viernes, 16 de mayo de 2014

Duda existencial No. 2: Acerca de nombres, animales y plantas

Los humanos damos nombres propios a a los animales, a los países, a las ciudades y claro, a las personas. También se los damos a ciertas cosas, como una guitarra, un barco, una muñeca, etcétera. Sin embargo, no solemos dar nombre propio a las plantas. ¿Por qué? Lo desconozco.
  Si adoptamos a una mascota, esta indefectiblemente será bautizada con un apelativo. Pero si ponemos una planta en casa, jamás le damos la honrosa identificación de un nombre propio. Hay quienes hablan con sus plantas y sus flores (dicen que es bueno para ellas) y quienes hasta les ponen música. Pero no conozco a alguien que las haya singularizado con un nombre.
  Cuenta Hugo Hiriart, en su divertido ensayo "Nombres y literatura. Un enfoque", que José Revueltas tenía un árbol en su casa al que llamaba Sánchez. Así, nada más. El árbol Sánchez. A muchos les parecía una locura. A mí me resulta una cosa preciosa y un ejemplo a seguir. En mi apartamento no tengo mascotas, pero sí tres plantas: una en la sala y dos al otro lado de la puerta de entrada. Me prometo pensarlo bien y ponerle nombre a las tres. Nombres femeninos, obviamente.
  Ya lo empecé a pensar.