domingo, 19 de junio de 2011

Nikito Nipongo, defensor del idioma español


Según el Instituto Cervantes de España, ayer se festejó el Día E (es decir, el Día del idioma Español). Vaya como homenaje a nuestra hermosa lengua, pero también a uno de sus mayores y más apasionados defensores, la siguiente entrevista que publiqué hace más de ocho años en las páginas de Milenio Semanal








Nikito Nipongo (1918-2003): “Soy un crítico de la estupidez nacional”

Fotografía: Isadora Hastings

Nacido en San Pedro de los Pinos, "al término de la Primera Guerra Mundial", Raúl Prieto, mejor conocido como Nikito Nipongo, es sin duda el crítico más feroz de la Real Academia de la Lengua Española. Autor de numerosos libros, entre los cuales destacanEl Diccionario, Madre Academia, ¡Vuelve la Real Madre Academia! y Museo Nacional de Horrores, don Raúl ha colaborado -con su columna "Perlas Japonesas" que ya tiene más de cincuenta años de antigüedad- en los diarios Novedades, La Jornada y El Financiero, así como en las revistas Siempre y Sucesos. Actualmente (2002) publica en Excelsior y colabora con la revista Ahí.

¿Cuál ha sido su experiencia como crítico de la lengua?
Ha sido muy agradable. Yo me he dedicado a pescar lo que llamo "perlas" del idioma. Es decir, errores idiomáticos. Pero no lo hago sólo. Hay muchos amigos y conocidos a quienes llamo "coperladores", que me ayudan a pescar perlas para mi columna. Como crítico me ha ido bastante bien. Claro, ha habido personas a quienes he criticado y que me ponen del asco. Pero han sido muy pocas. En general aguantan la vara. Desde chico, tengo la virtud o el defecto de que si veo un cuadro mal colgado, un poco chueco, voy y lo enderezo. Lo mismo me pasa con el idioma: cada vez que veo una perla, la pesco. En eso me impulsó mucho el maestro Gutierre Tibón. Gracias a él, en 1949 empecé con mi columna "Perlas Japonesas". Yo soy un crítico de la lengua y del diccionario de la Real Academia, pero también de la estupidez nacional e internacional y de otras cosas, como de la nomenclatura urbana, es decir, de los nombres de las calles. Hay cosas monstruosas, como las de la colonia Reforma Política, en Iztapalapa. Dado que hay muchas calles en esa colonia y pocas reformas en la historia, entonces las autoridades inventan nombres como Reforma Deportiva, Reforma Terrestre o Reforma Fotográfica. Ya me imagino al pobre diablo que vive en una de esas calles de nombres idiotas, al tener que poner su dirección. Entonces, no me limito a los textos hablados o escritos, sino a toda clase de imbecilidades.

¿De dónde salió el nombre de Nikito Nipongo? ¿Usted lo inventó?
Recuerdo una de las primeras cartas que me mandaron y que decía: "Lo felicito, porque a pesar de ser usted japonés, escribe bastante bien el español". Muchas veces me ha pasado eso después. Lo chistoso es que Nikito Nipongo sí tiene un significado en japonés. Niki es "diario", To es "en", Nipon es "Japón" y Go es "lengua". O sea que quiere decir: "Diario en japonés". Ahora, la historia del origen de mi sobrenombre es la siguiente: hubo un soldado mercenario francés, Bertrand Du Guesclin, que se alquiló para pelear al servicio de un español llamado Juan de Trastamara, en contra de su hermano Pedro el Cruel, rey de Castilla. En la batalla, don Pedro estuvo a punto de darle en la chapa a su hermano, pero intervino el mercenario y mató a don Pedro. Entonces dijo Du Guesclin: "Ni quito ni pongo rey, sólo sirvo a mi señor" y se quedó la frasecita: "Ni quito ni pongo". Ya en 1930, una revista cómica española presentó en broma al emperador japonés Nihikito Nihipongo. Me gustó el nombre y lo adopté como seudónimo. Como se ve, no es algo original. Lo que sí descubrí, gracias a unos amigos japoneses, es que el nombre tenía un significado en su idioma original.

Acaba de salir una nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española, ¿qué le parece la misma?
Se dice que es una edición revolucionaria. Son puras mentiras. Si lee la definición de "bañar", dice: "Meter en el agua el cuerpo o parte de él u otra cualquier cosa para limpiarla y lavarla, ya sea por limpieza, ya sea por necesidad y medicamento o por cualquier otro motivo". Eso deriva de una definición que aparece en el Diccionario de Autoridades ¡de 1726! y se repite tranquilamente hasta el 2001. ¿Dónde está lo revolucionario? Puras mentiras. Le agregaron algunas porquerías y ya. Además, cometieron otra vez el disparate de hacerlo en dos tomos. Un diccionario es un animalito que tiene uno para consultarlo, pero en un solo tomo, aunque sea un tomo grande, como el diccionario Webster.

Pero esta vez se aceptaron muchos mexicanismos.
Hace unas semanas se presentó el Diccionario de Mexicanismos del español Guido Gómez de Silva. El autor merece respeto, pues es autor de varios otros diccionarios -tecnológicos, geográficos, etcétera. La Academia se había echado encima la tarea de hacer un diccionario de mexicanismos, pero resulta que se le acumularon diez mil o más términos y no supo qué hacer. Entonces recurrió a don Guido, quien estudió esos mexicanismos y desechó la mayor parte, porque eran en realidad españolismos y americanismos, pero no mexicanismos. Con lo que quedó, hizo su diccionario. Pero ahora resulta que la Academia naca, es decir, la Academia Mexicana, se para el cuello y se dice "autora" del diccionario, cuando el autor es Gómez de Silva, él solito. Lo sé porque es amigo mío. Ahora, yo estoy en contra de eso de los mexicanismos. ¿Por qué no hablamos de los españolismos, de los madrileñismos? En el Diccionario de la Real Academia aparecen americanismos e incluso filipinismos, pero cero españolismos. Por ejemplo, una palabra que se usa en Madrid y que es un anglicismo: "esnifar", que es aspirar cocaína en polvo por la nariz. Está literalmente tomado del to snif inglés. Pues en su definición, la Academia no pone "madridismo", nada, a pesar de que solo se usa allá. Se considera que el español es el español de España y los demás son arrimaditos: el mexicanismo, el cubanismo, el argentinismo, en fin.

¿Quiere eso decir que la Real Academia sigue siendo una entidad retrógrada?
Bueno, sencillamente el diccionario se presenta como algo muy moderno y, sin embargo, vuelve la tontería de que los nombres de los académicos -o subacadémicos, como yo los llamo- de México, Argentina, Chile, Filipinas, Estados Unidos, etcétera, aparezcan en las listas de créditos del diccionario como "Señor don". En cambio, los académicos españoles, con tipo de letra un poco mayor, aparecen como "Excelentísimo Señor Don". ¿Qué es eso? Otro ejemplo: hablan de modernismo y siguen con la imbecilidad de presentar voces griegas con caracteres griegos, en lugar de usar letras latinas. Es pura pedantería grosera. O la definición que trae de dos palabras, "pepino" y "pene". Para "pepino", la academia da todos los pelos y señales al definirlo y de "pene" sólo dice: "órgano masculino del hombre (sic) que sirve para miccionar y fecundar" y se acabó, no hay más. Esa es la Real Academia. Lo malo es que muchos le creen. Su diccionario es el aceptado en las oficinas gubernamentales, incluso en las culturales. Es un desastre.

Continúa a años luz del diccionario Webster.
Ah, sí. Pero es natural. ¿Quiénes hacen el diccionario de la Academia? Los señores académicos de Madrid, que se reúnen una vez a la semana, presentan algunas cosillas, leen algunas cartas y avanzan lentamente en la formación del diccionario. En cambio, el Webster es una compañía editorial que tiene trabajadores con un salario, con horarios definidos y con especialistas que no son "académicos de la lengua", sino etimólogos, entomólogos, físicos, etcétera, y aparte tiene un cuerpo de redactores. Es una compañía bien hecha.

¿Siguien siendo más avanzados los diccionarios Corominas y Moliner que el de la Real Academia?
Sí, por supuesto.

¿La Academia Mexicana de la Lengua sirve para algo?
Para nada, en absoluto.

¿Cómo ve el español que se habla hoy en México?
Más o menos ahí va jalando, con obvias influencias, sobre todo gringas. Pero hay algo que no se toma en cuenta: México es el país con el mayor número de hispanohablantes. Aquí debería estar el Gran Instituto del Lenguaje, no la "Academia de la Lengua". En general, el español de México se conserva bastante bien. Aunque luego hay cosas como las de los bancos. Para ellos no se abre, sino que se apertura una cuenta y cosas así.

¿... y el español que se habla en España es muy puro?
No, qué va. Tiene un montón de tonterías. Está muy corrompido.

La tecnocracia trajo muchos términos horrendos, al igual que el lenguaje derivado del uso de las computadoras.
Para eso debería ser el Instituto del Lenguaje, para cuidar el uso correcto de las palabras. Pero, ¿qué ha hecho la Academia al respecto? Nada. No existe siquiera una revista crítica de la Academia. Pero eso sí, hacen su congreso internacional de academias que es completamente inútil y luego, cuando en uno de esos congresos surge una buena idea, como la Gabriel García Márquez para suprimir la "h" muda, se desata una serie de críticas de lo más imbéciles, comenzando por Mario Vargas Llosa, quien considera que la propuesta de García Márquez fue sólo por ganas de divertirse. También el pobre de Mario Benedetti salió con su pequeña burradita de que antes de suprimir la "h", habría que combatir el analfabetismo. ¿No se da cuenta de que para los niños o para la gente medio inculta que quiere estudiar el español es un grave problema que determinada palabra tenga "h"? ¿Por qué, si para nada sirve?

A varios años de que aparecieron libros suyos como El Diccionario o Madre Academia, ¿siente que de algún modo los académicos le han hecho caso?
Absolutamente en nada. Desde un principio, en El Diccionario dije que no esperaba que la Academia tomara en cuenta mis críticas. No hago mis críticas para que lo señores académicos se corrijan. Las hago por gusto y para abrirle los ojos a muchos que siguen como borregos a la Madre Academia.

1 comentario:

Lila Paz dijo...

¿cuál es el número y fecha de la revista Milenio semanal en la que aparece la entrevista?