miércoles, 1 de junio de 2011

Abel Membrillo


Lo vi una sola vez en mi vida. Llegó al apartamento donde vivo de una manera por demás curiosa e inesperada y es una de las personas a quienes se debe que cuando una amiga viene a mi casa, deba hacerlo sin compañía masculina.
Habrá sido por allá de 2002. Una muy querida cuatita mía, cuyo nombre por elegancia no revelaré (aunque sí lee esto seguro sabrá que es ella), había quedado en visitarme una tarde y poco antes de llegar me llamó por teléfono para preguntarme si no me importaba que arribara acompañada de un amigo. Diplomático como era yo en ese entonces, le dije que claro que no importaba, aunque por dentro mentaba calladas madres. No tardaron en llegar, ya que se encontraban a escasas cuadras de donde vivo.
Cuando entraron, ella me lo presentó. Era un tipo feo como una pijamada con Elba Esther Gordillo y su aspecto contrastaba dramáticamente con el de mi amiga, quien es muy guapa. Abel Membrillo se llamaba aquel peculiar personaje. Yo sabía de él, pues era un conocido locutor de radio y televisión. Todo se desarrolló de manera amable. Nos pusimos a charlar como personas educadas, si bien en el fondo nadie estaba a gusto. Yo, porque hubiera preferido platicar a solas con mi amiga. Ellos…, por mi presencia. Paso a explicarlo…
Cuando les ofrecí una taza de café, fui a la cocina para prepararlo y al regresar, me topé con una escena digamos que un tanto, ejem, incómoda: la pareja de visitantes se besaba abierta y un tanto ansiosamente. Se separaron al verme regresar a la sala con las tazas humeantes. La situación se tornó incómoda entonces. De pronto, sentí que yo sobraba en mi propia casa. Pero ni modo que me saliera, ja. La plática se volvió demasiado formal y llena de lugares comunes, hasta que ellos apuraron sus cafés, se comieron un par de galletitas y se acordaron de que tenían algo urgente que hacer. Diez minutos después ya se habían ido. Desde entonces me juré recibir a mis amigas en solitario, sin incómodas compañías.
Un par de años más tarde, durante una reunión en casa de Fernando Rivera Calderón, por alguna razón surgió el nombre de Membrillo y la mamá de Fer me contó que Abel y su hijo habían sido muy amigos desde niños, pues eran prácticamente vecinos allá por la colonia Jardín Balbuena. Luego me mencionó que, desde chico, el locutor padecía una enfermedad del corazón y que estaba expuesto a morir en cualquier momento. De esto hace mucho tiempo ya.
Alguna vez comentamos en La Mosca en la Pared un álbum del grupo Los Nena, cuyo frontman era precisamente Membrillo. El disco nunca me gustó, aunque muchos sentían culto por esa banda para mí incomprensible y típicamente condechi.
Hoy me entero por algunos comentarios en facebook del fallecimiento de Abel Membrillo. Al escribir esto, no conozco la causa pero la intuyo. Lo lamento mucho en verdad.

1 comentario:

DECIREVES dijo...

Ud que es fan de Otro Rollo ha de saber que el era la voz emblemática de ese programa (sarcasmo).

Pero bueno, si vuelve Otro Rollo tendrán que poner al Van Funkin o a Esteban Mierdarce.

Saludos Hugo, mal pedo por Abel Membrillo. QEPD.