
Juro que eso decía un aviso muy formal colocado al lado del chofer de un microbús que abordé esta mañana, por los rumbos de Miguel Ángel de Quevedo: "Informes sobre mi pingüino". Era una fotocopia en blanco y negro, con la foto de lo que parecía en verdad un pingüino (aunque con las plumas bastante desordenadas) y dos números telefónicos para reportar a la pequeña ave en caso de que alguien la viera por ahí. No me atreví a preguntarle al conductor si aquello era en serio. ¿Un pingüino extraviado en el Distrito Federal cual vil perro callejero? ¿Un pingüino que podía estar a la mitad del Viaducto o en algún rincón de Álvaro Obregón o Iztapalapa (¡saludos, Juanito!)? Luego dicen que esta ciudad no es surrealista y fascinante.

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