viernes, 14 de junio de 2013

De escritores y escribidores

Stendhal.
Desde hace mucho, pero en especial hoy día, observo la facilidad con la que muchos que escriben y publican (o incluso que no publican) se dicen escritores.
  ¿Es que el mero hecho de escribir lo convierte a uno en escritor? No lo creo. Lo que sí creo y estoy convencido de ello, es que la palabra escritor se ha devaluado de manera alarmante y que esa vulgarización de la palabra se ha traducido en la vulgarización de ese oficio, de ese arte, que es la literatura.
  Yo escribo diariamente. Empecé a hacerlo desde la adolescencia y lo hago, de manera profesional, desde hace más de treinta años (treinta y cuatro para ser exactos: en 1979 ingresé a la actividad editorial y de entonces a la fecha, no he parado). En todo ese tiempo, he pergeñado infinidad de artículos para toda clase de revistas y periódicos (desde textos sobre música y política, hasta otros sobre materias tan disímbolas como pesca comercial, naturismo, ecología, historia de México, espectáculos, comercio, nutrición, vegetarianismo, energía nuclear, etcétera). También escribí cerca de mil -sí, mil- guiones para historietas populares de corte sentimental, humorístico, biográfico, aventurero (western, terror, guerra) y policiaco, entre otros temas. Tengo una novela publicada (Matar por Ángela, de 1998), otra inédita (La suerte de los feos, de 2000), un volumen que recopila algunas de las reseñas de discos que he hecho durante veinticinco años en medios impresos (Al borde del precipicio, de 2012) y un libro de investigación periodística (Más allá de Laguna Verde, de 1988), más otras dos empezadas (un divertimento de tema vampírico y un relato sobre un viaje estrambótico a París). Aparte, he escrito cuento, un poco de poesía y cerca de setecientas canciones (letra y música). Por último, tengo varios blogs (el más conocido, El rojo y el negro, lleva seis años de ser escrito diariamente, de manera ininterrumpida).
  De que escribo, escribo, y pienso que soy bueno en el oficio. Sin embargo, ¿hace esto de mí un escritor, me puedo llamar escritor, puedo decir –cuando alguien me pregunta mi profesión– que soy escritor? No, de ninguna manera. Yo soy un simple escribidor y me asumo como tal sin falsas modestias. Soy un escribidor.
  Ahora bien, ¿cómo distinguir a un escritor de un escribidor? No es fácil. No existe una definición objetiva que lo determine. No hay requisitos claros que cumplir… o sí los hay, pero entrarán siempre dentro de un plano absolutamente subjetivo.
  Desde ese plano, para mí, un escritor es alguien que posee un estilo, un sello propio, trabajado, rico en su lenguaje, imaginativo, asombroso. En el plano literario, es alguien capaz de crear mundos ficticios que se vuelven reales y personajes que respiran y adquieren vida propia. Eso y muchas cosas más, algunas de las cuales ni siquiera me siento capaz de describir con letras y que me entran de manera instintiva, visceral y hasta inconsciente. Después de todo, soy un simple escribidor.
  Así, para mí escritores son (y los menciono según acuden a mi mente) Stendhal, Tolstoi, Dostoievsky, Flaubert, Faulkner, Hemingway, Twain, Dickens, Poe, Balzac, London, Moravia, Steinbeck, Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Ibargüengoitia, Paz, Wilde, Proust, Capote, los dos Roth, Mann, Highsmith, Garibay, Arreola, Rulfo, Reyes, Vasconcelos, Castellanos, Vicens, García Ponce, Pacheco, Del Paso, Leñero, Chejov, Turgueniev, Koestler, Joyce, Conrad, Gide, Yañez, Azuela, (Martín Luis) Guzmán, Castellanos, Garro, Agustín, Fuentes, García Márquez, Miller, Nabokov, Revueltas, Amado, Carpentier, Lawrence, Chandler, Hammett y, por supuesto, Shakespeare y Cervantes.
  Claro que hay muchos más, pero fueron estos los que vinieron a mi memoria de inmediato.
  Entonces, cuando veo que de pronto el mercado editorial consagra como “escritor” a cualquier escribidor, francamente me resulta penoso y triste. Sobre todo cuando esos escribidores se la creen y navegan por el mundo con bandera de escritores y hasta de “estrellas” de la literatura.
  Casos de meros escribidores con disfraz de escritor abundan en México y en otras partes del mundo. Para sólo referirme a nuestro país, ahí está gente como Xavier Velasco, Guadalupe Loaeza, Mario Bellatín, Jorge Volpi, Guillermo Fadanelli, Mónica Lavín, Pedro Ángel Palou, Ignacio Padilla, Álvaro Enrigue, Rosa Beltrán e incluso (y me dirán sacrílego) Juan Villoro y Paco Ignacio Taibo (para no hablar de la plaga de los narcoliteratos). Desde mi punto de vista, todos ellos (obviamente me faltaron muchos otros) son escribidores y no deberían ser considerados como escritores. No digo que no tengan oficio escritural o que no hayan escrito libros buenos y aceptables. Tampoco digo que algunos (sólo algunos) de ellos no puedan en unos años alcanzar el nivel de escritores. Sin embargo, hoy día, ninguno tiene aún los galones para ostentarse de ese modo. Un poco de humildad y un mucho de trabajo (y un poco menos de publicidad y relaciones públicas) pondrían las cosas en su lugar.
  Ganar premios o ser invitado a dar conferencias, tener una beca o aparecer muy seguido en los medios no hace a un escritor. A un escritor lo hace su obra y nada más. Escribidores existen (existimos) muchos. Escritores hay pocos (y que bueno que así sea).

3 comentarios:

Dr. Joe dijo...

No existe la palabra "habemos", Maestro Hugo. Un saludo desde Torreón y felicidades por la nueva etapa moscosa.

Héctor I. Olguín dijo...

De acuerdo... Favor de cambiar su presentación en Twitter de "escritor" a "escribidor".

Su Satánica Majestad dijo...

¿Será que lo mismo pasa en la música?

¿Qué distingue a un "musiquito" (el quivalente provisional del "escribano" que tú manejas) de un músico como Mozart, un Chopin, un Johnson, un McCartney?

Está un poco nebuloso el argumento que propones. Probablemente sólo entendí mal, pero me parece que lo que -según tú- distingue a un escritor de un escribidor es únicamente el halo de inmortalidad que rodea a los primeros, del cual carecen los segundos, puesto que su muy particular estilo, seguramente sí lo tienen (que sea un estilo que me guste a mí o a ti, ya es otro boleto).

En su momento, muchos grandes músicos fueron despreciados, abucheados y subvalorados. Hoy son inmortales. ¿Significa que en su momento no eran "músicos" de verdad, acorde a los cánones críticos de la época en cuestión?

¿O este criterio sólo aplica a la literatura?

Estoy de acuerdo en que no sólo por escribir eres ya un escritor, del mismo modo que componer unas cuantas canciones no te convertirá en músico. ¿En qué momento te consideras a ti mismo un escritor?