domingo, 22 de febrero de 2015

Nicky Hopkins: dedos mágicos

Los músicos de sesión suelen ser héroes desconocidos. Resultan tan brillantes y hacen tanto o más que las renombradas figuras para quienes trabajan en los estudios de grabación, pero sus nombres permanecen en el anonimato o en la letra pequeña –esa que nadie lee– de los créditos de los discos. Ahí está el caso de los músicos de Muscle Shoals, cuyos apelativos muy pocos recuerdan, o de gente como el gran saxofonista Bobby Keys, la esplendorosa cantante Merry Clayton o el impecable tecladista Nicky Hopkins, quienes trabajaron para hacer más grande la obra de muchas súper estrellas del rock.
  Hopkins merece un lugar muy especial en el santoral de los músicos de sesión, aunque también fue integrante –así fuese efímero– de agrupaciones como la legendaria Quicksilver Messenger Service. Nacido en Londres, Inglaterra, en 1944, Nicholas Christian Hopkins había empezado a tocar el piano a los tres años de edad y su virtuosismo lo hizo entrar con facilidad en el circuito del rock británico sesentero. Sin embargo, una enfermedad crónica intestinal (el mal de Crohn) que padecía desde niño y le exigía constantes tratamientos médicos y operaciones quirúrgicas, le impidió ser parte fija de algún grupo y lo condenó a conformarse con la posición de sedentario músico de sesión durante casi toda su vida.
  Aun así, su actividad fue constante en los estudios de grabación londinenses y su piano estuvo presente en el primer álbum de The Who, My Generation, en 1965. Su prestigio como extraordinario tecladista creció como la espuma y en la segunda parte de los sesenta y la primera mitad de los setenta colaboró en discos de los Kinks, los Pretty Things, The Move y Jeff Beck, pero también de Led Zeppelin, los Rolling Stones y los cuatro Beatles como solistas. Su inconfundible piano puede escucharse, así, en temas clásicos como “She’s a Rainbow” de los Stones, “Sunny Afternoon” de los Kinks, “The Song Is Over” de The Who, “Revolution” de los Beatles, “Jealous Guy” de John Lennon, “You Are So Beautiful” de Joe Cocker o “Barabajagal” de Donovan, entre muchísimos otros.                  
  En los Estados Unidos trabajó en álbumes de Jefferson Airplane, Jerry García y el ya mencionado Quicksilver Messenger Service, al cual de hecho llegó a integrarse por un tiempo.
  Sin embargo, también realizó algunos discos como solista, entre ellos el excelente The Tin Man Was a Dreamer de 1972 (en el que George Harrison estuvo como invitado), y antes participó en el legendario Jamming with Edward (1971), al lado de Mick Jagger, Ry Cooder, Bill Wyman y Charlie Watts (grabado durante las ausencias de Keith Richards, dentro de las sesiones del Exile on Main Street). Edward era un sobrenombre de Nicky.
  Enamorado de San Francisco, Hopkins emigró a California a fines de los setenta, donde siguió trabajando hasta el día de su muerte. Falleció en Nashville, Tennessee, en 1994, debido a complicaciones en una cirugía intestinal, su eterno mal. Al morir tenía tan sólo cincuenta años. Aún le quedaba mucho que dar a la música.

(Publicado el día de ayer en el suplemento cultural Laberinto de Milenio Diario)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hugo, es un placer leerte.

Anónimo dijo...

Muy buen texto, un gusto el descubrimiento

moises rodriguez dijo...

Un buen texto, interesante y agradable. Buen descubrimiento.