domingo, 5 de abril de 2015

¿Demasiado viejo para rocanrolear?

“Too old to rock ‘n’ roll, too young to die”.

Ian Anderson.

Mi situación como músico y como escribidor de música, sobre todo como escribidor de rock, se ha vuelto un tanto paradójica a partir de marzo pasado. La razón es más que nada cronológica: acabo de cumplir sesenta años de edad.
  “¿Y qué carajos hace un sexagenario carcamán como columnista en una revista para jóvenes? ¿Por qué no busca asilo (literalmente) en alguna publicacion para la tercera edad?”, se preguntará, altivo y desafiante, más de un lector veinteañero de Marvin. Trataré de darle respuesta, sin acudir al fácil expediente de citar ridículos lugares comunes tipo “la edad es un estado mental” o “uno es tan joven como se sienta”, etcétera (aunque debo confesar que me encanta aquella frase de Groucho Marx que reza algo así como “uno tiene la edad de las mujeres con las que anda” y que quizás explique mi afortunada situación de estar rodeado de amigas entre los diecinueve y los treinta y tantos… Pero ya me estoy saliendo del tema).
  Mi primer argumento es que tengo la edad exacta del rock, ya que éste surgió justo el año en que nací, en 1955, cuando apareció “Rock Around the Clock” de Bill Haley y sus Cometas. Ese rock cincuentero lo hizo gente nacida en los años treinta del siglo pasado, desde Chuck Berry y Little Richard hasta Buddy Holly y Eddie Cochran (para no mencionar a Elvis). Luego vino la generación dorada que brilló a lo largo de los sesenta, conformada por músicos geniales nacidos en los cuarenta: desde los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks y The Who, hasta Frank Zappa, Bob Dylan, David Bowie, Jimi Hendrix y un largo y talentosísimo etcétera. Nací, pues, con la tercera generación del rock: los cincuenteros que brillaron básicamente en los setenta (atento aviso a los lectores, antes de que comiencen a hacerme pedazos: no me estoy comparando con esos músicos, sólo digo que me tocó nacer al mismo tiempo que ellos).
  La pregunta es entonces: ¿somos viejos los nacidos en la década del cincuenta y, en caso de ser así, eso nos inhabilita o desacredita para seguir dentro del rock, ya sea como músicos, periodistas, escritores o, incluso, meros aficionados al género? Dejo en usted, estimado lector, la respuesta.
  Los roqueros de los sesenta, con Pete Townshend (hoy a punto de convertirse en un honorable septuagenario) a la cabeza, proclamaban que mejor sería morir antes de los treinta (“La gente trata de menospreciarnos, / sólo porque vamos a donde queremos. / Las cosas que hacen parecen horriblemente frías. / Espero fallecer antes de hacerme viejo” cantaba The Who en “My Generation”, en 1965). No sé si las actuales generaciones de jóvenes entre los quince y los treinta mantengan la misma actitud. Lo que sí persiste es el desprecio generacional hacia los “viejos” (a quienes suelen desacreditar tan sólo por su edad, a pesar de que compartan el mismo gusto y amor por el rock y todos sus derivados).
  Más que un culto a la juventud, el fenómeno que hoy se da es el del retroceso cronológico del género masculino: los actuales adultos de cuarenta años se comportan como si tuvieran treinta, los treintañeros parecen tener diez años menos y los de veintitantos son como adolescentes imberbes. Lo confirmo a diario, no lo estoy inventando, como confirmo que ese mismo fenómeno no se repite tanto entre las mujeres, quienes se mantienen en sus respectivas edades (una chava de veintiocho es una chava de veintiocho) y a veces son incluso más maduras que eso.
  Así las cosas en las generaciones jóvenes del presente milenio con las cuales tengo mucho trato cotidiano. Mis dos hijos pertenecen a esa juventud milenaria y ambos son diyéis muy creativos y talentosos, aunque todavía me cuesta comprender cómo elaboran su música.
  Millenials es el tema de este número de Marvin. ¿Se dará en este siglo, en este aún joven milenio, un fenómeno como el de los Beatles, por ejemplo? ¿Un nuevo Zappa, un nuevo Bowie? ¿Habrá algo por inventar en la música. Lo conseguirá algún joven actual, alguien que aún no ha nacido? Lo veremos… o lo verán otros.

(Publicado en el número de este mes de la revista Marvin)

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