miércoles, 10 de julio de 2013

Una Mosca que ejerce la crítica

Foto de Fernando Mora.
Puedo entender perfectamente toda la polémica que se ha levantado por un famoso periodista que expresó que la tarea primordial del oficio era contar historias e incluso de ser necesario hasta inventarlas. Cierto, se equivocó. Aquí no se trata de provocarlas. Un grave error de los medios –todos- es asumirse como generadores de la noticia. Se ensimisman en “crear” el acontecimiento que venda ejemplares.
  Los medios de comunicación de masas hemos caído en una soberbia maximalista. Tenemos que hablar de “mediocracia” y ello implica reconocer excesos de poder, extralimitaciones en el ejercicio de la profesión. No se trata en modo alguno de inventar. El sentido de contar con ese vínculo con los ciudadanos pasa por el intento de tratar de explicar los acontecimientos, de darles sentido. De brindar una interpretación posible –entre varias existentes.
  La realidad –el mundo exterior- está mucho más lejos de los designios de aquellos que se sientan detrás de un escritorio. Les toca a los esclavos de la mercadotecnia el ejercicio de hacer que las personas hagan o compren tal cosa. La sociedad de consumo como un jeroglífico al que los periodistas coadyuvan a su explicación.
  Ante tanta saturación de contenidos se hace el intento por interpretarlos, por “mediar” para su comprensión. No puedo sino alegrarme en sumo grado por el regreso de una de las publicaciones más combativas en lo tocante a la prensa musical. ¿Quién lo hubiera pensado? La Mosca ha vuelto a aletear en formato impreso.
  Hugo García Michel sabe que es importante contar con un punto de vista. Con una manera de entender las cosas y las canciones. Se alía con gente que comparte su creencia en la crítica, en la posibilidad de disentir. Se vale equivocarse, pero no ser un complaciente empleado de las agencias de publicidad y las disqueras.
  Hoy por hoy, casi no se puede imaginar una publicación con una opinión contestataria, con una manera de pensar que no replique los designios del marketing. Por eso hay charlatanes que se apropian de canales de cable, campañas de publicidad, revistas, estaciones de radio, y todavía se sienten próceres de la promoción musical. Poco les falta para que les hagan un monumento.
No son sino siervos del sistema imperante. ¿Y quién alza la voz y no comulga? Alguien así se vuelve incomodo, indeseable, molesto. Aun recuerdo cando Marusa Reyes mandó sacar a mis camaradas de la revista Pub por el hecho de publicar a Rogelio Villarreal con un texto que atacaba a sus santificados Jaguares y San Saúl.
  Tengo decenas de testimonios que certifican que al “rockcito” de aquí no le agrada la crítica. Sólo conocen del halago gratuito, del compadrazgo, de la hipocresía comercial que los lleva a tocar una vez al año a Acapulco o a grabar una “sesión” para la nueva temporada del Cable.
  Cierto es que se pueden trasponer los linderos de lo políticamente correcto, contar con un punto de vista controversial. ¿Cuántos arriesgan una opinión? ¿Cuántas publicaciones terminan por morir de nada? La Mosca es un ejercicio de convencimiento total de una postura. Se puede comulgar u oponerse. No debería pasar nada.
  Pero el sembradío del odio germina sin regarlo. Ir más allá de los boletines de prensa y los comunicados de los grandes santones es un pecado que exige la crucifixión. García Michel agrupa a distintas y radicales formas de pensar. Se la juega en la apuesta por lanzar los dados de la libertad de expresión. Por supuesto que pide criterio y experiencia para cada pulso.
  ¿Es necesaria La Mosca? por supuesto. Por su capacidad de oposición, por su intransigencia, por sus excesos. De otra manera, nadie la querría comprar. Se diluiría como un emisario más de los núcleos de la comercialización de contenidos. Siempre ha entendido que no puede negar su importancia; su inteligencia consiste en hallar la manera de convivir con la industria.
  Es por eso que aletea de nuevo. ¿Cuántos estarán felices? ¿Cuántos estarán derramando bilis? El imaginario es tan grande que es imposible de abarcar de un sólo golpe. El hecho es que está disponible en los puestos de periódicos y con renovadas intenciones de incordiar a los mustios y pusilánimes. La música y la cultura no son una expresión de la banalidad. Hagamos votos por el ejercicio de la inteligencia; sin pasteurizar, sin domesticar. Sin devaneos de esnobs en pos de congraciarse con la opinión pública. Pensamiento libre y menos pose.

(Texto de Juan Carlos Hidalgo, publicado hace unos días en su columna "Las posibilidades del odio" de Milenio Hidalgo)

1 comentario:

Antonio Cruz de Blas dijo...

Jeje, sabía lo especial que es Marusa, pero no la creía capaz de lo que refieres de ella. Como sea, me uno al regocijo por el extraño retorno de Mamá Mosca (Ma-má Mos...,orale, suena bien). Salud, Juan Carlos.