sábado, 19 de marzo de 2011

¿Nuclear? No, gracias*


Esa es una de las consignas utilizadas por el movimiento antinuclear, surgido en 1981. Dicho movimiento se oponía en aquel tiempo y se sigue oponiendo ahora al uso supuestamente pacífico de la energía atómica y al establecimiento de plantas nucleares. Ya habían acontecido numerosos accidentes radioactivos para entonces; el más conocido de ellos, el de la Isla de Tres Millas, en Pennsylvania, en 1979. En 1986 ocurriría sin embargo el peor de todos, el de Chernobyl, en la entonces Unión Soviética.
En 1988 publiqué mi libro Más allá de Laguna Verde (Editorial Posada), una investigación periodística que me llevó a conocer lo que implica la energía derivada del átomo y todos sus riesgos. Leí muchos libros y documentos al respecto, entrevisté a especialistas y visité el estado de Veracruz para conocer más de cerca el problema de una planta nuclear tan cuestionada entonces y que hoy ya resulta vieja y no sé cuán obsoleta. El mundo de corrupción, autoritarismo, irregularidades, intereses, errores y horrores que descubrí en el proceso de escribir el texto de más de trescientas páginas me hizo convencerme de la necesidad de rechazar a la alternativa nuclear y favorecer a fuentes de energía más limpias y seguras, como la solar, la eólica y la geotérmica, entre otras.
Hoy que a raíz del terremoto y el tsunami que afectaron al Japón, algunas de sus plantas nucleares, principalmente la de Fukushima (donde ya se denuncian prácticas fraudulentas y la falsificación de documentos sobre la seguridad de la misma, ver Milenio Diario de ayer viernes 18 de marzo), se encuentran dañadas y en serio riesgo de que algunos de sus reactores se fundan, con las terribles consecuencias de fuga de radioactividad que ello implica, se hace urgente replantear si, ante el agotamiento del petróleo, en México debemos apostar por las fuentes alternas y renovables de energía, sobre todo cuando estamos en una zona del planeta ampliamente favorecida por la irradiación solar.
Pensemos que después de un accidente, todo concluye…, excepto si se trata de un accidente nuclear.

*Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario.

2 comentarios:

Kafei dijo...

Pues hay riesgos que se tienen que tomar si queremos seguir vivos como especie... cuando se termine el petroleo que? Por fuerza se necesitara la energia nuclear, y mas que cada año somos mas y mas humanos.

Son mas lo beneficios que los daños, a veces hay que sacrificar a 10 humanos para salvar a 100. Triste realidad.

Ro dijo...

Aunque por lo general no estoy de acuerdo con la postura que manifiestas en tu columna de Milenio, en esta ocasión suscribo todo lo que aquí escribes, y sí, es necesario y urgente buscar alternativas a la energia nuclear; pero también debe ir de la mano con un cambio en nuestros estilos de vida donde nuestros requerimientos de energia electrica no sean tan elevados. ¡Saludos!