miércoles, 24 de octubre de 2007

Un día muy tehuacanero


Hizo un frío bastante fuerte durante la madrugada y P y yo no teníamos el control de la calefacción (que nos facilitarían hasta hoy al mediodía). Nos levantamos temprano y Elidiana nos recogió a las nueve y media. Apenas alcanzamos a comprar un café latté antes de llegar a la UNID, una universidad situada en un edificio colonial muy hermoso. La charla fue con otra cuarentena de alumnos de ambos sexos y las preguntas fueron muy parecidas a las que me hicieron los estudiantes del CEUT, sólo que aquí la participación fue aún más abierta y extrovertida. Todo muy bien, divertido y con muchas risas. Al final hubo también fotos, firmas y me entregaron un reconocimiento. Salimos cerca de la una y Elidiana nos llevó a desayunar a un centro comercial, donde P y yo nos comimos unas cemitas (que en realidad son tortas con un pan diferente). Nos acompañó una muy simpática maestra del CEUT, quien nos contó algunas anécdotas muy locas acerca de la llamada Ceremonia de la Matanza (una festividad con la cual se inaugura la temporada del famoso mole de cadera y en la cual se acostumbra que la gente baile con los chivos que habrán de ser sacrificados). Una de esas anécdotas tiene que ver con el “góber precioso”, Mario Marín. Ya la contaré. Nos dejaron un rato en el hotel para reposar y a las cuatro ya estábamos en la Universidad del Valle de Puebla para la última de las charlas. Ésta fue con tan sólo unos quince alumnos, pero resultó igualmente entretenida y participativa. P me comentaría después que le pareció la plática en la que me hicieron las mejores preguntas. Fotos, firmas y todo muy grato por parte de los estudiantes. Elidiana nos presentó a la directora de la UVP, quien nos invitó a comer. Los cuatro nos fuimos al restaurante “Casa Vieja” (que es como el de más tradición en Tehuacán), donde cominos el ya mencionado mole de cadera, una especie de mole de olla pero con carne (muy poca) y huesos (demasiados para mi gusto) de chivo. Como se supone que uno se puede salpicar la ropa, hay que ponerse una especie de babero que si bien hace que uno se vea medio ridículo, termina por resultar muy práctico (ver foto). El mole es sabroso y se disfruta, lo mismo que las tortillas hechas a mano. Salimos ya cerca de las ocho de la noche y nos despedimos de la directora. Aún nos quedaba una actividad, pero faltaba una hora y media y P y yo decidimos ir un rato al hotel. Estábamos cerca y nos fuimos caminando. Ya en el camino, a ella se le antojó una rebanada de pastel (hay decenas de locales donde venden pasteles) y fuimos a comprarlo. Nos lo cominos en el hotel, junto con un café capuchino. Yo la estaba pasando de maravilla con mi querida niña y así sería durante el resto del viaje (aunque su celular y esos mensajitos constantes…). A las diez nos encontrábamos en la cabina de una estación de la radio estatal, para participar en un programa ("Sicofonía") al que nos invitaron. El conductor (Óscar Castillo) fue muy amable y me dio trato de “gran personalidad” (lo cual agradezco sobremanera, pero cuando sucede no deja de incomodarme un poco). Hablamos de los motivos de mi presencia en la ciudad, de “La Mosca”, etcétera. En cierto momento, le preguntó a “la señorita P” (así le dijo, lo cual significa que ha leído este blog) qué se sentía estar y trabajar al lado mío. La respuesta de P fue maravillosa. La verdad es que todo lo que dijo de mí me resultó inesperado y me conmovió profundamente. La adoro, caray. Incluso pedí una copia del programa para tener esas preciosas palabras conmigo. Todavía al final de la emisión, P se aventó la puntada de balconear -¡al aire!- al conductor, porque (según habíamos sabido antes) él desconocía mi nombre en un principio. El buen Óscar se puso de mil colores y se quedó atónito. Es el tipo de cosas que de pronto hace la chamaca, siempre incontrolablemente espontánea. Fue un programa muy divertido y salimos de ahí a las once. Elidiana nos dejó en el hotel y P y yo nos la pasamos en el insomnio por una razón que no contaré, pero que nos tuvo hasta casi las cuatro de la mañana frente a la tele (pocas cosas tan jocosas como ver programas televisivos acompañado por los chistosísimos y políticamente más que incorrectos comentarios de P) y luego hasta cerca de las seis hablando como periquitos (este es un chiste privado entre ella y yo) de mil cosas, cuyo contenido me guardo. Es una chava increíble (en muchísimos sentidos).

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