en la nueva casa de mi hermana Myrna en Tepepan. Precioso el nuevo lugar en verdad. Ella y los suyos dieron un salto de calidad de vida de veras espectacular, lo cual me da muchísimo gusto. Estuvimos mi mamá. Ivette, Toño, Carlos, la propia Myrna, Jorge, Axel, Leyla, Hallet, Alain y yo. Todo muy agradable. Ya como a las ocho, Toño e Ivette nos dieron un aventó a Tlalpan, dejamos a mi mamá en su casa y me fui con Alain a donde Rosa, conde cené con la otra parte de mi familia: los Hellion. Estuvieron la propia Rosa, Rosita, Dereck, Gerardo, Yazmín, Emiliano, Santiago y Valentín. Isaura no estuvo, porque ya tiene novio formal y se fue a cenar con la familia de él, y Jan tampoco, porque está en China con Liza. Fue igualmente agradable todo, hicimos el intercambio de regalos, cenamos muy rico y terminamos temprano. Alain y Gerardo me dieron un aventón a la casa y me dormí como a las dos o tres.
  Hoy miércoles, la pasé aquí sin mucho que comentar. Descanso, básicamente, pero todo feliz y sereno.

martes, 24 de diciembre de 2013

2013: un recuento (1)

Mejor disco de rock: AM de Arctic Monkeys.
Mejor grupo de rock: Arctic Monkeys.
Mejor solista de rock: Laura Marling.
Mejor disco de música negra: The Electric Lady de Janelle Monáe.
Mejor grupo de música negra: The Roots.
Mejor solista de música negra: Janelle Monáe.
Mejor disco de rock avant garde: Field of Reeds de These New Puritans.
Mejor disco de post-rock: Kveikur de Sigur Rós.
Mejor disco de art rock: Repave de Volcano Choir.
Mejor disco de alt rock: Personal Record de Eleanor Friedberger.
Mejor disco de alt-folk: Wakin on a Pretty Daze de Kurt Vile.
Mejor disco de alt country: American Kid de Patty Griffin.
Mejor disco de rock electrónico: Settle de Disclosure.
Mejor disco de pop electrónico: Random Access Memories de Daft Punk.
Mejor disco de rock industrial: Hesitation Marks de Nine Inch Nails.
Mejor disco de rock pop: Modern Vampires of the City de Vampire Weekend.
Mejor disco de pop: Pure Heroine de Lorde.
Mejor disco de hip-hop: Yeezus de Kanye West.
Mejor disco de metal: Sunbather de Deafheaven.
Mejor disco de progresivo: The Raven that Refuses to Sing de Steven Wilson.
Mejor disco de blues: Cotton Mouth Man de James Cotton.
Mejor disco de jazz: Without a Net de Wayne Shorter.
Mejor regreso discográfico: Pearl Jam con Lightning Bolt.
Hecho mas sobresaliente del año: las reapariciones de David Bowie y My Bloody Valentine.
Hecho más lamentable del año: la muerte de Lou Reed.
Peor disco del año: What About Now de Bon Jovi.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

lunes, 23 de diciembre de 2013

Rock! con Los Locos del Ritmo

Aunque en su libro Guaraches de ante azul, el escritor e investigador Federico Arana hace constar el dato de que la primera grabación documentada de un disco de rock en México correspondió al grupo (“malo con ganas”) yucateco Los Monjes, cuyo vocalista era Alfonso Ontiveros, más tarde conocido como Guadalupe Trigo (q.e.p.d.), se trataba de un EP con dos canciones que nunca trascendió más allá de algunos círculos familiares y locales. Por eso puede decirse que el primer álbum en forma, el pionero de lo que sería el rock hecho en México, fue Rock! con Los Locos del Ritmo (Orfeón Dimsa, 1959).
  Formado en 1958 con el nombre inicial de Pepe y sus Locos del Ritmo, el grupo original estaba integrado por Antonio de la Villa, José Negrete, Alberto Figueroa, Álvaro González y José del Río. Su primer logro fue ganar el concurso del programa de televisión La hora internacional del aficionado que transmitía el canal 2 (las malas lenguas afirman que ganaron porque llevaban a un grupo de simpatizantes comandado por Luis Rodríguez "Palillo", dirigente de la porra del equipo de futbol americano de los Pumas de la Universidad). Como premio, el quinteto obtuvo el derecho de irse a Nueva York y concursar en El Show de Ted Mack, donde consiguió el segundo lugar. Ya de regreso al país, Figueroa y Del Río abandonaron al conjunto y en su lugar entraron Jesús González y Rafael Acosta, quienes dieron una gran fuerza a Los Locos, ya que ambos tenían la capacidad, el talento y la sensibilidad para escribir canciones. Fue la nueva alineación la que realizó el histórico primer larga duración del rock nacional.
  Rock! con Los Locos del Ritmo fue grabado en los estudios de la disquera Dimsa en 1959, si bien permaneció enlatado durante un largo año, pues los ejecutivos de la compañía, brillantes como suelen ser los funcionarios disqueros, pensaban que el álbum no tenía posibilidades de éxito. Craso error, ya que en 1960 fue uno de los viniles más vendidos y abrió las puertas a la llegada de un sinfín de agrupaciones rocanroleras en todo el país.
  Sin embargo, con todo el mérito que representa ser el disco pionero del rock en México, las virtudes de esta obra van mucho más allá del mero dato anecdótico y estadístico. En primer lugar, porque de las doce canciones que lo componen, seis son composiciones originales de Los Locos del Ritmo y dos de ellas se convirtieron en clásicos que perduran hoy día en el inconsciente (o más bien en el consciente) colectivo. Porque en efecto, “Tus ojos” y “Yo no soy un rebelde” han trascendido a varias generaciones durante más de cuarenta años y siguen siendo difundidas por la radio e interpretadas por una multitud de grupos de todo tipo. Se sabe, de hecho, que el autor de “Tus ojos”, Rafael Acosta, continúa recibiendo regalías por la canción.
  Otro punto a favor de este disco es que los cinco covers de canciones norteamericanas que incluye no son meras copias de las versiones originales, sino que sus letras están adaptadas a la realidad de la juventud mexicana de fines de los cincuenta, algo que los Teen Tops perfeccionarían muy poco tiempo después con sus arreglos letrísticos en canciones como “La plaga” o “El rock de la carcel”, entre muchas otras. Así, “Un gran pedazo de amor”, “Crecidito para amar” o “Nena no me importa” recibieron un tratamiento que las diferencia de las versiones en inglés y las transforma de un modo muy especial hasta casi hacerlas propias.
  Pero quizá la mayor importancia del disco estriba en que en el mismo está la voz esplendidamente rocanrolera, única, del malogrado Toño de la Villa, muerto en 1962, a los veintiún años de edad, cuando tenía todo para ser la máxima estrella del rock nacional. Aunque, quién sabe, posiblemente fue lo mejor que pudo sucederle, pues no sólo se convirtió en una leyenda que permanece, sino que se evitó el ridículo en el cual cayeron similares suyos como Enrique Guzmán, César Costa o Johnny Laboriel, quienes de cantantes de rocanrol pasaron a baladistas ñonos y acabaron como cómicos de la televisión. De la Villa aún alcanzaría a grabar otro álbum con Los Locos (Polvora, 1961), en el que se incluyen temas que les darían una mayor popularidad, como “Aviéntense todos”, “Cuatro ases de amor”, “Haciéndote el amor”, “Chica alborotada” y el propio “Polvora”, todos ellos covers, aunque el disco también contiene canciones originales como “La chica más linda del mundo” de Rafael Acosta y “Vengan todos a bailar” de Jesús González, entre otras.
  En la contraportada original de Rock! con Los Locos del Ritmo hay un texto en inglés (“The youngsters combo with a tremendous beat!) en el cual se les menciona como “The Crazy Rhythmers”, en un afán de la disquera por internacionalizarlos. No se logró, pero la huella que dejaron en México es imborrable y hasta hoy insuperable.

(Reseña publicada en mi libro Cerca del precipicio que me editó el diario El Financiero en 2012).

domingo, 22 de diciembre de 2013

Farewell, My Lovely

Vi esta muy buena adaptación de la novela homónima de Raymond Chandler (conocida en español como Adios, preciosidad), con el gran Robert Mitchum en el papel de Philip Marlow. La cinta, dirigida por Dick Richards en 1975, tiene todo ese tono espléndido de cine negro y es muy fiel al original escrito. Destacan muy en especial las actuaciones de Charlotte Rampling como Helen Gray, Jim Thompson como Mr. Grayle, John O'Leary como Lyndsay Marriott y el maravilloso gigante irlandés Jack O'Halloran como Moose Malloy, ese maravilloso y conmovedor personaje del relato, quien es un gángster duro pero enamorado que anda en la búsqueda desesperada de su antigua novia (ver foto, está al lado de Mitchum).
  Una estupenda adaptación para una gran novela.

sábado, 21 de diciembre de 2013

¡Pregúúúúúntame…!

Veo un video elaborado por un grupo de actores de eso que muchos llaman “el nuevo cine mexicano”. Luego de intercalar una serie de imágenes que van de las telenovelas (en las que varios de ellos suelen aparecer) al futbol y con el rubro “los mexicanos estamos muy distraídos”, viene un fragmento en el que algunos histriones identificados como progres se burlan burdamente del presidente Peña Nieto, al poner su imagen casi en negro y luego dejar escuchar su voz, mientras habla acerca de las bondades de la reforma energética, al tiempo que personajes como Gael García, Julieta Egurrola, Edith González y otros aparecen haciendo sardónicas caras de “¿y éste de qué habla?”. El mal gusto en esos primeros segundos es patente y francamente despectivo, como si los actores de marras fueran unos verdaderos expertos en el tema de la energía. En mí al menos, ver eso me produjo el efecto contrario al que imagino se busca. Lejos de simpatizarme, me parecieron unos mamonazos.
  No que quiera yo que regresen aquellos tiempos siniestros en los que la figura del primer mandatario era intocable y nadie podía cuestionarla ni con el pétalo de una crítica. Qué bueno que eso ya no existe. Pero en este caso, la altanería resulta tan torpe como arrogante.
  Continúa el video y enseguida, varios otros actores exigen ser consultados sobre el tema e insisten en la expresión “¡yo quiero que me pregunten!”. Ahí están Damián Alcázar, Héctor Bonilla, Daniel Giménez Cacho, ¡Charly Montana! y hasta Eugenio Derbez con su clásico grito “cómico” y ñero de “pregúúúntame!” que termina por quitarle toda su supuesta solemnidad cívica al asunto, mismo que culmina con una inexplicable sucesión de gritos histéricos. “¡Aaaaaaah!” van bramando los actores, sin que se entienda si están desesperados, angustiados, molestos o si sólo se les ocurrió echar un poco de relajo al final, antes de que surja el letrero: “El grito más fuerte” y aparezca Egurrola para preguntarle a Alcázar: “¿Entendiste?”, a lo que éste, con un movimiento de cabeza y carita zonza, dice que no.
  No, pues yo tampoco les entendí ni madres (nuestra izquierda nice y sus subversiones…).

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 20 de diciembre de 2013

La novia de mi papá

Ella es la actriz Amanda del Llano, muy famosa en los años cuarenta, cuando apareció en muchas películas de la llamada época de oro del cine nacional, entre ellas grandes cintas como Campeón sin corona de Alejandro Galindo y La oveja Negra de Ismael Rodríguez, al lado de Pedro Infante y Fernando Soler. Chiapaneca de nacimiento, llegó al Distrito Federal a finales de los años treinta y al parecer fue por esa época que conoció a mi padre y se hicieron novios, poco antes de que él conociera a mi madre. Nunca platiqué al respecto con mi papá y ahora me arrepiento. Pero es una de las leyendas familiares que se conservan vivas aún.

jueves, 19 de diciembre de 2013

El Centro Cultural Woody Allen

Cuando hace unos años me enteré de la existencia de un centro cultural que llevaba el nombre de mi admiradísimo (podría decir que uno de mis -pocos- ídolos) Woody Allen, lo primero que pensé fue: "estaría poca madre dar un curso ahí alguna vez". Quiso el destino que meses después, el buen Roberto Andrade, director del centro, me buscara (creo que mi amigo Arturo J. Flores me recomendó y le pasó mi teléfono) para proponerme dar un curso y como ya existía el de periodismo de rock, se me ocurrió algo que pensé me rechazaría por jalado de los pelos. El curso de marras se llamaría "Historia crítica del rock mexicano" y la idea era hacer un recorrido crítico a lo largo de los más de cincuenta años que tiene el rock en nuestro país, a fin de descubrir, junto con los alumnos que lo tomaran, en qué momento fue que la puerca torció el rabo y por qué el rock de estas tierras jamás ha podido salir de su etapa infantiloide.
  La propuesta fue aceptada y el 7 de noviembre de 2011 comencé a darlo, con una decena de asistentes. Fueron seis sesiones de dos horas que resultaron muy divertidas y aleccionadoras, gracias a la interacción de los alumnos. El curso sería solicitado un año después por los organizadores del Festival RoCkoauila y a finales de 2012 fui a darlo a la ciudad de Torreón, situación que se repitió en noviembre de 2013, cuando lo di en la capital coahuilense, Saltillo.
  Hace unos meses, di también un cursito sobre cómo hacer crítica de discos, al que asistieron sólo cuatro alumnos. Por alguna razón, la concurrencia en general estaba disminuyendo y era algo preocupante, pero no pensé que las cosas llegaran a tanto como para que el Woody tuviera que dejar sus instalaciones de la calle de Querétaro, en la colonia Roma, cosa que sucedió esta semana.
  Hoy pasé por ahí y estaban desmantelando el mobiliario, aparte de que su librería ofrecía todos los volúmenes (la selección siempre fue inmejorable) a mitad de precio. Me contó Francisco Santos, otro de los dirigentes del lugar, que como tal el Woody Allen no desaparece, sino que sólo deja su sede (esperemos que pronto encuentre otra) y que verán la manera de continuar con su labor en 2014.
  Yo les deseó lo mejor de lo mejor, saben que cuentan conmigo y espero que muy pronto haya nuevas y muy buenas noticias sobre este C.C. Woody Allen de tantos tan querido.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Flaubert

Terminé de leer la muy buena biografía de Gustave Flaubert, escrita por Jacques Suffel y editada por el Fondo de Cultura Económica en sus beneméritos breviarios. Aunque el estilo del texto es un poco seco y un tanto académico, en general resulta muy ilustrativo y da luces sobre muchos aspectos de la vida del autor de Madame Bovary y La educación sentimental. Darse cuenta de la dura vida de este hombre, quien se imponía una tremenda disciplina como escritor, resulta ilustrativo y por demás interesante, como interesante resulta saber también de su enorme gusto por las mujeres y la cantidad de amantes que tuvo en su vida, así como su relación de amistad con grandes personalidades de su época, como Víctor Hugo, George Sand, Turgueniev, Guy de Mauppasant y muchos más.
  El doloroso e inesperado final de Flaubert, arruinado por culpa del marido de su adorada sobrina Caroline y justo cuando se disponía a realizar un viaje de descanso a París, conmueve y entristece.
  Un libro que vale la pena leer, sobre todo si se es un lector amante de la obra del escritor, para mi gusto, uno de los más grandes literatos de la historia no sólo de Francia o de Europa, sino del mundo entero.
  Flaubert.

martes, 17 de diciembre de 2013

¡Salvajemente sonidero!

¡Ay, el Vive Latino! Cuando muchos pensábamos que el tropezón del año pasado, en que a los organizadores se les ocurrió incluir al grupo de cumbia los Ángeles Azules, iba a quedar como un mal chiste o un hecho meramente anecdótico, resulta que, lejos de eso, se trata una estrategia claramente planificada. 
  La semana pasada se anunció el elenco de lo que será la versión 2014 del festival y si bien hay agrupaciones de primerísimo nivel (aunque de “latinas” tienen lo que la CNTE de pacifista) como Nine Inch Nails, Primal Scream o Arcade Fire, la tendencia grupera y guapachosa no sólo persiste sino que crece y se reproduce, con la presencia de los Tigres del Norte y de algunas expresiones “sonideras” de nombres tan rocanroleros como Pablito Mix y Sonido Sonorámico.
  Convertido en un híbrido elefantiásico y populachero y bajo el pretexto de que “somos un festival de cultura hispanoamericana”, el “Vive” (como le dicen algunos cursis) lleva la promiscuidad musical a su máxima expresión y lo que en sus orígenes era un festival de rock, se acerca cada vez más a transformarse en un gran tíbiri que nada tendrá que envidiar a los que sabrosamente se organizan los fines de semana en La Merced y Pantitlán. Algo que quizá ni La Maldita Vecindad, en uno de sus sueños más húmedos, se hubiese atrevido a proponer.
  Por supuesto, el público cautivo (y pasivo) acepta todo sin chistar y hasta se entusiasma jubiloso. Ya veo a hipsters, darketos, punks y metaleros en hermandad rocker, al tiempo que entonan a voz en cuello la de “Jefe de jefes” o mueven el bote ante los ritmos primarios de Sonido Super Chango (sic).
  El Vive Latino es un signo de dónde está eso que en México se sigue llamando rock y que es cada vez más un ente lamentable en el que se entremezclan sin pudor el pop, la cumbia, el reggaetón, el bolero, el mariachi y la música grupera. Un “rock” en el que no existe el rock. Un “rock” representado por “roqueros” de la talla de Carla Morrison o el grupo Enjambre (quienes por cierto esta vez quedaron fuera del elenco). 
  Tal vez llegó la hora de cambiar el apelativo del “Vive” y haya que empezar a llamarlo el “Ai muere”.

(Mi columna "Gajes del orificio" de hoy en la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 16 de diciembre de 2013

La Quinta Guadalupe

Verde. De hierro forjado. Labrada. Íntimamente ligada a mi nostalgia de tiempos idos (dicen que mejores): la fachada de la Quinta Guadalupe, en la esquina norponiente de Coapa y Tesoreros, en la colonia Toriello, en el pueblo (mi pueblo) de Tlalpan. Verde. De hierro forjado. De memoria forjada. La casa de mis abuelos paternos. Don Emiliano García y doña Guadalupe Ayala. Sinaloenses. De El Fuerte. Floresmagonista, maderista, carrancista y cardenista él. Recia mujer norteña ella. Ya no están. Tampoco la mayoría de sus numerosos hijos (entre ellos mi padre, Juan). Pero la fachada pervive. Ahí está: la misma reja de afilados barrotes que nació –junto con la casona de altos (altísimos) techos y la fuente de piedra y las veredas de rojizo cemento y los jardines repletos de árboles que daban exuberantes y provocativas frutas (membrillos, duraznos, ciruelas, chabacanos, peras, manzanas, tejocotes, zarzamoras)-, la reja que nació, digo, allá por los años treinta, cuando mi abuelo Emiliano la mandó levantar en medio de lo que eran llanos, alejados apenas del pueblo de San Agustín de las Cuevas y sus calles de serpenteante subeibaja. Fachada entrañable, fachada de remembranzas dulces y amargas, de visitaciones y fantasmas, de innumerables tíos y primos que brotaban con la misma prodigalidad de los frutos arbóreos. Fachada de terrores, cuando había que entrar por la noche y el temible y bravo perro guardián de la casa buscaba el momento propicio para atacar y hacer pedazos a ese niño con pavor a los canes que era –que soy- yo. Fachada verde que ha cambiado, que ha sido alterada en pos de la seguridad que los tiempos imponen y que ya no deja ver los jardines, la fuente, las veredas, las escaleras que dan, todavía, acceso a la casona de los altos (altísimos) techos. Es la fachada que evocaré en mis instantes postreros. Mi fachada.

(Texto publicado en el El Financiero en 1994 o 1995, a petición expresa del director de la sección cultural de ese diario, Víctor Roura, quien a raíz de un aniversario más de dicha sección, solicitó a cada colaborador un artículo sobre su fachada más querida).

domingo, 15 de diciembre de 2013

El largo adiós

La leí por primera vez cuando tenía dieciocho o diecinueve años y la recordaba como una novela muy larga y complicada. He vuelto a leerla, cuatro décadas después y esta vez me pareció portentosa, espléndida, magnífica, una obra maestra.
  Me refiero a El largo adiós de Raymond Chandler, uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos, injustamente encasillado como mero pergeñador de novela negra, cuando se trata de un literato de grandes alturas.
  The Long Goodbye es mucho más que una novela negra, aunque también lo sea. Chandler emplea todos sus recursos y todo su talento para entregar una historia de crímenes, corrupción, manipulación, traiciones, cinismo, pero también de honestidad, lealtad, amistad, congruencia y ternura. Philip Marlowe, el personaje central, el detective privado que aparece en otras varias narraciones del autor, aquí se presenta como un ser humano contradictorio pero firme en sus convicciones, lleno de debilidades y falencias, mas igualmente de fortaleza y recio carisma. A su lado aparecen otros personajes, en especial de la alta burguesía de la ciudad de Los Ángeles, así como de la política, la delincuencia, los medios de comunicación y la policía, entidades todas que se entremezclan y se confunden entre oscuros intereses e inconfesables acciones. Sexo, violencia, vicio y desalmada crueldad en una investigación desarrollada durante los años cincuenta del siglo pasado que involucra a personas de la peor calaña y cuyo inesperado desenlace culmina de manera genial al libro.
  Una de las mejores novelas que he leído en mi vida, al lado, entre otras, de El rojo y el negro de Stendhal, Madame Bovary de Gustave Flaubert, Los hermanos Karamasov de Fiodor Dostoievsky, Anna Karenina de Leon Tolstoi y La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán, en ese nivel la pongo.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Tiempo de traidores

 Todo es como una gran puesta en escena. Teatro absoluto, en su más grotesca expresión. Gritos estentóreos, actitudes hieráticas, gestos exagerados, ademanes peripatéticos. Un enorme espectáculo carpero montado por la mano negra que mece la cuna de las buenas conciencias. La corrección política convertida en sketch tragicómico: el diputado que se desnuda en tribuna, los bravos militantes que gritan consignas mientras se saltan los torniquetes del Metro frente a una nube de fotógrafos, los ancianos acarreados para que golpeen con cazuelas las vallas metálicas que rodean al Senado, el dirigente que anuncia el final “definitivo” del Pacto por México, la senadora que insulta amparada en la frase sacada de contexto de un escritor famoso, el lidercito que amenaza con acusar al presidente de la república por traición a la Patria.
  ¿Es acaso el principio de la revolución, del movimiento de masas que llevará a Palacio Nacional a los autonombrados salvadores de nuestro destino, a los impolutos tomacalles y formacercos? En absoluto. Se trata, únicamente, de un montaje con actores histéricos (pocos, por cierto) que representan una obra escrita en la oscuridad y que buscan provocar efectos mediáticos que poco tienen que ver con lo que sus palabras y su gritería dicen. Morenistas y amarillos, cada secta por su lado, en un espectáculo circense que apela al desgañitamiento agresivo y amenazante que exclama: “¡Traidores! ¡Vendepatrias! ¡Entreguistas!”. Un muy mal show, demagógico y mentiroso, que trata de imponer burdas certezas, falsas percepciones y tergiversar la verdad de las cosas.
  Saben que no lograrán impedir aquello contra lo que dicen luchar (“la venta de la Patria, ¡oh!”), pero en el fondo es lo que menos les importa. La mira está más allá, en el 2015, en las próximas elecciones, para ver quiénes, entre morenistas y amarillos, logran quedarse con la mayor tajada del botín. Eso es todo. Nada más.
  Es tiempo de traidores, tiempo de canallas (diría Lilian Hellman), sí, sólo que a esos traidores y a esos canallas en realidad habría que buscarlos en otro lado.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

viernes, 13 de diciembre de 2013

Infinita tristeza

Era una muy buena amiga en facebook. Nunca la pude conocer en persona. Charlábamos de vez en cuando por el chat y aunque diferíamos en ciertas cosas, eran muchas más las coincidencias. La última vez que hablé con ella, a mediados de noviembre, me pidió que le consiguiera una playera de la Mosca. Hace justo una semana, me enteré de que había muerto. No lo podía creer (aún me cuesta trabajo creerlo). Una mujer tan joven, tan bella, tan afable, tan inteligente, se fue de la manera más trágica y terrible. Hay muchos puntos oscuros en su muerte, cuestiones que no quiero ventilar aquí por respeto a su memoria. Me contaba situaciones que vivía y que, a últimas fechas, eran cada vez más tremendas. Le aconsejé que se alejara de ciertas personas nefastas, pero aunque me daba la razón, no lo hacía. No lo hizo y el desenlace fue el peor, el más horrible y triste.
  Niña hermosa, nunca te conocí en persona pero sí pude saber que eras un ser bello en todos los sentidos. Tan bello como débil y que esto último te condujo a un callejón sin salida del que sin embargo no saliste por tu voluntad. Te sacaron del mismo y de esta vida. Hay deudas que tarde o temprano tendrán que pagarse.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Louise Colet: mucho más que la amante de Flaubert

La figura de Louise Colet tiene visos de leyenda. No obstante, dicha leyenda se debe más al hecho de haber sido la gran amante de Gustave Flaubert que por su propia obra como escritora. El mito se ve reforzado ante las muchas versiones acerca de que fue en Louise que el escritor se inspiró mayormente para dar alma, sustancia, carácter y vida al más grande de sus personajes, la entrañable Emma Bovary, protagonista central de la obra maestra de Flaubert.
  Sin embargo, las cosas no son exactamente así. Muchos años antes de que el autor de La educación sentimental lograra la fama, Colet era ya una productiva poetisa y ensayista, una feminista declarada y una escritora reconocida por la Academia Francesa. Así pues, cuando ambos se conocieron, era ella –a sus treinta y seis años– la que gozaba de celebridad, mientras que él –a sus veinticuatro– era apenas un aspirante a novelista.
  Nacida en Aix-en-Provence, Francia, el 15 de agosto de 1810, Louise Colet era una mujer de belleza extravagante, naturaleza impetuosa (Flaubert la describió como de carácter “meridional”) y poco creyente en la fidelidad. Casada con el músico Hippolyte Colet, tuvo entre sus amantes al escritor Alfred de Musset y al filósofo Victor Cousin,  pero fue su relación con Flaubert la más apasionada y duradera (la misma transcurrió a lo largo de nueve años, de 1846 a 1855). Las más de tres mil cartas que se escribieron son una muestra palpable de esa gran pasión. Por desgracia, las misivas de Louise fueron destruidas por Caroline, la obtusa sobrina única de Gustave, quien las consideró inmorales y provocó que se perdiera la mitad de la espléndida correspondencia.
  Amante de la bohemia, eran célebres los salones literarios que Louise Colet organizaba y a los que acudían diversos personajes de la vida cultural parisina, como François-René de Chateaubriand y Georges Sand.
  En 1860, la escritora viajó a Italia para apoyar la lucha de Camilo Cavour y Guiseppe Garibaldi y se convirtió en una acérrima crítica del Vaticano. Durante su estancia en Roma, quiso entrevistarse con el Papa Pío IX para manifestarle sus desacuerdos con el alto clero y sus dispendios (escribió notables textos al respecto), pero acosada por la policía secreta, debió renunciar a sus intenciones y abandonar la ciudad.
  Los méritos literarios de Louise Colet no han sido debidamente reconocidos por la posteridad. Con todo, la escritora publicó una decena de libros, no sólo de poesía sino también relatos y novelas -de una de ellas, Lui (1859), se dice que fue un intento fallido por responder a Madame Bovary-, entre los que destacan Fleurs de midi (1836), La jeunesse de Goethe (1839), Les coeurs brisés (1843) y Enfances célèbres (1865). Varios de sus títulos pueden encontrarse en ediciones en español.
  Louise Colet moriría en 1876, cuatro años antes que Gustave Flaubert, de quien siempre llevaría el estigma de haber sido su musa. Un estigma que le fue siempre incómodo, pero que, paradójicamente, le aseguró la posteridad que su propia obra le negara.

(Texto publicado el pasado sábado 7 en la sección "De culto" del suplemento cultural Laberinto (No. 547) de Milenio Diario)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Claudia y Tatiana

A mediodía fui a tomar un café con mi guapa amiga Claudia Espinosa, actriz y escritora torreonense que ya lleva un tiempo de vivir en el DF. No era la primera vez que nos veíamos en persona (de hecho, la segunda), pero sí que podíamos platicar largo y tendido como lo hicimos. Fue un rato más que agradable y el inicio, estoy seguro, de una excelente amistad.
  Ya en la noche vino a cenar y a desvelarse conmigo Tatiana, mi entrañable y querida amiga desde hace más de seis años, brillante periodista, talentosa escritora, inteligente ser humano y simpática y muy guapa mujer. Fueron largas y deliciosas horas en las que la música, la charla y el vino permitieron que la pasáramos como siempre que nos vemos: más que bien. Ahora me llegó con la noticia de que le acaban de dar una beca en España y estará por allá durante seis meses, a partir de febrero próximo. Se lo merece. Es una persona que debería estar en un lugar mucho más preponderante del que hoy ocupa, como editora en la revista emeequis. Gran noche, gran día.

martes, 10 de diciembre de 2013

Lennon y Zappa

Dos genios de la música del siglo veinte. Ambos fallecieron en diciembre. John Lennon, asesinado el día 8 de ese mes, en 1980. Frank Zappa, muerto por un cáncer de próstata, el día 4 del último mes de 1993. Pero eso no fue lo único que los asociaba. Aunque la enorme popularidad de Lennon no puede compararse con la mucho más limitada de Zappa, ambos se mantuvieron siempre en la vanguardia, ambos experimentaron con la música, ambos fueron ácidos críticos de la sociedad establecida, ambos dejaron una obra que ha trascendido y seguirá haciéndolo por décadas y quizá por centurias.
  Compararlos sería injusto y bastante inútil. Aunque yo pueda decir, por ejemplo, que la genialidad de Zappa era mucho mayor que la de Lennon y aporte los argumentos para ello, habrá quienes me rebatan con otros puntos de vista. Finalmente, la música es un arte y no una competencia (aunque el mercado la haya arrastrado a absurdos cualitativos como las listas de popularidad –que es decir de mayores ventas– o las premiaciones anuales que a la larga nada significan (¿cuántos ganadores del Grammy están hoy en el olvido, mientras que alguien como Zappa jamás fue premiado y su importancia artística crece cada día sin que sus discos se vendieran por millones?).
  John y Frank tuvieron un único encuentro musical y el hecho es un hito histórico, registrado en el álbum doble de 1972 Some Time in New York City de Lennon. Se trató de una presentación en concierto de Zappa y The Mothers of Invention en la que al final subieron al escenario el ex beatle y su mujer, Yoko Ono (ver foto). No es precisamente la mejor de las actuaciones de estos músicos, pero sí un momento por demás curioso (una narración detallada de dicha tocada en el Fillmore East de Nueva York puede ser leída en el número de este mes de la revista Mosca, debida a la pluma de Alejandra Gómez Macchia).
  Hace un par de días se recordó la muerte de John Lennon y hace seis se cumplieron veinte años de la de Zappa. Seguramente, los dos hubieran creado aún mucha música de enorme calidad. No fue así por desgracia, pero quedó su obra para ser apreciada y disfrutada. Loor a estos dos genios.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

lunes, 9 de diciembre de 2013

Rock: los quince mejores discos de 2013

2013 ha sido un año difícil en todo el mundo. La violencia, las tensiones bélicas, el terrorismo, la crisis económica y las grandes catástrofes naturales lo marcaron, como han marcado a cada anualidad desde hace ya muchas décadas. Por suerte y como eficaz bálsamo, en el mundo de la música y, en especial, dentro de los terrenos de eso que seguimos llamando rock, el balance es muy positivo en lo internacional (y para no variar, bastante pobre en lo nacional). He aquí los que a mi modo de ver son los quince álbumes fundamentales del año en orden decreciente.

15. British Sea Power. Machineries of Joy. Una obra magnífica que aprovecha de maravilla los recursos del estudio de grabación para entregar un álbum hermoso y elegante, divertido y seductor. El poderío de la mar británica a plenitud.

14. James Blake. Overgrown. El talento de este joven cantante y compositor queda patente en este su segundo disco, un trabajo propositivo y lleno de canciones amorosas en ambientes llenos de neblina y lobreguez. Misterio y romanticismo decimonónico traducido en inquietantes baladas electrónicas.

13. The National. Trouble Will Find Me. Un disco lleno de paradojas. Dulce pero ansioso, conmovedor pero exasperado, bello pero demoniaco, con una música que hace honor a la vulnerabilidad humana y a la insignificancia final de los sentimientos. Una obra hermosamente triste.

12. Atoms for Peace. Amok. La creatividad de Thom Yorke no deja de sorprender. Con este primer disco de su proyecto alterno, ofrece una serie de composiciones audaces y propositivas. Un álbum estupendo, tan cerebral como emocional, tan técnico como visceral.

11. Low. The Invisible Way. El grupo anti-grunge por antonomasia en un plato sutilmente minimalista. Producido por Jeff Tweedy, The Invisible Way es una obra de gran madurez creativa, una colección de canciones tan intensas como entrañables.

10. Steve Mason. Monkey Minds in the Devil’s Time. El tercer álbum solista del líder fundador de The Beta Band es una colección de brillantes gemas en las que desarrolla algunas de sus inquietudes de crítica social, pero sobre todo propone una música estupenda, variada, inventiva. Un enorme disco.

9. Arcade Fire. Reflektor. Aguardado con ansiedad por tirios y troyanos, el cuarto opus de los canadienses no alcanzó las alturas de sus tres antecesores. Un gran disco, digno de aparecer en las listas de lo mejor del año, pero era tanto lo que se esperaba que no cumplió con las expectativas generadas.

8. Julia Holter. Loud City Song. Música profunda de matices atmosféricos y poéticos. Julia Holter ha producido un disco que es una obra de arte en la que sus acercamientos al rock, el jazz, la electrónica, el dream pop y el avant garde sólo pueden describirse como perfectos.

7. Queens of the Stone Age. …Like Clockwork. Un álbum que recurre a las raíces de QOTSA para retrotraerlas al presente y actualizarlas con genio, elegancia y poderío. Pudo ser el disco más destacado del año…, pero hubo otros mejores.

6. Nine Inch Nails. Hesitation Marks. Un disco duro, oscuro, espeso,  contundente. Trent Reznor vuelve por sus fueros, esta vez con una sabia contención que sin despojar de su filo crítico a las composiciones, las equilibra y las enriquece. Extraordinaire.

5. Laura Marling. Once I Was an Eagle. Intimista, provocativa, intensa, sensual, la música de Marling resulta perfecta para su voz cálida e intencionada que en este álbum se ve enmarcada por una instrumentación sobria y austera. Un disco para almas etéreas y espectrales.

4. Janelle Monáe. The Electric Lady. Monáe sigue haciéndonos pensar que es una extraterrestre genial y con la tercera parte de su monumental concepto Metropolis, establece que lo suyo es la más compleja variedad musical. Impactante.

3. These New Puritans. Field of Reeds. Una obra de arte. Composiciones armónicamente intrincadas, constantes rompimientos rítmicos y melodías que van de la belleza celestial a lo infernalmente escalofriante. Avant-garde, jazz, rock, aires clásicos y pasajes que parecen parte del score de una película inexistente. Una joya absoluta.

2. Arctic Monkeys. AM. Un vehículo de placer totalmente rocanrolero. Un viaje gozoso por territorios de enorme belleza musical y un espíritu desafiante y altivo que resume lo mejor del rock inglés de todas las épocas. En verdad espléndido.

1. Pearl Jam. Lightning Bolt. Una verdadera obra maestra. Uno de los mejores álbumes de Pearl Jam, incluso a la altura del legendario Ten de 1991, aunque con marcadas diferencias. Doce composiciones extraordinarias que lo mismo recrean el clásico sonido del grupo que incursionan en nuevos aires estilísticos. El disco del año.

(Publicado este mes en el No. 432 de la revista Nexos)

domingo, 8 de diciembre de 2013

Si Lennon no hubiera muerto

Cuando en 1967, los Beatles incluyeron en el álbum Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band la canción “When I’m Sixty Four”, seguramente no imaginaron que sólo un par de ellos habría de llegar a los sesenta y cuatro años. Uno, el propio autor del tema: Paul McCartney. Otro, el menos brillante del cuarteto, al menos desde un punto de vista artístico: Ringo Starr.
  Los otros dos no corrieron con la misma suerte. George Harrison murió de cáncer en 2001, a los cincuenta y ocho años, mientras que John Lennon falleció víctima de la bala de un asesino en 1980, cuando apenas había cumplido los cuarenta.
  El pasado 9 de octubre, el autor de “Imagine” y “Revolution”, de “Mother” y “Hapinees Is a Warm Gun”, de “God” y “Across the Universe” debió estar celebrando su aniversario número setenta y tres y aunque muchos lo festejaron alrededor del mundo, resulta claro que él ya no está aquí y que lo que perdura es tan sólo su obra.
  Pero, ¿qué habría pasado si John Lennon no hubiera muerto hoy hace exactos treinta y tres años?
  La famosa sentencia radical de Pete Townshend en su composición “My Generation” (“Prefiero morir antes que envejecer) no se aplicaba a lo que Lennon pensaba y sentía en 1980. Meses antes de su inesperada muerte, en el disco Double Fantasy (1980), John cantaba en “Beautiful Boy (Darling Boy)” a su pequeño hijo Sean, de escasos cinco años: “Apenas puedo esperar para verte crecer / pero supongo que ambos deberemos ser pacientes / Sí,  es un largo camino por transitar” (de esa misma canción es la famosa frase lennoniana “la vida es justo lo que te sucede mientras estás ocupado en hacer otros planes”). Asimismo, a Yoko Ono le cantaba en “Grow Old with Me, escrita también en 1980 pero aparecida en el álbum postumo  de 1984 Milk and Honey: “Envejece conmigo / lo mejor está por venir”.
  “Es duro de creer que hoy él tendría setenta años”, comentó en 2010 Elton John, al ser interrogado al respecto sobre quien fuera su gran amigo. “Es difícil pensar que John se perdió la computadora personal, el Twitter. Me pregunto qué habría hecho con todas esas cosas que ahora nos resultan tan habituales. Pero siento que él hubiese aprovechado muy bien esas herramientas y las usaría de un modo revolucionario. Él seguiría estando a la vanguardia de todo”.
  A más de tres decenios de distancia de la muerte del ex beatle, la perspectiva del tiempo nos permite apreciar la enorme cantidad de cambios que ha sufrido el mundo entre 1980 y 2013. A pesar de su fecunda imaginación, parece poco probable que Lennon hubiera vislumbrado la caída del Muro de Berlín, la desaparición de la Unión Soviética y de casi todo el bloque socialista, el surgimiento de la Unión Europea y el nacimiento del euro como moneda única, la integración multirracial en Europa y buena parte de los Estados Unidos, el ataque contra las Torres Gemelas en la propia ciudad de Nueva York donde vivió y murió, la llegada a la Casa Blanca de un presidente negro, el acelerado deterioro ambiental, el amenazante calentamiento global y tantos hechos ecológicos que han hecho de la Tierra un planeta cada vez más inhabitable. Tampoco habría imaginado los extraordinarios avances tecnológicos y su uso en la vida cotidiana de buena parte de la humanidad: no llegó a conocer el disco compacto (difundido a nivel masivo a partir de 1981), la internet, el teléfono celular, el DVD y mucho menos cosas como el iPod, el iPad, la música digitalizada, el smartphone, la grabadora digital, el libro virtual, las redes sociales, etcétera, etcétera, etcétera.
  En cuanto a la música, no llegó a saber del grunge, el britpop, el hip-hop, el trip-hop, la actual electrónica, el post rock, la world music, el alt-country, el llamado indie y tantos géneros y subgéneros que surgieron a lo largo de las tres décadas más recientes, varios de los cuales le hubiesen resultado fascinantes y muy posiblemente habría incursionado en ellos.
  Sin duda, se sentiría orgulloso de la finísima música compuesta por su hijo Sean y casi de seguro seguiría abominando de los discos de Paul McCartney. Tal vez hubiera atemperado sus posiciones políticas cercanas a la ultraizquierda y en algún momento habría hecho migas con Tony Blair y Barack Obama, lo mismo que con Bono (aunque quizá no le gustara del todo el protagonismo políticamente correcto del líder de U2).
  No hace mucho, Yoko Ono comentaba que “en los viejos días, el rock era rock, el jazz era jazz, el avant garde era avant garde, lo clásico era clásico. Hoy, en cambio, los músicos lo mezclan todo y no les importa hacerlo. Es algo hermoso”. Lennon pensaría de manera muy parecida y lo más factible es que sus composiciones, de 1980 a la fecha, habrían sorprendido a propios y extraños por su apertura y su absorción de las nuevas tendencias. No resulta difícil imaginarlo en colaboraciones lo mismo con raperos y hip-hoperos como N-Dubz, The Roots y The Streets que con diyéis como Dan the Automator o Danger Mouse (le encantaría el Gray Album, en el que este DJ combinó las canciones del álbum blanco de los Beatles con el hip-hop y la electrónica) o con grupos experimentales como TV on the Radio o The Fiery Furnaces. Sin embargo, es presumible que también se habría acercado a gente como Damon Albarn, Jarvis Cocker, Paul Weller, Jack White y hasta Noel Gallagher o que a principios de los noventa hubiera tenido una estrecha relación con Kurt Cobain.
  No debemos descartar discos con amigos de la vieja guardia como Bob Dylan, Neil Young, Eric Clapton, Elton John, Pete Townshend, Ray Davies e incluso Mick Jagger y Keith Richards y filmaciones con Martin Scorcese, Woody Allen y Terry Gilliam.
  Por supuesto que hubiese grabado con Yoko Ono (aunque tal vez a estas alturas podrían haberse divorciado), su hijo Sean y en una de esas hasta con su hijo Julian. Con McCartney llevaría una relación amable pero distante, aunque difícilmente se habría llegado a conseguir una reunión de los Beatles, incluso cuando George Harrison aún vivía.
  Imagino que Lennon seguiría viviendo en Nueva York, en el mismo edificio Dakota, y que mantendría su sentido del humor sardónico y mordaz, completamente irreverente. Sin embargo, el FBI lo habría dejado en paz desde tiempo atrás y hasta sería amigo de Barack Obama y habría recibido alguna condecoración de la Casa Blanca.
  El pasado 9 de octubre, sus más cercanos habrían festejado su onomástico y guitarra en mano, como una broma, John hubiese cantado con voz irónica y estentórea: “When I’m seventy three”.

sábado, 7 de diciembre de 2013

¡Habemus Pejito!

La humareda que provocó la suspensión de un partido de la NBA en la Arena Ciudad de México parece una parábola de lo que sucede en ciertos ámbitos de la vida política nacional. Porque ya todo estaba listo para que se iniciara el juego, cuando un transformador estalló de manera impensada y causó un ambiente irrespirable que impidió el desarrollo del encuentro de básquet programado de tiempo atrás.
  Algo similar aconteció con el Pacto por México: todo parecía ir por el buen carril, hasta que llegó el momento de aprobar o no la reforma energética y surgió el humo negro que hizo que el PRD abandonara al mayor logro político en lo que va del actual sexenio. Error de dicho partido, por cierto, ya que deja la puerta abierta para que el PAN y el PRI aprueben la reforma que ellos quieran. Es decir que, en este caso y a final de cuentas, el humo nada canceló.
  Pero donde el efecto humareda sí llegó fue en Morena y allí el humo apareció en forma de infarto y directo al corazón de Andrés Manuel López Obrador, justo un día antes de que encabezara el cerco contra el Senado para “impedir” las sesiones sobre la mencionada reforma. Ya sabemos que don Peje está por fortuna fuera de peligro, pero no en condiciones físicas como para ir a formar cadenas humanas. Por eso, el famoso cerco fue mera llamarada de petate; al menos el miércoles pasado, cuando hubo apenas unas centenas de poco entusiastas cercadores, en su mayoría activistas de la CNTE.
  Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue el virtual destape del hijo de AMLO, Andrés Manuel Jr. (aquel de los tenis Louis Vouiton), como líder morenazo o morenístico (as you like). Al viejo estilo lopezportillista de “el orgullo de mi nepotismo”, parece que el heredero político de López Obrador será su heredero de sangre, lo cual no debe tener muy contentos a Martí Batres, Ricardo Monreal o el mismísimo Nico (quien de chofer de Tsuru saltó a asesor sine qua non del hoy convaleciente). Será interesante ver cómo se empieza a mover el junior del tabasqueño fuera del jet set y de cara a la raza brava de Morena.
  Ahí sí que hubo humo, pero humo blanco. ¡Habemus Pejito!

viernes, 6 de diciembre de 2013

Deux amies

Al mediodía me tomé un café en la librería del Fondo de Cultura Económica de Chimalistac con Aura Ortiz, una amiga de face a quien no conocía aún en persona y que resultó tan bonita como en sus fotos, además de muy suave y tranquila, como buena música que es (toca el bajo en un grupo de reggae). Fue un rato realmente agradable con esta bella mujer por cierto nacida en Francia.
  Ya en la tardenoche vino otra amiga nueva, Erica, con quien también la pasé muy divertido entre la charla, la música y el vino tinto. Sin duda un viernes muy bueno.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Joni Mitchell, blue at seventy

“I learned the truth at seventeen
That love was meant for beauty Queens”.

Janis Ian
“At Seventeen” 

“Mi madre era una mujer romántica. Me educó con lecturas de Shakespeare, mientras a otras niñas les leían la Biblia”, dijo Joni Mitchell al Washington Post en 1969. Este simple hecho marca mucho de lo que es y ha sido esta cantautora (en la mejor acepción de la palabra) que acaba de cumplir setenta años de edad y lo hace ya jubilada de la música (su último disco –literalmente el último– es el magnífico Shine de 2007 y al respecto declaró: “Mi retiro resulta fácil de explicar. La música era como un viento que soplaba dentro de mí y de pronto dejó de soplar. Simplemente se fue”).
  Parte importantísima de la generación de músicos que el rock y el folk dieron al mundo durante la década de los sesenta, la canadiense (nació en Fort Macleod, Alberta, en noviembre de 1943) es mucho más que la sola compositora de la canción “Woodstock” que popularizaran Crosby, Stills, Nash and Young en 1969. En realidad se trata de una creadora en toda la extensión de la palabra, cuya obra musical y poética (y en menor grado también pictórica) ha llenado de belleza, sensibilidad e inteligencia a varias generaciones, desde que escribió sus primeras composiciones hace casi medio siglo (su primer disco, Song to a Seagull, es de 1968).
  Roberta Joan Anderson, adoptó el nombre de Joni Mitchell cuando se casó con el cantante de folk Chuck Mitchell, en 1965, matrimonio que resultó prácticamente efímero pero que le otorgó el apellido que le daría celebridad. En 1951, a los ocho años, había caído víctima de una epidemia de poliomielitis que se dio en Canadá (de la que también fue víctima Neil Young, dos años más joven que Mitchell) y ello la obligó a hacer uso durante toda su vida del llamado pulmón de acero, lo cual no fue obstáculo para que desde muy temprana edad se convirtiera en fumadora y aún así se dedicara al canto (en realidad, de joven ella estaba segura de que sería pintora, pero alguien la persuadió, por fortuna, de que lo suyo era la música).
  Fue en 1962 que Joni hizo su primera presentación en público, en un pequeño café de Saskatoon, Canadá. Tenía diecinueve años y una timidez a flor de piel. Pero al ver que el escaso público de esa noche respondía a su propuesta y gustaba de su voz, se decidió a seguir adelante y convertirse en una intérprete de música folk. Había aprendido a tocar guitarra con el método impreso de Pete Seeger, pero poco a poco fue creando su propio y particularísimo estilo. Así pues, en 1965 optó por trasladarse a Toronto e iniciar allá su carrera profesional (se cuenta que durante el viaje en tren desde Calgary compuso su primera canción, “Day After Day”, una balada inspirada en el ritmo que marcaba el tren sobre las vías, sonido que le gustaba desde niña, cuando pasaba horas asomada a la ventaba de su casa, cercana a la estación ferroviaria de su pueblo natal).
  Casada y divorciada de Chuck Mitchell (quien lo único bueno que le dejó fue, como ya señalé, su apellido), Joni no tardó en elevarse como la espuma, sobre todo a partir de que se presentó en Detroit y Nueva York. Su estilo era muy diferente al de estrellas folkies del momento como Joan Baez o Judy Collins y esto llamó la atención de gente como David Crosby, quien se ofreció a producirle su primer disco, el ya mencionado Song to a Seagull.
  A partir de ahí y a lo largo de los siguientes años y décadas vendrían grandes álbumes como Ladies of the Canyon (1970), Blue (1971), Court and Spark (1974), Mingus (1979), Dog Eat Dog (1985), Night Ride Home (1991), Both Sides Now (2000), Travelogue (2005) y el testamentario Shine, entre otros más (en total fueron veintiún discos en estudio en casi cuarenta años).
  Artista de minorías, Joni Mitchell siempre ofreció un estilo de composición intrincado, de estructuras complicadas que se fueron sofisticando aún más con el tiempo. No es una autora de canciones simples y convencionales. Incluso usaba afinaciones poco ortodoxas en su guitarra y sus acordes eran peculiares y arriesgados. De igual manera, su manera de cantar aprovechaba su voz poderosa para alcanzar momentos inimitables. Tal vez por ello se retiró hace seis años, quizá porque su voz ya no era capaz de darle lo que ella necesitaba.
  ¿Hará lo que otros y de pronto regresará por sorpresa con un nuevo disco? No parece que así sea. Siempre fue una mujer congruente y sabia. Mejor así y que disfrute la vejez con su otra gran pasión: la pintura. Su legado es lo bastante amplio como para que todos lo visitemos y lo disfrutemos. La gran Joni Mitchell.

(Publicado hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario).

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La segunda fiesta de la Mosca

Con Viridiana Villegas.
Aunque fue más a solicitud del Pata Negra que por alguna razón celebratoria (no es aún nuestro aniversario), anoche se llevó a cabo en dicho lugar la segunda fiesta de la Mosca. No hubo tanta gente como en la primera ocasión (calculo un poco menos de la mitad), quizá porque debido a mi viaje a Coahuila esta vez no me aboqué tanto a invitar gente y lo dejé en manos de otras personas. Aun así, el lugar se mantuvo lleno en la primera sección (la de atrás no fue abierta como en julio) y los dos grupos que se presentaron (Red Burning Mustangs como abridor y Volcán como estelar) cumplieron con su bueno y muy sólido rock (en lo personal, me gustaron más los primeros).
  Por ahí estuvieron mi hijo Alain y mi nuera Hallet, el primo Héctor Hellion, mi entrañable Marijose, Vero Maza, Aarón Olvera, Toño Ledezma y Lupita Rosas, Esteban Amozorrutia, Xana, Alex Otaola, Ricardo Sandoval, Jorge Manjarrez, la adorable Viridiana Villegas, Vicente Jáuregui, Talía y, sorpresivamente, mi querida amiga de Tepic Jimena Colunga (fue sorpresa que llegara a la fiesta, yo ya sabía que estaba en el DF y hasta vino a cenar a la casa).
  Me regresé como a la una de la mañana, cuando ya muchos de mis conocidos se habían marchado. Tomé un taxi junto con Marijose que nos dejó a cada quién en su respectivo edificio.
  Todo bien en general.

martes, 3 de diciembre de 2013

¿Norah Jones y Green Day?

Lo acepto: el título de la columna es un tanto tramposo y, sí, busca llamar la atención del lector. En realidad debió ser: ¿Norah Jones y Billie Joe Armstrong? Porque estos dos personajes de la música, tan diferentes en apariencia, acaban de unirse para grabar un disco sui generis, un álbum impensado, como impensada parecería ser la unión entre una sofisticada intérprete de jazz y música popular como Jones y el front man de un grupo de rock punk como Armstrong.
  Foreverly (Reprise, 2013) es un plato delicioso, un larga duración que homenajea a los legendarios Everly Brothers, pero lo hace de manera diferente. Norah y Billie Joe no buscaron las canciones más famosos de los hermanos Everly (como “Wake Up Little Susie”, “All I Have to Do Is Dream” o “Bye Bye Love”), sino que reprodujeron completo uno de los álbumes más significativos del antiguo dueto, el Songs Our Daddy Taught Us de 1958, para cantar cada uno de los cortes del mismo. El resultado no pudo ser mejor. Las voces de Jones y Armstrong se amalgaman a la perfección y dan una frescura y una nueva vida a las composiciones, todas ellas viejas melodías del folk y el country estadounidense, básicamente del sur profundo pero en su raíz blanca.
  Foreverly es un disco de una finura esplendorosa. No hay voces solistas. Los dos intérpretes, ambos figuras consagradas de la música actual, dejan a un lado egoísmos o estrellismos absurdos para entregarse de corazón a cada uno de los temas, mismos que, como el título original de los Everly Brothers indica, eran canciones que su padre les cantaba de niños y que quisieron reproducir cuando, a fines de los años cincuenta del siglo pasado, decidieron abandonar al rock and roll e incursionar en la música folclórica de su país.
  Todas las canciones del disco son magníficas, pero podemos destacar algunas como “Barbara Allen”, “Kentucky”, “Down in the Willow Garden” y “Who’s Gonna Shoe Your Pretty Little Feet”.
  Un disco realmente hermoso. Toda una sorpresa de este dueto igualmente sorpresivo e inesperado.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orifico" de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

lunes, 2 de diciembre de 2013

A retomar el ritmo

Regresé ayer al Distrito Federal. Alonso pasó por mí a la una al hotel. Antes había yo desayunado en el restaurantito del mismo: el típico buffet chafa de jugo de naranja, huevos con jamón que saben a jabón, frijoles aguadísimos, café tibio y un hot cake difícil de masticar. Ni modo.
  Alonso fue mi mayor (¿el único?) contacto que tuve realmente con la Secretaría de Cultura coahuilense, pero entiendo que los encargados andaban llenos de actividades. Muy buen tipo el hombre, siempre diligente y amable. Lamento no haber visto a Sylvia (quien al parecer se fue a la FIL de Guadalajara) y a Prometeo (quien ni sus luces). Ni hablar.
  El vuelo de regreso estuvo muy tranquilo y resultó más corto que el de ida. Llegamos a las tres y pico de la tarde, tomé un taxi en la terminal 2 (carísimo de Paris, como decía Denisse) y llegué a casa después de las cuatro, porque debido al mitin de López Obrador que hubo hoy en el Zócalo, todo el DF era un desmadre.
  Tarde tranquila en casa. Alcancé a ver los partidos el fut y descansé. Hablé con Rosa y todo bien por allá.
  En cuanto a hoy lunes, nada que señalar de extraordinario. Aún me sentí un poco fuera de forma, aunque empecé a trabajar en diversas cosas.
  Ahora, a retomar el ritmo habitual.

domingo, 1 de diciembre de 2013

¡Pobre negrito!

Me entero de que la empresa Bimbo ha decidido remplazar el nombre de ese panecillo seco cubierto de chocolate al que conocíamos como “Negrito” para rebautizarlo como “Nito” (?).
  Desconozco las razones verdaderas que hay detrás de esa determinación, pero –sospechosista que es uno– puedo imaginarlas. No sé si por motu propio o por presiones del Conapred o de alguna de esas ociosas oenegés que pululan sin oficio aunque con beneficios, pero todo parecería indicar que se trata de una muestra más de esa siniestra corrección política que nos infesta desde hace algunos años y que nos hace hablar y comportarnos como si viviéramos dentro de un gigantesco y omnipresente eufemismo.
  Casi puedo visualizar la escena. Alguien “descubrió” de pronto que la palabra “Negrito” es racista –y por tanto discriminatoria– y exigió que el pastelillo de marras cambiara de apelativo (ya en esas, mejor le hubieran puesto “Afroamericanito”). De seguir así, el siguiente paso será demandar post mortem a Francisco Gabilondo Soler, el malévolo Cri Cri, por haber compuesto esos horrores de lesa humanidad intitulados “Negrito sandía” y “La negrita Cucurumbé” o a Mercedes Sosa por haber cantado aquella de “Duerme, negrito”.
  ¿Por qué adoptamos de los gringos esa idiota pretensión de ser políticamente correctos? Hace unos meses, en un artículo que publiqué en mi columna de música “Gajes del orificio” de la sección ¡hey! de este mismo diario, mencioné que en sus inicios los integrantes de Café Tacuba se disfrazaban de “inditos” y entrecomillé la palabra para remarcar que tales disfraces me parecían una tontería. Pues no tardó un lector en mandarme un tuit para llamarme clasista y amenazarme con levantar una denuncia en mi contra, ante el Conapred, por llamar así a los indígenas… ¡y lo decía en serio!
  En fin. Ya no hay “Negritos” sino “Nitos” y me pregunto qué es lo que sigue. ¿Qué una organización civil defensora de las aves palmípedas de corral, por considerar que con su nombre se les veja, se les discrimina y se les sobaja, exija a Marinela que les cambie el nombre a los “Gansitos”?
  Yo creo que no tardan.

(Publicado ayer en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

sábado, 30 de noviembre de 2013

Viaje a Coahuila, cuarto día (Saltillo 3)

Noche de insomnio y pocas horas de sueño. Tuve que levantarme temprano de todos modos, ya que la sesión del curso era hoy a las diez de la mañana. Desayuné cualquier cosa y pasó por mí Alonso. Sólo asistieron tres alumnos y vimos los años noventa y lo que va del rock en México en este siglo. Final del curso. Por ahí estuvo Genaro, de la Secretaría de Cultura, a quien hasta ahora no había visto. Regreso al hotel para comer (una crema de poblano y un pollo a la vinagreta exquisitos, en el Pour la France) y luego de nuevo al centro de Saltillo que estaba atestado de gente y hasta congestionadas sus calles (algo al parecer insólito, según me contó Alonso), debido a que más tarde iban a inaugurar el árbol navideño en la Plaza de Armas (justo frente a donde queda la Secretaría de Cultura). Pero llegamos a tiempo para la presentación de la Mosca. Como era de prever, si en condiciones normales la gente no estuvo asistiendo, con el desmadre del centro, menos. Con todo, hubo ¡seis! asistentes. Mucho menos que en Torreón, pero con la misma emotividad. Al final nos tomamos fotos y todo fue amable y grato.
  Salimos y nos quedamos a ver la famosa inauguración del enorme pino artificial, por parte del gobernador del estado de Coahuila (Rubén Moreira). Me sentí como en una escena de aquella película Las fuerzas vivas de Luis Alcoriza (1975). Muy chistosa la cultura priista del culto a la personalidad, mucho más notoria en los estados (el maestro de ceremonias del acto se desgañitaba en sus loas y agradecimientos "al Señor Gobernador y a su Señora Esposa"). Simpático.
  Pude regresar al hotel sin muchas dificultades y llegué temprano. Volví a pedir cena al cuarto y pasé a la sala de negocios del hotel (o sea, donde se encuentran las compus con internet). Saludé a la bella recepcionista saltillense (Verónica López, dice su gafete). Fue el último día en la ciudad. Mañana emprenderé el regreso a mi amado DF.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Viaje a Coahuila, tercer día (Saltillo 2)

Dormí largo y tendido, para recuperar la mala noche en Torreón. La cama aquí está deliciosa. Como se me pasó la hora del desayuno (tiene que ser antes de las diez), fui al Starbucks por un café capuchino y un pan dulce. A las cuatro fue la segunda sesión del curso, ahora con sólo cuatro personas... Ni hablar. Pero estuvo bien. Vimos las décadas de los setenta y los ochenta. Me regresó Alonso al hotel y en realidad no hay mucho más que contar, salvo que mi cuarto, confirmo, está muy a gusto y que la recepcionista del hotel es muy amable y está muy linda.
  Por cierto, no he visto a ninguno de mis conocidos en Saltillo. De Sylvia y Prometeo (cada quien por su lado) ni sus luces. Lástima.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Viaje a Coahuila, segundo día (Saltillo 1)

Noche mala, de mucho frío y mal sueño. Me levanté temprano para desayunar con Alonso en el hotel (muy buen buffet en el Marriott) y partir de Torreón a Saltillo por carretera en un carro de la Secretaría de Cultura de Coahuila. Partimos a las diez y media. Dos horas y cuarenta minutos por una carretera de poco tránsito, largas rectas y paisajes desérticos por momentos aridísimos y por momentos de monumentales montañas rocosas. Fue entretenido e ilustrativo, gracias a las explicaciones de Alonso sobre los diferentes sitios. Se me pasó rápido.
  Llegamos a Saltillo cerca de la una y media y me instalaron en el hotel Quinta Dorada, muy diferente al Marriott, menos suntuoso pero mucho más acogedor y amable. El cuarto bastante mejor (aquí hay desde secadora del cabello hasta refrigerador y horno de microondas). Las habitaciones dispuestas en dos plantas alrededor de un jardín con alberca (que con el frío del clima nadie usaba cuando llegué). Las comidas serán en un restaurante de comida francesa aledaño al hotel: Pour la France, muy agradable y con muy buen menú. Me dio tiempo de comer (sopa de cebolla y un panini de queso y jamón) y a las tres y media pasó Alonso por mí para llevarme a la sede de la Secretaría de Cultura, en cuyo auditorio Emilio "Indio" Fernández iniciaría yo mi curso "Historia Crítica del rock mexicano". Sólo asistieron seis personas, pero estuvo entretenido y participativo. Vimos lo que fue el rockcito en las décadas de los cincuenta y los sesenta, con cerca de cuarenta ejemplos musicales. El auditorio, muy bonito; lástima que no acudió más gente (me dijeron que eso se debió tal vez a que más tarde iba a presentarse Molotov en la ciudad, dentro del marco del mismo festival Rockoauila). Regresé al hotel temprano, como a las ocho. Pedí la cena en el cuarto (una hamburguesa con papas, buenísima), vi tele, acudí a la sala de internet, leí y me dormí a buena hora.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Viaje a Coahuila, primer día (Torreón)

El taxi pasó por mí a las diez y media de la mañana y a las once ya estaba yo en la terminal 2 del aeropuerto (siempre me adelanto y luego paso demasiado tiempo en espera). Saqué en pase de abordar en una de las computadoras de Aeroméxico que están ahí ex profeso y me metí a desayunar al Wings. Malito el almuerzo pero robé tiempo. Finalmente fui a documentar mi equipaje y pasé a la sala de espera. El avión salió puntual a las doce y media del mediodía. Vuelo tranquilo y llegada a Torreón pasaditas las dos de la tarde. Un enviado de la Secretaría de Cultura de Coahuila estaba ahí para recibirme (Alonso). Muy buen tipo, muy amable. Me llevó al hotel Marriott (el mismo donde estuve hace un año, mas por suerte en un mejor cuarto). Me instalé y comimos juntos. A las tres y media nos lanzamos al Centro Cultural Pilar Rioja, situado en una colonia popular de la ciudad, en las faldas de un cerro rocoso. Me cuentan que hasta hace dos años, nadie osaba poner un pie en esos rumbos y los taxis se negaban a llevarlo a uno hasta allá, dada la violencia y la inseguridad que había. Me dicen que ahora las cosas han cambiado notablemente y que nada hay que temer. Ah bueno.
  Me recibió Gerardo Moscoso, el encargado del Centro, un hombre muy amable y dedicado a lo suyo. La presentación de la Mosca estaba anunciada, pero sólo había una persona que aguardaba, un chavo, lector asiduo de la revista, con el que me puse a platicar. Luego me hicieron un par de entrevistas (una para Milenio Laguna y otra para Milenio TV de la región lagunera).
  Como a las cinco y media comenzamos la presentación, con unas veinte personas presentes. Estuvo muy bien. Hablé sobre la historia de la revista y todos sus avatares y conté algunas anécdotas. La gente la pasó muy bien. Había como cinco ex alumnos del curso que di el año pasado en la propia ciudad. Vino la sesión de preguntas y respuestas y al final firmé algunos ejemplares moscosos y regalé otros de la nueva época. Un artista local me regaló un grabado muy bonito.
  Terminamos como a las siete y media y me invitaron a tomar unas cervezas a un bar local. Me despedí de Gerardo y le agradecí el magnífico trato, le avisé a Alonso que me iría con mis ex alumnos y en el carro de la novia de uno de ellos (Eduardo), nos fuimos al lugar, situado en el centro (éramos cinco: Eduardo, su novia, Fernando, Karla y yo). La pasamos muy bien. El lugar es un antro decorado con fotos de los Beatles y la chava que atendía estaba guapa. Como a las diez me llevaron al hotel, muy cerca de ahí. Mañana parto a Saltillo temprano.

martes, 26 de noviembre de 2013

Las (buenas) Guerras Civiles

No me refiero, por fortuna, a guerras civiles como esa que parecería estarse gestando en el estado de Michoacán entre los llamados grupos de autodefensa y los Caballeros Templarios, con las autoridades y el ejército como terceros en discordia. Nada de eso. Dado que esta es una columna de música, estoy hablando de un dueto que responde al nombre de The Civil Wars, cuya finísima propuesta se inscribe dentro de un alt-folk con un tinte retro y un apego a las tradiciones musicales del sur y el centro de los Estados Unidos, en especial del estado de Tennessee.
  Si ya con su álbum debut, el fenomenal Barton Hollow de 2011, este proyecto originario de Nashville había demostrado su gran calidad interpretativa (la conjunción de voces entre la bella y sonriente Joy Williams y el más bien circunspecto John Paul White resulta impresionante en sus bellísimas armonías), con su disco homónimo de 2013 no hace sino confirmarla.
  The Civil Wars (Columbia) es un trabajo contundente, de una belleza a la vez límpida y oscura. Fuertemente arraigado a la música de raíces, pero en especial al folk y el country, el sonido de este plato nos traslada a tiempos que se remontan a la primera mitad de la centuria pasada e incluso hay ecos del siglo XIX, pero sin que en momento alguno llegue a escucharse como una curiosidad plena de polvorientas antiguallas. Todo lo contrario, cada canción está elaborada con un cuidado de orfebre y con una sensibilidad exquisita, tal como se puede escuchar en finas gemas musicales como “The One That Got Away”, “I Had Me a Girl”, “From This Valley”, “Same Old Same Old”, “Dust to Dust” y “Oh Henry”, por sólo mencionar a cuatro de los doce temas que conforman el disco.
  Aparte de las deliciosas voces (en especial la de Williams), los arreglos dotan a cada pieza de la atmósfera justa. Las instrumentaciones son austeras pero precisas, sencillas pero generosas. Hay una gran fuerza interpretativa en The Civil Wars, nada de concesiones blandengues o nostalgias baratas disfrazadas de “romanticismo”.
  Una joya.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orifico" de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

lunes, 25 de noviembre de 2013

Un aniversario que no fue... y sí

Bosques de Tetlameya.
Si Rosa, la madre de mis hijos, y yo no nos hubiéramos divorciado en 1992, hoy hubiéramos cumplido treinta y nueve años de relación. Uf, cómo pasa el tiempo desde aquella tarde de 1974 en que me le "declaré" en una calle de Bosques de Tetlameya (una colonia que a mediados de los noventa iba a volver a cobrar mucha relevancia para mí y por motivos más o menos parecidos). Lo bueno es que después de mil avatares y circunstancias de todo tipo (más dos hijos maravillosos), hoy Rosa y yo nos llevamos muy bien y somos  buenos amigos. Obvio que el cariño permanece. Treinta y nueve años ya.