jueves, 8 de marzo de 2012

Mi sex symbol japonés

Hasta hace poco, yo pensaba que lo japonés no era algo que hubiese influido en mi vida. Nunca me he sentido del todo atraído por el cine de Akira Kurosawa (me resulta un tanto lento) o por la literatura de Yasunari Kawabata (aunque La casa de las bellas durmientes es una hermosa novela). Tampoco por los relatos del tan de moda Haruki Murakami (con todo y su Tokio Blues) o por las películas de artes marciales (y esto incluye a las de origen chino, taiwanés y coreano). Mucho menos por los comics o las caricaturas japonesas con sus mangas y sus animes. Si acaso, me atrae la personalidad de ese delirante escritor y samurai que fue Yukio Mishima.
  Ya que mencioné a Murakami, cuando yo era niño, allá por los años sesenta del siglo pasado, en el pueblo de Tlalpan (hoy tan lamentablemente coyoacanizado) el dentista más conocido era un odontólogo japonés que tenía ese apellido y que figuraba como el terror de quienes padecíamos alguna caries o nos salía la muela del juicio. El doctor Murakami era un bruto, un carnicero, el más temible quita dientes que yo recuerde. Era un tipo chaparrito que se parecía al emperador Hiroito y cuyas escalofriantes técnicas se basaban en un sadismo y una crueldad tipo Yakuza. Al menos así lo conservo en mi memoria.
  Quizá de ahí provenga cierto rechazo mío a todo lo que provenga de la tierra del sol naciente (bueno, el sushi no me disgusta) y sin embargo…

  Cuando tenía doce o trece años, mis primeras calenturas se debieron a una joven japonesa que alimentaba mis fantasías eróticas preadolescentes, me provocaba sueños húmedos continuos y lograba invadir muchos de mis más entusiastas momentos de ocio onanista. Su rostro tal vez no era el más bonito, pero esas piernas, dios santo, esas bellísimas piernas… Esos muslos sin par, enmarcados por una sugerente minifalda que dejaba todo y dejaba nada a la imaginación… Esas extremidades prodigiosas, las de la señorita Cometa, vaya que hicieron que aquellos años resultaran más amables y divertidos.
  La serie pasaba por las tardes en el Canal 5. Eran los tiempos de la televisión en blanco y negro, pero ello aumentaba el encanto de la institutriz, quien se hacía acompañar por un muñeco en forma de dragón (Chibigón) y trabajaba como niñera de dos chavitos tan torpes como simpáticos, mismos que respondían a los nombres de Koyi y Takeshi.
  Gracias a Wikipedia, hoy sé que la actriz que hacía a Cometa se llama Yumiko Kokonoe (durante el Campeonato Mundial de futbol de Japón y Corea, en 2002, Andrés Bustamante, en su papel de Ponchito, logró hacerle una sensacional entrevista para Los Protagonistas; ahí, mi antiguo símbolo sexual se presentó como una mujer de más de cincuenta años de edad que aún trabajaba para la televisión de su país).

  Por aquella época, el mismo canal 5 también trasmitía una serie japonesa de dibujos animados que yo veía con cierta asiduidad y que fue como el principio del alud de animaciones niponas. Astroboy era un niño robot que volaba y luchaba por la justicia. Pero jamás superaría en emoción y simpatía al gran Súper Ratón, a quien ya mencioné en mi columna del mes pasado.
  En ese Tlalpan de los años sesenta, teníamos un cine, el Cine Tlalpan (hoy sala Ollin Kan, chale), en el que sólo recuerdo haber visto una cinta japonesa: Godzilla contra Mothra. De Godzilla, ya se sabe que es como un dinosaurio enorme y colmilludo al que le encanta meterse a las ciudades y destrozar edificios; en cuanto a Mothra, era una especie de mosca gigantesca que se la pasaba peleando con Godzy a lo largo de la película. Francamente, no me acuerdo quién ganaba.
  Mi único encuentro real con un japonés (aparte del sanguinario dentista Murakami) se dio en 2004, en la ciudad de París, en la rive droite, frente al Hotel de Ville. Ahí, un sonriente joven nipón me pidió que le tomara una foto con su cámara y accedí gustoso. Luego, se ofreció a tomarme una instantánea idéntica y así aparecí para la posteridad, a un lado de ese falso hotel (que en realidad es la sede del ayuntamiento parisino). Eso fue todo. 
  ¿Cómo dicen? ¿El rock japonés? La verdad, paso sin ver… y sin escuchar.

(Publicado en mi columna "Bajo presupuesto" de la revista Marvin)

5 comentarios:

DECIREVES dijo...

No has oido a Té? a Gutevolk? a Mono? a World´s End Girlfriend? Piana? a Pizzicato Five? a Cibbo Matto? ...

Rodrigo Díaz López dijo...

Es muy interesante lo que dices. Los japoneses y los mexicanos han colaborado a lo largo del tiempo ya sea para importar tecnología a nuestro país, recordemos también la Obra del Ing. Hiroshi Kamio, quien construyó el Acuario de Veracruz, y la magistral actuación de Toshiro Mifune en la película mexicana "Ánimas Trujano" de Ismael Rodríguez, del año de 1962, donde hace el papel de Indio Zapoteca, el único detalle es que la voz de Toshiro fue doblada por Narciso Busquets. Pero me gusta tui comentario, a mí me encantan las japonesas, son muy lindas. Gracias Hugo.

Antonio Martínez dijo...

Pues mi infancia también fue impresa la música japonesa, tanto que me he puesto a buscar melodías que poco tienen que ver con el j.pop de hogaño, Saludos

See Candy Play dijo...

¿Ha leído a Ryounusuke Akutagawa? Si no lo ha hecho,se lo recomiendo ampliamente,no se va a arrepentir.Un saludo desde Orizaba,Veracruz,la bella pluviosilla :)

See Candy Play dijo...

¿Ha leído a Ryounusuke Akutagawa? Si no lo ha hecho,se lo recomiendo ampliamente,creo que le va a gustar.Un saludo desde Cd. Mendoza Veracruz,Sr Michel :)