sábado, 15 de febrero de 2025

The Warning en el Auditorio Nacional

Fotos: Liliana Estrada (Cortesía OCESA)
Tuve el privilegio de presenciar los dos conciertos de The Warning en el Teatro Metropólitan de Ciudad de México, en agosto de 2022. Volví a tenerlo en octubre de 2023, cuando vi la presentación de las hermanas Villarreal Vélez en el Pepsi Center de la misma ciudad, mi ciudad. Ahora, en 2025, la noche del 6 de febrero, pude verlas por cuarta ocasión y vaya que volvió a ser un privilegio.

Gracias doy al algoritmo

Cuando descubrí a The Warning en YouTube, en 2019, quedé inmediatamente deslumbrado. El video que las puso ante mis ojos fue el del tema “Dust to Dust”, durante su presentación de noviembre de 2018 en el Lunario, el pequeño foro alterno aledaño al Auditorio Nacional (¿quién iba a decirles a aquellas tres muy jóvenes hermanas regiomontanas que siete años más tarde estarían presentándose, con tres fechas agotadas, en el propio Auditorio Nacional? Pero no nos adelantemos). 

  Para mí que jamás he sido precisamente un fan del rock que se hace en México y que soy más bien conocido como un crítico del mismo (un odiador según muchos), aquella súbita aparición de un grupo conformado por tres adolescentes de dieciocho, dieciséis y trece años que tocaba rock original en inglés, con una potencia y un nivel de calidad que nunca le había escuchado a agrupación mexicana alguna, fue toda una revelación, un hecho que me dejó atónito y me llenó de admiración y de entusiasmo. Gracias doy al algoritmo de YouTube por habérmelas presentado. 

  A partir de ahí empecé a seguirlas con creciente interés y descubrí que ya tenían un EP y dos LP grabados y que las poco más de treinta canciones que habían grabado eran todas estupendas y muchas de ellas excelsas. Poco después (para ser precisos, el 26 de junio de 2019) publiqué en “Acordes y desacordes”, la sección de música de la revista Nexos, mi primer texto acerca de ellas con el título “The Warning: el secreto mejor guardado del rock en México”, un artículo que me trajo una cantidad enorme de burlas y críticas, en especial por parte de periodistas y músicos relacionados con el llamado rock mexicano. Peor me fue cuando en otro escrito afirmé que para mí se trataba del mejor grupo de toda la historia del rock en nuestro país. Sin embargo insistí y seguí convencido de mi punto de vista. Creo que después de casi seis años, el tiempo me ha dado la razón.

  También por aquel tiempo, pensé en lo grandioso que sería que el power trío de Monterrey llegara alguna vez a presentarse en el Auditorio Nacional. Parecía quizás una utopía, pero he aquí que acaba de convertirse en realidad, con tres conciertos sold out. Más de treinta mil personas atestiguamos lo que es hoy The Warning y lo que atestiguamos fue la actuación –no tengo duda alguna, hoy menos que nunca–, lo repito, del mejor grupo de rock que ha existido jamás en México.


Seis pies de profundidad

Acudí pues el enorme recinto de Paseo de la Reforma la noche del jueves 6 de febrero, acompañado por el mayor de mis hijos, quien nunca había visto a The Warning, y al que he tratado de convencer durante años de que las escuche con atención. Iba yo con la incógnita un tanto ansiosa de saber qué le parecerían al verlas de manera presencial.

  Con un Auditorio Nacional completamente lleno, el concierto dio inicio a las ocho y tres cuartos. Frente al escenario había una enorme manta blanca dividida en tres partes en la que se comenzaron a proyectar figuras en forma de manchas negras que se transformaban constantemente, mientras se escuchaba una música ambiental de tonalidades inquietantes que remitía al breve fragmento que se escucha al principio del video de “Six Feet Deep”, tema abridor del álbum más reciente del trío, el Keep Me Fed de 2024, mismo que oficialmente se estaba presentando en este concierto.

  Las manchas pronto adquirieron la forma de un humanoide siniestro y amenazante y detrás de la manta resonó el riff inicial de guitarra de la canción mencionada, seguido por un redoble (o fill) de la batería y la entrada potentísima del bajo, al tiempo que las tres partes de la manta desaparecían de golpe y ante nosotros surgían las figuras vestidas en rojo (como en la portada de Keep Me Fed) de Daniela, Paulina y Alejandra Villarreal en toda su plenitud rockera. Fue una intro impresionante y espectacular y sí, era “Six Feet Deep” y con ella el inicio de una más que intensa y vertiginosa aventura escénica que habría de prolongarse felizmente por cerca de dos horas.

  Como en cascada fueron surgiendo las siguientes piezas del set list: “Sick” (con su potencia casi punk y su infaltable zumbido moscoso) y “Satisfied (vaya finura de composición, con el solo de Daniela muy à la Tom Morello, seguido por un breve espacio sonoro sugestivamente grunge, con el feedback de la guitarra enmarcado por el bajo de Alejandra y el beat de la batería de Paulina), ambas del Keep Me Fed, y luego las ya clásicas “Choke” y “Dust to Dust”, a la que unieron con “Dull Knives (Cut Better)”, tal como hicieran con grandes resultados en el Pepsi Center hace poco más de un año. Sobra decir que para ese momento el público ya estaba enloquecido y que desde el arranque cantó cada uno de los temas, mientras saltaba, aplaudía, palmeaba y sonreía; eso sí, sin soltar sus teléfonos celulares para grabarlo todo, un fenómeno que ya resulta imposible de erradicar por más que se le cuestione. 

  El viaje prosiguió con la escalofriantemente hermosa “Escapism” (con frases tan logradas como “So I close my eyes till it all fades” o “Is the hope that kills you”), más una imprevista y poderosa coda que nadie esperaba y que resultó fantástica. Para continuar con los cortes del Keep Me Fed surgió entonces la extraordinaria y contundente (y demandante) “Apologize”, con el grito que replica el título de la pieza exhalado no sólo por Paulina sino por miles de gargantas en el recinto. 


Una escalera al cielo

Vino entonces la que quizá fue la gran sorpresa de la noche. De pronto los reflectores iluminaron únicamente a Daniela. Sus hermanas habían abandonado el escenario. Estaba sola con su preciosa y flamante PRS. ¿Sería la misma guitarra que apenas unos días atrás le regalara Orianthi, la legendaria guitarrista australiana, instrumentista de Michael Jackson, Carlos Santana, Joe Satriani y Alice Cooper, entre otros, durante el concierto del 40 aniversario de la afamada marca? De ser así, ¿qué haría Dany con semejante joya?. Utilizarla de la mejor manera, con una obra maestra musical, un instrumental atmosférico, una escalera al cielo de toques progresivos y jazzísticos que enmudeció al Auditorio con un sentimiento a flor de piel, a flor de guitarra, y una delicadeza conmovedora. Fue un solo de cuatro minutos, con ecos de Al Dimeola y David Gilmour, que incluyó referencias (guiños para sus verdaderos seguidores) a los solos de antiguas composiciones de The Warning como (en ese orden) “Show Me The Light” (del álbum XXI Century Blood de 2017), “Free Falling” (del EP Escape the Mind de 2015) y “The End (Stars Always Seems to Fade)” (del disco Queen of the Murder Scene de 2018). Fue un momento majestuoso, mágico y misterioso que la mayor de las Villarreal terminó con una elegante y sutil caravana.

  Después de semejante pasaje de ensueño auditivo y refinamiento guitarrístico, el escenario se iluminó de verde para meternos a la inquietante “Error”, con esa letra que da voz a la despiadada Matrix (“You’re my maker but not my master”) y su matemático código binario (“zero-one-zero-zero-zero-one”), sólo para que irrumpieran en seguida “More” (que sonó mejor que nunca, con sus refrescantes y contagiosos beats fonquis, cencerro de Paulina incluido) y “Money” (que incluyó una curiosa y juguetona dinámica con el público, en la cual un sector del mismo repetía la palabra cash y otro la palabra money). 

  La franca diversión continuó con la infalible “Survive”, esa contagiosa canción de 2017 y su desafiante letra contra la patanería masculina, con todo el público desbordado mientras en las pantallas surgían siluetas psicodélicas y casi a go-go de las tres integrantes del grupo en jocosas y expresivas danzas.


Las Wawas

Los intermedios de los conciertos de The Warning en el Teatro Metropólitan (con el escenario vacío mientras sonaba “Breath” y el público llenaba las butacas de luciérnagas celulares) y en el Pepsi Center (con la proyección del emotivo corto sobre los diez años del trío regiomontano) habían dejado la vara alta para saber qué se haría en esta ocasión y el resultado fue muy ingenioso. Un hombre con uniforme de conserje y el cabello recogido apareció en el plató, trapeador en mano, y muy quitado de la pena empezó a limpiar el piso, mientras se dejaba escuchar una versión cuasi radiofónica de “Qué más quieres” con acompañamiento ranchero. La gente se sorprendió en un principio, pero empezó a reír y a cantar a todo pulmón. La melodía fue llegando a sus últimos acordes y antes de retirarse, el hombre sobrepuso en el bombo una tapa con el nombre de Las Wawas ante la ovación del respetable. El azoro fue mayúsculo cuando en lugar de The Warning quienes ocuparon el escenario fueron precisamente Las Wawas, el trío que ameniza la boda del gangster en el video de la mencionada composición (co-dirigido por Paulina Villareal), para interpretar, claro está, “Qué más quieres” (y las tres vestidas, claro está también, con sus hieráticos trajes negros y sus lentes oscuros). Fue un momento la mar de divertido.

  Terminada la canción, Las Wawas se retiraron y el intermedio continuó con el sketch del conserje, quien regresó para quitar del bombo la tapa de Las Wawas y dejar la de The Warning. Luego se subió a la batería, en apariencia para limpiarla, y al saber que nadie lo veía (salvo once mil personas desde sus lugares) se atrevió a golpear (primero con timidez, luego con más descaro) los tambores (que retumbaron de manera impresionante). Ya en confianza y con la gente como su cómplice, se sentó de plano en el lugar de Paulina y se lució con algunos redobles que le fueron festejados. Feliz de la vida y en actitud cómica, se soltó la larga cabellera y se arrancó las mangas del uniforme para mostrar su musculatura y sus grandes habilidades instrumentales, ya que se trataba de Johnny Tuosto, el baterista del grupo estadounidense abridor: Holy Wars. Al final se quedó con un persistente golpe de bombo, los espectadores lo acompañaron con palmas y de pronto se escuchó una voz femenina que cantaba un “a-ha-ha a-ha-ha” que muchos reconocimos. El hipnotizante compás lento de la guitarra sonó también y Pau, Dany y Ale volvieron a escena nuevamente con sus atavíos rojos a la Keep Me Fed. “Consume” reventó en todo lo alto con Paulina como front woman (tal como hiciera con “Narcisista” en el Teatro Metropólitan hace dos años y medio) para otro de los grandes momentos de la noche.


Tiburones a la vista

El concierto iba en ascenso y prosiguió con la sensacional “Burnout”, cuyo infeccioso beat y su burlesco sentido del humor inundó la sala. Todo para dar paso a la esperadísima “Sharks” y su pesado riff a la Blue Cheer, provocador de un eslam instantáneo (como sucedió el año pasado en el festival Wacken de Alemania y en el Poll-and-Rock de Polonia, sobre todo en este último). Aquí no hubo tanto espacio para eslamear, dado lo apretado de la zona general frente al escenario, pero todo el mundo lo disfrutó de todos modos. 

  En el auditorio empezó a escucharse “Intro 404”, el corte instrumental que da inicio al álbum Error, de 2022, mientras la silueta de Alejandra Villarreal se situaba al frente y en medio del proscenio. La gente se emocionó. ¿Sería acaso que Ale al fin se había decidido a hacer algo por sí misma? ¿Un solo de bajo quizá? ¿Un tema de estreno con ella en la voz principal? Falsa alarma, sólo estaba ahí para tocar el ya clásico riff de bajo que abre “Disciple”, otra de las grandes favoritas del power trío y que como siempre volvió a encender al ya de por sí inflamado público, aunque esta vez la acostumbrada interacción en el coreo del “Oh-oh-oh-oh-oh” fue ostensiblemente más corta, sin que Dany se moviera de su lugar y desprendiera el micrófono para animar a la gente. Who knows why.

  El concierto llevaba una hora y media y aún faltaban varios temas imprescindibles. Luego de la presentación de cada una de las tres integrantes del grupo, con su respectiva gran ovación, la cascada de greatest hits se dejó venir con fuerza incontenible. 


Himnología warnística

Llegaron puros himnos: la explosiva y desgarradora “Hell You Call a Dream” (todo un clamor sobre el desencanto y la inconformidad), la épica y mística “Martirio” (una de sus tres canciones en español y que ha crecido a cada paso desde que la interpretaron por primera vez durante su primera gira en Argentina; esta vez aumentada con el alargamiento del coro al hacer que el público lo cantara a capella), la vertiginosa y energética “Evolve” (con la que solían culminar sus conciertos y que esta vez cedió su lugar, lo cual no fue obstáculo para que la gente se volviera loca, sobre todo con el infaltable grito de Paulina al final del puente instrumental en 7/8) y ya como parte del encore, esa pieza de la maquinaria musical de The Warning que nunca falla, la popularísima “Narcisista” (que siempre se convierte en una fiesta), y como perfecta cereza del pastel, el tema con el que también culmina el álbum Keep Me Fed, ese mismo que vinieron a presentar en esta serie de conciertos: el grandioso, sensual y potentísimo “Automatic Sun”, digna y merecida elección para cerrar una actuación inolvidable.


¿Su mejor concierto?

¿Fue este el mejor concierto de The Warning hasta la fecha? En varios aspectos sí, sobre todo por la producción y los visuales, uno diferente para cada una de las 22 canciones que interpretaron (además de la “Intro 404” y el maravilloso solo de Daniela). También por la perfección en la calidad del sonido y el manejo de las luces. Fue una función musical de ligas mayores. Cierto que no tuvo momentos tan conmovedores o sorprendentes como los que se dieron en los ya míticos recitales del Teatro Metropólitan (¿cómo olvidar la versión unplugged de “Revenant”, por ejemplo?) o el Pepsi Center (con “Black Holes” y “Breathe”, cantadas al piano por Pau en solitario, o “When I’m Alone”, con Dany sola con su guitarra y su voz, además de la aparición de la orquesta de cuerdas que acompañó de manera fantástica la versión del grupo a “Enter Sandman” de Metallica). Puede ser que en ese sentido el concierto en el Auditorio Nacional haya sido un tanto más lineal (palabras de mi hijo). También es verdad que a muchos nos hubiera gustado escuchar canciones que sentimos que hicieron falta, como “Animosity”, como “Z”, como “Amour”, como “23”, como “Queen of the Murder Scene”, como “XXI Century Blood” y varias más. Pero es que el repertorio del grupo ya alcanza las sesenta canciones y resultaría imposible compactarlas en dos horas, incluso en tres. Sin embargo, lo que pudimos presenciar, lo que pudimos ver y escuchar quedará en la mente y en la memoria de todos los que tuvimos la suerte de estar ahí, con la misma fuerza que lo hicieron los anteriores conciertos y alcanzará como estos –y de eso no tengo la menor duda– la misma estatura mítica, el mismo nivel de leyenda. 

  El público salió feliz y entusiasmado del hermoso recinto de Paseo de la Reforma. Gente de todas las edades y de diferentes orígenes sociales unida por la música de estas tres jóvenes en las que se conjuntaron todos los planetas para brindar al mundo algo que apenas empieza y cuyos alcances aún no alcanzamos a vislumbrar. 

  ¿Qué si lo que tocan es heavy metal, es hard rock, es nü metal o es grunge? Eso es lo de menos. Simplemente es música, es rock, es The Warning.


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