sábado, 19 de julio de 2014

“Mamá Rosa” y la vida en blanco y negro

Los seres humanos solemos mirar las cosas en dos dimensiones, en dos colores que ni siquiera son colores, en blanco y negro. El maniqueísmo nos parece cómodo, implica mínimos esfuerzos mentales, nos facilita la visión de lo que nos rodea, aunque esa visión sea incompleta, injusta, parcial, prejuiciosa. Entre menos matices tengamos que contemplar, mejor será: nos quitaremos de encima el tratar de entender con mayor profundidad nuestro entorno; tendremos fórmulas elaboradas de antemano, como cristales bifocales a través de los cuales observaremos todo de la manera menos caleidoscópica posible.
  En lo que va del presente siglo, pero en especial del 2006 al presente, los mexicanos nos hemos especializado en ese maniqueísmo confortable y prejuiciado. Paradójicamente, en el sector en el cual se supone que debería campear el espíritu crítico, en el lado izquierdo del espectro político, es donde más se han profundizado los puntos de vista cerrados, bidimensionales, dogmáticos. Para una buena parte del progresismo nacional, la vida se divide en buenos (ellos) y malos (sus contrarios). No sólo eso: de unos años a la fecha, existe  una buena cantidad de tópicos que no admite discusión acerca de quiénes son los héroes y quiénes los villanos.
  Por ejemplo, dentro de los medios de comunicación ya está dictado cuáles de ellos son los malvados y cuáles los puros. También en cuanto a los partidos políticos o los personajes públicos: unos son malos-malos y otros buenos-buenos. No hay para qué pensar, meditar, matizar: el dogma está para ser aceptado, sin discusión o cuestionamientos.
  En temas internacionales, desde esa óptica, en Medio Oriente los judíos son los malos y los palestinos los buenos. Hamas es una organización buena porque ataca a los israelíes. No importa que sea terrorista y lance bombas.
  Por eso en México, en estos momentos, resulta tan difícil dilucidar si en el sonado caso de “Mamá Rosa”, la mujer es buena o es mala (claro, como Vicente Fox la defendió, entonces debe ser peor que Cruela de Vil).
  En síntesis, los de acá somos unas hermanitas de la caridad y los de allá son unos hijos de puta. Punto.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario).

1 comentario:

DUNCAN dijo...

ESTEEEEEEEEEEEE...RESPETABLE HGM, NO ENCUENTRO LA JOYA DE LA CORONA EN VUESTRO ESCRITO. SÍ. SOMOS BIFOCALES. OK. PERO EN ESA AFIRMACIÓN FALTA LA OSTENSIBILIDAD, ES DECIR EL OBJETO Y LA CONSECUENCIA DE SU ALUSIÓN.