lunes, 23 de diciembre de 2013

Rock! con Los Locos del Ritmo

Aunque en su libro Guaraches de ante azul, el escritor e investigador Federico Arana hace constar el dato de que la primera grabación documentada de un disco de rock en México correspondió al grupo (“malo con ganas”) yucateco Los Monjes, cuyo vocalista era Alfonso Ontiveros, más tarde conocido como Guadalupe Trigo (q.e.p.d.), se trataba de un EP con dos canciones que nunca trascendió más allá de algunos círculos familiares y locales. Por eso puede decirse que el primer álbum en forma, el pionero de lo que sería el rock hecho en México, fue Rock! con Los Locos del Ritmo (Orfeón Dimsa, 1959).
  Formado en 1958 con el nombre inicial de Pepe y sus Locos del Ritmo, el grupo original estaba integrado por Antonio de la Villa, José Negrete, Alberto Figueroa, Álvaro González y José del Río. Su primer logro fue ganar el concurso del programa de televisión La hora internacional del aficionado que transmitía el canal 2 (las malas lenguas afirman que ganaron porque llevaban a un grupo de simpatizantes comandado por Luis Rodríguez "Palillo", dirigente de la porra del equipo de futbol americano de los Pumas de la Universidad). Como premio, el quinteto obtuvo el derecho de irse a Nueva York y concursar en El Show de Ted Mack, donde consiguió el segundo lugar. Ya de regreso al país, Figueroa y Del Río abandonaron al conjunto y en su lugar entraron Jesús González y Rafael Acosta, quienes dieron una gran fuerza a Los Locos, ya que ambos tenían la capacidad, el talento y la sensibilidad para escribir canciones. Fue la nueva alineación la que realizó el histórico primer larga duración del rock nacional.
  Rock! con Los Locos del Ritmo fue grabado en los estudios de la disquera Dimsa en 1959, si bien permaneció enlatado durante un largo año, pues los ejecutivos de la compañía, brillantes como suelen ser los funcionarios disqueros, pensaban que el álbum no tenía posibilidades de éxito. Craso error, ya que en 1960 fue uno de los viniles más vendidos y abrió las puertas a la llegada de un sinfín de agrupaciones rocanroleras en todo el país.
  Sin embargo, con todo el mérito que representa ser el disco pionero del rock en México, las virtudes de esta obra van mucho más allá del mero dato anecdótico y estadístico. En primer lugar, porque de las doce canciones que lo componen, seis son composiciones originales de Los Locos del Ritmo y dos de ellas se convirtieron en clásicos que perduran hoy día en el inconsciente (o más bien en el consciente) colectivo. Porque en efecto, “Tus ojos” y “Yo no soy un rebelde” han trascendido a varias generaciones durante más de cuarenta años y siguen siendo difundidas por la radio e interpretadas por una multitud de grupos de todo tipo. Se sabe, de hecho, que el autor de “Tus ojos”, Rafael Acosta, continúa recibiendo regalías por la canción.
  Otro punto a favor de este disco es que los cinco covers de canciones norteamericanas que incluye no son meras copias de las versiones originales, sino que sus letras están adaptadas a la realidad de la juventud mexicana de fines de los cincuenta, algo que los Teen Tops perfeccionarían muy poco tiempo después con sus arreglos letrísticos en canciones como “La plaga” o “El rock de la carcel”, entre muchas otras. Así, “Un gran pedazo de amor”, “Crecidito para amar” o “Nena no me importa” recibieron un tratamiento que las diferencia de las versiones en inglés y las transforma de un modo muy especial hasta casi hacerlas propias.
  Pero quizá la mayor importancia del disco estriba en que en el mismo está la voz esplendidamente rocanrolera, única, del malogrado Toño de la Villa, muerto en 1962, a los veintiún años de edad, cuando tenía todo para ser la máxima estrella del rock nacional. Aunque, quién sabe, posiblemente fue lo mejor que pudo sucederle, pues no sólo se convirtió en una leyenda que permanece, sino que se evitó el ridículo en el cual cayeron similares suyos como Enrique Guzmán, César Costa o Johnny Laboriel, quienes de cantantes de rocanrol pasaron a baladistas ñonos y acabaron como cómicos de la televisión. De la Villa aún alcanzaría a grabar otro álbum con Los Locos (Polvora, 1961), en el que se incluyen temas que les darían una mayor popularidad, como “Aviéntense todos”, “Cuatro ases de amor”, “Haciéndote el amor”, “Chica alborotada” y el propio “Polvora”, todos ellos covers, aunque el disco también contiene canciones originales como “La chica más linda del mundo” de Rafael Acosta y “Vengan todos a bailar” de Jesús González, entre otras.
  En la contraportada original de Rock! con Los Locos del Ritmo hay un texto en inglés (“The youngsters combo with a tremendous beat!) en el cual se les menciona como “The Crazy Rhythmers”, en un afán de la disquera por internacionalizarlos. No se logró, pero la huella que dejaron en México es imborrable y hasta hoy insuperable.

(Reseña publicada en mi libro Cerca del precipicio que me editó el diario El Financiero en 2012).

3 comentarios:

PALESTRA DE FIGUEROA dijo...

" Hay más cosas en el cielo que las que puede soñar tu filosofía "

Juan Fernando Campos N. dijo...

Estoy de acuerdo los dos primeros LP´s fueron grandes discos de Rock y además crearon un sonido muy especial que después ningún grupo tendría. Para mi, inclusive, algunas de las rolas en español superaron las originales como ejemplo "Pólvora" y la Mantequilla" de Cliff Richard el ídolo inglés.

Juan Fernando Campos N. dijo...

Estoy de acuerdo los dos primeros LP´s fueron grandes discos de Rock y además crearon un sonido muy especial que después ningún grupo tendría. Para mi, inclusive, algunas de las rolas en español superaron las originales como ejemplo "Pólvora" y la Mantequilla" de Cliff Richard el ídolo inglés.