miércoles, 26 de diciembre de 2012

El rock del 2012

Shields de Grizzly Bear.
La segunda década del presente siglo ha entregado buenas cuentas en el campo discográfico en general, pero muy especialmente en el del rock, con sus múltiples subgéneros. Aunque apenas han transcurrido dos años, este decenio se ha significado por la calidad musical que se sigue dando en diversos países, aunque no podamos decir lo mismo de México, donde el rock continúa sumido en el marasmo, la mediocridad y la autocomplacencia.
  Sigue siendo el rock anglosajón el que dicta los senderos que han de recorrerse y en 2012 se mantuvo el nivel ascendente iniciado en 2008 o 2009 y que sin hacer mucho ruido (no se ha dado un movimiento telúrico como el que produjeron, por ejemplo, el surgimiento del punk en los años setenta o la irrupción del grunge en los noventa del siglo pasado), ha producido una gran cantidad de excelentes discos y de nuevas agrupaciones que, sin reinventar el hilo negro, han contribuido a enriquecer el largo y casi sexagenario historial de este género.
  ¿Cómo le fue entonces al rock en este 2012, qué lo marcó o le dio sus principales características? Desde mi punto de vista y por lo que pude escuchar a lo largo de estos doce meses, el balance resulta estupendo y la palabra balance no es gratuita: fue un año en el cual hubo producciones discográficas espléndidas por parte de solistas y agrupaciones más o menos recientes, pero también por parte de viejos veteranos, algunos de ellos septuagenarios, quienes produjeron obras de enorme belleza y profundidad artísticas.
  Del primer sector, hay mucho que destacar. Ahí están discos como Swing Lo Magellan de Dirty Projectors, un proyecto interesantísimo que hace una música compleja y en ocasiones hasta huraña en una primera escucha, pero que cuando se consigue penetrarla, resulta de una belleza verdaderamente sobrenatural. Compleja puede ser también la propuesta de Grizzly Bear, cuyo Shields es uno de los álbumes más hermosos de 2012.
  Cloud Nothings no es quizá la agrupación más original del mundo, pero su Attack on Memory resulta un disco impresionante, una renovación del grunge llena de frescura pero que no pierde la atronadora agresividad de dicho subgénero. Mientras tanto, The Shins se reafirmó como una de las grandes propuestas del alt-rock con su imprescindible Port of  Morrow. Por su parte, los esplendorosos Avett Brothers siguen creando canciones de corte folk de una notable hermosura armónica y melódica, con letras plenas de una poesía sencilla y conmovedora. The Carpenter es, sin temor a equivocarme, uno de los mejores álbumes del año que se va.
  Otras joyas grabadas en 2012 por gente relativamente joven son Open Your Heart de The Men, Celebration Rock de Japandroids, Bloom de Beach House, Kill for Love de Chromatics, Leaving Eden de Carolina Chocolate Drops, The Lion’s Roar de First Aid Kit, Mature Themes de Ariel Pink’s Haunted Graffiti, Beams de Matthew Dear y los enormes Boys & Girls de Alabama Shakes y Fear Fun de Father John Misty.
  En lo que podríamos denominar como músicos de mediana edad o de ya cierta experiencia, habrá que destacar álbumes como The Idler Wheel de Fiona Apple, Sun de Cat Power, Which Side Are You On? de Ani DiFranco, Sweet Heart Sweet Light de Spiritualized, King Animal de Soundgarden y el loquísimo Carnivale Electricos de los funkeros Galactica.
  Pero tal vez las mayores sorpresas discográficas de 2012 vinieron de parte de los grandes veteranos. Hombres y mujeres cincuentenarios, sexagenarios y hasta septuagenarios que nos brindaron maravillas como Sonik Kicks de Paul Weller, Slipstream de Bonnie Raitt, Wrecking Ball de Bruce Springsteen, Banga de Patti Smith, Locked Down de Dr. John, Born to Sing: No Plan B de Van Morrison, Psychedelic Pill de Neil Young (con Crazy Horse), Tempest de Bob Dylan y Old Ideas de Leonard Cohen. ¿La gerontocracia del rock? Yo diría que más bien su verdadera aristocracia.
  He aquí algunos de los grandes discos de rock del año, desde mi muy subjetivo punto de vista. Habrá muchos que se me fueron, pero creo que todos los que están valen muchísimo la pena.
  Ya si me viese obligado a decidirme por el número 1, por el mejor álbum de 2012, luego de mucho meditarlo diría que me quedo con el Blunderbuss de Jack White, por su frescura, su rabia, su auto ironía, su calidad musical y su sentido rocanrolero (y en un muy cercano segundo lugar pondría a esa obra de arte que es el disco de Leonard Cohen).
  2012, otro gran año para el rock (aunque no en México, por desgracia).

(Publicado en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario).

1 comentario:

Alejandro Jónbjarnardóttir dijo...

Comparto acerca de Blunderbuss!