sábado, 30 de junio de 2012

Elogio de la tolerancia

No me gusta del todo la palabra tolerancia, porque lleva implícito un cierto significado de superioridad moral y de soberbia. Decirle a alguien “yo te tolero” resulta un tanto presuntuoso y hasta tiene un tufo de estirada condescendencia. Sin embargo, para los momentos históricos por los cuales pasa el país, no encuentro otro concepto más adecuado para convocar a la civilidad, la tranquilidad y la concordia.
  Hechos como el ocurrido a nuestro director general editorial, Carlos Marín, a quien una turbamulta claramente pejista agredió en plena calle y a la luz del día, no deberían suceder en una ciudad que se precia de ser liberal y avanzada. La cosa se pone peor aún, cuando en las redes sociales abundan quienes justifican la acometida y hasta acusan a Carlos de provocador, por el “atrevimiento” de cruzar entre esa gente.
  Algo similar le ocurrió al columnista de El Universal Ricardo Alemán, unos días antes, aunque cuando menos a él los valientes “progresistas” no le lanzaron escupitajos. Pero el susto fue también mayúsculo.
  En su texto clásico “El 18 brumario de Luis Bonaparte”, Carlos Marx se refería a un sector del proletariado al que denominada como lumpenproletariado, conformado por “una masa informe, difusa y errante”. Esa masa estaba conformada no por obreros, no por el proletariado en sí, sino por una capa social más baja, manipulable, a la que la aristocracia y la alta burguesía solían utilizar a manera de grupos de choque o como bandas para hostigar, aterrorizar, atacar e incluso liquidar a sus oponentes. No cuesta mucho trabajo saber quiénes representan en estos momentos a la versión mexicana de ese lumpenproletariat.
  Tolerancia, respeto por las opiniones y preferencias políticas de los demás, es lo que clama una amplia mayoría de mexicanos en estos instantes críticos, justo en la víspera de las elecciones presidenciales. ¿Imperará dicha tolerancia a lo largo de mañana y los siguientes días, semanas y tal vez meses o debemos prepararnos para el ciego embate de ese nuevo y promiscuo lumpenproletariado contra las instituciones democráticas?
  Tal vez en unas horas lo sabremos.

1 comentario:

Cecilia Lucero Gómez dijo...

El ataque a Marin se me hizo innecesario, personas que claman por el México mejor deberían ser personas civilizadas y tolerantes, emplear medios de dialogo y no medios violentos que no han sido provocados.
Saludos.