viernes, 5 de abril de 2013

Así es esto de las Cícladas

Hay teorías que señalan que la historia se desarrolla en ciclos. Ciclos que se repiten de manera inexorable y que nos llevan a un periódico y constante regreso al pasado. Esto puede aplicarse a la historia de la humanidad en lo general y a la historia de la música en lo particular.
  En el caso del rock, la teoría de los ciclos parecería irrefutable. A lo largo de sus cerca de sesenta años de existencia, este género ha visto ir y venir diversos estilos, en algunas ocasiones de un modo repetitivo y en otras con ciertas innovaciones.
  Lo estamos viviendo ahora mismo, en pleno 2013, cuando buena parte de lo que se ha dado en llamar lo indie no es más que un revival del rock folk de mediados de los años sesenta del siglo pasado. Agrupaciones como Mumford & Sons, The Avett Brothers, Fleet Foxes o Alabama Shakes retoman lo que en su momento hicieron The Band o Crosby, Stills & Nash. Uno encuentra referencias al pasado en prácticamente todos los grupos y solistas de la actualidad, lo cual resulta lógico, pues parece imposible que a estas alturas alguien pueda inventar el hilo negro.
  Los ciclos se repiten, pues, a veces de manera circular y a veces como una espiral. En el primer caso, tenemos un estancamiento. Esto lo podemos ver en el rock que se hace en México, encerrado en un círculo exasperante que repite una y mil veces lo que ya hicieron otros en tiempos pretéritos. Por eso hay tantas “bandas” que imitan a los Caifanes (quienes se iniciaron como imitadores de Soda Stereo que a su vez imitaba a The Cure). Por eso hay tantas también que intentan ser la nueva Maldita Vecindad o el nuevo Tri.
  Se trata de un círculo vicioso interminable que nada aporta y que lleva a aberraciones tales como las de Enjambre, un combo que se disfraza de roquero e interpreta música grupera al mejor (o peor) estilo de los Bukis o los Temerarios.
  De ahí la importancia de que los ciclos, a pesar de su inevitabilidad, lleguen a modo de espiral, como una evolución, que si bien no crea algo realmente novedoso, si aporta nuevas ideas a lo ya existente para adaptarlo desde una perspectiva que lo refresque y lo enriquezca.
  El arquetipo de los ciclos es casi tan añejo como la humanidad misma. En la antigua Grecia, una de las zonas más sagradas era la de las Cícladas, islas que formaban un círculo casi perfecto y por ello tenían una gran importancia religiosa. Qué decir de los mexicas y su siglo de cincuenta y dos años o de los mayas y sus grandes ciclos astronómicos, de los cuales tanto se habló a finales del año pasado.
  Por eso es normal que esta constante repetición cíclica, ya sea circular o en espiral, se dé también en el rock y forme parte de su evolución. La cuestión está en no enajenarse en el culto a lo inamovible, en la adoración al círculo cerrado que sólo da vueltas sobre sí mismo, como la serpiente que se muerde la cola, sino en apreciar lo que viene del pasado, absorberlo, estudiarlo, para tomar sus mejores elementos y seguir avanzando en pos de nuevas ideas.
  Retomo lo que escribí líneas atrás respecto al rock que se hace en México. Salvo muy contadas y honrosas excepciones, la mayor parte de los músicos nacionales abrazan la teoría del círculo y repiten ad nauseam lo que ya se hizo. No sé si eso sea parte de la idiosincrasia mexicana, esa misma que nos hace aferrarnos al todo tiempo pasado fue mejor y que hace que en otros campos, como el de la política, muchos confundan progresismo e izquierdismo con el nacionalismo revolucionario de los viejos priistas y se conviertan, paradójicamente, en izquierdistas reaccionarios. Mientras no se rompa con esa sujeción nostálgica, tan metida en el inconsciente colectivo, no habrá evolución en espiral posible y estaremos condenados a girar en un mismo punto por los siglos de los siglos.

(Mi columna "Bajo presupuesto" de este mes, publicada en la revista Marvin No. 110).

1 comentario:

Erik Serrano dijo...

Lo mismo que su crítica del "rock" y la política. Cuantas veces la repetirá?

Es solo una opinión.

Saludos.