lunes, 21 de diciembre de 2015

The Piper at the Gates of Dawn

Se sabe que el título de este, el primer disco de larga duración de Pink Floyd, fue tomado de un capítulo del libro favorito de Syd Barrett cuando era niño: The Wind in the Willows (El viento en los sauces), lo cual explica la gran cantidad de elementos fantasiosos, colores brillantes, apuntes mitológicos y detalles infantiles, algo así como una mezcla entre J.R.R. Tolkien y Walt Disney, pero todo ello visto a través de los perceptivos y psicodélicos lentes del LSD.
  Las composiciones de Barrett van de las canciones pop ácidamente lisérgicas a piezas largas en las cuales hay extensas instrumentaciones a manera de metáforas sobre viajes alucinógenos. En el primer caso estarían piezas como “Astronomy Domine” y “Lucifer Sam”, mientras que “Insterstellar Overdrive” entra de lleno en lo que alguna vez se llamó rock-espacial.
  Para el crítico Steve Huey, The Piper at the Gates of Dawn (1967) captura con éxito los dos lados de la experimentación psicodélica: “por un lado, los placeres de la percepción y la expansión mental y por el otro, los desórdenes cerebrales que podían convertir al individuo en lunático”, algo que poco tiempo después le sucedería al propio Barrett, quien debido precisamente a ello hizo con este trabajo su debut y despedida como integrante de Pink Floyd.
  Se trata de uno de los mejores álbumes psicodélicos de la historia del rock y curiosamente fue grabado en los mismos estudios y al mismo tiempo –casi casi puerta de por medio- que el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles. Dos cumbres de la psicodelia absolutamente diferentes entre sí. Una, la psicodelia ácida; la otra, la psicodelia pop. Usted elija cuál es cuál.

(Reseña que escribí para el especial de La Mosca en la Pared No. 7, dedicado a Pink Floyd y publicado en enero de 2004)

1 comentario:

david benavides dijo...

El mejor disco de Pink Floyd