jueves, 3 de marzo de 2016

¿Quién le teme a The Wrecking Crew?

Se les conocía como La Cuadrilla Demoledora, una treintena de extraordinarios músicos de sesión que en los años sesenta estuvieron de manera anónima detrás de 
gran cantidad de discos, temas y
canciones de éxito. Esta es su historia.

Empiezo este artículo con una confesión personal, algo que jamás he contado públicamente: cuando tenía doce años de edad, antes que los Beatles o los Rolling Stones, antes que los Animals o los Beach Boys, mi grupo favorito eran los Monkees.
  Corría el año de 1967 y en la televisión mexicana pasaban mi serie favorita: El show de los Monkees. Yo iba en primero de secundaria y por las tardes me juntaba con mis amigos Alejandro González y Gerardo Aguayo para jugar no a los vaqueros o a las canicas, no al futbol o a policías y ladrones, sino a que éramos (válgame Dios) ¡los Monkees! Con cajas de cartón construimos una batería (los platillos eran de lámina) y con triplay hicimos las guitarras “eléctricas” (las cuerdas eran cordones y obviamente no sonaban), para inaugurarnos como faramallescos hacedores de playback, mientras en un tocadiscos portátil poníamos los discos EP de 45 revoluciones con canciones como “I’m a Believer”, “Mary Mary”, “I Wanna Be Free”, “Last Train to Clarksville”, “Daydream Believer”, “(I’m Not Your) Stepping Stone” y, por supuesto, “El tema de los Monkees”. Yo era Michael Nesmith (gorrita de estambre incluida), Alejandro era David Jones (causante indirecto de que otro David Jones, en Inglaterra, tuviera que cambiar su apellido y rebautizarse como David Bowie) y Gerardo jugaba el papel de Peter Tork. Como no contábamos con un cuarto amigo que nos siguiera el juego, no había quien hiciera de Micky Dolenz, el más pesadito y sangrón, por cierto, del cuarteto angelino (o así me lo parecía).
  Jamás imaginamos en aquellos momentos que los Monkees eran un grupo artificial, hechizo, y que sus integrantes eran tan falsos intérpretes como nosotros, ya que los instrumentos que sonaban en sus canciones los tocaban otros músicos, músicos de verdad, con una gran preparación y un enorme talento; músicos de estudio de la ciudad de Los Angeles que se conocían entre ellos como The Wrecking Crew… y es aquí que comienza otra historia.
  The Wrecking Crew (algo así como La Cuadrilla Demoledora) fue un equipo de más de treinta músicos, quienes fueron arribando a L.A. desde principios de la década de los sesenta, cada uno por su lado, y que con la irrupción del rocanrol, empezaron a ocupar los lugares de los viejos session players de los cuarenta y los cincuenta, quienes se negaban a tocar “esa nueva música infernal”.
  Poco a poco se fueron conociendo entre ellos y lograron tal conjunción y tal calidad instrumental que una gran cantidad de intérpretes comenzó a llamarlos para grabar sus discos. No sólo eso. También los estudios de cine y televisión los buscaron para que tocaran en las bandas sonoras de muchísimas películas y emisiones televisivas de la época (¿recuerda usted los temas musicales de series como Batman, La Pantera Rosa, Misión Imposible o Bonanza? Fueron los miembros de The Wrecking Crew quienes los grabaron).
  ¿De dónde habían salido tan peculiares y desenfadados instrumentistas? De todas partes. De Nueva York, Nashville, Memphis, Chicago. Todos confluyeron en California y constituyeron un gran combo que a veces era de cinco o seis músicos y a veces de casi cuarenta, según las necesidades de la sesión. Grabaron para Frank Sinatra, Elvis Presley, The Righteous Brothers, Jan and Dean, Johnny Rivers, Nat King Cole, Petula Clark, Ricky Nelson, The Mamas and the Papas, The Byrds, Sonny & Cher, Nancy Sinatra, The Association, The Grassroots, The 5th Dimension, The Carpenters, John Denver, Barbra Streisand, Captain & Tennille, Barry McGuire, Neil Diamond, Tommy Roe, The Partridge Family, The Raiders, los Union Gap, Simon & Garfunkel, Ike & Tina Turner y un larguísimo etcétera, que incluyó –como ya vimos– a los Monkees y también a los Beach Boys.
  Estos fueron un capítulo aparte. Ese gran clásico de la historia del rock que es el álbum Pet Sounds, de 1966, fue enteramente tocado en la parte instrumental por músicos de The Wrecking Crew, quienes se pusieron a las órdenes de Brian Wilson, mientras el resto de los Beach Boys andaba de gira por el Lejano Oriente. Con ellos, el genio creativo de Wilson pudo dar rienda suelta a su inventiva y a todos esos sonidos que tenía en la cabeza y que aquellos músicos de sesión lograron traducir en espléndidas interpretaciones, algo que jamás hubiese conseguido con sus compañeros de grupo. La mismísima e inconmensurable “Good Vibrations” (que no viene en el Pet Sounds sino que aparecería como sencillo) fue grabada por ellos, en sesiones que duraron varios días, para que Wilson y los suyos sólo pusieron las voces más tarde.
  Varios de los integrantes de la cuadrilla también formaron parte de la legendaria pared de sonido creada por el productor Phil Spector para grupos femeninos como las Crystals y las Ronettes o para proyectos como The Righteous Brothers.
  ¿Canciones famosas con The Wrecking Crew detrás? Son cientos, he aquí sólo algunas: “Strangers in the Night”, “The Beat Goes On”, “Unchained Melody”,  “You’ve Lost That Lovin’ Feelin’”, “These Boots Are Made for Walkin’”, “Whipped Cream”, “Be My Baby”, “Mr. Tambourine Man”, “Never My Love”, “San Francisco (Be Sure to Wear Some Flowers in Your Hair)”, “Eve of Destruction”, “Woman, Woman”, “Young Girl”, “Wichita Lineman”, “Galveston”, “Aquarius/Let the Sunshine In”, “Dizzy”, “Indian Reservation”, “I Am a Rock”, “Bridge Over Troubled Water”,  “Midnight Confessions”, “(They Long to Be) Close to You”, “Monday Monday”, “California Dreamin’”, “Love Will Keep Us Together” y muchas más que resultaron grandes éxitos en las estaciones de la radio en amplitud modulada (AM) de la época y que ayudaron a dar forma al clásico sonido de la Costa Oeste.
  De aquellos músicos fantasmales de La Cuadrilla Demoledora, algunos lograron popularidad más tarde, como Leon Russell, Herp Albert, Jim Gordon, Jim Keltner, Joe Porcaro y Glen Campbell, mientras que otros permanecieron en el ostracismo a pesar de su enorme talento. Tal es el caso de Tommy Tedesco, Hal Blaine, Earl Palmer, Larry Knetchel y la única mujer del gran combo: la extraordinaria bajista y guitarrista Carol Kaye, todo un personaje que merecería un artículo completo (cuando le presentaron la versión en crudo de “The Beat Goes On”, Kaye la escuchó y exclamó: “¡Creo que tendremos que sacar un conejo de este sombrero!” y al poco rato creó el famosísimo riff de bajo que hoy todos conocemos en esa pieza que en México fue rebautizada por la radio –¡horror de horrores! – como “El ballet hippie”).
  En Netflix puede verse el estupendo documental The Wrecking Crew (2014), dirigido por Denny Tedesco –hijo del virtuoso guitarrista Tommy Tedesco–, y ahí es posible apreciar a plenitud la importancia de estos singulares músicos que en 2007 ingresaron con toda justicia al Salón de la Fama del Rock. Se lo recomiendo ampliamente. Se va a sorprender al descubrir su presencia en tantas canciones que usted ya conoce y no sabía quiénes las tocaban en realidad.
 
(Publicado hoy en la sección "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

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