martes, 10 de enero de 2012

Mi madre cumple noventa años

Mi mamá hace poco más de dos meses.
Resulta increíble verla tan jovial y tan activa. Si dijera que tiene diez o quince años menos, cualquiera se lo creería. Desde 2008, a raíz de la muerte de mi hermano Jorge, vive sola y así le gusta estar. Todos los días va a misa de siete de la noche, a la iglesia que está a tres o cuatro cuadras de su casa, y va sola. No padece enfermedad alguna, salvo que su sentido del oído es cada vez más limitado y que la memoria de pronto ya no le alcanza y olvida algunas cosas. Pero se niega a usar su aparato para oír (y creo que si existiera, también se rehusaría a usar un aparato para no olvidar). Dice que le incomoda. Por eso, mis hermanas y yo tratamos de estar al pendiente de ella y le hablamos por teléfono casi a diario.
  Católica fundamentalista. Amante de Francia (los Michel provienen de ese país, aunque deben haber llegado a México a mediados del siglo XIX). Escritora de poesía. Es mi madre. Rebeca. Rebeca Michel de García, como solía firmar siempre, aunque su apellido materno sea Ruelas. Es la más pequeña de trece hermanos, siete hombres y seis mujeres. Ninguno de ellos vive ya. Nació en Autlán de la Grana, Jalisco, un día como hoy, en 1922. Así pues, ya tiene noventa años y como la veo, puede llegar sin muchos problemas a los cien.
  A manera de homenaje, le escribí hace unos días el siguiente poema... que quizá no me atreveré a mostrarle.

Mi madre ya no quiere escuchar

Mi madre ya no quiere escuchar.
Se niega, se rehúsa, se muestra esquiva.
Nosotros, sus hijos, le decimos
–insistentes, repetitivos,
de verdad insoportables–
que se ponga el aparato para el oído.
Pero en cada ocasión que lo hacemos,
cada que tratamos de convencerla,
nos mira con sonrisa irónica,
con un dejo de suficiencia,
de altivez que no disimula.
Nada responde, nada.
Nos ignora desde un insondable sarcasmo.
Si estamos en una charla, no participa.
Se limita a mirarnos, a observarnos,
con ese gesto, sonrisa, que no se quita de los labios.
Entonces le reclamamos que se aísla sin razón
y ella se limita a contestar que le gusta vernos reír,
aun cuando no alcance a captar lo que hablamos.

Mi madre ya no quiere escuchar.
Es tenaz en su elección,
obstinada en su decisión,
recalcitrante en su parecer.
Es testaruda, terca…
y se sale siempre con la suya.
Una y otra vez.
Mi hermana me dice que verla así la angustia.
Yo le aseguro que no hay por qué.
Le pido que la mire, a mi madre,
y que vea su conformidad con la vida,
con lo que es, con lo que le ha tocado en suerte.

Mi madre tiene noventa años y no quiere escuchar.
Ya no lo quiere hacer.
Se impuso el exilio del mundo.
Se desterró de su presente.
Se expatrió de la realidad, para vivir la suya propia.
Confinada en sí misma y en su silencio,
ya no oye la música, tampoco la radio,
no va al cine y no mira el televisor.
Es sorda ante el mundo y las desgracias actuales.
De vez en cuando hojea algún diario que le llevo.
Pero prefiere leer sus libros de religión
e ir a misa todos los días.
Va sola a oír misa, sin oírla…,
¿o será que en la iglesia lleva su aparato,
se lo coloca en el oído,
se acomoda en su banca
y escucha las palabras del sacerdote?
No me extrañaría.
Es tan caprichosa como una niña,
de esas que cuando se lo proponen,
consiguen lo que quieren.
En realidad, toda su vida ha sido una niña.
La más pequeña, la más consentida.

Mi madre ya no quiere escuchar.
Tengo que alzar la voz para que me entienda.
Pero no se aflige,
lo toma con cristiana resignación.
“Así lo quiso Dios, ¿qué le vamos a hacer?”.
Dejemos que siga siendo feliz.
A su manera.

8 comentarios:

Hectorvector dijo...

Qué agradable publicación en tu blog, Hugo. Me parece entrañable el texto y el poema, creo que sí se lo deberías mostrar. Y ya si no a ella, a tus carnalas para que no se angustien de más y la dejen ser.

Gerardo dijo...

Conmovedor escrito. Felicitaciones para ella y que cumpla muchos años más.

Diana Ángel dijo...

Tu prosa es muy de mi agrado. Es como si estuviera deleitándome con las escenas vistas muy cerca de mi. Simplemente encantador..

Hugo García Michel dijo...

Gracias Diana, Gerardo, Héctor. Un abrazo.

DECIREVES dijo...

Felicidades a tu jefecita Hugo.

Saludos!

Isabela dijo...

Me retencantooo, felicidades a la mamá de HGM, en verdad que me gusto mucho, es maravilloso como las mamás nos hacen describir el mundo de otra manera,

Saludos a usted y bestrujos pa la mamá :)

Scheherazade dijo...

Divino, divino.

Me encantó el exilio.

Hugo García Michel dijo...

Un beso, Scheherazade. Qué bueno que te gustó.