viernes, 20 de febrero de 2026

De Émile Zola a Sandra Ferrer Valero

No deja de ser fascinante cómo internet puede llevarte de la mano de un lugar a otro, de un tema a otro. Hace un rato estaba yo metido en el capítulo IV de la espléndida novela Nana, de Emile Zola (noveno libro de la saga naturalista de veinte títulos "Los Rougon-Macquart") cuando quise acordarme del año de su publicación y me entró la duda. Busqué el dato en Google y confirmé que fue editado en 1880. Al lado de la información me apareció la imagen de un cuadro del pintor francés Édouard Manet llamado "Nana" y me interesó saber si lo había realizado a raíz de la novela de Zola. No fue así: el precioso óleo de una mujer en ropa interior (ver imagen) es de 1877 y, en todo caso, la relación entre pintura y novela podría ser al revés: que el escritor se haya inspirado en el cuadro para caracterizar físicamente al personaje de la prostituta Nana (pronúnciese Naná). Vi entonces que la pintora impresionista Berthe Morisot (quien mantuvo con Manet una especie de romance platónico, en una conmovedora historia de amor que por cierto incluyo en la novela sobre París que estoy escribiendo) también tenía un cuadro parecido, con una mujer frente al espejo de su tocador. Me metí a leer sobre ese cuadro y ahí vi que otra pintora contemporánea (y rival profesional y de amores de Morisot), la parisina Eva Gonzalès (así se escribe en francés y la acentuación recae en la última sílaba, como todas las palabras en ese idioma), había pintado cuadros con el mismo motivo. Me fui a Wikipedia para ver otras pinturas (espléndidas todas) de Gonzalès y en las referencias finales me apareció un libro en el que viene su biografía: Mujeres en la historia, de la escritora catalana Sandra Ferrer Valero (1976). Bueno, ya descargué el libro de esta autora a quien yo desconocía hasta hoy, junto con otros tres títulos suyos (Mujeres silenciadas en la Edad Media, Breve historia de la mujer y Breve historia de Isabel la Católica).

Así fue el periplo de este mediodía por la red: de Zola a Ferrer Valero, pasando por tres artistas del impresionismo: Manet, Morisot y Gonzalès. Resultó tan fascinante como divertido.